Mostrando las entradas con la etiqueta Gastón Soublette. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Gastón Soublette. Mostrar todas las entradas

domingo, junio 01, 2025

Gastón Soublette: Una vida providencial

 


La aparente dispersión temática de Gastón Soublette, en sus libros y opiniones sobre la coyuntura noticiosa, ocultaba una homogeneidad conceptual que daba sentido a todo su discurso. Siempre creyó que la vida en el universo no es casual. Ni siquiera la de cada uno de nosotros. Estaba convencido de que el mundo de lo desconocido, lo misterioso, se revela ante nosotros —se nos ofrece— si sabemos entender los símbolos y leer las señales. El pensamiento “soublettiano” siempre tuvo ese eje central.

MIGUEL LABORDE


Decía que “un hombre es lo que hace”. Podemos, entonces, considerarlo según qué hizo en este mundo. A primera vista, Soublette pareciera un ser disperso. Carreras universitarias inconclusas, incursiones en el cristianismo y budismo, libros sobre Confucio y películas contemporáneas, sobre música y de cultura tradicional de los campos de Chile, experto además en la cosmovisión mapuche. Hasta su aspecto parecía contradictorio: tan europeo, pero cubierto con un poncho, con el que se le veía, flauta en mano, perderse por los cerros de la cordillera de la Costa.


Hizo, en efecto, muchas cosas, las que no parecen responder a una trayectoria sistemática, como se espera de un filósofo formado en la cultura occidental que, además, cursó la carrera de Derecho.


Si seguimos con su pensamiento, no fue casual ese desorden aparente. Para un cristiano —y lo era—, a través suyo actuaba la Divina Providencia, la que lo guiaba hacia su destino, para él desconocido. Para un junguiano —y también lo era—, en su trayectoria se produjeron notables sincronías. Es decir, unas coincidencias significativas, entre ciertos sucesos externos y su estado psíquico interno.


Siempre creyó —con una fe persistente— que la vida en el universo no es casual. Ni siquiera la de cada uno de nosotros. Estaba convencido de que el mundo de lo desconocido, lo misterioso, se revela ante nosotros —se nos ofrece— si sabemos entender los símbolos y leer las señales. El pensamiento “soublettiano” siempre tuvo ese eje central.


Cuando nos preguntamos qué hacía él analizando a Mahler y sus sinfonías, lo que transmiten los símbolos de la alfarería mapuche y el libro chino de los cambios —el I Ching—, o las primeras banderas de la República de Chile, en todo encontramos la misma actitud vital, el mismo propósito de oír los mensajes que se ocultan detrás de la realidad aparente.


Como se ha recordado en estos días, tras su muerte reciente, su madre lo golpeó psíquicamente, cuando él era un niño, al decirle que ella no era su verdadera madre. Esa frase, que podría haber sido simplemente traumática, a él, providencialmente, le abrió una puerta amplia; pudo así descubrir que hay realidades muy diferentes, las que no aparecen a simple vista.


Esa familia suya, viñamarina, culta y melómana, refinada y de buen pasar, tan perfecta en sus expresiones, podía ser una apariencia que apenas recubría algo mucho más complejo. Un tema recurrente en la literatura y, lo que tanto le interesaba, en el cine.


Podíamos ir a ver “2001, Odisea del espacio”, y salir comentando la película, su imagen del futuro. Eso, para él, no era suficiente. Tenía que sumergirse en las ideas de su director, Stanley Kubrick, y encontrar detalles significativos que ofrecían otra perspectiva de su autor. Uno que, al igual que Soublette, tenía un complejo mundo interior y, de niño, sufrió la educación formal; asimismo, no siguió una formación académica regular, sino sus propias intuiciones… ¿Sincronía?


También hay constancia en su amor a la humanidad, amor extenso y sin fronteras. Si podía sumergirse en Japón, China y la India, en los mitos celtas y escandinavos, en las cosmovisiones mapuche y maya, es porque le fascinaba ver cómo el ser humano enfrenta el silencio de lo desconocido, con qué conexiones místicas o elaboraciones intelectuales busca el sentido de la vida. Encantado con esa diversidad que, en lo profundo, veía conectada por vasos comunicantes esenciales. En ello se explayó en su libro “El Cristo preexistente” (Ediciones UC, 2016), sobre el Evangelio cristiano y el Camino del Tao, de maravillosas sincronías.


Después de todo, y estaba muy consciente de ello, el ser humano se había abierto a lo desconocido al advertir que la espiral de la galaxia, en lo profundo de la bóveda celeste, era idéntica a la de la caparazón del pequeño caracol, lo que no parecía simple coincidencia. Y eso fue vivencia de todos los continentes.


Creer o saber


Aunque Soublette fue un gran conservador espiritual, en diálogo abierto a todas las tradiciones, también le interesaba el mundo de los agnósticos y los ateos. En el pensamiento de Jung descubrió un gran aporte porque, justamente, aunque este analista, de familia protestante, se había alejado de lo institucional para vivir su espiritualidad desde adentro hacia fuera, desde su ser interior: “No me interesa creer, yo sé”, llegó a escribir. Era una ruta apta para no creyentes, fundada en los arquetipos psíquicos de nuestra especie, compartidos por todos los pueblos. Se podía acceder a una búsqueda espiritual desde la fe, o sin ella. Y dialogar unos con otros.


Partió decepcionado de su cultura occidental y cristiana, proceso en el que comenzó a calibrar y valorar otras tradiciones, pero luego se reencontró con sus raíces. Percibió que era su portador, aun sin darse cuenta. Es por eso que se alejó de la India y sus gurúes —en tránsito hacia la iluminación, individual— y se concentró en la sabiduría china, que ofrece una búsqueda compartida con la comunidad. Por lo mismo, exactamente, siguió de largo en relación con Freud y sus exploraciones de la psiquis individual, y se sumergió en las teorías de Jung, quien, a través de los arquetipos, estudia lo que compartimos los seres humanos.


Si el cristiano cree en un orden, en el que se le aparece la Divina Providencia, y el junguiano puede observar la sincronía con que se relacionan los hechos exteriores con el mundo interior, Soublette buscó idear una alternativa transversal. De cómo el sujeto y el objeto, lo conocido y lo desconocido, la materia y el espíritu, se andan buscando en una suerte de danza universal, que los acerca y vincula, gracias a que hay una relación de “analogía” que relaciona al que busca con lo buscado.


Más cercano al arte que a la intelectualidad formal —finalmente, su formación fue esa, en el Conservatorio de París—, sus trabajos reflejan una radical convicción en el poder comunicativo de las artes, en especial, en su caso, de la poesía y la música, las que conoció y cultivó desde su infancia.


A través de ellas se conectaba, gozosamente, con el esplendor del mundo y con la armonía universal. En el primer caso, llegó a ser un activista ecológico, dolido —e indignado— ante el maltrato a una naturaleza que, bella y sobrecogedora —por analogía—, comunicaba el interior del ser humano con la admirable belleza del cosmos y sus misterios. Una naturaleza que es o puede ser un contacto con lo trascendente, lo que hizo de él un gran caminante por los cerros de la cordillera de la Costa, la cercana a su casaquinta de Limache. Esas percepciones, por lo demás, las vería compartidas por los sabios populares de los campos chilenos, y también por los sabios de pueblos originarios de América, todos hermanados por el mismo psiquismo y las mismas inquietudes espirituales de todas las culturas humanas.


En su libro “Poética del acontecer” (Editorial Universitaria, 2018) ahonda en las artes y sus revelaciones. La poesía puede ser reveladora de la esencia del acontecer, tal como la música, con sus epifanías, puede abrirnos a espacios interiores antes insospechados.


Como intelectual público, sus reacciones iban en esa línea; la pobreza, la mala educación, las indignidades que padecen los marginales, más allá de sí mismas, le parecían una violación al compromiso tácito que compartimos como humanidad. Si cada ser humano es portador de un misterio original y único, el que no pueda acceder a su plenitud —por condicionantes económicas y/o políticas— viene a ser una suerte de crimen espiritual.


La tierra justa


Orientalistas hay muchos, también junguianos y cinéfilos amantes de teorías que escudriñan los símbolos que aparecen en las películas. En todo eso, Gastón Soublette estaba acompañado. En lo que siguió una ruta menos transitada fue en la inmersión que hizo después en la sabiduría tradicional chilena.


Una vez más, la casualidad —Divina Providencia, sincronía, analogía— lo puso en el lugar correcto y en el momento preciso. En realidad, en dos de esas situaciones, complementarias. La primera, en 1956, cuando llegó una joven Violeta Parra a golpear su puerta en la Radio Chilena, propiedad de la Iglesia Católica —donde él dirigía la programación—, para pedirle ayuda; había memorizado cerca de tres mil canciones tradicionales chilenas, y no sabía cómo llevarlas a partituras. La segunda, cuando él fue a golpear la puerta del Instituto de Estética de la Universidad Católica, donde Fidel Sepúlveda Llanos —que pronto asumiría su dirección, en 1971— era un reconocido experto en saberes tradicionales de Chile; tanto así que tras su muerte, el año 2006, la Dirección de Archivos, Bibliotecas y Museos de Chile creó el premio anual que lleva su nombre para distinguir a personas o grupos que aporten al “patrimonio inmaterial de nuestro país”. El instituto sería el hogar intelectual de Soublette por casi medio siglo.


Violeta Parra le abrió la puerta para que él conociera esos saberes —“sapienciales”, le gustaba decir—, que, a través de canciones, cuentos, refranes o mitos, se transmiten de generación en generación. Una cultura de fuentes orales, de vida aparte de la oficial. Por ella conoció cultores, “sabios populares”, los que, como fue descubriendo, transmitían patrones éticos y estéticos, conductas e ideales humanos, caminos para quienes buscan su plenitud. Gente bien puesta en el mundo, capaz de dar gracias a la vida.


Fidel también le abrió una puerta a ese mundo que ya venía estudiando. Soublette, entonces, le hizo una propuesta. Tal como Confucio y Lao Tsé, que en China habían rescatado esos saberes superiores, de valores tradicionales que se veían amenazados por la centralista cultura imperial, ellos podrían emularlos en Chile, y también crear una serie de libros para rescatar esa sabiduría indo- hispana del siglo XVIII, de espíritu barroco, que los chilenos del siglo XIX habían descartado por anglofilia, francofilia, germanofilia. Por buscar el conocimiento moderno, habían dejado atrás la sabiduría espiritual.


De acuerdo los dos, dieron vida a una seguidilla notable, dedicados a los Cantos a lo humano y lo divino, a refranes y cuentos, a la cultura tradicional chilena.


Tal vez, en el caso del filósofo, ese es el aporte más relevante en su larga y compleja trayectoria, y no habría podido hacerlo en profundidad de no haber conocido antes las filosofías orientales y las teorías de Jung. Fue algo providencial —una vez más— porque fue ese bagaje el que le permitió aquilatar la profundidad de lo sapiencial chileno, distinto al pensamiento occidental preponderante.


No era un folclore sencillo y casi ingenuo, como se percibía desde la cultura oficial, sino alta sabiduría para humanizar el mundo. Algo necesario, antes y siempre, porque ofrecía pautas de conducta y un sentido de vida trascendente y pleno, acompasado con nuestra geografía. En sintonía, según él, con el mensaje que trajera el hijo de un carpintero, quien, también desde un entorno sencillo y rural, se transformó, como le gustaba decir, en quien cambió el paisaje cultural de toda Europa y América. Y cuyas enseñanzas fluían mucho más en la cultura tradicional que en la oficial.


El autor es director de Revista Universitaria.

lunes, mayo 26, 2025

Adiós, maestro: Gastón Soublette muere a los 98 años

Alrededor de 40 años tenía cuando fue retratado por Jorge Aravena Llanca, músico y fotógrafo hoy radicado en Alemania. Jorge Aravena Llanca


 Ganador del Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2023, sobresalió en distintos ámbitos, como la música, la docencia, la sabiduría ancestral, la religión cristiana, el mundo de los símbolos y de la cultura popular.

Maureen Lennon y Equipo Cultura

La frase se la lanzó Violeta Parra cuando lo conoció en Radio Chilena, en 1958: “Eres un pituco de mierda”. “Quería decirme que yo vivía en un mundo de absoluta inconsciencia de lo que sufría su pueblo”, señaló Gastón Soublette Asmussen en una entrevista concedida a “El Mercurio” en 2012, en los jardines del Campus Oriente de la Universidad Católica, donde dictó numerosos cursos de simbología del cine, sabiduría popular chilena, espiritualidad y arquitectura, entre otros tópicos. Fue, a nivel mundial, uno de los mayores expertos sobre la Catedral de Notre Dame de París.


No le gustaba que lo llamaran “gurú”, pero sin duda fue un maestro que marcó a fuego a numerosas generaciones. El sábado, alrededor de las 11:00 de la noche, falleció a raíz de una insuficiencia respiratoria, provocando un vacío y desazón enorme entre sus numerosos alumnos, seguidores y admiradores durante más de medio siglo. Un intelectual transversal que, pese a la frase intimidante de la autora de “Gracias a la vida”, terminó convertido en uno de sus más cercanos y fieles colaboradores artísticos.


“Mi atracción por la cultura popular se la debo a ella. Su arte, lo que ella cantaba, me interesó tremendamente y no hice el menor esfuerzo para que fuéramos amigos”, rememoraba en “Artes y Letras” en 2021, a propósito del lanzamiento de su libro “Marginales y marginados. Ensayo autobiográfico” (Ediciones UC). Entre otras anécdotas, destacó que la propia Violeta Parra se presentó cuando él dirigía la programación de Radio Chilena. “Ella apareció en mi oficina a pedirme que pusiera por escrito las melodías y las entonaciones de todo lo que ella había recopilado a lo largo de Chile, y ahí empezó nuestra amistad. Violeta es un ícono de la cultura popular chilena que vino a mi encuentro”.


Gonzalo Saavedra, crítico de música de “El Mercurio” y quien lo entrevistó para su programa “La música que cambió mi vida”, en Radio Beethoven, habla del trabajo musical de Gastón Soublette como “de amplio espectro” y pone en valor su asociación con Violeta Parra, entre 1958 y 1959, en la preparación de un libro que recién se publicaría veinte años después: “Cantos folklóricos chilenos”. Al respecto, señala: “Violeta, que nunca aprendió a escribir ni leer música, buscó a Soublette para cantarle de memoria las canciones que había recogido en su incesante investigación etnomusicológica por decenas de pueblos y él transcribió esas melodías a partituras”. Soublette, añade el crítico, recordaría después esa relación bonita y difícil, y declararía que Violeta fue su maestra y que “ella le mostró la cultura popular chilena, y especialmente su música, de ahí nacieron sus piezas que integran ‘Chile en cuatro cuerdas', y también su pensamiento político de izquierda, que, decía, no era otra cosa que estar del lado de los perdedores”.


Por su parte, la cantautora Isabel Parra, hija de Violeta, dice que “hemos tenido mucha suerte de que Gastón haya nacido por aquí, que sea nuestro y consciente de quiénes somos, de nuestros pueblos y continentes. Nos acerca y nos invita a reflexionar y a compartir su pensamiento con belleza y confianza en tiempos mejores”.


Sin cuello y corbata


Soublette se reconoció como una persona muy mal orientada en su juventud. Creyó que podía ser abogado o arquitecto, pero finalmente, dice, cometió un error. Estudió la carrera de Derecho, aunque no la ejerció. Luego, tras una beca, pudo estudiar en el Conservatorio de París, con maestros notables como Nadia Boulanger. “Ahí comenzó mi realización y, luego, la Universidad Católica me contrató como profesor en Filosofía y en el Instituto de Estética. Eso ha sido realmente mi oficio: soy un educador, un intelectual apto para la academia”, sostuvo. La verdadera vocación, decía, le llegó con retardo, “ya que antes fui diplomático, fui director artístico de Canal 13, cargos muy bien pagados, pero no me sentía muy bien vestido de cuello y corbata todos los días, con palabras de buena crianza o tener que asistir a grandes recepciones”.


Casado con la artista francesa Bernadette de Saint Luc, quien falleció en 2019 y con quien tuvo tres hijos (Violaine, Isabelle y Francisco), Gastón Soublette nació en Antofagasta el 29 de enero de 1927 y la música llegó a su vida como herencia familiar. Como él mismo señaló en diversas entrevistas, su abuela paterna, Rosa García-Vidaurre, fue compositora y sus obras fueron publicadas en Francia. Por el lado materno, su tío Julio Asmussen Urrutia fue un conocido dramaturgo y dirigió, hacia 1907, una orquesta sinfónica en Antofagasta. “Mi hermana Sylvia y mi hija Violaine tomaron el camino musical. También el director de orquesta Maximiano Valdés, uno de los pocos sobrinos que tengo que desertó de la política”, afirmó.


Autor, además, de una contundente bibliografía, gran parte de ella bajo ediciones UC, publicó, entre otros títulos, “Rostro de hombre”, “Sabiduría chilena de tradición oral”, “El Cristo preexistente”, “Tao Te King” (su versión castellana del texto del pensador chino Lao Tse) y “El I Ching y la sabiduría prehistórica”. En 2024 presentó la reedición de uno de los mayores clásicos de su carrera literaria, “Mahler. Música para las personas”, donde exploró la obra sinfónica de este compositor buscando las claves en el inconsciente del músico vienés. Soublette situaba a este creador, fallecido en Viena en 1911, como el continuador de Anton Bruckner (1824-1896), a quien Mahler consideraba su maestro. Para él, ambos músicos expresaron lo que él definió como “la religión cósmica”, ya que expresaron la inmensidad de la naturaleza en la música.


Gonzalo Saavedra afirma que Soublette se adentró con gran profundidad en la obra de Gustav Mahler y, entre otros hitos, emprendió la compleja tarea de transcribir para piano el primer y extenso movimiento de la Novena Sinfonía, que luego interpretaría Luis Alberto Latorre. Sobre su libro “Mahler. Música para las personas” (Ediciones UC, 2005 y 2024), sostiene que repasó “con una mirada tan erudita como personalísima las sinfonías del compositor bohemio, incluida la Décima, de la que solo quedó completo el Adagio inicial”. Saavedra también destaca que fue un excelente intérprete de los cientos de canciones de George e Ira Gershwin, “a los que admiraba muchísimo y tocaba ante la menor provocación”.


Un sabio necesario


Sin duda, un punto de inflexión en su extensa y dilatada carrera ocurrió el año 2023, cuando obtuvo el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. “Por unanimidad, hemos tomado la decisión considerando la condición de filósofo y esteta de la cultura tradicional chilena”, dijo el ministro de Educación, Nicolás Cataldo, al informar del máximo galardón a Soublette, y lo describió como “un sabio necesario en los tiempos que vivimos, un inspirador que reúne distintas actividades como pocos tienen”.


Javiera Blanco Herrera considera “un privilegio” haber sido una estrecha colaboradora de este destacado investigador, filósofo y músico. Fue su última ayudante en el Instituto de Estética de la UC, en los cursos “Simbología del cine” y “Poética del acontecer”. Recuerda con emoción que lideró en tres oportunidades su postulación al Premio Nacional, en 2019, 2021 y, finalmente, lo consiguió en 2023. Aclara que, hasta sus últimos años, tuvo el cargo de profesor asistente de la UC, “pero el compromiso no era dar clases, sino escribir. Gastón fue muy correcto y se comprometió a publicar dos o tres textos al año, bajo Ediciones UC”.


Blanco cuenta que dejó listo su último libro, “Miradas sobre el siervo de Dios”, y que se presentará próximamente. Su tesis, según explica la politóloga y gestora cultural, es que Jesús es el líder espiritual de Occidente. “Él fue un fiel seguidor de Jesús y acá está todo lo que no alcanzó a decir en ‘Rostro de hombre'. Lo aborda desde un punto de vista social, desde la justicia y su contacto con los pobres. Esas son las características que lo enamoraron de Jesús”. Destaca su impresionante convocatoria. “Cada vez que lo acompañaba a una clase o evento, era impresionante ver cómo lo seguían. Me imagino que, como en su época, también debieron seguir a Sócrates o a Aristóteles”.


En los últimos años, Gastón Soublette donó a la Universidad Católica más de 300 piezas elaboradas por pueblos originarios y recopiladas por él mismo, entre ellas, textiles, cerámica, líticos y platería, las que se exhiben en el Aula de Arte y Artesanía del Campus Oriente. En 2018, en tanto, junto a su hermana, la compositora Sylvia Soublette (quien falleció en 2020), donó su legado musical al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional y, recientemente, entregó a la Universidad Alberto Hurtado (UAH) su piano de conciertos Blüthner. Juan Carlos Poveda, director del Instituto de Música de la UAH, señala que “hace un par de semanas tuvimos el honor de que don Gastón se acordara de nosotros, a través de nuestra académica, su hija Violaine Soublette, y nos donó un ejemplar precioso y que ahora está en el Aula Magna. Va a ser una manera de tenerlo siempre presente”, apunta.


Además, fue el creador del Grupo de los Veintiuno, que reunió a figuras de distintas disciplinas, como el director de orquesta Juan Pablo Izquierdo, el psiquiatra Otto Dörr, la arquitecta Cazú Zegers y el experto en patrimonio Miguel Laborde, para reflexionar en torno a la cultura.


Ayer, durante toda la jornada, decenas de vecinos y cercanos a la familia del académico se acercaron hasta su casa quinta, donde estaban siendo velados sus restos. También concurrieron representantes de diversas organizaciones del ámbito social y cultural.


Según informaron sus hijos, hoy al mediodía se realizará una misa fúnebre en la parroquia Nuestra Señora Purísima de las 40 Horas (Camilo Henríquez 35, Limache), y será sepultado en el Cementerio Uno de Valparaíso.


La Municipalidad de Limache decretó dos días de duelo comunal en su memoria y el alcalde Luciano Valenzuela señaló que “su legado no solo se refleja en el Premio Nacional de Humanidades, sino también en la obra que desarrolló a lo largo de toda su vida. Este duelo sobrepasa las barreras de Limache y es una pérdida a nivel nacional. Por lo mismo, nos sumamos también a todos los homenajes y expresiones de dolor por su partida”.


Gabriel Boric

Presidente de la República

a través de su Instagram

“Nos deja un grande. Gracias a Gastón Soublette entendemos mejor el saber, el decir y el contar de Chile. Nos acercó la cosmovisión del pueblo mapuche, el valor de lo rural y también la filosofía oriental. Abrió un diálogo intergeneracional tremendamente valioso para redescubrir desde el humanismo nuestra identidad y desde ahí enfrentar los desafíos de nuestro tiempo”.


Juan Carlos de la Llera

Rector Universidad Católica

“Él mismo nos recordaba recientemente que llegó a la UC con la convicción de abrir un espacio para las filosofías orientales, desde su vocación católica, buscando generar un verdadero diálogo de saberes, sin improvisaciones ni superficialidades. Ese mismo espíritu lo llevó a tender puentes entre la teología, la filosofía y la cultura tradicional chilena. Nunca olvidó —como él mismo decía— que fue Violeta Parra quien le enseñó a conocer y valorar la sabiduría del pueblo chileno, esa memoria oral tejida de cuentos, refranes y cantos a lo humano y a lo divino”.


Rosa Devés

Rectora Universidad de Chile

“El legado del profesor Gastón Soublette es un profundo mensaje de paz. Buscó y encontró verdades donde nadie más miraba, respetó y aprendió de culturas que no eran la suya, demostró lo que es ser maestro. Nos enseñó que la autoridad se ejerce desde la humildad, desde la apertura a lo distinto, sin miedo a los otros, sino amando aun antes de conocer”.


Ignacio Sánchez

Exrector Universidad Católica

“Fue una persona imprescindible en nuestra cultura y en el desarrollo de la universidad. Publicó gran cantidad de libros y artículos con ensayos breves, dando a conocer su pensamiento sobre diversas materias de alto nivel intelectual y académico, con gran acogida de la crítica y del público, lo que significó que varios de sus libros han sido reeditados. Los temas de historia y teoría del arte, el pensamiento filosófico de Oriente, la literatura y el cine lo atraían de manera especial. Tuve una gran relación de amistad con Gastón Soublette, lo admiré mucho. Se ha ido un amigo, un maestro, un profesor y una persona excepcional para la cultura chilena y para todos quienes pudimos aprender de él”.


Maximiano Valdés

Director de orquesta

“Luis Gastón Soublette, nuestro tío, emprendió su último viaje y seguramente llevó consigo el crepuscular Adagio de la Novena Sinfonía de Mahler, la música que él más amaba. Hombre bueno y sabio, fue guía de jóvenes y mayores que lo admiraron por la fuerza de sus ideas y por la coherencia de su vida esencial. Sus libros son testimonio de su fe en el Cristo histórico, ‘el ungido', como él lo llamaba, que fue centro y guía de toda su vida. Se le echará mucho de menos”.


Juan Pablo Izquierdo

Premio Nacional de Artes Musicales 2012

“Recuerdo a Gastón Soublette como un ser humano que encarnaba múltiples disciplinas de la cultura universal y de nuestra cultura chilena. Entregado por entero a compartir sus múltiples conocimientos e inquietudes. Tuvo una vasta y dedicada influencia en nuestro medio cultural y será para siempre recordado por su vocación por contribuir a la unidad y paz en nuestro mundo”.


Carmen Luisa Letelier

Premio Nacional de Artes Musicales 2010

“Era un hombre múltiple. Escribía, componía, era filósofo, folclorista. ¡De todo! Superdotado, y creció en una familia excepcional”.


Miguel Laborde

Director Revista Universitaria UC

“Gastón Soublette no fue abogado a pesar de sus estudios de Derecho, aunque agradecía haber aprendido a escribir memorizando textos de Andrés Bello. Ni fue la arquitectura su camino, aunque también le dedicó años, pero si uno observa su obra total, levantó un edificio completo. Se sumergió en mundos variados, desde las raíces indígenas hasta Jesús como gran héroe cultural además de divino —a quien dedicó un libro luminoso—, pasando por Mahler y la música como conexión para sentir el pulso y el sentido de la vida; también navegó en el I Ching y en Confucio, además del cine como portador de símbolos que tocan lo profundo de nuestra psiquis. Siguió un camino que no se parece a ningún otro, pero detrás de todo latía su mismo amor a la vida y sus misterios, los que enfrentaba desde una espiritualidad capaz de valorar a todas las demás. Era, como la obra de Robert Bolt, ‘Un hombre para la eternidad'”.


Cecilia García-Huidobro M.

Exdirectora Museo Violeta Parra

“En el mundo patrimonial, Gastón Soublette comprendió la voz del Chile profundo, en todas sus dimensiones. Defendió la preservación de barrios, pueblos y ciudades, los vestigios arqueológicos, las formas intangibles de vida. Su mirada fue la de un poeta y un esteta que vio en todas las manifestaciones culturales el plan de Dios”.


Clara Budnik

Directora de la Dibam (2000-2006)

“Fue un hombre clave para la cultura chilena. Esto que haya fallecido justo para el Día de los Patrimonios significa que no lo podemos olvidar: ¡Soublette es parte de nuestro patrimonio! Ha hecho tantas cosas. Fue un musicólogo fantástico, ensayista, estudioso del mundo popular, alguien que pensó muy bien Chile. Se introdujo. Eso debemos valorarlo. Patrimonio es el pasado, el presente y lo que queda para el futuro. ¡Soublette deja mucho para nuestro futuro!”.


Jorge Acevedo

Filósofo de la U. de Chile

“Tuve el agrado y el honor de conocer a Gastón Soublette dentro de las reuniones que mantenía hace algunos años el que denominamos Grupo de los Veintiuno. Me llamó la atención su atenta actitud hacia los otros integrantes del grupo, así como sus meditadas palabras, fruto de la experiencia de la vida y de un inmenso saber. También fue significativo presenciar sus extensos diálogos con el director de orquesta Juan Pablo Izquierdo, miembro destacado de esas reuniones. En cuanto a sus escritos, he sido asiduo lector de su excelente versión castellana comentada del Tao Te King, Libro del Tao y de su Virtud, de Lao Tse, felizmente publicada por la editorial Cuatro Vientos, obra que llama a ser leída y releída a través del tiempo”.


La faceta medioambientalista:

Su última lucha para salvar el patrimonio: un triunfo para Limache

Gastón Soublette habló de la naturaleza y su importancia muchos antes de que el cambio climático se considerara una amenaza.

Equipo Cultura

Gastón Soublette dio una larga lucha en temas medioambientales, mucho antes de que el cambio climático se tomará las tribunas públicas y de gobierno. Ya en los años 90 reflexionaba sobre el polémico proyecto de la represa Ralco en el Biobío, y en los últimos años se comprometió con la defensa de Limache, donde vivía desde hace décadas.


A inicios de este mes, recibió un resultado positivo. El cuestionado proyecto inmobiliario del Grupo San Isidro S.A., en la avenida Urmeneta, tuvo un revés en la Corte Suprema. El tribunal acogió la reclamación presentada por Soublette y un grupo de vecinos contra la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA), obligándola a emitir un nuevo pronunciamiento respecto de la denuncia de elusión al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Se determinó que la SMA incurrió en ilegalidad al no considerar, a la hora de evaluar su impacto ambiental, que el edificio proyectado se emplazaría en la zona de transición de la Reserva Mundial de la Biosfera La Campana-Peñuelas. La sentencia de la Suprema anula la dictada por el Segundo Tribunal Ambiental de Santiago, en 2022, que desestimó las alegaciones de Soublette y de la comunidad.


En esa ocasión, Soublette comentó: “Le habría dicho (al tribunal): según Confucio, lo que está en la forma se llama el objeto; sobre ella está el sentido. Acá la forma es la trama legal, pero el sentido es que esto es una aberración cultural. Los jueces deben moverse en estos planos. No solo sacar cuentas jurídicas, sino darse cuenta que están destruyendo el patrimonio de Limache”.


No fue la única pelea del académico. Antes del problema con la construcción de este edificio, Soublette había sido crítico con la instalación de la termoeléctrica Los Rulos en la zona, que había recibido una evaluación ambiental positiva en 2017. Un movimiento ciudadano interpuso recursos en la justicia, lo que recibió el apoyo del filósofo, quien participó en marchas y protestas en esos años. En 2022, la empresa dueña del proyecto Los Rulos, renunció a construirla.

lunes, agosto 28, 2023

Gastón Soublette: La búsqueda incesante de la persona humana












El Mercurio

 El flamante Premio Nacional de Humanidades ha descollado en distintos ámbitos, entre otros, la música, la docencia, la sabiduría ancestral, la religión cristiana, el mundo de los símbolos y de la cultura popular. A través de su testimonio y el de otras personalidades que han acompañado su quehacer, salen a relucir los hitos de su multifacético desarrollo como pensador.

Maureen Lennon Zaninovic


El jueves, al mediodía, no se pudieron comunicar con él para darle la noticia del Premio Nacional de Humanidades. ¿La razón? Fue a hacer unos trámites por Limache. Gastón Soublette (1927) se pasea por sus “anchas” por esta ciudad de la Región de Valparaíso. Acá tiene su residencia: una hermosa quinta con árboles centenarios y numerosos libros y fotografías en su interior.


A la hora de “la once”, el jueves, llegó hasta su casa Javiera Blanco Herrera (30), estrecha colaboradora de este destacado investigador, filósofo y músico. Blanco Herrera es politóloga, gestora cultural y ayudante del profesor Soublette desde hace cuatro años en la UC (Instituto de Estética), en los cursos “Simbología del Cine” y “Poética del Acontecer”. Actualmente, colabora con la gestión de sus publicaciones y actividades en Santiago.


La profesional confiesa a “Artes y Letras” que para ella fue un honor postularlo al Premio Nacional, “y lo hice desde la admiración, pero sobre todo desde el cariño, porque hemos construido una genuina amistad. Y digo amistad, porque él se relaciona de una forma no jerárquica ni desde la superioridad, sino desde la cotidianeidad y el afecto”. También dice que este galardón es muy gratificante y es un reconocimiento “tremendamente justo y merecido, incluso tardío. De cierta forma, sentí que había que devolverle la mano, él es muy generoso con sus conocimientos, y en su larga y prolífica vida académica y humanista, nos ha entregado originales y contundentes reflexiones y saberes”.


Javiera Blanco Herrera se explaya en su carrera académica y afirma “que el profesor es un tipo de docente universitario que escasea actualmente. Comprometido genuinamente en educar a personas bajo los valores de la bondad y la empatía, fomentado el desarrollo personal a través de la búsqueda espiritual y el sentido de la existencia, cuestionando el individualismo y exitismo de la sociedad actual”. Y advierte que desde la pandemia no ha vuelto a hacer clases en el Campus Oriente UC, “pero sus últimos años han sido tremendamente fértiles. No me lo imagino retirado en un sentido ‘pasivo' de la palabra. Posee un ímpetu y convicción inagotable”, concluye.


El cineasta Ricardo Carrasco, coordinador académico de la Escuela de Altos Estudios Audiovisuales de la Universidad de O'Higgins, es autor del exitoso documental sobre este pensador: “El sabio de la tribu” (2020), disponible en Ondamedia.cl. Explica que a la hora de definir su legado, “hay imágenes mezcladas. Me quedo con el maestro, con el profesor entrañable y con el amigo solidario en épocas difíciles para este país”. Carrasco dice que estamos ante un docente “que nunca más vas a olvidar, porque enseña con pasión y esa imagen traté de desentrañar en mi película”. El cineasta recuerda su curso “Historia del arte medieval” y que “se demoraba como cuatro clases para explicarte cómo un maestro de catedrales encontró el lugar específico para levantar una iglesia. También estuvimos casi la mitad del curso analizando ‘El jardín de las delicias' de Jheronimus Bosch. ¡Era un universo que se te abría! La sala estaba llena siempre, incluso con gente que no estaba inscrita en sus clases”, apunta Ricardo Carrasco.


A través de un contacto telefónico, el propio Gastón Soublette adelanta a “Artes y Letras” que ha procurado que “la educación, en todas las disciplinas universitarias, tenga una base formativa de la persona humana, para la recuperación de los valores fundamentales que hemos perdido: virtud, sabiduría, noción del sentido y la trascendencia”.


Ignacio Sánchez, rector de la UC, comenta que tiene una relación bastante cercana con el flamante Premio Nacional de Humanidades, desde que asumió la rectoría. “Si bien no fui su alumno, hay miles de testimonios de estudiantes marcados por sus enseñanzas. En estos 15 años me tocó darle la medalla Alma Mater y entrevistarlo en múltiples ocasiones. De hecho, en 2020 y en plena pandemia, lo entrevisté en el Campus Oriente. Fue una conversación de casi dos horas que está registrada e hicimos cápsulas en YouTube que han tenido gran aceptación de sus seguidores: hablamos de su vida, de su desarrollo, de su niñez y de cómo llegó a nuestra universidad”. La autoridad añade que su productividad en los últimos años ha sido extraordinaria, “y de hecho estamos pensando en reeditar ‘Rostro de hombre': un magnífico libro de 2006 donde en cerca de 600 páginas describe su encuentro con Jesús, la personalidad de Cristo en nuestro desarrollo y en nuestra sociedad”, cierra Ignacio Sánchez.


María Angélica Zegers, directora de Ediciones UC, destaca que bajo este sello le han publicado doce libros, desde fines de los años setenta, y en muy distintos registros, “pero todos igual de bien recibidos por el público y la crítica. Desde un personal estudio sobre Mahler, hasta sus notables obras sobre Jesucristo, pasando por el Tao, los cuentos de tradición oral, el estallido de octubre o mensajes ocultos en el cine, los libros de Soublette permiten acercarse de manera natural a este “Sabio del Pueblo”, como se le ha llamado, y disfrutar de una conversación virtual en la cual se puede o no compartir su punto de vista, pero que siempre abrirá nuevas perspectivas y nunca dejará indiferente”. Zegers complementa que “este merecidísimo premio honra el aporte de Soublette a nuestra cultura chilena a través del rescate y puesta en valor de lo que nos es más propio, aun de aquello que nunca habríamos pensado que era importante hasta que él lo señaló”.


Identificación con Mahler


Una de sus hijas, la reconocida cantante Violaine Soublette, aclara “que mi papá si tiene un título académico, es el de musicólogo. Todo lo demás son intereses posteriores. Él se formó profesionalmente en el Conservatorio de París. La música es una herencia familiar. Su abuela paterna, Rosa García-Vidaurre, fue compositora. Su abuelo materno se dedicaba a traer compañías de Europa, en un momento en que por el auge del salitre Antofagasta era un paradero obligado de los más grandes artistas”. También expresa que “en la casa, con mis padres y hermanos, todos cantábamos y bailábamos. La música era algo natural”.


Su sobrino, el destacado director de orquesta Maximiano Valdés, expresa desde Brasil que es una gran felicidad y orgullo que su premio haya recaído en él. “Es una persona que ha tenido una relación con las raíces populares del canto chileno y que cuenta con una vasta y profunda cultura musical, además de una completa identificación con Gustav Mahler y de quien ha transcrito sus sinfonías al piano”.


Otros de los aspectos trascendentales de la biografía de Gastón Soublette es su vínculo con Violeta Parra. Él mismo revela a “Artes y Letras” que su influencia “fue muy valiosa, a tal punto que la incluyo a ella entre mis maestros junto a la doctora Lola Hoffmann y Lanza del Vasto. Le agradezco a Violeta Parra abrirme los ojos sobre la gravedad de toda la problemática social de Chile y le agradezco también el haberme enseñado a apreciar nuestra cultura popular como un organismo social integrado en todas sus partes, desde la formas típicas, el habitar la tierra, hasta la artesanía. Ella fue la primera persona que motivó mi interés por la cultura mapuche”.


Las últimas palabras del galardonado, en medio de una actividad profesional incansable: “Estoy trabajando en un libro sobre nuevas formas para dar a conocer hoy a Jesucristo y su Evangelio del Reino de Dios”, cierra Gastón Soublette.

jueves, septiembre 16, 2021

Gastón Soublette: “Hay un elemento mágico siempre presente en mi vida”















El Mercurio


El destacado escritor y docente publica por Ediciones UC “Marginales y marginados. Ensayo autobiográfico”. Se trata de un texto que recoge sus lúcidas conversaciones con distintas personas, desde famosos como Violeta Parra y Charles Chaplin, hasta gente sencilla.

Por Maureen Lennon Zaninovic


Al iniciarse esta llamada telefónica, Gastón Soublette (1927) —reconocido académico del Instituto de Estética de la UC, pensador y escritor de elogiados volúmenes, entre otros, “Sabiduría chilena de tradición oral”— pide, desde su casa en Limache, que le hablen fuerte y lento “para escuchar la articulación de las palabras”, dice. En conversación con “Artes y Letras” se muestra distendido, pese a que no resultó ganador en la última edición del Premio Nacional de Humanidades 2021 (finalmente se impuso el abogado José Rodríguez Elizondo) y reconoce que la pandemia ha sido un período muy estimulante en esta etapa de su vida profesional. Bajo Ediciones UC, en mayo, publicó “Tao Te King”: su versión castellana del texto del pensador chino Lao Tse, y con este mismo sello, a partir del 20 de septiembre, reaparecerá con “Marginales y marginados. Ensayo autobiográfico”.

En este último trabajo —con un sello más personal e íntimo— rememora una serie de diálogos con distintos personajes, algunos de ellos de fama mundial como Violeta Parra y Charles Chaplin, pero también hay numerosos encuentros con gente sencilla, alejada de la primera línea, como una pobladora de Valparaíso y un peregrino de la Ruta 5 Norte. “Son historias muy distantes en el tiempo. Hay un elemento mágico siempre presente en mi vida. No sé por qué”, expresa. Soublette prefiere hablar de la palabra sincronicidad y para ello cita a uno de sus maestros: Carl Gustav Jung. “Él inventó ese vocablo o neologismo que alude a fenómenos que nadie puede explicar. Por ejemplo, el hecho que cuando se muere una persona muy querida de la familia aparecen pájaros que picotean las ventanas o que entran en las casas. Eso les ocurrió a los familiares de mi cuñado: Gabriel Valdés. Cuento en el libro que cuando falleció, sus tres hijos vieron pájaros. La explicación que da Jung es que estamos ante una antigua creencia, que han tenido prácticamente todos los pueblos, donde el alma abandona el cuerpo del difunto en forma de pájaro”, explica.

La grandeza del ser humano

El autor de “Marginales y marginados…” advierte que no se siente cómodo con la definición de memorias. “Cuando yo vi que mi hermana Sylvia Soublette escribía las suyas y le salió un ‘mamotreto' como de 700 páginas, me dije ‘no estoy en condiciones de hacer esto'. Lo que sí puedo hacer es una exposición de ciertos episodios de mi vida donde se muestre mi relación con la gente marginal que he conocido, ya sea marginales por vocación o marginados por las circunstancias; junto con citar algunos fenómenos de sincronicidad que me han interesado enormemente. Escogí a mendigos, a delincuentes, a nobles como Lanza del Vasto, que desciende de los más nobles de Alemania, sin embargo, ese hombre fue un vagabundo que viajó a pie desde París a la India y renunció a tener cosas materiales. Ahí hay un marginal por vocación”, afirma. También hay referencias a Jesucristo, “un humilde carpintero de la ciudad de Nazaret, quien se transformó en un predicador popular que —a poco andar— empezó a ser seguido por grandes multitudes”. El profesor de la Universidad Católica concluye que “quisiera que quedara en claro que mi atracción por los seres marginados que han llegado al extremo de la miseria tiene que ver con que descubrí en ellos la grandeza del ser humano. Todos ellos tuvieron una luz y una sabiduría para decirme las cosas que me dijeron”.

Su más reciente publicación está plagada de emocionantes anécdotas, como cuando conoció a su ídolo de infancia y que lo ha acompañado en otra de las facetas de su elogiada carrera profesional, como experto en cine: Charles Chaplin. El autor rememora su encuentro en París con el protagonista de “El Pibe”. Quería verlo en el Hotel Ritz, donde daría una conferencia de prensa, y después de mucho cavilar “se me ocurrió pedirle ayuda a una señora chilena de sonoros apellidos, muy conocida en París porque fue condecorada por el gobierno de Francia como héroe de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de doña María Edwards de Errázuriz, quien trabajó intensamente en la clandestinidad salvando a los hijos de mujeres judías a quienes los nazis mataban al momento mismo de nacer”, escribe Soublette, y agrega que la llamó por teléfono, se vistió con un terno azul y se compró una corbata elegante hasta adquirir la estampa de un caballero. El autor volvió a insistir en su pedido y, gracias a las gestiones de María Edwards, pudo cumplir uno de los más grandes sueños de su vida: conocer y hacerle preguntas a Chaplin.

—¿Cuándo comenzó este libro?
“Partí en plena cuarentena. Fue la pandemia la que me permitió poner por escrito estos recuerdos. Los tenía muy frescos porque desde hace tiempo estaba con el interés de escribirlos y ofrecerlos a algún editor y fui muy bien acogido por Ediciones UC. No tengo pretensiones literarias. Solo me interesa que la gente sepa lo que realmente ocurrió, con algunas reflexiones mías, por eso tiene el carácter de un ensayo. Por ejemplo, cuando hablo del mendigo que se pasea por la Ruta 5 Norte analizo su mensaje desde un punto de vista filosófico. Fue él quien me dijo que no hay nada de eso que llaman inteligencia. ‘Su inteligencia, señor profesor, no es superior a la de un mosquito. ¿Sabe usted qué es lo único que hay? Lo único que hay es un padre y una madre'. Con ese comentario impresionante, él nos remonta a un conocimiento original del mundo”.

—Usted fue diplomático (agregado cultural de Chile en Francia), usó chaqueta y corbata, pero también ha desarrollado una notable carrera como docente y difusor de la cultura popular. ¿Hay dos almas en Gastón Soublette?
“Fui una persona muy mal orientada en su juventud. Creí que podía ser abogado o arquitecto y eso fue un gran error. Estudié entera la carrera de Derecho, aunque no la ejercí. Fui becado y pude estudiar música en París y ahí comenzó mi realización y, luego, la Universidad Católica me contrató como profesor en Filosofía y en el Instituto de Estética. Eso ha sido realmente mi oficio: soy un educador, un intelectual apto para la academia. Eso se me definió con retardo y antes fui diplomático, fui director artístico de Canal 13: cargos muy bien pagados, pero no me sentía muy bien vestido de cuello y corbata todos los días (risas), con palabras de buena crianza o tener que asistir a grandes recepciones. Eso quizás fue lo que le hizo decir a Violeta Parra que yo era ‘un pituco de mierda' y que nunca iba a entender a su pueblo. Mi atracción por la cultura popular se la debo a ella. Su arte, lo que ella cantaba, me interesó tremendamente y no hice el menor esfuerzo para que fuéramos amigos. Violeta Parra se me presentó, cuando yo dirigía la programación de la Radio Chilena CB 66. Ella apareció en mi oficina a pedirme que pusiera por escrito las melodías y las entonaciones de todo lo que ella había recopilado a lo largo de Chile y ahí empezó nuestra amistad. Violeta es un ícono de la cultura popular chilena que vino a mi encuentro”.

—Siendo tan amigos, ella va a verlo en Francia y le recrimina por el gobierno de Eduardo Frei Montalva…
“Hay un pasaje en mi libro de un encontrón bastante violento, porque ella vino a verme a mi oficina en la embajada de Chile en París. Lo primero que hizo, ni siquiera me abrazó o me dio la mano, me habló muy mal del gobierno de Eduardo Frei, que estaba engañando al pueblo, sin progreso, y que su administración era un teatro. Yo le hice sentir, de una manera diplomática, que esa no era una manera de saludarme después de tanto tiempo sin vernos. Habíamos sido muy amigos y colaboradores y me recibió, como se dice popularmente, con ‘una patada en el hocico'. Eran sus momentos de furia, después se calmaba y se transformaba en una mujer muy abierta, muy simpática y talentosa. Pero tenía esos reventones. Tenía una vena de dureza en su carácter que por un lado es malo, pero también es positivo, porque Violeta fue una persona que se atrevía a decir la verdad frente a los poderosos. Eso es una virtud. Les decía en su cara lo que ella pensaba ¡Muy valiente! Pero, a veces, los amigos teníamos que afrontar las consecuencias de su mal humor”.

—¿Porqué, como señala en el libro, usted y Nicanor Parra fueron las personas más fieles de Violeta Parra?
“Isabel Parra me mostró un escrito de su mamá donde decía ella que yo era el único que le seguía siendo fiel. Siempre he estimado su arte de la mejor manera posible. Nunca le fallé y todo lo que escribí de ella o dije en Canal 13 lo hice con una profunda convicción de su valor. Cuento en el libro que me tomó un examen en un aeropuerto para saber si sabía bien todo lo que había aprendido de ella. Eso fue una manera de comprobar que lo que me había enseñado permanecía intacto en mi memoria. Nicanor, por otro lado, fue el referente de protección: el antipoeta fue su referente paterno. Violeta se quejó de que todos le fallaron y puso fin a su vida no por penas de amor, sino por la imbecilidad de los hombres. Por eso la pongo como un personaje marginal, por su incompatibilidad con el mundo que le tocó vivir. Ella me habló no solo de poesía o de música, también me habló de este modelo de civilización frente al que ella no estaba de acuerdo, al igual que yo. Por otro lado, la figura de Cristo nunca dejó de ser importante para ella. Llegó a decirme ‘a Cristo no me lo sacan del corazón ni el comité central del Partido Comunista'. Esa es una frase para el bronce”.




lunes, octubre 26, 2020

Las múltiples vidas del docente y musicólogo: Liberan documental sobre Gastón Soublette

 El Mercurio


“El viejo del poncho”, de José Luis Villalba, se puede ver gratis por YouTube.

Maureen Lennon Zaninovic


Hace un año —en este diario—, el destacado investigador, filósofo, musicólogo y docente universitario Gastón Soublette confirmaba que existían en curso varios proyectos cinematográficos en torno a su persona; entre otros, uno del realizador José Luis Villalba, autor de “El Chincol y la bandada”, sobre el poeta y cantor popular Luis Ortúzar, más conocido como el Chincolito de Rauco. “Villalba estudió Cine en Italia con Fellini y acá me grabó en diversas locaciones; entre otras, cantando tangos en el Bar Liberty de Valparaíso con muchachas del lugar”, comentaba sobre este trabajo el propio Soublette.


El documental, que lleva por nombre “El viejo del poncho. Las múltiples vidas de Gastón Soublette”, se iba a presentar a principios de año, pero por la pandemia se tuvo que posponer su estreno para agosto, a través de las plataformas digitales de la Corporación Cultural de Las Condes y EmolTV, logrando más de 100 mil visualizaciones. “Estoy impactado con el éxito de esta película. He recibido comentarios hasta de España”, señala vía telefónica el autor —entre otros volúmenes— de “El Cristo preexistente”.


La buena noticia, y así lo confirma su realizador, José Luis Villalba, es que se liberó “El viejo del poncho…” y por estos días se puede ver gratis, a través de YouTube. “La idea era llegar a los cines, pero el coronavirus nos llevó a cambiar los medios de transmisión. Quedé sorprendido con la cantidad de espectadores que vieron el documental por EmolTV y decidimos liberarlo para que más personas puedan disfrutar y conectarse con su legado”, explica el cineasta. Villalba comenta que con el legendario docente del Instituto de Estética de la UC los une una amistad de larga data. De hecho, ambos compartieron la cátedra de cine, en el Campus Oriente. “Nuestra amistad es bien cercana y nació a fines de la década de los 60, por un amigo en común: el músico ya fallecido Tomás Lefever. Con Gastón Soublette hicimos todo un camino juntos en torno al simbolismo en el cine. El primer libro que él escribió sobre el séptimo arte me lo dedicó a mí. El cine nos conectó”, dice.


Un hombre tan versátil


En poco menos de dos horas, “El viejo del poncho…” muestra a este entrañable académico deambulando por Valparaíso, reflexionando en su casa de Limache, dictando clases en el Campus Oriente de la UC, compartiendo en una tertulia, o contemplando la naturaleza. “Así surgió esta película, que fue fruto de varias conversaciones, que se extendieron durante tres años, y que muestra distintos aspectos de su personalidad. Gastón es un hombre tan versátil, tan múltiple. Hablamos, después de verla, de los momentos que más le habían tocado y me confesó que le salieron lágrimas al revisar el reencuentro, en Valparaíso, con el hombre que años atrás lo quiso asaltar y que luego de ese suceso triste se convirtieron en grandes amigos, tanto que Gastón es padrino de sus hijos”. José Luis Villalba añade que en este trabajo “se tocan aspectos concernientes a su vida, pero también a su pensamiento y a la identidad y el ser porteño. Él es una persona que se siente muy de Valparaíso y de Viña del Mar”.


Sobre la muy buena llegada de este documental, el cineasta concluye que su protagonista es un personaje que está “en el corazón de la gente de hoy. En un momento de crisis, los jóvenes están sedientos de valores, y Gastón tiene mucha autoridad sobre la juventud, porque es un hombre tan profundo y tan coherente con lo que dice. Si bien es una persona tremendamente culta, desde la sencillez apunta a los valores profundos y eso hace que la gente acoja su mensaje sin tanto filtro y oposición”.


Más información en el sitio Elviejodelponcho.cl.

lunes, agosto 24, 2020

Su vida y trayectoria: Documental sobre Gastón Soublette

El Mercurio

La Corporación Cultural de Las Condes, en su página de YouTube, ofreció ayer el preestreno del documental “El Hombre del Poncho. Las múltiples vidas de Gastón Soublette”, de José Luis Villalba. Con una duración de una hora y 45 minutos, este trabajo estará disponible hasta el miércoles en el sitio de la corporación.


domingo, agosto 18, 2019

Gastón Soublette: los caminos de un sabio a la pantalla

La Tercera

Ferviente convencido del poder de las rogativas, académico de la UC y estudioso de la sabiduría popular con varias publicaciones, Gastón Soublette será protagonista de un documental, aún en producción, que resume las aristas de su trabajo. Sus directores, Patricio González y Felipe Ossandón comentan a Culto las historias tras la realización y las dificultades para llevar adelante el proyecto.

Por Felipe Retamal

arada en el marco de una puerta, la prostituta lo miró y le advirtió que no se le ocurriera subir. Que nada bueno le esperaba en las alturas del cerro Toro, considerado entonces uno de los más peligrosos de Valparaíso. Pero esa tarde, Gastón Soublette estaba decidido y paso a paso comenzó a subir los escalones. A lo lejos, un hombre sentado en una esquina lo divisó. Era el Richard, un sujeto conocido en el hampa local, quien al ver al sabio caminar solo, decidió asaltarlo. Lo llamó. Como un ritual en que la bestia engatusa a su presa, el maleante conversó un poco con el intelectual. De pronto, se dio cuenta que había pasado un rato y no le había robado. Fue en ese momento, en que para ponerlo a prueba, le hizo una pregunta de cuya respuesta dependía su suerte: ”¿Qué tenemos en común tú y yo?”.

Esta y varias historias similares fueron recogidas por Felipe Ossandón -escritor y periodista- y Patricio González -editor y corrector de estilo-, quienes en los últimos cinco años acompañan a Soublette en sus andanzas, cámara en mano, con la idea de rodar un documental sobre su figura llamado El lugar al que llego, el que hoy se encuentra en fase de producción y búsqueda de financiamiento con una campaña en Ideame.

Filósofo, musicólogo, exdirector deI Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica, Gastón Soublette ha publicado obras en que reflexiona sobre temas tan diversos como el cine, la música de Mahler, el folklore, la poesía de Neruda y la cultura popular. Es conocido su vínculo con artistas de la talla de Margot Loyola, Héctor Pavez, Gabriela Pizarro, además de transcribir a partitura la obra de Violeta Parra la que ha llevado al disco en elepés como Chile en cuatro cuerdas.

Este trabajo audiovisual es el primero firmado en conjunto por sus creadores, quienes residen en Limache, al igual que su protagonista. “Nos pareció que era un personaje muy interesante, muy singular, muy querido en la ciudad y ambos teníamos cierto acercamiento con él por historias paralelas. Además nos dimos cuenta de que no había un documental sobre él”, detalla Ossandón al teléfono con Culto.

Decididos, ambos autores fueron a visitar al intelectual a su residencia para contarle la idea. Le encantó. Asimismo, les comentó que en pocos días volvería a impartir clases en la Universidad Católica, las que se había visto forzado a dejar por complicaciones de salud que después logró superar. Nada de simple con noventa años en el cuerpo. “Era obvio para nosotros que por ahí teníamos que partir el documental. ‘Ya, démosle’, nos dijo”, detalla Ossandón. Ese regreso a las aulas fue filmado y parte de ese registro se puede ver en el teaser disponible.

Pero con el paso de los días, al acompañar al perfilado en sus caminatas por cerros, senderos y otras actividades, quedó claro que era necesario considerar otros aspectos de su obra. De allí se definieron cuatro ejes que articulan la narración, las que abarcan sus paseos por Valparaíso, su vínculo con la cultura mapuche (de hecho, él fue nombrado lonko por una comunidad), la relación con la sabiduría popular, y su mencionada actividad docente. “Estas historias desembocan en una idea de que a los noventa años la muerte es una compañera cotidiana, está rondando. De hecho, él nos contaba que imagina el paso al más allá” agrega González.

-¿Por qué Valparaíso? ¿qué tiene esa ciudad de especial para él?

Felipe: La madre de Gastón lo llevó a los 8 años a ver una película de Chaplin, El Pibe. Quedó muy impresionado, entonces al salir de la función la mamá le dijo que él también había sido un niño abandonado y ella lo recogió y lo adoptó. Eso le produjo un impacto muy grande. La madre estaba bromeando, de una forma bastante rara. Años después va a recorrer los cerros de Valparaíso. En uno de sus tantos viajes conoce una señora que lo ayuda mucho, con la que establece un vínculo muy fuerte. Como Gastón le da símbolos a todas las cosas, él dice que sus viajes a Valparaíso no tenían un afán turístico o artístico, sino que era la búsqueda de su madre. Un poco es lo que generó su madre real con esta broma que hizo”.

Canto para una rogativa

Suena el teléfono. Es Gastón. Dice que se preparen para subir al cerro La Campana para acompañarlo a una rogativa mapuche ¿la razón? la anunciada instalación de una termoeléctrica en el lugar, que luego generó un movimiento ciudadano de protesta en la zona. “Él está muy convencido con estas rogativas”, detalla Ossándón. “Cree que generan una energía tal, que consiguen objetivos muy difíciles”.

De hecho, no era la primera vez que Soublette recurre a este tipo de ceremonias. Ya lo hizo en los serios pasillos del Campus Oriente de la Universidad Católica, cuando se anunció su cierre, años atrás. Pero en rigor, no sigue la manera ortodoxa respecto a cómo llevarla a cabo. “Él es de la idea de mezclar culturas”, explica González. “Entonces se construye una especie de altar, con elementos mapuches, algunos incas. Luego él lee poesía, en este caso el Canto General de Neruda. La gente va detrás suyo, leyendo, como una especie de salmo”, cuenta Ossandón. “Además ofrece una reflexión. En este caso, me acuerdo que habló sobre cómo los mapuches vivían en armonía pese a tener un príncipe incaico en la zona central de Chile. Todo termina con música en vivo, él toca la flauta”.

Ese tipo de experiencias son parte de la relación comunitaria que ha cultivado el sabio a lo largo de los años y que le ha llevado, incluso, a compartir espacios en su propia residencia. “En diciembre él abría su hogar. ‘Casa abierta’ le llamaba, Podía entrar toda la gente, llegaban familias con sus niños, hacían pic nic, y además rogativas. Nosotros tenemos registro de la última jornada que hizo, ya no lo hace más”, agrega Ossandón.

El realizador comenta que en el trabajo también hay espacio para explorar en el mundo de la sabiduría popular. Por ello, junto al equipo de rodaje acompañaron a Soublette en su visita a Don Tito, un sabio de la localidad de Rungue, en una larga y calurosa jornada. “Hicimos tres estaciones. Primero llegamos a una casa de adobe, que tiene 200 años, donde todavía vive la familia de Don Tito. Luego fuimos a un Algarrobo milenario donde hicimos un alto. Allí Gastón nos habló de asentamientos mapuches, preparamos un té y comimos un sándwich. Finalmente arribamos a un bosquecito que a él le gusta mucho para retirarse a meditar. Por eso el documental se llama El lugar al que llego. Nos referíamos un poco a este bosquecito. Hay que agregar que él no paró de caminar en todo el día. Tiene una vitalidad, una energía increíble”.

Un documental “a lo amigo”

Las jornadas de grabación han sido esporádicas. No solo por los tiempos de los involucrados, sino que por algo más mundano que suele ser la principal dificultad al momento de crear material audiovisual en Chile: el financiamiento. “Estamos súper endeudados”, reconoce Ossandón. “Esto lo hemos financiado desde nuestros bolsillos. El material es profesional y todo, pero todo ha sido como bien indie, bien artesanal. Como muy a lo amigo, sacando plata donde no hay”.

Por lo mismo, los directores le explican a Culto que ahora están en la fase de búsqueda de financiamiento para acabar el filme, lo que no ha sido fácil. “Nos hemos topado con algunos inconvenientes técnicos. Postulamos el año pasado al Fondart, pero nos rechazaron por motivos bastante raros. Pato trabaja en el consejo, por lo que no puede postular, tiene un impedimento legal. Ahora volvimos a solicitar dinero al Fondart, en la línea de guión”, cuenta Felipe.

No ha faltado el ingenio. Un día levantaron un stand en la plaza de Limache para dar a conocer el proyecto y obtener fondos. A esa jornada se sumó Soublette, quien, cuentan, recibió el cariño de la gente. “Se dio el tiempo para venir y contar algo acerca de la historia de Limache, como nació, el origen del nombre”, relata González. “A la gente eso la toca. Por eso lo saludaban, le pedían fotos, le decían que le tenían admiración, etc”.

La campaña de recolección también cuenta con una parte digital. En el sitio Ideame es posible hacer donaciones por diferentes cantidades, a las que se asocian recompensas específicas para cada una. El objetivo es reunir diez millones de pesos, para lo que aún queda un poco más de treinta días. “Esto se está transformando casi en un movimiento ciudadano de la ciudad, todos quienes están apoyando son de ahí y la comunidad se ha ido involucrando en el proceso”, explica González. “Nos autoimpusimos fecha de estreno en 2020 y sabemos que lo vamos a lograr”.

El Soublette de la gente

El Richard miró nuevamente a Gastón. Es un hombre muy delgado, alto y de larga barba cana. Aunque pensó que lo pondría nervioso con su interrogante, el sabio mantiene su semblante sereno y eso, debe admitirlo, le perturba. Son los ochenta, y vivir en el cerro Toro no es fácil por las dificultades sociales y económicas. Soublette levantó la mirada. “La protesta”, le dijo con su voz grave. Eso es lo que tenían en común.

La respuesta conmocionó al porteño. Lo abrazó. No solo no concretó el salteo. Desde ese momento ambos se hicieron amigos. “Él lloraba cuando nos contó esa historia”, recuerda Felipe. “Nos dijo que lo había sorprendido con su cariño. En ese tiempo era un drogadicto, había días en que estaba jalado, pegado en el techo, y no entendía qué hacía este señor con su flauta y con sus alumnos”.

“Alguna vez Violeta Parra le dijo que era un pije que no conocía al pueblo, entonces un poco bajo este mandato, Gastón salió a recorrer los cerros”, explica Patricio González. “Por eso terminaron frecuentando la casa del Richard, llegaba con flauta, amigos con guitarras, animaba la fiesta. Reconozco que pensamos que era una historia que había sido un poco exagerada. Pero cuando fuimos al cerro Toro con Gastón y lo conocimos, fue impresionante. Se emocionó mucho. Es más, resulta que no solo son amigos. Gastón es también el padrino de su hija”.

-¿Por qué creen que Soublette genera eso en la gente? ¿qué es lo que le hace tan valioso para ustedes?

Patricio: Yo creo que la gente percibe que su mensaje es coherente y lo vive tal cual, además todos sus estudios sobre sabiduría popular, el Tao, etc. No hay ninguna impostura entre lo que predica y la forma de vida que lleva. Además es una figura longeva, que de alguna manera resume sabiduría.

Felipe: Cuando fuimos a la UC, Cristián Warnken recordaba que en los ochenta, Gastón andaba por el Campus Oriente con el mismo discurso de hoy. Porque tiene un mensaje que es muy necesario y que hace mucho sentido en los tiempos que corren. Alejarse de lo material, acercarse a los afectos, acercarse a la naturaleza, son como llamados que son muy urgentes. La sociedad actual, dice, está más preocupada de la tecnología que del ser humano. Cala hondo porque es muy real. Y la gente necesita escuchar eso, porque por otro lado le llegan mensajes como endéudate, gana plata, emprende, tienes que ser exitoso. Gastón propone otro camino.

viernes, mayo 10, 2019

Gastón Soublette sueña con Jennifer Lopez



La Tercera

A sus 92 años, el filósofo y musicólogo se prepara para escribir sus memorias. Espera hacerlo este verano. Tiene conciencia de que va contra el tiempo, pero tiene a su favor que recuerda perfecto los episodios que quiere contar. En esta entrevista aborda varios. Incluido uno tan pop como su sueño con la cantante Jennifer Lopez, que él interpreta como la lucha interna de dos mundos que habitan profundo en él: lo mapuche y lo católico.

Por Gabriela García

Fue en sueños, pero sus recuerdos son tan nítidos que Gastón Soublette puede narrarlos como si recién despertara de esa siesta. Parado en el Estadio Nacional junto a Jennifer López -actriz y cantante norteamericana, de ascendencia boricua-, ambos están a punto de competir por quién da la vuelta al coliseo en menos tiempo.

El experto el filósofía oriental, cultura popular, musicólogo y esteta la mira antes de comenzar la carrera.

-Es una mujer tan hermosa -piensa en voz baja, mientras su cuerpo se pone en posición.

-Jennifer, tú tienes un reloj con cronómetro, así que toma tú el tiempo -le dice a J.Lo.

Pero entonces la escena, y todo el sueño, se van a negro.

***

Gastón Soublette, sentado ahora en el sillón de su casa de Limache, al calor de una pequeña estufa eléctrica, recuerda ese sueño.

-Era una cosa muy seria -dice.

Para él, este sueño simboliza un conflicto que no ha podido resolver en sus 92 años de vida. Un dilema que a veces lo atormenta.

-Para mí, ella es una mujer muy bella. Pero su belleza radica en que sus rasgos son indígenas, por lo que mi interpretación del sueño es que mi inconsciente la escogió a ella para simbolizar mi atracción por un mundo que muchos creen incompatible con mi fe en Jesucristo. Eso no he podido resolverlo. En el sueño estamos compitiendo. ¿Quién gana? ¿Mi fe cristiana o la mística telúrica y pagana del mundo mapuche? -dice quien ha sido formado por el discípulo de Gandhi, Lanza del Vasto, y también por guillatunes mapuches donde ha tocado el cultrún para que una machi entre en trance.

Gastón Soublette tradujo el Tao te King y es experto en refranes, pero nada ha podido contestar esta pregunta que arrastra hace tanto tiempo.

-Es un problema que ya no sé si valga la pena descifrar. Hago lo uno y lo otro. Los mapuches también hablan de un creador del cielo y de la tierra. ¿Qué diferencia tiene con el de la Biblia? -dice, mientras el sueño con J.Lo sigue en su retina.

***

Gastón Soublette sabe que está contra el tiempo para descifrar éste y otros asuntos. Un médico chino que le clavó agujas por todo el cuerpo le dijo que viviría más de 100 años si se portaba bien, y él -que medita y ora cada día, que en lugar de aprender a manejar eligió caminar y se alimenta sano, que vive hace tres décadas conectado con la naturaleza en una quinta de los años 30, rodeado de paltos centenarios y un pastor alemán capaz de matar a quien se acerque a él y a su mujer si el bastón en el que apoya su 1,87 de altura no lo espanta- está en la recta final.

-Me preocupan los problemas que se puedan suscitar con la muerte. Si parto yo, ella se quedará sola. Y si ella se va primero, quedaré solo yo. Uno tiene que pensar en ello, son problemas reales. ¿Qué se va a hacer con esta propiedad? ¿Los hijos la van a vender? ¿Me van a invitar a vivir con ellos? Tengo muchos proyectos de escribir y publicar, todo eso se piensa entre medio de que puedes ser interrumpido por la muerte -cuenta.

Soublette confiesa que habla con Dios de estas cosas. Lo importante, dice, “es mantenerse vivo por dentro mientras no te entierren”, y para eso sigue dando clases de sabiduría popular oral chilena en el Instituto de Estética de la UC y escribiendo cartas a El Mercurio cuando algo lo indigna.

Este verano, además, se prometió escribir sus memorias. Quiere hacerlo en una vieja Olivetti que descansa sobre su escritorio. El libro, advierte, no correrá cronológicamente. Serán episodios que narrarán su vida. Incluidas sus experiencias con los mapuches y su amor por Cristo.

-Creo que puedo escribir un buen volumen de fragmentos hasta marzo. Tengo memoria de elefante -dice quien atribuye su buena salud a su madre, quien lo amamantó durante un año.

Soublette tiene los huesos intactos, pero usa audífonos. Y su biografía es la de un alquimista que combina saberes. Nació en Antofagasta, pero creció en Viña del Mar. Estudió Derecho en la U. de Chile, pero sólo por complacer a su padre. Su verdadera vocación estaba en la música: terminó titulándose de compositor en el Conservatorio de París, en Francia, país donde en los 60 sería agregado cultural de Chile.

Elegido por Violeta Parra para traducir a partituras sus composiciones, Soublette también aprendió a amar la cultura popular y, de alguna forma, sus clases en la Católica son una forma de concretar el sueño inconcluso de ella de hacer una universidad del folclore.

Gastón Soublette quisiera darle la espalda al tiempo. Se lo dice a los alumnos que lo escuchan en el Instituto de Estética de la UC -que dirigió hasta los 80-, citando una de sus películas favoritas: El náufrago, de Robert Zemeckis.

-Vivimos y morimos por el reloj. Pobres esclavos del tiempo -dice, mientras su cabellera larga y canosa lo hacen parecer un chamán, pero con poncho.

Gastón Soublette pertenece a la elite. Fue cuñado de Gabriel Valdés Subercaseaux y conoció a su esposa francesa en un castillo europeo. Pero su alma es sureña y salvaje. Prefiere el caos de la naturaleza que las ciudades amuralladas.

Su único deporte fue subir cerros. Hace 10 años, cuando tenía 82, fue la última vez que puso su cuerpo a prueba: escaló el monte La Silla, que tiene 1.800 metros de altura.

-Quería probarme, saber si aún me la podía. Fui con un ex alumno mío de 50 y caminé más o menos 7 horas. Estar solo en el silencio de la naturaleza es para mí una experiencia sagrada.

***

La carrera entre Gastón Soublette y Jennifer Lopez no se ve en el sueño. Pero segundos después de que la escena de la competencia en el Estadio Nacional se va a negro, ambos reaparecen en una casa muy aristocrática.

Ella, vestida con un traje muy elegante, es agasajada por hombres de cuello y corbata con los que comparte un cóctel de verano en los jardines, mientras Soublette, sentado en el living, la mira de lejos.

“Yo la observaba entre la gente en esta casa pirula. Es una mujer muy bonita, pero tiene las piernas un poco cortas, pensaba yo. Entonces, inquieto por saber quién había ganado la competencia, abría la puerta y salía a encontrarme con ella, a interrumpirla en su coquetería con estos señores”, recuerda hoy Soublette.

-Bueno, Jennifer, ¿quién lo hizo en menos tiempo? -le pregunta curioso.

J.Lo voltea y le sonríe:

-¡Y eso qué te importa! Lo importante es que lo hicimos.

El sueño termina ahí, porque Soublette despierta.

***

-¿Qué significa que yo piense en el sueño que ella tiene las piernas cortas? -se cuestiona Soublette, mientras continúa descifrando esas imágenes.

Entonces explica que, según Carl Jung, las extremidades inferiores simbolizan el alma.

-Hay una analogía funcional ahí. El hecho de que yo diga que ella tiene las piernas cortas se debe a que estoy diciéndome a mí mismo: la espiritualidad indígena, con todo lo que me atrae, es inferior al Evangelio de Jesucristo. Pero, como igual me queda siempre la duda frente a esto, le pregunto mejor a ella: ¿quién lo hizo en menos tiempo?, ¿quién ganó? Su respuesta es clara: “¡Qué importa!”, dice ella, como queriendo decirme: “no pregunte huevadas, si el problema no se va a revolver nunca”. Pero eso no es todo…- advierte dejándolo en suspenso.

La risa de Gastón Soublette retumba en la casona de Limache. Dice que aunque Cristo es el valor supremo para él, que no lo puede cambiar por nada, una de las razones para escribir sus memorias será justamente explicar por qué quedó tan enganchado con los mapuches.

Sus experiencias están llenas de sincronías que conectan los capítulos de su larga vida. Soublette tenía cuatro años cuando comenzó a venir a Limache para pasar los veranos en la quinta de su tío. De adolescente jugó entre los jardines que hoy habita.

Pero eso no es todo: junto a un primo se propusieron inventar una historia mapuche y crearon la de don Juan de Manríquez Sandoval: un conquistador español que, cansado de la crueldad y la codicia de los españoles, se pasó al bando de los indígenas.

-Era un desertor, pero por ser un hombre que tenía poderes síquicos, en recompensa por eso, los chamanes mapuches lo ordenaron machi, convirtiéndose en el primer machi de raza blanca que existió en América -dice sobre el cuento que terminaría siendo una historia real.

***
Hace unos años, recuerda Soublette, el profesor Antonio Antileo, que enseñaba mapuzungún en la escuela de Letras de la UC, le dijo:

-¿Usted sabe que esa historia que inventó ocurrió en la realidad?

Soublette llegó a tiritar tras escuchar que efectivamente un conquistador español, pero de apellido Calvo, se había casado en secreto con una inca del Perú, lo que provocó que Pizarro lo persiguiera a muerte. Los indígenas lo protegieron hasta que llegó a Quillota, en Chile, donde se puso a las órdenes de Michimalonco.

-Él vistió de toqui mapuche a este español que efectivamente tenía dotes síquicas muy poderosas. Pero fíjese en esto además: Limache viene del mapuzungún; significa machi blanco.

Soublette sigue deslumbrado por ese misterio. Cuenta que Antileo lo instó a averiguar la razón de esa concordancia y que cuando le dijo “a lo mejor, el pueblo mapuche lo está buscando”, a él le dieron escalofríos.

Lo primero que hizo al respecto fue una gigantesca exposición de arte mapuche en el Campus Oriente de la UC.

-Ahí sentí lo que ellos llaman el newen, el poder de las cosas sacras mapuche que me empezó a dominar -dice.

Su encuentro con un profesor del Pedagógico, Domingo Curaqueo, lo terminó de introducir en ese mundo: invitó a Soublette a un nguillatún al sur. El musicólogo se alojó una semana en una ruca y durante la ceremonia de cambio de rehue, el viejo machi Gerardo lo llamó y le dijo que debía tocar el cultrún sobre la cabeza de una mujer que iba a entrar en trance. Soublette, que ya sabía tocar el instrumento así como la trutruca, obedeció y sintió que su vida cambiaba por completo.

-¿Por qué han hecho esto conmigo? -preguntó después.

-Porque tú eres un peñi, un hermano, tú eres de los nuestros -le dijeron.

A Soublette, entonces de 50 años, se le erizó la piel. Una machi, dice él, llegó a ofrecerle a su hija en matrimonio. Pero el musicólogo miró a la niña de 15 años, y dijo que no podía aceptarla. Que ya estaba casado.

La machi lo miró a los ojos:

-El newen se le metió en el cuerpo y no se le va a ir más -sentenció.

Soublette volvió a Santiago y al entrar en su departamento tuvo una crisis tan fuerte que debió recurrir a un siquiatra.

-Miré mi cama, mi escritorio, mi teléfono, la cocina y desconocí todo eso. Sentí una distancia tremenda. Me vino una depresión muy grande -confiesa. Y agrega que llegó a pensar que tendría que irse a vivir con los mapuches.

Pero Soublette se quedó de académico en la UC. Comenzó a escalar los cerros de la zona metropolitana donde antiguamente habían vivido los mapuches, y siguió yendo a verlos al sur, pero de visita. Entre medio recurrió a la filosofía oriental, conoció a Lola Hoffmann y de su mano el confucionismo, el I-ching, a Lao Tsé, a Jung y las sincronías. Luego, llegaría a la conclusión de que esa misma sabiduría está en los refranes populares.

-¿Se da cuenta que estuvo a punto de encarnar su propio cuento?

-Estuve a punto de quedarme ahí para siempre…

-¿No se arrepiente ahora que conoce de los abusos que ha cometido la Iglesia?

-Sigo siendo católico porque pienso que esas son personas que usan mal su investidura, pero no son la Iglesia misma. Es cierto, la organización jerárquica del clero está haciendo agua y mostrando sus grandes falencias, pero es porque se ha insistido poco en que la Iglesia es ante todo el pueblo de Dios. Creo que es hora de los laicos. Pero no nos vamos a tomar la Iglesia a la fuerza, tenemos que dialogar con la jerarquía para ver dónde podemos llegar, porque hasta ahora ésta lo está haciendo muy mal. Los escándalos que ha habido revelan que la clase sacerdotal no tiene herramientas para tener el dominio de sí misma. Gandhi decía que sus enseñanzas se basaban en tres pilares: el conocimiento de sí mismo, el dominio de sí mismo, el don de darse a sí mismo a los demás. Pero si uno se da a la comunidad sin conocerse y sin tener el control de sí mismo, puede dejar la grande, y eso es lo que está pasando. Por suerte tenemos a este Papa, que es muy valiente…

***

-Usted viene anunciando un apocalipsis desde 2012. Además va a publicar un libro que reunirá las cartas que ha enviado a El Mercurio en los últimos 40 años y que tienen de fondo su preocupación ecologista. ¿Qué es lo que más lo alarma?

-Yo ya no puedo viajar como antes. Estoy muy viejo, me canso. Pero prendo la televisión sólo para ver las noticias y me informo todos los días a través de los diarios y de mis amistades ecologistas. Juan Pablo Orrego y Sara Larraín me cuentan lo que está pasando y lo que se conversa en los congresos. Y lo que yo más temo es que se llegue a un punto de no retorno en la recuperación del ecosistema mundial. El mar va a subir 6 metros; y esto lo escuché por primera vez fácilmente hace 40 años en la Cepal. Londres, Nueva York, Miami, Valparaíso, ¿dónde irán a parar? Hay que tener un plan de evacuación y replegarse más adentro porque ese fenómeno ya no se puede detener. Lo otro que me preocupa mucho es la sequía. Aquí no cae una gota. Ya se acabó el agua en la parte alta de Olmué. Y va a llegar un momento en que el agua se va a acabar en Santiago también. Sabiendo esto, y que los glaciares son la gran fuente de agua dulce para las ciudades, ¡cómo podemos permitir que intervengan los glaciares frente a Santiago porque debajo hay oro! Creo que esas decisiones son inspiradas en un deseo de morir.

-¿Somos autodestructivos?

-En el ser humano existe una parte inconsciente que tiende a la muerte y que se llama tánatos. Así lo llamaban los griegos. Y es un impulso contrario a eros, que va hacia la vida. Si viene el señor Bolsonaro y lo primero que declara es que la selva amazónica va a ser abierta a la explotación comercial, cuando la selva de Brasil no le pertenece sólo a él, sino al mundo entero porque es un gran pulmón que purifica la atmósfera, eso es tanatos, un deseo de morir. Por otro lado tenemos a Trump que dice que el cambio climático es un cuento chino. Esos hombres no se conocen a sí mismos.

Soublette camina por el jardín cubierto por las hojas del otoño. Cuenta que tiene un pozo de agua al que espera que sus nietos y bisnietos recurran en caso de emergencias, si es que él ya no está aquí para protegerlos. Le aterra el planeta que les espera. Dice que va a morir mucha gente. Y que hace un mes, Juan Gabriel Valdés, su sobrino que terminó hace un año su rol de embajador en Washington, se lo confirmó: “Aquí va a quedar la grande, tío”.

-Yo detesto este modelo de civilización, creo que es incompatible con el Evangelio de Jesucristo y con la vida. El poder económico hace lo que quiere con nosotros -dice.

-¿Qué le provoca eso a usted?

-Una indignación tremenda. Yo pertenezco al club de los indignados.

-¿Y cómo lo hace para no perder la fe en la humanidad?

-Yo no pierdo la fe porque medito con el cuerpo inmóvil en la postura del loto, con la espalda recta y la respiración rítmica, y así restablezco el equilibrio síquico y el dominio de mí mismo, si no estaría muerto. Pero a la vez creo que el poder que trajo la vida a este planeta es más fuerte que la imbecilidad de los hombres. Que aunque nos van a llevar al extremo, casi al punto de no retorno, eso no va a ocurrir. La vida es más fuerte que la depredación que hace la industria en el mundo, y si Jesucristo, el hijo de Dios, vino al mundo no es para que esto termine mal, ¿cierto? Estamos pasando por el cuello de la botella y se va a poner mucho peor, eso sí.

-¿Le asusta la muerte?

-Fíjate que no sé. Por el momento estoy tranquilo, pero no sé cómo reaccionaría si el doctor dijera claramente que me voy a morir. A pesar de que emprendí la aventura del autoconocimiento, y que con él tomé conciencia de las bases de mi personalidad y logré tener el control de mis reacciones, conocerse entero es imposible, un abismo sin fondo. ¿Será verdad que iré a vivir más de 100 años? Yo por el momento pido unos cinco más para terminar lo que tengo pendiente.

***

Puede que Soublette nunca resuelva el dilema que le reveló el sueño con Jennifer Lopez, pero la última vez que la vio no fue dormido. Tenía los ojos bien abiertos y estaba en su departamento de Providencia, el mismo donde lo lleva un amigo cada domingo para hacer los martes sus clases en la UC.

-Le dije que el sueño había tenido cola, ¿no? Bueno, a la semana que soñé que competía con ella en el Estadio Nacional, ¡Jennifer Lopez se vino a alojar al lado de mi casa! ¡Ella, en persona! Se alojó en el hotel W. Y yo la veía por la ventana de mi cocina cuando se subía a la limusina que la venía a buscar -cuenta.

Soublette quedó de una pieza. Tanto que pensó en escribirle una carta para contarle que habían corrido juntos, pero se arrepintió.

-Al final no lo hice. Para qué, si lo que se ve claramente en el sueño es que yo no solucionaré nunca ese problema. Para mí, Jesucristo está encima de todo, con eso basta -dice mientras cae la noche en Limache y él se frota las manos en la estufa antes de irse a dormir.

domingo, diciembre 30, 2018

Comentarios de Gastón Soublette: Desentrañando el mundo sinfónico de Mahler

El Mercurio

El 7 de mayo, Paolo Bortolameolli dirigirá en el Municipal de Santiago la Séptima sinfonía del maestro austríaco, en ceremonia de Gala de "El Mercurio". El destacado musicólogo y docente chileno destaca los hitos de la creación del músico fallecido en 1911 y repasa las particularidades de dicha sinfonía. Es autor de un libro sobre Mahler. 

Por Gastón Soublette

La Séptima Sinfonía de Gustav Mahler data de 1906. Su primera audición tuvo lugar en Praga, en 1908, bajo la dirección del autor (todas las primeras audiciones de las sinfonías de Mahler eran siempre dirigidas por él mismo). Por lo que se sabe en el público asistente estaban presentes personalidades muy destacadas de esos tiempos, tales como el compositor Alban Berg, discípulo de Schönberg, y los célebres directores de orquesta Bruno Walter y Otto Klemperer. La recepción del público y de la crítica fue discreta, según la información que nos da Bruno Walter en su libro sobre Mahler, lo que obligó al compositor a revisar la instrumentación varias veces e introducir cambios.

Siendo este director el más destacado discípulo del maestro en el arte de la dirección de orquesta, conoció como nadie las vicisitudes por las que pasó la difusión de su obra incomprendida por un público y una crítica proclives a juzgarla por comparación con la estética archiestablecida de los grandes maestros de la Escuela Alemana, desde Beethoven. Por eso, la aceptación de esta música en una dimensión masiva a nivel mundial ha venido a ser un fenómeno tardío que ha podido ocurrir solo en la segunda mitad del siglo XX.

Todos los musicólogos que han analizado la obra de Mahler hacen notar lo insólito del hecho de que una música en la que se conjuga el heroísmo épico, y la efusión sentimental en gran escala como expresiones de una concepción esencialmente romántica de la música pueda ser aceptada sin reparos, entendida y disfrutada solo después de transcurrido casi un siglo desde el fallecimiento de su autor en 1911 y no antes.

¿Cómo podría explicarse el hecho de que las sinfonías de este compositor nacido en 1860 hayan pasado tantas décadas esperando a su verdadero público para venir a hallarlo en plena posmodernidad y después de que, a causa de dos grandes guerras mundiales, haya entrado en una profunda crisis la cultura occidental en su totalidad?

No hay escritos musicológicos del pasado sobre la obra de Mahler que no pongan el dedo en la llaga acerca de lo que todos sus comentaristas anteriores llamaron sus banalidades, su recurrencia irresistible a una temática de música ligera y de mediana calidad, como también a sus arranques sentimentales de un apasionamiento ajeno a nuestro tiempo; a lo que se suma el gigantismo a veces abrumador de largas y pesadas estructuras sinfónicas instrumentadas para masas orquestales de dimensiones monumentales.

El compositor francés Pierre Boulez, gran promotor de la música contemporánea y conocedor de todos los hallazgos y arbitrariedades de un arte musical que no va más allá de ser una proposición de sonoridad, escribió un ensayo muy lúcido sobre el fenómeno Mahler asociando las críticas del pasado con el intento de explicar el por qué del triunfo tardío y clamoroso de un arte que en el pasado inmediato no fue valorado, como lo ha sido mucho después. De la lectura de este ensayo se desprende que la comparación de la música de Mahler con la de sus grandes antecesores, durante mucho tiempo lo desfavoreció pero que después de la crisis cultural del siglo XX, lo que antes fue calificado de banal resultó no serlo para la nueva concepción del arte en la posguerra, como tampoco se hizo cuestión del gigantismo estructural y la inmensa orquestación, ni los arranques sentimentales, ni la teatralidad de un heroísmo épico, ni su manejo de una retórica de lo sublime, y ni su recurrencia a la oscuridad sonora de lo misterioso.

Así, lo interesante del fenómeno Mahler, hoy, es que toda la desmesura estructural y expresionista resulta ser la fisionomía musical de una vitalidad creadora que ahora nos resulta absolutamente excepcional, que en el ritual de la ejecución de sus sinfonías el hombre posmoderno y poshumano necesita para alentar lo mejor de sí que subyace en su interior. Incluso lo que antes fue mirado como vulgar hoy resulta, como proposición estética, muy interesante, como es el caso de su recurrencia a las danzas folclóricas y citas muy aproximadas a los más conocidos valses de Johann Strauss en los scherzos de sus sinfonías, en el entendido que esos materiales sonoros son sometidos luego a variantes de desarrollo de un modernismo y una osadía de evidente originalidad para los auditores de esta época y en lo que se refiere a una vena épica, sublime y misteriosa de su música sinfónica eso es, justamente, lo que al público contemporáneo más le atrae e impresiona.

Más íntima

En lo que se refiere a su Séptima Sinfonía próxima a ser presentada en Chile, cabe decir que está concebida en la misma factura monumental de sus otras sinfonías, sin desmerecer en valor, aunque en su caso cabe hacer notar que hay una tendencia inconsciente tal vez a situarla en un segundo rango entre sus pares más próximas: la Quinta, la Sexta y la Octava. La Quinta es la más brillante de todas y pasa por ser la composición sinfónica con que más se puede lucir una gran orquesta y un buen director. La Sexta, por su célebre marcha arrolladora inicial y su poético adagio y su final contrapuntístico se destaca más, en tanto que la Octava llamada 'Sinfonía de los mil' por sus dilatadas dimensiones, por sus coros y solistas, resulta ser como un edificio muy grande que le hace sombra por el costado norte.

En contraste, la Séptima Sinfonía resulta ser más intimista, aun cuando su primer y cuarto movimientos recurren al ritmo binario de las marchas militares en varios pasajes. Por lo leído en los trabajos musicológicos sobre Mahler, lo que más se destaca en esta obra, lo cual es también de mi preferencia, son el scherzo danzante en ritmo de vals del segundo movimiento y la "Nachmusik" (música nocturna) del tercer movimiento. Obras sinfónicas que asocian luces y sombras alucinantes en un permanente juego sobre un fondo de misterio mediante una dinámica de muchos matices y una rica instrumentación.

El primer movimiento, del mismo corte que el primer movimiento de la Segunda, de la Tercera y de la Novena, es como un gran poema sinfónico con un desarrollo episódico de mucha riqueza y variedad pero siempre en una cuerda patética y algo sombría. Su factura es de muy largo aliento. Según el director puede alcanzar hasta 25 minutos. Solo el primer movimiento.

Como en todas las sinfonías de Mahler, se percibe que es una música sinfónica hecha por un compositor que se desempeña normalmente en el oficio de la dirección de orquesta, especialmente director de óperas, lo cual le aportó el sentido del teatro que él transfirió a sus sinfonías mediante una narración orquestal de mucho sentido dramático.

En suma hoy, a más de cien años de distancia de su fallecimiento, podemos decir sin temor a equivocarnos que muchos rasgos del estilo musical de Gustav Mahler que antes le merecieron críticas negativas y reproches, son precisamente los aspectos de su obra por los que hoy se le admira y se celebra, una vez superados todos los condicionamientos y prejuicios de un público y una crítica muy anclados en los modos tradicionales de componer música, que no podían entender a un compositor que declaraba públicamente que la forma sinfonía había alcanzado tal grado de desarrollo que podía incluir todas las formas musicales, desde la canción a la sonata, pasando por las danzas tradicionales, el drama musical, el poema sinfónico, la cantata, el oratorio, la música de banda militar, los misterios del más allá, y la religión cósmica. Por eso, él solía decir que componer una sinfonía era como crear todo un mundo.

Gastón Soublette es autor del libro "Mahler. Música para las personas", editado por la Universidad Católica en 2005.