El Mercurio
Al cumplirse un año de su muerte , los herederos de su tradición recuerdan esta tarde a Santos Rubio, respetado cultor del guitarrón, la décima improvisada y el canto a lo poeta. A las 17:00 horas de hoy, en el Cementerio de El Principal, de Pirque, se celebrará una misa en su recuerdo y habrá una rueda de canto a lo divino.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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jueves, mayo 24, 2012
sábado, septiembre 24, 2011
Poetas y payadores recuerdan al maestro Santos Rubio
El Mercurio
En una ceremonia efectuada ayer en el Salón Municipal de Pirque ante 200 personas, el Consejo de la Cultura y las Artes entregó un reconocimiento póstumo a la figura de Santos Rubio por su aporte a la tradición del canto popular. Rubio falleció el 24 de mayo en San Juan de Pirque, una de las tierras más pródigas del canto a lo poeta.
Un grupo de cultores subió al escenario con guitarras, guitarrones y versos para recordarlo. Desde Juan Pérez Ibarra, Santiago Vargas, Erick Gil Cornejo y Domingo Pontigo (los cuatro en la foto), hasta payadores y poetas como Moisés Chaparro, Dángelo Guerra, Marcelo Díaz y el peruano César Huapaya.
En una ceremonia efectuada ayer en el Salón Municipal de Pirque ante 200 personas, el Consejo de la Cultura y las Artes entregó un reconocimiento póstumo a la figura de Santos Rubio por su aporte a la tradición del canto popular. Rubio falleció el 24 de mayo en San Juan de Pirque, una de las tierras más pródigas del canto a lo poeta.
Un grupo de cultores subió al escenario con guitarras, guitarrones y versos para recordarlo. Desde Juan Pérez Ibarra, Santiago Vargas, Erick Gil Cornejo y Domingo Pontigo (los cuatro en la foto), hasta payadores y poetas como Moisés Chaparro, Dángelo Guerra, Marcelo Díaz y el peruano César Huapaya.
martes, septiembre 20, 2011
domingo, agosto 07, 2011
Santos Rubio: "Yo recuerdo bien que a la Violeta Parra no la quería nadie"
La Tercera
A casi dos meses de la muerte del músico de Pirque, publicamos los extractos de una conversación inédita.
por Juan Manuel Vial
A Santos Rubio le gustaba contar un par de anécdotas que demostraban que el haber nacido ciego no fue una maldición que lo hubiese inhabilitado para ciertas actividades que, supuestamente, sólo un vidente podía llevar a cabo. La primera aludía a cierto episodio de juventud, cuando, pasajero casual en la cabina de un camión repleto de curagüillas ("yo andaba con la tremenda amigdalitis, así es que, con suerte, pude tomarme media bebida en no sé cuántas horas"), terminó manejando la máquina una vez que el chofer y el copiloto se quedaron dormidos. La proeza fue considerable, pues bajo su conducción y las instrucciones que le iba dando un primo desde atrás, el vehículo cruzó el puente sobre el río Maipo y se detuvo a la orilla del camino por su cuenta.
En otra ocasión, al interior de una picada de Estación Central en que se reunían los músicos tras actuar, El Copeta alentó al grupo, unas 11 personas, a tomarse una fotografía. Todos habían bebido bastante, lo cual no impidió el siguiente ritual: cada uno de los presentes se puso de pie frente al resto, enfocó lo mejor que pudo y disparó el obturador de la máquina. De pronto, alguien se quejó de que nunca aparecían juntos y ahí fue cuando Santos Rubio, hombre de buena voluntad, se ofreció a tomar la foto: "En eso se para mi amigo El Copeta, el que me pagaba, y me pone derechito frente a los retratables: 'Cuando yo te diga, conchalí, apretái este botón'. Y así lo hice. Les voy a sacar otra por si acaso, y saqué dos". Un mes más tarde, Santos volvió a encontrarse con los parroquianos y les preguntó por la fotografía. Al unísono ellos soltaron la risotada. "¿Y de qué se ríen?, les pregunté. Uno respondió: 'Las únicas fotos buenas fueron las que sacó usted, así es que usted no salió. Las demás, todas movidas'".
Fotógrafo certero, chofer de emergencia, barbero prolijo, incansable caminante solitario, narrador detallista del paisaje que lo rodeó, buen marido y padre de familia, el folclorista murió en Pirque el 24 de mayo, a los 73 años, producto de un cáncer. Sostener que Santos Rubio se paseó por esta vida con los ojos bien abiertos no es una exageración. Y en cuanto a sus talentos musicales, bueno, ahí lo tendremos por siempre como habitante ilustre del cielo en que creía, ubicado entre los muertos más eminentes de nuestro firmamento melódico, probablemente, al lado de Violeta Parra y Víctor Jara, sus más distinguidos admiradores. Santos Rubio no tan sólo cantaba y tocaba la guitarra, el acordeón de botón, el arpa, el acordeón de tecla, la mandolina, el rabel y el cuatro venezolano, sino que fue maestro y salvador del guitarrón chileno, aquel instrumento de 21 cuerdas, más cuatro diablitos, que es único en el mundo.
El guitarrón chileno tiene el encordado más complejo de todas las guitarras que se crearon en América y, a no ser por el empeño que pusieron en tocarlo un puñado de fieles cultores, estuvo a punto de desaparecer para siempre de la faz de la tierra. Hacia el año 1956, época en que Santos Rubio comenzó a relacionarse con él, casi no existían intérpretes. "Acá en Pirque llegamos a tocarlo sólo tres personas: Manuelito Saavedra, del Huingán; Osvaldo Ulloa, del Principal, y yo. Digan lo que digan y por mal que les parezca a los demás, es innegable que el guitarrón se quedó en Pirque y de aquí renació". Santos Rubio fue un hombre sumamente orgulloso de su patria pirqueña, y no pircana, como le dicen ahora, pues pircano se le llama al habitante de Pirca.
Usted que llevaba música y canto a los velorios de niños, ¿podría explicarme en qué consistía ese ritual que, visto a la distancia, suena un poco macabro?
En esta zona de Pirque siempre existió la tradición de cantarle a los angelitos, que es como se les llama a los niños que mueren. Así también sucedía en Aculeo, Melipilla, Curicó y Teno. A los angelitos se les sentaba en una silla, bien adornaditos y emperifollados con sus respectivas alitas. Después, la costumbre se fue prohibiendo y aunque yo nunca he estado en contra de las tradiciones, esta vez estuve un poco a favor: mejor que se haya acabado ese cuento, porque hay que quebrarlos pa' echarlos al cajón, y eso era un poco sacrílego. Ahora los ponen en un altarcito, acostaditos.
¿Y los funerales de adultos?
A veces nos invitan, si es que así lo pidió el finado. Ahí se canta a lo divino, aunque en ocasiones, especialmente cuando uno ha conocido harto a la persona fallecida, es posible hacer una décima improvisada, dirigida a lo que ésta hizo en vida. Me acuerdo del velorio en Santa Rita de un amigo mío, que había sido futbolista en su juventud y después se dedicó a los caballos y corría. Apenas entré a la iglesia, un amigo me vio y me pegó el grito: "¿Venís preparado Santos Rubio?". Yo le respondí, "si no vengo preparado, me preparo". Y ahí mismo solté una décima. No sé por qué la retuve hasta hoy, pero dice: "Hay un rodeo en el cielo/ y hay gente de todas partes/ a Segundo Cornejo Hiriarte/ también lo invitó San Pedro/ voy a correr y hecho bueno/ me aplaude la Virgencita/ haré atajadas muy bonitas/ voy a quedar muy contento/ porque aquí yo represento/ a los huasos de Santa Rita".
Hoy, las décimas de Violeta Parra no tan sólo se escuchan, sino que también se leen como poesía. ¿Qué le parecería que sus canciones fueran leídas en vez de oídas?
Mientras no se me eche al olvido, bien está que sea de una manera o la otra. Pero sí, funciona bien en ambos casos. Lo que a mí me da risa es que hablamos con harto orgullo del Víctor Jara y de la Violeta, porque aquí en Chile nos encanta que la gente pase a ser importante después de muerta. Pero yo recuerdo bien que a la Violeta no la quería nadie. Aquí en Chile cuesta meterse, más aún si es con tradición. La persona se muere y pasa a ser un símbolo. Al menos, a su familia la figura de la Violeta le ha servido como tarjetita. Y también a los payadores: cuando quieren conseguir un aplauso más grande, te meten a la Violeta y listo. Yo la evito. Y al Víctor también. El aplauso me lo consigo yo, o no me lo consigo. Al Víctor, vaya novedad, tampoco lo quería nadie: pa' empezar, estudió teatro: lo echaron de la compañía de teatro; luego fue uno de los fundadores del Cuncumén, por allá por 1957: lo echaron de ahí también. Adonde iba lo echaban. Si no me equivoco, creo que además formó el Quilapayún, y de ahí también lo corrieron pa'l lado. Pudo haber sido por envidia e ignorancia. Pudo.
Las décimas son poesía dura, con métrica y rima. Pero hoy por hoy, en la poesía reina el verso libre.
A Dios gracias en Chile hay buenos decimistas. Al igual que en Cuba, Argentina y Uruguay. Y bueno, la métrica es una y de ahí no te puedes salir.
Entiendo, pero igual suena bastante complicado: improvisar mientras se calcula la métrica no es algo fácil de hacer. Yo no podría hacerlo sin lápiz ni papel.
Para mí no lo es tanto: Yo contesto tu pregunta/ aquí en medio de la plaza/ para saber lo que pasa/ pa' eso hicimos esta junta/ la cosa es como una yunta/ yo te lo explico, Manuel/ tú tienes que comprender/ porque yo lo he comprobado/ aunque eres muy educado/ te falta lápiz y papel.
lunes, mayo 30, 2011
El mundo sin Santos Rubio
El Mercurio
Luego de la reciente muerte de Osvaldo "Chosto" Ulloa, él era el último representante de la antigua, compleja, profunda y variada tradición del canto y poesía con guitarrón del Maipo Superior.
Claudio Mercado, José Pérez de Arce Museo Chileno de Arte Precolombino
De 72 años, murió el martes en La Puntilla de Pirque. Ciego casi de nacimiento, desarrolló un oído privilegiado, cantaba y tocaba guitarra, guitarrón, acordeón, arpa y rabel con sensibilidad, belleza y maestría. Dotado de gran energía, hizo clases en la Escuela de La Puntilla, participaba en talleres, beneficios, casamientos, peñas, vigilias, conciertos y ramadas todo el año. Premio Nacional de Arte 2007, escucharlo es una experiencia sobrecogedora. Impresiona la originalidad y complejidad del canto a lo divino, su extraordinaria estructura, su atmósfera luminosa, totalmente distinta a lo que concebimos comúnmente como folclor, impresiona su lucidez, sabiduría, su precisión, su cantar arrogante, disociando la voz y el instrumento.
Conocer más a este hombre sencillo era descubrir bajo su simplicidad un tesoro inagotable de conocimientos, experiencias, sabiduría, humanidad y destrezas propias de los hombres de campo, que sobrepasan todo lo conocido en nuestro mundo "culto" de la ciudad. Porque Santos Rubio fue criado a la antigua, en una cultura oral, donde el aprendizaje era poniendo la oreja. Su maestro, don Juan de Dios Reyes, le tocaba unos 20 minutos el guitarrón y después se lo pasaba: "Ya, ahora le toca a usted". Lo mismo para aprender una décima, estrofa de 10 líneas, con una rigurosa estructura métrica:
Qué noche tan rebonita,
la recordaremos siempre,/
veinticuatro de diciembre/
la Nochebuena bendita,
donde tuvo su guagüita
con un gran tormento fiero.
A la Virgen me refiero,
fue tanto el padecimiento
anunciando el nacimiento
el gallo en su gallinero .
Un verso (poema) contiene cuatro décimas, es decir 40 líneas, y los buenos cantores sabían de memoria 30 o más versos por los "fundaos" (temas) más diversos. Subiendo al cerro, trabajando la tierra, sus mentes estaban durante horas recorriendo versos, rumiando historias, pensando el mundo y la vida en esta forma poética. La memoria era una herramienta privilegiada, y al buen cantor le bastaba escuchar un verso una vez para aprenderlo altiro. En aquellos tiempos se hacía canto a lo divino en vigilias y sobre todo en velorios de angelitos, donde un grupo de cantores pasaban la noche cantando cada uno con su propio verso acerca de una misma historia que iba cambiando a lo largo de las horas: de algún profeta, del diluvio, de la creación, de astronomía y muchos otros. Al final, en el "verso por despedimento", al ir aclarando, con los pájaros cantando como fondo, se vivían momentos indescriptibles de emoción interna y conexión con lo divino, momentos muy fuertes para la familia que debe dejar que su pequeño hijo los abandone para siempre. Cuentan que en tiempos pasados velaban dos días y dos noches y luego pedían el niño prestado para seguir cantando otra noche para demostrar su sabiduría, sin repetir ningún verso.
Santos Rubio aprendió ese mundo, pero además quedó ciego a muy temprana edad, lo que lo obligó a reemplazar el ojo por el oído, y gracias a eso, a pesar de que el mundo cambió a su alrededor, él permaneció en la oralidad toda su vida. Lo mantuvo con la extraordinaria sagacidad, capacidad mental, memoria y agilidad de pensamiento propia de esa forma cultural en extinción. La precisión y exactitud de su oído le permitía "ver hasta debajo de las piedras", bromeábamos con él, haciendo dudar a quienes lo conocían por primera vez que realmente fuera ciego. Gran poeta, era capaz de improvisar con agilidad, pero siempre con profundidad, con sentido, con una honda humanidad acerca de cualquier tema. Era capaz de sorprender cantando una décima perfecta sobre una conversación casual que escuchaba en ese momento, a la que añadía un giro inesperado, profundo y veraz. Atravesando la cordillera por cuestas y barrancos difíciles, peligrosos, Santitos iba despreocupado, en su mula, sin percatarse del peligro porque sus ojos no veían, pero sintiendo el viento, el sol, el aire purísimo, las frases, peripecias y hechos cotidianos y, al llegar la noche, en el campamento, cantaba, transformando todo eso en poesía, para luego seguir cantando rancheras, tonadas, corridos, valses, cuecas, cantos a lo poeta durante días sin repetirse, con un repertorio que parecía infinito.
Pónele llave a tu pecho
y aldaba a tu corazón,
picaporte a tus sentidos
y cerrojo a tu intención.
Gran profesor, tenía un don particular para enseñar las complejidades del guitarrón, de sus cuerdas, sus giros, sus trinos y repiques, de las cuartetas y décimas, de las melodías, las temáticas, con claridad y precisión mediante una simple metodología inventada por él. Su infinita paciencia y su natural humildad le permitieron entregar un caudal de sabiduría popular -digno de las principales universidades del país- a los niños de las escuelas de Pirque, que probablemente no imaginaron el privilegio que tenían.
Su sensibilidad musical lo llevó a tener un oído absoluto, que le permitía afinar con la mayor precisión, y que al mismo tiempo le producía una tortura al escuchar la menor desafinación. Por eso se le ocurrió cambiar el encordado metálico tradicional del guitarrón por uno de nailon, sistema que impuso en su zona de Pirque, solucionando el problema de la desafinación e inestabilidad sonora, pero cambiando su sonido ancestral. Convivían en él, sin problemas, su enorme sabiduría heredada de hace siglos con una permanente búsqueda y renovación.
El mundo sin Santos Rubio es un mundo distinto. Luego de la reciente muerte de Osvaldo "Chosto" Ulloa, él era el último representante de la antigua, compleja, profunda y variada tradición del canto y poesía con guitarrón del Maipo Superior. Con ellos desaparece un modo de entender el mundo, de pensarlo en un sistema de pensamiento oral, con la memoria llena de versos, de historias contadas y vueltas a contar. Ambos han muerto en menos de un año, dejando la tradición en manos de su hermano Alfonso, de Juan Pérez Ibarra y de decenas de músicos más jóvenes que, si bien alejaron para siempre el peligro de desaparición de este tesoro cultural, lo retomaron con la impronta de quienes sabemos leer, drástica merma en la memoria cultural ancestral, recorte inevitable del "progreso" que cambia la forma de hacer y de crear.
Cuando el sol se está apagando
las aves emprenden vuelo,
buscando sus dormideros/
pasan por bandás volando./
martes, mayo 24, 2011
En Homenaje a Don Santos Rubio
Ha Fallecido don Santos Rubio.
Faltarán muchas líneas, muchas palabras, muchos versos para decir lo que significó don Santos Rubio.
Personalmente se me apareció en algunas presentaciones televisivas de comienzos de los años 80. Después vinieron esos memorables encuentros de payadores en el Teatro Cariola realizados por la radio Umbral, recuerdo haber estado maravillado en esos asientos viendo a los maestros en el escenario. Posteriormente recuerdo un cassette que grabaron los hermanos Yañez y los Hermanos Rubio para la Sony Music, en donde cantaban sobre lo humano y lo Divino. De ahí me pego un salto, y recuerdo haberlo redescubierto en el disco "Cantos por Travesura" grabado por Víctor Jara el año 1972. También recuerdo haberlo visto en un encuentro de payadores que se realizaba en el Rodeo de Pirque, y por último en una ronda de canto a lo Divino por Navidad realizado a fines del año 2009 en la Sala América de la Biblioteca Nacional de Chile, el cual grabé completamente en video.
De esa grabación les comparto el podcast que emitimos en esa oportunidad bajo el proyecto Puramusica de Fm Palabra, como un homenaje a Don Santos Rubio, como un homenaje también a don Osvaldo "Chosto" Ulloa.
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Palabras en Homenaje de los Payadores
Velorio de Don Santos Rubio
A los 72 años muere legendario payador chileno Santos Rubio
Emol
Uno de los máximos referentes del canto a poeta del siglo XX, cantor ciego y responsable de llevar la paya al disco y la universidad. El músico falleció esta mañana en su natal Pirque.
PIRQUE.- Víctima de un cáncer estomacal que le detectaron a fines de 2010, a las 7:30 horas de esta mañana falleció en San Juan de Pirque Santos Daladier Rubio Morales, conocido simplemente como Santos Rubio, uno de los más grandes payadores del siglo XX, impulsor de sucesivas generaciones de cantores a lo divino y lo humano. Tenía 72 años.
Los restos de Santos Rubio se están velando a esta hora en una casa de esa localidad campesina, que además es, junto con Melipilla, una de las cunas de la paya, el guitarrón chileno y el canto a lo poeta. La noticia se propagó incluso por las redes sociales.
La muerte de Santos Rubio supone la mayor pérdida en el campo del canto a lo poeta desde la muerte de Osvaldo Chosto Ulloa, otra eminencia del canto y el guitarrón de Pirque, ocurrida el 7 de octubre del año pasado. En su faceta de payador, Santos Rubio también compartió escenarios con otro referente de la poesía improvisada, Benedicto Piojo Salinas, quien murió en febrero de 2008.
"Todo ocurrió muy rápido. Estuve con él en noviembre en un encuentro de guitarroneros en Pirque y lo vi bien. Después lo invité a Salamanca en enero y estaba muy deteriorado física y anímicamente", cuenta Manuel Sánchez, uno de los músicos que aprendió de Rubio.
No lo vio, lo escuchó
"Santos es una persona sumamente importante, sobre todos para generaciones actuales de guitarroneros. Era un cultor natural pero además tenía una proyección artística. Eso es muy dificil de conseguir, por lo general son áreas que van muy separadas. Los invetigadores señalan que Santos Rubio era la unión de ambas cosas. Fue un maestro que indirectamente nos influyó a todos y es la piedra angular de lo que hoy está ocurriendo con el movimiento de la paya. Como era ciego, es el gran personaje de la oralidad. Todo lo que sabía nunca lo vio. Sólo lo escuchó", agrega Sánchez.
El fallecido cantor es integrante de un clan de trece hermanos avecindada en la localidad de la Puntilla de Pirque, a 27 kilómetros al sur de la capital. De todos ellos sólo él y su hermano menor, Alfonso Rubio, se dedicaron a la música como oficio, y la ceguera que lo acompaña casi desde sus primeros días no fue un obstáculo para sus talentos.
Entre sus principales aportes, a Santos Rubio se le reconoce la tarea de llevar el canto a lo poeta a los ámbitos académico y disquero, más allá de la transmisión oral de la que fue baluarte desde los años '50. Enseñó los rudimentos del guitarrón chileno en la Universidad de Chile y ya desde los años '60 grabó un disco producido por la misma universidad, donde recupera el contrapunto entre el maulino Mulato Taguada y el terrateniente Javier de la Rosa, famoso encuentro fechado por el historiador Encina a fines del siglo XVIII.
Su última participación en un disco data de 2007, cuando compartió espacios con Osvaldo Ulloa, Juan Pérez Ibarra y su hermano menor Alfonso Rubio en Guitarroneros de Pirque, producido por Gonzalo Henríquez.
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