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martes, agosto 29, 2023

Los cantos con caja chayera que resuenan en desierto y altiplano

 



El Mercurio


Dos discos con música del carnaval y de fiestas tradicionales salen a la luz, con abuelos y jóvenes cantores, desde los fallecidos Jermán Tejerina y Evangelista Soza hasta la yerbatera y cultora Enedina Mondaca.

IÑIGO DÍAZ

Evangelista Soza tenía 28 años cuando el investigador, folclorista y actor Jaime Morán subió a Talabre, en el altiplano atacameño, para grabar los cantos con caja chayera que se entonaban en su familia de pastores. Al final solo pudo registrar la voz de uno de sus hermanos mayores, Fabio Soza, dado que ese día Evangelista se encontraba pastoreando.


Con una historia larga que la terminó situando como una abuela respetada por toda la comunidad atacameña, pastora, cantora, artesana y dirigenta social, cincuenta años después Evangelista Soza llegó a entonar por fin sus cantos, acompañada por la caja. Se pueden escuchar en el disco “Cantos talabreños”, registro dedicado a Evangelista, nacida en la estancia de pastoreo Catarape, cerca del volcán Láscar, a unos 4 mil metros de altitud. Ella murió en noviembre pasado, a los 81 años.


“Evangelista falleció en víspera del Día de los Muertos. No pudo ver ‘Cantos talabreños' terminado, pero partió sabiendo que había cumplido el sueño de dejar su canto a las generaciones futuras”, refiere Paula Bañados, quien dirigió el proyecto de registro sonoro y documentación de Evangelista Soza a través de entrevistas. En ese disco ella entona cantos como el “Chururito”, dedicado al floreamiento de las ovejas y las cabras, o el “Llamacate”, al floreamiento de las llamas y llamos, pompones de lana y otros coloridos adornos.


“El canto con caja chayera, un tambor con bordona que se percute en distintos ritmos, se da en las fiestas y el carnaval. Fue un hallazgo de Jaime Morán y María Luisa Morales, quienes en los años 60 plantearon la existencia de una baguala chilena, en contrapartida con la baguala argentina. Ello motivó a investigadoras como María Ester Grebe y Margot Loyola a ir al altiplano para conocerlo. Así parte todo”, cuenta el antropólogo Mauricio Pineda, quien realizó registros sonoros a otros cultores.


Ese material aparece en el disco “Canto ancestral con caja”, disponible para escucha en PatrimonioSonoro.cl, y reúne a distintas generaciones de cultores, entre ellos la propia Evangelista Soza y Jermán Tejerina. “Falleció a los 77 años. Era un sabio atacameño, conocedor de la cosmovisión, la medicina y la ritualidad. Fue luthier y músico, y además ejecutaba la música del baile del torito”, dice Pineda.


También cantan Carmelo Miranda, de Séquitor; la recopiladora Margarita Chocobar, de Toconao, y la joven Enedina Mondaca, de la quebrada de Soncor, yerbatera y cultora, la más joven de todos. “Para los atacameños, la juventud no se mide cronológicamente sino por la idea de ‘estilo y entusiasmo': estilo es conservar las tradiciones y entusiasmo es el brío para proyectarlas al futuro”, explica el antropólogo.


“Canto ancestral con caja” describe los distintos momentos del carnaval atacameño, y se entona de maneras distintas en cada localidad, Talabre, Toconao, Soncor y San Pedro. Se aprecian el “Ayayay”, que se canta durante los primeros días, y el “Illauka”, sobre su final y despedida. “El disco busca dar un panorama de lo que pasa hoy día en el canto con caja chayera, y la cantidad de cultores que tenemos vivos, desde que en 1969 se hicieron esos primeros registros con Jaime Morán”, cierra Pineda.




domingo, enero 20, 2019

El barroco vivo en la Pascua de Negros en La Tirana

ROSARIO MENA
Religión
El Mercurio

El 6 de enero, día de Pascua de Reyes, tiene lugar en La Tirana y otros muchos pueblos del Norte Grande, la llamada Pascua de Negros. Música, bailes y una profusión de elementos decorativos y rituales hacen de esta celebración tradicional, nacida del sincretismo entre la cultura pastoril andina, la evangelización católica y la influencia negra, un complejo ritual festivo, en el cual el Niño Dios es el protagonista, identificando a indígenas, mestizos y afrodescendientes desde la la Colonia hasta hoy.



Cinco de enero. Atardece en la explanada. Frente al santuario de la Virgen del Carmen de La Tirana, las banderitas de papel plateado colgadas entre los árboles y postes emiten reflejos intermitentes con el movimiento del viento, iluminadas por el sol poniente. Los niños corren de un lado a otro de la gran plaza, mientras se va recortando la silueta de los tamarugos contra el cielo nortino y los carros de comida callejera atendidos por chilenos y peruanos despachan a destajo empanadas fritas, sopaipillas, anticuchos y completos.

Cuando la Iglesia Católica celebra la Fiesta de la Epifania, el 6 de enero, y en varias partes de Occidente se reciben regalos conmemorando la llegada de los Reyes Magos, en medio de la Pampa del Tamarugal, a 72 kilómetros de Iquique, se prepara la Pascua de Negros. Una fiesta originada en el sincretismo católico-andino en el Virreinato del Perú, que hunde sus raíces en el Imperio Inca, se construye en la evangelización española y se consolida en la industria minera y salitrera, cuando aún este territorio era peruano.

En las casas se levantan los parabienes, espacios presididos por un gran pesebre hecho por todos los integrantes de la familia que representa sus tradiciones y sentido de pertenencia, tanto en la recreación de los paisajes como en el tipo de animales que se colocan, las vestimentas de las figuras y otros múltiples objetos, en conjuntos atiborrados de ornamentos y luces. Hasta ellos llegan los bailes invitados por la familia para rendir honores al Niño Dios. Signos de la alegría de la fiesta son las peritas de Pascua, la chicha, el chocolate, las rosquillas y las galletas que se reparten entre todos los asistentes.

Familias enteras, hombres y mujeres de todas las edades, tanto vecinos del pueblo como residentes en Iquique, Arica, Antofagasta y en comunidades cercanas, aimaras y quechuas, comienzan a repletar el centro histórico de esta localidad de menos de 800 habitantes, conocida masivamente por la Fiesta de la Virgen del Carmen de La Tirana, el 16 de julio, cuando más de 200 mil personas se toman sus calles polvorientas entre bailes, música y bullicio, convulsionando por una semana su tranquilo ritmo habitual.

Distinto es en esta ocasión. Si bien la iglesia, la plaza, las calles, las casas y los locales comerciales se llenan de gente y de vida, y más de quince bailes hacen su arribo al pueblo, no son más de 10 mil personas las que se congregan el día de la Pascua a la hora de máxima concurrencia. Se trata de una fiesta comunitaria. Esta es la fiesta de los tiraneños, y la más importante para ellos junto a la Navidad, de cuya celebración forma parte.

El pueblo y la Iglesia

Dentro del templo, el pesebre a escala natural de ambientación andina es visitado por los devotos y bailes de pastores con sus cantos y danzas. Afuera, se hacen también presentes las bandas de bronces. El programa parroquial se intersecta con la agenda propia del pueblo, apegada a una historia en la cual la presencia de los sacerdotes, que venían desde lejos sin que hubiera una parroquia establecida, era un servicio puntual en la liturgia, dentro de una fiesta organizada y sostenida por la comunidad y regida por los tres bailes de pastores locales, portadores de una antigua tradición que hasta hoy intentan preservar y difundir.

Es el caso de los Indios Pastores de la familia Choque, uno de los bailes de pastores más tradicionales del país, que se desprende en 1980 del baile más antiguo del pueblo de La Tirana, fundado por don Nemesio Loayza a principios del siglo XX. Además del uso y estilo de su danza, se caracterizan por sus instrumentos de origen europeo como mandolina, violín, acordeón y el tamborcito, y la cadencia melancólica de sus cantos al Niño Dios, que contrasta con los nuevos ritmos que se observan en los bailes foráneos.

"La Iglesia, con todos sus aciertos y aportes, ha convertido la fiesta del pueblo en un evento muy dirigido a los peregrinos, los de afuera. Hoy en día los lakitas (banda de zampoñas) han ido modificando la forma de tocar, asimilándose a las bandas de bronce, y los pastores van bailando zambeado, con un vaivén que no tiene nada que ver. Ese sonido y ese toque que llegan del exterior predomina en la fiesta. Se ve que hay un baile de pueblo, el de don Nemesio (Loayza), la familia Choque, la abuela Elcira (Morales) -los tres bailes antiguos de La Tirana-, y otros que llegan con ideas y vestimentas inspiradas en otros territorios, como cusqueños y otros", dice Víctor Choque, profesor, investigador, músico e integrante en cuarta generación del baile de la familia Choque.

Sincretismo multiétnico

El origen de la festividad es aún tema de estudio. Según Marco Chia, profesor de historia y voluntario en la capilla del santuario, esta surge de la superposición de la Epifanía, celebrada en Europa, con el awatiri, o fiesta aimara de los niños pastores, ya existente en el altiplano y en la pampa antes de la Conquista. "En esta celebración los niños que ya estaban creciendo les transferían el oficio de pastor a los más pequeños. Había danza, música y se preparaban unos panes especiales de quínoa. Esto calzó muy bien con la Epifanía, y el Niño Dios se identificó con el niño pastor. Además existían bailes de indios en honor a la nobleza inca que por entonces dominaba el territorio".

Por su parte, Rosa Quispe, cantora y profesora intercultural aimara, e integrante del baile de pastores de su pueblo, La Huayca, a pocos kilómetros de La Tirana, cree que "los bailes de los pastores se asimilaron a la devoción al nacimiento del Niño Dios, porque los pastores son los primeros que lo visitan en Belén".

La denominación de "Pascua de Negros" se atribuye al hecho de que en dicha fecha, central en la devoción al Niño Dios, de gran importancia durante la Colonia, los esclavos negros podían gozar de día libre, identificándose con el rey mago negro, Baltazar. Su influencia se deja ver en los zapateos de los bailes, demostrando la riqueza del aporte multicultural que recibe esta celebración católica en contacto con las poblaciones locales. En el caso de La Tirana, y toda la Pampa del Tamarugal, se establecieron afrodescendientes que trabajaban en torno a la extracción del tamarugo y en las minas de plata.

Como explica Alberto Díaz, doctor en antropología de la Universidad de Tarapacá, "hay evidencia documental de esto, de los siglos XVIII y XIX. Ellos musicalizaron fiestas como la de Epifanía, siendo la celebración resultado de una historia profunda de poblaciones multiétnicas que matizaron el rito mucho más allá del culto católico, dotándola de múltiples atributos, sonoridades y coreografías, en la que confluyen las influencias afro, hispanas e indígenas. A los sonidos de acordeones, violines, mandolinas y guitarras se suman, desde los años 70, las comparsas de lakitas".

La guardería de los niños Jesús

El Niño Dios se multiplica en miles, pudiendo hallarse decenas de ejemplares al interior del mismo nacimiento, dando cuenta de la infinita capacidad de representación identitaria que posee esta figura, encarnando la diversidad cultural y permitiendo su apropiación por parte de cada persona y comunidad de acuerdo a sus particulares valores e imaginarios.

Los peregrinos traen en sus brazos, en coches, cajitas o canastas, figuras del niñito Jesús de todos los tamaños, estilos y épocas, vestidos y alhajados de acuerdo al contexto cultural de sus propietarios. Los llevan en romería en la procesión principal por el pueblo, bajo el sol quemante del mediodía. Rodeados de adornos, peritas y caramelos, muchos son dejados, previo registro en un cuaderno, en la capilla del santuario, habilitada como guardería, la cual este año recibió más de mil cien niños y conjuntos de niños en custodia, superando en un cincuenta por ciento la demanda del año pasado.

La mayoría de las figuras son fabricadas en Perú y adquiridas en Tacna. Algunas de las pequeñas esculturas, de factura cusqueña o quiteña, tienen más de cien años de antigüedad. Todas son homenajeadas por los bailes que visitan la capilla, para ser retiradas por sus dueños al finalizar la fiesta y regresar a sus hogares.

viernes, diciembre 14, 2018

Virgen Peregrina que recorre toda Petorca tiene su propio libro

El Mercurio

"Alta Esfera" reúne canto a lo Divino, fe y sabiduría campesina.
Más de 80 fotografías que Manuel Morales tomó en caseríos y pueblos de la precordillera de esa comuna incluye la investigación etnográfica de Daniel González y Danilo Petrovich. 

Romina de la Sotta Donoso
Es un libro atípico. En él, las palabras y las imágenes tienen la misma relevancia, y entre ambas reconstruyen una de las más profundas e identitarias expresiones culturales de nuestro territorio.

"Alta Esfera" (128 páginas) es una investigación etnográfica que recorre los caminos y visita las casas donde se aloja la Virgen Peregrina de la Merced de Chincolco, desde el 15 de agosto, en la Fiesta de la Asunción de María, hasta bien avanzado diciembre.

"Las vírgenes peregrinas son una tradición propia del territorio del Norte Chico donde se practica el Canto a lo Divino, que es entre el Choapa y el Aconcagua. Son imágenes de culto que salen a recorrer los campos y las quebradas en una fecha relevante", cuenta el antropólogo Danilo Petrovich, coautor con su colega Daniel González de esta investigación que se completa con las fotografías de Manuel Morales.

La Virgen de la Merced de Chincolco recorre toda la precordillera de la comuna de Petorca; hacia el norte llega hasta el límite con la Región de Coquimbo, y hacia el sur, hasta El Sobrante. "Geográficamente, es un área de unos 50 kilómetros a la redonda, pero llena de caseríos y pueblitos", explica Petrovich.

Cuenta que la imagen se va trasladando a pie, de casa en casa, y que cada familia la aloja uno o dos días. Llega cerca de las cinco de la tarde, y hay que recibirla en un altar que la familia ha hermoseado con sábanas blancas y flores frescas, luces y velas. Se sirve once a los invitados, entre familia, vecinos y cantores, ojalá con pajaritos dulces, y luego se canta a lo Divino. La vigilia puede llegar hasta el amanecer y también se bailan lanchas.

"Las alojadas son un espacio súper bonito, cargado de sentido porque es un rito. Es un espacio frágil y al mismo tiempo elegante, porque todos saben cómo se hace y nadie habla de cómo se tiene que hacer. Eso es lo que es una tradición, lo que se hereda, y no un conjunto de reglas protocolarizadas. En este caso, es llegar, recibir bien a la virgen, cantar, atender, comer y conversar bajito", enfatiza Petrovich.

El libro "Alta Esfera" fue financiado por un Fondart de la Región de Valparaíso. Contiene una breve y nutritiva introducción -pocas veces nueve páginas dicen tanto- y 86 fotografías de Morales. El contraste es sublime: las casas son materialmente humildes, y la fe, exuberante. La trágica belleza de un paisaje donde los ríos están secos adquiere otra dimensión espiritual con las pequeñas procesiones familiares que cargan la imagen.

El título del libro alude a los llamados "poetas de alta esfera", que son los que conocen gran variedad de fundamentos (temas), versos y entonaciones. "Tienen una gran sabiduría en torno al canto y a la poesía campesina", detalla Petrovich.

Sabiduría que se incorpora en el libro a través de 15 versos a lo Divino de Pedro Tapia (75), uno de los mayores devotos de esta fiesta religiosa y heredero de la rica tradición de Petorca.

Este poeta de alta esfera es uno de los pocos que "arreglan" los versos cuando están "desarmados" (cuando su métrica o rima no es perfecta). Tapia, además, tiene un completo dominio de la guitarra y canta con gran belleza, afinado.

"Él fue el obligado de su familia, lo entregaron al patrón como fuerza de trabajo a los 5 años. Y vivió como inquilino en el fundo del Pedernal. Ha tenido una vida muy sacrificada en términos de precariedad material; vivió a pata pelada hasta los 15 años y hoy sigue viviendo en una mediagua a los 75. Ser cantor y poeta es una forma de resistencia a esta vida tan dura que le ha tocado llevar. Él es un gran exponente del Canto a lo Divino, en términos de cantidad y calidad de versos que sabe. Es un cantor excéntrico para el día de hoy, porque canta fundamentos que ya se cantan muy poco", destaca Petrovich.

En el libro incluyeron, entre otros, versos por Literatura (es decir, sobre la naturaleza) y versos por la Mujer Samaritana, por Lázaro y por Genoveva.

Petrovich y González han visitado a Tapia varias veces al año, desde 2011, e incluso lo grabaron cantando en el CD doble "El Iris de la bonanza", que puede escucharse en Mucam.cl.

"Todas nuestras investigaciones se basan en nuestra experiencia directa en las fiestas religiosas. El Canto a lo Divino no es solo una tradición adscrita a la fe y la devoción popular; también es la expresión de un mundo, un tiempo y un espacio. Es la experiencia estética de un mundo campesino que hace 40 años era el de la hacienda, y que hoy es de valles sin agua", dice Petrovich.

"Alta Esfera" es publicado por Mucam y Mundana Ediciones y se lanza mañana, en la Furia del Libro (17 horas, en el GAM). Lo presentan Petrovich y Morales, más el poeta Bruno Cuneo, con el cantor Gabriel Huentemil. Después se venderá en Metales Pesados.

miércoles, marzo 07, 2018

Cineteca Nacional reestrena documentales restaurados

El Mercurio

Se trata de cuatro registros del matrimonio formado por Nieves Yankovic y Jorge Di Lauro. 

Por Carlos Carrasco Peguero

Desde hoy se podrán ver, en la Cineteca Nacional de Chile, los trabajos de restauración de cuatro obras de la pareja de cineastas formada por Nieves Yankovic y Jorge Di Lauro, conocidos como "los Di Lauro". La colección incluye "Andacollo" (1958), "Los artistas plásticos de Chile" (1960), "San Pedro de Atacama" (1964) e "Isla de Pascua" (1965).

El matrimonio hizo un total de nueve documentales y su aporte al cine de no ficción chileno es considerado inmenso. Con estilo antropológico y realzando nuestras raíces culturales, su trabajo los llevó a ser los primeros en Chile en filmar con formato Cinemaescope, que requiere lentes anamórficos, y también en registrar la Isla de Pascua a color.

En 2014, Gisela Cares, su hija, depositó en la institución las cintas que estaban en el archivo familiar. Según se documenta en la Cineteca, estas películas estaban en un estado de gran deterioro. Por la relevancia de sus trabajos para la comunidad audiovisual chilena, fueron derivadas al laboratorio de restauración fílmica. Luego de recuperar algunos fragmentos perdidos, estabilizar las imágenes, devolverles su color original y quitarles desperfectos con técnicas digitales en un período aproximado de dos años, hoy finalmente podrán ser reestrenadas.

Además de las funciones, se hará circular un DVD con las cuatro películas y un pequeño libro con sus biografías y obras, que incluye una entrevista inédita a los autores. Para la directora de la Cineteca, Mónica Villarroel, esta tarea representa "nuestra misión con el archivo, pero también con el acceso. Estamos celebrando 12 años de existencia y llevamos 16 películas restauradas, lo cual es un estándar muy alto para América Latina". Se distribuirán en diferentes organismos públicos vinculados a la cultura y a la educación.

Para David Vera Meiggs, crítico e historiador de cine, a "los Di Lauro" los impulsaba "el amor y un fuerte mensaje evangélico (no relacionado con la iglesia actual) que los hacía poner en primer lugar al hombre y su dignidad". Una entrevista inédita que él le hizo a la pareja en 1980 será publicada en el libro de la colección. En ella se cuentan varias anécdotas sobre sus trabajos, además de la cercanía que mantuvieron con figuras como Violeta Parra o Raúl Ruiz.

Todas las obras de "los Di Lauro" fueron exhibidas internacionalmente, aunque la distribución nacional fue escasa. Pese a lo anterior, Vera Meiggs no duda en resaltar que "antes de ellos se filmaron películas en Chile como en cualquier parte. Después de ellos se filmó cine chileno propiamente tal".

COORDENADAS

Las exhibiciones son desde hoy hasta el 19 de marzo, a las 20:15 horas, en la Cineteca Nacional.

domingo, enero 07, 2018

Rescatan los olvidados cantos kawésqar

El Mercurio

Por primera vez el público tiene acceso a los registros históricos que revelan toda la riqueza poética y musical de ese pueblo canoero del extremo austral del país. 

Por Romina de la Sotta Donoso

Durante siete mil años, los kawésqar recorrieron en sus hallef -canoas de coigüe- la península de Taitao y del Estrecho de Magallanes. En el centro, siempre prendido el fuego; mariscando las mujeres, y cazando lobos marinos los hombres, con sus arpones.

La debacle del pueblo nómade comenzó a fines del siglo XIX, con la chilenización y las irrupciones de los ovejeros y los loberos chilotes, y se aceleró por las enfermedades contagiosas que nunca habían conocido.

Justo cuando su herencia cultural pendía de un hilo, fueron registrados algunos de sus cantos, pilar fundamental de su cultura ritualística y chamánica centrada en la palabra. Cantos que por primera vez tienen acceso público gracias al colectivo de investigadores Etnomedia. Con un Fondart Regional de Magallanes, produjeron el CD "Kawésqar (1971). Registros de María Ester Grebe Vicuña", con 20 registros que la antropóloga hizo en Puerto Edén.

"Hay cantos de amor y arrullos, cantos del lobo marino y del lobo toruno, y cantos para hacer fuego. Y hay también fragmentos de su tradición oral; por ejemplo se cuenta la historia de Saltájar, héroe encargado de poblar el mundo y traer la cultura a los hombres. Son los últimos fragmentos de lengua kawésqar hablada que se registraron", detalla el antropólogo Mauricio Pineda Pertier, investigador a cargo del proyecto.

Además de conversar con ocho sobrevivientes kawésqar, Grebe les hace oír las grabaciones que la expedición científica de Coon y Medina había hecho allí, en 1959. "Al mostrárselas, la doctora logra que la gente se entusiasme y que valore lo que se estaba perdiendo. Le terminan diciendo que están lajép , es decir, contentos y felices, por la visita y los recuerdos", comenta Pineda.

Uno de ellos es Alberto Achakáz, quien revela en las grabaciones elementos clave de la cosmovisión kawésqar. Murió en 2008, por una septicemia, tras un mes y medio hospitalizado. Estaba desnutrido y deshidratado, y había enviudado hacía nueve años de Margarita Molinare, quien en el disco canta canciones de cuna y de amor, y explica cómo jugaban a la ronda.

"La oralidad tiene una importancia central en esta cultura. Fueron nómades por miles de años; cuando se encontraban en una playa, se contaban las historias de los viajes y esto permitía que cuando un joven emprendía una travesía, ya contaba con toda la información sobre los fiordos, los canales y los peligros", dice Pineda.

Del CD se entregaron 480 copias al antropólogo kawésqar José Tonko Paterito, en la Universidad de Magallanes, que él ha distribuido entre las familias. "Es lo mismo que la doctora Grebe ya hacía en 1971, una antropología compartida, una restitución social de la producción académicamente tratada", dice Pineda. También donaron ejemplares del disco a todas las escuelas públicas de la Región de Magallanes, para reforzar la recuperación de la lengua kawésqar en los educandos, y están también entregándolo a todas las bibliotecas públicas de Magallanes.