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viernes, junio 17, 2022

Los libros para leer, observar y escuchar sonidos de Chile

El Mercurio

Registros sonoros del agua y de ballenas de norte y sur están en “Al agua” y “Ópera del mar”, nuevas publicaciones de la editorial Manivela para primeros lectores.
IÑIGO DÍAZ

Es una ópera submarina que se narra y escucha a lo largo de las 10 o 14 páginas de uno de estos libros. No solo están escritos e ilustrados, sino también “sonorizados”. Pero allí las sopranos, contraltos, tenores y barítonos son en realidad ballenas azules, ballenas jorobadas, orcas y cachalotes que protagonizan la historia de “Ópera del mar”, uno de los nuevos libros sonoros editados por Manivela.

Parte de la colección editorial para primeros lectores titulada “Álbum sonoro” e iniciada el año pasado con “Chin chin chin”, un cuento de Angélica Ovalle que ponía en relieve el sonido de esta máquina chilena de percusión, la propuesta de “Ópera del mar” ($25.000) va un poco más lejos en la búsqueda de un patrimonio sonoro chileno.

“Los sonidos de las ballenas fueron capturados por la oceanógrafa inglesa Susannah Buchan en lugares como el golfo del Corcovado, Chañaral de Aceituno o el mar de la Antártica, y ese relato a nivel sonoro conduce el libro. No al revés”, explica la propia Angélica Ovalle.

El proyecto de Manivela comenzó en 2015 como una colección de pequeñas cajitas musicales con una treintena de canciones populares chilenas, desde “La jardinera”, de Violeta Parra, y “El cigarrito”, de Víctor Jara, hasta “Tu falta de querer”, de Mon Laferte. Actualmente está recorriendo otras vías de acceso a ese patrimonio sonoro, más allá del formato de cilindros giratorios que “tocan” una melodía y que han sido sumamente populares aquí.

Si bien el formato de libros sonoros para niños es conocido, hasta aquí en Chile no se había producido material editorial propio, según confirma Ovalle. “Cada página está asociada a un mecanismo que genera un sonido, de entre 15 y 25 segundos”, explica la autora y editora.

Junto con el relato de la ópera de las ballenas aparece también el reciente “Al agua”. Con poemas de Sam García e ilustraciones de María José Carmona y Loreto Salinas, que busca vincular a los niños con distintas percepciones sonoras del agua, “un tema muy actual en Chile”, refiere Ovalle.

Todas las capturas de olas de mares, ríos y aguaceros fueron realizadas en nuestro país, lo que representa otro registro de un paisaje territorial, al igual que el libro que el año pasado Manivela puso en circulación: “Croares”. Este es un auténtico concierto, a cielo abierto, con el sonido de 11 especies de ranas, la mayoría endémicas del país, registrados por el especialista en herpetología y bioacústica Mario Penna. El libro obtuvo una medalla Colibrí, que entrega IBBY Chile. La saga “Álbum sonoro” de Manivela sumará en el futuro otros dos títulos de naturaleza y fauna con los sonidos de aves chilenas.







sábado, julio 20, 2019

El Universo en los oídos










domingo, marzo 17, 2019

Del fonógrafo a la desmaterialización de la música: Llega el Museo del Sonido

Roger Velázquez
Cultura
El Mercurio

Único del país en su tipo, el espacio cultural presenta el origen de los instrumentos de reproducción sonora que revolucionaron la vida diaria. También ofrecerá talleres, presentaciones musicales y una tienda especializada.



El 21 de noviembre de 1877 se escuchaba "Mary had a little lamb" en la entonces más reciente creación del inventor estadounidense Thomas Alva Edison: el fonógrafo. La canción se convirtió en la primera melodía grabada y reinterpretada en la historia, dando pie a la posibilidad de atrapar y difundir las ondas sonoras. Así lo registra el Museo del Sonido, espacio cultural pionero en su rubro en Chile, emplazado en el Barrio Yungay y próximo a inaugurarse el 29 de marzo.

Fonógrafos, vitrolas, fotografías, videos y audios explicativos -entre otros elementos- integran la museografía del recinto, un proyecto desarrollado por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile con el auspicio de Grupo GTD, acogido a la Ley de Donaciones Culturales. La exhibición da cuenta de la evolución inicial del invento y los cambios que supuso a fines del siglo XIX, lo que ha derivado en la desmaterialización del sonido con las plataformas digitales de hoy.

"A algunos los conectará con los recuerdos, incluso remotos; a otros, probablemente los más jóvenes, les permitirá conocer la antesala de eso que tienen a mano con una oferta ilimitada: canales de música como iTunes, Spotify y YouTube, repositorios de MP3, y toda tecnología que nos da acceso de modo inmediato a cuanto registro musical existe", comenta Elena Cruz, directora de Proyectos de la Corporación Patrimonio Cultural de Chile y coordinadora de la iniciativa.

Las vibraciones del sonido toman forma, junto a algunos instrumentos musicales, en la escultura con que abre la Casona Familia Préndez, sede del museo. Ubicada en Huérfanos 2919, la morada -construida en 1922- fue declarada Inmueble de Conservación Histórica dentro de una Zona Típica del barrio donde se enmarca. La restauración del sitio fue parte del proyecto que se inició seis años atrás, procurando mantener el concepto de una casa y el estilo Tudor de su arquitectura.

"A su manera, es un espacio educativo, culturalmente potente, pues ahí se realizarán clases, conciertos, talleres y conferencias entre otras actividades de extensión", añade Elena Cruz.

Sofía Forttes, directora del museo -propiedad de la Fundación Mariana Préndez de Casanueva-, refrenda lo anterior y señala que se busca hacer del museo un lugar de creación y diálogo. "Esperamos en el futuro contar con exposiciones temporales que aporten a nuestra muestra", puntualiza.

Una "imprenta sonora"

La exhibición permanente del Museo del Sonido es un fragmento cedido de la colección de Arturo Gana. Destacan un fonógrafo Pathe de 1905 elaborado en Francia -uno de los más antiguos de la exposición-, una vitrola de maleta modelo Dolcetto (Gran Bretaña, 1925) y aparatos del estilo para niños.

La curatoría corrió a cargo del musicólogo Juan Pablo González, director de Extensión del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, para lo cual se seleccionaron los aparatos que mejor reflejan el impacto de la música en la vida cotidiana, resalta el especialista. "Es una buena oportunidad para acercarnos al fenómeno internacional de la grabación del sonido, entender cómo fue transformándose la música a partir de la posibilidad de registrarla y de reproducir una interpretación en particular infinitamente", asevera el también catedrático, quien califica estos inventos como una suerte de "imprenta sonora", lo que cambió radicalmente el campo de la música en el mundo.

Marisol García, periodista especializada en el tema y autora del guión museográfico, expone que "cada visitante va a darle el énfasis al museo de acuerdo con lo que constituye su propia relación personal con la música", pues -agrega- se puede abordar el recinto desde el interés técnico, el gusto por la música o la relación de los avances tecnológicos con procesos históricos.

La investigadora de música popular destaca la importancia de los textos que acompañan el montaje -que combinan información didáctica, datos e impresiones- y de los aparatos, que fueron elegidos por su "elocuencia" para narrar el relato, que va desde el origen del invento, pasando por la masificación de la música hasta su portabilidad.

El Museo del Sonido se sumará a los circuitos culturales del Barrio Yungay, y abrirá de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas, con precio general de $1.500, y $1.000 para estudiantes, grupos y tercera edad, además de entrada liberada desde las 14:00 horas. En la tienda se podrán encontrar vinilos, instrumentos para niños y una librería especializada, junto a otros objetos relacionados con la música y el sonido.

miércoles, agosto 23, 2017

¿CD, vinilo, casete o MP3? Chileno hizo una "cata a ciegas" para saber cuál formato logra mejor sonido

El Mercurio

"Is this Love", de Bob Marley, fue la canción seleccionada para la prueba, en la que participaron profesionales del área del sonido y público general. Ambos grupos coincidieron en la elección del ganador.  

Alexis Ibarra O. 

Daniel Moreno, a punto de graduarse de ingeniero en sonido en el Instituto Arcos, se atrevió a investigar una vieja controversia. "En conversaciones con amigos debatimos sobre qué formato es mejor para escuchar música. Para algunos es el vinilo, para otros el CD. Así que para mi taller de título decidí buscar una respuesta".

Lo que hizo fue parecido a una cata de vino. Preparó un banco de prueba para que 10 profesionales del área del sonido y 20 personas legas en la materia escucharan una canción en cuatro soportes: CD, vinilo, casete y MP3, este último en su mejor calidad (320 Kbps).

La canción elegida fue "Is this Love", de Bob Marley. "Es conocida, tiene una amplia variedad de instrumentos y es agradable, algo fundamental ya que cada uno de los participantes tuvo que escuchar un trozo de ella 40 veces", aclara Moreno.

Previamente, preparó el material y mandó a masterizar la canción para que cumpliera con los estándares técnicos del vinilo, "que es el más difícil de lograr". Ese "master" lo convirtió en un disco de vinilo, lo traspasó a un casete, a un CD y a un MP3. Luego "capturó" los audios reproducidos en cada uno de estos formatos y armó el test en un sistema con ProTools ( software de audio profesional) para que fuera más sencillo reproducir las distintas pistas.

El debate que quiso dilucidar Daniel Moreno es antiguo. Ni los profesionales se ponen de acuerdo, ya que cada formato tiene ventajas en algunos aspectos y desventajas en otros (ver recuadro).

Además, según explica Felipe Ferrada, académico de la carrera de Técnico en Sonido del Instituto Profesional Santo Tomás, la calidad del sonido no solo pasa por el formato, sino que también por cómo fue grabado originalmente, el proceso de masterización y, por último, la calidad del equipo de audio empleado para la reproducción. De ahí que hacer un experimento de cata a ciegas debe considerar una neutralidad en esos aspectos, lo que no es tan fácil de conseguir.

El sonidista Ignacio Rodríguez cree que por lo general las personas no escuchan la música en condiciones muy favorables. "No sacas nada con preocuparte del medio de almacenamiento (CD, MP3, vinilo, casete) si vas a oír en unos parlantes que suenan como radio AM o en un espacio tan ruidoso que las sutilezas más finas de un registro se van a enmascarar con la bulla", dice.

De hecho, el mismo Daniel cree que su experimento podría perfeccionarse incluyendo la reproducción del vinilo con un tornamesa de calidad premium , lo mismo con el casete. "Pero de esa manera es difícil realizar la reproducción cuarenta veces y conseguir que el usuario no se de cuenta del soporte", aclara.

Y el ganador es...

En la prueba, cada usuario tuvo que calificar el audio que escuchaba en una escala del 1 al 5, siendo 5 la máxima calidad. El ganador fue el CD, calificado con un 4,2 por los profesionales, seguido por el MP3 con un 4,13; el vinilo con un 3,65 y el casete con un 2,47. "El mismo resultado se obtuvo con el público general, solo varió el puntaje en décimas", dice el doctor en ingeniería acústica Roberto Muñoz, director de la Escuela de Sonido y Música del Instituto Arcos y profesor guía del trabajo de Moreno.

"Me sorprendió el resultado porque pensé que el público iba a elegir el MP3, ya que tienen el oído más acostumbrado a ese formato. Creo que el vinilo y el casete no obtuvieron buena nota porque en su reproducción hay un ruido de fondo propio del formato", concluye Moreno, quien trabajó dos semestres para dilucidar técnicamente el debate.

 Una discusión de larga data

No existe consenso en cuál es el formato perfecto. Cada uno tiene sus pros y sus contras.

"El vinilo, cuando es grabado de una fuente análoga, tiene mejores armónicos. Esto permite captar frecuencias sobre los 20 kilohertz, que no logramos distinguir, pero que el cerebro interpreta como una sensación psicoacústica. Por eso a los que les gusta escuchar vinilos alaban que la música parece que hubiera sido interpretada en un gran salón, lo que no se logra con el CD", dice Felipe Ferrada.

Los formatos análogos profesionales usados en la grabación siempre serán mejor que lo digital, opina Roberto Muñoz. "Esto porque en lo digital hay una frecuencia de muestreo, es decir, las veces que se capta la realidad para llevarla a lo digital. En palabras sencillas, esto equivalente a los cuadros por segundos del cine. Eso no pasa con lo análogo, ya que la grabación y la reproducción es un continuo", dice. Para él el auge del vinilo podría deberse más a la nostalgia y a una moda que a aspectos técnicos.

En tanto, Ignacio Rodríguez cree que desde el punto de vista técnico no hay dudas: "Hasta un CD de hace 20 años tiene mejor fidelidad que el mejor vinilo. La separación estéreo, la respuesta de frecuencias y el rango dinámico son todos parámetros en que el CD supera el vinilo con creces, y un MP3 bien hecho, de 200 Kbps para arriba, también se oirá más parecido al master original que un vinilo", aclara