Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Orrego Salas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Orrego Salas. Mostrar todas las entradas
miércoles, agosto 21, 2019
viernes, enero 18, 2019
Juan Orrego Salas cumple 100: figura fundamental de la música chilena
El Mercurio
Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio
Además de ser uno de los compositores más influyentes de nuestro país , puso en el mapa mundial el repertorio latinoamericano una vez que se radicó en Estados Unidos, en 1961, y fue crítico musical de "El Mercurio" por 11 años. Hoy celebra su cumpleaños con su familia y el mundo lo conmemora con su música.
El talento, una prolífica pluma y la longevidad se conjugan en la carrera del compositor chileno Juan Orrego Salas, quien hoy cumple cien años en su casa en Bloomington, Indiana -donde reside desde 1961- junto a su mujer, Carmen Benavente, y sus hijos, que viajaron a saludarlo.
"La Escuela de Música de la Universidad de Indiana le está dedicando 11 días de homenajes diversos", cuenta su hijo Juan-Felipe Orrego.
Desde el martes, ha habido conferencias sobre el legado del Premio Nacional de Música 1992, y conciertos diarios, en los que una serie de virtuosos interpretan piezas suyas tan emblemáticas como "Mobili", "Biografía Mínima de Salvador Allende", "El Alba del Alhelí" -con versos de Rafael Alberti- o su Cuarteto de Cuerdas N° 4.
Su hijo Juan-Felipe cuenta que el sábado 26 inaugurarán una exposición con documentos históricos del eminente profesor y que "en una ceremonia oficial se hará entrega al director de la Lilly Library del legado musical de Juan Orrego Salas".
El chileno fue profesor hasta 1987, cuando se jubiló, en la Universidad de Indiana, y también allí fundó, en 1961, el Latin American Music Center. Se lo comisionó la Fundación Rockefeller, y hasta hoy sigue siendo el mayor archivo musical de la región.
"Ese centro es algo único en el mundo; tan completo que si uno quería encontrar una obra de un autor latinoamericano había que buscarla ahí y no con los editores", dice el director Juan Pablo Izquierdo, quien fue alumno de Orrego Salas en la U. de Chile.
"Trabajé en Bloomington y me tocó ver cómo lo apreciaban figuras de la talla del Trío Beaux Arts y cómo la National Symphony de Washington, Igor Markevitch y Sergiu Celibidache interpretaban sus obras. Debe ser el compositor chileno más tocado en el extranjero. En su música siempre hay un espíritu neoclásico y una claridad meridiana", agrega Izquierdo.
Vigencia musical
"Enemigo de experimentos y complejidades gratuitas, con un lenguaje directo y accesible presente en toda su música de cámara, sinfónica y vocal, a lo largo de su fructífera vida, Orrego Salas ha logrado instalar su nombre y el de la música chilena en los repertorios de ilustres conjuntos y solistas extranjeros. Es tal vez el compositor nacional más difundido en el exterior y, en el medio nacional, y algunas de sus obras se han constituido en clásicos", comenta el crítico de "El Mercurio", Jaime Donoso.
Sucedió, por ejemplo, con las "Canciones Castellanas", donde integró poemas del Siglo de Oro español, y con la cantata "América, no en vano invocamos tu nombre", con textos de Pablo Neruda.
Entre sus obras que llegaron a un público más masivo puede contarse una de sus dos incursiones en la Nueva Canción Chilena: "Un Canto para Bolívar" (1982), que le escribió a Quilapayún. "Nunca habíamos hecho un trabajo coral tan exigente, y tuvo una muy buena recepción por parte del público. Es uno de los mejores trabajos que hemos hecho", comenta Eduardo Carrasco, director del conjunto.
Igualmente se destaca su "Missa in tempore discordiae", con versos de Vicente Huidobro, una pieza que podría ser estrenada en Chile en octubre próximo, si se concreta un proyecto que está en pleno desarrollo, según revela Juan-Felipe Orrego.
El centenario compositor, en todo caso, sigue estando muy vigente en el país. Por ejemplo, el año pasado, la Orquesta Usach itineró con su "Concierto de cámara", y Alberto Dourthé abordó su Concierto para violín, con la Sinfónica de Chile. Esta misma orquesta tocará esta tarde su "Obertura Festiva" en el Teatro U. de Chile (19:30 horas, gratis), y la repetirá en las Semanas Musicales de Frutillar.
Gran generosidad
Juan Orrego Salas estudió composición primero con Pedro Humberto Allende y con Domingo Santa Cruz en la U. de Chile, y después con Randall Thompson y Aaron Copland en Estados Unidos. Igualmente, como apunta el musicólogo Luis Merino, "es el primer musicólogo chileno formado académica y profesionalmente como tal". Destaca también sus aportes en este terreno, así como su labor como director de la Revista Musical Chilena entre 1949 y 1953.
Pero Orrego Salas también tuvo que estudiar y titularse de arquitecto porque su familia le impuso una carrera "que le costeara la vida". Sin embargo, sólo alcanzó a trabajar 18 meses como arquitecto, porque en ese lapso había conseguido vivir de la música.
"No me quejo", declaró a "El Mercurio" en 2012. Y confesó que constantemente echaba de menos a Chile. "Ideas musicales no me faltan, las tengo adentro. A veces sueño con ellas", dijo. Ese año vino al país y tuvo una intensa agenda, que cumplió en un 100%, a los 93 años y medio. Lanzó su segundo libro, "Testimonios y fantasías. Improvisaciones en mi computador"; dio entrevistas, y trabajó con jóvenes músicos.
"Siempre he estado comprometido con el pensamiento en Chile. He vivido más de la mitad de mi vida en Estados Unidos y sigo siendo chileno, porque si solicitara mi ciudadanía debería renunciar a mi ciudadanía chilena. Y yo eso no lo acepto", declaró entonces.
"Aparte de sus talentos artísticos, es un hombre de una calidad humana y una generosidad extraordinarias", enfatiza Juan Pablo Izquierdo. Y destaca otra faceta que este creador desarrolló con la misma excelencia: la de crítico musical de "El Mercurio", entre 1950 y 1961.
"En los años que trabajó como crítico en el diario reflejó no sólo un conocimiento muy exhaustivo de lo que estaba hablando, sino además una gran generosidad, y un profundo compromiso con el medio musical", cierra Izquierdo.
Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio
Además de ser uno de los compositores más influyentes de nuestro país , puso en el mapa mundial el repertorio latinoamericano una vez que se radicó en Estados Unidos, en 1961, y fue crítico musical de "El Mercurio" por 11 años. Hoy celebra su cumpleaños con su familia y el mundo lo conmemora con su música.
El talento, una prolífica pluma y la longevidad se conjugan en la carrera del compositor chileno Juan Orrego Salas, quien hoy cumple cien años en su casa en Bloomington, Indiana -donde reside desde 1961- junto a su mujer, Carmen Benavente, y sus hijos, que viajaron a saludarlo.
"La Escuela de Música de la Universidad de Indiana le está dedicando 11 días de homenajes diversos", cuenta su hijo Juan-Felipe Orrego.
Desde el martes, ha habido conferencias sobre el legado del Premio Nacional de Música 1992, y conciertos diarios, en los que una serie de virtuosos interpretan piezas suyas tan emblemáticas como "Mobili", "Biografía Mínima de Salvador Allende", "El Alba del Alhelí" -con versos de Rafael Alberti- o su Cuarteto de Cuerdas N° 4.
Su hijo Juan-Felipe cuenta que el sábado 26 inaugurarán una exposición con documentos históricos del eminente profesor y que "en una ceremonia oficial se hará entrega al director de la Lilly Library del legado musical de Juan Orrego Salas".
El chileno fue profesor hasta 1987, cuando se jubiló, en la Universidad de Indiana, y también allí fundó, en 1961, el Latin American Music Center. Se lo comisionó la Fundación Rockefeller, y hasta hoy sigue siendo el mayor archivo musical de la región.
"Ese centro es algo único en el mundo; tan completo que si uno quería encontrar una obra de un autor latinoamericano había que buscarla ahí y no con los editores", dice el director Juan Pablo Izquierdo, quien fue alumno de Orrego Salas en la U. de Chile.
"Trabajé en Bloomington y me tocó ver cómo lo apreciaban figuras de la talla del Trío Beaux Arts y cómo la National Symphony de Washington, Igor Markevitch y Sergiu Celibidache interpretaban sus obras. Debe ser el compositor chileno más tocado en el extranjero. En su música siempre hay un espíritu neoclásico y una claridad meridiana", agrega Izquierdo.
Vigencia musical
"Enemigo de experimentos y complejidades gratuitas, con un lenguaje directo y accesible presente en toda su música de cámara, sinfónica y vocal, a lo largo de su fructífera vida, Orrego Salas ha logrado instalar su nombre y el de la música chilena en los repertorios de ilustres conjuntos y solistas extranjeros. Es tal vez el compositor nacional más difundido en el exterior y, en el medio nacional, y algunas de sus obras se han constituido en clásicos", comenta el crítico de "El Mercurio", Jaime Donoso.
Sucedió, por ejemplo, con las "Canciones Castellanas", donde integró poemas del Siglo de Oro español, y con la cantata "América, no en vano invocamos tu nombre", con textos de Pablo Neruda.
Entre sus obras que llegaron a un público más masivo puede contarse una de sus dos incursiones en la Nueva Canción Chilena: "Un Canto para Bolívar" (1982), que le escribió a Quilapayún. "Nunca habíamos hecho un trabajo coral tan exigente, y tuvo una muy buena recepción por parte del público. Es uno de los mejores trabajos que hemos hecho", comenta Eduardo Carrasco, director del conjunto.
Igualmente se destaca su "Missa in tempore discordiae", con versos de Vicente Huidobro, una pieza que podría ser estrenada en Chile en octubre próximo, si se concreta un proyecto que está en pleno desarrollo, según revela Juan-Felipe Orrego.
El centenario compositor, en todo caso, sigue estando muy vigente en el país. Por ejemplo, el año pasado, la Orquesta Usach itineró con su "Concierto de cámara", y Alberto Dourthé abordó su Concierto para violín, con la Sinfónica de Chile. Esta misma orquesta tocará esta tarde su "Obertura Festiva" en el Teatro U. de Chile (19:30 horas, gratis), y la repetirá en las Semanas Musicales de Frutillar.
Gran generosidad
Juan Orrego Salas estudió composición primero con Pedro Humberto Allende y con Domingo Santa Cruz en la U. de Chile, y después con Randall Thompson y Aaron Copland en Estados Unidos. Igualmente, como apunta el musicólogo Luis Merino, "es el primer musicólogo chileno formado académica y profesionalmente como tal". Destaca también sus aportes en este terreno, así como su labor como director de la Revista Musical Chilena entre 1949 y 1953.
Pero Orrego Salas también tuvo que estudiar y titularse de arquitecto porque su familia le impuso una carrera "que le costeara la vida". Sin embargo, sólo alcanzó a trabajar 18 meses como arquitecto, porque en ese lapso había conseguido vivir de la música.
"No me quejo", declaró a "El Mercurio" en 2012. Y confesó que constantemente echaba de menos a Chile. "Ideas musicales no me faltan, las tengo adentro. A veces sueño con ellas", dijo. Ese año vino al país y tuvo una intensa agenda, que cumplió en un 100%, a los 93 años y medio. Lanzó su segundo libro, "Testimonios y fantasías. Improvisaciones en mi computador"; dio entrevistas, y trabajó con jóvenes músicos.
"Siempre he estado comprometido con el pensamiento en Chile. He vivido más de la mitad de mi vida en Estados Unidos y sigo siendo chileno, porque si solicitara mi ciudadanía debería renunciar a mi ciudadanía chilena. Y yo eso no lo acepto", declaró entonces.
"Aparte de sus talentos artísticos, es un hombre de una calidad humana y una generosidad extraordinarias", enfatiza Juan Pablo Izquierdo. Y destaca otra faceta que este creador desarrolló con la misma excelencia: la de crítico musical de "El Mercurio", entre 1950 y 1961.
"En los años que trabajó como crítico en el diario reflejó no sólo un conocimiento muy exhaustivo de lo que estaba hablando, sino además una gran generosidad, y un profundo compromiso con el medio musical", cierra Izquierdo.
jueves, noviembre 08, 2012
Música chilena para voz y guitarra, ahora en disco
El Mercurio
El lanzamiento es este sábado. Carolina Acuña y Tatiana Muñoz grabaron obras de Orrego-Salas, Becerra y Amenábar, entre otros.
Romina de la Sotta Donoso
"Sabemos que se conoce muy poco de las partituras de nuestros compositores para guitarra y voz", asume la soprano Carolina Acuña, integrante de la Camerata Vocal de la U. de Chile.
Por eso decidió, con la guitarrista Tatiana Muñoz, recuperar parte del repertorio chileno para esta formación. Tras conquistar un Fondo de la Música, el dúo grabó las obras, y el resultado es el CD "Compositores chilenos para canto y guitarra. Música original del siglo XX", que lanzarán con un recital este sábado en la Casa del Coro de la U. de Chile (Pedro de Valdivia 2454, 17:00 horas. Gratis).
"Nuestra intención fue mostrar la diversidad de estilos y autores chilenos que surgieron durante el siglo XX. Abarcamos la música modernista (1910 a 1975) y la música contemporánea (desde 1975)", especifica Acuña. El 80% de las obras que registraron no habían sido grabadas anteriormente.
El CD incluye, entre otras, "Látigo y sudor", de Gustavo Becerra-Schmidt; "Padre nuestro", de Juan Amenábar, y "Clara Sandoval", de Federico Heinlein, así como canciones de Juan Orrego-Salas, Pablo Délano y Pedro Núñez Navarrete.
Al momento de destacar una de las obras que registraron, eligen a Orrego-Salas. "Mi-La-Re-Sol-Si" es la opción de Acuña: "Son las cinco notas de la guitarra. Toda la canción juega en torno a esta onomatopeya que repite con pequeñas variantes de línea".
Muñoz opta por "Al aire": "Su armonía es interesante, y el poema, al ser de Pablo Neruda, le da cierto peso al lenguaje musical. El compositor logra un lenguaje afín entre el canto y la guitarra; cada una hace algo diferente, pero al ir las partes juntas, se nutren una de la otra".
El lanzamiento es este sábado. Carolina Acuña y Tatiana Muñoz grabaron obras de Orrego-Salas, Becerra y Amenábar, entre otros.
Romina de la Sotta Donoso
"Sabemos que se conoce muy poco de las partituras de nuestros compositores para guitarra y voz", asume la soprano Carolina Acuña, integrante de la Camerata Vocal de la U. de Chile.
Por eso decidió, con la guitarrista Tatiana Muñoz, recuperar parte del repertorio chileno para esta formación. Tras conquistar un Fondo de la Música, el dúo grabó las obras, y el resultado es el CD "Compositores chilenos para canto y guitarra. Música original del siglo XX", que lanzarán con un recital este sábado en la Casa del Coro de la U. de Chile (Pedro de Valdivia 2454, 17:00 horas. Gratis).
"Nuestra intención fue mostrar la diversidad de estilos y autores chilenos que surgieron durante el siglo XX. Abarcamos la música modernista (1910 a 1975) y la música contemporánea (desde 1975)", especifica Acuña. El 80% de las obras que registraron no habían sido grabadas anteriormente.
El CD incluye, entre otras, "Látigo y sudor", de Gustavo Becerra-Schmidt; "Padre nuestro", de Juan Amenábar, y "Clara Sandoval", de Federico Heinlein, así como canciones de Juan Orrego-Salas, Pablo Délano y Pedro Núñez Navarrete.
Al momento de destacar una de las obras que registraron, eligen a Orrego-Salas. "Mi-La-Re-Sol-Si" es la opción de Acuña: "Son las cinco notas de la guitarra. Toda la canción juega en torno a esta onomatopeya que repite con pequeñas variantes de línea".
Muñoz opta por "Al aire": "Su armonía es interesante, y el poema, al ser de Pablo Neruda, le da cierto peso al lenguaje musical. El compositor logra un lenguaje afín entre el canto y la guitarra; cada una hace algo diferente, pero al ir las partes juntas, se nutren una de la otra".
miércoles, junio 27, 2012
La Youth Orchestra of the Americas visita Chile homenajeando a Jorge Peña Hen
El Mercurio
Once conciertos en seis ciudades y residencias en La Serena y Frutillar son parte de la intensa agenda que ofrecerá en nuestro país esta exitosa agrupación juvenil.
Maureen Lennon Zaninovic
"Sin duda este será uno de los proyectos culturales más relevantes de toda nuestra existencia", cuenta con emoción Mark Gillespie, director artístico de la Youth Orchestra of the Americas (YOA).
Con sede en Washington, esta exitosa agrupación juvenil, que incluye a 85 músicos de 22 países americanos, está cumpliendo una década de vida y decidió celebrar su aniversario durante todo el mes de julio en Chile. ¿La razón?
"Porque esta tierra representa, gracias a la pionera labor de Jorge Peña Hen, el origen del fenómeno orquestal juvenil latinoamericano. Sin esa semilla que se plantó hace más de 40 años en La Serena, hoy la YOA no existiría", agrega Gillespie.
Y como se trata de una celebración "en grande" que incluirá más de diez conciertos en seis ciudades de nuestro país y dos importantes residencias en La Serena y Frutillar, junto a la gestión de los directores de la YOA, en la organización de esta contundente gira nacional (ver ficha) también se sumarán el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, la Intendencia de Coquimbo, la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería (Dirac), la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, la Fundación Beethoven y el Teatro del Lago, entre otras instancias.
Un poco de historia
Inspirada en el exitoso sistema orquestal venezolano y en el innovador legado del artista chileno Jorge Peña Hen, la YOA nació en Estados Unidos bajo el alero del New England Conservatory y del músico británico Benjamin Zander, hoy batuta titular de la Orquesta Filarmónica de Boston. Este último, en 1993, estuvo en Chile dirigiendo la Orquesta Filarmónica Juvenil de Boston. "Zander ha sido un pilar fundamental para la YOA y en esta gira se alternará en la dirección con nuestro actual director titular, Carlos Miguel Prieto", dice Gillespie.
El director chileno Felipe Hidalgo, quien ha conducido a la YOA en varias oportunidades, complementa: "Zender dejó una huella muy importante en La Serena, así que este regreso será muy emocionante para él y para la ciudad. Tendré, además, el honor de alternar con él y con Hugo Domínguez la dirección de la Orquesta Jorge Peña Hen", dice Hidalgo. Y agrega que le parece muy relevante que, en el marco de esta gira, viaje a Chile como compositor en residencia Juan Orrego-Salas. "El es uno de los más grandes músicos chilenos del siglo XX y que comparta con jóvenes instrumentistas nacionales resultará una experiencia tremendamente significativa".
Además de Orrego-Salas, de Zander y del director mexicano Carlos Miguel Prieto, este último también batuta titular de la Sinfónica Nacional de México, algunas de las presentaciones que ofrecerá la YOA en Chile contarán con invitados internacionales de "lujo", entre ellos el pianista franco-canadiense Louis Lortie, el violinista canadiense Timothy Chooi y la violinista estadounidense Sarah Chang (ver nota relacionada).
Con Plácido Domingo
La Orquesta de las Américas la conforman músicos entre 18 y 30 años, los que son seleccionados vía una convocatoria abierta que se realiza a través de internet y YouTube (actualmente hay nueve instrumentistas chilenos entre sus filas). "Nos interesa ese rango de edades porque consideramos que representan el momento más crítico y difícil para un músico. Fácilmente un instrumentista puede pasar 10 años de su vida audicionando, sin mayor éxito profesional, por eso con este conjunto se les abre una importante fuente de trabajo", aclara el director artístico.
Esta no es la primera vez que la YOA visita Chile. Ya lo hizo en 2002 y en esa oportunidad fue dirigida por el entonces desconocido y jovencísimo director venezolano Gustavo Dudamel.
"Y diez años después, hoy Dudamel conduce la Filarmónica de Los Angeles y es uno de los grandes motores del sistema orquestal venezolano que fundó José Antonio Abreu. Actualmente Dudamel es una estrella, pero también un ejemplo de lo que puede significar la YOA para nuestros músicos: además de ser una plaza muy atractiva de trabajo y de desarrollo social, el paso por la orquesta abre puertas, genera contactos y aporta una red que finalmente ayuda a que muchos de nuestros integrantes se conviertan en líderes", explica Mark Gillespie.
Y en lo que atañe a las redes que posee y genera la Orquesta de las Américas, el tenor Plácido Domingo, padrino artístico de esta agrupación, ha ejercido un papel fundamental:
"No puede ser mejor noticia que nuestra gira a Chile y la celebración de nuestros diez años coincidan también con la visita del tenor. El 15 de julio, en el Teatro Municipal de Santiago, la YOA tendrá un encuentro privado con Plácido Domingo, quien ha sido un padrino fantástico y nos ha abierto su red maravillosa de contactos. Además asistiremos a uno de los ensayos de la ópera 'Il Postino', lo que nos parece una experiencia muy enriquecedora", puntualiza el director artístico de la Orquesta de las Américas.
Y vaya que tienen contactos. Además del tenor, la YOA cuenta con un estelar consejo asesor artístico que integran, entre otros, la pianista Martha Argerich, el compositor Philip Glass y el chelista Yo-Yo Ma. También existe una junta directiva liderada por la venezolana Hilda Ochoa-Brillembourg, quien además es CEO de Strategic Investment Group, entre otras importantes entidades internacionales. "Ella, que vendrá a nuestro país, ha sido clave en el financiamiento de esta agrupación", cuenta la gestora cultural Drina Rendic, quien también ha colaborado en la organización de esta gira por Chile.
Rendic agrega que, además de la junta directiva, la orquesta cuenta con un nutrido equipo de directores de todas las Américas -más de 60- entre los que hay dos chilenos: la diplomática Loreto Leyton y el científico Gastón Ormazábal. "Este último también vendrá a Chile con la YOA y, además de ser un connotado profesional y docente de la Universidad de Columbia (EE.UU.), es un reconocido operático y presidente de la Fundación Hildegard Behrens, en honor a la soprano alemana que falleció en 2009. A través de esta entidad, el doctor Ormazábal apoya a la YOA con una beca anual nada menos que de 50 mil dólares", explica Rendic quien el 18 de julio, tras la presentación de esta orquesta en el Teatro Municipal de Las Condes, ofrecerá una comida en honor a estos músicos con distintos líderes de opinión, empresarios y artistas chilenos.
Un timbalista chileno
Leonardo Mandujano (28) es timbalista e ingresó a la YOA en 2009. "Cada año, para conservar mi puesto en la orquesta, debo audicionar y afortunadamente me he ido quedando. Estar acá ha sido una experiencia fabulosa, por los países que me ha tocado recorrer. Además, he tenido la oportunidad de trabajar con maestros de renombre como Valery Gergiev y tocar con solistas como Joshua Bell y este año con Sarah Chang", dice.
Egresado de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Mandujano cuenta que, cuando le toca salir de gira, la propia Orquesta de las Américas le financia todo: desde los pasajes hasta la estadía. Y es que el tema económico no ha sido fácil para este músico chileno: "El 23 de junio tenía una audición en Chicago, fui preseleccionado para asistir a un concurso, pero no logré obtener los recursos para viajar. Intenté ser auspiciado por el Consejo de la Cultura, incluso por Leonardo Farkas, pero no obtuve respuesta".
Algunos hitos de su visita
Desde el 29 de junio al 10 de julio: residencia en La Serena.
Conciertos:
11 y 12 de julio: Coliseo Monumental de La Serena y Casino Enjoy de Coquimbo.
14 de julio:
Aula Magna de la Universidad Federico Santa María (Valparaíso).
16 de julio: GAM.
17 de julio: Teatro Municipal de Ñuñoa. Solista: Sarah Chang.
18 de julio: Teatro Municipal de Las Condes. Solista: Sarah Chang.
20 de julio: Teatro Regional del Maule. Solista: Louis Lortie.
22 de julio: Teatro de la Universidad de Concepción. Solista: Louis Lortie.
24 y 28 de julio: Teatro del Lago de Frutillar. Solistas: Sarah Chang y Louis Lortie.
Mas Antecedentes en http://yoa.org/
domingo, febrero 05, 2012
La vigencia de Juan Orrego-Salas: a sus 93 años, lanza disco y nuevo libro
El Premio Nacional de Música 1992 está contento. Por primera vez se publica un CD monográfico de su obra sinfónica, y en marzo lanzará un volumen con recuerdos, apreciaciones y fantasías. Además de hablar de las deudas pendientes de la música chilena, revela que siempre está tratando de componer. "Ideas musicales no me faltan, las tengo adentro. A veces sueño con ellas. Y creo que voy a componer otra obra más, pero hasta el momento no me ha resultado".
Romina de la Sotta Donoso
El 18 de enero, Juan Orrego-Salas cumplió 93 años. Lo celebró en Estados Unidos, país donde está radicado desde 1961 y donde hizo la segunda mitad de su larga y fructífera carrera. Como regalo de cumpleaños, la Academia Chilena de Bellas Artes y el sello SVR acaban de lanzar un CD doble dedicado a su creación sinfónica. Reúne seis grabaciones históricas realizadas entre 1952 y 1967, cuatro de ellas en los santiaguinos teatros Municipal y Astor; y dos en Estados Unidos.
"Estoy muy agradecido por este CD. Son seis obras sinfónicas que escribí entre 1948 y 1966 y que se conservan en el Archivo Sonoro del departamento de Música de la Universidad de Chile", comenta al teléfono Juan Orrego-Salas desde Bloomington, Indiana.
Premio Nacional de Música 1992, Orrego Salas es uno de los fundadores de la institucionalidad musical en Chile. A los cinco años, Orrego-Salas escucha, en concierto, a Claudio Arrau interpretando "El clave bien temperado" de Bach. Era 1924. Empieza a estudiar piano, y después sigue con composición con Pedro Humberto Allende y Domingo Santa-Cruz, en el Conservatorio. En 1944, la Fundación Rockefeller lo beca para seguir formándose en Estados Unidos, donde se convierte en alumno de Randall Thompson y Aaron Copland. Al año siguiente, estrena su primera obra en Norteamérica, cuando en Chile sólo se habían estrenado dos de sus partituras. Además de profesor del Conservatorio, fue director del Instituto de Extensión Musical de la U. de Chile, y fundó y dirigió en 1959 el departamento de Música de la Universidad Católica.
"No me quejo. Logré vivir de la música, a pesar de que estudié arquitectura, porque cuando salí del colegio me dijeron: 'bueno, ¿qué carrera vas a seguir?'. Yo respondí: 'pero si ya tengo una carrera que es la música'. Los abuelos, los padres, todos me dijeron lo mismo: 'No, no, no. Es muy linda la música, pero no te vas poder costear la vida'. Así que estudié arquitectura y me recibí. Pero sólo trabajé medio año como arquitecto, porque a esas alturas ya había empezado a ganarme la vida con la música", recuerda.
-Entre la investigación, la docencia y la composición, ¿qué ha sido más gratificante?
"Creo que la composición, porque es expresar lo que llevo adentro. La investigación, que es descubrir lo que viene de afuera hacia adentro, no ha dejado de interesarme nunca. Tampoco la docencia, pues los alumnos me han enseñado mucho".
-El entender la composición como una forma de expresarse, ¿se relaciona con el espíritu melódico que siempre ha tenido su obra y con el hecho de que usted nunca haya adherido a las fórmulas vanguardistas?
"También yo siento que existe un espíritu melódico. Pero no me gusta clasificar algo de vanguardista o no. Dentro de las tradiciones que he seguido, espero ser un vanguardista en el sentido de estar diciendo cosas originales".
La otra deuda externa
Uno de los mayores aportes internacionales de Orrego-Salas es la fundación, en 1961, del Latin American Music Center (LAMC) de la Universidad de Indiana, que hoy constituye el mayor registro musical de la región.
"El señor Jack Harrison, representante de la Rockefeller Foundation fue a Chile, el año 60, a consultarme si me interesaría ser director de un centro de esta especie. Le dije que sí y le pregunté dónde querían establecer este centro. Me respondió que en Washington, como parte de la OEA. Ahí le dije yo: 'en eso sí que no estoy de acuerdo; la OEA es una institución política y esto debe estar encarnado en una institución educacional. Si es posible, en una universidad a la que le interese ampliamente la música'".
-¿Qué sucedió entonces?
"Me encontró toda la razón. 'Voy a regresar a Estados Unidos y plantearle su criterio a la Fundación Rockefeller', me dijo. No se demoró 24 horas en llamarme para decirme que la Rockefeller había encontrado cuerdo mi pensamiento y que iban a hacer una investigación para ver cuáles universidades norteamericanas se interesaban. Una semana después, supe que una de las cinco excelentes universidades que habían seleccionado tenía un decano muy emprendedor que estaba interesado en que yo combinara la dirección de este centro con la enseñanza de composición. Y ésta fue la Universidad de Indiana".
Orrego-Salas dirigió hasta su jubilación, en 1987, el LAMC. Su objetivo, dice, era "promover el estudio y difusión de la música de Latinoamérica. Esta tarea se cumplió reuniendo una biblioteca que ha sido considerada la mayor existente en su especialidad, preparando a once graduados en musicología en sus tesis de maestría y memorias doctorales, centradas en la música de estos países, y difundiendo el conocimiento general de ésta en cursos, seminarios, conciertos y festivales".
-¿Ha aumentado o disminuido la presencia de la música clásica latinoamericana en el mundo en las últimas tres o cuatro décadas?
"Antes se tocaba mucha más música latinoamericana que ahora, especialmente lo que se refiere a la programación de los compositores jóvenes".
-¿Podría tener responsabilidad en ello el LAMC?
"Creo que ha dependido en gran parte de la debilitación de las relaciones institucionales e individuales entre el Latin American Music Center y otras entidades de esta categoría en Latinoamérica, así como su relación con los compositores e investigadores. En el período inicial del LAMC, yo hice un gran esfuerzo en establecer contactos con todas las organizaciones musicales de Latinoamérica. Y eso fue muy útil, porque organizaciones del Instituto de Altos Estudios Musicales y Editorial Argentina de Música de Buenos Aires, del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile, del Instituto de Relaciones Culturales de la Universidad de Oriente de Cuba, de Ediciones Mexicanas de Música y de la Unión Panamericana de Washington empezaron a proveer al centro de materiales de investigación, partituras, manuscritos, libros. Y eso generó una magnífica biblioteca. También los compositores estaban interesadísimos en enviar obras a la biblioteca del LAMC. Por ejemplo, así llegó toda la colección de obras de Alberto Ginastera. A esto se agregaron varias giras, visitas e intercambios de músicos entre Estados Unidos y los países de Latinoamérica. Esta corriente se ha debilitado, y no costaría nada revivirla. Lamento que un aspecto tan fundamental como es el conocimiento y la difusión de las obras más recientes, no haya seguido atendiéndose con la misma intensidad".
-Al abandonar la difusión de la creación actual, ¿el LAMC se está convirtiendo más en un registro que en un promotor?
"Puede interpretarse como usted lo dice".
Vigencia en su patria
Orrego-Salas ejerció, además, la crítica musical en "El Mercurio" entre 1950 y 1961. "Conservo en mi memoria esos más de diez años de servicio como los de una tarea que me procuró múltiples satisfacciones y a la vez la decepción de haber herido con mi juicio a un colega; a lo que este oficio me obligaba si mi sincera opinión así lo establecía", confiesa.
-¿A quién hirió usted?
"Me dolió mucho no estar de acuerdo con qué representaba Enrique Soro en la música chilena: una posición que ya era del pasado. Lo dije en alguna oportunidad, y creo que me dolió a mí más que a él".
-¿Se arrepintió de haberlo dicho?
"No. Nunca me arrepentí de lo que había dicho, sino que de haber herido a alguien. Por ejemplo, cuando hacía comentarios de la ópera nacional, haber dicho que un tenor no era para representar el papel que había interpretado. Sin embargo, creo que los juicios de un crítico son siempre válidos. A pesar de que hieran".
Difícilmente podría decirse, en el caso de Orrego-Salas, que él ha recibido el "pago de Chile". Su obra se sigue programando en su patria, y un rol esencial ha jugado la Orquesta Sinfónica de Chile. En octubre de 2009, dirigida por Francisco Rettig, estrenó mundialmente su Sinfonía N° 6 "Semper reditus"(1996), como homenaje a sus 90 años. En julio del año siguiente, esta vez conducida por Maximiano Valdés, presentó su Concierto para violín (c.1980).
Tampoco la Universidad Católica lo ha olvidado. En el XVII Festival de Música Contemporánea UC, en 2007, se estrenó la última composición del Premio Nacional, "Estancias del Recuerdo", Op. 126, encargo del premio Charles Ives del Instituto Chileno-Norteamericano de Cultura.
"Desde entonces sólo he escrito dos libros, una especie de autobiografía, 'Encuentros, visiones y repasos'(2005, Ediciones UC) y el otro que está por salir 'Testimonio y fantasías: improvisaciones en mi computador'", revela.
-¿De qué se trata este libro?
"Representa una cantidad de pensamientos míos sobre una cantidad de cosas, no sólo sobre música. También es lo que pienso sobre política y existencialismo (ríe)... Son capítulos breves. Hay muchas fantasías; por ejemplo, yo me reúno y converso con Beethoven. Y cosas por el estilo".
La periodista Vivian Lavín, editora del volumen aclara que "la rigurosidad y la memoria de don Juan son fantásticas; describe a la perfección y con una aproximación emotiva, acontecimientos de su infancia, y encuentros con grandes figuras de la música. Es bien emocionante. No es para nada una despedida; su pluma es muy fresca y culta, tiene vuelo literario". El libro será publicado, en marzo, por Ediciones Radio Universidad de Chile en coedición con la Facultad de Arte de la U. de Chile y Liberalia Ediciones. Tendrá 300 páginas y un costo inferior a los $20 mil.
-Don Juan, al hacer un balance de su carrera, ¿tiene dudas sobre si fue la mejor opción radicarse en Estados Unidos y no volver a Chile?
"Tengo más curiosidad que dudas. La única manera de haberme quedado en Chile en el año 60 hubiera significado evitar que se fundara un centro como el Latin American Music Center. Yo sabía entonces que, si aceptaba, era por un tiempo muy largo".
-¿Piensa volver a Chile?
"Lo pienso todo el tiempo".
-¿Echa de menos?
"Mucho. Pero me es muy difícil viajar ahora, por la edad. Los aviones, uy, me cansan terriblemente".
-Y ahora que terminó sus dos libros, ¿volverá a componer?
"Ayayay. Difícil lo que me pregunta, Romina. Yo quisiera seguir activo, pero hay algo que el cuerpo no lo acepta. Pero siempre estoy tratando. Siempre. Ideas musicales no me faltan, las tengo adentro. A veces sueño con ellas. Y creo que voy a componer otra obra más, pero hasta el momento no me ha resultado".
-Allá cerca tiene el ejemplo de Elliot Carter, que sigue componiendo...
"¡Y tiene 103 años! Somos muy amigos; es una persona sencilla, simpática, muy buen compañero y muy buen compositor".
-¿Debemos esperar su Opus 127?
"Espérelo. Aunque eso me compromete un poco".
"Leer lo expresado por Stravinsky en su autobiografía, que lo vivido 'eran memorias y no necesariamente verdades', me alivianó la tarea de escribrir estas líneas, el aceptar las muchas dudas que me producía el no recordar con absoluta transparencia ciertos momentos de mi vida y me facilitó escudriñar hasta los rincones más remotos de mis recuerdos, sin ser perturbado por ese otro ser, que al decir de Juan Ramón Jiménez 'camina junto a nosotros, calla cuando hablo y se pasea por donde no estoy; aquel que se mantendrá en pie cuando yo muera'".
"Lo he escrito para expresarme y ojalá entretener. Me he permitido la espontaneidad del instante, sin presunción. Estoy seguro de que en algún rincón de mi memoria o de mi imaginación, todo esto me estaba esperando; mis inquietudes sobre la política vigente, la historia y las ciencias, mis 'Fantasías' sobre los escapes hacia el pasado para conversar con Bach, Mozart, Beethoven, El Greco, Monet, Jules Verne y con mi abuelo Ricardo Salas".
"De esto proceden los 'Testimonios y Fantasías; improvisaciones en mi computador', las misceláneas que me han hecho navegar de la verdad a la falacia, de la realidad a la fábula, motivado por mi larga relación no sólo con la música, sino con el arte, la literatura, la política y la enseñanza".
"Juan Orrego-Salas. Obras sinfónicas" (www.svrproducciones.cl, $10 mil) es el segundo volumen de la Colección Compositores Chilenos de la Academia Chilena de Bellas Artes). Incluye seis registros.
"Obertura Festiva" , Op. 21, es una de las cinco obras para orquesta que el músico compuso en Chile en 1948, y una de las cuatro que fueron estrenadas ese año. Siete años después se presentó en Estados Unidos con la dirección de Antal Dorati. Orrego-Salas la escribió para celebrar el nacimiento de su hija Francisca y la interpreta la Orquesta Sinfónica de Chile, con la conducción de Víctor Tevah.
También Tevah y la Sinfónica estrenaron su Concierto para piano y orquesta , Op. 28, en el 2° Festival de Música Chilena, en 1950, y su Concierto de cámara , Op. 34, en la tercera versión del evento, en 1952.
Orrego-Salas dedicó su Sinfonía N° 3 , Op. 50 a su hijo Juan Cristián. Se estrenó en el 2° Festival Interamericano de Washington, en 1961, junto con obras de Gustavo Becerra-Schmidt y Domingo Santa Cruz. En cambio, dedicó a su esposa, Carmen Benavente, su Serenata Concertante , Op. 40 (1954), encargo de la Sinfónica de Louisville.
Su Sinfonía N° 4 , Op. 59, fue estrenada por la Filarmónica de la Universidad de Indiana y Tibor Kozma en 1966. Un crítico de la época declaró: "Orrego-Salas es un compositor que puede hacer música con este lenguaje (dodecafónico), pero no está a merced del sistema".
sábado, septiembre 24, 2011
40 composiciones que dibujaron la identidad chilena en el siglo XX
El Mercurio
En el libro " Cantus Firmus : mito y narrativa de la música chilena de arte del siglo XX", de Rafael Díaz y Juan Pablo González, están los 'Cuarenta Principales' del siglo pasado. Un rescate patrimonial integral, pues el volumen incluye un CD con todas esas piezas en formato MP3.
Romina de la Sotta Donoso
Tal como los inolvidables "Top 40" de las radios, hoy nace un libro que reúne las 40 composiciones nacionales que construyeron un relato social sobre nuestra identidad musical republicana. El volumen incluye un CD con esas mismas 40 obras en formato MP3, y constituye un nuevo paso de una investigación que durante tres años han desarrollado el etnomusicólogo y compositor Rafael Díaz y el musicólogo Juan Pablo González.
Hace un año y medio ya habían generado el sitio web "Guía auditiva de música chilena del siglo XX", selección de 40 piezas compuestas entre 1918 y 1999. Esos análisis fueron sometidos a una práctica de los siglos XIV y XV: el Cantus Firmus . "Un compositor tomaba una línea melódica preexistente y sobre eso construía una obra coral. Rafael intervino de esa manera mi texto", dice González, quien es director del Instituto de Música de la U. Alberto Hurtado.
"Buscamos obras que hubieran generado un relato social con su comunidad, obras que permanecieron en el repertorio de los intérpretes chilenos, quienes son los grandes antologadores de nuestro tiempo. Ellos eligieron qué debía permanecer y qué debía olvidarse", afirma Díaz, académico del Instituto de Música UC. Porque el primer requisito para entrar en el "Top 40" es que existan grabaciones. Igualmente, explica González, haber generado un discurso crítico: "Que haya referencias a estas obras en libros, o que aparezcan en artículos de revistas académicas y reportajes o críticas de prensa. Que tengan existencia social, que hayan circulado".
"Cantus Firmus : mito y narrativa de la música chilena de arte del siglo XX" (Amapolas Editores, 176 páginas) estará disponible en librerías por $12.000.
La lista la abren Enrique Soro y su Concierto en Re Mayor para piano y orquesta (1918) y "La voz de las calles" (1920) de Pedro Humberto Allende. Se suceden Leng, Cotapos, Bisquert, Urrutia Blondel, Isamitt, Orrego-Salas, Maturana, Falabella, Schidlowsky. La única mujer es Leni Alexander. También están Darwin Vargas, Alfonso Letelier, Juan Amenábar, Sergio Ortega y Luis Advis, al igual que maestros hoy vivos, como Fernando García, Gabriel Brncic, Miguel Letelier y Cirilo Vila. Y entre las generaciones posteriores, Pablo Aranda, Carlos Zamora, Cristian Morales-Ossio, Alejandro Guarello, Gabriel Matthey, Guillermo Rifo. Cierra Aliosha Solovera.
Llama la atención la ausencia de José Vicente Asuar. Los autores aclaran que debieron elegir entre él y Amenábar, y que mientras Asuar se mantuvo en la tradición ágrafa, Amenábar se proyectó a la producción acústica de concierto.
Las cifras son decidoras, el 75% de los compositores viven de la docencia, y 15 de las 40 obras seleccionadas fueron compuestas en los años 90, mientras que entre 1970 y 1988 sólo cinco.
"Hoy en día, la música chilena de arte es un género musical en busca de sí mismo. La historia la legitimará. Por ahora, nuestro libro da cuenta de su diversidad, de su calidad técnica y de la madurez de su oficio. Ahora ningún compositor chileno de tradición escrita es un aficionado como pudo serlo en el pasado", dice Díaz.
El libro se lanzará a las 19:00 horas del martes en la Librería Metales Pesados de la U. Alberto Hurtado. Luego estará disponible también en Ulises, Lea+, Prosa y Política, Takk y Antártica.
En el libro " Cantus Firmus : mito y narrativa de la música chilena de arte del siglo XX", de Rafael Díaz y Juan Pablo González, están los 'Cuarenta Principales' del siglo pasado. Un rescate patrimonial integral, pues el volumen incluye un CD con todas esas piezas en formato MP3.
Romina de la Sotta Donoso
Tal como los inolvidables "Top 40" de las radios, hoy nace un libro que reúne las 40 composiciones nacionales que construyeron un relato social sobre nuestra identidad musical republicana. El volumen incluye un CD con esas mismas 40 obras en formato MP3, y constituye un nuevo paso de una investigación que durante tres años han desarrollado el etnomusicólogo y compositor Rafael Díaz y el musicólogo Juan Pablo González.
Hace un año y medio ya habían generado el sitio web "Guía auditiva de música chilena del siglo XX", selección de 40 piezas compuestas entre 1918 y 1999. Esos análisis fueron sometidos a una práctica de los siglos XIV y XV: el Cantus Firmus . "Un compositor tomaba una línea melódica preexistente y sobre eso construía una obra coral. Rafael intervino de esa manera mi texto", dice González, quien es director del Instituto de Música de la U. Alberto Hurtado.
"Buscamos obras que hubieran generado un relato social con su comunidad, obras que permanecieron en el repertorio de los intérpretes chilenos, quienes son los grandes antologadores de nuestro tiempo. Ellos eligieron qué debía permanecer y qué debía olvidarse", afirma Díaz, académico del Instituto de Música UC. Porque el primer requisito para entrar en el "Top 40" es que existan grabaciones. Igualmente, explica González, haber generado un discurso crítico: "Que haya referencias a estas obras en libros, o que aparezcan en artículos de revistas académicas y reportajes o críticas de prensa. Que tengan existencia social, que hayan circulado".
"Cantus Firmus : mito y narrativa de la música chilena de arte del siglo XX" (Amapolas Editores, 176 páginas) estará disponible en librerías por $12.000.
La lista la abren Enrique Soro y su Concierto en Re Mayor para piano y orquesta (1918) y "La voz de las calles" (1920) de Pedro Humberto Allende. Se suceden Leng, Cotapos, Bisquert, Urrutia Blondel, Isamitt, Orrego-Salas, Maturana, Falabella, Schidlowsky. La única mujer es Leni Alexander. También están Darwin Vargas, Alfonso Letelier, Juan Amenábar, Sergio Ortega y Luis Advis, al igual que maestros hoy vivos, como Fernando García, Gabriel Brncic, Miguel Letelier y Cirilo Vila. Y entre las generaciones posteriores, Pablo Aranda, Carlos Zamora, Cristian Morales-Ossio, Alejandro Guarello, Gabriel Matthey, Guillermo Rifo. Cierra Aliosha Solovera.
Llama la atención la ausencia de José Vicente Asuar. Los autores aclaran que debieron elegir entre él y Amenábar, y que mientras Asuar se mantuvo en la tradición ágrafa, Amenábar se proyectó a la producción acústica de concierto.
Las cifras son decidoras, el 75% de los compositores viven de la docencia, y 15 de las 40 obras seleccionadas fueron compuestas en los años 90, mientras que entre 1970 y 1988 sólo cinco.
"Hoy en día, la música chilena de arte es un género musical en busca de sí mismo. La historia la legitimará. Por ahora, nuestro libro da cuenta de su diversidad, de su calidad técnica y de la madurez de su oficio. Ahora ningún compositor chileno de tradición escrita es un aficionado como pudo serlo en el pasado", dice Díaz.
El libro se lanzará a las 19:00 horas del martes en la Librería Metales Pesados de la U. Alberto Hurtado. Luego estará disponible también en Ulises, Lea+, Prosa y Política, Takk y Antártica.
sábado, julio 30, 2011
Sobre Autobiografías: "Conversaciones Conmigo Mismo" -Eduardo Carrasco. "Encuentros, Visiones y Repasos"- Juan Orrego Salas
Casa Central.
Por Víctor Tapia
Es la idea comentar un par de libros autobiográficos relacionados con la música chilena, que casualmente fueron leídos uno tras otro, el primero el libro “Conversaciones Conmigo mismo” de Eduardo Carrasco, y el libro “Encuentros, Visiones y repasos” de Juan Orrego Salas. Me acerqué a este libro solo por el hecho de que he escuchado una sola obra del autor, una que se incluye en el disco la Revolución y Las Estrellas de Quilapayún del año 1982, y si bien había visto varias veces este libro con un valor por sobre los $13.000, en esta feria del libro del Parque Forestal del año 2011 lo encontré a un precio de $4.000.
Fue una vuelta a la feria y la decisión ya estaba tomada.
Pues bien… el Libro "Conversaciones conmigo mismo" de Eduardo Carrasco viene a cubrir dos ámbitos dentro de su creación escrita, primero un ejemplar mas dentro de los ya editados bajo el concepto de Conversaciones, 2 ejemplares con Roberto Matta y uno con Toretti han pasado por mis manos… y por otro lado vienen a ser una especia de memoria de este creador nacional, músico, filosofo y poeta. Tal vez muy a pesar suyo quedará registrado en la historia cultural chilena por su aporte a la música y la poesía mas que por la filosofía; esto último no se explica por la calidad de esta, sino por su escasa difusión dentro del medio chileno. Y tal vez por lo mismo una gran cantidad de lectores llegarán a este libro por la primera vía más que por la segunda.
Si bien es un libro de conversaciones, esta es una especie de monologo a dos voces. Si en los otros libros había un descubrirse de ambos interlocutores en cada intercambio de ideas y relatos, acá se trata de hacer algo parecido, pero se deja al olvido avanzando el libro, porque de serlo hubiera sonado francamente falso.
Como unas buenas memorias estas avanzan de manera cronológica, en donde el autor demuestra el conocimiento de sus antepasados, de su origen noble, y de cómo éste ha llegado hasta él, su familia, su época, como era Chile, y como de a poco fue adentrándose en la filosofía, un tiempo en la sicología, su encuentro furtivo y permanente con la música, sus amores, sus pasiones, sus engaños, toda su verdad y mentira, el Quilapayún y el estado actual de la sociedad chilena.
Termina siendo un libro valiente, transparente, pero también incómodo. Cuando compré el libro no quería saber tanto sobre las minucias de la vida de Eduardo Carrasco, si bien un gran porcentaje del libro es rescatable en relación a sus puntos de vista, su aporte a completar la historia de la música popular, y del aporte de la filosofía en la vida actual, los pequeños escandalillos mencionados enturbian la buena lectura.
Es duro saber que su primer hijo sobrevivió a la idea del aborto, que se casó con su primera esposa solo por su hijo, que la engañó constantemente y que su vida fue tranquila hasta que la esposa lo engañó con su mejor amigo, que la vida del Quilapayún y por extensión de la Nueva Canción Chilena podría tener el slogan de “Sexo, drogas y Nueva Canción”, pero no comentando nada sobre drogas, quedando al debe de un tema que ha sido escasamente tratado en la historia de la música popular chilena.
Creo que ahí algo faltó… si vamos a contar todo, lo bueno, lo mas miserable, las cosas tal como son , la verdad pura, ¿cuál fue la razón para dejar el tema de la droga al lado?, ¿tal vez para no opacar su aporte en la filosofía?.
Este libro también descubre ciertos sucesos, como este es un sitio de música y no de filosofía, deja a la luz pública un dato que era comentado a voces dentro del medio cultural chileno: La homosexualidad de Luis Advis. Y es un buen ejemplo de la apertura del medio musical chileno, en especial de la Nueva Canción, muy ligado en sus orígenes al PC, en una época en que el Partido Comunista no aceptaba en sus filas a participantes con esta opción sexual, razón por la cual quedaron fuera Rolando Alarcón y Luis Advis del Partido… y tal vez cuantos otros mas que poco a poco irán apareciendo en los recuentos de esos años en la vida.
También sobre los detalles nada apropiados que tienen connotados políticos nacionales, el asco por la política frente a su vida de filósofo. Además no deja de sorprender la mirada aristocrática de Eduardo Carrasco sobre las clases populares, sobre la educación pública, en donde expresa tal vez de manera inconsciente, una idea que se asoma sobre la “enrotización” de Cartagena, o sobre lo traumático que significó su estadía en la educación pública durante su etapa escolar.
No creo que este libro se lea durante una noche, como lo comentaban por ahí, se lee en mucho mas tiempo, con mas dureza, tal vez con ganas de saltarse paginas, pero ahí esta escrita con ansias una vida, sólo él sabe que tan cierta es lo que nos cuenta, tal vez no se da cuenta que tanto distorsiona este espejo al revisar su existencia.
Si el libro de Carrasco te deja un gusto a que está escrito desde la “crudeza”, por otra parte el libro de Juan Orrego Salas está escrito desde la sabiduría, es un libro que avanza como el río Valdivia, es decir raudamente pero con ese volumen, esa inmensidad que parece que te bendice en cada palabra. Es un libro luminoso, generoso, asumiendo desde un principio ciertas limitantes que puede tener el relato mirando la vida desde hace tanto tiempo.
Este libro de adentra en varios pasajes sobre lo que podríamos llamar ciertas teorías o ideas sobre el procese compositivo, sobre como esto se vio influenciado por sus estudios en Arquitectura. El libro en varios pasajes se adentra sobre el génesis de varias de sus obras, lo cual daría el marco perfecto para una audición más acabada; pero acá nos encontramos con un “disparate”. Es más accesible leer el libro autobiográfico de este compositor, que poder escuchar su música. Es un cosmos que queda cojo; y esto por cierto no es culpa de don Juan Orrego Salas, es culpa del medio podríamos decir, del mundo cultural en que globalmente nos desenvolvemos, porque incluso al revisar por Internet la disponibilidad de esta obra en otros mercados también es casi nula, considerando que un gran porcentaje de su vida este compositor chileno la vivió en Estados Unidos.
Un libro que pasa por sus interpretaciones obre la educación de composición, por su interés de mejorar la condición de la música chilena, la incomprensión por parte del medio, su oportunidad de abrir nuevos horizontes en Estados Unidos, la nula entrega de conocimientos en las escuelas de música chilena sobre el universo y las historia de la creación musical de nuestro continente, su constantes dudas y recriminaciones por dejar sola a su familia, la temporal separación que tuvo, los cruces con figuras históricas, sus viajes a nuevos mundos, los nuevos sonidos, y como siempre tenía a Chile en mente, a pesar de la lejanía, a pesar de que era mejor recibido en otras universidades que en su alma matter.
Si el libro de Carrasco está escrito desde una mirada personal, desde una bestia solitaria gritando sus verdades, con un desarrollo personal, que no necesariamente puede generar una complicidad con el lector; el libro de Don Juan Orrego Salas está generado desde una visión social, como un maestro que nos lleva de la mano a descubrir su vida, a iluminar conjuntamente ciertas ideas, conceptos y críticas sobre los que aún nos toca vivir.
¿Como es posible que en Chile no se enseñe formalmente en las escuelas de música la historia o el desarrollo de la música de nuestro continente?, ¿por qué es mas natural saber de los Clásicos europeos que de los latinoamericanos?, ¿por qué esa diferenciación entre lo popular y lo clásico?, ¿por qué tuvo una mejor recepción sus ponencias en la Católica de Valparaíso que en la Católica de Santiago?, ¿será por el tipo de principio que guía la enseñanza de cada una de estas escuelas, una que respeta, valora y educa desde lo popular, mientras la otra se basa desde Europa y lo docto?.
Este es un libro esencial para cualquier interesado en la música chilena, en la historia de Chile del Siglo XX, o para cualquier estudiante de composición musical, acá encontrará tanto o mas luz que en los largos libros llenos de técnica o de pentagramas….
Solo un fragmente de este libro… con el cual me sentí totalmente de acuerdo, después de asistir a tanto concierto de música contemporánea, a los que cada vez mas difícil es acercarme:
“Después de escuchar estas obras (de compositores chilenos nacidos a partir de 1960)… uno queda con la impresión de haber asistido a la repetición de la misma obra, en diferentes transcripciones, una cantidad lastimosa de veces.
Al término de mis charlas decidí dirigirme a los jóvenes que habían asistido a estas y darles mi opinión al respecto, como también a los profesores, incitándolos a revisar sus métodos de enseñanza, a examinar si no estaban enseñando recursos en lugar de abrir caminos a otros, limitando el desarrollo de expresiones individuales, si el dogma no era lo que estaba prevaleciendo sobre la observación de las percepciones de cada uno de sus discípulos. Lo hice, porque sentí que se lo debía al país donde me inicié como músico y al lugar en que me encontraba.”
No sé si este libro habrá llegado a los maestros de composición de la actual música chilena, o a los estudiantes de ella; pero por una obligación ética, conceptual, de enseñanza, deberían tenerlo: Es introducirse a un mar de sabiduría, recorriendo la fructífera vida de este compositor chileno.
Ambos libros, cada uno dentro de sus particulares perspectivas de vida, son fundamentales para comprender de mejor forma la evolución histórica y conceptual de la música chilena.
Conversaciones Conmigo Mismo- Eduardo Carrasco. Editorial Catalonia.2010
Encuentros, Visiones y Repasos- Juan Orrego Salas. Fundación Andes. Ediciones Universidad Católica de Chile.2005
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


