Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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viernes, julio 26, 2019
lunes, julio 01, 2019
viernes, mayo 10, 2019
martes, abril 02, 2019
Combinar música y analgésicos contra el dolor suena bien
C. González
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio
En la búsqueda de estrategias terapéuticas, se ha visto que algunas melodías pueden ayudar a regular compuestos o sistemas asociados a procesos inflamatorios.
Recetar una sonata de Mozart con ibuprofeno para calmar ese dolor de espalda que impide dormir puede no sonar tan descabellado. Frente a la crisis de opioides, la medicina está buscando formas de mejorar la efectividad de los analgésicos menos adictivos, sin producir efectos secundarios. Y en esa tarea, la música parece no desentonar.
Investigadores de la U. de Utah, en EE.UU., acaban de publicar un estudio en el que analizaron cuán útil puede ser combinar algunos medicamentos con música clásica para combatir el dolor en ratones. Y los resultados muestran que, por ejemplo, la dupla Mozart-ibuprofeno mejoró el efecto analgésico y antiinflamatorio en más de un 90%.
Asimismo, la combinación Mozart-cannabidiol redujo de manera significativa la inflamación en un 70%, según el trabajo publicado en la revista Frontiers in Neurology.
"Sabemos que estos medicamentos funcionan sin música, pero pueden producir toxicidad y efectos adversos", explica el doctor Grzegorz Bulaj, autor principal del estudio. "El santo grial sería combinar el fármaco correcto con este nuevo paradigma musical, para no tener que necesitar tanta droga para lograr un efecto analgésico", agrega.
El hallazgo agrega nueva evidencia a una combinación terapéutica que ya venía siendo estudiada hace algunos años: el uso de la música para favorecer la salud o potenciar los efectos beneficiosos, o disminuir los indeseados de algunos fármacos.
Estudios anteriores, por ejemplo, han explorado el efecto terapéutico de la música -en particular las composiciones de Mozart, como sonatas y sinfonías-, para pacientes con epilepsia, o en pacientes con dolor crónico.
¿Por qué Mozart? La repetición rítmica de sus composiciones ha demostrado previamente que tiene un efecto calmante en el sistema nervioso. Para Bulaj, "el objetivo a largo plazo es delinear cómo se pueden traducir las estructuras musicales específicas en patrones eléctricos en el cerebro y en el sistema nervioso periférico", que influyen en reducciones del dolor.
Terapia complementaria
Trabajos previos también ofrecen una explicación al efecto de la música: ciertos tipos de melodías producen una disminución de las hormonas del estrés, como el cortisol, que están relacionadas con la inflamación. También se ha visto que la música mejora la regulación de las proteínas proinflamatorias, llamadas citoquinas, y ayuda al desarrollo de nuevas neuronas en el cerebro.
"Junto con aspectos neurobiológicos, habría efectos de corte cognitivo, capaces de regular los niveles de atención o el estado anímico o emocional de la persona", comenta Ricardo Ramírez, doctor en neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello de Viña del Mar.
"Aunque se trata de terapias no farmacológicas que vienen estudiándose hace mucho tiempo, recién en este siglo se han comenzado a probar a nivel clínico", agrega Ramírez, para quien la posibilidad de efectos adversos son muy bajos. "En farmacología un factor vital es lograr el efecto con la menor concentración posible".
En su trabajo, Bulaj puso a prueba esta estrategia terapéutica en dos modelos de dolor: el inflamatorio y el quirúrgico. Separó grupos de cinco a ocho ratones y, mientras a unos los expuso al ruido ambiental, otros escuchaban piezas de Mozart de tres horas, durante 21 días. Este experimento lo repitió cuatro veces, con igual número de analgésicos: ibuprofeno, cannabidiol, levetiracetam y un análogo de galanina. Todos los ratones recibieron dosis subóptimas de cada medicamento para evaluar el efecto analgésico de la música en cada modelo de dolor.
Así observaron que en todos los casos la música mejoró el efecto de la droga, pero fue el ibuprofeno el que mejores respuestas dio ante el dolor. "Si pudiéramos empaquetar música y otras terapias no farmacológicas en aplicaciones móviles y entregarlas con medicamentos y que funcione, será mejor que solo los medicamentos", puntualiza Bulaj.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio
En la búsqueda de estrategias terapéuticas, se ha visto que algunas melodías pueden ayudar a regular compuestos o sistemas asociados a procesos inflamatorios.
Recetar una sonata de Mozart con ibuprofeno para calmar ese dolor de espalda que impide dormir puede no sonar tan descabellado. Frente a la crisis de opioides, la medicina está buscando formas de mejorar la efectividad de los analgésicos menos adictivos, sin producir efectos secundarios. Y en esa tarea, la música parece no desentonar.
Investigadores de la U. de Utah, en EE.UU., acaban de publicar un estudio en el que analizaron cuán útil puede ser combinar algunos medicamentos con música clásica para combatir el dolor en ratones. Y los resultados muestran que, por ejemplo, la dupla Mozart-ibuprofeno mejoró el efecto analgésico y antiinflamatorio en más de un 90%.
Asimismo, la combinación Mozart-cannabidiol redujo de manera significativa la inflamación en un 70%, según el trabajo publicado en la revista Frontiers in Neurology.
"Sabemos que estos medicamentos funcionan sin música, pero pueden producir toxicidad y efectos adversos", explica el doctor Grzegorz Bulaj, autor principal del estudio. "El santo grial sería combinar el fármaco correcto con este nuevo paradigma musical, para no tener que necesitar tanta droga para lograr un efecto analgésico", agrega.
El hallazgo agrega nueva evidencia a una combinación terapéutica que ya venía siendo estudiada hace algunos años: el uso de la música para favorecer la salud o potenciar los efectos beneficiosos, o disminuir los indeseados de algunos fármacos.
Estudios anteriores, por ejemplo, han explorado el efecto terapéutico de la música -en particular las composiciones de Mozart, como sonatas y sinfonías-, para pacientes con epilepsia, o en pacientes con dolor crónico.
¿Por qué Mozart? La repetición rítmica de sus composiciones ha demostrado previamente que tiene un efecto calmante en el sistema nervioso. Para Bulaj, "el objetivo a largo plazo es delinear cómo se pueden traducir las estructuras musicales específicas en patrones eléctricos en el cerebro y en el sistema nervioso periférico", que influyen en reducciones del dolor.
Terapia complementaria
Trabajos previos también ofrecen una explicación al efecto de la música: ciertos tipos de melodías producen una disminución de las hormonas del estrés, como el cortisol, que están relacionadas con la inflamación. También se ha visto que la música mejora la regulación de las proteínas proinflamatorias, llamadas citoquinas, y ayuda al desarrollo de nuevas neuronas en el cerebro.
"Junto con aspectos neurobiológicos, habría efectos de corte cognitivo, capaces de regular los niveles de atención o el estado anímico o emocional de la persona", comenta Ricardo Ramírez, doctor en neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello de Viña del Mar.
"Aunque se trata de terapias no farmacológicas que vienen estudiándose hace mucho tiempo, recién en este siglo se han comenzado a probar a nivel clínico", agrega Ramírez, para quien la posibilidad de efectos adversos son muy bajos. "En farmacología un factor vital es lograr el efecto con la menor concentración posible".
En su trabajo, Bulaj puso a prueba esta estrategia terapéutica en dos modelos de dolor: el inflamatorio y el quirúrgico. Separó grupos de cinco a ocho ratones y, mientras a unos los expuso al ruido ambiental, otros escuchaban piezas de Mozart de tres horas, durante 21 días. Este experimento lo repitió cuatro veces, con igual número de analgésicos: ibuprofeno, cannabidiol, levetiracetam y un análogo de galanina. Todos los ratones recibieron dosis subóptimas de cada medicamento para evaluar el efecto analgésico de la música en cada modelo de dolor.
Así observaron que en todos los casos la música mejoró el efecto de la droga, pero fue el ibuprofeno el que mejores respuestas dio ante el dolor. "Si pudiéramos empaquetar música y otras terapias no farmacológicas en aplicaciones móviles y entregarlas con medicamentos y que funcione, será mejor que solo los medicamentos", puntualiza Bulaj.
domingo, enero 27, 2019
Las letras de las canciones se han vuelto más tristes y agresivas
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio
La cantidad de palabras que expresan melancolía, ira y miedo aumentaron de manera significativa; no así los conceptos asociados a alegría y felicidad.
La música popular ha cambiado a lo largo de los años, y no solo en los ritmos, sino también en su contenido. Un estudio realizado por la U. Tecnológica Lawrence en Michigan (EE.UU.) muestra que, en las últimas siete décadas, las expresiones de rabia y tristeza han aumentado gradualmente con el tiempo, mientras que las letras más alegres han declinado.
Los investigadores analizaron las letras de más de 6.000 canciones del Billboard Hot 100, entre los años 1950 y 2016. Este ranking agrupa las canciones más populares de cada año.
Para ello utilizaron un programa que realiza un análisis automático de sentimientos asociados a cada palabra o frase de la canción, a partir de un conjunto de tonos. La combinación de los tonos expresados por todas las palabras y frases de la letra determina el sentimiento de esa canción.
Así observaron que las canciones lanzadas a mediados de la década de 1950 fueron las menos airadas y agresivas, características que alcanzaron un máximo en los temas de 2015.
No obstante, a inicios de los 80, las letras mostraban menos enojo que en otros períodos, excepto en los cincuenta. Ya a partir de los años 90, las canciones comienzan a mostrar más rabia.
Por su parte, las letras de las canciones expresaron más miedo a mediados de la década de 1980, y este disminuyó drásticamente en 1988. Otro aumento agudo en el miedo se observó en 1998 y 1999, con una fuerte disminución en 2000.
El estudio también mostró que la alegría era un tono dominante en la música popular a fines de los años 50, pero disminuyó con el tiempo. Sí hubo una excepción a mediados de la década de 1970, cuando la alegría expresada en las letras aumentó considerablemente.
"El cambio en los sentimientos de las letras no refleja necesariamente lo que los músicos y los compositores querían expresar, sino que está más relacionado con lo que los consumidores de música querían escuchar cada año", comentan los autores.
El Mercurio
La cantidad de palabras que expresan melancolía, ira y miedo aumentaron de manera significativa; no así los conceptos asociados a alegría y felicidad.
La música popular ha cambiado a lo largo de los años, y no solo en los ritmos, sino también en su contenido. Un estudio realizado por la U. Tecnológica Lawrence en Michigan (EE.UU.) muestra que, en las últimas siete décadas, las expresiones de rabia y tristeza han aumentado gradualmente con el tiempo, mientras que las letras más alegres han declinado.
Los investigadores analizaron las letras de más de 6.000 canciones del Billboard Hot 100, entre los años 1950 y 2016. Este ranking agrupa las canciones más populares de cada año.
Para ello utilizaron un programa que realiza un análisis automático de sentimientos asociados a cada palabra o frase de la canción, a partir de un conjunto de tonos. La combinación de los tonos expresados por todas las palabras y frases de la letra determina el sentimiento de esa canción.
Así observaron que las canciones lanzadas a mediados de la década de 1950 fueron las menos airadas y agresivas, características que alcanzaron un máximo en los temas de 2015.
No obstante, a inicios de los 80, las letras mostraban menos enojo que en otros períodos, excepto en los cincuenta. Ya a partir de los años 90, las canciones comienzan a mostrar más rabia.
Por su parte, las letras de las canciones expresaron más miedo a mediados de la década de 1980, y este disminuyó drásticamente en 1988. Otro aumento agudo en el miedo se observó en 1998 y 1999, con una fuerte disminución en 2000.
El estudio también mostró que la alegría era un tono dominante en la música popular a fines de los años 50, pero disminuyó con el tiempo. Sí hubo una excepción a mediados de la década de 1970, cuando la alegría expresada en las letras aumentó considerablemente.
"El cambio en los sentimientos de las letras no refleja necesariamente lo que los músicos y los compositores querían expresar, sino que está más relacionado con lo que los consumidores de música querían escuchar cada año", comentan los autores.
domingo, diciembre 23, 2018
Byung-Chul Han - El mundo como pasión y diversión: La omnipresencia del entretenimiento
El Mercurio
Con referencias que van de Bach al haiku, en "Buen entretenimiento" el filósofo surcoreano reflexiona sobre el arte como pasión y búsqueda de la verdad y el arte como diversión y goce: dos extremos que se tocan y que en nuestro mundo dan paso a la ubicuidad del entretenimiento: "Surge así una cultura de las inclinaciones ", que rompe la distinción entre trabajo y ocio. El nuevo libro llega en enero a librerías.
Juan Rodríguez M.
La educación, entretenida. Las noticias, entretenidas. La cultura, entretenida. La política, entretenida. Incluso el trabajo, entretenido. Parece que ser es ser entretenido, o eso cree el filósofo surcoreano de lengua alemana Byung-Chul Han (Seúl, 1959). Famoso y exitoso por sus (entretenidos) libros sobre la sociedad contemporánea, su ensayo más reciente -"Buen entretenimiento" (Herder)- lo dedica a lo que llama un nuevo paradigma: "Lo peculiar del actual fenómeno del entretenimiento consiste más bien en que rebasa con mucho el fenómeno del ocio", escribe.
Han refuta la tradicional idea de que el entretenimiento aparezca recién con la modernidad y el fin de la nobleza, en el siglo XVIII, pues solo entonces habría surgido la diferencia entre trabajo y ocio. "Más convincente, o por lo menos libre de contradicción, sería la tesis de que desde siempre hubo entretenimientos (...) No tiene mucho sentido afirmar que los griegos o los romanos desconocían los entretenimientos porque en aquella época no se hacía la distinción entre trabajo y ocio". Entonces, dice el autor, la actual ubicuidad del entretenimiento no se explica porque en la modernidad cada vez haya más ocio, porque tengamos más tiempo libre: "La ubicuidad del entretenimiento se expresa como su totalización, que suprime justamente la distinción entre trabajo y ocio". "Surge así una cultura de las inclinaciones ". La entretención ya no es un momento, es o pretende ser todo, es el criterio de verdad.
A diferencia de textos como "La sociedad del cansancio" o "La agonía del Eros", en este Han no cae en el lamento por todo lo que nos ha quitado la modernidad, o no tanto. Más bien describe y duda respecto al sentido de la entretención. De hecho, antes de llegar a su tesis sobre la ubicuidad del entretenimiento, repasa una serie de momentos e ideas que dan cuenta de las tensiones entre "la Pasión" (es decir, la vida sufrida, profunda, seria, culta, sagrada, entregada al trabajo y el deber, que anhela la verdad y la trascendencia, en línea con la pasión de Cristo), y la vida superficial, mundana, popular, que busca el goce, el disfrute, la diversión aquí y ahora, en lo fugaz e inmanente. De hecho, el subtítulo del libro es: "Una deconstrucción de la historia occidental de la Pasión".
El relato o deconstrucción de esas tensiones lo comienza Han con el estreno, en 1727, de la "Pasión según San Mateo", de Bach.
"¡Qué Dios os guarde!"
La obra se interpretó por primera vez un Viernes Santo, en la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, Alemania. Al terminar la interpretación, el público quedó perplejo. Nobles y autoridades se miraban sin entender qué significaba lo que acababan de oír. "¡Qué Dios os guarde, hijos míos! ¡Parece que estamos asistiendo a una ópera o a una comedia!", exclamó una viuda.
¿Qué había pasado? Que la obra de Bach era demasiado teatral, peligrosamente cercana a la banalidad y voluptuosidad del mero entretenimiento. Si en aquellos años ya se cuestionaba la nueva costumbre de interpretar música en las iglesias, lo del compositor mereció una reprimenda y una rebaja de su sueldo. En el nuevo contrato que firmó Bach se lee: "Para conservar el buen orden de las iglesias habrá que ejecutar la música del tal modo que no dure demasiado, y también habrá de estar compuesta de tal modo que no resulte demasiado operística, sino que más bien anime a los oyentes a la devoción".
"Esta interesante cláusula sobre el cargo de cantor remite a la creciente hibridación de la música sacra con la profana. Poco a poco la música sacra va desprendiéndose del contexto litúrgico y aproximándose a la música de los modernos conciertos burgueses", anota Han. "Por un lado, en la época de Bach la vida musical es dominada cada vez más por la liviandad extranjera, por la embriaguez sensorial y la sonoridad armoniosa, intensa y opulenta. El nuevo público musical lo forman los «expertos» y los «melómanos» (...) Por otro lado, se alzan voces críticas, también en los círculos de la ortodoxia luterana, contra el empleo de música artística en la celebración litúrgica".
La música debía ser un mero ornato, lo fundamental era la palabra de Dios. Sin embargo, como muestra Han, ya en aquella época parecían confluir la glorificación de la divinidad con el regocijo del ánimo, con el entretenimiento. El propio Bach dijo que "el objetivo o la causa final de toda música" era "honrar a Dios y servir de recreación al espíritu". Comenta Han: "En relación con el deleite musical es difícil distinguir entre placer celestial y diabólico, entre gozo divino y diversión mundana".
Nietzsche contra Wagner
La desacralización de la música, su ubicación fuera del contexto teológico, como manera de formar el gusto y deleitarse, es un gesto moderno. Y será una polémica en la que, ya en el siglo XIX, se involucrarán filósofos y músicos como Nietzsche y Wagner. El primero celebra la ligereza, la juventud, lo popular y la alegría "africana" en el arte y particularmente en la música. El segundo añora un arte pasional, trascendente, redentor, grave, profundo, que satisface hambres sagradas: Wagner, por ejemplo, condena la música de Rossini porque solo busca agradar, y -dice- de ahí proviene lo " malo en el arte"; en cambio lo "bueno en su forma pura" es indiferente a la "demanda de entretenimiento" y es "obra del genio".
Contra esas honduras o alturas que ve y sufre este mundo como algo falso, Nietzsche afirma que es "necesario mediterraneizar la música", pues: "Lo bueno es ligero, todo lo que es divino corre con pies gráciles". Wagner aboga por la verdad frente a la mera apariencia, Nietzsche, alguna vez su seguidor, dirá que la verdad ha muerto y que junto con ella ha sido eliminada la apariencia: queda gozar este único y superficial mundo de todos los días.
Estos vaivenes entre pasión y entretenimiento, entre razón y sentimiento, sentido y sinsentido, también están presentes en autores como Kant y Hegel, y en realidad llegan hasta el arte y la filosofía del siglo XX (Kafka y Heidegger, por ejemplo). Pues, afirma Han, son propios del binarismo con el que Occidente percibe el mundo: bueno-malo, claro-oscuro, verdad-mentira, sacro-profano, serio-alegre, deber-inclinación, docto-popular, selecto-masivo, trabajo-ocio, trascendencia-inmanencia, cielo-tierra, etcétera.
Superficialidad oriental
Sin embargo, esas disputas no tendrían sentido en el Lejano Oriente. No si atendemos a lo que Han afirma: "La dicotomización es característica del pensamiento occidental. El pensamiento del Lejano Oriente, por el contrario, se rige por principios complementarios. El ser no es regulado por opuestos rígidos, sino por dependencias y correspondencias recíprocas. De este modo, en el Lejano Oriente tampoco se ha configurado aquella dicotomía entre espíritu vs. sensibilidad, en la que justamente se basa la noción de un arte inferior que solo satisface las necesidades sensibles (...) El arte del Lejano Oriente no es dominado por una Pasión por la verdad que sufre lo existente como falso. Tampoco proporciona un opuesto utópico al mundo existente, el cual tendría que ser negado. Es decir, ninguna negatividad alienta al arte del Lejano Oriente. Más bien es primariamente un objeto de afirmación y también de entretenimiento".
Han muestra varios ejemplos de esta lógica oriental. Desde el arte a la religión. Quedémonos con uno, el haiku, ese poema breve en el que Occidente vio una suma espiritualidad, una suerte de cura silenciosa contra el bullicio de la mente y el mundo. Pero: "En Japón rara vez se asocia el haiku con aquella empresa seria y espiritual de poner fin a la palabrería del alma. La recepción del haiku en occidente apenas se da cuenta de que el haiku es sobre todo juego y entretenimiento, ni de que, en lugar de retirarse al desierto del significado, también resuma gracia y humor", explica Han. " Haiku significa literalmente «poema en broma»". Aunque, antes de ser invadidos por el pensamiento dicotómico y concluir que estamos ante una trivialización o empobrecimiento estéticos, se trata, dice Han, de "una estetización de la cotidianidad y de lo cotidiano". La belleza no está más allá y puede ser entretenida.
Bach y la polémica entre la música sacra y la profana explicita una de las intuiciones de Byung-Chul Han: que los extremos que son la pasión y el entretenimiento, el sentido pleno y la total falta de sentido, se tocan. "El puro sentido y el puro sinsentido convergen en una histeria", dice.
Lo anterior nos trae de vuelta a la tesis central del libro: nuestra época mediática (de la radio a internet pasando por la televisión) parece transitar hacia un nuevo mundo. Si desde la Antigüedad el entretenimiento había sido un aspecto de nuestras vidas, hoy lo es todo: el tiempo es entretenido o al menos avanzamos hacia allá. Nos guste o no, ¿estamos condenados a la histeria? Es más, ¿Han condena esta deriva? Tal vez sí, pero también pareciera que el autor valora, si no el entretenimiento, sí la afirmación de lo contingente, de la inmanencia, quizás en el sentido en que lo hace el Lejano Oriente del que él mismo nos habla.
Han aboga por cierta "serenidad" o "afabilidad" que no se encierra en los extremos del total sentido y el total sinsentido. A esa disposición le dedica otro libro publicado este año en castellano y recién llegado a Chile, "Muerte y alteridad" (Herder), en el que reflexiona sobre nuestra relación con la muerte, y propone, justamente, una serenidad o afabilidad que no le teme a la muerte, que no pretende la reafirmación del yo, ni busca la trascendencia a través de los otros.
Esa actitud o sensibilidad -la serenidad o afabilidad con el mundo-, una suerte de justo medio, parece la misma que Byung-Chul Han deja entrever en "Buen entretenimiento". " Un buen entretenimiento es uno de los medios que uno se procura para olvidar la ausencia de Dios", se lee en el epígrafe de uno de los capítulos del libro. La cita no tiene atribución, por lo que tal vez sean palabras del filósofo. Aunque son muy serias, sufridas incluso, así es que mejor quedémonos con la superficialidad de estos dos haiku: "Sopla el viento del invierno./ Los ojos de los gatos/ parpadean". "Un hombre/ y una mosca/ en la habitación".
Obra en red: leer a Byung-Chul Han
La mayoría de los más de diez libros de Byung-Chul Han en castellano podrían ser capítulos o momentos de una sola gran obra sobre "el ambiente espiritual de nuestro tiempo", por usar una expresión del filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers. Sin embargo, Han ha distribuido su reflexión sobre nuestra sociedad, híperconsumista y neoliberal, en obras breves, escritas en un lenguaje directo, en las que a veces desarrolla temas presentados en otra obra.
En España, a principios de año, Han dijo: "Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose". Una afirmación que es un certero resumen de "La sociedad del cansancio" , uno de sus primeros libros en Chile; pero que también le calza a un título más reciente: "Psicopolítica" (ambos, como la mayoría de la obra de Han, están publicados en Herder). Si en la primera obra habla de la autoexploración a la que estamos sometidos, en la segunda llama la atención sobre el hecho de que el gran hermano digital nos vigila con nuestro consentimiento. A su vez, "Psicopolítica", referida al modelamiento de nuestros deseos y conductas, desarrolla una idea que Han presenta en el ensayo en el que define nuestra sociedad como un "enjambre digital" (ya no una sociedad de masas). Nos referimos a "En el enjambre" , donde leemos: "Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia".
Y si en "El aroma del tiempo" nuestro filósofo denuncia la pérdida del tiempo como narración, con sentido, a favor de un tiempo atomizado, una mera sucesión de presentes, en "La salvación de lo bello" ahonda en cómo el mundo sometido al puro presente y a los "me gusta" no deja lugar para el contraste, el asombro, la distancia, la contemplación: Han añora lo feo, lo oscuro y en general las complejidades que también hacen parte de lo bello... Y de lo erótico, como se ve en "La agonía del Eros" . Todo ello se pierde en nuestro mundo transparente, asunto de otro libro: "La sociedad de la transparencia" . Vivimos en el infierno o el desierto de lo igual, dice Han en "La expulsión de lo distinto" .
La obra de Han es una red, un todo interconectado, abierto a nuevos enlaces y con diversas entradas. Incluso se pueden establecer vínculos entre "El buen entretenimiento", donde habla de la cultura del Lejano Oriente en contraste con el pensamiento occidental, con títulos como "Filosofía del budismo Zen" y "Shanzai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China" (Caja Negra), en los que rescata esas lógicas alejadas de las dicotomías e identidades occidentales.
Con referencias que van de Bach al haiku, en "Buen entretenimiento" el filósofo surcoreano reflexiona sobre el arte como pasión y búsqueda de la verdad y el arte como diversión y goce: dos extremos que se tocan y que en nuestro mundo dan paso a la ubicuidad del entretenimiento: "Surge así una cultura de las inclinaciones ", que rompe la distinción entre trabajo y ocio. El nuevo libro llega en enero a librerías.
Juan Rodríguez M.
La educación, entretenida. Las noticias, entretenidas. La cultura, entretenida. La política, entretenida. Incluso el trabajo, entretenido. Parece que ser es ser entretenido, o eso cree el filósofo surcoreano de lengua alemana Byung-Chul Han (Seúl, 1959). Famoso y exitoso por sus (entretenidos) libros sobre la sociedad contemporánea, su ensayo más reciente -"Buen entretenimiento" (Herder)- lo dedica a lo que llama un nuevo paradigma: "Lo peculiar del actual fenómeno del entretenimiento consiste más bien en que rebasa con mucho el fenómeno del ocio", escribe.
Han refuta la tradicional idea de que el entretenimiento aparezca recién con la modernidad y el fin de la nobleza, en el siglo XVIII, pues solo entonces habría surgido la diferencia entre trabajo y ocio. "Más convincente, o por lo menos libre de contradicción, sería la tesis de que desde siempre hubo entretenimientos (...) No tiene mucho sentido afirmar que los griegos o los romanos desconocían los entretenimientos porque en aquella época no se hacía la distinción entre trabajo y ocio". Entonces, dice el autor, la actual ubicuidad del entretenimiento no se explica porque en la modernidad cada vez haya más ocio, porque tengamos más tiempo libre: "La ubicuidad del entretenimiento se expresa como su totalización, que suprime justamente la distinción entre trabajo y ocio". "Surge así una cultura de las inclinaciones ". La entretención ya no es un momento, es o pretende ser todo, es el criterio de verdad.
A diferencia de textos como "La sociedad del cansancio" o "La agonía del Eros", en este Han no cae en el lamento por todo lo que nos ha quitado la modernidad, o no tanto. Más bien describe y duda respecto al sentido de la entretención. De hecho, antes de llegar a su tesis sobre la ubicuidad del entretenimiento, repasa una serie de momentos e ideas que dan cuenta de las tensiones entre "la Pasión" (es decir, la vida sufrida, profunda, seria, culta, sagrada, entregada al trabajo y el deber, que anhela la verdad y la trascendencia, en línea con la pasión de Cristo), y la vida superficial, mundana, popular, que busca el goce, el disfrute, la diversión aquí y ahora, en lo fugaz e inmanente. De hecho, el subtítulo del libro es: "Una deconstrucción de la historia occidental de la Pasión".
El relato o deconstrucción de esas tensiones lo comienza Han con el estreno, en 1727, de la "Pasión según San Mateo", de Bach.
"¡Qué Dios os guarde!"
La obra se interpretó por primera vez un Viernes Santo, en la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, Alemania. Al terminar la interpretación, el público quedó perplejo. Nobles y autoridades se miraban sin entender qué significaba lo que acababan de oír. "¡Qué Dios os guarde, hijos míos! ¡Parece que estamos asistiendo a una ópera o a una comedia!", exclamó una viuda.
¿Qué había pasado? Que la obra de Bach era demasiado teatral, peligrosamente cercana a la banalidad y voluptuosidad del mero entretenimiento. Si en aquellos años ya se cuestionaba la nueva costumbre de interpretar música en las iglesias, lo del compositor mereció una reprimenda y una rebaja de su sueldo. En el nuevo contrato que firmó Bach se lee: "Para conservar el buen orden de las iglesias habrá que ejecutar la música del tal modo que no dure demasiado, y también habrá de estar compuesta de tal modo que no resulte demasiado operística, sino que más bien anime a los oyentes a la devoción".
"Esta interesante cláusula sobre el cargo de cantor remite a la creciente hibridación de la música sacra con la profana. Poco a poco la música sacra va desprendiéndose del contexto litúrgico y aproximándose a la música de los modernos conciertos burgueses", anota Han. "Por un lado, en la época de Bach la vida musical es dominada cada vez más por la liviandad extranjera, por la embriaguez sensorial y la sonoridad armoniosa, intensa y opulenta. El nuevo público musical lo forman los «expertos» y los «melómanos» (...) Por otro lado, se alzan voces críticas, también en los círculos de la ortodoxia luterana, contra el empleo de música artística en la celebración litúrgica".
La música debía ser un mero ornato, lo fundamental era la palabra de Dios. Sin embargo, como muestra Han, ya en aquella época parecían confluir la glorificación de la divinidad con el regocijo del ánimo, con el entretenimiento. El propio Bach dijo que "el objetivo o la causa final de toda música" era "honrar a Dios y servir de recreación al espíritu". Comenta Han: "En relación con el deleite musical es difícil distinguir entre placer celestial y diabólico, entre gozo divino y diversión mundana".
Nietzsche contra Wagner
La desacralización de la música, su ubicación fuera del contexto teológico, como manera de formar el gusto y deleitarse, es un gesto moderno. Y será una polémica en la que, ya en el siglo XIX, se involucrarán filósofos y músicos como Nietzsche y Wagner. El primero celebra la ligereza, la juventud, lo popular y la alegría "africana" en el arte y particularmente en la música. El segundo añora un arte pasional, trascendente, redentor, grave, profundo, que satisface hambres sagradas: Wagner, por ejemplo, condena la música de Rossini porque solo busca agradar, y -dice- de ahí proviene lo " malo en el arte"; en cambio lo "bueno en su forma pura" es indiferente a la "demanda de entretenimiento" y es "obra del genio".
Contra esas honduras o alturas que ve y sufre este mundo como algo falso, Nietzsche afirma que es "necesario mediterraneizar la música", pues: "Lo bueno es ligero, todo lo que es divino corre con pies gráciles". Wagner aboga por la verdad frente a la mera apariencia, Nietzsche, alguna vez su seguidor, dirá que la verdad ha muerto y que junto con ella ha sido eliminada la apariencia: queda gozar este único y superficial mundo de todos los días.
Estos vaivenes entre pasión y entretenimiento, entre razón y sentimiento, sentido y sinsentido, también están presentes en autores como Kant y Hegel, y en realidad llegan hasta el arte y la filosofía del siglo XX (Kafka y Heidegger, por ejemplo). Pues, afirma Han, son propios del binarismo con el que Occidente percibe el mundo: bueno-malo, claro-oscuro, verdad-mentira, sacro-profano, serio-alegre, deber-inclinación, docto-popular, selecto-masivo, trabajo-ocio, trascendencia-inmanencia, cielo-tierra, etcétera.
Superficialidad oriental
Sin embargo, esas disputas no tendrían sentido en el Lejano Oriente. No si atendemos a lo que Han afirma: "La dicotomización es característica del pensamiento occidental. El pensamiento del Lejano Oriente, por el contrario, se rige por principios complementarios. El ser no es regulado por opuestos rígidos, sino por dependencias y correspondencias recíprocas. De este modo, en el Lejano Oriente tampoco se ha configurado aquella dicotomía entre espíritu vs. sensibilidad, en la que justamente se basa la noción de un arte inferior que solo satisface las necesidades sensibles (...) El arte del Lejano Oriente no es dominado por una Pasión por la verdad que sufre lo existente como falso. Tampoco proporciona un opuesto utópico al mundo existente, el cual tendría que ser negado. Es decir, ninguna negatividad alienta al arte del Lejano Oriente. Más bien es primariamente un objeto de afirmación y también de entretenimiento".
Han muestra varios ejemplos de esta lógica oriental. Desde el arte a la religión. Quedémonos con uno, el haiku, ese poema breve en el que Occidente vio una suma espiritualidad, una suerte de cura silenciosa contra el bullicio de la mente y el mundo. Pero: "En Japón rara vez se asocia el haiku con aquella empresa seria y espiritual de poner fin a la palabrería del alma. La recepción del haiku en occidente apenas se da cuenta de que el haiku es sobre todo juego y entretenimiento, ni de que, en lugar de retirarse al desierto del significado, también resuma gracia y humor", explica Han. " Haiku significa literalmente «poema en broma»". Aunque, antes de ser invadidos por el pensamiento dicotómico y concluir que estamos ante una trivialización o empobrecimiento estéticos, se trata, dice Han, de "una estetización de la cotidianidad y de lo cotidiano". La belleza no está más allá y puede ser entretenida.
Bach y la polémica entre la música sacra y la profana explicita una de las intuiciones de Byung-Chul Han: que los extremos que son la pasión y el entretenimiento, el sentido pleno y la total falta de sentido, se tocan. "El puro sentido y el puro sinsentido convergen en una histeria", dice.
Lo anterior nos trae de vuelta a la tesis central del libro: nuestra época mediática (de la radio a internet pasando por la televisión) parece transitar hacia un nuevo mundo. Si desde la Antigüedad el entretenimiento había sido un aspecto de nuestras vidas, hoy lo es todo: el tiempo es entretenido o al menos avanzamos hacia allá. Nos guste o no, ¿estamos condenados a la histeria? Es más, ¿Han condena esta deriva? Tal vez sí, pero también pareciera que el autor valora, si no el entretenimiento, sí la afirmación de lo contingente, de la inmanencia, quizás en el sentido en que lo hace el Lejano Oriente del que él mismo nos habla.
Han aboga por cierta "serenidad" o "afabilidad" que no se encierra en los extremos del total sentido y el total sinsentido. A esa disposición le dedica otro libro publicado este año en castellano y recién llegado a Chile, "Muerte y alteridad" (Herder), en el que reflexiona sobre nuestra relación con la muerte, y propone, justamente, una serenidad o afabilidad que no le teme a la muerte, que no pretende la reafirmación del yo, ni busca la trascendencia a través de los otros.
Esa actitud o sensibilidad -la serenidad o afabilidad con el mundo-, una suerte de justo medio, parece la misma que Byung-Chul Han deja entrever en "Buen entretenimiento". " Un buen entretenimiento es uno de los medios que uno se procura para olvidar la ausencia de Dios", se lee en el epígrafe de uno de los capítulos del libro. La cita no tiene atribución, por lo que tal vez sean palabras del filósofo. Aunque son muy serias, sufridas incluso, así es que mejor quedémonos con la superficialidad de estos dos haiku: "Sopla el viento del invierno./ Los ojos de los gatos/ parpadean". "Un hombre/ y una mosca/ en la habitación".
Obra en red: leer a Byung-Chul Han
La mayoría de los más de diez libros de Byung-Chul Han en castellano podrían ser capítulos o momentos de una sola gran obra sobre "el ambiente espiritual de nuestro tiempo", por usar una expresión del filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers. Sin embargo, Han ha distribuido su reflexión sobre nuestra sociedad, híperconsumista y neoliberal, en obras breves, escritas en un lenguaje directo, en las que a veces desarrolla temas presentados en otra obra.
En España, a principios de año, Han dijo: "Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose". Una afirmación que es un certero resumen de "La sociedad del cansancio" , uno de sus primeros libros en Chile; pero que también le calza a un título más reciente: "Psicopolítica" (ambos, como la mayoría de la obra de Han, están publicados en Herder). Si en la primera obra habla de la autoexploración a la que estamos sometidos, en la segunda llama la atención sobre el hecho de que el gran hermano digital nos vigila con nuestro consentimiento. A su vez, "Psicopolítica", referida al modelamiento de nuestros deseos y conductas, desarrolla una idea que Han presenta en el ensayo en el que define nuestra sociedad como un "enjambre digital" (ya no una sociedad de masas). Nos referimos a "En el enjambre" , donde leemos: "Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia".
Y si en "El aroma del tiempo" nuestro filósofo denuncia la pérdida del tiempo como narración, con sentido, a favor de un tiempo atomizado, una mera sucesión de presentes, en "La salvación de lo bello" ahonda en cómo el mundo sometido al puro presente y a los "me gusta" no deja lugar para el contraste, el asombro, la distancia, la contemplación: Han añora lo feo, lo oscuro y en general las complejidades que también hacen parte de lo bello... Y de lo erótico, como se ve en "La agonía del Eros" . Todo ello se pierde en nuestro mundo transparente, asunto de otro libro: "La sociedad de la transparencia" . Vivimos en el infierno o el desierto de lo igual, dice Han en "La expulsión de lo distinto" .
La obra de Han es una red, un todo interconectado, abierto a nuevos enlaces y con diversas entradas. Incluso se pueden establecer vínculos entre "El buen entretenimiento", donde habla de la cultura del Lejano Oriente en contraste con el pensamiento occidental, con títulos como "Filosofía del budismo Zen" y "Shanzai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China" (Caja Negra), en los que rescata esas lógicas alejadas de las dicotomías e identidades occidentales.
lunes, diciembre 04, 2017
La música permite atraer de vuelta al colegio a quienes desertaron de la sala de clases
El Mercurio
En Chile hay 77 mil jóvenes de entre 6 y 17 años que están fuera del sistema escolar. En muchos casos, hacerlos confiar en su talento pasa por poner un micrófono o una guitarra en sus manos.
En Chile hay 77 mil jóvenes de entre 6 y 17 años que están fuera del sistema escolar. En muchos casos, hacerlos confiar en su talento pasa por poner un micrófono o una guitarra en sus manos.
Por Margherita Cordano F.
Mientras miraba a su hijo arriba del escenario, Elsa Pérez no pensó en todas esas veces que debió ir a buscar a Sebastián al colegio porque su comportamiento molestaba a profesores y compañeros. Tampoco recordó ese período en que el niño dejó de estar motivado por ir a clases y empezó a faltar de forma recurrente, ni en eso que terminó por gatillar la crisis: la muerte de su marido a meses del diagnóstico de una cardiopatía.
"En lo único en que pensaba era en lo mucho que se ha superado. De cómo ha cambiado su carácter, porque era una persona agresiva; podía llegar a romper una puerta a golpes. Y cambió del cielo a la tierra. Mientras lo miraba, lloré... aunque claro, desde que toca instrumentos lloro cada vez que se presenta", confiesa.
Después de pasar por varios establecimientos educacionales, Sebastián Torres (17) está terminando su 8° básico en el colegio Padre Álvaro Lavín de Maipú. Hasta ahí llegó después de que una profesora le hablara a la familia sobre la Fundación Súmate, del Hogar de Cristo. La institución trabaja con cuatro colegios en Santiago y uno en Lota bajo el objetivo de apoyar a quienes están en riesgo de abandonar, o vuelven a clases después de haber desertado del sistema educativo. Para ello cuentan con programas de nivelación y talleres, además de profesores capacitados para enseñar a jóvenes que han sido catalogados como niños con problemas de aprendizaje.
Entre los talleres, hay uno de música en el que a los alumnos se les fomenta armar una banda. Tres de ellas -Los Revoltosos, Maldita Avenida y Los Contracorrientes- se presentaron el martes ante una audiencia de más de 800 personas en el Teatro Cariola de Santiago.
"Fue una bonita experiencia, ensayamos harto y creo que nos terminó saliendo bien. Yo rapeo siempre; estoy todo el rato practicando para que no se me olviden las letras. Si hasta hago aseo con la música puesta como una técnica para recordar", dice Leandro Mesías, vocalista y rapero de Los Contracorrientes, la banda que en el festival representó al Colegio Betania de La Granja.
Aunque al principio la baja autoestima de Leandro (18 años y alumno cursando 1° y 2° medio de forma conjunta) le impedía creer en la idea de que podía destacar presentándose en vivo, con el tiempo y el trabajo en el colegio su confianza fue aumentando. "La música ha sido una forma de motivarme. Al final me ayuda a desahogarme", explica.
Durante su presentación en vivo, mientras Leandro y su banda tocaban, el público empezó a aplaudir y a sacar fotos con celulares e incluso a saltar. "La banda Sinergia -que participó en el Festival de Viña del Mar y fue galardonada con el Copihue de Oro- estaba ahí y se subieron a tocar con nosotros. Eso es algo que voy a recordar siempre, porque el Rorro (vocalista) me dijo que soy bueno en esto que hago. Y eso del talento yo antes no me lo creía tanto".
Atrás quedó la época en que debió dejar el colegio por problemas económicos que lo llevaron a trabajar desde niño. A Súmate llegó para completar 5° y 6° básico.
Según la encuesta Casen 2015, en Chile hay 77 mil jóvenes de entre 6 y 17 años que están fuera del sistema escolar. "Nuestra experiencia nos muestra que el 100% de los chicos no quiso salir de la escuela. Lo que pasa es que en algún momento no tuvieron más alternativa por situaciones familiares, económicas o de conflicto", indica Liliana Cortés, directora ejecutiva de Súmate.
"En muchos casos, hay problemas de aprendizaje mal diagnosticados. O pasa que la escuela tiene muchas normas y poca flexibilidad, así que el joven que tiene dificultades empieza a sentir que las puertas se cierran porque se le pide que resuelva sus problemas familiares, económicos, de contexto... se les dice '¿hay balaceras en su población? Bueno, no es problema nuestro, al colegio tiene que venir todos los días'. Se les hace responsables de cosas que muchas veces no pueden manejar". El fenómeno de la deserción -agrega- se concentra "en los sectores de pobreza tanto económica como multidimensional".
La música -y en este caso particular, el festival de bandas- es una de las formas bajo las que se espera crear un mayor vínculo entre el colegio y los alumnos: se fomenta el entusiasmo y, por ende, el compromiso hacia la institución. Asimismo, universidades como la de Harvard y Cambridge han avalado que participar en un coro o tocar en una banda escolar ayuda a potenciar la autoestima de los escolares.
"Soy una raya en el mar, fantasma en la ciudad, mi vida va prohibida, dice la autoridad. Solo voy con mi pena, sola va mi condena", cantaron arriba del escenario del Teatro Cariola Leandro y su compañera Melanie, quien lo acompañó en la voz, hace unos días. Y a pesar de que la letra de su canción habló de tristeza, al recibir el aplauso y las felicitaciones del público, ambos se bajaron de la tarima sonriendo.
14 a 18 años es el tramo de edad en el que la deserción escolar es más alta en el país. "Lo que muestra que esta es una problemática adolescente", indica Liliana Cortés, directora ejecutiva de Fundación Súmate.
Experiencias frágiles
Son pocas las organizaciones que entregan alternativas de escuelas de reingreso en el país. "Muchas personas tienen que esperar a ser adultos para recién volver a estudiar, porque ahí se pueden matricular en algún centro de educación de adultos. Pero el ideal es actuar antes, recuperarlos lo antes posible", dice Liliana Cortés.
"Hoy día el país no tiene una oferta pública y clara para resolver el tema de la exclusión educativa, más bien tiene programas financiados por el Ministerio de Educación. Pero estas son experiencias frágiles, con fondos concursables que no logran toda la cobertura necesaria. No es política pública", agrega. "Los fondos concursables han disminuido de manera considerable en los últimos tres años, de 3.600 millones a mil millones de pesos".
sábado, agosto 12, 2017
La música, poderoso estimulador de la neuroplasticidad cerebral
El Mercurio
El psicobiólogo y músico español Jordi A. Jauset se refiere a los descubrimientos del campo de la neurociencia que demuestran que la música impacta positivamente en la formación de los niños y también en la etapa de la neurodegeneración celular.
Por Juan Antonio Muñoz H.
¿Podemos vivir sin la música? "Absolutamente, no", define Jordi A. Jauset, máster en psicobiología y neurociencia cognitiva de la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor superior de música. "La música es innata al ser humano, como el movimiento o la danza. Son aspectos propios porque implican un significado de alegría, de cohesión, de relación, y el ser humano es un ser totalmente relacional. El ser humano necesita de la música".
Pero no solo la necesidad de la música se impone como foco de interés, sino también la particularidad de la música como arte capaz de penetrar el organismo, pues las ondas sonoras viajan por el cuerpo lo que implica modificaciones en nuestro interior, al punto de poder alterar nuestro metabolismo y aun nuestra información genética.
Jauset hace una distinción: "A veces decimos que hay música cuando escuchamos a un grupo que está cantando, pero eso no es cierto: lo que ellos producen son vibraciones mecánicas que nuestro cerebro interpreta como música. A nivel físico, la música es la variación de la presión atmosférica. Sucede también con la visión, que también es una interpretación del cerebro. Para entender por qué la música nos influye, es básico entender cuál es el origen físico de la música, cómo el sistema auditivo capta esa energía y cómo la transforma en impulsos eléctricos que van a distintas partes del cerebro. La neurociencia lo ha podido explicar a nivel de imágenes, pero es más fácil hacerlo con algo tangible que con algo que no lo es. Entonces hay un poco de misterio... Siempre digo que la música no es magia, pero tiene magia y la neurociencia nos ayuda a descubrir esa magia".
El gran error
Por cierto, la música evoca emociones, y por eso las personas se conectan con determinadas formas de música o con determinadas melodías. Pero, ¿dónde radica la importancia de que las emociones sean evocadas?
Simplemente en que "las emociones son lo más poderoso que tiene todo ser humano ya que movilizan todos nuestros recursos", puntualiza Jauset. "Cuando entendemos que la música está modificando niveles de transmisores y efectuando ciertas conexiones en determinadas partes del cerebro es que podemos empezar a pensar por qué la música puede aplicarse para mejorar la calidad de vida o por qué la música es útil para estimular las funciones cognitivas".
Aunque los avances respecto de estos conocimientos son cada vez mayores y en muchos países gracias a ellos se han cambiado hasta los programas educativos, en Chile -y también en España, como comenta Jordi A. Jauset- la música sigue estando relegada. "Eso es un gran error. Ojalá que vengan los políticos a escuchar la conferencia (ver recuadro). La música es fundamental para desarrollar a la persona como un ser humano íntegro, porque está súper comprobado que estimula las funciones cognitivas, la atención, la concentración. La música es un poderoso estimulador de la neuroplasticidad cerebral. Hay diferencias entre el cerebro de un niño que estudia música de uno que no lo hace: tiene áreas de mayor densidad neuronal, áreas de mayor densidad de materia blanca, volúmenes superiores en el cerebelo. Todo eso le da la posibilidad de una mayor transferencia de información. Hay una línea de investigación nueva que ha observado que como todos los cerebros de los músicos tienen estas densidades mayores, cuando llega la etapa de la neurodegeneración celular, la llamada tercera edad, los músicos van a tener esta neurodegeneración más lenta, lo que se va a traducir en una mejor calidad de vida".
En este punto es interesante que en enfermos de Alzheimer se ha visto que olvidan muchas cosas, pero no la música que escuchaban. "Esto continúa siendo un misterio", dice Jauset. "Se han hecho estudios para ver cuáles son las áreas del cerebro que permiten conservar la música. En los enfermos de Alzheimer se ha detectado que esas áreas que conservan la música tienen la misma densidad de amiloides que todas las demás, pero en ellas no se traduce en un mal metabolismo de la glucosa, como sí ocurre en otras áreas del cerebro. El punto es que no se sabe por qué".
La voz y los mantras: armas poderosas
¿Y qué sucede con la voz? Muchas veces conectamos con una voz y no con otra. Hay voces que una persona siente que le pertenecen y otras que le parecen ajenas. "La voz es el instrumento musical más perfecto. Y es precisamente por su gran capacidad para llegar a otro. La voz es el primer contacto de una madre con su hijo, a través del canto. La voz es un arma muy potente", dice Jauset.
En un mundo más elaborado también es posible establecer que se da una conexión superior entre una voz determinada y una sensibilidad determinada. También hay una cultura que integra el proceso, lo mismo que ocurre con la música instrumental. Es difícil pensar que alguien de una cultura poco nutrida vaya a conectar fácilmente con música compuesta, por ejemplo, por Debussy o por Alban Berg. Lo mismo ocurre con las voces; es más probable que mucha más gente conecte con el espectáculo de una voz potente o que hace cosas sorprendentes, que con una voz que ofrece un mensaje interpretativo de otro orden.
"Tuve una experiencia extraordinaria con la voz en Praga", comenta Jordi A. Jauset. "La ópera y el canto no me han atraído nunca tanto como la música instrumental. Pero una vez, en una iglesia pequeña fui a un concierto en el que cantaba una soprano. No olvidaré nunca las sensaciones que tuve al escuchar su voz y la conexión tan especial que tuve con esa persona. Se me ha venido ahora a la memoria, y mientras lo relato he estado viviendo durante algunos segundos esa experiencia otra vez".
Esto, que a muchos puede parecerle un pensamiento de nueva generación, es algo que las civilizaciones antiguas también supieron. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en los mantras. "El mantra más importante que existe es nuestro propio nombre. Ha habido casos de personas que han estado en coma y han salido de él o bien porque se les ha llamado muchas veces por su nombre, porque el nombre es nuestra identidad, o bien porque han escuchado música que les ha evocado algo y han sido estimulados por ella. Se está descubriendo que el cerebro capta cosas incluso en estado de coma. Hay antiguos mantras en sánscrito que al parecer lo que logran es producir una determinada vibración que a través del paladar, por unos canales similares a los yadis de la acupuntura, llegan hasta la hipófisis, centro del cerebro que regula muchas cosas. Yo creo que si tú estás convencido de algo o si para ti una determinada palabra tiene fuerza o poder, ese es tu mantra".
Jordi A. Jauset conversará con Francisco Claro, doctor en Física , sobre el asombroso poder de la música en el cuerpo, la mente y nuestros genes. Todo, como parte de un nuevo Encuentros El Mercurio que se desarrollará el miércoles 16 de agosto, a las 19:30 horas, en el Teatro Mori Parque Arauco. El valor de la entrada es de 8.000 pesos para público general y de 6.000 pesos para socios del Club de Lectores. Más información y venta de entradas en el sitio http://encuentros.elmercurio.com.
domingo, julio 23, 2017
¿Y si ponemos la música en el centro de la educación?
El Mercurio
En los últimos años, diversos estudios muestran los beneficios de aprender a tocar un instrumento en la infancia. En algunos países nórdicos, la enseñanza musical es considerada una parte esencial en el desarrollo de los niños. ¿Qué tiene que hacer Chile para mejorar en este ámbito?
Guillermo Tupper
Cuando iba en séptimo básico, Ana Leiva (21) se enamoró del cello. Fue en taller de música de su colegio, el Hispano Italiano de Iquique, donde pasó a formar parte de la orquesta del establecimiento. Después de las clases regulares, sus integrantes tenían lecciones particulares y un ensayo semanal para repasar el repertorio grupal. "Pasó a ser mi segunda prioridad después del colegio", dice. "Te enseña a relacionarte y a compartir con los demás. Y uno empieza a asimilar la frustración: como es un proceso de años, la música te va desarrollando la paciencia y disciplina. Y yo veía que me ayudaba mucho en otras áreas".
Originaria de Alto Hospicio, Leiva encontró su vía de escape a un entorno social precario. Gracias a la orquesta viajó por primera vez en avión y sus presentaciones cubrieron desde las poblaciones más peligrosas de Iquique hasta zonas rurales del sur. Hoy cursa tercer año de Licenciatura en Música en la Universidad Católica y rescata los múltiples beneficios de aprender a tocar un instrumento. "Yo pude ver cómo a mis compañeros de la orquesta les empezó a ir mejor en los ramos que tenían problemas, como matemática, porque se desarrolla una disciplina", señala. "Y no es un desarrollo obligado y latoso. Es algo que ejecutas por gusto".
La profesora de esta joven cellista, e ideóloga de la orquesta, fue Ximena Valverde, una docente de música que trabajó durante diez años en Iquique y Alto Hospicio. En vez de seguir los rígidos métodos de la academia, Valverde -quien hoy cursa un doctorado en España- decidió innovar en sus clases para acercar la música a sus alumnos. Una de sus ideas fue estimular la creación a través del estilo favorito de sus estudiantes: el reggaetón. "Trabajábamos los textos. Ya no vamos a hablar de sexualizar a la mujer, sino de las problemáticas sociales que atañen a la cultura de Alto Hospicio", dice. "Los chiquillos expresaron sus sentimientos y emociones a partir de su propia música".
En sus clases, Valverde pudo comprobar in situ los beneficios de este tipo de enseñanza. "Lo que logramos, al final, son estudiantes más creativos y expresivos, lo que es tremendo en un liceo de Alto Hospicio", apunta. "Hay indicadores cuantitativos que dicen que la educación musical mejora los niveles de autoestima y de trabajo en equipo. El problema que tenemos en Chile es que cada vez nos van reduciendo más las horas de clases. A largo plazo, los principales afectados son los estudiantes que, probablemente, no van a tener en su vida otra opción de acercarse a la música".
Música para el cerebro
En los últimos años, distintos estudios muestran que aprender a tocar un instrumento en la infancia contribuye al desarrollo cerebral de los niños. Esta práctica permite desarrollar una "distinción neurofisiológica" de ciertos sonidos, los que ayudan en la alfabetización y pueden traducirse en mejores resultados académicos. "Tocar un instrumento en la infancia afecta el procesamiento de sonido en el cerebro", dice Nina Kraus, profesora y neurocientífica de la Universidad de Northwestern de Estados Unidos. "El procesamiento del sonido es importante, no solo para la música, sino para la comunicación en general, por ejemplo, a través del habla".
En el 2014, Kraus lideró un estudio que concluyó que, para aprovechar los beneficios cognitivos de una clase de música, los niños no deben ser meros espectadores, sino que involucrarse de forma activa. Midiendo las respuestas cerebrales de un grupo de niños de bajos ingresos de Los Angeles (California) , se demostró que los que tocaban instrumentos tenían un mejor procesamiento neuronal que aquellos que solo apreciaban la música. "Cuando tocan un instrumento, se activan las redes sensoriales, cognitivas y de recompensa", dice.
En la última década, una serie de estudios han establecido que la práctica instrumental también puede ser una defensa adicional a la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo. Dos de ellos fueron conducidos por la neuropsicóloga clínica estadounidense Brenda Hanna-Pladdy: en el primero, dividió en grupos a 70 adultos sanos, de entre 60 y 83 años, y determinó que el grupo de los músicos (los que habían tocado un instrumento por diez años o más) marcaba los puntajes más altos en memoria no verbal y visuoespacial. En el segundo, evaluó la edad de adquisición musical y su impacto cognitivo. "Los individuos con una edad de adquisición anterior a los nueve años de edad tuvieron puntuaciones más altas en la memoria de trabajo auditiva, en consonancia con períodos sensibles de desarrollo del lenguaje", dice la investigadora.
Según los expertos, los beneficios de la práctica instrumental van desde cosas simples, como el desarrollo de la psicomotricidad de los niños, hasta otras más profundas, como el desarrollo del pensamiento creativo. "No es solo desde la perspectiva artística, sino que desde la resolución de problemas: cómo un chico, con su instrumento musical, es capaz de descubrir caminos de resolución, por ejemplo, para la ejecución de cualquier tipo de repertorio", afirma Óscar Pino, musicólogo y profesor de música en el Instituto de Humanidades Luis Campino y la Academia de Humanismo Cristiano. "Te autoafirmas como persona, porque adquieres una forma de expresarte nueva que se complementa con las formas tradicionales en las que te relacionas con el mundo o tus pares. Y, tratándose de niños, eso es muy importante".
Los países nórdicos
Uno de los países que tiene a la música como un eje importante de su educación es Finlandia. En su educación general, que es gratuita, la música es una asignatura obligatoria de primero a octavo grado, con una clase semanal. En noveno grado se convierte en electivo y, entre décimo y duodécimo grado, hay un curso obligatorio de música. Sus contenidos son fijados por el Consejo Nacional de Educación -que depende del Ministerio de Educación- y los profesores gozan de mucha autonomía para determinar los materiales y métodos específicos de su enseñanza.
"Yo diría que la educación musical todavía tiene un rol importante en la educación finlandesa, a pesar de que las horas de música han sido poco a poco reducidas", dice Marja-Leena Juntunen, profesora de Educación Musical en la Academia Sibelius de la Universidad de las Artes de Helsinki. "Es considerada una parte esencial de la educación general, una asignatura que apoya el crecimiento holístico y comprensivo de un niño. Tiene un importante rol en su crecimiento, especialmente en los primeros años".
En el sistema de educación artística extracurricular destaca la Asociación Finlandesa de Escuelas Musicales. Activa desde 1956, esta entidad posee 97 escuelas y conservatorios repartidos a lo largo del país, con más de 60 mil alumnos, y sus gastos son financiados por el Estado (57%), la municipalidad (27%) y las familias (16%). Aquí, los estudiantes son instruidos para dominar un instrumento principal y saber de teoría musical, composición, historia de la música, tecnología musical y tocar en ensambles y orquestas. "Los niños son aprendices activos al hacer, experimentar y descubrir cosas", dice Timo Klemettinen, director de la Asociación de Escuelas Musicales en Finlandia y Europa.
Otro país nórdico con un fuerte acento en la educación musical es Suecia. Su modelo de escuelas municipales de música fue fundado en la década del 40, pero no fue hasta los 60 que se esparció rápidamente. Su objetivo general era darles a las nuevas generaciones la oportunidad de tocar un instrumento o cantar, sin importar sus antecedentes culturales o sociales. En la actualidad, existen 283 de estas escuelas en los 290 municipios del país nórdico, las que suman 230 mil alumnos. En los colegios "convencionales", en tanto, la educación musical es obligatoria hasta los 16 años de edad y, en la secundaria superior, los alumnos pueden elegir el "Programa de Estética", donde optan entre música, artes visuales y teatro, entre otras disciplinas.
"En un nivel más general, confío en que la importancia de la educación musical, primero y ante todo, es un asunto de democracia. Dar a los estudiantes acceso a toda la variedad de posibilidades que la música aporta: sociales, musicales y emocionales", apunta Eva Georgii-Hemming, profesora de musicología en la Universidad de Örebro (Suecia) y docente de música en la secundaria durante quince años. "Los estudiantes pueden obtener herramientas para ideas y expresiones y desarrollar un entendimiento de sí mismos y de los demás: cuestiones de identidad, colaboración y habilidades sociales, pero también emocionales y, quizás, existenciales".
El caso chileno
A finales del siglo XIX, la música se transformó en una asignatura obligatoria en la educación pública chilena. Después de la Guerra del Pacífico, el gobierno de Domingo Santa María vio que a través de la música se podía desarrollar y reforzar una serie de características que el ciudadano promedio tenía que cumplir. "Todas esas cualidades de tipo valórico, como aprender a ser buen chileno, a ser patriota, respetar a las mujeres, las instituciones y los padres se podían enseñar a través de la música y, especialmente, a través del canto", dice Óscar Pino. "Se instaló en el currículum porque se hizo una conexión con ese objetivo moralizante, más que por la música en sí misma".
Entre los años 40 y 60, la Facultad de Artes de la U. de Chile fue el eje de una serie de instituciones aglutinantes -como la Orquesta y Coro Sinfónico y el Instituto de Extensión Musical- que convirtió a Chile en una vanguardia continental de educación musical. "Se instalaron instituciones de capacitación de profesores a nivel iberoamericano y primaba una visión más artística de la música. Así, en el currículo escolar empezaron las primeras indicaciones para que los chicos tocaran instrumentos e incorporaran repertorio folclórico", relata Pino. "Pero, después, con el régimen militar, perdimos la posibilidad de interactuar con el mundo. Mientras, a inicios de los 70, en Occidente se produce una revolución en educación musical súper potente, con la figura señera del canadiense (Raymond) Murray Schafer, que instala el concepto de paisaje sonoro y ecología acústica, nosotros nos perdimos de todo eso".
En julio del 2011, se instaló un debate académico cuando el Ministerio de Educación de la época fijó una reducción para el Subsector de Educación Artística (Artes Visuales y Artes Musicales) de tres a dos horas en quinto y sexto básico, en los establecimientos que no implementan la Jornada Escolar Completa; de cuatro a dos horas en séptimo y octavo básico en el mismo tipo de establecimientos; y de cuatro a tres horas en séptimo y octavo, en aquellos que cuentan con Jornada Escolar Completa. "A nivel de país no se le da la relevancia que tiene la educación musical para la formación, desde los niños de sala cuna en adelante", señala Patricia Vásquez, cantante profesional y decana de la Facultad de Artes y Educación Física de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). "Me encantaría que las autoridades entendiesen que la música, en ningún nivel de la formación de niños, es prescindible".
Más allá de esta medida, los expertos coinciden en que la educación musical nunca ha sido una prioridad. "Históricamente, ha tenido una visión bien accesoria en la educación. Mucho de esto tiene que ver con que la enseñanza básica no requiere de especialistas para este tema", señala Francisco Valdés, docente de Pedagogía en Música en la Universidad Alberto Hurtado. "¿Qué hacer para mejorarla? Una cosa muy importante es que todos los niños tengan la experiencia musical desde temprana edad, que se convierta en una actividad habitual y que puedan desarrollar su relación con la música a partir de la creatividad".
domingo, julio 24, 2016
Inspiración, coincidencia y copia: Las caras del plagio en la música
El Mercurio
Según los especialistas, que dos canciones guarden similitudes también puede obedecer a un acto involuntario, algo que con la especificidad de los subgéneros incluso podría ir en aumento. Esas consideraciones son solo algunas de las que deben tenerse en cuenta para determinar la reproducción, como demostró el bullado caso de Spirit versus Led Zeppelin.
Sebastián Cerda.
Recién el 23 de junio pasado terminó uno de los episodios más amargos que han debido enfrentar los sobrevivientes de Led Zeppelin: Una acusación de plagio que puso en duda todos los laureles ganados por la que tal vez sea la más inmortal de sus canciones, "Stairway to heaven".
El lío había empezado un par de años antes, cuando los herederos del fallecido músico norteamericano Randy Wolfe decidieron llevar a la justicia a los británicos, acusándolos de copiar en ese himno el inicio del tema "Taurus", grabado en 1968 por el grupo Spirit.
Las similitudes eran claras: A oídos de un auditor promedio, había una familiaridad evidente, cuando no una copia por parte de la pieza que se publicó tres años después, en 1971. Y aunque la justicia falló en favor de Robert Plant y Jimmy Page, el tema del plagio en la música volvía a ponerse en primera línea.
Según los especialistas, ello se debió a la notoriedad del nombre involucrado, pero también a la excepcionalidad de este tipo de juicios, ya que las pugnas por plagio suelen resolverse por la vía de los acuerdos. "Son muy pocos los casos que llegan a tribunales", dice el director jurídico de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), Jorge Mahú.
"Los litigios se producen cuando algo es muy evidente y hay posibilidad real de copia. Ahí la primera evaluación se hace a oreja, y si (las obras) se parecen demasiado, buscan los orígenes, las fechas, se mide la posibilidad de que el segundo haya podido conocer la primera obra. Son muchas variables, y por eso los juicios son tan inusuales", agrega el compositor y académico del Instituto de Música de la Universidad Católica Alejandro Guarello.
Pero incluso considerando ese dato, el último tiempo parece pródigo en ruido de calcos. Así, tras la situación de Led Zeppelin fue el turno de Justin Bieber, acusado de copiar el riff vocal de la canción "Ring the bell" en su hit "Sorry". La autora de la primera, la norteamericana White Hinterland, ya anunció acciones legales.
Antes, Madonna hasta dedicó un momento de sus shows para fustigar a Lady Gaga por el parecido entre "Express yourself" y "Born this way", amarrando ambos temas y coronándolos con "She's not me" (más claro imposible). Otro nombre de similar resonancia, Coldplay, anota más de un capítulo, entre ellos uno con Joe Satriani, quien los acusó de haber construido el hit "Viva la vida" sobre una pieza de su autoría ("If I could fly").
Claro que ninguno de ellos sufrió lo que Pharrell Williams y Robin Thicke en marzo de 2015: Demandados por la similitud evidente entre "Blurred lines" y "Got to give it up" (1977), finalmente tuvieron que pagar 7,3 millones de dólares a la familia de Marvin Gaye.
"Esto establece un horrible precedente para la música y la creatividad", fue el comentario del abogado de Williams, una vez conocida la resolución de la justicia.
La posibilidad de coincidir
Pero lo que el jurista planteó a la salida de los tribunales no fue solo la última pataleta del derrotado. Entre líneas, lo que señaló fue también el lugar que deben tomar en este tipo de discusiones las mecánicas de inspiración y el bagaje musical, incluso inconsciente, que cargan los compositores.
El mismo hombre de "Happy" apuntó a ello, al decir ante el jurado que la música de Marvin Gaye había formado parte de la banda sonora de su juventud, y que al escribir "Blurred lines" lo que intentó fue "canalizar la sensación de fines de los 70".
Según Guarello, algo así "claro que puede ocurrir", y por ello resalta que "hoy, el virtuosismo está en que una nueva canción sea suficientemente distinta de todas las que se le podrían parecer. La gente que está muy metida en la música crea algo, se da cuenta de los parecidos, y trabaja para encontrar la diferencia. Eso se da mucho hoy".
Tal como las coincidencias, que se dan sobre todo en el interior de subgéneros. Y aunque Guarello aclara que "la música es infinita", después de varias centurias de producción musical hay áreas en que los márgenes de combinación entre melodías y ritmos parece haberse ido reduciendo. "La música está dividida en miles de corrientes, y en el interior de cada una claramente hay un riesgo enorme de generar una composición casi idéntica a otra sin siquiera conocerla. Eso es real, y se ve muy claramente en la cueca. Aun siendo infinitas, en el interior de un estilo las combinaciones de sonidos muchas veces están acotadas, y por tanto la cercanía, o el cuasi plagio, incluso involuntario, es muy posible", explica.
Por ello, no basta con que peritos mandatados por un juez determinen si dos piezas se parecen lo suficiente. "Hay que medir también si se trata de una obra que el acusado ha conocido de forma previa y luego la intencionalidad", dice Mahú, ya que una canción puede contener "elementos que conociste, olvidaste, y que luego surgen sin intención".
Según el abogado, la forma de analizar esto en juicio está establecida: "Hay que comparar ambas piezas viendo las similitudes, no las diferencias, porque estas suelen ser las formas mediante las cuales se encubre el engaño. Eso excepto en casos muy burdos, en que alguien toma una obra y solo cambia el nombre del autor por el propio".
Esto último fue lo que le pasó a Fernando Ubiergo en 2007, cuando advirtió que el tema "Para ella", del grupo español Mägo de Oz, era prácticamente una traslación a lenguaje rockero de su himno "Cuando agosto era 21". Tanto así, que cuando su hijo menor llegó con la noticia pensó que se trataba de un cover.
"Lo escuchamos y fue una sensación de alegría, especialmente porque mi hijo estaba doblemente contento, ya que era fan del grupo. Pero luego un amigo español me comenta de esta canción y empezamos a averiguar", cuenta el cantautor. Entonces descubrió que la pieza había sido registrada con el nombre de Jesús María "Txus" Hernández como único creador.
"Era un poco grotesca la copia. Tenía algunas alteraciones, una maquilladita, pero era lo mismo", recuerda Ubiergo, quien asegura haber enfrentado el caso con "una sensación entremezclada, porque nunca es grato tomar acciones contra músicos. Pero no tenía alternativa, porque se debía restablecer una cuestión fundamental. Había un músico que se estaba atribuyendo la autoría".
El caso se resolvió a favor del chileno, quien no solicitó ninguna de las medidas más radicales, como el retiro de la obra o la restricción para que no vuelva a ser difundida. Así, optó por la que según el director jurídico de la SCD es la vía más común: "Que se reconozca la utilización no autorizada y se le otorgue al autor original un porcentaje de lo que se genere".
Hasta ahora Ubiergo no ha recibido nada desde España, debido a que el tema era uno más dentro de una extensa edición de grandes éxitos y "lados b". Sin embargo, ello lo tiene sin cuidado: Según dice, lo más importante era que se resarciera el principio vulnerado. Lo otro quizás venga después.
La regla de los compases
Aunque es extendida la creencia de que hay un número límite de compases similares entre dos canciones antes de hablar de plagio, esa regla no existe en todas las legislaciones ni con el mismo sentido. Según Jorge Mahú, medios como el argentino han cifrado en ocho los compases para fijar el derecho de cita, lo que ha permitido que después de esa cantidad se pueda establecer un plagio. En Chile, en cambio, "simplemente se habla de un breve fragmento de una obra ajena" como límite para las citas, por lo que el plagio se determina por peritos que ponen atención en "si hay o no coincidencias esenciales entre dos obras".
Casos históricos
El de "Stairway to heaven" no es el primer caso que ha debido enfrentar Led Zeppelin. Décadas antes, el grupo había perdido un juicio por otro de sus emblemas, "Whole lotta love", innegablemente similar al anterior "You need love", firmado por Willie Nixon y grabado por Muddy Waters. Otros históricos que también perdieron fueron The Doors por "Hello, I love you", tema que seguía los mismos patrones que otro de The Kinks ("All day and all of the night"), mientras que los Beach Boys debieron reconocer que "Surfin' USA" contenía elementos de "Sweet little sixteen", de Chuck Berry.
De épocas recientes quizá el más bullado de los casos fue el de "Bitter Sweet Symphony", tema para el que The Verve solicitó samplear -algo que siempre implica pago de derechos- un fragmento de una versión orquestal de "The last time", de los Rolling Stones. Sin embargo, el mánager del grupo dijo que el segmento usado fue más extenso que lo acordado, lo que terminó con Richard Ashcroft perdiendo todo derecho sobre uno de los singles más exitosos de los 90.
domingo, enero 26, 2014
La música es un placer y un instrumento de aprendizaje superior
El Mercurio
La melodía actúa directamente sobre el cerebro y sus funciones. Estudios diversos muestran cómo potencia la concentración, la atención, la creatividad y la capacidad de escuchar, beneficios que se multiplican entre quienes aprenden e interpretan instrumentos: mejoran su rendimiento en Lenguaje y Matemática, su disciplina y perseverancia.
PAMELA ELGUEDA
"Porque me hace feliz". Esa fue la principal respuesta dada por 229 jóvenes, de entre 17 y 21 años en Canadá, a la pregunta de por qué escuchan música. Una razón que puede parecer obvia, pero no en el contexto de un estudio, de tres investigadores de la Escuela de Psicología de la Universidad de Ottawa, que buscaba saber si había razones internas o externas (moda, influencia de los pares) en la decisión de "adolescentes tardíos" para escuchar música, y si eran intrínsecas, saber cuáles eran esos motivos.
La felicidad y el placer aparecieron como las razones principales entre estos estudiantes canadienses. Porque para muchos la música es eso, además de emoción, bienestar, compañía y recuerdos. Pero también es cognición, creatividad, atención, concentración y una herramienta que se usa en distintos centros de salud para tratar enfermedades neurológicas. En suma, una fuerza que potencia habilidades apreciadas en la Era del Conocimiento y que estimula el desarrollo integral de las personas.
Los efectos de la música en el cerebro humano dependen de si se es un oyente o un intérprete de melodías, ya sea cantando o tocando un instrumento, según han determinado diversos estudios realizados en Canadá, Estados Unidos y Europa. "Hay trabajos que demuestran que la música puede activar diferentes estructuras del cerebro y alterar o sincronizar las frecuencias de las ondas cerebrales registradas en un electroencefalograma", comenta el doctor Sergio Mora, neurobiólogo y jefe del Laboratorio de Farmacología del Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
"De esta manera -añade-, se ha podido establecer que el ritmo y el tono actúan sobre diferentes zonas de la corteza cerebral y el cerebelo, y que las letras de las canciones activan las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje y las emociones. A esto se puede agregar una investigación realiza por la York University, de Toronto, que demostró que "un breve período de entrenamiento de ejecución musical mejora la inteligencia verbal y las funciones ejecutivas en niños menores de 6 años".
Algo que Claudia Donoso, educadora de párvulos y directora del Magíster de Neurociencias aplicadas a la Educación Infantil, de la Universidad Finis Terrae, experimenta todos los días con sus alumnos del jardín Don Osito, y que la pianista Yelena Scherbakova, directora del Conservatorio de Música de la Universidad Mayor, comprueba año a año con los jóvenes que llegan a estudiar a sus aulas.
Placer y relajo
"Desde el punto de vista de la educación, la música tiene muchísimos beneficios para las funciones cerebrales de orden superior, como el aprendizaje y el lenguaje", dice Claudia Donoso. Su jardín infantil es inclusivo: tiene varios alumnos con necesidades educativas especiales, y ella ha visto las ventajas que ha tenido para preescolares con síndrome de Down y autismo el uso de música en clases.
Ella utiliza el Programa de Potenciación Creativa del profesor Egidio Contreras, que busca que los niños escuchen una pieza de música clásica, pero de una forma activa. Eso significa que puedan representar la música a través de gestos que dibujan las notas que escuchan. Así, se logra una escucha concentrada; es decir, el niño pone atención y logra captar lo que escucha, ya sea la música de Vivaldi o las instrucciones de la profesora.
"Favorecer la escucha es fundamental, porque para atender y concentrarse hay que saber escuchar, y escuchar es percepción", añade Claudia Donoso. "La música es un lenguaje inherente a las personas, y acá hemos logrado que niños a los que les cuesta hablar comiencen a hacerlo con las canciones que cantamos", explica.
La música funciona a nivel emocional, un área fundamental en el aprendizaje, ya que es más fácil hacer propio aquello que es significativo para uno que lo que se siente lejano. Algo que queda claro al ver los resultados de un estudio realizado por Valerie Salimpoor y colaboradores del International Laboratory for Brain, Music and Sound, de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), citado por el doctor Mora. "Ellos demostraron que el placer que provoca escuchar nuestra música favorita va acompañado de un aumento de la liberación de dopamina en el sistema de recompensa, o mesolímbico, de nuestro cerebro", explica el neurobiólogo. Eso significa que se activa el mismo sistema que responde a gratificantes como la comida, el sexo y las drogas, "provocando una forma de adicción".
Los científicos, explica el doctor Mora, vieron que la liberación de dopamina (llamada la hormona del placer) aumentaba en dos momentos: cuando se anticipaba el instante cúlmine de la música favorita (en el núcleo caudado), y cuando sonaba la parte preferida de esa melodía (en el núcleo accumbens). "Esto podría explicar la euforia o excitación que se produce en los asistentes a un concierto o recital de un músico o conjunto famoso", propone el neurobiólogo.
Esta liberación de dopamina también puede relacionarse con las facultades de la música para disminuir el estrés. En un estudio de la Universidad Monash, de Victoria, en Australia, se pidió a dos grupos de estudiantes que redactaran un discurso. Uno de ellos trabajó en silencio, mientras que el otro lo hizo escuchando de fondo el Canon de Johann Pachelbel Fasch (http://bit.ly/KyWclx). "Los que trabajaron en silencio mostraron las consecuencias típicas del estrés, hipertensión, taquicardia, sudoración, etc. Los que escucharon música mantuvieron sus signos vitales estables", comenta el doctor Mora.
Un amigo de la vida
Los niños que aprenden y se entrenan en la ejecución de un instrumento obtienen aún mayores beneficios. Un ejemplo de ello son los estudiantes que participan en las más de mil orquestas juveniles e infantiles que existen en Chile.
Una de ellas es la de Curanilahue, que sirvió a los investigadores de la Universidad de Chile Pablo Egaña, Dante Contreras y Juan Pablo Valenzuela para mostrar con cifras objetivas los efectos benéficos, a nivel cognitivo y no cognitivo, que tuvo para esos niños participar de esta orquesta. Para ello, los economistas buscaron a quienes habían pertenecido a la orquesta entre el año de su fundación, en 1996, y de su disolución, en 2003. Lo que encontraron es que quienes pertenecían a este conjunto de música obtenían mejores puntajes en la PSU en las pruebas de Lenguaje y Matemática, comparados con jóvenes de características similares, que no practicaban ningún tipo de ejecución musical.
Algo que, a la luz de los estudios que existen al respecto, se explica porque los niños que aprenden a interpretar un instrumento educan también su comprensión de los ritmos y la decodificación de notas y símbolos.
A nivel no cognitivo, en tanto, el estudio mostró mayor perseverancia de parte de los estudiantes que habían pertenecido a las orquestas, quienes perseveraban más veces en la rendición de la PSU.
Para la pianista Yelena Scherbakova, estos datos sólo confirman lo que ella observa todos los días en las aulas del Conservatorio de Música de la U. Mayor: niños y jóvenes normales "no superdotados", que potencian habilidades como la disciplina, la capacidad de concentración, de análisis y memoria al aprender y perfeccionar la interpretación de un instrumento.
"Se aprende un ordenamiento interno, porque uno se contacta con algo que es bello y perfecto en su estructura, que se acerca mucho a la matemática", explica la concertista en piano, quien añade otros desarrollos en sus alumnos: "Aprenden mucha historia, porque necesitan conocerla para saber el contexto en que las obras que interpretan fueron creadas. Aprenden disciplina, que es esencial para lograr perfeccionarse en la interpretación de un instrumento y aprenden de las emociones, porque cuando interpretan una pieza triste o alegre deben saber de qué se trata".
De ahí que ella recomiende estudiar un instrumento a cualquier edad, "tenerlo como un amigo de vida, porque trae muchas ventajas, de todo tipo", concluye Yelena Scherbakova.
En un estudio de la Universidad Monash, de Victoria, Australia, se pidió a dos grupos de estudiantes que redactaran un discurso. Uno de ellos trabajó en silencio, mientras que el otro lo hizo escuchando de fondo el Canon de Johann Pachelbel Fasch (http://bit.ly/KyWclx). Los que trabajaron en silencio mostraron las consecuencias típicas del estrés, hipertensión, taquicardia, sudoración, etc. Los que escucharon música mantuvieron sus signos vitales estables.
La Orquesta de Curanilahue sirvió a los investigadores de la Universidad de Chile Pablo Egaña, Dante Contreras y Juan Pablo Valenzuela para mostrar con cifras objetivas los efectos benéficos, a nivel cognitivo y no cognitivo, que tuvo para esos niños participar de esta agrupación.
La melodía actúa directamente sobre el cerebro y sus funciones. Estudios diversos muestran cómo potencia la concentración, la atención, la creatividad y la capacidad de escuchar, beneficios que se multiplican entre quienes aprenden e interpretan instrumentos: mejoran su rendimiento en Lenguaje y Matemática, su disciplina y perseverancia.
PAMELA ELGUEDA
"Porque me hace feliz". Esa fue la principal respuesta dada por 229 jóvenes, de entre 17 y 21 años en Canadá, a la pregunta de por qué escuchan música. Una razón que puede parecer obvia, pero no en el contexto de un estudio, de tres investigadores de la Escuela de Psicología de la Universidad de Ottawa, que buscaba saber si había razones internas o externas (moda, influencia de los pares) en la decisión de "adolescentes tardíos" para escuchar música, y si eran intrínsecas, saber cuáles eran esos motivos.
La felicidad y el placer aparecieron como las razones principales entre estos estudiantes canadienses. Porque para muchos la música es eso, además de emoción, bienestar, compañía y recuerdos. Pero también es cognición, creatividad, atención, concentración y una herramienta que se usa en distintos centros de salud para tratar enfermedades neurológicas. En suma, una fuerza que potencia habilidades apreciadas en la Era del Conocimiento y que estimula el desarrollo integral de las personas.
Los efectos de la música en el cerebro humano dependen de si se es un oyente o un intérprete de melodías, ya sea cantando o tocando un instrumento, según han determinado diversos estudios realizados en Canadá, Estados Unidos y Europa. "Hay trabajos que demuestran que la música puede activar diferentes estructuras del cerebro y alterar o sincronizar las frecuencias de las ondas cerebrales registradas en un electroencefalograma", comenta el doctor Sergio Mora, neurobiólogo y jefe del Laboratorio de Farmacología del Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
"De esta manera -añade-, se ha podido establecer que el ritmo y el tono actúan sobre diferentes zonas de la corteza cerebral y el cerebelo, y que las letras de las canciones activan las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje y las emociones. A esto se puede agregar una investigación realiza por la York University, de Toronto, que demostró que "un breve período de entrenamiento de ejecución musical mejora la inteligencia verbal y las funciones ejecutivas en niños menores de 6 años".
Algo que Claudia Donoso, educadora de párvulos y directora del Magíster de Neurociencias aplicadas a la Educación Infantil, de la Universidad Finis Terrae, experimenta todos los días con sus alumnos del jardín Don Osito, y que la pianista Yelena Scherbakova, directora del Conservatorio de Música de la Universidad Mayor, comprueba año a año con los jóvenes que llegan a estudiar a sus aulas.
Placer y relajo
"Desde el punto de vista de la educación, la música tiene muchísimos beneficios para las funciones cerebrales de orden superior, como el aprendizaje y el lenguaje", dice Claudia Donoso. Su jardín infantil es inclusivo: tiene varios alumnos con necesidades educativas especiales, y ella ha visto las ventajas que ha tenido para preescolares con síndrome de Down y autismo el uso de música en clases.
Ella utiliza el Programa de Potenciación Creativa del profesor Egidio Contreras, que busca que los niños escuchen una pieza de música clásica, pero de una forma activa. Eso significa que puedan representar la música a través de gestos que dibujan las notas que escuchan. Así, se logra una escucha concentrada; es decir, el niño pone atención y logra captar lo que escucha, ya sea la música de Vivaldi o las instrucciones de la profesora.
"Favorecer la escucha es fundamental, porque para atender y concentrarse hay que saber escuchar, y escuchar es percepción", añade Claudia Donoso. "La música es un lenguaje inherente a las personas, y acá hemos logrado que niños a los que les cuesta hablar comiencen a hacerlo con las canciones que cantamos", explica.
La música funciona a nivel emocional, un área fundamental en el aprendizaje, ya que es más fácil hacer propio aquello que es significativo para uno que lo que se siente lejano. Algo que queda claro al ver los resultados de un estudio realizado por Valerie Salimpoor y colaboradores del International Laboratory for Brain, Music and Sound, de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), citado por el doctor Mora. "Ellos demostraron que el placer que provoca escuchar nuestra música favorita va acompañado de un aumento de la liberación de dopamina en el sistema de recompensa, o mesolímbico, de nuestro cerebro", explica el neurobiólogo. Eso significa que se activa el mismo sistema que responde a gratificantes como la comida, el sexo y las drogas, "provocando una forma de adicción".
Los científicos, explica el doctor Mora, vieron que la liberación de dopamina (llamada la hormona del placer) aumentaba en dos momentos: cuando se anticipaba el instante cúlmine de la música favorita (en el núcleo caudado), y cuando sonaba la parte preferida de esa melodía (en el núcleo accumbens). "Esto podría explicar la euforia o excitación que se produce en los asistentes a un concierto o recital de un músico o conjunto famoso", propone el neurobiólogo.
Esta liberación de dopamina también puede relacionarse con las facultades de la música para disminuir el estrés. En un estudio de la Universidad Monash, de Victoria, en Australia, se pidió a dos grupos de estudiantes que redactaran un discurso. Uno de ellos trabajó en silencio, mientras que el otro lo hizo escuchando de fondo el Canon de Johann Pachelbel Fasch (http://bit.ly/KyWclx). "Los que trabajaron en silencio mostraron las consecuencias típicas del estrés, hipertensión, taquicardia, sudoración, etc. Los que escucharon música mantuvieron sus signos vitales estables", comenta el doctor Mora.
Un amigo de la vida
Los niños que aprenden y se entrenan en la ejecución de un instrumento obtienen aún mayores beneficios. Un ejemplo de ello son los estudiantes que participan en las más de mil orquestas juveniles e infantiles que existen en Chile.
Una de ellas es la de Curanilahue, que sirvió a los investigadores de la Universidad de Chile Pablo Egaña, Dante Contreras y Juan Pablo Valenzuela para mostrar con cifras objetivas los efectos benéficos, a nivel cognitivo y no cognitivo, que tuvo para esos niños participar de esta orquesta. Para ello, los economistas buscaron a quienes habían pertenecido a la orquesta entre el año de su fundación, en 1996, y de su disolución, en 2003. Lo que encontraron es que quienes pertenecían a este conjunto de música obtenían mejores puntajes en la PSU en las pruebas de Lenguaje y Matemática, comparados con jóvenes de características similares, que no practicaban ningún tipo de ejecución musical.
Algo que, a la luz de los estudios que existen al respecto, se explica porque los niños que aprenden a interpretar un instrumento educan también su comprensión de los ritmos y la decodificación de notas y símbolos.
A nivel no cognitivo, en tanto, el estudio mostró mayor perseverancia de parte de los estudiantes que habían pertenecido a las orquestas, quienes perseveraban más veces en la rendición de la PSU.
Para la pianista Yelena Scherbakova, estos datos sólo confirman lo que ella observa todos los días en las aulas del Conservatorio de Música de la U. Mayor: niños y jóvenes normales "no superdotados", que potencian habilidades como la disciplina, la capacidad de concentración, de análisis y memoria al aprender y perfeccionar la interpretación de un instrumento.
"Se aprende un ordenamiento interno, porque uno se contacta con algo que es bello y perfecto en su estructura, que se acerca mucho a la matemática", explica la concertista en piano, quien añade otros desarrollos en sus alumnos: "Aprenden mucha historia, porque necesitan conocerla para saber el contexto en que las obras que interpretan fueron creadas. Aprenden disciplina, que es esencial para lograr perfeccionarse en la interpretación de un instrumento y aprenden de las emociones, porque cuando interpretan una pieza triste o alegre deben saber de qué se trata".
De ahí que ella recomiende estudiar un instrumento a cualquier edad, "tenerlo como un amigo de vida, porque trae muchas ventajas, de todo tipo", concluye Yelena Scherbakova.
En un estudio de la Universidad Monash, de Victoria, Australia, se pidió a dos grupos de estudiantes que redactaran un discurso. Uno de ellos trabajó en silencio, mientras que el otro lo hizo escuchando de fondo el Canon de Johann Pachelbel Fasch (http://bit.ly/KyWclx). Los que trabajaron en silencio mostraron las consecuencias típicas del estrés, hipertensión, taquicardia, sudoración, etc. Los que escucharon música mantuvieron sus signos vitales estables.
La Orquesta de Curanilahue sirvió a los investigadores de la Universidad de Chile Pablo Egaña, Dante Contreras y Juan Pablo Valenzuela para mostrar con cifras objetivas los efectos benéficos, a nivel cognitivo y no cognitivo, que tuvo para esos niños participar de esta agrupación.
sábado, enero 04, 2014
El abc de los audífonos: cómo elegir el sonido perfecto
La Tercera
Si es de las personas que no puede andar por la ciudad sin música en los oídos o gusta de escuchar a todo volumen sus canciones favoritas sin que el ruido exterior lo moleste, factores como el diseño de los auriculares y su frecuencia de sonidos son vitales.
por Fabiola Torres
Los audífonos de uso personal alcanzaron el quinto lugar entre los artículos más vendidos esta Navidad, de acuerdo a un reciente informe de consumo electrónico elaborado por la consultora estadounidense The NPD Group. Según el reporte de los analistas, los distintos modelos a la venta, que por mucho tiempo se consideraron productos desechables que no superaban los 10 a 15 dólares, dieron paso a una revolución en lo que a audio personal se refiere, de la mano de conocidas marcas y artistas asociados a éstas.
La gran variedad de empresas, modelos y ofertas que hoy existen en el mercado propicia la compra de estos accesorios. Sin embargo, muchas veces la elección se hace sobre la base de un atractivo visual o simple moda, más que atendiendo a las necesidades musicales específicas de cada usuario, como su reproductor, género musical favorito o forma de uso, cuenta a Tendencias Christian Abogasi, gerente general de Media Player, empresa chilena que desde 2005 trae equipos portátiles de alta fidelidad al país.
Atendiendo a los requerimientos de los usuarios, en su showroom todos los equipos se pueden probar, desde el más barato al más caro, lo que asegura una elección adecuada, con una atención personalizada y conforme a cada bolsillo, sin por esto sacrificar calidad.
De todas formas, es importante destacar que si los archivos musicales en su equipo no tienen una calidad adecuada mínima, ningún reproductor dedicado o un audífono de alta fidelidad van a hacer que suene bien. Según Abogasi, una colección de música debiera operar al menos con mp3 codificados a razón de 320 kbps, aunque lo ideal es que estuviera almacenada en archivos con formato FLAC o ALAC, que comprimen el sonido sin pérdida de frecuencias.
En qué fijarse
Los distintos tipos de audífonos en el mercado se separan en tres grandes categorías:
* IEM (intraaurales): son esos audífonos que se introducen en el canal auditivo. Los modelos y rango de precios abundan, pero en general estos auriculares permiten un mejor aislamiento del ruido exterior y gran movilidad, a la vez que ocupan poco espacio. Muchos de los reproductores musicales portátiles y smartphones a la venta vienen con un par de éstos por defecto. Si bien parecen ser modelos sencillos, los audífonos IEM pueden alcanzar precios y utilizar tecnologías que no tienen nada que envidiar a sus hermanos mayores.
* On ear (supraaurales): son aquellos audífonos que quedan justo sobre las orejas. También se les llama abiertos, ya que el sonido escapa de ellos y puede ser oído por las personas alrededor del usuario si el volumen al que escucha es muy alto. Son extremadamente portátiles y livianos. De todas formas, los expertos los recomiendan más para el uso en la casa u oficina, donde no importa que el sonido escape y el ruido exterior es mínimo.
* Over the ear (circumaurales): estos auriculares también se llaman cerrados, ya que permiten un aislamiento sonoro casi completo del mundo exterior. Al impedir que el sonido escape, su uso es más extendido en el campo profesional, donde sus cualidades físicas y alta fidelidad son cotizadas por DJs o camarógrafos y sonidistas, por ejemplo. Entregan una escena sonora completa, con frecuencias auditivas más precisas y limpias, además de no permitir que el sonido escape.
Una vez definido el tipo de auricular que se quiere, se debe prestar atención a sus especificaciones. Frecuencia, impedancia y decibeles definen qué tipo de sonidos se van a escuchar, qué reproductores serán capaces de “levantar” o potenciar el audífono y a qué intensidad.
* Frecuencia: rango de sonidos que el audífono es capaz de desplegar. Se mide en hercios y, mientras más grande el rango, mejor. La mayoría de los modelos en el mercado abarcan desde los 20 a 20.000 hercios, que es el rango de escucha del oído humano. Mientras más extenso sea este rango en el auricular, más completa será la experiencia auditiva.
* Impedancia: es la resistencia del auricular al paso de la corriente eléctrica y se mide en ohms (O). A menor impedancia, mayor volumen, por lo que el audífono va a funcionar bien con todo tipo de reproductores musicales portátiles o smartphones. La mayoría de estos dispositivos móviles soportan audífonos con una impedancia de hasta 32 ohms. Si ya supera esa barrera, es necesario agregar un amplificador portátil o un reproductor musical de alta fidelidad con la potencia necesaria para “levantar” el auricular.
* Sensibilidad: es la intensidad de sonido que el audífono es capaz de emitir y se mide en decibeles (db). La mayoría de los auriculares en el mercado soportan hasta los 100 db. Mientras más cerca de este número, más equilibrada será la experiencia y hay menos riesgo de pérdida de audición.
También se debe prestar atención a la forma del conector o jack (en 180 o 90 grados) y a la forma como transporta su reproductor. Si el equipo viaja en su bolsillo, es posible que el conector de los audífonos se doble constantemente, lo que a la larga provoca una fatiga del material y que el accesorio falle.
Aunque el aumento en el consumo de estos accesorios electrónicos se dio gracias a algunas marcas en particular (como Beats, Sony o Skullcandy, que acercaron las tendencias en moda al mundo de la música, con diseños atractivos y en gran variedad de colores), otras empresas menos visibles publicitariamente ofrecen características similares o incluso mucho mejores por el mismo precio de marcas más conocidas.
Si es de las personas que no puede andar por la ciudad sin música en los oídos o gusta de escuchar a todo volumen sus canciones favoritas sin que el ruido exterior lo moleste, factores como el diseño de los auriculares y su frecuencia de sonidos son vitales.
por Fabiola Torres
Los audífonos de uso personal alcanzaron el quinto lugar entre los artículos más vendidos esta Navidad, de acuerdo a un reciente informe de consumo electrónico elaborado por la consultora estadounidense The NPD Group. Según el reporte de los analistas, los distintos modelos a la venta, que por mucho tiempo se consideraron productos desechables que no superaban los 10 a 15 dólares, dieron paso a una revolución en lo que a audio personal se refiere, de la mano de conocidas marcas y artistas asociados a éstas.
La gran variedad de empresas, modelos y ofertas que hoy existen en el mercado propicia la compra de estos accesorios. Sin embargo, muchas veces la elección se hace sobre la base de un atractivo visual o simple moda, más que atendiendo a las necesidades musicales específicas de cada usuario, como su reproductor, género musical favorito o forma de uso, cuenta a Tendencias Christian Abogasi, gerente general de Media Player, empresa chilena que desde 2005 trae equipos portátiles de alta fidelidad al país.
Atendiendo a los requerimientos de los usuarios, en su showroom todos los equipos se pueden probar, desde el más barato al más caro, lo que asegura una elección adecuada, con una atención personalizada y conforme a cada bolsillo, sin por esto sacrificar calidad.
De todas formas, es importante destacar que si los archivos musicales en su equipo no tienen una calidad adecuada mínima, ningún reproductor dedicado o un audífono de alta fidelidad van a hacer que suene bien. Según Abogasi, una colección de música debiera operar al menos con mp3 codificados a razón de 320 kbps, aunque lo ideal es que estuviera almacenada en archivos con formato FLAC o ALAC, que comprimen el sonido sin pérdida de frecuencias.
En qué fijarse
Los distintos tipos de audífonos en el mercado se separan en tres grandes categorías:
* IEM (intraaurales): son esos audífonos que se introducen en el canal auditivo. Los modelos y rango de precios abundan, pero en general estos auriculares permiten un mejor aislamiento del ruido exterior y gran movilidad, a la vez que ocupan poco espacio. Muchos de los reproductores musicales portátiles y smartphones a la venta vienen con un par de éstos por defecto. Si bien parecen ser modelos sencillos, los audífonos IEM pueden alcanzar precios y utilizar tecnologías que no tienen nada que envidiar a sus hermanos mayores.
* On ear (supraaurales): son aquellos audífonos que quedan justo sobre las orejas. También se les llama abiertos, ya que el sonido escapa de ellos y puede ser oído por las personas alrededor del usuario si el volumen al que escucha es muy alto. Son extremadamente portátiles y livianos. De todas formas, los expertos los recomiendan más para el uso en la casa u oficina, donde no importa que el sonido escape y el ruido exterior es mínimo.
* Over the ear (circumaurales): estos auriculares también se llaman cerrados, ya que permiten un aislamiento sonoro casi completo del mundo exterior. Al impedir que el sonido escape, su uso es más extendido en el campo profesional, donde sus cualidades físicas y alta fidelidad son cotizadas por DJs o camarógrafos y sonidistas, por ejemplo. Entregan una escena sonora completa, con frecuencias auditivas más precisas y limpias, además de no permitir que el sonido escape.
Una vez definido el tipo de auricular que se quiere, se debe prestar atención a sus especificaciones. Frecuencia, impedancia y decibeles definen qué tipo de sonidos se van a escuchar, qué reproductores serán capaces de “levantar” o potenciar el audífono y a qué intensidad.
* Frecuencia: rango de sonidos que el audífono es capaz de desplegar. Se mide en hercios y, mientras más grande el rango, mejor. La mayoría de los modelos en el mercado abarcan desde los 20 a 20.000 hercios, que es el rango de escucha del oído humano. Mientras más extenso sea este rango en el auricular, más completa será la experiencia auditiva.
* Impedancia: es la resistencia del auricular al paso de la corriente eléctrica y se mide en ohms (O). A menor impedancia, mayor volumen, por lo que el audífono va a funcionar bien con todo tipo de reproductores musicales portátiles o smartphones. La mayoría de estos dispositivos móviles soportan audífonos con una impedancia de hasta 32 ohms. Si ya supera esa barrera, es necesario agregar un amplificador portátil o un reproductor musical de alta fidelidad con la potencia necesaria para “levantar” el auricular.
* Sensibilidad: es la intensidad de sonido que el audífono es capaz de emitir y se mide en decibeles (db). La mayoría de los auriculares en el mercado soportan hasta los 100 db. Mientras más cerca de este número, más equilibrada será la experiencia y hay menos riesgo de pérdida de audición.
También se debe prestar atención a la forma del conector o jack (en 180 o 90 grados) y a la forma como transporta su reproductor. Si el equipo viaja en su bolsillo, es posible que el conector de los audífonos se doble constantemente, lo que a la larga provoca una fatiga del material y que el accesorio falle.
Aunque el aumento en el consumo de estos accesorios electrónicos se dio gracias a algunas marcas en particular (como Beats, Sony o Skullcandy, que acercaron las tendencias en moda al mundo de la música, con diseños atractivos y en gran variedad de colores), otras empresas menos visibles publicitariamente ofrecen características similares o incluso mucho mejores por el mismo precio de marcas más conocidas.
La migraña que explica la genialidad de Richard Wagner
A la mitad de Siegfried, la tercera ópera de El anillo del Nibelungo, el compositor alemán pensó que ya no podía más. El dolor era insoportable, pero le ayudó a imprimirle un carácter único cuyo ritmo y pulsaciones coinciden con la progresión de una jaqueca.
por Jennifer Abate / Ilustración: Marcelo Escobar
CUALQUIERA QUE haya padecido de jaquecas sabe lo debilitantes que son. La tortura comienza con un pequeño dolor que va creciendo a medida que se notan cada vez más las pulsaciones a ambos lados de la cabeza, como si una orquesta marcara el ritmo de los latidos. Pasados algunos minutos el dolor se vuelve insoportable y la única solución es cerrar las cortinas y alejarse de todo el ruido. Sin duda es una experiencia tan desagradable, que nadie podría agradecerla.
Sin embargo, en el caso de un famoso compositor del siglo XIX, estos fuertísimos dolores de cabeza pudieron haber servido como fuente de inspiración para una de sus más geniales obras. Esto, porque recientemente un grupo de investigadores alemanes descubrió que los dramáticos acordes de la ópera Siegfried, del compositor alemán Richard Wagner, fueron inspirados por las dolorosas migrañas de su autor.
Para llegar a esta conclusión, el equipo germano, que publicó sus hallazgos en la edición de Navidad del prestigioso British Medical Journal, analizó esta obra, la tercera de las cuatro óperas que componen El anillo del Nibelungo (Der ring des Nibelungen). Más particularmente, se centró en la intensidad de las pulsaciones que marcan el ritmo de la obra.
Sus conclusiones fueron decidoras: “La ópera abre con un golpeteo palpitante, que gradualmente se vuelve más intenso, hasta que alcanza una pulsación casi dolorosa”. En el clímax, incluso, el personaje principal grita: “¡Plaga compulsiva! ¡Dolor sin final!”, algo que los investigadores detallan como una representación de “un doloroso episodio de migraña”.
Pero no fue la intensidad musical lo único en lo que se fijaron los científicos liderados por Hartmut Göbel, director desde 1998 del Centro de Investigación del Dolor Clínico y del Centro de Jaquecas Kiel. El neurólogo dice a Tendencias: “Estudiamos las memorias de Richard Wagner, sus cartas y los diarios de su segunda esposa, Cosima (que escribió desde el 1 de enero de 1869 hasta el 12 de febrero de 1883, el día anterior a la muerte de Wagner). Las descripciones de Richard Wagner de sus dolores de cabeza en sus escritos y cartas entregan clara evidencia de que sufría severos episodios de migraña. Frecuentemente se quejaba de que sus ‘dolores de cabeza nerviosos’ afectaban su trabajo y de que eran ‘la principal plaga de su vida’”. Por el mismo tiempo en que trabajaba en Siegfried, Wagner le escribtía al compositor húngaro Franz Liszt:
“Todavía no he recuperado el ánimo para escribirles a Carolyne y Marie von Sayn-Wittgenstein. Me molesta estar siempre en un estado de lamento y por lo tanto debo esperar una hora favorable para no decepcionarte absolutamente. Tú mismo estás acostumbrado a mis lamentos y ya no esperas nada más. Mi salud, una vez más, ha estado muy mal en los últimos diez días. Después de terminar el boceto del primer acto de Siegfried, literalmente no fui capaz de escribir un simple compás sin sentir que me llevaba el más alarmante dolor de cabeza. Actualmente, mi sistema nervioso se asemeja a un piano muy fuera de tono. Me imagino que las cuerdas se romperán y, por fin, habrá un final”.
Las marcas de ese dolor en la obra de Wagner aparecen claramente en el estudio de Göbel. A través de un análisis de las pulsaciones de un aura típica de migraña (la manifestación de síntomas que indican que comenzará la cefalea), se demostró que su frecuencia promedio es de alrededor de 17,8 Hz. Wagner compuso los compases en dos cuartos y los instrumentos de cuerda responsables de la pulsación musical (violines y violas) debían tocar a un ritmo de 16 corcheas por compás. Esto corresponde a una frecuencia de cerca de 16 Hz y un ritmo de 120 pulsaciones por minuto, muy cercano a lo que ocurre durante un aura de migraña.
Según el equipo de científicos, esta es una muy buena teoría para explicar la inusual intensidad musical de Wagner, quien a juicio de Göbel se vio “severamente agobiado por la migraña, pero usó su sufrimiento creativamente, lo que permitió que futuras generaciones participaran de sus emociones y percepciones”.
A pesar de que a juicio del neurólogo las migrañas son sólo uno más de los factores que pudieron influenciar la obra de Wagner, “durante el tiempo en el que compuso su ópera Siegfried sus dolores de cabeza y su salud en general jugaron un rol central. Tuvo que interrumpir la composición de esta compleja ópera en la mitad del segundo acto. Ya no era capaz de continuar con el trabajo que había seguido por más de 12 años. Puedes escuchar claramente la diferencia entre el segundo y el tercer acto”.
Según Göbel, este antecedente no es exclusivo de la vida de Richard Wagner: “Muchas personas famosas sufrieron dolores de cabeza y, especialmente, migrañas”. Entre ellos, destacan los casos de Pablo Picasso, quien pintó sus conocidas auras de migraña en muchas de sus más célebres pinturas. En el mundo de la ciencia, Marie Curie sufrió cefaleas tan severas que incluso quiso detener sus investigaciones. También en la esfera musical, Wolfgang Amadeus Mozart sufrió de una fractura de cráneo que le ocasionaba severos dolores de cabeza. Las migrañas afectan frecuentemente a la gente productiva y creativa”.
Los gustos rockeros de los chefs
El Mercurio
La relación entre la música y la gastronomía es más que cercana. Para preparar platos e idear nuevas cartas, las canciones siempre están presentes. ¿El mayor énfasis? El rock. Aquí, reconocidos chefs locales nos cuentan su dependencia de las bandas para desarrollar su trabajo.
Felipe Rodríguez
Poco antes de escribir su nuevo libro, René Redzepi, el chef del premiado restaurante danés Noma, sorprendió a la prensa. Les confidenció que el prólogo de su texto estaba encargado a una de las mayores celebridades de su país. Los periodistas especularon con varios nombres y cerraron sus pesquisas en dos personas: el ex futbolista Michael Laudrup y el cineasta Lars von Trier. Estaban equivocados. El elegido fue Lars Ulrich, el baterista de Metallica. "Es la banda que más escucho mientras trabajo en la cocina", sorprendió Redzepi.
La afición del nórdico por el rock no es exclusiva ni menos descabellada en la gastronomía. En Chile, una gran mayoría de los chefs consumen música como antídoto para desarrollar una mejor labor, porque les quita estrés y los sumerge en la elaboración de platos. "Nosotros siempre tenemos música. Todo el día. Cuando yo no estoy, los cocineros escuchan reggaeton. Pero ese tipo de música, o Ricardo Arjona, están prohibidos en mi presencia. Me gusta el rock: harto Red Hot Chili Peppers. Si quiero inspirarme para crear platos, lo mejor son los Pixies. Por lo general, escucho bastante rock noventero", cuenta Juan Pablo Castro, chef ejecutivo del hotel Mercure.
Por lo general, los chefs coinciden en que el trabajo gastronómico enlaza directamente con el rock. En las horas de mayor demanda, por ejemplo, funcionan con la adrenalina a mil. "Como si estuviéramos saliendo a tocar en un concierto", reconoce Nicolás Baudrand, chef y dueño del restaurante Blue Jar. Al igual que los músicos en el escenario, en ese período la concentración es total. No pueden equivocarse con los pedidos, deben estar muy activos y mostrar destreza física y mental. "Tenemos música prácticamente todo el día, pero en el horario de los almuerzos, especialmente, que viene mucha gente en poco rato, quito la música. Después cuando se van, cuando se acaba el día, te puedes relajar: tomándote un trago, escuchando música, divirtiéndote", añade.
Por lo general, la música tiene distintas fases en el día a día de los chefs. En las mañanas, cuando el ambiente está relajado, se opta por melodías más rockeras o más pausadas. "En ese horario me la juego por música clásica. Me gusta mucho Chopin", afirma Baudrand. Para Rolando Ortega, del restaurante Salvador Cocina, ese horario es ideal para subir la motivación. "Nosotros nos vamos con algo rockero directo a la vena: nuestro administrador es quien llega primero en las mañanas y siempre tenemos algo de AC/DC. Ese tipo de música te prende más. Pasamos por hartas fases: a veces escuchamos algo más tranquilo como Jorge Drexler, Kevin Johansen. Cuando hay más caos, durante el almuerzo, nos vamos con Babasónicos, Anita Tijoux y los viernes con Chico Trujillo. Todo depende de las circunstancias", manifiesta.
Alan Kallenz, el chef ejecutivo del hotel NH, es un rockero clásico. Sin repetir ni equivocarse, puede recitar de memoria discos de AC/DC, Iron Maiden, Ozzy Osbourne y Slayer. Asegura que en un lugar donde se trabaja encerrado prácticamente todo el día es imprescindible escuchar rock. Y se ufana de sus méritos: "no me he perdido ningún recital de Iron Maiden desde 2004 a la fecha y me di un gran gusto hace un par de años: ir a ver a AC/DC a Buenos Aires junto a mi esposa. Y a mis niñas también les pongo música para que aprendan", asegura.
Durante sus tareas en hoteles ha conocido a un par de estrellas: Poison y Metallica. "Cuando vino Poison en 1993, estaba en el Hyatt. Los artistas estaban en el bar de hotel Duke y me llamó un amigo para decirme que estaban en la barra. Bajé y puse un disco de AC/DC, "Highway to Hell" (1979). Me dijeron 'es un muy buen grupo'. Ese mismo año estuvo Metallica por primera vez en Chile. Venían con jet lag y almorzaron como a las cinco de la tarde. Habían pedido estar solos comiendo y un amigo que trabajaba conmigo y era fanático me dijo que les pidiera un autógrafo. Me acerqué a James Hetfield, el vocalista, que estaba con el guitarrista ruliento -Kirk Hammett- y le pedí que me firmaran un disco, aunque le comenté que mi banda favorita era AC/DC. Y también le gustaba", afirma.
-¿Qué música están escuchando? ¿Van a conciertos?
Baudrand: "Escucho mucho The Beatles y bandas nuevas como The XX, Mumford and Sons y, especialmente, The Walkmen. Los vi el año pasado en la Oz y fue fantástico. Ese es un lugar ideal porque es chico y te puedes tomar tu trago. ¿Chilenos? Electrodomésticos. Son geniales".
Kallenz: "Harto rock clásico, siempre. Lo único que siento es que me perdí a Black Sabbath. ¿Adivina por qué? Tenía que cocinar".
El famoso chef norteamericano Anthony Bourdain ("Sin reservas") es un reconocido fanático del rock y el punk por lo que siempre habla de The Ramones e Iggy Pop. Además, en sus programas suelen aparecer músicos o bandas de la talla de Queens of the Stone Age.
La relación entre la música y la gastronomía es más que cercana. Para preparar platos e idear nuevas cartas, las canciones siempre están presentes. ¿El mayor énfasis? El rock. Aquí, reconocidos chefs locales nos cuentan su dependencia de las bandas para desarrollar su trabajo.
Felipe Rodríguez
Poco antes de escribir su nuevo libro, René Redzepi, el chef del premiado restaurante danés Noma, sorprendió a la prensa. Les confidenció que el prólogo de su texto estaba encargado a una de las mayores celebridades de su país. Los periodistas especularon con varios nombres y cerraron sus pesquisas en dos personas: el ex futbolista Michael Laudrup y el cineasta Lars von Trier. Estaban equivocados. El elegido fue Lars Ulrich, el baterista de Metallica. "Es la banda que más escucho mientras trabajo en la cocina", sorprendió Redzepi.
La afición del nórdico por el rock no es exclusiva ni menos descabellada en la gastronomía. En Chile, una gran mayoría de los chefs consumen música como antídoto para desarrollar una mejor labor, porque les quita estrés y los sumerge en la elaboración de platos. "Nosotros siempre tenemos música. Todo el día. Cuando yo no estoy, los cocineros escuchan reggaeton. Pero ese tipo de música, o Ricardo Arjona, están prohibidos en mi presencia. Me gusta el rock: harto Red Hot Chili Peppers. Si quiero inspirarme para crear platos, lo mejor son los Pixies. Por lo general, escucho bastante rock noventero", cuenta Juan Pablo Castro, chef ejecutivo del hotel Mercure.
Por lo general, los chefs coinciden en que el trabajo gastronómico enlaza directamente con el rock. En las horas de mayor demanda, por ejemplo, funcionan con la adrenalina a mil. "Como si estuviéramos saliendo a tocar en un concierto", reconoce Nicolás Baudrand, chef y dueño del restaurante Blue Jar. Al igual que los músicos en el escenario, en ese período la concentración es total. No pueden equivocarse con los pedidos, deben estar muy activos y mostrar destreza física y mental. "Tenemos música prácticamente todo el día, pero en el horario de los almuerzos, especialmente, que viene mucha gente en poco rato, quito la música. Después cuando se van, cuando se acaba el día, te puedes relajar: tomándote un trago, escuchando música, divirtiéndote", añade.
Por lo general, la música tiene distintas fases en el día a día de los chefs. En las mañanas, cuando el ambiente está relajado, se opta por melodías más rockeras o más pausadas. "En ese horario me la juego por música clásica. Me gusta mucho Chopin", afirma Baudrand. Para Rolando Ortega, del restaurante Salvador Cocina, ese horario es ideal para subir la motivación. "Nosotros nos vamos con algo rockero directo a la vena: nuestro administrador es quien llega primero en las mañanas y siempre tenemos algo de AC/DC. Ese tipo de música te prende más. Pasamos por hartas fases: a veces escuchamos algo más tranquilo como Jorge Drexler, Kevin Johansen. Cuando hay más caos, durante el almuerzo, nos vamos con Babasónicos, Anita Tijoux y los viernes con Chico Trujillo. Todo depende de las circunstancias", manifiesta.
Alan Kallenz, el chef ejecutivo del hotel NH, es un rockero clásico. Sin repetir ni equivocarse, puede recitar de memoria discos de AC/DC, Iron Maiden, Ozzy Osbourne y Slayer. Asegura que en un lugar donde se trabaja encerrado prácticamente todo el día es imprescindible escuchar rock. Y se ufana de sus méritos: "no me he perdido ningún recital de Iron Maiden desde 2004 a la fecha y me di un gran gusto hace un par de años: ir a ver a AC/DC a Buenos Aires junto a mi esposa. Y a mis niñas también les pongo música para que aprendan", asegura.
Durante sus tareas en hoteles ha conocido a un par de estrellas: Poison y Metallica. "Cuando vino Poison en 1993, estaba en el Hyatt. Los artistas estaban en el bar de hotel Duke y me llamó un amigo para decirme que estaban en la barra. Bajé y puse un disco de AC/DC, "Highway to Hell" (1979). Me dijeron 'es un muy buen grupo'. Ese mismo año estuvo Metallica por primera vez en Chile. Venían con jet lag y almorzaron como a las cinco de la tarde. Habían pedido estar solos comiendo y un amigo que trabajaba conmigo y era fanático me dijo que les pidiera un autógrafo. Me acerqué a James Hetfield, el vocalista, que estaba con el guitarrista ruliento -Kirk Hammett- y le pedí que me firmaran un disco, aunque le comenté que mi banda favorita era AC/DC. Y también le gustaba", afirma.
-¿Qué música están escuchando? ¿Van a conciertos?
Baudrand: "Escucho mucho The Beatles y bandas nuevas como The XX, Mumford and Sons y, especialmente, The Walkmen. Los vi el año pasado en la Oz y fue fantástico. Ese es un lugar ideal porque es chico y te puedes tomar tu trago. ¿Chilenos? Electrodomésticos. Son geniales".
Kallenz: "Harto rock clásico, siempre. Lo único que siento es que me perdí a Black Sabbath. ¿Adivina por qué? Tenía que cocinar".
El famoso chef norteamericano Anthony Bourdain ("Sin reservas") es un reconocido fanático del rock y el punk por lo que siempre habla de The Ramones e Iggy Pop. Además, en sus programas suelen aparecer músicos o bandas de la talla de Queens of the Stone Age.
martes, junio 25, 2013
El gusto musical permitiría predecir las preferencias personales en el cine
El Mercurio
Un estudio de una compañía experta en consumo musical online estableció que hay una relación entre los artistas que se escuchan y las películas que se ven.
Javier Contreras
No hay que ser muy agudo para intuir que existen patrones comúnmente asociados al gusto musical de una persona. Desde la apariencia al nivel cultural, la música serviría de indicador para predecir otras preferencias de un individuo. Suena lógico que alguien que escuche a Celine Dion prefiera en el cine las comedias románticas. O que quienes gustan del rock opten por cintas de acción. Esa presunción quiso examinar la compañía The Echo Nest, una de las más importantes plataformas de procesamiento de datos sobre consumo musical en internet, en una investigación que publicó esta semana en EE.UU., justamente sobre la relación entre música y cine.
Cruzando los perfiles musicales de 50 mil usuarios de internet con datos sobre sus preferencias en el cine recopilados en redes sociales y buscadores, el estudio arrojó que efectivamente hay una correlación entre ambos factores. De hecho, tal como sugería el sentido común, el gusto por artistas que le cantan al amor, como Celine Dion, Beyoncé o Jennifer Lopez, establecía un notorio vínculo con la inclinación por las comedias románticas.
Otro hallazgo fue la consistencia de los gustos musicales de quienes consumen películas sobre superhéroes, las más taquilleras del último tiempo. Se detectó una tendencia marcada hacia el rock, con nombres como Deftones, Korn y Linkin Park, aunque eso no fue lo más revelador. Cuando la muestra se dividió entre quienes favorecían a las cintas basadas en cómics de Marvel ("Los vengadores", "Iron Man") y aquellos que apostaban a las inspiradas en personajes de DC Comics ("Batman: El caballero de la noche" y "Superman: El hombre de acero"), hubo sorpresas. Mientras las películas de Marvel, más livianas y con énfasis en la entretención, seducían también a seguidores de estrellas pop como Britney Spears, Lady Gaga y Madonna, las cintas de DC Comics, más dramáticas y con una carga más oscura, atraían a fanáticos de rockeros duros, como Alice In Chains y Rage Against The Machine.
Otro resultado interesante fue el relativo al gusto por las películas premiadas con Oscar. A diferencia de quienes privilegian cintas como "Crepúsculo" -seguidores de estrellas musicales que surgieron a fines de los 90-, los que se guían por los criterios de la Academia escuchan a artistas que emergieron a principios de los 80. En otras palabras, a mayor criterio musical, mejor será el aprecio por el séptimo arte, concluyó The Echo Nest.
Un estudio de una compañía experta en consumo musical online estableció que hay una relación entre los artistas que se escuchan y las películas que se ven.
Javier Contreras
No hay que ser muy agudo para intuir que existen patrones comúnmente asociados al gusto musical de una persona. Desde la apariencia al nivel cultural, la música serviría de indicador para predecir otras preferencias de un individuo. Suena lógico que alguien que escuche a Celine Dion prefiera en el cine las comedias románticas. O que quienes gustan del rock opten por cintas de acción. Esa presunción quiso examinar la compañía The Echo Nest, una de las más importantes plataformas de procesamiento de datos sobre consumo musical en internet, en una investigación que publicó esta semana en EE.UU., justamente sobre la relación entre música y cine.
Cruzando los perfiles musicales de 50 mil usuarios de internet con datos sobre sus preferencias en el cine recopilados en redes sociales y buscadores, el estudio arrojó que efectivamente hay una correlación entre ambos factores. De hecho, tal como sugería el sentido común, el gusto por artistas que le cantan al amor, como Celine Dion, Beyoncé o Jennifer Lopez, establecía un notorio vínculo con la inclinación por las comedias románticas.
Otro hallazgo fue la consistencia de los gustos musicales de quienes consumen películas sobre superhéroes, las más taquilleras del último tiempo. Se detectó una tendencia marcada hacia el rock, con nombres como Deftones, Korn y Linkin Park, aunque eso no fue lo más revelador. Cuando la muestra se dividió entre quienes favorecían a las cintas basadas en cómics de Marvel ("Los vengadores", "Iron Man") y aquellos que apostaban a las inspiradas en personajes de DC Comics ("Batman: El caballero de la noche" y "Superman: El hombre de acero"), hubo sorpresas. Mientras las películas de Marvel, más livianas y con énfasis en la entretención, seducían también a seguidores de estrellas pop como Britney Spears, Lady Gaga y Madonna, las cintas de DC Comics, más dramáticas y con una carga más oscura, atraían a fanáticos de rockeros duros, como Alice In Chains y Rage Against The Machine.
Otro resultado interesante fue el relativo al gusto por las películas premiadas con Oscar. A diferencia de quienes privilegian cintas como "Crepúsculo" -seguidores de estrellas musicales que surgieron a fines de los 90-, los que se guían por los criterios de la Academia escuchan a artistas que emergieron a principios de los 80. En otras palabras, a mayor criterio musical, mejor será el aprecio por el séptimo arte, concluyó The Echo Nest.
jueves, noviembre 15, 2012
El Mundo Al Instante: Orquesta elimina partituras para tocar con tablets
El Mercurio
En pleno concierto , los músicos de la Filarmónica de Bruselas arrojaron las partituras al aire para continuar leyendo música en pantallas.
Agencias
Con el simbólico lanzamiento al aire de sus partituras durante un concierto efectuado en la Sala Flagey de la capital belga, la Orquesta Filarmónica de Bruselas comenzó a acaparar las miradas no sólo del medio musical. También del tecnológico.
Ello, porque en su reemplazo los músicos utilizaron tabletas para leer pasajes de la ópera "Tristán e Isolda", de Wagner; o el "Bolero", de Ravel, y convertirse así -según promueve la firma Samsung- en la primera orquesta del mundo en eliminar de sus atriles las cientos de hojas que componen las obras clásicas.
"Hay que situarse en el centro de la vida social, cultural y económica. Con todo el potencial de la interactividad que nos ofrece la esfera digital", indicó el director de la orquesta, Gunter Broucke, al diario Le Soir.
Los músicos siguieron la modalidad touch para cambiar de página en sus tabletas. Según se indicó, la experiencia aún está en una fase de prueba, pero que de resultar ahorraría unos 25 mil euros anuales por concepto de preparativos de partituras en papel y almacenamiento de gran volumen de material, dado que cada dispositivo puede albergar miles de obras.
Además, ya se está trabajando en aplicaciones que optimizarán el trabajo conjunto. Por ejemplo, un software permite al director escribir anotaciones sobre las partituras de cada miembro de la orquesta y que éstas aparezcan en tiempo real en las pantallas de los músicos.
En pleno concierto , los músicos de la Filarmónica de Bruselas arrojaron las partituras al aire para continuar leyendo música en pantallas.
Agencias
Con el simbólico lanzamiento al aire de sus partituras durante un concierto efectuado en la Sala Flagey de la capital belga, la Orquesta Filarmónica de Bruselas comenzó a acaparar las miradas no sólo del medio musical. También del tecnológico.
Ello, porque en su reemplazo los músicos utilizaron tabletas para leer pasajes de la ópera "Tristán e Isolda", de Wagner; o el "Bolero", de Ravel, y convertirse así -según promueve la firma Samsung- en la primera orquesta del mundo en eliminar de sus atriles las cientos de hojas que componen las obras clásicas.
"Hay que situarse en el centro de la vida social, cultural y económica. Con todo el potencial de la interactividad que nos ofrece la esfera digital", indicó el director de la orquesta, Gunter Broucke, al diario Le Soir.
Los músicos siguieron la modalidad touch para cambiar de página en sus tabletas. Según se indicó, la experiencia aún está en una fase de prueba, pero que de resultar ahorraría unos 25 mil euros anuales por concepto de preparativos de partituras en papel y almacenamiento de gran volumen de material, dado que cada dispositivo puede albergar miles de obras.
Además, ya se está trabajando en aplicaciones que optimizarán el trabajo conjunto. Por ejemplo, un software permite al director escribir anotaciones sobre las partituras de cada miembro de la orquesta y que éstas aparezcan en tiempo real en las pantallas de los músicos.
sábado, octubre 06, 2012
Los estudios más curiosos de la relación entre música y ciencia
El Mercurio
Perros que se duermen escuchando a Beethoven y que se alteran con Slayer. Niños que desarrollan habilidades sociales jugando con melodías. Suaves arreglos instrumentales que hacen bajar de peso. No hay límite para los científicos interesados en las propiedades de la música.
Andrés Panes
Las canciones exitosas son todas iguales
Curioso, pero también muy controvertido, el estudio de Joan Serrá, una experta en inteligencia artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, planteó que los éxitos musicales de la actualidad son cada vez más parecidos entre sí y, además, se han vuelto ruidosos. Usando una base de datos conocida como Million Song Dataset, un archivo público que contiene -literalmente- un millón de canciones, el equipo de la académica analizó los aspectos técnicos de canciones de entre 1955 y 2010, a través de algoritmos. Acordes, melodías y sonidos utilizados fueron algunos de sus parámetros para determinar que, en este momento, el pop ofrece menos variedad que nunca y que su creatividad ha disminuido en los últimos cincuenta años.
"Hemos encontrado evidencia de una progresiva homogenización en el discurso musical", declara el paper firmado por Serrá. Una "guerra de ruido" estaría siendo librada, según el documento, consistente en anular los timbres sonoros y dejar todo parejo, demasiado fuerte como para distinguir su riqueza. Por supuesto, la polémica sobre la veracidad de estas aseveraciones no se hizo esperar, aunque los puristas le encontraron toda la razón.
Beethoven mejora el sueño canino
Los animales en cautiverio son propensos a cuadros de ansiedad y depresión a causa del aislamiento y las restricciones que conlleva el encierro. Pero un grupo de psicólogos veterinarios de la Universidad de Colorado, con la doctora Lori R. Kogan a la cabeza, intuyó que la música podía mejorar sus condiciones de vida. Para comprobarlo, acudieron a un refugio canino y a una perrera. En total, ambos lugares sumaban 117 ocupantes, los que fueron expuestos a 45 minutos diarios de heavy metal y música clásica, entre otros estilos, durante cuatro meses.
El desenlace: los perros que escucharon piezas doctas, especialmente "Claro de luna" de Beethoven, presentaron cambios conductuales positivos. Durmieron más y se mostraron tranquilos, al contrario de cuando oían rock pesado. "Journal of Veterinary Behavior", la revista donde se publicó el artículo de Kogan y su equipo, cita la canción "Angel of death" de Slayer (erróneamente adjudicada a Judas Priest) como la que más intranquilidad y nerviosismo causó entre los animales.
Sirve para adelgazar
Los locales de comida rápida no tienen fama de ser lugares relajados. Se caracterizan por todo lo contrario: colores chillones, luces fuertes y un entorno que no invita a la distensión. Ese ambiente fue el objeto de estudio de Brian Wansink, un profesor de márketing y comportamiento del consumidor en la Cornell University de Nueva York. Su experimento consistió en intervenir el ala de un restaurante fast food de Illinois con suave música instrumental a través de los parlantes, y una atmósfera acorde: iluminación tenue, plantas, manteles y velas. El menú, en cambio, quedó intacto.
Las personas que comieron en esa sección fueron observadas y encuestadas. El estudio arrojó que su consumo de calorías bajó de 949 a 775; es decir, un 18 por ciento menos. Pese a ordenar lo mismo, los sujetos investigados masticaron más lento y no dejaron vacíos sus platos. Consultados al terminar, todos concordaron en que la música reposada aumentó su grado de satisfacción con los alimentos, contradiciendo la idea de que sentarse en la mesa con tiempo y tranquilidad hace pedir mayores cantidades de comida.
Aumenta el rendimiento físico
Desde la invención del personal estéreo, en 1977, correr y escuchar música se han vuelto actos complementarios. Hasta la USATF, entidad que regula los deportes de carreras en Estados Unidos, tuvo que pronunciarse al respecto, criticando el uso de dispositivos móviles de audio y prohibiéndolos en competencias profesionales. Pero su argumento para justificar esta medida decía relación con la seguridad (no poder oír el tráfico, por ejemplo), jamás con el desempeño.
Costas Karageorghis, especialista en la relación entre deportes y música, investigó durante años el fenómeno, financiado por la Brunel University de Londres. Sus observaciones arrojaron que el rendimiento atlético mejoraba en un 15 por ciento con audífonos puestos. Acorde al estudio, el flujo de sangre que llega al cerebro se ve afectado por los sonidos y tiene un efecto que puede ser estimulante o relajante -útil para tramos cortos y largos, respectivamente-, dependiendo de lo que se oiga. En todos los casos, la distracción que ofrecen las canciones ayuda a desatender la sensación de fatiga que puede causar la actividad física.
El pop se ha vuelto depresivo y ambiguo
1.010 canciones, extraídas de las listas de fin de año de la revista Billboard entre 1965 y 2009 fueron analizadas en el estudio "Apuntes emocionales en la música popular americana: Cuatro décadas del Top 40". El sondeo concluyó que, con el paso del tiempo, el pop se ha vuelto más triste. El uso de tempos lentos y acordes menores, combinación asociada a la pena y lo oscuro, creció considerablemente hasta llegar a su punto cúlmine en los 90, la era del grunge y el rock alternativo. Hoy en día, sin embargo, lo que se estila, según este estudio, es la ambigüedad emocional. O sea, tempos rápidos con acordes mayores o viceversa.
El autor, Glenn Schellenberg, psicólogo de la Universidad de Toronto, postula que el ascenso del consumismo y el individualismo en la sociedad contemporánea tiene la culpa. Dice que las personas ansían parecer inteligentes y las canciones que sólo proyectan felicidad son vistas como ingenuas e infantiles. Lady Gaga es sindicada por el académico como una excepción actual a la regla, gracias a su capacidad de producir canciones frontalmente alegres sin despertar resquemores al respecto.
Forma niños comprensivos
Mientras la educación se enfoca en el éxito académico, basado en la consecución de calificaciones, los colegios pierden interés en la formación emocional y social de sus alumnos. Luego de advertirlo, miembros de la Facultad de Música de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, comenzaron un período de observación semanal con un grupo de 52 niños, de entre 8 y 11 años. De forma aleatoria, los pequeños fueron divididos en grupos separados por énfasis: juegos musicales, actividades teatrales y un tercer conjunto -más convencional- que realizó labores de baja interacción como las que se llevan a cabo en la mayoría de las escuelas.
Antes y después del estudio, los niños fueron sometidos a un test de empatía, es decir, se midió su capacidad para entender los estados emocionales de otros. Al cabo de un año, terminado el período de examinación, los que se relacionaron a través de la música presentaban mejores resultados y mayor facilidad para comprender al resto de sus compañeros. Para los profesores involucrados, esta habilidad emocional hace que los estudiantes tengan una buena impresión de sí mismos y, de esta forma, estén más prestos a descubrir cosas nuevas y desarrollen interés en los contenidos impartidos dentro de un establecimiento educacional.
Perros que se duermen escuchando a Beethoven y que se alteran con Slayer. Niños que desarrollan habilidades sociales jugando con melodías. Suaves arreglos instrumentales que hacen bajar de peso. No hay límite para los científicos interesados en las propiedades de la música.
Andrés Panes
Las canciones exitosas son todas iguales
Curioso, pero también muy controvertido, el estudio de Joan Serrá, una experta en inteligencia artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, planteó que los éxitos musicales de la actualidad son cada vez más parecidos entre sí y, además, se han vuelto ruidosos. Usando una base de datos conocida como Million Song Dataset, un archivo público que contiene -literalmente- un millón de canciones, el equipo de la académica analizó los aspectos técnicos de canciones de entre 1955 y 2010, a través de algoritmos. Acordes, melodías y sonidos utilizados fueron algunos de sus parámetros para determinar que, en este momento, el pop ofrece menos variedad que nunca y que su creatividad ha disminuido en los últimos cincuenta años.
"Hemos encontrado evidencia de una progresiva homogenización en el discurso musical", declara el paper firmado por Serrá. Una "guerra de ruido" estaría siendo librada, según el documento, consistente en anular los timbres sonoros y dejar todo parejo, demasiado fuerte como para distinguir su riqueza. Por supuesto, la polémica sobre la veracidad de estas aseveraciones no se hizo esperar, aunque los puristas le encontraron toda la razón.
Beethoven mejora el sueño canino
Los animales en cautiverio son propensos a cuadros de ansiedad y depresión a causa del aislamiento y las restricciones que conlleva el encierro. Pero un grupo de psicólogos veterinarios de la Universidad de Colorado, con la doctora Lori R. Kogan a la cabeza, intuyó que la música podía mejorar sus condiciones de vida. Para comprobarlo, acudieron a un refugio canino y a una perrera. En total, ambos lugares sumaban 117 ocupantes, los que fueron expuestos a 45 minutos diarios de heavy metal y música clásica, entre otros estilos, durante cuatro meses.
El desenlace: los perros que escucharon piezas doctas, especialmente "Claro de luna" de Beethoven, presentaron cambios conductuales positivos. Durmieron más y se mostraron tranquilos, al contrario de cuando oían rock pesado. "Journal of Veterinary Behavior", la revista donde se publicó el artículo de Kogan y su equipo, cita la canción "Angel of death" de Slayer (erróneamente adjudicada a Judas Priest) como la que más intranquilidad y nerviosismo causó entre los animales.
Sirve para adelgazar
Los locales de comida rápida no tienen fama de ser lugares relajados. Se caracterizan por todo lo contrario: colores chillones, luces fuertes y un entorno que no invita a la distensión. Ese ambiente fue el objeto de estudio de Brian Wansink, un profesor de márketing y comportamiento del consumidor en la Cornell University de Nueva York. Su experimento consistió en intervenir el ala de un restaurante fast food de Illinois con suave música instrumental a través de los parlantes, y una atmósfera acorde: iluminación tenue, plantas, manteles y velas. El menú, en cambio, quedó intacto.
Las personas que comieron en esa sección fueron observadas y encuestadas. El estudio arrojó que su consumo de calorías bajó de 949 a 775; es decir, un 18 por ciento menos. Pese a ordenar lo mismo, los sujetos investigados masticaron más lento y no dejaron vacíos sus platos. Consultados al terminar, todos concordaron en que la música reposada aumentó su grado de satisfacción con los alimentos, contradiciendo la idea de que sentarse en la mesa con tiempo y tranquilidad hace pedir mayores cantidades de comida.
Aumenta el rendimiento físico
Desde la invención del personal estéreo, en 1977, correr y escuchar música se han vuelto actos complementarios. Hasta la USATF, entidad que regula los deportes de carreras en Estados Unidos, tuvo que pronunciarse al respecto, criticando el uso de dispositivos móviles de audio y prohibiéndolos en competencias profesionales. Pero su argumento para justificar esta medida decía relación con la seguridad (no poder oír el tráfico, por ejemplo), jamás con el desempeño.
Costas Karageorghis, especialista en la relación entre deportes y música, investigó durante años el fenómeno, financiado por la Brunel University de Londres. Sus observaciones arrojaron que el rendimiento atlético mejoraba en un 15 por ciento con audífonos puestos. Acorde al estudio, el flujo de sangre que llega al cerebro se ve afectado por los sonidos y tiene un efecto que puede ser estimulante o relajante -útil para tramos cortos y largos, respectivamente-, dependiendo de lo que se oiga. En todos los casos, la distracción que ofrecen las canciones ayuda a desatender la sensación de fatiga que puede causar la actividad física.
El pop se ha vuelto depresivo y ambiguo
1.010 canciones, extraídas de las listas de fin de año de la revista Billboard entre 1965 y 2009 fueron analizadas en el estudio "Apuntes emocionales en la música popular americana: Cuatro décadas del Top 40". El sondeo concluyó que, con el paso del tiempo, el pop se ha vuelto más triste. El uso de tempos lentos y acordes menores, combinación asociada a la pena y lo oscuro, creció considerablemente hasta llegar a su punto cúlmine en los 90, la era del grunge y el rock alternativo. Hoy en día, sin embargo, lo que se estila, según este estudio, es la ambigüedad emocional. O sea, tempos rápidos con acordes mayores o viceversa.
El autor, Glenn Schellenberg, psicólogo de la Universidad de Toronto, postula que el ascenso del consumismo y el individualismo en la sociedad contemporánea tiene la culpa. Dice que las personas ansían parecer inteligentes y las canciones que sólo proyectan felicidad son vistas como ingenuas e infantiles. Lady Gaga es sindicada por el académico como una excepción actual a la regla, gracias a su capacidad de producir canciones frontalmente alegres sin despertar resquemores al respecto.
Forma niños comprensivos
Mientras la educación se enfoca en el éxito académico, basado en la consecución de calificaciones, los colegios pierden interés en la formación emocional y social de sus alumnos. Luego de advertirlo, miembros de la Facultad de Música de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, comenzaron un período de observación semanal con un grupo de 52 niños, de entre 8 y 11 años. De forma aleatoria, los pequeños fueron divididos en grupos separados por énfasis: juegos musicales, actividades teatrales y un tercer conjunto -más convencional- que realizó labores de baja interacción como las que se llevan a cabo en la mayoría de las escuelas.
Antes y después del estudio, los niños fueron sometidos a un test de empatía, es decir, se midió su capacidad para entender los estados emocionales de otros. Al cabo de un año, terminado el período de examinación, los que se relacionaron a través de la música presentaban mejores resultados y mayor facilidad para comprender al resto de sus compañeros. Para los profesores involucrados, esta habilidad emocional hace que los estudiantes tengan una buena impresión de sí mismos y, de esta forma, estén más prestos a descubrir cosas nuevas y desarrollen interés en los contenidos impartidos dentro de un establecimiento educacional.
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