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sábado, julio 04, 2020

Fernando García a los 90: “Nunca podría dejar de componer”



El Mercurio

El compositor y musicólogo ha escrito unas 25 obras durante la cuarentena. Nacido el 4 de julio, hoy celebra con mesura desde Pirque.

IÑIGO DÍAZ

“Maestro” o incluso “maestrísimo” son apelativos que utiliza Fernando García para referirse a su interlocutor, un gesto de educación que a la vez sorprende. Habitualmente, en esas conversaciones el único maestro es Fernando García, reconocido así desde luego por sus discípulos, pero también por académicos y pares.

La enciclopedia de música chilena MusicaPopular.cl le dedica su portada con la leyenda “Los 90 años del maestro”, enfatizando su nuevo estatus, su rol como compositor, musicólogo y educador, de puente hacia las audiencias y su responsabilidad republicana, que lo han llevado a obtener el Premio Nacional de Música en 2002 y la investidura de Figura Fundamental de la Música Chilena en 2013.

Nacido el 4 de julio, hoy cumple 90 años, y pasa el confinamiento en Pirque, con su hijo Leonardo y sus nietos. “No sé cuántos tengo”, bromea, pero contabiliza con exactitud las obras que ha escrito en esa parcela durante la cuarentena. “Son 25, para todos los formatos, cuartetos de cuerdas y de vientos, tríos, dúos y música para todo tipo de solistas. No he hecho nada para percusiones, pero las he incluido ahí como una cosa secundaria. Tampoco me he metido con la orquesta, porque es un proceso largo y lento. No podría nunca dejar de componer”, decreta, lamentándose de paso por la escasez de papel de pentagrama.

Su hijo baterista, Alejandro, le envía cuadernos de composición desde Nueva York, y su hijo Leonardo acude regularmente a recoger ese material al famoso departamento de Miraflores y Esmeralda, aquel de fachada curva y antejardín, donde vivió su familia durante décadas, y Fernando García habitó hasta marzo.

Hace unos cinco años dejó de hacer clases en la Facultad de Artes de la U. de Chile. En cambio, acudía a pie y diariamente a la Academia Chilena de Bellas Artes, donde ocupa el sillón número 4. Para saludar los 90 años de García, una treintena de estos académicos realizará una reunión vía Zoom con él, y luego se estrenará en YouTube un pequeño documental narrado por Andrés Maupoint, que recorre su vida y obra como uno de los jóvenes compositores de los años 50 que abrieron ventanas a las nuevas corrientes creativas en Chile y los que consolidaron un discurso musical en los 60.

sábado, febrero 17, 2018

Fernando García: las confesiones de un músico fundamental

El Mercurio

SCD lanza libro de conversaciones con el maestro.
A sus 87 años de edad, este influyente compositor y musicólogo recuerda su juventud, reconstruye un Chile que ya no existe y explica por qué le interesó la música contemporánea. 

Por Romina de la Sotta Donoso

Figura señera de la música chilena, ha escrito más de 430 composiciones, lo suelen interpretar las nuevas generaciones y hasta hoy hace clases en la Facultad de Artes de la U. de Chile. Además, fue coautor del pionero "Mapa de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú" (1978) y dirigió la Revista Musical Chilena entre 1993 y 2010.

Fernando García Arancibia (1930) es, con todas sus letras, un maestro. Y ahora un libro de la SCD y Editorial Hueders entrega un nuevo perfil del Premio Nacional de Música 2002: "Conversaciones con Fernando García" ($11.900, 212 páginas). Su interlocutor es el fundador de Quilapayún, Eduardo Carrasco, y García despliega en el libro su prodigiosa memoria y su agudo sentido del humor.

Cuenta que su abuelo paterno "había heredado las ínfulas agrícolas de sus antepasados" y que su fundo en Pelequén se llamaba "La verdad".

"Mi abuela vivía en Santiago desde tiempos inmemoriales, pero no me acuerdo de mi abuelo en Santiago. Lo conocí siempre en el fundo. La única vez que los vi a ambos juntos fue cuando cumplieron 50 años de casados. Para celebrar ese hecho viajó toda la familia a Pelequén", relata.

Él quiso imitar a su abuelo materno, ginecólogo y chelista fundador del Cuarteto Chuchunco con Carlos Isamitt y Pedro Humberto Allende en los violines, pero abandonó sus estudios de Medicina. Decidió estudiar música, porque era lo que más le gustaba. Y eso hizo, aunque, dice, no tenía las aptitudes mínimas para ser un instrumentista, fallaba en solfeo y "era incapaz de tocar la tercera afinada". "Yo terminé tocando el trombón gracias al Partido Comunista", reconoce, porque cuando se afilió, en 1952, le encargaron conseguir nuevos militantes en la Sinfónica.

Pese a su compromiso político, García siempre sostuvo la autonomía del arte frente al realismo socialista de la Unión Soviética. "La idea socialista de que el sujeto a través de su obra vaya a generar condiciones para crear la revolución me parece completamente absurda".

En su caso, él siguió explorando el lenguaje musical a través de un uso flexible del serialismo, pero con textos o referencias políticas reconocibles. Así lo hizo en la composición que lo ubicó en el mapa: "América Insurrecta" (1962), una cantata atonal con textos del "Canto General" de Pablo Neruda. En el estreno recuerda que "se armó un enredo espantoso; gritaban: '¡Que se vaya a Cuba!'. Era una cuestión totalmente desmesurada. Yo me sentí orgullosísimo, me hice famoso, y no podía entenderlo, porque el texto llama a la revolución a propósito de la Independencia de Chile. Nada que ver con la revolución social de la que se hablaba en ese tiempo".

Esa gran polémica, dice, "marcó un hito en mi trayectoria porque me hice famoso, aunque no fuera por la música".

La introducción del libro la escribió el compositor Alejandro Guarello. Aborda su vínculo con la poesía chilena y demuestra que García siempre establece una comunicación con el público en sus obras. También destaca sus trabajos más relevantes y entrega una guía de las mejores versiones disponibles en YouTube.

En el libro también hay espacio para su historia de amor con la destacada coreógrafa y bailarina Hilda Riveros, con quien se casó a los 10 días de conocerla: "Me imaginé que doña Hilda era el futuro de mi existencia y fue cierto. Hilda murió el 3 de abril de 2013. Nos faltaban tres meses para cumplir 50 años juntos".

Eduardo Carrasco, su interlocutor, le pregunta varias veces qué atractivo le encuentra a la música contemporánea. Las respuestas de García son contundentes.

"Me parecieron maravillosos esos sonidos que no tenían nada que ver con lo usual, incluso la necesidad de cambiar la sintaxis me resultaba atractiva. Tú tienes que armar un discurso distinto, es decir, te transformas en un creador legítimo, no solamente para hacer melodías distintas sino porque incluso todo el discurso tienes que armarlo de manera distinta. Eso fue lo que me interesó y me sigue interesando, y me imagino que a todos los músicos les pasa lo mismo", dice. Y recalca: "En esa tarea hay un universo infinito de posibilidades".

domingo, septiembre 29, 2013

Fernando García: "Hubiera sido un cretino si no me dedicaba a la música"

El Mercurio

La SCD nombra "Figura Fundamental de la Música Chilena" a este compositor, Premio Nacional de Música que, a sus 83 años, acaba de terminar su opus 309.

Romina de la Sotta Donoso

"Me ha resultado esto de profitar de Pablo Neruda y Víctor Jara", declara, con su habitual ironía, Fernando García (1930). Porque la semana pasada, la Orquesta Sinfónica estrenó en Chile "Las raíces de la ira", el homenaje que compuso a Jara en 1976, exiliado en Perú, y porque ha sido el compositor que más obras ha escrito inspirándose en la poesía de Neruda. De hecho, según los especialistas, su Cantata "América Insurrecta" (1962), con textos del "Canto General", es la obra paradigmática de la épica americanista de esos años.

"Nada he inventado yo, soy un hijo de mi tiempo", replica.

"Los musicólogos, que siempre inventan cuestiones, hablan de la Generación del 60 que seríamos, entre otros, León Schidlowsky, Roberto Falabella y yo. Cuando nos tocó actuar, las condiciones estaban dadas para poder trabajar en la música contemporánea", asegura.

"Somos la segunda generación del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile (IEM), entidad que fue creada por ley, en 1940, con el objetivo de formar todas las instituciones que difundieran la música y así generar público: orquesta sinfónica, coros, lo que fuese", detalla. Porque no era suficiente, dice, con haber profesionalizado la formación de los compositores e intérpretes mediante la reforma del Conservatorio de 1928. "Este proyecto de la Sociedad Bach, es decir, de Domingo Santa Cruz y sus secuaces, estaba asentado en la obligación del Estado de Chile de hacerse cargo del buque. El problema central del cuento es que si no existe una vida musical orgánica en esta nación, que es más bien chica, no se puede desarrollar la música".

"El pobre pollo"

García recibió en 2002 el Premio Nacional de Música, en reconocimiento a su triple obra como compositor, docente de la Universidad de Chile y musicólogo. Y mañana será premiado por sus pares de la SCD: será nombrado "Figura Fundamental de la Música Chilena", en una ceremonia donde el Grupo de Percusión UC y el Cuarteto Surkos interpretarán piezas suyas.

"Es muy importante en la historia de la música chilena, por su trayectoria y por ser un referente que ha marcado a varias generaciones, a pesar de que estuvo mucho tiempo fuera de Chile por razones obligadas. Él representa la figura del compositor que se vincula fuertemente con la sociedad, y su música logra rebasar el límite del concierto", detalla Alejandro Guarello, presidente de la SCD.

Porque García es un articulador fundamental de la vanguardia en Chile. Primero, porque compone consciente de la función social del arte. Segundo, por su intensa exploración musical y su lenguaje propio y reconocible, combinación única de procedimientos dodecafónicos y aleatorios.

"Mi abuelo era médico y cellista , tenía un cuarteto de cuerdas y conocía a todo el mundo. Era íntimo amigo de Pedro Humberto Allende, y Alfonso Leng le dedicó 'La muerte de Alsino'. A todos estos caballeros los conocí en mi casa", dice.

"Nací metido en esta cuestión de la música de tradición escrita. Me enteré que existía la música popular a los nueve años, cuando me dio el complejo primario, estuve en cama y mi padre me regaló una radio y descubrí cosas como 'El Pobre Pollo' e 'Isabelita muchacha bonita, figura exquisita de gracia sin par' (canta). Pero no me interesaron nada", cuenta.

Sobre el escritorio, en su departamento frente al Parque Forestal, está su última partitura, una obra para flauta, clarinete, marimba y contrabajo. "Es mi opus 309", confiesa.

-¿Ha valido la pena decidirse por la música?

"¡Pero si me gusta! Mire, soy hijo de buena familia y por consiguiente no tengo problemas económicos, mi padre me pagaba los estudios. No tenía ningún problema y me gustaba la música. Hubiera sido un cretino si no hubiera estudiado música", ríe.