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sábado, octubre 10, 2020

Sir Simon Rattle: “La música nos convierte en una sociedad más civilizada”

 El Mercurio


El director inglés está al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres, que ha establecido una alianza con CorpArtes para difundir —por primera vez en Latinoamérica— sus contenidos musicales y educativos.

Juan Antonio Muñoz H.


Desde el jueves 15 de octubre de 2020, Fundación CorpArtes será la embajadora de contenidos de la Orquesta Sinfónica de Londres (LSO) para todo Latinoamérica. Esta alianza permitirá que sus contenidos musicales y educativos de las plataformas “Always Playing” y “LSO Play” estén disponibles en su versión en español, de manera exclusiva en la página web de Fundación CorpArtes (www.corpartes.cl).


Además de seis conciertos didácticos, semanalmente se pondrán a disposición, de forma gratuita, cada una de las “Sesiones de café” grabadas con músicos de la orquesta, que desde sus hogares explican cómo interpretan distintas piezas. Y desde la primera quincena de noviembre se accederá, previa compra de un ticket digital, a una excepcional temporada de 12 conciertos de Always Playing.


Francisca Florenzano, directora ejecutiva de Fundación CorpArtes, explica que “son materiales diseñados para derribar las barreras físicas y de idioma a través de las plataformas digitales, y que permitirán que las personas de toda Latinoamérica se introduzcan a la música clásica desde sus casas, conociendo a los músicos y las obras que interpretan de forma cercana. Lo que buscamos, especialmente durante la pandemia, es que las personas puedan profundizar en las artes en modalidades diferentes a las que veníamos haciendo hasta hoy, a través de las tecnologías que nos están permitiendo permanecer conectados”.


Tras su exitoso paso por las orquestas de Birmingham y Berlín, sir Simon Rattle está al frente de la LSO. Con ella visitó Chile en 2019 y fue producto de esa experiencia que surgió esta posibilidad: “Creo apasionadamente que la oportunidad de la práctica internacional compartida es importante, tanto para la LSO como para CorpArtes, y que proporcionará una importante oferta cultural para el público de habla hispana. Los conciertos de LSO en Santiago en 2019 fueron inolvidables, por lo que es genial que ahora podamos compartir más de nuestro trabajo creado por nuestro equipo educativo con LSO Play. No se me ocurre mejor manera de presentar a los jóvenes algunas de las grandes obras maestras de la música y mostrarles cómo cobran vida en manos de grandes músicos. La LSO y CorpArtes comparten esta creencia”, dice Rattle.


—En 1994, en Varsovia, para el lanzamiento de la primera grabación del “Stabat Mater”, de Szymanowsky, usted me dijo que los músicos tienen una responsabilidad cuando se trata de la educación musical. Que las orquestas no solo deben servir para dar conciertos. ¿Este proyecto también tiene que ver con eso?


“En la LSO tenemos la misión de trabajar con la próxima generación de jóvenes, para nutrir a futuros músicos y amantes de la música. La música es un lenguaje universal y nos convierte en una sociedad más civilizada. A través de la música, los jóvenes aprenden muchas otras habilidades para la vida; es nuestra responsabilidad hacer que eso suceda. La educación musical está siendo exprimida y creo que nosotros, como músicos profesionales, tenemos la responsabilidad de presionar a los gobiernos para que apoyen este medio universal fundamental de comunicación, y desarrollar esquemas y programas para demostrar lo que se puede lograr y cómo se puede enriquecer la vida de los jóvenes al participar en una actividad musical”.


—En su opinión, ¿qué ha supuesto este momento pandémico para la expansión del fenómeno musical? Se lo pregunto porque solo se destacan los aspectos negativos, que son muchos. ¿Hay algunos aspectos positivos?


“Nos ha ayudado a salir de la rutina de estar atados a un estricto programa de planificación. De repente, las ideas fijas estuvieron en juego y eso nos abrió a la creatividad. Por ejemplo, cuando supimos que sería posible volver a tocar siguiendo las pautas de distanciamiento social y que podríamos tener hasta 70 intérpretes en un espacio, durante una hora, comenzamos a explorar diferentes repertorios, desenterrando piezas poco escuchadas, introduciendo obras de compositores menos conocidos. Ha sido fascinante para mí como nerd de la programación y ha ejercitado todos nuestros músculos musicales”.


—¿Teme que parte del público se haya acostumbrado a sus pantallas y que luego les sea difícil volver a las salas?


“No, porque simplemente no es la misma experiencia que cuando los músicos y el público están en la misma sala. De hecho, también los músicos son otros cuando se agrega una audiencia a la mezcla: el hecho de compartir la pasión y las emociones, que es una característica humana esencial. Sin embargo, las pantallas también tienen su lugar, porque brindan acceso a muchas cosas a personas que no pueden tener la experiencia en vivo. La asombrosa creatividad que todos hemos presenciado durante la pandemia ha irrumpido en nuestras pantallas porque debemos permanecer en contacto unos con otros”.


—En los conciertos incluidos en el programa Always Playing hay música de Berlioz, Elgar, Shostakovich, Debussy, Stravinsky, Ravel... Hay un énfasis en los músicos de fines del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX.


“Las piezas que hemos elegido investigar primero están todas en los programas de educación musical. Queríamos crear algo que ofreciera una herramienta valiosa y atractiva para los maestros y, con suerte, una forma atractiva-intrigante de descubrir estas obras maestras para los estudiantes. Por supuesto, a su debido tiempo agregaremos otros títulos”.


—¿Qué deben saber los creadores contemporáneos sobre la audiencia actual?


“Lo que es tan emocionante hoy en día es que el público tiene una mente muy abierta, y que hay tantos grandes creadores de música de todas las influencias y culturas cuyo trabajo está disponible de manera fácil y relativamente barata. De modo que estamos viendo una confusión en los bordes y, como resultado, hay una riqueza que se desarrolla. Disfruto particularmente de nuestras colaboraciones regulares con grandes músicos de jazz contemporáneo, como Wynton Marsalis, o los grandes compositores estadounidenses del siglo XX, que se movieron sin esfuerzo de la sala de conciertos a la ópera, al teatro musical y al cine”.


—En general, a los niños se les enseña a leer y dibujar, pero no a hacer música. ¿Por qué cree que es así?


“En algunas culturas lo hacen, pero no es lo habitual. Espero que los gobiernos sigan dándose cuenta de que la música es un regalo que trasciende cualquier otra forma de lenguaje. ¿Por qué no querríamos fomentarlo?”.


—Así como no se puede esperar que alguien experimente lo que realmente es el fútbol viendo partidos en la televisión, ¿es posible experimentar lo que es la música viendo conciertos en una pantalla?


“Sí, claro, pero el directo es la mejor experiencia, ya sea en el deporte, el teatro o en un concierto de rock. Basta mirar esos estadios llenos para deportes, o para festivales al aire libre y para conciertos de rock. El ‘yo estaba allí en ese momento en el tiempo de verdad' es algo muy especial”.


—Cuando usted era muy joven, su tutor, John Carewe, lo hizo escuchar un disco de Otto Klemperer. A un músico que se está iniciando en la dirección, ¿qué disco le haría escuchar?


“Oh, Dios, eso es muy difícil de responder, porque hay muchos. Quizás sea mejor para mí decir qué es lo que yo vuelvo a recordar y escuchar una y otra vez. En momentos ligeramente diferentes de mi vida, ¡Mahler y Haydn han venido a vivir a mi casa! Por supuesto, uno puede volver a las grandes obras maestras de Mahler una y otra vez… La historia de amor continúa. Siempre hay más por descubrir. Sin embargo, si tuviera que escoger a un compositor para dirigir el resto de mi vida, ese sería Haydn. Es el compositor más subestimado que existe y te da absolutamente todo lo que necesitas en términos de inteligencia, ingenio, humor, profundidad y pasión. ¡Y probablemente sea la mejor persona de todos los grandes compositores para ir a cenar con él!”.


—¿Cómo recuerda su experiencia en Chile durante su visita el año pasado? ¿Algo llamó su atención de manera especial?


“La calidez y la atención del público fue algo que nunca olvidaré. Y, por supuesto, un gran vino”.

domingo, mayo 26, 2019

Una hora aprendiendo de la batuta de sir Simon Rattle


domingo, mayo 12, 2019

Simon Rattle, director de la Orquesta Sinfónica de Londres: “No están los tiempos para ser sumos sacerdotes, sino evangelizadores de la música”

La Tercera

El conductor inglés, titular de la Filarmónica de Berlín durante 16 años y actual maestro de la más importante orquesta británica, dirigirá dos conciertos con ella en CorpArtes, el 22 y el 23 de mayo.

Por Rodrigo González

Cada ciudad tiene su orgullo. Si alguien pensó que en Gran Bretaña las batallas entre Londres y Liverpool se agotan con el Arsenal y el Liverpool F.C., o con los Rolling Stones y los Beatles, puede contar hasta diez y encontrar al menos dos representantes más en la música clásica: Leopold Stokowski (1882-1977), probablemente el más recordado de los conductores británicos, y Simon Rattle (1955), el director de ese país que ha llegado más lejos en el mundo. Partió en su Liverpool natal, le dio categoría mundial a la provinciana Orquesta Sinfónica de Birmingham, y estuvo 16 años al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín, el Mercedes Benz de la música selecta.

Ahora lleva dos años como director musical de la Orquesta Sinfónica de Londres (London Symphony Orchestra o, simplemente, LSO), considerada la agrupación docta más importante de su país. Es un regreso con gloria, después de haber manejado el conjunto alemán que Herbert von Karajan dirigió 30 años y, antes de él, Wilhelm Furtwängler durante 25. Ha expandido el repertorio de la Sinfónica a los períodos barroco y clásico, y le ha dado más alas para desplazarse por todo el mundo.

En su nueva gira transcontinental, Simon Rattle y la Sinfónica incluyeron Sudamérica por primera vez, con paradas en Chile, el miércoles 22 y el jueves 23 de mayo en el Teatro CorpArtes. “Somos unos tipos muy afortunados por estar en Santiago. Definitivamente, es ridículo que no hayamos ido nunca a Sudamérica”, comenta Rattle, al teléfono desde Londres, donde dispone de algunos minutos antes de dirigir en una hora más la Quinta sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911) y la Sinfonia de réquiem, de Benjamin Britten (1913-1976), en el Barbican Centre.

Es exactamente el mismo programa que presentará en el segundo de sus conciertos en Chile. En el primero de ellos dirigirá la Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz (1803-1869), y Cinco danzas eslavas, de Antonin Dvorák (1841-1904).

Pero no todo será conciertos para Sir Simon Rattle. Educador por vocación, difusor por naturaleza y de personalidad expansiva por genética, es el de los maestros del primer mundo que de manera más evidente entienden la música como un arma artística y social. Antes de establecerse en Berlín (donde sigue conservando su residencia), Rattle rompió el récord del concierto con la mayor orquesta del mundo: reunió en 1998 a 4 mil niños músicos en una presentación en el Birmingham’s National Indoor Arena.

–¿Por qué es tan importante para usted la difusión musical?

-Es muy simple. Siempre he creído que todo el mundo nace con el derecho a escuchar esta música y, por lo tanto, la difundimos a la mayor cantidad de gente posible en el país. De hecho, la Orquesta Sinfónica de Londres fue pionera en esto: empezó hace casi 40 años tocando en los diez barrios más pobres de Londres, yendo a las escuelas, ayudando a músicos empobrecidos, apoyando a los chicos en el complicado paso de la pubertad a la adolescencia. Cuando llegué a Berlín, los persuadí de hacer algo similar y lo que lograron fue magnífico. Sin embargo, en Londres esto siempre ha sido parte de sus vidas. No están los tiempos para ser sumos sacerdotes de la música, sino para ser evangelistas. Si no somos nosotros los que introducimos al público a la música, probablemente ellos nunca la encuentren.

–¿Cómo eligió las obras que presentarán en Chile?

-Se trata de composiciones que, de cierta manera, son el alma de la orquesta. Es difícil, pero creo que lo logramos en este programa. La Sinfonía fantástica es, como ninguna otra, la más afín a la Sinfónica. De cierta manera, la Fantástica es la orquesta. Hay que recordar que Sir Colin Davis, que fue director de la agrupación por muchos años, fue tal vez el mejor conductor de Berlioz. Este compositor francés está en el ADN de la Sinfónica. Por otro lado, la Sinfónica hizo la primera grabación comercial en Gran Bretaña de la Quinta sinfonía de Mahler, bajo la conducción de Rudolf Schwarz. Fue en la posguerra. A su vez, la Sinfonia de réquiem, de Benjamin Britten, es una obra maestra absoluta del siglo XX, y el propio compositor la grabó con la orquesta. De las obras que tocaremos en Chile, probablemente las menos interpretadas por la LSO sean las Danzas eslavas, de Antonín Dvořák, que están entre mis composiciones favoritas.

–¿Cómo decribiría el sonido de la Sinfónica de Londres?

-El sonido de la Orquesta Sinfónica de Londres es muy especial, y tiene que ver con la personalidad de los propios músicos. Siempre ha sido muy vivo, alerta y rítmicamente intenso. Es la sensación que al menos yo tengo cuando los dirijo. Tienen esa música en sus cuerpos y siempre ha estado ahí. Es una intensidad única. Si alguien desea preservar una postal del típico carácter inglés, me temo que no tendrá que escuchar muchos compases de la Sinfónica de Londres para darse cuenta de que acá no se aplica aquello. Es una agrupación más bien joven, con muchos intérpretes bajo los 50 años, y muy internacional, como ha sido siempre su tradición. Hay músicos de más de 20 países en su interior. Me he encontrado con un instrumento muy vivo, muy flexible y listo para emprender cualquier aventura. No les gusta hacer lo de siempre y eso, para un conductor, es un gran regalo. Donde quiera que indique el mapa, siempre vamos juntos.

–Usted es conocido por su estilo democrático y abierto en la dirección, opuesto al de los antiguos conductores, como Arturo Toscanini o Herbert von Karajan…

-La relación de los directores con las orquestas está cambiando mucho, aunque no siempre fue así. Vivimos en tiempos más democráticos en el mundo musical, aunque por otro lado hay un ascenso del autoritarismo en el planeta. Sin embargo, aún hay estilos autocráticos, muy de la vieja escuela. Algunos ejemplos son Riccardo Muti y Christian Thielemann. Son diferentes y maravillosos en su particular manera. Pero de mí, ¿qué puedo decir? Me parece que siempre he estado más cerca de Wilhelm Furtwängler que de Arturo Toscanini en términos de carácter. O de Rafael Kubelik que de Herbert von Karajan. De todos los grandes directores que he nombrado, lo que me interesa es escuchar la humanidad [Rattle usa el término alemán mensch] en la música. Ahora bien, con una orquesta como la Sinfónica de Londres, tan viva y al mismo tiempo tan disciplinada, no hay necesidad alguna de ser autocrático. No ayuda en nada. Lo que siempre deberíamos hacer es estar, por el contrario, en una búsqueda conjunta. Es lo que prefiero, y me odiaría a mí mismo si me alejara de los músicos. Sería llevar una vida demasiado solitaria. Hay muchos que piensan como yo en la orquesta y están contentos si algún día salimos y nos tomamos un trago juntos. Esta actitud es una cuestión de nuestros tiempos, y con seguridad la generación de directores que viene será aún más abierta. Me refiero a conductores como Andris Nelsons (titular de la Sinfónica de Boston y la Gewandhaus de Leipzig) y Yannick Nézet-Séguin (director del Metropolitan Opera House y la Orquesta de Filadelfia). Con ellos compartimos el mismo barco.

–Hace unos días, Daniel Barenboim fue acusado por músicos de la Orquesta Staatskapelle de Berlín de ser demasiado rudo en el trato. ¿Qué opina?

-Tenemos diferentes estilos. Pero Daniel Barenboim siempre me dice, “oh, querido, como lo haces para ser tan buen chico” (risas). Somos amigos, pero, claro, Barenboim es una persona de carácter fuerte, realmente exigente. Todo el mundo lo sabe. Es lo que es. Cada quien tiene su propio temperamento, aunque yo siempre he ido en una dirección diferente.

-Usted menciona al gran director Wilhelm Furtwängler, que tocó varias veces ante Hitler con la Filarmónica de Berlín y de quien el sello discográfico de la misma orquesta acaba de publicar un boxset de grabaciones del período de la Segunda Guerra.

-Es un asunto realmente importante para discutir. Hace un momento hablaba sobre el director de orquesta austríaco Rudolf Schwarz, quien hizo la primera grabación de la Quinta sinfonía de Mahler con la Sinfónica de Londres. Pues bien, Schwarz estuvo en los campos de concentración de Auschwitz y Bergen-Belsen, y desde el primero de ellos fue rescatado gracias a los esfuerzos de Wilhelm Furtwängler. Estoy seguro de que Rudy defendería a Furtwängler si estuviera vivo. Y lo mismo harían muchos otros músicos de origen judío. Quizás Furtwängler cometió errores en su vida o en ciertas declaraciones, pero estoy seguro de que hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudar a varios músicos. Ahora no vivimos en el régimen de terror en el que habitó Furtwängler, y es difícil saber cómo habríamos reaccionado en una situación así. Lo que sí tengo claro es que él tenía el sentimiento de que la grandeza de su arte ayudaría a disolver lo que estaba pasando en ese momento en Europa, y que el espíritu humano brillaría sobre los acontecimientos de su época. Puede sonar naif ahora, pero, como el mismo Rudolf Schwarz lo recordaría años después, muchos músicos judíos se quedaron en Viena porque pensaron que Adolf Hitler nunca marcharía sobre la ciudad. Schwarz nos decía que para nosotros, los más jóvenes, era complicado entender cuán ingenuos y poco preparados estaban ellos ante lo que se venía. Nos decía que no se dieron cuenta de los pocos pasos que les tomó al fascismo y a la tiranía para crecer en Europa. Es una lección de la que nunca me olvido. Ahora bien, quizás músicos y directores judíos de la época, como Kurt Sanderling, Berthold Goldschmidt o el mismo Rudolf Schwarz, tendrían más clara la relación de Furtwängler o Karajan con los nazis. Sería interesante determinar quién era el que realmente hacía el saludo nazi de los tres dedos y quién no, aunque, por otro lado, nunca realmente sabremos cómo era todo en ese momento. Me refiero a los compromisos o concesiones que se hacían en la época.

Los conciertos

22 y 23 de mayo

Rattle y Sinfónica de Londres

Simon Rattle conducirá obras de Dvořák y Berlioz, el 22 de mayo, y composiciones de Mahler y Britten, el día 23. Ambos conciertos son a las 20 hrs. Más información y venta de entradas, en corpartes.cl