martes, agosto 25, 2015

III Ciclo de Voces Chilenas. Septiembre 2015



Esta versión del ciclo de Voces Chilenas, está íntegramente dedicada el género del Lied desde su forma más tradicional para voz solista y piano, pasando por sus versiones para coro y sus variaciones más modernas para instrumento melódico y voz.

En esta oportunidad, este ciclo tendrá lugar en el Salón de Honor de la Casa Central UC, los martes del mes de septiembre a las 19:30 hrs, siendo de entrada liberada.

Martes 1 de Septiembre Liebestod: Wagner y Debussy Este programa está pensado en el quiebre de paradigma que significó Tristan und Isolda, y su trascendencia en la historia de la Música. En la primera parte, disfrutaremos del ciclo Wesendonk Lieder de Richard Wagner (1813-1883), conocido como el germen de Tristan und Isolda, por su estrecha relación temática y musical con esta ópera. La segunda parte del programa, está dedicada al ciclo Cinq Poémes de Baudelaire de Claude Debussy (1862-1918), obra emblemática para mostrar la influencia de esta ópera en otros compositores a pesar de los diferentes estilos.
La interpretación estará a cargo de: Doris Silva, soprano; Pablo Terraza, piano; Angelo Solari, director de escena.

Martes 8 de Septiembre La Voz del Violín Este programa, contempla obras para canto y violín del periodo moderno, compuestas por Gustav Holst (1874-1934), Ralph Vaughan-Williams (1872-1958) y Heitor Villalobos (1887-1959), entre otros. Llama la atención en estas obras, la combinación poco usual de instrumentos, probablemente por compartir un registro similar, lo que nos muestra la maestría de estos compositores al crear obras de ricas líneas melódicas y armonías claras.
Los intérpretes de este concierto son: Andrea Aguilar, soprano; Rodrigo del Pozo, tenor; David Nuñez, violín.

Martes 22 de Septiembre Die Schöne Müllerin En este programa, tendremos la oportunidad única de escuchar de manera integral, uno de los más famosos ciclos de Franz Schubert (1797-1828) Die Schöne Müllerin, escrito con textos de Wilhem Müller (1794-1827), donde narra la historia de un joven quien se enamora de una bella molinera.
Los intérpretes de este concierto son: Rodrigo del Pozo, tenor; y Liza Chung, piano.

Martes 29 de Septiembre Una velada con Franz Schubert Este programa, nos invita a un recorrido por la música vinculada a las Schubertiadas incluyendo música coral, música de cámara y el género solístico del Lied.
Los intérpretes de este concierto son: Claudia Trujillo, soprano; Mariana Karachov, mezzosoprano; Diego Arellano, tenor; Rodrigo del Pozo, tenor; Penelope Knuth, viola; Alejandro Tagle, violoncello; Carlos Arenas, contrabajo; Miguel Ángel Jiménez, piano; Mario Lobos, piano; y Coro de Cámara UC bajo la dirección del profesor Mauricio Cortés.


1er concierto. 1° de septiembre. Salón de Honor UC 

Liebestod

I Parte
Richard Wagner (1813-1883)
Wesendonk Lieder
I. Der Engel 
II. Stehe still! 
III. Im Treibhaus 
IV. Schmerzen 
V. Träume 

II Parte
Claude Debussy (1862-1918)
Cinq poèmes de Baudelaire
I. Le balcon
II. Harmonie du soir
III. Le jet d'eau
IV. Recueillement
V. La mort des amants

Intérpretes: Doris Silva Saavedra, soprano
Pablo Terraza, piano
Angelo Solari, puesta en escena

Notas al programa
En todos los aspectos Tristan und Isolde es la esencia del estilo wagneriano. Su irrupción en el mundo musical, afectó no sólo a las generaciones posteriores, sino  también a los compositores contemporáneos a Richard Wagner (1813-1883). En Francia, su presencia se expresó básicamente en dos bandos, los partidarios a experimentar con estas nuevas ideas, o los que eran abiertamente adversarios, como Claude Debussy (1862-1918), quien  buscaba la manera de “evolucionar” musicalmente con un sello francés, escapando lo más lejos posible de la invasión extranjera.

Wesendonk Lieder, son las únicas canciones del período maduro de Wagner con textos que no son de su autoría. Son producto de su aventura con Mathilde Wesendonk (1828-1902), autora de los poemas, que surgió cuando ella y su esposo Otto, un prominente mercader de seda en Zürich, se convirtieron en sus devotos patrocinadores durante su estadía en Suiza.

Durante este mismo tiempo, Wagner había comenzado a escribir el libreto de Tristan und Isolde, utilizando estas canciones como un ejercicio de composición de esta ópera. Al igual que en Tristan, los poemas de Mathilde se desarrollan en la misma sintonía, mostrando que el dolor y el sufrimiento son necesarios para alcanzar la verdadera felicidad.

Musicalmente destacan Träume e Im Treibhaus por resultar una anticipación del estilo melódico y armónico que apreciamos en Tristan, con pasajes que podemos reconocer en el preludio y segundo acto de la ópera. Stehe still! por su parte, es un anticipo del primer acto.

En el concierto de esta noche, presentamos este ciclo en su versión original para soprano y piano.

La segunda parte del concierto, está centrada en el ciclo Cinq poèmes de Baudelaire de Debussy, canciones que fueron escritas entre 1888 y 1889, tiempo que coincide con su viaje al Festival de Bayreuth, en donde conoció la música de Wagner.

A pesar de manifestar su aversión a esta música, Debussy escogió para estas canciones poemas de Charles Baudelaire (1821-1867), uno de los más insignes defensores de Wagner en Francia, quien incluso le dedicó un largo ensayo titulado Richard Wagner et Tannhäuser à Paris.

Lo cierto, es que Debussy sentía un paralelismo entre sus ideas musicales con las ideas de escritura de Baudelaire. En una carta de 1885 describió el tipo de música que quería hacer: “un género de música suficientemente flexible y entrecortada para adaptarse a los movimientos líricos del alma y a los caprichos de la ensoñación”. Estas palabras hacen eco, sin duda, a un pasaje del prefacio-dedicatoria de los Petites poèmes en prose, donde Baudelaire se refiere a sus búsquedas formales: “¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus momentos de ambición, con el milagro de una prosa poética, musical pero sin ritmo ni rima, flexible y suficientemente entrecortada para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones de la ensoñación, a los sobresaltos de la conciencia?”.

De este ciclo de canciones, cuyos textos están tomados del libro Les fleurs du mal, Le Balcon ha sido señalada como la más Wagneriana, debido a su suntuosidad y armonías orquestales en el piano, además del uso de cromatismos –junto con Harmonie du soir-: son una remembranza, una forma de exorcizar el final del amor, a través de una mágica recreación del pasado. 

Le jet d’eau, es un poema erótico que toma lugar en una noche de luna llena en el cuarto de los amantes. Debussy pide un fino y sustancioso legato en el que Wagner se aprecia a través del uso crescendos y diminuendos con gran pasión, en donde la línea vocal se torna más forzosa en el refrán.

Finalmente, Recueillement y La Mort des Amants evidencian una alusión temática a Tristan und Isolde. En la primera, Debussy crea un comienzo con una intensa, oscura y dramática melodía y una progresión de acordes suave y sugestiva. En la segunda, desarrolla una canción con tres secciones, en donde cada una representa la atmósfera sensual del amor, la apoteosis de la pasión y el más allá, en una línea melódica llena, apoyada con un acompañamiento lujoso. La transición de los cinco compases de la línea vocal entre la segunda y tercera sección preparan la sublime evocación que significa pasar del amor terrenal al amor espiritual.
Doris Silva Saavedra

2° concierto 8 de septiembre La voz del violín

Programa

Along the Field (1922)                                   Ralph Vaughan-Williams( 1872-1958)    
-We'll to the woods no more
-Along the Field
-The Half -Moon westers low
-In the Morning
-The sigh that heaves the grasses
-Good-Bye
-Fancy's Knell
-Whit rue my heart is Laden

Papalote (2000)                                                                     Hilda Paredes ( 1957)
                                                                                                                   
4 Songs Op.35                                                                  Gustav Holst(1874-1934)

Altazor (1990)                                                                           David Nuñez ( 1970) 
 
Dos Canciones (1965)                                              Norbert Rousseau (1907-1975)
-Complainte
-Le Grillon 

Suite para Voz y Violín (1928)                                     Heitor Villalobos (1887-1959)                       
-A menina e a Cancao
-Quero ser alegre

-Sertaneja

Intérpretes: Andrea Aguilar, soprano
Rodrigo del Pozo, tenor
David Núñez, violín
         
      El origen del violín está íntimamente relacionado con la voz humana. Una vez que las voces femeninas fueron aceptadas en la liturgia católica, naturalmente se dio la necesidad de construir instrumentos agudos para doblar, acompañar e imitar dichas voces. Originalmente las voces más importantes eran las voces centrales de registro medio, pero paulatinamente las melodías más importantes se fueron perfilando en las voces más agudas. En la música de Bach y de Haendel así como en numerosos compositores barrocos, encontramos ejemplos de arias que combinan un violín solista y un solista vocal. En el siglo XIX el redescubrimiento de las 6 Sonatas y partitas de J.S. Bach, junto a los 24 Caprichos de Niccolo Paganini pusieron en evidencia las enormes capacidades polifónicas del instrumento, con la consecuencia lógica de que numerosos compositores se aventuraran en la escritura de obras donde las posibilidades armónicas y contrapuntísticas del violín se encuentran exploradas hasta su límite. Esta tendencia se mantiene hasta hoy. Entre esas obras encontramos las que conforman este programa que tiene como hilo conductor la rarísima combinación de la voz humana acompañada tan solo por un violín.

Después del controversial estreno de la Consagración de la Primavera, la música de Igor Stravinsky se consolida como uno de las  influencias más dominantes de la primera mitad del siglo XX. En su obra “Historia del Soldado”  de 1914 Stravinsky  utiliza unos pocos instrumentos de forma sintética (entre ellos el violín) obteniendo un resultado superlativo. Esta influencia está presente en la suite de Heitor Villalobos, obra escrita en la década de los veinte cuando el compositor  visitaba  Paris por primera vez. Además de la influencia  de Stravinsky  esta presente la cultura popular Brasileña, en especial en el último movimiento, donde el violín en pizzicato evoca el cavaquinho, una variedad de  guitarra afinada  en cuerdas  agudas  muy usada  en Brasil.

La influencia  de Stravinsky  también se encuentra  en  Holst (conocido sobre todo por su maravillosa obra los planetas  para orquesta sinfónica) y también en Vaughan-Williams  pero de forma totalmente  diferente. Apegados a la tradición romántica inglesa, se reconoce una voluntad de síntesis totalmente moderna.

Norbert Rousseau (1907-1975) nació en Gantes (Bélgica). A pesar de lo que puede sugerir su apellido Francés, Rousseau fue un destacado compositor dentro de la zona Flamenca (el lado norte de Bélgica, de habla neerlandesa), entres sus obras se destacan numerosas piezas vocales especialmente litúrgicas. En lo estético  se definía así mismo como un ecléctico.

La compositora mexicana Hilda Paredes es una de las compositoras más activas de la actualidad, su música se interpreta con regularidad por los ensambles  más prestigiosos. Reside en Londres  desde hace varias décadas. Papalote es el nombre a lo que en Chile se llama volantín.

Escribí Altazor hace más de veinte años, después de una entusiasmada lectura del poemario de Huidobro y escucha de la Suite de Villalobos. Se mantuvo sin estrenar durante mucho tiempo (quizás por la dificultad de cada una de sus partes), hasta que en el año 2012 cuando se estreno en el Goethe Institut de Chile, durante el Encuentro de Compositores del año 2012. 
David Núñez

3er concierto. 22 de septiembre, Salón de Honor UC

Die schöne Müllerin - La bella molinera


Programa

Franz Schubert (1797-1828)
Die schöne Müllerin (La bella molinera), D.795 (Op.25)

1. Das Wandern / El caminar
2. Wohin? / A donde?
3. Halt! / Alto!
4. Danksagung an den Bach / Gratitud al arroyo
5. Am Feierabend / Al cesar el trabajo
6. Der Neugierige / El curioso
7. Ungeduld / Impaciencia
8. Morgengruß / Saludo matinal
9. Des Müllers Blumen / Las flores del molinero
10. Tränenregen / Lluvia de lágrimas
11. Mein! / Mía!
12. Pause / Pausa
13. Mit dem grünen Lautenband / Con la verde cintad del Laúd
14. Der Jäger / El cazador
15. Eifersucht und Stolz / Celos y orgullo
16. Die liebe Farbe / El color favorito
17. Die böse Farbe / El color odiado
18. Trockne Blumen / Flores secas
19. Der Müller und der Bach / El molinero y el arroyo
20. Des Baches Wiegenlied / Canción de cuna del arroyo

Intérpretes: Rodrigo Del Pozo, tenor
Liza Chung, piano

Notas al programa

Schubert murió a la temprana edad de 31 años pero durante su corta vida fue un compositor prolífico, dejando entre otras, más de 600 obras vocales. A pesar de no haber obtenido fama ni reconocimiento durante su vida, exceptuando un pequeño círculo de admiradores en Viena, el interés por sus composiciones fue creciendo significativamente en los decenios posteriores a su muerte. Mendelssohn, Schumann, Liszt y Brahms, entre muchos otros compositores del siglo XIX, fueron descubriendo y sucesivamente alabando sus obras, llevándolo así a ser considerado uno de los grandes compositores de fines de la era clásica y comienzos de la romántica.

Entre sus obras vocales pertenece su primer ciclo de canciones “La bella molinera”, música compuesta sobre poemas de Wilhelm Müller. Dicho ciclo dio un nuevo peso al género de la música vocal y de cámara: amplió el drama del Lied ligando las canciones una a otra, abarcando unos sesenta minutos de duración, donde se narra una historia y se explora sentimientos y caracteres profundos de una manera que no había sido posible hacer en el marco de una sola pieza. El ciclo consta de veinte canciones, la mitad con una forma estrófica simple, y van desde un optimismo alegre a la desesperación y la tragedia, desarrollando temas típicamente románticos: el amor, la espera, la decepción amorosa, la tristeza, la muerte, la búsqueda personal, el viaje, la naturaleza.

La historia cuenta de un hombre joven que vaga alegremente por el campo y se encuentra con un arroyo. Este sigue el curso del arroyo hasta llegar a un molino donde encuentra y se enamora de la hija del molinero (de allí el título, La bella molinera). Intenta impresionarla, pero sin resultados. De pronto aparece un cazador vestido de verde, el color de una cinta que él le había entregado a la molinera. En su angustia experimenta una obsesión con dicho color, luego con una fantasía de muerte en la que las flores nacen de su tumba para expresar su amor eterno (similar fantasía se encuentra en el Lied “Adelaida” de Beethoven). Al final el joven, en su desesperación y dolor por el amor no correspondido, supuestamente se ahoga en el arroyo, aunque no queda muy claro si en efecto se suicida o se trata de una fusión abstracta entre el joven y el arroyo, entre el hombre y la naturaleza. El último Lied es una canción de cuna cantada por el arroyo en donde consuela y protege el sueño del joven. La pregunta queda: ¿es el arroyo realmente el amigo del joven o quizás su demonio, como Mefistófeles en la leyenda de Fausto, y lo lleva a su caída y destrucción?

Liza Chung



4° concierto. Martes 30 de Septiembre Salón de Honor UC.
 
Una velada con Franz Schubert


1. Gebet D. 815
2. Psalm 23 D. 706
3. Gesang der Geistern über den Wassern D. 714
4. 2 Polonaises D. 599
5. An Sylvia D. 891
6. Der Gondelfahrer D. 809
7. Ständchen D. 920
8. Ungeduld D. 795
9. Im Gegenwärtigen Vergangenes D.710
10. Lebenslust D. 609

Intérpretes: 
Coro de Cámara UC
Director: Mauricio Cortés L.
Director Asistente: Felipe Ramos T.

Penélope Knuth, Viola
Alumno de Penélope Knuth, viola
Alejandro Tagle, Cello
Alumno de Alejandro Tagle, Cello
Carlos Arenas, Contrabajo
Claudia Trujillo, Soprano
María José Uribarri, Mezzosoprano
Rodrigo del Pozo, Tenor
Diego Arellano – Alumno de R. del Pozo, Tenor
Mario Lobos, Miguel Ángel Jiménez; Piano 
Franz Schubert (1797-1828): Maestro hijo de maestro

Schubert fue hijo de un maestro de escuela de Viena, y en su infancia fue educado como miembro del coro de la capilla de la corte imperial. Gran parte de su vida la pasaría en Viena, disfrutando mucho de la compañía de amigos, pero nunca conociendo la celebración de cualquier posición en el quehacer musical o atraer el tipo de patrocinio que Beethoven tenía 20 años antes. Sus años finales fueron empañadas por una infección sifilítica. Murió de 31 años de edad, dejando gran parte de su obra sin terminar. Sus dones se habían expresado sobre todo en el canto y su talento para la melodía siempre fue evidente en sus otras composiciones. En este sentido las obras corales cobran mucha importancia. 

Schubert escribió sus más famosas composiciones vocales como canciones o Lieder –con textos que van desde Shakespeare a sus amigos contemporáneos en una cantidad aproximada de 600-. Sin embargo el trabajo fino de ensemble coral que se ve reflejado en su obra para voces mixtas, voces masculinas y voces femeninas, es sin duda, una parte central de su repertorio.

Partimos el programa con algo sacro, donde Gebet y el Salmo 23 resaltan por su tonalidad (La bemol mayor es la tonalidad de la reflexión y la plegaria en Schubert). Ambas composiciones tranquilas e inusualmente espirituales para un autor que no estaba inmerso en el mundo de la religión. 

Gebet una muy profunda religiosidad acompañada por acordes suaves del piano y una sección final aún más etérea y el Salmo 23, alejado de la tradición germana de los coros masculinos y compuesto más bien como un encargo –para las alumnas de canto de Anna Fröhlich-. Schubert escoge nuevamente el tono de La bemol mayor como símbolo de quietud y reflexión. Acompañando con tresillos el salmo parece venir casi del cielo. Una sección central provee duda y drama, pero pronto la atmósfera vuelve a su original. 

Durante su corta vida, Franz Schubert escribió más música para piano a cuatro manos que cualquier otro compositor. Aparte de la satisfacción que él obtenía tocando estas piezas en el entorno familiar y con sus amigos, encontró que los editores de música estaban más interesados en publicar estas obras que las orquestales o de agrupaciones de cámara. Su primera obra para cuatro manos la compuso a la edad de trece años y la última unos meses antes de su muerte.
Schubert tenía veintiún años cuando compuso las Polonesas D.599 en julio de 1818. Dentro de sus obras tempranas, estas piezas están muy lejos de ser obras juveniles; después de todo, prácticamente ya había completado seis sinfonías y había escrito los famosos Lieder Gretchen am Spinnrade y Erlkönig. Aunque estas polonesas son menos ambiciosas que la Polonesa en Do mayor Op.89 de Beethoven  y menos brillantes que las contribuciones de Chopin a éste género, no deben ser subestimadas; son relativamente breves y su clara estructura proporcionan una sutil prueba de la inmediatez y pureza emocional de la pluma del compositor. Con sus sencillas melodías y la polifonía en las dos partes, los tríos de estas obras son absolutamente encantadores.

An Sylvia D.891

Un día que Schubert disfrutaba en una cervecería junto a sus amigos, encontró sobre la mesa un libro de poesías de Shakespeare. Inmediatamente después de haberlo leído y con la asombrosa espontaneidad que lo caracterizaba, concebía esta canción estrófica con un simple acompañamiento de acordes repetidos que van dando marco a la descripción cada vez más entusiasta de la protagonista: Sylvia. La dificultad de este Lied, aparentemente simple, radica en sus tres estrofas idénticas musicalmente; éstas deben tener una expresión y color que las vaya diferenciando en el transcurso, aunque la melodía sea la misma cada vez, resaltando de manifiesto el significado que el poeta deseaba cuando se produce una nueva frase. 

Los atributos de Sylvia en la primera estrofa son tales como para golpear los ojos, dando la impresión de una hermosa, pero fría estatua. En el segundo verso, con un acompañamiento muy suave, el poeta se pregunta si su naturaleza interna, sus cualidades humanas de amor y simpatía, se corresponden con su aspecto exterior. El tercer verso expresa una leve insinuación y la adulación de un amante deseoso de congraciarse con su señora, perdiendo gradualmente el efecto tenue a medida que crece más audaz, afirmando libremente su supremacía sobre todos los mortales para finalmente, ofrecerle guirnaldas como a una deidad.

El Canto de los espíritus sobre las aguas -Gesang der Geistern über den Wassern- está en do sostenido menor y el acompañamiento fluye uniforme y misterioso hasta la entrada de las voces. Desde el principio tenemos un estado de ánimo de la mayor tranquilidad contemplativa donde semicorcheas del piano presagian la circulación de agua y el coro murmura su línea vocal en pianissimo casi inaudible. La modulación en Do sostenido mayor en Wasser dem gleicht parece afirmar, con tranquilo regocijo hacia el interior, la inmortalidad asegurada por estos interludios. 

De la obra, no tenemos el manuscrito completo del autor, pero Schubert nos ha dejado las partes corales intactas con lo que tenemos al menos un esqueleto de la armonía básica de la obra. El acompañamiento de piano es muy convincente para reflejar los estados de ánimo variables de agua (según dice el texto) De esta manera, el piano va a su parte aguda cuando hay luz y se requieren texturas brillantes, y cuando la fuerza de Ragen Klippen dem Sturz entgegen tiene un motivo de la Quinta Sinfonía de Beethoven (tres corcheas optimistas y un golpe en el primer tiempo). Extremadamente precioso es el movimiento de Schubert a Re bemol mayor hacia el final donde emerge gradualmente, en el acompañamiento del postludio, el resplandor de la imagen de las estrellas reflejada en la superficie del agua. 

En la segunda parte, continuamos con una de las temáticas del Romanticismo con Der Gondelfahrer, una imagen bella del gondolero surcando las aguas acompañado por la luna. 

En Ständchen el coro de mujeres acompaña a la mezzo, siendo esta la segunda idea de Schubert. La imagen de una gran cantidad de mujeres que merodeaban por la noche a cantar a la Freundin habría parecido algo ridículo para un compositor en la tradición galante de la serenata, sin embargo la sonoridad resultante fue más bella. La música en sí es exquisita: aparece la noche y una suave canción de cuna en fa mayor. La idea de coqueteo de puntillas, con el más ligero y el más discreto de los golpes en la puerta, está magníficamente transmitida por el suave acompañamiento. El pasaje cuasi-fuga magistral y desde la tercera estrofa una indicación de que el contrapunto era interesante: Schubert pronto iba a querer tomar clases. La amistad y el amor ('Freundschaft, Liebe') cortan una sección y a la vez un extraordinario toque de humor es la sonrisa incorporada del compositor en la longitud de la pieza: justo cuando la novia ya se ha entregado, y creemos que lse acerca el final, nos pide una palabra más noch ein Wort y la música se pone en marcha de nuevo. La salida se realiza con encanto en un estilo casi operístico y de hecho, este trabajo tiene algo en común con el coro nocturno que abre la ópera Alfonso y Estrella.

Ungeduld (Impaciencia) D.795

Pertenece a uno de los primeros ciclos de canciones del romanticismo, compuesto en 1823, La bella molinera es una de las obras maestras de Schubert, en la que a través de una historia va narrando las peripecias de un viajero que llega a trabajar a un molino y se enamora de la hija del dueño de éste. El piano lleva el peso expresivo de la obra, por lo que rara vez es un simple acompañamiento. Son veinte canciones que transitan desde el alegre optimismo a la desesperación y la tragedia. Ungeduld, (impaciencia), es la séptima del ciclo y esta impaciencia se ve reflejada de inmediato con los primeros tresillos del preludio inicial realizado por el piano; Nos encontramos ante el Lied más tenso de todo el ciclo y también el de la tesitura más extrema, siendo la nota más elevada de estos veinte Lieder un la agudo situado en la palabra dein, tuyo, en cada verso final de estrofa, cuyo texto es el siguiente: dein ist mein Herz, und soll es ewig bleiben tuyo es mi corazón y eternamente lo será. El texto se desarrolla aquí de forma silábica, perseguido por el incesante e inquieto acompañamiento del piano. 

Un salto significa Im gegenwärtigen Vergangenes. Es sin duda la menos conocida de las excursiones Schubert en la poesía cuasi-oriental, y sin duda una de las menos conocidas de sus versiones de Goethe. Es también inusual el híbrido de una parte de piano mucho más independiente de lo que es habitual en este género. Se inicia con un largo y hermoso solo de tenor. Luego la segunda sección (marcada Allegretto) es un dueto para dos tenores, donde la adición de la segunda voz es una verdadera sorpresa para el oído; la tercera sección (Allegro moderato) florece en un cuarteto masculino y el final Andantino quasi allegretto da protagonismo una vez más al tenor solista.

Terminamos el concierto con la alegría de Lebenslust. Un lied simple en comparación a otros, pero no por eso menos interesante y romántico a la vez: eso es la maestría de Herr Schubert.



Mario Lobos y Felipe Ramos

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