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lunes, enero 02, 2023

Alhambra de Taltal: Desarmar y rearmar el teatro amarillo

En 2021 el Teatro Alhambra recuperó el color original de su única fachada revestida en madera. Las tres restantes han permanecido a la intemperie, ocasionando daño acumulativo. MOP


 El Mercurio


Construido en 1921 a instancias de Raniero Perucci, quien destinó el último piso a su residencia, el edificio se encuentra en desuso desde hace 20 años. Un estudio de prefactibilidad es el primer paso para rescatar esta joya de la época salitrera.

IÑIGO DÍAZ

Ya en su primerísima función, el 18 de noviembre de 1921, mostró el espíritu republicano y comunitario que iría a marcar su historia en Taltal. El flamante Teatro Alhambra realizó una presentación a beneficio del Hospital 21 de Mayo, con sus más de cien localidades agotadas. Esa noche se ofreció una función de cine mudo, fue acompañada por una orquesta.


“El valor principal tiene que ver con la intención de la familia de italianos que crearon un espacio en una ciudad que comenzaba a vivir una declinación de la industria del salitre. Pero el teatro siguió adelante después de la crisis, como un punto de encuentro de los taltalinos”, señala Claudio Aguirre, autor del libro “Teatro Alhambra: 100 años de historia, Taltal 1921-2021”. “Como el tercer puerto salitrero, Taltal llegó a tener 20 mil habitantes, un consulado y un hipódromo. Un siglo después aquí viven 15 mil personas”, agrega.


Con un estudio de prefactibilidad encargado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) a la oficina Paisaje Rural, el año pasado se inició el proyecto de restauración del teatro, que lleva dos décadas en completo desuso. La última función de cine allí tuvo lugar en 1997. Se proyectó “Jurassic park”.


“El Teatro Alhambra tiene un problema de origen. Se construyó sin los estándares de seguridad que se requieren hoy para edificios de uso público. Como conjunto su estructura es débil. Y a ello hay que sumar una importante falta de conservación”, explica Alberto Anguita, de la Dirección de Arquitectura del MOP.


De este modo la restauración se plantea como una cirugía mayor, con el desarme completo y controlado del edificio, pieza por pieza, y un rearme que pueda actualizar esos parámetros de seguridad y al mismo tiempo respete sus atributos arquitectónicos. El plan tipo mecano incluye la recuperación de piezas en buen estado, el reciclaje de maderas sobrevivientes y la eliminación y reemplazo de partes inutilizables debido a la acción de xilófagos o la humedad marina.


Granada o Ancona


El mito dice que el Teatro Alhambra se levantó en 40 días con trabajadores de oficinas en el cantón salitrero que quedaron varados en el puerto tras perder sus puestos durante la crisis. Pero hay una leyenda más que ronda en su historia.


“¿Por qué se llama Alhambra? Cuando la familia de Raniero Perucci llegó a Chile en una de sus maletas venía un folleto del Teatro Alhambra de Granada. Aunque los descendientes, la cuarta generación de Perucci, que aún viven en Taltal y son comerciantes, han dicho que en Ancona, de donde proviene la familia, existe un Teatro Alhambra”, indica Claudio Aguirre.


Emplazado en la plaza de Taltal, en calle Torreblanca, en 2021 recuperó su fachada amarilla original. Surgió en los años 20 como sala de espectáculos para funciones de biógrafo, operetas, teatro y números de variedades. Se construyó a instancias de ese sastre, convertido en empresario, Raniero Perucci, quien al perder la concesión del antiguo Teatro Municipal de Taltal decidió construir su propio recinto.


De pino oregón y líneas arquitectónicas de influencia inglesa, en el estilo georgiano propio de las construcciones salitreras, cuenta con dos pisos en su fachada pero tres niveles en su interior. La sala tiene una platea que conserva sus butacas originales, además de palcos laterales para cuatro espectadores, galería y luneta.


Pero el edificio además contaba con una confitería anexa en el primer nivel, uno de los atractivos mayores para la ciudad, y la residencia de la familia Perucci, que ocupó la última planta con el extenso balcón y vistosas ventanas bajo el cartel que domina la plaza: Teatro Alhambra. Adquirido por la Municipalidad de Taltal en 2002, fue declarado Monumento Histórico en 2009.


“El plan de restauración no solo está enfocado en el Teatro Alhambra, sino el conjunto de tres monumentos históricos que tiene Taltal y que están en distintos grados de avance: las casas pertenecientes al ferrocarril, donde vivían los administrativos, y el muelle original por donde salía el salitre, que hoy está en ruinas. La recuperación de los edificios y el espacio público le dará valor no solo a la ciudad y el puerto, sino a esa zona en el norte”, dice Alberto Anguita. El MOP estima que el diseño para un nuevo programa, ya preliminarmente definido en consultas participativas con la comunidad, se iniciará el segundo semestre.


Claudio Aguirre concluye: “En su época, el Teatro Alhambra estaba en Taltal a la par de otros teatros principales en el norte salitrero, como el Teatro Municipal de Iquique o los teatros de las oficinas principales, Humberstone o Chacabuco, que contaban con programas artísticos y con instalaciones de primer nivel”.

miércoles, julio 06, 2022

El riesgo de una catástrofe en la basílica de madera de Andacollo

Unas 150 mil personas, entre bailarines, peregrinos y visitantes, se reúnen en Andacollo en sus dos fiestas anuales. Desde 2019 que no se han podido realizar. ALEJANDRO PIZARRO UBILLA


 El Mercurio


Original del arquitecto italiano Eusebio Chelli, comenzó a construirse en 1873, pero nunca ha sido sometida a una conservación científica. La experiencia con el incendio de San Francisco de Ancud ha alineado a la comunidad en la urgencia por una prevención.

IÑIGO DÍAZ


Es difícil imaginar las dimensiones del fenómeno si uno no está ahí para testimoniarlo. En Andacollo, localidad frente a las costas de Tongoy y Guanaqueros, a unos 65 kilómetros hacia el interior de Coquimbo, viven 12 mil personas. Pero en ocasión de las festividades marianas en su santuario consagrado a la Virgen del Rosario, esa población flotante se multiplica por doce.


“Se congregan más de 150 mil personas durante la fiesta chica, en octubre, y la fiesta grande, que coincide con la Navidad. Estamos hablando de 140 grupos de bailes religiosos, que reúnen a cinco mil miembros y sus familias, además de todos los peregrinos que llegan desde la región y el país”, dice el párroco de Andacollo, el padre claretiano polaco Adam Bartyzol.


La concentración de devotos en lugares como Andacollo se repite en otras festividades: La Tirana, Lo Vásquez, San Sebastián de Yumbel y Caguach, en Chiloé. “Pero tanto esta fiesta chilota como las de Andacollo reúnen un elemento más que considerar: se realizan en templos de madera. Existe un alto riesgo de incendio si no se protegen debidamente”, señala el bombero experto en patrimonio Damián Farías.


Como encargado de Emergencias de la Fundación ProCultura, Farías fue parte de un plan de prevención de incendios para las 16 iglesias chilotas con denominación de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


“Este plan es absolutamente replicable en la gran basílica de Andacollo, que estamos observando ahora”, añade Farías. Un informe realizado por la Superintendencia de Electricidad y Combustibles en septiembre de 2019 activó las alertas en el norte: el Santuario de Andacollo —formado por el templo mayor, la parroquia, la casa y el liceo parroquial— se encuentra en alto grado de vulnerabilidad.


Nunca desde que se inauguró su construcción en 1893, como proyecto del arquitecto italiano Eusebio Chelli (autor de abundantes iglesias, entre ellas la Recoleta Dominica, de 140 años), la basílica ha sido sometida a un estudio de conservación científico, con fondos y recursos humanos destinados. “Solo se han realizado arreglos informales, por voluntad de uno y otro, la comunidad, la misma parroquia. Este es un requerimiento a nivel país, que debería tomarse públicamente considerando su estatus de Monumento Histórico”, señala el arquitecto Raúl Irarrázabal, en un primer diagnóstico, como parte de ProCultura.


Cero posibilidad


Según advierte, el riesgo principal lo representa la falta de mantención en los sistemas eléctricos, que datan de hace unos 40 años. Testigo del día a día en la basílica, el párroco añade: “Son condiciones bastante malas. Se requiere urgente el cambio de esa instalación”. También se considera una escasa conservación de la materialidad pese a su solidez estructural, y el ataque de xilófagos en las maderas.


Pero a ello debe sumarse lo principal: el gran flujo de personas que visitan Andacollo en las citadas festividades. “En el interior caben 10 mil personas de pie”, asegura el padre Bartyzol, respecto de la planta en el templo mayor, unos 2.200 m2. “Un peligro aquí es el tema de las velas. Antes, los peregrinos las dejaban allí, pero ahora se construyó una gruta en el exterior, donde se depositan esos miles y miles de velas. Hoy está prohibido ingresar al templo portando las velas”, indica.


“Por su condición de santuario, Andacollo no es una iglesia común en Chile. Y sus atributos arquitectónicos son sobresalientes: es la más grande construida en madera, más que la Catedral de Castro. Su estructura en pino Oregón y un volumen en la nave central llega hasta los 25 metros de altura, inusual para un edificio en madera”, apunta Irarrázabal.


Un levantamiento realizado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile en 2009 es la base para los estudios actuales allí. La basílica tiene una cúpula octogonal que se empina por los 45 metros de altura y un frontis coronado por dos torres de 53 metros. Su nave central tiene forma de bóveda de cañón corrido, y otras dos laterales compuestas por una sucesión de arcos. En el transepto se emplazan dos capillas laterales.


El objetivo de los representantes religiosos, la comunidad andacollina y los consultores que están participando en el proyecto es advertir a las autoridades sobre una urgencia. Un diagnóstico crítico —dicen— puede tomar dos años. Y un proyecto de restauración y conservación, otros dos. “Entretanto, el riesgo sigue latente. De ocurrir una tragedia, esta es una iglesia en la que no habría ninguna posibilidad de reconstruirla”, sentencia el arquitecto.


Andacollo es el segundo santuario mariano más antiguo de América Latina, después de Guadalupe de México. “Y la imagen de la Virgen que se conserva aquí llegó desde los talleres de talla de Lima en 1676, 142 años antes que la Virgen del Carmen. Debería ser la Patrona de Chile”, dimensiona el párroco Adam Bartyzol.

La nave central de la basílica , con más de 2.000 m2, conserva valiosa ornamentación en madera e imágenes religiosas. RAÚL IRARRÁZABAL


miércoles, febrero 02, 2022

Museos en Chile: un 30% no cuenta con depósitos para sus colecciones

El Mercurio 

Otro 11% carece de un sistema para registrarlas. Pero un 65% posee web propia y usa redes sociales para contactarse con sus públicos. El Ministerio de las Culturas difunde cifras como estas en su “Panorama de los museos en Chile: reporte 2021”.

Daniela Silva Astorga

Al menos tres museos nacieron en Chile durante 2021. El Licancheu, que aborda aspectos geológicos de Navidad (Región de O'Higgins); el Museo de Mineralogía Ingeniero Pablo Reyes Núñez, que en La Serena expone mil piezas de un acervo privado, y el Museo Club de Deportes Santiago Wanderers. Una noticia auspiciosa considerando la necesidad de descentralización cultural del país: cuatro regiones concentran la mayoría de los museos —Metropolitana (24%), Valparaíso (13%), Los Lagos (9%) y Biobío (8%)— y más de la mitad de las comunas aún no cuenta con una institución del tipo (52%).


Estos datos se desprenden del “Panorama de los museos en Chile”, estudio que el Ministerio de las Culturas desarrolla por segunda vez. Se basa en la información del Registro de Museos de Chile (RMC), que incluye a entidades públicas y privadas.


La cartera acaba de difundir la publicación correspondiente a 2021: una completa caracterización del sector, que servirá como materia prima para potenciarlo y profesionalizarlo, así como para definir políticas públicas.


Según la Encuesta de Consumo Cultural, quienes viven en comunas con museos tienden a visitarlos más que quienes residen en localidades sin instituciones del tipo (22,5% vs. 12,7%). ¿Es un índice crítico que un 52% de las comunas no cuente con museos? Alan Trampe, subdirector nacional de Museos, comenta: “La respuesta debe entenderse desde la perspectiva de la apropiación cultural de las comunidades. Es decir, los museos debieran surgir de un interés o necesidad de un grupo de personas, por lo que entonces solamente debería haber museos donde se hagan necesarios y tengan sentido. También se crean museos por requerimientos de otro tipo, pero si pensamos en la importancia de tener museos sustentables, es fundamental que tengan la validación y reconocimiento de las comunidades donde se insertan”.


Otro aspecto llamativo del estudio es el aumento de museos registrados entre 2020 y 2021. Si el panorama del año pasado contempló datos de 320 instituciones, ahora son 357. Esto habla de un mayor interés por ser parte de la red. “El Registro de Museos de Chile se ha ido consolidando como un espacio de encuentro y visibilización para los museos, y también como una herramienta que recoge y analiza información del sector. Por otra parte, ya se ha instalado la idea de que ser parte de este sistema nacional permite postular al Fondo de Mejoramiento Integral de Museos”, apunta Trampe.


Recursos fundamentales en tiempos como estos. El “Panorama de los museos en Chile: reporte 2021” arrojó también que solo un 2% de las colecciones está en exposición, que un 30% de los museos no tiene depósitos para conservar sus colecciones y que un 11% no considera sistemas de registros para su patrimonio.


“Esta cifra es preocupante” — se lee en la publicación del ministerio—, considerando la relevancia que tiene la documentación de los bienes patrimoniales. Es el primer paso para protegerlos y conservarlos, además de hacer investigación y difusión.


¿Qué medidas traza la Subdirección Nacional de Museos para revertir estos índices? Trampe menciona que hace asesorías y que los museos colaboran entre ellos. Asimismo, desde 2018, existe el Fondo de Mejoramiento Integral de Museos. “A la fecha ha entregado más de $4.500 millones para casi 200 proyectos de puesta en valor de las colecciones y de apoyo a la renovación, o creación, de equipamiento museográfico”, dice el subdirector.


Un avance más transversal se ve en el uso de las plataformas digitales. Según el informe, un 65% de los museos cuenta con un sitio web propio. Y en 2019, solo lo tenía un 32,5%. El cambio, muy determinado por la pandemia, involucra también una utilización mayor de las redes sociales.


“Los museos hicieron eco de esta tendencia, favoreciendo la democratización y la descentralización de los contenidos de manera que personas de regiones extremas han tenido las mismas posibilidades que los habitantes de la capital de acceder a la programación de estos espacios, y eso es algo que estamos llamados a mantener y mejorar”, concluye la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés.

martes, diciembre 15, 2020

Nuevo estudio en iglesias chilotas proyectará un patrimonio de la humanidad

 El Mercurio


A 20 años de la declaratoria por parte de la Unesco de 16 templos que ostentan un “valor universal excepcional”, un próximo catastro examinará la imaginería religiosa y la relación de las comunidades con estas iglesias.

IÑIGO DÍAZ


Sigue siendo impactante lo que sucede cada año en Caguach, una de las islas menores del archipiélago de Chiloé, situada a cuatro horas de navegación desde el centro urbano de Castro. Habitualmente despoblada, el 30 de agosto se celebra allí la multitudinaria Fiesta del Nazareno, de más de 240 años de antigüedad, con una procesión de la figura de Cristo. Es una pieza que data de 1778.


Otra fiesta similar tiene lugar durante el verano en Caguach. Este año acudieron doce mil personas a esa remota localidad, devotos procedentes de lugares como Dalcahue, Achao o Quellón. También viajeros y curiosos. La Fiesta del Nazareno retrata la dimensión y amplitud que alcanza la devoción popular en Chiloé.


Su iglesia es una de las 16 inscritas por la Unesco en la lista de Patrimonio de la Humanidad de hace 20 años. “Una mirada a futuro, pensando en la sostenibilidad de este patrimonio, es un desafío fundamental para el que ya estamos trabajando”, dice la historiadora Daniela Serra, de la Subsecretaría del Patrimonio, del Ministerio de las Culturas.


Imagen e imaginería


Ella es coordinadora de las últimas investigaciones efectuadas en Chiloé que han profundizado diversos aspectos de estos edificios. Un primer inventario, realizado entre 2018 y 2019, logró identificar y registrar 152 iglesias pertenecientes a la denominada Escuela Chilota de Arquitectura Religiosa en Madera. Y ahora, dos décadas después de esa declaratoria mundial, se inicia un nuevo estudio para proyectar el valor que representan esas 16 iglesias. Ya no solo en su calidad de inmuebles, sino también como puntos de referencia para las comunidades. Se hará a través de un segundo inventario: la Escuela Chilota de Imaginería.


“Se estudiarán y registrarán las figuras religiosas y las prácticas culturales asociadas a estos objetos, que son el puente directo con la comunidad: a través de ellas se mantienen vivas las tradiciones y el culto que se da desde la misión circular hasta la actualidad”, explica la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés. La existencia de las imágenes, aunque algunas han sido reemplazadas dada su antigüedad, muchas veces marcaron el inicio de la construcción de las iglesias. Son el símbolo físico de ese valor intangible que es la devoción.


“Cuando se inscribieron las 16 iglesias en el año 2000 aún no estaba completamente instalada la idea de patrimonio inmaterial. Se entendía el patrimonio como los objetos. Con este inventario se está actualizando esa dimensión”, agrega Serra.


Algunos de estos trabajos se están presentando al público en el nuevo portal ChiloePatrimonioMundial.gob.cl, que detalla el sitio patrimonial administrado por la Fundación de Iglesias Patrimoniales de Chiloé. “Nuestra apuesta para los próximos años serán las personas. En torno a las iglesias se desarrollan actividades religiosas y culturales verdaderamente únicas”, proyecta Alberto Larraín, vicepresidente de la fundación.


Desde noviembre, un equipo de historiadores, antropólogos y conservadores estudia la documentación preliminar, para iniciar las expediciones al archipiélago durante enero. Se abocarán a trabajar en esas 16 iglesias, la mayoría situada en sectores rurales y alejados. Pero no solo se abordarán las imágenes religiosas que circulaban por las islas ya desde el siglo XVII. El rol actual del devoto también es clave.


El inventario incluye entrevistas con esas familias y con quienes cumplen funciones formales en las iglesias: fiscales, patrones de capilla, patronos de imágenes, la cuidadora de llaves o el encargado de vestir al santo. “Buscamos profundizar sobre la relación de las comunidades con estos objetos devocionales, entendiendo que este tejido social es lo que posibilita su conservación y les da sentido a estas piezas y a los templos”, cierra la ministra.

domingo, octubre 25, 2020

Últimos emblemas musicales de la bohemia porteña recuerdan al Cinzano

 El Mercurio


José “Pollito” González, pianista titular del centenario bar que la semana pasada oficializó su cierre, y Lucy Briceño, la “primera dama” de la canción de Valparaíso, hablan de un espacio que para Ángel Parra, quien también tocó ahí, “es un lugar irrepetible”.

JOSÉ VÁSQUEZ


El cierre del Cinzano, oficializado la semana pasada, asestó otro duro golpe a la bohemia de Valparaíso. Un mazazo que diferentes actores culturales del puerto esperan que no sea el de gracia a una actividad en la ciudad que desde marzo, por la pandemia, ya no existe de día y menos de noche, cuando brillaba entre copas y la música en vivo, sobre todo en ese emblemático espacio de la Plaza Aníbal Pinto que la sintonizaba en directo y sin demasiadas escalas, desde el folclor al tango.


José “Pollito” González (86) recuerda momentos memorables en el bar, donde fue pieza inamovible junto a su piano, cuando en 1986 llegó a tocar ahí junto a la recordada Carmen Corena y su cuñado Augusto Díaz. De pronto comenzó a presentarse en doble turno ante una audiencia que al comienzo, dice, era principalmente universitaria, pero que con el paso del tiempo se fue abriendo a todo público.


“Cuando comenzó a funcionar el Congreso en Valparaíso empezaron a llegar senadores, diputados, médicos y hasta gente de la construcción… Cambió totalmente el ambiente”, cuenta el “Pollito”, último representante de esa generación dorada que tuvo el bar y que ya vio partir a los compañeros con los que empezó a tocar ahí.


El reconocido pianista, nombrado en 2016 “Hijo Ilustre de Valparaíso”, nació en un hogar donde sus padres en la década del 30, fueron cantantes de ópera, quienes le contaban las historias del Cinzano, que abrió en 1896 con una humilde entrada de tierra y donde los pescadores, relata, “después de estar toda la mañana en el agua, se iban ahí a tomar sus pencazos”.


El centenario bar tuvo varias vidas y en las últimas décadas se había transformado en paso obligado para los turistas que visitaban el puerto. “Cuando llegaban los barcos de paseo, todos se iban al bar”, cuenta Lucy Briceño (89), otra emblemática cantante, llamada “la primera dama de la canción porteña” y reconocida por el Gobierno en 2017 como “Tesoro Humano Vivo”.


“He cantado en varios países y el Cinzano es muy conocido. Cuando se nombra, siempre es señalado como algo extraordinario, tan de Valparaíso. Ha habido muchos locales, pero el Cinzano siempre se fue quedando, de generación en generación, por eso da tanta pena que algo así se termine aquí”, dice la intérprete que se presentó por última vez en 2009 en ese lugar.


Al bar lo visitaron desde estrellas internacionales, como Sting o Pedro Aznar, quien incluso en una ocasión terminó cantando improvisadamente ahí, hasta ídolos locales del fútbol, como Elías Figueroa. El bajista de Los Tres, Roberto “Titae” Lindl quiso plasmar toda esa mística que exponían sus músicos ahí y grabó junto a Corena, Manuel Fuentealba y el “Pollito” dos álbumes: “Una noche en el Cinzano” (2001) y “Otra noche en el Cinzano” (2007).


Ángel Parra, quien también participó en ese proyecto, cree que este bar “será un lugar irrepetible”. “Conocí a grandes músicos y tuve muchos momentos ahí que me emociona haber vivido, donde se escuchaba música chilena y se observaba a gente de todas las clases sociales y de los diferentes sectores políticos, eso era bien bonito de ver”, dice el guitarrista, quien lamenta el cierre de este espacio que dice, llega como otro síntoma de la crisis que vive el mundo cultural.


“La economía liberal, la propiedad privada y lo que ha pasado desde la vuelta a la democracia son culpables de perder gran parte del patrimonio que ya había sido destruido el 73”, afirma Parra, para quien la pérdida de este bar “destruye símbolos arraigados en la cultura de una ciudad muy musical y turística en complicidad con las autoridades”, dice sobre el abandono que ve en una ciudad como Valparaíso, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad.


La crisis social en el país y la pandemia del coronavirus solo vinieron a agudizar la crisis que ya vivía el Cinzano. En mayo del año pasado ya había cerrado temporalmente sus puertas por problemas con la patente de alcoholes y en los últimos meses, cuenta Lucy Briceño, “he sabido de varias demandas, porque los garzones tenían problemas con las imposiciones y sus sueldos”, dice la cantante, algo que se vio reflejado en una manifestación que hicieron sus trabajadores en abril pasado.


El alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, hizo un llamado a los empresarios de la ciudad para crear un fondo de apoyo al comercio local, una declaración de intenciones surgida tras la oficialización del cierre del Cinzano.


Su dueño, Pablo Varas, solicitó la liquidación de los bienes del establecimiento, iniciando un proceso que sepultará los 124 años de historia del bar más tradicional del puerto.

sábado, octubre 03, 2020

Restauran valiosa imagen de San Francisco de Curimón

 El Mercurio


La Fundación Lepe apoyó el trabajo en la escultura religiosa que data del siglo XVII, deteriorada por el paso de los años y malas intervenciones.

María Soledad Ramírez R.


“Traído del Callao en octubre de 1682” reza la etiqueta en la espalda de la figura de San Francisco de Asís, que cada 4 de octubre sale en procesión en el poblado de Curimón. Es una fiesta que tiene más de 100 años de existencia y la imagen que la preside es objeto de devoción para los curimoninos, quienes la acompañan en la caminata. Este año, la procesión no tendrá público, pero la imagen pasará por las calles para que sus fieles la saluden.


Estará más esplendorosa que nunca. A pesar de los contratiempos que produjo la pandemia —confinamientos e imposibilidad de viajar al lugar—, la imagen ya está restaurada, un proceso que se inició en febrero. Es un proyecto que financió la Fundación Lepe, que ha estado vinculada a Curimón en diferentes instancias.


“Nosotros identificamos que la realización de la Fiesta de San Francisco era una instancia colaborativa y comunitaria, que unía transversalmente a los vecinos y vecinas, y que la espiritualidad franciscana es un elemento identitario del curimonino más allá del aspecto devocional”, explica Natalia García-Huidobro, directora ejecutiva de Fundación Lepe. En ese contexto, agrega, decidieron llevar adelante el proyecto de restauración de la imagen, que presentaba problemas por su antigüedad y malas intervenciones anteriores.


“Se trata de una escultura de candelero y de vestir. Posee las manos y la cabeza policromada. Se caracteriza por tener máscara de plomo y ojos de vidrio. Sus dimensiones son 150 cm de alto, 70 cm de ancho y alrededor de 70 cm de profundidad”, describe la conservadora y restauradora Melissa Morales.


“La madera con la que están fabricadas las manos y la cabeza es probable que sea cedro, por sus características organolépticas. Por lo tanto, según los antecedentes históricos basados en la inscripción, podemos inferir que la data de su creación corresponde al siglo XVII”, explica la especialista. Estima que la imagen podría ser de la Escuela Quiteña, ya que esta existía desde el siglo XVI a cargo de la Orden Franciscana y la etiqueta entrega una fecha posterior a ese siglo.


Luego de diagnosticar la escultura y definir qué tipo de intervención se haría —“mínima intervención posible, compatibilidad de los materiales, máxima reversibilidad posible, y el respeto por su autenticidad e integridad”, señala Morales—, la restauradora procedió a estabilizar la estructura, consolidar los desprendimientos parciales de la máscara de plomo y fijar correctamente el nimbo (aureola). “En las manos presentaba problemas de intervenciones inadecuadas en la fijación de dedos fracturados y en la adhesión del atributo correspondiente a la Porciúncula”, explica, sobre la pequeña capilla que lleva la imagen en sus manos y que representa la capilla en donde vivió San Francisco en Asís. También hubo que trabajar sobre la policromía y hacer una limpieza generalizada.


El proyecto buscaba la participación de la comunidad en el trabajo de la vestimenta del santo, pero la pandemia impidió ese paso. “Pensamos retomar este trabajo con la comunidad cuando reunirse deje de ser un elemento de riesgo para la salud; invitar a hombres y mujeres que se animen a participar en lo que implica la consolidación del traje de San Francisco que presenta varios detalles textiles desprendidos o faltantes”, comenta García-Huidobro.


—¿Qué valor tiene esta imagen religiosa cuando la fiesta no se podrá celebrar como es habitual?


“La Fiesta de San Francisco y la espiritualidad franciscana cohesiona a la comunidad, fortalece sus vínculos y pone en valor la memoria colectiva en torno a esta festividad. La imagen es el símbolo de esos elementos, y tenemos la convicción de que una comunidad que cuenta con un tejido social fuerte es capaz de enfrentar de mejor manera momentos de crisis como el que vivimos”.


Así saldrá mañana en Curimón su San Francisco, que data de 1682. 


domingo, agosto 16, 2020

María Teresa Curaqueo: Símbolos en el arte textil Mapuche

La investigadora y artista con un poncho que perteneció a un lonco de su familia, don Nicolás Alcapan Nahuelpan.


El Mercurio

El valor antropológico y estético de los textiles mapuches —de origen precolombino— asombra. Y es esencial para saber más de esa rica cultura. Entrevistamos a una de las mayores expertas en ello.

Por CECILIA VALDÉS URRUTIA

En el Día Mundial de los Pueblos Indígenas, el lunes pasado, fue la cita virtual con la investigadora y artista de textil mapuche María Teresa Curaqueo Loncon. El tema que nos convocaba es uno de los más hermosos y profundos del pueblo mapuche: los textiles. Un arte de origen precolombino que conlleva creencias, prácticas e identidades de esa cultura, de la naturaleza y de sus familias. Todo ello expresado a través de una rica iconografía simbólica en sus trabajos, tanto en sus formas como en el uso de los colores.

“Esa simbología es como un libro de nuestra historia, pero que ha sido desmembrado”, cuenta la experta a “Artes y Letras”, desde Villarrica. Y reconoce que los textos de los investigadores están aún llenos de incertezas y errores. “Hay que saber nuestra lengua o contar con un excelente traductor para ello, lo que usualmente no sucede”, señala. Los signos y colores que surgen allí hablan de una visión profunda de la vida, la tierra, la sabiduría y los valores de esa cultura.

María Teresa Curaqueo Loncon —madre de cuatro hijos, descendiente de lonco— mantiene también en su arte textil un estricto apego a la tradición de su cultura. Y es requerida por museos. Mientras, en su tranquilo taller, en una hermosa zona rural de Villarrica (ajena a la violencia actual, más al norte), reúne telares, lanas y colores, que fabrica minuciosamente como sus ancestros.

Origen divino. Identidades familiares

El sitio arqueológico de Alboyanco, en Angol, fechado cercano a 1436 d.C., ratifica el origen precolombino del arte textil mapuche, gracias a los vestigios encontrados.

—¿Esos conocimientos se han ido traspasando por tradición oral?

“Sí, y ha sido a través de las generaciones. Pero son principalmente las mujeres las encargadas de transmitir a las hijas esa información de los textiles del grupo familiar y de sus ancestros. Es parte de la tradición”.

—¿La simbología parece ser clave?

“Es lo más importante. Tiene que ver con la identidad de cada familia, con su historia. Porque el mundo mapuche está integrado por muchas familias con un origen en común, y cada una usa un símbolo y se van añadiendo otros. La persona de una familia, al nacer, viene con un simbolismo que es de origen divino y que lo caracterizará. Los símbolos revelan y van explicando a cada linaje su carácter, tradiciones, creencias, el lugar de dónde son. Y el uso del soporte textil es valiosísimo para conservarlos”

—¿En esa simbología está la cosmología del mundo mapuche?

“Todos esos signos proceden de una escritura que no sabemos descifrar, porque se desmembró. Viene del origen del pueblo mapuche, de la tierra, de la naturaleza y de la dualidad. Nosotros tenemos mucha conciencia del lugar en que estamos, de la tierra misma, que está en movimiento”.

—¿Por qué el énfasis en lo geométrico?

“Se relaciona con la forma de contar, tiene que ver con la vida, con las familias que se van multiplicando. Ahí la figura del rombo es central: tiene muchas posibilidades, se forman muchas figuras y se pueden llevar a fases abstractas. Lo geométrico forma parte de nuestra tradición y representa cómo se va multiplicando la vida en la naturaleza”.

—¿Los signos permiten leer también hoy a qué familia pertenece una persona?

“En los Ngillatunes todavía se pueden leer. Lo sabemos mirando los símbolos, el color del poncho, del kipan (el vestido de la mujer) y la faja. Una determinada familia tiene un símbolo sobre el territorio de dónde procede. El color es esencial. El naranjo, por ejemplo, indica que es de zona lacustre (como Villarrica). En la costa se usa el poncho negro y blanco alusivo al mar, que toma un aspecto mágico. En la cordillera se usa mucho el azul. A través de los símbolos y composiciones de los textiles sabemos también sobre el poder del lonco, su estatus y linaje”.

Textiles sagrados. Los lamas

—Entre los textiles están las lama, que serían las más especiales y complejas de leer, los mantos sagrados.

“Es un textil de ofrenda, muy decorado, muy bello. También se usaba para sentarse, para los bebés y para dormir. La mayoría de las lama (palabra en lengua mapuche) se confecciona con signos complejos y también son usados como una ayuda memoria: se anotaba ahí la historia más personal de cada familia. Pero el mundo comercial ha terminado prácticamente con esa tradición”.

—¿Qué define a quién pertenece una determinada lama?

“La composición de los dibujos y el color van a configurar el significado sobre quién es la persona que lo usa: si es una mujer joven, la señora del lonco, la mujer que hace los remedios, la partera, la mujer que domina el arte de los teñidos, la que interpreta los sueños, la machi. El Museo Precolombino guarda un ejemplar de lama que tiene un rosado naranjo, esa es una lama de ofrenda, por la tonalidad y el trabajo de cómo está hecha. Otra lama es de un rosado con verde, naranjo y azul, que fue usado para recolectar hierbas medicinales. Los lamas de la mujer joven son más simples. En cambio, el textil de una experta tejedora es muy recargado en dibujos y siempre hay una cara roja y otra blanca; se trabaja con la oposición de colores y figuras”.

“El blanco es ausencia de divinidad”

—Los colores tienen un significado muy distinto al que muchos pensarían. ¿Qué representan el blanco y el negro?

“El color negro es la concentración de la vida. Pero es un negro distinto: tiene la profundidad del azul y es muy difícil de hacer. Representa la fuerza de la energía. El blanco es lo opuesto: es la ausencia divina. Lo evitamos. Usamos un blanco beige”.

—¿El amarillo es importante, como el azul, que parece ser esencial?

“El negro, el azul y el amarillo se usan como ritual. El amarillo representa toda la naturaleza viva como los árboles. Mientras el azul representa la conexión con los antepasados. El naranjo lo asociamos con el fruto maduro; es un naranjo étnico muy fuerte, muy bello. Mientras el rojo es muy profundo. El mundo mapuche lo fabrica con una técnica de teñido que marca una identidad única. El rojo es tan apreciado como el negro azulado. Tiene una carga medicinal. Su significado es ayudar a volver al equilibrio en la salud”.

—¿El color junto al diseño de la cruz cuadrada en el poncho mapuche indica que pertenece a un lonco?

“Sí y ambos son esenciales. Mientras más intenso es el color de la manta del lonco, es más importante. El teñido del color es clave. El otro factor es la cantidad de veces que aparece la cruz cuadrada en el manto del lonco. Mientras más veces está, es más importante. Esa cruz tiene un significado de sabiduría, es como una escalera ascendente del saber. Al mundo mapuche le interesa la sabiduría”.

—¿Y en las mujeres qué indumentaria y textiles destacan más su rango?

“El vestido, la faja de textil con diseño y sobre todo la platería que porta, además de las lama”.

—¿Qué sucede con la machi?

“Para una machi, el color rojo oscuro es mágico. Pero es una chamán y va más allá. Puede quebrar las reglas. He visto machis de verde y podrían usar, incluso, el color dorado. Se alejan de sus familias (y de sus símbolos). Se aíslan del mundo social”.

¡Al rescate!

—¿Dónde están hoy los textiles más valiosos, además de en algunas familias?

“En varios museos. El Museo de Arte Precolombino tiene una gran colección de mil piezas, muy bien guardada, pero no la han descifrado. Yo trabajé con unas cuantas de ellas. Poseen una colección de vestidos mapuches de azules étnicos. Tienen ponchos trabajados con una técnica muy depurada y una colección de fajas lindísimas. El Museo de Historia Natural posee ponchos muy hermosos. Y en Berlín hay ponchos y fajas muy antiguos. Otra colección muy importante está en el Museo de Branly, en París”.

—¿Y qué conserva hoy el poncho huaso de la cultura mapuche?

“El poncho huaso en su origen era una mezcla entre la cultura aimara, quechua, picunche y mapuche. Ahora, el chamanto huaso chileno no presenta los íconos mapuches”.

—Su arte textil sí rescata la tradición.

“¡Me apego completamente a la tradición! Voy hacia atrás. Es la forma de acercarse a mi cultura, una cultura enorme y con una tradición fascinante. Tiene una estética propia. Es la reina de la síntesis. He estado trabajando ahora con el Museo de Villarrica para una muestra con textiles sobre rituales con colores rosado, naranjo, figuras geométricas y mucho uso del rombo. Me preocupa demasiado cómo la sociedad se ha ido deshaciendo del desarrollo de esta belleza. Es como si a la Venus de Milo le fuéramos sacando pedacitos, por una mirada comercial, desprolija. Es una situación alarmante”.

Maku n (poncho) en proceso de tejido en telar con símbolos de la zona de Villarrica. Simbolizan enredaderas medicinales del bosque nativo.

Lama de mujer de uso en ceremonia de sanación, con signo lucero del amanecer, en positivo y negativo. Textil del Museo Precolombino.
Detalle de faja con figura de la planta del chilco usada durante la fertilidad. 

jueves, julio 30, 2020

Impacto generan últimos robos al Palacio de La Alhambra de Chile

El Mercurio

Consuelo Valdés, ministra de las Culturas, confirma que iniciarán acciones legales y que hoy se realizará una reunión con el Consejo de Monumentos Nacionales. Administradora del edificio denuncia que ya son seis hurtos durante la pandemia.
Maureen Lennon Zaninovic

Sin duda, es una de las joyas arquitectónicas de Chile. Inspiración fiel de La Alhambra de Granada, en España, este palacio morisco, una de las manifestaciones del esplendor chileno de mediados de 1800, fue obra del arquitecto Manuel Aldunate, quien viajó —a petición de la familia Ossa— a conocer en terreno el magnífico edificio construido por el reino Nazarí, entre los siglos XIII y XV. Tras un acucioso estudio, el profesional regresó a Santiago con planos y artesanos dispuestos a replicar la rica ornamentación y diseño de este inmueble de estilo nazarí-mudéjar.

Emplazado en la calle Compañía 1340, el edificio cuenta con varios hitos históricos: se lo considera la primera réplica del célebre Palacio de La Alhambra de Granada que se realizó en todo el mundo, y la única de América. Una historia, eso sí, que ha tenido momentos poco palaciegos. El inmueble que hoy alberga a la Sociedad Nacional de Bellas Artes ha sufrido varios embates: terremotos, inundaciones y terroríficas plagas de termitas. Una teleserie de nunca acabar y que ahora tiene a este Monumento Histórico, declarado como tal en 1973, como protagonista de otro lamentable episodio.

Ayer, el diario Las Últimas Noticias reveló que desde junio el edificio ha sido objeto de cuantiosos robos, cuyos montos ascenderían a más de $200 millones de pesos. El último botín, según consigna este medio de comunicación, sería de cuatro valiosas lámparas. Entre otros objetos y mobiliario, también se habrían destruido puertas patrimoniales, un piano original de principios de 1800 y un cuadro de Rafael Correa.

“Estamos impactados”, advierte Magaly Martínez, administradora del Palacio de La Alhambra. Y agrega que desde el inicio de la pandemia ya llevan seis robos. “Afortunadamente, nuestra colección de pintura está resguardada en otro lugar y no se la llevaron. Eso habría sido un daño mayor, porque contamos con obras de Juan Francisco González, de Pedro Lira, entre otros grandes maestros”, afirma. La profesional explica que el financiamiento del edificio proviene del aporte de los socios, de la realización de talleres y salones virtuales. “El dinero ha sido desde siempre delicado, sin aportes públicos y sin posibilidad de contar con vigilancia permanente. ¡Ojalá nos apoyen! Los chilenos no le han tomado el peso a esta joya patrimonial”, cierra.

Consuelo Valdés, ministra de las Culturas, comenta que se pusieron en contacto con la Subsecretaría del Interior para coordinar un refuerzo inmediato a la seguridad. “Además, y a través del Consejo de Monumentos Nacionales, hemos iniciado conversaciones con la administradora del palacio y hemos puesto a disposición al equipo técnico para hacer un diagnóstico de los puntos vulnerables. Hoy se realizará una visita en terreno”, señala la ministra. Y añade que con el área jurídica de la cartera “estamos evaluando los pasos legales a seguir y apoyar con asesoría para esclarecer el caso”.

Felipe Alessandri, alcalde de Santiago, afirma a “El Mercurio” que “no cabe duda de que estamos ante un robo por encargo, así que ojalá la fiscalía determine que sea la PDI la que investigue. Sorprende que, en pleno toque de queda, salgan impunes personas con estas lámparas, cuyo tamaño no es pequeño”.

El destacado restaurador Fernando Imas, fundador del Estudio Brügmann, no esconde su impacto. “Pensé que era una broma. Leí varias veces la noticia tratando de convencerme. ¡Terrible! En la televisión, por ejemplo, se lamentaban del precio de las lámparas. Da lo mismo que sean de oro o de plástico. Lo importante es lo que significa ese mobiliario. La pérdida patrimonial es invaluable”, concluye.

lunes, julio 27, 2020

“La Once Huacha”, para conversar de todo menos de la pandemia

El Mercurio

Diálogos sobre culturas y tradiciones chilenas, organizados por la Fundación Rectángulos de Agua.
Juan Rodríguez M.

Se toma once, no té; es una tradición que recorre todo Chile, de arriba abajo, de norte a sur. “¡Exactamente! Transversal, y cada región con sus particularidades. Por ejemplo, en el capítulo del bodegón hablamos de una once de verano en Los Vilos, con sandía y pescado”. Quien habla es la antropóloga Sonia Montecino, premio nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. Y de lo que habla es de “La hora de la Once Huacha”, una serie de encuentros virtuales, pero reales, para tomar once, que ha organizado la Fundación Rectángulos de Agua, de la que ella es directora.

“Son conversaciones con una diversidad de personas, sobre patrimonio, arte, sueños, cocinas, y temas que van surgiendo; nuestra idea es una mesa donde todos caben”, explica Montecino. “¡Y hablar de otras cosas que no sea la pandemia!”. “La idea nació por la necesidad de escuchar lo diverso y compartir una mesa de onces como parte de una tradición de acogida y diálogo íntimo”.

Los encuentros han sido los viernes, cada 15 días, a las 6 de la tarde. Pero desde agosto serán todas las semanas. El viernes pasado, la once fue con Gabriela García, alfarera de Quinchamalí. Este viernes, la antropóloga Alejandra Alvear y la propia Sonia Montecino conversarán sobre “patrimonios de Illapel y otras yerbas” con Julio Contreras, gestor cultural y estudioso de Illapel.

“La hora de la Once Huacha” comenzó a fines de junio, cuenta Montecino, hablando de “los solsticios, seguimos en julio con el bodegón de Los Vilos y el arte instintivo de Federico Lohse”. Los encuentros son grabados y se pueden ver a través de la cuenta de Facebook de la fundación (Facebook.com/FundacionRectangulosdeAgua). Ya tienen preparados nuevos temas: teatro callejero, cocinas transfronterizas de Perú y Chile, los sueños en Rapa Nui y significados de los sueños mapuche.

El día de cada estreno, las organizadoras están en línea respondiendo preguntas y comentarios de la audiencia. Todo es artesanal y autogestionado, dice Montecino; las ayuda el diseñador Juan Pablo Valenzuela. “Y se llama Once Huacha porque pensamos en una identidad culinaria y social”.

jueves, julio 16, 2020

Documentos judiciales dan cuenta del fervor por Virgen de La Tirana ya en 1820

El Mercurio

Investigadores rescataron documentos que permiten destacar la importancia del culto popular a comienzos del siglo XIX.
Davied Jaime y Mario Rojas


Todos los años, más de 300 mil personas llegan al pueblo de La Tirana, a 74 km al interior de Iquique, para venerar a la Virgen del Carmen. Y aunque este año la pandemia no permitió la realización de la fiesta religiosa más grande del norte, ese fervor popular ya se podía apreciar a principios del siglo XIX, de acuerdo a antecedentes revelados por un proyecto Fondecyt de los investigadores Luis Castro y Carolina Figueroa.

El estudio obtuvo antecedentes inéditos sobre el culto a la Virgen de La Tirana, que surgen de un juicio iniciado en octubre de 1820 por los hermanos Luis y Manuel Arias en contra de varios azogueros (trabajadores que dirigen las operaciones de la amalgamación en las minas) del Tamarugal, quienes buscaban retornar la virgen desde el Pozo de Santa Rosa, de propiedad de los Arias, al Pozo de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, donde había estado la imagen hasta 1815, cuando un terremoto destruyó la iglesia.

Esta información se obtuvo de las fojas de este juicio, cuyo expediente se encuentra en el archivo del Arzobispado de Arequipa. Según Luis Castro, académico de la Universidad de Tarapacá, se puede ver que la virgen y la devoción que tenían los mineros de la época ya era muy importante, como por ejemplo, que los hermanos Arias pagaron una cuantiosa suma para construir una nueva iglesia en un pozo de su propiedad, “lo que da cuenta del prestigio que otorgaba, no solo tener la mayordomía de una fiesta, sino también mantener la imagen de la virgen y las demás ornamentaciones de la iglesia”.

Según el archivo judicial, Luis Arias “con fecha 1 de junio de 1817 recurrió al gobernador capitular del obispado de Arequipa, Francisco Javier y Echeverría, a efecto de que le concediera licencia para edificar una nueva capilla, ya que la anterior en el Pozo del Carmen había sido destruida por el terremoto de 1815”, explica el investigador.

Al ser autorizado por el gobernador capitular, se convocó a los vecinos de la viceparroquia de los Pozos del Tamarugal José Morales, Juan de Dios Hidalgo y Luis Arias para que determinaran el mejor lugar para su construcción y financiaran las obras, la que recayó en el Pozo de Santa Rosa, de propiedad de los hermanos Arias. Estos desembolsaron de su pecunio $1.350 para construir una iglesia de 32 varas de largo y siete de ancho (30 metros de largo por ocho metros de ancho), contando con bautisterio, sacristía y cementerio.

Castro explica que si bien este litigio da cuenta de una mayordomía, que quedó a cargo del azoguero Juan de Dios Hidalgo, “no existen antecedentes históricos que hablen de una fiesta como la actual, que es muy posterior (siglo XX), pero sí había ya una celebración. Incluso existen antecedentes de que la fiesta se hacía en diciembre. Luego, con la chilenización a inicios del siglo XX, queda establecida en julio”.

Los investigadores también establecieron que “hubo al menos cuatro templos donde se ha rendido culto a la Virgen del Carmen: en el Pozo el Carmelo, el Pozo de Santa Rosa, en un mejorado templo en el Carmelo y, posteriormente, en el actual, luego del incendio de 1866”, explicó Castro.

Misas, vía online y radios
La Misa de Víspera (del 16 de julio) fue transmitida anoche desde el templo de La Tirana por plataformas digitales. Por ello, a la distancia, los devotos y caporales de bailes religiosos se conectaron a través de Zoom, para seguir la prédica del obispo Guillermo Vera. Hoy, al mediodía, se replicará el proceso con la misa del Día de la Virgen.

Vera destacó que “se ha tomado con mucha responsabilidad el tema de la restricción y como resultado vemos casas arregladas y calles con banderines. El pueblo mariano ha sido muy prudente con la pandemia”.

En Iquique, las transmisiones online del arzobispado comenzaron el 10 de julio pasado. Esa modalidad se ha replicado en otros obispados del país, con miras a la conmemoración del Día de la Virgen del Carmen y también se han diversificado las plataformas, incluyendo a las radios.

En Arica, el obispo Moisés Atisha señaló que “la mejor manera de honrar a María es quedándonos en nuestros hogares, que comprometamos todo nuestro esfuerzo para contener el avance del coronavirus”.

En Pelarco, a 26 km de Talca, la fiesta mariana reunía a 30 mil personas, que no llegarán este año por la pandemia. Por ello, el alcalde Bernardo Vásquez explicó que “todos los actos religiosos se transmitirán por todos los medios (internet y radios)”.

domingo, julio 12, 2020

Recuerdos de La Tirana: La gran fiesta popular del norte



El Mercurio

La pandemia de covid-19 obligó a suspender la celebración más emblemática del mundo andino en Chile. Sin embargo, el fervor popular no disminuye. Historiadores, documentalistas, fotógrafos y también participantes explican por qué La Tirana seguirá firme en el corazón de los nortinos. Por Sebastián Montalva Wainer.


El gran viaje existencial

Por Rolando Báez, curador de arte, especializado en cultura visual andina colonial.

“No tengo recuerdos de la primera vez que fui a La Tirana. Soy iquiqueño y he ido toda mi vida. Esta fiesta es parte del calendario vital de la zona norte. Un espacio en el cual el tiempo se detiene y que está incorporado a nuestras prácticas cotidianas. Si no es La Tirana, son las otras fiestas patronales que ocurren en estos días: la de San Lorenzo en Tarapacá, la de San Santiago de Macaya. Estas fiestas son ejes de identidad, la cual se construye desde la devoción popular. En ellas, las comunidades se vuelven a encontrar; durante un tiempo practican una serie de actividades en conjunto —comer, beber, bailar— y después se vuelven a encontrar al año siguiente. Es un ciclo. En el caso de La Tirana, los promeseros salen de Iquique, donde realizan el primer baile, se despiden de la ciudad y suben al pueblo. Luego, antes de volver, bailan nuevamente. Es un viaje existencial que se realiza para encontrar a la divinidad, y cuando vuelves ya no eres el mismo. Ese es el sentido místico de la fiesta: vas en busca de una respuesta. Por eso llega gente de todos lados. El sujeto se transforma a partir de ese momento, y eso se va repitiendo año a año. Es muy bonito.

“Es una situación que no se cree. Un pueblo de 100 personas de pronto recibe a más de 200 mil, con bailes en todos lados y un despliegue de colores impresionante. Como curador de arte, ese es para mí uno de los elementos más interesantes: el barroquismo que tiene la fiesta, el exceso visual, los trajes de los danzantes. Está todo lleno de información, no hay espacios en blanco.

“Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, estas fiestas comenzaron a ser vistas como manifestaciones muy paganas, y la Iglesia empezó a intentar tomar el control. En el proceso de chilenización, lo que se trató de hacer un poco fue disciplinar estos espacios, cosa que nunca ha resultado, porque esta fiesta es desborde en sí misma. Son celebraciones en las que está incluido el cuerpo, la sexualidad, el baile. La vida se celebra con exceso. Eso es muy propio del mundo andino.

“La fiesta ha cambiado en algunos aspectos. De niño, me acuerdo que me impactaba mucho la gente que llegaba de rodillas al templo; eso quizás ya no se ve tanto. Creo que la forma ha ido cambiando, pero el contenido no: sigue siendo un rito que se conserva desde tiempos prehispánicos. Uno tiende a pensar que las prácticas tradicionales son inmóviles, que no cambian, pero eso no es así: el mundo popular cambia sus formas, se adapta, siempre sobrevive, a pesar de los contextos que se le pueden estar dando. Esta no es la primera vez que no se celebra La Tirana, así que los promeseros tendrán que esperar hasta el próximo año. Pero la fiesta va a seguir eternamente. Son espacios que le dan sentido a la comunidad”.

Tras la identidad del norte

Por Omar Villegas, realizador audiovisual de UAntofTV y director del documental Diablos Rojos: Danza al compás del corazón.

“La Tirana es una fiesta muy arraigada en nuestra cultura. Es como una fuerza telúrica que mueve a toda la gente a cruzar el desierto más árido del planeta y llegar a un pueblito chiquitito, donde hay pocas comodidades, para juntarse con 200 mil personas más.

“Soy antofagastino y fui por primera vez con unos vecinos. Tendría unos 12 años. En ese tiempo, me acuerdo que la explanada frente al Santuario —que ahora es de cemento— era un tierral. Entonces el polvo que había ahí era enorme, todos bailando, saltando con una energía que fue impresionante para mí. Al principio, yo no me explicaba por qué tanto sacrificio, tanto fervor, pero luego lo fui entendiendo. Hasta yo he hecho la caminata de 15 kilómetros desde la Ruta 5 hasta el pueblo, y una vez incluso acompañé tocando platillos a una banda: nos tocó a las tres de la mañana, con un frío tremendo. Fue una gran experiencia.

“Voy todos los años a La Tirana. Es un alto que se hace en medio del ajetreo de todos los días, un momento de descanso donde nos volvemos a encontrar. Es impresionante la energía que se produce el día 15 en la noche, se espera al alba en las afueras de la iglesia y se juntan miles de personas a cantar, rezar. Es la manifestación de la religiosidad popular.

“El clero ha tratado de tomar la fiesta e imponer algunas reglas, como que no tiren fuegos artificiales, y de hecho, hace poco había algunos curas que reclamaban porque las bailarinas tenían la falda muy corta. Pero esta fiesta existe desde antes de la Iglesia. Hay bailes religiosos que han desaparecido, otros que van cambiando y también han aparecen nuevos, ya que tenemos mucha influencia de países vecinos, como Bolivia. Pero hay otros bailes, como el de los Diablos Rojos, del que trata mi documental (disponible en YouTube), que son de Tarapacá. Ellos acompañaban a una cofradía más grande: eran los figurines que iban correteando a la gente con un tridente para que no se acercara y entorpeciera el trabajo de los bailarines. Fueron despareciendo con el tiempo, pero luego reaparecieron. Ellos bailan al compás del corazón, no del bombo, y tienen conexión directa con la virgen, no necesitan que la Iglesia esté entre medio para adorarla. Cualquiera puede ser diablo rojo: yo estoy que me pongo una máscara y me tiro a bailar, a mis 71 años.

“A pesar del modernismo y la tecnología, celebraciones como La Tirana se siguen transmitiendo de generación en generación. Es lamentable que este año no se realice. Va a ser una pérdida enorme para los promeseros, los comerciantes —es impresionante la cantidad de cosas que se venden—, la municipalidad, el obispado, para todos. Por fuerza mayor, habrá que parar. Pero se seguirá realizando, porque es una tradición”.

Retratos patrimoniales

Por Andrés Figueroa, fotógrafo y autor del libro Bailarines del Desierto.

“Durante diez años estuve viajando y fotografiando cuatro de las fiestas más importantes del norte: San Lorenzo de Tarapacá, Ayquina, la Virgen de las Peñas en Arica y La Tirana. Mi idea era hacer una serie de retratos de los bailarines de estas fiestas, en los cuales pudiéramos conectarnos con las personas, los paisajes y los territorios que habitan. El resultado fue Bailarines del Desierto, que publiqué en 2017 (disponible en la web AndresFigueroa.cl/bailarinesdeldesierto; son las fotos que ilustran este artículo).

“Soy santiaguino, pero La Tirana siempre me interesó, porque tenía unas tías que iban y me hablaban de cómo era. Así que fui por primera en 2008 y aluciné con todo lo que encontré, una diversidad increíble de bailes e influencias culturales.

“Mi experiencia siempre fue vivir la fiesta completa. Si uno va por uno o dos días, no logra dimensionarla. El día ‘D', que es el 16 de julio, realmente se repleta. Es muy caótico, y creo se esconde un poco la magia y la belleza. Pero si uno va al menos una semana y aloja ahí mismo, siento que puedes entender más lo que ahí ocurre, que es un viaje místico comunitario.

“Desde la primera vez que fui hubo algunos cambios. Se pavimentaron las calles, el pueblo se iluminó. Comparada con las otras fiestas, La Tirana está más urbanizada, ocurre en una planicie, mientras que las otras son en ambientes más rurales, en quebradas. Es la más masiva, además. Es algo difícil de explicar cuando uno no está ahí y no se vive entera. Más allá del cliché del fervor religioso, lo que realmente pasa allí es que te das cuenta de que las personas logran una conexión directa con la divinidad.

“Esta es una fiesta del pueblo, no de la élite. Una fiesta mestiza, comunitaria, muy familiar: participan desde guaguas hasta abuelitos. La gente baila por manda: conversando con personas, me decían ‘yo bailo porque a mi hijo lo balearon, hice la manda y se sanó'; y también lo hacen pidiendo por su salud, por su bienestar, por su trabajo. Han estructurado su vida en torno a este ciclo, y lo preparan todo el año: tienen que juntar recursos para los trajes, para pagar la banda. Por eso es muy duro y triste para ellos que no se realice. Yo creo que su esperanza de bienestar está basada en la fiesta”.

La influencia pampina

Por Carlos Toloza Sánchez, historiador y coproductor del documental Los Peregrinos de la Pampa.

“He investigado la relación de la cultura pampina con esta fiesta. Cuando las oficinas salitreras cerraron paulatinamente, hasta mediados del siglo XX, la gran mayoría de los trabajadores pampinos no migraron solamente a Iquique, sino que muchos se fueron a otras ciudades del norte. A pesar de su éxodo, siempre regresaron a venerar a la Virgen del Carmen, su ‘Chinita del Tamarugal'. Si bien la oficina salitrera se diluyó, la religiosidad aún se mantiene. Además, muchas de las personas que comenzaron a poblar oficinas por aquel entonces, como María Elena, era gente que llegó desde Tarapacá, como sucedió con mi abuelo, que era iquiqueño y migró a Tocopilla.

“En tiempos de mi abuelo existía el Ferrocarril Longitudinal, que era el medio que movilizaba y acercaba a todas estas localidades con La Tirana. Ir a esta fiesta era una peregrinación. Por tradición, la mayoría de las familias han participado en esta convocatoria y conformaron una cofradía que busca generar ese viaje. Por eso, aseveramos muchos investigadores, esta es la experiencia de la comunidad, del barrio, de la oficina salitrera.

“En el documental contamos esa historia (disponible en YouTube). Por ejemplo, mucha gente que trabajaba en la oficina Pedro de Valdivia, que cerró en 1995, migró a Antofagasta, pero su asociación religiosa continúa hasta hoy. Es muy nutrida, muy vigorosa. Se asientan en el sector norte de Antofagasta y han transmitido esta tradición en sus familias. Hoy son grupos grandes y se presentan como Asociación Pedro de Valdivia: los músicos y bailarines son los hijos o nietos de los obreros que trabajaron en esa oficina.

“Yo he ido a la fiesta toda mi vida. Las únicas veces que no fui fue cuando se suspendió en 1991 y 2009. Cuando niño uno va solo por acompañar, pero al crecer vas entendiendo lo que significa y comienzas a vincularte con esta religiosidad popular. No sé qué va a pasar con los peregrinos. Sin embargo, con la crisis sanitaria la gente entendió que no se podrá ir. Aunque quieran, tendrán que esperar”.

La fiesta virtual

Si bien el Santuario se encuentra cerrado, para la fiesta se transmitirán misas grabadas (el 15 de julio a las 22 horas y el 16 a mediodía), a través del canal de YouTube IglesiaDeIquique y el Facebook @ObispadoIqq. Además, habrá algunas actividades virtuales: en la página de Facebook de la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso, de lunes a miércoles hasta el 31 de julio compartirán material bibliográfico, videos y manualidades relacionadas con las fiestas populares. Además, el sitio Memorias del Siglo XX, del Archivo Nacional de Chile, abrió la convocatoria La Tirana y San Lorenzo: nuestras fiestas, nuestra memoria, nuestro patrimonio. La idea es que la ciudadanía —y en especial, los diversos actores de las fiestas— comparta una reproducción digital de algún documento relativo a estos eventos (foto, carta, video, relatos). La recepción se realizará a través de la sección “Colabora” del sitio web Memorias del Siglo XX. (más info al e-mail: memoriasdelsigloxx@archivonacional.gob.cl).

viernes, julio 03, 2020

Un tótem cultural: la isla Mocha de borde a borde

El Mercurio

Mitos, relatos, cuentos, leyendas , geografías y vida de colonos se reúnen en esta investigación encabezada por el antropólogo Iván Pérez Muñoz, que el Ministerio de las Culturas lanza hoy.
IÑIGO DÍAZ

El dibujante Gonzalo Martínez y el guionista Francisco Ortega ganaron en 2013 el premio Marta Brunet por la novela gráfica “Mocha Dick”, en la que recogían la leyenda de la ballena blanca que inspiró la universal “Moby Dick” de Melville. Su nombre, como la bautizaron los mapuche lafkenche, proviene de esa comarca oceánica en Arauco por donde transitaba año a año “la madre de todas las ballenas”.

Y es una historia grande que rodea el entorno de la isla Mocha, allí frente de Tirúa. Pero no es la única, ni mucho menos. Un amplio reporte de mitos y leyendas concernientes a este territorio que proceden de tiempos ancestrales se expone en el libro “Isla Mocha”, una investigación realizada por el antropólogo del Biobío Iván Pérez Muñoz.

Su elaboración involucró a otros especialistas y a colonos informantes, que fueron en busca de un relato íntegro para la isla: desde las leyendas originarias hasta testimonios contemporáneos, su historiografía, su geografía y su vida allí con los actuales habitantes en torno a las economías de la pesca, la agricultura y el turismo de interés.

“La isla Mocha es un tótem cultural”, analoga Iván Pérez Muñoz. “La relación con el mar y la navegación es siempre principal. Uno de los mitos mayores es el ritual del paso final de la vida, es decir, de la muerte a otra vida. La jueza divina Trempülkawe es quien permite o no ese tránsito de las almas a la isla. Para los lafkenche, Mocha es una escalera al paraíso Wenumapu. Pero si Trempülkawe no permitía el paso, hacía naufragar el wampo (canoa) donde trasladaba el alma”, agrega.

Encargado por el Ministerio de las Culturas, “Isla Mocha. Selección de mitos, relatos, cuentos y leyendas” se lanza hoy al mediodía, en una transmisión vía Zoom a través de la cuenta Facebook Live del ministerio. Provisoriamente se encontrará en formato digital, a la espera de su impresión cuando finalice la emergencia.

“El libro ya está en la Biblioteca Pública Digital. Pone en valor la cultura de un territorio insular poco explorado y cuya riqueza reside en esos relatos, leyendas y testimonios que se recogen. Es un ejemplo de la descentralización en la producción de contenidos culturales y su acceso”, apunta la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés.

Otros mitos recogidos por la investigación son el Killchenmayeo, espacio donde moran por un año las almas desencarnadas, y el bosque encantado de la isla con su arrayán colorado de 600 años. “No podemos ocultar la historia, porque ella no comienza con nosotros”, dice Pérez Muñoz para recordar la expulsión de los lafkenche de la isla en 1690, acusados por los españoles de colaborar con los corsarios ingleses.

Esa historia considera el largo siglo y medio que Mocha permaneció deshabitada hasta que empresarios se instalaron allí y luego que el Estado tomó control legal en 1929, lo que posibilitó la llegada de los primeros colonos. Hoy existen 680, de tres generaciones, y entre ellos el nombre del lobero Ricardo Hoppe aparece como el más antiguo. Su relato encabeza la gran diversidad de testimonios que reúne el libro.

Iván Pérez concluye: “En Mocha los hombres extr