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viernes, mayo 22, 2020
sábado, septiembre 21, 2019
domingo, octubre 07, 2018
Aznavour fue despedido con honores
El Mercurio
En su natal París y con un multitudinario funeral de Estado, fue homenajeado el ícono de la canción popular de su país, fallecido el pasado lunes. El Presidente Emmanuel Macron encabezó la ceremonia del pasado viernes 5 junto a su par armenio, Armen Sarkissian (ambos en la foto). Y al tributo final de ayer -su cuerpo descansará en el mausoleo familiar- asistieron varias personalidades del mundo artístico galo como los actores Jean-Paul Belmondo y Charles Gerard, y los cantantes Mireille Mathieu y Enrico Macias.
En su natal París y con un multitudinario funeral de Estado, fue homenajeado el ícono de la canción popular de su país, fallecido el pasado lunes. El Presidente Emmanuel Macron encabezó la ceremonia del pasado viernes 5 junto a su par armenio, Armen Sarkissian (ambos en la foto). Y al tributo final de ayer -su cuerpo descansará en el mausoleo familiar- asistieron varias personalidades del mundo artístico galo como los actores Jean-Paul Belmondo y Charles Gerard, y los cantantes Mireille Mathieu y Enrico Macias.
martes, octubre 02, 2018
Aznavour inmortal
La Tercera
Después de llenar tres shows en París en enero de 2017, la gran estrella de la música francesa se dio el tiempo de hablar de Chile, país en el que, en 1962, filmó una película. En esta entrevista publicada originalmente por Qué Pasa, Charles Aznavour recordó los días en que vivió en Arica y Santiago, conversó sobre sus 84 años de carrera y contó de la vez en que rechazó protagonizar el filme más famoso de Godard.
Por Evelyn Erlij
París, Palais des Sports. Charles Aznavour —camisa y terno negros, pelo color plata, 1 metro 60 de estatura— para en seco a sus músicos sobre el escenario. Cuatro mil personas son testigos de un capricho que parece perfectamente orquestado.
—No tengo ganas de cantar esa. Partamos con un fa mayor y un ritmo de vals lento —ordena, y lanza un gesto a los instrumentistas que lo acompañan. El público se ríe. Comienza a sonar “Plus bleu que tes yeux” (1954), uno de los siete éxitos que escribió para Edith Piaf, el gorrión de París que lo cobijó bajo su ala cuando nadie creía en él.
—No me gusta la rutina. Esa idea me vino arriba del escenario: no tenía ganas de cantar una canción y no la canté.
—¿No fue actuado?
—No, para nada. Pero desde ahora será actuado, porque encontré buena la idea. Mientras cantaba, lo pensé: lo haré la próxima vez. Todo lo he encontrado así, arriba del escenario. Yves Montand, como muchos artistas, trabajaba frente al espejo. Yo nunca me miré en el espejo, todo lo probé en el escenario. Incluso las canciones que nunca funcionaron.
La confesión la hace dos días después del concierto, el primero de tres que dio en París a fines de diciembre y que son parte de una gira que el 11 de marzo lo tendrá presentándose en el Teatro Caupolicán, en Santiago. Aznavour —hijo de un barítono y una actriz, ambos de origen armenio— está sentado en su oficina de la editorial Raoul Breton, creada por el legendario editor de música que lo descubrió a él, a Gilbert Bécaud y a Charles Trenet, padre de los chansonniers franceses. Está vestido con una camisa amarilla y una chaqueta a cuadrillé verde y mostaza, como un galán a la moda de los años 60.
—Todo se me ha ocurrido en el escenario —repite—. Incluso la idea del pañuelo.
La performance de la que habla ocurre casi al final de sus shows: en cuanto toma un trapo blanco entre las manos, una horda de fanáticos se acerca al borde del escenario para grabar con sus teléfonos. El gesto anticipa “La bohème” (1965), su éxito más grande: suenan las primeras notas de piano y mientras el más legendario de los cantantes franceses vivos recita la letra como si se le desgarrara el alma, las lágrimas del público empiezan a caer. Llega la última estrofa y, con ella, el golpe dramático: Aznavour lanza el pañuelo a la multitud y, para envidia de los fans seniors, cae en manos de un veinteañero.
—Una vez vi a un hombre que le tiraba el pañuelo de las manos a una niña. Ella se cayó y él siguió tirando. Felizmente había guardaespaldas —cuenta el artista, que en 2017 cumplirá 84 años de carrera. La primera vez que subió a un escenario tenía 9 años.
—¿Cómo explica la locura que provocan sus conciertos?
—Para alguien al que le habían predicho que no haría nada, que no era bueno, que no tendría éxito y que no estaba hecho para ser una estrella, no está tan mal —dice, y sonríe. Lo más extraño de hablar con él es que parece ser la persona más amable y corriente, cuando en realidad se tiene en frente a un gigante: a los 180 millones de discos vendidos, los 60 álbumes publicados y los más de 60 filmes en los que ha actuado, se suma la lista de artistas ilustres que han cantado sus canciones —Edith Piaf, Ray Charles, Bing Crosby, Fred Astaire, Bob Dylan— y de reconocimientos que ha recibido, como una estrella en el paseo de la fama de Hollywood.
En este concierto de París, también habrá honores: recibirá cuatro ramos de flores y una ovación de pie de 15 minutos. Nada mal, dice, para alguien que en mayo cumplirá 93 años.
*
Después de dos encuentros con periodistas brasileros, Charles Aznavour cree que las entrevistas del día están terminadas: se saca los audífonos —el oído es el único sentido que la vejez le ha mermado— y sale de su oficina.
—Te vienen a ver de Chile —le dice uno de sus productores.
—¡Chile! —exclama, se pone de vuelta los audífonos y dice—: Chile es un país que quise mucho hace mucho tiempo. Fui por primera vez para hacer una película. Trabajamos en una mina, en La Disputada, y el trabajo de los indígenas era durísimo. Les pagaban un dólar por día por una labor enorme. Dos trabajadores me regalaron vasos de cobre y una foto en la que aparecíamos juntos. Lo pasé muy bien —recuerda, sentado otra vez en su oficina.
Aznavour habla de la visita que hizo en 1962 para rodar La rata de América, una cinta de Jean-Gabriel Albicocco, protagonizado por él y Marie Laforêt, filmada en La Disputada y en Arica, poco después del Mundial del 62. La cinta, que estaba perdida y fue encontrada en los estudios Gaumont de París, fue exhibida en 2008 en el Festival de Cine Arica Nativa.
—Nos quedamos entre dos y tres semanas en Chile. Hacía mucho frío, pero tengo muy buenos recuerdos. Hasta vi un desfile de militares en Santiago —cuenta, sobre la parada militar de septiembre de 1962, en la que conoció las fondas del Parque O’Higgins.
—Después de eso, estuvo otras tres veces en Chile para cantar: en 1993, 2008 y 2013.
—Sí, pero la más importante fue la primera. Porque no estuve ahí, viví ahí, y la diferencia es enorme. Viví la misma vida que los chilenos, comí lo mismo que ellos.
—¿Por qué cree que la música francesa ya no tiene el éxito que tenía en esa época?
—Porque en ese entonces los artistas hacíamos el esfuerzo de aprender algo de cada país. Había muchos cantantes franceses que cantaban en español, como yo. Hoy no aprenden nada. Si algún consejo tengo que dar, les digo: aprendan alguna canción en español, en italiano o en ruso, si quieren tener éxito afuera. Los artistas no son muy motivados en este sentido. Yo no duermo jamás sin leer y sin aprender algo durante una hora.
—Ha dicho que la esencia de la música francesa son las letras, pero hoy los músicos franceses más famosos del mundo (Daft Punk, Air) son grupos de electrónica.
—La música electrónica para mí no es música. Lo lamento, no digo que sea mala, es la música de una época y es amada por mucha gente, jóvenes y viejos. Pero para mí, la música sirve para otra cosa, para poner una letra en ella, para escribir una ópera. Aunque es una disciplina más y hay que respetarla.
*
Aznavour entra tímido al escenario, pero le bastan unos minutos para sacudirse de encima los 92 años: baila, se saca la chaqueta, luce unos suspensores color rojo furioso y hace chistes. En medio de las casi dos horas de show, en las que se escuchan éxitos como “Te espero” (1963), “Venecia sin ti” (1964) , “Emmenez-moi” (1967) y “She” (1974, que tuvo un cover de Elvis Costello que apareció en la película Notting Hill ), advierte: “Que sepan los que vienen por primera vez que no estoy ronco. Nací con la voz rota. Al principio, los críticos se burlaron mucho. ¡Qué no dijeron! Ahora todos están muertos, y yo, yo estoy aquí”, proclama orgulloso, frente a un público que lo aplaude a rabiar.
—La gente no viene a escuchar lo bonita que es mi voz, que suena como un terremoto —dice dos días después—. Vienen por las letras. No soy un enfermo de cantar. Soy un enfermo de la escritura. Las letras son lo más fuerte.
—Pero también lo vienen a ver a usted: casi no quedan cantantes que actúan las canciones como si estuvieran contando su propia vida.
—Es que los cantantes de hoy no son actores. Fui actor, hice cine y teatro. En Estados Unidos hay actores que cantan y actúan; y aunque no actúan las canciones como yo, sí serían capaces de hacerlo. Los que lo hacen son todos amigos míos: Liza Minnelli, Shirley MacLaine. Shirley me dijo un día: “Contigo, somos los últimos tres”.
Es cosa de verlo cantar “Comme ils disent” (1972) —para muchos, la primera canción gay—, en la que habla de un travesti que vive con su madre y se desnuda por las noches en un club: delicado, con una mano en el hombro, y el otro brazo rodeando su cintura, Aznavour encarna a un hombre que dice con orgullo: “Soy un homo, como dicen”.
—¿Cuál fue la reacción de la época cuando creó esa canción?
—No fue un shock, porque ya había escrito “Après l’amour” (1965) (sobre lo que siente un hombre después de hacer el amor), que fue prohibida por ser una amenaza a las buenas costumbres, pero que después pasaron en la radio porque los italianos cruzaban la frontera para comprar el disco. También había hecho “Donne tes seize ans” (sobre un romance con una chica de 16 años), “Tu t’laisses aller” (sobre el odio de un hombre a una mujer). ¡Ya los había curado de espanto! No olvidemos: los homosexuales no están solos, tienen a sus madres, a sus hermanas, a las mujeres que hubieran querido tenerlos de amantes. Las mamás adoran esta canción. Es el himno nacional de los gays.
—Después de actuar en Disparen sobre el pianista (1960), de François Truffaut, muchos le vaticinaron un futuro actoral prometedor. ¿Por qué eligió la música?
—Me encanta el cine, todos los días veo una película. Pero el cine me obliga a dejar todo para aprender los diálogos. En el cine, además, no domino la situación. Me gusta estar cómodo y en la música lo estoy, sé cuando muevo la silla o mi micrófono. No necesito a nadie. En el cine, sí. Tuve la suerte de que me trajeran papeles que eran perfectos para mí. Porque sólo acepté lo que sentía que me correspondía. Lo hablé hace poco con Jean-Paul Belmondo: la primera persona a la que le presentaron el guión fue a mí.
—¿El guión de qué?
—De Sin aliento —dice, sobre el filme legendario de Jean-Luc Godard, de 1960.
—¿En serio?
—Sí. Truffaut (que era el guionista) me lo propuso, no el director. Y le dije: “No es para mí, porque no tengo la desenvoltura”. Y finalmente el director… ¿cómo se llama?
—Godard.
—Sí, Godard me fue a ver, hablamos y me di cuenta muy rápido de que no le gustaba la idea de que fuera yo. Se sintió muy liberado cuando le dije que el papel no era para mí. Lo hubiera hecho muy mal, porque la belleza del trabajo de Belmondo, esa especie de soltura que tiene, hizo la película tanto como el director —dice. Años más tarde, Godard usó una de sus canciones, “Tu t’laisses aller”, en una escena memorable de otro filme que hizo con Belmondo, Una mujer es una mujer (1961)—. Después, cuando me trajeron el guión de El tambor de hojalata (de Volker Schlöndorff, ganadora de Cannes en 1979), elegí el papel más corto, porque sentí que era para mí. Pronto podría aparecer en una película que escribí.
—¿Escribió un guión?
—Sí, he escrito tres. Para uno necesito siete u ocho mujeres y un hombre y medio: el medio soy yo. Mi sueño es que Almodóvar sea el director.
—Bob Dylan, que hizo un cover suyo (“The Times We’ve Known”), dijo que uno de los shows en vivo que más lo han impactado es uno suyo. ¿Qué piensa de su Nobel?
—Estoy feliz por él, me parece totalmente normal, porque es un gran autor.
—Mario Vargas Llosa dijo que el premio fue “la frivolización de la cultura”.
—¿Y por qué la cultura no puede ser frívola? Aquí se dijo en una época que la canción era un arte primario, y respondí que un arte tan popular no puede ser primario. Si no está de acuerdo, no escuche música. Yo me considero un escritor de la canción y no un autor; busco la palabra justa, la coma en el buen lugar. Soy muy exigente conmigo mismo. Sólo así se puede tener éxito. Sobre todo cuando se ha sido tan menospreciado como yo.
Pero eso no explica del todo la locura y la emoción que aún desata a los 92 años:
—Canto temas que tocan a la gente, canto sus vidas cotidianas. Escribí sobre el divorcio, sobre mujeres que engordan; he cantado todo lo que he podido, aunque a veces no sea muy agradable. Soy un autor particular. En términos de libertad, no hay otros artistas como yo —afirma, y calla unos segundos para crear suspenso, tal como lo haría un buen actor.
—Sí —sentencia—. Por ahora no hay más artistas como yo.
Murió Charles Aznavour, la eterna voz romántica de la canción francesa
El Mercurio
El último gigante de la chanson tenía 94 años y estaba en plena actividad artística sin entregar luces de abandonar los escenarios. En su extensa carrera vendió más de 100 millones de discos y compuso más de 800 temas.
Por JOSÉ VÁSQUEZ
Su hábitat natural era el escenario, un lugar que, pese a su longeva edad, no planeaba abandonar todavía. A sus 94 años, Charles Aznavour sentía la responsabilidad de cumplir con su público, pese a algunas complicaciones físicas que había tenido en el último tiempo y que lo obligaron a suspender presentaciones.
Dolencias como un lumbago o la fractura en un brazo, en mayo pasado, habían determinado que reagendara recitales en Japón, fechas con las que cumplió el 17 y 19 de septiembre último y que se transformaron, sin saberlo entonces, en sus conciertos de despedida.
El último gigante de la chanson francesa seguía apostando al futuro, con una serie de recitales calendarizados a partir del próximo 26 de octubre en Bélgica, para luego en noviembre girar por su natal Francia. Compromisos que daban cuenta de su inagotable deseo por desarrollar su arte, un pacto que solo la muerte iba a doblegar, poniendo fin a la carrera más trascendente de la música gala en el siglo XX, con una historia que lo trepó a un olimpo de la canción que compartió con Edith Piaf, su gran aliada a mediados del siglo pasado.
Aznavour falleció ayer en la madrugada en su hogar, en la montañosa zona de Alpilles, al sur de Francia, dejando registros monumentales: vendió más de 100 millones de discos, grabó cerca de 1.400 temas y compuso más de 800 canciones. Además de una nutrida participación en el cine, donde incluso filmó una película en Chile -ver nota relacionada-.
Éxito maduro
Su estatura artística era indirectamente proporcional a la física. Aznavour apenas sobrepasaba el metro y 70 centímetros, pero sobre el escenario sus dimensiones se agigantaban.
Siempre absolutamente dueño de la situación, comandaba a su conjunto de músicos para seguirlo por los caminos que él elegía, interpretando temas enormes como "La bohème", "De quererte así" o "Venecia sin ti", tres de sus mayores éxitos que siempre alcanzaban una perfecta intimidad. Aunque el recinto donde cantara tuviera miles de espectadores, su motivación era que el público pensara que lo hacía de forma exclusiva para cada uno de ellos, planteaba.
De ascendencia armenia -su verdadero nombre era Shahnourh Varinag Aznavourián-, Aznavour nació en París el 22 de mayo de 1924, proveniente de una familia de inmigrantes que estaba de paso por la capital gala, donde se establecieron.
Aunque desde muy pequeño se interesó por el espectáculo, sus comienzos fueron complicados. Antes de los 10 años ya estaba cantando y actuando, pero el éxito tardaría en llegar. Abandonó el colegio de forma temprana, a esa misma edad, y se educó en la calle, un punto de encuentro que lo unió rápidamente a Edith Piaf, con quien compartía una historia de vida similar. A la llamada "El Gorrión de París" la conoció en el momento cuando Europa se reconstruía tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Ella lo vio actuar junto a Pierre Roche y le pidió que la acompañara a una gira por Estados Unidos y Canadá, iniciando una fructífera relación.
Aznavour comenzó a escribir temas para ella, desarrollando una carrera de compositor de la que más tarde también se beneficiaría una gran cantidad de artistas como Gilbert Bécaud, Serge Gainsbourg y uno de sus ídolos, Maurice Chevalier.
El éxito llegó de forma tardía para el artista, quien con más de tres décadas recién veía cómo comenzaba a despegar su carrera como cantante, la que lo llevó a presentarse en los principales escenarios del mundo, recorriendo más de 80 países con su música y actuando junto a estrellas como la misma Edith Piaf, Frank Sinatra, Dean Martin, Liza Minnelli, Plácido Domingo y Julio Iglesias.
Ídolo rupturista
Charles Aznavour se definía a sí mismo como un hombre "política y poéticamente incorrecto". De un romanticismo nostálgico y como un agudo cronista criado en las aceras de manera autodidacta, algunas de sus composiciones fueron realmente rupturistas en una época en que los cantautores se limitaban a no romper los esquemas. "Me gusta escribir lo que los demás no escriben", dijo hace tres años al diario El País de España.
El compositor publicó en 1972 "Comme ils disent", de temática homosexual y en cuya letra hablaba de la solitaria vida de un travesti que vivía con su madre. Su interpretación de ese tema impactaba en cada uno de sus conciertos al representar el desdoblamiento del personaje.
También en otros temas abordó el genocidio judío -"J'ai connu"- y el armenio -"Pour toi Armenie"-, con los que apoyó la reconstrucción de ese país luego del devastador terremoto de 1988. En 2004 se lo nombró Héroe Nacional de esa nación y cinco años más tarde se lo designó como embajador de Armenia en Suiza.
En 2005 una encuesta de la revista Time lo eligió como el "Entretenedor del Siglo", superando a figuras como Elvis Presley y Frank Sinatra. Y el 24 de agosto de 2017 recibió su Estrella de la Fama en Hollywood por su contribución musical.
A Chile vino en cinco ocasiones, en 1962 -para filmar "La rata de América"-, y a ofrecer sus shows en 1993, 2008, 2013 y en marzo del año pasado, con un aplaudido concierto en el Teatro Caupolicán, donde con gran dignidad demostró que pese a su edad, en directo, aún era una figura imperdible de una época en extinción.
Última visita
El 11 de marzo de 2017 fue la última vez que Aznavour actuó en el país. Esa vez dijo a "El Mercurio" estar "feliz por seguir recorriendo el mundo". Alabó el rap y a artistas franceses actuales como Zaz y Stromae. Agregó que deseaba grabar con Barbra Streisand, Lady Gaga, Robbie Williams y Shakira.
Más allá de la música, fue un actor por derecho propio con una larga y celebrada carrera
En paralelo a su ascenso como cantante, Charles Aznavour comenzó lo que sería una larga y celebrada carrera en el cine de más de 80 títulos. Durante gran parte de la década de los 40 y 50, sus apariciones serían más bien secundarias, como el cantante de fondo en alguna escena. Su entrada formal en la interpretación no llegaría hasta 1959, cuando participó en la película "La tête contre les murs", y que le valió un premio de la Academia francesa.
Cuando comenzaba en el cine, su faceta de actor lo trajo a Chile mucho antes de que causara sensación como cantante. En 1962 estuvo en Santiago y Arica, filmando la olvidada cinta "Le rat d'Amérique" ("La rata de América", conocida en Hispanoamérica como "Alborada"), del director Jean-Gabriel Albicocco.
La cinta -coprotagonizada por Marie Laforêt y Franco Fabrizi y que compitió en el Festival de Cannes de 1963- contaba la historia de una pareja que viaja a Paraguay y que comienza a ser perseguida al ser acusada de un crimen. En nuestro país, la cinta también se rodó en el campamento minero de la Disputada de Las Condes. También se grabaron escenas en Bolivia, Paraguay y Perú. Perdida durante varios años, a fines de la década pasada se encontró una copia en los estudios Gaumont de París y fue exhibida en 2008 en un festival de cine ariqueño.
En todo caso, lo que vino después fue bastante más memorable. Le siguió una filmografía extensa y contundente, que incluyó trabajos a las órdenes de cineastas de la talla de François Truffaut ("Disparen sobre el pianista" (1960) y Claude Chabrol ("Folies bourgeoises", de 1975, y "Le fantome du Chapelier", de 1983). También tuvo un rol secundario en la cinta alemana "El tambor de hojalata" (1979), ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera.
Además, tuvo acercamientos con Hollywood en cintas como "Sky riders"(1976), donde actuó junto a James Coburn y Susannah York, y, en especial, en la adaptación de la novela de Agatha Christie "Eran diez indiecitos" (1974), donde integró un ilustre elenco que incluyó a Richard Attenborough, Oliver Reed, Elke Sommer y la voz de Orson Welles.
Como actor siguió activo hasta el final. Dejó filmada "Une revanche à prendre", del director Kader Ayd, y entre sus títulos más recientes estaban "Le comedien" (1997), "Les momes"(1999) y "Ennemis publics" (2005).
De su última etapa, su filme más relevante es sin duda la canadiense "Ararat" (2002), de Atom Egoyan, que hablaba sobre el genocidio armenio.
El mundo lo llora"Profundamente francés, apegado visceralmente a sus raíces armenias, reconocido en todo el mundo, Charles Aznavour ha acompañado las alegrías y tristezas de tres generaciones. Sus obras maestras, su timbre y su singular resplandor le sobrevivirán mucho tiempo".
EMMANUEL MACRON
Presidente de Francia.
"Se acaba de ir un grande entre los grandes, Charles Aznavour. Tuve el gran honor de grabar con él en París su histórica 'Boheme' para mi disco '50 años después'. ¡Jamás te olvidaré maestro!".
RAPHAEL
Cantante español.
"Charles nunca nos dejará, ha ido más allá del cielo para buscar otras estrellas, tantos amigos con los que vivir su bohemia y prolongar su juventud".
NANA MOUSKOURI
Cantante griega.
"Me considero afortunado de haber cantado y grabado con él y de haberme inspirado durante tantos años. Puede que se haya ido, pero lo que nos deja es eterno".
STING
Músico británico.
"Siempre serás formidable. Respeto y condolencias a su familia".
CELINE DION
Cantante canadiense.
"Verlo en el escenario era una clase maestra de elegancia, romance y sutileza".
ANDREA TESSA
Cantante chilena.
domingo, marzo 12, 2017
Charles Aznavour: "Me gustaría hacer un dúo con Lady GaGa"
El Mercurio
El cantante francés llenó anoche el Teatro Caupolicán en su regreso a Chile.
Tiene 92 años y aunque no piensa abandonar los escenarios, Charles Aznavour dice que ha debido ir bajando el ritmo de a poco. "Nunca he hablado de retirarme, pero sí de dejar de lado las largas giras. Hasta hace no demasiado tiempo estuve haciendo cerca de 200 conciertos al año. Con 35 o 40 fechas por temporada, me parece bien", contó a "El Mercurio" previo a su concierto de anoche.
El artista de origen armenio volvió al país para presentarse ante un Teatro Caupolicán repleto con un espectáculo en el que prometió interpretar más de la mitad de su repertorio en español. El show abrió con "Les emigrants" y duró casi una hora y media. "Estarán todos los hits que la gente espera. Amo cantar para el público, el contacto con la gente me hace el artista que soy. Tenía 9 años cuando me subí a un escenario por primera vez y después de todos estos años, sigo entusiasmado por regresar siempre", señalaba explicando su interés por seguir ligado a la música.
- ¿Se imaginó que estaría a esta edad tan activo artísticamente?
"No, nunca, pero es una muy linda sorpresa. Estoy feliz de seguir recorriendo el mundo. Mi show dura una hora y cuarenta minutos, donde interpreto 23 canciones ¡sin interrupciones! Mis cuidados para lograrlo no tienen nada especial, dejé de fumar hace 40 años y trato de no hablar en los días en que realizo shows".
-¿Hay algo de la música actual que le llame la atención?
"Escucho un montón de música nueva, no puedo decir que me gusta todo, pero hay mucha gente talentosa. Hay letras de rap que son muy inteligentes y que representan a la voz de una generación. De la escena francesa actual, me gusta mucho Zaz y Stromae".
-Los duetos están de moda nuevamente. ¿Tiene alguno pendiente?
"Sí, Aretha Franklin, Barbra Streisand, Lady Gaga, Robbie Williams y también me gustaría hacer un dúo con Shakira".
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