domingo, julio 24, 2016

Bailando con la "Virgen patiperra" de Quilimarí

El Mercurio

FIESTA RELIGIOSA Devoción popular en la Cuarta Región.
La devoción a la Virgen del Carmen de Palo Colorado se festeja cada año en el valle de Quilimarí, a 212 kilómetros de Santiago. La celebración concentra un valioso patrimonio inmaterial, con manifestaciones centenarias de canto a lo divino, Bailes Chinos y de "la lancha", expresión coreográfica única en el país.  

Rosario Mena 

Lejos de toda la distancia y solemnidad con que puede rodearse a una imagen sagrada, la Virgen del Carmen de Palo Colorado, al igual que otras advocaciones de María y santos patronos de las festividades populares a lo largo de Chile, es, para su pueblo devoto, un cuerpo con alma y personalidad y un miembro vivo de la comunidad, que cumple un rol de cohesión y consolidación de la identidad compartida. Una verdadera madre que mantiene unidos a sus hijos y que, pese a su materialidad, contiene en sí todos los atributos humanos y maternales, junto a sus facultades milagrosas y sobrenaturales.

Una figura que infunde respeto y veneración, con la cual se comparte la vida cotidiana, las penas y alegrías, el trabajo y la creatividad. Familiaridad y horizontalidad que se expresan intensamente en el caso de esta señora milagrosa del Carmelo, cuya imagen original, una pequeña escultura de madera del matorral llamado Palo Colorado, fue encontrada, según la leyenda, por un lugareño, en el siglo XVIII, al interior de un árbol de esta especie, en el valle de Quilimarí, comuna de Los Vilos, IV Región.

Desde entonces esta Virgen es objeto de una devoción que abarca este valle y el de Aconcagua y que destaca por su acceso democrático a todos los creyentes.

La leyenda

"Con profunda admiración vio que, en el hueco del tronco que acababa de herir, aparecía embutida una figura que tenía la clara apariencia de una Virgen tallada por la naturaleza. En el rostro se destacaban distintas las facciones y el cuerpo se veía cubierto como por una túnica formada de la misma madera. El leñador llevó el misterioso hallazgo al dueño de la hacienda que creyendo adivinar en este hecho algún designio sobrenatural, le construyó un oratorio para venerarla. Se le llamó la "Virgen de Palo Colorado...". Es la historia relatada por el cuentista y dramaturgo, Nathanael Yañez Silva. Toda la gente de la comarca se inclinaba ante el pequeño altar, recordando la leyenda, rodeándola de una pompa inocente y haciéndole mandas que iban acompañadas de flores y regalos. El cura párroco supo esto y encontró conveniente llevarla a la iglesia de la aldea de Quilimarí, un pueblecillo a las orillas del mar.

Es así como, tras haberse instalado en un pequeño oratorio en la hacienda de Palo Colorado, la Virgen fue trasladada en romería a la parroquia de Quilimarí, desde donde, de acuerdo al relato de los lugareños, huyó tres veces de regreso al oratorio, ante la consternación de los campesinos. Tales hechos alimentaron su creciente fama milagrosa que se mantiene plenamente vigente en la actualidad, por lo que los fieles están constantemente pagando sus mandas a la Virgen en la oficina parroquial, las cuales pueden ser canceladas en dinero, velas o caminatas, según explica Luisa Méndez, secretaria parroquial. "La gente viene a pagar sus mandas porque la Virgen les cumple".

Esta pequeña escultura, de autor desconocido, es "una talla polícroma, no vestida, de 38 centímetros de altura, incluyendo su pedestal y corona de oro, al igual que sus aretes y una esclava, que hace las veces de collar, junto a otro, de vidriantes. Con la mano izquierda simula sostener al Niño, que se encuentra de pie, adosado a ella. Con la derecha sujeta un desmesurado escapulario".

Bailando con la Virgen

En torno a esta figura se ha desarrollado un conjunto de expresiones culturales con caracteres locales puros y particulares, profundamente arraigado en la zona, que se actualiza cada 16 de julio en la celebración de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile.

De especial interés son las expresiones coreográficas locales, singulares y de gran vigencia: "las lanchas " y "las danzas" que, con música interpretada por una pequeña banda de guitarra, acordeón y bombo, son ejecutadas de manera personal y dedicadas directamente a la Virgen. Constituyen un modo de oración que se realiza al interior de los hogares y dentro del templo, tal como ocurrió durante la víspera de la última celebración. Su característica más notable es su individualidad y su proyección directa hacia la figura de la Virgen, en un acto personal de piedad que prescinde del público, dando la espalda a los demás participantes de la reunión, quienes, al mismo tiempo, actúan como testigos de la devoción.

Estos bailes devocionales de origen colonial son una manifestación única en Chile y particular de esta zona, cultivada ampliamente por sus habitantes, cuyo origen puede hallarse fácilmente en la cueca o su antecesora, la marinera. Esta expresión fue investigada en 1962 por los folcloristas del Instituto de Música de la Universidad de Chile, Manuel Danemann y Raquel Barros, comprobando su enorme vitalidad, la cual se mantiene hasta hoy tanto en el valle de Quilimarí como en el del Aconcagua, "particularmente en La Ligua, Vallermoso, Longotoma, Chincolco", indica el etnomusicólogo

La virgen posee también un santuario con una réplica suya en la localidad de Palo Colorado, en plena carretera Norte-Sur, donde los fieles le prenden velas y colocan placas de agradecimiento "por favor concedido". A ella acuden diariamente, todas las noches, el párroco de Quilimarí junto a sus tres asistentes -mujeres mayores del pueblo- a encender los cirios correspondientes. Pero, además, cuenta con tres réplicas; dos de las cuales realizan, durante el año, un itinerario definido por distintas localidades del valle de Quilimarí y de Aconcagua, mientras que una tercera se encuentra a disposición de quien la solicite para llevarla a su casa por unos pocos días, sin que a nadie se le niegue este derecho. "Cualquiera puede pedirla y se le dan sus días", informa la secretaria de la parroquia.

Son las llamadas "alojadas", durante las cuales la Virgen visita cada casa, llevada generalmente a pie y en andas por el demandero, acompañado de algunos fieles que van en romería. El traslado desde Quilimarí a otras localidades de la zona, se realiza, sin embargo, en auto o camioneta. "Antes era muy bonito, se traía en romería a pie y a caballo", cuenta don Eloy Solís, cantor a lo divino y demandero de la cercana localidad de Los Maquis, quien cumple su rol sin ningún pago a cambio. Los versos que entona don Eloy los saca, principalmente, de la biblia del pueblo, recopilación de décimas del padre Miguel Jordá, pero también "de otros que me dieron unos amigos y de los cuadernos que me dejó mi madre, que también era cantora". A ello se suman composiciones propias: "hice un verso que lo canto siempre, lo hice por saludo, para saludar a la virgen cuando llega"

Fiesta en el templo y procesión

Una vez finalizada la misa de víspera de la fiesta, la comunidad inicia la velada con unos pies de cueca, que este año contaron con la protagónica participación del cura párroco, quien, ataviado de manta y chupalla de huaso, ejecutó el baile nacional en pleno templo, vitoreado por los quilimarinos, en medio de bromas y risas. A ello siguen los bailes de lanchas y danzas . Posteriormente, es el turno de los cantores a lo divino, quienes se encargan de extender la vigilia hasta el amanecer, con sus versos acompañados solo de guitarra.

El ambiente de distensión y confianza da cuenta de la apropiación que el pueblo hace de su iglesia. Un lugar donde todos están como en su casa, un espacio de encuentro social y festivo que, a la vez, posee un indiscutible carácter espiritual que contiene toda la celebración, la cual se mantiene dentro de límites de respeto y sobriedad, con prohibición del alcohol. Así, la festividad, que este año convocó a poco más de mil participantes, conserva su carácter ritual y comunitario, ajena al turismo y los excesos habitualmente asociados a estas celebraciones colectivas.

Entretanto, la feria tradicional ya se ha instalado con su variada oferta. A las 3 de la tarde, se inicia la procesión hacia el cercano paraje de El Tejar, esta vez acompañada de los Bailes Chinos de la Virgen del Carmen y de San Pedro, de Los Vilos, que al ritmo de su monótona secuencia de sonidos y movimientos inducen en una suerte de trance a las cerca de cuatrocientas personas que siguen la imagen de la Virgen, la cual es llevada en andas dentro de su urna de cristal, de ida y vuelta a la parroquia.

Los Bailes Chinos forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Estos destacan por su tradición, pureza y actitud piadosa, con sus flautas y tambores, sus modestas vestimentas y su alférez entonando versos a lo divino. La denominación de Baile Chino, muchas veces erróneamente utilizada para referirse a todo tipo de bailes grupales en festividades religiosas folclóricas, designa específicamente a este tipo de manifestación surgida en la Cuarta Región, en torno a la extracción del oro durante el período colonial, especialmente en el mineral de Andacollo.


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