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domingo, octubre 14, 2018

Rescatan grabaciones inéditas de Claudio Arrau y Ramón Vinay

El Mercurio

Los dos chillanejos fueron estrellas internacionales de la música y la ópera. Y ahora un par de fanáticos ha recuperado y comparte con toda la ciudadanía decenas de registros que tienen un valor universal. 

Romina de la Sotta Donoso
Hace dos años, la remodelación del hotel La Leonera, en Codegua, reveló un tesoro patrimonial: unas cajas llenas de cintas Reel (magnéticas), casetes y videos que había guardado allí el dueño del recinto, Luis Ángel Ovalle, expresidente de la Corporación de Arte Lírico, ya fallecido.

Su hijo Gerardo, al ver que se repetía en los archivos un nombre escrito a mano, decidió donárselos al sicólogo Francisco Marín (37), quien es uno de los mayores fanáticos de Ramón Vinay (1911-1996).

"Gerardo Ovalle me pasó mil cintas Reel", recuerda Marín. Y como también se repetía el nombre de otro chillanejo que fue uno de los mayores pianistas del siglo XX, Claudio Arrau (1903-1991), convocó a Jaime Reyes (44), tecnólogo médico tan fanático como él, pero del pianista. Luego sumó al musicólogo José Manuel Izquierdo (33), profesor de la Facultad de Artes UC, y se adjudicó un Fondo de la Música de $2,3 millones para rescatar este acervo.

"Los dos mayores intérpretes chilenos de música clásica del siglo XX son Claudio Arrau y Ramón Vinay. Vienen de la misma ciudad y son los que llegaron más lejos internacionalmente, pero son polos opuestos, y no solo en lo político, sino en su mirada del arte. Arrau es un obsesionado por la partitura, mientras que a Vinay le importaba relativamente poco. También hay diferencias enormes de carácter, que se notan en las grabaciones: Vinay es canchero y apachotado, y Arrau es mucho más tímido, serio e intelectual", comenta Izquierdo.

El gigante Arrau

"Algunas grabaciones de Arrau son verdaderos tesoros, pues son interpretaciones de obras de las que no existía ninguna grabación, y además son realizadas en un período clave de su vida", apunta Izquierdo.

Reyes profundiza: "Son justo anteriores a la Integral de Beethoven que grabó para el sello Philips y que lo volvió mundialmente reconocido. Hay varias grabaciones en vivo inéditas; dos son de Schumann: el 'Humoresque' opus 20 y el 'Carnaval de Viena' opus 26, también el Primer Libro de Preludios de Debussy y el Valse Oubliée N° 1 de Liszt. ¡Son las únicas grabaciones suyas en vivo que existen de estas obras!".

Entre los documentos más valiosos se destacan dos registros donde Arrau habla de interpretación musical. "Uno es la grabación en estudio de la Sonata K. 311 de Mozart. Cuando termina, el propio Arrau habla sobre los problemas de esa obra con los técnicos", detalla Reyes.

El otro audio es de una clase magistral que dio el célebre pianista, en 1966, sobre la Sonata "Appassionata" de Beethoven. "Él habla y después la toca. Hace alusión, una y otra vez, a la técnica interpretativa, a lo importante de la relajación para la obtención del sonido. ¡Es emocionante! Claudio Arrau es fundamental para explicar la historia del piano, pero mucha gente no sabe ni siquiera cuándo murió. Ojalá este proyecto estimule a más personas a indagar y que llegue el momento en que se emocionen igual que nosotros al saber que encontramos el 'Humoresque' de Schumann, en vivo", dice Reyes.

Estrella lírica

"Las grabaciones inéditas de Ramón Vinay que encontramos son ocho sesiones de estudio de fines de 1954, con Hermann Weigert, el famoso maestro correpetidor alemán, quien preparó a las principales figuras wagnerianas de la época, como Kirsten Flagstad y Astrid Varnay. Ahí está estudiando 'Lohengrin', que supuestamente no cantó, porque no le quedaba tan bien a la voz, y también están sus caballos de batalla wagnerianos: el Tristán, el Siegmund de la 'Walkiria', Parsifal y Tannhäuser", detalla Marín.

"Esto es un patrimonio universal porque permite entender cómo se construía el rol de un cantante a mediados del siglo XX, que es cuando surge la idea del cantante actor, algo en lo que Vinay fue clave", agrega Izquierdo.

El extrovertido sentido del humor del famoso tenor se permea, asimismo, en un par de entrevistas que le hacen en Nueva York, en 1958. "En una de ellas habla del miedo que tenía al cantar Otello frente a Toscanini, dice que estaba más blanco que su camisa, y que al día siguiente, cuando escucharon la grabación, el maestro tenía el ceño fruncido", ríe Marín.

Hay un tercer capítulo del rescate, que bautizaron "Materiales Históricos", y son registros testimoniales de 1970, grabados en el Teatro Municipal. "Son bien emocionantes, aparece Víctor Jara cantando 'Plegaria a un labrador' con Quilapayún, en un evento que se llamó 'Homenaje al pueblo', y también hay una reunión donde Luis Antonio Ovalle, Ramón Vinay, Anton Guadagno y Barry Morell hablan con el sindicato sobre qué iba a pasar con la ópera con el nuevo gobierno elegido", describe Marín.

De todos estos documentos los investigadores hicieron copias digitales por un equivalente a 12 gigas, que ya entregaron a cuatro entidades culturales en Chillán. Ahora seguirán con Santiago, partiendo por la Biblioteca Nacional y el Teatro Municipal.

En paralelo, dispusieron en Operachile.com una completa guía con selecciones sonoras. "Es para que la gente se haga una idea y si quieren escuchar más, que me contacten. Nuestro objetivo es darle acceso universal a todo esto", cierra Marín.



viernes, septiembre 02, 2011

Homenaje A cien años de su nacimiento: Ramón Vinay, el asesino está de vuelta


 


El Mercurio

Voz de grano ancho, color de barítono y extensión de tenor. Fue el primer gran "Otelo" de la posguerra: "El asesino mejor pagado", como él mismo se definió.

Juan Antonio Muñoz H.

Galerías y plateas se derramaban para aclamar al moro. Otelo sale de la tormenta y la voz de Ramón Vinay penetra oídos y cuerpo con pulso de sexo decidido. Un moro de aristocracia salvaje y nacido en Chillán repleta la escena con su torso de gigante y su metro 90 de estatura, casi desgarrando la garganta para apoderarse del mundo con un "Essultate" mesiánico y desafiante, dispuesto a gozarse en las alegrías del pueblo chipriota y también en la valiente mansedumbre de Desdémona, que escapa de papá y de los lujos de Venecia para ir a mirar las estrellas con su exótico amante.

"Otelo" -grandes, Verdi y Shakespeare- es la tragedia de un mundo doméstico precario, al borde del abismo, reconstituido por la figura del héroe que así destruye el huracán como al enemigo. Que así reivindica la pasión, también precaria e inestable, como intenta restaurar el amor. Y Vinay, el tenor chileno, Otelo, se deja conquistar de nuevo por el canto de su Desdémona y fertiliza su afecto, y se rehúsa a ceder al trabajo del ácido. Vinay-Otelo, noble y bestia, señor y déspota, manos blancas en mente negra, lucha consigo y vuelve a querer a la amada, repite su canto de amor y muerte, poseído celebra la ceremonia del fuego y en él se quema y arde. La voz enorme no se quiebra sino al final, cuando ya la tempestad está yerta, cuando Desdémona no puede sino perdonar.
 
"Que nadie tenga miedo de mí", canta Vinay. Y desaparece la bestia para rugir sólo el hombre, y morir como señor. Como dueño de sí mismo. Atrás quedó el héroe de la batalla, el que hundió barcos, traspasó musulmanes e hímenes. Ahora sólo vive el canto del que va a acabar como asesino, añorando una vez más los labios de la amada, convertidos en altar, en féretro, en lápida. "Él nació para la gloria; yo para amarlo y para morir", anticipa Desdémona.

Otelo-Vinay entra a escena después que la soprano yugoslava Drágica Martinis implora a la Virgen en un abstracto e interminable Amén. Es la bestia ingenua y desquiciada por los celos, hecha un tormento por las mentirosas visiones de su mujer entregada a las manos de Casio. Pregunta decidido si se encomendó al cielo. Ella responde. Se da cuenta que le queda poco. "No me mates, Otelo", grita. Él no la escucha. Drágica-Desdémona muere asfixiada, y mientras lo hace él la posee y ella se deja y hasta lo quiere. Pero la doncella los descubre. "¡Otelo asesinó a Desdémona!". Llegan todos, incluso Iago, el villano. La mujer lo delata; Vinay-Otelo no puede soportarlo. Lo pisa como a una rata. "Nadie me tema". Toma el puñal. "Antes de asesinarte, esposa, te besé". Un susurro.

Sin la atronadora presencia del inicio, la voz de Vinay llena el teatro. Es apenas un murmullo. El noble guerrero-amante-condenado se extingue. La sala, en silencio. Nadie se mueve. Un último beso, y todo concluye.

Galerías y plateas se derramaban entonces para aclamar al moro. Desde la consola, un seguidor buscaba el rostro de Vinay-Otelo en medio de la oscuridad para ponerlo otra vez en las retinas del público. "Cuando yo hacía 'Otelo', la gente salía llorando", dijo el tenor al volver a Chile en 1986.

Llorando así como lo hizo Ramón niño en la Escuela Anexa a la Normal de Chillán, cuando fue escogido para cantar el Himno Nacional. Corría 1918. El tenor tenía entonces siete años. Los profesores lo eligieron. Cantó solo en el patio. En la primera parte, todo iba bien. Se sentía una callada voz de admiración entre los asistentes. Pero entonces los nervios no eran de acero, y el niño se quebró y se puso a llorar. La segunda estrofa quedó suspendida. Como suspendido debe estar también el juicio para narrar que el que quizás sea el hombre que más triunfos líricos diera a Chile, no cantaría en el país sino hasta 1948. De un año antes, 1947, data su versión para el "Otelo" de Verdi, dirigida por Arturo Toscanini; un dato que habla de todo lo que el tenor ya había conseguido en su carrera, coronada con Salzburgo entero en las manos de Wilhelm Furtwängler, en 1951, otra vez con el moro.

Como Bernardo O'Higgins y Claudio Arrau, Ramón Vinay Sepúlveda es chillanejo. Allí nació un 31 de agosto de 1911 y se crió junto a su padre Juan y su madre Rosa. Algunos han dicho que el año del nacimiento fue 1912, pero Rosa, la hija menor del tenor, confirma: "La inscripción de su nacimiento es de 1911, aunque se pudo confundir con la de su hermano Otto, que es de 1912".
 
Con esmeril, cincel y broca, lentamente esculpió su talento. Estudió en México, en el mismo conservatorio y en un curso superior que Jorge Negrete, que partió como tenor lírico y que después dejaría la ópera por el celuloide.

Durante varios años Vinay fue figura secundaria, pero desde 1944 se convirtió en una de las voces más cotizadas del ambiente musical norteamericano. México lo vio arriesgarse como barítono en las largas líneas del Conde de Luna ("El Trovador", de Verdi) y, más tarde, como tenor -qué difícil es, a veces, conocer las voces- en el Don José de "Carmen". Fue este papel el que lo llevó al New York City Opera y al Metropolitan, en 1945 y 1946.

Pero su consagración todavía estaba por delante. Correspondería a Arturo Toscanini sellar el triunfo, lacrar el nombre de Vinay en cúpulas y galerías. En La Scala de Milán debutó en 1947. "Humo blanco ayer, en La Scala", tituló su comentario uno de los críticos italianos más severos de la época.

Siguieron Florencia, Turín, Génova, Bolonia, Detroit y Chicago, nuevamente el Metropolitan, que se convirtió para él en una gran plataforma de lucimiento... Lo tentó Hollywood. Tampoco Bayreuth, sede de los festivales wagnerianos, le cerró las puertas. No podía hacerlo. El nombre de Vinay era una carta segura, y Alemania no podía permitirse no incluirlo en su ciclo de más renombre. Estuvo allí en 1952 y cantó seis temporadas seguidas. Un hito se dice no repetido por otro latinoamericano. Fue Tristán, el adúltero; el incestuoso Sigmundo, y se perdió en el monte de Venus, con Venus, como Tannhäuser. Hay una foto suya en Wahnfried: peregrinación obligada de los wagnerianos chilenos.

"Fui el asesino mejor pagado del mundo", dijo, refiriéndose a "Otelo", convertido en cábala desde que lo cantó por primera vez. Su repertorio abarcó también "Aída", "I Pagliacci", "Don Carlo", "Sansón y Dalila", "Tosca" y "Louise".
 
Volvió a Chile varias veces. "En lo que respecta al arte lírico, hay un entusiasmo aquí que sólo puede compararse con el ambiente de Milán", dijo en una de sus visitas a Santiago. Desde 1963, incursionó nuevamente en roles de barítono, cantando Scarpia ("Tosca"): el moro de Chillán se vestía ahora de fiera encubierta y verdugo, para proclamar frases contra natura ante el altar de una iglesia romana. Y sellando su prestigio de voz inclasificable y absoluta, perpetra la proeza de cantar dos roles de dos óperas consideradas entre las más difíciles del repertorio: fue Tristán y Kurwenal en "Tristán e Isolda", y Otelo y Iago en "Otelo". No siempre convence en estos postreros fogonazos.

El 23 de septiembre de 1969, en el Municipal de Santiago, se retiró de los escenarios, con una función de "Otelo". Canta Umberto Borso el papel titular y Vinay viste la piel de Iago. En el último acto, cambian los papeles y Vinay interpreta por última vez la escena de la muerte de Otelo. La ovación fue interminable.
Atrás quedaba el recuerdo de ese debut como bajo en un concierto de aficionados en el que cantó "Vecchia zimarra" ("La Bohème"), y esa apertura del Palacio de Bellas Artes de México, con "La Favorita" (Donizetti), en 1929. Vinay-Otelo-Tristán-Sansón, casado con Lushanya Tongay (fallecida el 19 de diciembre de 1990), padre de dos hijos (Ramón y Rosa), templo lírico en sí mismo, heredero de Tamagno, Zenatello y Zanelli, animal de escena y hombre de famosa cordialidad y bonhomía, espíritu resuelto, ejemplar de cabrío y artista admirable. Sus últimos años los pasó en una clínica geriátrica de Guadalajara, con su salud mental trizada. Rosa, su hija, cuenta que no dejaba de hablar de su patria y que cantaba "Chile lindo, lindo como un sol". Tras morir en Puebla el 4 de enero de 1995, a los 84 años, de un paro cardíaco, sus restos fueron sepultados en el cementerio de Chillán.

Para escuchar
Hay numerosas grabaciones en vivo de Ramón Vinay y también comerciales. La lista que sigue son algunos de los álbumes disponibles en Amazon, en venta ya sea a través de la tienda web misma o de vendedores asociados a ella.
 
"Otello" (Verdi).
Con Herva Nelli, Giuseppe Valdengo / Arturo Toscanini. Grabado en diciembre de 1947. Más ensayos del 11 y 12 de diciembre de 1947 (Guild).

 
"Carmen" (Bizet).
Con Regina Resnik, Plácido Domingo, Nancy Stokes / Anton Guadagno: 1967, Santiago de Chile (Legato Classics)

 
"Sanson y Dalila"
(Saint Saens). Con Rise Stevens / Fausto Cleva. 14 de mayo de 1953, Nueva York (Walhall).

 
"Tannhäuser" (Wagner).
Con Astrid Varnay, George London, Blanche Thebom / Rudolf Kempe. Nueva York, 1955 (Limited Collector's Edition).


 
"Otello" (Verdi).
Con Dragica Martinis, Paul Schöffler, Anton Dermota / Wilhelm Furtwängler (Opera d'Oro).



 
Ramón Vinay, Historical Recordings from 1947-54.
Fragmentos de "Otello", "Tosca", "Carmen", "Tannhäuser" y "Tristán e Isolda" (Audio CD, 2007)

 
"Lohengrin" (Wagner).
Con Jess Thomas, Anja Silja, Astrid Varnay / Wolfgang Sawallich (Decca)


 
"Otello" (Verdi).
Con Renata Tebaldi, Gino Becchi / Gabriele Santini. Del Teatro San Carlo de Nápoles (Il Mito dell'Opera, Bongiovanni).

martes, agosto 16, 2011

Así recordará nuestro país a Ramón Vinay


 


El Mercurio

Conferencias, música y fotografías son parte del programa de actividades que se desarrollarán en Santiago y Chillán. Para las celebraciones del centenario de su nacimiento vendrá a Chile Rosita Vinay, hija del célebre cantante.

MAUREEN LENNON ZANINOVIC

Nacido en Chillán, la misma tierra de otros legendarios artistas como Marta Colvin y Claudio Arrau, Ramón Vinay (1911-1996) alcanzó a trabajar con los más grandes directores de orquesta de su tiempo: Toscanini, Furtwängler y Karajan.

Su brillante carrera lírica la desplegó en La Scala de Milán, en el Covent Garden, en el Festival de Salzburgo y en el de Bayreuth, por nombrar algunos de los más estelares escenarios del mundo. Suma y sigue. Sus grabaciones de "Otello" de Verdi, "Tristán e Isolda" y "La Walkiria" de Wagner se transformaron, y lo siguen siendo, en referencia.

"El 31 de agosto celebraremos el centenario de su nacimiento, pero, como siempre ocurre con el llamado 'pago de Chile', muchos se han olvidado de lo grande que fue Ramón Vinay. Se merecía con creces el Premio Nacional de Música. ¡Es una pena!", sostiene Orlando Álvarez, ex ministro de la Corte Suprema, crítico y miembro fundador de la Sociedad Chilena de Amigos de la Ópera.

Él será uno de los panelistas -junto con el psicólogo Francisco Marín y el crítico de "La Segunda" Francisco Javier Bernales- de la charla-homenaje que ha organizado la Corporación Cultural de Carabineros para el lunes 22 de agosto (19:00 horas. Teatro Escuela de Carabineros. Gratis).

El programa incluirá la proyección de películas donde participó el tenor, entre ellas el filme mexicano "Fantasía ranchera", junto a Ricardo Montalbán y Pedro Vargas. México fue la tierra donde Vinay creció y se inició profesionalmente, por lo que resultará muy significativo mostrar esta etapa de su carrera. También se expondrán fotografías históricas y se compartirán anécdotas y recuerdos de su trayectoria.

"Otras imágenes que proyectaremos son algunas de sus inolvidables actuaciones en Bayreuth, como su ´Tristán e Isolda', dirigido por Leonard Bernstein. Son archivos de gran valor", agrega Álvarez.

Sobre su charla, explica que abordará aspectos poco conocidos del cantante y "que me confidenció él, porque llegamos a ser muy buenos amigos. Es un material enorme que siempre soñé poder compartir: notas artísticas y humanas que revelarán su personalidad fantástica y su calidad como uno de los mejores tenores dramáticos del mundo. Por algo su imagen está en el MET de Nueva York junto a la de Caruso".

Ese día también participará su hija Rosita Vinay, quien vendrá especialmente desde México para sumarse a las celebraciones de su Centenario:

"Lo que más recuerdo de él es su gran amor por Chile y en especial por su querido Chillán, del que se separó siendo niño. Mi padre amaba la vida por sobre todo y fue muy generoso con su tierra. Como quedó constancia en las crónicas de los diarios chilenos, ofreció muchas funciones de beneficencia. Cada vez que se lo pedían, viajaba a su país", dice Rosita Vinay.

En su tierra
En Chillán también hay actividades y en todas ellas participará la hija del cantante como invitada de honor. El 29 de agosto, a las 19:00 horas, en la Gran Sala Centro Cultural Municipal, actuará la Orquesta de Cámara de la Universidad de la Santísima Concepción. Al día siguiente (12:15 horas) se realizará una misa en recuerdo en la catedral y, el 31 de agosto, se le realizará un homenaje en su tumba y se inaugurará un busto en la plaza Sargento Aldea.
"Eso es sólo una muestra de las muchísimas actividades que hemos programado", puntualiza Carlos Bastías, director de cultura de la Municipalidad de Chillán. Y aclara que en enero presentaron en su homenaje las óperas "Carmen", de Bizet, y "Las bodas de Fígaro", de Mozart. "Ahora, para fin de mes, esperamos convocar a la mayor cantidad de público posible, especialmente a los jóvenes de la zona".

Para mirar en los intermedios
Hasta los primeros días de septiembre, en la Sala la Capilla del Teatro Municipal de Santiago, se exponen dos paneles con 20 láminas que repasan la trayectoria del cantante. Todo este trabajo fue realizado por el Centro de Documentación de las Artes Escénicas del teatro (DAE). También hay una vitrina que contiene una máscara, tres programas del debut de Vinay en el Municipal y otro de su despedida, en 1969; y un boceto de vestuario para la ópera "Falstaff", de Verdi. El público puede apreciar estos paneles en los intermedios de las funciones.