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domingo, noviembre 22, 2020

Consuelo Valdés Ministra de las Culturas: “Aceptar una crisis económica no es sinónimo de indiferencia para mí”

 El Mercurio


Aún por definirse en el Congreso el presupuesto de su cartera, la ministra Valdés sostiene que “es indispensable cuidar nuestra capacidad de diálogo y la convivencia democrática por el propio bien del sector cultural”.


DANIEL SWINBURN


Han sido días intensos para el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y su titular, Consuelo Valdés. La tramitación del presupuesto de su cartera, actualmente en el Congreso, ha agitado al sector y motivado una indicación de la Cámara de Diputados que le señala al Poder Ejecutivo remover a la ministra si es que ésta no dialoga con los distintos gremios del sector. Antes, una afirmación de Valdés admitiendo que, dada la crisis económica provocada por la pandemia, era posible que recursos de su ministerio debieran destinarse a otras tareas de la gestión pública, provocó la ira de sectores del mundo de la cultura, que vieron en dichas declaraciones un menosprecio por la cultura. Dicha interpretación provocó también reacciones en defensa de la ministra. El jueves pasado la Cámara aprobó el presupuesto de cultura, y lo envió al Senado, rechazando solo el ítem de gastos variables.


—La semana anterior, en un hecho sin precedentes, la Cámara de Diputados acordó enviar un oficio al Poder Ejecutivo pidiéndole remover a la ministra de las Culturas si es que esta autoridad no se allanaba a dialogar con los gremios sectoriales de la gestión y la creación cultural¿Qué opinión le merece esta acción de la Cámara?


“Lo primero, es fundamental cuidar nuestra capacidad de diálogo y la convivencia democrática, por el propio bien del sector cultural, que ha sido inesperada, inédita y severamente golpeado por esta pandemia. Aceptar una crisis económica no es ni será sinónimo de indiferencia para mí. He dialogado, escuchado y atendido demandas de innumerables sectores y colectivos artísticos, dentro y fuera de la Cámara. Llevo 50 años trabajando en el ámbito cultural. Compartimos la misma preocupación e interés por solucionar sus necesidades. Estamos todos en una misma nave envuelta en desafíos”.


—¿A qué atribuye usted el éxito que tienen los grupos sectoriales de cultura en comparación con los de otros ministerios como para influir en una votación de esta naturaleza en la Cámara?


“Es indudable que es un sector sumamente comprometido con su entorno y que tiene una buena capacidad de organización y participación. Además, está vinculado estrechamente con la ciudadanía por el carácter social y público de la actividad, lo que me parece muy valorable y una de las claves de la trascendencia de las artes y la cultura en la sociedad”.


—¿La señora Marta Cruz-Coke, ex directora de la actual Subsecretaría del Patrimonio, dijo que las presiones sectoriales y la acción de la Cámara de Diputados de la semana pasada constituyen “una maniobra política para dañar al gobierno”?


“Respeto la opinión de Marta Cruz-Coke, a quien admiro profundamente, tanto por su enorme labor en el desarrollo de la cultura y el patrimonio nacional, como por su enorme honestidad, integridad, capacidad intelectual y sentido del servicio público. Esta semana, de hecho, estuvimos reabriendo los Bibliometros, una de sus grandes iniciativas cuando dirigió la ex Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Ella ha vivido muy bien las dificultades históricas del sector. ¿Quién podría desconocer entonces su experiencia?”.


—El Consejo Nacional de las Culturas, que sesionó la semana pasada, acordó en comunicado oficial exigirle al Gobierno un aumento del presupuesto del ministerio que usted dirige, acercándolo al 1 por ciento del PIB, para alcanzar la meta de los países desarrollados. ¿La parece oportuna esta petición del Consejo en tiempos de pandemia y crisis económica?


“Destinar el 1% del presupuesto nacional a la cultura es un anhelo histórico, que compartimos y al que Chile debe llegar, ojalá, lo antes posible. La cultura es fundamental para el desarrollo de las personas y las sociedades, y estoy convencida de que esta tiene que jugar un rol central en la próxima discusión constitucional. En el mundo hay cada vez más consenso sobre la importancia de la cultura. La OMS, en los inicios de la pandemia, elaboró un informe destacando su rol en el bienestar y la salud de las personas. Y este mes, el G-20 reconoció a la cultura como una dimensión indispensable en el ámbito de las políticas públicas para construir sociedades y economías más sostenibles”.


Museos nacionales y otras áreas


—¿Cuál es la real injerencia de la autoridad ministerial en la asignación y priorización del presupuesto en sus distintas áreas? ¿Tiene facultades para desandar lo que fija la Dirección General de Presupuestos?


“Los presupuestos de todos los ministerios pasan por distintas instancias. Primero, por la Dirección de Presupuestos y luego por el Congreso. En cada una de ellas hemos trabajado arduamente para conseguir el mejor resultado. Además, de acuerdo a instrucciones de Hacienda y debido a la crisis sanitaria y económica, hemos trabajado con un presupuesto con base cero, no de continuidad”.


—Desde un punto de vista comunicacional, ¿fue un error hablar de un aumento del presupuesto ministerial para el año 2021?


“De ninguna manera, y le explico por qué. Para comparar el presupuesto de un año con el de otro, siempre se ha utilizado la misma metodología. Hacer otra cosa sería un error. Entonces, considerando ese estándar oficial, nosotros hemos dicho que los recursos para el 2021 crecen en un 11,2%, alcanzando más de $214 mil millones y siendo el cuarto ministerio con mayor alza. Además, este es un presupuesto de recuperación y reactivación, que incorpora por primera vez un Fondo de Emergencia Transitorio por más de $15 mil millones”.


—¿Siguen en pie en el presupuesto los 15 mil millones del fondo transitorio de emergencia? Si se aprueba esa partida en el Congreso, ¿qué mecanismos usaría el ministerio para su distribución entre los afectados por la pandemia y en qué plazos?


“Desde luego que sí, es parte del presupuesto 2021. Además, hemos agilizado los procesos de asignación de recursos en el plan de apoyo de emergencia, que actualmente está entregando al sector más de $15 mil millones. Esta experiencia, sin duda, nos va a servir en la ejecución del nuevo fondo de emergencia anunciado para el próximo año”.


—Al igual que años anteriores, se siguen asignando al área patrimonial del ministerio montos bastante menores al de otras áreas del mismo. ¿Es posible revertir este hábito presupuestario en un plazo mediano?


“Comencemos por tener presente que este es un ministerio nuevo, que integró recién hace dos años diferentes instituciones culturales que estaban dispersas y que tenían recursos totalmente independientes. Ya hemos avanzado en ese sentido, ya que en el proyecto de presupuesto 2021 un 35% de los recursos van dirigidos al sector patrimonial. Por ejemplo, desde que se creó el Ministerio de las Culturas, el presupuesto del Consejo de Monumentos Nacionales se ha más que duplicado. Pero no se trata solo de recursos. Hemos impulsado un plan de digitalización de museos y monumentos —que están incorporados en la oferta del portal Elige Cultura—; también comprometimos la ejecución de la biblioteca y archivo de Magallanes, la biblioteca de Los Lagos, el Archivo Regional de Tarapacá y el Museo de Atacama; llevamos adelante el proceso de restitución de bienes culturales y patrimoniales de pueblos originarios, que nos ha permitido devolver parte de su patrimonio a comunidades como la yagán y la rapanuí; y tenemos una nutrida agenda legislativa.


—¿Las partidas presupuestarias a los tres museos nacionales, se mantienen?


“El presupuesto de los museos nacionales es de continuidad y tendrá como principal objetivo asegurar las mejores condiciones para que el público vuelva a estos espacios. Sin duda hay un desafío en aumentar los recursos y mejorar su infraestructura, museografía, depósitos, acción educativa y la diversificación de audiencias que acogen los museos del Estado, y estamos trabajando en ello. Pero los museos están enfrentando grandes dilemas: ¿están realmente conectados con sus comunidades? Los museos deben ser espacios donde se redistribuya el conocimiento contenido en sus colecciones a la mayor diversidad de públicos posible.


Hasta el momento hemos tenido una muy buena acogida con las reaperturas parciales de los museos del ministerio y esperamos que el próximo año tengamos un escenario más favorable para que así las personas puedan seguir accediendo a todo el patrimonio nacional que resguardan estos recintos.


—Bajan los recursos fijos a instituciones colaboradoras como el GAM, el Museo Precolombino, Teatro Municipal, etcétera. ¿Existen mecanismos alternativos para que estas instituciones culturales puedan recuperar parte de los recortes planteados?


“Sí, claro que existen. Estas instituciones, que son colaboradoras del Estado, pueden postular, y de hecho algunas lo hacen, a nuestros mecanismos alternativos de financiamiento, como por ejemplo los Fondos Cultura y la Ley de Donaciones Culturales”.

viernes, agosto 02, 2019

Industria del libro limita venta de ediciones digitales a las bibliotecas


miércoles, marzo 07, 2018

Encuesta de Participación Cultural: la opción preferida es el cine

El Mercurio

En su cuarta edición, el registro del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio perfila el consumo cultural del país, sus preferencias y sus debilidades. 

Por María Soledad Ramírez R.

Algunas cifras resultan elocuentes: en el último año un 74,7 % de la población nacional no asistió a un espectáculo de música clásica y un 53 %, a ninguna exposición. Al revés, el 43,4 % de los chilenos asistió al menos una vez al cine, y el 30 % a un concierto de música popular o actual.

La cuarta Encuesta Nacional de Participación Cultural 2017, ENPC, ha refinado el lente para observar los hábitos, consumos y prácticas culturales de los chilenos. Dada a conocer ayer por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, al documento se le hicieron cambios significativos con respecto a la encuesta anterior, de 2012. Por ejemplo, en el censo anterior el número de encuestados fue de 8.200; en la del año pasado, 12.151 casos.

La encuesta, realizada entre agosto y diciembre de 2017, tuvo el apoyo del Instituto Nacional de Estadísticas y el Centro de encuestas y estudios longitudinales de la UC, quienes hicieron el trabajo de campo y procesaron los datos. La entrevista personal al encuestado no fue menor: duraron 38:24 minutos, en promedio, lo que da pie para auscultar con más profundidad no solo qué se visitó o de qué se fue espectador, sino también por qué se decidió tomar esa u otra alternativa cultural. "Con esta versión de la encuesta ya no sólo se enfatiza en la medición de la asistencia a espectáculos o actividades artístico-culturales, sino que también a una comprensión amplia de la cultura y las formas en que las personas la experimentan", señaló el Ministro Ernesto Ottone en su entrega.

El universo muestral fue determinado por las siguientes características: población residente en Chile mayor de 15 años; que vive en localidades de centros urbanos de 10 mil habitantes o más dentro del país (excluyendo a las zonas rurales y de difícil acceso). Se realizó la encuesta en las 15 regiones existentes más la Provincia de Ñuble, en un total de 135 comunas (que cumplieran con el requisito de 10 mil o más habitantes). Eso dio, en total, una cobertura de la población del 89,7 % del total nacional. El margen de error fue superior en las regiones de Valparaíso y del Biobío (+-4 %), que en Santiago (+-3,5 %). Pero en las otras regiones el error fue superior: del borde del 5 %.

Nunca en la vida

La encuesta organiza los datos de tal forma que permite hacer comparaciones entre las cuatro encuestas hasta ahora realizadas -2004/2005, 2009, 2012 y 2017, ver gráficos-. Acá destaca que en las visitas a museos y bibliotecas, comparadas con las de 2012, los datos muestran una baja: a museos se pasa de un 23,6 % hace cinco años a un 20,5 % de asistencia en 2017, lo que plantea la pregunta sobre el efecto que ha tenido la gratuidad. En bibliotecas es de 18,2 % a 17,4 %.

Hay gráficos que muestran las diferencias por edad, sexo y estrato socioeconómico. También, establece los porcentajes de 2017, donde es claro que el chileno a lo que más asiste es al cine, con un 43,4 %, seguido de comprar artesanía (34 %) e ir a un concierto de música actual (30%).

Dedica un apartado a la pregunta sobre si la persona ha participado en una actividad cultural en los últimos 12 meses, alguna vez en la vida o nunca (teatro, danza, ópera, música clásica, música actual, cine, exposición de arte, comprar artesanía y circo). Los porcentajes acá podrían dibujar a qué actividades tiene más acceso el público: solo un 12% de la población nunca ha ido al cine, pero el 84 % jamás ha visto una ópera, el 74 % un concierto de música clásica y un 35,8%, una obra de teatro. Y de hecho, la opción "asistencia en los últimos 12 meses" en ninguna variable preguntada es la de mayor porcentaje.

Sobre el patrimonio, el día dedicado a él atrae al 10,3 % de población.

lunes, junio 19, 2017

Imperdible: la revolución de las artes y la cultura en Google

El Mercurio

La misión del Google Cultural Institute, creado en 2011, es democratizar el acceso al arte y la cultura. ¿Cómo lo logra? A través de Arts & Cultures y sus múltiples plataformas. 

Por Luis Goycoolea U.  

Google, a través de sus múltiples productos y servicios, ha cambiado la forma como usamos internet. El dominio de esta empresa, desde 1998, en la industria tecnológica y en la era digital ha sido eclipsado por pocos. No solamente ha logrado liderar con base en sus innovaciones, su cultura empresarial, su élite intelectual y académica y una genialidad creativa desbordante, sino también porque ha aplicado esos mismos atributos a otras áreas del saber humano, generando nuevas revoluciones en ciencia (www.googlesciencefair.com/es), inteligencia artificial (https://ai.google), robótica (https://research.google.com/teams/brain/robotics) y en las artes y cultura.

Pocos conocen Google Arts & Cultures (www.google.com/culturalinstitute/beta). Pues no se lo pierdan. La misión del Google Cultural Institute, creado en 2011, es democratizar el acceso al arte y cultura. ¿Cómo lo logra? A través Arts & Cultures y sus múltiples alianzas y tecnología. La plataforma, accesible desde cualquier aparato conectado a internet, permite explorar arte, historia, maravillas del mundo, exhibiciones digitales y exposiciones en los mejores museos; además permite compartir este contenido a través de redes sociales en cualquier momento y es gratuito.(www.google.com/culturalinstitute/about/users).

La más reciente contribución del instituto es el proyecto "We Wear Culture, the stories behind what we wear" ("Nos ponemos cultura, la historia detrás de nuestras vestimentas"). Con más de 170 socios -desde el museo de Frida Kahlo hasta la casa de moda Salvatore Ferragamo- se accede a más de 400 historias de curadores de las instituciones más prestigiosas del planeta.

Un destacado capítulo de la muestra es "The Icons" (Los íconos). Se abordan diseñadores legendarios, personajes de la moda, las musas, el poder de la vestimenta; todo, desplegado junto a videos, fotos en HD y especiales interactivos que sorprenden a cada avance del mouse . Son desbordantes y abrumadoras la calidad y la cantidad de material.

En seguida, el proyecto aborda The Movements (Los Movimientos). Aquí presenciamos desde la corte de Versalles hasta las calles de Tokio. Estilos, tendencias, la nueva haute couture (alta costura), fiestas legendarias de la moda, estilos... En lo personal, no pude resistirme a recorrer los 130 años de sastrería británica, a través de la tienda Turnbull & Asser, quizás la marca más representativa del estilo "caballero inglés". Un lujo de presentación, con videos e historia, desde Winston Churchill y Twiggy hasta James Bond.

Y como la moda es creación, no podía estar ausente el proceso. En The Making of (La creación de), dos especiales llaman la atención: el Kimono y el Sari. Nuevamente, a través de mapas, historia, videos e imágenes HD se recorre la vida de estas dos prendas revelando que la estética, colorido, diseños y calidad que vivimos hoy son herencia de siglos y de culturas diversas. Un viaje maravilloso.

Extraordinarias piezas de moda, culturas, museos y prendas pululan por el proyecto. Ciertamente, Google ha cambiado la forma de usar internet y es de esperar que siga aportando con proyectos similares al de Arts & Cultures, porque además de llevarnos hacia una nueva era digital también ha sabido recoger y atesorar lo mejor de la humanidad y su historia.

domingo, abril 16, 2017

Las consecuencias del Brexit para la industria cultural del Reino Unido

El Mercurio

Aunque las negociaciones aún no se inician, el mundo artístico y creativo británico quedará expuesto a la pérdida de beneficios que le otorgaba ser miembro de la Unión Europea.  

María Soledad Ramírez R. 

El gobierno británico ha dicho que salir de la Unión Europea, UE, no significa salir de Europa ni cerrar los lazos culturales que los ha unido al continente desde siempre. Pero los efectos del Brexit ya existen en ese mundo, aunque las negociaciones que definirán el nuevo marco de relación entre el Reino Unido y la UE aún están a fojas cero, tras la reciente presentación de la carta de salida el pasado 29 de marzo.

Las consecuencias ya se dejan ver: la Orquesta Barroca de la Unión Europa tenía su sede en Inglaterra desde 1985, pero tras el Brexit ya definió su futuro. Como lo señaló su director general, Paul James, en mayo darán su último concierto en Londres y luego se trasladarán a Amberes, en Bélgica, porque "no hace ningún sentido dirigir una entidad de la UE desde fuera de esta".

Drástica fue la decisión del famoso historiador de la Universidad de Londres, experto en Rusia, Orlando Figes, quien anunció en febrero en su Twitter que dejaba la nacionalidad británica, adoptando la alemana, como rechazo a la votación de junio del año pasado. En la misma senda, el alemán Martin Roth dejó la dirección del museo Victoria & Albert después del referéndum.

Y por otra parte, el británico Ian Smith, director del Consejo de Música Europea, tendrá que dejar su puesto cuando el divorcio entre la isla y el continente se complete, en 2019.

Estos ejemplos se multiplican hoy en el Reino Unido: las encuestas antes y después del Brexit han sido consistentes en mostrar que un 96% de los miembros de las industrias creativas se oponen a este. Una carta publicada por The Guardian antes de la votación de junio reunía la firma de casi 300 artistas de todo tipo de disciplinas en contra de abandonar a la UE, con nombres como el cineasta Steve McQueen, los escritores John Le Carré e Ian McEwan, el arquitecto David Chipperfield, el actor Benedict Cumberbatch, entre otros. No todos están en contra: entre los pocos pro Brexit está el famoso actor Michael Caine.

La primera preocupación del mundo cultural es que su sector tenga espacio e influencia en las negociaciones. En febrero, el gobierno británico publicó su carta de navegación para el Brexit, la cual contenía 12 puntos esenciales. Ninguno de ellos hacía referencia explícita hacia esta área.

Sin saber "cómo viene la mano", para quienes están en este sector hay varios ámbitos que se vuelven complejos, si ya no han de estar bajo el paraguas de los beneficios de la UE. Primero la libertad de moverse. "La movilidad es fundamental para la progresión profesional de artistas y operadores culturales, en particular para aquellos de menor tamaño. Sin ella, la circulación de ideas y nuevas propuestas artísticas se verá profundamente afectada", señala Rosa Pérez Monclús, miembro de Culture Action Europe, organismo dedicado a las políticas culturales de la Unión Europea.

Las dudas también surgen sobre qué sucederá con los impuestos y tarifas que se pagan por espectáculos o por traslado de obras dentro de Europa -para un exposición, por ejemplo-, y cómo se adecuará la legislación británica a los derechos de autor, de propiedad y royalties que hoy son exigentes en la UE. Las conversaciones que actualmente lleva adelante la entidad en torno a un mercado común digital también han quedado en la ambigüedad, ya que Londres lideraba las negociaciones, pero ahora han perdido influencia porque se irán de la casa común.

Los fondos concursables en cultura es quizás el tema más complejo. El sector de las industrias creativas es el que ha crecido más rápido en el Reino Unido, alcanzando entre 2009-2014 el 9% de todas las exportaciones de servicios que realizan los británicos. Europa es el principal mercado de esas exportaciones, con el 57,3% del total.

Reino Unido se ha beneficiado del programa Creative Europe, que estableció la UE para el periodo 2014-2020, con un presupuesto de más de mil millones de euros. Este programa busca estrechar los lazos de colaboración entre los organismo culturales de Europa, en diversas áreas: cine, videojuegos, industria audiovisual, teatro, danza, artes visuales, música, traducción y otros.

En sus dos primeros años, el Reino Unido ha recibido 40 millones de euros de ese programa, que es el 12,47% de su presupuesto, mientras que la isla ha contribuido con un porcentaje estimado en 10,7%. En total, 230 organizaciones británicas han obtenido apoyo de este programa.

Si ya no son parte de la UE, el Reino Unido podrá participar como país no miembro en los fondos -hay otros 11 en esa categoría-, pero deberá pagar un "ticket de entrada", que tiene relación con su PIB.
Enfrentados a las negociaciones, Rosa Pérez Monclús señala que, por ejemplo, las industrias creativas pueden ser incluidas en negociaciones comerciales, pero agrega que esperan que las excepciones para el sector cultural no lucrativo sean más fáciles de obtener. Es también a lo que aspiran otras organizaciones vinculadas con el área, tanto del continente como de la isla.

¿Algo bueno con el Brexit? Ante la incertidumbre, no pocos artistas han visto este escenario como un espacio desafiante para su propia creatividad, buscando cómo seguir siendo parte vital de una Europa unida.

domingo, marzo 12, 2017

Las claves que esconden los hits de la cultura pop actual

El Mercurio

Un libro indaga en los secretos de las películas o canciones que impactan a un nivel masivo. Crear contenidos familiares para el público, seguir el modelo de las súper estrellas y recurrir a las nuevas estrategias de márketing en redes sociales surgen como los requisitos principales.  

Por Guillermo Tupper. 

A mediados del siglo XIX, la Mona Lisa estaba lejos de ocupar el sitial de pintura más famosa del mundo y su tasación era casi siete veces menor que la de otras obras del Louvre. Tras su primer lanzamiento, la canción "Rock Around The Clock" de Bill Haley & His Comets apenas duró una semana en el ranking Billboard. Y "Cincuenta Sombras de Grey" nació en FanFiction.net, un sitio de relatos de ficción donde escritores amateur intercambian adaptaciones de historias populares, y, tras ser publicado por una pequeña editorial australiana, no tuvo mayor repercusión global.

¿Qué ocurrió después para que cada uno de ellos alcanzara una cpopularidad sin precedentes?
Respaldado por mucha evidencia, tanto psicológica como histórica, "Hit makers: The science of popularity in an age of distraction" (Penguin Press, 2017), el primer libro del periodista estadounidense Derek Thompson, aborda el fenómeno de los hits , aquellos productos e ideas que logran una gran popularidad y éxito comercial en la cultura y los medios de comunicación. La tesis del libro es que, a pesar de que las canciones número uno, libros más vendidos, películas blockbuster y aplicaciones ubicuas parecieran salir de la nada, este caos cultural es gobernado por ciertas reglas: la psicología de por qué a la gente le gusta lo que le gusta, las redes sociales por las que las ideas se difunden y las economías de los mercados culturales.

Además de la calidad necesaria de una obra, este editor del sitio The Atlantic postula que el camino al éxito también necesita una dosis de suerte: un equipo de márketing de excelencia, amigos influyentes y una difusión amigable. "El contenido es solo la mitad de la historia. La otra mitad es la distribución, el márketing y las ventas; la historia de cómo un producto viaja desde el artista o empresario al público", dice a "El Mercurio". "Muy a menudo, la diferencia entre los éxitos y los fracasos no es la calidad del producto, sino la escala y calidad de la distribución".

El viejo sabor de lo nuevo

Si bien insiste en que no hay ninguna "fórmula" infalible, Thompson recopila, a través de distintos ejemplos y entrevistas, una serie de tips que pueden facilitar el camino a ser un fenómeno de masas. Y el primero de ellos es simple: los seres humanos gustan de cosas que les son gratamente familiares, con un suave toque de sorpresa.

¿Ejemplos? Nos gustan filmes como "La Guerra de las Galaxias", que toma prestadas un montón de referencias a géneros, películas y tramas que ya conocíamos -el western , Flash Gordon, la epopeya del héroe que viaja a un mundo desconocido y logra la victoria final- de una manera nueva y emocionante (¡en el espacio!). Nos gustan las canciones pop que repiten los mismos cuatro acordes, pero con un nuevo gancho. Nos gusta leer libros y ensayos que confirmen de manera elegante ideas que, más o menos, ya sabíamos que eran verdad, pero que presenten evidencia nueva.

La clave es un término que los psicólogos metacognitivos llaman "fluidez". Estas ideas son mucho más fáciles de procesar y hacen que las personas se sientan bien con ellas mismas. Pero el efecto es más fuerte cuando emerge su contrapunto, la "disfluencia", o dificultad de pensamiento. "Habiendo visto cosas antes, incluso si no les hemos prestado atención, asegura un procesamiento más fácil. Y esta fluidez se siente bien, como cuando resolvemos un puzzle muy rápido", señala James Cutting, profesor de la Universidad Cornell, en Ithaca, Nueva York.

El argumento fue concebido en el siglo XX por Raymond Loewy, considerado el padre del diseño industrial estadounidense. Decepcionado del aspecto gris de Nueva York, este inmigrante francés ideó nuevas y atractivas formas para autos deportivos y trenes modernos, además de la icónica cajetilla de cigarrillos "Lucky Strike" y el diseño de "Skylab", la primera estación espacial de la NASA. En cada uno de sus trabajos, Loewy patentó el principio MAYA (siglas en inglés de "lo más avanzado y, aún, aceptable"). En otras palabras, crear un producto lo suficientemente familiar para el confort y lo suficientemente nuevo como para sorprender.

Thompson establece que, en los últimos veinte años, las franquicias de múltiples secuelas se convirtieron en el principal modelo de negocio de Hollywood . En 2016, por ejemplo, las películas más taquilleras fueron secuelas. La serie más exitosa fue "Stranger things" y "La La Land" se llevó seis premios Oscar gracias a su adaptación de los musicales de los 50. "La relación entre familiaridad y sorpresa es endémica", dice el autor. "Nos gustan las nuevas canciones que nos recuerdan a nuestras viejas canciones favoritas. Nos encantan las nuevas películas con arquetipos y estructuras narrativas familiares".

El modelo de las súper estrellas

La tecnología ha provocado una gran desigualdad entre los productos culturales. Hoy existen muchos más fracasos que éxitos, pero los éxitos son mucho más grandes. Thompson entrega más datos: en el año 2000, más del 90% de los nuevos programas de televisión llegaban a los dos años. Hoy, apenas el 50% llega al segundo aniversario. Lo mismo pasa con el cine: los estadounidenses compraron 200 millones de entradas menos en 2016 que en 2002. Y, aun así, 27 de los 30 mayores taquillazos de la historia han llegado desde 2005.

¿Por qué la cultura popular llegó a segmentarse de esta forma? La gran responsable, según el autor, es la fuerza conjunta de la influencia social y las redes sociales.

Thompson plantea que los mercados actuales tienen gustos transparentes. Antes de que compremos un producto en Amazon, sabemos cómo lo ha calificado la gente y cuántas estrellas tiene; antes de que escuchemos una canción en Spotify, sabemos su contador de reproducciones. Antes de que veamos una película, podemos leer una reseña de nuestro crítico de cine favorito y chequear el promedio global de reseñas en Metacritic. "De esta forma, los consumidores pueden orientar sus compras hacia los productos más populares", señala.

En la música ocurre algo parecido: el 1% de todas las bandas y solistas concentran, en la actualidad, cerca del 80% de todos los ingresos por música grabada. Y las 10 canciones que más tiempo han pasado en la lista de Billboard se lanzaron después de 1991. La clave detrás de estos éxitos es la repetición. "Las canciones suelen ser particularmente pegajosas cuando tienen alguna mezcla óptima entre lo predecible y lo sorprendente", apunta Elizabeth Margulis, musicóloga de la Universidad de Arkansas y autora del libro "On repeat". "Este tipo de predicción nos permite engranar con lo que está a punto de suceder a continuación, y se siente como si estuviésemos participando de manera imaginativa".

Para facilitar la búsqueda del próximo hit , diversos sitios identifican las canciones que la gente prefiere antes de que estas lleguen a la radio. Uno de ellos es SoundOut, una compañía online británica que les pide a miles de personas que evalúen nuevas canciones antes de que el público general se forme una opinión de ellas. Si las canciones marcan arriba de 80 puntos, se les considera lo suficientemente atractivas para ser un hit (el disco mejor evaluado en la historia de SoundOut fue "21" de Adele).

Al combinar estos puntajes con la información recolectada de las redes sociales, SoundOut puede utilizar técnicas de aprendizaje automático para proporcionar métricas de predicción sólidas en muchos formatos de radio. "Aunque la radio sigue siendo un gran vehículo para difundir una canción, es cada vez más un reflejo de lo que ya está ocurriendo en los servicios de streaming y redes sociales", dice David Courtier-Dutton, fundador y CEO de SoundOut. "La popularidad de un artista o de una canción puede depender de cuántas personas saben buscar a ese artista o canción, y eso depende de su capacidad para comercializar y distribuir de forma inteligente y amplia sobre estas nuevas fuentes de medios".

Márketing en las redes

Una de las contribuciones más originales del libro es un capítulo que desmonta la idea de que los productos culturales se vuelven "virales". Este modelo, según Thompson, simplemente no explica los éxitos masivos. El boca a boca no es tan poderoso, ni siquiera en las redes sociales. Detrás de una aparente ola de popularidad "viral", el autor demuestra que siempre hay una emisión de una o más personas influyentes u organizaciones con millones de seguidores (un tuiteo de Justin Bieber o un artículo de The New York Times); o un "emisor oscuro" que posee una gran audiencia que los vendedores no conocen (por ejemplo, la comunidad de FanFiction.net).

Un ejemplo de esto último es "Cincuenta Sombras de Grey". Según el libro, este fenómeno fue impulsado por la combinación de medios de comunicación tradicionales (como el propio The New York Times), otros más oscuros (FanFiction.net y los grupos de Facebook) y el boca a boca de los lectores. Lo que distinguió a "Cincuenta Sombras..." de otros libros fue su propia notoriedad. "Las personas que ni siquiera disfrutaban leer no querían ser los últimos en leerlo", señala. "Ese tipo de consumidores no solo están comprando un producto. Lo que de verdad están comprando es la entrada a una conversación masiva. El producto es la popularidad".

Con la masificación de Internet, muchos pensaron que la red debería ser un arma democratizadora que acabara con el oligopolio cultural. Sin embargo, el viejo imperio de los medios tradicionales supo absorber a las nuevas estrellas de la web. ¿Por ejemplo? En Estados Unidos, varios programas como "Workaholics", en Comedy Central y "Adam ruins everything", en TruTV, han girado alrededor de youtubers . Y en la música hay ejemplos aún más famosos, como Daisy Clark y el propio Bieber, quienes hicieron sus primeros pasos en YouTube.

El último ejemplo de las nuevas estrategias de márketing fue "Black Beatles", el éxito del dúo de hip hop Rae Sremmurd. Este musicalizó el Mannequin Challenge, un fenómeno social donde un grupo de personas se "congela" en un lugar mientras una cámara serpentea entre ellos. Los publicistas de Interscope, su sello discográfico, trabajaron para asociar la canción con el meme y semanas después "Black Beatles" alcanzó el número uno en Estados Unidos. "La revolución de las redes sociales no derribó los viejos imperios mediáticos. En vez de eso, los imperios aprendieron a cooptar a los nuevos medios", concluye Thompson.

martes, febrero 28, 2017

El nuevo énfasis de Nivia Palma como ministra de Bienes Nacionales

El Mercurio

Articular el trabajo de su cartera con el Consejo de la Cultura y la Dibam, y poner en valor el vínculo entre el territorio y nuestra identidad cultural son dos de sus prioridades. Además, ya está estrenando cuatro nuevas Rutas Patrimoniales.  

Romina de la Sotta Donoso 

La abogada Nivia Palma fue quien logró traer al país el legado de Gabriela Mistral, en 2007, y quien le devolvió a Perú 3.788 libros de la Biblioteca Nacional de Lima, que estaban en Chile desde la Guerra del Pacífico. Dos gestiones claves de su período como directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), entre 2006 y 2010.

Justo antes, entre 1993 y 2000, fue coordinadora del Fondart y secretaria ejecutiva del Consejo del Libro, y a eso suma la docencia en las universidades de Chile y Católica.

Experticias patrimonial y cultural que ahora está articulando como ministra de Bienes Nacionales, cargo que asumió en octubre. La misión de su cartera es administrar el patrimonio fiscal de todos los chilenos y poner en valor el territorio y el patrimonio natural e histórico del país.

-¿Cuál será el énfasis cultural de su gestión como ministra?
"Creo que la tarea del ministerio debiera estar muy concordada con Cultura y con la Dibam, y habría que potenciar el diálogo con las decisiones patrimoniales de las regiones del país. Es una tarea que me he autoimpuesto: no va a pasar marzo antes de que esto no sea conversado y trabajado con el Consejo de la Cultura, la Dibam y el Consejo de Monumentos Nacionales".

-¿Ha cambiado últimamente el concepto de patrimonio?
"A lo largo de estos últimos 20 años ha habido un cambio en 180 grados. Se ha comprendido que no hay un sola identidad única, monolítica, chilena, sino una diversidad de identidades integradas, con elementos comunes. Hoy, nadie podría no reconocer que lo patrimonial expresa de manera muy profunda esa esencia de la identidad".

-¿Qué rol juega el patrimonio mismo en su cartera?
"El patrimonio natural y el patrimonio cultural están íntimamente conectados. La cultura expresa la forma de habitar un territorio, que no es solo geográfico, sino también simbólico, y por eso también quiero darle énfasis al tema del territorio. El 53,7% de todo el territorio chileno es fiscal, y expresa justamente la forma de habitar y de convivir del pueblo chileno, en toda su diversidad y a lo largo de su historia. Y en esto, las Rutas Patrimoniales tienen un rol relevante; son una invitación a que todos conozcamos el país, lo valoremos y protejamos, y a que la ciudadanía tenga una mirada crítica de lo que hacemos como ministerio".

El programa de Rutas Patrimoniales del Ministerio de Bienes Nacionales partió el año 2000 y cuando la ministra Palma asumió existían 66 rutas. Pero ya tiene listas cuatro nuevas, que lanzará en las próximas semanas. Una se dedica al carbón, y las otras, a las fiestas tradicionales y populares de las regiones de Coquimbo, Valparaíso y O'Higgins. Pueden descargarse en Rutas.bienes.cl, y además, solicitarse en el mismo ministerio o sus seremis en formato impreso, todo en forma gratuita. También existe una app interactiva en Patrimonio.latapp.com.

Más rutas

La Ruta del Carbón es una de las que conquistó a Palma. "Aparece la historia de la producción en Biobío, pero también la forma de vivir de los mineros, una historia que tiene mucho dolor y pobreza. Con esta investigación uno entiende que la cultura del carbón no ha concluido, que es más profunda que cualquier proceso de reconversión. Cuando termine esta pega voy a hacer nuevamente la Ruta del Carbón", comenta.

Las tres rutas de fiestas tradicionales y populares de Chile Central, en tanto, funcionan como una guía práctica para comprender y experimentar celebraciones tan distintas como la Virgen de Andacollo y Lo Vásquez, el Encuentro de Poetas y Payadores de La Punta de Codegua y la Fiesta de San Pedro en la costa.

-¿Tiene una nueva valoración la cultura popular en la comprensión del patrimonio?
"Sí. Cuando Bienes Nacionales piensa las Rutas Patrimoniales incorpora también las dimensiones de la cultura y la religiosidad popular, porque son hilos invisibles donde la gente construye comunidad. La cultura popular es un elemento central para comprender la identidad de un país y para conocer el territorio".

La ministra anuncia, además, que ya están trabajando en dos nuevas rutas: la cultura Chinchorro y el Canquén Colorado (ave en peligro de extinción de Magallanes y Tierra del Fuego), y en la actualización de las rutas de Juan Fernández y Cabo de Hornos. También reeditarán "Santiago en el corazón, recovecos de la patria popular". "Todas saldrán este año. Y en etapa de estudio tenemos una ruta de la memoria en Coquimbo, y la actualización de la Ruta del Esclavo, para la cual estamos trabajando con organizaciones afrodescendientes", adelanta.

 Incendios versus patrimonio fiscal

"Felizmente, el impacto de los recientes incendios en la propiedad fiscal fue muy acotado, a diferencia de la propiedad privada, que fue de más de 400 mil hectáreas. Existe un sector pequeño, con carácter de reserva, en Maule, que la Conaf y el Ministerio del Medio Ambiente están viendo cómo recuperamos con árboles nativos. También fueron afectadas 700 hectáreas de un terreno en Linares destinado al Ejército. Y en la Región de Coquimbo tuvimos una tremenda preocupación por el Parque Fray Jorge. Pero hubo una acción muy rápida de Conaf y Bomberos, y se logró controlar en pocas horas. Habría sido irrecuperable esa pérdida", detalla la ministra Palma.

lunes, junio 27, 2016

Inglaterra fuera de la UE: los efectos en la industria cultural

El Mercurio

Necesidad de visas de trabajo, discos más caros o desplome del mercado del arte. Los artistas británicos están desconcertados ante la decisión del referéndum y las consecuencias para su quehacer.
Agencias

Y votaron que se van. Inglaterra deja de ser parte integrante de la Unión Europea y ahora se abre un futuro incierto sobre cuáles serán las verdaderas consecuencias de esta decisión. En el mundo artístico y en las industrias culturales -donde el país es una verdadera potencia exportando actores, músicos, películas, teatro, libros y un largo etcétera-, la mirada es más bien pesimista. A pesar del apoyo de algunos al voto de salida, como el del actor Michael Caine, un número no menor de actores, músicos, artistas plásticos, arquitectos y bailarines hicieron campaña por quedarse.

El 19 de mayo apareció una carta en el Daily Telegraph firmada por 282 artistas británicos explicando por qué Inglaterra no debía salirse de la UE. "Desde la más pequeña galería hasta el más grande éxito de taquilla, muchos de nosotros hemos trabajado en proyectos que nunca hubiesen ocurrido sin los fondos de la UE y la colaboración cruzando fronteras. Britania no solo es más fuerte en la UE, sino también más imaginativa y creativa", señalaba la misiva firmada por, entre otros, el bailarín Akram Khan, los actores Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, sir Derek Jacobi, Keira Knightley y Kristin Scott Thomas; los escritores Hilary Mantel, John Le Carré e Ian McEwan; el fotógrafo Martin Parr, y el cineasta Mike Leigh.

Desde ayer, ese pronóstico se puede conventir en realidad. En las redes sociales, muchos artistas expresaron ayer su impacto ante el voto "Brexit". "Escocia va a aspirar a la independencia", dijo J. K. Rowling, la autora de la saga de Harry Potter. Según la escritora, el Primer Ministro, David Cameron, dejará como legado la ruptura de dos alianzas, en alusión a la Unión Europea y al Reino Unido. La cantante Lily Allen escribió: "Bueno millenials. Estamos realmente jodidos". Y Liam Gallagher, del grupo Oasis, señaló: "Paren el mundo, yo me bajo".

El arquitecto Norman Foster ejemplifica con sus palabras lo que muchos sienten: "Esta mañana me siento tan europeo como ayer. Estas no son buenas noticias para el Reino Unido ni para el proyecto europeo. De todas formas, resulta muy pronto para aventurar predicciones. Vivimos tiempos verdaderamente inciertos, y la única manera de superarlos reside en continuar trabajando, incluso con más ahínco, para construir puentes y no muros".

Problemas en la música

Los augurios negativos también se refieren a la industria cultural, que afrontará retos en distintos aspectos legales, burocráticos y económicos. Un informe elaborado por Ticketbis aborda la nueva situación del sector musical, destacando, por ejemplo, que los músicos británicos podrían necesitar permiso de trabajo para actuar en otro país europeo. También el posible incremento del precio de los discos y el merchandising que ahora están exentos de pagar IVA ni derechos de aduana entre países de la UE.

Además, resalta que también podría encarecerse el precio de los vuelos (lo que podría influir en las giras). "La Unión Europea proporciona un marco legal sólido que beneficia a la industria musical, ordena y simplifica aspectos legales como los derechos de autor", asegura el informe.
Para Ticketbis, artistas como Adele o Coldplay "probablemente no noten la diferencia, ya que cuentan con recursos suficientes para adaptarse al nuevo escenario". "Sin embargo, grupos que están empezando sí podrían encontrarse con mayores dificultades a la hora de planificar sus giras, y, de hecho, solamente podrán actuar si un promotor les hace una oferta para llevar a cabo el concierto", han recordado.

Frágil mercado del arte

¿Qué sucederá en las subastas de la próxima semana en Londres? Para el mercado del arte igualmente se han presagiado nubes negras. El 28 y 29 de junio serán la subasta de arte contemporáneo de Sotheby's y la de arte de posguerra y contemporáneo de Christie's.

Antes de la votación había incertidumbre sobre qué pasaría con el tipo de cambio y el mercado financiero global. Y cómo esto impactaría en los vendedores y compradores de arte, quienes sin tener certeza del valor de la moneda ni venden ni compran.

"Ya es una situación frágil y cualquiera nueva incertidumbre no ayuda", señaló Olav Velthuis, profesor asociado de la Universidad de Amsterdam especializado en el tema. "El mercado del arte ha estado cayendo desde 2015", agregó.

Ahora, con la situación ya irreversible de la salida de Inglaterra y la caída de la libra en las bolsas mundiales, las ventas de la próxima semana podrían ser un éxito, ya que, mirando lo positivo, la moneda inglesa estará más barata y eso atraerá a quienes puedan comprar una obra más valiosa, por un precio menor.

jueves, marzo 17, 2016

La precaria realidad de los "amigos del arte" en Chile

El Mercurio

Bastante desconocido es el aporte de las agrupaciones que apoyan a las distintas instituciones culturales del país, y muy lejano a la realidad filantrópica de otros países. Aquí revisamos algunos ejemplos y conversamos con sus actores principales.

Maite Manzanares

Hace algunos días, el Museo Nacional del Prado adquirió para su colección una obra de Fra Angelico. Costó 18 millones de euros -unos $13.300 millones- y fue producto de la gestión de la Fundación Amigos del Prado, que reunió 4 millones de euros (el Estado español aportó 10 millones y el museo los otros 4).

Esta agrupación tiene como objetivo promover, apoyar y desarrollar acciones para la actividad del museo, y cuenta con más de 29.000 amigos que donan desde 25 euros hasta cuatro mil al año.
En Chile existen agrupaciones que ayudan a distintas instituciones culturales, pero su trabajo es bastante desconocido. Estamos lejos de lo que ocurre en Estados Unidos, España y otros países de Europa, donde estos grupos son un apoyo fundamental al quehacer cultural.

Amigos sin web

En el Museo Nacional de Bellas Artes existe, desde 1985, la Fundación Bellas Artes, organización privada sin fines de lucro que funciona a través de la Ley de Donaciones Culturales. Desde sus inicios, su presidente es Mario Arnello, quien comenta que en los 31 años de existencia "se ha conseguido aportar tres o cuatro obras, no más". Para el director del museo, Roberto Farriol, esta fundación "ha sido un pilar fundamental para exposiciones".

De acuerdo a Arnello, recaudan unos $330 millones al año, de unas 20 empresas y de algunos particulares. Sin embargo, no existe una página web donde se den a conocer sus aportes -en 1985 colaboraron con la restauración del museo-, y Arnello dice que no les interesa tener una: "Viste mucho, pero no se traduce en resultados. No nos interesa ser más conocidos; nos interesa poder ayudar al museo, no más".

Por otro lado, el Museo de Arte Contemporáneo tiene su Corporación Amigos MAC desde 1997. La presidenta del directorio, Pabla Ugarte, destaca la adquisición de casi la totalidad de las obras de Lautaro Labbé. Esta corporación tampoco cuenta con sitio web.

En el mundo de la música la situación es un poco más favorable. Una de las más exitosas es la Corporación Amigos del Teatro Municipal, que desde 1982 fomenta los nuevos talentos musicales. Tiene cerca de 140 socios que pagan hasta 500 UF anuales. Recaudan cerca de $150 millones al año con la ayuda, además, de unas 12 empresas, para becas que entregan a jóvenes músicos. De acá han salido famosos artistas, como el pianista Gustavo Miranda.

También activo es el Círculo Mundial de Amigos (CMA) del Teatro del Lago, impulsado por la familia Schiess. Actualmente el CMA cuenta con unos 200 integrantes. Nicolás Bär, gerente general del teatro, dice que en 2015 sus miembros se triplicaron, y aspira llegar este año a un total de 500.
¿Para qué colaborar? Los Amigos del Prado tienen la siguiente respuesta: "Para cumplir con la responsabilidad social del mundo empresarial de ejercer y fomentar el mecenazgo cultural". Pero Francisco Brugnoli, director del MAC, señala que nuestro país está muy distante a esos ejemplos: "En el mundo privado se mantiene la imagen de un Estado muy rico, entonces se preguntan por qué apoyar a sus instituciones".

"Chile es un país que tiene muy poca cultura filantrópica", afirma Bär. "Estos espacios siempre van a tener un déficit, entonces el aporte privado es clave. Las instituciones tenemos un deber de mostrarles a las personas que es importante que aporten", añade.

María Eliana Simian, presidenta del directorio de la Corporación Amigos del Teatro Municipal, comenta que cuesta mucho conseguir donaciones, porque "la gente duda del destino de sus dineros".
"Tenemos la impresión de que los instrumentos existen, como la Ley de Donaciones Culturales, Fondart y otros, pero las personas que están tras las iniciativas culturales a veces no tienen disponibilidad de tiempo ni de recursos para dedicarse en pleno a la gestión que requiere la producción de un evento cultural de calidad", comenta la directora de la Corporación Cultural "Semanas Musicales" de Frutillar, Harriet Eeles.

Cecilia García-Huidobro, presidenta de la Federación Chilena Amigos de Museos, dice: "Imagínate cuánta gente está interesada en cooperar, y no se le ha abierto el espacio. Lo importante es que existan estas instancias".

martes, noviembre 03, 2015

Jorge Coulon, director ejecutivo del Parque Cultural de Valparaíso: "La cultura es mucho más que arte contemporáneo"

El Mercurio

El músico y fundador de Inti-Illimani tomó en septiembre la dirección del centro artístico. Sucede a Justo Pastor Mellado, pero su gestión tiene otros énfasis y objetivos.

Daniela Silva Astorga

A los pocos días de asumir la dirección del Parque Cultural de Valparaíso (PCdV), vía concurso público, Jorge Coulon (1947) ya marcaba la diferencia. Como se distanció en absoluto de la línea editorial de su predecesor, el crítico y teórico del arte Justo Pastor Mellado -quien echó a andar el espacio en 2012-, en un solo fin de semana programó actividades tan diversas como un encuentro en torno a las artes entre estudiantes de medicina y médicos, danza contemporánea, circo, presentaciones de libros y una muestra del escultor mapuche Antonio Paillafil no en la sala de exposiciones, sino que en el patio central del recinto ubicado en el cerro Cárcel.

"Si bien este centro cultural ha actuado como uno dedicado sobre todo al arte contemporáneo, la cultura es mucho más que eso", afirma Coulon, dando luces de su mirada, que es, frente a las artes, amplísima, y se enmarca en aspiraciones aterrizadas: entre sus pretensiones no pesa mayormente alguna disciplina creativa, y tampoco anhela convertir al público porteño. Quiere conquistarlo a partir de una mixtura entre gustos populares y otros, quizás más de nicho.

"Busco instalar una programación que sirva de puente entre culturas -agrega-. Tomando incluso la del show business , que la mayoría de la gente entiende. Me interesa construir un diálogo con los lenguajes a su alcance. Solo como ejemplo, quiero hacer algo con el Concierto de Aranjuez. Es súper conocido; no obstante, igual es una obra por la que mucha gente se acerca a la música".

Pero ni el puerto ni el Parque Cultural son sencillos. Sobre la ciudad, Coulon -quien ha sido candidato a concejal y diputado por la región- asegura que existen tantos Valparaísos como la gente que los habitan. Y en relación al centro cultural, la historia de cómo se originó -con agrupaciones culturales usando la ex cárcel hasta visibilizar la necesidad de un recinto así- sigue siendo crucial.

Jamás ha existido armonía en el PCdV: ni con las asociaciones artísticas ni el público. Algunos no se han sentido acogidos ni convocados. "Por eso, de alguna forma, lo primero que se me pide es que este lugar se abra a la participación de la comunidad. Que sea un sitio de Valparaíso y no uno en Valparaíso. Debe tener vocación regional y ser estación de intercambio, que muestre el puerto al mundo y al revés. Ser punto de ebullición creativa, con todos los artistas de acá".

Coulon recibió un centro cultural con 157.667 visitas el año pasado, y 194.199 en 2013. Tiene para este año un presupuesto de más de 900 millones (que, probablemente, crecerá para 2016) y una programación definida hasta este período y una parte del siguiente. "Voy viendo de a poco qué puedo programar, quise empezar con el escultor mapuche como señal de inclusión. Y en 2016 tendremos una muestra de Federico Assler. No solo planeamos exhibir su escultura, también que trabaje acá para que la gente sepa en qué consiste su obra. Debemos ser algo didácticos. Pero la gente no necesita que le bajen cultura, todos tienen la suya".

-¿No será riesgoso enfatizar lo didáctico? Podría bajar la calidad de la programación del Parque Cultural...
"No le temo a eso, porque no tengo intención de claudicar en la calidad de las exposiciones ni del programa del parque. Ahora, aquí pueden convivir perfectamente las muestras que menciono, como las de escultura, con otras de vanguardia. Y asimismo, no quiero decir que aquí pondremos reguetón. De eso ya hay suficiente en otros sitios".

domingo, febrero 16, 2014

El lento arranque del libro electrónico en el mundo hispano

El Mercurio

En España, por cada 200 libros vendidos en las librerías, se venden tres ebooks. Y los ingresos de las editoriales por ese concepto bordean un paupérrimo 5% del total. Las descargas ilegales, los catálogos incompletos y la falta de costumbre son razones invocadas por destacados editores hispanos para explicar el fenómeno. Tres editores chilenos se refieren también al tema.

DANIEL ARJONA

El Cultural/ El Mundo
En los últimos años, cada inicio de temporada, los medios clamaban que, esta vez sí, llegaba la hora de la popularización del  ebook . Sin embargo, parece ser hora de que aceptar que, cercado por la piratería y por un apego al papel mayor del esperado, el libro electrónico se estanca. En España -según datos que acaba de hacer públicos la agencia del ISBN- por cada 200 libros vendidos en las librerías, apenas se venden tres ebooks .

Lo que permite extrapolar que la versión digital de un título que alcance los 5.000 ejemplares de ventas en papel solo despachará 75 ebooks . Y las ventas digitales rondan el 5% de los ingresos de las editoriales. Los dispositivos digitales, es cierto, no se venden del todo mal, por lo que hay que suponer que, o sus propietarios los usan para leer contenidos piratas o, sencillamente, tras alguna prueba, los dejan metidos en un cajón y regresan a sus libros de papel. En esta materia, los editores consultados coinciden en que son los tablets -y no el reader de tinta electrónica- los que se han convertido ya en el principal dispositivo lector.

¿Por que el libro electrónico no cuaja? Según Paula Corroto, periodista y responsable de contenidos digitales de EnCubierta -la única e-revista española dedicada por completo al libro digital- hay varias razones para el estancamiento: "Primero: porque en cuatro años no ha cambiado nada, los precios siguen estando altos. A 9 euros (alrededor de 6.700 pesos chilenos) nadie compra un libro digital; segundo, se digitalizan novedades, pero no la backlist (el fondo); tercero, los libros electrónicos deberían incorporar otras funciones -lo que se llama ebook enriquecido-, pero aún son un mero trasunto del papel. Cuarto, muchas editoriales con títulos sugerentes todavía no han digitalizado su catálogo; y quinto, a todo esto se suma que seguimos en una crisis de consumo".

Santos Palazzi, director de la división digital del grupo Planeta, no cree que el ebook esté en declive. "¡Ni ha alcanzado la mayoría de edad!", pero admite que "se está ralentizando". "La piratería es la principal razón y, para combatirla, los editores trabajamos en tres frentes: digitalizando y poniendo a la venta todo nuestro catálogo, abriéndolo a todas las plataformas de venta y modalidades de lectura y ofreciendo ebooks a precios competitivos". Las ventas digitales suponen el 4% de la facturación de Planeta con excepciones: la novela romántica/erótica, la niña bonita, suma un 27% del total digital.

Desde Siruela, Ofelia Grande no participará en ninguna "guerra de soportes". "Percibimos un crecimiento un poco más lento del de hace unos meses, pero pensamos que el ebook todavía tiene que seguir creciendo tanto por la vía del lector final como por la de las compras institucionales, especialmente las de las bibliotecas públicas". Grande explica que la facturación digital de Siruela ronda el 5%, pero también que "una parte importante se debe a las campañas específicas de promociones temáticas o campañas de precio". Las promociones son habituales aquí, pero no gustan a todos.

Jorge Herralde, editor de Anagrama, aclara, tajante, que ellos tienen en su política de precios "no hacer promociones de precio de los ebooks , sino tratarlos de acuerdo a la ley del precio fijo, como el papel. Suponen, por cierto, un 2% del total. La colección digital ZOOM, en la que vamos publicando cuentos o pequeños ensayos de nuestros autores a un precio muy bajo, tiene un movimiento, digamos, lento (300 copias el más vendido)". Herralde prosigue con luces y sombras: "La facturación de las ventas de ebooks del 2013 se ha incrementado alrededor de un 20% respecto de la del 2012, pero siguen siendo cifras muy bajas. También hemos notado que las bibliotecas públicas hacen esfuerzo y nos compran licencias.. Pero sí parece que la mayoría de los lectores todavía prefiere el libro en papel. Y noticias recientes del mundo anglosajón, donde el despegue fue muy pujante, indican que ahora parece haberse estancado".

Fernando Varela es el coordinador de Lengua de Trapo y, a su juicio, "el papel está demostrando tener un nicho estable, basado no solo, aunque también, en razones sentimentales, sino en la funcionalidad indudable del soporte. La oferta en papel sigue siendo mucho más amplia, y parece que al reader le cuesta lograr sus propios lectores".

Para Malcolm Otero Barral, fundador del sello Malpaso, "lo que ocurrió es que hubo un optimismo exagerado y muchos quisieron ver (de manera interesada) un cambio brusco en las costumbres de los lectores. Hemos sufrido un bombardeo y recurrentes mensajes apocalípticos con respecto al papel, pero no se ha producido el advenimiento de la anunciada revolución digital. El mercado del libro electrónico ha estado inducido por los fabricantes, pero falta que sean los lectores de habla hispana los que tiren de la demanda".

"Para nosotros el tema es digital y papel; papel y digital. En ningún caso papel o digital", subraya Patxi Beascoa, director de Penguin Random House. Su facturación digital en España tampoco excede del 5%, aunque "existen títulos y especialmente géneros en los que hemos superado el 10%". ¿El mayor problema? "La piratería. Yo lo llamo directamente 'robo'". Según Beascoa, "en cuanto al presunto declive del formato digital, no es así. Avanza más lento que en otros lugares, pero el crecimiento es muy importante. En mercados anglosajones es cierto que existe un techo, del que el cambio de formato no pasa. Se habla del 40-50%. Estamos bien lejos, pero avanzamos".

 Arturo Infante: "Quien pretenda ignorarlo o minimizarlo se quedará a la vera del camino"
El libro electrónico es hoy una realidad insoslayable, quien pretenda ignorarlo o minimizarlo se quedará a la vera del camino. Pero es necesario ponerlo en la justa dimensión, asumirlo como un proceso que tendrá sus tiempos de despegue y es imposible saber en qué medida desplazará al papel. Creo que la realidad de los españoles en este punto no es la realidad del resto del mundo. En España la industria editorial implementó diversos mecanismos defensivos que frenaron la oferta de contenidos digitales , a diferencia del mundo anglosajón.
En Chile hemos estado condicionados por esa realidad, aunque de un tiempo a esta parte los editores chilenos han comenzado a digitalizar sus libros y hacerlos disponibles en diversas plataformas digitales. Es el caso de la Editorial Catalonia, que ahora publica al mismo tiempo sus libros en papel y en digital. Estos se encuentran disponibles en Amazon y otras plataformas a la par con las librerías. El resultado de las ventas no es relevante, pero de crecimiento progresivo. Se produce en un 90% fuera de Chile, en mercados a los que nunca llegaríamos con el papel, por las dificultades y falta de incentivos que tiene la exportación de libros en Chile. Esto es incipiente, pero hay que ver qué color toma esta realidad cuando sea normal para el lector de habla hispana contar con contenidos digitales de todos los libros que quiere leer, algo hasta ahora muy precario.
Por otro lado está la realidad del sistema de bibliotecas, tanto públicas como universitarias que están requiriendo contenidos digitales para los préstamos, que parece tener en el mundo un crecimiento explosivo. Sin duda en la industria del libro dominará el papel por un buen tiempo, y nada podemos prever sobre la conducta del lector nativo digital de las próximas generaciones. Por ahora hay dos preocupantes amenazas en el horizonte: la piratería y la hegemonía en la distribución .
*Editor de Catalonia y presidente de la Cámara del Libro.

Isabel Buzeta: "El Pdf no es la mejor alternativa, la piratería siempre ganará"
Para nosotros como editorial el mundo del libro digital ha significado un verdadero aprendizaje, entramos en él cuando nadie sabía muy bien cómo funcionaba. Nuestro parámetro era la experiencia de USA -excesivamente alentadora y optimista- pero teníamos la certeza de que nuestra realidad era muy distinta como para creer que el fenómeno se repetiría en nuestro país. El 2009 los kindle y tablets se vendían mucho menos que ahora y en los teléfonos móviles nadie descargaba libros; por lo tanto, comenzamos sabiendo que el camino sería lento y debía ser inducido por las editoriales y librerías digitales hasta llegar al momento en que sean los lectores quienes empujen la demanda.
Comenzamos digitalizando casi el 30% de nuestro catálogo y hemos comprobado que el pdf no es la mejor alternativa, pues la piratería siempre ganará: no es alentador comprar un libro en pdf a cinco u ocho mil pesos, independiente de que el libro físico cueste el doble. A fines del año pasado comenzamos a realizar las primeras conversiones a epub y a tratar de ajustarnos a la rareza con que se manejan los precios -que no son fijos- y, además, deben ser muy bajos. Esta es una inversión voluntariosa porque funciona muy lentamente. Lo que más nos interesa es poner a disposición de los lectores los libros de fondo , por eso tenemos un plan de conversión variado y contundente.
En un país como Chile, en el que los libros son sumamente costosos de producir, el porcentaje para el librero, muy alto; y están gravados con un impuesto que ningún gobierno se ha preocupado en eliminar, confiamos en que el epub constituya una verdadera oferta, teniendo en cuenta que las descargas legales crecen, curiosamente, más en el mercado latinoamericano que en el español .
* Directora editorial de Uqbar Ediciones

Berta Concha : "La amenaza devastadora es falsa"
Hace muchos años que la "amenaza" digital es tema recurrente, pero efímero, en las conversaciones de los profesionales del libro en las grandes ferias del mundo, especialmente en América Latina y España. Hay varios puntos relevantes.
1. La amenaza devastadora del libro digital al de papel es falsa. Ambos cohabitan, aunque "el dueño de casa" es y seguirá siendo el impreso , gracias a sus artes para innovar formas y contenidos; a sus intrínsecas dotes de seducción (es objeto cómodo, personalísimo y grato a los sentidos) y también a la paradoja de un anticuado sistema de llegar al lector: un "súper-buscador" o librero.
2. Los más agresivos adalides del libro digital, agoreros del apocalipsis del papel, son los poderosos fabricantes de artilugios tecnológicos, entrampados siempre en rivalidades sangrientas: obsolescencias programadas o intempestivas; espionaje industrial o violaciones de los derechos de autor.
3. La falta de control de editores y autores sobre sus obras y derechos. Muchos editores digitalizan un porcentaje del catálogo "por cumplir y tantear", sabiendo que los resultados comerciales son insatisfactorios y la inversión arriesgada, por la piratería digital. Muchos autores se sienten desmotivados porque las "bajadas" ilegales les privan de los incentivos económicos autorales.
4. Existen líneas editoriales extraordinariamente idóneas para ser publicadas y circular en modalidad digital: obras de referencia (diccionarios, enciclopedias), manuales universitarios y textos escolares (básicamente en áreas científicas o ciencias aplicadas). También revistas científicas y tecnológicas, temas que requieren actualización y circulación permanentes.
5. Aparentemente el mundo anglosajón se ha entusiasmado mucho más con el libro digital que Europa e Hispanoamérica. Ese éxito es muy relativo: la masiva producción editorial en Estados Unidos incluye enormes porcentajes de libros "chatarra ", cuyo destino manifiesto se adecua estupendamente a lo digital, porque se consumen a velocidad visual (no hay lectura analítica secuencial) y, una vez usados, se eliminan con un clic.
* Berta Concha tiene a su cargo Liberalia Ediciones y Librería Prosa & Política.

domingo, abril 14, 2013

La industria editorial pasa al ataque frente a la avalancha digital

El Mercurio


La semana pasada se confirmó la fusión de Random House y Penguin, símbolo de la estrategia para equilibrar la potencia de los gigantes digitales Amazon, Apple y Google. El mundo del libro se mueve y la parte hispanohablante de él, tampoco se queda atrás.

Juan Ignacio Rodríguez Medina

Las fusiones y compras en el mundo editorial no son algo nuevo: Random House y Mondadori, luego Sudamericana, Plaza & Janés, Lumen...; Feltrinelli y Anagrama; Gallimard y Flammarion; Planeta, Seix Barral, Ariel, Paidos, Emecé...; o el grupo Lagardere, que en 2006 compró Time Warner Books para crear Hachette.

¿Por qué, entonces, tanto revuelo por la fusión entre Random House y Penguin? Pueden ser las cifras involucradas: nace la editorial más grande del mundo, con una facturación que llegaría a los tres mil millones de euros anuales. Sí, impresiona, pero no basta. La noticia es que, al fin, la industria editorial parece estar reaccionando a la avalancha de Amazon, Google y Apple. Según The New York Times, la fusión "podría desencadenar un round largamente esperado de consolidación mientras la industria se adapta al mercado digital".que los gigantes digitales crecen y crecen en la producción y venta de libros digitales (en agosto del año pasado, Amazon anunció que en Reino Unido vendía 114 libros digitales por cada 100 ejemplares de papel). Son los grandes distribuidores de contenido digital (en el caso de Amazon, también de productos físicos), lo que les da un inmenso poder para negociar los precios con los proveedores, en este caso las editoriales.

El año cero fue 2007, cuando Amazon lanzó su lector digital, Kindle, y Apple dio a conocer su iPhone.
Desde entonces las editoriales han reaccionado con lentitud al nuevo escenario (Amazon acaba de comprar la red social literaria Goodreads, donde dieciséis millones de usuarios se recomiendan lecturas, una adquisición que perfectamente pudo hacer alguna editorial) y han luchado por mantener el control de los precios sobre los libros digitales. Un botón de muestra: en abril del año pasado el Departamento de Justicia de Estados Unidos demandó por colusión a Apple y a cinco editoriales (Simon & Schuster, Hachette, Penguin, MacMillan y Harper Collins), quienes se habrían puesto de acuerdo con el gigante informático para fijar los precios de sus libros electrónicos. Una jugada que, por lo demás, fue un contraataque a Amazon, que quería forzar a las editoriales a vender sus libros por menos de diez dólares.

Tras eso, que más bien fue un manotazo de ahogado, Random House/Penguin se apresta a nadar. Marjorie Scardino, directora de Pearson (el grupo alemán dueño de Random House), reconoció que una de las posibilidades tras la fusión es generar "plataformas digitales para vender libros directamente a los consumidores". Pablo Dittborn, ex gerente general de Random House Mondadori Chile, y Arturo Infante, presidente de la Cámara Chilena del Libro y editor de Catalonia, coinciden al momento de interpretar la movida de Random House: "Pienso que ahora están detrás del manejo de contenidos más que de tantas toneladas de papel impreso", dice Infante. Dittborn complementa: "La única manera en que un editor puede enfrentarlos es siendo dueño de una cantidad de contenidos muy importante, de manera que el fuerte en la relación no sea el distribuidor, sino que siga siendo el editor".

Baste un dato para mostrar que hacia allá van las cosas: News Corporation, propietarios de HarperCollins, mostró interés en Penguin (también estuvo al acecho Rupert Murdoch, el magnate australiano de los medios), lo que habría apurado la fusión con Random House. Ahora, HarperCollins buscaría un nuevo socio. "No me sorprendería si todas las grandes editoriales estuvieran teniendo este tipo de conversaciones", dijo al New York Times el analista Ned May: "Yo esperaría ver realineamientos similares".

Gracias a la piratería

Un fenómeno al que el mundo hispanohablante no escapa. Ya tenemos a tres súper dominadores -Random House Mondadori, Planeta y Santillana-, y hay rumores de que la primera de éstas comprará Alfaguara (parte de Santillana); hace un tiempo Random House le compró a Mondadori su 50 por ciento del sello conjunto: "Eso deja a Random en un muy buen pie en toda la lengua castellana", dice Pablo Dittborn.

"El 75 por ciento de los libros que se venden provienen de los tres grandes grupos de edición en español, y se dice insistentemente que estos tres dentro de muy poco serán dos", señala el agente literario Guillermo Schavelzon. ¿Qué panorama se abre, entonces, en América Latina y España? "Por un lado están los grandes éxitos locales, únicos para cada país, autores, libros y temas que no viajan", explica Schavelzon. "A los autores les cuesta entender que en sus países puedan vender cincuenta o cien mil ejemplares, y pese a eso no interesen en el país de al lado, pero es así. Eso sostiene en gran medida a las casas locales de los grandes grupos. Desde el punto de vista de los autores, seguimos verificando que los grandes best sellers son en un 90 por ciento de origen anglosajón".

Sin embargo, según Schavelzon, en hispanoamérica el avance de Amazon, Google y Apple es menor (las ventas de libros digitales alcanzan alrededor de un 5% en España). "El impacto es más mediático que real, los gigantes digitales en español tienen un freno: la piratería. Mientras los países no actualicen su legislación, quienes se compran un dispositivo electrónico de lectura lo llenan de ediciones piratas", dice. E ironiza: "Curioso, una práctica sin duda delictiva que está hundiendo a editores y autores, es quien les pone freno a los monstruos que los estados apenas pueden controlar".

Pablo Dittborn, en cambio, cree que el impacto de esos "monstruos" va a llegar. "Cuando los libros bajen de precio, cuando tengas facilidad de acceso a la compra, cuando tengas la certeza de que el libro te llega bien, completo, se lee bien, y el diferencial de precio no sea tan grande, terminará triunfando la copia legal. Hay cifras que así lo dicen, hay títulos que han roto el porcentaje tradicional, de 3% a 5% en venta digital versus venta en soporte papel, y han llegado al 12%, al 15%, incluso al 30%, como el caso de 'Cincuenta sombras de Grey', en Estados Unidos y España".

Tampoco hay que olvidar que -aunque con muchas limitaciones todavía- Amazon ya llegó a España. Un arribo para el que los españoles se prepararon con Libranda, una plataforma que construyeron Planeta, Random House Mondadori, Santillana, Roca Editorial, Grup62, SM y Wolters, para gestionar los libros digitales en castellano. Y que, según se lee en su sitio web, hoy tiene acuerdo con más de 130 editoriales y distribuye contenido en más de 110 tiendas online en Estados Unidos y América Latina (en Chile opera con Buscalibre).

La puja entre España y América Latina

Hay que recordar que además de la vorágine digital, España vive hoy una crisis económica que ha hecho descender en más de 24% la impresión de libros en la última década. Una realidad que ha llevado a los europeos a confiar en el mercado latinoamericano. Si ya en los ochenta y noventa los españoles absorbieron a muchas editoriales locales, hoy se habla de este lado del mundo como una salida potencial a la crisis.
Otra mirada, habla de la oportunidad de que América Latina rompa con lo que se ha llamado "colonialismo español", a saber, la omnipresencia de España en América y la presencia de cada país americano solo dentro de sus propias fronteras. "El papel protagónico en la edición actual lo tienen las independientes, del mismo modo en que las editoriales latinoamericanas están a punto de guillotinar la supremacía editorial española", dice Galo Ghigliotto, director de Editorial Cuneta, y uno de los organizadores de la Furia del Libro, "y, por mucho que berreen los dinosaurios de las transnacionales, los mejores libros de los últimos años han sido publicados por editoriales independientes y no hay más".

Pablo Dittborn cree que es improbable un reordenamiento en esa materia: "En España se vendía el 60% o 70% de los libros, y el 30% en América Latina. Hoy puede ser 50 y 50, pero tienes que sumar a toda Latinoamérica para empatar recién con España", dice. "Lo que pasa es que las casas centrales están en España y son las que hacen las apuestas fuertes: por ejemplo, con la nueva novela de J. K. Rowling ("Una vacante imprevista"), para sentarse a la mesa y decir 'a mí me interesa', había que poner un millón de euros adelante. ¿Qué editorial latinoamericana puede decir 'yo apuesto un millón de euros para llevarme esos derechos, y yo venderle a España'? Imposible".

En lo que sí hay acuerdo es en el espacio que están ganando las editoriales medianas y pequeñas en América Latina y España. Aquellas "con criterios literarios", dice Schavelzon: "Lo que sucede es sencillo: una editorial chica vendiendo 1.200 ejemplares cubrió su inversión, un grupo grande necesita vender más de seis mil para llegar a un punto de equilibrio. Este es en mi opinión el aspecto más esperanzador y positivo de la crisis y la concentración".

El rol de esos editores será, o seguirá siendo, darle diversidad al mercado: "Trabajar los márgenes, los pliegues, los nichos que el sistema deja y desde ahí, como siempre ha ocurrido, aparecerán los grandes autores y contenidos futuros", prevée Infante. El desafío para ellas, cree Schavelzon, es ordenarse administrativa y financieramente, aprender a pagar a los autores ("así tendrán cada vez más") y aprovechar estos años para profesionalizarse.

En esas circunstancias, y aun siendo poco probable que América Latina adquiera la potencia editorial de España, sí se abre un horizonte de intercambio de autores al interior de la región. Es lo que se busca, por ejemplo, con los "diálogos latinoamericanos" que ha reunido a autores de este lado del mundo en las distintas ferias del libro.

"Hace tiempo que los autores hispanoamericanos dejaron de llamar tanto la atención de los lectores en España si comparamos con el fenómeno de los años del boom y las décadas posteriores", opina Andrea Viu, editora de Alfaguara Chile. "Por otra parte -dice-, América Latina es un mercado mucho más grande, diverso y a la vez cercano para nosotros. De ahí que sea muy interesante e importante el intercambio cultural entre latinoamericanos. La obsesión por llegar a España, como si esa fuera una bendición o coronación de alguna especie es algo que hoy no tiene el sentido que pudo tener en los años setenta u ochenta. Asimismo, para los autores españoles tampoco es fácil instalarse en Latinoamérica. Salvo unos pocos, la mayoría son desconocidos y no es fácil promoverlos".

Es el viejo nuevo mundo del libro. Algunos son más pesimistas: "El mapa editorial se reordenará como el de los bancos, los supermercados...", dice Arturo Navarro, quien fuera miembro del directorio de la Cámara del Libro y director editorial de Planeta Chile. "El mundo del libro va como el mundo en general, proceso de concentración acelerado, decisiones editoriales con criterio de rentabilidad exclusivamente, marginación de opiniones literarias, editores dirigidos por economistas y financieros, segmentación de la oferta con el consiguiente deterioro cultural, y empresas que dependen de un par de grandes éxitos anuales para sobrevivir", cree Guillermo Schavelzon.

Y otros ponen paños fríos: "El panorama no es apocalíptico. De hecho, ahora menos que nunca. Jamás habíamos tenido tanto espacio para la diversidad. Aparte de las posibilidades que dan los libros electrónicos, siempre ha habido unas pocas editoriales más grandes, unas cuantas medianas y cada día surgen más editoriales más pequeñas. Algunas crecerán y otras no, pero matices y diferencias habrá siempre", cree Andrea Viu. Arturo Infante se suma: "El reordenamiento del mapa editorial no es un fenómeno nuevo y se da con cierta periodicidad. Para las editoriales de habla hispana el movimiento del mapa ocurrido hace una década fue tan importante como el que ahora se nos avecina".

martes, febrero 12, 2013

Creaciones gratis en internet: ¿abrimos o cerramos la cultura?

El Mercurio


Llega "Parásitos", el libro de Robert Levine que ha encendido la polémica en torno a la propiedad intelectual. Saludado por The New York Times como el libro "que debería cambiar el debate sobre el futuro de la cultura" -recién publicado por Ariel-, es un fulgurante manifiesto que alerta sobre el daño que el discurso de la cultura gratis causa a la industria.

DANIEL ARJONA El Mundo/Derechos exclusivos

La utopía digital de una información y una cultura libres, gratuitas e inmediatamente accesibles para todos, sufre, tras años de reinado, los primeros cuestionamientos de rigor. Hasta ahora, los críticos de la llamada cultura libre señalaban a la piratería, a la desaparición de industrias enteras y al derecho de los creadores a vivir de su trabajo. Pero su discurso no era ni tan sistemático ni tan popular ni, por supuesto, tan militante como el de quienes defendían en las redes que las ideas no deben tener dueño y que la propiedad intelectual no merece tal nombre.

El gurú informático Jaron Lanier disparó la primera salva en "Contra el rebaño digital" (Debate, 2011), aplicado a la demolición del mito de la red como mente colectiva y a la denuncia de esa paradójica pendiente por la que fluyen ríos de dinero a la publicidad al tiempo que se agostan la música, el arte o el periodismo. Pero la más completa argumentación en favor de la propiedad de las ideas, investida con los belicosos ropajes del manifiesto innegociable, la ha firmado el periodista estadounidense Robert Levine. ¿Su título? "Parásitos. Cómo los oportunistas digitales están destruyendo el negocio de la cultura" (Ariel, 2013). El libro ha roto las costuras del debate en EE.UU. Levine no solo practica la disección genealógica de la cultura de lo gratis que se ha enseñoreado en internet en la última década sino que desnuda los intereses de los grandes gigantes digitales, paladines nada desinteresados de la libre circulación de las ideas. Google, Apple y otros capitanes de Silicon Valley habrían ejercido todo su poder para devaluar los derechos de autor.

"¿Cómo puede una empresa competir con un rival que ofrece sus productos pero no corre con ninguno de los gastos? Parasitar se ha convertido en un camino a la riqueza". El cuadro que dibuja Levine a partir de aquí es puntilloso, enumerativo y desacralizador. El autor advierte que no es ningún ludita y que sabe que es una tontería afirmar que prestar un DVD a un amigo sea una falta moral, pero le parece aún más ridículo "sugerir que existe un derecho inalienable a ver Iron Man 2".

Mientras las empresas tradicionales de contenidos veían desplomarse su valor, nuevos negocios florecían. La mítica NBC, famosa por series como Miami Vice, Cheers, Friends o Héroes; el grupo Emi, propietario de las grabaciones clásicas de los Beatles o Frank Sinatra; El Washington Post, referencia del periodismo norteamericano que alumbró el Watergate... Todas sufrían recortes y despidos generalizados y tentaban la quiebra. Mucho mejor les iban las cosas a The Pirate Bay, al iTunes de Apple o al Huffington Post.
Sin cambios desde Napster

El parásito infectó en primer lugar, explica Levine, a la industria musical. Cuando Napster abrió en 1999 la veda al intercambio de archivos musicales podía pensarse en la transitoriedad de una situación que, a su debido tiempo, beneficiaría el contacto directo entre los músicos y unos fans encantados de pagar por su trabajo. Diez años más tarde, apenas ha cambiado nada. Star-ups , como Grooveshark y Hotfile, siguen permitiendo el intercambio ilegal de contenidos y logran con ello beneficios. Y, se pregunta Levine: "¿quién quiere poner en marcha un negocio de música legítimo cuando es más fácil iniciar uno ilegal?". iTunes, el único negocio que ha ganado dinero vendiendo música legal en la red, habría propiciado a cambio, en el paso del álbum al single, una ruinosa desvalorización de la música, simple gancho de su verdadero negocio: la venta de carísimos gadgets .

Paradigma de la bondad al facilitar unas posibilidades insospechadas de acceso al conocimiento (su oficioso lema es "Don't be evil" , "No hagas el mal"), Google es para Levine uno de los grandes villanos de esta historia. No sólo es que en su YouTube corran series, filmes y otros contenidos protegidos al amparo de una ley de EE.UU. que le exime de problemas legales responsabilizando solo a los usuarios que suben los contenidos. Es que el buscador en cuanto tal abre a sus usuarios una jugosísima oferta de contenidos de terceros. Google se erigió además en el primer mecenas de la cultura libre. Según se relata en el libro, en 2006 donó dos millones de dólares al Stanford Center for Internet and Society y entre 2008 y 2009 otros dos millones a Creative Commons. Y es que "los derechos de autor pueden cruzarse en el camino de Google hacia su objetivo: 'organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil', ya que permite a los creadores limitar el acceso a su trabajo, aunque sea por el simple hecho de cobrarlo".
Tras arrancar con el caso paradigmático de la industria musical y orear las vergüenzas de Google, Levine dirige por orden su proclama a periódicos, series televisivas, libros y películas. Todos ellos entre la espada y la pared de una feroz disyuntiva: poner sus contenidos "disponibles online , en cualquier momento, en cualquier formato, sin coste adicional, lo que podría no ser un gran negocio", o idear una manera de cobrarlos a su precio.

Cantos de sirena

La prensa vale como perfecto ejemplo de las indecisiones y sufrimientos que ocasionan los cantos de sirena. The Guardian, el segundo medio en inglés más leído de la red, el primero que se rindió a sus encantos y, además, uno de los que siguen resistiéndose a cobrar sus contenidos digitales, pierde 100.000 libras al día. En EE.UU., escribe Levine, los periódicos, que publican el 99% de las noticias enlazadas en blogs, nunca han sido más populares ni menos rentables. Su hiperactividad online no genera ingresos. "Parásitos" recuerda que los diarios no vivían tanto de vender noticias como de segmentar audiencias para sus anunciantes. La publicidad se pagaba bien en papel donde el espacio era limitado pero no en la red, donde es ilimitado. Así, "lo más estúpido que podían hacer los periódicos era convencer a sus lectores de que abandonasen la edición impresa en favor de la online". La solución para este dramático brete pasaría por cobrar por la información en todos sus formatos.

La prensa peligra pero también el cine o Mad Men, dice Levine. La aclamada serie, y ya de paso, la televisión au complet , podrían reventar en cuanto las descargas y los streamings , ilegales o no, ojo, hallen un atajo del ordenador a la tele, esto es, en cuanto los televisores acaben todos por conectarse a la red. Repite Levine: "La mayoría de la publicidad online vale sólo una fracción de su equivalente offline ". Algunos pagarán por Netflix pero nunca los suficientes mientras la alternativa ilegal siga a solo un clic. Concluye Levine: "En 2010, los ejecutivos de la tecnología empezaron a decir que cualquiera que quisiera limitar la piratería estaba tratando de 'romper internet'. Pero la verdad es que ya se está rompiendo. Ahora, y tal vez no por mucho tiempo, tenemos la oportunidad de arreglarlo".

 "Parásitos", de Robert Levine

"Ningún hombre, a menos que sea un zoquete, escribe como no sea para ganar dinero", declaró Samuel Johnson. A medida que internet va destruyendo el modelo empresarial en el que se han apoyado históricamente el periodismo, el cine, la música y la televisión, la opinión generalizada en Silicon Valley es que Johnson estaba equivocado. "La información quiere ser libre, porque el coste de difundirla es cada vez menor", han insistido los activistas tecnológicos, citando al pensador tecnológico Stewart Brand. (De hecho, Brand dijo en el mismo discurso de 1984 que, por otra parte, "la información quiere ser cara, porque es muy valiosa"). Según la opinión mundial, encarnada en Google y Facebook y muchas de las mejores mentes del mundo jurídico y de la comunidad del interés público, el negocio de la cultura se está hundiendo porque los ejecutivos de los medios de comunicación de la vieja escuela que dirigen Hollywood, la televisión por cable, las compañías discográficas y los periódicos, no han conseguido adaptarse a las expectativas de una nueva y exigente generación de consumidores de medios de comunicación que quieren películas, música, noticias y libros gratis allá donde se conecten.

En "Parásitos", un libro que debería cambiar el debate sobre el futuro de la cultura, Levine sostiene que Samuel Johnson tenía razón , y que son las empresas de Silicon Valley, que actúan movidas por su propio interés, las que están equivocadas. "El verdadero conflicto en internet", escribe Levine, "se produce entre las empresas de medios de comunicación que financian una gran parte del entretenimiento que leemos, vemos y oímos, y las empresas tecnológicas que quieren distribuir su contenido, legalmente o de otra manera". Al ofrecer un contenido por el que no pagan, o al vender un contenido muy por debajo del precio que cuesta crearlo, afirma Levine, los distribuidores de información y de entretenimiento como YouTube y The Huffington Post se convierten en "parásitos" de las empresas de medios de comunicación que invierten sustanciosas sumas en periodistas, músicos y actores; los distribuidores empujan a la baja los precios de una manera que absorbe la savia de los que crean y financian los mejores logros de nuestra cultura. El resultado es "una versión digital del capitalismo", en la que los distribuidores parasitarios se llevan todos los beneficios económicos de internet, reduciendo los precios, y los proveedores de cultura se ven obligados a recortar los costes. Esta dinámica, afirma Levine, destruye el incentivo económico para crear la clase de películas, de televisión, de música y de periodismo que los consumidores exigen, y por los que, en realidad, están dispuestos a pagar.

La historia de Levine empieza como una lucha por los derechos de autor. Entrevista a Bruce Lehman, un ex alto cargo de Clinton que defendió las políticas que desembocaron en la Ley de Derechos de Autor Digitales del Milenio. Lehman asegura que se suponía que la ley de 1998 equilibraría los intereses de las empresas tecnológicas y los de los artistas y los medios de comunicación. Ahora se lamenta de que haya tenido una consecuencia indeseada al enriquecer a las empresas tecnológicas y acabar con los artistas y las empresas de medios de comunicación.

Levine no es un ideólogo que esté a favor de los derechos de autor: reconoce que existen muchas buenas razones para reformarlos, incluido el hecho de que los plazos de los derechos de autor son demasiado largos y de que las sanciones financieras por su incumplimiento pueden ser demasiado elevadas. Pero afirma que el problema más importante hoy en día con los derechos de autor es que sus protecciones se han vuelto irreales en una época en la que las películas y la música, producidas tanto por artistas independientes como por los grandes estudios, están disponibles en sitios piratas incluso antes de que estrenen. Como es difícil hacer que se cumplan las leyes sobre los derechos de autor, los medios de comunicación tienen poco margen cuando negocian las condiciones financieras con los distribuidores. Y por eso, se ven casi obligadas a regalar su material. Eso es lo que ocurrió en el sector musical que, asustado por la proliferación de archivos compartidos pirateados en Napster, cerró un mal acuerdo con iTunes que permitió a Apple sustituir la venta de álbumes de 15 dólares por canciones de 99 centavos. "Incluso si siguen aumentando", escribe Levine, "esas ventas de canciones a 99 centavos no llegarán a compensar ni de lejos el correspondiente descenso en las ventas de CD". A pesar del aumento del público en internet, las ventas de música grabada en Estados Unidos tenían un valor de 6.300 millones de dólares en 2009, menos de la mitad del valor que tenía una década antes.

Las empresas culturales más prósperas, afirma Levine, se han opuesto a las panaceas de las ansias de libertad de la información y, por el contrario, han insistido en la antigua estrategia de vender algo por más de lo que han pagado por ello. Señala que The Wall Street Journal, The Financial Times y The New York Times cobran por el contenido, y que a algunos les ha parecido que el aumento de los ingresos procedentes de las suscripciones completas ha compensado con creces el descenso del número de lectores digitales. Asimismo, los mejores programas de televisión, como Mad Men, son producidos por canales de cable como AMC, que impiden que Hulu, una plataforma propiedad de las cadenas de televisión para distribuir televisión por internet, tenga acceso a su contenido.

Además de analizar "cómo los parásitos digitales están destruyendo el negocio de la cultura", Levine proporciona una visión de "cómo el negocio de la cultura puede contraatacar". Su modelo es Europa, que tiene una larga historia de apoyo al mundo de la cultura y que, adoptando una actitud más combativa contra la piratería, está tratando de ayudar a prosperar a las distribuidoras legales. Con este manifiesto bien documentado y elegantemente escrito, Levine se ha convertido en una de las principales voces de uno de los bandos del debate más acalorado y reñido sobre la ley y la tecnología. Naturalmente, el otro bando tiene sólidos argumentos. Aún no está claro lo eficaz que será una aplicación más enérgica de los derechos de autor a la hora de impedir la piratería. (Los detractores de los derechos de autor aseguran que si 40 millones de personas se niegan a obedecer una ley, la ley carece de importancia; Levine responde que se imponen 40 millones de multas al año por exceso de velocidad, y nadie afirma que las leyes de tráfico carecen de importancia).

Queda por ver hasta qué punto se convencerá a los consumidores de que tienen que pagar por el contenido . Pero con independencia de cuál sea nuestra postura en las guerras del negocio de la cultura, cuesta oponerse a la conclusión de Levine de que el statu quo es mucho mejor para las empresas tecnológicas y los distribuidores que para los creadores y los productores culturales. Puede que ese statu quo beneficie a los consumidores a corto plazo, pero si continúa, sostiene Levine, internet se convertirá cada vez más en u desierto artístico dominado por aficionados; un mundo en el que la música, la televisión y el periodismo son prácticamente gratuitos, y en el que todos obtenemos lo que pagamos.