Mostrando las entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, diciembre 27, 2017

"Fairytale of New York": A 30 años de la canción que se robó la Navidad

El Mercurio

En 1987, la banda británica The Pogues lanzó este himno sobre los sueños rotos de una pareja de inmigrantes irlandeses en Nochebuena. Aquí, desde el legendario cantante Shane MacGowan hasta el productor Steve Lillywhite reconstruyen su historia y legado. 

Por Guillermo Tupper

En 1985, Jem Finer -multiinstrumentista y compositor en The Pogues- dio con la melodía y el concepto de una nueva canción. Esta hablaba de un marino que extrañaba a su esposa en época de Navidad. "Mi trama original de la canción era patética", cuenta Finer a "El Mercurio". "(Mi esposa) Marcia me dijo: ' no tienes idea de lo que es ser un marino. Deberías inspirarte en algo que te resulte familiar, mirar a las personas que conocemos y sus experiencias'".

Acto seguido, Marcia le sugirió una historia sobre una pareja que no está pasando por su mejor momento financiero en Navidad. En vez gastarse el poco dinero en regalos, el hombre lo desperdicia apostando por un caballo de carrera, pero al final, se reconcilia temporalmente con su pareja porque el caballo gana. "Escribí dos canciones: una que tenía esa historia y otra que tenía otro guion. Pero la historia sobrevivió", relata. "Shane (MacGowan, cantante) la transportó a Nueva York y la reescribió, lo que siempre fue la intención. Él era y es el mejor letrista de los dos".

El resultado fue "Fairytale of New York", una de las canciones navideñas más populares en la historia de Gran Bretaña. Lanzada el 23 de noviembre de 1987, esta balada folk irlandesa -cantada a dúo entre MacGowan y Kirsty MacColl- alcanzó el top 20 de los rankings británicos en 14 oportunidades desde su aparición y vendió más de 1.180.000 copias. En diciembre del 2012, una encuesta de la cadena televisiva ITV le otorgó el cetro de "canción navideña favorita de los británicos" y, en la última década, fue versionada por Ed Sheeran, Coldplay, KT Tunstall y Florence and the Machine.

A pesar de no alcanzar la popularidad de contemporáneos como U2, The Pogues fueron una de las bandas más radicales de los 80 al hacer un puente entre el espíritu del punk y la música irlandesa tradicional. Su líder era el impredecible MacGowan, un cantante de dentadura podrida y en permanente estado de ebriedad, cuya voz arrastrada solía disfrazar la poesía absoluta de sus letras. Entre su lista de admiradores se cuentan figuras como Nick Cave, Bobby Gillespie, de Primal Scream, y Bono, quien lo definió como "el mejor compositor que ha tenido Irlanda". El actor Johnny Depp, en tanto, lo calificó como "uno de los poetas más importantes del siglo XX".

La balada del exilio

A diferencia de las típicas canciones navideñas, "Fairytale..." no habla de paseos en trineo, sino que incluye frases como "Eres una vieja mujerzuela heroinómana" y "Cabrón, rezo a Dios que esta sea nuestra última Navidad". Su letra recoge el diálogo de una pareja que llegó a Nueva York en búsqueda del sueño americano, pero vive una crisis. El hombre es detenido en Nochebuena y, mientras está en la celda de los borrachos, evoca a su amada, con la que rememora sus esperanzas juveniles truncadas por los excesos, luego se trenza en una discusión y, finalmente, intenta una reconciliación al admitir que "no puedo hacerlo solo, he construido mis sueños en torno a ti".

Desde su casa en Irlanda, MacGowan dice que la mayor parte de la letra la escribió mientras se recuperaba de una neumonía. "Todo partió por una apuesta con Elvis Costello -productor de la banda por aquel entonces-, quien dijo que éramos incapaces de escribir un éxito navideño que no fuese sentimentaloide", relata. "La canción es sobre una pareja de inmigrantes irlandeses cuyo matrimonio está deteriorado. Es una canción bastante triste, pero, al mismo tiempo, es edificante. No es un disco convencional de Navidad, no habla de ' jingle bells' y toda esa porquería".

Durante dos siglos, la inmigración ha sido un tema dominante en Irlanda. Hoy viven poco más de seis millones de personas en su territorio, frente a los ocho millones de 1845. "Algunos se fueron porque tenían que hacerlo si querían comer. Otros, para buscar una vida mejor", dice el novelista irlandés-americano Peter Quinn. "Muchos encontraron oportunidades que nunca podrían haber tenido en Irlanda. Otros se vieron abrumados por la feroz naturaleza competitiva de la sociedad capitalista estadounidense. Para los irlandeses, así como para los inmigrantes de otros lugares, el sueño americano siempre ha sido, en parte, un fairytale ("cuento de hadas")".

A pesar de que MacGowan nació en Inglaterra -coincidentemente, el 25 de diciembre de 1957-, los teóricos plantean que, gracias a esa distancia, pudo escuchar la voz de Irlanda con un oído más agudo. "Las voces en la canción son las de dos fantasmas de una Irlanda quebrada que llevan esa ruptura con ellos y no pueden escapar ni curarla en sí mismos", dice el escritor irlandés John Waters, autor de "Carrera de Ángeles: Irlanda y la génesis de U2". "El humor está en la forma en que ellos expresan su amor como un tipo de rabia y, a pesar de eso, tú sabes que es amor, lo que es una forma irlandesa de lidiar con un gran dolor".

Vencer el miedo

La canción fue número uno en Irlanda y, según MacGowan, mucha gente apostó a que iba a hacer lo propio en Inglaterra para la Navidad de 1987. "Pero los Pet Shop Boys se las arreglaron para seguir en el tope por otra semana, a pesar de que ya llevaban seis semanas en esa posición con un muy mal cover de 'Always On My Mind', de Willie Nelson, una canción que había sido versionada de manera maravillosa por Elvis Presley", dice. "En aquella época, los sellos se autocompraban discos y manejaban los rankings . Ellos fueron número uno con su peor álbum".

En "Fairytale...", Jem Finer apunta a dos influencias. Por un lado, las baladas con piano y grandes arreglos de cuerdas de Tom Waits. Por otro, la banda sonora que Ennio Morricone escribió para el filme "Érase Una Vez en América" (1984), de Sergio Leone. "Shane solía ver esa película casi todos los días", cuenta.

En un período de dos años, la canción fue reescrita varias veces y tuvo varios intentos fallidos en el estudio. En un comienzo, la voz femenina fue interpretada por Cáit O'Riordan, bajista original de The Pogues y futura esposa de Costello. " El rango de Shane y el mío no son realmente compatibles y mi rango es bastante estrecho, sin notas altas, por lo que nunca fui capaz de cantar cómodamente en sus tonos", admite hoy a "El Mercurio" O'Riordan, que abandonó el grupo en 1986.

En 1987, Steve Lillywhite acababa de trabajar con U2 en "The Joshua Tree" cuando fue reclutado por The Pogues para producir su disco "If I Should Fall From Grace With God" (1988). Un día se llevó las cintas a su estudio casero y le propuso a su esposa, Kirsty MacColl, que hiciera la voz femenina. "Creo que ellos querían a alguien como Chrissie Hynde o alguien más conocido que Kirsty", rememora al teléfono desde Yakarta (Indonesia). "Nos tomó todo un día grabar sus voces. Y, al final del día, fue como: 'Oh, Dios, esto suena muy bien'. De hecho, sonaba tan bien que, después de que Kirsty grabara su parte, Shane decidió que tenía que hacer su propia parte de nuevo. Fue grabado de manera completamente separada, y eso fue bueno, porque los mejores duetos del mundo nunca se hacen al mismo tiempo".

Dueña de una timidez extrema, MacColl llevaba años alejada de los escenarios debido a su pánico escénico. Pero según Lillywhite, el éxito de "Fairytale..." hizo que ganara confianza. "Hay una historia divertida: The Pogues querían que ella cantara el tema en Alemania. Era solo por un concierto. Ella fue, lo hizo y, después del show, me llamó por teléfono y dijo: 'Oh, Dios mío, salió tan bien. Steve, ¿te importaría si hago el resto de la gira?".

El arte eterno

Al igual que los personajes de la canción, los vicios y las horribles circunstancias terminaron por apagar prematuramente el talento de sus dos voces. Por un lado, las adicciones de MacGowan privaron a las nuevas generaciones de disfrutar de su genio en una edad madura. MacColl, en cambio, falleció en un confuso incidente, luego de que una lancha la impactara mientras buceaba en las playas de Cozumel (México), en vísperas de la Navidad del 2000.

"'Fairytale...' la ayudó, aunque fue solo justo antes de morir que ella realmente disfrutó de tocar en un escenario. Es una lástima", dice Lillywhite. "Como personas que crean arte, todo lo que queremos hacer es un arte que sea eterno. Y esta es una de las piezas de arte que son eternas. Obviamente, es un poco triste, porque Kirsty fue asesinada en Navidad, pero, al mismo tiempo, todo el mundo la recuerda profundamente con esta canción".

El próximo 15 de enero, figuras como Nick Cave, Johnny Depp, Glen Matlock (The Sex Pistols) y sus ex compañeros en The Pogues, entre otros, serán parte de un concierto tributo a MacGowan, en el National Concert Hall, de Dublín. "'Fairytale...' fue el punto más alto de nuestra carrera y la guinda de la torta. Es una gran melodía... y es una canción real porque mucha gente tiene una Navidad espantosa y es una fecha donde estallan muchos conflictos de pareja", dice el cantante.

Según Finer, el mensaje de "Fairytale..." es que hay que confiar en la gente que amas y nunca rendirse. "Supongo que hay algo en su sonido, melodía y sentimiento, pero también en el hecho de que es una canción honesta, que no trata de fingir que la Navidad es genial, sino que es una época bastante jodida si estás pasando por un momento difícil. Hay un lado comercial de la Navidad que crea un montón de expectativas y presión en las personas. Tal vez el mensaje es que el amor, la amistad, el compañerismo y el unirse para celebrar el hecho de que estás vivo no cuestan nada. Ir a comprar un estúpido regalo cuesta algo económicamente, pero estas otras cosas son más preciadas".

Una Navidad musical

"Fairytale of New York" es solo una de la larga lista de canciones que músicos populares han dedicado a la milenaria celebración. Entre ellos, destacan los Ramones y su "Merry Christmas (I Don't Wanna Fight Tonight")", con su frase "la Navidad no es una fecha para romperle el corazón al otro". En el himno pacifista "Happy Xmas (War Is Over)", John Lennon les desea una feliz fiesta "a los ricos y a los pobres". Y "Santa Claus Is Comin' to Town" -una canción estándar navideña de 1934- ha sido versionada, entre otros, por Bruce Springsteen, quien canta "el Viejo Pascuero sabe si te has portado bien o mal".

Entre los discos de Navidad más entrañables está "A Christmas Gift For You" (1963), de Phil Spector, con la imbatible "Christmas (Baby Please Come Home)" interpretada por Darlene Love. Aunque también hay otros que exploran el lado más oscuro de esta fecha: por ejemplo, "Father Christmas", de The Kinks, en la que una pandilla de chicos amenaza con darle una paliza a Papá Noel si no les pasa dinero. "Dale todos los juguetes a los pequeños ricos. Ten una feliz y alegre Navidad (...). Pero recuerda a los niños que no recibieron nada, mientras bebes tu vino", canta el siempre ácido Ray Davies.

Detrás de la cámara

Con más de 44 millones de visualizaciones en YouTube, el video de "Fairytale of New York" atesora varias historias sabrosas, como la aparición de un joven Matt Dillon en el papel del policía que lleva a MacGowan al calabozo. "Matt estaba bastante reticente a ser violento con Shane, porque lo admiraba mucho", cuenta Victoria Mary Clarke, periodista y pareja de MacGowan por más de 30 años. "Pero Shane le dijo: 'Vamos, tienes que actuar, ¡hazlo!'".

Cuando llegó al rodaje, James Fearnley -pianista y acordeonista del grupo- se sentó en el piano para hacer la introducción de la canción. Pero el director Peter Dougherty decidió que esa función la iba a cumplir MacGowan, a pesar de que el cantante ni siquiera sabía tocar el instrumento. "Me rendí y traté de no enojarme", cuenta Fearnley. "Cuando llegó el momento de hacer los primeros planos (de las manos), tuve que usar los anillos de Shane. Fue algo difícil de hacer, pero no puedes hacer una tortilla sin romper unos pocos huevos".

Aunque la canción incluye la frase "Los chicos del coro NYPD (Departamento de Policía de Nueva York) cantan 'Galway Bay'", lo cierto es que no existe ningún coro en esa institución. Lo más cercano era su conjunto de gaitas y tambores, que fue reclutado para el rodaje. Como no se sabían 'Galway Bay', sus músicos interpretaron frente a las cámaras la única canción que dominaban: la marcha de Mickey Mouse.

sábado, diciembre 24, 2011

Navidad en Chile: De jolgorio público a celebración privada

 

El Mercurio

No había cena hogareña, menos juguetes. El epicentro de las celebraciones era la Alameda de las Delicias, colmada de fondas, frutas, flores y una llama carnavalesca que comenzó a extinguirse durante el siglo XX. La historiadora Olaya Sanfuentes repasa la forma en que antaño se celebraba esta festividad en el país.

Patricio Contreras
Una crónica de autor anónimo, publicada en las páginas de El Diario Ilustrado a comienzos del siglo XX, describía en estos términos la celebración de la Navidad santiaguina en la Alameda de las Delicias: "Allí convergen todos los alegres en esta noche de júbilo. Y esa multitud abigarrada, trae ramos de albahaca en el pecho, brillo de fiesta en los ojos y vino en la cabeza. Es una fiesta eminentemente popular, legítima herencia española, en que lo profano y lo mítico se confunden hasta lo irreverente".

Era el ADN navideño. Era diciembre de 1911. Santiago aún contaba con manifestaciones callejeras de la festividad, pero esta tradición era desafiada por el progresivo retroceso del espacio público como epicentro de las celebraciones. Así lo constataba la revista "Zig-Zag" en la misma época: "El antiguo paseo que en Noche Buena hacía nuestro pueblo cada año disminuye en entusiasmo y concurrencia".

¿Qué era lo que se estaba perdiendo? ¿Cómo estaba mutando la celebración?

Ofrendas y frutas
En este recuento la fruta tiene un lugar relevante. Olaya Sanfuentes, historiadora y profesora de la UC, ha investigado la presencia de la fruta en la cultura chilena y, también, la devoción al niño Jesús en nuestra cultura. Ambos fenómenos confluyen en una ritualidad propia de la Navidad del siglo XIX: las canastas de fruta que los ciudadanos depositaban en los pesebres apostados afuera de las iglesias.

"La gente de Renca, de Conchalí, de Quilicura, traía de las chacras esta fruta, la vendía para la Pascua, la gente compraba y se la regalaban entre ellos", dice Sanfuentes.

El regalo existía pero no estaba rodeado del aura consumista que rige hoy. "La gente se regalaba tarjetas, flores, frutas", plantea la historiadora. La Lira Popular -pliegos sueltos impresos con décimas, adivinanzas y romances- también se hacía eco de esta dimensión: "Reciba como cariño/ Papas de mi Tía Paña, / Le mandó un costal llenito/ De la Chacra de Lo Caña", eran los versos de una Novena de Nicasio García (ver mas abajo).

En la Alameda se instalaban venteros para ofrecer horchata (brebaje azucarado), licores de fruta, ponche a la romana, mote con huesillo, plenitud de fritangas y sopaipillas. Los árboles sí se adornaban, pero se recurría a especies como los duraznos, ciruelos y damascos antes que al abeto, paradigma del hemisferio norte que empezó a aparecer en publicidades a comienzos del siglo XX.

Era una fiesta heterogénea, transversal, profana y religiosa. Muy ruidosa, según Sanfuentes. Y esto era resistido.

La Navidad carnavalesca
En una monografía sobre la religiosidad en Valparaíso, el historiador René Millar incluye una queja enviada por un porteño a "El Mercurio", en 1887, a raíz de los excesos: "Cuarenta y ocho horas se han pasado caballeros y familias honorables de este puerto sin poder dormir ni mirar a la calle por las insolencias e inmoralidades de todo género que se han cometido dentro y fuera de las chinganas".

Sanfuentes explica que después de cada celebración se generaban estadísticas sobre el desorden público: número de detenidos, borrachos y heridos en peleas, tal como en Fiestas Patrias. A la preocupación penal se sumaría la sanitaria. El calor de diciembre y la insalubridad propia del espacio público decimonónico generaron problemas.
 


"Hay veces que la municipalidad (de Santiago) ha tenido que cancelar la fiesta por ataques de cólera. A mediados y a finales del siglo XIX hay epidemias de cólera que impiden hacer ventas de frutas y casi no se celebra. Entonces aparecen los fonderos, los venteros, quejándose al municipio porque ahí venden lo que no venden durante el año".

El otro inconveniente del jolgorio callejero era de índole moral. "Es una fiesta muy sensual", dice Sanfuentes. "Están relevados todos los sentidos: tocarse, olerse, mirarse". De acuerdo a la prensa que revisó, dado el carácter carnavalesco de la celebración -y sus ribetes paganos-, los excesos prosperaban y la gente comenzaba a tocarse mucho, ruborizando a la jerarquía eclesiástica, que en sus sínodos reaccionaba frente a estas situaciones.
 


Olaya Sanfuentes explica: "Siempre hay esta cosa del carnaval, de la fiesta, que por un lado tienes que dar espacio para que haya celebración, para que mantengas el orden social, pero por otro lado tienes que contenerlo para que no se desborde. Tu ves ese juego fluctuante entre la permisividad y el control".

También había críticas por el excesivo gasto en que incurrían todos lo estratos sociales. "Hay mucha gente que habla en contra de la celebración y que cómo puede ser que los curas lleven a celebrar así, si hay tantos problemas económicos y la gente se está gastando lo que no tiene", plantea Sanfuentes. "Hay siempre una crítica a la jerarquía de la Iglesia o a la jerarquía política. Es interesante. Esta fiesta es un espacio de debate público, por todo lo que significa".

 


Una fiesta privada
Durante el siglo XIX, la Navidad y las Fiestas Patrias, dice Olaya Sanfuentes, son dos celebraciones "a la chilena"; es decir, con bailes y canto (tonadas y zamacueca), con núcleos básicos (fondas, chinganas y pesebres) y con una fuerte identidad popular.

Además de alegría. Según las recopilaciones de Guillermo Feliú Cruz, cuando Domingo Amunátegui Solar se encontraba en París, en la Navidad de 1886, escribió: "Hay animación y entusiasmo... Pero muy lejos de la alegría chilena. Esto es opaco y triste en comparación de aquello... La chicha, entre nosotros, hace prodigios, y en este país no se conoce".

Sin embargo, en las postrimerías del siglo cristalizarán algunos cambios en la ritualidad. La industrialización y el desarrollo comercial impondrán un símbolo Navideño por excelencia: el juguete, que hacia 1890 comienza a acaparar tanto las vitrinas del comercio alemán y francés de la capital, como la publicidad de la prensa. Además, la élite paulatinamente abjura de este modo de celebración, optando por participar en bailes de carácter privado, con más champaña y menos horchata.

"Coincide con una especie de segregación urbana de la élite, que se empieza a ir a la calle Ejército, hacia el sur. De ser una fiesta totalmente popular y transversal, donde celebraban todos, lentamente el nuevo urbanismo, las nuevas tendencias, las élites que viajan, comienzan a separarse del pueblo, a tener otra forma de vivir".

La estética anglosajona o germánica de la Navidad comenzaría a imponerse durante el siglo XX. También las distintas instituciones e identidades de la élite santiaguina serían parte de la segregación y privatización de los acontecimientos urbanos. Lentamente la cena navideña se impondría como el acto culinario por excelencia.
"Lo público y lo privado en un principio, durante toda la época barroca, es tan difícil de distinguir, pero durante el siglo XIX una de las cosas que trae la Ilustración y la modernidad es esta privatización. Las cosas se meten para adentro, son más sectarias, más elitistas", dice Sanfuentes.

-¿La privatización de la celebración es transversal a los ritos?
"Si ves en comunidades más pequeñas, eso no ocurre. Si vas a celebrar al norte hay fiesta, el pase del niño, que se lo pasan de casa en casa, el tema de los pastorcitos. En general el tema de las fiestas en espacios de comunidades con la tradición mucho más viva y comunidades más pequeñas, el espacio público todavía es muy importante".

 


Navidad, devoción y poesía en la literatura de cordel
Las novenas eran composiciones populares navideñas para nueve días y eran interpretadas por cantoras frente a los pesebres que se instalaban en Santiago. La Biblioteca Nacional ha recolectado algunas novenas publicadas en pliegos hace más de un siglo, específicamente las de los poetas Nicasio García, Rosa Araneda y José Hipólito Cordero.

"La Navidad está muy presente en la Lira Popular", explica Micaela Navarrete, del Archivo de Literatura Oral de la Biblioteca Nacional. "Especialmente lo que los poetas llaman los 'Cantos' o 'Regalos al Niño Dios', que son los versos que se han cantado también como villancicos en Chile. El nacimiento del Niño Dios es un tema muy querido por los poetas populares de todos los tiempos, que derraman su ternura para esta 'familia' tan divina, pero que vivió y sufrió como cualquier familia de campesinos pobres. Por eso sus 'regalos' son cosas hechas o cultivadas por campesinos pobres o gente del pueblo".