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martes, agosto 24, 2021

El Museo Violeta Parra y la encrucijada de su futuro pospandemia

 El Mercurio


Los trámites con la aseguradora permitirán iniciar una rehabilitación de su edificio incendiado por las manifestaciones en la Zona Cero en febrero de 2020. Sin embargo ronda la duda de si el museo debe volver o no a su domicilio original.


IÑIGO DÍAZ


Nada más que 215 metros separan el edificio de Vicuña Mackenna 37 y el punto de la protesta en Plaza Italia. Y 112 días después del estallido del 19 de octubre de 2019 se registró el primero de los tres incendios que afectaron las dependencias del Museo Violeta Parra.


Hoy, un equipo de 10 personas del museo trabaja en dos oficinas del Centro de Extensión del Instituto Nacional (Ceina). Desde allí continúan sus actividades educativas, sociales y culturales, la mayoría telemáticas debido a las restricciones sanitarias. Otras, como “La maleta de Violeta” o “El baúl de Violeta”, han sido presenciales en momentos de reapertura.


En la etapa actual de la emergencia sanitaria se anticipa la realización de nuevas actividades en espacios del mismo Ceina, y para final de año una gran muestra de regreso al ruedo en el Museo de la Memoria (ver recuadro).


La obra de Violeta Parra que se conservaba en Vicuña Mackenna fue rescatada la madrugada siguiente del incendio del 7 de febrero de 2020 y puesta a resguardo en depósitos del MAC. El edificio ardió nuevamente los días 28 y 29 de febrero, consolidando las pérdidas de infraestructura, especialmente en el auditorio Antar Parra y en la primera planta.


“Pero la estructura y la obra gruesa se mantuvieron en pie. Durante el confinamiento pudimos retirar los escombros y se encuentra limpio. No hay vidrios ni puertas. Actualmente estamos terminando la tramitación con la compañía de seguros para comenzar una rehabilitación del edificio”, confirma Cecilia García-Huidobro, su directora.


Según explica, el espacio se construyó en un terreno perteneciente al Instituto de Previsión Social (IPS). Los contratos suscritos señalan que ante cualquier eventualidad se debe entregar el edificio en las condiciones en que se recibió. Pero ello conlleva a otra disyuntiva: ¿Debería el museo continuar operando en esas instalaciones?


Isabel Parra, hija de Violeta Parra, integrante del directorio del museo y presidenta de la Fundación Violeta Parra —dueña de gran parte del legado—, ha planteado la idea de no rehabilitar el museo. “Como fundación, no queremos reconstruir el museo, considerando en el estado catastrófico en que se encuentra la economía chilena (…). Ese museo fue destruido. La intención que tenemos como fundación es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero de otra manera”, dijo hace un año a “El Mercurio”.


El directorio del Museo Violeta Parra, formado por siete personas, deberá deliberar sobre el futuro, independiente de la reconstrucción del edificio. ¿Qué pasaría si se vota un éxodo? La Fundación Violeta Parra cedió parte de su acervo para la exhibición al público en esas instalaciones, aunque el museo es propietario de otras piezas, como la arpillera “La rebelión de los campesinos”.


“La colección del museo se vería muy reducida si hay un retiro. Lo que yo he planteado al directorio es que Violeta Parra no es solo ella. Es ella, sus hermanos y sus hijos. El museo podría ser un espacio para contar la historia de este árbol Parra y sus muchas ramas”, dice el musicólogo Juan Pablo González, de esa mesa directiva. “Yo apoyo que se mantenga ahí, porque el museo debe trascender a la coyuntura política”, agrega.


De la misma idea es Carmen Luisa Letelier, premio nacional de Música 2010 y presidenta del directorio: “Hay que defender este espacio, que es de todos. No podemos dejar que este punto central de la ciudad desaparezca por una situación de protesta. Allí están el museo, el Teatro U. de Chile, el nuevo edificio del Ceac, el centro GAM. Entiendo a la familia que quiera proteger las obras, pero el museo debe continuar. Si es con menos obras, se podría incluir a otras mujeres notables o artistas chilenas”, define.


Y como director del Servicio del Patrimonio Cultural, Carlos Maillet también integra dicha mesa. “Siempre voy a defender el patrimonio. No sería una buena noticia cerrar un museo. Aquí hay un compromiso del Estado con el país. Si las condiciones de la reconstrucción del edificio son satisfactorias, conviene que el museo permanezca allí”.


Dos arpilleras y un mapa territorial


Violeta Parra tenía 17 años cuando bajó del tren en Estación Central, proveniente del Ñuble. Era 1934 y de inmediato tomó contacto con su hermano mayor, Nicanor, que trabajaba como inspector en el Internado Nacional Barros Arana, en calle Santo Domingo.


“Ella llega a la Escuela Normal Superior Abelardo Núñez, en el sector de Compañía y Matucana, y vive con ‘los tíos', sus familiares, en una casa cerca de Quinta Normal. Como consecuencia, circula por el sector de Matucana, que era un barrio ferroviario, con mucha vida nocturna, intensa y peligrosa. Además comienza a actuar en boliches allí”, dice Ignacio Ramos, académico de la U. Mayor. El despliegue de todo ese mapa del territorio de Matucana será parte de una gran exposición del Museo Violeta Parra en salas del Museo de la Memoria, a partir del 20 de diciembre.


En esa muestra se expondrán, además, dos arpilleras nunca vistas. “Justice”, que no alcanzó a mostrarse en Vicuña Mackenna 38 debido al estallido, y sobre todo “La rebelión de los campesinos”, cuya restauración liderada por el conservador Pablo Marfán está finalizando a esta hora en el MAC. “Es la más grande que se conoce: 3 x 2 metros y fue exhibida en su momento en el Louvre. Es la obra más importante adquirida por el museo”, indica Cecilia García-Huidobro.


sábado, octubre 10, 2020

“La Violeta está en todas partes”


 El Mercurio


El Museo Violeta Parra cumple cinco años en medio de un eventual traslado al Centro de Extensión del Instituto Nacional, mientras se repara su edificio dañado durante el estallido. Cecilia García-Huidobro, su directora, dice que es esencial seguir difundiendo el legado de la autora chilena, y una de las novedades será la exhibición de una importante arpillera que acaban de adquirir.

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, gentileza Museo Violeta Parra.


El incendio del restorán vecino, la tarde anterior, fue el detonante. En la madrugada de ese día de noviembre, Cecilia García-Huidobro estaba en las puertas del museo que dirige liderando un complejo operativo: salvaguardar el legado de Violeta Parra y trasladar las obras y objetos a otra sede, lejos de los enfrentamientos en Vicuña Mackenna producto del estallido de octubre. “A las 06:00 hrs. teníamos todo organizado, conseguí un depósito, camionetas, e íbamos con la Milena, nieta de la Violeta, protegiendo esto, valiosísimo. Fueron kilómetros muy tensos”, recuerda la directora a casi un año del suceso.


El edificio, además de destrozos, sumó tres incendios. El último, a fines de febrero. Sin embargo, su estructura está intacta y a la espera de que la compañía de seguros evalúe los daños, tema postergado por el confinamiento. Cecilia García-Huidobro no imagina los costos, pero tiene claro que no será factible volver a asegurarlo, y que los trabajos tomarán un año o dos: “Hay un cronograma de largo plazo, hacer un proyecto que sea aprobado por el directorio, llamar a licitaciones para la reconstrucción, etc.”


No ha sido un año fácil, y a la contingencia se suman problemas internos de los que García-Huidobro prefiere no hablar. Su prioridad, dice, es la difusión de las obras, que no estén escondidas. Por eso, mientras los funcionarios trabajan de manera remota o en una oficina que les facilitó el CCPLM, se preparan para el eventual traslado al Centro de Extensión del Instituto Nacional, donde se exhibirá el legado de Violeta Parra mientras se repara el museo. “Hay que volver a compartirlo, y mostrar la arpillera nueva”, comenta. Se trata de “La Rebelión de los campesinos”, una de las más importantes de Violeta, presentada en el Louvre en 1964 y que después de estar 60 años en el sótano de un castillo francés regresó a Chile, gracias a la gestión conjunta de Ruth Valentini, viuda de Ángel Parra, y de Cecilia García-Huidobro, con la colaboración del Ministerio de Relaciones Exteriores. “La vamos a restaurar con una mínima intervención y posteriormente se va a exponer”, detalla.


La fuerte presencia en redes sociales y un variado programa digital –se lanzó también una nueva página web–, que incluye clases magistrales, talleres, visitas mediadas a asilos, colegios, centros penitenciarios y conciertos en alianza con otras instituciones, han contribuido a mantener activo el museo y el mundo cultural en general, así como vivo el lazo que han construido con el entorno. “Nuestra ‘Jardinera', que se convirtió en una plaza de 200 m{+2} con contenido museológico, era un espacio muy usado por la gente; venían de los edificios cercanos a dejar cosas para el reciclaje”, cuenta.


¿Involucrar a la comunidad tiene que ver con el alma popular de Violeta?


–Sí, claro. Pero también hay una reflexión sobre el rol actual de los museos. Deben resguardar el patrimonio, pero también atraer un público diverso, interactuar con las vanguardias y ofrecer nuevas experiencias, manteniendo su visión y misión. Sobre todo con una figura como la Violeta, que está en todas partes: en la música, la artesanía, en la calle, en el estallido, con un mensaje universal. La gente la siente propia.


¿Le preocupa la ubicación actual del museo?


–No tengo susto de que lo vuelvan a destruir, creo que está en un lugar histórico, simbólico. Soy optimista y pienso que volverá con fuerza y significado. Puede ser que más adelante el directorio considere un traslado definitivo, no lo sé, yo creo que está en el lugar indicado. Me gustaría hacer una jornada de pensamientos y futuros deseos en la explanada junto al edificio. Que la gente diga lo que tenga que decir; si para algo tiene que haber servido el estallido.


¿Piensan dejar rastros de él?


–Hemos pensado guardar algunos elementos encontrados entre los escombros, como una serie de mimbres quemados, e incorporarlos en una museografía futura.

lunes, agosto 10, 2020

La travesía de una arpillera: Chile recupera obra de Violeta Parra



El Mercurio

Estuvo en un sótano durante décadas, después de exhibirse en el Museo del Louvre. Ahora, “La rebelión de los campesinos” se suma a la colección del Museo Violeta Parra gracias a la gestión inicial de Ruth Valentini.

Daniela Silva Astorga

Abandonó su taller en Ginebra para instalarse en Saint-Prex (o Basuges, como se llamaba antes). Comenzaban los años 60 y en ese pueblo, a orillas del lago Léman, Violeta Parra (1917-1967) tenía donde continuar su periplo por Europa: la residencia de su amigo Charles-Henri Favrod (1927-2017). El periodista, escritor, fotógrafo y activista por la descolonización de Argelia le ofreció una habitación en la parte más alta de su castillo. Ahí trabajó sin cansancio ni distracciones en su obra plástica. Tejió, bordó e hizo cabezas con papel maché. También cantó canciones de cuna para los hijos de la familia hasta que, nueve meses después, decidió partir.

Enero de 2020. Ruth Valentini —viuda de Ángel Parra, hijo de Violeta— se refugia del frío parisino en su casa de Providencia cuando recibe un correo de su amigo Michel Bühler. El músico le cuenta su última conversación con Xavier Veuthey, conocido suyo, y el relato se torna crucial cuando menciona a Charles-Henri Favrod. “Me dice que Veuthey veía la sucesión testamentaria, y que estaba programada una subasta de todos los bienes del castillo de Saint-Prex. Muebles, cuadros, fotos, documentos y una arpillera de Violeta Parra. Escuché esto y rápidamente me puse en contacto con él”, recuerda Valentini, al teléfono desde Francia.

Era una de las arpilleras más relevantes de Parra: “La rebelión de los campesinos”. La expuso en el Museo del Louvre (1964), y conversó sobre ella con la periodista Madeleine Brumagne durante el registro del documental “Violeta Parra, bordadora chilena”, rodado por la Televisión Suiza. Y esa fue una de las últimas apariciones públicas del bordado. Después, su rastro se perdió: estuvo durante 60 años en el sótano del castillo de Saint-Prex.

“No podía irse a venta —afirma Valentini—. Le insistí a Xavier Veuthey que debía sacarla inmediatamente de la subasta. Me parecía evidente que la arpillera debía ser patrimonio del Museo Violeta Parra. Le pedí que los herederos la donaran. Se negaron. Su argumento era que existían coleccionistas suizos dispuestos a comprarla”. Días después, el encargado de la sucesión invitó a hacer una oferta.

Todavía en Santiago, Valentini fue al Museo Violeta Parra y, en medio de los vestigios del incendio, le reveló el hallazgo a Cecilia García-Huidobro, directora de la institución. “Su ánimo se transformó: pasó de la desesperanza a una increíble alegría. Me contó que hace años buscaba esa arpillera y desde entonces se hizo cargo de la gestión”, rememora Valentini.

Tras 150 días de trámites, la obra viajó a Santiago hace un mes. Valentini siguió en la misión hasta que Veuthey entregó la pieza, adquirida por la Fundación Museo Violeta Parra, al embajador de Chile en Suiza, Manuel Francisco Gormaz.

“Ahora esta arpillera les pertenece a todos los chilenos. Era muy importante recuperarla. Sabíamos de ella porque se exhibió en el Louvre, sin conocer su paradero”, comenta Cecilia García-Huidobro. La directora del museo cuenta, además, que este gasto fue posible gracias a los ahorros que han hecho al estar cerrados, debido a los incendios que sufrieron durante el estallido y la pandemia. Y los fondos vienen de la asignación del Ministerio de las Culturas.

“Este hallazgo nos da mucho ánimo para seguir adelante. Significa que estamos vivos”, afirma la presidenta del directorio de la fundación, Carmen Luisa Letelier. “Que aparezcan obras que se creían perdidas en Europa es muy impresionante, porque demuestra el poder de atracción que ejerció Violeta Parra en todas partes. Estamos muy contentos. Siempre los museos deben tratar de aumentar su patrimonio y más en este caso, pues es único y no tan abundante”, añade. Hasta ahora, la Fundación Museo Violeta Parra había comprado un retrato del historiador Leopoldo Castedo, que la artista hizo con pintura. Pero su colección ha crecido además por donaciones. Una de las más relevantes es la de Madeleine Brumagne. Cedió una arpillera, una pintura y un papel maché.

El proyecto es exhibir “La rebelión de los campesinos” apenas sea factible. Mientras el museo no se reconstruya —“estamos en el trámite con los seguros”, recuerda Letelier—, se usará otro espacio cultural. “Este fue un proyecto país. Es una maravilla que la obra esté ya en Chile y que sea patrimonio de todos”, cierra García-Huidobro.

sábado, junio 20, 2020

Isabel Parra: "“No queremos reconstruir el museo”"



El Mercurio

En febrero de este año, el Museo Violeta Parra, ubicado a pasos de la Plaza Baquedano, fue atacado e incendiado en tres ocasiones en medio del estallido social. Isabel Parra, hija mayor de Violeta, habla de su desolación por la violencia, de los años de trabajo recolectando la obra de su madre, de la controversia con los herederos de Nicanor Parra y de su discrepancia sobre cómo estaba siendo manejado el museo en el último tiempo: “Se fue convirtiendo en un museo fome”.
Por Antonia Domeyko

Cuando Isabel Parra se levanta por las mañanas durante estos días de cuarentena, lo primero que ve son los cuadros de su madre que tiene colgados en los muros de su departamento en Providencia.

—Veo un mono de la Violeta Parra ahí, bailando cueca en el living. Voy a la otra pieza y tengo otros monos más chicos, maravillosos. A mí me da mucha energía eso, ¿sabes? Me contenta en los momentos más desolados. Miro un cuadro de mi mamá y siento que ella está. Hay muchos monos que se parecen a nosotros, porque éramos sus modelos; también están los perritos, los quiltros que ella cuidaba en La Reina. Esos son mis tesoros. Es una cosa muy fuerte, muy linda. Es mi compañía.

Isabel Parra vive sola. Pero durante el confinamiento ha tenido cerca a su hija Milena Rojas, que vive en otro departamento en el mismo edificio, y a su mascota, un perro salchicha. También mantiene contacto telefónico con su hija Tita. Pero lo que más la acompaña, a sus 80 años, son las canciones, dice. En estos meses se ha dedicado a escribir y componer, reflexionando sobre la pandemia y el “estallido social truncando”, para el nuevo disco que está grabando junto a Manuel Meriño, que se suma a la veintena de álbumes que ha lanzado durante su extensa carrera.

Sin embargo, añade, lo que acapara la mayoría de sus pensamientos hoy es el Museo Violeta Parra. Este proyecto, que albergaba y exhibía una gran colección de la obra de la artista, que Isabel y su hermano Ángel habían recopilado por décadas, está cerrado desde octubre, luego de que detonara el estallido social. Unos meses después, en febrero de este año, en medio de las manifestaciones, fue incendiado y atacado tres veces consecutivas en un mismo mes. Las reiteradas llamas devoraron la infraestructura casi por completo.

—Lo que más me preocupa ahora es el destino de lo que fue el Museo Violeta Parra, del ex Museo Violeta Parra.

—¿Por qué exmuseo?

—Después de los incendios, en la última reunión de directorio, salí con esa idea. Para mí se acabó el museo. No existe.

El trabajo de juntar y recopilar la obra de Violeta Parra, dice Isabel, ha sido una labor que ella ha realizado continuamente a lo largo de su vida.

—La Viola era muy itinerante, hacía sus trabajos, y se iba de viaje, dejaba cosas aquí, cosas allá, y me tocaba a mí, siempre me tocó, ir detrás de las cosas, ordenarlas y guardarlas. Ella me decía de repente “qué bueno tener una secretaria”. Me parecía una frescura esa cuestión, porque yo no era su secretaria. Yo la ayudaba porque ella era mi mamá, porque yo la quería y porque había que ayudarla, simplemente. La palabra secretaria no me caía muy bien. Pero de cierta manera había que hacerse cargo.

Recuerda especialmente los años en que su madre trabajaba en el proyecto de un centro cultural en una carpa instalada en un terreno baldío cedido por el alcalde de La Reina.

—Le costó tanto a mi pobre madre hacer ese proyecto, que era un proyecto loco, descabellado. Cuando la cosa funcionaba, entre comillas, ella se iba a Bolivia, y dejaba todo ahí. Eran muchos cachos todo eso, porque mi hermano y yo éramos grandes ya, y teníamos una vida, pero así y todo estábamos siempre ahí junto a ella.

Tras la muerte de Violeta Parra, en 1967, Isabel, que entonces tenía 27 años, se quedó con varias de las obras de su madre, que más tarde guardó en su propia casa en Ñuñoa. Unos años después, luego del golpe militar, Isabel y Ángel partieron al exilio y se instalaron finalmente en París.

—Si nosotros teníamos que trasladarnos, nos trasladábamos con ese patrimonio. Pasaron las cosas más increíbles que yo te pueda contar para sacar en plena dictadura, hacia un destino de exiliados, parte importante de la obra visual de la Violeta Parra —relata.

Desde París, al igual que su madre, visitaba diferentes países cantando sus canciones, y en el camino buscaba obras que Violeta Parra había dejado en sus viajes por Europa. Recuerda que en una presentación en Ginebra, al llegar al camarín, se encontró con un mensaje en un papelito que decía en francés: “Yo tengo cuadros de Violeta Parra”.

—La Violeta había dejado también montones de pinturas en el taller de Ginebra, pensando que volvería a buscarlas. Y aparece este suizo milagrosamente para decir: “Tengo los cuadros de la Violeta”. Después, este señor nos los entregó. Tenía prácticamente todos los óleos que se han exhibido. Todo fue así, son años de trabajo, de espera, de energía, de andar preguntando, tocando puertas a personas que uno no conoce, que te dieron un dato.

De a poco, su departamento en París se comenzó a llenar de obras de su madre.

—Yo iba a la cocina a pelar papas y tropezaba con un cuadro de mi mamá. No era uno, eran cinco, 10 cuadros, además de los que tenía colgados (…). Tenía mi casa invadida de obras de la Viola. En el edificio había una bodeguita comunitaria con los otros propietarios, y yo la tenía llena de Violeta Parra con arpilleras, papel maché, cartas, manuscritos, etc. Estaba exiliada sin saber qué iba a pasar con todo esto.

En 1987, Isabel Parra regresó a Chile. Una de las razones, entre muchas otras, dice, era volver a hacer algo con el legado de su madre. Cuatro años después, en 1991, creó junto a su hermano Ángel la Fundación Violeta Parra.

—Creamos la fundación para proteger la obra. Nosotros lo vimos como una gran manera de protección, porque cualquiera cae en la tentación de querer vender.

—¿No han vendido alguna?

—Las hemos cuidado como si fueran hijos de nosotros. Jamás hemos vendido, creo que ni un monito ni un dibujo.

Tras la creación de la Fundación, en la mente de Isabel estaba el objetivo final de crear un museo.

—Me demoré cerca de 20 años en convencer a los gobiernos democráticos de lo importante que era tener un Museo Violeta Parra. De andar enseñándole a los chilenos quién era Violeta. Fue arduo. El nombre de la Violeta es muy querido y muy amado en todas partes del mundo. Chile es el país número uno para desconocer y estar ciego de las cosas que ocurren a los grandes artistas chilenos. Y a mí me tocó la pega chica, de andar cargoseando con la Violeta Parra.

En octubre de 2015 se inauguró el museo, construido con fondos del Estado y hoy financiado por el Ministerio de Cultura. Isabel y Ángel Parra donaron las obras al Estado chileno para la colección. Ella, como parte de la Fundación Violeta Parra, es la vicepresidenta del directorio del museo.

Aún Isabel sigue recibiendo contactos de personas que tienen cuadros y obras de su madre, y, dice, el museo ha comprado también algunas piezas que han ido apareciendo. Pero, asegura, hay parte del trabajo de Violeta Parra que está en la casa de su tío, el poeta Nicanor Parra, fallecido en enero de 2018.

—En su casa de La Reina se acumularon montones de arpilleras, de cuadros, que están ahí hasta el día de hoy. Quienes tienen la palabra son los hijos del tío. Ya todos están grandotes, no son los cabros chicos, tendrían que pronunciarse, y devolver lo que no les pertenece. Frente a la gran herencia que tienen, que se ha publicitado en todos los medios, estamos todos con la boca abierta de la mansa fortuna que hay ahí. Entonces, con mayor razón que devuelvan esos cuadros. Si bien tienen un valor económico, supongo, muy elevado, deberían volver a sus dueños. Y espero que ocurra.

Hace poco más de un mes se hizo público en varios medios un informe elaborado por el abogado interventor de la herencia de Nicanor Parra que indicaba que el patrimonio corresponde a $3.400 millones, además de cinco inmuebles, y que hoy está en medio de una disputa legal entre los hijos herederos.

—Usted presentó una carta formal pidiendo los cuadros, habló también de tomar posibles acciones legales.

—Acciones legales he tomado tantas veces en mi vida, que no me voy a meter en esa cuestión a esta altura. Yo apelo a la cordura, a la generosidad, a la comprensión y, en definitiva, apelo a no quedarse con lo ajeno. Así de simple. Yo tengo confianza en que en la medida en que se desenrolle el enredo que tienen los hermanos, que este patrimonio de cuadros de la Violeta Parra no pase a ser parte de la fortuna, bastante grandota, que se van a repartir.

—Se decía que Nicanor Parra le había comprado esos cuadros a Violeta.

—Es que hay todo tipo de cuentos. Hubo una historia de que “pobre Violeta que no tenía plata”. Esa es una falsedad total y absoluta. Los hermanos, el Nicanor con la Viola, siempre tenían historias de plata. La Viola, siendo una mujer pobre, le prestaba plata al hermano. Hasta yo me acuerdo en un momento que el tío Roberto llegó a mi casa y me dice que a Nicanor le estaban ofreciendo una casa muy barata en Isla Negra, pero que necesitaba unos dineros. Yo tenía mis ahorros y le presté, y el tío vino después y me pagó. Se prestaban plata los hermanos. Ellos tenían sus transacciones económicas privadas.

—¿Ha mantenido contacto con sus primos, los hijos de Nicanor Parra?

—Fui en una época muy amiga de la Catalina, era mi prima más querida. Ahora está en Nueva York, pero no escribe, no sé lo que pasa. Después de todos estos enredos mediáticos que han ocurrido con la familia Parra de ese lado, me imagino que es por eso. No tengo idea. Pero yo he conversado con la Colombina sobre este tema. Yo tengo su número y le he mandado recado, pero no me pesca, hasta el día de hoy.

Al lado del río/ donde se encontraba el corazón vivo de Violeta Parra/ queda el humo negro/ quemada la historia/ y el corazón vivo de Violeta Parra.

Es la estrofa final de una de las canciones que Isabel ha estado escribiendo en el último tiempo. Es de febrero de este año, cuando ocurrió el incendio del museo. Dice que cuando comenzó el estallido social tuvo sentimientos encontrados.

—Lo que me pareció muy dramático fueron los actos violentos. Todo lo que signifique destruir, quemar, romper, a mí me parece de una violencia que no soy capaz de justificar. No me gusta esa forma, para nada. Yo estoy desolada de constatar lo que ha ocurrido, pero al mismo tiempo estaba contenta con el estallido, por supuesto. Cuándo la gente iba a mostrar esta desigualdad chilena, esta injusticia, esta sociedad que vive a expensas de la explotación de otros, un país que desprecia las minorías, un país donde los hombres matan a sus mujeres, y la lista es muy larga. La gente aquí no tiene qué comer. Entonces, por supuesto que encuentro razonable que haya una explosión de reclamo. Cómo no.

Con el comienzo de las manifestaciones en Plaza Baquedano, en Vicuña Mackenna, a una cuadra de la plaza, el Museo Violeta Parra tomó la decisión de cerrar sus puertas. Y hasta hoy, ocho meses después, no ha vuelto a abrir.

—Se clausuró. Yo no estaba de acuerdo. El Museo Violeta Parra no tuvo ningún compromiso social durante esta revolución. No se proyectó el espíritu social de la Violeta, jamás.

—¿Cómo hubiese querido que fuera?

—Bueno, yo nunca pretendí ser la directora del Museo Violeta Parra, no tengo nada que ver con eso. No soy funcionaria pública y no ando buscando esa pega. Soy una mujer artista, que hace música (…). Como a mí no me tocó, las cosas que nosotros inventamos nunca se pudieron concretar, ideas que planteábamos. Yo creo que hay personas que podrían hacerlo mejor, que podrían tener otra visión. Por ejemplo, el centro cultural del GAM se la jugó a muerte con el estallido social y organizó miles de cosas. Claro, ellos tienen una gran infraestructura, pero el Museo Violeta Parra se cerró.

La noche del viernes 7 de febrero, Isabel Parra se enteró por la televisión de que el museo se quemaba en medio de una protesta. La infraestructura, que este 2020 cumplía cinco años desde su inauguración, se caía a pedazos. Las obras, por suerte dice Isabel, las habían retirado al inicio del estallido para resguardarlas.

—Cuando lo vi en la televisión, partimos con la Milena (su hija) de inmediato para allá. No hay nada peor que un incendio; esas llamaradas incendiarias, es como una guerra, como sentirse estropeada, humillada. Quemar un lugar de encuentro, un lugar creativo, que costó tanto hacerlo.

—Antes de que esto ocurriera, ¿usted pensó que podría llegar a pasar algo así al museo que representa a Violeta Parra?

—Viendo el desastre en el transcurso de los días, era como para pensar que se podía empezar a romper; rompieron vidrios, pero siempre con una esperanza estúpida de que no iban a tocar el Museo de Violeta Parra. La ingenuidad perfecta. Eso era lo que yo sentía.

Hoy hay una investigación en curso, pero Isabel dice que aún no ha tenido información de quiénes habrían originando el incendio. Al día siguiente del ataque, Carabineros hizo una declaración en la que indicaba que algunos testigos habían visto un grupo de encapuchados iniciar el fuego.

—Al lado del museo había un sitio baldío, que era como de guerra, ahí pasaban las fuerzas del orden, los encapuchados y los locos que quemaron el museo; qué Dios sabrá quiénes son. No ha llegado ningún resultado de la investigación.

El 28 de febrero hubo un segundo incendio en el museo. Y al otro día, la infraestructura volvió a arder por tercera vez.

—Yo estoy confiada en que esta revolución, que quedó trunca, continúe. Tiene que continuar, pero de otra manera. Yo me opongo a los actos violentos.

Como todos los centros culturales, abrir las puertas al público no es una posibilidad hoy debido a la pandemia. Y en el caso del Museo Violeta Parra, esa opción, con la infraestructura destruida, es aún más lejana.

—Nosotros, como Fundación Violeta Parra, no queremos reconstruir el museo, considerando en el estado catastrófico en que se encuentra la economía chilena. Construir ese museo fue carísimo, mantenerlo es carísimo. Es bueno que la gente sepa que los Parra no han recibido nunca un peso por entregar esa obra y que los dineros que entrega el Consejo de la Cultura es para mantener a los funcionarios y para hacer las actividades que tiene que hacer un museo.

—¿Cuál sería, entonces, para usted el futuro del museo?

—No vamos a reconstruir ese museo por miles de razones. Ese museo fue destruido. La intención que nosotros tenemos como fundación es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero de otra manera. De una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente, en una casa, que no tenga que tener 25 personas que hagan aseo. La sencillez de la Violeta es la que tenemos que poner frente a un nuevo proyecto. La gente tiene que saber cómo era la Violeta Parra. ¡Por Dios! Si la Violeta se fue a vivir a una carpucha de tierra. Yo no te digo que vamos a hacer la carpa, porque yo odio la carpa, pero tenemos que hacer un proyecto cariñoso, amable con las personas, entretenido, creativo.

—Cuando fue el incendio, usted dio declaraciones en las que mencionaba que no coincidía en cómo se estaba manejando el museo. ¿Sigue pensando eso?

—Reafirmo lo que digo. Yo creo que hay personas que no están preparadas para dirigir un Museo Violeta Parra. Creo que mi hermano y yo nos equivocamos profundamente en confiar en esta persona, en creer en ella. No creo que sea fácil dirigir un museo, pero este es un museo bien dirigido en lo administrativo y en lo técnico, y eso a mí me importa un rábano. Está lleno de gente que puede hacer eso, pero hay muy poca gente creativa que inventa cosas, que se deleita creando. Eso no lo tenemos y no lo tuvo nunca el museo.

—¿A qué se refiere?

—Mientras el museo existió, creo que ocurrieron cosas buenas, como que se bailaba cueca el primer sábado de cada mes, era una cuestión maravillosa (…). Pero fue muy difícil, porque hacer un museo Violeta Parra vivo es muy complicado. El museo se fue convirtiendo en un museo fome, sin divisar a la Violeta en sus múltiples facetas. Nunca hubo una programación profunda. Nunca hubo estudios sobre la Violeta Parra, nunca salió a las regiones, nunca tuvo proyección con museos del mundo. Se quedó ahí en la calle Vicuña Mackenna con unos talleres. Mejor ni hablo de eso, porque me deprimo.

—…

—Hacer talleres de cómo se hace el terremoto, qué se toma para el 18, es para morirse. Te pongo ese ejemplo que es dramático. La Violeta, además, era contra el alcohol, y hacer talleres así en un país de alcohólicos como el nuestro… Ese tipo de cosas puede ser un detalle risible, pero en el fondo es una mierda... o talleres de sopaipillas. Yo adoro las sopaipillas, pero haber luchado todo lo que te conté para terminar haciendo sopaipillas. Por favor, tenemos que cortarla.

—La directora del museo, Cecilia García-Huidobro, dijo que las decisiones se han tomado en el directorio, al cual usted no había asistido en el último tiempo.

—Lo que pasa es que esas reuniones de directorio son un chiste, porque ahí llega el pastel cocinado, y la Fundación Violeta Parra no tiene mayoría en el directorio. Los pasteles vienen cocinados a las reuniones y no creo que solamente en este directorio, yo creo que todos los directorios funcionan así.

Hoy, el museo funciona en formato digital, ofreciendo actividades en línea. Pero Isabel piensa en otra cosa y mira hacia atrás:

—Después de todo ese esfuerzo, de todo lo que pasó, de tanto patalear y pelear, viene el estallido social con las consecuencias que conocemos. Entonces, en realidad, si uno se pone a sacar la cuenta de lo que ha sido esta historia, quedamos en punto cero.


Isabel Parra dice que la intención es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero “de una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente”. En la foto, ella junto a su madre. ZIG ZAG

jueves, marzo 07, 2019

El Museo Violeta Parra celebra el Mes de la Mujer

Gonzalo Cepeda Vergara
Cultura
El Mercurio

Hasta el domingo 31 de marzo, el espacio cultural que reúne la vida y obra de la artista chilena, ofrece un completo programa gratuito.



La exhibición de la arpillera "Fresia y Caupolicán" (1965), de Violeta Parra, además de conciertos, seminarios, homenajes, documentales, danza y trabajo colectivo son algunas de las actividades que durante este mes tiene preparado el museo que recuerda a la multifacética artista chilena, en el marco del Mes de la Mujer.

La arpillera es central porque no se había visto anteriormente. "Muestra la escena de Fresia, cuando Caupolicán es apresado y le arroja el niño a los pies. Es grande, es bien impactante. Esta obra es parte de la donación de Isabel y Ángel Parra al Estado de Chile, que dio pie al Museo Violeta Parra", señala su directora, Cecilia García-Huidobro. "Estaba en el depósito del museo, ya que poseemos un espacio limitado y no era posible exhibirla", explica.

Mañana, jornada en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, el Museo Violeta Parra presentará "Homenaje a la Mujer Campesina", un recital conversatorio a cargo de la premio nacional de Folclor, investigadora y directora del Archivo de Cultura Tradicional de Concepción, Patricia Chavarría, junto a las cantoras Gloria Toro y Trigal Gallegos.

"Hemos preparado un programa muy diverso, que muestra la riqueza cultural y la riqueza femenina que hay en Chile. Por eso tenemos este homenaje que va a preparar Patricia Chavarría, maestra del folclor. Violeta Parra es una de las pocas mujeres que tienen un museo en el mundo, así que para nosotros es importante conmemorar este mes", manifiesta García-Huidobro.

Escenario para todas

El sábado la explanada del museo invita al "Sarao en Casa de Violeta", en el que habrá un micrófono abierto para que mujeres artistas de distintas disciplinas muestren su trabajo. En otra actividad, el público podrá participar en la creación de una gran arpillera colectiva, que reflejará los derechos de las mujeres; y para finalizar la jornada, habrá una coreografía colectiva.

El miércoles 27, en una nueva sesión del Ciclo Pupila de Águila, donde diversos fotógrafos reflexionan sobre la identidad chilena, Ximena Riffo presentará su obra gráfica. Y el domingo 31, este mes especial terminará con una función del Ciclo de Teatro de Títeres dirigida, actuada y escrita por Andrea Gaete.

En otro aspecto de la temática femenina, el museo será, por primera vez, una de las sedes del Festival de Cine Mujeres Femcine, lo que se suma a la variada cartelera de cine documental que el museo ofrece durante el año.

"Lo que queremos es compartir el patrimonio, el legado de Violeta Parra que nos ha sido encomendado, destacar que no solamente son sus obras, sino que también es el contacto con la gente. Queremos inspirar, estimular y también encontrar nuevos caminos para repensar o reinterpretar la obra de Violeta", concluye Cecilia García-Huidobro.

Todas las actividades son gratuitas y la programación está en Museovioletaparra.cl.

jueves, octubre 04, 2018

Los 101 años de Violeta Parra: su museo estrena hoy tres obras inéditas

El Mercurio

Se trata de una arpillera, un papel maché y un óleo. Son creaciones donadas por el suizo Freddy Bauche, el esposo de Marie-Magdeleine Brumagne, quien fue amiga de la autora de "Gracias a la vida" y en 1965 hizo un documental sobre ella. 

Daniela Silva Astorga
Mientras avanzaron sus tiempos de residencia con Gilbert Favre en Ginebra -entre 1962 y 1965-, Violeta Parra (1917-1967) ofreció conciertos en teatros o estudios de televisión, grabó sus composiciones revolucionarias y campesinas, publicó su libro "Poésie populaire des Andes" y confeccionó, sin cansancio, las arpilleras, óleos y esculturas de alambre, que en 1964 expuso en el pabellón Marsan del Museo del Louvre, en París. Pero en esos tiempos, la artista también construyó valiosas amistades, como la que tuvo con Marie-Magdeleine Brumagne, la periodista y crítica de arte que, en 1965, la entrevistó para su -hoy histórico- documental "Bordadora chilena", de la televisión suiza.

"La relación de ambas fue muy importante. Violeta tenía hartos amigos, pero también enemigos. Y Brumagne era su gran amiga: ella la conoció a cabalidad, la quiso y admiró mucho, y también la ayudó, porque en Ginebra las cosas no eran fáciles. Había que darse a conocer como creadora, tener un taller, mantenerse...", cuenta Milena Rojas, nieta de la autora de "Gracias a la vida", y jefa de colección y patrimonio del Museo Violeta Parra. Y debido a ese vínculo, la periodista recibió, de parte de Parra, una arpillera, un papel maché y una pintura al óleo. Tres obras que por más de cinco décadas permanecieron en el departamento que Brumagne tuvo con su marido, Freddy Bauche, en Lausana, hasta que él las cedió al Museo Violeta Parra.

La donación se concretó en 2017 gracias a la gestión del chileno-suizo Francisco González, fundador del colectivo Artísticamente, y las obras arribaron a Santiago en marzo de este año. Pero recién ahora el público del museo las podrá apreciar: hoy se inaugura, con las tres piezas, la exposición "El día de tu cumpleaños". Y será una celebración triple, por los 101 años de la multifacética artista, los tres años del museo y el Día de la Música Chilena. Por eso, la institución programó para hoy, a partir de las 13:00 horas, cueca con Las Mononas y los Trukeros, un taller de bordado y sillas musicales para jugar (los horarios en Museovioletaparra.cl).

"Esta importante donación refuerza nuestro sentido", afirma Cecilia García-Huidobro, directora del Museo Violeta Parra. Y luego profundiza: "Al resguardar el legado de la vida y obra de Violeta, nosotros no estamos estáticos. Queremos que la colección que conservamos crezca, y por eso permanentemente buscamos por el mundo y Chile más obras suyas. Apenas nos enteramos de algo, pesquisamos. Sabemos que no podremos tenerlo todo, pero sí queremos, al menos, componer un registro acabado de su trabajo, de lo que hizo, porque aún falta mucho conocimiento. Lo bueno es que la existencia de una institución como esta, que perdurará en el tiempo, anima a donar".

Otro aspecto destacable del obsequio de Freddy Bauche es que dos de las tres obras fueron expuestas en el Louvre, y que las tres -una ronda de niños en papel maché, una pintura de una escena festiva y la arpillera "La Brujita"- estaban en perfectas condiciones de conservación e incluso contaban todavía con sus marcos originales. "Solo fue necesario realizar una limpieza básica y preventiva, a cargo de la conservadora Ana Elisa Anselmo", cuenta García-Huidobro. Y Milena Rojas adelanta una novedad: "Esta nueva arpillera será montada en una especie de tótem. Lo que permitirá verla por el anverso y el reverso; algo que es muy especial, porque, en general, en las obras textiles de Violeta el reverso está tapado por una tela. Entonces, acá se podrá apreciar todo el precioso trabajo que realizó la artista".

 Otras valiosas donaciones
El Museo Violeta Parra, que en estos tres años de historia han visitado más de 246 mil personas, ha recibido -además del regalo de Bauche- otras seis obras en donación. Se trata de un cartón pintado y dos óleos sobre tela ("Justice du monde" y un Cristo crucificado), que próximamente también serán exhibidos al público. Hoy están en proceso de restauración.

jueves, marzo 22, 2018

Cancelan proyecto original del Centro Cultural Mercedes Sosa

El Centro Cultural Mercedes Sosa (a la izquierda), del arquitecto Cristián Undurraga, cambiará el enfoque que había sido diseñado en su origen.


El Mercurio

El sitio aledaño al Museo Violeta Parra y a la embajada de Argentina en Santiago, pasará a la gestión de la U. de Chile para un nuevo inmueble con fines educacionales y artísticos. 

Por IÑIGO DÍAZ

Iba a ser un espacio de encuentro entre países, en el ámbito de la cultura. A pasos de Plaza Italia, donde alguna vez estuvo la carpa de la compañía Gran Circo Teatro, dos edificios se unirían en un mismo lugar: Vicuña Mackenna 51 y 39.

En la primera dirección, opera desde 2015 el Museo Violeta Parra, tal como estaba dispuesto en el plan de dotación de infraestructura cultural para Santiago. En la segunda iba a construirse el Centro Cultural Mercedes Sosa, en memoria de la folclorista tucumana. Sin embargo, esta semana la Embajada de Argentina confirmó un cambio en el proyecto original.

El embajador José Octavio Bordón informó a "El Mercurio" que el proyecto salió de la agenda próxima, debido a razones presupuestarias originadas en el gobierno central de Buenos Aires. Se trataba, de todas formas, de un proyecto que ya había generado polémica en el país trasandino, motivada por el alto costo del proyecto: cerca de 10 millones de dólares, para un edificio de 4.500 m {+2} , en ese terreno cedido en 2010, según publicó entonces el diario La Nación.

El diseño del edificio había sido entregado hace cinco años por el arquitecto Cristián Undurraga, autor del Centro Cultural Palacio La Moneda y del propio Museo Violeta Parra. Hace justo una semana, Undurraga recibió la llamada del embajador Bordón, que le daba a conocer la cancelación de su proyecto arquitectónico. "(Bordón) adujo razones de orden presupuestario y de costo de la futura gestión. En todo caso, dejamos establecidas ciertas directrices que permitirán construir la calle entre ambos edificios", señaló Undurraga.

La Embajada de Argentina informó, además, que dicho terreno, aledaño a esta, será cedido a la U. de Chile para la construcción de un nuevo edificio que se unirá a un polo cultural de Plaza Italia, conectado al Teatro Baquedano y al futuro Teatro Sinfónico de Vicuña Mackenna 20.

"Este proyecto ha sumado un nuevo actor, que mantendrá el espíritu del anterior", dijo el embajador Bordón. El personero agregó que el nuevo espacio "se destinará a potenciar el desarrollo de actividades culturales y educativas, además de la promoción de la cultura argentina y de la figura de Mercedes Sosa".

Por su parte, el prorrector de la U. de Chile, Rafael Epstein, señaló que "no me parece que se trate de una cancelación, sino de una ampliación mayor del proyecto original. Tenemos tres meses para presentar un plan, que está liderado por la Facultad de Artes". Su enfoque está siendo diseñado: "El edificio tendrá un fin educacional y también contará con espacios para muestras de arte latinoamericano y un auditorio. La presencia de Mercedes Sosa está garantizada. No tiene un nombre aún, aunque perfectamente podría ser el de Mercedes Sosa", dijo.

Al enterarse extraoficialmente de la determinación, la directiva del Museo Violeta Parra se mostró sorprendida. "Durante un año, el museo trabajó en la propuesta de un Parque Mercedes Sosa, en conjunto con la Embajada de Argentina, entregando un espacio público inmejorable a la comunidad", indicó en un comunicado la directora del museo, Cecilia García-Huidobro. "Como lo anterior implica externalidades para el museo, me reuní con autoridades de la U. de Chile, que quedó de responderlas. No se ha recibido aún una propuesta ni documento formal que permita evaluar la situación", agregó.