IÑIGO DÍAZ
Cultura
El Mercurio
Hace 30 años llegó a Córdoba con una beca del gobierno español. Hoy es uno de los maestros más respetados en la tierra del flamenco. Desde allá envía su nuevo disco, "Agüita de la montaña".
Al menos dos episodios en el escenario marcan la historia de Carlos Pacheco Torres (1961). En 1986 tocó la segunda guitarra en el concierto que su maestro, Carlos Ledermann, dio en el Teatro Municipal y sería luego el disco "Ledermann en vivo". Y desde la primera guitarra, en 2005 dirigió en el Auditorio de Barañáin de Pamplona un concierto que sería decisivo.
"Presentamos tres guitarras flamencas, dos cantaores y una bailaora, además de un cuarteto de cuerdas", detalla desde España el músico nacido en Temuco y criado en Gorbea, que hace tres décadas vive en Andalucía. Esa obra se convirtió en el disco "Música para cuarteto de cuerda y cuadro flamenco", la búsqueda de un punto de encuentro entre la música de tradición escrita y la oralidad del flamenco.
"Creo que desde ese concierto los flamencos comenzaron a decirme 'maestro'", señala, no sin pudor. "En 30 años no he querido figurar de ninguna manera. No es lo mío. Existe una confusión respecto del bajo y el alto perfil: yo tengo un perfil de escasa notoriedad pero reafirmado en el valor que te asigna el resto", dice.
Carlos Pacheco Torres sigue siendo uno de los músicos menos conocidos y que más lejos ha llegado en su campo. Tras estudiar guitarra clásica con Liliana Pérez Corey y tocar flamenco con Carlos Ledermann en Chile, en 1989 llegó a Córdoba con una beca del gobierno español que le permitió tomar clases con el guitarrista Manuel Cano.
Desde hace 20 años es maestro en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba, donde implementó innovadoras metodologías en la enseñanza, que le valieron el reconocimiento en ese hermético mundo flamenco. Un centenar de solistas ha sido formado por el chileno, entre ellos, figuras como Niño Seve, Alfredo Meza y Juan María Real. Y como compositor e intérprete, Pacheco Torres acaba de lanzar su cuarto disco solista, "Agüita de la montaña".
"Hablo con acento andaluz, tengo una esposa andaluza y tres hijos andaluces. Tengo un andaluz adentro mío pero llevo a Chile en la piel. Es imposible deshacerme de esta influencia después de tanto tiempo, por eso el disco comienza en la guitarra flamenca y desemboca en la música latinoamericana", dice sobre sus soleás, tanguillos, bulerías y fantasías, que remiten a las raíces sureñas.
"Tenía la necesidad de reencontrarme con mi historia. Estuve en Chile en la celebración de los 50 años de Inti-Illimani y lloré todo el concierto. Aquí cierro los ojos y siento los olores del sur donde viví", dice. En "Agüita de la montaña", donde colaboran músicos flamencos, Pacheco Torres toca también charango, ronroco y guitarra de diez cuerdas en composiciones como "Preludio de un regreso", "La higuerilla", "Agüita de la montaña" y "Lago Chungará", todas vinculadas con Chile.
"No pude estar allá cuando murió mi padre. Tenía alzhéimer. Ahora le dediqué 'Lago Chungará'. Me preguntaron por qué, y la respuesta es que hace muchos años estuve ahí: nunca sentí una paz tan poderosa como en ese lugar", cierra.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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jueves, abril 11, 2019
lunes, mayo 21, 2012
Palo a palo: la multiplicación de la guitarra flamenca
El Mercurio
A miles de kilómetros de Andalucía, la región donde nació esta música de raíz gitana, se instala un movimiento en constante progreso. Si en 1980 había cuatro solistas en Chile, hoy existen más de 40.
IÑIGO DÍAZ
"Me senté en una de las primeras filas del teatro. Y tuve que ponerme cinturón de seguridad. Todas las brutalidades que yo había escuchado en sus discos, y que pensé que no eran más que artimañas del estudio de grabación, fueron reales. Las vi con mis propios ojos", rememora el guitarrista chileno de flamenco Carlos Ledermann, acerca de ese concierto de 1977 en el Teatro Oriente, durante la primera visita de Paco de Lucía a Chile.
Ledermann (1955) es el punto de apoyo de la guitarra flamenca en el país. Y no sólo por el impulso que le dio como el primer chileno en grabar discos y salir solo a tocar bulerías, fandangos, farrucas, rodeñas, alegrías y soleás, que son algunas de las 40 variaciones del flamenco y que sus cultores llaman "palos". Ledermann también ha sido fundamental en la formación de guitarristas. Hasta aquí calcula unos 300, incluidos el prolífico compositor Javier Farías y Carlos Pacheco, experto en flamencología y maestro de guitarra flamenca en el Conservatorio Superior de Córdoba.
Incluso Manolo Sanlúcar, una suerte de contraparte y "rival" contemporáneo de Paco de Lucía, ha dicho: "Algún día el flamenco tendrá que estarle muy agradecido a Carlos Ledermann por ese magisterio, esa entrega que hace desde su tierra, a tantos kilómetros de Andalucía". "Yo me estaba impulsando solo como músico, porque necesitaba aprender el flamenco. Si además impulsé un movimiento de guitarristas, muy bien. Cuando me retire, revisaré lo que he hecho", dice Ledermann.
Lo que ha hecho es publicar ocho discos desde que en 1984 lanzó "Agualuna" en un país vigilado que recién estaba conociendo a Paco de Lucía por "Friday night in San Francisco" (1980), el famoso concierto junto a John McLaughlin y Al di Meola que los entendidos en flamenco consideran algo parecido a un espectáculo de variedades.
Tres de sus alumnos más avanzados se activan en las presentaciones de música, cante y baile en lugares como el Espacio Arte Flamenco, de avenida Salvador, verdadero polo actual del flamenco. En febrero se presentó allí el flautista Jorge Pardo, músico histórico de Paco de Lucía, y hace tres semanas se realizó la primera gala de guitarra flamenca. Ledermann tocó junto a solistas como Francisco García, Gustavo López y Daniel Muñoz, quien además escribió y tocó la música del espectáculo "Compañerita prima mía de mi alma".
"Las galas seguirán, porque vienen a suplir los festivales que hasta 2001 se hicieron en el Centro Cultural de España, y le dan categoría a la guitarra. Es lógico que el público se compenetre más con el baile, por su carácter escénico. Los conciertos de guitarra flamenca tienen una audiencia más especializada", dice García. "El público que no conoce el flamenco suele quedar fuera de frecuencia al tercer compás de la música, debido a la complejidad rítmica. Por eso el baile será siempre más popular", explica Ledermann.
Arte Flamenco no es el único espacio para escuchar. En La Barcaza y el Thelonious; en teatros como San Ginés, y en los centros culturales de Las Condes y La Reina hay espectáculos todo el año. "Es el resultado del progreso del género aquí", dice García. Ledermann concluye: "En los 70 aprendí mis primeras lecciones con el maestro malagueño Julián Benito. Éramos cuatro guitarristas en total. Hoy hay más de 40".
En Madrid: ágape de tablaos
Un leve acento español se filtra en la voz de Claudio Villanueva (32) cuando dice: "Me fui pa' Sevilla y ahora me volví pa' Madrí". Vive en la capital española desde 2005, donde se ha formado como guitarrista.
Tomó cursos con Manolo Sanlúcar, y con José Jiménez, "El Viejín", "uno de los mejores guitarristas madrileños; tocó mucho tiempo con Paco (de Lucía). Aquí existe una escuela de flamenco distinta a la andaluza. Es un flamenco más estilizado, menos folclórico, que se puede apreciar en los tablaos de la ciudad", señala.
Villanueva es un músico habitual de estos espacios, donde se improvisa, se toca, se canta, se baila y se bebe. Ha actuado en El Casapata, Las Carboneras y el Villa Rosa, que se dice fue el primer tablao de Madrid "y posiblemente de toa España", agrega. Villanueva ha colaborado con figuras como Agustín Carbonell, "El Bola", y editará este año su segundo disco solista, "Ágape".
En Sevilla: estilo Pituquete
Instalado en la capital de Andalucía desde 2007, Andrés Hernández (30) ha sido destacado como el chileno de mayor alcance en la guitarra flamenca. Estudió con Rafael Cañizares y con Manolo Sanlúcar. "Como aprendí con Ledermann en Chile, quise seguir con Sanlúcar, el maestro de mi maestro", dice.
Lo apodan Pituquete. "Al principio me negué, pero ahora lo considero un buen nombre. Algo entre Farruquito y Manolete", agrega. Esa marca quedó en su primer disco, "Barrio de Santiago" (2008), editado en Sevilla, y estará también en "Abra", el disco que acaba de grabar.
Ha actuado en grandes escenarios, como el Auditorio Nacional de Madrid y el Teatro Central de Sevilla: "Nunca pensé llegar a tocar en estos lugares", comenta, mientras mantiene activas sus colaboraciones con la cantaora gaditana Encarna Anillo.
En Londres: flamenco y gypsy
Jorge Bravo (38) llegó a esa ciudad en 2005 para acompañar a su mujer inglesa e integrarse a los ricos ambientes musicales londinenses. Por veinte años tocó exclusivamente música flamenca, que estudió en Chile con Ledermann desde 1989. "Aunque yo ya venía tocando, él me enseñó aspectos técnicos de la guitarra. Era la autoridad del flamenco allá", dice.
En 2006 ganó la categoría reservada a músicos no españoles del Concurso de Guitarra Flamenca Nino Ricardo, efectuado en Murcia, pero actualmente Bravo está orientándose a la música conocida como "gypsy jazz". "El flamenco y el swing gitano están emparentados de igual manera", señala, mientras anticipa el estreno de su tercer disco solista, "Imposturas", previsto para octubre en Londres.
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