El Mercurio
En un fallo dividido, la Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago revocó ayer la prisión preventiva que se había decretado para el músico conocido como El Temucano, tras ser formalizado por los delitos de violación y abuso sexual. El voto de mayoría señaló que no hay antecedentes de la existencia de delitos ni participación en los hechos que se le imputan. La medida cautelar impuesta el pasado 29 de julio llevó a que el cantautor de 77 años fuera trasladado desde Puerto Varas, donde residía, al Centro de Detención Santiago 1. De todas formas, la investigación de la Fiscalía Centro Norte seguirá su curso, para lo cual tiene un plazo de 90 días.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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viernes, agosto 07, 2020
jueves, julio 30, 2020
Dictan prisión preventiva contra Tito Fernández por casos de violación
El Mercurio
Por José Vásquez
Tito Fernández estará en prisión preventiva durante los 90 días que dure la investigación. Ayer en la mañana, el 7º Juzgado de Garantía de Santiago decretó vía telemática esta medida contra Humberto Baeza Fernández, el popular cantautor conocido como El Temucano, quien fue formalizado por tres delitos de abuso sexual reiterado y tres de violación propia, por los que ahora arriesga, de ser hallado culpable, una pena de hasta 15 años de cárcel.
Los hechos imputados habrían ocurrido entre 2010 y 2016 y corresponden a una serie de denuncias que fueron reveladas por una investigación de The Clinic en 2018, que dio a conocer las historias de tres mujeres que relataron cómo se vieron expuestas frente a un hombre al que tenían como su maestro espiritual y que aprovechándose de su posición, habría realizado estos abusos.
El reportaje daba cuenta de una especie de secta, denominada “Tallis”, que era liderada por el músico a través de reuniones en el Centro Integral de Estudios Metafísicos. En ese contexto, el folclorista se contactaba luego con las mujeres para invitarlas a citas, en las que se habrían cometido los delitos. Tras la audiencia, la fiscal Mariela Cid dijo que el cantautor se aprovechaba de la vulnerabilidad emocional de las víctimas.
Ayer, Fernández, de 77 años, fue trasladado por efectivos de la PDI desde Puerto Varas, donde estaba viviendo, para su reclusión a Santiago. En los últimos meses su salud se había resentido y las actuaciones, desde que se conocieron las acusaciones, bajaron ostensiblemente, realizando apenas cuatro en ese período. Antes de su show en septiembre del año pasado, en el Teatro Caupolicán junto a Jorge Yáñez y Pedro Messone, le señaló a “El Mercurio”: “No tengo miedo a que me funen, porque eso nunca me ha sucedido”, dijo e insistió en su inocencia.
Por José Vásquez
Tito Fernández estará en prisión preventiva durante los 90 días que dure la investigación. Ayer en la mañana, el 7º Juzgado de Garantía de Santiago decretó vía telemática esta medida contra Humberto Baeza Fernández, el popular cantautor conocido como El Temucano, quien fue formalizado por tres delitos de abuso sexual reiterado y tres de violación propia, por los que ahora arriesga, de ser hallado culpable, una pena de hasta 15 años de cárcel.
Los hechos imputados habrían ocurrido entre 2010 y 2016 y corresponden a una serie de denuncias que fueron reveladas por una investigación de The Clinic en 2018, que dio a conocer las historias de tres mujeres que relataron cómo se vieron expuestas frente a un hombre al que tenían como su maestro espiritual y que aprovechándose de su posición, habría realizado estos abusos.
El reportaje daba cuenta de una especie de secta, denominada “Tallis”, que era liderada por el músico a través de reuniones en el Centro Integral de Estudios Metafísicos. En ese contexto, el folclorista se contactaba luego con las mujeres para invitarlas a citas, en las que se habrían cometido los delitos. Tras la audiencia, la fiscal Mariela Cid dijo que el cantautor se aprovechaba de la vulnerabilidad emocional de las víctimas.
Ayer, Fernández, de 77 años, fue trasladado por efectivos de la PDI desde Puerto Varas, donde estaba viviendo, para su reclusión a Santiago. En los últimos meses su salud se había resentido y las actuaciones, desde que se conocieron las acusaciones, bajaron ostensiblemente, realizando apenas cuatro en ese período. Antes de su show en septiembre del año pasado, en el Teatro Caupolicán junto a Jorge Yáñez y Pedro Messone, le señaló a “El Mercurio”: “No tengo miedo a que me funen, porque eso nunca me ha sucedido”, dijo e insistió en su inocencia.
miércoles, septiembre 04, 2019
jueves, diciembre 27, 2018
Tito Fernández, ante las acusaciones de tres mujeres en su contra: "No debí haberlo hecho"
El Mercurio
El cantautor, quien fue denunciado por abuso sexual y violación, sigue sosteniendo que las relaciones fueron consensuadas, aunque hace un mea culpa por haber mezclado su rol en el grupo que lideraba con vínculos personales que entabló con quienes asistían.
Raimundo Flores S.
La semana pasada, Humberto Baeza Fernández, conocido en el mundo artístico como Tito Fernández "El Temucano", realizó su primera declaración en el cuartel de la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI, a raíz de las denuncias de abuso sexual y violación que tres mujeres interpusieron en su contra.
Según detallaba un reportaje de "The Clinic", estas tres mujeres conocieron al folclorista en actividades del Centro Integral de Estudios Metafísicos, donde Fernández las invitó a formar parte de otro grupo más pequeño, que llamó Tallis. Fue en el contexto de las actividades que ahí desarrollaron que las habría presionado para que tuvieran encuentros sexuales con él.
"Tallis no tenía nada que ver con relaciones sexuales. Esto es una cuestión humana que yo metí y fue mi gran error. No debí haberlo hecho. Y lo metí porque yo no tengo mucha vida social. Y ahí tenía gente cerca y estaban muy cerca porque éramos poquitos", explicó "El Temucano" a este diario sentado en el comedor de su casa.
Sin embargo, el cantautor aclara que su arrepentimiento está dado por la infidelidad hacia su esposa, la cantante Lu Rivera, quien lo acompaña durante toda la entrevista, interrumpiendo cada cierto tiempo para entregar su punto de vista sobre lo sucedido y darle su apoyo. "Era incorrecto porque yo era casado, por eso no lo hubiera hecho", añade el intérprete.
Pese a que admite que él era "el número uno de la organización", dice no creer que su posición haya hecho que las mujeres se sintieran presionadas. "Yo no lo vi como una manipulación", asegura, e insiste que acudió a ellas para probar su rendimiento sexual: "Mi sexualidad venía decayendo y por esa razón me acerqué a ellas para ver si este tipo de variedad podía ayudarme a recuperarme, y no me ayudo para nada". Consultado por qué no recurió a un especialista, responde: "Creí que ese era el mejor método", aunque minutos después admite: "Fue la peor manera de arreglarlo, mira dónde estamos".
El autor de "La casa nueva" reconoce que estas denuncias han afectado su carrera artística, aunque considera que el legado de su obra no debiera verse afectado.
"Se me cayeron algunos trabajos. Me quedé sin trabajo, lo que es horrendo. Sé que es irreversible el estigma que me pusieron de violador, voy a quedar así para siempre", afirma con resignación.
Esta causa desformalizada se está viendo en el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago y está a cargo de la fiscal Mariela Cid, de la Jurisdicción Metropolitana Centro Norte. Por ahora está caratulada como abuso sexual y violación y se encuentra bajo reserva por el tipo de delitos.
miércoles, diciembre 19, 2018
Inti-Illimani: “Tito Fernández es un personaje particular, muy egocéntrico”
La Tercera
La facción histórica del conjunto habla de sus próximos shows en Santiago, del pinochetismo como concepto que renace y de las acusaciones de abuso sexual contra el cantante: “Es bastante desolador, estamos hablando de cosas muy graves”, dicen.
Por Claudio Vergara
La facción histórica de Inti-Illimani estuvo hoy en el espacio Tercera Voz hablando de su proyecto inmediato: los shows que los días 28 y 29 de diciembre ofrecerán en el Teatro Nescafé de las Artes, donde aparte de repasar su aplaudido catálogo, revivirán casi de forma íntegra uno de sus álbumes más significativos, Fragmentos de un sueño (entradas en Ticketek).
Se trata del título lanzado en 1987, en el cierre del largo exilio en Italia, un año antes de retornar a Chile. “Somos nostálgicos no del pasado, sino que del futuro; de aquello que nos podría haber sucedido y no nos pasó. Es una nostalgia positiva, yo creo que hay que mirar por el espejo retrovisor”, dice Salinas. “Este álbum nos situó dentro de la world music a nivel global”, acota el músico.
“Mirando hacia atrás, éramos un grupo que tenía la idea colectiva de transmitir una idea. Este trabajo abre un espíritu de búsqueda en el grupo”, dice Seves, en torno a una producción que los tuvo colaborando con los eximios guitarristas John Williams y Paco Peña.
En torno a la actualidad, también hubo palabras para un concepto que ha reaparecido en las últimas semanas en la coyuntura: el pinochetismo. Salinas dice: “Es terrible, relativizar la tragedia que vivió Chile es desconocer este país. Hay desazón. ¿Cómo pueden relativizar crímenes horribles que se cometieron? Pinochet será eternamente un ogro”.
También hubo espacio para reflexionar en torno a las acusaciones de supuesto abuso sexual contra el cantautor Tito Fernández, por las que ya tuvo que declarar ante la justicia. Los músicos de Inti-Illimani se han topado en variadas circunstancias con el cantante.
Salinas, también director de la SCD, profundiza: “La sensación de muchos músicos es de impacto muy grande, porque estamos hablando de cosas muy graves. Seguramente se pueden disfrazar, pero la verdad está en cuando se llevan adelante estas batallas por la igualdad de género, contra la violencia hacia la mujer, la discriminación salarial con respecto a la mujer; y por otro lado aparecen estas situaciones donde la mujer es un objeto, donde la mujer es violentada”.
“Además hay una cosa tremendamente grave dada por el hecho de que hay mucha gente que anda en búsqueda y muy apremiada por crisis espirituales, la vida se ha tornado muy difícil, y aprovecharse de este tipo de circunstancias para cometer estas cosas, es algo que a todos nos tiene muy impactados”.
“Tito es un personaje que lo hemos premiado, le hemos dado honorificencia. Y cuando esa honorificencia y esas medallas no corresponden con lo que pensábamos, es bien terrible. Y me cuesta mucho separar la conducta privada de la obra. Es un camino muy equivocado y creo que el mundo, nosotros los chilenos, estamos en la búsqueda de una vida coherente, en que la ética funcione, la moralidad mínima, andamos en busca de eso; cuando decimos que somos honestos, realmente seamos honestos; cuando decimos que no queremos abusar del otro, no abusemos del otro”.
Su compañero José Seves también expresa con respecto a Fernández: “Duele, igual que las circunstancias que han pasado con miembros de la Iglesia: la gente que va a buscar apoyo, una ayuda, una mano, un consejo o una compañía, y es violentado ante esta petición, es pasado a llevar de un modo tremendo”.
“Es bastante desolador. Y conociendo a Tito, yo lo conozco desde hace mucho tiempo, del sur, siempre veo (en él) que con mayor frecuencia aparecen ciertos relatos de delirio. Es un personaje bien particular, muy egocéntrico. Se hace complicado encajarlo otra vez, por las cosas que ha hecho; como él mismo no tener respeto por su propio trabajo. Es una incoherencia muy grande”.
La facción histórica del conjunto habla de sus próximos shows en Santiago, del pinochetismo como concepto que renace y de las acusaciones de abuso sexual contra el cantante: “Es bastante desolador, estamos hablando de cosas muy graves”, dicen.
Por Claudio Vergara
La facción histórica de Inti-Illimani estuvo hoy en el espacio Tercera Voz hablando de su proyecto inmediato: los shows que los días 28 y 29 de diciembre ofrecerán en el Teatro Nescafé de las Artes, donde aparte de repasar su aplaudido catálogo, revivirán casi de forma íntegra uno de sus álbumes más significativos, Fragmentos de un sueño (entradas en Ticketek).
Se trata del título lanzado en 1987, en el cierre del largo exilio en Italia, un año antes de retornar a Chile. “Somos nostálgicos no del pasado, sino que del futuro; de aquello que nos podría haber sucedido y no nos pasó. Es una nostalgia positiva, yo creo que hay que mirar por el espejo retrovisor”, dice Salinas. “Este álbum nos situó dentro de la world music a nivel global”, acota el músico.
“Mirando hacia atrás, éramos un grupo que tenía la idea colectiva de transmitir una idea. Este trabajo abre un espíritu de búsqueda en el grupo”, dice Seves, en torno a una producción que los tuvo colaborando con los eximios guitarristas John Williams y Paco Peña.
En torno a la actualidad, también hubo palabras para un concepto que ha reaparecido en las últimas semanas en la coyuntura: el pinochetismo. Salinas dice: “Es terrible, relativizar la tragedia que vivió Chile es desconocer este país. Hay desazón. ¿Cómo pueden relativizar crímenes horribles que se cometieron? Pinochet será eternamente un ogro”.
También hubo espacio para reflexionar en torno a las acusaciones de supuesto abuso sexual contra el cantautor Tito Fernández, por las que ya tuvo que declarar ante la justicia. Los músicos de Inti-Illimani se han topado en variadas circunstancias con el cantante.
Salinas, también director de la SCD, profundiza: “La sensación de muchos músicos es de impacto muy grande, porque estamos hablando de cosas muy graves. Seguramente se pueden disfrazar, pero la verdad está en cuando se llevan adelante estas batallas por la igualdad de género, contra la violencia hacia la mujer, la discriminación salarial con respecto a la mujer; y por otro lado aparecen estas situaciones donde la mujer es un objeto, donde la mujer es violentada”.
“Además hay una cosa tremendamente grave dada por el hecho de que hay mucha gente que anda en búsqueda y muy apremiada por crisis espirituales, la vida se ha tornado muy difícil, y aprovecharse de este tipo de circunstancias para cometer estas cosas, es algo que a todos nos tiene muy impactados”.
“Tito es un personaje que lo hemos premiado, le hemos dado honorificencia. Y cuando esa honorificencia y esas medallas no corresponden con lo que pensábamos, es bien terrible. Y me cuesta mucho separar la conducta privada de la obra. Es un camino muy equivocado y creo que el mundo, nosotros los chilenos, estamos en la búsqueda de una vida coherente, en que la ética funcione, la moralidad mínima, andamos en busca de eso; cuando decimos que somos honestos, realmente seamos honestos; cuando decimos que no queremos abusar del otro, no abusemos del otro”.
Su compañero José Seves también expresa con respecto a Fernández: “Duele, igual que las circunstancias que han pasado con miembros de la Iglesia: la gente que va a buscar apoyo, una ayuda, una mano, un consejo o una compañía, y es violentado ante esta petición, es pasado a llevar de un modo tremendo”.
“Es bastante desolador. Y conociendo a Tito, yo lo conozco desde hace mucho tiempo, del sur, siempre veo (en él) que con mayor frecuencia aparecen ciertos relatos de delirio. Es un personaje bien particular, muy egocéntrico. Se hace complicado encajarlo otra vez, por las cosas que ha hecho; como él mismo no tener respeto por su propio trabajo. Es una incoherencia muy grande”.
Tito Fernández declaró por denuncias de abuso
El Mercurio
Por más de cuatro horas declaró ayer en la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI el cantautor de 76 años por denuncias de abuso sexual y violación que tres mujeres hicieron en su contra. Los hechos habrían ocurrido en 2010 en el marco de un centro de estudios metafísicos que dirigía. "Lo reconozco, existieron las relaciones sexuales consensuadas (..). No hay maldad aquí, para nada", dijo "El Temucano" al salir en compañía de su esposa, la cantante Lu Rivera.
Por más de cuatro horas declaró ayer en la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI el cantautor de 76 años por denuncias de abuso sexual y violación que tres mujeres hicieron en su contra. Los hechos habrían ocurrido en 2010 en el marco de un centro de estudios metafísicos que dirigía. "Lo reconozco, existieron las relaciones sexuales consensuadas (..). No hay maldad aquí, para nada", dijo "El Temucano" al salir en compañía de su esposa, la cantante Lu Rivera.
miércoles, diciembre 05, 2018
Tallis, la logia secreta de Tito Fernández “El Temucano” y los sacrificios sexuales de sus discípulas
The Clinic
Una se veía a sí misma, parada a su lado y diciéndose, junto a la línea del metro: “Tírate, tírate”. Otra aún no puede llorar por los abusos que vivió, pero cualquier evento insignificante le provoca lágrimas desbordantes, imparables, que no sabe de dónde vienen. La tercera lo ve en pesadillas metido debajo de la cama y se sueña gritándole y golpeándolo: “¡Sal de aquí! ¡Ya no te creo! ¡Me engañaste, viejo culiao!”. Este es el testimonio de tres mujeres que acusan a Humberto Baeza Fernández, conocido por su nombre artístico “Tito Fernández”, de haber aprovechado su condición de maestro espiritual para abusar sexualmente de ellas y que relatan el largo proceso que han debido recorrer para reconocerse como víctimas de violación.
Por Alejandra Matus
Una es ingeniera, la otra secretaria ejecutiva y la tercera, profesora de danza. Ninguna cuadra, a primera vista, con el estereotipo de mujer “víctima”. Por eso, dicen, les ha costado tanto “perdonarse” y aceptar que sufrieron una manipulación de conciencia, el primer paso para naturalizar el abuso sexual y las violaciones que vinieron después. Y por eso, afirman, exponen su experiencia para este reportaje: a cualquiera le puede pasar. No siempre la inteligencia es antídoto suficiente.
Ellas, como muchas mujeres, estaban en una búsqueda espiritual para sanar viejos dolores y para convertirse en mejores personas. La religión católica, otrora canalizadora de estas necesidades, se había desvalorizado en su escala de preferencias y cada cual, por distintos caminos, recibió un dato: había un lugar, el Centro Integral de Estudios Metafísicos (CIEM), donde un maestro impartía clases gratuitas todos los miércoles. Podía servirles. Por qué no. Que el maestro fuera el conocido folclorista Tito Fernández era, para ellas, un descubrimiento sin importancia, pues ni por edad, ni por gustos musicales, lo tenían en su playlist.
El adoctrinamiento que, en un comienzo parecía inofensivo y útil, se convirtió en poco tiempo en la puerta de entrada a una secta secreta a la que fueron invitadas: Tallis. Allí, cada quien fue bautizada con un nuevo nombre y se le pidió soportar la dura prueba de brindarle servicios sexuales al maestro, con el propósito de que pudiera mantenerse brillando como una luz para el mundo. Cada una, de modo distinto, terminó descubriendo que se trató de una vulgar patraña, pero tuvo que acudir a la ayuda de especialistas para entender que no era culpa suya y que lo que había sufrido tiene nombre de delito. Actualmente, dos de ellas han presentado sendas querellas por violación, con el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), y la tercera se prepara para hacerlo en los próximos días. The Clinic entrevistó a las tres denunciantes: E.P.G., K.V.G. y A.G.S., quienes se presentarán solo con sus iniciales, en resguardo de su vida privada. Esta es su historia.
LA MÁS LEAL
A. es la última de tres denunciantes en sumarse a las acciones judiciales contra Humberto Baeza Fernández, el conocido y premiado cantautor Tito Fernández. De las tres, era su seguidora más leal y, por lo tanto, a quien más le ha costado dar el paso de acusarlo judicialmente. Ella llegó a “La Escuela” en 2009, invitada por una amiga. Tenía problemas con la jefa de la empresa donde trabajaba y allí algunos creían que la mujer hacía “magia negra” para perjudicar a un jefe superior y a los trabajadores.
-También venía sufriendo por un amor que no fue. Yo tenía 27 años. El primer día que fui, este personaje habla de la magia negra. De las cosas que uno siente cuando te la hacen y de cómo liberarte de ella. Me acuerdo que llovía y que Chile jugaba un partido muy importante (contra Brasil, el miércoles 9 de septiembre). Por eso había poca gente. Y a mí me enganchó, porque era lo que yo estaba viviendo. Hice el ritual que recomendó y sentí que me funcionó bien, así que continué yendo. Era súper entusiasta. Anotaba todo lo que decía y trataba de aplicarlo.
Habitualmente, cuenta A., los “estudiantes”, entre 25 y 30, se reunían cada miércoles en la sede del sindicato de folcloristas y se sentaban formando un cuadrilátero. Baeza sacaba un libro de los que ha escrito él y, en especial, uno inédito al que llamaba “El libro de las tapas de madera” y que supuestamente se lo dictaba un ser que lo visitaba de noche, desde el encuentro que decía haber tenido con extraterrestres, en 1974. Mezclaba la lectura, entre otras, con anécdotas que vivió con su exesposa, Carmen Ramírez o con su hija Jazmín. (Ambas forman parte de los siete fundadores del CIEM, según se publica en su página web, junto a los músicos Claudio Guzmán, Nelson Varela, Raúl Aliaga y Ramón Aguilera).
“Si tú le contabas algo, él siempre te ponía de ejemplo. Aunque no dijera tu nombre, sabías que estaba hablando algo tuyo”, revela A.
El Temucano les enseñaba a cortar una esquina a los billetes, pues significaba que “el dinero siempre era tuyo aunque lo entregaras”, que toda energía era sexual, y a ser impecables: responsables, puntuales en el trabajo. “Impecabilidad, esa era su palabra de todas las sesiones”, dice A.
A este maestro no le gustaba que le hicieran muchas preguntas. En la página web del centro, advierte: “El estudiante debe saber que el que más pregunta es el que menos aprende”.
-Un día, la directora de la escuela, una mujer mayor que era quien aprobaba o desaprobaba a la gente que podía entrar, me dijo que me aceptaba y me explicó que había que pagar cinco mil pesos mensuales. Entonces empecé a poner en práctica estas enseñanzas. Cortaba los billetes, entregaba la plata con la mano derecha y la recibía con la izquierda, porque él decía que así funcionaban las leyes de la naturaleza.
La infancia de A. fue difícil. Su padre era alcohólico y, aunque no la maltrataba, estaba ausente. Su madre apenas ganaba suficiente dinero para mantener a la familia. Ella encontró la figura paterna y el cariño de hogar en una familia vecina, que la cuidaba y donde A. pasaba la tarde después del colegio. Pero, por un problema familiar, esa familia tuvo que mudarse al sur y A. lo resintió. Hasta conocer a Baeza, no había vuelto a sentir la protección de un padre.
-A esos vecinos yo les decía “Mami” y “Tata”. Recién estoy entendiendo cuánto me afectó que se fueran. El Maestro me recordaba mucho a ese Tata, incluso físicamente. En la logia, él siempre me hizo sentir especial. Me destacaba. Decía que yo era “una niña linda”, que era su regalona. Así se fue formando un lazo distinto al común de las personas que participaban ahí.
Estudiantes seleccionados del CIEM eran invitados a pasar a un nivel mayor de compromiso y realizar una ceremonia de iniciación, copiada de los ritos masones para integrarse a la “Logia Libertad”.
Tan contenta estaba A. con la experiencia, que se la recomendó a su amiga E., una ingeniera de 33 años, también en búsqueda espiritual después de algunas relaciones que dañaron su autoestima. Un día, E. le escribió a A. porque recibió un email del maestro, invitándola a una reunión secreta y, por su contexto, le pareció que probablemente el remitente se había confundido.
-Efectivamente a los pocos días me llegó el correo, citándome a una reunión privada para invitarme a participar a un área secreta de la escuela. Que no le debía contar a nadie y que cuál era mi disponibilidad. Yo pensé: ¡Qué interesante!
La reunión fue solo con él y no había nadie más en la sede del sindicato. Baeza podía entrar cuando quisiera porque tenía llaves.
-Me dice que yo tenía un don y que necesitaba mis datos para sacarme la Carta Natal. “Te necesito para un trabajo muy importante y privado”, me dice y me muestra un dibujo en grafito, que representa un templo, como en una catacumba, con una puerta con un triángulo invertido, y un monje con el rostro tapado. “Tú eres el monje”, me dice, “y estás a punto de entrar en esta área secreta. Quiero saber si a ti te interesaría conocer qué hay detrás de esa puerta”. Y yo: “Obvio que sí”. Y me dice: “A esta parte secreta entran personas que tienen merecimiento, que tienen un don especial y que están dispuestas a dar el servicio para que otras personas puedan seguir esta senda y puedan despertar. Porque nosotros somos una escuela de paso, donde la gente aprende sus bases, pero después puede salir y desarrollarse espiritualmente. Y entonces me dice que el trabajo consistía en que yo tenía que entregarle mi energía sexual al maestro. Recuerdo que sentí un frío enorme en mi cuerpo, pero no podía demostrarlo: ¡Él era el maestro!
Baeza le dijo que no necesitaba responderle de inmediato, que podía pensarlo, pero le advirtió: “Esta es la prueba más grande que puede pasar un iniciado”.
-Yo me fui llorando, en mala. Toda la vida fui muy católica, gracias a este Tata que me llevaba todos los domingos al templo de Maipú a rezarle a la Virgen del Carmen. Hice misiones, hice catequesis, confirmaciones y, en ese tiempo, no me imaginaba a un cura pidiéndome algo tan bizarro. Pero, a la vez, sentía que no tenía la respuesta, porque quizás esto era así y yo no lo sabía. Lo interpreté como la petición de un trabajo espiritual, porque él no era, evidentemente, de mi gusto, ni de mi edad. No provocaba nada en mí.
Tanto lloraba A., que no se sintió capaz de volver a la casa donde vivía con su mamá, pues no podría contarle lo que le estaba pasando. La instrucción era imperativa: cualquiera fuera la decisión que tomara, debía callar. Decidió irse a la casa de una amiga que practicaba reiki y que le impuso las manos para tratar de canalizar su energía. A. se durmió pidiéndole a Dios una señal a su pregunta: “¿Lo tengo que hacer?”. La hermana de su amiga le dijo: “Yo vi una moneda que decía Libertad”. Como la logia ¡Pensé que era la señal!
A. le dio la respuesta a Baeza y éste le respondió que pronto conocería a sus hermanas. Como preparación, le indicó que se reuniera con una mujer a la que llamaba “maestra” y que era su mano derecha en la logia (a la que las denunciantes identifican solo con sus iniciales, R.M.C., pues también la consideran una víctima que se transformó en cómplice). “Ella no me explicitó nada. Actuaba como que yo tuviera que deducirlo. Solo me dijo: ‘Cuando estés ahí, tienes que disfrutarlo, como si fuera tu pololo, para que se cree lo sagrado”.
Poco tiempo después, se le cita al primer encuentro de Tallis. Se sorprendió de ver entre las asistentes a su amiga E.
-De alguna manera, sentí alivio, porque podía conversar con alguien de mis inquietudes más íntimas sin que el maestro se diera cuenta, porque al él yo nunca le mostré mis inseguridades en hacer lo que me pedía. Yo era dos mujeres: en mi casa, muerta de susto y con él, fiel y segura.
A la reunión, Baeza llegó flanqueado por R.M.C. Entre las nuevas integrantes, estaban las tres denunciantes y una cuarta mujer que niega estos hechos. Ahí les explicaron que el maestro necesitaba reunir a siete mujeres que le dieran energía sexual para que él pudiera cumplir su misión.
-La maestra nos hizo hacer un juramento, que era algo así como: “Le pertenecemos al maestro, le hemos dado nuestra energía”. Nos hizo jurar lealtad, silencio y obediencia, también a nuestras hermanas”.
El 8 de marzo de 2010, Baeza les regaló el libro “Los secretos de Osho” e invitó a las cuatro nuevas sacerdotisas a comer al restaurante de comida china “Lung Fung”, el que aparece en “Una mujer fantástica”.
Tallis era una logia de un nivel supuestamente mayor que la logia Libertad. Baeza les dijo, en otras reuniones, que tendrían cargos en el CIEM, junto a sus hermanas más antiguas.
-A mí me nombró su asistente. Yo tenía que armarle el altar, como hacen las señoras en la iglesia: Traerle agua cuando él quisiera y ponerme al frente de la cadena de oración, que se hacía todos los miércoles. Nos tomábamos de las manos y cerrábamos los ojos, menos yo. Hasta ahí no había encuentros sexuales, pero él nos pedía que nos saludáramos de besos en la boca y que a las reuniones de Tallis fuéramos con falda. Entonces él se acercaba y pasaba una a una tocándonos la vagina.
En otra reunión de Tallis, las seguidoras de Tito Fernández fueron rebautizadas con nombres de estrellas asociadas a deidades mitológicas. A. recibió el nombre de Thara, una diosa joven que se enamoró de un dios “menor” y fue castigada “a morir en una supernova, desde dónde escapó nadie sabe cómo”. En la ceremonia, el maestro explicó que “durante mucho tiempo Thara vagó por la tierra y su potente sexualidad no la hizo grata a los ojos de los habitantes del planeta y tuvo que reprimirse para ser aceptada (…) Le damos la bienvenida. Aquí será libre y podrá trabajar con sus hermanas por el bien del universo utilizando el poder de su centro sexual que deberá aprender, de nuevo, a no reprimir y manejar, naturalmente”.
En un papel, se le entregó un mensaje que solo podía leer ella: “Thara es la dueña de los pensamientos del Maestro”. Y por eso en las cadenas de oración debía ubicarse justo enfrente suyo, con los ojos abiertos, pues era la “responsable” de todo lo que él pensara. Baeza le dio, además, una imagen que representaba a la diosa, una daga y una túnica.
Después, creó una forma de comunicación privada con cada una para coordinar los encuentros en que tendrían que entregarle su energía sexual.
-Siempre pensé que era una prueba, que íbamos a llegar al motel donde me había citado y que me iba a decir que había dado muestras de mi lealtad y que me iba a dejar ir. Yo tenía que ir con falda y cuando entramos a la habitación, me pide que me arrodille sobre la cama y que me ponga la daga apuntando al cuello. Me dijo que ese era un trabajo fome, pero que había que cumplir. Que no lo pensara mucho. Y con esa espada había un juramento que no recuerdo en detalle, pero al finalizar dijo que si la sacerdotisa no quería hacerlo, se tenía que suicidar con la daga, “pero como tú lo quieres hacer, no hay problema”. Ahí me da vuelta y yo pienso: “No quiero ser violada”, pero para mi sorpresa, no había tal prueba, sino una violación. Hice todo lo que me pidió, pero no me tuve que desvestir, ni excitarlo, nada. Él hizo su trabajo no más-, cuenta A. y se quiebra.
Baeza le decía a sus víctimas que él retenía la eyaculación, porque así “seminizaba” su cerebro y hacía una representación de la gran catarsis que le producía esa eyaculación hacia el interior. Finalmente, les pedía tragar una gota de su semen, porque así les transfería “el átomo simiente”. Todas las hermanas de Tallis, les decía Baeza, estaban unidas por “un cordón azul”.
El maestro comprometía a sus discípulas a tener siete encuentros de este tipo, siempre en el mismo motel, en Ejército con Toesca (donde ahora hay un conjunto de locales comerciales). Los dependientes, recuerdan las tres, se desvivían por atender a este cliente habitual.
Después del segundo encuentro, Baeza, olvidándose de su papel de maestro, le escribió un correo a A. comentándole que le había gustado la forma de sus genitales. “Lo encontré muy ordinario. No sabía cómo decirle, pero al final le mandé un correo muy respetuoso expresándole que su comentario me había incomodado y pidiéndole que no lo hiciera más, ‘porque yo no soy tu amante. Yo estoy contigo por este trabajo espiritual, nada más’”. A. tuvo los siete encuentros entre marzo y abril de 2010 y luego lo encapsuló en su memoria, intentando creer que su sacrificio había tenido un propósito superior.
-Lo bloqueé. Hice lo que tenía que hacer y seguí yendo a las reuniones. Todos los miércoles yo estaba ahí, acarreándole el bolso, armándole el altar.
En ese intertanto se enteró de que otra de las integrantes de Tallis se había retirado.
-El maestro nos dijo que lo había agredido. Yo le pregunté: “¿Qué vamos a hacer? La K. se fue y es capaz de ir a contarle a todo el mundo lo que está pasando”. Me dijo: “No te preocupes, ella es una contra todos nosotros. Lo vamos a negar hasta la muerte y ella va a quedar como loca”. Hace poco, le pedí perdón a ella, porque si hubiese ido a denunciar años atrás esto, yo hubiese sido una cómplice, no una víctima.
A. se enamoró de un estudiante de la logia Libertad y Baeza incluso propició que se iniciara la relación. La pareja comenzó a convivir y A. solo continuó participando como su mano derecha en la Logia Libertad. Renunció a su trabajo e inició un emprendimiento, que no prosperó. Baeza la ayudó económicamente por un año, pasándole 90 mil pesos mensuales para pagar una deuda que le quedó.
-“Mi viejito más lindo que el sol”, así le decía yo, y todo lo que hacía, se lo contaba altiro. Sentía que por contárselo, él prendía una vela y me iba bien. Yo lo quise un montón, como un padre, como mi maestro. Entendía que lo que pasó había sido un sacrificio espiritual y, después de eso, se convirtió en mi Tata, mi padre ausente.
Hasta que un día el maestro tuvo un accidente cerebrovascular y fue internado en el Hospital Naval, en Valparaíso.
-Me contacta su hija y me dice: “Mi papá está pésimo”. Lo fui a ver a su casa, a un despacho que tiene, y después de conversar un rato, le digo: “Cómo te puedo ayudar” y él me mira y me dice: “Tú sabes cómo”. Ahí se me cayó el mundo. Yo llevaba cuatro años con mi pareja y le digo que a mí me complicaba, porque yo nunca había sido infiel. Me dijo que la energía sexual se puede canalizar de distintas formas, que no era necesaria la penetración. En mi cabeza empezaron a pasar cosas como: “Lo conociste cuando estabas mal, hiciste trabajo espiritual, te fue bien, te cambió la vida, él te necesita ahora, no lo puedes dejar solo”. Entonces, le dije: “Bueno, pero sin penetración”.
Él me pidió que lo estimulara tocando mi propio cuerpo, pero de pronto se lanzó sobre mí y me violó. Al terminar, me pidió perdón, que no sabía lo que le había pasado. Yo me fui llorando. Menos mal que mi marido no estaba. Me bañé como si quisiera sacarme la piel. Me sentía asquerosa y aún así me sentía mal por pensar así del maestro. Fue horrible.
A. empezó a faltar. Él decía siempre que el que se alejaba nunca sería feliz.
-El lavado de cerebro era sutil, no era una amenaza directa, eran lecciones de años. Yo estuve cinco años participando ininterrumpidamente en las lecciones y en todas había algo que te iba manipulando. Me daba miedo cortar el vínculo, porque lo veía como a un padre, que ahora me necesitaba y yo lo iba a dejar solo porque estaba enamorada de mi pareja, lo que calzaba con la historia de Thara, que al final se enamoraba de un dios menor y era destinada a morir en una supernova. Sentía que iba a tener que pagar.
La logia Tallis no se juntaba desde que K. se había ido y A. se concentró en ir los miércoles, aunque cada vez le costaba más. Participó en otras experiencias espirituales y, a través de ellas, su inconsciente comenzó a expresarse. Aún con mucha culpa, le pidió a su maestro que la liberara del compromiso y él le concendió la dispensa. Con su pareja decidieron tener hijos, pero el primer embarazo lo perdieron a los casi tres meses de gestación.
-Me sentí castigada por haber abandonado al maestro, pero no se lo podía decir a nadie. Todavía seguía el delirio místico: Sentía que mi hija se había sacrificado. Me acordé que mi mamá, un año atrás, me había contado que había sido abusada en su infancia , entonces, de alguna manera, pensé que el aborto fue una purga y que mi útero se estaba limpiando de toda esta mierda.
Después de eso, A.y su pareja decidieron casarse. Como él había sido un discípulo y no sabía nada de Tallis, le propuso a Baeza que los casara. “Yo deseaba que dijera que no, pero, inicialmente, aceptó. Después, para mi alivio, se excusó. Nos casamos. Decidimos quedarnos con todo lo lindo que descubrimos de nosotros en el período de gestación”.
De regreso de la luna de miel, A. comenzó una terapia con una naturópata.
-A la tercera sesión, ella me dice: “Háblame de tu abuso”. Y yo lo primero que pensé fue: “Yo jamás he sido abusada”.
Recién entonces comenzó el proceso de reconocimiento, que se facilitó por el encuentro con E., quien mantenía contacto con K. y se empezaron a juntar.
LA REBELDE
K. estaba separándose de su marido, después de una larga relación de violencia intrafamiliar, cuando oyó hablar del CIEM. En su familia y colegio católicos, le enseñaron que las señoritas se sentaban con las piernas cruzadas, que la hermana mujer le sirve el té a sus hermanos varones. En la primera etapa de su matrimonio, en el que tuvo dos hijos, el abuso fue sicológico y cuando éste minó su ánimo de tal manera que no quería tener relaciones sexuales con su marido, comenzaron los ataques físicos.
-Ahí empezó la violencia física y verbal, la típica, que erís maraca, que tienes a otro. Un vecino con el que hablaba, me dijo: “A lo mejor este grupo te puede hacer bien, además, que te interesan estos temas” ¡Sí, me interesaban! Descubrí esa parte de mí que tenía guardada, porque hasta ahí yo era mamá y esposa no más. Había dejado la carrera al casarme y ni siquiera sabía qué música me gustaba…
Al separarse, K. se había distanciado de su familia, porque a su exmarido no le gustaban las visitas. Él la desprestigió, además, con sus vecinos, así que casi no hablaba con nadie. Empezó a ir al CIEM y se sentaba en la última fila. Un día, se cruzó de piernas y alguien le advirtió que eso no se hacía delante del maestro. Más que molestarla, ese tipo de rituales le pareció atractivo.
Primero fue invitada a pertenecer a la Logia Libertad y para eso debió someterse a un rito de iniciación, en que los aspirantes eran vendados y sometidos a diversas pruebas. En su caso, tendida en el suelo, sintió el peso frío de una espada que se posó sobre su vagina. Tiempo después R.M.C. le pidió sus datos para hacerle una carta natal.
-Y ahí me llaman a una reunión con él. La maestra me dijo que fui seleccionada porque el maestro vio algo especial en mí. Yo venía sintiéndome basura, porque mi exmarido me decía que si yo no estuviera en este mundo, no pasaba nada, que era así de insignificante, que por lo único que yo servía era por las pechugas para amamantar a los niños ¡Enganché altiro! Ella me dijo que me iban a invitar a un grupo donde tendría más acercamiento con el maestro, por lo tanto, más sabiduría, más estudios y me sentí especial. Y cerró la puerta detrás de mí, dejándome sola con él.
Él me dijo: “Tú eres una mujer hecha y derecha, estuviste casada”. Subtexto: “Ya tuviste sexo”. Y continuó: “Tienes hijos, te separaste, ya tienes una historia, por lo tanto, todo lo que te diga no debiese asustarte. En tu carta natal dice que tienes una energía especial, más encima eres escorpión, que son calientes”. Me dijo que se iban a hacer unos trabajos de índole sexual, para lo cual yo era precisa. Que había llegado ahí para eso.
Intuyendo que a K. le gustaba la pedagogía, le dijo que tal vez, más adelante, podría ayudarlo con las charlas y que sería la encargada de enseñar la expresión corporal a todos. K. quedó de pensarlo y mientras salían él le pidió que se sacara una foto carné, porque la necesitaba.
-Lo que sabemos ahora es que el viejo hacía brujería con las fotos. Yo le dije: “No tengo ningún peso” y él me respondió que no me preocupara, que él pagaba. Y a mí que alguien me pagara algo, era como: “Me valora, soy importante”. Al próximo miércoles fui contenta a la reunión porque ya había tomado la decisión de aceptar. La verdad es que no me vi teniendo relaciones con él. Pensé que el trabajo sexual sería algo esotérico, espiritual. No pensé que era de contacto directo.
Cuando K. le comunicó la decisión, el maestro la besó. Le dieron asco sus bigotes, pero lo olvidó de inmediato.
-Después de eso, vino este 8 de marzo de 2010, donde fuimos a ese restaurante y conocí a las demás elegidas. Yo, hasta ahí feliz, más encima con el libro: información, lectura ¡Qué rico! ¡Esto es lo mío! Este es mi premio por todo lo que sufrí antes. Después, comenzaron las reuniones de Tallis y los juramentos que nos hacían repetir sobre silencio y lealtad, que eran como un taladro aquí-, dice apuntándose las sienes.
K. fue bautizada como “Kamhir” con la misión de “abrir el chacra de la corona en los habitantes de este planeta. Por allí entrará Ka, el haz de luz que trae la buena nueva y el nuevo mundo”. Ka, era, nada menos que el propio Baeza. Kamhir no está castigada en la Tierra, sino que “enviada en misión de combate. Nadie imaginó que caería en la trampa del hombre terrestre y se entregó perdiendo la mitad de su poder. Como ya estaba en el infierno, aquí la dejaron con la misión de buscar dónde recuperar el poder perdido”, decía la descripción que él leyó en su incorporación.
En un papel personal, le escribió: “Kamir: es la dueña de los actos inconscientes del Maestro”.
-La R.M.C. decía a viva voz los juramentos que nosotras debíamos repetir. Ella decía: “Si alguna no está de acuerdo, este es el momento para que se vaya”. ¿Quién se iba a ir? Las amenazas se hacían gota a gota, indirecta tras indirecta, de una forma muy eficiente. Desde que empecé a ir a la logia Tallis, empecé a soñar que estaba encarcelada. Estuve en todas las cárceles posibles, porque todas las noches era una distinta. Yo quería escapar, pero la cárcel estaba en mi interior.
K. recuerda que en las reuniones secretas, Baeza enseñaba a practicar ritos que, sin decir que eran de magia negra, para ellas eran evidentes. “Para tener dinero, por ejemplo, nunca dijo que teníamos que invocar al diablo, pero sí que la plata no se le pedía a Dios, sino que ‘al otro lado’”.
Las reuniones de Tallis se hacían en la sede del sindicato, pero en otro horario. K. recuerda que le comentó al maestro que no podría seguir yendo. Ya iba los miércoles apenas, porque tenía que pagarle a alguien que se quedara con sus hijos y sus ingresos eran insuficientes.
-Él me dijo: “Búscate a una persona, ojalá a una amiga que quiera a tus hijos y que los cuide como si fueras tú, y yo te voy a pasar la plata para que le pagues”. Yo me sentía tan sola con mis hijos. Que alguien que no fuera yo se preocupara por ellos fue invaluable. Pensé: “Este caballero me quiere, valora a mis hijos”. Entonces, encontré a una amiga que estaba sin pega y él le pagaba súper bien. Y si me demoraba en regresar a la casa, él le pagaba el taxi para la vuelta. Entonces, ya no tenía cómo decir que no.
En ese mismo período, K. le contó que estaba postulando a un trabajo en la Municipalidad de Pudahuel y Baeza le dijo que lo diera por hecho, porque era muy amigo del alcalde. “El Jonnhy Carrasco hace lo que yo quiero, así, tal cual lo dijo”, relata. Al día siguiente de esta conversación, K. fue notificada de que había sido aceptada en el trabajo.
-Dos meses después de invitarme a Tallis, me citó a un motel. Y yo también pensé que a última hora me iba a decir: ¡Pasaste la prueba!
K. tenía un auto pequeño en que, según acordaron, pasó a buscarlo al Parque Almagro, en el centro de Santiago. K. estaba leyendo un libro sobre la dictadura.
-Lo tenía en el asiento trasero y él lo vio al subirse. Me dijo: “Para qué estás leyendo esos libros. Ahí hay pura tristeza. A mí me torturaron y fue terrible. No me quiero ni acordar. No leas esto, te hace mal, pero hoy me vas a hacer olvidar todo eso.
Al entrar al motel, según el relato de K., él iba mirando las habitaciones y escogiendo una que tuviera buena “energía” y le dejaba una propina suculenta a la mucama.
-La primera vez me dijo: “El día que yo hago este trabajo con ustedes nunca como, para estar purificado”. Y, para mí, eso era una señal de que esto era importante. Él quería que yo, por ser bailarina, me sacara la ropa de algún modo sexy y a mí no me salía. No podía actuar. Y me violó. No tuvo ni un cuidado, ni un gesto cariñoso. Para él, nosotras éramos esclavas sexuales, nada más.
Con los cursos que empezó a dar, K. comenzó a sentirse mejor consigo misma. En la misma Municipalidad, además, se inscribió como alumna en un curso de soldadura al arco, que siempre había querido hacer.
-Empecé a tener amigos que me valoraban y me empecé a sentir que ya no encajaba en las reuniones de los miércoles, pero tampoco atinaba a salirme. Incluso, en esa época fueron los dos encuentros que tuve con él en un motel y seguía soñando con la cárcel. Un día, que mi amiga no podía cuidarme a los chicos, la reunión se hizo en mi casa. Él llegó antes, supongo que a propósito, dándoselas de galán y eso sí que me resultó patético. Y que estuviera con esa actitud en mi hogar, cerca de mis hijos… Sentí que podían estar en peligro. Y así ¡paf!, se quebró el hechizo.
K. sintió que algo sucio y vergonzoso rozaba un espacio sagrado. “Era como que ensuciara mi casa. En ese momento, antes de que llegaran las chiquillas, me ofreció así, de sopetón, que dejara mi trabajo, que solo me dedicara al arte, a bailar, a mis hijos, que él me mantenía y me pagaba el departamento, mercadería, todo, con tal de que estuviera siempre dispuesta para él. Ahí ya se me terminó de caer”.
K. lo llamó un par de días después y lo citó a un lugar que él frecuentaba con sus alumnos para comer completos. Él llegó antes y la esperaba con un jugo de naranja.
-Le puse encima una cajita con la daga y todas las cosas que nos había dado. Le dije: “Te vengo a decir que no creo nada de lo que dices. Mi energía es mía, no te la voy a dar nunca más ¡Eris un viejo chanta! Él se puso a llorar y empezó a hablar, porque él tiene mucha labia. Me dijo que yo era una niña y que no había entendido nada y que él estaba dispuesto a perdonarme, cuando estuviera más madura. Eso me recordó lo mismo que me dijo mi marido, cuando le dije que me quería separar. Él también me dijo que yo era una “niña” y que estaba confundida. ¡Me dio tanta rabia! Me paré hirviendo, enyegüecida, empujé la mesa contra su cuerpo. Los jugos salieron disparados. Todo el mundo miraba. Me agarró el brazo con fuerza y me dijo: “Tú sabes que eres mía y para toda la vida y todas las vidas, vas a ser mía, porque ya hiciste un juramento y hemos hecho trabajos espirituales que nos unen con el cordón azul”. “¡No te creo nada huevón, nada!” Y me fui, súper enojada.
K. dice que al día siguiente la llamaron de la municipalidad para decirle que estaba despedida, pero no se arrepintió de su decisión. Eliminó todos los vínculos que tenía con Tallis, excepto con E.
En los años que vinieron trabajó en las más diversas ocupaciones, desde profesora de pilates a chofer del Transantiago. Pero un día, la agresión de un conductor gatilló en ella una intensa depresión, con pensamientos autodestructivos. Se sentía en peligro y pidió ayuda.
LA SERVIDORA
E. llegó al CIEM en octubre de 2009, después de una serie de relaciones que dañaron su autoestima, que la volvieron una mujer insegura, que se sentía fea e indeseable. A. le habló de esta escuela y de su maestro “un anciano súper sabio” que podía ayudarla.
En 2009, la ingeniera había dejado su trabajo en una empresa eléctrica, porque le causaba contradicción el daño ecológico que provocaba.
-Quería dedicarme a algo más natural y que no le hiciera daño a nadie. Estaba viviendo con mi familia, pagando el pie para un departamento, y dedicada a un negocio en donde hacíamos artículos de meditación, de yoga y vendíamos alimentos naturales. En esa parada andaba cuando la A. me invitó al CIEM. La directora de la Escuela me hizo una pequeña entrevista y me aceptó como participante.
El lugar a E. le pareció maravilloso. La mayoría de los asistentes eran mucho mayores que ella.
-Estas personas se mostraban como una familia espiritual. Para mí conversar con alguna de esas señoras era como conversar con una mamá sabionda. Podíamos hablar de metafísica y de todas esas cosas que no podía hablar con mi madre, pues ella es evangélica. Al principio, no podía mirar mucho al maestro, ni interrumpirlo con preguntas ni comentarios. La directora de la Escuela me hizo sentarme al final de todos, pues yo no estaba iniciada ni mucho menos. Era como una visita. Por mi parte, trataba de hacer las cosas con respeto y cuando terminaba la reunión, me iba, pero como con la sensación de haber recibido una joya del “maestro”. Siempre parecía hablar de cosas que justo a una le estaban pasando y decía lo que una necesitaba escuchar. Me iba con esa gratificación.
Después de varios miércoles, fue notificada de que el maestro la quería iniciar. E. sintió cierta resistencia, pues no deseaba reemplazar el bautismo que había recibido en la Iglesia Católica. Temió que se tratara de una secta.
-La directora de la Escuela me dijo que ahí había gente de las más diversas religiones, pero que si no quería ser iniciada no regresara más. Era tan drástico, que yo acepté y me encomendé a Dios. Una vez allí, me di cuenta de que éramos varios aspirantes, entre ellos, la K. Nos pusieron una venda en los ojos y nos dieron unas vueltas como para que nos desorientáramos, pero igual sabíamos que estábamos en el sindicato de folcloristas. Entramos a un lugar donde no sabíamos si estábamos solas y sentí unos golpes como de una espada en los hombros. Era como que te indicaban que tenías que arrodillarte. Alguien empezó a hablar. Era la voz de Tito Fernández. Recuerdo que decía: “Desde ahora tu pasado quedó atrás y ahora tú no eres más la persona conocida como E.P.G. Ahora eres parte de esta escuela. Repite conmigo” y empezó como un juramento que era de lealtad. Me hizo ruido que esta lealtad no fuera hacia la hermandad, sino que hacia él, de obediencia al maestro, lealtad al maestro, discreción, silencio. En ese momento me había puesto la punta de la espada en el cuello, en la zona de la tráquea. Aunque estaba vendada, sabía que eso era un arma ¿Qué podía hacer?
Tras repetir el juramento, le sacaron la venda y vio que traían a K., a quien hizo recostarse en el suelo, con las piernas y brazos abiertos, en forma de estrella y le puso la punta de la espada sobre la vagina. “Me pareció que era un acto humillante y que, en comparación, a mí no me había pasado nada”, dice.
Esa tarde, la anciana que dirigía la escuela, les dio unos papelitos asignándoles un nuevo nombre escrito con letras rojas, mientras el maestro decía: “Un hermetista sabe que para hacerle daño a otra persona, tiene que hacerlo a través de este nuevo nombre. No somos más lo que éramos. Después de iniciarnos, somos como nuevos”.
-Baeza decía que se formó en el Instituto Filosófico Hermético y ese día nos reveló el nombre real de la Escuela. Dijo que no era Centro Integral de Estudios Metafísicos, como se le conocía sino que era CIEN: Control Inteligente de las Energías Naturales, algo mucho más poderoso que la metafísica. Ahí como que la cosa empezó a oler a algo más oscuro. Recuerdo que nos invitó a comer a una picada y a mi la comida me quedaba atravesada, pues, como que se me murió el maestro. A él le gustaban todas esos lugares donde lo reconocieran y le dijeran: “Don Tito”. Esa noche llegué a la casa con una sensación amarga. Desde ese día, yo empecé a ser un poco el pepe grillo de la A., comencé a decirle esta cuestión no me tinca y ella me respondía: “No hables así del maestro, porque es muy especial y es sabio”. Yo trataba de hacerle caso a A. y convencerme a mí misma de que la equivocada era yo.
A fines de 2009, los discípulos celebraron el cumpleaños del maestro en La Hacienda del Gaucho, en Plaza Italia.
Esa comida se costeaba con la cuota mensual de los estudiantes.
-En esa ocasión, nos entregó un sobre a cada y uno dentro del mío había un papel que decía “libertad” y “sinceridad”. Dijo que eran palabras claves para el próximo paso que íbamos a dar, y que a cada uno le tocó algo para trabajar. Yo pensé: “Este viejo tiene poderes especiales ¡Me descubrió!” Entonces pensé que yo estaba mal, me había convertido en la oveja negra y decidí tratar de portarme bien.
Un miércoles R.M.C. pidió a cada de las jóvenes los datos para armar la carta natal y se les asignaron funciones de acuerdo con sus características. A K., se le dio la tarea de ayudar a los demás con su expresión corporal. A., secretaria, quedó como asistente del maestro.
-Y a mí me puso como hermana hospitalaria. Él se dio cuenta de que a mí me gustaba esta onda de servir, de ayudar a los enfermos y acompañar al necesitado. Dijo que nosotras éramos como las maestras en estos cargos así que subíamos de grado. Para que yo desarrollara bien mi labor, me pasaron el listado de todos los hermanos con datos, para poder contactarlos cuando se ausentaban. En febrero de 2010, empezaron a llegar estos correos misteriosos. Para mí era súper raro que ese personaje que nunca me pescaba delante de los demás, me escribiera correos tan cercanos.
Cuando me llegó el email que era para A., me di cuenta altiro de que se había equivocado. Cuando se lo hice notar, me dijo: “Los errores no existen”.
Baeza comenzó con E. un intercambio epistolar confidencial.
-Después del terremoto me dijo que era muy importante que nos juntáramos porque si no, ese año iba a ser nefasto, que ya había empezado mal y que teníamos trabajos que hacer, para los que se requería mi ayuda. Ahí ya te empezaban a hacer sentir como responsable de algo que no sabías. Fui a juntarme con la R.M.C. y me dijo que el maestro se había fijado en mí y que él era un hombre mayor que necesitaba de nuestra energía, sobre todo de las mujeres más jóvenes. Yo intenté preguntar: “¿Cómo puedo darle esa energía?” Y me dijo: “¡Todas sabemos cómo podemos darle energía a un hombre!” “Yo no sé” “Sí sabes. Todos los hombres necesitan lo mismo” “¿Esta cuestión significa que tengo que intimar con el maestro?” “Te digo, todos necesitan instancias” “¿Tú estarías dispuesta a ayudar?” “Sí, pero no sé cómo” “Ahí vas a saber” y me hizo pasar a otra salita. Estábamos en el sindicato pero un día fuera de la reunión habitual, como a las ocho y media. Yo pensaba que estaba sola con ella, pero en esa otra sala estaba él: “¿Ya hablaste con la R.M.C.?” “Vengo de eso”. Él se acerca rápidamente y como yo andaba con falda, porque nos decían que así nos conectábamos mejor con la naturaleza y la energía, me mete la mano por debajo de la falda y me empieza a tocar y a besuquear al mismo tiempo. Yo no supe qué hacer. “Es para ver qué tan dispuesta estás a ayudarme”.
E. tuvo la sensación de querer empujarlo, pero, en su mente se reprochaba querer hacerle daño a un anciano, a su maestro.
-Era tanto mi ruido mental y mis contradicciones internas, que no hice nada. Salimos y la R.M.C. nos estaba esperando y al ver que “todo estaba en orden”, cierra la puerta y mientras vamos saliendo él me dice: “Te va a llegar un correo”.
Así empezó a recibir las instrucciones para ir al motel de Ejército con Toesca. En esos días, se estaba muriendo una tía de E. y en un principio, no atendió los insistentes llamados de Baeza.
-Él me llamaba harto, a cualquier hora. Yo a veces estaba con mi socio en los negocios o con mi tía enferma y todos me decían: ¡Contesta!, pero yo no podía. Me imaginaba que me iba a hablar románticamente y no sabía qué hacer frente a eso. Mi tía murió y él estaba pendiente de que el funeral fuera luego y quedamos de juntarnos el 29 de marzo de 2010. Yo había hablado con A. y ella me decía que creía que esto era una prueba, pero yo sabía que el viejo ya me había agarrado a besos, entonces, como que estaba medio frita. No fui capaz de ponerle freno a esta situación y fui y ahí en el motel, hizo toda una parafernalia espiritual. Sacó una daga, con mi nuevo nombre inscrito: Mérope. “Esto no es lo que tú te imaginas. Vamos a hacer un trabajo espiritual. Vamos a limpiar esta habitación” e hizo el show con la daga, como que sacaba larvas energéticas, porque “los moteles están contaminados con mucha energía de lujuria e infidelidad”.
Al entrar a la logia Tallis, E. había recibido un segundo nuevo nombre. Ahora era Mérope, la séptima de las Pléyades. Mérope, se le dijo, “brillaba con menos intensidad” que sus hermanas, por ser la única que había contraído matrimonio con un mortal. “Mérope está a cargo de los sufrimientos del mundo y debe trabajar para aliviarlos”. El papelito que le entregaron con su misión, decía: “Mérope está a cargo de los sufrimientos del Maestro y es quien puede aliviarlo de su pesada carga. Es su Confidente y Consejera”.
-Me puso la daga en el cuello y me dijo: “Antiguamente, cuando las sacerdotisas no querían servir a su maestro, ellas aprovechaban esta oportunidad para suicidarse, porque era mejor suicidarse que decir que no”. Yo todavía estaba con ropa, de rodillas en la cama. Él de pie, con la daga en la mano derecha, se acerca y la siento aquí, en mi cuello, mientras me decía: “Repite conmigo”, y me hizo hacer un juramento de que íbamos a tener siete encuentros para afianzar esta unión con la logia Tallis. Yo repetí mecánicamente, con miedo. Él me decía que si no lo hacía, todo sería peor. Finalmente, una piensa mucho en su familia, en sus más cercanos, y no te atreves a decir que no.
Como a las demás, Baeza también la violó. “Me miraba con la cara del típico viejo verde que una se cruza en la calle, que de sagrada no tenía mucho, pero yo hasta me sentía mal por observar ese tipo de detalles”, agrega E.
-Para mí fue doloroso y asqueroso. Él no usó ninguna protección y no se lavó. Lo que más me pasaba por la cabeza era: “¿De qué mierda me voy a enfermar?” No pensé en embarazo, pensé en infecciones.
E. tuvo cuatro encuentros idénticos, fríos, humillantes, sintiéndose obligada.
-Como si eso fuera poco, además, él tenía la desfachatez de hacer comparaciones entre nosotras. En mí, eso reabrió viejas heridas. Me decía cosas para que me sintiera penca y como que tenía que esforzarme más para que estuviera contento conmigo. En las reuniones de Tallis, siempre nos decía: “Ustedes se tienen que amar como si fueran hermanas y amarme incondicionalmente. Tienen que ser como una sola para servirme, para que tenga energía para hacer mi trabajo” y, sin embargo, cuando estábamos por separado, nos metía pequeñas envidias a partir de las comparaciones. Nosotras, en vez de cuestionarlo a él, sufríamos. Cuestionarlo iba en contra del maestro, y nos reprimíamos de pura culpa.
En sus lecciones, Baeza usaba textos que advertían de la tentación que sentían los discípulos de poner en duda al maestro, después de conocerlo como ser humano: “Ten cuidado con la pérdida del respeto por el Maestro. Eso sería el fin de tu búsqueda porque marca el sitio exacto hasta donde llegaste y repetirás la historia una y mil veces. Por eso no hay que suponer cosas del Maestro. No hay que imaginar cosas del Maestro. No hay que intentar descalificarlo. Hay que tomar la enseñanza que transmite y no cuestionarla”.
Otro afirmaba que los discípulos más aventajados podían ingresar a “La Cámara Secreta”: “Los Miembros de la Cámara Secreta pasan pruebas muy duras y difíciles. Sin embargo, las enfrentan con una sonrisa y se entregan a la preparación para recibir el Poder sin preguntar y sin juzgar”.
E. empezó a engordar. En poco tiempo, aumentó alrededor de 40 kilos. Hoy siente, dice, que saboteó su cuerpo para que nadie se le acercara, ni la mirara, ni le dijera cosas en la calle.
-Quería pasar lo más desapercibida posible. Ya no quería nada con nadie. Desde la primera vez, cuando me tocó la vagina, mi vida sexual se fue a la mierda. Sentía que si volvía a estar con algún hombre, le iba a hacer daño, lo iba infectar de ese bicho llamado Tito Fernández. Me lo prohibí a mí misma y para que fuera efectivo, me afeé, cuáticamente.
Esos cuatro encuentros ocurrieron entre marzo y julio de 2010.
-Siempre tenía la duda de si lo estaba culpando sin razón, o si en verdad el viejo era malo y turbio. La cuarta vez le dije, con mucho respeto, que no tenía ganas de ir, que cumplir con ese compromiso para mí no era agradable y que, además, cuando apagaba el teléfono para estar con él siempre pasaban cosas malas. Entonces, él aprovechaba el impulso y me decía que cuando uno hace algo bueno para uno, todo lo demás se opone y los profanos hacen pataletas.
Siempre encontraba una explicación a su favor. De todos modos le dije: “Si podemos dejarlo hasta aquí sería súper bueno. Podemos conversar, hagamos otra cosa. No sigamos con esto”. Me respondió que ese encuentro tenía que ocurrir, porque ya estábamos ahí, que la cuarta vez era la más importante, porque sellaba la unión con el cordón azul. Me hizo pretender que yo estaba tomada de las manos con las demás chicas y que formábamos una estrella y que estábamos todas unidas desde nuestros genitales hacia los suyos y lo que le pasaba a una, le pasaba a todas, que si le deseábamos bien a él, todas estábamos bien, pero si le deseábamos mal, todas estaríamos mal. Me hizo comprometerme a tener ese cuarto encuentro, pero los tres que faltaban quedarían pendientes para cuando él tuviera una necesidad especial.
Al llegar a su casa, E. sentía que se le notaba de dónde venía y, sin mirar a sus padres, se bañaba por largo rato, “para sacarme una mugre que nunca salía. Tenía una sensación de culpa, vergüenza y de todo lo malo”.
E. intentó conformarse con que aquella había sido la última vez. Le pidió una cita para devolverle las cosas que le había dado, porque ya no las iba a ocupar más.
-Era un día domingo y él estaba en su oficina viendo una final de fútbol. Cuando pone el letrero en la puerta “En terapia”, su mujer sabe que no tiene que entrar. Me dijo que le daba una pena negra que le devolviera esas cosas, porque eran para que yo hiciera mi trabajo. Me dijo que tenía que prometerle que yo igual iba a seguir yendo a las reuniones, porque de lo contrario las demás chicas también iban a querer irse y me prometió que me liberaría esa misma noche. Recuerdo que cuando iba de regreso a la casa, me sentía extraña y me preguntaba: “¿La habré cagado? ¿Por qué le doy esta pena tan grande? ¿Será que yo estoy actuando mal?” .
E. siguió yendo a las reuniones de Tallis, aunque con menos frecuencia, y de pronto el maestro empezó a insinuar que quizás ella era lesbiana y pidió que una de las chicas se ofreciera de voluntaria para ayudarla a salir del clóset.
-K. y A. miraron hacia la muralla, pero una cuarta integrante dijo: “Yo le ayudo”, se paró y me dio un beso apasionado, mientras él y R.M.C. miraban. Después, esta chica, que todo lo sexualizaba, empezó a molestarme diciéndome: “Acuérdate que nosotras tuvimos algo”. Lo tiraba como talla, pero a mí me caía bomba. Apenas me di cuenta que él se relajó un poco, me salí y pensé “no vuelvo más a esta lesera”.
E. recuerda que cada vez que intentaba alejarse, él le enviaba mensajes para que regresara, hasta que en 2014 tuvo el accidente vascular. A. la llamó llorando y E. se conmovió y se unió a la cadena de oración por su salud.
-Cuando él volvió a su casa y empezó a recuperarse, yo, la muy… lo llamo para saber cómo estaba y me dice: “Recuerdo que tú ibas a estudiar esta cosa de los imanes y eso me ayudaría mucho en este momento, porque estoy con insomnio y quedé con unas secuelas que me impiden cantar. Si me puedes ayudar con eso, te lo agradecería mucho”. Acepté, pensando que tenía una deuda con él por no haber llegado hasta el encuentro número 7. Yo no quería cobrarle, pero él insistió en pagarme. Le puse un precio de 20 mil pesos la sesión, pero él me depositaba 50 mil pesos y me dejaba con esa sensación de que seguía endeudada con él.
Al despedirse, él mismo le recordaba la deuda e intentaba besarla en la boca.
-A fines del verano del 2015, llegué a ponerle los imanes y el viejo estaba solo en su casa. Me pidió que lo atendiera en el cuarto de su hijastra, que estaba todo lleno de espejos y en el techo había un ventilador. Estaba pasado a gato, lo cual me producía mucha alergia. Le puse los imanes y él me dijo: “¿Cuánto rato más tengo que estar con estas cuestiones? Tenemos que aprovechar que estamos solos para pasarlo bien”. Yo no lo pesqué, pero cuando se terminó la sesión, se bajó los pantalones. Era todo muy patético. Yo le dije que se los subiera, pero a la siguiente sesión, cuando llegué puso el cartel de “En Terapia” en su puerta y me dijo que se había tomado un viagra. “¿Te acuerdas que tienes una deuda conmigo?”
Baeza le dijo que tenía insomnio y que por su salud, necesitaba eyacular, para poder dormir bien. “¿A quién más le voy a pedir, si a tus hermanas les enseñé que los hombres no deben eyacular?”.
E. aceptó estimularlo.
-Él me decía que cuando un hombre eyacula lo único que quiere es que la mina desaparezca rápido. Yo entendía que tenía que irme. Le daba un beso en la frente y me iba a deambular por ahí, sintiéndome pésimo. El 8 de marzo del 2016, me citó a su casa porque me tenía de regalo de cumpleaños mi carta natal. Me dijo que esta mostraba que para lo único que yo servía era para satisfacer sexualmente a los hombres y que los piscis éramos muy serviciales y que si esa capacidad la llevábamos al plano sexual, éramos como geishas que podían hacer feliz a cualquier hombre. “Tú eres así y yo lo sé”, me dijo y yo le respondí: “¿Tú ves cómo estoy después de todo lo que ha pasado? ¿Te acuerdas cuando me conociste? Yo era flaca, normal, tirando para bonita ¡Mírame como estoy!”.
Él siguió inmutable con su discurso y le dijo que no importaban los kilos de sobrepeso: “¿Qué vas a hacer a estas alturas de la vida, E.? Mañana vas a cumplir 40 años: ya no te casaste, no tuviste hijos, profesionalmente estás obsoleta. Piensa, en tu padre tan enfermo, necesitas llevar plata a la casa y la mejor forma en que puedes hacerlo es así: yo tengo cuatro amigos, que puedes atender de lunes a viernes, y nosotros te aportaríamos con 100 lucas cada uno. En un mes, te haces dos palos”.
Ella le dijo que eso se llamaba prostitución. Él, que era un trabajo sagrado.
-Sentía que tenía la cabeza llena de pura mierda que él me había metido y tenía la necesidad de limpiarme. Entonces, agarré la afeitadora y al día siguiente, que era mi cumpleaños, me presenté en la escuela pelada y no fui nunca más.
Luego, por un amigo, E. se enteró de que Tito Fernández le comentó que ella era una tonta por no usar su “poder” para subsistir. Él mismo la llevó del brazo a una comisaría a denunciar lo que había vivido y, como no fue acogida, recurrió a la Fundación para la Confianza, que la derivó a un Centro de atención reparatoria a mujeres víctimas de agresiones sexuales, CVS, dependiente del Sernameg. Allí comenzó una terapia sicológica y siquiátrica, a la que se sumó K. y más tarde, A.
Juan Carlos Sepúlveda, abogado de Tito Fernández, ante consultas de The Clinic, dijo que por el momento su cliente no respondería preguntas sobre el caso. Desde la querella de E. las reuniones del CIEM que se realizaban en el sindicato de folcloristas se suspendieron.
E. fue la primera que decidió llevar el caso a la justicia, como parte de su proceso reparatorio. No solo presentó una querella por abuso sexual y violación, sino que ha debido solicitar protección y una serie de medidas cautelares, pues desde que la querella se filtró a un medio de comunicación, ha recibido constantes llamadas de hostigamiento, algunas desde la propia oficina de Tito Fernández. La última represalia que recibió E. fue el envío de una papa tallada como una cara, pinchada con alfileres de magia negra. Pero E. ya no tiene miedo. Ahora, dice, le da risa.
Una se veía a sí misma, parada a su lado y diciéndose, junto a la línea del metro: “Tírate, tírate”. Otra aún no puede llorar por los abusos que vivió, pero cualquier evento insignificante le provoca lágrimas desbordantes, imparables, que no sabe de dónde vienen. La tercera lo ve en pesadillas metido debajo de la cama y se sueña gritándole y golpeándolo: “¡Sal de aquí! ¡Ya no te creo! ¡Me engañaste, viejo culiao!”. Este es el testimonio de tres mujeres que acusan a Humberto Baeza Fernández, conocido por su nombre artístico “Tito Fernández”, de haber aprovechado su condición de maestro espiritual para abusar sexualmente de ellas y que relatan el largo proceso que han debido recorrer para reconocerse como víctimas de violación.
Por Alejandra Matus
Una es ingeniera, la otra secretaria ejecutiva y la tercera, profesora de danza. Ninguna cuadra, a primera vista, con el estereotipo de mujer “víctima”. Por eso, dicen, les ha costado tanto “perdonarse” y aceptar que sufrieron una manipulación de conciencia, el primer paso para naturalizar el abuso sexual y las violaciones que vinieron después. Y por eso, afirman, exponen su experiencia para este reportaje: a cualquiera le puede pasar. No siempre la inteligencia es antídoto suficiente.
Ellas, como muchas mujeres, estaban en una búsqueda espiritual para sanar viejos dolores y para convertirse en mejores personas. La religión católica, otrora canalizadora de estas necesidades, se había desvalorizado en su escala de preferencias y cada cual, por distintos caminos, recibió un dato: había un lugar, el Centro Integral de Estudios Metafísicos (CIEM), donde un maestro impartía clases gratuitas todos los miércoles. Podía servirles. Por qué no. Que el maestro fuera el conocido folclorista Tito Fernández era, para ellas, un descubrimiento sin importancia, pues ni por edad, ni por gustos musicales, lo tenían en su playlist.
El adoctrinamiento que, en un comienzo parecía inofensivo y útil, se convirtió en poco tiempo en la puerta de entrada a una secta secreta a la que fueron invitadas: Tallis. Allí, cada quien fue bautizada con un nuevo nombre y se le pidió soportar la dura prueba de brindarle servicios sexuales al maestro, con el propósito de que pudiera mantenerse brillando como una luz para el mundo. Cada una, de modo distinto, terminó descubriendo que se trató de una vulgar patraña, pero tuvo que acudir a la ayuda de especialistas para entender que no era culpa suya y que lo que había sufrido tiene nombre de delito. Actualmente, dos de ellas han presentado sendas querellas por violación, con el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), y la tercera se prepara para hacerlo en los próximos días. The Clinic entrevistó a las tres denunciantes: E.P.G., K.V.G. y A.G.S., quienes se presentarán solo con sus iniciales, en resguardo de su vida privada. Esta es su historia.
LA MÁS LEAL
A. es la última de tres denunciantes en sumarse a las acciones judiciales contra Humberto Baeza Fernández, el conocido y premiado cantautor Tito Fernández. De las tres, era su seguidora más leal y, por lo tanto, a quien más le ha costado dar el paso de acusarlo judicialmente. Ella llegó a “La Escuela” en 2009, invitada por una amiga. Tenía problemas con la jefa de la empresa donde trabajaba y allí algunos creían que la mujer hacía “magia negra” para perjudicar a un jefe superior y a los trabajadores.
-También venía sufriendo por un amor que no fue. Yo tenía 27 años. El primer día que fui, este personaje habla de la magia negra. De las cosas que uno siente cuando te la hacen y de cómo liberarte de ella. Me acuerdo que llovía y que Chile jugaba un partido muy importante (contra Brasil, el miércoles 9 de septiembre). Por eso había poca gente. Y a mí me enganchó, porque era lo que yo estaba viviendo. Hice el ritual que recomendó y sentí que me funcionó bien, así que continué yendo. Era súper entusiasta. Anotaba todo lo que decía y trataba de aplicarlo.
Habitualmente, cuenta A., los “estudiantes”, entre 25 y 30, se reunían cada miércoles en la sede del sindicato de folcloristas y se sentaban formando un cuadrilátero. Baeza sacaba un libro de los que ha escrito él y, en especial, uno inédito al que llamaba “El libro de las tapas de madera” y que supuestamente se lo dictaba un ser que lo visitaba de noche, desde el encuentro que decía haber tenido con extraterrestres, en 1974. Mezclaba la lectura, entre otras, con anécdotas que vivió con su exesposa, Carmen Ramírez o con su hija Jazmín. (Ambas forman parte de los siete fundadores del CIEM, según se publica en su página web, junto a los músicos Claudio Guzmán, Nelson Varela, Raúl Aliaga y Ramón Aguilera).
“Si tú le contabas algo, él siempre te ponía de ejemplo. Aunque no dijera tu nombre, sabías que estaba hablando algo tuyo”, revela A.
El Temucano les enseñaba a cortar una esquina a los billetes, pues significaba que “el dinero siempre era tuyo aunque lo entregaras”, que toda energía era sexual, y a ser impecables: responsables, puntuales en el trabajo. “Impecabilidad, esa era su palabra de todas las sesiones”, dice A.
A este maestro no le gustaba que le hicieran muchas preguntas. En la página web del centro, advierte: “El estudiante debe saber que el que más pregunta es el que menos aprende”.
-Un día, la directora de la escuela, una mujer mayor que era quien aprobaba o desaprobaba a la gente que podía entrar, me dijo que me aceptaba y me explicó que había que pagar cinco mil pesos mensuales. Entonces empecé a poner en práctica estas enseñanzas. Cortaba los billetes, entregaba la plata con la mano derecha y la recibía con la izquierda, porque él decía que así funcionaban las leyes de la naturaleza.
La infancia de A. fue difícil. Su padre era alcohólico y, aunque no la maltrataba, estaba ausente. Su madre apenas ganaba suficiente dinero para mantener a la familia. Ella encontró la figura paterna y el cariño de hogar en una familia vecina, que la cuidaba y donde A. pasaba la tarde después del colegio. Pero, por un problema familiar, esa familia tuvo que mudarse al sur y A. lo resintió. Hasta conocer a Baeza, no había vuelto a sentir la protección de un padre.
-A esos vecinos yo les decía “Mami” y “Tata”. Recién estoy entendiendo cuánto me afectó que se fueran. El Maestro me recordaba mucho a ese Tata, incluso físicamente. En la logia, él siempre me hizo sentir especial. Me destacaba. Decía que yo era “una niña linda”, que era su regalona. Así se fue formando un lazo distinto al común de las personas que participaban ahí.
Estudiantes seleccionados del CIEM eran invitados a pasar a un nivel mayor de compromiso y realizar una ceremonia de iniciación, copiada de los ritos masones para integrarse a la “Logia Libertad”.
Tan contenta estaba A. con la experiencia, que se la recomendó a su amiga E., una ingeniera de 33 años, también en búsqueda espiritual después de algunas relaciones que dañaron su autoestima. Un día, E. le escribió a A. porque recibió un email del maestro, invitándola a una reunión secreta y, por su contexto, le pareció que probablemente el remitente se había confundido.
-Efectivamente a los pocos días me llegó el correo, citándome a una reunión privada para invitarme a participar a un área secreta de la escuela. Que no le debía contar a nadie y que cuál era mi disponibilidad. Yo pensé: ¡Qué interesante!
La reunión fue solo con él y no había nadie más en la sede del sindicato. Baeza podía entrar cuando quisiera porque tenía llaves.
-Me dice que yo tenía un don y que necesitaba mis datos para sacarme la Carta Natal. “Te necesito para un trabajo muy importante y privado”, me dice y me muestra un dibujo en grafito, que representa un templo, como en una catacumba, con una puerta con un triángulo invertido, y un monje con el rostro tapado. “Tú eres el monje”, me dice, “y estás a punto de entrar en esta área secreta. Quiero saber si a ti te interesaría conocer qué hay detrás de esa puerta”. Y yo: “Obvio que sí”. Y me dice: “A esta parte secreta entran personas que tienen merecimiento, que tienen un don especial y que están dispuestas a dar el servicio para que otras personas puedan seguir esta senda y puedan despertar. Porque nosotros somos una escuela de paso, donde la gente aprende sus bases, pero después puede salir y desarrollarse espiritualmente. Y entonces me dice que el trabajo consistía en que yo tenía que entregarle mi energía sexual al maestro. Recuerdo que sentí un frío enorme en mi cuerpo, pero no podía demostrarlo: ¡Él era el maestro!
Baeza le dijo que no necesitaba responderle de inmediato, que podía pensarlo, pero le advirtió: “Esta es la prueba más grande que puede pasar un iniciado”.
-Yo me fui llorando, en mala. Toda la vida fui muy católica, gracias a este Tata que me llevaba todos los domingos al templo de Maipú a rezarle a la Virgen del Carmen. Hice misiones, hice catequesis, confirmaciones y, en ese tiempo, no me imaginaba a un cura pidiéndome algo tan bizarro. Pero, a la vez, sentía que no tenía la respuesta, porque quizás esto era así y yo no lo sabía. Lo interpreté como la petición de un trabajo espiritual, porque él no era, evidentemente, de mi gusto, ni de mi edad. No provocaba nada en mí.
Tanto lloraba A., que no se sintió capaz de volver a la casa donde vivía con su mamá, pues no podría contarle lo que le estaba pasando. La instrucción era imperativa: cualquiera fuera la decisión que tomara, debía callar. Decidió irse a la casa de una amiga que practicaba reiki y que le impuso las manos para tratar de canalizar su energía. A. se durmió pidiéndole a Dios una señal a su pregunta: “¿Lo tengo que hacer?”. La hermana de su amiga le dijo: “Yo vi una moneda que decía Libertad”. Como la logia ¡Pensé que era la señal!
A. le dio la respuesta a Baeza y éste le respondió que pronto conocería a sus hermanas. Como preparación, le indicó que se reuniera con una mujer a la que llamaba “maestra” y que era su mano derecha en la logia (a la que las denunciantes identifican solo con sus iniciales, R.M.C., pues también la consideran una víctima que se transformó en cómplice). “Ella no me explicitó nada. Actuaba como que yo tuviera que deducirlo. Solo me dijo: ‘Cuando estés ahí, tienes que disfrutarlo, como si fuera tu pololo, para que se cree lo sagrado”.
Poco tiempo después, se le cita al primer encuentro de Tallis. Se sorprendió de ver entre las asistentes a su amiga E.
-De alguna manera, sentí alivio, porque podía conversar con alguien de mis inquietudes más íntimas sin que el maestro se diera cuenta, porque al él yo nunca le mostré mis inseguridades en hacer lo que me pedía. Yo era dos mujeres: en mi casa, muerta de susto y con él, fiel y segura.
A la reunión, Baeza llegó flanqueado por R.M.C. Entre las nuevas integrantes, estaban las tres denunciantes y una cuarta mujer que niega estos hechos. Ahí les explicaron que el maestro necesitaba reunir a siete mujeres que le dieran energía sexual para que él pudiera cumplir su misión.
-La maestra nos hizo hacer un juramento, que era algo así como: “Le pertenecemos al maestro, le hemos dado nuestra energía”. Nos hizo jurar lealtad, silencio y obediencia, también a nuestras hermanas”.
El 8 de marzo de 2010, Baeza les regaló el libro “Los secretos de Osho” e invitó a las cuatro nuevas sacerdotisas a comer al restaurante de comida china “Lung Fung”, el que aparece en “Una mujer fantástica”.
Tallis era una logia de un nivel supuestamente mayor que la logia Libertad. Baeza les dijo, en otras reuniones, que tendrían cargos en el CIEM, junto a sus hermanas más antiguas.
-A mí me nombró su asistente. Yo tenía que armarle el altar, como hacen las señoras en la iglesia: Traerle agua cuando él quisiera y ponerme al frente de la cadena de oración, que se hacía todos los miércoles. Nos tomábamos de las manos y cerrábamos los ojos, menos yo. Hasta ahí no había encuentros sexuales, pero él nos pedía que nos saludáramos de besos en la boca y que a las reuniones de Tallis fuéramos con falda. Entonces él se acercaba y pasaba una a una tocándonos la vagina.
En otra reunión de Tallis, las seguidoras de Tito Fernández fueron rebautizadas con nombres de estrellas asociadas a deidades mitológicas. A. recibió el nombre de Thara, una diosa joven que se enamoró de un dios “menor” y fue castigada “a morir en una supernova, desde dónde escapó nadie sabe cómo”. En la ceremonia, el maestro explicó que “durante mucho tiempo Thara vagó por la tierra y su potente sexualidad no la hizo grata a los ojos de los habitantes del planeta y tuvo que reprimirse para ser aceptada (…) Le damos la bienvenida. Aquí será libre y podrá trabajar con sus hermanas por el bien del universo utilizando el poder de su centro sexual que deberá aprender, de nuevo, a no reprimir y manejar, naturalmente”.
En un papel, se le entregó un mensaje que solo podía leer ella: “Thara es la dueña de los pensamientos del Maestro”. Y por eso en las cadenas de oración debía ubicarse justo enfrente suyo, con los ojos abiertos, pues era la “responsable” de todo lo que él pensara. Baeza le dio, además, una imagen que representaba a la diosa, una daga y una túnica.
Después, creó una forma de comunicación privada con cada una para coordinar los encuentros en que tendrían que entregarle su energía sexual.
-Siempre pensé que era una prueba, que íbamos a llegar al motel donde me había citado y que me iba a decir que había dado muestras de mi lealtad y que me iba a dejar ir. Yo tenía que ir con falda y cuando entramos a la habitación, me pide que me arrodille sobre la cama y que me ponga la daga apuntando al cuello. Me dijo que ese era un trabajo fome, pero que había que cumplir. Que no lo pensara mucho. Y con esa espada había un juramento que no recuerdo en detalle, pero al finalizar dijo que si la sacerdotisa no quería hacerlo, se tenía que suicidar con la daga, “pero como tú lo quieres hacer, no hay problema”. Ahí me da vuelta y yo pienso: “No quiero ser violada”, pero para mi sorpresa, no había tal prueba, sino una violación. Hice todo lo que me pidió, pero no me tuve que desvestir, ni excitarlo, nada. Él hizo su trabajo no más-, cuenta A. y se quiebra.
Baeza le decía a sus víctimas que él retenía la eyaculación, porque así “seminizaba” su cerebro y hacía una representación de la gran catarsis que le producía esa eyaculación hacia el interior. Finalmente, les pedía tragar una gota de su semen, porque así les transfería “el átomo simiente”. Todas las hermanas de Tallis, les decía Baeza, estaban unidas por “un cordón azul”.
El maestro comprometía a sus discípulas a tener siete encuentros de este tipo, siempre en el mismo motel, en Ejército con Toesca (donde ahora hay un conjunto de locales comerciales). Los dependientes, recuerdan las tres, se desvivían por atender a este cliente habitual.
Después del segundo encuentro, Baeza, olvidándose de su papel de maestro, le escribió un correo a A. comentándole que le había gustado la forma de sus genitales. “Lo encontré muy ordinario. No sabía cómo decirle, pero al final le mandé un correo muy respetuoso expresándole que su comentario me había incomodado y pidiéndole que no lo hiciera más, ‘porque yo no soy tu amante. Yo estoy contigo por este trabajo espiritual, nada más’”. A. tuvo los siete encuentros entre marzo y abril de 2010 y luego lo encapsuló en su memoria, intentando creer que su sacrificio había tenido un propósito superior.
-Lo bloqueé. Hice lo que tenía que hacer y seguí yendo a las reuniones. Todos los miércoles yo estaba ahí, acarreándole el bolso, armándole el altar.
En ese intertanto se enteró de que otra de las integrantes de Tallis se había retirado.
-El maestro nos dijo que lo había agredido. Yo le pregunté: “¿Qué vamos a hacer? La K. se fue y es capaz de ir a contarle a todo el mundo lo que está pasando”. Me dijo: “No te preocupes, ella es una contra todos nosotros. Lo vamos a negar hasta la muerte y ella va a quedar como loca”. Hace poco, le pedí perdón a ella, porque si hubiese ido a denunciar años atrás esto, yo hubiese sido una cómplice, no una víctima.
A. se enamoró de un estudiante de la logia Libertad y Baeza incluso propició que se iniciara la relación. La pareja comenzó a convivir y A. solo continuó participando como su mano derecha en la Logia Libertad. Renunció a su trabajo e inició un emprendimiento, que no prosperó. Baeza la ayudó económicamente por un año, pasándole 90 mil pesos mensuales para pagar una deuda que le quedó.
-“Mi viejito más lindo que el sol”, así le decía yo, y todo lo que hacía, se lo contaba altiro. Sentía que por contárselo, él prendía una vela y me iba bien. Yo lo quise un montón, como un padre, como mi maestro. Entendía que lo que pasó había sido un sacrificio espiritual y, después de eso, se convirtió en mi Tata, mi padre ausente.
Hasta que un día el maestro tuvo un accidente cerebrovascular y fue internado en el Hospital Naval, en Valparaíso.
-Me contacta su hija y me dice: “Mi papá está pésimo”. Lo fui a ver a su casa, a un despacho que tiene, y después de conversar un rato, le digo: “Cómo te puedo ayudar” y él me mira y me dice: “Tú sabes cómo”. Ahí se me cayó el mundo. Yo llevaba cuatro años con mi pareja y le digo que a mí me complicaba, porque yo nunca había sido infiel. Me dijo que la energía sexual se puede canalizar de distintas formas, que no era necesaria la penetración. En mi cabeza empezaron a pasar cosas como: “Lo conociste cuando estabas mal, hiciste trabajo espiritual, te fue bien, te cambió la vida, él te necesita ahora, no lo puedes dejar solo”. Entonces, le dije: “Bueno, pero sin penetración”.
Él me pidió que lo estimulara tocando mi propio cuerpo, pero de pronto se lanzó sobre mí y me violó. Al terminar, me pidió perdón, que no sabía lo que le había pasado. Yo me fui llorando. Menos mal que mi marido no estaba. Me bañé como si quisiera sacarme la piel. Me sentía asquerosa y aún así me sentía mal por pensar así del maestro. Fue horrible.
A. empezó a faltar. Él decía siempre que el que se alejaba nunca sería feliz.
-El lavado de cerebro era sutil, no era una amenaza directa, eran lecciones de años. Yo estuve cinco años participando ininterrumpidamente en las lecciones y en todas había algo que te iba manipulando. Me daba miedo cortar el vínculo, porque lo veía como a un padre, que ahora me necesitaba y yo lo iba a dejar solo porque estaba enamorada de mi pareja, lo que calzaba con la historia de Thara, que al final se enamoraba de un dios menor y era destinada a morir en una supernova. Sentía que iba a tener que pagar.
La logia Tallis no se juntaba desde que K. se había ido y A. se concentró en ir los miércoles, aunque cada vez le costaba más. Participó en otras experiencias espirituales y, a través de ellas, su inconsciente comenzó a expresarse. Aún con mucha culpa, le pidió a su maestro que la liberara del compromiso y él le concendió la dispensa. Con su pareja decidieron tener hijos, pero el primer embarazo lo perdieron a los casi tres meses de gestación.
-Me sentí castigada por haber abandonado al maestro, pero no se lo podía decir a nadie. Todavía seguía el delirio místico: Sentía que mi hija se había sacrificado. Me acordé que mi mamá, un año atrás, me había contado que había sido abusada en su infancia , entonces, de alguna manera, pensé que el aborto fue una purga y que mi útero se estaba limpiando de toda esta mierda.
Después de eso, A.y su pareja decidieron casarse. Como él había sido un discípulo y no sabía nada de Tallis, le propuso a Baeza que los casara. “Yo deseaba que dijera que no, pero, inicialmente, aceptó. Después, para mi alivio, se excusó. Nos casamos. Decidimos quedarnos con todo lo lindo que descubrimos de nosotros en el período de gestación”.
De regreso de la luna de miel, A. comenzó una terapia con una naturópata.
-A la tercera sesión, ella me dice: “Háblame de tu abuso”. Y yo lo primero que pensé fue: “Yo jamás he sido abusada”.
Recién entonces comenzó el proceso de reconocimiento, que se facilitó por el encuentro con E., quien mantenía contacto con K. y se empezaron a juntar.
LA REBELDE
K. estaba separándose de su marido, después de una larga relación de violencia intrafamiliar, cuando oyó hablar del CIEM. En su familia y colegio católicos, le enseñaron que las señoritas se sentaban con las piernas cruzadas, que la hermana mujer le sirve el té a sus hermanos varones. En la primera etapa de su matrimonio, en el que tuvo dos hijos, el abuso fue sicológico y cuando éste minó su ánimo de tal manera que no quería tener relaciones sexuales con su marido, comenzaron los ataques físicos.
-Ahí empezó la violencia física y verbal, la típica, que erís maraca, que tienes a otro. Un vecino con el que hablaba, me dijo: “A lo mejor este grupo te puede hacer bien, además, que te interesan estos temas” ¡Sí, me interesaban! Descubrí esa parte de mí que tenía guardada, porque hasta ahí yo era mamá y esposa no más. Había dejado la carrera al casarme y ni siquiera sabía qué música me gustaba…
Al separarse, K. se había distanciado de su familia, porque a su exmarido no le gustaban las visitas. Él la desprestigió, además, con sus vecinos, así que casi no hablaba con nadie. Empezó a ir al CIEM y se sentaba en la última fila. Un día, se cruzó de piernas y alguien le advirtió que eso no se hacía delante del maestro. Más que molestarla, ese tipo de rituales le pareció atractivo.
Primero fue invitada a pertenecer a la Logia Libertad y para eso debió someterse a un rito de iniciación, en que los aspirantes eran vendados y sometidos a diversas pruebas. En su caso, tendida en el suelo, sintió el peso frío de una espada que se posó sobre su vagina. Tiempo después R.M.C. le pidió sus datos para hacerle una carta natal.
-Y ahí me llaman a una reunión con él. La maestra me dijo que fui seleccionada porque el maestro vio algo especial en mí. Yo venía sintiéndome basura, porque mi exmarido me decía que si yo no estuviera en este mundo, no pasaba nada, que era así de insignificante, que por lo único que yo servía era por las pechugas para amamantar a los niños ¡Enganché altiro! Ella me dijo que me iban a invitar a un grupo donde tendría más acercamiento con el maestro, por lo tanto, más sabiduría, más estudios y me sentí especial. Y cerró la puerta detrás de mí, dejándome sola con él.
Él me dijo: “Tú eres una mujer hecha y derecha, estuviste casada”. Subtexto: “Ya tuviste sexo”. Y continuó: “Tienes hijos, te separaste, ya tienes una historia, por lo tanto, todo lo que te diga no debiese asustarte. En tu carta natal dice que tienes una energía especial, más encima eres escorpión, que son calientes”. Me dijo que se iban a hacer unos trabajos de índole sexual, para lo cual yo era precisa. Que había llegado ahí para eso.
Intuyendo que a K. le gustaba la pedagogía, le dijo que tal vez, más adelante, podría ayudarlo con las charlas y que sería la encargada de enseñar la expresión corporal a todos. K. quedó de pensarlo y mientras salían él le pidió que se sacara una foto carné, porque la necesitaba.
-Lo que sabemos ahora es que el viejo hacía brujería con las fotos. Yo le dije: “No tengo ningún peso” y él me respondió que no me preocupara, que él pagaba. Y a mí que alguien me pagara algo, era como: “Me valora, soy importante”. Al próximo miércoles fui contenta a la reunión porque ya había tomado la decisión de aceptar. La verdad es que no me vi teniendo relaciones con él. Pensé que el trabajo sexual sería algo esotérico, espiritual. No pensé que era de contacto directo.
Cuando K. le comunicó la decisión, el maestro la besó. Le dieron asco sus bigotes, pero lo olvidó de inmediato.
-Después de eso, vino este 8 de marzo de 2010, donde fuimos a ese restaurante y conocí a las demás elegidas. Yo, hasta ahí feliz, más encima con el libro: información, lectura ¡Qué rico! ¡Esto es lo mío! Este es mi premio por todo lo que sufrí antes. Después, comenzaron las reuniones de Tallis y los juramentos que nos hacían repetir sobre silencio y lealtad, que eran como un taladro aquí-, dice apuntándose las sienes.
K. fue bautizada como “Kamhir” con la misión de “abrir el chacra de la corona en los habitantes de este planeta. Por allí entrará Ka, el haz de luz que trae la buena nueva y el nuevo mundo”. Ka, era, nada menos que el propio Baeza. Kamhir no está castigada en la Tierra, sino que “enviada en misión de combate. Nadie imaginó que caería en la trampa del hombre terrestre y se entregó perdiendo la mitad de su poder. Como ya estaba en el infierno, aquí la dejaron con la misión de buscar dónde recuperar el poder perdido”, decía la descripción que él leyó en su incorporación.
En un papel personal, le escribió: “Kamir: es la dueña de los actos inconscientes del Maestro”.
-La R.M.C. decía a viva voz los juramentos que nosotras debíamos repetir. Ella decía: “Si alguna no está de acuerdo, este es el momento para que se vaya”. ¿Quién se iba a ir? Las amenazas se hacían gota a gota, indirecta tras indirecta, de una forma muy eficiente. Desde que empecé a ir a la logia Tallis, empecé a soñar que estaba encarcelada. Estuve en todas las cárceles posibles, porque todas las noches era una distinta. Yo quería escapar, pero la cárcel estaba en mi interior.
K. recuerda que en las reuniones secretas, Baeza enseñaba a practicar ritos que, sin decir que eran de magia negra, para ellas eran evidentes. “Para tener dinero, por ejemplo, nunca dijo que teníamos que invocar al diablo, pero sí que la plata no se le pedía a Dios, sino que ‘al otro lado’”.
Las reuniones de Tallis se hacían en la sede del sindicato, pero en otro horario. K. recuerda que le comentó al maestro que no podría seguir yendo. Ya iba los miércoles apenas, porque tenía que pagarle a alguien que se quedara con sus hijos y sus ingresos eran insuficientes.
-Él me dijo: “Búscate a una persona, ojalá a una amiga que quiera a tus hijos y que los cuide como si fueras tú, y yo te voy a pasar la plata para que le pagues”. Yo me sentía tan sola con mis hijos. Que alguien que no fuera yo se preocupara por ellos fue invaluable. Pensé: “Este caballero me quiere, valora a mis hijos”. Entonces, encontré a una amiga que estaba sin pega y él le pagaba súper bien. Y si me demoraba en regresar a la casa, él le pagaba el taxi para la vuelta. Entonces, ya no tenía cómo decir que no.
En ese mismo período, K. le contó que estaba postulando a un trabajo en la Municipalidad de Pudahuel y Baeza le dijo que lo diera por hecho, porque era muy amigo del alcalde. “El Jonnhy Carrasco hace lo que yo quiero, así, tal cual lo dijo”, relata. Al día siguiente de esta conversación, K. fue notificada de que había sido aceptada en el trabajo.
-Dos meses después de invitarme a Tallis, me citó a un motel. Y yo también pensé que a última hora me iba a decir: ¡Pasaste la prueba!
K. tenía un auto pequeño en que, según acordaron, pasó a buscarlo al Parque Almagro, en el centro de Santiago. K. estaba leyendo un libro sobre la dictadura.
-Lo tenía en el asiento trasero y él lo vio al subirse. Me dijo: “Para qué estás leyendo esos libros. Ahí hay pura tristeza. A mí me torturaron y fue terrible. No me quiero ni acordar. No leas esto, te hace mal, pero hoy me vas a hacer olvidar todo eso.
Al entrar al motel, según el relato de K., él iba mirando las habitaciones y escogiendo una que tuviera buena “energía” y le dejaba una propina suculenta a la mucama.
-La primera vez me dijo: “El día que yo hago este trabajo con ustedes nunca como, para estar purificado”. Y, para mí, eso era una señal de que esto era importante. Él quería que yo, por ser bailarina, me sacara la ropa de algún modo sexy y a mí no me salía. No podía actuar. Y me violó. No tuvo ni un cuidado, ni un gesto cariñoso. Para él, nosotras éramos esclavas sexuales, nada más.
Con los cursos que empezó a dar, K. comenzó a sentirse mejor consigo misma. En la misma Municipalidad, además, se inscribió como alumna en un curso de soldadura al arco, que siempre había querido hacer.
-Empecé a tener amigos que me valoraban y me empecé a sentir que ya no encajaba en las reuniones de los miércoles, pero tampoco atinaba a salirme. Incluso, en esa época fueron los dos encuentros que tuve con él en un motel y seguía soñando con la cárcel. Un día, que mi amiga no podía cuidarme a los chicos, la reunión se hizo en mi casa. Él llegó antes, supongo que a propósito, dándoselas de galán y eso sí que me resultó patético. Y que estuviera con esa actitud en mi hogar, cerca de mis hijos… Sentí que podían estar en peligro. Y así ¡paf!, se quebró el hechizo.
K. sintió que algo sucio y vergonzoso rozaba un espacio sagrado. “Era como que ensuciara mi casa. En ese momento, antes de que llegaran las chiquillas, me ofreció así, de sopetón, que dejara mi trabajo, que solo me dedicara al arte, a bailar, a mis hijos, que él me mantenía y me pagaba el departamento, mercadería, todo, con tal de que estuviera siempre dispuesta para él. Ahí ya se me terminó de caer”.
K. lo llamó un par de días después y lo citó a un lugar que él frecuentaba con sus alumnos para comer completos. Él llegó antes y la esperaba con un jugo de naranja.
-Le puse encima una cajita con la daga y todas las cosas que nos había dado. Le dije: “Te vengo a decir que no creo nada de lo que dices. Mi energía es mía, no te la voy a dar nunca más ¡Eris un viejo chanta! Él se puso a llorar y empezó a hablar, porque él tiene mucha labia. Me dijo que yo era una niña y que no había entendido nada y que él estaba dispuesto a perdonarme, cuando estuviera más madura. Eso me recordó lo mismo que me dijo mi marido, cuando le dije que me quería separar. Él también me dijo que yo era una “niña” y que estaba confundida. ¡Me dio tanta rabia! Me paré hirviendo, enyegüecida, empujé la mesa contra su cuerpo. Los jugos salieron disparados. Todo el mundo miraba. Me agarró el brazo con fuerza y me dijo: “Tú sabes que eres mía y para toda la vida y todas las vidas, vas a ser mía, porque ya hiciste un juramento y hemos hecho trabajos espirituales que nos unen con el cordón azul”. “¡No te creo nada huevón, nada!” Y me fui, súper enojada.
K. dice que al día siguiente la llamaron de la municipalidad para decirle que estaba despedida, pero no se arrepintió de su decisión. Eliminó todos los vínculos que tenía con Tallis, excepto con E.
En los años que vinieron trabajó en las más diversas ocupaciones, desde profesora de pilates a chofer del Transantiago. Pero un día, la agresión de un conductor gatilló en ella una intensa depresión, con pensamientos autodestructivos. Se sentía en peligro y pidió ayuda.
LA SERVIDORA
E. llegó al CIEM en octubre de 2009, después de una serie de relaciones que dañaron su autoestima, que la volvieron una mujer insegura, que se sentía fea e indeseable. A. le habló de esta escuela y de su maestro “un anciano súper sabio” que podía ayudarla.
En 2009, la ingeniera había dejado su trabajo en una empresa eléctrica, porque le causaba contradicción el daño ecológico que provocaba.
-Quería dedicarme a algo más natural y que no le hiciera daño a nadie. Estaba viviendo con mi familia, pagando el pie para un departamento, y dedicada a un negocio en donde hacíamos artículos de meditación, de yoga y vendíamos alimentos naturales. En esa parada andaba cuando la A. me invitó al CIEM. La directora de la Escuela me hizo una pequeña entrevista y me aceptó como participante.
El lugar a E. le pareció maravilloso. La mayoría de los asistentes eran mucho mayores que ella.
-Estas personas se mostraban como una familia espiritual. Para mí conversar con alguna de esas señoras era como conversar con una mamá sabionda. Podíamos hablar de metafísica y de todas esas cosas que no podía hablar con mi madre, pues ella es evangélica. Al principio, no podía mirar mucho al maestro, ni interrumpirlo con preguntas ni comentarios. La directora de la Escuela me hizo sentarme al final de todos, pues yo no estaba iniciada ni mucho menos. Era como una visita. Por mi parte, trataba de hacer las cosas con respeto y cuando terminaba la reunión, me iba, pero como con la sensación de haber recibido una joya del “maestro”. Siempre parecía hablar de cosas que justo a una le estaban pasando y decía lo que una necesitaba escuchar. Me iba con esa gratificación.
Después de varios miércoles, fue notificada de que el maestro la quería iniciar. E. sintió cierta resistencia, pues no deseaba reemplazar el bautismo que había recibido en la Iglesia Católica. Temió que se tratara de una secta.
-La directora de la Escuela me dijo que ahí había gente de las más diversas religiones, pero que si no quería ser iniciada no regresara más. Era tan drástico, que yo acepté y me encomendé a Dios. Una vez allí, me di cuenta de que éramos varios aspirantes, entre ellos, la K. Nos pusieron una venda en los ojos y nos dieron unas vueltas como para que nos desorientáramos, pero igual sabíamos que estábamos en el sindicato de folcloristas. Entramos a un lugar donde no sabíamos si estábamos solas y sentí unos golpes como de una espada en los hombros. Era como que te indicaban que tenías que arrodillarte. Alguien empezó a hablar. Era la voz de Tito Fernández. Recuerdo que decía: “Desde ahora tu pasado quedó atrás y ahora tú no eres más la persona conocida como E.P.G. Ahora eres parte de esta escuela. Repite conmigo” y empezó como un juramento que era de lealtad. Me hizo ruido que esta lealtad no fuera hacia la hermandad, sino que hacia él, de obediencia al maestro, lealtad al maestro, discreción, silencio. En ese momento me había puesto la punta de la espada en el cuello, en la zona de la tráquea. Aunque estaba vendada, sabía que eso era un arma ¿Qué podía hacer?
Tras repetir el juramento, le sacaron la venda y vio que traían a K., a quien hizo recostarse en el suelo, con las piernas y brazos abiertos, en forma de estrella y le puso la punta de la espada sobre la vagina. “Me pareció que era un acto humillante y que, en comparación, a mí no me había pasado nada”, dice.
Esa tarde, la anciana que dirigía la escuela, les dio unos papelitos asignándoles un nuevo nombre escrito con letras rojas, mientras el maestro decía: “Un hermetista sabe que para hacerle daño a otra persona, tiene que hacerlo a través de este nuevo nombre. No somos más lo que éramos. Después de iniciarnos, somos como nuevos”.
-Baeza decía que se formó en el Instituto Filosófico Hermético y ese día nos reveló el nombre real de la Escuela. Dijo que no era Centro Integral de Estudios Metafísicos, como se le conocía sino que era CIEN: Control Inteligente de las Energías Naturales, algo mucho más poderoso que la metafísica. Ahí como que la cosa empezó a oler a algo más oscuro. Recuerdo que nos invitó a comer a una picada y a mi la comida me quedaba atravesada, pues, como que se me murió el maestro. A él le gustaban todas esos lugares donde lo reconocieran y le dijeran: “Don Tito”. Esa noche llegué a la casa con una sensación amarga. Desde ese día, yo empecé a ser un poco el pepe grillo de la A., comencé a decirle esta cuestión no me tinca y ella me respondía: “No hables así del maestro, porque es muy especial y es sabio”. Yo trataba de hacerle caso a A. y convencerme a mí misma de que la equivocada era yo.
A fines de 2009, los discípulos celebraron el cumpleaños del maestro en La Hacienda del Gaucho, en Plaza Italia.
Esa comida se costeaba con la cuota mensual de los estudiantes.
-En esa ocasión, nos entregó un sobre a cada y uno dentro del mío había un papel que decía “libertad” y “sinceridad”. Dijo que eran palabras claves para el próximo paso que íbamos a dar, y que a cada uno le tocó algo para trabajar. Yo pensé: “Este viejo tiene poderes especiales ¡Me descubrió!” Entonces pensé que yo estaba mal, me había convertido en la oveja negra y decidí tratar de portarme bien.
Un miércoles R.M.C. pidió a cada de las jóvenes los datos para armar la carta natal y se les asignaron funciones de acuerdo con sus características. A K., se le dio la tarea de ayudar a los demás con su expresión corporal. A., secretaria, quedó como asistente del maestro.
-Y a mí me puso como hermana hospitalaria. Él se dio cuenta de que a mí me gustaba esta onda de servir, de ayudar a los enfermos y acompañar al necesitado. Dijo que nosotras éramos como las maestras en estos cargos así que subíamos de grado. Para que yo desarrollara bien mi labor, me pasaron el listado de todos los hermanos con datos, para poder contactarlos cuando se ausentaban. En febrero de 2010, empezaron a llegar estos correos misteriosos. Para mí era súper raro que ese personaje que nunca me pescaba delante de los demás, me escribiera correos tan cercanos.
Cuando me llegó el email que era para A., me di cuenta altiro de que se había equivocado. Cuando se lo hice notar, me dijo: “Los errores no existen”.
Baeza comenzó con E. un intercambio epistolar confidencial.
-Después del terremoto me dijo que era muy importante que nos juntáramos porque si no, ese año iba a ser nefasto, que ya había empezado mal y que teníamos trabajos que hacer, para los que se requería mi ayuda. Ahí ya te empezaban a hacer sentir como responsable de algo que no sabías. Fui a juntarme con la R.M.C. y me dijo que el maestro se había fijado en mí y que él era un hombre mayor que necesitaba de nuestra energía, sobre todo de las mujeres más jóvenes. Yo intenté preguntar: “¿Cómo puedo darle esa energía?” Y me dijo: “¡Todas sabemos cómo podemos darle energía a un hombre!” “Yo no sé” “Sí sabes. Todos los hombres necesitan lo mismo” “¿Esta cuestión significa que tengo que intimar con el maestro?” “Te digo, todos necesitan instancias” “¿Tú estarías dispuesta a ayudar?” “Sí, pero no sé cómo” “Ahí vas a saber” y me hizo pasar a otra salita. Estábamos en el sindicato pero un día fuera de la reunión habitual, como a las ocho y media. Yo pensaba que estaba sola con ella, pero en esa otra sala estaba él: “¿Ya hablaste con la R.M.C.?” “Vengo de eso”. Él se acerca rápidamente y como yo andaba con falda, porque nos decían que así nos conectábamos mejor con la naturaleza y la energía, me mete la mano por debajo de la falda y me empieza a tocar y a besuquear al mismo tiempo. Yo no supe qué hacer. “Es para ver qué tan dispuesta estás a ayudarme”.
E. tuvo la sensación de querer empujarlo, pero, en su mente se reprochaba querer hacerle daño a un anciano, a su maestro.
-Era tanto mi ruido mental y mis contradicciones internas, que no hice nada. Salimos y la R.M.C. nos estaba esperando y al ver que “todo estaba en orden”, cierra la puerta y mientras vamos saliendo él me dice: “Te va a llegar un correo”.
Así empezó a recibir las instrucciones para ir al motel de Ejército con Toesca. En esos días, se estaba muriendo una tía de E. y en un principio, no atendió los insistentes llamados de Baeza.
-Él me llamaba harto, a cualquier hora. Yo a veces estaba con mi socio en los negocios o con mi tía enferma y todos me decían: ¡Contesta!, pero yo no podía. Me imaginaba que me iba a hablar románticamente y no sabía qué hacer frente a eso. Mi tía murió y él estaba pendiente de que el funeral fuera luego y quedamos de juntarnos el 29 de marzo de 2010. Yo había hablado con A. y ella me decía que creía que esto era una prueba, pero yo sabía que el viejo ya me había agarrado a besos, entonces, como que estaba medio frita. No fui capaz de ponerle freno a esta situación y fui y ahí en el motel, hizo toda una parafernalia espiritual. Sacó una daga, con mi nuevo nombre inscrito: Mérope. “Esto no es lo que tú te imaginas. Vamos a hacer un trabajo espiritual. Vamos a limpiar esta habitación” e hizo el show con la daga, como que sacaba larvas energéticas, porque “los moteles están contaminados con mucha energía de lujuria e infidelidad”.
Al entrar a la logia Tallis, E. había recibido un segundo nuevo nombre. Ahora era Mérope, la séptima de las Pléyades. Mérope, se le dijo, “brillaba con menos intensidad” que sus hermanas, por ser la única que había contraído matrimonio con un mortal. “Mérope está a cargo de los sufrimientos del mundo y debe trabajar para aliviarlos”. El papelito que le entregaron con su misión, decía: “Mérope está a cargo de los sufrimientos del Maestro y es quien puede aliviarlo de su pesada carga. Es su Confidente y Consejera”.
-Me puso la daga en el cuello y me dijo: “Antiguamente, cuando las sacerdotisas no querían servir a su maestro, ellas aprovechaban esta oportunidad para suicidarse, porque era mejor suicidarse que decir que no”. Yo todavía estaba con ropa, de rodillas en la cama. Él de pie, con la daga en la mano derecha, se acerca y la siento aquí, en mi cuello, mientras me decía: “Repite conmigo”, y me hizo hacer un juramento de que íbamos a tener siete encuentros para afianzar esta unión con la logia Tallis. Yo repetí mecánicamente, con miedo. Él me decía que si no lo hacía, todo sería peor. Finalmente, una piensa mucho en su familia, en sus más cercanos, y no te atreves a decir que no.
Como a las demás, Baeza también la violó. “Me miraba con la cara del típico viejo verde que una se cruza en la calle, que de sagrada no tenía mucho, pero yo hasta me sentía mal por observar ese tipo de detalles”, agrega E.
-Para mí fue doloroso y asqueroso. Él no usó ninguna protección y no se lavó. Lo que más me pasaba por la cabeza era: “¿De qué mierda me voy a enfermar?” No pensé en embarazo, pensé en infecciones.
E. tuvo cuatro encuentros idénticos, fríos, humillantes, sintiéndose obligada.
-Como si eso fuera poco, además, él tenía la desfachatez de hacer comparaciones entre nosotras. En mí, eso reabrió viejas heridas. Me decía cosas para que me sintiera penca y como que tenía que esforzarme más para que estuviera contento conmigo. En las reuniones de Tallis, siempre nos decía: “Ustedes se tienen que amar como si fueran hermanas y amarme incondicionalmente. Tienen que ser como una sola para servirme, para que tenga energía para hacer mi trabajo” y, sin embargo, cuando estábamos por separado, nos metía pequeñas envidias a partir de las comparaciones. Nosotras, en vez de cuestionarlo a él, sufríamos. Cuestionarlo iba en contra del maestro, y nos reprimíamos de pura culpa.
En sus lecciones, Baeza usaba textos que advertían de la tentación que sentían los discípulos de poner en duda al maestro, después de conocerlo como ser humano: “Ten cuidado con la pérdida del respeto por el Maestro. Eso sería el fin de tu búsqueda porque marca el sitio exacto hasta donde llegaste y repetirás la historia una y mil veces. Por eso no hay que suponer cosas del Maestro. No hay que imaginar cosas del Maestro. No hay que intentar descalificarlo. Hay que tomar la enseñanza que transmite y no cuestionarla”.
Otro afirmaba que los discípulos más aventajados podían ingresar a “La Cámara Secreta”: “Los Miembros de la Cámara Secreta pasan pruebas muy duras y difíciles. Sin embargo, las enfrentan con una sonrisa y se entregan a la preparación para recibir el Poder sin preguntar y sin juzgar”.
E. empezó a engordar. En poco tiempo, aumentó alrededor de 40 kilos. Hoy siente, dice, que saboteó su cuerpo para que nadie se le acercara, ni la mirara, ni le dijera cosas en la calle.
-Quería pasar lo más desapercibida posible. Ya no quería nada con nadie. Desde la primera vez, cuando me tocó la vagina, mi vida sexual se fue a la mierda. Sentía que si volvía a estar con algún hombre, le iba a hacer daño, lo iba infectar de ese bicho llamado Tito Fernández. Me lo prohibí a mí misma y para que fuera efectivo, me afeé, cuáticamente.
Esos cuatro encuentros ocurrieron entre marzo y julio de 2010.
-Siempre tenía la duda de si lo estaba culpando sin razón, o si en verdad el viejo era malo y turbio. La cuarta vez le dije, con mucho respeto, que no tenía ganas de ir, que cumplir con ese compromiso para mí no era agradable y que, además, cuando apagaba el teléfono para estar con él siempre pasaban cosas malas. Entonces, él aprovechaba el impulso y me decía que cuando uno hace algo bueno para uno, todo lo demás se opone y los profanos hacen pataletas.
Siempre encontraba una explicación a su favor. De todos modos le dije: “Si podemos dejarlo hasta aquí sería súper bueno. Podemos conversar, hagamos otra cosa. No sigamos con esto”. Me respondió que ese encuentro tenía que ocurrir, porque ya estábamos ahí, que la cuarta vez era la más importante, porque sellaba la unión con el cordón azul. Me hizo pretender que yo estaba tomada de las manos con las demás chicas y que formábamos una estrella y que estábamos todas unidas desde nuestros genitales hacia los suyos y lo que le pasaba a una, le pasaba a todas, que si le deseábamos bien a él, todas estábamos bien, pero si le deseábamos mal, todas estaríamos mal. Me hizo comprometerme a tener ese cuarto encuentro, pero los tres que faltaban quedarían pendientes para cuando él tuviera una necesidad especial.
Al llegar a su casa, E. sentía que se le notaba de dónde venía y, sin mirar a sus padres, se bañaba por largo rato, “para sacarme una mugre que nunca salía. Tenía una sensación de culpa, vergüenza y de todo lo malo”.
E. intentó conformarse con que aquella había sido la última vez. Le pidió una cita para devolverle las cosas que le había dado, porque ya no las iba a ocupar más.
-Era un día domingo y él estaba en su oficina viendo una final de fútbol. Cuando pone el letrero en la puerta “En terapia”, su mujer sabe que no tiene que entrar. Me dijo que le daba una pena negra que le devolviera esas cosas, porque eran para que yo hiciera mi trabajo. Me dijo que tenía que prometerle que yo igual iba a seguir yendo a las reuniones, porque de lo contrario las demás chicas también iban a querer irse y me prometió que me liberaría esa misma noche. Recuerdo que cuando iba de regreso a la casa, me sentía extraña y me preguntaba: “¿La habré cagado? ¿Por qué le doy esta pena tan grande? ¿Será que yo estoy actuando mal?” .
E. siguió yendo a las reuniones de Tallis, aunque con menos frecuencia, y de pronto el maestro empezó a insinuar que quizás ella era lesbiana y pidió que una de las chicas se ofreciera de voluntaria para ayudarla a salir del clóset.
-K. y A. miraron hacia la muralla, pero una cuarta integrante dijo: “Yo le ayudo”, se paró y me dio un beso apasionado, mientras él y R.M.C. miraban. Después, esta chica, que todo lo sexualizaba, empezó a molestarme diciéndome: “Acuérdate que nosotras tuvimos algo”. Lo tiraba como talla, pero a mí me caía bomba. Apenas me di cuenta que él se relajó un poco, me salí y pensé “no vuelvo más a esta lesera”.
E. recuerda que cada vez que intentaba alejarse, él le enviaba mensajes para que regresara, hasta que en 2014 tuvo el accidente vascular. A. la llamó llorando y E. se conmovió y se unió a la cadena de oración por su salud.
-Cuando él volvió a su casa y empezó a recuperarse, yo, la muy… lo llamo para saber cómo estaba y me dice: “Recuerdo que tú ibas a estudiar esta cosa de los imanes y eso me ayudaría mucho en este momento, porque estoy con insomnio y quedé con unas secuelas que me impiden cantar. Si me puedes ayudar con eso, te lo agradecería mucho”. Acepté, pensando que tenía una deuda con él por no haber llegado hasta el encuentro número 7. Yo no quería cobrarle, pero él insistió en pagarme. Le puse un precio de 20 mil pesos la sesión, pero él me depositaba 50 mil pesos y me dejaba con esa sensación de que seguía endeudada con él.
Al despedirse, él mismo le recordaba la deuda e intentaba besarla en la boca.
-A fines del verano del 2015, llegué a ponerle los imanes y el viejo estaba solo en su casa. Me pidió que lo atendiera en el cuarto de su hijastra, que estaba todo lleno de espejos y en el techo había un ventilador. Estaba pasado a gato, lo cual me producía mucha alergia. Le puse los imanes y él me dijo: “¿Cuánto rato más tengo que estar con estas cuestiones? Tenemos que aprovechar que estamos solos para pasarlo bien”. Yo no lo pesqué, pero cuando se terminó la sesión, se bajó los pantalones. Era todo muy patético. Yo le dije que se los subiera, pero a la siguiente sesión, cuando llegué puso el cartel de “En Terapia” en su puerta y me dijo que se había tomado un viagra. “¿Te acuerdas que tienes una deuda conmigo?”
Baeza le dijo que tenía insomnio y que por su salud, necesitaba eyacular, para poder dormir bien. “¿A quién más le voy a pedir, si a tus hermanas les enseñé que los hombres no deben eyacular?”.
E. aceptó estimularlo.
-Él me decía que cuando un hombre eyacula lo único que quiere es que la mina desaparezca rápido. Yo entendía que tenía que irme. Le daba un beso en la frente y me iba a deambular por ahí, sintiéndome pésimo. El 8 de marzo del 2016, me citó a su casa porque me tenía de regalo de cumpleaños mi carta natal. Me dijo que esta mostraba que para lo único que yo servía era para satisfacer sexualmente a los hombres y que los piscis éramos muy serviciales y que si esa capacidad la llevábamos al plano sexual, éramos como geishas que podían hacer feliz a cualquier hombre. “Tú eres así y yo lo sé”, me dijo y yo le respondí: “¿Tú ves cómo estoy después de todo lo que ha pasado? ¿Te acuerdas cuando me conociste? Yo era flaca, normal, tirando para bonita ¡Mírame como estoy!”.
Él siguió inmutable con su discurso y le dijo que no importaban los kilos de sobrepeso: “¿Qué vas a hacer a estas alturas de la vida, E.? Mañana vas a cumplir 40 años: ya no te casaste, no tuviste hijos, profesionalmente estás obsoleta. Piensa, en tu padre tan enfermo, necesitas llevar plata a la casa y la mejor forma en que puedes hacerlo es así: yo tengo cuatro amigos, que puedes atender de lunes a viernes, y nosotros te aportaríamos con 100 lucas cada uno. En un mes, te haces dos palos”.
Ella le dijo que eso se llamaba prostitución. Él, que era un trabajo sagrado.
-Sentía que tenía la cabeza llena de pura mierda que él me había metido y tenía la necesidad de limpiarme. Entonces, agarré la afeitadora y al día siguiente, que era mi cumpleaños, me presenté en la escuela pelada y no fui nunca más.
Luego, por un amigo, E. se enteró de que Tito Fernández le comentó que ella era una tonta por no usar su “poder” para subsistir. Él mismo la llevó del brazo a una comisaría a denunciar lo que había vivido y, como no fue acogida, recurrió a la Fundación para la Confianza, que la derivó a un Centro de atención reparatoria a mujeres víctimas de agresiones sexuales, CVS, dependiente del Sernameg. Allí comenzó una terapia sicológica y siquiátrica, a la que se sumó K. y más tarde, A.
Juan Carlos Sepúlveda, abogado de Tito Fernández, ante consultas de The Clinic, dijo que por el momento su cliente no respondería preguntas sobre el caso. Desde la querella de E. las reuniones del CIEM que se realizaban en el sindicato de folcloristas se suspendieron.
E. fue la primera que decidió llevar el caso a la justicia, como parte de su proceso reparatorio. No solo presentó una querella por abuso sexual y violación, sino que ha debido solicitar protección y una serie de medidas cautelares, pues desde que la querella se filtró a un medio de comunicación, ha recibido constantes llamadas de hostigamiento, algunas desde la propia oficina de Tito Fernández. La última represalia que recibió E. fue el envío de una papa tallada como una cara, pinchada con alfileres de magia negra. Pero E. ya no tiene miedo. Ahora, dice, le da risa.
lunes, octubre 01, 2018
Tito Fernández y denuncia por abuso sexual: "Lo niego todo"
El Mercurio
El cantautor responde a la querella presentada por una mujer que lo acusa de violación. La delación tiene el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género.
Raimundo Flores S.
Cuatro agresiones sexuales fueron denunciadas en una querella interpuesta el 27 de agosto en el 7° Juzgado de Garantía de Santiago contra Humberto Baeza Fernández, conocido en el mundo artístico y musical como Tito Fernández "El Temucano".
La acción fue realizada por una mujer -de la cual se desconoce su identidad- y cuenta con el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género, entidad dependiente del Ministerio de la Mujer.
Según informó el diario La Tercera, las agresiones habrían ocurrido en el contexto del Centro Integral de Estudios Metafísicos (CEIM), grupo de búsqueda espiritual que fue fundado por Fernández hace casi tres décadas, y del cual la mujer participaba desde 2009, cuando tenía 33 años. Un año después, la denunciante habría sido abusada sexualmente luego de que él dijera que había sido elegida para prestarle "servicios de carácter sagrado" a Fernández, a quien se le denominaba "maestro".
Semanas después habría ocurrido un nuevo episodio, donde la mujer fue citada a una reunión en un motel, donde habría sido amenazada con un cuchillo y donde se le habría obligado a jurar que participaría de otros encuentros sexuales.
Consultado por "El Mercurio", Fernández dijo ayer que no se referiría a las acusaciones hasta ponerse de acuerdo con su abogado respecto de los pasos a seguir, aunque se dio espacio para desmentir las denuncias: "Lo niego todo, eso (la acusación) no es así y nunca fue así", enfatizó.
Sobre si tiene alguna noción de quién sería la denunciante, respondió: "No tengo la menor idea, como no existió eso, no se me ocurre. Yo conozco muy poco a las personas que participan ahí. Yo voy solo a leer mi libro y punto".
De la misma manera, Fernández dijo no haber recibido aún ninguna citación formal por parte de los tribunales de justicia. Anoche, el artista se presentó en el Teatro Caupolicán -ver nota relacionada-.
El cantautor responde a la querella presentada por una mujer que lo acusa de violación. La delación tiene el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género.
Raimundo Flores S.
Cuatro agresiones sexuales fueron denunciadas en una querella interpuesta el 27 de agosto en el 7° Juzgado de Garantía de Santiago contra Humberto Baeza Fernández, conocido en el mundo artístico y musical como Tito Fernández "El Temucano".
La acción fue realizada por una mujer -de la cual se desconoce su identidad- y cuenta con el patrocinio del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género, entidad dependiente del Ministerio de la Mujer.
Según informó el diario La Tercera, las agresiones habrían ocurrido en el contexto del Centro Integral de Estudios Metafísicos (CEIM), grupo de búsqueda espiritual que fue fundado por Fernández hace casi tres décadas, y del cual la mujer participaba desde 2009, cuando tenía 33 años. Un año después, la denunciante habría sido abusada sexualmente luego de que él dijera que había sido elegida para prestarle "servicios de carácter sagrado" a Fernández, a quien se le denominaba "maestro".
Semanas después habría ocurrido un nuevo episodio, donde la mujer fue citada a una reunión en un motel, donde habría sido amenazada con un cuchillo y donde se le habría obligado a jurar que participaría de otros encuentros sexuales.
Consultado por "El Mercurio", Fernández dijo ayer que no se referiría a las acusaciones hasta ponerse de acuerdo con su abogado respecto de los pasos a seguir, aunque se dio espacio para desmentir las denuncias: "Lo niego todo, eso (la acusación) no es así y nunca fue así", enfatizó.
Sobre si tiene alguna noción de quién sería la denunciante, respondió: "No tengo la menor idea, como no existió eso, no se me ocurre. Yo conozco muy poco a las personas que participan ahí. Yo voy solo a leer mi libro y punto".
De la misma manera, Fernández dijo no haber recibido aún ninguna citación formal por parte de los tribunales de justicia. Anoche, el artista se presentó en el Teatro Caupolicán -ver nota relacionada-.
domingo, septiembre 30, 2018
“El Temucano” en la mira del Servicio Nacional de la Mujer
La Tercera
El Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género -dependiente del Ministerio de la Mujer- patrocina la querella de una exintegrante del Centro Integral de Estudios Metafísicos, un grupo que todas las semanas se reúne a compartir experiencias esotéricas y que lidera el cantante Tito Fernández, a quien se acusa de presuntos abusos sexuales.
Autor: L. Ayala, M. J. Ahumada, A. Olguín y F. Velásquez
Si algo molesta a nuestros mecanismos nos sentimos incómodos. Ojalá desde el punto de vista espiritual pasemos por situaciones incómodas. No hay que temerle al sufrimiento. Quizás al dolor físico, pero no al sufrimiento espiritual.
Así habla Tito Fernández, el “maestro” del Centro Integral de Estudios Metafísicos (CIEM). Son un grupo de 13 personas que, como todos los miércoles a las 20.00, se reúnen en el Sindicato de Folcloristas, ubicado en un edificio de calle Phillips, al lado de Plaza de Armas, para escuchar las enseñanzas del cantante.
El lugar es un clásico de artistas y del público de la música popular chilena. Durante el día funciona como un restaurante que vende comida típica. Sus paredes están llenas de fotografías de destacados cantantes. Entre imágenes de Víctor Jara, Violeta Parra y Pedro Messone, también hay varias que retratan a Tito Fernández, uno de los miembros más notables del sindicato y le facilitan la sala más grande para sus conversatorios de metafísica.
La reunión empieza y el cantante lee en un tono bajo, casi susurrando, pasajes de un libro que escribió hace años. Es su propia biblia sobre espiritualidad. Una especie de guía para llevar una vida en armonía. Cada cierto tiempo, Fernández hace pausas para asegurarse de que su público reflexione. También escucha cualquier comentario o duda que pueda surgir. Luego vuelve a leer. Cuando una parte es importante, sube el volumen de su voz para asegurarse de que lo escuchen.
El supuesto encuentro con ovnis en una carretera camino a Antofagasta, ocurrido en agosto de 1974, cambió para siempre la vida de Tito Fernández. Tras la experiencia, el cantante decidió estudiar sobre astrología, esoterismo y espitiritualidad. La lectura de decenas de libros sobre el tema lo convirtieron en un experto. Se transformó en una mejor persona. Y decidió compartir ese aprendizaje con el resto.
“En estas conversaciones que se dan en los buses, viajando muchos kilómetros, me dijo que era parte de ‘los filosóficos’, un grupo de estudios . Y ahí se fueron dando conversaciones de humanidad. Empezamos a juntarnos, yo iba a su casa. Y surgió el tema de la metafísica en las conversaciones. Y en este hablar, él se dio cuenta de que este conocimiento podía ser traspasado a todos”, recuerda Claudio Guzmán, músico folclórico que estuvo presente en la fundación del CIEM, hace aproximadamente 30 años.
Tito Fernández invitó en esa época a otros cantantes, amigos y familiares a reunirse una vez a la semana para conversar sobre metafísica. El cantante se convirtió en una especie de guía para quienes no conocían nada sobre el tema. Les leía el libro que había escrito unos años antes y que es un método para llevar una vida espiritual.
En la página web del CIEM están los nombres de sus primeros siete miembros. En esa lista aparecen Humberto Baeza (nombre real de Tito Fernández), su primera esposa, Carmen Ramírez; su hija Jazmín Baeza, Nelson Varela y los cantantes Claudio Guzmán, Ramón Aguilera y Raúl Aliaga.
“Hace muchos años, Tito me leyó la carta astral y me regaló un libro maravilloso sobre psicología positiva, psicología luminosa. Quedé muy agradecido de esa experiencia, pero no formé parte del centro de estudios (…). Eso fue lo único que hice, pero lo mejor es que me integraron como parte de un grupo dentro de la carta astral y por el regalo del libro”, dice Raúl Aliaga.
Las actividades del grupo se organizaron como clases en las que Tito Fernández era el único profesor, quien enseñaba a llevar una vida mejor. Los nuevos alumnos se debían presentar frente a la clase, prendían una vela y debían decir unas palabras de presentación. A cambio se les entregaba un collar con una llave, que representaba la entrada al lugar.
Los miembros del CIEM, según su página web, están organizados según una pirámide jerárquica. En el primer nivel está “el maestro”. Luego vienen “el instructor”, “los sacerdotes y las sacerdotisas” y “los vigilantes”. El eslabón más bajo de esta organización son “los estudiantes de grado” y “los aspirantes”.
“El CIEM, hoy, tiene como tarea continuar la labor que desarrollara la Alianza de la Clave Mayor, la que, al cumplir con todos sus objetivos, desaparece para dejar paso a quienes continuarán con la obra de trabajar por una mejor calidad de vida y por un mundo mejor, donde el hombre y la mujer puedan desarrollarse integralmente y en plenitud”, explican en el sitio web oficial de la agrupación.
Para ir subiendo de grado se debe pasar por varias clases de instrucción. Entre las lecciones para llegar al último nivel se encuentran “el sexo”, “los siete centros del cuerpo (chakras) y “el silencio”.
Algunas personas que integraron el grupo recuerdan que tuvieron épocas doradas, con casi 90 personas llegando a cada reunión y realizando un par de viajes fuera de Santiago para hacer meditación. Ahora al CIEM van cerca de 15 personas, todos los miércoles, a las 20 horas. La actividad es gratuita: solo se cobra un pequeño monto de $ 5 mil para el arriendo del lugar.
Con el tiempo, la dinámica del grupo cambió. Ya no se hacen clases ni hay “niveles” de instrucción.
***
Hasta ahora, la existencia del Centro Integral de Estudios Metafísicos solo era un secreto a voces. Tito Fernández decidió que no necesitaban publicidad y nunca profundizó sobre sus enseñanzas esotéricas. Esto hasta ahora. Por primera vez, la rutina del grupo está siendo amenazada por la denuncia de una mujer que estuvo varios meses asistiendo a las reuniones y que se alejó repentinamente.
El 27 de agosto, la denunciante, quien pidió mantener su identidad en reserva, interpuso una querella en el 7° Juzgado de Garantía de Santiago por los delitos de abuso sexual y violación en contra de Humberto Baeza Fernández, el verdadero nombre de “El Temucano”. La denuncia es patrocinada por el Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), dependiente del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.
La denunciante llegó el martes 13 de febrero de este año a uno de los tres centros que Sernameg tiene para mujeres que fueron víctimas de agresiones sexuales. Se entrevistó con una abogada y una semana después ingresó a un programa de reparación que ya lleva 13 sesiones con especialistas. También recibió ayuda de sicólogos, siquiatras y asistentes que le dieron herramientas para relatar con tranquilidad lo que había vivido. Después elaboraron un proyecto integral de reparación.
“La gravedad de los hechos habla de que el Estado no puede estar ajeno. Nosotros tenemos una responsabilidad de hacernos cargo de todos los tipos de denuncias y el Estado tiene la obligación de hacer este trabajo con las mujeres”, dice la directora del Sernameg, Viviana Paredes.
Después del proceso de acompañamiento, desde el organismo le dijeron a la afectada que uno de sus derechos era la posibilidad de querellarse y que podía ser patrocinada por un abogado que pertenece al programa. Eso es parte de la reparación.
“Determinar si constituye o no un delito es un trabajo de la fiscalía, nuestra misión es acoger y acompañar a la víctima en el proceso de reparación, presentar la querella, pero finalmente si hay delito o no hay delito eso es un trabajo de la fiscalía”, dice Paredes.
El organismo -dependiente del Ministerio de la Mujer- respaldó la acción judicial, a la que, además, ha prestado sustento jurídico.
***
La mujer cuenta que en 2009 ingresó por primera vez al Centro Integral de Estudios Metafísicos. Tenía 33 años y estaba en medio de una búsqueda espiritual. Una amiga era parte del grupo liderado por Tito Fernández y la invitó a una de las reuniones en calle Phillips. “Al principio me pareció que había encontrado una familia espiritual. Pero con el tiempo, y cuando pude conocer realmente al ‘maestro’, todo se derrumbó. Al conversar con el líder de la asociación, Tito Fernández, mis esperanzas comenzaron a derrumbarse”, recuerda.
Ella asegura que Tito Fernández parecía una persona muy interesante, que entendía sus dudas sobre la espiritualidad. Estaba hipnotizada por su carisma y capacidad de convencimiento. “Se rodeaba de un aura de poder místico. En las ceremonias de iniciación usa uniformes parecidos a los utilizados en la masonería. Se mezclaban símbolos masones, rosacruz, religiosos, místicos, etc. De hecho, él siempre se refería a los masones como sus hermanos, y a los externos, como profanos”, dice.
Según el testimonio, había un grupo pequeño que se denominaba “Logia Tallis”, que estaba conformado solo por mujeres y que era desconocido al resto del grupo común, los recién llegados, que se juntaban los miércoles por la tarde. Al “maestro” le debían respeto y obediencia ciega.
La querella afirma que los problemas empezaron a principios del año 2010, cuando la denunciante tuvo que participar en la ceremonia de iniciación en el centro. Según su versión, la hicieron entrar a una sala con los ojos vendados y arrodillarse delante de Tito Fernández para jurarle “lealtad, obediencia, discreción y silencio”, mientras le daban golpes con una espada en el cuerpo.
“Luego, una mujer mayor nos entregó un papel pequeño con el nuevo nombre espiritual que se nos asignó por ser integrantes de lo que llamaban la “Logia Libertad”, designándome a mí con el nombre de Jarhadira. De este modo, nos hacía renunciar a nuestra identidad personal”, declara la denunciante en la querella.
Tras la iniciación, la mujer declara que hubo tres hechos donde fue vulnerada sexualmente por Fernández.
El primero habría ocurrido en marzo de 2010, cuando la mano derecha del cantante le explicó que había sido elegida por el “maestro” para prestarle “servicios de carácter sagrado”. Según la declaración, a la denunciante la habrían llevado a una sala del edificio en calle Phillips y ahí habría sido abusada sexualmente.
Un par de semanas después, Baeza le habría ordenado ir a una reunión en un motel en la calle Ejército con Toesca. “Una vez dentro de la habitación, el sujeto sacó un cuchillo y lo posó en mi garganta, me hizo jurarle una vez más lealtad, obediencia y silencio. Me obligó, asimismo, a jurar tener siete encuentros sexuales más con él en ese lugar, amenazándome en todo tiempo con aplicar castigos si decidía desobedecerlo o relatar lo sucedido”, recuerda.
“Entré a una dinámica de abuso de poder que perduró incluso por años luego de retirarme de esta mal llamada hermandad”, dice la mujer.
Según la querella, la denunciante sufrió cuatro agresiones sexuales en total. El 11 de julio de 2010 decidió enfrentar al “maestro”. La mujer le dijo que no podía seguir con ese comportamiento. Luego se alejó para siempre del CIEM.
***
La vida hay que tomarla con filosofía. No especular o decir frases. Hay que aplicarlas en la vida. Hay que ser bien hombre y bien mujer para enfrentar la realidad. Los humanos suelen evadir la realidad.
La última sesión del “maestro” Tito Fernández trató de la ansiedad, del placer, de forjar el carácter y aceptar el sufrimiento. A esa reunión fueron ocho mujeres y cinco hombres, quienes escucharon en todo momento al cantante. Son personas de todo tipo de profesiones: ese día fueron periodistas, oficinistas, profesores y abogados. Todos escucharon muy atentos. Algunos tomaron notas en silencio y hablaron sobre sus propias experiencias.
Pocos saben de la denuncia por abuso sexual y violación que hay en contra del líder del CIEM. Quienes fueron consultados al respecto dijeron que la situación era imposible. “Las reuniones son abiertas, cualquiera puede llegar y cualquiera puede irse. Siempre es así, una conversación en grupo y nada más. No hay nada secreto”, dice una asistente que va a las reuniones de Tito Fernández hace más de 20 años.
“Tito Fernández me parece una persona maravillosa. Esto del abuso sexual es imposible, lo podría pensar de un cura, sí, porque es una persona que vive en el celibato, está reprimida y ejerce una relación de poder”, dice Claudio Guzmán.
Al ser contactado por Reportajes, Tito Fernández se limitó a asegurar que no ha sido notificado de ninguna denuncia en su contra y que nunca ha agredido sexualmente a nadie. El cantante, que durante la semana de Fiestas Patrias se presentó en varias fondas, quiere esperar para reunir más antecedentes y preparar una defensa.
En su círculo cercano dicen que “está en shock” por una denuncia que aún no logra identificar en su totalidad. Quienes lo conocen aseguran que el cantante -aunque era mujeriego- sería incapaz de vulnerar sexualmente a una mujer. Menos con su avanzada edad (75).
Las mismas fuentes sostienen que hace tiempo hay una persecución de un grupo de personas en su contra, que han inventado “cosas” para intentar destruir su trayectoria de años como cantante. Nunca antes habían escuchado una denuncia de este tipo.
Vecinos del edificio Phillips, donde se realizan las reuniones semanales del CIEM, aseguran que nunca han visto o escuchado nada extraño sobre las reuniones esotéricas.
Algunos asistentes del grupo cuentan que la mayor muestra de cercanía que Tito Fernández tenía con las personas que iban a sus reuniones era un simple abrazo tras meditar.
Esta semana se designó a la fiscal Mariela Cid para investigar la denuncia. Ya se pidieron las primeras diligencias a la Brigada de Delitos Sexuales de la PDI y en las próximas semanas se debería llamar a declarar a Tito Fernández.
La denunciante asegura que sigue en contacto con personas que estuvieron con ella en el grupo y decidieron abandonarlo tras descubrir, según sus palabras, “las verdaderas razones de Tito Fernández”. En su entorno agregan que hay otras mujeres que también habrían sido vulneradas por el cantante y que se han acercado al mismo programa de acompañamiento del Sernameg.
“El hechizo del falso ‘maestro’ se desvaneció y me di cuenta de que no es normal vivir con miedo. Inicié mi proceso de sanación y hoy por fin siento que vuelvo a ser yo misma”, dice la mujer a Reportajes, que ahora se prepara para enfrentar en la justicia al cantante.
sábado, septiembre 22, 2018
Tito Fernández: "Yo soy un ícono de la izquierda chilena"
Radio Bio Bio
Publicado por: Emilio Contreras
Desde su casa, rodeado de recuerdos que dan cuenta de una carrera prolífica en el folclor, Tito Fernández (75) conversó con BioBioChile de su obra musical y los rumores que la rodean, de su supuesta amistad con Álvaro Corbalán y las acusaciones que alguna vez hizo Pedro Lemebel en su contra, referida a nexos directos con la dictadura militar.
(Periodista): Ud. trabajó con Luis Advis, los hermanos Parra, y muchos íconos de la izquierda chilena ¿Qué opina hoy cuando se le acusa de mantener una amistad con un exmilitar condenado por violaciones a los Derechos Humanos en dictadura como Álvaro Corbalán?
(Respuesta): Yo soy un ícono de la izquierda chilena… De ese tema no me gusta hablar, porque no tengo pruebas de nada, como te puedo mostrar un documento que soy un expreso político, mi pago mensual de reparación por haber sido preso político… Y lo que pasa es que yo no tengo amigos, o sea, tengo amigos pero no nos vemos hace años.
(P): ¿Se asume como un Ícono?
(R): Me han dicho a mí, pero yo no puedo decir eso. Cómo voy a hablar de mí, es como raro. Eso dicen de mí.
(P): Otros afirman lo contrario.
(R): Y qué importa, que digan lo que digan, si lo que uno haga es lo que importa. Revisa mi obra y te vas a dar cuenta que yo tengo buenas relaciones con todo el mundo… Y lo que digan, lo dicen de Tito Fernández, de mí no, porque no han venido a mi casa nunca… No sé de dónde sacaron eso. Tal vez son demasiado jóvenes. Y no tiene idea… Viste que es complicado hablar de uno. A mí me tocó salir al extranjero varias veces. ¿A qué crees que salí? ¿No sería eso un paraguas para sujetarme de lo que me podría caer encima? No te puedo contar esas cosas, porque las cosas ya pasaron, porque la gente se murió…Y voy a poner un personaje grande para que no haya duda. ¿Cómo te voy a contar yo, una reunión mía con Volodia (Teitelboim) en Ciudad de México? ¿Cómo te cuento eso? La reunión fue conmigo. Pero ahí tienes un ejemplo.
(P): ¿Tiene una ideología política?
(R): Soy socialista… Fui comunista, y me cambié cuando el PC no entró a la Concertación.
(P): Pedro Lemebel, el escritor difunto, escribió una crónica titulada “Guitarreando con la CNI”, en la que lo culpa directamente de haber sido un delator de artistas y cercano a los aparatos represores de la dictadura…
(R): Yo no conocí a Lemebel. Que me perdone su memoria, pero yo nunca leí algo de Lemebel. Yo nunca lo conocí, y por ende él tampoco a mí. No sé por qué escribió de mí… Pudo haberme preguntado. No sé por qué lo diría, no tengo idea… Porque eso de que estaba en la televisión, ¿qué tiene de malo? No era el único que estaba en TV. La TV estaba llena de artistas en esos años.
(P): Se le acusó también de haber enviado una carta a Álvaro Corbalán con motivo de un libro que publicó este año…. ¿Lo desmiente?
(R): Por supuesto, con nosotros no ha hablado nadie…
(P): Como socialista, ¿qué le parece que un condenado por cargos de lesa humanidad como Álvaro Corbalán lance un libro?
(R): No me parece correcto, por lo tanto, menos iba a participar de esto… No me parece correcto porque un tipo que está preso y condenado no puede tener todas esas facilidades, que nosotros que hemos estado libres no lo tenemos.
(P): Usted alguna vez dijo que en total ha visto menos de 10 veces a Corbalán en su vida…
(R): Sí, es que no te podíai negar, poh (en la época de dictadura). ¿Cómo te íbai a negar? No te puedes negar, porque yo tenía una tarea, que era mantener vivo el Canto Popular costase lo que costase. Llegué a la TV, otros llegaron más arriba que yo. Y con hartas dificultades. En “El Chilenazo” (programa de TV de la época) presenté una canción a Pablo Neruda y no pude cantarla yo, tuvieron que cantarla mis hijos. Y al final un jurado nuevo les puso un 1 y salieron segundos… Yo no podía cantarla. Yo solo podía cantar en el Canal 13 por una gestión que hizo Don Francisco, a quien le agradezco, porque me ayudó a vivir. Yo había estado en su programa tanto, además la gente me quería ver. Yo hacia chalecas para escolares, con una máquina de tejer, para poder comer… ¿Dónde iba a tocar? Hasta que fue apareciendo gente que me fue dando lugares para poder tocar. Y así se fue gestando esta situación.
(P): Se lo pregunto de nuevo, entonces: ¿Por qué cree que se le sigue vinculando a la dictadura?
(R): Por el hecho que yo nunca hablé de haber sido un preso político, ni torturado, ni ninguna de esas cosas. Entonces la gente no sabe. Y se pasa películas, no sé qué cosa. No sé de dónde lo sacaron (…). A mí (después del golpe de estado) me tiraron un papel debajo de la puerta en que me decían: compañero, no se asile, lo necesitamos. Ahí parte todo esto… Yo estaba encerrado en mi casa. El 11 fue el golpe y el 22 me metieron preso a mí.
(P): Lo detuvieron en las mismas fechas que Víctor Jara…
(R): Es una pena que Víctor Jara haya quedado en nuestra memoria como un mártir y no como un artista. Él cantaba en la Peña (de los Parra). Él me llevó a la Dicap a hacer mi disco número dos. Dicap era el sello de las Juventudes Comunistas.
(P): ¿Cómo recuerda sus visitas a los exiliados políticos en los conciertos que ofrecía en el extranjero?
(R): Extraordinario, no como acá. Había mucha efervescencia…. La idea era mantenerse vivo, con la idea que el dictador cayera. Se me ocurre a mí, nunca se los pregunté. Me escondieron mucho, porque era peligroso. Era muy peligroso que yo estuviera entre la masa popular. Yo trabajé en la Operación Retorno del PC. La Operación Retorno fue generar la nostalgia en los chilenos (exiliados) para que volvieran, habían muchos que podían volver. Precisamente de eso estuvimos hablando con Volodia en México.
(P): ¿Qué pudo ver en esos exiliados?
(R): Una vez estaba tocando en un lugar, tocando la tonada de las comidas, y yo canto: “Me gustan las cazuelas, una trenza de chunchules”. Y estaba en esa parte y se para un tipo en la platea y dice: “cállate conchetu…”. Y estaba llorando de emoción. Algo que aquí no me había tocado nunca en un concierto, con una carga emocional tremenda…
(P): (Tito Fernández reproduce una canción desde su computador).
(P): Esto lo cante aquí el año 1978. Mi primer concierto grande. Este es un homenaje a Víctor Jara, afuera estaba lleno de militares. Nosotros no sabíamos, ni el público ni yo, si podíamos a volver a la casa. Esos conciertos hoy en día no existen, en ese tiempo sí. Yo me despedí de todo el mundo antes de subirme al escenario. Este tema tiene una historia re bonita. En Miami fui a un asado de chilenos, y el que organizaba el asado era un perico que había pertenecido a la CNI, que se fue pah allá y se dedicó a vender yates, y se hizo millonario, y se despedía con un asado a sus amigos. Y tenía a Tito Fernández no pah que tocara, sino como invitado. Y ahí me contó algo que me dolió muchos años hasta que lo conté y no me dolió más. Yo, me dijo, era parte de un equipo de la CNI que estaba en tu concierto del Grand Palace, este, y yo tenía en la mano, con una pluma, la posibilidad de que tu volvierai a cantar o no cantaras nunca más. Quedé tan impresionado, que dije que estaba bien. Y les dijo a todos los demás: “Así que este huevón me debe a mí el hecho de que esté aquí cantando con nosotros”. Me dolió muchísimo.
(P): ¿Qué hizo?
(R): Me fui no más.
(P): ¿Por qué cree que sus canciones pudieron conmover a personas como Corbalán? Uno pudiera pensar que esto no es común en el caso de cantautores como Víctor Jara.
(R): Lo que pasa es que mi canto es muy transversal, no persigue nada… Él (de Víctor Jara) tuvo otros objetivos, y los cumplió todos. Hasta el día de hoy, mi canto no tiene ningún objetivo, yo canto no más.
(P): ¿Está conforme con el trabajo musical realizado?
(R): Hice bien la pega.
(P): Usted dijo que lo habían excluido de la Nueva Canción Chilena por estos temas políticos…
(R): La NCCH era como una familia, era demasiado transversal, creo que quizás yo no calcé.
(P): ¿Cuál es su opinión de la izquierda chilena actual?
(R): Yo creo que no existe. Los viejos somos de izquierda. Los jóvenes no, tienen una idea romántica de la izquierda. No la veo manifestada de ninguna parte. Yo no soy de este mundo, soy de un mundo que ya pasó.
lunes, septiembre 17, 2018
Tito Fernández: "La gente se ha quedado con el lenguaje que utilizo"
El Mercurio
A pesar de su retiro de los grandes escenarios en 2016, "El Temucano" se mantiene activo gracias a nuevos lanzamientos y participaciones acotadas en distintos espectáculos.
Raimundo Flores S.
Según el registro de Tito Fernández, "El Temucano", su nueva producción corresponde al disco número 97 de su carrera. Se trata de "Décimas por mis raíces", trabajo que estrenó hace un par de semanas y que, según él mismo explica, fue motivado principalmente por la insistencia de sus seguidores para que volviera a grabar.
El álbum tiene 10 canciones, entre las que se intercalan, en su mayoría, composiciones nuevas y reversiones de temas del repertorio clásico de Fernández. "Este es un disco autobiográfico, que es lo que la gente me pidió. Aprendí que a la gente le interesa saber cómo fue la infancia de un artista, cómo fue su vida", explica.
A pesar de su trayectoria, el cantante confiesa que los cambios que ha habido en la industria musical lo han llevado a enfrentarse a novedosas formas de trabajar su música. "Me llevé una sorpresa, porque hoy no se graba como antes. Por ejemplo, el guitarrista que me acompaña en el disco no lo conozco".
"El Temucano" anunció en 2016 que se retiraría de los grandes escenarios, pero aún mantiene una activa agenda de presentaciones en conjunto o más acotadas. Una de ellas fue su presencia en el exitoso espectáculo "Si vas para Chile", que se realizó en el Teatro Municipal de Las Condes, entre el 7 y el 13 de septiembre, donde además compartió escenario junto a su hijo, Marco Antonio. "El aplauso de la gente fue impresionante, me llenó el corazón", dice respecto del recibimiento que tuvo el show , que agotó todas sus entradas.
"La gente se ha quedado con el lenguaje que utilizo y lo que cuento, porque no ha aparecido otro artista que haga eso", explica al ser consultado por su legado y cita una de las canciones de su último trabajo: "Me gustan las cosas sencillas".
Fernández también se hace cargo de los rumores que lo vinculan con la dictadura. "No es tan así. Es falta de información nada más. Yo trabajé en la operación retorno, me tocó salir afuera a cantar al exilio y la gente nunca supo", señala y explica la razón por la que pudo mantenerse activo luego del golpe militar: "Yo creo que mi compañera de canto me ayudó con eso, se llamaba Patricia Chávez y era hija de un comandante de la Fuerza Aérea y cantábamos a dúo, así pude cantar".
A pesar de su retiro de los grandes escenarios en 2016, "El Temucano" se mantiene activo gracias a nuevos lanzamientos y participaciones acotadas en distintos espectáculos.
Raimundo Flores S.
Según el registro de Tito Fernández, "El Temucano", su nueva producción corresponde al disco número 97 de su carrera. Se trata de "Décimas por mis raíces", trabajo que estrenó hace un par de semanas y que, según él mismo explica, fue motivado principalmente por la insistencia de sus seguidores para que volviera a grabar.
El álbum tiene 10 canciones, entre las que se intercalan, en su mayoría, composiciones nuevas y reversiones de temas del repertorio clásico de Fernández. "Este es un disco autobiográfico, que es lo que la gente me pidió. Aprendí que a la gente le interesa saber cómo fue la infancia de un artista, cómo fue su vida", explica.
A pesar de su trayectoria, el cantante confiesa que los cambios que ha habido en la industria musical lo han llevado a enfrentarse a novedosas formas de trabajar su música. "Me llevé una sorpresa, porque hoy no se graba como antes. Por ejemplo, el guitarrista que me acompaña en el disco no lo conozco".
"El Temucano" anunció en 2016 que se retiraría de los grandes escenarios, pero aún mantiene una activa agenda de presentaciones en conjunto o más acotadas. Una de ellas fue su presencia en el exitoso espectáculo "Si vas para Chile", que se realizó en el Teatro Municipal de Las Condes, entre el 7 y el 13 de septiembre, donde además compartió escenario junto a su hijo, Marco Antonio. "El aplauso de la gente fue impresionante, me llenó el corazón", dice respecto del recibimiento que tuvo el show , que agotó todas sus entradas.
"La gente se ha quedado con el lenguaje que utilizo y lo que cuento, porque no ha aparecido otro artista que haga eso", explica al ser consultado por su legado y cita una de las canciones de su último trabajo: "Me gustan las cosas sencillas".
Fernández también se hace cargo de los rumores que lo vinculan con la dictadura. "No es tan así. Es falta de información nada más. Yo trabajé en la operación retorno, me tocó salir afuera a cantar al exilio y la gente nunca supo", señala y explica la razón por la que pudo mantenerse activo luego del golpe militar: "Yo creo que mi compañera de canto me ayudó con eso, se llamaba Patricia Chávez y era hija de un comandante de la Fuerza Aérea y cantábamos a dúo, así pude cantar".
martes, septiembre 04, 2018
Concierto de Palmenia Pizarro y Buddy Richard suma a Tito Fernández
Comunicado de prensa
El espectáculo inédito que reúne a verdaderos íconos de la música chilena, “Ídolos”, confirma a Tito Fernández como parte del show, en el que los tres artistas harán un recorrido por su extensa y exitosa trayectoria.
Gran expectación ha generado el concierto que realizarán los máximos ídolos Palmenia Pizarro y Buddy Richard, cuyas carreras han sido de gran éxito en Chile y el extranjero. Y para sorprender al público es que han invitado al gran folclorista Tito Fernández, quien acompañará con su calidez este show que se realizará el 30 de septiembre en el Teatro Caupolicán.
Con trayectorias que han cruzado generaciones y años en los que han coincidido en programas de televisión y algunos escenarios, esta es primera vez que Palmenia Pizarro y Buddy Richard se unen para realizar un concierto juntos. Lo que se transforma en una increíble oportunidad para revivir los grandes clásicos de la música de todos los tiempos, en voz de sus intérpretes originales.
A este gran espectáculo de la música romántica y popular, los organizadores han sumado un artista invitado que aportará con sus temas llenos de sentimientos y la calidez de su voz. Tito Fernández, El Temucano, es uno de los máximos exponentes del folclore nacional, quien por estos días se encuentra en plena promoción de su último disco llamado “Décimas por mis Raíces”. En este álbum, el cantautor hace una evocación poética de su infancia, rememorando sus primeros años de vida en el campo.
En el concierto “Ídolos”, los ahora tres cantantes harán un recorrido por sus increíbles trayectorias: Palmenia Pizarro cómo máxima representante de la canción romántica, Buddy Richard como todo un ídolo del rock y pop y Tito Fernández como una de las voces más reconocidas del folclore nacional.
La dirección artística y musical de este espectáculo es del reconocido Leo García, mientras que la producción está a cargo de “Melitón Vera Producciones".
Palmenia Pizarro y Buddy Richard se presentarán en concierto el domingo 30 septiembre a las 18:00 horas.
VENTA DE ENTRADAS
Tribuna: $15.000.-
Platea Alta: $18.000.-
Platea Baja Numerada: $25.000.-
Palco: $35.000.-
Venta por sistema Ticketek más cargo por servicio, en tiendas Hites y boleterías del teatro Caupolicán (San Diego 850, Santiago Centro), sin recargo.
jueves, agosto 30, 2018
Tito Fernández lanza nuevo disco
Comunicado de prensa
En esta nueva producción grabado a principios de este año, el gran folclorista chileno hace una evocación poética de su infancia, con temas con los cuales todo el público se sentirá identificado.
Humberto Baeza Fernández, más conocido como Tito Fernández o El Temucano, nos presenta su nueva producción discográfica “Décimas por mis Raíces”, álbum que contiene 10 canciones, todas de su autoría y donde rememora sus primeros años de vida. Este nuevo disco, que se lanza ad portas de una nueva celebración del 18 de Septiembre, ya está disponible en formato físico y a partir del día Viernes 31 de Agosto se puede descargar en las plataformas de música digital.
“Décimas por mis Raíces” es el disco más íntimo del cantautor y a través de su poesía, busca que sus seguidores se sientan identificados con la descripción de su infancia, que resultará muy familiar para todos. Dentro de este álbum, se encuentran los temas “Junto al huacho Jacinto”, “De las yuntas y la vida trunca”, “Brindo por la construcción” y “El asao”, donde El Temucano se adentra en la epopeya campesina, donde se camina por el surco rural y donde encontramos el legado del ingenio campesino que tantas canciones ha inspirado.
Como parte de este lanzamiento, Tito Fernández realizará una firma de discos, este viernes 31 de agosto a las 18:00 hrs., en la disquería Punto Musical, ubicada en Estado 46, Santiago Centro. Y para celebrar estas Fiestas Patrias, se presentará en el concierto “Si vas para Chile”, en el Teatro Municipal de Las Condes del 7 al 12 de septiembre; en Coquimbo el día 15; en las Fondas del Parque O´Higgins el 16, en Valdivia el 17, en el Parque Padre Alberto Hurtado el 18 y en Calama el 19 de septiembre. Asimismo, El Temucano fue invitado para participar en el gran concierto de Palmenia Pizarro y Buddy Richard, que se realizará el 30 de septiembre en el Teatro Caupolicán.
Con una increíble trayectoria, más de 50 discos editados y 10 Discos de Oro, Tito Fernández lanza este nuevo disco de manos de Música y Marketing Chile Spa, sello que congrega a exitosos cantantes y grupos nacionales.
En esta nueva producción grabado a principios de este año, el gran folclorista chileno hace una evocación poética de su infancia, con temas con los cuales todo el público se sentirá identificado.
Humberto Baeza Fernández, más conocido como Tito Fernández o El Temucano, nos presenta su nueva producción discográfica “Décimas por mis Raíces”, álbum que contiene 10 canciones, todas de su autoría y donde rememora sus primeros años de vida. Este nuevo disco, que se lanza ad portas de una nueva celebración del 18 de Septiembre, ya está disponible en formato físico y a partir del día Viernes 31 de Agosto se puede descargar en las plataformas de música digital.
“Décimas por mis Raíces” es el disco más íntimo del cantautor y a través de su poesía, busca que sus seguidores se sientan identificados con la descripción de su infancia, que resultará muy familiar para todos. Dentro de este álbum, se encuentran los temas “Junto al huacho Jacinto”, “De las yuntas y la vida trunca”, “Brindo por la construcción” y “El asao”, donde El Temucano se adentra en la epopeya campesina, donde se camina por el surco rural y donde encontramos el legado del ingenio campesino que tantas canciones ha inspirado.
Como parte de este lanzamiento, Tito Fernández realizará una firma de discos, este viernes 31 de agosto a las 18:00 hrs., en la disquería Punto Musical, ubicada en Estado 46, Santiago Centro. Y para celebrar estas Fiestas Patrias, se presentará en el concierto “Si vas para Chile”, en el Teatro Municipal de Las Condes del 7 al 12 de septiembre; en Coquimbo el día 15; en las Fondas del Parque O´Higgins el 16, en Valdivia el 17, en el Parque Padre Alberto Hurtado el 18 y en Calama el 19 de septiembre. Asimismo, El Temucano fue invitado para participar en el gran concierto de Palmenia Pizarro y Buddy Richard, que se realizará el 30 de septiembre en el Teatro Caupolicán.
Con una increíble trayectoria, más de 50 discos editados y 10 Discos de Oro, Tito Fernández lanza este nuevo disco de manos de Música y Marketing Chile Spa, sello que congrega a exitosos cantantes y grupos nacionales.
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