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sábado, noviembre 26, 2022

El lento pero seguro retorno del público a los teatros

 El Mercurio


Si bien la inseguridad de la ciudad sigue siendo un factor en contra, los directores de los escenarios adelantan que están llegando a los números previos a la pandemia y, entre otras estrategias, cuentan con oferta al aire libre y precios populares.

Maureen Lennon Zaninovic

Noviembre se ha denominado el “mes de los públicos” y los principales escenarios capitalinos están ofreciendo promociones, tentadores descuentos e incluso se sumaron a la vorágine del Black Friday. Y es que el retorno a las cifras de asistencia anteriores a la pandemia se ha ido logrando sostenidamente.


Para Javier Ibacache, crítico y programador de artes escénicas especializado en desarrollo de públicos, la preocupación por las audiencias es una inquietud transversal en todo el mundo, sobre todo tras la pandemia. Y cita dos hechos relevantes: en octubre se realizó en Barcelona el Primer Congreso Internacional de Espectadores, y que terminó en un manifiesto, y en noviembre se ha puesto en marcha la Red Latinoamericana para el Desarrollo de Públicos RedLAP, que reúne a profesionales que vienen trabajando el tema.


“Esto se añade a los estudios de seguimiento de públicos hechos en Estados Unidos y UK desde 2020 y hasta 2022 que alertaban de que alrededor de un 30% de quienes asistían a los espacios culturales dejarían de hacerlo tras la pandemia, como consecuencia de diversos factores, y que emergería un nuevo público socializado preferentemente en entornos digitales, con una asistencia más volátil a las actividades presenciales”, expresa el experto.


Ibacache afirma que cuando se analizan tendencias en grandes centros urbanos se observan factores en común, como que las salas de cine han resentido la disminución de espectadores “como consecuencia del streaming hogareño; los grandes espectáculos (recitales, musicales) conservan e incrementan su convocatoria y las artes presenciales muestran una tendencia dispar”, manifiesta.


Recuperar viernes


Paula Vergara, quien está a cargo de la unidad de públicos y territorios del Ministerio de las Culturas, considera que si bien los públicos más fidelizados de las organizaciones culturales eran quienes tenían una mayor predisposición a regresar con la reapertura, “es preciso tener en consideración que hablamos justamente de una mayor predisposición y no de un comportamiento asegurado. Por tanto, hay que trabajar para que esta predisposición se vaya transformando en un comportamiento real”, aclara.


Desde hace meses, Diego Matte, director del Centro de Extensión Artístico y Cultural de la Universidad de Chile, ha venido apostando por que sus cuerpos estables regresen a su escenario, emplazado en la llamada “zona cero”. El ejecutivo comenta a “El Mercurio” que este año incluso se atrevió a programar un concierto de música de películas el viernes. “Después de tres años volvimos a tocar ese día. ¡Fue muy emocionante! Nos fue muy bien en convocatoria. Hemos puesto todo nuestro esfuerzo para no parar y ofrecer cada vez mayores espectáculos”. Diego Matte agrega “que ha sido un trabajo lento, pero nos ha rendido frutos. En un momento fue angustiante, pero ahora el poder realizar dos conciertos por semana nos da mayor viabilidad financiera”.


Por su parte, Felipe Mella, director del Centro Gabriela Mistral (GAM), señala que se están acercando a las cifras que tuvieron previo a la pandemia y el estallido social. “Con respecto al 2019, estamos con un 57% de ocupación de salas. En tiempo normal tenemos alrededor de un 75%”, explica. Añade que “hemos reforzado nuestra actividad al aire libre, en espacios abiertos y con entrada gratuita para ‘enganchar' a la gente, generando instancias acogedoras. Desde septiembre estamos programando los viernes, porque detectamos que ese día afortunadamente no está pasando nada grave que afecte la seguridad de los asistentes”. También afirma que ha sido clave la implementación “de precios populares. Eso es fundamental”.


Durante estos días, como parte del “mes de los públicos”, el Municipal de Santiago está ofreciendo un 20% de descuento en la compra del programa del Ballet de Santiago: “Trilogía” (más información en www.municipal.cl). Carmen Gloria Larenas, directora general de este histórico escenario, adelanta que en este retorno a la presencialidad apareció un público nuevo, gracias al trabajo digital que realizaron en pandemia. “Entramos al centro de familias diversas, con una gran necesidad por disfrutar nuestra propuesta artística. Y ahí está la explicación de ese 54% de público nuevo que ha llegado a la fecha, una cifra que ratifica que los espacios culturales son para todas las personas”, dice. Para Larenas, si bien estamos ante una gran noticia, la proyección y desarrollo del Teatro Municipal depende de que ambos públicos vengan. “Por un lado, los públicos históricos son un pilar del teatro; conocen nuestra historia, la vivieron y la comparten. Su conocimiento es alto, son públicos muy opinantes. Y también son importantes los públicos nuevos”, señala.


Jorge Andrés González, director de la Fundación Cultural de Providencia, comenta con satisfacción que los abonos para las proyecciones de las óperas y ballet del Royal Opera House de Londres “están todos vendidos. Quedan muy pocas localidades disponibles en el Teatro Oriente. También ha sido furor la cartelera familiar. Tanto fue que tuvimos que crear un estacionamiento especial para coches”, manifiesta. Otros eventos destacados del año incluyen a la escritora Alice Kellen, donde “tuvimos kilómetros y kilómetros de colas de jóvenes que querían escucharla. Esta apuesta literaria ha sido muy exitosa”, agrega González.


En la otra cara de la moneda, Christian Ramírez, crítico de cine de “El Mercurio”, lamenta la “crisis de las multisalas. Estamos en un punto donde los grandes cines van a tener que ingeniárselas y crear eventos para que la gente salga de sus casas. Parece un contrasentido, pero hay que hacer que la gente vaya al cine no solo para ver una película”.

martes, diciembre 01, 2020

Clásicos del Teatro UC están disponibles gratis para el público

 El Mercurio


“Theo y Vicente cegados por el sol”, “Esperando a Godot” y “Sarah Bernhardt” se pueden ver en la plataforma Escenix.

MARIO VALLE


Fueron un éxito de público y crítica cuando se presentaron y desde ayer estas obras pueden verse en forma gratuita en la plataforma Escenix.cl.


Son los registros de los montajes del Teatro UC “Esperando a Godot” (1994), “Theo y Vicente cegados por el sol” (1990) y “Sarah Bernhardt” (1984).


Es una iniciativa conjunta de Escenix con el Archivo de la Escena Teatral de la Escuela de Teatro UC. El lanzamiento lo hicieron ayer Ramón Núñez, Héctor Noguera, Alfredo Castro y Ramón López, quienes participaron en estas piezas.


“En tiempos de pandemia este es un regalo maravilloso que se hace para que la gente pueda ver el teatro que se hacía en la Universidad Católica”, dice a “El Mercurio” el actor Ramón Núñez, quien formó parte de los elencos de las tres obras.


Según explica, siempre se hacían registros a tres cámaras de los montajes, por lo cual espera que esta iniciativa incluya luego otros. De estos tres, precisa que el de “Sarah Bernhardt” fue el más profesional, ya que se encargó a la cineasta Tatiana Gaviola y se hizo en un día, mientras que los otros dos fueron grabados desde una función.


Núñez precisa que es una coincidencia que él participe en los tres, ya que en esos años estuvo siempre actuando y dirigiendo. El actor hoy se dedica solo a la docencia.


“Esperando a Godot”, de Samuel Beckett, la dirigió Mauricio Pesutic y en su elenco estuvieron Arnaldo Berríos, Eduardo Barril y Núñez, entre otros.


“Theo y Vicente cegados por el sol”, que tuvo cuatro temporadas, es una adaptación del texto de Jean Menaud dirigida por Alfredo Castro y protagonizada por Núñez y Héctor Noguera.


“Sarah Bernhardt”, que estuvo dos años en escena, es una producción basada en el texto de John Murrell, que dirigió Eugenio Guzmán con Silvia Piñeiro en el rol de la mítica actriz y Núñez como Georges Pitoue, su secretario.


Gabriela Aguilera, directora artística del Teatro UC, señala que es un patrimonio “que necesitamos compartir”.


En tanto, la actriz Patricia Rivadeneira, fundadora de Escenix, plantea que espera que este ciclo “lleve a todos los rincones estos registros emblemáticos”.

viernes, noviembre 06, 2020

La música vuelve a unir a María Izquierdo y Elvira López

 El Mercurio


Referentes del teatro sonoro, las actrices vuelven a trabajar juntas (esta vez con el músico Cristián Molina) en una lectura musicalizada de “Historia de un perro llamado Leal”, del recientemente fallecido escritor chileno Luis Sepúlveda. La obra se puede ver hoy y mañana, gratis, en el festival Puerto de Ideas Valparaíso. Por Michelle Martínez Collipal


María Izquierdo, reconocida y premiada actriz, dramaturga, guionista y productora, dice que el mayor desafío durante estos meses de confinamiento ha sido trabajar la paciencia. Con el término de las cuarentenas en Santiago, la actriz puede vislumbrar un regreso a lo presencial para el teatro, pero aún siente que está “pisando huevos”.


—Ni siquiera ahora hemos sido capaces de situarnos en el formato virtual. Sí, será una obra online, pero para nosotras será algo en vivo. El equipo técnico será nuestro público presencial —dice, entre risas, sobre la obra que estrena hoy junto a la reconocida actriz y compositora Elvira López.


Se trata de “Historia de un perro llamado Leal”, lectura musicalizada que transmitirán hoy a las 11 hrs. y mañana a las 12:30 horas, gratis, en el sitio web de Puerto de Ideas, festival que se realiza de forma online hasta el 9 de noviembre. Producida por Teatro del Canto y Teatro UC, la pieza toma el texto del fallecido escritor chileno Luis Sepúlveda, sobre un pastor alemán y sus vivencias junto al pueblo mapuche, en la Región de La Araucanía, y contará con el músico Cristián Molina.


Pese a que la obra es virtual, las actrices cuentan que les fue imposible no reunirse de manera presencial.


—La María vive en una parte que tiene mucho espacio libre, entonces nos hemos juntado. Al principio estructuramos todo a distancia, separamos el texto por capítulos, y cada uno tuvo que componer una canción. Después, cuando ya teníamos el material propuesto, ahí se hizo imprescindible juntarnos, porque teníamos que hacer la puesta en escena, que es muy sutil, hay muchas búsquedas de timbres y combinaciones de formatos. Y eso es imposible construirlo a través de Zoom, por la calidad del audio —dice Elvira.


—Hemos ensayado con mascarillas, con distancia suficiente, ventilando la sala, con alcohol gel y jabón, tomando todos los resguardos, pero en vivo —apunta María.


Una voz inmortal


María Izquierdo y Elvira López llevan 18 años trabajando juntas. Luego de haber coincidido a fines de los 90 en un montaje de Ramón Griffero, formaron la compañía Teatro del Canto junto a Cristián Molina y Gabriela González, que ha estado detrás de elogiadas producciones con énfasis en el diseño sonoro, como “Los ojos rotos” (2002) y “Las cosas que nunca tuve” (2015), basada en poemas de Gabriela Mistral.


Esta es la segunda vez que las actrices trabajan con un texto de Sepúlveda, tras haber estrenado en 2015 una adaptación musicalizada de su fábula “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”, sobre una conmovedora amistad entre estos dos animales. Ahí, ambas actrices relataban el texto al público de forma lúdica, mezclando voz, sonidos de ambiente y música en vivo. El crítico Pedro Labra lo describió como un trabajo que “logra capturar la magia, poesía, ternura y risible extravagancia presentes en la fábula”.


—Fue increíble habernos encontrado con “Historia de una gaviota” en la búsqueda de un formato y de un teatro que se cuenta a través de la sonoridad, y que apela a un espectro súper amplio de públicos. Sentimos muy cercana la prosa poética de Luis Sepúlveda —cuenta Elvira López, y dice que el escritor vino a Chile cuando estrenaron la obra en el Teatro UC.


—Tuvimos un encuentro muy fraterno, y quedamos muy ligadas a su trabajo afectivamente —recuerda la actriz.


Tras el fallecimiento de Luis Sepúlveda en España en abril pasado, a causa de covid-19, las actrices liberaron la presentación de “Historia de una gaviota” en formato de audiolibro, a modo de homenaje. Eso los llevó a reencontrarse con su obra.


—Estamos en sintonía con “Historia de una gaviota”, considerando que estos personajes contienen un espíritu diferente, porque esta es la historia de un perro narrada en primera persona. Un pastor alemán criado en una comunidad mapuche. Además, Luis Sepúlveda honra a su tío abuelo Ignacio Kallfukurá, quien contaba historias en el wallmapu —dice María Izquierdo.


La puesta en escena consideró la creación y el diseño de sonoridades que evocan al territorio mapuche. Este trabajo está a cargo de Cristián Molina y Elvira López, mientras que María Izquierdo interpreta al perro.


—Esta obra es súper diferente en términos de contexto y de contenido, pero similar en el lugar desde donde habla, que es a través de los animales, algo que nos parece maravilloso —dice Elvira.


Si las condiciones sanitarias lo permitan, esta primera parte culminaría más adelante con un montaje en el escenario del Teatro UC.


—Es raro cuando estás actuando y por el otro lado no hay nada, pero interpretativamente es uno de los más grandes desafíos –agrega Elvira sobre actuar en estos tiempos de virtualidad. Y María, inspirada, reflexiona sobre la importancia del motaje:


—En nuestras voces Luis es inmortal y en sus palabras nosotras somos alas.

domingo, junio 11, 2000

Crisis de Espacio



El Mercurio

 En los últimos años, la escasez de salas teatrales institucionalizó el uso de lugares destinados originalmente para otros fines. No se trata de una opción ética o estética, y las consecuencias de su precariedad afectan muchos de los espectáculos presentados allí.

Por Juan Andrés Piña

Hace un par de meses, la publicidad de una obra de la compañía Gran Circo Teatro recordaba al público que asistiera a las funciones en la sala Casa Amarilla provistos de una frazada y almohadón. Simultáneamente, las noches en que se exhibía "Los bufones de Shakespeare", en el Teatro del Puente, sobre el río Mapocho, había una introducción ritual de la presentadora: 'No se alarmen si el puente se mueve: es normal". Y hace pocas semanas, un crítico teatral advertía al grupo La Memoria que el montaje de "Patas de perro" sólo podía ser visto completamente por la primera fila, debido a las especiales condiciones de la sala Galpón 7.

Las anteriores son sólo algunas señales de una crisis que el teatro chileno -o al menos santiaguino- arrastra en los últimos años: la escasez de salas que ofrezcan a actores y espectadores ciertas condiciones básicas de comodidad y eficiencia. Es posible que para un público juvenil -hasta de 25 años, digamos- los espacios en que han presenciado montajes teatrales les resulten comunes y corrientes, la normalidad. Es decir, básicamente sitios con problemas acústicos, de a ratos dificultosa iluminación, excesivamente amplios o severamente estrechos, quizá en los extramuros de la ciudad y donde ellos, como espectadores, debían trepar a lo alto de precarias graderías para alcanzar unos ásperos asientos, en los cuales espaldas de unos convivían íntimamente con rodillas de otros durante la función.  Habitualmente asfixiantes en verano y gélidas en invierno, estas "salas" teatrales se han convertido en la norma más o menos usual de nuestros espectáculos, al punto de que resulta sorpresivamente grata la asistencia a un montaje en un espacio relativamente "convencional" como La Comedia, por ejemplo: butacas, eficaces dispositivos de iluminación, sonido adecuado, vista panorámica del escenario.

Marginación y no Marginalidad

Contrario a lo que pudiera pensarse, estos nuevos espacios teatrales no son necesariamente una opción estética ni menos ética: básicamente los grupos que trabajan allí simplemente carecen de alternativas y, en la mayoría de los casos, deben inventárselas o aceptar posiblemente a contrapelo lo que se les ofrece. Alternativa ética y estética fue la del Teatro Radical Norteamericano, que a comienzos de la década de 1960 renegó de los recintos tradicionales y buscó en sitios eriazos, locales abandonados, garajes y hasta en la calle, espacios donde mostrar sus propuestas. Pero aquellas exploración obedecía a un concepto mucho mayor, que incluía aspectos políticos, sociales y artísticos: un modo diverso y rupturista con el cual hacerle frente al teatro establecido u oficial.

Hace poco, en Chile también hubo algo parecido. El caso más emblemático fue el del Teatro de Fin de Siglo, que dirigía Ramón Griffero, y que a mediados de los años 80 se presentaba en el ya mítico El Trolley, un espacio marginal, alternativo y sobre todo impensado para la exhibición de una obra. Pero en aquella época, los temas de los detenidos desaparecidos o de las marginalidades políticas o sexuales impedían una representación cercana al mundo instituido: había que- a veces con mucho sacrificio-crear otro lugar. Entonces, las dificultades en la percepción de estos espectáculos eran asumidas como parte de las reglas de juego: la marginalidad se trabajaba en la marginalidad y sólo desde allí se podría acceder alguna vez a cierta legitimidad social.

Pasaron los años y marginación cedió, aun cuando no el tipo de sala. Ya no se trataba, claro, de barrios cercanos a la delincuencia y la prostitución donde estas obras se presentaban, pero igualmente persistieron las nuevas salas nacidas en lugares impensados originalmente para una representación teatral. Así, en la última década se institucionalizó y consolidó un concepto extraño, por decir lo menos, en el teatro independiente: cualquier lugar podría ser un potencial escenario. Y si era demasiado estrecho, se construyeron las famosas graderías en altura, el terror de un público adulto que paulatinamente fue dejando de asistir a estos espectáculos.

Una crisis histórica

Incluso el notable esfuerzo cultural de la Estación Mapocho, que creó varios espacios teatrales para los festivales de verano, deja ver que los recintos adaptados para tales efectos nada tenían que ver con el objeto para el cual fueron creados: mala acústica, lobreguez, precariedad en los mecanismos técnicos mínimos. Si bien es cierto en muchos casos directores y escenógrafos les han sacado partido a las condiciones específicas del espacio creado-el reciente caso del uso de las cortinas en "Patas de perro' por ejemplo, o la amplia verticalidad del Teatro del Puente- en la mayoría de ellos textos, actores y espectadores deben doblegarse frente a las condiciones del recinto. Uno de los casos más tragicómicos en los últimos años fue el montaje de "Infieles", de Marco Antonio de la Parra, en un lugar denominado El Burlitzer, en los bajos del Drugstore de avenida Providencia: la multitud de columnas que poblaban el local impedían que cualquiera tuviera acceso al espectáculo completo y los mas afortunados debían contentarse con ver la mitad del accionar escénico. Una obra para escuchar.

El tema no es nuevo: frente a la crisis de salas, a comienzos de los 40 la Sociedad de Autores Teatrales de Chile (SATCh) decidió construir una propia, el hoy llamado Teatro Carlos Cariola. Los trabajos se iniciaron en 1945 y el lugar sólo fue inaugurado en 1954. Pero a esas alturas, el concepto de sala de teatro estaba cambiando: los grandes recintos como aquél ya desaparecían, dando paso a los Teatros de Bolsillo, es decir, las salas teatrales más pequeñas fenómeno, por lo demás, universal. Por ello "el Cariola", como se le conoce, tuvo pocos años de esplendor y es un milagro que todavía subsista como tal y no se haya convertido en una bodega mas de la calle San Diego.

La invención de estos espacios postizos en los últimos años tuvo una causa: la progresiva desaparición de la mayoría de las salas teatrales que durante años y hasta finales de la década de 1970 funcionaron en Santiago. Entre ellas: Moneda, Camilo Henríquez, Petit Rex, Abril, Del Ángel, Bulnes, Cámara Negra. De este estilo sólo subsiste La Comedia. Por su parte, sólo los teatros universitarios cuentan con lugares propios (Antonio Varas y las dos salas de la Universidad Católica), los que sólo en ocasiones muy especiales son ocupados por otros grupos. Haber dejado morir aquellas salas -hoy convertidas en financieras o gimnasios- sin haber creado lugares válidamente alternativos, es parte de una tradición nacional cuyo énfasis no ha sido precisamente la cultura. Capitales mucho más pequeñas que Santiago, como Montevideo, por ejemplo, cuentan con al menos una docena de salas de diverso tamaño, confortables y adecuadas para el montaje de obras tanto tradicionales como rupturistas: allí, la posición estética o política del grupo no se mide por la precariedad del espacio- es decir, mientras mas desolador es el lugar, mas vanguardista es la puesta en escena- sino por las cualidades intrínsecas del espectáculo.

Es de esperar que la reciente creación de la sala San Ginés en el barrio Bellavista corra mejor suerte que otros interesantes lugares como la sala Nuval-inexplicablemente desaparecida- o la multisala Arena, actualmente subutilizada, ya que constituye una oferta que supera esta tradición de espacios inadecuados para una correcta representación teatral.

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Texto extraído de la edición en papel de Artes y Letras del 11 de Junio de 2000.

Trancripción: Víctor Tapia. 26 de Abril 2025.