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domingo, agosto 02, 2026

“Violeta y Gilbert”, la historia de un amor tormentosamente intenso

 



El Mercurio

El libro de Patricia Díaz-Inostroza se adentra en la relación entre la folclorista y el aventurero suizo. Una bitácora de sus últimos años, que también derriba mitos, y plantea que “Gracias a la vida” está inspirada en él.

José Vásquez

La historia, completa, tiene rasgos novelescos. “Violeta y Gilbert” (Pehuén), el libro que acaba de lanzar Patricia Díaz-Inostroza, está cruzado por el viaje y el amor tormentoso, donde el destino, o quizás el azar, fueron construyendo una narrativa que si no estuviera tan bien documentada, podría pasar perfectamente por un guion de ficción.

Sobre la vida y obra de Violeta Parra existe abundante bibliografía. La folclorista más universal de Chile está ampliamente cubierta, pero este episodio de su vida, el capítulo de su relación más importante, no se había explorado en profundidad, como ahora, donde también se perfila quién fue Gilbert Favre. Un suizo que trabajaba de tramoya en Ginebra, que era un músico aficionado amante del jazz, que entonces soñaba con ir a buscarse la vida a Grecia, pero que de pronto, por una conversación casual con un amigo, llegó a ofrecerse frente al arqueólogo Jean-Christian Spahni, que buscaba un colaborador para viajar al otro lado del Atlántico.

El relato, que va a ser cronológico, se inicia en 1960. Favre tiene una historia increíble en la primera parada en África, o el hundimiento posterior del barco que lo llevó hasta Argentina. La autora destaca al suizo con un término que se repetirá a lo largo del libro: “Su buena estrella”, que lo acompaña.

Y bueno, llegado a Santiago, apenas hablando algunas palabras de español, va a una disquería en el centro para investigar sobre el folclor del país. Desde ahí le señalan que sus preguntas serían mejor respondidas en la Universidad de Chile, donde llega hasta una sala en la que estaba Gastón Soublette, y escucha los nombres de Margot Loyola y Violeta Parra. “¿Cuál es más interesante?”, pregunta. Le dicen que Parra. Adela Gallo, fotógrafa y amiga de la cantautora, justo andaba por ahí. Era 3 de octubre, y le ofrece llevarlo a conocerla al otro día, que era su cumpleaños.

Todo parece demasiado conectado. Ya en la casa de La Reina, ella rompe el malhumor de Violeta diciéndole que le traía “un gringo de regalo”. Su cara se ilumina al instante. Él tenía casi 20 años menos. Lo que sigue luego es una historia interminable de idas y venidas, pasión y violencia. Distanciamiento por los viajes a Buenos Aires, y Europa, su exposición en el Louvre, y una comunicación tan tórrida como cariñosa y sentimental a través de las cartas.

Una violetóloga

“El libro lo escribí como una novela de no ficción porque sentí que no había otra forma de hacerlo, además, ella (Violeta) me fue indicando el camino”, cuenta Díaz-Inostroza, que desde prácticamente hace cuatro décadas ha estudiado a la artista. La autora de “Violeta y Gilbert”, con la bajada de “una historia de amor, locura y música”, es periodista y musicóloga, ha publicado obras como “El Canto Nuevo chileno: Un legado musical” (2007), y sobre la cantante lírica, “Clara Oyuela y el arte de cantar” (2017), entre otros, y fue la directora del grupo folclórico Abril.

El 2015, en LASA (Latin American Studies Association), un congreso realizado en Puerto Rico, fue presentada como “violetóloga”, donde fue invitada a hablar de la cantautora. Ese, cuenta, fue el impulso para comenzar este libro, que tuvo una primera edición autogestionada en 2023 de solo 200 ejemplares, que se vendieron casi de inmediato, hasta ahora que tiene esta primera edición de Pehuén, con una mayor distribución, lanzada el pasado miércoles.

“El libro parte en 1960 y cubre la etapa, quizás, más creativa de Violeta, pero también porque me interesaba tener una pista del por qué ella se había quitado la vida. Por eso me metí en profundidad en esos años y cuando aparece Gilbert, esta investigación se me agrandó”, dice la autora. ¿Es responsable el suizo de la decisión de la artista? Para Díaz-Inostroza, esa conclusión es apresurada, y responde con que fue una sumatoria de cosas.

“Hablar del amor de Violeta y Gilbert como tóxico es verlo con palabras contemporáneas. Fue un amor muy apasionado, ellos vivieron juntos, se decían ‘marido y mujer'. No eran gente común y corriente, porque Gilbert quería conocer el mundo, era un enamorado de la vida y hacen cortocircuito cuando se mandaban a la punta del cerro. Más lo hacía la Violeta con él, que al revés”, dice la autora.

De ahí nacieron canciones como “Run run se fue pa'l norte”, inspirada en lo que él le describe cuando la deja, yéndose a Bolivia, o “Gracias a la vida”, que la escritora defiende como un tema de amor, también inspirado en Favre.

Antes de su muerte, ocurrida el 5 de febrero de 1967, había aparecido un personaje que la autora sí sindica como “tóxico”, el uruguayo Alberto Zapicán. “Ella pasaba un momento de depresión importante y sentía que todo el mundo le daba la espalda, sus hijos, sus compañeros de canto, y Gilbert, que la había dejado”.

En este epílogo oscuro hay espacio para desmitificar el fracaso del que se habló, que fue su carpa en La Reina. El lugar sufrió con el temporal en 1966, “un año muy lluvioso, donde se rompe la carpa”, explica la autora. “También se decía que ese fracaso tuvo implicancias en su suicidio, porque era su gran obra, pero no fue así. Fue un proyecto más de ella, que cuando cae, no es que la haya abandonado el público. Era invierno. En verano o primavera, había mucha gente. Era un lugar más grande que la Peña de los Parra, que estaba en el centro. La investigación profunda rompe mitos”, plantea Díaz-Inostroza.

Gilbert Favre se casó en Bolivia, y desde ahí forjó una destacada carrera con el conjunto Los Jairas, trascendentes dentro de la canción andina. Falleció en 1998, ya de regreso en Europa.


sábado, septiembre 02, 2023

Chi, chi, cha: Crónica larga y tendida de las comidas chilenas

 El Mercurio


“Chile, chicha y chancho”, del crítico gastronómico Esteban Cabezas, rearma un rompecabezas de ingredientes, preparaciones y platos que han recorrido la historia, desde tiempos precolombinos hasta las actuales contribuciones de los inmigrantes.

IÑIGO DÍAZ

“Antes fui flaco y ahora soy feliz”, dice Esteban Cabezas (1965), escritor de libros infantiles y crítico gastronómico. Tal vez haya sido esa misma práctica de 25 años reseñando platos, restoranes y comedores en “El Mercurio” la que definiera tan favorable transformación.


“Siempre ando atento a ver si encuentro algo, abierto a sorprenderme con un plato o un lugar. Hago una reseña semanal en Wikén, pero cuando soy comedor voy muchas más veces. Voy solo. Soy muy de comer solo. Ahora quiero ir a una picada vietnamita que apareció por ahí”, dice.


“Chile, chicha y chancho” (Escrito con Tiza, $16.000) es su nuevo título entre los 40 que ha publicado desde 2003. Justo ahora aparecen otros dos de su autoría, libros ilustrados para la niñez: “Gracias por comer (Itadakimasu!)”, por Planeta Lector, y “El maestro topo”, por SM. Pero en esta entrega, que cuenta con ilustraciones tipo collage de Alejandra Acosta, se adentra en las profundidades de las comidas chilenas como cronista. Es una historia larga que proviene desde tiempos prehispánicos, reconstituida aquí en breves capítulos que asaltan al lector: prácticamente es imposible no leerlo sin ir de pronto a la cocina en busca de algo.


“No existe una única cocina chilena porque ha tenido distintas influencias. Existe una comida de los pueblos originarios, pero también está el sabor de los españoles o la influencia de los franceses. También aparece la comida china, que se adapta a lo que le gusta al chileno”, dice Cabezas. “Y luego está la comida peruana, que se metió directamente en las casas chilenas y amplió la paleta de sabores: hoy se cierra un restorán chino y se pone uno limeño”, agrega.


En esa secuencia de migrantes que proponen sus sabores, ingredientes y preparaciones —comenta el autor— algo pasó con los haitianos, cuya comida no está presente en la cocina nacional, salvo la joumou, sopa de zapallo “de la libertad”, pero sí se han instalado la arepa colombiana y la cachapa venezolana. “La comida coreana es la más reciente y ha marcado a las generaciones jóvenes influenciadas por la música pop coreana o los doramas. Es la última revolución”, dice.


El libro contiene un mapa desplegable del territorio nacional, donde se localizan llamativas preparaciones, región por región: el chumbeque, dulce de Tarapacá; la patasca, guiso de choclo mote de Atacama: la cazuela de cordero del secano en O'Higgins; las longanizas y todo el resto del chancho en Ñuble; el ponche de picorocos del Biobío; los catutos con miel, el lado dulce de la cocina guerrera, en La Araucanía; o el cancato, célebre pescado a la parrilla relleno con queso, tomate y longaniza, que se prepara en Los Lagos.


Y entre todos esos platos, Cabezas se pregunta por lo chileno chileno: “Más chileno que… el pebre, el mariscal, los porotos granados, el mote con huesillos y la chicha”, aunque nada podría superar a la empanada de pino, la Doña Empanada, un capítulo aparte en el libro. Eugenio Pereira Salas, fuente central en esta investigación, había advertido sobre la existencia de un cuadro de “La última cena” en la Catedral de Santiago, de 1652, donde aparecía una empanada en la mesa de Cristo y los apóstoles.


Menú de cinco tiempos


Calapurca. “Un plato reponedor para después de las fiestas”, define Cabezas sobre la sopa que probó en San Pedro de Atacama, con carne de alpaca, papas y maíz pelado a la que se le introducen dos o tres piedras al rojo vivo.


Churrasco marino. Es como llaman en Antofagasta al sánguche de pescado frito con chilena, acompañamiento de tomate y cebolla. Se inició en las caletas nortinas, pero llegó a la capital muy tardíamente.


Caldillo de pejesapo. “En Los Vilos probé el caldillo del pescado más feo pero rico, como la canción de La Combo Tortuga”.


Ñachi. Nuestro crítico y comensal, un hombre preparado para ingestas difíciles, confiesa haber sufrido taquicardia después de probar por Temuco el ñachi: sangre fresca de cordero aliñada con cilantro y ají. Y coagulada.


Choros zapato al alicate. Amarrados con alambre, se les inyecta vino blanco y luego se ponen a la parrilla o a las brasas. Cabezas lo descubrió en Tomé.

viernes, junio 17, 2022

Los libros para leer, observar y escuchar sonidos de Chile

El Mercurio

Registros sonoros del agua y de ballenas de norte y sur están en “Al agua” y “Ópera del mar”, nuevas publicaciones de la editorial Manivela para primeros lectores.
IÑIGO DÍAZ

Es una ópera submarina que se narra y escucha a lo largo de las 10 o 14 páginas de uno de estos libros. No solo están escritos e ilustrados, sino también “sonorizados”. Pero allí las sopranos, contraltos, tenores y barítonos son en realidad ballenas azules, ballenas jorobadas, orcas y cachalotes que protagonizan la historia de “Ópera del mar”, uno de los nuevos libros sonoros editados por Manivela.

Parte de la colección editorial para primeros lectores titulada “Álbum sonoro” e iniciada el año pasado con “Chin chin chin”, un cuento de Angélica Ovalle que ponía en relieve el sonido de esta máquina chilena de percusión, la propuesta de “Ópera del mar” ($25.000) va un poco más lejos en la búsqueda de un patrimonio sonoro chileno.

“Los sonidos de las ballenas fueron capturados por la oceanógrafa inglesa Susannah Buchan en lugares como el golfo del Corcovado, Chañaral de Aceituno o el mar de la Antártica, y ese relato a nivel sonoro conduce el libro. No al revés”, explica la propia Angélica Ovalle.

El proyecto de Manivela comenzó en 2015 como una colección de pequeñas cajitas musicales con una treintena de canciones populares chilenas, desde “La jardinera”, de Violeta Parra, y “El cigarrito”, de Víctor Jara, hasta “Tu falta de querer”, de Mon Laferte. Actualmente está recorriendo otras vías de acceso a ese patrimonio sonoro, más allá del formato de cilindros giratorios que “tocan” una melodía y que han sido sumamente populares aquí.

Si bien el formato de libros sonoros para niños es conocido, hasta aquí en Chile no se había producido material editorial propio, según confirma Ovalle. “Cada página está asociada a un mecanismo que genera un sonido, de entre 15 y 25 segundos”, explica la autora y editora.

Junto con el relato de la ópera de las ballenas aparece también el reciente “Al agua”. Con poemas de Sam García e ilustraciones de María José Carmona y Loreto Salinas, que busca vincular a los niños con distintas percepciones sonoras del agua, “un tema muy actual en Chile”, refiere Ovalle.

Todas las capturas de olas de mares, ríos y aguaceros fueron realizadas en nuestro país, lo que representa otro registro de un paisaje territorial, al igual que el libro que el año pasado Manivela puso en circulación: “Croares”. Este es un auténtico concierto, a cielo abierto, con el sonido de 11 especies de ranas, la mayoría endémicas del país, registrados por el especialista en herpetología y bioacústica Mario Penna. El libro obtuvo una medalla Colibrí, que entrega IBBY Chile. La saga “Álbum sonoro” de Manivela sumará en el futuro otros dos títulos de naturaleza y fauna con los sonidos de aves chilenas.







lunes, noviembre 23, 2020

Cinco libros para explorar otras dimensiones de la creación musical

 El Mercurio


Piezas para cada día del año, la revisión de un compositor fundamental, la música como herramienta política, la escritura periodística acerca del fenómeno musical y cómo una voz puede cambiar la vida.

Juan Antonio Muñoz H.



n PARA CADA DÍA


Una dosis diaria de música clásica es lo que ofrece “Un año para maravillarse” (Indicios), de Clemency Burton-Hill (1981), convertido en bestseller en el Reino Unido. Traducido por Antonio P. Moya Valle, el texto explora en todo el repertorio para proponer una pieza musical para cada día del año. Burton-Hill es escritora, periodista, violinista y comentarista de BBC Culture, y aporta el contexto de cada pieza y las razones por las cuales la ha escogido. Así, por ejemplo, dice que el 1 de enero hay que escuchar el Sanctus de la Misa en Si menor de Johann Sebastian Bach y advierte que su música “aparecerá mucho en los próximos doce meses. Ello se debe a que sin duda es la figura más importante no solo de la música clásica, sino de toda la música: su influencia se siente hoy con la misma intensidad que en épocas anteriores. Bach fue el padre: sin él no habría jazz, funk ni hip-hop; ni tecno ni grime. Básicamente, escribió el plan de todo lo que vendría después”. De ahí que sea Bach quien preside el año, justamente con un canto al Creador.


n VIVIR PARA LA ÓPERA


La biografía de Giacomo Puccini que escribió Julian Budden en 2002 es considerada una obra magna y por fin ha sido traducida al castellano (por Juan Lucas) y publicada por Akal. Budden (1924-2007) fue uno de los mayores especialistas en la ópera italiana, y en este caso explora cómo la vida de Puccini se cuela en sus óperas y viceversa. Se trata de una magistral mezcla de análisis musical profundo y relato cotidiano, y de ella emergen visiones reveladoras de títulos como “Madama Butterfly”, “Tosca” y “Manon Lescaut”. El autor aborda el proceso de elaboración de un drama lírico, en la figura de quien se puede considerar que pone el punto final a la ópera italiana del siglo XIX y que se abre a la música del siglo XX. Así, se asiste a las dificultades que el compositor tuvo para encontrar a los intérpretes adecuados para el estreno de “La bohème” y a su angustia por terminar “Turandot”, que quedó inconclusa. Todo eso además de un interesante retrato del propio Puccini, a quien describe como un hombre con talento, pero modesto, con amistades de toda clase y condición social, afable, cortés, mujeriego y dotado de un gran sentido del humor.


n EL PODER DE UNA VOZ


“Voces. Cómo los grandes cantantes pueden cambiar tu vida”, de Nick Coleman (Blackie Books, 2019), va directo al grano y pregunta ¿qué nos sucede cuando nos enamoramos de una voz? A los cuatro años, Nick Coleman (1960), periodista, escritor y exeditor de música de “Time Out”, escuchó a Mick Jagger y sintió vértigo. Desde entonces, vivió obsesionado con las voces. Es desde esa experiencia auditiva incesante que declara que “los Ramones cantan sobre el bullying desde el punto de vista de quien lo padece”, “las canciones de Roy Orbison son como esculturas que querrías tocar” y “Aretha Franklin representa el espíritu del éxtasis definitivo”. El libro es un ensayo personal acerca de las voces en la esencia de la cultura de cada tiempo. También están ahí los atributos que pide a una voz: pasión, emoción y, en especial, autenticidad. Todos esos elementos hacen que “escuches una canción y pienses que te habla a ti y solo a ti”. Los capítulos son todos atractivos. Algunos ejemplos: “Los cuatro jinetes del baúl de discos: Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry y Elvis Presley con Led Zeppelin, Suzi Quatro y Patti Smith”; “Los más grandes: John Lennon y Mick Jagger con The Kinks, David Bowie, Robert Wyatt, Richard & Linda Thompson, Kirsty MacColl y The Smiths”, y “El espectáculo de la angustia: Janis Joplin, Billie Holiday e Ian Curtis con Chris Bell y Amy Winehouse”.


n ESCRIBIR DE MÚSICA:


PURA POESÍA


“Prosa musical de Gerardo Diego” (Pre-Textos) ofrece parte del enorme trabajo de Gerardo Diego (1896-1987), un poeta que fue también pianista, pintor, maestro y un excelente crítico musical. Son más de 800 páginas, editadas y prologadas por Ramón Sánchez Ochoa, escritas por un hombre que “ha vivido y cantado la música como pocos poetas se han atrevido nunca a hacerlo”. Desde el primer momento, la música es lo que orienta sus versos, la “columna mágica” que le impide perderse en la noche oscura de la creación. A la música dedica además una parte esencial y todavía desconocida de su obra en prosa. Y en la cima, miles de crónicas, artículos críticos, artículos de fondo, ensayos, conferencias-concierto, notas a programas de mano, presentaciones de acontecimientos musicales… El libro reúne escritos diseminados en diarios, revistas y publicaciones diversas. Incluye además numerosos textos inéditos, rescatados del archivo personal del poeta.


n MÚSICA Y POLÍTICA


“La sinfonía de libertad” (Debate), del escritor, periodista y musicólogo Antoni Batista (1952), aborda la música en el contexto en que surgió y hace todos los cruces para demostrar que siempre es política: Beethoven es el legado de la Revolución Francesa a la Unión Europea; Chopin, Verdi, Sibelius, Falla, reivindicaron patrias libres; Dvorak inventó el federalismo sinfónico; la inmensa creatividad de Shostakovich venció al estalinismo; Casals desafió a Franco y a Hitler; Celibidache se rebeló contra la industria discográfica, y Barenboim unió a palestinos y judíos... Además de abundante información histórica, el libro contiene aportes musicológicos originales y perspectivas de índole sociológica. Batista explora, por ejemplo, el himno y lo designa “música política en estado puro”; dice que la “revolución unió a Mozart y Beethoven”; retrata a Chopin como un exiliado, y corona a Sergiu Celibidache como “la libertad intrínseca de la música en sí misma”.

martes, octubre 27, 2020

Una antología del disparate: las peores críticas a los clásicos

 El Mercurio


El volumen “Ojo crítico” recoge reseñas que destruyeron obras de Shakespeare, Joyce, García Márquez y otros grandes.

Roberto Careaga C.

“Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa solo mencionarán esta obra como una curiosidad”, sentenciaba el escritor francés Émile Zola hacia mediados del siglo XIX ante un libro de poemas llamado “Las flores del mal”. Como ya lo sabemos, la predicción era erradísima: el poemario de Charles Baudelaire iba a convertirse en un hito de la poesía moderna y aún hoy, a 163 años de su publicación, sigue siendo influyente. Zola se equivocaba, pero igual que tantos otros críticos y escritores que enfrentados a grandes obras no lograban calibrarlas. De Gustave Flaubert a Gabriel García Márquez, pasando por Mary Shelley y Gabriela Mistral, todos los gigantes han tenido detractores.


La historia de las críticas equivocadas es interminable, pero el editor español Constantino Bértolo ha avanzado el registro: Ediciones Uach acaba de lanzar “Ojo crítico. Las peores críticas a los mejores autores”, volumen que recoge infames reseñas que erraron por lejos. Crítico literario durante años, Bértolo llama a su obra “antología del disparate” y es un pequeño libro adictivo que se lee de una sentada. Está lleno de joyas, como esta de Virginia Woolf sobre James Joyce: “Acabé ‘Ulises' y me parece un fracaso. El libro es difuso. Es salobre. Pretencioso”.


Publicado originalmente en 1990, esta segunda edición está actualizada con varios hallazgos, especialmente sobre autores chilenos: que Raúl Silva Castro veía en la poesía de Mistral “un conjunto de exageraciones, caídas de tono, imágenes oscuras y retorcimiento verbal”, o que Alone, al leer “La miseria del hombre”, de Gonzalo Rojas, anotó: “Al paso que llevan las letras nacionales no prometen nada bueno”.


“Servirá este repertorio de consuelo para muchos escritores que han visto, ven y verán cómo sus obras son descalificadas por los críticos. Estas frases lapidarias son la prueba de que la crítica no es capaz de acabar con un buen libro o con un buen autor y eso podría tranquilizarnos a todos, a los críticos, escritores y lectores”, escribe Bértolo en el prólogo, recordando una famosa frase del diario Le Figaro en 1857: “Flaubert no es un escritor”.


Shakespeare tiene varias páginas en el libro: Voltaire escribió que “Hamlet” podría haber sido escrita por un “salvaje borracho”, y George Bernard Shaw, que “Otelo” era “puro melodrama”. Bértolo también halló juicios durísimos contra Tolkien, Nabokov, Proust, Octavio Paz, Borges y, en algunos casos, predicciones no tan equivocadas: “Esperemos que ‘Cien años de soledad' no genere cien años de novelas sobreescritas, demasiado largas y sobrevaloradas”, anotó Jonathan Bate en The Sunday Telegraph.

viernes, octubre 23, 2020

Formidables tardes musicales de Murakami con Seiji Ozawa

 El Mercurio


El novelista y el director de orquesta, dos japoneses célebres en Occidente, se reunieron sistemáticamente para escuchar discos y charlar. Aquellas jornadas de conversación están en el libro “Música, sólo música”.

IÑIGO DÍAZ


En 1962, Glenn Gould interpretó el “Concierto para piano y orquesta N° 1”, de Brahms, con la Filarmónica de Nueva York. Minutos antes ingresó su director, Leonard Bernstein: “Están a punto de escuchar una interpretación, digámoslo así, poco ortodoxa, muy distinta de cualquier otra que yo haya podido escuchar, o incluso soñar (…) No puedo decir que esté totalmente de acuerdo con el señor Gould, y eso pone en evidencia una importante cuestión, ¿qué pinto yo aquí dirigiéndolo?”.


Un testigo de ese tenso momento fue Seiji Ozawa, importante director de orquesta japonés, titular de la Sinfónica de Boston durante tres décadas. Tenía entonces 26 años y se encontraba allí en calidad de director asistente de Bernstein. Ese recuerdo nítido provocó la idea de Haruki Murakami, recurrente candidato al Nobel de Literatura, de rescatar no solo una memoria, sino las reflexiones de ambos acerca de la música, a través de una serie de conversaciones, ahora disponibles en “Música, sólo música” (Tusquets, $19.900), ya disponible en librerías.


En las seis sesiones que sostuvo con Ozawa, Marakami se presenta ante él nada más que como un aficionado. Pero en el transcurso de esas tardes de 2010 y 2011 se revela que si bien no cuenta con conocimientos teóricos sobre música, no se trata en absoluto de un amateur, sino de un auditor sumamente avanzado. Y Ozawa lo detecta muy pronto: sabe que la música le pertenece más a quien escucha que a quien la crea.


Y en las novelas de Murakami queda bien a la vista que esa música tiene el estatus de un personaje más dentro de las historias: desde la primera escena que se describe en “Tokio blues”, con el fulminante recuerdo que asalta al protagonista al escuchar la canción “Norwegian wood”, hasta la presencia estable del jazz. Ello nos recuerda que Murakami regentó un club de jazz cerca de la estación de Sendagaya y fue curador de conciertos.


Entonces, con estaturas igualadas, Murakami y Ozawa hablan de ese concierto de Brahms que puso en tensión a todo el Carnegie Hall con las palabras de Bernstein y la interpretación inaudita de Gould. Reflexionan también sobre el “Concierto para piano y orquesta N° 3” de Beethoven, con los mismos protagonistas y luego lo contrastan con otra grabación del canadiense bajo la dirección de Karajan, que fue el maestro de Ozawa.


Hablan sobre ópera, de “La consagración de la primavera” y de las grabaciones de la “Sinfonía fantástica”, de Berlioz, que Ozawa dirigió con distintas orquestas. Dedican una reunión completa en Tokio a Mahler, pero también comentan cosas más mundanas: las expediciones secretas de Ozawa a los clubes de blues de Chicago, el concierto de los Beatles que no pudo escuchar debido a los chillidos, su gusto por la canción japonesa enka y la balada melódica, además del fastidio que le provocan las tiendas de discos y los coleccionistas. Por supuesto, advierte Ozawa, no es el caso de Murakami, dueño de 10 mil LP.


Murakami tiene algo que decir también: instruye al director en el valor de la música para un escritor de novelas como él. “Nadie me ha enseñado a escribir. He aprendido a hacerlo gracias a la música y por eso lo más importante para mí es el ritmo (...). Soy un gran aficionado al jazz, y por eso determino primero el ritmo. Después añado acordes y comienzo con la improvisación tomándome toda la libertad de la que soy capaz”, dice Murakami.


Ozawa saca sus propias conclusiones: “Tengo muchos amigos a los que les gusta la música, pero el caso de Haruki Murakami supera los límites. Sabe cosas que yo ni siquiera imaginaba”.

domingo, octubre 18, 2020

Entrevista Premio Casa de las Américas: Musicólogo chileno presenta monumental trabajo sobre la música en la Colonia

 El Mercurio


Oxford University Press publica The Sweet Penance of Music. Musical Life in Colonial Santiago de Chile, de Alejandro Vera. La versión en español debería llegar a fin de año vía Ediciones UC y Casa de las Américas de Cuba.

Maureen Lennon Zaninovic


Una década de estudio le significó a Alejandro Vera (1975), reconocido investigador y académico del Instituto de Música de la UC (IMUC), concretar este contundente trabajo sobre la música chilena en la Colonia. “Llegar al libro fue un verdadero parto”, reconoce el musicólogo a través de un contacto telefónico, y agrega que desde los inicios del proyecto decidió soñar en grande y se contactó con una de las editoriales inglesas más prestigiosas: Oxford University Press (ver recuadro).


De esta manera —tanto para su descarga digital como en formato de texto físico— ya se encuentra disponible, bajo el sello británico, The Sweet Penance of Music. Musical Life in Colonial Santiago de Chile (la versión en español y que llevará por título El dulce reato de la música. La vida musical en Santiago de Chile durante el período colonial debería salir a la luz a fin de año bajo Ediciones UC y Casa de las Américas de Cuba).


El volumen, que reconstruye la vida musical de Santiago entre 1541 y 1810, tiene varias particularidades; entre otras, trabaja con documentos y partituras inéditas, y sitúa a la ciudad en el marco amplio del sistema colonial, revelando sus vínculos con Lima (capital del Virreinato). Su investigación también complementa lo ya afirmado en relatos tradicionales, como los de Eugenio Pereira Salas (Los orígenes del arte musical, de 1941) y Samuel Claro Valdés (Historia de la música en Chile,de 1973).


“El equilibrio es importante”, advierte el docente del IMUC, y añade que “no quiero contradecir que en la Colonia éramos más pobres que Lima. ¡Sería irresponsable pensar lo contrario! Lo que sí hay que buscar es una ponderación. En nuestro territorio no hubo una precariedad absoluta, como se dijo en el pasado, porque sí llegaron instrumentos y partituras”. Alejandro Vera continúa con su análisis y afirma que el siglo XIX, para varios investigadores, ha sido un período muy mal mirado. “Se decía que en la Colonia había un letargo cultural y se difundieron una serie de mitos. Por eso hablo de un equilibrio. Demostrar que no es tal la pobreza, pero tampoco podemos pretender que la Catedral de Santiago era como la Catedral de México o la de Puebla. El libro demuestra que si bien hubo pocos recursos, se produjo una vida cultural interesante”.


El musicólogo profundiza en la dependencia política y administrativa con la capital del virreinato y destaca que los navíos que llegaban desde España —ya sea que vinieran por Panamá o por el Cabo de Hornos— siempre recalaban en Lima y luego seguían a Valparaíso. “Los historiadores han demostrado que Lima tuvo para nosotros una gran influencia en términos culturales. En la Catedral de Santiago, en el único archivo de música colonial que conservamos en nuestro país, encontré partituras que fueron enviadas desde Lima: un hallazgo muy claro por la grafía de los copistas o por la concordancia de obras, pero eso no ocurre a la inversa. No hay en el archivo arzobispal de Perú obras que fueron enviadas desde Chile. Muchos instrumentos y partituras nos llegaron vía Lima, una ciudad donde hubo fábricas de clave y guitarras”.


Sobre el nombre en español, “dulce reato”, Alejandro Vera señala que alude a una expresión que utilizó una religiosa del monasterio de las clarisas de La Victoria de Santiago. “Se trata de la arpista Josefa Soto, para quien la música no era solo un medio para tomar el estado religioso, sino también un elemento de goce al que se accedía por inclinación personal. En 1776 pide entrar como monja de velo blanco y ser admitida, según sus propias palabras, ‘con el dulce reato pensional de la música'. Lamentablemente, encontré poco material sobre ella, pero pese a lo poco que hay se nota que fue una mujer de mucho juicio, disciplinada e inteligente”. El experto añade que el reato para la teología cristiana es “el castigo que queda después de que los pecados han sido perdonados, o sea, uno se confiesa, cumple la penitencia, pero hay un pago que queda pendiente. En las palabras de Josefa Soto se aprecia una reacción muy placentera con la música, pero también una carga. Era mucha exigencia para las monjas de la época dedicarse a la actividad musical. Varias perdían rápidamente la voz o sufrían dolores en sus espaldas, en especial las organistas. Esa expresión de reato me sirvió para hablar de una dualidad del período colonial”. Siguiendo esta tesis, Alejandro Vera afirma que la dualidad estuvo presente en la manera de entender la música “como arma de doble filo: la distancia entre el prestigio artístico y social de los músicos, los límites difusos entre la música sacra y laica, e incluso la práctica de la composición”.


Conventos conservatorios


El musicólogo advierte que, durante ese período y hasta el siglo XIX, muchas niñas eran ingresadas por sus padres en los monasterios no para hacerse religiosas, sino para formarse y luego reintegrarse a la sociedad secular; aunque hubo excepciones, como la de Josefa Dolores Peñailillo, quien llegó en 1747 al beaterío de Santa Rosa para aprender música y finalmente decidió continuar y profundizar su vocación religiosa. “El conocimiento musical constituyó un atributo importante para la mujer de la Colonia. Este aspecto es algo que se ha estudiado y que reafirmo en este libro: los conventos cumplían la función de educar. En México, por ejemplo, existió un convento que actuaba como conservatorio, y en Chile, si bien no hubo una formación tan sistemática, a las religiosas se les enseñaba música, a solfear y cantar”, dice Alejandro Vera.


En cuanto a la actividad musical en la Catedral de Santiago, el investigador resalta similitudes con otros templos de América, ya que se interpretaba el canto llano tradicional de las liturgias cristianas. “Había canto monódico acompañado de órgano. Quizás una diferencia con otras catedrales importantes es que la polifonía se practicó menos y, sobre todo en nuestro país, se instauró más tardíamente una capilla musical, en 1721. No era una capilla muy grande y posteriormente se sumaron violines y oboes. Se tocaba en ciertas festividades religiosas, y al principio, el sueldo de sus instrumentistas era más bajo, pero con el aumento del diezmo la paga fue creciendo”, afirma. Y advierte que hubo contrastes entre los monasterios y la Catedral de Santiago: “Mientras en los primeros se ejecutaba el arpa, como es el caso de la monja Josefa Soto, a medida que avanza el siglo XVIII el arpa irá desapareciendo de la catedral y en el templo predominarán los violines. La riqueza tímbrica en ambos espacios es diferente”.


Sobre los villancicos, dice que lo que se conserva es bastante tardío. “Desde 1790 hasta 1850, pero no hay que decepcionarse. Uno puede encontrar un estilo clásico propio de Haydn o de Mozart en esas piezas de origen español. Esa es una particularidad importante”, cierra el musicólogo.


Un hito editorial para Chile


Alejandro Vera explica que el primer paso fue escribirle a uno de los directores de Oxford University Press: el musicólogo mexicano-estadounidense Alejandro Madrid. Le dijo que tenía un PDF de su trabajo en español y le consultó si podía publicarlo, como parte de la colección de música del sello. Eso sí, se sumó un escollo adicional: había que traducir el texto al inglés. “Alejandro Madrid no se demoró en contestar. Me dijo que sí estaba interesado, pero que la editorial no contaba con fondos para traducciones. Ahí tuve que buscar aportes y la UC me ayudó mucho, en especial la dirección de Artes y Cultura que lidera Miryam Singer, Premio Nacional de Artes Musicales 2020. También el IMUC puso fondos y así pudo avanzar el proyecto”, rememora el musicólogo nacional.


Vera añade que, de manera paralela a las gestiones con la editorial británica, presentó en 2018 su trabajo al prestigioso Premio Casa de Las Américas de Cuba y lo ganó. Este reconocimiento significó un impulso definitivo para su investigación, sobre todo tomando en cuenta que —antes de él— solo en dos ocasiones autores chilenos habían obtenido el Premio de Musicología Casa de las Américas: Osvaldo Rodríguez, en 1986, con La nueva canción chilena, y Juan Pablo González y Claudio Rolle, en 2003, con Historia social de la música popular en Chile (1890-1950).


“Todo iba muy bien y la idea era publicar a inicios de año, pero la pandemia obligó a posponer los planes. Finalmente el libro llegó a su etapa final y tengo el honor de ser el primer musicólogo chileno que arriba a Oxford University Press. Es un hito”, concluye con satisfacción el docente del IMUC.

viernes, agosto 28, 2020

Andrés Gomberoff: “Acá están mis dos amores”

El Mercurio

“La música del cosmos” es el nombre del libro de este científico que vincula su especialidad con bandas y compositores de todos los tiempos.
Maureen Lennon Zaninovic

“Las sesiones de Revolver mostraron cómo el estudio de grabación era el instrumento más noble para el futuro de la música popular”, escribe Andrés Gomberoff sobre este icónico álbum de la banda nacida en Liverpool, Los Beatles. Y destaca el papel de Paul McCartney y las posibilidades técnicas que se le abrieron con el uso de cintas magnéticas, tomando como inspiración “la obra de un alemán, Karlheinz Stockhausen”, afirma este científico chileno que está de regreso con “La música del cosmos” (Debate).

En nueve capítulos, el autor vincula en su último trabajo el legado de grandes pensadores e inventores de la ciencia con relevantes compositores y grupos de diversos estilos, desde el llamado “genio” de Bonn, Beethoven, hasta el Premio Nobel Bob Dylan.

Doctor en Física de la Universidad de Chile y posdoctorado en el Centro de Estudios Científicos de Valdivia, Andrés Gomberoff también es docente de la Universidad Adolfo Ibáñez, autor de numerosas columnas y de libros como “Física y berenjenas” y “Einstein para perplejos”. Comenta que viene desde hace un tiempo escribiendo sobre estos tópicos y ya había publicado algunos trabajos “donde la música y la ciencia se intersectan. Soy muy melómano. Amo mucho la música y me resulta natural hablar de estos dos amores”, dice. Agrega que lo motivó ahondar en historias paralelas porque en todas ellas “están las pasiones, los gustos e ideologías compartidas. Está el caso del matemático Jean-Batiste Joseph Fourier con Beethoven y la creación de su Tercera Sinfonía. A ambos los unió un ideal de libertad propio de la Revolución Francesa”, explica.

Los Beatles y el magnetismo

El autor de “La música del cosmos” dedica dos capítulos a Los Beatles y se centra en la canción “Tomorrow Never Knows” de un disco “como ‘Revolver' que combina todo: ahí hay música clásica, hay rock, hay sonidos de la India, hay humor… Es impresionante. Los Beatles estaban en la vanguardia máxima, sobre todo por Paul McCartney, a quien le interesaban las vanguardias que ocurrían en Londres y, en particular, la música concreta. Él tuvo la idea de adornar ‘Tomorrow Never Knows' con loops: bucles hechos de cinta magnética, en una de sus grabadoras Bernell”. Andrés Gomberoff continúa con su análisis y añade que le parece muy motivacional hablar de esa canción y relacionarla con el magnetismo y con un científico en particular. “Wolfgang Pauli, uno de los creadores de la física cuántica y el autor de la idea de la exclusión, comenzó su carrera en los años 20 del siglo pasado en Hamburgo. Los Beatles, 40 años después, dan inicio a su carrera internacional en bares de mala muerte, en el barrio rojo de Hamburgo. Es interesante también revisar las personalidades de estas figuras tan creativas y obsesivas. En el caso de Pauli, en algún momento se acercó mucho a Carl Jung. John Lennon, en tanto, para dar vida a ‘Tomorow Never Knows' se inspiró en un libro psicodélico de la época que tenía muchas ideas de Jung. Estas intersecciones, aunque parezcan accidentales, no son tan así. Creo sinceramente que hay algo profundamente común entre la forma de pensar de John Lennon y la de Wolfgang Pauli”. El autor señala que, además, ambos tuvieron personalidades similares, “personas muy críticas de sí mismas y de los demás, muy inseguros y que de algún modo mostraban su inseguridad siendo muy duros hacia el resto. Los dos perdieron a su madre a muy temprana edad y esa experiencia fue un duro golpe”.

Gomberoff también advierte que no es partidario de que etiqueten su obra con el nombre de divulgación científica. “Da la sensación de que uno está con un megáfono contando las cosas que pasan en un laboratorio. Lo que hago es una actividad académica que requiere ser original. Este no es un libro fácil. Hay un trabajo de investigación que me ha dado mucha alegría y significó esfuerzo. La divulgación tiene que ser creativa”, concluye.

lunes, agosto 24, 2020

El rock de los 80 revive sus historias en libro de fundador de Valija Diplomática

El Mercurio

Andrés Escalona escribió la bitácora de una gira con varias figuras de esa década. El registro también será un documental.
JOSÉ VÁSQUEZ

En sus páginas, Andrés Escalona cuenta que comenzó a documentar su viaje escribiendo en el bloc de notas de su teléfono lo que iba pasando. Hoy, el miembro fundador de Valija Diplomática sorprende al señalar que el libro entero que acaba de publicar, “Ochenteros en gira”, fue redactado en su celular. “Es que no uso computador; desde años, cuando apareció el BlackBerry, que trabajo así”, dice el bajista.

Escalona fue parte de los primeros dos discos de la banda tras los éxitos “Mi vida vale más” y “Tú lo sabes bien”, cuando cambió los instrumentos por la ingeniería civil, la publicidad, un trabajo en Warner Music y la producción de eventos.

Alejado de los escenarios, su regreso se dio de manera fortuita cuando su hermano, Álvaro Scaramelli, lo invitó en 2016 a tocar con él en un show que tenía en un casino, porque su amigo Germán Céspedes (Aterrizaje Forzoso) le había avisado que no lo iba a poder acompañar en esa ocasión. Desde entonces, la propuesta fue creciendo y sumando a varios de los actores que hace 30 años eran los ídolos locales de la juventud de la época, como Claudio Millán (Viena), Juan Ricardo Weiler (Aparato Raro) y Pancho Puelma, formando un equipo que iba a salir de gira al verano siguiente.

El libro es el resultado de una bitácora de viaje personal de Escalona, con anécdotas del momento y sobre todo recuerdos de sus tiempos de fama, intercalando las historias de todos estos músicos y la suya personal, como miembro de Valija Diplomática. “Tenía ganas de visibilizar todo lo que fue el rock de los 80, que fue mucho más que un par de bandas. Mostrarlo con este grupo de amigos, con flashbacks a los orígenes por un lado, con un éxito que llegó demasiado rápido, y por otro, me pareció coherente homenajear a mis compañeros, que todavía viven de esto y lo sacrificado que es este trabajo en este momento de sus vidas”, dice Escalona.

Fue precisamente el tiempo en la carretera, los largos viajes en bus para actuaciones en festivales de provincia y los regresos de madrugada a la ruta, mientras todavía sonaban los aplausos, los que hicieron que el bajista tomara una cámara para seguir registrando la historia.

“Me di cuenta que tenía que grabar todo esto que estábamos viviendo y me propuse hacer un documental, que ahora está en construcción, donde yo soy un observador de lo que va pasando y donde cada uno cuenta sus sensaciones, sus vidas con sus dolores y sus alegrías”, adelanta el autor, que espera terminar este proyecto antes de fin de año para que se estrene durante 2021. “Ahora estoy en conversaciones con algunas distribuidoras, me encantaría que esto llegara a plataformas como Netflix o Amazon”, se entusiasma Escalona, quien señala que ha seguido conectado con sus compañeros durante el confinamiento, incluso estrenando un tema.

“Al inicio de la pandemia lanzamos un video hecho en cuarentena de una canción que teníamos desde el año pasado”, cuenta el autor y anticipa que próximamente podrían realizar un show virtual.

“La gente nos pregunta mucho por redes sociales cuándo vamos a tocar”, plantea.

sábado, agosto 10, 2019

Algunos alcances sobre "Des/encuentros de la música popular chilena (1970-1990)" de Juan Pablo González



Por Víctor Tapia

No es la intención de este post cuestionar la calidad de la publicación. Nada está mas alejado de eso. El autor tiene los estudios necesarios, y una cantidad de vida importante dedicado al tópico sobre lo que trata el libro. A pesar que he manifestado en forma extrema mis opiniones sobre algunos frases destacadas del autor, sería pelotudo de mi parte menospreciar la capacidad del autor para escribir textos sobre música popular.

Solo quiero acotar algunos pequeños detalles que encontré en el texto, que espero sean considerados en una eventual segunda edición,  o que puedan servir para algunos lectores del libro para ajustar ciertos datos que se encuentran en el texto y que no necesariamente tienen la precisión del detalle.

Estos alcances se hicieron llegar al autor del texto posterior a la publicación del libro:

-Página 99: El silencio discográfico del Barroco Andino fue hasta el año 1988, no el año 1989 como indica el libro. El cassette fue del año 1988 por CBS Chile, el año 1989 el CD Por Sony Music.

-Página 110: Se da a entender que Andrés Pérez ayudó a la puesta en escena de “El Grito de la raza” de Illapu en la década de 1970. No hay antecedentes sobre eso, solo hay antecedentes (y fui testigo) que Andrés Pérez hizo esa tarea cuando la obra se presentó al público en el Estadio Chile (Hoy Victor Jara) el año 2001 cuando fue editada por primera vez en CD. Andrés Pérez anteriormente había colaborado con el Inti Illimani para el lanzamiento del arriesgaré la piel en el teatro Caupolicán durante la década de 1990

-En las páginas 114 y 255 se escribe sobre el cassette y específicamente sobre el cassette de Cromo. Hay que aclarar que el cassette que ocupo la industria chilena como formato desde los 70 hasta cerca de los 2000 fue el cassette de ferro. El cassette de Cromo fue ocupado por la industria chilena para lanzamientos puntuales, como por ejemplo The Beatles a inicios de la década de 1990, y una partida especial que hicieron del cassette corazones, estos cassettes tenían una mejor fidelidad en el sonido  y  tenían un precio del doble sobre el que tenia el cassette normal
Mas sobre los cassettes aca
Cassettes: http://www.instructables.com/id/Cassette-Tape-1101-an-in-depth-look-into-this-an/

-En relación al aumento del crecimiento de las importaciones de cassettes el año 1981 que se hace mención en el libro, habría que considerar en el análisis el tipo de cambio y el aumento de las importaciones en otros artefactos para determinar si este crecimiento es considerable o no, tomando en cuenta que en aquella época aún se vivía bajo el espejismo del tipo de cambio fijo. Además se vivían bajo 2 modelos distintos, entre 1970-1973 se vivía bajo el modelo de protección a la industria nacional, sumado al aislamiento económico propiciado por EEUU frente a la UP, y a principios de la década de 1980 estaba en pleno auge el modelo de libre mercado. Solo teniendo esa información a la vista se puede determinar que tan grande fue el crecimiento de la importaión de cassette en ese período.

-Página 115. El programa Hecho en Chile según recuerdo iba de 12.00 a 13.00 hrs, al revisar info en internet para verificar mis recuerdos di con esto, en donde se señala que a las 13.00 hrs daban un espacio de pedidos musicales, por lo tanto no iba en el horario que indica el libro
http://radiodifusionchilena.blogspot.cl/2009/10/radio-galaxia-1975-1995.html

-Creo que era imprescindible incluir a la música romántica en el estudio, o sino no hay base para poder analizar el disco “Corazones”  de Los Prisioneros en algún próximo estudio, considerando además que fue el disco más exitoso de Los Prisioneros. Por otro lado la música típica y sus variantes también deberían haberse incorporado, para incluir en un próximo estudio la explosión de la cueca a mediados de los 90 de mano de Los Tres

-Pagina 141 se indica que el tema “Rubia de los Ojos celestes” fue editado por Star Sound el año 1973. Este tema fue por primera vez editado como single por el sello Emi Odeón en 1977
https://www.discogs.com/es/Tumulto-Rubia-De-Los-Ojos-Celestes-Himno/release/5542450
La edición Star Sound corresponde a una nueva grabación y fue publicada en 1987 https://www.discogs.com/es/Tumulto-Tumulto/release/5542433
La Grabación de 1977 fue incluida cuando se hizo una reedición en CD del primer disco de Tumulto grabado en 1973 por la EMI, tal vez de ahí viene la confusión.

-Página 157-158 se indica que el cassette “La voz de los 80” de Los Prisioneros fue editado por la EMI en 1984. Este cassette fue editado por el sello Fusión, de Carlos Fonseca en 1984, y fue licenciado ese mismo año a la EMI:
https://www.discogs.com/es/Los-Prisioneros-La-Voz-De-Los-80/release/4138020
Solo hace algunos años Fonseca le quitó la licencia a la EMI y lo licenció a Chilevisión Musica, siendo el único disco de la primera etapa del conjunto que no esta actualmente en el catálogo de la EMI- Universal chilena

-Página 195 se indica que la NCCH se desarrolló a través de 2 minors: Dicap y Demon, con presencia acotada en EMI. Creo que es al revés, el desarrollo fue a través de Dicap – EMI, con presencia acotada en Demon; por lo menos en el muestreo aleatorio que tengo del catálogo de la NCCH gana por goleada la Odeón sobre Demón. Además hay que considerar que ya al año 1971 la EMI  divulgó catalogo de la NCCH  a nivel internacional, antes que los grupos llegaran por el exilio.

-Página 208-254. Se indica al cassette como formato digital. Error, el cassette nació y murió como formato análogo. La cinta digital es de los años 90 y se utilizó mayormente en los estudios de grabación en Chile, no llegó a consumo masivo:
https://en.wikipedia.org/wiki/Digital_Compact_Cassette

-Página 230: se indica que el disco de Sonia Canta a Violeta es de 1980, pero realmente es de 1979
https://discotecanacionalchile.blogspot.cl/2013/10/sonia-canta-violeta-parra-10-temas-de.html

-Sugiero un análisis a esta grabación que permaneció inédita hasta la década de los 80, Violeta tocando rin con charango, haciendo una intro en Charango con un toquio de canto a lo Humano/divino, además de la técnica de grabación con “rever”. Esto último demuestra que la Odeón ya hacía esas variantes tecnológicas cuando tenían los recursos, tal vez la sorpresa que se encuentra con la grabación RCA de 1966 es cuando se comparan con las grabaciones Odeón de la década de 1950, siendo que sería mejor comparar versiones grabadas por Violeta en fechas cercanas en ambos estudios.
https://www.youtube.com/watch?v=IZrVHuUfABI

-Página 282, sobre el festival del Nuevo Pop Chileno, creo que sería bueno indicar que el manager de todas las bandas presentes en ese festival era el mismo: Carlos Fonseca, quién además fue el que organizó el festival.

-Página 309: Eclecticismo anti hegemónico y Fulano. En las 3 primeras páginas en que aparece esa búsqueda en google, casi un 100% aparece vinculado a declaraciones de Crisosto en que hace referencia al concepto del autor del libro. Por lo tanto la gran conexión del concepto con el grupo y su uso reiterado se debe a que el grupo lo aceptó y lo comenzó a difundir en entrevistas y en comunicados de prensa; siendo escasamente utilizado por terceros.

Sobre el sgte punto es solo una sugerencia, no tengo el conocimiento suficiente sobre formas literarias para cerrar este tema:

-Pagina 236 sobre la forma literaria de run run, en el inserto de la primera edición de Las Ultimas composiciones se muestra el texto como una serie de 4 seguidillas agrupadas para realizar una estrofa. La seguidilla tiene una larga tradición en la lengua española y especialmente vigente en la cueca.  Hay que considerar que en la cueca las seguidillas se acompañan con la muletilla “ay ay ay”, utilizando Violeta en Run Run la variante “ay ay ay de mí”, ver como escribe Violeta las cuecas en ese mismo inserto:
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgJ_KTA91wxKYVfAWw2y3tZ37vifcOreM8KYdYKnXZymqLbxFewMuJXgfWrQvpnAtMNZwXVGrNQx2vb94AYAXdocJla7-kWMyQ7Dl8PRetCyjuQEvGPYsDNY5ngJuZ4KMLivUs47g/s1600/violeta+ultimas+6.JPG

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWjYYQu2dFXyrEn8V0zpAAHFxF3xqOPd1oSGIDiFRgeAfHHQlUPFAQ5z_yLMybTr1VZlU67VDwouZLDHYolLOS6pSWmyfdG3zc9uKSbhcnuVahExc9h_PG_vDoiqKCRTrOvabbIA/s1600/violeta+ultimas+5.JPG

https://es.wikipedia.org/wiki/Copla
https://es.wikipedia.org/wiki/Seguidilla_(poes%C3%ADa)

viernes, julio 12, 2019

De Violeta Parra a Raúl Ruiz: el cruce de música y cine chileno que encantó a los Pulsar

 La Tercera

En La música del Nuevo Cine Chileno, reciente ganador del Pulsar como Mejor Publicación Musical Literaria, los autores Claudio Guerrero y Alekos Vuskovic indagan en la relación entre dos corrientes claves en la creación artística chilena de mediados del siglo XX: la Nueva Canción Chilena y el Nuevo Cine Chileno. En conversación con Culto, los escritores detallan elementos claves para comprender dicha confluencia en que se intersectan nombres como Miguel Littin y Los Jaivas: la exploración del mundo popular, la militancia política, el rol de las universidades y el Estado, esto último, a propósito de la reciente polémica por la decisión de BancoEstado de retirar su apoyo monetario a la realización cinematográfica nacional. Además detallan su próximo libro: la psicodelia chilena durante la UP.

Por Felipe Retamal

Hay momentos que resumen una época. En el Santiago de 1957, los intelectuales y artistas amenizan noches de bohemia en cafés y casas. Es en una de esas jornadas en la residencia de la “Hormiguita”, Delia del Carril, que se forja una alianza que con los años tendrá insospechadas consecuencias. El documentalista de la Universidad de Chile, Sergio Bravo, acaba de finalizar su cortometraje titulado Mimbre, en que filmó el trabajo de un artesano de Quinta Normal, pero le falta una pieza clave: la música. Será en esa reunión, entre vasos de vino, y conversaciones varias, en que el realizador encontró a su socia: Violeta Parra.

Esta colaboración marca el punto de partida para un cruce que se dará con mayor fuerza en la década siguiente, entre dos corrientes artísticas que se desarrollaron por mérito propio: el llamado Nuevo Cine Chileno y la Nueva Canción Chilena. Este es el tema del libro La música del Nuevo Cine Chileno (2018, Editorial Cuarto Propio), escrito por el investigador en artes visuales, Claudio Guerrero, y el músico, compositor y arreglador, Alekos Vuskovic, quien además es tecladista y productor musical de la banda Kuervos del Sur. El texto acaba de ser reconocido con el premio a Mejor Publicación Musical Literaria, en los premios Pulsar 2019.

En principio, la idea del libro nació por el hecho de hallar vacíos en la bibliografía especializada. “La época del Nuevo Cine Chileno debe ser una de las que más se ha escrito no solo aquí, sino que también afuera. Entonces encontrarte en las fichas de las películas músicos tan importantes como Sergio Ortega, y que eso no aparezca desarrollado, como sí se habla de la fotografía, o los actores o los realizadores, eso me llamó la atención. Ahí invité al Alekos”, cuenta Guerrero en conversación con Culto. “Otra razón por la que esta música para cine no ha sido estudiada, es que muchas veces es vista como una obra de menor importancia respecto a la que es compuesta para ser escuchada por sí misma. No solo en Chile, sino que hay un prejuicio general”, agrega.

En el volumen, los autores revisan diez creaciones, entre las que se encuentran filmes como El Chacal de Nahueltoro, Tres Tristes Tigres, Palomita Blanca, y otras como La tierra prometida y Largo Viaje, que se enmarcan en un período en que la creación artística se volcó hacia la exploración del mundo popular.

Los ejes de un cruce
Para los investigadores resultaba un desafío tratar el cruce, desconocido para muchos, de dos importantes corrientes de mediados de siglo. Las claves de esta alianza, permiten entender que no se trata de una observación antojadiza, sino que se sustenta en elementos comunes. “Llama la atención que son movimientos paralelos”, explica Vuskovic. “Empezamos el libro en el 57’ cuando se filma Mimbre, cuya música la hace Violeta Parra, para muchos, una precursora de la Nueva Canción Chilena. Desde un primer momento crecen de forma paralela, incorporando el ambiente popular, el folklore, y una vinculación con lo académico”.

La actividad de la academia fue un factor que propició el crossover entre las dos corrientes. “En el primer momento de las películas que trabajamos, desde fines de los 50’ y comienzos de los 60’, tiene que ver con lo que pasa con el cine experimental de la Universidad de Chile, lo mismo que pasaba con el teatro experimental y la gente que hace cine documental de vanguardia, en que el servicio de música lo hacen los compositores de la casa de estudios. Ese cruce se empieza a dar dentro del aula, en una Universidad que está anticipándose al proceso de la reforma, con mucho énfasis de buscar el mundo popular”, detalla Guerrero. “Además muchos de ellos tuvieron cargo, como directores de extensión, a cargo de la cineteca, y así varios. El secretario general, Álvaro Bunster, estaba muy involucrado, desde el inicio”.

También el factor de la militancia política es relevante, pues muchos creadores se encontrarán no solo en sets de cine o estudios de grabación, sino que también en reuniones políticas. “Los tipos que están grabando un disco, son los mismos que están en la comisión de cultura del Partido Comunista, imparten clases en la Facultad de Artes de la Chile, y también en las escuelas populares nocturnas, en un teatro, en una industria. Esto se produce no solo entre el mundo del cine y la música, sino que en general”, explica Guerrero. “Muchos se conocen en la casa de la Hormiguita, de Neruda o alrededor de ciertas figuras, en cafés del centro”, tal como el caso de Violeta Parra y Sergio Bravo.

Además, en su texto, los autores plantean que el crecimiento de las dos tendencias fue muy similar; partiendo desde obras pequeñas, hasta creaciones de gran formato, como la legendaria Cantata Santa María de Iquique, compuesta por Luis Advis, e interpretada por Quilapayún. “Si nos vamos al simbolismo, todo esto se inicia con un cortometraje, de diez minutos, Mimbre, y la última película que analizamos, La tierra prometida, está conceptualizada como una cantata-película, como nos dijo su director, Miguel Littin”, detalla Vuskovic. “Los dos movimientos estaban tan unidos, que a su vez terminan en una especie de ‘arte total’, como los postulados de Wagner. También hablamos de eso en el libro”, agrega.

Esta última cinta, La tierra prometida, resultó un descubrimiento para los autores. “Se estrenó en Moscú en 1973 y después no se vio en Chile hasta los 90’. Yo no la había visto. Entonces la empezamos a analizar, recopilar anécdotas sobre ella. Inti Illimani tocó la música que compuso Luis Advis. Horacio Salinas cuenta en su libro La canción en el sombrero (2013, Catalonia) que la van a ver en el 74-75 y ellos no se acordaban mucho de lo que habían hecho. Entonces van con una grabadora, porque querían tocar algunos de esos temas de nuevo, pero claro, sacar los temas de una grabadora con el ruido ambiente de una película fue súper difícil. Tocaron de nuevo dos canciones y les cambiaron la letra. Una la grabaron el disco Hacia la libertad (1975) y otra en Chile resistencia (1977), que era música de denuncia. Pero su autor, Luis Advis, se quedó en Chile, y ellos se dieron cuenta que podía ser muy peligroso para él, porque lo pusieron en los créditos. Años después cuando volvieron, le dijeron que se habían preocupado por su situación. Ahí Advis les dijo que lo único que le molestó fue que el bajo de una nota, en un compás de una canción, lo sacaron mal”, relata Vuskovic.

Al igual que la Nueva Canción, en el cine, nombres como Littin, Patricio Kaulen o Raúl Ruiz, se propusieron trabajar sobre elementos de la cultura popular y la chilenidad. “Según decían en sus entrevistas o manifiestos, lo que buscaban era como un nuevo realismo; es decir, que el cine viejo, todo lo que existía antes que ellos, había maquillado la realidad, entonces la misión del nuevo cine era ir a la búsqueda de la realidad”, explica Guerrero. “Y esa realidad la entendían en el mundo popular. De la marginalidad rural, urbana, con personajes populares que no fueran actores”, añade.

Algunas de estas cintas están disponibles en línea, lo que facilitó el trabajo de los autores para su libro, en un trabajo que les tomó algo más de tres años de escritura, visionado de películas, y conversaciones con cineastas y artistas. “Mimbre se subió a youtube y uno puede descubrir que Violeta Parra hizo música para cine, y no solo en esta, sino que en varias otras. Casi todas están en Internet, menos una que está perdida y otra que está en la Cineteca que no está online. En ese caso también quiero agradecer mucho la labor que ha hecho la Cineteca Nacional y la de la Universidad de Chile. La mayoría de los filmes que trabajamos están ahí, salvo unas dos o tres que hay que buscarlas un poco más”, explica Guerrero.

–En el punto de partida está Violeta Parra, ¿cuánta influencia tuvo su trabajo en posteriores producciones musicales para cine?

Alekos: En el caso de Sergio Ortega, uno lo conoce justamente por una fusión del mundo folklórico, del mundo popular, con la academia. Él usa técnicas de composición académicas con una base instrumental folklórica, o viceversa. Entonces Violeta Parra al hacer la música para Mimbre, donde tomaba la guitarra con ritmos de cueca y tocaba melodías y secuencias armónicas atonales, uno podría decir que ya está fusionando esos dos mundos de una manera intuitiva, aunque tal vez no tanto. Ella se relacionaba con intelectuales y gente del conservatorio incluso, como Gastón Soublette, entonces se podría pensar que lo hizo de una manera muy consciente. Entonces yo creo que eso fue una influencia muy importante no solo para los compositores de cine que vinieron después, sino que también en lo que hizo la Nueva Canción Chilena.

Hay dos temas de Mimbre que después aparecen en otros discos de Violeta. Quizás ese filme en sí no tuvo tanta influencia, pero sí lo que hizo Violeta musicalmente. Algo de eso se puede escuchar hasta cierto punto, en las anticuecas, que sí se grabaron y fueron un poco más populares en el mundo intelectual.

Claudio: Igual es difícil saber bien la influencia de la música de Violeta Parra en los compositores posteriores, porque al parecer esas primeras películas experimentales, más cortitas, se vieron bastante poco. Mimbre no nos consta cuántas veces se vio. Es muy probable que Ortega la haya visto porque tuvo relación con el cine experimental, pero en una época en que Sergio Bravo ya no estaba, entonces de repente esas películas ya no estaban en la Universidad de Chile.

-Esta música que va de la Nueva Canción al Nuevo Cine, ¿qué elementos tiene en común? ¿tiene una sonoridad característica?

Alekos: La gama trimbrística a la que llegó la Nueva Canción Chilena es muy amplia, depende mucho del compositor. Pero hay una base latinoamericana, eso es innegable y tal vez si sacáramos de la ecuación los instrumentos latinoamericanos, sería difícil considerarlo como parte de la Nueva Canción Chilena.

Claudio: Descubrimos algunas tendencias, por ejemplo, la presencia de la improvisación, que no están en todas las películas. Lo que sí nos llamó la atención es que estuvieran en varias, desde Violeta Parra a los compositores más cultos como Ortega, o un grupo de música popular como Los Jaivas; el uso de técnicas de improvisación en un sentido muy amplio de la palabra. Es interesante que se hayan dado y probablemente corresponde al carácter experimental que tuvieron el cine y la música. Eso conecta a Sergio Bravo con Violeta Parra, a Los Jaivas con Raúl Ruiz, que también ocupaba técnicas de improvisación en sus películas.

*

El vínculo entre los viñamarinos con el director de Días de campo tuvo varios capítulos. Es conocido el trabajo que hizo la banda para Palomita Blanca, el filme de Ruiz basado en la novela de Enrique Lafourcade, pero antes tuvieron una colaboración previa, menos referida, pero igualmente relevante. “La primera vez que Los Jaivas entraron a un estudio de grabación profesional, con ingeniero de sonido, fue para hacer la música de la película Qué hacer, con Ruíz, eso me impresionó”, explica Guerrero. “Al final él se salió del proyecto y la música de ellos casi no se ocupó en la película, pero se puede escuchar porque se editó en el compilado La Vorágine. El productor que venía con ese proyecto de película era un gringo, Country Joe McDonald, que se interesó en ellos. O sea, para Los Jaivas trabajar con Ruiz fue muy importante para su carrera”.

Ruiz es sin dudas uno de los nombres claves en el cruce. Su primer largometraje, Tres Tristes Tigres (1968), contó con música compuesta por Tomás Lefever, con letras de Waldo Rojas y la interpretación de uno de los exponentes de la llamada “canción cebolla”, Ramón Aguilera. Es decir, siguiendo la línea de indagar en el mundo popular. “Imaginarse la escena, como dicen las crónicas, de los tres ensayando en la oficina de Lefever en el Conservatorio es chistosa y el resultado es muy interesante también. Se grabó aparte. Ruiz tenía la ambición que esa película fuera masiva, por eso se edita un disco aparte, como un modelo general de producción de cine en que publicas un disco con la música para que ambos puedan tener una vida paralela. Pero claro, la película en términos de público fue un fracaso. El disco eso sí, al parecer fue escuchado, porque uno ve las notas, las revistas de música de la época, y esa música estaba andando, aparece en los rankings, las letras transcritas. La música se escuchó, más de lo que uno podría pensar”, explica Guerrero.

El fomento y el caso Banco Estado
Por estos días ha hecho noticia la decisión de BancoEstado de retirar el aporte de 200 millones de pesos que entregaba a la producción cinematográfica nacional, por medio del Programa de Apoyo al Cine Chileno, que otorgaba aquella suma a diez películas chilenas. “Los políticos se ponen súper orgullosos cuando Chile gana un Oscar, pero eso no es posible sin financiamiento. Es esencial que esto sea de diversas fuentes. Esta noticia siempre es lamentable, porque hay una dicotomía”, opina Vuskovic.

Guerrero complementa explicando el rol que el estado tuvo en el boom del Nuevo Cine Chileno, hacia fines de la década de los sesentas. “En un comienzo varias de estas películas, cortometrajes y cine documental, eran de la Universidad de Chile, pensando que hasta antes del golpe, esa casa de estudios era una suerte de ministerio de cultura; en general, los envíos al extranjero, todas esas cosas pasaban por ahí. Pero también eran condiciones muy precarias. La Universidad no les pagaba sueldo, pero sí les daba plata para comprar película virgen o cosas por el estilo”.

Sumado a ello hubo una decisión que los autores consideran fundamental. “Es clave la aprobación en el año 67’ de tres o cuatro artículos que obligaban a los cines a devolver los impuestos al productor. Eso determinó el boom del Nuevo Cine Chileno”, explica Guerrero. “Hasta ese año se graba una o dos películas al año, y de ahí en adelante comienzan a haber 3 ó 4, recién en la UP, por el bloqueo comercial, comienza a bajar un poquito. Pero esa medida fue absolutamente determinante. Casi todos los largometrajes que analizamos se produjeron así”, agrega.

Libros y psicodelia
–¿Qué fue lo más difícil de este trabajo?

Alekos: Es un libro pesado igual, tiene mucha información, los análisis están bien densos. Para mí la parte de escribir era agradable generalmente. Lo más complejo siempre fue la revisión, porque tienes que leer miles de veces hasta que quede bien. Yo soy músico, entonces me pasó que después que llevaba tiempo escribiendo, me ponía a leer los primeros capítulos que había escrito y el estilo no me gustaba. Entonces tenía que reescribirlo. Pero en términos de aprendizaje fue muy bueno.

Claudio: En principio teníamos pensado que fuera un libro más corto, pero luego nos pusimos ambiciosos (ríe). Ambos íbamos revisando y fundiendo, la idea era que quedara una sola voz para que fuera más cómodo para el lector. Eso fue un desafío, porque escribir a cuatro manos es súper dificil, eso es recomplicado. Tenemos estilos diferentes, pensamos diferente. Hubo que ponerse de acuerdo en los énfasis. Esa negociación constante es agotadora. pero fue un ejercicio necesario.

Satisfechos con esta primer experiencia juntos, los autores tienen en mente un próximo proyecto, al que ya postularon al Fondo de la música. Se trata de una investigación sobre la psicodelia chilena durante el período de la Unidad Popular. “Es muy interesante que el momento peak de la psicodelia en Chile coincida con eso, acaso uno podría decir que fue un momento un poco lisérgico de la historia de Chile, un poco metafórico. La idea es ir viendo cómo esas dos cosas se acompañan y se cruzan. Es algo que nosotros captamos en este trabajo, especialmente en la relación de Ruiz con Los Jaivas, como él conectó esa tendencia revolucionaria con esa música”, explica Guerrero. “Hoy la música psicodélica ya es un estilo, ya hay una fórmula, uno se pone a buscar bandas psicodélicas chilenas actuales, y no es por desmerecer, todo bien, pero son cosas que ya se han escuchado”, detalla Vuskovic. “En esa época, si bien, habían referencias, había una búsqueda original porque no existía nada”, añade.

martes, mayo 28, 2019

Héctor Soto lanza este jueves su libro “Charango para todos”



Comunicado de prensa

El destacado compositor, instrumentista y profesor lanzará este libro, denominado por él como un “leccionario”, el 30 de mayo en el Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado.

Los más de 50 años de vivencias que ha tenido Héctor Soto con el charango y los más de 30 que lleva como educador se han sintetizado en “Charango para todos”, leccionario para el instrumento que el destacado músico chileno lanzará el 30 de mayo en el Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado.

Soto, reconocido en el circuito de música de raíz folklórica por ser el primer charanguista solista en la historia del país, ha reunido el conocimiento acumulado en su vasta trayectoria en un texto que ha contado con la colaboración de músicos del grupo Merkén como Felipe Valdés, Pablo López y especialmente Fernanda Mosqueda, quien le alentó a desarrollar el proyecto, favorecido por el Fondo de Fomento para la Música Nacional 2018.

El texto se compone de diez unidades que abordan desde tópicos históricos y organológicos del instrumento hasta numerosos aspectos técnicos como escalas, técnicas de digitación y ejercicios y piezas musicales, pensados para un amplio rango de público que va desde quienes jamás han tocado charango y no tienen conocimientos musicales a los que ya dominan otros instrumentos o saben algunas cosas del charango y quieren profundizar en él.

En el nombre de “leccionario” está la esencia del texto, ya que cada una de sus unidades puede estudiarse de manera independiente y está pensado también para que los profesores del instrumento puedan tomar y ordenar los elementos de la manera que les parezca según sus prioridades o las necesidades del estudiante. “No debe leerse de manera lineal” apunta Soto.

El texto cuenta además con registro de video del repertorio incluido en las unidades como una manera de facilitar el aprendizaje y tiene partituras de 30 piezas de Soto, escritas también con un sistema especial para quienes no tengan conocimientos teóricos.

“Esto tiene un valor tremendo en mi realización como músico, porque estoy entregando un aporte distinto y una herramienta de forma sistemática para estudiantes y profesores del instrumento”, explica Soto, quien además dice que el manual es “como sacarme una espina de hace 30 años, cuando hice un manual para charango y no fue considerado en Chile ni Argentina, donde vivía en esa época. Ahora, de alguna manera, estoy cerrando un ciclo”.

Héctor Soto comenzó en el charango a mediados de los años 60, cuando era integrante de Los del Pillán, conjunto del Neofolklore. Poco después, en 1971, grabó “Charango”, el que se considera el primer LP para charango solista en Chile. Entre LP, cassettes y discos compactos suma más de 20 producciones, es precursor en la difusión del instrumento en internet a través del sitio www.charango.cl y sus videos en Youtube suman más de un millón de reproducciones.

En el lanzamiento del leccionario “Charango para todos” el propio Héctor Soto expondrá sobre el método, se tocarán en vivo algunos ejemplos y se mostrarán algunos de los videos que son parte del material. Finalmente Soto, Fernanda Mosqueda y dos de sus alumnos, Franco Silva y Pablo de Freitas, interpretarán algunas piezas del autor del texto junto a Felipe Valdés en la guitarra.


LANZAMIENTO LECCIONARIO “CHARANGO PARA TODOS”
Jueves 30 de mayo 19.30 horas
Instituto de Música Universidad Alberto Hurtado, Almirante Barroso 37. Sala SUM
Entrada liberada
Debes confirmar tu asistencia al e-mail: charangoparatodos@charango.cl



jueves, mayo 02, 2019

Libro de Led Zeppelin recopila las historias detrás de todas sus canciones

Felipe Ramos Hajna
Vidactual
El Mercurio

En plena celebración de los 50 años de la legendaria banda británica, la obra "Led Zeppelin. Todos los álbumes, todas las canciones" se viene a sumar a una seguidilla de libros sobre el legado de los grupos que dieron vida al rock clásico.



Pocas bandas han causado tanto revuelo como Led Zeppelin, quienes en 12 años dieron vida a varios subgéneros del rock, inmortalizaron discos completos, se anotaron con los excesos más estrafalarios que se recuerden y se apagaron en la tragedia. Tal como un zepelín, volaron más altos que ninguno, para quemarse al final producto de las drogas, el alcohol y la muerte de su baterista, John Bonham. Sin embargo, a casi cuatro décadas de su desaparición, el interés por la banda inglesa sigue más fuerte que nunca, con la publicación de varios libros y la aparición de bandas de imitadores, como los norteamericanos Greta Van Fleet.

Dentro de las obras que han llegado recientemente a librerías se encuentra "Led Zeppelin. Todos los álbumes, todas las canciones" (publicado por Blume y que se encuentra en Contrapunto a $32.800), el que se viene a sumar a una serie de libros similares que analizan el legado completo de grupos como The Rolling Stones y Pink Floyd (ver recuadro). Escrito por el periodista canadiense Martin Popoff, quien ha escrito más de 7.900 reseñas de discos en su vida, siendo de manera no oficial el autor de la mayor cantidad de críticas en la historia, en sus más de 240 páginas el libro es un análisis minucioso que recopila información en torno a las composiciones, los instrumentos utilizados, las técnicas de grabación y la participación de cada miembro. Es así como, a pesar de que muchas de las historias están más que recopiladas, aparecen datos sabrosos, como que el creador de varios de los riffs más importantes no era Jimmy Page, sino el multiinstrumentista John Paul Jones.

Como es obvio, el disco parte desmenuzando el álbum debut, titulado "Led Zeppelin I", que en enero pasado cumplió 50 años de su aparición. Es así como desde la explosión sónica de la introducción de batería el oyente se ve enfrentado a una declaración de intenciones que casi no tenía parámetros para entonces. Cuando grabaron esta canción el guitarrista Jimmy Page, el vocalista Robert Plant, el bajista Jones y Bonham solo llevaban tocando juntos dos meses; sin embargo, sonaban como una aplanadora que desde un comienzo estuvo bien aceitada.

Aunque en el primer disco casi no hay canciones propias, sino en su mayoría son covers de viejos blues no atribuidos y que tuvieron un tratamiento más pesado, la atención ya estaba puesta sobre el grupo, gracias a su sonido denso, las baterías demoledoras y la voz y el look sin igual de Plant, quien rápidamente fue tomando un rol mayor en la composición, algo que vio sus primeros frutos ese mismo 1969 con la aparición de "Led Zeppelin II", quizás el disco que dio vida al hard rock y el heavy metal con canciones como "Whole Lotta Love", "Moby Dick" y "Heartbreaker"; no obstante, para Popoff la belleza del disco radica en canciones pausadas e inclasificables como "What Is and What Should Never Be", en la primera balada zeppeliana que es "Thank You", el folk idílico de "Ramble On" y el estribillo funk metal de "Bring it on Home".

Un año después Led Zeppelin tomaría quizás el riesgo más grande de su carrera y el que le daría más frutos para la posterioridad. Su "Led Zeppelin III" sería en su mayor parte un disco acústico, lo que los separaría de otras bandas pesadas como Deep Purple o Black Sabbath. Con temas como "Friends", "Gallows Pole", "Tangerine" y, sobre todo, "That's the Way", el grupo destacaría gracias a la influencia del folclor celta y por fin los críticos, que eran lapidarios hasta entonces con la banda, entenderían la paleta musical que podían ofrecer, una con un lienzo tan grande que probablemente solo Los Beatles o Jimi Hendrix habían entregado antes, y que ahora se vería cimentada con la publicación del comúnmente llamado "IV", el álbum que dio "Black Dog", "Rock and "Roll", "Misty Mountain Hop", "Going to California" y, aún más importante, "Stairway to Heaven".

Editado en noviembre de 1971, el álbum es la suma de los tres anteriores, pero potenciado al máximo. Aquí el blues y el heavy metal se mezcla con el folk, creando un viaje que hasta ahora ha sido replicado por prácticamente todas las bandas posteriores de rock. Uno del que Led Zeppelin, en un acto de inteligencia, se alejó en sus cinco discos posteriores, pues sabían que no podían competir con su cuarto disco. De igual forma, tras "IV" vendrían cosas notables, como "Houses of the Holy" o, en especial, "Physical Graffiti", el que fue y es un verdadero portaviones musical, que no tiene ni rellenos ni puntos débiles y que en materia de discos dobles solo se compara a "London Calling" de The Clash.

Todos los lados de la Luna

Con casi 600 páginas, el libro "Pink Floyd. La historia detrás de sus 179 canciones" se ve como un monstruo al lado del de Led Zeppelin. Aparecido el año pasado en librerías, fue tanto su éxito que acaba de llegar una nueva partida de la obra escrita por Jean-Michel Guesdon y Phillipe Margotin, los mismos autores de obras similares sobre The Beatles, Bob Dylan y The Rolling Stones. Abarcando desde el single "See Emely Play", de 1967, hasta "The Endless River" (2014), el tomo es un repaso cabal en torno a cada tema compuesto por la banda de Cambridge, la psiquis de Roger Waters y las innovaciones musicales de Syd Barrett, David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright. Profundamente detallista, la obra sin dudas que es un deleite para los fanáticos de los creadores de "The Dark Side of the Moon" y "The Wall".

La increíble vida de Jordan Mooney, la Sex Pistols original

Kings Road, Londres, 1976. En la puerta de la tienda boutique "Sex", una joven mujer de ojos pintados negros, cabellera rubia empinada hacia el cielo, vistiendo nada más que un traje de látex y botas altas, mira desafiante a los hombres que circulan por el lugar. Ella trabaja ahí, como dependienta del local fundado por Malcom McLaren y su mujer, la diseñadora Vivienne Westwood, mismo establecimiento que serviría de comando para el lanzamiento de un grupo llamado The Sex Pistols y la dominación del punk rock británico. Jordan Mooney solo tenía 19 años entonces y unas ganas tremendas de choquear al mundo; tanto, que ella admite que los hombres se sentían confundidos. "Ellos me gritaban todo tipo de cosas, incluso me ofrecían dinero, porque no entendían por qué me vestía así. La gente se asustaba conmigo, y lo divertido es que yo era bastante tímida", dice ahora. Nacida como Pamela Rooke en Sussex, mucho antes de que el punk fuese un fenómeno de masas, ella ya estaba rompiendo las reglas, inspirándose en imágenes fetichistas de los 50, y poniendo la cuota de sexo en los Sex Pistols. Fue eso que hizo que McLaren la hiciera ir a los conciertos, solo con el propósito de hacer de sus shows algo aún más estrafalario. En su nueva biografía, "Defying Gravity", Jordan repasa el ascenso y caída del punk, y su paso de ser una estudiante de ballet en un pequeño pueblo a la reina del underground londinense. Hoy, sigue siendo la mayor defensora de los Pistols, pero tras el fin del movimiento y un matrimonio fallido, ella regresó a la costa inglesa y se reinventó como asistente de veterinaria y criadora de gatos. "Suena cursi, pero la normalidad salvó mi vida".

lunes, marzo 18, 2019

Presentación del libro "Claudio Arrau" de Marisol García


Comunicado de prensa

El próximo vieres 22 de marzo, a partir de las 20 hrs., se realizará el lanzamiento del libro "Claudio Arrau" de la periodista Marisol García en Chilepianos, General Gorostiaga 61, Ñuñoa - Metro Villa Frei.

En la oportunidad, además, se realizará un pequeño recital del joven pianista venezolano Jean Pierre Kiklikian.

La actividad es con entrada liberada.

jueves, marzo 14, 2019

Silvia Infantas, de 96 años: La última dama del folclor tiene su biografía

IÑIGO DÍAZ
Cultura
El Mercurio

Fue una de las mayores voces de la tonada y la cueca durante dos décadas. "Voz y melodía de Chile" recorre su vida artística.


De un minuto a otro Silvia Infantas (1923) tomó algunas de las decisiones más determinantes de su vida.

Ir a escondidas de su padre hasta los estudios de la Radio Nacional para participar en un concurso de canto infantil; abandonar el bolero con que se había hecho famosa en radios Cooperativa, Minería y Portales para dedicarse exclusivamente a la música chilena; dejar su próspera carrera de actriz en el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica para volver al canto con el conjunto típico Los Baqueanos. Y la más drástica de todas: retirarse para siempre de los escenarios en 1970 tras dos décadas de rotundo éxito.

"Al contrario de la mayoría de los artistas, que les sacan brillo a sus carreras hasta que ya no les queda, Silvia Infantas fue muy excepcional. Había grabado algunos de los más importantes LP de la época con el grupo Los Cóndores, y era absolutamente estelar en la industria de la música y el espectáculo. De pronto lo dejó todo. Sabía que debía retirarse en la cúspide de su carrera. Así lo hizo", cuenta el periodista David Ponce.

"Silvia Infantas. Voz y melodía de Chile" (SCD / Hueders) recorre la vida artística de una de las mayores figuras de la música folclórica en la era radiofónica y discográfica, la época del llamado "folclor de masas". Junto con Ester Soré y Carmen Ruiz, ella completa la tríada de voces fundamentales en el repertorio de tonadas y cuecas, que contaba con grandes audiencias y compradores de discos. "Toma el relevo del éxito en esa gran escala. Y por genealogía, Silvia Infantas es la última", dice Ponce.

El autor realizó una larga investigación sobre Infantas, con matices arqueológicos. No solo han sido cinco décadas de su misterioso retiro de los escenarios, sino además una enfática reticencia a volver a una actividad pública. Entre 2005 y 2012, Ponce se entrevistó con ella en seis ocasiones y tuvo acceso a sus ordenadísimos archivos de prensa.

Son los contrastes entre ese silencio extendido y el eco que dejó su vida de tres décadas de canto, escenario, auditorio y locutorio, desde que debutó en Radio Cooperativa Vitalicia, en 1942, como "la joven y hermosa cancionista", hasta la herencia marcada en las canciones que todo chileno ha escuchado más de varias veces en voz de Silvia Infantas, primero junto a Los Baqueanos (1953-59) y luego con Los Cóndores (1960-69): de "Tonadas de Manuel Rodríguez" a "La consentida", incluyendo en ese libro de melodías tricolores "La rosa y el clavel", "Los lagos de Chile", "Adiós, Santiago querido", "Si vas para Chile", "Mi banderita chilena", "Camino de luna" o "Bajando pa' Puerto Aysén". "Yo no habría podido dejar de ser artista". Palabra de Silvia Infantas.

jueves, enero 10, 2019

Autora de canciones: Violeta Parra al centro de la partitura

IÑIGO DÍAZ
Cultura
El Mercurio

La transcripción por primera vez al pentagrama de una treintena de canciones fue elaborada por Juan Antonio Sánchez y Fernando Carrasco, quienes junto al musicólogo Juan Pablo González presentan el libro "Violeta Parra. Tres discos autorales".



"Nos encontramos con sorpresas muy hermosas e inesperadas. Se nos fueron apareciendo instrumentos que uno habitualmente no escucha ahí", dice el músico Juan Antonio "Chicoria" Sánchez en el mismo ejercicio que haría un adolescente de los años 80 para descifrar la línea del bajo en una canción de Los Beatles. "No existen las pistas de las grabaciones de Violeta Parra, así que tuvimos que afinar el oído, escuchar, escuchar y escuchar sus canciones para obtener los resultados", agrega.

En una dupla junto con el compositor Fernando "Huaso" Carrasco, trabajó en la transcripción de 33 canciones de Violeta Parra -quien no escribió su música en partituras-, parte de un nuevo proyecto de recuperación de su legado que se inició antes del centenario en 2017. Durante dos años, Carrasco y Sánchez tomaron el material de tres álbumes, los últimos que publicó y el primero de los discos póstumos, para reunir partituras completas. No solo la línea melódica y las armonías: todos los instrumentos. La partitura que tendría un director de orquesta en el estrado.

El material estará disponible en el libro "Violeta Parra. Tres discos autorales" (ver nota asociada), editado por la U. Alberto Hurtado junto al Museo Violeta Parra y la SCD ($12.000), que se lanza el próximo 15 de enero en el Auditorio Antar, del mismo museo.

Canción a canción se descubre cada arreglo para una o dos guitarras, bombo legüero, cuatro venezolano, incluso cornos y timbales sinfónicos, además de las abundantes variaciones vocales que hasta en una misma canción Violeta Parra podía dejar casi inaudiblemente registradas. El proceso fue finalizado por el copista Osiel Vega.

En tanto, el musicólogo Juan Pablo González elabora un estudio paso a paso por los LP "Recordando a Chile" (1965), "Las últimas composiciones" (1966) y "Canciones reencontradas en París" (1971).

"De Violeta Parra se ha hablado y escrito mucho en su calidad de poeta y también en sus facetas como artista integral, cantora, folclorista, guitarrista, compositora, bordadora, pintora, escultora, ceramista. Todo está ahí, menos la música. Nosotros nos preguntamos, ¿por qué es conocida ella en todo el mundo? La respuesta es por sus canciones. Aquí está la Violeta Parra autora de canciones", señala González.

La trilogía máxima aparece justamente en uno de esos discos: "Gracias a la vida", "Volver a los diecisiete" y "Run-Run se fue pa'l norte".

"Violeta Parra prácticamente prescindía del estribillo al escribir. El problema es que la canción pierde elementos de contrastes y retornos, que aseguran que funcione. En cambio, ella utiliza muletillas y refranes, ayayay o me voy, me voy , que repite y logra un antiestribillo", dice González como ejemplo de la tensión que existe en ella entre la tradición folclor en que se formó y su creación libre de los años 60. "Sus formas literarias, sus rasgos modales, sus usos y acordes de guitarra son de esa tradición. Tita Parra, su nieta mayor, lo describe muy bien: 'Violeta Parra entra y sale del folclor'. Por eso ella es la primera cantautora aquí".

Recordando a Chile

Juan Pablo González piensa que en este LP Violeta Parra reservó algunas canciones para un próximo trabajo, puesto que tiene una duración de 10 minutos menos que lo habitual. Con ocho canciones compuestas en París, dos cuecas recolectadas en Chile y el poema "Defensa de Violeta Parra" en voz del propio Nicanor Parra, acompañado con guitarra, fue grabado rápidamente, en directo. "Es como si replicara su propia experiencia grabando a cultores durante su intenso período de recolección folclórica de la década de 1950", escribe el investigador.

Canciones: "Arriba quemando el sol", "Paloma ausente", "Qué he sacado con quererte".


Las últimas composiciones

Violeta Parra se refería a sus canciones no como canciones, sino como composiciones: el resultado de una experiencia en las vanguardias del arte y su circulación por los ambientes de la intelectualidad, además de sus viajes. Tras grabar con EMI Odeón, este será el primer y único disco que edite con el sello RCA Victor, donde grababa Margot Loyola. El "Rincón Juvenil" lo destacó como "Lo mejor de Violeta en los últimos años". Sería ese su último año. En la fotografía de la cubierta realizada por Javier Pérez Castelblanco, y donde aparece con un charango, se le ve rejuvenecida pero al mismo tiempo con una mirada perdida. En el canto se aprecia una voz limpia y de cuidada pronunciación y afinación, y siempre delicada en la ejecución de los instrumentos.

Canciones: "Rin del angelito", "Maldigo del alto cielo", "Cantores que reflexionan", "Pupila de águila", "La cueca de los poetas", "El Albertío", "El guillatún".


Canciones reencontradas en París

Su hija Isabel, principal albacea de la obra de Violeta Parra, dispuso la edición de este material que ella había grabado en la capital francesa entre 1961 y 1963. Son ocho canciones donde destaca el contenido social de los textos y musicalmente influenciadas por las giras de recopilación que había realizado en Lautaro y Chiloé, que la acercan a los ritmos mapuches y las danzas del archipiélago.

Canciones: "Arauco tiene una pena", "Según el favor del viento", "Es una barca de amores", "La carta".

domingo, diciembre 23, 2018

Byung-Chul Han - El mundo como pasión y diversión: La omnipresencia del entretenimiento

El Mercurio

Con referencias que van de Bach al haiku, en "Buen entretenimiento" el filósofo surcoreano reflexiona sobre el arte como pasión y búsqueda de la verdad y el arte como diversión y goce: dos extremos que se tocan y que en nuestro mundo dan paso a la ubicuidad del entretenimiento: "Surge así una cultura de las inclinaciones ", que rompe la distinción entre trabajo y ocio. El nuevo libro llega en enero a librerías. 

Juan Rodríguez M.

La educación, entretenida. Las noticias, entretenidas. La cultura, entretenida. La política, entretenida. Incluso el trabajo, entretenido. Parece que ser es ser entretenido, o eso cree el filósofo surcoreano de lengua alemana Byung-Chul Han (Seúl, 1959). Famoso y exitoso por sus (entretenidos) libros sobre la sociedad contemporánea, su ensayo más reciente -"Buen entretenimiento" (Herder)- lo dedica a lo que llama un nuevo paradigma: "Lo peculiar del actual fenómeno del entretenimiento consiste más bien en que rebasa con mucho el fenómeno del ocio", escribe.

Han refuta la tradicional idea de que el entretenimiento aparezca recién con la modernidad y el fin de la nobleza, en el siglo XVIII, pues solo entonces habría surgido la diferencia entre trabajo y ocio. "Más convincente, o por lo menos libre de contradicción, sería la tesis de que desde siempre hubo entretenimientos (...) No tiene mucho sentido afirmar que los griegos o los romanos desconocían los entretenimientos porque en aquella época no se hacía la distinción entre trabajo y ocio". Entonces, dice el autor, la actual ubicuidad del entretenimiento no se explica porque en la modernidad cada vez haya más ocio, porque tengamos más tiempo libre: "La ubicuidad del entretenimiento se expresa como su totalización, que suprime justamente la distinción entre trabajo y ocio". "Surge así una cultura de las inclinaciones ". La entretención ya no es un momento, es o pretende ser todo, es el criterio de verdad.

A diferencia de textos como "La sociedad del cansancio" o "La agonía del Eros", en este Han no cae en el lamento por todo lo que nos ha quitado la modernidad, o no tanto. Más bien describe y duda respecto al sentido de la entretención. De hecho, antes de llegar a su tesis sobre la ubicuidad del entretenimiento, repasa una serie de momentos e ideas que dan cuenta de las tensiones entre "la Pasión" (es decir, la vida sufrida, profunda, seria, culta, sagrada, entregada al trabajo y el deber, que anhela la verdad y la trascendencia, en línea con la pasión de Cristo), y la vida superficial, mundana, popular, que busca el goce, el disfrute, la diversión aquí y ahora, en lo fugaz e inmanente. De hecho, el subtítulo del libro es: "Una deconstrucción de la historia occidental de la Pasión".

El relato o deconstrucción de esas tensiones lo comienza Han con el estreno, en 1727, de la "Pasión según San Mateo", de Bach.

"¡Qué Dios os guarde!"

La obra se interpretó por primera vez un Viernes Santo, en la Iglesia de Santo Tomás de Leipzig, Alemania. Al terminar la interpretación, el público quedó perplejo. Nobles y autoridades se miraban sin entender qué significaba lo que acababan de oír. "¡Qué Dios os guarde, hijos míos! ¡Parece que estamos asistiendo a una ópera o a una comedia!", exclamó una viuda.

¿Qué había pasado? Que la obra de Bach era demasiado teatral, peligrosamente cercana a la banalidad y voluptuosidad del mero entretenimiento. Si en aquellos años ya se cuestionaba la nueva costumbre de interpretar música en las iglesias, lo del compositor mereció una reprimenda y una rebaja de su sueldo. En el nuevo contrato que firmó Bach se lee: "Para conservar el buen orden de las iglesias habrá que ejecutar la música del tal modo que no dure demasiado, y también habrá de estar compuesta de tal modo que no resulte demasiado operística, sino que más bien anime a los oyentes a la devoción".

"Esta interesante cláusula sobre el cargo de cantor remite a la creciente hibridación de la música sacra con la profana. Poco a poco la música sacra va desprendiéndose del contexto litúrgico y aproximándose a la música de los modernos conciertos burgueses", anota Han. "Por un lado, en la época de Bach la vida musical es dominada cada vez más por la liviandad extranjera, por la embriaguez sensorial y la sonoridad armoniosa, intensa y opulenta. El nuevo público musical lo forman los «expertos» y los «melómanos» (...) Por otro lado, se alzan voces críticas, también en los círculos de la ortodoxia luterana, contra el empleo de música artística en la celebración litúrgica".

La música debía ser un mero ornato, lo fundamental era la palabra de Dios. Sin embargo, como muestra Han, ya en aquella época parecían confluir la glorificación de la divinidad con el regocijo del ánimo, con el entretenimiento. El propio Bach dijo que "el objetivo o la causa final de toda música" era "honrar a Dios y servir de recreación al espíritu". Comenta Han: "En relación con el deleite musical es difícil distinguir entre placer celestial y diabólico, entre gozo divino y diversión mundana".

Nietzsche contra Wagner

La desacralización de la música, su ubicación fuera del contexto teológico, como manera de formar el gusto y deleitarse, es un gesto moderno. Y será una polémica en la que, ya en el siglo XIX, se involucrarán filósofos y músicos como Nietzsche y Wagner. El primero celebra la ligereza, la juventud, lo popular y la alegría "africana" en el arte y particularmente en la música. El segundo añora un arte pasional, trascendente, redentor, grave, profundo, que satisface hambres sagradas: Wagner, por ejemplo, condena la música de Rossini porque solo busca agradar, y -dice- de ahí proviene lo " malo en el arte"; en cambio lo "bueno en su forma pura" es indiferente a la "demanda de entretenimiento" y es "obra del genio".

Contra esas honduras o alturas que ve y sufre este mundo como algo falso, Nietzsche afirma que es "necesario mediterraneizar la música", pues: "Lo bueno es ligero, todo lo que es divino corre con pies gráciles". Wagner aboga por la verdad frente a la mera apariencia, Nietzsche, alguna vez su seguidor, dirá que la verdad ha muerto y que junto con ella ha sido eliminada la apariencia: queda gozar este único y superficial mundo de todos los días.

Estos vaivenes entre pasión y entretenimiento, entre razón y sentimiento, sentido y sinsentido, también están presentes en autores como Kant y Hegel, y en realidad llegan hasta el arte y la filosofía del siglo XX (Kafka y Heidegger, por ejemplo). Pues, afirma Han, son propios del binarismo con el que Occidente percibe el mundo: bueno-malo, claro-oscuro, verdad-mentira, sacro-profano, serio-alegre, deber-inclinación, docto-popular, selecto-masivo, trabajo-ocio, trascendencia-inmanencia, cielo-tierra, etcétera.

Superficialidad oriental

Sin embargo, esas disputas no tendrían sentido en el Lejano Oriente. No si atendemos a lo que Han afirma: "La dicotomización es característica del pensamiento occidental. El pensamiento del Lejano Oriente, por el contrario, se rige por principios complementarios. El ser no es regulado por opuestos rígidos, sino por dependencias y correspondencias recíprocas. De este modo, en el Lejano Oriente tampoco se ha configurado aquella dicotomía entre espíritu vs. sensibilidad, en la que justamente se basa la noción de un arte inferior que solo satisface las necesidades sensibles (...) El arte del Lejano Oriente no es dominado por una Pasión por la verdad que sufre lo existente como falso. Tampoco proporciona un opuesto utópico al mundo existente, el cual tendría que ser negado. Es decir, ninguna negatividad alienta al arte del Lejano Oriente. Más bien es primariamente un objeto de afirmación y también de entretenimiento".

Han muestra varios ejemplos de esta lógica oriental. Desde el arte a la religión. Quedémonos con uno, el haiku, ese poema breve en el que Occidente vio una suma espiritualidad, una suerte de cura silenciosa contra el bullicio de la mente y el mundo. Pero: "En Japón rara vez se asocia el haiku con aquella empresa seria y espiritual de poner fin a la palabrería del alma. La recepción del haiku en occidente apenas se da cuenta de que el haiku es sobre todo juego y entretenimiento, ni de que, en lugar de retirarse al desierto del significado, también resuma gracia y humor", explica Han. " Haiku significa literalmente «poema en broma»". Aunque, antes de ser invadidos por el pensamiento dicotómico y concluir que estamos ante una trivialización o empobrecimiento estéticos, se trata, dice Han, de "una estetización de la cotidianidad y de lo cotidiano". La belleza no está más allá y puede ser entretenida.

Bach y la polémica entre la música sacra y la profana explicita una de las intuiciones de Byung-Chul Han: que los extremos que son la pasión y el entretenimiento, el sentido pleno y la total falta de sentido, se tocan. "El puro sentido y el puro sinsentido convergen en una histeria", dice.

Lo anterior nos trae de vuelta a la tesis central del libro: nuestra época mediática (de la radio a internet pasando por la televisión) parece transitar hacia un nuevo mundo. Si desde la Antigüedad el entretenimiento había sido un aspecto de nuestras vidas, hoy lo es todo: el tiempo es entretenido o al menos avanzamos hacia allá. Nos guste o no, ¿estamos condenados a la histeria? Es más, ¿Han condena esta deriva? Tal vez sí, pero también pareciera que el autor valora, si no el entretenimiento, sí la afirmación de lo contingente, de la inmanencia, quizás en el sentido en que lo hace el Lejano Oriente del que él mismo nos habla.

Han aboga por cierta "serenidad" o "afabilidad" que no se encierra en los extremos del total sentido y el total sinsentido. A esa disposición le dedica otro libro publicado este año en castellano y recién llegado a Chile, "Muerte y alteridad" (Herder), en el que reflexiona sobre nuestra relación con la muerte, y propone, justamente, una serenidad o afabilidad que no le teme a la muerte, que no pretende la reafirmación del yo, ni busca la trascendencia a través de los otros.

Esa actitud o sensibilidad -la serenidad o afabilidad con el mundo-, una suerte de justo medio, parece la misma que Byung-Chul Han deja entrever en "Buen entretenimiento". " Un buen entretenimiento es uno de los medios que uno se procura para olvidar la ausencia de Dios", se lee en el epígrafe de uno de los capítulos del libro. La cita no tiene atribución, por lo que tal vez sean palabras del filósofo. Aunque son muy serias, sufridas incluso, así es que mejor quedémonos con la superficialidad de estos dos haiku: "Sopla el viento del invierno./ Los ojos de los gatos/ parpadean". "Un hombre/ y una mosca/ en la habitación".


 Obra en red: leer a Byung-Chul Han
La mayoría de los más de diez libros de Byung-Chul Han en castellano podrían ser capítulos o momentos de una sola gran obra sobre "el ambiente espiritual de nuestro tiempo", por usar una expresión del filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers. Sin embargo, Han ha distribuido su reflexión sobre nuestra sociedad, híperconsumista y neoliberal, en obras breves, escritas en un lenguaje directo, en las que a veces desarrolla temas presentados en otra obra.

En España, a principios de año, Han dijo: "Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose". Una afirmación que es un certero resumen de "La sociedad del cansancio" , uno de sus primeros libros en Chile; pero que también le calza a un título más reciente: "Psicopolítica" (ambos, como la mayoría de la obra de Han, están publicados en Herder). Si en la primera obra habla de la autoexploración a la que estamos sometidos, en la segunda llama la atención sobre el hecho de que el gran hermano digital nos vigila con nuestro consentimiento. A su vez, "Psicopolítica", referida al modelamiento de nuestros deseos y conductas, desarrolla una idea que Han presenta en el ensayo en el que define nuestra sociedad como un "enjambre digital" (ya no una sociedad de masas). Nos referimos a "En el enjambre" , donde leemos: "Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia".

Y si en "El aroma del tiempo" nuestro filósofo denuncia la pérdida del tiempo como narración, con sentido, a favor de un tiempo atomizado, una mera sucesión de presentes, en "La salvación de lo bello" ahonda en cómo el mundo sometido al puro presente y a los "me gusta" no deja lugar para el contraste, el asombro, la distancia, la contemplación: Han añora lo feo, lo oscuro y en general las complejidades que también hacen parte de lo bello... Y de lo erótico, como se ve en "La agonía del Eros" . Todo ello se pierde en nuestro mundo transparente, asunto de otro libro: "La sociedad de la transparencia" . Vivimos en el infierno o el desierto de lo igual, dice Han en "La expulsión de lo distinto" .

La obra de Han es una red, un todo interconectado, abierto a nuevos enlaces y con diversas entradas. Incluso se pueden establecer vínculos entre "El buen entretenimiento", donde habla de la cultura del Lejano Oriente en contraste con el pensamiento occidental, con títulos como "Filosofía del budismo Zen" y "Shanzai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China" (Caja Negra), en los que rescata esas lógicas alejadas de las dicotomías e identidades occidentales.