Mostrando las entradas con la etiqueta Música chilena. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Música chilena. Mostrar todas las entradas

jueves, julio 14, 2022

Plataforma MusicaTradicional.cl: Una ventana a la observación del folclor que plantea nuevos debates

Cecilia Astorga



 El Mercurio

¿Se puede hablar de folclor hoy como se hablaba hace 50 años? Un reciente encuentro de cultores y académicos analizó diversas combinaciones y temáticas. En tanto, nuevos contenidos sobre esta música se despliegan en la red.

IÑIGO DÍAZ


Entre “Canto y guitarra”, de Violeta Parra, y “Mi Chile central”, del Conjunto Graneros, se contabilizan 30 años de música, representada en 42 long plays pertenecientes a la serie “El folklore de Chile”, de EMI Odeón.


Con nombres de cultores como la nortina Elena Montoya, el cantor Héctor Pavez y elencos como Cuncumén, Millaray, Ancahual o Rauquén, esa saga de entre 1956 y 1986 vino a marcar la presencia de la música folclórica en un espacio nuevo, más allá de su hábitat campesino: la industria de fonográfica.


Una cronología completa con estas fabulosas carátulas y enlaces a páginas donde se pueden escuchar los álbumes forma parte de los contenidos de MusicaTradicional.cl. Se trata de una plataforma de divulgación del folclor que nació como ala editorial de una investigación Fondecyt a cargo de Christian Spencer, director del Centro de Investigación en Artes y Humanidades de la U. Mayor.


La web, de libre acceso ad portas de una segunda etapa, expone otros contenidos afines, con líneas de tiempo sobre acontecimientos de la historia de la música tradicional y folclórica, publicaciones periódicas y musicológicas y el rol de la Sociedad del Folklore, fundada en 1909 y que fue pionera en América Latina. Pero además va de la mano del reciente Encuentro Nacional de Músicas Tradicionales y Folclóricas, que tuvo lugar en la misma U. Mayor, con participación de cultores y académicos.


“Cada vez es más difícil separar prácticas, oficios y especialidades. Hablamos de folcloristas que están estudiando posgrados en música o de académicos e investigadores que también están haciendo música actualmente”, señala Spencer. “¿Si es posible hablar de folclor como se entendía antes? Yo creo que hay un proceso de renovación muy fuerte, que comenzó este siglo”.


Si la idea de “lo tradicional” se instauró en el siglo XVIII y la de “folclor” en el siglo XIX, existió entonces una evolución: “El folclor de masas aparece en el siglo XX. En los años 80 se empieza a hablar de cultura tradicional, en los 90 de cultura popular, y este siglo surge la idea de patrimonio. Pero en toda esa continuidad siempre está la noción de que existe algo que debe conservarse”, refiere.


En ese sentido, el debate está abierto en un mundo creativo donde existen muchas tensiones. “Gepe y su disco ‘Folclor imaginario' es resultado de ello. Nano Stern habló del carácter hidropónico del folclor, una cultura que no tiene una raíz directa con la tradición y sin embargo existe”, dice Spencer, mencionando desde luego el peso que tienen los linajes en el folclor, las familias de cantores, músicos y poetas y la era de la recopilación y la proyección folclórica iniciada por Violeta Parra, Margot Loyola, Raquel Barros y Gabriela Pizarro.


viernes, julio 05, 2019

Inauguran Museo de la Música Chilena


sábado, enero 11, 2014

Reeditan libro de referencia sobre la música nacional

El Mercurio

Tras años completamente agotado, Catalonia reedita "En busca de la música chilena", de José Miguel Varas y Juan Pablo González.

Romina de la Sotta Donoso

"En busca de la música chilena" (2005), de José Miguel Varas y Juan Pablo González, lleva años agotado. El volumen, encargado por la Comisión Bicentenario, retrató el devenir musical nacional del siglo XX a través de dos tipos de textos. El Premio Nacional de Literatura aportó con una crónica personal en la que describe el paisaje sonoro que conoció a lo largo de su vida, desde los pregones de su infancia, avanzando por la época de oro de la radio y los reinados de la música mexicana, hasta las orquestas típicas. El musicólogo, en cambio, elaboró una antología de artículos de prensa, entrevistas y críticas publicados entre 1910 y 2004, y referidos tanto a la música clásica como la popular y de raíz folclórica.

Ahora Catalonia lanza una nueva edición de este libro, de 536 páginas. La crónica de Varas se conservó íntegra, pero se eliminaron los dos cedés dobles de ejemplos sonoros de la primera versión. Además, se actualizó la compilación de González, con un artículo que él mismo publicó en 2010 en Artes y Letras de "El Mercurio", y en el que se pregunta qué es la música chilena.

"En esta antología, hablan los propios músicos, y no de forma retrospectiva, sino en el momento mismo en que adquieren visibilidad", apunta el musicólogo. Destaca el rescate de figuras como Pablo Garrido -"era mucho más que un jazzista, fue un puente entre lo docto y lo popular y el gestor de la mítica Caravana de la Música Chilena"-, y de fenómenos como los coléricos -"Es una traducción que solo se usó en Chile, de Angry Young Men , jóvenes ingleses de los años 50 descontentos con el sistema"-.

"En Chile hay una música popular ilustrada que entiende que la música no es solo para bailar o enamorarse, sino que también transmite contenidos estéticos o posturas éticas", asegura González.

"En los años 10 y 20, el discurso sobre la música era ilustrado y breve, y en los 30 se vuelve más político y empiezan a hablar los propios músicos, porque están construyendo la nueva institucionalidad musical chilena", apunta. En los 50 aparecen los intérpretes, y en los 60 se produce, dice, "la gran eclosión de la música popular, que empieza a tener un discurso que la trasciende y tiene que ver con problemas existenciales, políticos y culturales. Eso obliga al periodista de espectáculos a 'ponerse las pilas' para estar a la altura y para que Violeta Parra no le vaya a hacer otra 'Mazúrquica modérnica' ", agrega, y recuerda que esa canción de acentuación esdrújula fue la respuesta de Violeta Parra a una consulta igual de anacrónica.

"En 1973, a pesar del apagón cultural, se refuerzan la música clásica y la ópera porque el régimen no las considera políticas, y las revistas de oposición encuentran en el discurso de los músicos en el exilio una manera de instalar un discurso político cultural", comenta. Luego tomará fuerza el pop rock. Eso es abordado por varios reportajes compilados, igual como antes hay entrevistas a Margot Loyola, Los Jaivas y Eduardo Gatti, y un artículo de Gabriela Mistral sobre Los Cuatro Huasos, entre otras gemas de la prensa.

 Citas elegidas
Crítico alaba a un Claudio Arrau de 16 años
"Si se atiende a su edad, Mozart, Beethoven y Liszt son sus únicos rivales y ellos son también sus maestros predilectos, cuyas obras no las abandona cuando caen en sus manos".
Emilio Uzcátegui, América, 1919

Violeta Parra:"No tengo voz como cantante"
"Tengo sesenta composiciones originales. Algunas de ellas son triviales, pero 'comerciales', según el criterio de las casas grabadoras. La más popular, aunque no me gusta, es la guaracha 'El funicular'. En el género serio tengo tonadas de corte folklórico, valses, etc. Escribo la música y la letra" (...) No tengo voz como cantante, pero imagino que una voz hermosa como la de Margarita Alarcón podría sacar partido a nuestro auténtico folklore".
Ecran, 1954

La primera sinfónica infantil de Jorge Peña Hen
"Como en otros países, debiera existir en Chile orquestas sinfónicas de varias categorías, desde orquestas sinfónicas primarias, secundarias y hasta profesionales. Sólo existen las últimas, pero las anteriores son sumamente necesarias".
Las Últimas Noticias, 1965

Luis Advis habla de la Cantata "Santa María de Iquique"
"Artísticamente, aunque quedé bastante conforme, no la considero nada especial. Para mí, significa sólo un paso más, y en ningún caso es el definitivo".
El Musiquero, 1972

jueves, junio 13, 2013

La SCD refuerza la música chilena con el lanzamiento de una nueva radio en internet

El Mercurio

"Musicachilena.cl" debutará en julio con programación exclusivamente nacional. Cuenta con una biblioteca de más de 40 mil canciones, que van desde el hip hop a composiciones clásicas.

José Vásquez

La contienda es desigual para la música chilena, pero siempre se abren nuevos frentes de batalla. En los últimos años, el promedio de presencia nacional en el dial no superó el 12% de la programación, pero siempre hay quienes buscan romper esta tendencia.

A ejemplos como el exitoso presente de "Radio Uno" -que en la FM goza de buena salud-, firme en su idea de salir al aire solo con artistas locales, ahora se agrega un nuevo aliado, pero desde otro canal.

Porque en julio debutará en internet "Musicachilena.cl", un proyecto de la SCD realizado por la Fundación Música de Chile. Una nueva radio online que cuenta con el respaldo de una biblioteca musical equipada con más de 50 mil canciones que abarcan todos los estilos, desde el hip hop a la música clásica, las 24 horas del día en la web.

"Es una radio peculiar: no tiene comerciales, por lo que la continuidad está garantizada. El catálogo al que accede supera por completo el concepto de parrilla (50 mil canciones), y los programas con locución, que son pocos pero importantes -ver recuadro-, cuentan con especialistas a su cargo, cada uno con total autonomía para estructurar su pauta e invitados", dice Marisol García, periodista especializada en música popular y quien es la editora general de esta radio.

Ignacio Franzani, a cargo del matinal de la emisora, o José Oplustil, experto en música clásica, serán algunas de las voces de "Musicachilena.cl", que saldrá al aire durante el mes de julio. Para eso ya se han grabado algunas sesiones y entrevistas previstas para el debut, todas realizadas en la sala de la SCD de Bellavista.
"Radio Uno ha hecho un importante trabajo de ubicación masiva de un concepto que en algún momento pareció arriesgado, y ha sabido mantenerlo con especial apego a la actualidad de la música chilena. Nuestra radio puede explorar rangos más amplios. No buscamos hits ni noticias, sino conseguir que el auditor se familiarice con una tradición amplia y diversa de la música nacional", dice García.

Alejandro Guarello, presidente de la SCD y director de la radio, complementa sobre una idea que llevaban trabajando desde hace un tiempo y que este año lograron concretar: "Queremos que sea un aporte permanente para la difusión de nuestra música y un espacio que resguarde la diversidad de las composiciones chilenas".
_______
200 canciones diarias
tendrá en promedio esta nueva radio en su programación. Todas las entrevistas también quedarán archivadas en la web.

 Al aire
"Viaje sin rumbo"
Conduce: Ignacio Franzani.
Horario: Lunes a viernes de 9:00 a 11:00 horas.
Será un programa de conversación, novedades y entrevistas a músicos chilenos.

"Solo por esta noche"
Conduce: Santiago Ramírez.
Horario: Lunes a viernes a las 21:00 horas.
Un espacio que repasará lo mejor de la discografía chilena programando álbumes completos.

"Canción del sur"
Conduce: Marisol García.
Horario: Microespacio de lunes a viernes que los domingos a las 12:00 horas tiene su versión extendida.
Estará orientado al folclor y a la canción de raíz.

"Suite Recoleta"
Conduce: Íñigo Díaz.
Horario: Microespacio de lunes a viernes con su edición extendida los domingos a las 17:00 horas.
Recorrerá lo mejor del jazz nacional a través de su historia y su presente.

"Rapsodia chilensis"
Conduce: José Oplustil.
Horario: Microespacio de lunes a viernes con una edición extendida el domingo a las 19:00 horas.
Espacio dedicado a la música clásica nacional.

miércoles, diciembre 19, 2012

Inédita antología de música chilena

El Mercurio


Son diez cedés , que incluyen 80 obras nacionales que ha dirigido Luis José Recart. Serán presentados hoy, con un concierto gratuito de la Orquesta Marga Marga, la misma que, paradójicamente, está a punto de desaparecer.

Romina de la Sotta Donoso

En los últimos quince años, Luis José Recart (1963) ha estrenado 64 obras chilenas, y con eso ya superó la cantidad de estrenos nacionales que hicieron, sumados, Víctor Tevah y Fernando Rosas.

"Como crecí en Europa, siempre fui testigo del respeto que ellos tienen por su propia música, y también vi cómo se llenaban los teatros cuando se estrenaba repertorio latinoamericano", cuenta.

Volvió a Chile a fines de los 90, después de haber estudiado en el Conservatorio Rimsky-Korsakov de San Petersburgo. "Me sorprendió que aquí no había ningún respeto a la música nacional, así que comencé a alentar a los compositores a escribir para todos los ensambles que he formado. Pero no nos hemos dedicado sólo a estrenar obras, sino también a repetirlas y grabarlas, para que las programen otras orquestas", aclara.

Trabajo que realizó desde 1998 con la Orquesta Moderna, después con la Orquesta de Cámara de la U. Mayor, y que desde 2010 hace con la Orquesta Marga Marga.

Este acervo, más las grabaciones que ha realizado con otros coros y solistas, se reúne en la antología "Música chilena, 15 años de interpretación (1998-2012)".

"Partimos con clásicos como Alfonso Leng y Alfonso Letelier, y después empezamos a tomar a los compositores vivos", aclara Recart. Se incluyen en total 80 obras, de autores como Rafael Díaz, Guillermo Rifo, Carlos Zamora, Sebastián Errázuriz y Sebastián Vergara. También, de Juan Antonio Sánchez, Eduardo Cáceres, Javier Farías y Alejandro Guarello, entre otros.

El 80% de las grabaciones de la antología son en vivo, y uno de los diez cedés corresponde a orquestaciones del repertorio de Los Huasos del Algarrobal.

En el lanzamiento, a las 20:00 horas de hoy, una selección de estas obras será interpretada en la Sala Zegers (Compañía 1264), por la Orquesta Marga Marga. Sin embargo, esta agrupación de cuerdas, que en 2011 recibió la Medalla de la Música Chilena, parece tener sus días contados. Pertenece al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, específicamente al Programa de creación y desarrollo de orquestas en regiones. "Damos diez conciertos gratuitos al mes y no nos quedamos en los teatros; vamos a los barrios, las iglesias y las escuelas rurales. De hecho, en YouTube hay grabaciones donde estamos tocando y pasan los gallos y los chanchos por el lado. Nos sentimos orgullosos, porque ése también es Chile", aclara Recart.

"Esta orquesta nació en el gobierno anterior, y siempre se pensó como un proyecto de continuidad. Pero este año cambiaron todas las reglas, y nos dieron quince días hábiles para juntar un montón de dinero que equivale al 10% de los costos anuales, para recién poder postular a un fondo concursable que es sólo por un año. No podemos postular, porque estamos fuera de todas las bases, así que se estaría terminando la Orquesta Marga Marga", dice Recart.

sábado, noviembre 17, 2012

Jóvenes profesionales que lo dejaron todo por la música

El Mercurio


Estudiaron carreras apetecidas socialmente y que les garantizaban un buen pasar, pero de a poco su pasión por la música se fue instalando hasta obligarlos a tomar una decisión. ¿Arrepentidos? ¡Jamás! Estas son sus historias.

 Mauricio Palazzo

Para quienes no lo conocen, Daniel Riveros, más conocido como Gepe, es un compositor y multiintrumentista que se ha instalado, tras cuatro discos solistas, varias colaboraciones y un arduo trabajo de más de una década, como uno de los artistas imprescindibles de la escena musical chilena. Reconocido en Argentina, México y España, forma parte de la vanguardia independiente desde el año 2001, cuando hizo sus primeras armas en el dúo Taller Dejao. Aprendió a tocar la batería a los cinco años y según él mismo confiesa, "desde chico no recuerdo que haya querido ser otra cosa que músico, pero aunque intenté estudiar, nunca pude pescar en serio a los profesores que me contrataron mis padres, porque lo mío era más intuitivo. Y cómo sabía que no tenía la metodología para estudiar música, cuando tuve que elegir qué estudiar en la universidad estudié primero Derecho, tomé unos ramos de Estética y al final me metí a Diseño Integral en la UC", explica.

Por un buen tiempo tuvo que compatibilizar las clases con los viajes y los conciertos, pero de a poco "la música se fue apoderando de mi mundo entero", asegura. El 2004, cuando estaba en tercer año de la carrera, editó su primer disco solista, empezó a ser más conocido y los profesores entonces lo dejaron faltar a clases y entregar los trabajos atrasados. "Mi entorno fue bien amable en ese aspecto, y de a poco me la fui creyendo hasta que la música lo fue todo", sentencia.

-¿Trabajaste alguna vez como diseñador?
"Lo único que he diseñado son las portadas de mis discos y afiches míos y de otros amigos. Pero es loco, porque mi tesis la hice sobre la música como material de diseño. Y cuando hago música, me siento más diseñador que músico. Técnicamente, sé mucho menos de música que de diseño, y uso mejor Photoshop o Ilustrator que ProTools. Tuve suerte, porque no tuve que elegir entre el diseño y la música: hice que el mundo que más me importaba inundara el otro, y la música se metió en el diseño y en todos los aspectos de mi vida".

Una historia parecida tiene el compositor Leo Quinteros, quien tras cinco discos solistas también es parte de la avanzada musical criolla. Estudió Derecho, se recibió, puso una oficina con unos amigos y hasta trabajó de procurador, pero el bichito de la música siempre le estuvo picando. "Estudié percusión en la Escuela Moderna de chico y siempre tuve grupos con amigos, pero era más un hobby para mí. En mi familia no son muy apegados al arte, por lo que cuando elegí Derecho ni siquiera me pregunté si quería estudiar música. Pero de a poco fui construyendo una perspectiva más personal, y cuando ya estaba trabajando, me di cuenta de que prefería hacer música que ir a la oficina y tratar con los clientes. Grabé mis primeros demos, tuve buena recepción y me dije que si no me la jugaba ahora, no lo iba a hacer nunca".

Finalmente dejó la oficina y apostó todas sus fichas en grabar su primer disco con un sello independiente. "Y en ese mundo me quedé. Nunca más volví al Derecho, aunque le he hecho favores a amigos y familiares, obvio. Y aunque me ha servido harto, hoy me gano la vida con la música", asegura orgulloso.

-¿Fue dura la transición, pasaste hambre alguna vez? Porque en el intertanto te casaste y tuviste tu hija...
"Yo creo que todos hemos estado en alguna situación apretada alguna vez, pero no pasé hambre ni mucho menos. Nunca tan heroico, jajaja... Fue una transición pacífica, en ese aspecto".

La música es mi vida

Andrés Vicentela, licenciado en Medicina y puntaje nacional de Matemáticas en su época, y Juan Pablo Rojas, psicólogo titulado también de la UC, son dos jóvenes que se la jugaron por la música, pero que aún tienen mucho camino por delante. Ambos estudian en la Escuela Moderna de Música -el primero en primer año de Producción Musical y Gestión Artística y el segundo en el último de Composición-, y están en proceso de dejar sus carreras por seguir la senda musical.

"Yo mismo me puse como meta quedar en Medicina, porque quería estar en la punta de la pirámide social. Y aunque mis padres me apoyaban en lo que quisiera, supongo que si les hubiera dicho que quería estudiar Producción Musical se habrían imaginado a un tipo tocando guitarra en el metro por plata. Estudié cinco años, me licencié, pero cuando llegó el momento de hacer la práctica me di cuenta que no era lo que quería para el resto de mi vida", reflexiona este chico oriundo de Concepción.

-¿Y dejaste Medicina después de estudiar cinco años...?
"Jajajaja, sí, congelé Medicina y me vine a Santiago a estudiar Producción Musical... tuve la suerte de que mi familia me apoyó, aunque claro que les costó asumirlo".

Distinto es el caso de Juan Pablo Rojas, que por estos días alterna sus días entre su consulta psicológica y las clases y ensayos de diversos proyectos donde está componiendo, como su última obra, el musical "El Burgués Gentilhombre", estrenado el mes pasado en la Universidad de los Andes.

"A mí la música me persiguió. Entré a Psicología porque me gustaba, aunque siempre seguí cultivándome y componiendo. Tras algunos intentos musicales exitosos decidí arriesgarme y estudiar ambas carreras en paralelo. No me dio el cuero y tuve que dejar Composición, pero en la universidad me pidieron entonces que hiciera un musical. Lo hice por dos años seguidos, por amor al arte, como una manera de servir a la Iglesia, y ahí me di cuenta de que podía llegar al corazón de la gente mucho mejor como músico que como psicólogo".

Se tituló, abrió su consulta y volvió con más ahínco a la Escuela Moderna. "Y aunque mi familia me apoya, siempre insisten en que mantenga algunos pacientes y no deje la psicología, porque la música no me va a dar de comer. ¡Pero yo gano más plata como músico que como psicólogo! Así que ahora estoy tratando de hacer las dos cosas, aunque sé que en poco tiempo más voy a tener que elegir una", dice pensativo.

-¿Y cuál te produce más alegrías?
"Disfruto mucho de las dos, porque mi pasión es ayudar a los demás. Pero me veo más como músico, porque ahí es donde puedo hacer un aporte mayor y, obviamente, ser más feliz".



sábado, mayo 26, 2012

EMI contraataca reeditando catálogo Nacional


El Mercurio

Aparte de las ya conocidas reediciones en vinilo de Los Prisioneros y del rock de los 90, la filial chilena de la multinacional EMI se apresta a abordar diversos rescates de la música nacional para dejarlo disponible en variadas plataformas.

José Vásquez 

Hace 17 años, EMI Odeón apostó fuerte por las bandas locales. Entonces se hizo un lanzamiento en vivo con todos sus nuevos créditos. Varios quedaron en el camino. Los que continuaron regresan en todas las plataformas disponibles. Es la segunda vida de la música nacional.

Fue el 8 de diciembre de 1995. El escenario se levantó en el Court Central del Estadio Nacional y ahí la amplificación reventó con los potentes shows de Lucybell, Los Tetas, Pánico, Machuca, Santos Dumont, Bambú, Jano Soto y Christianes, bandas que representaban mucho más que un "¡ceacheí!".

Entonces EMI Odeón apostó fuerte por el rock de factura nacional y el público se puso la camiseta por sus grupos favoritos. Había identidad local. Las canciones rotaban insistentemente en las radios, se veían por MTV y los discos se vendían a niveles que hoy, cuando la industria musical marca los números más preocupantes de su historia, ganarían afiebradas etiquetas de "multiventas".

Muchos de estos artistas fueron tildados de "alternativos", en tiempos en que el rock y el pop no tenía con qué compararse, luego de la desaparición de Los Prisioneros y la irrupción con fuerza de La Ley y Los Tres. Ahí emergieron grupos de arrastre popular como Chancho en Piedra, posteriormente Tiro de Gracia y Gondwana (cuando Quique Neira tomó el micrófono) y una radio como Rock & Pop tatuó en la cabeza de las personas que el 94.1 era el dial del rock chileno.

Por eso cuando EMI lanzó sus apuestas con un concierto en vivo ante más de 6 mil personas, la gran mayoría coreó hits instantáneos a nivel local como "Corazón desilusionado" en la clave punk de Machuca, "Cuando respiro en tu boca" con sonidos pop rock de Lucybell, "In Jamaica" con inspiración pop reggae de Bambú y, sobre todo, "Corazón de sandía", himno recurrente a la hora de hablar del sonido de la música chilena en los noventa coloreada en grafitis y con orientación funk .

Todos podían vivir en armonía y Quique Neira, quien iba al frente de Bambú en ese momento, lo resumía de la siguiente forma: "Buena onda que vinieron punks y no punks , rappers y no rappers , rastamanes, hippies y thrashers . Somos todos hijos de Dios". Amén.

Vinieron más bandas. Unas se mantuvieron con vida y otras quedaron en el camino. El proceso natural de la vida también ajusta cuentas con la música. Pero el registro de ese momento, la fotografía de ese concierto, quedó en la historia como, tal vez, el último gran intento por crear una escena local, fichando artistas, grabando discos y apostando por una proyección internacional.

El contraataque noventero
No están en las disquerías. Por más que los nostálgicos de los noventa buscaron en las estanterías de las tiendas de música no hallaron ninguno. Títulos como "Mama funk" y "La medicina", los más representativos en la historia de Los Tetas, no estaban en ninguna parte cuando Tea Time, C-Funk y compañía decidieron volver al ruedo después de siete años separados. Limaron asperezas y en diciembre del año pasado regresaron con un concierto caliente en el teatro Caupolicán. La búsqueda se amplió a una mayor cantidad de nombres donde se sumaron instantáneos los primeros álbumes de Tiro de Gracia, Lucybell, Joe Vasconcellos, Jorge González y Gondwana, títulos que EMI decidió volver a sacar al mercado en distintos formatos.

Al éxito alcanzado con la edición en vinilo de la discografía de Los Prisioneros con ventas cercanas a las 5 mil copias en trabajos que cada ejemplar bordea los $15.000, se acaban de agregar "Mama funk" de Los Tetas, "Ser humano!!" de Tiro de Gracia, el debut homónimo de Jorge González y "Peces" de Lucybell en vinilo, como nunca antes habían sido editados. Y van por más. Para mediados de junio se espera la salida de un vinilo triple de Los Prisioneros con "Ni por la razón, ni por la fuerza" y la edición en slidepack de los mismos títulos lanzados en vinilo, más "La medicina" de Los Tetas, "Made in Jamaica" de Gondwana, "Vivo" de Joe Vasconcellos, "Fe" de Mamma Soul y "Decisión" de Tiro de Gracia" para la segunda quincena de agosto, como parte de una segunda avanzada.

Catálogo en línea
Los próximos pasos vienen de la mano de lo digital. La biblioteca de EMI suma cientos de álbumes, pero en un primer momento pondrá a disposición de los usuarios una selección de los discos más característicos editados en los noventa. "El plan es hacer un lanzamiento en iTunes de algunos discos a un precio que ojalá no supere los US$ 5.99, como promoción. Nuestra política es que ningún título cueste más allá de US$ 9.99. Este es un proceso a mediano y largo plazo, tenemos un catálogo muy grande por lo que iremos paulatinamente anunciando los nuevos lanzamientos", dice Gonzalo Tapia, digital manager de EMI Chile.
"Esta reedición incluye todos los formatos en los que se consume música. Para los románticos está el vinilo. Para los consumidores habituales, el disco compacto y para cubrir el fenómeno digital el iTunes, una plataforma que no se limita sólo a Chile sino que abarca todo el mundo".

Los archivos de EMI guardan gran parte de la historia de la música chilena. El próximo plan es bajar una década y reeditar varios de los álbumes más característicos de los ochenta, donde Electrodomésticos lleva la delantera entre los trabajos a reeditar. "Partimos con Los Prisioneros, seguimos con el rock chileno de los noventa y esperamos lanzar compilados de cuecas, música de Violeta Parra y Víctor Jara para septiembre. Esperamos que para fin de año todo el catálogo nacional esté disponible en iTunes. Rescatamos el producto y así lo mantenemos hasta la eternidad", dice Tapia.

Es el segundo tiempo de la música chilena. Un regreso que va más allá de la nostalgia y un afán documentalista. Es música de consumo masivo que vuelve a estar disponible en un momento en que todo está a un clic de distancia.


sábado, marzo 10, 2012

Las apuestas musicales de la UC

Sylvia Soublette

El Mercurio

El 40% de las obras programadas serán estrenos en Chile. Se ofrecerán las primeras audiciones de una ópera de Donizetti y otra de Poulenc, así como el único oratorio que compuso Beethoven. Habrá 50 conciertos, desde este jueves.

Romina de la Sotta Donoso
Más de cincuenta funciones ofrecerá la XLVIII Temporada de Conciertos de la Universidad Católica. La mayoría se realizará en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), pero también habrá conciertos extraordinarios -y gratuitos- en el Centro de Extensión UC.

El 40% de todas las obras programadas serán estrenos en Chile. "Nuestra temporada obedece a un criterio musical, no comercial. Apostamos a dar a conocer obras que son nuevas para la gente porque no se interpretan en Chile, y reponer composiciones fundamentales del repertorio, desde la música antigua a la contemporánea", asegura Alejandro Guarello, director del Instituto de Música UC.

Por ejemplo, presentarán el único oratorio que compuso Beethoven, en vez de reprogramar alguna de sus sinfonías más masivas, y rescatarán obras de los chilenos Acario Cotapos y Roberto Falabella; así como Debussy, Copland y la Escuela de Mannheim. Las cifras avalan el éxito de este criterio: la ópera "Der Kaiser von Atlantis" de Viktor Ullmann reunió el año pasado a más de 1.500 asistentes. Y estuvieron repletos todos los conciertos del Festival de Guitarra y del Ciclo de Música Antigua.

La temporada parte el jueves 15 -en el Campus Oriente UC y con el auspicio de la Municipalidad de Providencia- con el IX Ciclo de Música Sacra, que se extenderá por siete jueves. Destacan la Misa de Schubert, con la dirección de Jaime Donoso (jueves 22), y dos jóvenes directores invitados: Felipe Ramos, con el barroco policoral de Giovanni Gabrieli, a 400 años de su muerte (29), y Eduardo Jahnke, con repertorio mundano del siglo XVI (5 de abril).
Programación en www.uc.cl/artes .

Rescate de obras olvidadas del repertorio universal y nacional


Un compositor del temprano Barroco será recuperado con la dirección de Eduardo Jahnke en el programa " Giovanni Ghizzolo y los olvidados del Seicento italiano", como parte del XI Ciclo de Música Sacra (5 de abril, Campus Oriente). También serán rescatadas "Ecuatorial", de Edgar Varese, y "Cantata para la América Mágica", de Alberto Ginastera (7 de junio).

Las potencialidades del trío serán exploradas en obras de Khachaturian y Milhaud, más una suite de "La historia del soldado" de Stravinsky , por el clarinetista Francisco Gouet, el violinista David Núñez y la pianista Liza Chung (5 de julio).

La Escuela de Mannheim será rescatada a través de obras de Stamitz, Cannabich, Holzbauer y Filtz (12 de julio). "Esta escuela fue la que impulsó el desarrollo sinfónico por su uso de dinámicas extremas, como el in crescendo . Pertenece al periodo del Sturm und Drang , cuando se pasa del Barroco al Clasicismo y hay una exacerbación tremenda de la expresividad", dice Guarello.

El francés Olivier Messiaen se hará presente con una obra para dos pianos: "Visions de l'Amen" (2 de agosto), y también se recuperará al chileno Roberto Falabella con su Divertimento N° 1 (16 de agosto).
Estudio MusicAntigua UC ofrecerá piezas de la Catedral de Santiago (4 de octubre), y Alejandro Reyes dirigirá dos estrenos de José Bernardo Alzedo (25 de octubre), dentro del XIV Ciclo de Música Antigua.
"Homenaje a Lincoln" de Aaron Copland y "Balmaceda" de Acario Cotapos , con Ramón Núñez como recitante, se encuentran entre los platos fuertes de 2012 (10 de septiembre, Centro de Extensión UC). "Confrontaremos dos miradas estéticas sobre dos estadistas que sufrieron una suerte bastante particular", apunta Guarello.

Nombres claves
La mayoría de los instrumentistas que actuarán en la temporada son académicos del Instituto de Música UC. Se les suman la Orquesta de Cámara UC y los coros de Estudiantes UC y de Cámara UC, el Estudio MusicAntigua y otros.

Entre los intérpretes más notables estarán los premiados guitarristas Luis Orlandini , Óscar Ohlsen, Carlos Pérez , Diego Castro y Sebastián Montes, el tenor Rodrigo del Pozo y el violinista barroco Raúl Orellana , además de la primer cello de la Filarmónica, Katharina Paslawski, y la contralto Evelyn Ramírez. Habrá tres profesores visitantes extranjeros: el pianista británico Ian Pace, el clavecinista italiano Davide Merello y el cornista húngaro Denis Simandy. A cargo de la batuta estarán, entre otros, Alejandro Reyes, Aliosha Solovera y David Núñez , además de Andrea Vela (Ecuador) y Joshua Dos Santos (Brasil).

Estrenos en Chile
Dos de cada tres obras programadas para 2012 son estrenos en nuestro país. Víctor Alarcón conducirá la primera audición del Stabat Mater y del Te Deum de Arvo Pärt (12 de abril), y también la Misa Romana de Sylvia Soublette (26 de abril).

Llaman la atención la serie de obras para bandoneón y guitarra que presentarán Daniel Lewin y Luis Castro, y que incluirá el doble concierto "Homenaje a Liege" de Eduardo Arolas (3 de mayo). "Será muy novedoso conocer al bandoneón ya plenamente incorporado como instrumento de concierto", dice Guarello.

Una faceta prácticamente desconocida del trabajo sinfónico coral de Beeethoven revelará el estreno de su único oratorio, "Cristo en el monte de los olivos" (14 de julio, Centro de Extensión UC).

"Por primera vez haremos una ópera para una solista en la temporada, con nuestra ex alumna Doris Silva: 'La voz humana' de Poulenc , con escenografía y r égie de Ángelo Solari", adelanta Guarello. Octavio Hasbún, subdirector de extensión del Instituto de Música UC explica que "es un monólogo dramático de una amante despechada". El programa se completará con "Ariettes Oubliées" de Debussy, con textos de Paul Verlaine (9 de agosto).

También en el campo lírico, se estrenará en Chile la ópera de Donizetti "Le convenienze ed inconvenienze teatrali", con la dirección escénica de Miryam Singer (13 y 14 de agosto, Centro de Extensión UC), y en el XXII Festival de Música Contemporánea, la 'tinta fresca' será, como siempre, el 70% de la programación (noviembre).

domingo, febrero 12, 2012

Noventa años de música romántica en Chile: voces y canciones inolvidables



El Mercurio
De la antigua canción melódica al vals; del bolero omnipotente a la balada pura, y de la canción "cebolla" al "revivalismo AM". Si en algo ha sido dinámica la música romántica, es en las formas de transmitir su mensaje. Y si en algo ha sido estática, es en su mensaje: siempre el mismo. En vísperas del 14 de febrero, recorremos la canción de amor local.

IÑIGO DÍAZ

"El bolero hay que decirlo... Para decirlo, tiene que ser más o menos lentito", afirmaba el astro Humberto Lozán, bolerista y voz de la Orquesta Huambaly. Él es uno de los exponentes de la refinada propuesta melódica que aparecieron en Chile a partir de los años 40: primero a través de la tríada formada por Mario Arancibia, Arturo Gatica y Raúl Videla, y luego con estrellas de alcance internacional, como Antonio Prieto, Lucho Gatica, y Sonia y Myriam.

El bolero, surgido en Cuba, pasó en la década de 1940 a ser una bandera de la canción romántica latinoamericana, abrazada en Chile por intérpretes, autores y consumidores, y considerada también como una suerte de contraoferta a la canción norteamericana con etiqueta tipo Bing Crosby. Gozó de un amplio dominio en las preferencias populares por tres décadas, hasta que la balada se empezó a instalar a fines de los años 50 y ganó su primacía con toda propiedad en los 70.

Tonada, tango, vals, bolero, balada. La canción de temática romántica tuvo en Chile distintos rostros y ritmos en el transcurso del siglo XX. Pero su mensaje ha sido siempre el mismo. "Mucho más desamor que amor", dice Marisol García, la periodista y coeditora de la enciclopedia en internet MusicaPopular.cl. Hoy, en vísperas del 14 de febrero, "Día de los Enamorados", la canción de amor vuelve a reclamar espacio.
La estrella de la canción

En la interpretación de la música romántica nacional, Juan Pablo González, director del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, detecta un hito fundamental, "que marca el inicio de la forma en que la entendemos hoy: se trata del uso del micrófono por parte del cantante en los años 20". Es la llave maestra de una industria y apunta al nacimiento de la estrella de la canción.

"Parte con Bing Crosby en Estados Unidos, Mario Réis en Brasil, José Bohr en Chile y Argentina. Gracias al micrófono, la voz del cantante romántico parecerá natural y muy cercana y creará una sensación de intimidad en el oyente", indica González, también coautor de los libros "Historia Social de la Música Popular en Chile". El profesor del Instituto de Música de la Universidad Católica y coautor del segundo de estos volúmenes, Oscar Ohlsen, difiere en su opinión con respecto al precursor: "Si alguien me presenta un par de discos cantados por José Bohr, donde su voz sea capaz de convencerme de que fue realmente un cantante romántico, cambiaré de parecer".

Ohlsen, en cambio, define al argentino Leo Marini y al mexicano Juan Arvizu como los primeros exponentes de la canción de amor en Chile. Marini, porque llegó desde Mendoza a Valparaíso en 1941 para grabar con el pianista cubano Isidro Benítez para RCA Victor. "Hizo 'Virgen de medianoche' (de Pedro Galindo), 'Puedes irte de mí' (de Agustín Lara) y dos canciones del chileno Luis Aguirre Pinto: 'Inútilmente' y 'Cerca de ti'. Arvizu también grabó con la RCA Victor, junto a la orquesta de Izidor Handler. Se le conocía como 'el tenor de la voz de seda'. Pero si hubiera que escoger a un cantante chileno, ése es Mario Arancibia", declara Ohlsen.

La historia reconoce en Arancibia un barítono de excepcionales condiciones expresivas. Aunque de carrera muy corta en Chile, dejó grabadas canciones sensibles, como "Despedida", de María Grever, con la orquesta de Vicente Bianchi. Tras su paso por escenarios de Río de Janeiro, Buenos Aires y Montevideo, actuó en nueve temporadas sucesivas en el Casino de Viña del Mar. "A principios de los años 50 se cambió al sello Odeon pero sin el éxito obtenido en su sello anterior, RCA Victor", cuenta Ohlsen. "Fue injustamente opacado por Lucho Gatica", agrega González.

"Lucho Gatica es nuestro Frank Sinatra", confirma Ohlsen. "El gran ícono de la canción romántica, con impacto internacional", agrega González. Grabó un cuantioso repertorio desde 1952: "Contigo en la distancia" (de César Portillo de la Luz), "Sinceridad" (de Gastón Pérez), "No te vayas amor" (de Vicente Bianchi), "Bésame mucho" (de Consuelo Velásquez). "Estamos frente al cantante-músico, como lo define Humberto Lozán, que logra frasear 'diciendo' el bolero a su gusto (...) Hay momentos en que una nota del cantante completa la armonía de la orquesta", escribe González.

 
Astros del bolero chileno. Lucho Gatica junto al pianista Pepe Carrera y las hermanas cantantes Myriam y Sonia von Schrebler, conocidas desde 1941 como Sonia y Myriam.


El estilo amyrianado
Antonio Prieto es la contraparte de Lucho Gatica, el otro astro chileno del bolero, aunque en los años 60 fue orientándose a la balada gracias al éxito de "La novia". "De voz más natural, aportó su encanto espontáneo y su capacidad histriónica, hasta transformarse en un chansonier al estilo Gilbert Becaud", dice Ohlsen.

La balada, que paulatinamente cambiará la orquesta por los instrumentos electrónicos y los sintetizadores, sustituye al bolero en la cronología, a través de nuevas voces: Cecilia, Buddy Richard y José Alfredo Fuentes en los 60, y Gloria Simonetti en los 70, hasta desembocar en los 80 en la máxima estrella de las últimas décadas.

"Myriam Hernández tiene todo lo que no tiene el cantautor romántico tipo Alberto Plaza o Pablo Herrera, que es más íntimo en su propuesta. Ella vive el personaje gestual, interpretativa y escénicamente. En eso es insuperable. Es la mujer enamorada, y lo demuestra en sus miradas, gemidos y hasta en sus declaraciones a la prensa", señala Marisol García.

En cuanto a interpretación vocal, se manifiesta en lo que la propia Myriam Hernández ha llamado "estilo amyrianado". "Se dio cuenta de eso una vez que vio a su hija imitándola cantar, con suspiros en cada final de verso. Myriam es la más 'amyrianada' de todas", agrega García.

El avance de los tiempos trajo además a una generación actual que se ha reconciliado con las raíces del dial AM. "Para mí, Javiera Mena es una cantante romántica excepcional. Está preocupada por los detalles. Cuando canta 'un audífono tú, un audífono yo', da una muestra de su madurez, y su canción pasa a ser como un himno generacional, aunque la temática se repita", opina García.

La temática, en efecto, se repite en la canción romántica más que en cualquier otra variante musical. En Chile, desde los años 20 y hasta reciente el hit "Miénteme una vez" de Los Vásquez. Marisol García analiza: "La educación sentimental de los latinoamericanos estaba filtrada por el bolero, y ahora por la balada, con todos sus estereotipos. Cuando un autor escribe 'no puedo vivir sin ti', está confundiendo al auditor. Porque, en el fondo, sí se puede vivir. Son esos estereotipos los que la canción romántica nunca podrá abandonar, porque si no se acabaría".

 
Rosita Serrano en Berlín, junto al pianista Kurt Wege y con la guitarra que lleva una dedicatoria del rey Gustavo de Suecia.

Su melodía y otra más: "Ay, ay, ay", "Vanidad", "Noche callada".
Mario Lanza, el famoso tenor y actor estadounidense de origen italiano, la cantó en 1957 en la película "Las siete colinas de Roma". No fue el único. Otros tenores europeos como Tito Schippa y Miguel Fleta, además las estrellas sudamericanas Carlos Gardel y José Razzano, y voces de internacionales como Pedro Vargas, Plácido Domingo y Julio Iglesias, cantaron esa pieza maestra de 1915 que se llama "Ay, ay, ay". "Las letras de Osmán Pérez Freire serían consideradas hoy melosas, por su candidez y dulzura. No hay duda de que esas composiciones estaban emparentadas con el período del romanticismo musical", señala Valentín Trujillo, quien aquí recorre entre el piano y su memoria el cancionero de clásicos chilenos.

Pérez Freire, muerto en Madrid en 1930 a los 49 años, es según Trujillo el primer autor de canciones románticas del siglo XX, precursor de todo un frente de compositores.

"Armando González Malbrán (1912-1950) es el capo di tutti capi . Como no se le conoce mucho, en el extranjero juran que su blue-beguine 'Vanidad' es mexicano. Claro, eso fue porque la grabó Pedro Vargas y la mostró por el mundo. Yo viví en Miami y me pasaba el tiempo diciendo que era chilena", cuenta Trujillo.
Francisco Flores del Campo escribió decenas de canciones en diversos ritmos. "Sufrir" es su bolero sanguíneo. Trujillo y Gloria Simonetti lo tocaron en su funeral en 1993 y lo grabaron en el reciente disco "Íntimo" (2011). Luis Aguirre Pinto (1907-1997) escribió otro bolero entrañable, "Un día llegarás", grabado por Arturo Gatica y el cubano Fernando Albuerne. Donato Román (1915-2004), el maestro del diminutivo bien calibrado, entregó su "Nidito de amor", que cantaron Sonia y Myriam; Luis Barragán escribió "Dudas de mí", que el portorriqueño Tito Rodríguez transformó en éxito; Vicente Bianchi (1920), que lo ha hecho todo en la música popular, compuso "Amanecer", bolero grabado por Pedro Vargas; y Jaime Atria (1919-1984), se inscribió con "Noche callada", con gran versión de los Quincheros.

"Ariel Arancibia (1925-1997) tuvo que esperar a que pasaran todos estos maestros antes de poner sus canciones en la mesa. Fue un compositor en una época de transición hacia la Nueva Ola, entonces podía escribir cosas juveniles como 'La ballena' y al mismo tiempo la mejor línea melódica para un poema de Óscar Castro, el bolero 'Para que no me olvides'", afirma Trujillo.

Entre los autores de una etapa intermedia están el músico y comediante Jorge Pedreros (1942), con la balada "Al pasar la edad"; Carlos Carrasco, uno de los Carr Twins, con el slow abolerado "Vida mía"; un injustamente opacado Orlando Salinas, con "Por que te quiero", que entregó a Los Ángeles Negros; y Nino García (1957-1998), con "Entre paréntesis". La línea autoral desemboca en Daniel Guerrero (1973), el hombre que en 2002 compuso la monumental "Mañana" para Luis Jara. Según Valentín Trujillo, "Guerrero sigue la línea de compositores como Buddy Richard y Marco Aurelio. Se centra en la melodía y no en el ritmo, como se hace ahora. Yo les digo a los autores: la melodía bonita los está esperando, no se peleen con ella. La melodía bonita es como la mamá, y con la mamá no se pelea".

 
Ha nacido un nuevo seductor. José Alfredo Fuentes puso la voz a la balada de fines de los 60.

lunes, diciembre 26, 2011

Descubriendo el canto en mapudungún


La Tercera

En 1777, un sacerdote jesuita editó 19 piezas musicales en lengua mapuche. Han pasado más de 200 años, pero un grupo de niños les da vida.

por Marcela Andrés

Gonzalo Peña tiene 11 años y se divide entre dos estilos. En casa tararea bachatas, en especial las canciones del grupo Aventura, que son sus favoritas. Pero ahora viste una túnica blanca con una franja con característicos motivos mapuches. Es su otra pasión. Junto a 34 niños de los colegios de la Sociedad de Instrucción Primaria entonan canciones corales.

Pero en este caso la diferencia es que la mayoría de los temas son prácticamente desconocidos. No hay villancicos ni otros clásicos para estas fechas. Los niños de este coro tienen entre nueve y 17 años de edad y sólo entonan canciones en lengua mapuche. El trabajo de un año los tiene orgullosos: ya lograron grabar su primer CD, titulado "El Chilidugú".

"Es muy lindo cantar. Al principio era difícil, pero cuando te vas acostumbrando es como fácil, no es tan complicado fijar las palabras", describe Dominic Avendaño, alumna de sexto básico. "Me encanta cantar, y vale la pena, es tan importante este idioma, creo que es importante para Chile", dice Paula Escobar, una de las solistas, con apenas 15 años.

Angélica Figueroa, la profesora de música y directora del coro, se emociona con el desarrollo del grupo. Cuenta que el coro nació inspirado en la recopilación del musicólogo chileno Víctor Rondón, que reunió la historia de las 19 canciones que el misionero jesuita alemán Bernardo Havestadt compuso en mapudungún para evangelizar La Araucanía. Los cantos fueron creados especialmente para niños y para difundir el catecismo. La compilación se editó en 1777, en Alemania.

La experiencia para los niños se ha convertido en algo que va mucho más allá de una actividad extraprogramática. Hace un par de semanas salieron a su primera gira. "Nos invitaron a cantar a Concepción, en un concierto hermoso, una experiencia increíble para ellos, los invitaron a un hotel, pasearon, imagina lo que fue para ellos", describe la profesora de música.

La experiencia no es menor. Lily Ariztía, gerenta general de la Red de Colegios de la Sociedad de Instrucción Primaria, explica que los alumnos pertenecen a sectores vulnerables y esta actividad ha servido también "para que conozcan sobre historia, han tenido que estudiar. Queremos seguir con esto y que Chile conozco lo que se hizo en el pasado".

La profesora Angélica Figueroa agrega que el proyecto ha sido positivo también, "porque hay muchos niños de ascendencia mapuche en los cursos y sirve para unirlos, para integrarlos. Sienten que se valora su cultura".

Los padres escuchan las interpretaciones de los niños en silencio y cuentan que la iniciativa ha motivado a los pequeños. "Nosotros apoyamos a mi hija en esto, ella está contenta, imagina que ya grabaron un CD. Ahora quiere estudiar violín", dice Soila Gómez, madre de Millaray.

Susana Triviños también alienta a su hija, Natalia, para que siga en el coro. "Me fascina lo que hacen, es un sueño que estén en esto. Yo le doy harto aliento y pienso que sí, que puede ser una posibilidad de surgir".

Pía, la más pequeña del grupo, recién está en cuarto básico y dice tener claro lo que el coro significa en su vida. Ella ingresó al grupo porque le pareció entretenido, pero ahora le encanta. "Me gusta, tiene palabras complicadas, pero ahora sale bien. En la casa me dicen que tengo que seguir adelante, seguir cantando, porque es muy bueno y nunca voy a poder hacer otros paseos a Concepción y otras partes", cuenta. Gonzalo Peña también quiere continuar: "La gente nos dice que se escucha bonito, a mí me gusta, porque me gusta cantar".

sábado, diciembre 24, 2011

Navidad en Chile: De jolgorio público a celebración privada

 

El Mercurio

No había cena hogareña, menos juguetes. El epicentro de las celebraciones era la Alameda de las Delicias, colmada de fondas, frutas, flores y una llama carnavalesca que comenzó a extinguirse durante el siglo XX. La historiadora Olaya Sanfuentes repasa la forma en que antaño se celebraba esta festividad en el país.

Patricio Contreras
Una crónica de autor anónimo, publicada en las páginas de El Diario Ilustrado a comienzos del siglo XX, describía en estos términos la celebración de la Navidad santiaguina en la Alameda de las Delicias: "Allí convergen todos los alegres en esta noche de júbilo. Y esa multitud abigarrada, trae ramos de albahaca en el pecho, brillo de fiesta en los ojos y vino en la cabeza. Es una fiesta eminentemente popular, legítima herencia española, en que lo profano y lo mítico se confunden hasta lo irreverente".

Era el ADN navideño. Era diciembre de 1911. Santiago aún contaba con manifestaciones callejeras de la festividad, pero esta tradición era desafiada por el progresivo retroceso del espacio público como epicentro de las celebraciones. Así lo constataba la revista "Zig-Zag" en la misma época: "El antiguo paseo que en Noche Buena hacía nuestro pueblo cada año disminuye en entusiasmo y concurrencia".

¿Qué era lo que se estaba perdiendo? ¿Cómo estaba mutando la celebración?

Ofrendas y frutas
En este recuento la fruta tiene un lugar relevante. Olaya Sanfuentes, historiadora y profesora de la UC, ha investigado la presencia de la fruta en la cultura chilena y, también, la devoción al niño Jesús en nuestra cultura. Ambos fenómenos confluyen en una ritualidad propia de la Navidad del siglo XIX: las canastas de fruta que los ciudadanos depositaban en los pesebres apostados afuera de las iglesias.

"La gente de Renca, de Conchalí, de Quilicura, traía de las chacras esta fruta, la vendía para la Pascua, la gente compraba y se la regalaban entre ellos", dice Sanfuentes.

El regalo existía pero no estaba rodeado del aura consumista que rige hoy. "La gente se regalaba tarjetas, flores, frutas", plantea la historiadora. La Lira Popular -pliegos sueltos impresos con décimas, adivinanzas y romances- también se hacía eco de esta dimensión: "Reciba como cariño/ Papas de mi Tía Paña, / Le mandó un costal llenito/ De la Chacra de Lo Caña", eran los versos de una Novena de Nicasio García (ver mas abajo).

En la Alameda se instalaban venteros para ofrecer horchata (brebaje azucarado), licores de fruta, ponche a la romana, mote con huesillo, plenitud de fritangas y sopaipillas. Los árboles sí se adornaban, pero se recurría a especies como los duraznos, ciruelos y damascos antes que al abeto, paradigma del hemisferio norte que empezó a aparecer en publicidades a comienzos del siglo XX.

Era una fiesta heterogénea, transversal, profana y religiosa. Muy ruidosa, según Sanfuentes. Y esto era resistido.

La Navidad carnavalesca
En una monografía sobre la religiosidad en Valparaíso, el historiador René Millar incluye una queja enviada por un porteño a "El Mercurio", en 1887, a raíz de los excesos: "Cuarenta y ocho horas se han pasado caballeros y familias honorables de este puerto sin poder dormir ni mirar a la calle por las insolencias e inmoralidades de todo género que se han cometido dentro y fuera de las chinganas".

Sanfuentes explica que después de cada celebración se generaban estadísticas sobre el desorden público: número de detenidos, borrachos y heridos en peleas, tal como en Fiestas Patrias. A la preocupación penal se sumaría la sanitaria. El calor de diciembre y la insalubridad propia del espacio público decimonónico generaron problemas.
 


"Hay veces que la municipalidad (de Santiago) ha tenido que cancelar la fiesta por ataques de cólera. A mediados y a finales del siglo XIX hay epidemias de cólera que impiden hacer ventas de frutas y casi no se celebra. Entonces aparecen los fonderos, los venteros, quejándose al municipio porque ahí venden lo que no venden durante el año".

El otro inconveniente del jolgorio callejero era de índole moral. "Es una fiesta muy sensual", dice Sanfuentes. "Están relevados todos los sentidos: tocarse, olerse, mirarse". De acuerdo a la prensa que revisó, dado el carácter carnavalesco de la celebración -y sus ribetes paganos-, los excesos prosperaban y la gente comenzaba a tocarse mucho, ruborizando a la jerarquía eclesiástica, que en sus sínodos reaccionaba frente a estas situaciones.
 


Olaya Sanfuentes explica: "Siempre hay esta cosa del carnaval, de la fiesta, que por un lado tienes que dar espacio para que haya celebración, para que mantengas el orden social, pero por otro lado tienes que contenerlo para que no se desborde. Tu ves ese juego fluctuante entre la permisividad y el control".

También había críticas por el excesivo gasto en que incurrían todos lo estratos sociales. "Hay mucha gente que habla en contra de la celebración y que cómo puede ser que los curas lleven a celebrar así, si hay tantos problemas económicos y la gente se está gastando lo que no tiene", plantea Sanfuentes. "Hay siempre una crítica a la jerarquía de la Iglesia o a la jerarquía política. Es interesante. Esta fiesta es un espacio de debate público, por todo lo que significa".

 


Una fiesta privada
Durante el siglo XIX, la Navidad y las Fiestas Patrias, dice Olaya Sanfuentes, son dos celebraciones "a la chilena"; es decir, con bailes y canto (tonadas y zamacueca), con núcleos básicos (fondas, chinganas y pesebres) y con una fuerte identidad popular.

Además de alegría. Según las recopilaciones de Guillermo Feliú Cruz, cuando Domingo Amunátegui Solar se encontraba en París, en la Navidad de 1886, escribió: "Hay animación y entusiasmo... Pero muy lejos de la alegría chilena. Esto es opaco y triste en comparación de aquello... La chicha, entre nosotros, hace prodigios, y en este país no se conoce".

Sin embargo, en las postrimerías del siglo cristalizarán algunos cambios en la ritualidad. La industrialización y el desarrollo comercial impondrán un símbolo Navideño por excelencia: el juguete, que hacia 1890 comienza a acaparar tanto las vitrinas del comercio alemán y francés de la capital, como la publicidad de la prensa. Además, la élite paulatinamente abjura de este modo de celebración, optando por participar en bailes de carácter privado, con más champaña y menos horchata.

"Coincide con una especie de segregación urbana de la élite, que se empieza a ir a la calle Ejército, hacia el sur. De ser una fiesta totalmente popular y transversal, donde celebraban todos, lentamente el nuevo urbanismo, las nuevas tendencias, las élites que viajan, comienzan a separarse del pueblo, a tener otra forma de vivir".

La estética anglosajona o germánica de la Navidad comenzaría a imponerse durante el siglo XX. También las distintas instituciones e identidades de la élite santiaguina serían parte de la segregación y privatización de los acontecimientos urbanos. Lentamente la cena navideña se impondría como el acto culinario por excelencia.
"Lo público y lo privado en un principio, durante toda la época barroca, es tan difícil de distinguir, pero durante el siglo XIX una de las cosas que trae la Ilustración y la modernidad es esta privatización. Las cosas se meten para adentro, son más sectarias, más elitistas", dice Sanfuentes.

-¿La privatización de la celebración es transversal a los ritos?
"Si ves en comunidades más pequeñas, eso no ocurre. Si vas a celebrar al norte hay fiesta, el pase del niño, que se lo pasan de casa en casa, el tema de los pastorcitos. En general el tema de las fiestas en espacios de comunidades con la tradición mucho más viva y comunidades más pequeñas, el espacio público todavía es muy importante".

 


Navidad, devoción y poesía en la literatura de cordel
Las novenas eran composiciones populares navideñas para nueve días y eran interpretadas por cantoras frente a los pesebres que se instalaban en Santiago. La Biblioteca Nacional ha recolectado algunas novenas publicadas en pliegos hace más de un siglo, específicamente las de los poetas Nicasio García, Rosa Araneda y José Hipólito Cordero.

"La Navidad está muy presente en la Lira Popular", explica Micaela Navarrete, del Archivo de Literatura Oral de la Biblioteca Nacional. "Especialmente lo que los poetas llaman los 'Cantos' o 'Regalos al Niño Dios', que son los versos que se han cantado también como villancicos en Chile. El nacimiento del Niño Dios es un tema muy querido por los poetas populares de todos los tiempos, que derraman su ternura para esta 'familia' tan divina, pero que vivió y sufrió como cualquier familia de campesinos pobres. Por eso sus 'regalos' son cosas hechas o cultivadas por campesinos pobres o gente del pueblo".

 

lunes, septiembre 19, 2011

Algunos momentos en la historia de la popular fonda

 
El Mercurio

Las fondas, chinganas y ramadas son uno de los símbolos indiscutidos de las Fiestas Patrias desde que comenzaron a celebrarse, en 1811. Aquí, un repaso a algunos de los hitos y tendencias que han primado en el desarrollo de esta forma de sociabilidad popular, donde los protagonistas han sido siempre la música, el baile, el jolgorio, el alcohol y la comida.

Evelyn Erlij

 Los orígenes: "Chinkanas" invaden la Colonia


Es una discusión que ha involucrado a historiadores e incluso a la Academia Chilena de la Historia, pero por lo general existe consenso respecto de que el origen de las chinganas se sitúa en la Colonia. Por entonces, en el Virreinato del Perú, se denominaba con la palabra quechua "chinkana" a las tabernas donde los estratos bajos, conformados por indios y mestizos, solían asistir. "Las fondas y las chinganas son expresiones de la sociabilidad popular de Chile que no se reconocen en la herencia latina. La fonda es una expresión de origen árabe. La chingana es una expresión de origen quechua", explica el historiador Maximiliano Salinas, de la Universidad de Santiago. Y agrega: "Las fondas y las chinganas tenían un origen cultural ajeno a la sociabilidad de la elite. Eran espacios de alegría y expansión plebeyas, donde se recreaban las comunidades mestizas y mulatas de españoles, especialmente andaluces, indígenas y africanos. Era una sociabilidad festiva, de ancestro pagano".

La costumbre de montar estos lugares destinados al festejo popular y a la interacción social tendría como antecedente también la migración de mapuches hacia el centro del país a partir del siglo XVI.

"Cruzaban el Biobío para venir a los campos de labranza en el Chile tradicional. Trabajaban en verano como temporeros, y al hacerlo construían ramadas, refugios temporales para la población migrante", afirma Leonardo León, historiador de la Universidad de Chile. Con el paso de los años, la usanza de levantar chinganas se expandió desde el campo a la ciudad.

 
Lugares de festejo Las chinganas eran el principal lugar de sociabilidad.
Un lugar esencial para la cueca


El desarrollo de la cueca está estrechamente ligado a la historia de las fondas y chinganas, donde era uno de los principales bailes con que se celebraban las Fiestas Patrias. "Según los antecedentes entregados por José Zapiola, desde la década de 1830 la zamacueca es bailada en Chile en chinganas, fondas y ramadas. Sin embargo, los estudiosos de la cueca urbana afirman que la fecha es anterior y que siempre se bailó cueca en el país, algo que no ha sido probado históricamente", explica el musicólogo Juan Pablo González, director del Instituto de Música de la U. Alberto Hurtado.

Según explica Araucaria Rojas, coautora del libro "Por la güeya del Matadero. Memorias de la cueca centrina", también está la teoría de Fernando González Marabolí, rescatada por el musicólogo Samuel Claro: "Marabolí indica que la cueca habría arribado a Chile junto a los conquistadores españoles, hacia el siglo XVI. Moros y gitanos -entre otros sujetos marginados de la historia escrita- habrían traído consigo la herencia arábigo-andaluza, que territorializaron y compartieron con indígenas. Entre esos cantos y danzas, y como resultado de esa mixtura, nace la cueca chilena", afirma.

Esta música, explica Rojas, se alojó tempranamente en los espacios populares del Santiago suburbano. "Ramadas, fondas y chinganas fueron su refugio privilegiado, donde pudo actualizarse con todo el bullicio y algarabía que le pertenecieron. El salón aristocrático cobijó su particular forma, que se diferenció ostensiblemente de la cueca popular. Una se presentaba mesurada y circunspecta, mientras la otra, amplia y desbordada".

 


No sólo del 18 vivían las fondas


Antes y después de que comenzaran a festejarse las Fiestas Patrias, las fondas y chinganas se realizaban para todo evento que ameritara una gran celebración. "Algunos autores coinciden en que las chinganas eran el fin último de todo espectáculo o diversión en que participaba el mundo popular", escribe Paulina Peralta en el libro "¡Chile tiene fiesta!" (Lom).

"Las fondas y las ramadas eran famosas desde los siglos coloniales con ocasión de todas las fiestas populares, como la Navidad o las fiestas a los santos y santas", explica Maximialiano Salinas.

Hasta fines del siglo XIX, todavía se realizaban estos eventos para otras fiestas no relacionadas con los festejos patrios, costumbre que fue perdiendo fuerza durante el siglo XX, en que fondas, ramadas y chinganas dejaron de ser un espacio esencial de sociabilización. "Es probable que a partir de la Independencia el pueblo pretendiera -o quisiera- más libertad para levantar sus fondas y ramadas sin el pesado control de las autoridades coloniales. A lo mejor por eso el pueblo se tomó el "dieciocho" para continuar disfrutando de sus comprobadas tradiciones festivas cultivadas en los siglos XVII y XVIII", explica Salinas, sobre las posibles causas de por qué perduró la costumbre de hacer fondas para las Fiestas Patrias por sobre otras fechas festivas.
 
Cuecas, tonadas y refalosas El baile siempre fue parte de las chinganas.

Desde 1811: las primeras fondas dieciocheras


Si en un comienzo se celebraban tres fechas que conmemoraban las Fiestas Patrias (el 12 de febrero, el 5 de abril y el 18 de septiembre), finalmente se impuso "el dieciocho", que comenzó a festejarse desde 1811. Desde esa primera celebración, las chinganas y ramadas fueron el lugar de festejo por excelencia, y varios testigos de esos eventos escribieron sus impresiones sobre la fiesta en esos lugares.

La viajera inglesa María Graham fue una de ellas: "El pueblo, mujeres y niños tienen verdadera pasión por las chinganas", escribió en su diario de 1822. Allí también apuntó que a estos lugares asistían sujetos que gozaban "extraordinariamente en haraganear, comer buñuelos fritos en aceite y beber diversas clases de licores, especialmente chicha, al son de una música bastante agradable de arpa, guitarra, tamborín y triángulo, que acompañan las mujeres con canciones amorosas y patrióticas. Los músicos se instalan en carros, techados generalmente con caña o paja, y tocan sus instrumentos para atraer compradores a las mesas cubiertas de tortas y licores".

Según Graham, el vino, aguardiente y chicha eran los bebestibles ofrecidos, siendo esta última la más popular. El alcohol era la forma que tenía el pueblo de evadir sus preocupaciones y olvidar los sufrimientos de la dura vida que les tocaba vivir a los de estratos populares.
 
Fonda en el siglo XIX Ilustración de una chingana típica de mediados del siglo XIX.

Los grandes polos chinganeros: La Chimba y La Pampilla


El sector de La Chimba, ubicada al norte del río Mapocho en Santiago, se convirtió en uno de los principales polos chinganeros de la capital, donde tanto en las fiestas patrias como en otras celebraciones se veía a sujetos populares "que vivieron al son de la zamba clueca, entre la damajuana, los chupes de guatita y los valdivianos, ansiosos de un 'güen vaso 'e vino' y con el pañuelito siempre listo en el bolsillo", se apunta en el libro "¡Vamos remoliendo mi alma! La vida festiva popular en Santiago" (Lom). Muchas cuecas inmortalizaron la fama cuequera de esta zona, donde a comienzos del siglo XIX una de sus fondas más famosas era "El Parral" de Teresa Plaza, ubicada en la calle Purísima.

Era muy común que mujeres administraran estos locales, donde también proporcionaban a veces la música y el baile. "La Chimba fue siempre un lugar propicio del pueblo para resistir y diferir de las costumbres oficiales de la ciudad encopetada: el centro de Santiago. Por esta razón las fondas adquirieron allí un esplendor característico. Ahí se podía celebrar sin cortapisas", explica Maximiliano Salinas.

Décadas más tarde, destacaría la popular fonda "El Arenal", ubicada entre Marín y Lastra. Su dueña era "La Peta" Basaure, que por los años de la Guerra del Pacífico tenía unos 40 años.

"Gran bailadora de cueca y resbalosa; según afirma la fama, la mejor de Santiago [...] Las gentes serias la repudiaban y aunque estaba cargada de excomuniones, el Santiago alegre y el de rompe y rasga la adoraban", escribió Antonio Acevedo Hernández. Esta fonda le hacía competencia a la Fonda Popular creada por Vicuña Mackenna.

Maximialiano Salinas también menciona las famosas ramadas de la Pampilla en Coquimbo, célebres hasta hoy. Las fiestas que tienen lugar allí han sido siempre las más multitudinarias, ya que reúnen alrededor de 100 mil personas cada año, desde la década de 1820.


La Fonda Popular de Vicuña Mackenna: orden y control


Los masivos y caóticos festejos patrios realizados desde 1811 preocuparon a las autoridades desde temprano e impulsaron al Estado a regular estas celebraciones, con el fin de evitar desórdenes en la vía pública, riñas e incluso asesinatos.

Así, por ejemplo, en la década de 1830 comenzó a cobrarse licencias para establecer estos locales, ingresos que llegaban a las municipalidades. "Para Andrés Bello, las chinganas eran propiamente 'burdeles autorizados', como denunció en 1832", señala Salinas, y cita una de sus frases publicadas en "El Araucano": "Allí los movimientos voluptuosos, las canciones lascivas y los dicharachos insolentes hieren con vehemencia los sentidos".

Siguiendo los consejos de Bello, cuenta el historiador, Diego Portales prohibió las ramadas en 1836, a pesar de que se sabía que él (como también antes los hermanos Carrera) eran visitantes frecuentes de este tipo de locales asentados en La Chimba, en Santiago.

Más tarde, el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, creó otra forma de regular a la población que asistía a estos lugares: instauró La Fonda Popular en 1874, en la esquina de San Diego y avenida Matta, una gran "fonda oficial" patrocinada por el Estado.

"El público se movía febrilmente; en el vasto patio había canchas de rayuela y esos negocios de frituras y comidas llamados fuegos arrastrados [...] Se cantaban allí las más animadas cuecas, tonadas y refalosas por hábiles cantores. Allí se encontraban en la cúspide del entusiasmo la criolla bravía con el roto diablo en toda la extensión de la palabra; allí se batían los grandes poetas y payadores, allí convergía la gente del bronce o la carda", escribió Antonio Acevedo Hernández, de visita por la Fonda Popular.

"Era una forma de lograr que estas fiestas populares se incorporaran al ideario cívico republicano institucional y se realizaran en paz y tranquilidad. He estudiado muchas causas criminales con asesinatos que tienen lugar en las chinganas y fondas", cuenta Leonardo León. La costumbre de que el Presidente de la República asistiera también era (y es) una forma de "marcar presencia" en el mundo popular. Durante el siglo XIX se construía un tablado especial en la explanada de las fondas, desde donde el Mandatario podía observar el evento. Famosa es la pintura de Rugendas que inmortalizó la llegada triunfal del Presidente Prieto a la Pampilla cubierta por chinganas para las Fiestas Patrias de 1837.

 
Fiestas en el parque Fondas de mediados de siglo en el Parque Cousiño, actual O'Higgins.


El Parque O'Higgins: el paraíso fondero de Santiago


"Según el decir, se celebra ese día nuestra emancipación política, pero lo cierto es que se celebra más a la [chicha] baya, al ponche y a la locuaz guitarra, muy a pesar de las autoridades. El 18 de septiembre, popularmente considerado, se circunscribe al estómago", se afirmó en 1907 en la revista "Sucesos" para describir el gran desborde que se vivía en el ex Parque Cousiño para las Fiestas Patrias.


Fue habilitado hacia 1870 y rápidamente se convirtió en el principal lugar donde se celebraba el dieciocho en la capital. Fondas y ramadas se tomaban el lugar -popularmente conocido como "La Pampa"- y el festejo no cesaba durante tres o cuatro días.


"Desde el 17 se instalan las tiendas destinadas para fondas, despachos de bebidas, salones de baile, y desde el mismo día empiezan los festejos, con música, canto y el necesario consumo de la famosa chicha", escribió el viajero Juan Gabriel, de paso por Santiago.


Entre bailes y festejos, no faltaban los incidentes, al punto de que las autoridades decidieron prohibir el alcohol en 1892 y en 1907, pero según se apunta en "¡Vamos remoliendo mi alma!", hasta a los más conservadores les pareció una medida excesiva y se eliminó.


Maximiliano Salinas explica: "El Parque Cousiño se llenaba de fondas, y como recordó Hernán Núñez: 'No era negocio de giles porque para poner fonda había que tener gusto. Siempre se tomaban los mejores pisos las fondas asalonadas. Veinte a treinta fondas juntas, donde a veces, a esa hora de las cuatro de la tarde en adelante ya no había mesa ni pa' remedio'".


En 1972 fue renombrado "Parque O'Higgins", lugar donde hoy se sigue realizando la principal celebración capitalina del "dieciocho". Allí, cada año se nombra una "fonda oficial", inaugurada por el Presidente de la República, quien baila un pie de cueca para dar inicio a las Fiestas Patrias.


Durante 2000 y 2006 fue la fonda "La Grandiosa Bertita", tras lo cual se escogió al local llamado"Iorana".



¿Cueca o cumbia? La irrupción de la música bailable


Aunque la cueca tuvo un desarrollo fuera de las fondas y chinganas, estos espacios ayudaron a masificarla y cultivarla en gran medida. Esto, hasta que irrumpió la música tropical: los populares ritmos del mambo, el chachachá y la cumbia le quitaron gran espacio y llegaron incluso a reemplazarla desde mediados del siglo XX.

"Es muy probable que como una forma de matizar la gran cantidad de cuecas seguidas que pueden tocarse en una fonda, ya desde los años cuarenta las cantoras campesinas y los conjuntos de huasos hayan introducido guarachas, foxtrots, corridos y valses. Esto se acentuó con la irrupción de los conjuntos juveniles en los años sesenta, quienes, premunidos de guitarras eléctricas y batería, tocaban toda la música bailable de la época como un modo de encontrar trabajo en fiestas, matrimonios y fondas", dice el musicólogo, coautor del libro "Historia Social de la Música Popular en Chile".

Las consecuencias de esto son visibles hasta hoy: tocar cuecas en una fonda es más bien un "saludo a la bandera", ya que la música que prima en los sectores populares es la cumbia. "La complejidad que posee la cueca inhibe a muchos de bailarla, de modo que con la cumbia todos pueden participar de ese espíritu republicano de celebración que poseen las fiestas patrias", explica González.

 
Fondas hoy El líder del grupo de rock Los Tres, Álvaro Henríquez, en la famosa Yein Fonda, ubicada en la Quinta Normal

El panorama posmoderno: fondas guachacas, kitsch y electrónicas

Así como existen las fondas más tradicionales del parque O'Higgins, el panorama fondero actual también ofrece una variedad enorme de lugares para satisfacer a todos los públicos, a pesar de que hoy estos espacios no son la principal forma de sociabilidad como en siglos anteriores. La oferta es, por decirlo de alguna manera, "posmoderna": La Fonda Michael Jackson, la Fonda Kitsch, la Fonda Vegana, la "DesenFonda La Ira" y muchas otras son algunas de las múltiples opciones que existirán este año.

Esa variedad, dice Maximiliano Salinas, no es un rasgo ajeno a sus orígenes: "Las fondas siempre fueron una rica expresión de multiculturalidad, de intercambios, de encuentro de diversidades, de promiscuidades, propias de la vida mestiza. Probablemente en la misma España, donde confluían moros, judíos y cristianos, y con mucho mayor razón en el Nuevo Mundo".

Desde la década de los 90, el concepto de fonda se masificó entre la juventud, un segmento que en décadas pasadas no tenía mayor interés por estos lugares. La Yein Fonda, creada por el grupo Los Tres, tuvo un papel importante en este fenómeno, como también la Fonda Guachaca, creada por el movimiento Guachaca de Dióscoro Rojas.

La cueca, en tanto, resurgió dentro del repertorio musical, aunque no con la fuerza de siglos pasados. "Hoy se enseña en el colegio, pero ya no es una práctica popular espontánea", dice Leonardo León.

jueves, septiembre 15, 2011

Nueva orquesta de jazz de la Escuela Moderna en concierto: Big band revive a próceres de la canción popular

 
Gamaliel Guerra


El Mercurio

Raúl Gardy, Fernando Morello y Gamaliel Guerra, autor del famoso foxtrot "En Mejillones yo tuve un amor", serán las figuras del programa de esta noche.

IÑIGO DÍAZ
Los arreglos que esperaba el director de la Réko Big Band, Carlos Vera Pinto, no llegaron a tiempo para los ensayos. "Íbamos a tocar música de Víctor Jara adaptada a big band de jazz, pero ese retraso nos obligó a cambiar el repertorio del concierto", cuenta.

Un golpe de suerte o una oportunidad a la mano, si se mira desde otra perspectiva. La nueva orquesta adjunta a la Escuela Moderna de Música, que se presenta esta noche en su auditorio (Luis Pasteur 5303, 20:00 horas, gratis), tendrá un programa centrado en grandes compositores populares de los años 40 y 50 en Chile.

Son el cantante de tonada, cueca, tango y vals Raúl Gardy; el pianista y arreglador Fernando Morello, y el compositor nortino Gamaliel Guerra, figuras de la industria de la música nacional en los tiempos de la revista Ecrán, y los sellos RCA Victor y Odeón. La orquesta de dieciocho músicos tendrá como crooner invitado a Rodrigo González para cantar "Mi linda morena", vals de Gardy arreglado por Guillermo Rifo, y el foxtrot de Guerra "En Mejillones yo tuve un amor", pieza célebre del cancionero histórico. Mucho más que el propio autor.

De Fernando Morello, la Réko Big Band tocará su "Mambo suave" y el fundamental "Swingbaly", "un bonito swing chileno, que tiene los arreglos del fallecido director de orquestas Pedro Mesías", cuenta Vera.

"Fernando Morello era un pianista tradicional, tipo Valentín Trujillo, gran acompañante de cantantes. En 1954 ya tenía mucha trayectoria, porque había tocado en todas las orquestas que dominaban los locales del centro. Fue el primer pianista de la Huambaly. Era mucho mayor que todos nosotros", recuerda Lucho Córdova, el baterista de esa agrupación, próximo a cumplir los 90 años.

El programa se completa con las composiciones "Cerro Barón" y "Plaza Echaurren", de Rifo, y una serie de piezas de Santiago Cerda, el director de la señera Los Andes Big Band: "Con un toque de cueca", "Cha cha in", "Andacollo" y "La porteña". "No toda la música chilena tiene que ser de raíz. Y podemos conocer nombres que están en la historia, más allá de Violeta Parra y Víctor Jara", dice Vera.

 
Raúl Gardy

domingo, julio 10, 2011

La explosión de la música popular chilena:Desde cumbia a hip-hop jazz

 
Hip-hop jazz.- Aunque en Chile no son masivamente conocidos, Cómo Asesinar a Felipes ha logrado un amplio y valioso reconocimiento en el exterior. 

El Mercurio Página 1 Página 2

Después de la caída de las grandes discográficas, en Chile no sólo desapareció la figura de las bandas "gigantes" como Los Tres y La Ley, sino también surgieron cientos de músicos de los más diversos estilos, gracias a las posibilidades dadas por internet y los sellos independientes. El resultado es una nutrida e híbrida escena musical donde, como nunca, coexisten pop, rock, ritmos de antaño y las más originales fusiones.

Evelyn Erlij

Mientras el cantante y compositor chileno Nano Stern estuvo esta semana en el festival Etnno Histeria, en Eslovenia, a la cabeza de una orquesta de 90 músicos, la banda de cumbia Chico Trujillo se paseó por Francia y Serbia, donde actuó en el Exit Festival, uno de los más importantes de Europa, a sólo semanas de tocar en Lollapalooza, en Estados Unidos. Juana Fe, en tanto, creadores de la "afrorrumba chilenera", anduvieron por España y Francia presentando su popular fusión musical. En febrero, músicos como Javiera Mena y Gepe y el dúo Dënver fueron alabados en el artículo "Chile, nuevo paraíso del pop" del diario español El País. Ese mismo mes, la rapera Ana Tijoux estuvo a poco de ganar un Grammy.

Si usted no es de los que frecuentan el ambiente de la música chilena en vivo o no está muy conectado a las redes sociales, ¿ha escuchado, al menos, alguna canción de estos músicos en la radio o en la televisión? A no ser que escuche Radio Uno, donde sólo se toca música chilena, probablemente no. Hoy, sin embargo, salir al aire en alguno de esos medios no es condición ni sinónimo de fama, como sí lo era diez años atrás. En la era de internet, el antiguo modelo de éxito de los años 90 quedó en el pasado.

"Comencé a tocar en la escena rockera de Santiago hace 10 años -recuerda el músico Nano Stern, que recorre festivales por el mundo y cuyo nombre en Chile, paradójicamente, no se conoce a nivel masivo-. Hoy lo veo como el ocaso de una época que alcanzó su máxima expresión en el éxito masivo de bandas como Los Tres y Lucybell. El rock chileno de los 90, financiado por los grandes sellos internacionales, había alcanzado la masividad y los medios así lo entendían. Pero entonces llegó internet y trajo consigo el fin de la industria discográfica como se la conocía hasta entonces".

Según la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, del total de derechos recaudados en 2010 sólo el 9 por ciento corresponde a música emitida por la radio. El panorama es muy similar en la industria discográfica, donde un porcentaje muy bajo de músicos chilenos mantiene contratos con sellos disqueros internacionales. Los Bunkers y Myriam Hernández, fichados por la transnacional Universal, vendrían a ser últimos vestigios del modelo que lanzaba al estrellato a ciertas figuras y convertía su música en fenómenos masivos y transversales.

"La industria musical está obsoleta, por lo tanto, la idea de éxito en ella también lo es. Y obsoleta porque casi todas las bandas actuales son autogestionadas; hay sellos, hay manágeres, hay productores, pero siempre todo es en grupos muy reducidos que no cuentan con gran capital", explica Mariana Montenegro, musicóloga y cantante del dúo Dënver. En cuanto a los cambios en el público que escucha música hoy, el cantautor Manuel García afirma: "Hace diez años, el gran público sólo respondía al influjo de los medios de comunicación masivos. Ahora pareciera ser que el público elige a sus artistas con criterios más personales".

"Lo que me sorprende es la manera rápida en que se desintegró ese concepto -comenta Mario Rojas, músico, productor y creador del sitio cuecachilena.cl-. Chile es un país que produce un artista por año dentro de los grandes medios de comunicación. Se podría hablar de La Noche en 2008 y al año siguiente vino Américo. Eso habla de un mercado pobrísimo. Los que entienden mejor el cambio de modelo son los artistas que tienen una mirada de vanguardia. Estuve en el festival Primavera Sound en Barcelona el año pasado y me sorprendí de ver que Javiera Mena, Gepe, Pedropiedra o Chinoy habían logrado atravesar las fronteras gracias a internet y tenían un público que los conocía y los admiraba. Falta que en Chile la gran masa se entere de quiénes son ellos".
Otro caso exitoso de una banda que se ha expandido a espaldas de la industria tradicional es el quinteto de hip-hop, rock y jazz Cómo Asesinar a Felipes. Su disco "Un disparo al centro", grabado con músicos de las Orquestas Sinfónicas Juveniles, acaba de ser editado en Estados Unidos por el sello del músico Billy Gould, de la famosa banda Faith No More. "Ya no hay bandas emblema ni tendencias que sean mejores ni peores que otras, todo está en un mismo nivel y todo vale, todo trabajo bien hecho merece ser visible, creo que esa es una característica posmoderna", dice Marcos Meza, pianista del grupo.

 
Por el mundo.- Esta semana, Juane Fe presentó sus contagiosos ritmos latinos en Europa. En Chile es parte de las grandes ligas de la música bailable. 
 
Éxito.- Los Bunkers es la última de las grandes bandas chilenas que funciona bajo la lógica de los sellos transnacionales. 



Múltiples géneros

Cristián Heyne, productor de los discos de Gepe, Javiera Mena y Dënver, considera que en este panorama, donde lo mainstream es cada vez menos hegemónico, "lo underground ya no existe como antes". El musicólogo Juan Pablo González ahonda en esta idea: "Con los recursos digitales, la autoproducción y la crisis de la industria discográfica, todos esos sectores independientes de la música popular chilena que estaban más invisibles ahora tienen una presencia en este circuito, en un panorama general que está dividido en compartimentos", explica.

Con esto se refiere a la enorme diversidad de la música popular de hoy, que abarca, entre otros, sonidos tropicales y bailables (Chico Trujillo, Juana Fe, Villa Cariño, Combo Ginebra), pop (Javiera Mena, Pedropiedra, Dënver, Francisca Valenzuela), hip-hop (desde Ana Tijoux hasta el circuito underground ) y cantautores (Manuel García, Chinoy, Pascuala Ilabaca, Camila Moreno). También hay géneros del recuerdo como el tango, el swing, el mambo y el foxtrot (La Orquesta de la Memoria, Flor de Orquesta, Santiago Downbeat), la cueca (La Gallera, Los Trukeros, Los Chinganeros), las raíces folclóricas (Manka Saya, Manuel Sánchez) y fusiones diversas, desde el rap-rock-jazz de Cómo Asesinar a Felipes, la mezcla de sonidos latinos y de Europa del Este de La Mano Ajena y la Banda Conmoción, hasta el cruce electro-gitano-andino de Balkandes y Kali Mutsa.

"Chile siempre tuvo la tendencia a la diversidad, es una manera de vencer su aislamiento geográfico -plantea Juan Pablo González-. Mi hipótesis es que es a través de la música que Chile se contacta con el mundo. Esta tendencia histórica de recibir elementos de afuera es muy anterior al fenómeno de internet, pero internet lo potencia. La genialidad de Violeta Parra fue comenzar con este cruce. Ella conoció el charango en Francia, casi desconocido en Chile y empezó a tocar ritmos chilenos, un gesto de fusión que impregna mucho lo que será la música chilena y que dura hasta hoy".

Pero así como internet ha permitido esta multiplicidad de cruces entre diversos estilos, también ha posibilitado el resurgimiento de tendencias musicales de viejo cuño. "Veo con sorpresa la generación y evolución de nuevos géneros antiguos como la cueca y la cumbia, que van tomando una personalidad, y sobre todo un sesgo de identidad -dice Mario Rojas-. Lo veo como parte del fenómeno de la globalización, ya que obligatoriamente los músicos deben responder a la necesidad de tener identidad".

Consumos omnívoros

Sin embargo, el supuesto rol democratizador de internet en cuanto a la oferta musical tampoco es absoluto. "Ha habido una diversificación producto de la apertura posibilitada por la tecnología -afirma el sociólogo y músico Pedro Aceituno, de Manka Saya y Balkandes-. Pero el consumo sigue siendo profundamente estratificado. La gran masa continúa escuchando música melódica o romántica, sea en clave de balada, reggaetón, cumbia o bachata. Si preguntamos por Banda Conmoción o Juana Fe, muy probablemente en la mayoría de las comunas de Chile no sabrán de quiénes hablamos, lo que no ocurrirá con Américo o La Noche, compartiendo los cuatro la cumbia como clave en parte importante de su repertorio".

Aceituno sitúa a estos grupos categorizados bajo la etiqueta de "Nueva cumbia chilena" dentro de lo que denomina "consumos omnívoros", propios de las clases medias y altas, universitarios como gran parte de los 6 mil que Chico Trujillo convocó en el caupolicanazo (el masivo concierto que el grupo dio en 2010 en el Teatro Caupolicán). Es evidente que nunca antes en la historia del país se había producido una explosión cuantitativa tan grande de la música popular. Pero si bien internet ha posibilitado un acceso más democrático de los músicos a producir su trabajo, esto no es aún una garantía de que estos productos culturales estén llegando con igualdad a las grandes audiencias.

 
Semana a semana afiches como estos empapelan las ciudadesanunciando conciertos en vivo.
 
Dúo Dënver , una de las propuestas más interesantes del pop en Chile. 


Música de Chile para el mundo

La irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo de la música cambió la forma de acercarse a nuevos sonidos, pero sobre todo la manera en que los artistas difunden sus trabajos. "La forma en que los músicos chilenos han abierto su mundo a través de internet es abismante -opina Manuel García-. No sólo por las influencias y la conexión con otros fenómenos artísticos mundiales, sino también por la posibilidad que la red ha generado en función de las invitaciones a festivales y participaciones interculturales . Resulta muy enriquecedor, sobre todo para un país que se considera aislado, el hecho de mantenerse relacionado y vigente dentro del espectro mundial".

Como explica Carolina Benavente, internet también ha influido en la forma de hacer la música: "Existen artistas chilenos como Dadalú, Kinética, Voodoochild o Fracaso que exploran y cuestionan la relación con las nuevas tecnologías. Esta relación no sólo les permite hacer cosas con su obra, sino que la constituye en alto grado. Lo interesante es que lo hacen asumiendo las coordenadas culturales criollas de hibridez y precariedad. Creo que esta tensión explica que odiemos y amemos al ecuatoriano Delfín Quishpe ", señala, en referencia a esta Youtube star que ganó fama mundial con el hit "Las torres gemelas".
 
Cumbia chilombiana.- Chico Trujillo es una de las bandas con más exito afuera. Están en Europa, irán a
Marruecos y luego a Lollapalooza.

 
De exportación.- Pedropiedra, Gepe, Javiera Mena y Chinoy, juntos en España. Se trata de parte del contingente de músicos que traspasó las fronteras de Chile y que hoy son ampliamente valorados en la escena hispanoamericana. 
 
Manuel García, Javier Barría, Nano Stern y Camila Moreno, algunos de los más destacados cantautores jóvenes del país.