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martes, enero 10, 2012

A 50 años de su estreno, las historias tras El rock del Mundial


La Tercera

El tema logró la fama en enero de 1962. Sus ventas son menores a las que dicta el mito y sus mentores se distanciaron para siempre.
por Claudio Vergara.

En vez de goles, sonoros C-H-I y del deporte del balón como consigna general, los protagonistas de El rock del Mundial pudieron estar durante décadas hablando de gorritos. "Yo tenía una imprenta con mi padre, y como el Mundial del 62 iba a atraer mucha gente, le sugerí que vendiéramos gorros para el sol. Pero poseíamos cero experiencia, así que, como yo ya tenía una banda, preferí pensar en una canción", recuerda Jorge Rojas, mentor y director hasta hoy de Los Ramblers. El himno futbolero de esa temporada tomaba forma, pero, otra vez, estuvo a punto de no serlo. "La idea es que no fuera tan rockero. Iba a partir con un gran solo de saxo, con sonido orquestal. Pero el saxofonista que contratamos se quedó dormido y no llegó. Así que yo tuve que inventar en minutos esa clásica introducción de guitarra", acota Oscar Soto, ex integrante y primo del cantante Germán Casas, el otro nombre tatuado a fuego en la historia del conjunto.

Dos relatos que desnudan la cuna espontánea de uno de los temas más trascendentes del cancionero local. Una pieza interpretada por primera vez de manera masiva hace cinco décadas, cuando la orquesta tocó durante las dos primeras semanas de enero en el Casino de Viña, aunque fue grabada en abril de 1962 y editada un mes después bajo etiqueta Demon, el debutante sello de Camilo Fernández. El suceso marcó para siempre a sus mentores.

Partiendo por sus cifras de venta: hasta hoy sus protagonistas no se alinean con un número riguroso. Su autor, Jorge Rojas, habla de 800 mil copias despachadas en sus primeros 15 días. Fernández lo cifró en 600 mil hasta el nuevo siglo. En 1999, un matutino reportó hasta 10 millones de ejemplares. Según Carlos Contreras, cantante nuevaolero y asesor del libro Historia social de la música popular chilena, lo más sensato es situarlo en 50 mil copias en sus primeros años, por lo que en las décadas siguientes habría superado las 100 mil, lo que lo convierte con toda seguridad en el single más vendido de la música local.

Contreras asegura que hay una razón formal para no apostar por números oceánicos: las fábricas de álbumes de esos años no tenían la capacidad técnica para producir tales cantidades. Pero hay un motivo menos oficial: para evitar el cobro excesivo de impuestos, Fernández mantenía en total hermetismo las ventas, lo que daba pie para que prensa y músicos deliraran con cualquier fantasía.

Como fuera, el éxito hizo que Rojas empezara a recibir un promedio de $ 300 mil mensuales como único autor. Construyó una casa y se compró un auto. Hoy cobra $ 2 millones por su uso comercial, y ese mismo monto le llegó días antes de esta Navidad, cuando una empresa la utilizó para una propaganda interna. Lo mismo pasó con Fernández, que adquirió su primer auto y la casa de tres pisos en Pedro de Valdivia, que habitó hasta su muerte. Pero el estrellato trajo fisuras. Rojas advirtió que el productor sólo les daba el 2% de las regalías, mientras figuras como Antonio Prieto o Lucho Gatica recibían el triple. "Le reclamé, se encaprichó y se sintió dolido, porque dijo que él había sido el primero en confiar en nosotros. Nos dejó libres y nos fuimos a Odeón, pero con el tiempo terminamos amigos", cuenta Rojas.

A fines de los 60, Casas iba y venía de Los Ramblers, se fue a vivir a Venezuela en los 80 y sólo volvió con la promesa de mayor permanencia en 1984. Pero ese mismo año emprendió rumbo en solitario y dejó al grupo para siempre. Con Rojas, nunca más se hablaron. El compositor explica: "Me dijo que quería dejar la música, pero a la primera salió con un disco solista, aprovechándose de la fama que obtuvo con nosotros". Casas retruca: "El ha hablado cosas muy feas y tonteritas, como cuando dice que me enseñó a cantar. Si me ofrecieran juntar la formación histórica, no aceptaría jamás".

Casas cuenta que, en 1992, su ex compañero quería impedir que usara en vivo los arreglos de temas como el propio El rock... El intérprete los cambió y, para certificarlo, debió asistir con su banda ante la Brigada de Delitos Económicos de la PDI, en una sesión rocanrolera en pleno cuartel uniformado. Muy lejos de la efusividad que los vio nacer.

Shows aniversario
Mientras Casas celebrará los 50 años del hit con un show a mediados de año en el teatro Teletón, Los Ramblers planea un recital en que tocarán completo el debut de 1962, donde aparece el tema. Además, han conversado la opción de ir a Viña 2012.

martes, enero 25, 2011

La música popular chilena pierde al productor más importante de su historia

El Mercurio

Camilo Fernández, creador de la Nueva Ola e impulsor del neofolclore, falleció a los 80 años a causa de un infarto cerebral. También destacó en radio y televisión.

EQUIPO DE ESPECTÁCULOS
En los años 60, quien pasara en la mañana por fuera de la radio Corporación, en la calle Compañía, podía ver una fila de jóvenes artistas esperando para entrar, recuerda la folclorista Clarita Parra. "Íbamos para poder hablar con él, porque si él daba el sí podíamos grabar, podíamos hacer cosas".

En la madrugada de ayer, en la casa de su hija Alejandra, falleció de un infarto cerebral Camilo Fernández, el hombre que provocaba esas filas hace 50 años, que es sindicado como el creador de un movimiento musical, que fundó un sello que grabó a buena parte de una generación de artistas, y que participó en espacios de radio y televisión que se dedicaron a difundir la música popular. El productor pop más importante de Chile.

La carrera musical de Fernández partió luego que se dio cuenta de que la odontología o las ciencias políticas, las dos carreras que estudió, no eran lo suyo y entró a trabajar a la radio. Ahí su oído empezó a hacerlo destacarse en el trabajo de programador -solía atinarles a las canciones que se convertirían en éxitos- y llegó a ser director de radio Portales y radio Chilena. Luego pasó a trabajar en sellos musicales, en lo que estaba cuando llegó el 27 de octubre de 1959. Ese fue el día, según él mismo lo contó, en que se puso la semilla del rock chileno: llevó a Peter Rock al sello RCA para que grabara una canción de Elvis Presley y una de Paul Anka, que se convirtieron en el primer álbum de rock chileno y el inicio de la Nueva Ola.
"A mí sin conocerme me dijo 'toma cabro, graba un disco de twist y rompe con estos rocks. No te cambies a un nombre americano'. Después, él mismo decidió que yo empezara a grabar mis temas en castellano", recuerda Luis Dimas, y no es el único que le da crédito por haber impulsado su carrera. "Todo lo que he logrado fue gracias a su incentivo y a la oportunidad que me dio él de trabajar", agrega Horacio Saavedra, recordando que Fernández apostó por él cuando Saavedra llegó siendo muy joven a Santiago, y lo eligió por sobre músicos con más experiencia para estar en sus programas radiales.

Los Ramblers, Clan 91, Bric a Brac y Luis Dimas fueron algunos de los artistas que firmó su sello Arena, antes llamado Demon, que no sólo reclutó a artistas de la Nueva Ola, sino que también lo introdujo en el neofolclore, trabajando con Los Cuatro Cuartos, Ginette Acevedo y Las Cuatro Brujas. Fernández se acercó luego al movimiento de la Nueva Canción Chilena, con ediciones de álbumes de artistas como Patricio Manns, Víctor Jara, Isabel y Ángel Parra. Con este último grupo Fernández tuvo la mayor polémica de su carrera: se le acusa de haberse quedado con dinero de derechos de autor que le correspondían a los artistas tras el 11 de septiembre de 1973. "Él hizo un aporte a la nueva ola y al neofolclore. Yo lo dejé de ver hace muchos años, y a su familia le mando mi más sentido pésame", comentó ayer Ángel Parra, sin querer entregar detalles del distanciamiento; mientras que Manns fue más duro: "No todos los muertos son buenos", comentó.

Estas acusaciones también fueron lanzadas en televisión por Óscar Andrade en 2005, luego que perdiera la final del programa "Rojo VIP" contra Buddy Richard.

La carrera de Fernández también incluyó un importante paso por la televisión (ver recuadro), pero al final de su vida volvió a sus raíces: la radio. "En los últimos meses íbamos a su casa con un equipo a grabarlo. Después se le hizo difícil y por eso se repitieron algunos programas en diciembre, y se hizo una recopilación de 'lo mejor de'. Sus fuerzas se habían debilitado mucho", explica Julián García-Reyes, director de radio Oasis, donde Fernández todavía tenía el programa "Según pasan los años". Según cuenta su hijo Camilo, sus últimos días los pasó "muy tranquilo", leyendo mucho y siempre en cama, ya que estaba postrado desde que se quebró una cadera hace dos meses. También confidencia que nunca dejó su amor por los dulces, a pesar de ser diabético.

A las 14:00 horas de hoy se le dará el último adiós en el Parque del Recuerdo, donde habrá primero una misa y luego el funeral.

''Fue un hombre realmente valioso y el legado que deja es muy importante y muy grande. Toda la gente con que tuvo contacto lo recordará siempre".
Ginette Acevedo

''Él me descubrió y gracias a él yo llegué a Santiago y pude hacer una carrera espléndida. Él no fue sólo nuestro
productor, fue nuestro papá, nuestro amigo, nuestro tío".
Luz Eliana

''Le encantaba su trabajo y es una de las personas que más sabía de música. Se ha ido un tremendo, una enciclopedia de la música y un gran amigo".
Horacio Saavedra

''Era un hombre recto, un hombre sabio, un hombre de hablar meloso, un hablar seguro, un hablar sabio".
Luis Dimas

''Tenía un gran olfato comercial, pero no sólo en el sentido de ganar dinero, sino de saber cómo hacer para que las cosas fueran atractivas para la gran masa".
César Antonio Santis

De "Música libre" a "Vamos a ver" y "Rojo Vip"
Camilo Fernández comenzó en la TV con una idea que importó de Argentina, "Música en libertad". Junto a Pepe Gallinato y Mirta Furioso le cambiaron el nombre por el de "Música libre", y lo transformaron en un éxito en TVN. "Fue el boom de comienzos de los 70", recuerda Eduardo Ravani, productor de las dos primeras temporadas. "Camilo tenía muchos vínculos para traer música y eso le daba un plus", agrega. Fernández siguió con el formato en Canal 11 en los 80 y lo revivió en el 13 en 2001, pero su segundo gran momento en la TV fue como productor musical de estelares. En sus créditos se cuenta "120 kilómetros por hora" y "Martes 13", dirigidos por Gonzalo Bertrán; y "Vamos a ver" y "Una vez más", de Felipe Pavez, con quien también trabajó en el Festival de Viña (de 1975 a 1981, y los de 2001 y 2002). "Camilo era muy educado y perceptivo. Por eso algunos le decían 'zorrito plateado', en el buen sentido de la palabra", dice Pavez.

El animador César Antonio Santis lo conoció en los 70 y trabajó con él en radio Oasis. "Era una verdadera enciclopedia, muy generoso, pero también crítico cuando las cosas no se ajustaban (...) Gonzalo (Bertrán) le confiaba el aspecto artístico de los programas, y él siempre se mantuvo muy al día y ponderado ", afirma Santis. La última participación de Fernández en TV fue en "Rojo Vip" (TVN, 2005), donde sostuvo una polémica con Óscar Andrade. "Ese momento lo enfrentó con tranquilidad. Creo que, en general, disfrutó el programa, porque le interesaba mucho el vínculo de la TV y la música", cuenta Rafael Araneda, quien animó ese espacio.

Camilo Fernández: Los claroscuros del promotor de la Nueva Ola

Camilo Fernández: Los claroscuros del promotor de la Nueva Ola

Nacion.cl
Redacción: Esta nota contiene un error: Camilo Fernández nunca fue dueño de los masters de "Las ultimas composiciones" de Violeta Parra.

Felipe Rodríguez
Tras el golpe de Estado, varios músicos debieron exiliarse y, en el ostracismo, se encontraron con desagradables sorpresas. Camilo Fernández hizo contratos con sellos discográficos europeos para discos de los hermanos Parra, Patricio Manns y el primer álbum de Víctor Jara. Jamás les envió un peso a los autores.

Cada vez que era entrevistado, Camilo Fernández se ufanaba de lo que creía era su mayor cualidad: haber escuchado y agudizado su oído desde que tenía 4 años en su natal Valdivia con canciones de todos los estilos.

En parte, tenía razón. Apenas llegó a Santiago a estudiar Odontología, el provinciano entendió que en la gran ciudad estaba todo por hacer. Con un olfato musical vivaz y resolutivo, se planteó metas. La primera y, fundamental, fue estar suscrito a la revista Billboard. Esa era la Biblia sonora del momento. Su pasaporte para poner en marcha su plan maestro: tomar los éxitos que enloquecían a la juventud estadounidense y trasplantarlos en español al paladar local.

El juego resultó mejor de lo previsto y Camilo Fernández se transformó en un personaje todopoderoso de la música nacional. Fue director de radios Portales y Chilena, pero donde más se sintió cómodo fue en su rol de descubridor de nuevas figuras: Peter Rock, Luis Dimas, Los Ramblers, Buddy Richard, entre otros. Todos, sin excepción, pasaron por este hombre orquesta.

La década del ’60 fue prodigiosa para su carrera. En 1962 fundó su propia casa disquera, Demon -que después se llamó Arena para evitar problemas legales-, y, de entrada, dio el palo al gato: editó el primer disco homónimo de Los Ramblers que contenía el single, “El rock del Mundial”. Se llenó de gloria. Esa canción se transformó en la más vendida, hasta hoy, en la historia de la música chilena y el promotor, con humor, decía que “cada gol de Chile, me significa más de 50 mil copias de ventas”.

La proliferación de bandas y solistas fue la llave para generar un movimiento. Los jóvenes, ávidos de conocer la vida de estos incipientes ídolos, permitieron que aparecieran revistas como “Ritmo”. Y, así, Fernández seguía acumulando poder. Era productor del sello RCA, propietario de Demon y comentarista de discos de la revista Ecrán.

Con los bolsillos llenos y llevando a las noveles figuras por giras por Chile, el productor se anticipó a otro negocio: la música de raíz. A mediados de los ’60, comenzó a ser un habitué en la famosa y concurrida Peña de los Parra de calle Carmen. Sin querer, estaba rodeado de todos los que, en unos años, crearían uno de los movimientos autóctonos más trascendentes de la historia musical del país: Patricio Manns, Víctor Jara, Angel e Isabel Parra y Violeta Parra, entre otros. Allí comenzaron los problemas. Fernández hizo firmar contratos a los artistas en que éstos, obnubilados por sus contactos y su capacidad de difusión, prácticamente ni miraron. Y, al poco tiempo, se sintieron estafados. Tras el golpe de Estado, varios músicos debieron exiliarse y, en el ostracismo, se encontraron con desagradables sorpresas. Fernández hizo contratos con sellos discográficos europeos para discos de los hermanos Parra, Patricio Manns y el primer álbum de Víctor Jara. Jamás les envió un peso a los autores.

En el intertanto, dejó su figura de productor y se sumergió en una nueva labor: formar un área musical para TVN. Fue el artífice de “Música Libre” y facturó una serie de estelares musicales junto al trío que componían César Antonio Santis, Gonzalo Bertrán y Horacio Saavedra y repitió, posteriormente, como productor artístico del Festival de Viña y del recordado “Chilenazo” de Canal 11.

Al regreso de la democracia, Patricio Manns y los Parra lo recriminaron en público. Exigían que Fernández les devolviera dinero por sus creaciones. A él, sin embargo, le dio lo mismo. Tanto, que llegó a mandarle un recado a Manns en duros términos: “pa qué querís la plata si te la vai a tomar toda”.

En 2001, y tras unas duras negociaciones con Joan Jara, la viuda de Víctor, le devolvió los masters del primer disco del autor de “Te Recuerdo Amanda”. No hizo lo mismo con la obra más emblemática -y póstuma- de Violeta Parra, “Las Ultimas Composiciones”. Las vendió a un precio absurdo junto a unos 1.500 masters adicionales del sello RCA a un coleccionista. Ese fue el germen de su última pelea en pantalla. Oscar Andrade lo sacrificó en el programa “Rojo VIP” al decir que todavía tenía en su poder canciones de Buddy Richard y que, constantemente, se había aprovechado de los artistas chilenos, incluido el mismo Andrade. A Fernández claramente le daba lo mismo. Siempre estuvo convencido que sin su presencia, ninguno de los músicos hubiera conocido el éxito.

lunes, enero 24, 2011

A los 80 años falleció el productor Camilo Fernández


La Tercera
El hombre clave tras el desarrollo de movimientos como la Nueva Ola y la Nueva Canción Chilena murió esta madrugada, a causa de un infarto cerebral.

Esta madrugada, a la edad de 80 años, falleció el productor musical Camilo Fernández, creador de la Nueva Ola y gestor del emblemático programa de televisión de los años 70 Música Libre.

Según confirmó su familia a través de un comunicado, Fernández -quien en marzo de 2007 sufrió una trombosis que le afectó la voz, la vista, su brazo izquierdo y el equilibrio- murió producto de un infarto cerebral y sus funerales se realizarán en el Parque del Recuerdo en una fecha y hora por confirmar.

Con más de 50 años de trayectoria, Fernández fue uno de los promotores fundamentales de la música popular chilena de la última mitad de siglo, y jugó un papel clave en el desarrollo de movimientos artísticos tales como la Nueva Ola, en la década de los 60, y años después en La Nueva Canción Chilena.

Durante ese período, impulsó las carreras de nombres como Los Ramblers, Peter Rock, Buddy Richard, Los Cuatro Cuartos y Patricio Manns, entre otros artistas.

La última aparición estable del productor musical en televisión fue en 2005, cuando lideró el jurado del programa Rojo Vip, de TVN, donde protagonizó una gran disputa con Oscar Andrade, quien figuraba entre los participantes del espacio.

En esa oportunidad, el autor de "La Tregua" acusó a Fernández de ser dueño de algunas canciones de Buddy Richard, otro de los concursantes de la competencia.

Camilo Jorge Fernández Leiva también se desempeñó como productor artístico del Festival de Viña del Mar y como jurado del certamen. En 1973 participó en el programa musical 120 kilómetros por hora -conducido por César Antonio Santis y dirigido por Gonzalo Beltrán- y luego estuvo a cargo de la producción de Exito, de Canal 13.

domingo, septiembre 11, 2005

CAMILO FERNÁNDEZ: EL LADO B DE UN INTOCABLE

 La Nación


Camilo al cielo


Ardió Troya en “Rojo Vip”. Las acusaciones que Óscar Andrade lanzó al jurado del “American Idol” chileno versión senior, reabrieron heridas de pesos pesados. Patricio Manns e Isabel Parra apoyaron al autor de “La tregua”. Y el creador de la nueva ola respondió apagando el fuego con bencina al amenazar a Manns con revelar “cosas miserables de su vida”. Aquí, su majestad y las querellas que le anuncian para esta semana. ¿Rojo rip?


Nación Domingo


Rodrigo Alvarado


Todo empezó así: Óscar Andrade acusó a Camilo Fernández de ser dueño de algunas canciones de Buddy Richard, detalle que lo debería inhabilitar, según el cantante, para ser jurado en una competencia de trayectoria. En su defensa, Fernández arguyó que cedería los derechos de los siete temas del intérprete de “Mentira”, pero Andrade le contestó que eso no importaba porque igual ganaría dinero con las ventas de sus discos después de terminado “Rojo Vip”. La conversación subió de temperatura y el jurado, de 74 años, insinuó que el cantante estaba loco. Andrade le enrostró deberle plata por regalías desde hace 30 años a Patricio Manns, quien ratificó la acusación al otro día. Fernández anunció querella y luego le avisaba por la prensa a Manns que contaría “algunas cosas miserables de su vida” si insistía en el tema de la deuda.


La discusión no sólo mostró toda la soberbia de un intocable del negocio de la música en Chile, sino que trascendió las reglas de una competencia interna, abriendo las puertas a la investigación de serias irregularidades en la producción discográfica chilena desde hace 40 años: el apropiamiento indebido de royalties y derechos de autor.


CONTRATO LEONINO


Una tarde de 1976, Manns caminaba por Madrid cuando vio en la vidriera de una casa de música su disco “Entre mar y cordillera”, editado por el sello hispano Movie Play. No recuerda si el contrato le daba derecho a Fernández de venderlo en el extranjero, porque después del golpe de Estado de 1973 nunca tuvo acceso al papel. “Pero de haber sido así, igual tenía la obligación de pagarme”, asegura el cantautor, quien vio cómo esta experiencia se repetía en Francia, Italia y Portugal.


Manns conoció a Camilo Fernández en 1965. El cantante y poeta era número puesto en la Peña de los Parra, que comenzaba su historia en calle Carmen 340. En ese tiempo, Fernández tenía dentro del catálogo de su sello, Arena, a Ángel e Isabel Parra. “Una noche”, cuenta Manns desde su casa en Concón, “me ofreció grabar en las mismas condiciones que lo hicieron ellos. Acepté sin darme cuenta de que me estaba haciendo firmar un contrato leonino, de por vida o algo por el estilo y con un royalty bajísimo”, recuerda. “Arriba en la cordillera” fue la canción que selló el vínculo, convirtiendo a Manns en una de las figuras consulares del movimiento de renovación de la música popular chilena gestado en la década de los 60. Todo un patrimonio, pero también un gran negocio que prolongó los dividendos económicos para el productor, a través de compilados y ventas de derechos en los años que siguieron al golpe. Manns asegura que Fernández reconoció en la SCD, hace algunos años, “el haberle cedido los derechos a un señor de apellido Meyer en Buenos Aires, pero que ahora dice que se los robaron. En cualquier caso, no lo creo capaz de regalar un master”, explica desde su hogar.


La historia se repite también con los hijos de Violeta Parra, Ángel e Isabel, quienes hace cuatro años resolvieron sus demandas en privado, con abogados y con un trato poco equitativo pero necesario: le cedieron 25 años de regalías no pagadas por 12 masters (algunos con Violeta) que permanecían en manos del productor. “Lo hice por el valor patrimonial y emocional de esas grabaciones originales”, cuenta Isabel Parra, y agrega que durante su exilio de 16 años el productor comercializó su música sin autorización.


En 1967, Manns terminó su relación con Fernández en medio de fuertes discusiones y amenazas por los pagos. El porcentaje que recibía por concepto de royalty (que se paga al autor) oscilaba entre el 2% y el 3% de las ventas, en circunstancias que “en esa época los royalties eran del 10%”, asegura Manns, que actualmente percibe un royalty del 14%.


Pero más allá de las cifras, lo que indigna sobremanera al cantautor es que cuando regresó al país, Fernández reconoció la deuda frente a la directiva de la SCD y prometió pagarla. “El tiempo fue pasando, me dijeron que estaba viejo y arruinado. Me dio pena; pero nada, salvo lo de viejo, es verdad. Al escucharlo el martes en el programa diciendo que no me debe ni un cinco, decidí buscar un abogado para que se ocupe del asunto. Será la mejor solución”, adelanta el cantautor, quien prefiere no cruzarse con el hoy jurado de “Rojo Vip”, ya que la primera vez que lo encaró exigiéndole los pagos de 30 años, Fernández le respondió: “Y para qué querí la plata si te la vas a tomar toda”.


PODEROSO CABALLERO


A nadie le sorprende el tono del promotor de la nueva ola. Todos saben, incluyendo él, que más que un hombre de dinero es un hombre de poder. “Cree que nos inventó a todos y se olvida que ya éramos muy conocidos antes de trabajar con él. Además, cree a pies juntillas que el chantaje es signo de poder”, dice Manns. Desde su posición privilegiada, Camilo Jorge Fernández Leiva, que firmaba sus notas en “La Tercera” como Jorge Leiva, construyó una relación simbiótica entre la radiofonía y la naciente televisión. Él mismo dice ser el primer animador de la televisión chilena, aunque en el inconsciente colectivo sea Patricio Bañados el dueño de tal honor. Pero ese sólo es un dato menor al lado de su trayectoria. Creó el sello Demon -posteriormente llamado Arena, pues la marca anterior ya existía en Japón- y fue cofundador, junto a Raúl Aicardi, de Canal 9. El auge de sus artistas coincidió con medios ansiosos de espectáculo, como la revista “Ritmo”, y con su “ojo privilegiado” que, como dice la cantante Denise, visualizó el éxito que tendría la música anglo con la nueva ola -casi todos trabajaron con él en algún momento- y también lo hizo con el neofolclore, levantado por grupos como Los Cuatro Cuartos y Las Cuatro Brujas, que llevaron la música popular con esmoquin al barrio alto. Pero su mayor acierto fue captar el potencial de la nueva canción en la Peña de los Parra. Su catálogo incluye, además de los Parra y Manns, la edición del primer LP como solista homónimo de Víctor Jara en 1966 (derechos que Fernández cedió recién en 2001 a su viuda) y -como productor de RCA- editó también el último disco de Violeta Parra antes de su suicidio, titulado “Las últimas composiciones de Violeta Parra” y que hasta el día de hoy sus herederos no han podido recuperar.


Fernández se convirtió en una especie de coronel Parker, quien, atento a la sociedad norteamericana y al mercado, hizo de Elvis Presley y su rebeldía un ícono del patriotismo al enrolarlo en el ejército tras la guerra de Vietnam. O quizá más simple: Javier Astudillo, cantante de la nueva ola, más conocido como Danny Chilean, dice que parte de su talento “fue estar suscrito a la revista ‘Billboard’, que le decía cuáles eran los éxitos en EEUU e Inglaterra y usarlos para que los artistas nacionales hicieran covers”.


Sin embargo, su carrera de a poco derivó a la televisión. Iniciados los ’70 dejó su puesto como director artístico de la compañía de discos IRT y creó el programa juvenil “Música libre”.


Fue varios años productor artístico del Festival de Viña del Mar y también jurado. El ’73 participó en “120 kilómetros por hora”, primer show musical conducido por César Antonio Santis y dirigido por su amigo Gonzalo Beltrán. Años más tarde fue productor de “Éxito” y jurado en “Chilenazo”, programa en que triunfó el mismo Óscar Andrade con “Noticiero crónico”. Su experiencia la transmitió entre el 77 y el ’80 en la Escuela de Periodismo de la Chile, aunque un conocido periodista, alumno suyo en ese entonces, cuenta que “al igual que Gonzalo Beltrán, iba dos o tres veces al año a dar clases. Era el típico profesor estrella, mimado por las autoridades de la escuela”.


Toda esa experiencia reafirmó la posición de Fernández en la industria y los medios, algo que Astudillo conoce desde que trabajó con él cuando éste era asesor musical de RCA Víctor: “Siempre se echa demasiados créditos, como que formó a todos, con el típico ‘yo los saqué de la nada’. Por el hecho de estar en la radio, la televisión y los diarios, los artistas le siguen la corriente. Él era la puerta de entrada”.


¿JURADO IMPUTADO?


De cualquier modo, los royalties no pagados por el jurado de “Rojo Vip” no son prácticas de su exclusivo patrimonio. Tanto Isabel Parra como la vocalista del conjunto de rock Aguaturbia, Denise, sostienen que esa era la forma en que actuaba el 90% de los productores nacionales. Esta última, sin embargo, no cuestiona a Camilo Fernández, con quien grabó sólo un disco en 1970, antes de viajar a EEUU: “Los royalties los pagan los sellos y nunca lo han hecho en Chile. Además, tienen un porcentaje bajísimo para el artista y son muy pocos los discos vendidos”, explica. Su marido, el guitarrista de aquella banda, Carlos Corales, piensa de manera similar, aunque precisa que su caso es atípico, ya que son una banda de culto que duró muy poco en comparación a sus carreras posteriores. De hecho, en 1992, Fernández vendió -bajo el conocimiento de ambos- los masters de Aguaturbia al dueño de Background, Hugo Chávez, quien editó un compilado de sicodelia en Londres. De todas formas, Corales sostiene que “ningún contrato es para siempre”.


Pero esa no es la realidad de los artistas de la nueva canción. Los cuatro años en que el productor musical trabajó con los cantantes de la Peña de los Parra, ninguno recibió dinero a pesar de que eran superventas. Isabel explica que “grabábamos en un día los discos. Nunca hubo un contrato ni menos un finiquito, llegábamos y cantábamos, era lo único que nos importaba”.


Fernández señaló esta semana en “LUN” que cuando los hijos de Violeta regresaron, les entregó las regalías correspondientes y que no se las recibieron. Eran 24 mil pesos. “Incluso dijo que le había pasado los masters a Ángel cuando se fue a París, siendo que mi hermano estuvo preso y después se exilió en México. A Camilo lo sacaron de la cama, ya no tiene argumentos”, sentencia la cantante, quien iniciará acciones legales para recuperar varios masters que el productor le vendió a Pedro Valdebenito, quien además compró “a precio de huevo” unos 1.500 masters cuando quebró la IRT. Incluso Fernando Ubiergo acusa ahora que su catálogo grabado para la extinta casa discográfica se comercializa sin recibir un peso.


Curiosos caminos de la vida que, sin buscarlo, “Rojo Vip” trajo del pasado el día que juntó a Óscar Andrade y a Camilo Fernández en el mismo set. Ahora, al rey Midas de la radiofonía nacional le espera una querella que le interpondrán dos insignes de la canción popular chilena -además de Manns- por el uso indebido de derechos de autor y royalties. LND intentó comunicarse con Fernández, pero su teléfono estuvo descolgado el fin de semana. Según fuentes al interior del programa, sus abogados le aconsejaron no hablar. Un silente vacío donde, quizá, resuene más que nunca la última frase de Fernández en el estudio de TVN: “Yo estoy dispuesto a sacrificar mi prestigio por salvar este programa”. LND