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sábado, septiembre 01, 2018

Bowie reina en las librerías, a más de dos años de su muerte

El Mercurio

La fascinación por el "Duque Blanco" pareciera no disminuir con la aparición de varios libros que celebran su vida y revelan a quienes ha inspirado. De una biografía ilustrada para niños, pasando por una obra que reúne a varios artistas gráficos -incluido al chileno Francisco Javier Olea-, hasta una antología con sus mejores entrevistas son parte de este boom literario-musical. 

Felipe Ramos
En tiempos de sobreexposición y voyerismo, donde la vida de todos está en vitrina y las redes sociales sirven de puerta directa a entrometernos en el particular mundo de los artistas y celebridades, pareciera que parte importante de la fascinación que sigue habiendo en torno a David Bowie está en que nunca quiso revelarnos su verdadero ser. Ya sea a través de caretas, como Ziggy Stardust, Aladdin Sane o el "Duque Blanco", David Jones construyó su carrera detrás de personajes que le permitían desafiar los cánones establecidos, destruir convencionalismos morales y transitar de un estilo musical a otro con una libertad que han tenido pocos músicos. En el intertanto, Bowie, que murió en enero de 2016 a raíz de un cáncer, se dio el lujo de marcar a punta de maquillaje, tenidas espaciales extraterrestres y cortes de pelo revolucionarios a varias generaciones de fanáticos, quienes hoy siguen interesados, más que nunca, en el legado artístico y visual de uno de los músicos más importantes de todos los tiempos.

Desde su muerte han salido varios libros que celebran su vida, visión y su legado creativo. Siguiendo las publicaciones que hacen énfasis en lo visual, acaba de aparecer en estanterías "David Bowie. Tribute" (en librerías Contrapunto a $20.400), recopilación de Carolina Amell, que reúne la obra de 108 artistas gráficos que retratan momentos de la vida del músico originario de Brixton. Entre quienes aparecen destacados está Francisco Javier Olea, conocido en redes sociales como @oleismos y quien es ilustrador de "El Mercurio". "Suelo subir a las redes sociales personajes que me conmueven. Para mí, Bowie es un personaje muy visual y gráfico, lleno de opciones para un dibujante, con su cara tan angulosa y sus ojos bicolores", dice, agregando que "el libro está muy bonito y dan ganas de tenerlo en la mesa de centro". Junto a él aparece otro chileno, Álvaro Tapia Hidalgo, ilustrador viñamarino que ha colaborado con prestigiosas publicaciones, como The New Yorker y Newsweek.

También destaca "Bowie, una biografía" (Random House), de las españolas María Hesse y Fran Ruiz, quienes por medio de elementos reales y ficticios construyen una particular visión de la vida de David Jones, contándola -nada menos- que en primera persona. De esta forma, es el propio Bowie el que va relatando su vida a través de una serie de dibujos, desde quienes eran los miembros de su familia, la esquizofrenia de su hermano Terry, su infancia en Londres, sus primeras incursiones en la música en The Kon-rads, el nacimiento de "Space Oddity", la creación de Ziggy y sus Spiders from Mars, la vida en Berlín junto a Iggy Pop, y la fama planetaria en los 80, terminando en su muerte tras la publicación de "Blackstar", el último disco de una carrera casi intachable. "Una biografía", con sus 165 páginas, es una excelente forma de dar a conocer la vida de Bowie a los niños, para que se cautiven con su imagen y de a poco entren en su música y mundo.

En sus propias palabras

En el mundo de las letras -y sí que tiene letras, pues comprende nada menos que 480 páginas- se puede encontrar "Bowie por Bowie" (Planeta), editado por Sean Eagan, que recopila una veintena de entrevistas, perfiles y reportajes que se hicieron en torno al artista de 1969 a 2003, año en que dejó de hablar en público. El libro, que es una de las mejores formas de conocer al verdadero David Jones, lo retrata en sus diferentes etapas y demuestra su lucidez y amabilidad con que se relacionaba con sus entrevistadores, lo cual se contradecía con la imagen fría y distante que se solía tener de él.

El libro, aparecido originalmente un año antes de su sorpresiva muerte, es una buena oportunidad para reencontrarse y reflexionar sobre su obra. Con agudos y filosos análisis, el mismo Bowie no escatima en elogiar alguno de sus trabajos para luego -con el paso de los años- criticarlo. De esta forma, vemos a un artista permeable a los efectos de su propio material, crítico con su pasado y siempre mirando hacia adelante.

Discos como "Young Americans" y "Let's Dance" sucumben ante lo que podría ser su desprecio artístico, mientras que hasta el final no deja de elogiar el primer álbum de Tin Machine, la banda de rock duro que formó a fines de los 80 y que, pese a ser un fracaso comercial, sirvió para reimpulsar su carrera en los 90. De esta forma, Bowie baja del espacio para hacerse humano y estar en contacto con quienes siguen admirándolo como una de las estrellas más luminosas del firmamento.

martes, abril 04, 2017

"Para Bowie, lo más importante era que las portadas expresaran la emoción de la música"

El Mercurio

Recientemente galardonado con el premio Grammy a Mejor Diseño de Empaque por "Blackstar", la última placa de David Bowie, el diseñador Jonathan Barnbrook cuenta sobre cómo llegó a trabajar con el fallecido artista, hace más de 15 años.

Nuno Veloso

Conocido como el hombre detrás del arte de "Blackstar", el magistral último álbum registrado por David Bowie, Jonathan Barnbrook ha ganado reconocimiento mundial con su trabajo, siendo el más reciente el premio Grammy a Mejor Diseño de Empaque. Los múltiples secretos que esconde la edición en vinilo del álbum -algunos descubiertos meses después de su lanzamiento- hacen eco de la intrincada motilidad y densidad de la placa.

Hoy, al diseñador, nacido en Luton y alumno del Saint Martin's School of Art y el Royal College of Art de Londres, no le gusta revelar mucho acerca de sus intenciones, algo que el mismísimo Bowie le enseñó. "Luego de pasar mucho tiempo explicándoles a todos la portada de 'The Next Day', él me dijo 'no lo expliques todo, a menudo es más importante el significado que la propia gente crea que el significado que tú pretendías'".

Su carrera, que combinaba el activismo político con el diseño gráfico, industrial y de tipografías, cruzó caminos con David Bowie cuando en el año 2001 comenzó a trabajar junto a su esposa Iman en el libro "I am Iman", una odisea por la vida de la supermodelo. Desde ahí, la relación con el músico evolucionó y fue natural para ambos incursionar en otros proyectos juntos. El primero fue el diseño de arte para el álbum "Heathen", editado en 2002, en el que utilizó su fuente "Priori". Luego vinieron "Reality" (2003), "The Next Day" (2013), y "Blackstar", el definitivo y magistral adiós del artista, editado pocos días antes de morir.

Aparte de considerar el tono de la música en cada registro, la particularidad del arte elaborado por el diseñador para cada uno de los trabajos fue siempre alejarse del modelo preestablecido. "Bowie fue una de las personas más fotografiadas de la historia. Estas portadas juegan con la expectativa del oyente y su relación con él. En 'Heathen' (Profano), el título sugiere alguien que no está de acuerdo con la visión mainstream , y es mostrado como un outsider en la portada. Para 'The Next Day' la música mira atrás, hacia Berlín, y él había estado alejado de los medios por diez años, así que teníamos la portada de "Heroes" y el oscurecimiento de su rostro, representando ambos el pasado y su falta de visibilidad en la sociedad contemporánea. En 'Blackstar', su imagen fue removida completamente, significando una ausencia o distancia, que estaba muy presente en el sentimiento de la música", dice al teléfono.

El arte de "Blackstar" fue algo cuidadosamente planeado entre él y Bowie, llevando el concepto más allá del formato físico y sus crípticos detalles interactivos. "Una de las cosas más importantes acerca del álbum fue la participación de los fans. Desde un principio fue diseñado para utilizarlo en distintos medios, desde Twitter al vinilo, así que un símbolo simple como "H" era necesario, creado especialmente para poder ser compartido", señala.

Respecto a sus quince años de colaboración con el autor de obras magnas como "Diamond Dogs", "Low" y "The Rise And Fall Of Ziggy Stardust...", Jonathan reflexiona: "Espero que él haya visto en mí a alguien que entendía la forma en que él pensaba y que tenía una filosofía similar, respecto a la forma en la que incorporábamos influencias externas en nuestro trabajo. Ambos estábamos muy interesados en el avant-garde y en la manera en que podía llevarse al mainstream . Nuestras conversaciones acerca del diseño difícilmente eran de modo directo sobre la música, sino más bien sobre la influencia de la literatura, el teatro o el arte contemporáneo."

-¿Cómo fue trabajar con él y cómo se sintió la primera vez que tuvo que mostrarle una obra en progreso?
"Él fue una de las personas más agradables con quienes he trabajado, y también la más inspiradora, porque tenía una manera de empujarte a hacer tu mejor trabajo en una forma que era positiva, no negativa. Nosotros trabajamos por mucho tiempo juntos y a menudo él dejaba hartos aspectos a mi cargo, lo cual yo aprecié enormemente. Siempre estuve muy feliz de que él continuase trabajando conmigo en varios álbumes. Por supuesto, la primera vez que le envié diseños para cada uno de los discos estaba nervioso. Pero luego creo que cada persona creativa es nerviosa en cierta forma. Eran proyectos con mucha presión. Cuando un disco de David Bowie aparece, es algo que impacta a la cultura mundial, así que quieres que esté a la altura de eso y de las expectativas de los fans".

-¿Qué se sintió al escuchar "Blackstar" mientras estaba en construcción?
"Él puso el disco y se sentó junto a mí mientras lo escuchaba. Era interesante ver cómo él estaba realmente escuchando, por momentos completamente absorto en la música. A veces, creía que él estaba escuchando aspectos técnicos de la mezcla, y también podía ver que él estaba nervioso acerca de lo que yo pensaba".

-¿Qué portadas de discos y diseñadores influyeron en su propia carrera?
"Lo interesante acerca de las portadas de discos es que no hay nada racional acerca de sus diseños, es tan subjetivo como la música que estás escuchando. Sin embargo, cuando funciona, hay algo fantástico que se crea, más allá de la lógica, y reafirma la genialidad de la música. Yo crecí en los 80, así que diría que gente como Malcolm Garrett y su trabajo para Simple Minds, lo que hizo Peter Saville para New Order y Joy Division, Neville Brody para Cabaret Voltaire, y finalmente Vaughan Oliver para Xmal Deutschland y Cocteau Twins. Todos estos diseñadores crearon algo nuevo que expresaba la novedad de la música. También, de alguna forma, hicieron del mundo un lugar más hermoso y mejor con su trabajo, lo que pienso que es algo muy importante para un diseñador".

Para Bowie, lo más importante, en primer lugar, era que las portadas expresaran la emoción de la música, y segundo, que hiciéramos algo inesperado. Él siempre trataba de competir con lo que la gente pensaba que sería su música, y sentíamos que debíamos hacer eso también en las portadas. Tercero, y especialmente con 'Blackstar', la idea era que los fans sintieran que el trabajo hacía justicia a David y a su memoria. En definitiva, yo no quería que fuese algo acerca de mí, sino que fuese algo lo suficientemente bueno para recordar a Bowie y a su último álbum. Espero haberlo conseguido".

viernes, febrero 24, 2017

David Bowie fue el gran triunfador en los Brit Awards

El Mercurio

El fallecido artista fue galardonado en la ceremonia, que también recordó a George Michael con un tributo a cargo de Chris Martin.  

Magdalena Bordalí 

"Siempre pienso en qué quisiera mi hijo saber de su abuelo. Y es que él siempre estuvo ahí. La gente pensaba que era raro y diferente, pero siempre estuvo ahí para nosotros. Este premio es para todos los locos", expresó ayer el hijo de David Bowie, Duncan Jones, al recibir la estatuilla de su padre.

El artista ganó todas las categorías en las que estaba nominado -Mejor Artista Británico y el Álbum del Año con su aclamado último disco "Blackstar"- y selló una noche marcada por los homenajes. Bowie, que también obtuvo todos los galardones a los que postulaba en los pasados Grammy, fue recordado con los premios y con el emotivo In Memoriam, que conmemoró además a Prince y Leonard Cohen -nominado a Mejor Artista Internacional.

Pero el momento que le dio el tono emotivo a la versión número 40 de los Brit Awards fue el tributo a George Michael. La presentación mostró un video del artista cantando al mismo tiempo en que Chris Martin (el vocalista de Coldplay) interpretaba sobre el escenario la famosa canción "A different corner", formando un dúo que fue acompañado por una orquesta.

La ceremonia, que tuvo lugar en el O2 Arena en Londres, igualmente se destacó por las presentaciones de Katy Perry, que apareció entre medio de una escenografía llena de casas y marionetas gigantes cantando su nuevo single "Chained to the rhythm"; Little Mix, quienes abrieron la premiación con su tema "Shout out to my ex"; la ganadora de la categoría Mejor Artista Femenina, Emeli Sande, con su éxito "It Hurts"; Ed Sheeran, Bruno Mars y los ganadores del premio Mejor Banda Británica, The 1975, con su éxito "The Sound" junto a un coro de 100 personas.

Como Artista Internacional Femenino y Artista Internacional Masculino, los ganadores fueron Beyoncé y Drake. Ambos músicos -que también fueron galardonados en los Grammy- no concurrieron a la premiación. Tampoco asistió Adele, quien, por segundo año consecutivo, se llevó el reconocimiento del Éxito Global.

El show terminó con Robbie Williams, que no solo se presentó sobre el escenario con dos canciones de su último álbum "The Heavy Entertainment Show", sino también por haber obtenido el reconocimiento especial de Ícono Brit. Esta última distinción le había sido entregada por los compañeros de su ex banda Take That en noviembre pasado, durante un concierto especial. Este premio solo se les otorga a los artistas cuya escritura, grabación y actuaciones han tenido un impacto duradero en la cultura británica. Siendo el tercero en recibirlo después de Elton John y David Bowie, logró su estatuilla número 18, hecho que lo convierte en el artista más galardonado en la historia de los Brit Awards.

martes, enero 12, 2016

David Bowie, el artista de otro mundo


El Mercurio

La muerte del "Duque Blanco" deja un vacío en la música, en las artes plásticas, en la moda, e incluso en la tecnología, ámbitos que se alimentaron por 50 años del ingenio y creatividad de una de las mentes más brillantes que haya dado la cultura popular.

Felipe Ramos

Ayer, uno de los mensajes más repetidos en Twitter decía "si estás triste, solo recuerda que el mundo tiene 4.543 billones de años y tú, por alguna razón, lograste existir al mismo tiempo que David Bowie", retratando la importancia del músico, actor, forjador de internet, diseñador y gran innovador de nuestros tiempos que lamentablemente falleció la madrugada de ayer, dejando a millones de fans con un vacío que difícilmente otro artista logrará llenar en el futuro cercano.

David Robert Jones dejó de existir en Nueva York a los 69 años producto de un cáncer contra el que combatió durante 18 meses. Esa misma enfermedad que hace pocos días había dado cuentas del líder de Motorhead, Lemmy Kilmister, y que sin misericordia se ha llevado a ídolos, abuelos, padres, hermanos e hijos. Cáncer 2 - Rocanrol 0. Aunque aún no se sabe qué órgano fue el afectado, por años Bowie fue un fumador empedernido, lo que sin dudas repercutió en su salud. Ya en 2004 había tenido un preinfarto que lo llevó a retirarse de los escenarios, y desde entonces poco se sabía de su estado, aunque el lanzamiento de "Blackstar", justo el pasado viernes, y el anuncio de diversos proyectos hacen suponer que estaba lleno de planes. Ahora sabemos que tenía esa urgencia propia de quien sabe que va a morir, pero que aún tiene las energías como para no entregarse antes de terminar su misión.
David Jones puede que esté muerto, pero nadie podrá decir que David Bowie se ha ido. Porque él fue más que un personaje creado por un artista demasiado temeroso como para subirse a un escenario sin usar una careta, sino que es un concepto, un impulso, una estrella guía. Como bien sabemos, las ideas difícilmente mueren.

Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Duque Blanco, todos fueron versiones de él mismo y dieron permiso a generaciones enteras para soñar con que se podía ser otro. En la gris Inglaterra de comienzos de los setenta fue él quien les dio una mano a miles de jóvenes que querían ser más libres y que no se sentían cercanos a la generación de sus padres. "No están solos / Denme sus manos porque son maravillosos", les decía a sus fanáticos en "Rock and Roll Suicide", de 1972, abriendo la puerta entre él y su público, uno de adolescentes inadaptados, nerds, solitarios, raros, o simplemente aburridos; uno que luego derivaría en estrellas del punk, el new romantic y el pop.

Bowie fue uno de los primeros artistas en transformar el rock en espectáculo, donde las vestimentas tenían la misma importancia que la música, y el teatro kabuki y la mímica daban paso a verdaderos cuadros plásticos sobre el escenario. Antes que él, los músicos tocaban en vivo; tras él impactaban, dejaban huellas, transformaban vidas. No solo cambió las de quienes lo vieron en sus conciertos, sino también las de muchos artistas. Si no fuera por su capacidad por captar nuevas tendencias, habrían sido muy pocos los que habrían oído hablar de Lou Reed, The Velvet Undergound o de Iggy Pop y sus Stooges. Fue él quien los escuchó y decidió hacerlos conocidos en Gran Bretaña, dándoles el impulso para transformarse en íconos mundiales. Bowie también grabó dos canciones de un entonces desconocido Bruce Springsteen, y luego tocó con guitarristas como Adrian Belew, Nile Rodgers y Stevie Ray Vaughan. En los 80 habló maravillas de Pixies, se codeó en los noventa con Nine Inch Nails y en los 2000 impulsó las carreras de Arcade Fire y TV on the Radio. Siempre sus ojos (de distintos colores) estaban bien puestos y listos para entregarnos los mejores datos sobre las bandas o músicos que había que escuchar.

Todo melómano tiene un momento Bowie. Algunos prefieren su época folk de comienzos de 1970 o la era glam de Ziggy. Los más conocedores suelen hablar de la trilogía de Berlín como su mejor momento, mientras quienes gustan de los éxitos radiales prefieren a "Ashes to ashes" y "Let's dance", de los 80. Tampoco se puede descartar su época industrial junto a la banda Tin Machine o el dance electrónico post apocalíptico de "Outside" y "Earthling". Y qué se puede decir de su regreso con "The Next Day". Él hizo todo. Tomó prestado e inventó. Cuando para el resto de los artistas era 1978, para Bowie era 1998, o hasta el 2008. Así de adelantado siempre estuvo, y eso lo prueba el que ninguno de sus discos se escucha anticuado.

Las canciones de Bowie muestran una genialidad que pocas veces se ha dado en la música popular. Más que compararlo con sus congéneres, es necesario ir a compositores como Mozart, Beethoven o Debussy para adentrarnos en su mente creadora. "El Camaleón" nos entregó una discografía de canciones repletas de melodías escondidas y subliminales, capas tras capas de sonidos que son como pinturas que se revelan a medida que uno se acerca a ellas. En palabras del propio Bowie en 1998, "para un artista, lo más importante es hurgar entre los escombros de una cultura, ver aquello que ha quedado olvidado o no se ha tomado en serio. Una vez que se ha clasificado y aceptado algo, pasa a formar parte de la tiranía de las tendencias al uso, y pierde su fuerza. Para mí, ha sido siempre así: lo peor para la propia libertad es sentirse encasillado".

Actitud Bowie

Si hay algo que no existe en la carrera de Bowie, es la estabilidad. Esa obsesión por el cambio, combinada con un aire de carisma, superioridad intelectual y eterna curiosidad hicieron de él un personaje sumamente complejo. No por nada cantantes como Annie Lennox o la actriz Tilda Swinton tomaron esos mismos componentes para crear sus propias personas y luego evolucionar en sus carreras. Al igual que ellas, los fanáticos de Bowie han ido sacando actitudes suyas para construir sus identidades. Hace años leí a un escritor que decía que cada vez que estaba enfrente de una situación o persona nueva pensaba cómo actuaría o qué diría él. Así de importante ha sido para sus seguidores.
Si hay algo que agradecer a David Bowie, son sus canciones, pero también haber transformado a quienes lo escucharon en héroes, estrellas de rock espaciales, duques, cantantes de soul blanco, marcianos y piratas. En gente libre. Con él descubrimos a escritores como William Borroughs o artistas como Irving Berlin o Ryuichi Sakamoto. Su visión hizo del rock un desfile de modas a la vez que volvió la moda algo más fascinante que la ropa. Entre "Fashion" (moda) y "Fame" (fama) hizo de las vidas de sus seguidores algo mucho más interesante y los impulsó al cambio, a no quedarse encasillados en un estilo. Por él estuvo bien ser el diferente, el solitario.

Mientras el mundo llora, los mensajes de condolencias colman las redes sociales y la puerta de su edificio en la calle Lafayette de Nueva York se repleta de flores, despedimos a David Jones, porque David Bowie no ha muerto. Simplemente ocurre que su cuerpo terrenal ya no está con nosotros, pero puede ser que quizás nunca lo estuvo. Lo que es seguro es que alguien así, como algunos dicen, no es de este mundo.



Fanáticos en todo el mundo lloraron a su ídolo

En Brixton, barrio al sur de Londres donde el artista creció, se improvisó uno de los altares más masivos. Sus seguidores también lo homenajearon en su casa de Nueva York y en Berlín.

P.C. F. y M.C. F.

Millones de fanáticos despidieron ayer a David Bowie, pero fue Brixton, barrio ubicado al sur de Londres y donde David Robert Jones comenzó a soñar con convertirse en artista, uno de los lugares preferidos por sus seguidores para darle el último adiós. Allí, en una pared contigua a un supermercado de Tunstall Road, se encuentra el mural que el artista australiano Jimmy C (James Cochran) pintó inspirándose en el álbum "Thin white duke". La imagen rodeada de flores, velas, mensajes y fotografías se transformó ayer en una de las postales que dieron la vuelta al mundo.
En ese lugar, las muestras de pesar se repitieron durante toda la jornada de ayer. "Todos lo querían. Es un día de tristeza", comentaba ayer Julia, una vecina del barrio mientras contemplaba la escena. Otro fanático llamado Charlie agregaba que el artista no solo fue un pionero en la música sino también en la defensa de la diversidad sexual. "Él representa mi juventud, el desafío a los estereotipos sobre el sexo. Para los gays, era una luz que nos guiaba y nos daba esperanza", dijo.
Frente al cine Ritzy, ubicado en la misma zona, una gran multitud con guitarras, velas y sus caras pintadas repletaron las calles aledañas durante todo el día de ayer para rendir un homenaje al fallecido londinense.

La casa en que actualmente vivía el artista en Nueva York también congregó a los fanáticos. Hasta el frontis del edificio de calle Lafayette 285, donde el músico pasó sus últimos años, los seguidores llegaron a rendirle tributo en silencio y retirarse minutos después sin hablar con la prensa. En paralelo, otra horda de seguidores optó por dejar sus mensajes de despedida sobre la estrella que el artista tiene en el Paseo de la Fama, en Hollywood Boulevard.

Finalmente, otro de los más sentidos homenajes al artista se desarrolló en Berlín, hasta donde Bowie llegó en 1976 desde Los Angeles, aburrido de los excesos y la fama. En esa ciudad, aún marcada por la guerra, fue donde compuso una trilogía de álbumes revolucionarios: "Low", "Lodger" y el emblemático "Heroes", grabado en los estudios Hansa. Precisamente por este último disco el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania no dudó ayer en publicar en su cuenta de Twitter sus agradecimientos al artista por haber "ayudado a derribar el muro".



La discografía esencial de un genio revolucionario


Del folk al jazz, del glam a lo industrial, David Bowie, artista inquieto y en permanente evolución hasta el final de sus días, le entregó a la música mucho más que rock y pop para las masas.

José Vásquez

La vuelta nunca es demasiado larga en la música popular, pero en su último disco, "Blackstar", David Bowie quería evitar el rock para sumergirse en el jazz, a su medida, claro. Los convencionalismos nunca lograron el timbre del denominado "duque blanco".

El cantautor, que comenzó su carrera en 1967 con un disco homónimo, entonces ya daba pistas del pop espacial que vendría luego. La llegada del hombre a la Luna lo entusiasmó a pintar los paisajes que cantó en "Starman", época donde ya adaptaba sus cuerdas vocales a la experimentación.
La música no tenía fronteras para el cantante. Tampoco su nombre. En los setenta, cuando tampoco administraba márgenes en lo sexual, decidió crear un alter ego para seguir un recorrido planetario que había iniciado con "Space oddity". Bowie se envolvió en el personaje que llamó Ziggy Stardust (1972), y junto a los Spiders from Mars, su banda, se embarcó en un viaje a ritmo de glam rock -que explotaba en la segunda mitad del álbum, entonces, el lado B-, donde representaba a un extraterrestre bisexual que se convertía en una estrella de rock.

Canciones como la homónima de su personaje, "Suffragette city" y "Rock'n'roll suicide", le entregaron vértigo y una creciente popularidad a una discografía que continuaría con "Aladdin sane" (1973) y canciones como "The Jean genie", "Let's spend the night together" -que tomó prestada de su amigo Mick Jagger de los Rolling Stones- y "Rebel, rebel", publicada en "Diamond dogs" (1974).
El próximo viraje apuntaría al funk, al soul y a la conquista de Estados Unidos. Con "Young americans" (1975) consiguió su primer número uno en ese país, gracias a "Fame", que compuso junto a John Lennon y "Golden years", que apareció en "Station to station".

Todo continuaría con su trilogía grabada en Berlín junto a Brian Eno, con "Low" (1977), "Heroes" (1977) y "Lodger" (1979), donde se volvió a entregar al rock más experimental que dejaría en los ochenta para probar con el new wave gracias a canciones como "Ashes to ashes", de "Scary monsters" (1980).

La masividad la alcanzó con "Let's dance" (1983) y temas como "Modern love" y "China girl", producidos por Nile Rodgers de Chic. Los golpes de timón nunca se detuvieron. Volvió al rock en "Never let me down" (1987) y comenzó a coquetear con la electrónica en "Black tie white noise" (1993), tras dejar atrás a Tin Machine, con los que vino por primera vez a Chile en 1990. Todo se intensificó en trabajos como "Earthling" (1997) que endurecieron su electrónica hasta volverla industrial. Una fábrica infinita de inspiración.

 Sus obras secretas

No era un mito, pero se transformaba en tal cada vez que alguien comentaba tener un avistamiento suyo en Nueva York. David Bowie desapareció de la vida pública prácticamente en 2004, luego de que su corazón lo llevó a urgencias cuando se encontraba de gira en Alemania. Tras la operación, muy poco se supo de él.

La última vez que cantó frente al público fue dos años más tarde, para una actuación benéfica. Después de eso, aunque su nombre nunca perdió relevancia, su figura se asemejó a la de un fantasma dentro de la Gran Manzana, pese a que nunca dejó de ser un ciudadano de Manhattan.
Desde entonces hubo muchos trascendidos sobre su estado de salud, pero nunca una certeza sobre lo que en realidad le pasaba. El círculo de hierro del cantante se fundía a fuego para resguardar cualquier información.

Ya en 2013 sorprendió avisando, en el día de su cumpleaños, que lanzaría un nuevo disco, "The next day", una idea que planificó repetir este año con "Blackstar", su última obra estrenada el viernes pasado, pero una grieta dentro de su seguridad arruinó la planificación dos meses antes.

Pese al descubrimiento, otra vez el fantasmal Bowie lo había logrado: cocinar en secreto un nuevo disco en pleno Nueva York. La historia de "Blackstar" comenzó luego que el músico fuera invitado a ver un show en el 55 Bar, un añoso club de jazz en el West Village. Sorprendido por su calidad, contactó por correo electrónico al cuarteto liderado por el saxofonista Donny McCaslin y se encerró con ellos en el estudio The Magic Schop, a comienzos de 2015, cuando ya batallaba contra el cáncer.
Tal vez consciente de que su final se acercaba, Bowie encaró uno de sus trabajos más oscuros. Evadiendo el rock, se adentró en una obra que hoy cobra un sentido todavía más confesional. Su último videoclip, para el single "Lazarus", lo muestra levitando sobre una cama donde antes había comenzado cantando: "Mira hacia arriba, estoy en el cielo, tengo cicatrices que no pueden ser vistas", dos líneas que se leen demoledoras tras conocer su final.



Su interesante faceta como actor en cine


Fernando Zavala

El éxito frente a las cámaras ni se acercó al que obtuvo en la música, pero la carrera como actor de David Bowie está muy por encima de la de tantos cantantes que también saltaron a la pantalla. Lo suyo no fue lo mismo que Elvis o Michael Jackson, sino que fueron treinta años en que destacaron personajes llamativos en influyentes proyectos a las órdenes de directores fundamentales. Películas que, muchas veces, fracasaron en su estreno inicial y que han necesitado el paso del tiempo para ser apreciadas y valoradas.

Se debut en cine fue junto al director Nicolas Roeg en la cinta de ciencia ficción "El hombre que cayó a la Tierra" (1976), donde interpretó a un extraterrestre. En 1983, bajo la dirección de otro grande, el japonés Nagisa Oshima, protagonizó "Furyo", donde fue un prisionero de los japoneses durante la II Guerra Mundial. Ese mismo año, Tony Scott lo convocó para la cinta de vampiros "El ansia", en la actualidad una verdadera pieza de culto. Allí actuó junto a Catherine Deneuve.

Ninguno de los filmes anteriores funcionó en la taquilla. Su mayor éxito fue la cinta familiar "Laberinto", dirigida por el creador de los Muppets, Jim Henson. Allí interpretó al tenebroso rey Jareth.

Fue Andy Warhol en "Basquiat" (1996), la cinta independiente de Julian Schnabel sobre el artista Jean-Michel Basquiat. Su último rol de relevancia fue en 2006 en una de las películas menos populares de Christopher Nolan, "El gran truco", donde interpretó al inventor Nikola Tesla.
Bowie también tuvo llamativos cameos en cintas como "La última tentación de Cristo" (1988) -en donde fue Poncio Pilato-, "Twin Peaks: El fuego camina conmigo" (1992), la comedia "Zolander" (2001) y la cinta juvenil "Bandslam" (2009), donde se interpretó a sí mismo y fue su último rol.
Su legado en cine no termina ahí. Su hijo, Duncan Jones, es un aplaudido director de cintas como "Moon" y "8 minutos para morir".

Otro acercamiento al cine: Todd Haynes basó en él un personaje para la película "Velvet Goldmine" (1998), que retrataba una relación emocional y física entre dos estrellas de la música en los 70 (la otra, interpretada por Ewan McGregor e inspirada en Iggy Pop). Pero al artista no le gustó el retrato y amenazó con demanda. Así, Haynes alteró el personaje para aumentar sus diferencias.



El hombre que se veía a sí mismo como una obra de arte


Javier Contreras

"Todo arte es inestable. Su significado no es necesariamente el implicado por el autor. No hay una voz de autoridad. Solo múltiples lecturas", dijo en 1995. Esa cita inspiró el concepto detrás de "David Bowie is", retrospectiva de su multidisciplinaria carrera que vio la luz el 23 de marzo de 2013 en el Victoria and Albert Museum de Londres y que ha recorrido los principales espacios de arte moderno del mundo.

"Soy un actor. Toda mi vida profesional es un acto", dijo alguna vez. Si incluso su muerte vino acompañada de una "performance" a través del lanzamiento de "Blackstar", no extraña que el título de la exhibición sea una oración incompleta, donde cada uno pueda tener su propia lectura de la obra "David Bowie".

Una creación que no solo bebió de la música, tal como lo demuestran las más de 300 piezas que conforman la muestra y que abarcan desde la moda, al diseño teatral, la pintura y la fotografía. "Si tenía un obstáculo creativo en la música que estaba haciendo, a menudo lo destrababa pintando o dibujando", afirmó en 1998.

Su propósito -decía- era entregarle un paisaje a la música. Y en ese proceso, le dio la espalda a la "tiranía de lo establecido" y se fijó en los vanguardistas, en el surrealismo y Dada, en Brecht y en el expresionismo alemán; también en Warhol y en el teatro Kabuki. Ese apetito por el riesgo nunca lo abandonó, algo que quedó demostrado con el estreno hace un mes de "Lazarus", el musical que coescribió y que debutó hace un mes en Nueva York.

Nunca un artista proclamó con tanta vehemencia que la forma en que te ves es una manera de hablarle al mundo, por lo que su conexión con la moda fue siempre vigorosa, siendo uno de sus mayores admiradores el fallecido diseñador Alexander McQueen. Incluso, el dominio de la androginia hoy en la pasarela es prueba de ese influjo.



En Chile: "Ojalá apenas sea un artista contemporáneo"


David Bowie llegó a la escena capitalina en 1990 y 1997. La primera vez se presentó ante 15 mil personas y la segunda estuvo acompañado de su esposa, la modelo Imán.

Eduardo Miranda

La periodista Paula Véliz recuerda a Bowie como un hombre amable y sencillo. "Pensé que era un divo por toda la fama que tenía, pero fue todo lo contrario. Era muy culto y conversamos mucho de literatura". La actual editora de la revista Vivienda y Decoración recuerda así su encuentro con "El Duque Blanco", a horas de su primer concierto en Chile, el jueves 27 de septiembre de 1990 (en la foto).

Ante 15 mil personas y en el Estadio Nacional, Bowie apareció en escena luciendo una "camisa blanca con vuelos y chaleco sin mangas". Su primera canción fue "Space Oddity" y le siguió la que él presentó como "mi primera canción de amor": "Life on Mars?". Según la crónica del periodista Iván Valenzuela, "el público aplaudió respetuosamente, pero no deliró".

El segundo encuentro con el público local volvió a ser en el Estadio Nacional: el 5 de noviembre de 1997, unas 4 mil personas llenaron el Court Central, ante un Bowie -que esta vez vino con su segunda esposa, la modelo Imán- se mostró sonriente: "Llevo dos días en Chile y ya hablo castellano", dijo ante los aplausos. "No me veo como una especie de futurista. Ojalá apenas sea un artista contemporáneo. Si dejé algún legado es que la música puede apartar cualquier pensamiento ridículo sobre lo que se supone no debes hacer", declaró a "El Mercurio" en esa oportunidad.

lunes, diciembre 28, 2015

La vida secreta de David Bowie lejos de los escenarios, pero fiel a la música


El Mercurio

El artista no da entrevistas y no hace conciertos ni apariciones públicas, pero sigue trabajando intensamente. El 8 de enero aparece su álbum más reciente.  

JULIÁN RUIZ El Mundo 

Como cada mañana, por prescripción médica, David Bowie sale de su dúplex en el número 285 de la calle Lafayette, en el exclusivo barrio de Nolita, en Manhattan, para dar su paseo matutino de al menos una hora de duración. Normalmente puede llegar hasta la célebre St. Marks Place, donde tenía Andy Warhol su estudio, que Bowie conoció en su primera visita a Nueva York hace 45 años.

Es un caminante anónimo. Casi nadie lo reconoce. En una entrevista de 2003 dijo estar enamorado de Manhattan, precisamente porque podía andar por sus calles sin que nadie le reconociera.

Le gusta acudir a los estudios Magic Shop, en el número 49 de Crosby Street, a cinco minutos de donde vive. Otros días acude a su oficina Isolar Enterprise, que está casi frente de su casa. En su departamento, avaluado en US$ 14 millones, tiene un miniestudio que ocupa dos de las ocho habitaciones.

En su oficina de Isolar está siempre a su mano derecha su compañera de toda la vida, la suiza Corinne "Coco" Schwab. Es la asistente personal de Bowie, ex-amante y con la que se llegó a casar en los años setenta. Fue ella quien, en los peores momentos del cantante, devorado por la heroína, lo refugió en una clínica de rehabilitación en Montreux. Y allí incluso le compró una casa, cerca de la que tenía Roger Taylor, el baterista de Queen. Fue eso lo que llevó a Bowie a colaborar con la banda en "Under pressure".

Dos o tres veces a la semana, el artista acude al Café Falai, en la misma calle Lafayette. Pide una botella de agua y un sándwich. Cuando almuerza con Coco incluso puede llegar a comer pasta. Pero prefiere la comida de su esposa, la modelo somalí Imán, con quien está casado desde 1992. Su plato favorito es una tortilla de huevos blancos con espárragos. En el edificio donde reside, solo viven 31 personas. Y entre sus vecinos están el ex tenista Patrick McEnroe y Lachlan Murdoch, hijo del dueño del New York Post.

Es raro que Bowie quiera salir de Manhattan. En los últimos años visita muy poco la casa que tiene en las montañas de Catskill. Es un terreno de 64 acres que él e Iman se compraron justo unos meses antes de que él padeciera una angina de pecho en Alemania, en 2004, y por el que hoy vive con tres bypass en el corazón. Su anterior mansión, en la isla Mustique, la vendieron. A Bowie nunca le gustó el mar, ni siquiera el lujo del Caribe. Si se compró esa casa fue por Mick Jagger, que ya tenía allí una (ahora tiene dos).

Normalmente, por la tarde pinta, su gran pasión, o trata de escribir alguna canción nueva. Es obstinadamente un padre perfecto para su hija Alexandria, de 15 años. En junio de 2013, David Bowie viajó con ella e Iman a Europa, en barco. Fue la última vez que estuvo en ese continente, y en Londres pudo ver en una visita privada una exposición de sus trajes, sus obras y sus fotografías en el Victoria and Albert Museum.

Jamás viaja en avión. Su acrofobia se ha incrementado en los últimos años. No se aburre de los largos viajes en barco: le dan la oportunidad de leer, de disfrutar del cine clásico de comienzos del siglo XX, afición que le apasiona. Bowie es un experto en los filmes del genio ruso Sergei Einsenstein.

¿Cuáles son las causas de la aparente misantropía de Bowie? Posiblemente no tolere la sociedad actual y prefiera vivir en un mundo especial, lejos del mundanal ruido. Hace más de una década que no da entrevistas y su última presentación en vivo fue en 2006, en un evento de beneficencia. En octubre pasado, de hecho, su mánager dijo que se había retirado definitivamente de los escenarios, pero no de la música. Desde su hermética jaula de cristal, aún puede ofrecernos una obra maestra como "Blackstar", el primer single de su nuevo disco (ver recuadro), que tiene una letra autobiográfica, donde habla de ser una "estrella negra" y, bien en el fondo, explica por qué es el Howard Hughes del rock.

 Nuevo disco y musical en Nueva York

"Blackstar", el álbum de estudio número 25 en la carrera de David Bowie, será lanzado al mercado el 8 de enero, el mismo día en el que el artista cumple 69 años. Llega dos años después de "The next day", pero si bien ese era más tradicional para el estilo del músico, su nuevo trabajo buscó ser más experimental, según contó el productor Tony Visconti, que trabajó codo a codo con Bowie para hacer el disco, que incluirá 7 canciones.

Visconti dijo que se inspiraron en Kendrick Lamar, cuyo álbum era "abierto de mente" y no derechamente hip-hop. "Él puso de todo y eso es exactamente lo que queríamos hacer. El objetivo, en muchas maneras, era evitar el rock & roll", explicó a Rolling Stone.

Fue Bowie quien eligió la canción "Blackstar", liberada en noviembre pasado, como el primer single. Tuvo eso sí que reducir la duración, que superaba los 11 minutos, a 9:57 para poder ponerla en iTunes, que no permite venta de canciones individuales de más de 10 minutos.

Durante el segundo semestre de 2014, Bowie trabajó solo en su casa durante cinco meses en el material. En diciembre contactó a sus colaboradores, incluido Visconti, para grabar el álbum en sesiones diarias de hasta siete horas.

Al mismo tiempo, Bowie trabajaba en "Lazarus", la obra musical que está actualmente en Nueva York -fuera de Broadway- hasta el 20 de enero, con Michael C. Hall ("Dexter") en el rol principal. La pieza incluye canciones de Bowie y otras originales, y es una adaptación de la novela de ciencia ficción "El hombre que vino de las estrellas", que el cantante protagonizó en su versión fílmica en 1976.

El artista seguirá en esta línea el próximo año, ya que escribirá canciones originales para un musical que se hará de "Bob Esponja", la popular serie animada.

lunes, marzo 18, 2013

David Bowie: las mil caras del camaleón

El Mercurio


El Victoria & Albert Museum de Londres estrena este sábado "David Bowie is", la primera retrospectiva a gran escala dedicada al legado artístico del músico británico. Famoso por sus muchísimos alter egos y una constante reinvención a lo largo de sus casi cinco décadas de carrera, el impacto de este ícono del rock va mucho más allá de lo musical, extendiéndose al diseño, la moda, y el arte contemporáneo en general.

Camila Ortiz Miranda

¿Quién es David Bowie? Enigmático, versátil, contradictorio, no es fácil responder a esta pregunta. Y es que David Robert Jones ha hecho una (muy exitosa) carrera a partir de la confusión entre persona y personaje, ficción y realidad. Pionero en esto del self-made art (una especie de proto "hágalo usted mismo"), ninguna otra celebridad antes que él se había convertido en un mito de forma tan consciente, con tanto control de la maquinaria publicitaria y de prensa que rodea a las estrellas de rock.

Resulta irónico, entonces, intentar responder esa pregunta. Porque preguntarse quién es David Bowie es un acto un tanto fútil, uno que no toma en consideración que el misterio es precisamente parte de lo que lo hace único. El seudónimo de "camaleón" no es por nada: Major Tom, Ziggy Stardust, Aladdin Sane o el Duque Blanco son sólo algunas de las distintas personalidades que ha asumido el artista a lo largo de los años, pasando sin problemas de la androginidad y homoerotismo a la masculinidad más formal entre uno y otro personaje. Un provocador que supo recoger influencias estéticas tanto de la vanguardia artística como de los travestis.

David Bowie es una figura que cautiva y, aún teniendo claro que se trata de una tarea complicada, es imposible no querer saber más. Quién es Bowie es una interrogante que se repiten tanto fans, periodistas y estudiosos del arte y es, precisamente, la pregunta que da vida a "David Bowie is", la primera gran exposición dedicada al artista y que abre en el Museo Victoria & Albert de Londres el próximo 23 de marzo.

Todos los anteriores

Músico, diseñador y actor. Ícono del rock y de la moda. Genio vanguardista o un sutil ladrón. Más allá de sus muchos alter egos, ¿cuál de esos adjetivos define mejor a David Bowie? Todos los anteriores, parece ser la respuesta. La muestra del Victoria & Albert recoge las muchas dimensiones del artista, pero deja la pregunta abierta. El mismo nombre de la exposición (un escueto "David Bowie es") da señales de esto. Una invitación a que cada espectador haga su propio personaje.

"Él es un verdadero ícono, más relevante que nunca en la cultura popular. Sus innovaciones radicales en la música, teatro, moda y estilo todavía resuenan en el mundo del diseño y la cultura visual, y continúa inspirando a artistas y diseñadores alrededor del mundo", ha dicho Martin Roth, director de la institución, sobre la muestra.

Lo del V&A de Londres es un acto sin precedentes. Se trata de una de las exhibiciones más exitosas en la historia de la galería, con más de 30 mil tickets ya vendidos, lo que los obligó a alargar la fecha de exhibición del 28 de julio al 11 de agosto y agregar funciones nocturnas los días sábado. Pero, además, es la primera vez que un museo obtiene acceso al archivo completo de David Bowie, el que fue revisado durante dos años por los curadores Victoria Broackes y Geoffrey Marsh.

La muestra recorre la evolución del artista, abarcando desde los inicios de David Robert Jones como aspirante a músico en el pueblo inglés de Bromley y, como señalan desde el mismo museo, explorará los procesos creativos detrás del trabajo de Bowie, siguiendo su cambiante estilo y constante reinvención a lo largo de casi cinco décadas de carrera artística. Para esto se escogieron más de 300 objetos, entre los que se incluyen trajes originales, letras manuscritas, fotografías, videos musicales, maquetas de escenarios e instrumentos usados por el músico. Un lugar privilegiado tendrán también las variadas colaboraciones que ha hecho Bowie con destacados artistas de distintas disciplinas, especialmente del mundo de la moda, el diseño y la fotografía.

Entre los objetos más llamativos se encuentran más de 60 trajes usados por Bowie durante sus giras, incluyendo los emblemáticos trajes de cuerpo completo de Ziggy Stardust, diseñados por Freddy Buretti en 1972; las llamativas creaciones del diseñador Kansai Yamamoto (quien se encargó del vestuario para el tour de Aladdin Sane, en 1973) y la chaqueta con la bandera del Reino Unido, diseñada en conjunto por Bowie y Alexander McQueen para la portada del disco Earthling (1997). Junto con estos ítems, se encontrarán también objetos más personales como storyboards inéditos, set lists y canciones escritas a mano, así como algunos bosquejos dibujados por el mismo Bowie y fragmentos de sus diarios privados, revelando así la evolución de sus ideas creativas.

El más elegante de los ladrones

La misma pregunta que trata de responder la exposición del V&A Museum es la que se plantea el periodista y escritor inglés Paul Trynka, autor de Starman (2011), una las biografías más exhaustivas que existen sobre Bowie. Con entrevistas a más de 300 personas que lo conocieron, en mayor o menor grado, el autor intenta dilucidar si es que se trata finalmente de un genio como pocos o un ambicioso y calculador comerciante. Y es que Trynka lo dice sin titubeos: el joven David Jones no era un músico particularmente talentoso. Quienes lo conocieron durante sus años de adolescencia admiraban su estilo elegante y despreocupado, pero era su amigo, George Underwood, el que todos se imaginaban terminaría convertido en una estrella musical.

Pero lo que le faltaba a Underwood (y sobraba a Bowie) era la ambición. Una ambición que consiguió que un artista que en un primer momento fue considerado como un one hit wonder (o de un solo éxito) se convirtiera en uno de los íconos de la música y el arte contemporáneo. En eso tuvo mucho que ver su talento para tomar prestado elementos de otros músicos y artistas. Y es que desde los días en que sus compañeros de colegio le envidiaban su estilo a la hora de vestir, Bowie siempre tuvo un ojo privilegiado para tomar las tendencias que se convertirían en moda e imponer su gusto personal.

Trynka explica: "Puede que Andy Warhol hubiese puesto de moda este tipo de 'apropiación' en el mundo del arte, pero que un rockero declarase 'soy un elegante ladrón' desafiaba una idea sagrada. Ese saber calcular, esas dotes de hombre de negocios, según lo describe Iggy Pop, lo encumbraron como la pura antítesis de héroes del rock and roll como Elvis Presley".

Darren Pih, curador de la muestra "Glam!", del Tate Liverpool (en exhibición hasta el 12 de mayo de este año) -y que también incluye a Bowie como parte importante de la exposición- concuerda en destacar la influencia de Warhol en el músico, sobre todo en esto de la apropiación del high art para hacerlo popular. "Warhol fue inmensamente influyente para Bowie, especialmente a través de su interés en ideas como la de la celebridad que se hace a sí misma por medio de la transformación. De hecho, Bowie conoció a Warhol en Nueva York en 1971 y, al poco tiempo después, él adoptaría el personaje de Ziggy Stardust. Por esa época, además, la fotógrafa Cindy Sherman realizaba sus primeros trabajos, poniéndose a sí misma en lugares ficticios y de alguna forma haciendo hincapié en cómo la imagen de alguien es reflejo de construcciones mediales y un glamour idealizado. Fue un periodo fascinante para las artes y Bowie fue una figura clave en todo eso".

Para Paul Trynka, el talento principal de Bowie no son prodigiosas dotes musicales, sino que la capacidad para "reposicionar la marca" y reinventarse constantemente, algo que posteriormente tomarían prestado músicos como Prince, Madonna y Lady Gaga. Pero en las páginas finales de Starman (el que fue publicado en medio del silencio de diez años de Bowie, cuando se temía que el artista se hubiese cansado del mundo del espectáculo para siempre), el autor se preguntaba: ¿será capaz el hombre que se transformó a sí mismo de volver a hacer magia?

Dos años después, cuando Bowie acaba de lanzar (el lunes recién pasado) "The Next Day", su vigésimo séptimo disco de estudio y que ya cosecha críticas favorables, la respuesta parece ser que sí. El camaleón lo ha hecho otra vez.