El Mercurio
Un equipo liderado por Víctor Rondón recuperó el riquísimo acervo de este relevante centro de producción musical.
Romina de la Sotta Donoso
"Un cura que era sociólogo, Guido Delran, me mostró dos cajas grandes de cartón, y me dijo: 'Ahí hay algunos materiales, les eché una mirada pero son muy modernos para mi gusto'", recuerda el musicólogo Víctor Rondón, profesor de la Facultad de Artes de la U. de Chile.
Pasó en 1997, cuando llegó a la Recoleta Dominica por una investigación que estaba haciendo: "Esas cajas estaban llenas de partituras. Casi como deber ético, hice un primer inventario". Publicó un artículo en la Revista Musical Chilena, en 1999, e hizo el primer intento de catalogar las piezas con su colega de la U. Católica, Alejandro Vera. Pero no avanzaron mucho.
En el intertanto, el convento se convirtió en el Centro Patrimonial Recoleta Dominica. Y hace un par de años, Rondón se asoció con los musicólogos Fernanda Vera y José Manuel Izquierdo. Juntos conquistaron en 2011 un Fondo de la Música de $5 millones y pudieron catalogar esas 455 partituras. Ese completo catálogo se puede descargar de forma gratuita en Museodominico.cl. El proyecto también incluyó la conservación de los documentos y la constitución del archivo de música de la Recoleta Dominica, que se inaugurará a las 19:30 horas del jueves, y que permitirá el acceso público a esos tesoros. En esa ceremonia, el premiado guitarrista Carlos Pérez interpretará algunas piezas del acervo. Además, se abrirá una exposición de partituras originales.
Carolina Nahuelhual, directora de la Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica, destaca que "estos valiosos documentos dan a conocer la producción musical de toda una época de nuestro país".
Rondón lo detalla: "En el archivo hay partituras desde el siglo XVIII hasta la mitad del XX. El 60% es música sacra y el resto, profana. En este centro religioso había tres usos de la música, y por lo mismo, tres repertorios. Estaba el coro, donde los curas hacían canto gregoriano; el repertorio propiamente litúrgico, de misa, y un tercer universo era la práctica privada de los sacerdotes".
Explica, además, cómo era entonces el proceso de producción: "Todas las órdenes tenían un representante en Europa que se encargaba de enviar la música de moda o que era considerada apropiada; y aquí esa música se transcribía para los instrumentos disponibles. El maestro de capilla estaba a cargo de eso, y también de componer piezas".
Entre las partituras catalogadas, hay algunas de figuras como José Bernardo Alzedo, y también de Enrique Maffei y Louis Lambillote. Igualmente hay música profana de autoras femeninas. El musicólogo explica cómo terminaron en la Recoleta Dominica esas piezas mundanas: "Como en la sociedad del XVIII y XIX en toda familia había un cura, los repertorios iban y venían desde el salón hasta el convento".
El musicólogo revela uno de los hallazgos más sorprendentes del proyecto: "La Recoleta es el único lugar donde hemos encontrado partituras timbradas como 'reprobadas'. Sabíamos que existió una comisión de la jerarquía eclesiástica que revisaba los contenidos estéticos y líricos de la música, pero no habíamos visto los timbres".
Curiosamente, algunas piezas tienen varios timbres sucesivos: "reprobada", "aprobada" y "reprobada".
"Sabemos que el estilo era un tema delicado. Si en el siglo XIX encontraban que un Kyrie o un Gloria era parecido a una ópera de Rossini, lo iban a rechazar porque era impresentable que una música sacra se contaminara con algo tan mundano como el teatro", cierra Rondón.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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sábado, octubre 05, 2013
lunes, enero 28, 2013
Los Jaivas y el hito cultural de transcribir su obra musical en partituras oficiales
Radio Bio Bio
¡Pero si son nuestros Rolling Stones chilenos! esa fue la exclamación del ministro del Consejo de la Cultura y las Artes, Luciano Cruz Coke, cuando se le consultó por la importancia del grupo chileno Los Jaivas, que este año cumple 50 años de trayectoria musical, o como ellos prefieren llamarlo, el medio siglo de la banda.
Entre sus múltiples actividades de celebración, se adjudicaron un proyecto de Fondart 2013 que consiste en la transcripción y edición de las partituras oficiales de su música. En primera instancia los álbumes “La ventana” (más conocido como Todos Juntos) y “Alturas de Machu Picchu” serán los únicos trabajos que transcripción musical que considera esta etapa, no obstante, el objetivo siguiente será abarcar la obra completa del grupo viñamarino.
Los Jaivas postularon al fondo para el fomento de la música nacional y obtuvieron el tercer lugar nacional como prioridad del gobierno, que contó con el 98 por ciento de respaldo. 12 millones 300 mil pesos es el monto adjudicado y que deberán concretar entre febrero y octubre del presente año.
Es relevante destacar que cuentan con el apoyo de la Dibam (Dirección de bibliotecas, archivos y museos) que llevará a cabo la distribución de los ejemplares impresos y digitales en todas las bibliotecas públicas del país. Asimismo, el respaldo del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, que harán igual labor en las universidades públicas. La Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) del Ministerio de Relaciones Exteriores, tendrá la importante misión de distribuir las partituras en la embajadas chilenas en el mundo.
José Riveros, músico y transcriptor oficial de las partituras de Los Jaivas, trabaja mano a mano con Claudio Parra (pianista) en la tarea de perpetuar el legado musical. Su labor se ha supeditado a digitalizar cada una de las creaciones del grupo, transcribir las grabaciones originales desde los inicios hasta el último trabajo en estudio.
“Teníamos cierta seguridad de ganarnos el fondart porque sabemos que es un proyecto que contribuye a la cultura musical chilena, son repertorios muy importantes en la historia del país, canciones como Mira niñita, Todos juntos y Sube a nacer conmigo hermano, se van a transformar en partituras oficiales. Es una contribución a la educación musical, a los profesores, músicos y aficionados que contarán con material fidedigno revisado y supervisado por Los Jaivas”, comenta Riveros.
Los tres ejes fundamentales que se esgrimieron en la postulación, consistió en destacar la importancia de la música de Los Jaivas en los ámbitos de cultura, identidad y patrimonio. José Riveros, enfatiza: “Ellos son parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia, identifican nuestra tradición musical y son parte del patrimonio por su historia y trayectoria. Es importante transformarlo en patrimonio tangible, el grupo ha marcado un hito en la historia de Chile”.
Uno de sus integrantes fundacionales, Claudio Parra, se refiere a que el gran proyecto consiste en transcribir la obra completa de Los Jaivas. “Somos nosotros los indicados de escribirla”, reflexiona.
“Lo que tocamos en la grabación no es lo mismo que tocamos en vivo, en los primeros años llegábamos al estudio con el tema no terminado, considerábamos que así había que tocarlo y después en los conciertos lo íbamos cambiando y el tema alcanzaba su madurez. El criterio es realizar las partituras del material grabado. En algunos casos lo haremos como se grabó en las ediciones originales y también como se toca en la actualidad. Es un asunto que exige mucha prolijidad y paciencia”, comenta el pianista.
Dos primeros álbumes que serán transcritos.
La Ventana es el nombre popular del álbum homónimo publicado por el grupo en 1973 (conocido como Todos Juntos). Agrupa las primeras composiciones formales del grupo, y contiene sus dos primeros singles de éxito, que se han convertido en estándares de la música popular en Chile: “Todos Juntos” y “Mira Niñita”.
Lado A
1. “Marcha al Interior del Espíritu” — 2:16
2. “Mira Niñita” — 6:57
3. “Todos Juntos” — 5:52
4. “La Quebrá del Ají” — 4:43
Lado B
1. “Ciclo Vital” — 10:03
2. “Los Caminos que se Abren” — 9:40
3. “El Pasillo del Cóndor” — 0:25
Alturas de Machu Picchu es el séptimo álbum de estudio de la banda, lanzado en 1981, En él, el grupo musicaliza el popular poema de Pablo Neruda, del mismo título, aparecido en su libro Canto General, de 1950. El poema es uno de los más trascendentes de la poesía de Neruda, y su musicalización ha sidoo considerada como magistral y fiel al contenido de la obra original.
En abril de 2008, la edición chilena de la revista Rolling Stone situó a este álbum en el segundo lugar dentro de los 50 mejores discos chilenos.
Lado A
1. “Del Aire al Aire” (Alberto Ledo) – 2:17
2. “La Poderosa Muerte” – 11:12
3. “Amor Americano” – 5:28
Lado B
1. “Águila Sideral” – 5:22
2. “Antigua América” – 5:38
3. “Sube a Nacer Conmigo Hermano” – 4:46
4. “Final” — 2:37
¡Pero si son nuestros Rolling Stones chilenos! esa fue la exclamación del ministro del Consejo de la Cultura y las Artes, Luciano Cruz Coke, cuando se le consultó por la importancia del grupo chileno Los Jaivas, que este año cumple 50 años de trayectoria musical, o como ellos prefieren llamarlo, el medio siglo de la banda.
Entre sus múltiples actividades de celebración, se adjudicaron un proyecto de Fondart 2013 que consiste en la transcripción y edición de las partituras oficiales de su música. En primera instancia los álbumes “La ventana” (más conocido como Todos Juntos) y “Alturas de Machu Picchu” serán los únicos trabajos que transcripción musical que considera esta etapa, no obstante, el objetivo siguiente será abarcar la obra completa del grupo viñamarino.
Los Jaivas postularon al fondo para el fomento de la música nacional y obtuvieron el tercer lugar nacional como prioridad del gobierno, que contó con el 98 por ciento de respaldo. 12 millones 300 mil pesos es el monto adjudicado y que deberán concretar entre febrero y octubre del presente año.
Es relevante destacar que cuentan con el apoyo de la Dibam (Dirección de bibliotecas, archivos y museos) que llevará a cabo la distribución de los ejemplares impresos y digitales en todas las bibliotecas públicas del país. Asimismo, el respaldo del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas, que harán igual labor en las universidades públicas. La Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) del Ministerio de Relaciones Exteriores, tendrá la importante misión de distribuir las partituras en la embajadas chilenas en el mundo.
José Riveros, músico y transcriptor oficial de las partituras de Los Jaivas, trabaja mano a mano con Claudio Parra (pianista) en la tarea de perpetuar el legado musical. Su labor se ha supeditado a digitalizar cada una de las creaciones del grupo, transcribir las grabaciones originales desde los inicios hasta el último trabajo en estudio.
“Teníamos cierta seguridad de ganarnos el fondart porque sabemos que es un proyecto que contribuye a la cultura musical chilena, son repertorios muy importantes en la historia del país, canciones como Mira niñita, Todos juntos y Sube a nacer conmigo hermano, se van a transformar en partituras oficiales. Es una contribución a la educación musical, a los profesores, músicos y aficionados que contarán con material fidedigno revisado y supervisado por Los Jaivas”, comenta Riveros.
Los tres ejes fundamentales que se esgrimieron en la postulación, consistió en destacar la importancia de la música de Los Jaivas en los ámbitos de cultura, identidad y patrimonio. José Riveros, enfatiza: “Ellos son parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia, identifican nuestra tradición musical y son parte del patrimonio por su historia y trayectoria. Es importante transformarlo en patrimonio tangible, el grupo ha marcado un hito en la historia de Chile”.
Uno de sus integrantes fundacionales, Claudio Parra, se refiere a que el gran proyecto consiste en transcribir la obra completa de Los Jaivas. “Somos nosotros los indicados de escribirla”, reflexiona.
“Lo que tocamos en la grabación no es lo mismo que tocamos en vivo, en los primeros años llegábamos al estudio con el tema no terminado, considerábamos que así había que tocarlo y después en los conciertos lo íbamos cambiando y el tema alcanzaba su madurez. El criterio es realizar las partituras del material grabado. En algunos casos lo haremos como se grabó en las ediciones originales y también como se toca en la actualidad. Es un asunto que exige mucha prolijidad y paciencia”, comenta el pianista.
Dos primeros álbumes que serán transcritos.
La Ventana es el nombre popular del álbum homónimo publicado por el grupo en 1973 (conocido como Todos Juntos). Agrupa las primeras composiciones formales del grupo, y contiene sus dos primeros singles de éxito, que se han convertido en estándares de la música popular en Chile: “Todos Juntos” y “Mira Niñita”.
Lado A
1. “Marcha al Interior del Espíritu” — 2:16
2. “Mira Niñita” — 6:57
3. “Todos Juntos” — 5:52
4. “La Quebrá del Ají” — 4:43
Lado B
1. “Ciclo Vital” — 10:03
2. “Los Caminos que se Abren” — 9:40
3. “El Pasillo del Cóndor” — 0:25
Alturas de Machu Picchu es el séptimo álbum de estudio de la banda, lanzado en 1981, En él, el grupo musicaliza el popular poema de Pablo Neruda, del mismo título, aparecido en su libro Canto General, de 1950. El poema es uno de los más trascendentes de la poesía de Neruda, y su musicalización ha sidoo considerada como magistral y fiel al contenido de la obra original.
En abril de 2008, la edición chilena de la revista Rolling Stone situó a este álbum en el segundo lugar dentro de los 50 mejores discos chilenos.
Lado A
1. “Del Aire al Aire” (Alberto Ledo) – 2:17
2. “La Poderosa Muerte” – 11:12
3. “Amor Americano” – 5:28
Lado B
1. “Águila Sideral” – 5:22
2. “Antigua América” – 5:38
3. “Sube a Nacer Conmigo Hermano” – 4:46
4. “Final” — 2:37
domingo, junio 10, 2012
Restauran cien partituras de diecinueve Premios Nacionales de Música
El Mercurio
Académicos y estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile están recuperando documentos patrimoniales de los más insignes autores nacionales. Todo, con recursos propios.
Romina de la Sotta Donoso
Un tesoro de incalculable valor patrimonial alberga el Archivo Musical de la Facultad de Artes de la U. de Chile: partituras manuscritas de los 19 compositores chilenos que han recibido el Premio Nacional de Música.
Sin embargo, estas partituras están en riesgo. "No es como un cuadro que se cuelga en la pared y punto. Estos documentos se han utilizado en muchas ocasiones, y se van a seguir usando cada vez que se toque la música", explica la restauradora Johanna Theile, profesora de la Facultad de Artes de la U. de Chile. "Por eso, digitalizarlos y guardar los originales después de conservarlos, es una idea fantástica", agrega.
Idea que está siendo puesta en práctica por una institución única en Latinoamérica, el Laboratorio de Restauración de Partituras y Libros (soporte papel) de esa facultad. "Empezamos hace ocho meses con este proyecto de digitalización y conservación de manuscritos de compositores chilenos. En esta primera etapa estamos trabajando con cien partituras de 19 Premios Nacionales, que a fin de año estarán ingresadas en un software de la universidad. Aquellas que estén libres de derecho de autor podrán ser consultadas en la web ", anuncia Jessika Zuta, directora de las bibliotecas de la facultad.
Minucioso trabajo
"Hoy existe consenso entre los restauradores: debemos alargarles la vida a las piezas e intervenir cuando es netamente necesario. En los años 80 estaba de moda la restauración, y hoy estamos teniendo problemas con todas esas intervenciones exageradas. Por eso hoy hacemos conservación científica, es decir, intervenimos sólo cuando es completamente necesario", explica Theile, quien es directora del Comité Mundial de Conservación y Restauración de la Unesco (ICOM-CC).
En el caso de las partituras, lo primero es hacer un diagnóstico de cada hoja. Si hay indicios de scotch , la reacción es inmediata: "Hay que sacarlo porque está traspasándole ácido al papel y éste puede terminar desapareciendo", detalla. "Si el documento está en buen estado, lo limpiamos con goma de borrar suave. Si no, con polvo de goma. Después probamos si la tinta no destiñe con un palito, algodón y agua destilada y, si es así, lavamos la pieza en agua destilada". Para eso se utiliza una entretela a la que el papel se adhiere.
Luego se apoya una prensa de vidrio sobre la hoja, y así queda por dos días. Y cuando se retira el peso, se le dan dos días más de inmovilidad al documento. "Así sale la mayor parte de las manchas, especialmente las de humedad, y se estiran las arrugas", explica Theile.
En el proyecto trabajan siete docentes y también alumnos de Theile. Allí, en el laboratorio, están algunas de las partituras restauradas: "Canciones de alta copa", de Gustavo Becerra-Schmidt; "Balmaceda", de Acario Cotapos, y "América Insurrecta", de Fernando García.
"Llevamos un 20% de avance. Este proyecto lo estamos financiando con recursos propios, a través de un ítem de compra de materiales. Como todos somos funcionarios de la universidad, nos hacemos el tiempo para trabajar en esto. Pero más adelante pensamos postular a algún fondo", dice Zuta. "Estamos recién partiendo. No podemos quedarnos sólo en algunas obras de los Premios Nacionales", asegura.
Académicos y estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile están recuperando documentos patrimoniales de los más insignes autores nacionales. Todo, con recursos propios.
Romina de la Sotta Donoso
Un tesoro de incalculable valor patrimonial alberga el Archivo Musical de la Facultad de Artes de la U. de Chile: partituras manuscritas de los 19 compositores chilenos que han recibido el Premio Nacional de Música.
Sin embargo, estas partituras están en riesgo. "No es como un cuadro que se cuelga en la pared y punto. Estos documentos se han utilizado en muchas ocasiones, y se van a seguir usando cada vez que se toque la música", explica la restauradora Johanna Theile, profesora de la Facultad de Artes de la U. de Chile. "Por eso, digitalizarlos y guardar los originales después de conservarlos, es una idea fantástica", agrega.
Idea que está siendo puesta en práctica por una institución única en Latinoamérica, el Laboratorio de Restauración de Partituras y Libros (soporte papel) de esa facultad. "Empezamos hace ocho meses con este proyecto de digitalización y conservación de manuscritos de compositores chilenos. En esta primera etapa estamos trabajando con cien partituras de 19 Premios Nacionales, que a fin de año estarán ingresadas en un software de la universidad. Aquellas que estén libres de derecho de autor podrán ser consultadas en la web ", anuncia Jessika Zuta, directora de las bibliotecas de la facultad.
Minucioso trabajo
"Hoy existe consenso entre los restauradores: debemos alargarles la vida a las piezas e intervenir cuando es netamente necesario. En los años 80 estaba de moda la restauración, y hoy estamos teniendo problemas con todas esas intervenciones exageradas. Por eso hoy hacemos conservación científica, es decir, intervenimos sólo cuando es completamente necesario", explica Theile, quien es directora del Comité Mundial de Conservación y Restauración de la Unesco (ICOM-CC).
En el caso de las partituras, lo primero es hacer un diagnóstico de cada hoja. Si hay indicios de scotch , la reacción es inmediata: "Hay que sacarlo porque está traspasándole ácido al papel y éste puede terminar desapareciendo", detalla. "Si el documento está en buen estado, lo limpiamos con goma de borrar suave. Si no, con polvo de goma. Después probamos si la tinta no destiñe con un palito, algodón y agua destilada y, si es así, lavamos la pieza en agua destilada". Para eso se utiliza una entretela a la que el papel se adhiere.
Luego se apoya una prensa de vidrio sobre la hoja, y así queda por dos días. Y cuando se retira el peso, se le dan dos días más de inmovilidad al documento. "Así sale la mayor parte de las manchas, especialmente las de humedad, y se estiran las arrugas", explica Theile.
En el proyecto trabajan siete docentes y también alumnos de Theile. Allí, en el laboratorio, están algunas de las partituras restauradas: "Canciones de alta copa", de Gustavo Becerra-Schmidt; "Balmaceda", de Acario Cotapos, y "América Insurrecta", de Fernando García.
"Llevamos un 20% de avance. Este proyecto lo estamos financiando con recursos propios, a través de un ítem de compra de materiales. Como todos somos funcionarios de la universidad, nos hacemos el tiempo para trabajar en esto. Pero más adelante pensamos postular a algún fondo", dice Zuta. "Estamos recién partiendo. No podemos quedarnos sólo en algunas obras de los Premios Nacionales", asegura.
domingo, abril 22, 2012
Hacia la reconstrucción de la música decimonónica chilena
El Mercurio
Archivo Andrés Bello recupera cuantioso acopio de partituras.Zamacuecas, cuplés, valses, tangos e himnos políticos abundan entre 700 piezas que están siendo restauradas y digitalizadas en este centro. "Se refuta la idea de que en el siglo XIX no había compositores", dicen allí.
IÑIGO DÍAZ
La historia cuenta que los técnicos de la imprenta, incluido el compositor José Zapiola, se amanecieron en el trabajo de armado de tipografía para que la partitura del "Himno marcial del triunfo de Yungai", conocido después como el "Himno de Yungay", estuviera lista. Al día siguiente se efectuaría una fiesta conmemorativa, convocada por el gobierno de José Joaquín Prieto, para festejar la victoria sobre la Confederación Perú-Boliviana. Y esa noche, junto al piano del salón, se cantó el famoso himno dedicado al ministro de Relaciones Exteriores y Hacienda, Joaquín Tocornal.
Ese original de 1839 se encuentra hoy entre los tesoros musicales del siglo XIX que un grupo de expertos, encabezados por la licenciada en música Fernanda Vera, está rescatando del olvido. Es parte del proyecto "Puesta en valor, catalogación y difusión de la colección de partituras del Archivo Central Andrés Bello AB de la Universidad de Chile".
Así de largo es su título, pero más extenso e intenso es el trabajo "arqueológico" que se está realizando en los laboratorios de calle Arturo Prat 23 con un abundante cuerpo de partituras decimonónicas custodiado por este archivo. Provienen del material reunido durante décadas por los bibliófilos Domingo Edwards Matte, Eugenio Pereira Salas y José Zamudio. Son unas 700 partituras.
"Siempre se ha dicho que durante el siglo XIX no hubo música ni compositores. Esa creencia está siendo refutada ahora", señala Fernanda Vera. "De aquí a un par de años se van a conocer muchas cosas con respecto a este período", asegura. Eso, porque no sólo es el archivo de la U. de Chile el que avanza en la organización del material. También se están catalogando partituras, sacras y profanas, en el Seminario Pontificio Mayor, a cargo del licenciado en música José Contreras, y en la Recoleta Dominica, con el musicólogo Víctor Rondón.
"El mérito de nuestra colección es que recupera la música escrita para el salón señorial. La organología es para piano y canto. Son piezas publicadas por casas editoras litográficas como Inghirami & Brandt, Cadot y Eustaquio Guzmán, siempre con portadas muy diseñadas y casi siempre con dedicatorias grandilocuentes", cuenta Vera. El vals "Mil flores", de Arturo Hügel, dedicado a la distinguida señorita Christine Mougnoud, o la polka militar "Los clarines de Maipú", de Juan Krause, a Erasmo Escala.
Es un aspecto que también sorprende a los investigadores. Entre los ritmos populares de salón, considerados "música para disfrutar" -zamacuecas, refalosas, cuplés, pasodobles, valses, tangos, cuadrillas y habaneras-, aparece gran cantidad de himnos y canciones de proselitismo político: "Himno a los vencedores del Maipo", "El monitor peruano" y "Al mártir de la democracia", dedicada a la madre de José Manuel Balmaceda.
"Se trata de música de larga data, por lo tanto sus derechos de autoría cesaron. Eso nos permitirá distribuir gratuitamente las partituras, que serán digitalizadas y podrán descargarse desde nuestro sitio en internet, con una detallada ficha bibliográfica patrimonial", dice Alejandra Araya, directora del archivo. Fernanda Vera concluye: "Queremos que se vuelva a tocar y a escuchar la música chilena del siglo XIX, que estuvo perdida por tanto tiempo".
Tesoros desconocidos y grandes descubrimientos
Debido al éxito del "Himno de Yungay" de 1839, muchas casas editoras siguieron publicando la canción. Al menos diez ediciones más están en el archivo universitario. No es la única joya allí. También se encuentran la primera partitura del "Himno patrio de la República de Chile", editado en Londres por solicitud del ministro plenipotenciario Mariano Egaña. "Le encargó a Ramón Carnicer, un compositor español, un himno que se acercara a la marcialidad europea. No eligió a un chileno", cuenta Fernanda Vera.
Los investigadores descubrieron además la primera zamacueca publicada en Chile: "Zamacueca", de Federico Guzmán, hijo del editor litográfico Eustaquio Guzmán, un argentino que se instaló en Chile y formó una gran familia de músicos.
"De hecho, su hija Adelaida compuso muchas piezas, lo que también viene a rebatir la idea de que las mujeres no escribían. Encontramos a muchas mujeres compositoras. Y también niños, como Federico Chessi de Ugarte, que a los doce años escribió canciones como 'La mariposa' y 'La opositora'. Tenían un valor evidente, de lo contrario no hubieran sido publicadas por Inghirami & Brandt", dice.
Archivo Andrés Bello recupera cuantioso acopio de partituras.Zamacuecas, cuplés, valses, tangos e himnos políticos abundan entre 700 piezas que están siendo restauradas y digitalizadas en este centro. "Se refuta la idea de que en el siglo XIX no había compositores", dicen allí.
IÑIGO DÍAZ
La historia cuenta que los técnicos de la imprenta, incluido el compositor José Zapiola, se amanecieron en el trabajo de armado de tipografía para que la partitura del "Himno marcial del triunfo de Yungai", conocido después como el "Himno de Yungay", estuviera lista. Al día siguiente se efectuaría una fiesta conmemorativa, convocada por el gobierno de José Joaquín Prieto, para festejar la victoria sobre la Confederación Perú-Boliviana. Y esa noche, junto al piano del salón, se cantó el famoso himno dedicado al ministro de Relaciones Exteriores y Hacienda, Joaquín Tocornal.
Ese original de 1839 se encuentra hoy entre los tesoros musicales del siglo XIX que un grupo de expertos, encabezados por la licenciada en música Fernanda Vera, está rescatando del olvido. Es parte del proyecto "Puesta en valor, catalogación y difusión de la colección de partituras del Archivo Central Andrés Bello AB de la Universidad de Chile".
Así de largo es su título, pero más extenso e intenso es el trabajo "arqueológico" que se está realizando en los laboratorios de calle Arturo Prat 23 con un abundante cuerpo de partituras decimonónicas custodiado por este archivo. Provienen del material reunido durante décadas por los bibliófilos Domingo Edwards Matte, Eugenio Pereira Salas y José Zamudio. Son unas 700 partituras.
"Siempre se ha dicho que durante el siglo XIX no hubo música ni compositores. Esa creencia está siendo refutada ahora", señala Fernanda Vera. "De aquí a un par de años se van a conocer muchas cosas con respecto a este período", asegura. Eso, porque no sólo es el archivo de la U. de Chile el que avanza en la organización del material. También se están catalogando partituras, sacras y profanas, en el Seminario Pontificio Mayor, a cargo del licenciado en música José Contreras, y en la Recoleta Dominica, con el musicólogo Víctor Rondón.
"El mérito de nuestra colección es que recupera la música escrita para el salón señorial. La organología es para piano y canto. Son piezas publicadas por casas editoras litográficas como Inghirami & Brandt, Cadot y Eustaquio Guzmán, siempre con portadas muy diseñadas y casi siempre con dedicatorias grandilocuentes", cuenta Vera. El vals "Mil flores", de Arturo Hügel, dedicado a la distinguida señorita Christine Mougnoud, o la polka militar "Los clarines de Maipú", de Juan Krause, a Erasmo Escala.
Es un aspecto que también sorprende a los investigadores. Entre los ritmos populares de salón, considerados "música para disfrutar" -zamacuecas, refalosas, cuplés, pasodobles, valses, tangos, cuadrillas y habaneras-, aparece gran cantidad de himnos y canciones de proselitismo político: "Himno a los vencedores del Maipo", "El monitor peruano" y "Al mártir de la democracia", dedicada a la madre de José Manuel Balmaceda.
"Se trata de música de larga data, por lo tanto sus derechos de autoría cesaron. Eso nos permitirá distribuir gratuitamente las partituras, que serán digitalizadas y podrán descargarse desde nuestro sitio en internet, con una detallada ficha bibliográfica patrimonial", dice Alejandra Araya, directora del archivo. Fernanda Vera concluye: "Queremos que se vuelva a tocar y a escuchar la música chilena del siglo XIX, que estuvo perdida por tanto tiempo".
Tesoros desconocidos y grandes descubrimientos
Debido al éxito del "Himno de Yungay" de 1839, muchas casas editoras siguieron publicando la canción. Al menos diez ediciones más están en el archivo universitario. No es la única joya allí. También se encuentran la primera partitura del "Himno patrio de la República de Chile", editado en Londres por solicitud del ministro plenipotenciario Mariano Egaña. "Le encargó a Ramón Carnicer, un compositor español, un himno que se acercara a la marcialidad europea. No eligió a un chileno", cuenta Fernanda Vera.
Los investigadores descubrieron además la primera zamacueca publicada en Chile: "Zamacueca", de Federico Guzmán, hijo del editor litográfico Eustaquio Guzmán, un argentino que se instaló en Chile y formó una gran familia de músicos.
"De hecho, su hija Adelaida compuso muchas piezas, lo que también viene a rebatir la idea de que las mujeres no escribían. Encontramos a muchas mujeres compositoras. Y también niños, como Federico Chessi de Ugarte, que a los doce años escribió canciones como 'La mariposa' y 'La opositora'. Tenían un valor evidente, de lo contrario no hubieran sido publicadas por Inghirami & Brandt", dice.
miércoles, octubre 12, 2011
Los Jaivas en partitura: un registro que faltaba
El Mercurio
Seis estudiantes de la Escuela Moderna avanzan en el proyecto de llevar al pentagrama el vasto repertorio del grupo nacido en 1963. Pero no son los únicos.
IÑIGO DÍAZ
"Nos hemos encontrado con muchos jóvenes interesados en interpretar la música de Los Jaivas exactamente igual a como la escuchan en los discos. Nos han llamado para pedirnos las partituras y nosotros, con un poco de vergüenza, les hemos tenido que decir que no existen. No las tenemos porque nunca las escribimos. Pero ese tiempo de hacerlo ya llegó", dice el pianista Claudio Parra.
Parra es el único del quinteto original que tuvo entrenamiento docto: entre 1965 y 1973 estudió piano clásico en el Conservatorio de la Universidad de Chile y su maestra fue Cristina Herrera. Ese aprendizaje le permitió anotar en manuscritos informales algunas de las primeras piezas del grupo, como el famoso malambo mutante "Corre que te pillo" (1973). "Originalmente era música para Los Jaivas y conjunto sinfónico. Yo escribí las particellas y tiempo después adaptamos la obra sólo para la banda. Siempre trabajamos con cinta. Así dejábamos grabadas las primeras ideas de las canciones", cuenta Parra.
Ante esa carencia de registro en papel, seis estudiantes de la Escuela Moderna de Música se lanzaron en un proyecto de rescate patrimonial. Convencieron a Eduardo Parra e iniciaron la transcripción de esa obra iniciada en 1971 con el álbum "El volantín".
"Es uno de los discos que ya tenemos transcritos. El otro es 'Mamalluca' (1999), que fue escrito para el grupo y orquesta sinfónica. Las partituras de la orquesta estaban hechas, pero las de la banda, no. Las hicimos nosotros", dice Cristián Jiménez, integrante del grupo de alumnos de guitarra, batería y composición, que integran además Gabriel Faúndez, Daniel Gómez, Fabián Monares, María de los Ángeles Ibarra y Andrés Varas.
El proyecto tiene como objetivo editar un libro de partituras por cada disco de Los Jaivas, que suman quince, incluida la música del concierto grabado en París "En el bar restaurant Lo que Nunca se Supo" (2000). Para 2012 estiman la publicación de cuatro volúmenes, y el resto en 2013, cuando se cumple el cincuentenario de este grupo nacido en Viña del Mar como una orquesta de kermesses llamada High Bass (fonéticamente, "Jaivas").
"Trabajamos primero la base rítmica entre bajo y batería, y luego el resto de los instrumentos, las guitarras, el piano, los teclados, los aerófonos (andinos o mapuches) y las voces. Como en el rock, las intenciones nacen de la experiencia del ensayo, no podemos anotar todo a la manera europea. Por eso en algunos pasajes tenemos que indicar cosas como 'corchea huaynera', para apuntar que se trata de un ritmo de huayno nortino", dice Jiménez.
En tanto, la tesista de la carrera de Música de la Universidad de Valparaíso Shantal Andrada ultima detalles de su trabajo de transcripción completa de la fundamental "Alturas de Macchu Picchu" (1981), que inició en 2010. "Claudio Parra quiere que sean las partituras oficiales de la obra", cuenta la estudiante, mientras en Santiago, el baterista Juan Pablo Bosco, un erudito en el estilo de Gabriel Parra, también se ha dedicado a la transcripción de las secciones de percusión de Los Jaivas.
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