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martes, diciembre 30, 2025

Marco Antonio de la Parra “Siento que la muerte me visitó, que se sentó a mi lado”

 




El Mercurio

Los días más difíciles en sus 73 años vive el icónico dramaturgo y psiquiatra. En febrero de 2022, mientras Rusia invadía Ucrania, supo que sufría mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea por el que ya perdió vértebras y siete centímetros de estatura. Frágil, pero entero, aquí cuenta su calvario y por qué hoy el escenario y la escritura son sus armas secretas para desafiar a la muerte.

Por María Cristina Jurado. Fotografías: Sergio Alfonso López

Ligeramente encorvado, sus anteojos en la punta de la nariz, con siete centímetros menos de estatura y varias vértebras pulverizadas por su mieloma múltiple, —diagnosticado en 2022 a sus 70 años— Marco Antonio de la Parra, médico psiquiatra y dramaturgo, autor de más de un centenar de obras teatrales y con sillón en la Academia Chilena de Bellas Artes, vive días de homenajes. Al premio a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República 2025, se unirá el tributo del Festival Teatro a Mil en enero, que abrirá con su obra “Mister Shakespeare”, un monólogo que él protagoniza, dirigido por Pablo Schwarz. Pero esta mañana radiante, De la Parra está lejos de honores. Arrellanado en un sofá, afable y entero, hace un balance de su vida. Lo resume en un solo concepto, después de cinco décadas de una carrera multifacética y atrevida:

—Siento que, si yo alcanzo a leer los muchos libros que tengo, ya soy bastante feliz. Pero debo decir que para mí la relación con Ana Josefa, la relación con mis hijos y mis hijastros... ¡sería muy ingrato exigirle algo más a la vida! Con eso ya, podría no escribir una línea más ni atender a un paciente más, ni nada. Aunque creo que atendería pacientes por algo que para mí es muy importante, que es la energía del cariño. Me gusta sentir que tengo un poder, un superpoder, esto lo conversamos con la María José Navia, que es muy amiga: ella dice que mi superpoder es transformar una idea en verde y darle una vuelta para que se convierta en obra de arte.

Se queda en silencio y su mente vuela a 2022.

A fines de febrero de ese año, volvía con su mujer, la periodista Ana Josefa Silva, de su habitual veraneo en Elqui. Él manejaba y, poco antes de llegar a Santiago, comenzó a sentir que le faltaba el oxígeno. Casi no podía respirar. En su casa se chequeó con su oxímetro y la oxigenación era muy baja. Dos años antes, había vivido lo mismo cuando fue hospitalizado por un violento covid-19.

De la Parra partió con su mujer a Urgencia de la Clínica Las Condes y, después de varios exámenes, le diagnosticaron un trombo en sus pulmones. “Un colega médico me dijo que no era covid, esto era una cosa de los huesos, tenía un mieloma que me lo detectaron en el esternón”. Aterrizó directo en la Fundación Arturo López Pérez, especializada en cáncer, donde tiene un seguro oncológico: una bendición, dice.

El dolor que sentía se volvió intolerable en pocas horas.

—Entonces no sabía que no podría volver a mi casa. Me dolían todos los huesos y todo el cuerpo. Hice cinco hospitalizaciones distintas ese año, por las más diversas causas. La más importante y saludable fue la transfusión. (…) El mieloma múltiple es pariente del cáncer, lo que hace es destrozar los huesos. No tiene cura, pero tiene tratamiento. Y el tratamiento es una transfusión de células madre. A mí se me encerró en una pieza como en una burbuja, estuve un mes encerrado ahí, me hicieron una sesión de quimioterapia. Salí a flote, después de haber estado psíquicamente muy tomado con esto de estar encerrado. Sin saber si viviría.

No entraban ni las enfermeras a su burbuja: el mundo estaba en pandemia y la inmunidad del dramaturgo había caído a cero. Los médicos le explicaron que la protección de todas las vacunas que había recibido en su vida, desde su primera infancia, se había esfumado. “Tuve que hacer todo el recorrido de nuevo. Me llaman por teléfono todavía por la de la varicela”.

Aún recuerda qué sintió cuando su encierro en la burbuja protectora terminó, después de treinta días.

—Es como si hubiera nacido recién. Hubo una sensación, después de esta experiencia de muerte, de nacer de nuevo. Fue muy fuerte sentir que quedaba atrás una experiencia absolutamente de muerte.

—¿Pensó en algún momento que se moría?

—Lo sentí, pero mi mujer me prohibió morirme. Pero yo sabía que tenía una sobrevida que dependía mucho de esa transfusión.

—¿Y qué pasaba si no resultaba?

—Bueno, me iba para el otro lado.

Habla de los registros de sobrevida de otros enfermos de mieloma múltiple en el mundo, que él ha estudiado en papers científicos en su calidad de médico. Dice que ella puede ir de cinco a 35 años. “Mi cuadro está estacionario. Gracias a la transfusión de células madre”.

Su enfermedad ha sido la experiencia más límite en sus 73 años de vida.

—Sentí mucho miedo. Mucho miedo. Mucho miedo cuando me hicieron el primer diagnóstico, antes de irme a la Fundación. (…) Después, acostado en ese hospital, yo veía que estaban bombardeando Ucrania y yo sentía que, al mismo tiempo, la enfermedad me bombardeaba a mí. En “Mister Shakespeare” hablo de eso, de la experiencia de muerte, que de alguna manera te hace más fuerte.

En 2024, cuando Marco Antonio de la Parra volvió a subir al escenario del Teatro de la Universidad Finis Terrae con “La Secreta Obscenidad de Cada Día” —una de sus obras más emblemáticas, que él coprotagoniza—, sintió que recuperaba su existencia.

—Noté, al salir recién de tener la afección, que me cansaba mucho, pero he ido recuperando la energía. Y se ha ido dando un fenómeno bien particular. ¡El teatro! Cuando subí de nuevo al escenario sintiendo que no volvía nunca más y que me despedía para siempre con “La Secreta Obscenidad de Cada Día”, ¡me vino una energía arriba del escenario que ni la kinesiología! Y es que yo era uno de los dos actores de la obra.

—Ya llevaba dos años enfermo…

—Sí, claro, y aún tengo dificultades óseas. Se me rompieron algunas vértebras y perdí siete centímetros de estatura. Y de pronto en el escenario… y esto lo saben todos los que han subido a él y han trabajado en esto, el teatro te da una energía, ¡te transformas! Yo estaba ya saliendo de la etapa aguda del cuadro, pero creía que no iba a poder actuar. ¡Y sí pude! Y después, cuando hice el “Mister Shakespeare”, que la vamos a estrenar el 3 de enero porque va a abrir Fitam como parte de un homenaje, ahí también soy actor. Ahí yo uso los defectos, la dificultad se usa.

Y es que De la Parra no para. Funciona de la mañana a la noche, en la Universidad Finis Terrae como curador de su cartelera teatral, como director artístico y profesor de Dramaturgia en su Escuela de Teatro: los alumnos se pelean por aprender a escribir bajo su ojo de lince. “Lo principal es que escriban y que aprendan a inspirarse, a trabajar. Para mí el desarrollo de la enseñanza de la dramaturgia ha sido de años y empezó en España, cuando era agregado cultural del gobierno de Aylwin. Me contrataron del Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas de España, para hacer clases. Y como he dicho muchas veces, todos los alumnos sabían más que yo”. Fue allí donde inauguró su célebre técnica del Maestro Invisible que aplica hasta hoy. “Descubrí una manera de trabajar muy tremenda. Yo trataba de estimular a los alumnos lo más posible y yo, desaparecer. Desaparecer, ser un ausente, alguien que estimula más que dice lo que tienes que hacer. Y ha funcionado”.

No es todo, a tres años de su diagnóstico de cáncer. Una vez al año dirige el Taller Internacional de Dramaturgia, que convoca a más de 200 alumnos de toda Hispanoamérica.

—La convocatoria es por internet y seleccionamos a los de mejor preparación. Los argentinos tienen una escuela tremenda, también los colombianos, los de México. Pero he tenido gente de todas partes y algunos chilenos, pero tienen que ser de calidad. En 2026 lo vamos a hacer en mayo, junio y julio. Pasan cosas muy interesantes y yo me la paso muy bien.

Cómo la energía le alcanza, es una pregunta que se intensifica cuando este psiquiatra cuenta que, cada tarde, atiende pacientes porque su consulta sigue activa.

—¿Todavía?

—Sí, por supuesto. Muy pocas veces he parado.

Su enfermedad lo ha obligado a explorar. No contento con sus clases, su consulta médica y sus talleres —además de actuar y escribir dramaturgia— De la Parra mira hoy con otros ojos a los niños víctimas de cáncer. Decidió escribir un libro.

—Espero escribirlo este año. Y es que los niños con cáncer viven experiencias mayores. Que una persona de edad tenga una enfermedad como esta me parece esperable, pero en los niños, me asombra. Es como un escándalo que un niño se enferme. Es de esas cosas que uno dice ‘esto no debería suceder'. (…) Yo he trabajado con niños y para mí han sido siempre un misterio.

Marco Antonio de la Parra dice que su afección reordenó sus prioridades. Lo que antes le parecía nimio, hoy cobra relieve y vigor. Las pequeñas tribulaciones se desdibujaron. Ha sido un terremoto interior.

—Le dio importancia a hacer lo que yo realmente quería hacer de una manera intensa. Creo que uno nace de nuevo. Nací de nuevo y con un vigor que yo no esperaba tener porque primero vino el cansancio, la dificultad de usar bastón y un arnés para poder enderezarme. He ido dejando el bastón con la kinesiología. Paso al kinesiólogo todos los días, dos veces a la semana por lo menos. Los ejercicios me han ido devolviendo masa muscular y movilidad. Debería ser más mateo todavía.

Dice que siempre odió la gimnasia. “Jugué tenis, mal; jugué fútbol, mal, pero apasionadamente. Me gustaba mucho, pero era pésimo, un desastre. Así y todo, era fanático y entonces era divertido”.

—¿Cuáles son sus prioridades hoy?

—Número uno, el arte, que volvió como una experiencia de estar en el mundo. Y, de alguna forma, el psicoanálisis también cobró otra dimensión al atender a mis pacientes. Cada paciente se transforma en una experiencia de vida en que intento transmitirle la misma experiencia de vida que yo tuve.

—¿Los atiende con más profundidad?

—Sí, definitivamente. Es como que yo viniera de morir, entonces los reinvito a la vida. A veces lo consigo.

Esa nueva mirada para atender enfermos lo ha acercado al psicoanálisis. Por la actual intensidad y profundidad de sus sesiones, decidió acotar el número de pacientes que atiende por día: de diez diarios que veía antes, ahora son máximo cinco o seis. También se cambió de barrio: cerró su antigua consulta de Marchant Pereira porque, dice, el entorno se volvió inseguro debido a las secuelas del estallido. Se trasladó a El Golf.

Vuelve a lo que es importante para él hoy.

—Como prioridad uno, yo colocaría el arte. El arte me dice todo, mi escritura. Y el arte como... eso que se habla de la salud mental. De que de alguna forma el arte también cura, el arte viene para estar entre nosotros y ofrecer cura. Ahora lo veo con mucha más claridad. Como algo que estoy haciendo, estoy aquí por ello, para ello.

Marco Antonio de la Parra eleva la mirada y muestra su living abarrotado de libros.

—¿Qué piensa respecto a la muerte?

—Hoy siento que no está. Siento que la muerte me visitó, que se sentó a mi lado, que estuvo conmigo. Fue en ese mes en que me metieron en la burbuja. Fue espantoso, no pude leer nada. Era octubre de 2022. Y… ¿cómo decirlo? ¡De pronto me deshice de la muerte! La muerte me estaba esperando a la vuelta de la esquina, pero de pronto se deshizo. Y eso fue después de hacer “La Secreta Obscenidad de Cada Día”. En ese escenario renací.


sábado, octubre 13, 2018

Los 90 están de moda: porque todos estamos un poco locos

El Mercurio

Así lo creen Marco Antonio de la Parra y Maitén Montenegro, autor y directora del teatro musical "1995, el año que nos volvimos todos un poco locos", que se estrena en noviembre en el Teatro Nescafé de las Artes. Basado en la novela del dramaturgo, aborda temas que afectan a jóvenes de los 90 y en la actualidad, aunque tratada de distinta manera, comentan sus creadores. 

Catalina Larraguibel L.
Las coincidencias existen. Y la conjunción de astros también. De eso está segura Maitén Montenegro, quien desde hace años tenía la intención de hacer teatro musical en Chile. A comienzos de 2017 comenzó a esbozar un proyecto junto a Marco Antonio de la Parra, para adaptar su novela "El año que nos volvimos todos un poco locos". Pero no tenían dónde presentarla.

A fines de 2017, el Teatro Nescafé de las Artes le ofreció a Maitén formar una compañía de teatro musical y ser su directora residente. Ya con un lugar donde presentarse, comenzó el trabajo de escribir el libreto, componer la música, coreografías, diseño de vestuario, iluminación, escenografía y todo lo que implica una nueva obra. Y el próximo martes 6 de noviembre se estrena en el Teatro Nescafé "1995, el año que nos volvimos todos un poco locos".

La novela de Marco Antonio de la Parra, escrita en 2012 y que actualmente está incluida en el programa de lectura en educación media, narra en forma de monólogos las historias de los alumnos adolescentes de un colegio, con sus alegrías, tristezas, temores y contradicciones propias de la edad.

"Queremos que nuestras historias tengan la oportunidad de ser interpretadas y mostradas. Hay muchos espectáculos con música en el escenario como remontajes de Broadway, pero aquí lo que buscamos es que prevalezca lo nuestro. Con esto abrimos posibilidades a creadores chilenos como dramaturgos, actores, diseñadores y músicos", acota Maitén Montenegro. El teatro musical, un género que ella conoció bien en Estados Unidos, se ha hecho poco en Chile y buenos ejemplos son "La pérgola de las flores" en los años sesenta y "La negra Ester", en los ochenta, exitosas hasta el día de hoy.

Para "1995, el año que nos volvimos todos un poco locos", las canciones fueron compuestas por Rodrigo Aray, quien dice que con esto cumple su sueño de escribir una obra musical. Para ello viajó desde España, donde residía, a trabajar codo a codo con el equipo "y mostrar algo novedoso desde el punto de vista de la creación. Ha sido un proceso en el que he tenido que ir adaptando la música, por cambios que se hacen a medida que avanzan los ensayos". Cuenta que musicalizar los textos de De la Parra "ha sido fascinante", y que como la composición y la tecnología son lo suyo, todas las canciones estarán disponibles en Spotify.

La difícil adolescencia

En cuanto a la puesta en escena, sus creadores afirman que "los 90 están de moda" y para el vestuario han contado con la colaboración del Museo de la Moda, donde han podido sacar ideas, aunque dándole también una óptica actual.

De la Parra señala que "las temáticas son las mismas hoy y en los 90. Las inseguridades, los conflictos de los estudiantes y el bullying , que ya estaba instalado. La diferencia es que en este siglo los jóvenes salieron a la calle y se atreven a conversar estos temas con sus padres, como también el de la identidad sexual, por ejemplo. Los estudiantes de esos años vivieron la transición a la democracia y los de este milenio salieron a las calles. Por eso queremos que esta obra la vean en familia, para que después aborden los asuntos que aquí mostramos".

Los actores fueron seleccionados luego de un largo casting y asistieron a un taller en el que se les instruyó la forma en que se aborda este género. Ellos darán vida a Jaime (Santiago Tupper) y Frida (Nathalie Nicloux), quienes rememoran el año 1995, cuando cursaban cuarto medio y gracias a un grupo musical que crearon en el colegio -aquí el Chilean Mountain School- pudieron superar las contradicciones e inseguridades propias de la adolescencia.

Un tiempo de grandes transformaciones
Maitén Montenegro y Marco Antonio de la Parra coinciden en que los 90 fueron años de cambio en que se incubaron muchas cosas, no sólo en Chile, sino también en Estados Unidos, principalmente en la comunidad latina de ese país.

El dramaturgo dice que fue un tiempo de transición en todos los sentidos, tanto económico como político, y en ese momento el clima social que le tocó experimentar a los jóvenes los llevó a vivir su propia transformación dentro de su entorno. "No son los tiempos de los pingüinos que salen a la calle, sino una época de consensos, en que están empezando a aflorar temas como el bullying , la tolerancia, la diversidad sexual, que, si bien existen desde que hay colegios, es en los '90 cuando se comienza a hablar de ellos".

Cree que los años de transición son un poco locos, el cambio de adolescentes a jóvenes que empiezan a ir a la universidad, a decidir su futuro, "definitivamente son una locura".

La directora de la Compañía de Teatro Musical del Nescafé de las Artes señala que el cambio en los 90 se vivió en todas partes. "Yo lo viví en Estados Unidos, que al igual que en Chile, mostró cómo se estaban incubando un montón de cosas, que se reflejan en la tecnología, por ejemplo. Fue un puente entre una época y otra".

Montenegro afirma que la obra fue ambientada en 1995 "porque ese año hubo varias cosas interesantes, especiales, distintas". Por ejemplo, recuerda que en esa oportunidad la Teletón no llegó a la meta y se vivían cambios políticos, que si bien la obra no aborda, marca muchas cosas que se vivieron en la sociedad chilena y también en la latina en Estados Unidos.

"Y ojalá todos tengamos una dosis de locura; cuando estoy con mis alumnos quiero traspasarles a las nuevas generaciones un poco de eso y que no teman. Y me encontré con Marco Antonio que también tiene ese grado necesario de locura", concluye.

El montaje,que mezcla música, danza y teatro, se estrenará el martes 6 de noviembre. Las entradas, entre $10.000 y $18.000, se pueden adquirir en boleterías del teatro y en Ticketek.