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viernes, diciembre 09, 2022

“Resurrección”, de Mahler, con la Filarmónica: Imparable Bortolameolli

El Mercurio

Gonzalo Saavedra
Los chilenos somos malos para aplaudir de pie, a diferencia de los holandeses, por ejemplo, que lo tienen como costumbre. Pero el martes, después de que el director Paolo Bortolameolli dio, con fuerza, la indicación a la Orquesta Filarmónica para el energético impulso con el que acaba la Segunda Sinfonía, “Resurrección” (1894), de Gustav Mahler, el público del Teatro Municipal se paró instantáneamente y ofreció una emocionadísima y sólida ovación de diez minutos largos. ¿Cómo, si no, agradecer con justicia a las extraordinarias solistas —la soprano Yaritza Véliz y la mezzosoprano Evelyn Ramírez—, al magnífico coro del Teatro Municipal (director: Jorge Klastornick), a los músicos de una Filarmónica reforzada y brillante, y, sobre todo, a su talentosísimo principal director invitado por una experiencia de esas que cambian la vida?

Entre los muchísimos pasajes de una interpretación apasionada y precisa a un tiempo —que Bortolameolli dedicó a la memoria de su padre Rodolfo, muerto el año pasado—, hay que destacar el comienzo: seguro y terrorífico según dónde; el delicado Andante moderato, con unas cuerdas muy lucidas, lo mismo que en el arremolinado Scherzo. Luego, el Urlicht, en el que Evelyn Ramírez conmovió con su timbre precioso, su fraseo y su volumen, y puso a la audiencia en un emotivo recogimiento; aquí, los hondos y difíciles comentarios de las tres trompetas, casi desnudas, sonaron certeros.

El final, que incluye muchos y muy distintos episodios, contó con cuatro cornos que se escucharon espectrales desde el foyer, una pequeña banda de bronces y percusión escondida tras el escenario, y, en los últimos minutos, se unieron Yaritza Véliz y el coro hasta alcanzar la apoteosis: “¡Moriré para vivir!”. (Aún quedan dos fechas de este concierto imperdible: el sábado 10 y domingo 11.)

Después de los aplausos, Bortolameolli tuvo energía para firmar decenas de ejemplares de “Rubato. Procesos musicales y una playlist personal” (La Pollera Ediciones, 2020), que el director, en plena pandemia, escribió con una pluma envidiable y una profundidad que siempre es generosa.

Y todavía falta: el 13 de enero, en el Teatro Caupolicán, el imparable Bortolameolli se pondrá al frente de la Orquesta Nacional Juvenil de la FOJI (de la que es titular), ocho solistas, dos coros y un tercero de niños, que sumarán más de 600 personas sobre el escenario, para dirigir la Octava Sinfonía de Mahler, “De los mil” (1906). Impresiona la energía de este director que el sábado pasado ensayó cuatro horas en la mañana la “Resurrección” y, en la tarde y con el mismo ímpetu, tuvo el primer encuentro con los coros de la Octava —que llevan meses preparándose, pero que son en su mayoría entusiastas amateurs—, y corrigió con dedicación y paciencia para conseguir los resultados que quiere. Si ese concierto con músicos jóvenes sale la mitad de bien que el del martes con la Segunda, tendremos otro hito musical de los grandes.

“No quiero ser solo un director de podio (…). Quiero desarrollar proyectos, influir en el desarrollo cultural, social y educativo, reinventar la música cada día. Quiero hacer todo lo posible para que en una o dos generaciones más el ir a conciertos sea común y no de nicho. ¿Por qué las audiencias de la música clásica no pueden ser masivas?”, se preguntaba Bortolameolli hace unos años en una entrevista en estas páginas. Esa noble ambición se está cumpliendo con creces.

lunes, diciembre 05, 2022

¡Larga vida a Yaritza y Ramiro!

El Mercurio


Juan Antonio Muñoz H.

Es conmovedor ver un teatro casi lleno, con un público expectante y emocionado ante dos cantantes jóvenes que han desarrollado su arte haciendo frente a enormes dificultades y que han logrado avanzar hasta convertirse en referentes para su generación. Las circunstancias de la pandemia y la crisis de seguridad han hecho tambalear la experiencia de los espectáculos en vivo, pero cuando esta se produce, como ocurrió esta vez, se vuelve a confirmar que es insustituible: hay que agradecer por esto a la Corporación Cultural de Providencia y a la Corporación Amigos del Teatro Municipal.


La soprano Yaritza Véliz y el barítono Ramiro Maturana poseen voces destinadas a brillar más allá de nuestras fronteras, y son ejemplos de perseverancia en un trabajo de dificultades enormes en un mundo donde la competencia es muy dura. Con ellos, el pianista Jorge Hevia, un valioso guía musical y que, al inicio de la segunda parte del programa, interpretó, sin partitura al frente, la endiablada “Paráfrasis de Rigoletto” (Verdi / Liszt). No fue lo único que hizo como solista, pues ya antes había creado la atmósfera para “Addio del passato” (“La traviata”), con el interludio del tercer acto de la ópera.


Elegantemente vestida, Yaritza Véliz otra vez dio cuenta de un material poderoso, de una voz central plena con armónicos subyugantes y de una entrega dramática vital. Es en Puccini donde ella se expande como artista, pero debe cuidar la intensidad expresiva, atender los matices y profundizar el carácter de su Mimí (“La Bohème”) y su Liú (“Turandot”). Lamentablemente, no fue posible escucharla en “Senza mamma” (“Suor Angelica”) y “La canción de la luna” (Dvoøák), incluidas en el programa, pero omitidas, misma situación que ocurrió con el dúo “Nedda! Silvio!”, de “I Pagliacci” (Leoncavallo). Aunque estuvo bien en “Addio del passato”, de la que cantó solo la primera estrofa, su mejor momento fue la bellísima “Son pocchi fiori” de “L'amico Fritz” (Mascagni).


Hay, sin embargo, que hacer algunas consideraciones. Iniciar un recital con “Adriana Lecouvreur” (Cilea) no es lo más recomendable porque “Io son l'umile ancella” exige tener la voz ya entrenada: la línea de canto es muy exigente en términos de fiato. Y atención con la elección del repertorio, pues ni Norina (“Don Pasquale”, de Donizetti) ni Marguerite (“Fausto”, Gounod) son adecuados a su voz. Habría que explorar el estilo del belcanto, en el caso de la primera, y la fonética francesa y la coloratura, en el de la segunda.


Fue sorprendente la actuación del barítono Ramiro Maturana. Con una presencia escénica de gran atractivo y dueño de los personajes que interpretó, tiene además una voz que, sin ser exuberante en términos de volumen, es personal y de especial belleza tímbrica. Su canto es siempre distinguido y en estilo, lo que es fundamental, por ejemplo, en “Bella siccome un angelo”, de “Don Pasquale”; sería excelente poder verlo como el doctor Malatesta en la versión completa de la ópera. Lo mismo ocurrió con “Avant de quitter ces lieux” (“Fausto”), con fonética perfectible, pero en total comprensión del heroísmo místico del rol de Valentín. Rara vez es posible escuchar en un recital el aria “Questo amor, vergogna mia” de “Edgar” (Puccini) y Ramiro Maturana ofreció de ella una versión impecable. Es cierto que su Germont (“La Traviata”) todavía está en ciernes o que tal vez no sea para él, porque le falta peso y oscuridad; sin embargo, el dúo con Violetta (“Pura siccome un angelo”) lo mostró en correcta aproximación al personaje, lo mismo que la intención expresiva de su “Di Provenza”. En vez del dúo entre Silvio y Nedda, se incluyó la escena de Silvio, que cantó con elegancia y con un conmovedor acento en la vulnerabilidad de este rol, con el que se encontrará en la nueva producción de “I Pagliacci” que se estrenará en el Teatro del Biobío de Concepción el 15 de diciembre.

jueves, noviembre 17, 2022

Segundo Elenco: Otra “Manon” ante poco público

 

El tenor uruguayo Andrés Presno y la soprano chilena Annya Pinto. Patricio Melo


Juan Antonio Muñoz

Nunca en mis 45 años asistiendo regularmente al Teatro Municipal de Santiago asistí a una función de ópera con tan pocos espectadores. Aparte de ser un desincentivo para cantantes e instrumentistas, la situación es trágica y obliga al Teatro mismo, a los melómanos y a quienes toman decisiones respecto de la cultura interrogarse por qué ha sucedido esto.


Las preguntas surgen fáciles y también las suposiciones, pero las respuestas no lo son tanto. ¿Efecto de la pandemia, de la crisis social y la violencia? ¿Que “Manon” no es un título popular? ¿Pero y qué ocurría hace no tantos años cuando óperas como “Peter Grimes” o “Rodelinda” tenían entradas agotadas? ¿Significa esto que las temporadas tendrán que considerar solo títulos “oreja” y no se podrá avanzar en términos de repertorio? ¿Acaso el público de la ópera ya no se interesa porque está acostumbrado a otro nivel de artistas que los que actualmente son contratados? Y se suma otro problema: las funciones están comenzando a las 18:00 horas, lo que para muchos es complicado porque deben salir antes de sus trabajos. Y si se comienza a las 19:00 horas, muchos no van porque el centro de Santiago se ha vuelto peligroso. En suma, un verdadero zapato chino.


Es necesario abrir un debate sobre la difusión de la cultura en general y de las artes escénicas en particular. Preguntarse acerca de sus costos y saber quiénes realmente la consumen. Hay un tema ideológico que no se puede soslayar, porque ya varios han enarbolado que la búsqueda de la máxima calidad es sinónimo de elitismo y que todo lo pasado hay que abolirlo. ¿Significa esto que esa máxima calidad no está disponible para quienes no forman parte de esa supuesta élite y que la gente común y corriente tiene que conformarse con lo que hay?


La ya comentada producción de Emilio Sagi contó esta vez con la dirección musical de Pedro-Pablo Prudencio, quien ofreció una bella lectura de la obra y que se esmeró en cuidar a los cantantes y respetar sus posibilidades. Su trabajo destacó por dar continuidad a una partitura difícil, que requiere fantasía, vitalidad e intensidad.


La soprano Annya Pinto tiene una voz aterciopelada que usa con musicalidad y distinción, pero su construcción del personaje tiene aún mucho que avanzar. Su Manon tuvo una gestualidad casi de comedia en algunas escenas, lo que diluye la emoción y la intensidad de un rol complejo. Junto a ella, el tenor Andrés Presno exhibió un canto potente y seguro al que le hacen falta matices expresivos y la cuota de sensualidad que Massenet exige tanto a Des Grieux como a Manon.


Muy bien en términos dramáticos y vocales el Lescaut del barítono Ramiro Maturana, como también Javier Weibel como Monsieur de Brétigny y Gonzalo Araya en su atractiva creación de Guillot-Morfontaine. Completaron el extenso reparto Tabita Martínez (Pousette), Camila Guggiana (Javotte), Camila Aguilera (Rosette), Sergio Gallardo (Conde Des Grieux), David Gáez (Posadero, Portero de Saint Sulpice y croupier), Paola Rodríguez (Sirvienta), Nicolás Noguchi (Guardia, Jugador) e Ismael Correa (Guardia, Jugador). Todos ellos con gran participación escénica y que intervinieron con señera propiedad en el complejo armado de esta partitura. El Coro del Teatro Municipal tuvo otra vez una excelente noche.

miércoles, noviembre 16, 2022

Crítica de Música: La (supuesta) despedida de un gran trovador



 El Mercurio


MARIO VALLE

Desde su primera visita al país en septiembre de 1969, cuando se presentó en el Teatro Municipal de Santiago, y meses después asistiera como invitado al Festival de Viña del Mar —donde ha estado en otras dos oportunidades, en 1993 y 2009—, Joan Manuel Serrat cautivó al público nacional por su sencillez, simpatía y la profundidad de sus canciones. El cantautor, quien se posicionó como un trovador contemporáneo, ha hecho varias otras visitas a lo largo de estos años en solitario y también en grupo con sus amigos y colegas Joaquín Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos.


Ahora estuvo el sábado y domingo últimos como parte de su gira “El vicio de cantar 1965-2022”, que ha sido definida como su despedida de los escenarios. El catalán, próximo a cumplir 79 años, hizo el anuncio el año pasado tras una larga reflexión, después de los encierros por la pandemia. Este tour incluye 63 recitales, que inició en abril pasado en Nueva York y culminará el 23 de diciembre en su natal Barcelona.


Para sus seguidores locales no dejó de ser una triste noticia, por cuanto sus temas han cruzado a varias generaciones en forma transversal. Muchas de sus canciones son parte de la banda sonora de muchos chilenos. Prueba de ello fue que reuniera en cada una de sus dos presentaciones en el Movistar Arena a más de 12 mil personas, quienes corearon y aplaudieron sus interpretaciones. El Presidente Gabriel Boric asistió al concierto del domingo.


“Nano”, como lo conocen sus amigos, aparece vistiendo jeans, chaqueta y una camisa de mezclilla. Con su particular estilo, a poco de iniciado su último concierto, se apresuró en plantear: “He venido por el placer de estar con ustedes y no para despedirme. Y, como corresponde, con alegría. Les aclaro que este no es un último concierto, al menos eso espero. De ocurrir algún imprevisto, guarden sus tickets y podrán presumir de haber estado”. Y agregó: “Las cosas tal como empiezan se acaban. Todo lo que nos queda es futuro”.


Serrat estuvo visiblemente emocionado con la cálida recepción. Después de la incertidumbre que generó la pandemia en sus inicios, quizás pudo estar el retiro en su mira, pero sin duda las experiencias vividas con sus presentaciones en diversos lugares lo revitalizan y renuevan sus energías.


En estos shows, a través de 24 canciones, repasa su carrera de casi 60 años. Su voz algo desgastada por el tiempo no es obstáculo para entregar un espectáculo de calidad. Su sentido musical y dominio escénico están intactos. Además, cuenta con el apoyo de sus muy buenos músicos, encabezados por el pianista Ricardo Miralles, quien lo ha acompañado en gran parte de su trayectoria.


Entre canción y canción, Serrat se da tiempo para breves reflexiones. Habla de su familia, de la historia y fantasías que rodean a sus canciones, de quienes han trabajado con él, de su relación con las nuevas tecnologías y de sus preocupaciones como el cambio climático. “Tardamos mucho tiempo en darnos cuenta”, dijo al referirse a la contaminación que afecta al aire, mares y ríos. “Un planeta cada día más enfermo”, añadió y sostuvo la necesidad de decisiones rápidas y urgentes. Pero no todo fue seriedad, también hizo gala de su especial sentido del humor, del que no escaparon ni Isabel II ni Carlos III. Incluso, ante la declaración de una señora mayor, quien a viva voz le gritó: “¡Eres el amor de mi vida!”, le respondió: “Lástima que no me haya enterao”.


La interpretación de cada uno de los 24 temas fue apoyada por muy buenas visuales, como la sátira de la Mona Lisa en “Hoy puede ser un gran día”, o los dibujos de Banksy en “Para la libertad”. Esto, comandado por un Serrat que logra crear el clima preciso para cada canción.


Comenzó con “Dale que dale”, para luego alternar adecuadamente aquellas composiciones de letras profundas y desgarradoras como “Las nanas de la cebolla” o “Aquellas pequeñas cosas” con otras más alegres como “Algo personal” y “Fiesta”, con la que cierra dejando al público muy arriba.


Antes se dio tiempo para cantar en su lengua catalana “Cancó de Bressol” (“Canción de cuna”) y “Pare” (Padre”), como también la potente “Es caprichoso el azar” con Úrsula Amargos, quien integra su banda a cargo de la viola. Un guiño al país anfitrión fue una buena versión de “Gracias a la vida”. Algunos de sus títulos más conocidos como “Tu nombre me sabe a yerba” tienen nuevos arreglos para adaptarlos a su actual tono vocal.


El Serrat de esta aparente despedida no resulta desbordante, pero sigue siendo inmenso. Tras dos horas y 20 minutos, en que se mezclaron emociones y nostalgia, cierra con un público enardecido y agradecido. Todo parece indicar —y así se espera— que este no es un adéu, sino un hasta siempre.


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Joan Manuel Serrat visita al Presidente Boric en La Moneda


Un desfile de ministros se vio el fin de semana en el concierto de Joan Manuel Serrat en el Movistar Arena. El sábado se vio en el recital a la vocera Camila Vallejo, mientras que el domingo fue el turno del Presidente Gabriel Boric junto a la titular de la Segpres, Ana Lya Uriarte.


Pero eso no fue todo. El día de ayer (14-11-2022), antes de abandonar el país, el cantautor español se dirigió hasta La Moneda para reunirse con el mandatario.


A las 12 del día ingresó a Palacio, donde la guardia le rindió honores, para posteriormente dirigirse hasta el despacho presidencial.


Tras la cita, Serrat señaló que fue una “charla muy franca”. Además, dijo que “aprecia” a Boric como persona y que es un político que, a pesar de su edad, “tiene grandes virtudes”. Por último, espera que las ideas del Presidente “se puedan llevar a término con el respaldo del pueblo chileno”.




martes, octubre 27, 2020

Una antología del disparate: las peores críticas a los clásicos

 El Mercurio


El volumen “Ojo crítico” recoge reseñas que destruyeron obras de Shakespeare, Joyce, García Márquez y otros grandes.

Roberto Careaga C.

“Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa solo mencionarán esta obra como una curiosidad”, sentenciaba el escritor francés Émile Zola hacia mediados del siglo XIX ante un libro de poemas llamado “Las flores del mal”. Como ya lo sabemos, la predicción era erradísima: el poemario de Charles Baudelaire iba a convertirse en un hito de la poesía moderna y aún hoy, a 163 años de su publicación, sigue siendo influyente. Zola se equivocaba, pero igual que tantos otros críticos y escritores que enfrentados a grandes obras no lograban calibrarlas. De Gustave Flaubert a Gabriel García Márquez, pasando por Mary Shelley y Gabriela Mistral, todos los gigantes han tenido detractores.


La historia de las críticas equivocadas es interminable, pero el editor español Constantino Bértolo ha avanzado el registro: Ediciones Uach acaba de lanzar “Ojo crítico. Las peores críticas a los mejores autores”, volumen que recoge infames reseñas que erraron por lejos. Crítico literario durante años, Bértolo llama a su obra “antología del disparate” y es un pequeño libro adictivo que se lee de una sentada. Está lleno de joyas, como esta de Virginia Woolf sobre James Joyce: “Acabé ‘Ulises' y me parece un fracaso. El libro es difuso. Es salobre. Pretencioso”.


Publicado originalmente en 1990, esta segunda edición está actualizada con varios hallazgos, especialmente sobre autores chilenos: que Raúl Silva Castro veía en la poesía de Mistral “un conjunto de exageraciones, caídas de tono, imágenes oscuras y retorcimiento verbal”, o que Alone, al leer “La miseria del hombre”, de Gonzalo Rojas, anotó: “Al paso que llevan las letras nacionales no prometen nada bueno”.


“Servirá este repertorio de consuelo para muchos escritores que han visto, ven y verán cómo sus obras son descalificadas por los críticos. Estas frases lapidarias son la prueba de que la crítica no es capaz de acabar con un buen libro o con un buen autor y eso podría tranquilizarnos a todos, a los críticos, escritores y lectores”, escribe Bértolo en el prólogo, recordando una famosa frase del diario Le Figaro en 1857: “Flaubert no es un escritor”.


Shakespeare tiene varias páginas en el libro: Voltaire escribió que “Hamlet” podría haber sido escrita por un “salvaje borracho”, y George Bernard Shaw, que “Otelo” era “puro melodrama”. Bértolo también halló juicios durísimos contra Tolkien, Nabokov, Proust, Octavio Paz, Borges y, en algunos casos, predicciones no tan equivocadas: “Esperemos que ‘Cien años de soledad' no genere cien años de novelas sobreescritas, demasiado largas y sobrevaloradas”, anotó Jonathan Bate en The Sunday Telegraph.

lunes, julio 20, 2020

Desde Baviera, Jonas Kaufmann hizo desaparecer el confinamiento

El Mercurio

Por Juan Antonio Muñoz H.

Fue un concierto que será parte de la historia y la leyenda de este tiempo de pandemia que mantiene a la humanidad enclaustrada y en compás de espera de algo que no se sabe qué es. Las futuras generaciones se asombrarán cuando escuchen que el tenor más requerido de nuestra época cantó en una abadía gótica de Baviera para todo el planeta, pero sin público presente.

El concierto que el sábado 18 de julio ofreció Jonas Kaufmann desde el antiguo monasterio bávaro de Polling (c. 750) fue el inicio de la serie de recitales programados por The Metropolitan Opera House de Nueva York con doce de las más grandes voces de la lírica actual, que harán una presentación unipersonal desde lugares especiales de las zonas donde viven su confinamiento.

Tal como ocurrió con el recital de Jonas Kaufmann con el ciclo “Dichterliebe” (Schumann), en Polling, extrañamente, todos estábamos ahí, unidos por amor de la música.

Fue sobrecogedor sentir, otra vez, la conexión planetaria en torno a la voz de un artista en el cenit de su capacidad expresiva en interpretaciones antológicas seguidas de un silencio abismal: se podía escuchar ese vacío enorme, estremecedor. Ni un aplauso para agradecer la evocadora verdad dramática que constituye su canto.

Cabe preguntarse qué reflexiones íntimas se habrán suscitado en todos los continentes después de esta audición.

El repertorio fue un tour de force, con doce demandantes arias de títulos como “Tosca”, “Carmen”, “Roméo et Juliette”, “L'Africaine”, “Le Cid”, “La Gioconda”, “Adriana Lecouvreur” y “Turandot”, todas cantadas con novedad, punto de vista personal y con la emoción entramada en cada nota, en cada palabra, haciendo cimas en “Ombra di nube” (Recife), “Improvviso” de “Andrea Chénier” (Giordano) y, en especial, en un conmovedor “Lamento di Federico” de “L'Arlesiana” (Cilea).

Junto a Kaufmann y siempre como un puntal, ese gran maestro que es Helmut Deutsch, capaz de convertir el sonido del piano en el de una orquesta completa. También se lo pudo oír en entrañables versiones de los intermezzi de “Manon Lescaut” e “I Pagliacci”.

The Metropolitan Opera House se preocupó de todos los detalles. Las tomas de la abadía colaboraban al impacto, mientras que la presentación estuvo a cargo de la soprano Christine Goerke (que cantó “Ariadna en Naxos” en Chile en 2011) y de Peter Gelb, director artístico del MET. El desarrollo del concierto alternó el programa de arias con grandes momentos de actuaciones de Jonas Kaufmann en Nueva York (“La Fanciulla del West”, “Werther” y “La Walkyria”) y Salzburgo (“I Pagliacci”).

El ciclo continúa el 1 de agosto con el recital de Renée Fleming desde la histórica sala de música de Dumbarton Oaks, en Washington, y luego siguen Roberto Alagna y Aleksandra Kurzak (16 de agosto), Lise Davidsen (29), Joyce DiDonato (12 de septiembre), Piotr Beczala y Sondra Radvanovsky (26), Anna Netrebko (10 de octubre), Diana Damrau y Joseph Calleja (24), Pretty Yende y Javier Camarena (7 de noviembre), Sonya Yoncheva (21), Bryn Terfel (12 de diciembre) y Angel Blue (19).