martes, febrero 21, 2017

Chilenos que se hacen espacio en la escena musical

Sebastián Camaño
El Mercurio

Vivir de la música clásica. Historias de becados.
Cada vez hay más músicos nacionales que viajan al extranjero, a perfeccionarse como artistas. La fundación Ibáñez Atkinson es una de las instituciones que apoya a jóvenes para salir de Chile y adquirir nuevas herramientas y posibilidades profesionales.

Valentina Proust Iligaray

Chile registra un incremento en el interés por la música clásica. Se han construido modernos teatros en regiones, los centros culturales se multiplican en el territorio y más de 500 orquestas juveniles a lo largo de todo el país sirven como semilleros de nuevos músicos. Para muchos de estos jóvenes talentos, salir del país para continuar su desarrollo artístico es un imperativo. Afuera están los grandes escenarios y reputados maestros y conservatorios de música clásica. Además de escuelas profesionales, con especializaciones que no existen en Chile, como es el caso de la lutería. Pero el alto costo que implica estudiar en el extranjero y lo escasa que se hace la ayuda estatal, lleva a muchos músicos a buscar apoyo en instituciones privadas, como la Fundación Ibáñez Atkinson y la Corporación Amigos del Teatro Municipal.

Desde el año 2013, la Fundación Ibáñez Atkinson entrega becas para incentivar la especialización en las diferentes disciplinas de las artes musicales. A lo largo de estos cuatro años, son 50 las personas que han sido becadas con apoyo financiero para estudiar en el extranjero. La iniciativa surge de la inquietud de Heather Atkinson -una de los fundadores de la institución- por promover el desarrollo de la música y evitar que muchos talentos jóvenes se pierdan. "En Chile hay muchas limitaciones y no existe la infraestructura y maestros necesarios que puedan sacar a todos estos jóvenes adelante", señala su gerente de Música, Andrés Rodríguez Spoerer.

A la fecha, la Fundación ha invertido cerca de 250 millones de pesos en becas, las cuales van destinadas a financiar los estudios, manutención y costos del viaje -dependiendo de las necesidades que los postulantes-. Algunas de las connotadas figuras que han recibido esta beca son el director de orquesta Paolo Bortolameolli y la soprano Paulina González.

Cuatro historias de becados

Sebastián Camaño (25) siempre vivió rodeado de música. Su papá fue baterista de una banda de jazz y su mamá cantaba en un coro, por lo que no fue extraño que desde niño quisiera ser músico. Aprendió violín a los 7 años, piano a los 9 y a los 15 asistió a un curso para dirigir orquestas, encontrando en la figura del director su pasión. Entró a estudiar dirección orquestal en la Universidad de Chile, pero cerraron la carrera cuando estaba pasando a segundo año. "Ahí quedé en el aire, así es que de a poco tuve que ir buscando cómo formarme solo, para dirigir", indica Sebastián. Se fue abriendo camino participando en talleres y orquestas y el año pasado logró ser el director de orquesta en el concierto de Navidad de la Usach.

El sueño de estudiar para ser director continuaba pendiente, pero esta semana partió a Basilea, Suiza, a estudiar junto a Rodolfo Fischer en la Musik-Akademie Basel. Además del sustento monetario que se pueda conseguir con una beca, Camaño recalca lo fundamental que es el respaldo emocional en la carrera de músico. "Es muy importante tener el apoyo de tu familia, incluso más que lo económico. Es vital el sentirse acompañado", señala Sebastián.

El barítono Javier Arrey (35) descubrió su amor por el canto en la iglesia evangélica a la que acudía con su familia durante su infancia, cuando participaba en el coro. Su sueño era estudiar canto o dirección coral, pero vivía en Valdivia y la única opción era trasladarse a Santiago. "Para ambas opciones no había becas ni apoyo del Estado, debía pagar todo y costear una pensión para vivir", comenta Arrey. Pero el talento de su voz era tal, que Javier logró ser escuchado por importantes figuras que lo ayudaron en el camino. El maestro Hans Stein lo llevó a estudiar canto en la Universidad de Chile y en 2007 fue escuchado por Plácido Domingo, quien lo convidó a unirse al Washington National Opera. En 2013, el director y compositor estadounidense Lorin Maazel lo invitó a unirse a sus producciones.

Ha participado en concursos de canto, se ha presentado en los teatros más importantes del mundo e interpretado a personajes clásicos de la ópera -el año pasado debutó en la Ópera de Viena, en el papel de Marcello en "La Boheme"-. "La proyección ahora es seguir consolidando mi carrera, de una forma más sólida y estable", comenta.

Desde niña, Pilar Campos (28) tuvo interés por tocar un instrumento. En su familia nadie era músico, por lo que sola fue armando su camino, participando en coros y orquestas. Cuenta que cuando tenía siete años vio en televisión un reportaje sobre un lutier, detonando su fascinación por ese mundo. Pero nadie en su entorno sabía qué era la lutería -el arte de construir y reparar instrumentos- o dónde estudiarla, por lo que fue dejando el sueño de lado.

Cuando entró a estudiar contrabajo a la Universidad de Chile tuvo acceso a los lutieres de la facultad, reencontrándose con su pasión y comenzando a aprender el oficio junto a ellos. Pero como en Chile no existe una escuela de lutería, tenía que buscar opciones en el extranjero. Decidida, abandonó la carrera y postuló a estudiar en Hamburgo, Alemania, donde se encuentra aprendiendo lutería de instrumentos de cuerda frotada desde el año 2013. Logró viajar gracias a un Fondart, pero como solo la becaron un año, recurrió a la Fundación Ibáñez Atkinson para poder terminar la carrera. Cuando toma conciencia de que es la única chilena en estudiar lutería, señala que "le duele la guata": "Es harta responsabilidad, pero también un desafío. Todo mi trabajo lo hago con la mayor entrega y seguiré así".

La régisseur Christine Hucke (36) viene de una familia de músicos y diseñadores, por lo que el arte siempre fue una parte esencial de su vida. Estudió danza de niña y actuación en la universidad, disciplinas que la fueron ligando al mundo de la ópera. Conexión que tuvo su punto cúlmine durante una representación de "Carmen" en Valparaíso, el año 2003, momento en que supo que quería dedicarse a la dirección de escena en la ópera. "Encontré en este tipo de disciplina todas las formas de arte que me interesaban", señala.

Comenzó a trabajar para formarse como régisseur -director de escena en la ópera-, siendo su escuela el Teatro Municipal de Santiago. Buscando especializarse en la dirección de escena, el 2015 postuló a una beca y viajó a estudiar el oficio de régisseur en Verona, Italia. Indica que por el momento, su plan es permanecer en Europa -donde vive con su marido, el tenor Juan Pablo Dupré-, pero que le gustaría retribuir en Chile todo el conocimiento que ha adquirido en el extranjero.

Volver a Chile

La falta de maestros y recursos es uno de los puntos en que los becados coinciden hace que sea necesario viajar al extranjero para estudiar música. Pero luego de vivir en Europa y Estados Unidos, sienten la responsabilidad de regresar a Chile, a mejorar las condiciones de la educación musical en nuestro país.

"Me gustaría trabajar especialmente en Concepción, mi ciudad. La forma más directa en que uno puede incidir es enseñando, sobre todo en regiones, donde no hay tanto acceso y tienes que irte a Santiago", comenta Camaño. "Se requiere crear aún mayor conectividad con instituciones y personas claves en el ámbito cultural, que los artistas tengan acceso a esto de forma real y no burocrática", agrega Arrey. "Tengo planes en mi cabeza de poder ayudar a escuelas rurales con sus instrumentos, enseñarles cosas básicas para que los puedan mantener en lugares que son tan aislados", reflexiona Pilar Campos.

El gerente de Música de la Fundación Ibáñez Atkinson señala que las becas que dan a estos jóvenes son importantes por la rentabilidad social que implican: "Si algún día vuelven a Chile, Javier puede ser un excelente profesor de canto, Sebastián dar lecciones de dirección orquestal, Pilar reparar los instrumentos que hay en Chile y Christine enseñar dirección de escena. Se están formando no solo excelentes músicos, sino personas que pueden aportar mucho al país".

FUNDACIÓN IBÁÑEZ ATKINSON 
A las becas 2017 postularon cerca de 50 músicos y se seleccionaron 28. El proceso 2018 comienza el 1 de abril y finaliza el 31 de agosto.

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