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viernes, mayo 04, 2018
Familiares y músicos despidieron a Max Berrú
En el cementerio Parque del Recuerdo se realizaron ayer los funerales del fundador de Inti-Illimani, quien falleció el martes pasado por un cáncer a la médula ósea. En la ocasión, integrantes del grupo efectuaron un tributo musical a Berrú.
miércoles, mayo 02, 2018
Adiós a Max Berrú: el ecuatoriano que dedicó su vida a cantarle a Chile
La Tercera
El fundador y miembro emblemático de Inti-Illimani murió ayer a los 75 años. Sus cercanos destacan su permanente buen humor y su compromiso social.
Por Matías de la Maza
“Este grupo es una de las cosas más importantes a las que he contribuido en mi vida. Me siento querido y me siento feliz. Y si me toca morir, me muero feliz”, decía Max Berrú sobre Inti-Illimani a La Tercera en septiembre pasado. La entrevista ocurría un mes después de un diagnóstico de mielanoma múltiple, un tipo de cáncer de médula ósea.
En un período que terminaría siendo el último de su vida, Berrú se mostraba tranquilo y satisfecho por una carrera que dejó como principal legado la formación de uno de los conjuntos más relevantes e influyentes de la música popular chilena. Y aunque se retiró de Inti Illimani en 1997, nunca dejó de manifestar su orgullo con el grupo, y posterior dolor cuando el conjunto se quebró y dividió en dos facciones en 2004: la de Horacio Salinas y la de Jorge Coulon. “Creo que se ensució el legado del grupo y me dio mucha pena cuando me enteré de eso, sobre todo por los valores éticos y morales que transmitíamos. Fue una decepción”, aseguraba en esa entrevista de septiembre.
Finalmente, la enfermedad terminó quitándole la vida hoy, a los 75 años, apagándose de forma definitiva una de las voces más importantes de la canción latinoamericana.
A pesar de ser ecuatoriano, Berrú dedicó su vida a cantarle al pueblo chileno, y a través de este a todo el continente. El músico llegó a Valparaíso en 1962, como parte de la delegación de fútbol de su país que participaba del Mundial de Chile. Terminó echando raíces en Chile, donde como estudiante de la entonces Universidad Técnica del Estado conocería a Coulon y Horacio Durán, con quienes formaría Inti-Illimani junto a Salinas. El trasfondo cultural de Berrú sería fundamental en el sonido del grupo, mezclando el folclor chileno con sonidos de toda Latinoamérica.
Su compromiso con las causas sociales lo transformarían en una voz activa en los años de la Unidad Popular, donde trabó además amistad con Víctor Jara, y lo llevarían al exilio por 15 años tras el inicio de la dictadura militar en 1973. A pesar de ser extranjero, Berrú vivió su vida personal y profesional como un chileno más.
“Fue un personaje del realismo mágico. Yo escuché las historias que García Márquez escribiría después en Cien años de soledad de la boca de Max, antes que saliera el libro. El Max era único. Uno podría decir que es la personalidad de los ecuatorianos, pero él era especial”, dice un muy emocionado Jorge Coulon. Su ex compañero y amigo estuvo con Berrú en sus últimos días, visitándolo en su casa la semana pasada. “Uno lo veía muy deteriorado, pero seguía siendo el Max de siempre, haciendo planes. Quería viajar ahora en mayo a Valparaíso. Pero él estaba muy tranquilo, muy sereno. Decía que ya había hecho todo lo que tenía que hacer”, dice. Berrú seguía pensando en tocar en vivo con su grupo Los Insobornables, además de hacer un libro sobre su vida, trabajo que según Coulon, queda inconcluso, ya que “sólo él tenía la documentación necesaria para hacerlo”.
“Era un hermoso ser humano. Era muy difícil encontrarlo enojado, al contrario, era muy conciliador. Disfrutaba mucho su trabajo y por eso mismo se mantuvo al margen de los conflictos de Inti-Illimani, porque los quería a todos. Por él, ese quiebre jamás habría pasado”, dice Roberto Márquez, de Illapu. Si bien Berrú no tomó nunca un bando en el quiebre de su ex grupo, si fue crítico con uno de sus antiguos compañeros: “Para mí el principal culpable es Horacio Salinas. Él quiso hacer todo (…) No es fácil convivir con alguien que hace una selección de las amistades. Yo lo encuentro arribista”, decía a La Tercera. Salinas no contestó las llamadas de este medio.
Sus colegas también destacan la labor del fallecido músico en las luchas sociales. “Uno siempre lo encontraba en los lugares en los que había que ser solidario; sea de los detenidos desaparecidos, de derechos humanos. Era un hombre inmenso. Es una pérdida tremenda, porque se va un hueón grande en el día mundial de los trabajadores. Y ese pueblo y esos trabajadores a los que les cantó toda su vida no lo olvidarán”, dice Amaro Labra, líder de Sol y Lluvia, y diputado PC.
“Yo he sido un hombre de bien, un hombre bueno y solidario. He sido preocupado por los demás y eso hace que a uno lo quieran” decía Berrú en la entrevista de septiembre. Los que hoy lo recuerdan parecen darle la razón.
El adiós a un músico de la mitad del mundo que hizo de Chile su hogar
La vida del fundador de Inti Illimani fue prolífica: nació en Ecuador y vivió hasta sus últimos días participando en lo que más le gustaba, las presentaciones musicales.
Por Sebastián Rivas
La culpa fue de Pelé. Era 1962 y Max Berrú, un futbolero empedernido, recorría en barco la ruta entre su Ecuador natal y Chile para presenciar de cerca la magia de “O Rei”. La vida es misteriosa: Berrú no tenía cómo saber que el mejor jugador de la historia terminaría fuera del Mundial por una lesión. Y tampoco que su vida estaría atada para siempre al país al que llegó como espectador.
Berrú, que partió este martes a los 74 años de edad, ingresaría a estudiar a la Universidad Técnica del Estado, un polo artístico de la época. Se hizo muy amigo de Víctor Jara, del que siempre recordaba, entre bromas, que era “malo para la pelota”. Y de un grupo de jóvenes que se dedicaba a la música como afán principal. El ecuatoriano sería el más viejo de los jóvenes fundadores de la agrupación a la que darían origen esas reuniones: Inti Illimani.
Si la vida de Berrú hasta entonces había sido una vorágine, los años siguientes serían vertiginosos. Convertidos en un símbolo de los años de la Unidad Popular, Inti Illimani recorrerían Chile apoyando el proyecto de Salvador Allende, y luego deberían volar a Italia para exiliarse tras el Golpe de Estado, y aunque era ecuatoriano y podía volver a su país, el decidió seguir en la ruta con el conjunto. En la dictadura de Augusto Pinochet, su música se convertiría en un símbolo de resistencia. Y Berrú volvería a su país adoptivo junto al grupo recién 15 años después.
Así como fue el fundador con mayor edad, Berrú también se anticipó al tumultuoso quiebre de Inti Illimani. Eligió partir antes de que el quiebre entre los grupos de Horacio Salinas y Jorge Coulon se concretara. Su idea, decía, era que Inti Illimani se convirtiera en una corporación cultural, para proteger su legado histórico.
Pero tras su partida siguió siendo protagonista de la escena cultural chilena. Abrió un restaurante, La Mitad del Mundo -recordando a su jamás negado país natal, Ecuador-, donde la música era un elemento central. Y siguió tocando junto a una banda cuyo nombre era toda una declaración de principios: Los Insobornables.
El año pasado le detectaron un mieloma múltiple, un agresivo cáncer a la médula ósea cuyo tratamiento es complejo. Fiel a su personalidad, Berrú decía en septiembre pasado, entrevistado por Culto, que “he vivido con normalidad y tranquilidad una experiencia que para mucha gente puede ser tremenda”. Y con esa tranquilidad vivió su enfermedad, sin dejar que le arrebataba lo que más quería: sus presentaciones musicales, en las que participó hasta muy poco antes de su muerte.
También en esa entrevista, Berrú hablaba de cariño. De todo lo bueno que había recibido por su participación en Inti Illimani. Y dejaba una frase que hoy, en el momento de su adiós, cobra especial relevancia: “Me siento querido y me siento feliz. Y si me toca morir, me muero feliz”.
Velatorio
Sus restos están siendo velados en el centro cultural Casa Michoacán, ubicado en la ex residencia de Delia del Carril, en calle Lynch Norte 246, La Reina
jueves, septiembre 07, 2017
Max Berrú sigue en la lucha
La Tercera
Uno de los fundadores de Inti-Illimani enfrenta un cáncer que lo tiene bajo un riguroso tratamiento. Hoy recibirá un homenaje de parte de sus compañeros de generación, a quienes mira con cariño, pero también bajo los claroscuros de un pasado convulsionado.
Por Claudio Vergara
Max Berrú (73) cuenta que han existido dos episodios que funcionan como alicientes, como estímulos fundamentales cuando la fortuna se pone esquiva. A mediados de agosto viajó hasta Ecuador -su país de nacimiento, la tierra que dejó en 1962 para después integrar el origen y el suceso de Inti-Illimani- para realizar un concierto frente a toda su familia, cerca de cien personas, además de recibir varios reconocimientos y gestionar un libro con su vida.
Y esta noche tendrá un homenaje en el Teatro Municipal de Ñuñoa, donde desde las 19.30 horas gran parte de sus contemporáneos -Illapu, Santiago del Nuevo Extremo, Amaro Labra, Pancho Villa, los Inti de la facción Coulon- animarán un evento solidario para ir en ayuda del músico, diagnosticado hace poco más de un mes de un mieloma múltiple (tipo de cáncer de la médula ósea) que hoy lo tiene bajo un riguroso tratamiento, el que incluye seis quimioterapias.
“Estoy tranquilo y contento, porque me siento bien. He vivido con normalidad y tranquilidad una experiencia que para mucha gente puede ser tremenda. Pero no hay tormentos ni miedo”, revela ante la enfermedad que hasta hace poco lo tuvo internado y pesando cerca de 58 kilos, pero que no le impide desarrollar con cierta normalidad la agenda de shows con su actual conjunto, Los Insobornables.
“Yo he sido un hombre de bien, un hombre bueno y solidario. He sido preocupado por los demás y eso hace que a uno lo quieran. Además, gracias a todo el trabajo con el Inti, primero en la campaña de Allende, luego en el exilio, mostrando nuestro apoyo desde el primer día del Golpe. Este grupo es una de las cosas más importantes a las que he contribuido en mi vida. Me siento querido y me siento feliz. Y si me toca morir, me muero feliz”.
Avecindado en Chile desde el mismo año en que el país organizó el Mundial de fútbol, Berrú llegó en barco (“a las nueve de la mañana en Valparaíso”, agrega con detalle), precisamente como parte de una delegación ecuatoriana de fútbol. Se quedó buscando un destino y a mediados de los 60 entró a estudiar Ingeniería Mecánica en la en ese entonces Universidad Técnica del Estado, donde conoció a Horacio Durán y Jorge Coulon, el embrión de Inti-Illimani, al que más tarde se sumaría Horacio Salinas.
En esa sociedad artística, el instrumentista fue esencial no sólo en los años formativos de la banda, sino que también en los días que dieron cuerpo a la Nueva Canción Chilena: si el género basó parte de su riqueza creativa en los diálogos que estableció con otros sonidos latinos -el son cubano, el folclore argentino o las variantes tropicales del Caribe-, Berrú fue uno de los grandes responsables de tal mestizaje, además de transformarse en uno de los miembros más reconocibles de la agrupación. Toda una travesía que culminó en 1997, con su retiro del grupo luego de tres décadas y 25 discos, a las puertas de la fractura que siete años después los dividiría en dos alineaciones rivales: el Inti Nuevo (de Jorge Coulon) y el histórico (de Horacio Salinas).
“Creo que se ensució el legado del grupo y me dio mucha pena cuando me enteré de eso, sobre todo por los valores éticos y morales que transmitíamos. Fue una decepción”, califica Berrú. E incluso en la compleja etapa que hoy atraviesa, el artista ha vuelto a enfrentar las grietas de antaño. “Yo he estado enfermo, ¿y quién me ha llamado? Horacio Durán y José Seves. Pero Salinas no. No me importa, pero igual debe sentirse mal, porque sabe que yo sé cómo es él. No es fácil convivir con alguien que hace una selección de las amistades. Yo lo encuentro arribista. Para mí entró en una tierra casi del olvido”, enfatiza en torno al actual presidente de la SCD.
Luego profundiza: “Todos estaban peleados en el último tiempo. Para mí el principal culpable es Horacio Salinas. Él quiso hacer todo. Lo blindamos para que sólo fuera director musical, nosotros nos encargábamos del resto. Pero no se pudo, no quiso. Tengo la impresión de que él quería tener su propio grupo. Pero éramos seis y todos decidíamos, no le permitimos que tomara ese rol. Quería también sacar a algunos integrantes, pero ellos vivían de ese sueldo. En cambio Salinas no, el ganaba mucho más que nosotros porque tenía los derechos de autor”.
El ecuatoriano también recuerda que cuando renunció a su banda de toda la vida, propuso armar la Corporación Cultural Inti-Illimani, consagrada a administrar el patrimonio de los músicos: todos sus compañeros se negaron. En retrospectiva, Berrú precisa que sus mejores recuerdos están en la intensidad de los años 60 y 70, sobre todo cuando forjó una entrañable amistad con Víctor Jara.
De hecho, en los 15 años que vivió en el destierro en Europa, siempre lo sobresaltó un sueño que se repetía una y otra vez: “Me dolió tanto su muerte que empecé a soñar que estábamos ensayando con el Inti dentro de un garaje y venía un remolino que depositaba a Víctor en el centro del lugar. Venía de otra parte, ya no estaba en la tierra. Conversábamos, daba ideas y luego el viento se lo llevaba otra vez. Estaba tan obsesionado que le pregunté a una psicóloga lo que me pasaba. Me dijo: ‘no se preocupe, cuando usted vuelva a Chile y no vea a su amigo, nunca más va a soñar con él’. Y así me pasó”.
El cantante cree que los múltiples homenajes a Violeta Parra impulsados por su centenario deberían replicarse con alguna efeméride alusiva a Víctor Jara, como una forma de reverenciar su figura con mayor continuidad. “Deberían haber más tributos, porque él fue el más grande y todos le debemos algo”, sentencia el músico, hoy mirando en reversa y ajustando cuentas con el pasado ante uno de los mayores desafíos de su vida.
jueves, mayo 02, 2013
De cómo el músico Ramón Castillo se convirtió en Antares de la Luz
The Clinic
Antes de convertirse en Antares de la Luz, Ramón Castillo Gaete fue profesor de un liceo en Lo Hermida y jugó tardes enteras al fútbol con sus amigos en la ex toma de Peñalolén. También cantaba en las micros, jugaba tenis, andaba en moto, era scout e iba al estadio a ver a la U. Así era hasta que un día del año 2006 se quejó de que tenía “un ser” dentro de su abdomen y algo cambió en él. Todos quienes lo conocieron sabían que algo le pasaba, pero nunca lograron entender qué era sino hasta ayer, cuando se sorprendieron con su final: murió ahorcado en una casa abandonada en Perú. Éste es su relato.
En el 2006, antes de su viaje a China junto al grupo Amaru, Ramón Gustavo Castillo Gaete llegó a la casa de uno de sus integrantes. Llevaba una cámara digital con unas fotografías que se había sacado recién. Quería mostrárselas a alguien porque estaba seguro que en esas imágenes aparecía la respuesta que lo atormentaba hacía años: Ramón repetía cada cierto tiempo que estaba enfermo, que sentía dolores y que se quería sanar.
Las fotografías no eran perfectas. Eran a la altura del abdomen y estaban fuera de cuadro. Pero, según Antares de la Luz, como se hizo conocido entre sus seguidores y en la secta que lideraba, en ellas se veía claramente el rostro de alguien. “Ahí se ven los seres que tengo adentro de mi cuerpo”, le dijo.
Los Amaru, el grupo al que perteneció Castillo entre el 2003 y 2006, ya habían notado cambios en el comportamiento de Ramón. Llegaba tarde a los ensayos, se llevaba mal con quien hacía pareja para tocar los instrumentos de viento y los había cansado de tanto repetir su conexión con la naturaleza y con seres a los que él llamaba “seres de luz”. Por eso el viaje a China -así lo habían decidido- sería su última gira.
Pese a que se ha insistido en que ese viaje lo habría cambiado para siempre, los ex Amaru no lo creen. Junto con recordar el extraño episodio de las fotografías, dicen que la gira no fue distinta a otras. “Como no sabíamos el idioma, prácticamente no nos separamos nunca. En esos días nunca vimos algo extraño. A Ramón le llamó mucho la atención la medicina china y los instrumentos que trajo de allá, pero no vimos nada raro”, comenta un ex Amaru.
Lo cierto es que poco tiempo después de dejar su grupo comenzó a radicalizar su actitud. Un amigo de su época de infancia dice que pasó periodos en que vivió como ermitaño en un sector cercano a Colliguay en la Quinta región y que hacía ayunos para limpiar su cuerpo. Luego vendrían los seminarios de sanación y la secta que lo llevó a matar a su hijo recién nacido en una hoguera.
El nickname del Profe
Antes de hacerse llamar Antares de la Luz, Ramón Castillo era un joven que se trasladaba en una bicicleta mountain bike por Peñalolén desde José Arrieta al liceo Antonio Hermida Fabres, conocido como el “171” de esa comuna en el sector de Lo Hermida. Allí lo conoció Camilo Pizarro y Marcos Fuentes, dos de sus ex alumnos de la clase de música. Ambos formaban parte de la orquesta del colegio en la sección de vientos que estaba a cargo de Antares.
Camilo, que hoy es profesor de Clarinete y termina sus estudios en el Conservatorio de la Universidad de Chile, tiene buenos recuerdos de Ramón. Dice que tenía un talento único con el clarinete, el oboe, la zampoña y el saxo, entre otros.
En su casa de Peñalolén Camilo junto a Marcos, ex cabo segundo del ejército y que hoy maneja un taxi, cuenta que antes de comenzar las clases tomaban desayuno y que siempre Antares les hablaba de su conexión con la naturaleza. Les contaba de ovnis y de seres de luz, pero ellos se reían. No lo tomaban en serio. “Tampoco es que nos anduviera tratando de convencer. Le gustaban esos temas”, recuerda Camilo, quien actualmente es director de la Orquesta Sinfónica ArteMás.
Durante tres años Ramón llegó al “171” para enseñarles a sus alumnos el clarinete. Aunque le gustaba el jazz y el folclor, Camilo y Marco recuerdan que “el profe” era fanático de la Novena Sinfonía de Beethoven. Los chicos escuchaban con atención cuando Antares les hablaba de la música y la disciplina. Muchas veces les traía de regalo las boquillas para los clarinetes que sus alumnos no podían costear. “A veces nos invitaba a su casa y nos preparaba fideos con carne de soya. Nos decía que nosotros éramos sus primeros alumnos. Jugábamos a la pelota y en septiembre encumbrábamos volantines”, recuerda Camilo.
En la Casa de la Cultura de Peñalolén lo conocieron por su madre, que hacía clases de inglés según recuerdan funcionarios de ese tiempo. Ahí llegaba Ramón en la semana a buscarla. Hasta que ella se enfermó y no pudo continuar como profesora. María de la Luz Gaete o Lulita, como le decían en el barrio, era el sostén de la familia. Se había separado de su esposo, un comerciante de artículos eléctricos, cuando Ramón tenía 14 años. Fue en ese entonces que se mudaron junto a sus hermanas desde La Reina a Peñalolén.
Camilo recuerda que a él lo había bautizado como “el canuto” por su fe evangélica, mientras que a su compañero como el “satánico” porque escuchan heavy metal.
Marcos se acuerda cuando lo llamaron al servicio militar y se lo contó a su profesor. Antares era de izquierda y siempre decía que era “antidictadura” y un férreo enemigo del servicio. Uno de sus amigos cuenta que cuando niños fueron juntos a hacer un rayado a un muro del Parque Pucará, en Nuñoa, con la leyenda “Al servicio ni cagando” junto a un casco con una X encima. Por eso, cuando Marco le contó, Antares le dio un consejo: “tenís que hacerte el loco”. “El profe me dijo que él se había sacado asi el servicio, que cuando lo llamaron le había pedido a una tía de él que era médico, que le hiciera un certificado. Nunca nos dijo qué decía el papel pero sí cómo se hizo pasar por loco. Estábamos todos sentados en un semicírculo y se puso a mirarnos y abrir los ojos como de huevo frito”, dice Marcos.
Camilo tiene otro recuerdo. Dice que siempre recibía las partituras desde un correo donde Ramón se llamaba “Dragón Castillo”. Y que sólo ahora que se enteró de quién era, entendió por qué hace más de 6 años Castillo Gaete se presentaba como “Antares” en su nickname del messenger.
“Amuleto africano”
En vida, Ramón tuvo varios sobrenombres. En su barrio donde jugaba a la pelota le decían “Monra”. Fanático de la U y delgado al extremo, pasaba tardes enteras peloteando con los amigos en las canchas de la ex toma de Peñalolén. Uno de sus mejores amigos cuenta que fue al estadio hasta el año 95 cuando la U salió campeón frente a Temuco. Ramón ese día estaba en la galería y lo celebró como nunca. Años después, cuando con su grupo se reunía a ver a la selección, les reprochaba el hecho de que sus amigos se molestaran si Chile perdía. “Siempre le gustaba llamar la atención. Una vez nos juntamos a la semifinal de Chile sub 20 y lo invitamos porque no lo veíamos hace tiempo. No paró en todo el partido de decir que cómo nos preocupaban esas cosas, que habías weás más importantes en la vida”, comenta un amigo de ese entonces.
Pero Ramón ya había cambiado. Ahora ya no se trasladaba en bicicleta. Andaba en una moto estilo chopera, usaba el pelo largo y su barba había comenzado a crecer. Se ganaba la vida haciendo clases de yoga y de música. Cobraba 15 mil pesos por una hora de clase de clarinete. Y tenía varios alumnos que hasta hoy están impactados con lo que ocurrió.
Sus ex compañeros del grupo Amaru también. Dicen que nunca lo pescaron con “la volá” mística. Que más bien lo molestaban porque comía vegetales, tomaba mate y té verde. Era tan delgado que lo habían bautizado como el “amuleto africano” porque “era puro hueso y pelo”. Castillo había mostrado con ellos un grado de obsesividad que lo llevó a formar parte del grupo luego de varias insistencias que habían durado años. Cuando por fin lo logró, fue parte de la composición de “Tibaplejo”, uno de los temas del primer disco de la agrupación. Como pudo y con la ayuda de sus amigos del grupo y del músico de los Inti Illimani Max Berrú, según recuerdan los ex integrantes de Amaru, Antares compró su primer clarinete marca “Luis Rossi”, conocido solista y luthier.
Castillo estudió en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y en el Conservatorio de la Chile. Aunque no hay mucha claridad sobre su paso por el colegio, se sabe que estuvo en varios liceos. Que la enseñanza básica la cursó en el Teresiano Enrique de Ossó entre 1984 y 1989 y que su licencia de enseñanza media, según fuentes del Mineduc, fueron en una escuela vespertina de Adultos del DUOC y que se graduó con un 4,9.
Pese a que alguna vez cantó en micros para costear sus gastos, cuando comenzó con los seminarios de autoconocimiento y a formalizar lo que sería la secta de Colliguay, su vida cambió.
Seminarios de sanación
“Antares de la Luz” vivía de su secta. Según lo que ha informado la fiscalía y la PDI, sus seguidores aportaban económicamente las altas sumas con las que lograban arrendar las parcelas donde vivían. En ellas, además de los abusos en contra de las mujeres y los supuestos golpes que le daba principalmente a su articulador Pablo Undurraga, Antares organizaba seminarios.
Sus “cursos” de autoconocimiento y sanación, generalmente eran de dos días y contemplaban extensas jornadas de meditación y comida sana. Así fue como cautivó a su séquito. En las charlas invitaba a repensar la vida, oraba y tocaba algunos de los instrumentos que se había traído de China. Uno de los participantes, que prefiere mantener su nombre en reserva, cuenta que nunca vio droga en ellos ni nada extraño. “Fui a un seminario en Quilpué. Recuerdo que era una casa enorme. Pagabas 60 mil pesos y eso incluía el alojamiento y la comida, que consistía en leche y avena al desayuno y pastas o arroz con muchas verduras de almuerzo y comida”, comenta.
A los seminarios asistían hasta 25 personas y se inscribían vía facebook bajo el nombre de la productora Calypso, que usaban como chapa. Pese a que todos los expertos entrevistados por televisión hablan del poder de convencimiento de Antares, eso no le alcanzaba para su amigos. Quienes se toparon con él en esta faceta de sanador o gurú se sonríen. Y dicen que muchas veces le enrostraron esta supuesta facultad divina. “Nunca le compramos”, comentan. Al igual que algunos en Ecuador que lo bautizaron como “Chantares” cuando Castillo les decía que sanaba con las manos.
La nueva vida que llevaba con la secta estaba lejos del Ramón Castillo indigente de los registros de FONASA. En la investigación de la PDI se determinó que Antares intercambiaba parejas y a todas las sometía sexualmente. Fue así como la diseñadora Natalia Guerra quedó embarazada del hijo que a las 72 horas de nacido incineró en una hoguera hecha por ellos mismos.
Antes de convertirse en Antares de la Luz, Ramón Castillo Gaete fue profesor de un liceo en Lo Hermida y jugó tardes enteras al fútbol con sus amigos en la ex toma de Peñalolén. También cantaba en las micros, jugaba tenis, andaba en moto, era scout e iba al estadio a ver a la U. Así era hasta que un día del año 2006 se quejó de que tenía “un ser” dentro de su abdomen y algo cambió en él. Todos quienes lo conocieron sabían que algo le pasaba, pero nunca lograron entender qué era sino hasta ayer, cuando se sorprendieron con su final: murió ahorcado en una casa abandonada en Perú. Éste es su relato.
En el 2006, antes de su viaje a China junto al grupo Amaru, Ramón Gustavo Castillo Gaete llegó a la casa de uno de sus integrantes. Llevaba una cámara digital con unas fotografías que se había sacado recién. Quería mostrárselas a alguien porque estaba seguro que en esas imágenes aparecía la respuesta que lo atormentaba hacía años: Ramón repetía cada cierto tiempo que estaba enfermo, que sentía dolores y que se quería sanar.
Las fotografías no eran perfectas. Eran a la altura del abdomen y estaban fuera de cuadro. Pero, según Antares de la Luz, como se hizo conocido entre sus seguidores y en la secta que lideraba, en ellas se veía claramente el rostro de alguien. “Ahí se ven los seres que tengo adentro de mi cuerpo”, le dijo.
Los Amaru, el grupo al que perteneció Castillo entre el 2003 y 2006, ya habían notado cambios en el comportamiento de Ramón. Llegaba tarde a los ensayos, se llevaba mal con quien hacía pareja para tocar los instrumentos de viento y los había cansado de tanto repetir su conexión con la naturaleza y con seres a los que él llamaba “seres de luz”. Por eso el viaje a China -así lo habían decidido- sería su última gira.
Pese a que se ha insistido en que ese viaje lo habría cambiado para siempre, los ex Amaru no lo creen. Junto con recordar el extraño episodio de las fotografías, dicen que la gira no fue distinta a otras. “Como no sabíamos el idioma, prácticamente no nos separamos nunca. En esos días nunca vimos algo extraño. A Ramón le llamó mucho la atención la medicina china y los instrumentos que trajo de allá, pero no vimos nada raro”, comenta un ex Amaru.
Lo cierto es que poco tiempo después de dejar su grupo comenzó a radicalizar su actitud. Un amigo de su época de infancia dice que pasó periodos en que vivió como ermitaño en un sector cercano a Colliguay en la Quinta región y que hacía ayunos para limpiar su cuerpo. Luego vendrían los seminarios de sanación y la secta que lo llevó a matar a su hijo recién nacido en una hoguera.
El nickname del Profe
Antes de hacerse llamar Antares de la Luz, Ramón Castillo era un joven que se trasladaba en una bicicleta mountain bike por Peñalolén desde José Arrieta al liceo Antonio Hermida Fabres, conocido como el “171” de esa comuna en el sector de Lo Hermida. Allí lo conoció Camilo Pizarro y Marcos Fuentes, dos de sus ex alumnos de la clase de música. Ambos formaban parte de la orquesta del colegio en la sección de vientos que estaba a cargo de Antares.
Camilo, que hoy es profesor de Clarinete y termina sus estudios en el Conservatorio de la Universidad de Chile, tiene buenos recuerdos de Ramón. Dice que tenía un talento único con el clarinete, el oboe, la zampoña y el saxo, entre otros.
En su casa de Peñalolén Camilo junto a Marcos, ex cabo segundo del ejército y que hoy maneja un taxi, cuenta que antes de comenzar las clases tomaban desayuno y que siempre Antares les hablaba de su conexión con la naturaleza. Les contaba de ovnis y de seres de luz, pero ellos se reían. No lo tomaban en serio. “Tampoco es que nos anduviera tratando de convencer. Le gustaban esos temas”, recuerda Camilo, quien actualmente es director de la Orquesta Sinfónica ArteMás.
Durante tres años Ramón llegó al “171” para enseñarles a sus alumnos el clarinete. Aunque le gustaba el jazz y el folclor, Camilo y Marco recuerdan que “el profe” era fanático de la Novena Sinfonía de Beethoven. Los chicos escuchaban con atención cuando Antares les hablaba de la música y la disciplina. Muchas veces les traía de regalo las boquillas para los clarinetes que sus alumnos no podían costear. “A veces nos invitaba a su casa y nos preparaba fideos con carne de soya. Nos decía que nosotros éramos sus primeros alumnos. Jugábamos a la pelota y en septiembre encumbrábamos volantines”, recuerda Camilo.
En la Casa de la Cultura de Peñalolén lo conocieron por su madre, que hacía clases de inglés según recuerdan funcionarios de ese tiempo. Ahí llegaba Ramón en la semana a buscarla. Hasta que ella se enfermó y no pudo continuar como profesora. María de la Luz Gaete o Lulita, como le decían en el barrio, era el sostén de la familia. Se había separado de su esposo, un comerciante de artículos eléctricos, cuando Ramón tenía 14 años. Fue en ese entonces que se mudaron junto a sus hermanas desde La Reina a Peñalolén.
Camilo recuerda que a él lo había bautizado como “el canuto” por su fe evangélica, mientras que a su compañero como el “satánico” porque escuchan heavy metal.
Marcos se acuerda cuando lo llamaron al servicio militar y se lo contó a su profesor. Antares era de izquierda y siempre decía que era “antidictadura” y un férreo enemigo del servicio. Uno de sus amigos cuenta que cuando niños fueron juntos a hacer un rayado a un muro del Parque Pucará, en Nuñoa, con la leyenda “Al servicio ni cagando” junto a un casco con una X encima. Por eso, cuando Marco le contó, Antares le dio un consejo: “tenís que hacerte el loco”. “El profe me dijo que él se había sacado asi el servicio, que cuando lo llamaron le había pedido a una tía de él que era médico, que le hiciera un certificado. Nunca nos dijo qué decía el papel pero sí cómo se hizo pasar por loco. Estábamos todos sentados en un semicírculo y se puso a mirarnos y abrir los ojos como de huevo frito”, dice Marcos.
Camilo tiene otro recuerdo. Dice que siempre recibía las partituras desde un correo donde Ramón se llamaba “Dragón Castillo”. Y que sólo ahora que se enteró de quién era, entendió por qué hace más de 6 años Castillo Gaete se presentaba como “Antares” en su nickname del messenger.
“Amuleto africano”
En vida, Ramón tuvo varios sobrenombres. En su barrio donde jugaba a la pelota le decían “Monra”. Fanático de la U y delgado al extremo, pasaba tardes enteras peloteando con los amigos en las canchas de la ex toma de Peñalolén. Uno de sus mejores amigos cuenta que fue al estadio hasta el año 95 cuando la U salió campeón frente a Temuco. Ramón ese día estaba en la galería y lo celebró como nunca. Años después, cuando con su grupo se reunía a ver a la selección, les reprochaba el hecho de que sus amigos se molestaran si Chile perdía. “Siempre le gustaba llamar la atención. Una vez nos juntamos a la semifinal de Chile sub 20 y lo invitamos porque no lo veíamos hace tiempo. No paró en todo el partido de decir que cómo nos preocupaban esas cosas, que habías weás más importantes en la vida”, comenta un amigo de ese entonces.
Pero Ramón ya había cambiado. Ahora ya no se trasladaba en bicicleta. Andaba en una moto estilo chopera, usaba el pelo largo y su barba había comenzado a crecer. Se ganaba la vida haciendo clases de yoga y de música. Cobraba 15 mil pesos por una hora de clase de clarinete. Y tenía varios alumnos que hasta hoy están impactados con lo que ocurrió.
Sus ex compañeros del grupo Amaru también. Dicen que nunca lo pescaron con “la volá” mística. Que más bien lo molestaban porque comía vegetales, tomaba mate y té verde. Era tan delgado que lo habían bautizado como el “amuleto africano” porque “era puro hueso y pelo”. Castillo había mostrado con ellos un grado de obsesividad que lo llevó a formar parte del grupo luego de varias insistencias que habían durado años. Cuando por fin lo logró, fue parte de la composición de “Tibaplejo”, uno de los temas del primer disco de la agrupación. Como pudo y con la ayuda de sus amigos del grupo y del músico de los Inti Illimani Max Berrú, según recuerdan los ex integrantes de Amaru, Antares compró su primer clarinete marca “Luis Rossi”, conocido solista y luthier.
Castillo estudió en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y en el Conservatorio de la Chile. Aunque no hay mucha claridad sobre su paso por el colegio, se sabe que estuvo en varios liceos. Que la enseñanza básica la cursó en el Teresiano Enrique de Ossó entre 1984 y 1989 y que su licencia de enseñanza media, según fuentes del Mineduc, fueron en una escuela vespertina de Adultos del DUOC y que se graduó con un 4,9.
Pese a que alguna vez cantó en micros para costear sus gastos, cuando comenzó con los seminarios de autoconocimiento y a formalizar lo que sería la secta de Colliguay, su vida cambió.
Seminarios de sanación
“Antares de la Luz” vivía de su secta. Según lo que ha informado la fiscalía y la PDI, sus seguidores aportaban económicamente las altas sumas con las que lograban arrendar las parcelas donde vivían. En ellas, además de los abusos en contra de las mujeres y los supuestos golpes que le daba principalmente a su articulador Pablo Undurraga, Antares organizaba seminarios.
Sus “cursos” de autoconocimiento y sanación, generalmente eran de dos días y contemplaban extensas jornadas de meditación y comida sana. Así fue como cautivó a su séquito. En las charlas invitaba a repensar la vida, oraba y tocaba algunos de los instrumentos que se había traído de China. Uno de los participantes, que prefiere mantener su nombre en reserva, cuenta que nunca vio droga en ellos ni nada extraño. “Fui a un seminario en Quilpué. Recuerdo que era una casa enorme. Pagabas 60 mil pesos y eso incluía el alojamiento y la comida, que consistía en leche y avena al desayuno y pastas o arroz con muchas verduras de almuerzo y comida”, comenta.
A los seminarios asistían hasta 25 personas y se inscribían vía facebook bajo el nombre de la productora Calypso, que usaban como chapa. Pese a que todos los expertos entrevistados por televisión hablan del poder de convencimiento de Antares, eso no le alcanzaba para su amigos. Quienes se toparon con él en esta faceta de sanador o gurú se sonríen. Y dicen que muchas veces le enrostraron esta supuesta facultad divina. “Nunca le compramos”, comentan. Al igual que algunos en Ecuador que lo bautizaron como “Chantares” cuando Castillo les decía que sanaba con las manos.
La nueva vida que llevaba con la secta estaba lejos del Ramón Castillo indigente de los registros de FONASA. En la investigación de la PDI se determinó que Antares intercambiaba parejas y a todas las sometía sexualmente. Fue así como la diseñadora Natalia Guerra quedó embarazada del hijo que a las 72 horas de nacido incineró en una hoguera hecha por ellos mismos.
viernes, mayo 11, 2012
Max Berrú: "Cantando como yo canto" es la columna sonora de mi vida
Cooperativa
El músico esta promocionando su nuevo disco solista.
Actuará este viernes en Rincón Alto en La Florida.
El músico Max Berrú, ex Inti Illimani, está promocionando su nuevo disco solista "Cantando como yo canto", lanzado en 2011 y que cuenta con distintos invitados como "El Macha" de Chico Trujillo, Camilo Salinas, Carmen Prieto, Banda Conmosión, entre otros.
Sobre este disco, el músico aseguró que se trata "de la columna sonora de mi vida, es como el primero, pero como la columna sonora es muy amplia, tuve que hacer dos".
"Y ya estoy pensando en hacer un tercero", adelantó el artista, quien añadió que "cada canción es una parte de mi vida, todo es representativo".
El artista mostrará este trabajo en vivo este viernes en Rincón Alto, ubicado en av. Central 4153, Lo Cañas, en la comuna de La Florida.
El músico esta promocionando su nuevo disco solista.
Actuará este viernes en Rincón Alto en La Florida.
El músico Max Berrú, ex Inti Illimani, está promocionando su nuevo disco solista "Cantando como yo canto", lanzado en 2011 y que cuenta con distintos invitados como "El Macha" de Chico Trujillo, Camilo Salinas, Carmen Prieto, Banda Conmosión, entre otros.
Sobre este disco, el músico aseguró que se trata "de la columna sonora de mi vida, es como el primero, pero como la columna sonora es muy amplia, tuve que hacer dos".
"Y ya estoy pensando en hacer un tercero", adelantó el artista, quien añadió que "cada canción es una parte de mi vida, todo es representativo".
El artista mostrará este trabajo en vivo este viernes en Rincón Alto, ubicado en av. Central 4153, Lo Cañas, en la comuna de La Florida.
viernes, abril 01, 2011
Fundador de Inti-Illimani lanza hoy su segundo disco como solista
Emol
El cantante y músico Max Berrú presenta esta noche las canciones de su álbum "Cantando como yo canto - INTImo 2" con un concierto en la capital.
SANTIAGO.- El adjetivo que escogió para el nombre del disco contiene además parte de su historia musical. La palabra "INTImo" está escrita en la portada del nuevo CD de Max Berrú, porque este músico ecuatoriano avecindado en Chile es uno de los fundadores del conjunto Inti-Illimani, y al mismo tiempo propone un repertorio íntimo para su trabajo como solista.
Berrú va a lanzar ese disco esta noche en Santiago, con una actuación en la que desplegará el cancionero latinoamericano que acaba de grabar. "Cantando como yo canto - INTImo 2" es el nombre completo del trabajo, que incluye variedades de ranchera, vals peruano, zamba, joropo, bolero, son, corrido, sanjuanito y una canción de Víctor Jara, todos ritmos provenientes del folclor de México, Perú, Argentina, Venezuela, Cuba, Ecuador y Chile entre otros lugares.
Publicado en diciembre del año pasado, "Cantando como yo canto" es el segundo disco de Max Berrú luego de "Íntimo" (2004). El músico, que fue parte de Inti-Illimani desde sus inicios hasta 1997, tuvo como invitados en su nuevo álbum a gente como la Banda Conmoción, la intérprete de boleros Carmen Prieto, el cantante rockero y cumbiero Aldo "Macha" Asenjo (líder de los grupos LaFloripondio y Chico Trujillo) y el tenor pehuenche Miguel Ángel Pellao, entre otros.
En una muestra de afectuosa neutralidad frente al conflicto que ha dividido a su antiguo conjunto en dos formaciones paralelas, Berrú convocó además para su disco a integrantes de ambas alineaciones, con ejemplos como los de Jorge Coulon, integrante emblemático de Inti-Illimani, y Camilo Salinas, el joven pianista y acordeonista de Inti-Illimani Histórico. El concierto de estreno será este viernes 1 de abril a las 22.00 horas en el escenario de La Mitad del Mundo (Rancagua 0398, 204 0541) en la comuna capitalina de Providencia, con boletos a un valor de tres mil pesos.
jueves, septiembre 09, 2010
CONCIERTO ÍNTIMO DE MAX BERRÚ
La Fundación "Manos Abiertas para el Desarrrollo" invita a un concierto íntimo y exclusivo con Max Berrú el jueves 7 de Octubre a las 21:00 hrs. en el que fuera bar de Neruda y posteriormente el taller de "La Hormiguita".
Max Berrú es un gran músico e interprete ecuatoriano, que ha tocado junto a Inti Illimani, y otros grandes de la música nacional y latinoamericana.
Para esta ocasión sólo podrán asistir 30 personas, por lo que se recomienda reservar rápidamente una entrada para este íntimo momento.
El valor de la entrada es de $10.000, e incluye vino, jugos, degustación de comida y una visita nocturna a la Casa Michoacán.
Para reservas y pagos contactar al e-mail: eventos@fundacionmanosabiertas.cl o al teléfono 7- 7518594
http://www.chile.com/secciones/ver_seccion/122942/concierto-intimo-de-max-berru/
Max Berrú es un gran músico e interprete ecuatoriano, que ha tocado junto a Inti Illimani, y otros grandes de la música nacional y latinoamericana.
Para esta ocasión sólo podrán asistir 30 personas, por lo que se recomienda reservar rápidamente una entrada para este íntimo momento.
El valor de la entrada es de $10.000, e incluye vino, jugos, degustación de comida y una visita nocturna a la Casa Michoacán.
Para reservas y pagos contactar al e-mail: eventos@fundacionmanosabiertas.cl o al teléfono 7- 7518594
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