martes, agosto 01, 2017

Juan Pablo González cierra cien años de música popular chilena

El Mercurio

La investigación que iba a desembocar en el esperado tercer volumen de la "Historia social de la música popular en Chile" experimentó un giro en el camino. El académico de la Universidad Alberto Hurtado elaboró, en cambio, un trabajo de corte musicológico reunido en el libro "Des/encuentros en la música popular chilena. 1970-1990", donde completa la serie y comienza a hablar derechamente de "música chilena". Aquí, sus impresiones, apuntes y críticas, después de escribir de un siglo.  

IÑIGO DÍAZ 

"El músico chileno es tal vez uno de los más completos en repertorio. Nosotros tocábamos todas las cosas que venían de afuera", decía el gran pianista Valentín Trujillo en un ejercicio de memoria. En un ejercicio de historia, el musicólogo Juan Pablo González ratifica la idea.

"Somos como políglotas musicales. Nuestros músicos tienen gran versatilidad y una cultura musical muy grande para asimilar estilos, one step, foxtrot, bolero, tango, cumbia. Sabemos que un 80 por ciento de lo que se tocaba aquí eran ritmos prestados y por eso estuvimos hablando mucho tiempo de 'música en Chile'", dice el académico de la Universidad Alberto Hurtado, otra vez al frente de la agenda como el nombre principal en los estudios de música popular.

Toda esta semana, González estará en el III Congreso de la Asociación Regional para América Latina y el Caribe de la Sociedad Internacional de Musicología, que tendrá lugar en la Universidad Católica de Santos, en Brasil. Hasta allí llega para dar una conferencia y presentar su nuevo libro, "Des/encuentros en la música popular chilena. 1970-1990" (Ediciones Universidad Alberto Hurtado). En Chile se lanzará en la feria Primavera del Libro, que se realiza en octubre en Providencia.

Si bien González ha permanecido activo en la publicación de trabajos en la última década, este no es un libro cualquiera. Es el título que viene a cerrar el círculo de una investigación iniciada en 1999 y que dejó dos biblias tituladas "Historia social de la música popular en Chile".

"Cuando se escribe una historia social de la música estamos inevitablemente tomando muchos ángulos de observación. Se habla de todo lo que en Chile circula, sea chileno o no. En una historia social hay que apuntar a lo que la gente escucha, consume, le gusta, compra, baila y con ello forja su identidad", dice González acerca de los tomos transversales y con características de estudios de divulgación, que elaboró desde la Universidad Católica en 2004 y 2009. Abordaban los períodos 1890-1950 y 1950-1970, respectivamente, y allí trabajó con el historiador Claudio Rolle y el músico Óscar Ohlsen. "En este nuevo libro comenzamos a hablar entonces de 'música chilena'", agrega.

"Des/encuentros..." representa de paso un golpe de timón en la mirada que el autor había tomado en esos volúmenes previos. Ya no se trata de una historia social sino de musicología e historia. El proyecto de investigación, que como los predecesores contó con financiamiento Fondecyt, se había iniciado hace tres años con la idea de completar esa historia social. Para ello, González convocó a un equipo de tesistas, pero en el trayecto se encontró con una sobrepoblación de fuentes, prensa activa y todo tipo de libros sobre música popular chilena de fines del siglo que lo hizo cambiar de planes.

"Aquí no estás descubriendo nada como lo hicimos antes, ni a Illapu ni a Los Prisioneros. No estás encontrándote con el primer disco de Electrodomésticos, ni con Violeta Parra en sus versiones. Antes hicimos una serie de hallazgos, pero aquí estaba todo muy vigente. Entonces decidí volver a la musicología, la disciplina en la que yo me desenvuelvo. Toda esta apertura que se produce en el medio me permitió retomar el estudio académico de los fenómenos musicales", señala.

El libro nació en el contexto de debate de la obligatoriedad del 20 por ciento de la música chilena en las radios. Juan Pablo González se mantuvo entonces activo a través de cartas a diarios o programas de conversación. "Me juego por una crítica: no se podía definir por ley qué era música chilena, porque estamos en un terreno cultural. Música chilena podía a la larga ser una sinfonía de Mozart tocada por chilenos. Es una ley que favorece al músico chileno, lo que es muy importante. En este libro quiero dar las condiciones para definir qué es música popular chilena", dice.

En diez capítulos, González recorre la música popular durante las friccionadas décadas del régimen militar. En su origen, cada uno fue una conferencia que el musicólogo presentó en seminarios y que luego se convirtieron en artículos publicados en diversas revistas académicas, en Francia, España, Brasil, o Israel. Luego se reescribieron como ensayos musicológicos.

La década larga

"El libro concatena la última versión de todos los capítulos. Escribí en España, en todos lados, en trenes. A veces me pasaba de la estación y tenía que devolverme. Fue complicado hacerlos porque son décadas significativas para mí. Es mi juventud y son mis años de formación. Yo estuve ahí. Son las décadas en que tengo memoria, y la memoria es sagrada. Pero yo no quiero hacer memoria: quiero hacer historia", dice.

Esa historia del período está representada en la explosión de la música andina, el rock como suministro continuo y la música de fusión, una de las tendencias más productivas de los tiempos modernos. González aborda además temas como la historia frente a la memoria, y la memoria frente al olvido, y de paso analiza la construcción de un repertorio de tipo canónico a través de trece canciones de los 80.

"Hay una década larga de los años 70, que es clave. Comienza en 1968, cuando la música del ámbito folclórico se separa como coletazo de los caminos irreconciliables de la Guerra Fría, y que desembocan en la crisis de 1973", refiere González.

"Hasta entonces todos los músicos andaban juntos. Conviven la música típica, la proyección folclórica, el Neofolklore y la Nueva Canción Chilena. El gran promotor era René Largo Farías, que arma giras al sur donde iban Violeta Parra y Pedro Messone, que eran amigos. Después, en sus festivales, Ricardo García quiere juntar a Los Quincheros con Quilapayún. Eso se rompe el 68", dice.
Su hito final de esa década larga y determinante en los encuentros y los desencuentros es la canción "La voz de los 80", de Los Prisioneros, escrita en 1983, que coincide con las movilizaciones contra el régimen militar.

-Usted habla aquí de una música chilena propiamente tal. ¿No existió nunca antes?
"Indudablemente lo que logró la Nueva Canción Chilena fue una genuina música chilena, porque produjo un encuentro. Hay ahí una mezcla, un fenómeno de fusión e integración, donde no importaba que se usara cuatro venezolano, charango boliviano, tiple colombiano o bombo argentino. La crítica de los folcloristas más conservadores de la época era 'cómo van a hablar de canción chilena si son ritmos e instrumentos extranjeros'. Pero ese no era el punto. El punto era que estos músicos estaban integrando y transformando músicas distintas que venían desde fuera. Eso es un aporte chileno porque no estaba ocurriendo ni en Venezuela, ni en Colombia, ni en México, ni en Argentina. No quiero decir que la Nueva Canción sea la primera música chilena porque la realmente primera tiene que ver con la urbanización del folclor, lo que hacen los grupos de huasos en los años 20, que ya no es el folclor puro del campo, sino el folclor puesto en un escenario y en un disco y que es producido. Eso ocurre hasta los años 60, cuando será entendida como la música popular chilena propiamente tal.

-¿Desencuentro es una mala palabra?
"El Golpe fue un desencuentro brutal, eso es innegable. Pero eso también provocó un encuentro. Más allá de lo horrible que vivieron los músicos de la Nueva Canción Chilena exiliados, esa vida en Europa les permitió florecer. Si Víctor Jara hubiera sido exiliado, sin duda hubiera sido un músico mundial. Después del bando militar que prohibió los instrumentos andinos vino un boom de la música andina. Esas son las cosas que yo busco, paradojas, contradicciones".

-¿El análisis de la historia de la música queda resuelto con este tercer libro?
"Existe una deuda en los tres libros, donde se analizan los fenómenos musicales, los músicos y sus creaciones. Pero siempre quedó fuera el sonido. Ya estoy formulando un proyecto para escribir la historia de la década de 1990 en un cuarto libro, completamente en la línea de la 'música chilena' y no de la 'música en Chile'. Eso me permitirá trabajar con ingenieros de sonido".

-¿Existe una musicología sobre música popular?
"Desde que hice mi tesis sobre música popular en los años 30 todo fue complicado. La musicología ha estado siempre vinculada a la música docta. Era difícil estar en el Conservatorio donde por un lado estaban los musicólogos estudiando la música de la Catedral de Santiago, por otro los intérpretes estudiando a Beethoven y por otro los compositores estudiando a Ligety. Y tú estás estudiando un foxtrot, una tonada de Los Cuatro Hermanos Silva, o a Armando Carrera, 'el rey del shimmy'. Hoy día hemos evolucionado y la música popular está en la academia con nuevos nombres que están haciendo sus estudios".

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