jueves, mayo 16, 2019

Vuelve "Panal"

La Tercera


Panal se formó con algunos de los mejores músicos de la época y grabó un disco que vio la luz a fines de 1973: fue el primer LP editado tras el Golpe y estuvo descatalogado desde entonces. Este mes, la banda vuelve a tocar y estrena el álbum en Spotify.

Por Andrés del Real

Entre quienes entran a comprar a diario a Donde Golpea el Monito, la centenaria sombrerería de calle 21 de mayo en el centro de Santiago, probablemente son pocos los que saben que quien está al otro lado del mostrador es José “Pepe” Ureta, uno de los bajistas más importantes y prolíficos de la historia discográfica local. Uno que según sus propios cálculos tiene participación en más de mil canciones registradas en la SCD -entre ellas los éxitos de José Alfredo Fuentes y clásicos de Buddy Richard, como “Tu cariño se me va”-, que estuvo dos décadas en la pantalla chica bajo la batuta de Horacio Saavedra y que a comienzos de los años 70, en un período de cambios y turbulencias para la sociedad chilena, dio forma a Panal, su proyecto más personal y uno de los más singulares que registra el rock nacional.

“El nuestro fue el primer LP chileno que salió después del Golpe”, asegura hoy Ureta sobre Panal (1973), el único registro que dejó la agrupación que formó ese mismo año junto a diversos colegas sesionistas, como los solicitados Patricio Salazar (batería) y Pancho Aranda (teclado y voz); los percusionistas Juan Hernández e Iván Ahumada (ya fallecido), además de Carlos Corales (guitarra) y Denise (coros), que recién volvían de probar suerte en Estados Unidos con Aguaturbia. Una suerte de superbanda de la época, de alto nivel técnico pero corta vida.

La apuesta de Julio Numhauser, entonces director artístico del sello IRT, fue reunir en el estudio a experimentados instrumentistas para grabar diversos clásicos del cancionero latinoamericano bajo los códigos del rock de aquellos años, en sintonía con lo que por esos días desarrollaban grupos como Los Jaivas y Congreso. Y aunque la carrera de Panal terminaría menos de un año después, tras su presentación en el recordado Festival de Viña de 1974 -aquel de Bigote Arrocet cantando “Libre”- y sin la repercusión comercial esperada, debido a la crisis social y política que atravesaba el país, el culto en torno al disco creció con los años y lo transformó en uno de los álbumes descatalogados más cotizados por coleccionistas nacionales y extranjeros.

“Todos estábamos involucrados en el proyecto como músicos sesionistas, entonces la dedicación por el grupo nunca fue total y tal vez nunca lo sintieron como un proyecto propio”, comenta Ureta, quien este mes, 45 años después de la disolución del conjunto del que también fue director artístico, ha vuelto a reunirse con sus viejos camaradas para tratar de darle a Panal el sitial que merece en el mapa histórico del rock chileno.

Con ese objetivo en mente, los sobrevivientes de la banda -salvo Denise, quien se restó de la iniciativa- han vuelto a la sala de ensayo para tocar juntos otra vez las ocho versiones que desarrollaron para el disco de 1973. Todas piezas de raíz folclórica, como “Alma llanera”, “Limeña”, “Cucurrucucú paloma” y “Si somos americanos”, de Rolando Alarcón, “donde se suceden poderosos riffs, distorsionados solos de guitarra eléctrica (…) y voces procesadas bajo el parlante rotatorio del órgano”, describe el músico y escritor Gonzalo Planet en la biografía del grupo en el sitio musicapopular.cl. “Éramos como Santana tocando repertorio latinoamericano”, sintetiza Carlos Corales.

Los ensayos se repetirán por estos días con el fin de ponerse a punto para el gran hito: la primera actuación en vivo de Panal en casi medio siglo, programada para el próximo sábado 25 de mayo en la sala SCD de Egaña. Un show al que el público asistirá con invitación y que servirá de excusa para presentar en sociedad el proyecto que el conjunto viene trabajando hace un tiempo: el estreno del álbum homónimo en plataformas digitales.

“Si bien unos gringos lo editaron en CD años después, la única tirada del longplay fue de unas mil o mil quinientas copias que se vendieron rápido”, recuerda Ureta sobre aquellos días de fines de 1973. “Un momento complicado en general en Chile, aunque (el disco) logró pasar el filtro de la censura, pese a que incluía canciones como “Si somos americanos”. Pero al final la música es música”.

Christian Gálvez: “Grabé mi álbum más importante en el mejor momento de mi carrera”

La Tercera

El bajista nacional, que se presenta este viernes en Club Amanda, repasa con Culto su último trabajo de estudio, el que contó con la participación del histórico Ron Carter; habla de la obtención del Premio a la Música Nacional Presidente de la República; y tilda de "estrategia barata" la decisión de que el concurso de composición Luis Advis esté enfocado en el trap.

Por Felipe Rojas

Viajar por el mundo tocando y grabando, destacar en un instrumento algo omitido como el bajo y más aún, desarrollar de gran manera una técnica poco frecuente para este (llamada chordmelody). No muchos músicos pueden contar eso, aunque hay un chileno que sí: Christian Gálvez. Eso sí, al conversar con él queda la sensación de que su prioridad es seguir haciendo música más que los rótulos o las pretensiones.

El bajista tiene mucho que contar: acaba de publicar The art of chordmelody, su último trabajo de estudio, el cual grabó en Estados Unidos y contó con la participación del histórico Ron Carter, además de John Patitucci, Eddie Gómez, Dave Young y el chileno Pablo Menares, por mencionar algunos. “Es un gusto que me di. Poder hacer coincidir a estos siete contrabajistas tan capos, tan pesados, tan históricos en un mismo álbum es algo que, creo, no se va a repetir en otro disco chileno”, asegura Gálvez.

Sumado a lo anterior, a inicios de mes recibió el Premio a la Música Nacional Presidente de la República 2018 en la categoría música popular; y ya tiene agendadas algunas presentaciones, siendo la más cercana la de este viernes con el ensamble de cámara contemporáneo en el Club Amanda (más información al final de la nota). Además, tiene programado un show especial por el aniversario del “Concierto sinfónico n° 1 para bajo y orquesta” (2012) el 12 de julio en el Nescafé de las Artes, el cual también estará acompañado de una edición especial en vinilo del lanzamiento.

De todo ello y más habla el músico nacional con Culto a continuación.

The art of chordmelody

“Gálvez llegó a un nivel en que dejas de pensar que está tocando un bajo, el instrumento pasa a un segundo plano y lo único que importa es la música. Un clase mundial”, dice uno de los comentarios mejor valorados en el video de “Cinético” en YouTube.

Y esa precisamente es la estampa que tiene Christián internacionalmente. Por ello, antes de cualquier cosa, procede a detallar qué es el chordmelody. “Es una técnica que está hecha para el piano y para la guitarra, que es la técnica de autoacompañamiento en el jazz”, asegura, añadiendo que si bien no es para el bajo, él la emplea en su instrumento, el que tiene 6 cuerdas y, por tanto, maneja un rango de notas mayor al de un bajo tradicional. “Podríamos decir que mi bajo es barítono por el rango de extensión: llega muy agudo, cubriendo algunos lugares de la tesitura de la guitarra, y obviamente todos los del bajo y más, porque tiene una cuerda más grave que el bajo tradicional, entonces es mucho más grave que un bajo normal también”, detalla.

Con el término clarificado, ya podemos hablar de su nuevo disco, The art of chordmelody, en el cual toca junto a lo más selecto del mundo del contrabajo.

Christián junto a su mánager, Alejandro Orellana, estuvieron trabajando cerca de un año para poder coordinar el plan que tenía en mente el bajista, todo para además hacer coincidir a sus músicos predilectos para el caso en una semana. Y se dio. “Incluso, un día grabamos con John Patitucci en la mañana y estábamos en la tarde con Ron Carter”, cuenta el bajista.

“Mi proyecto de disco era ese y ese es el que llevamos a cabo. Eso me dejó totalmente feliz y contento también de haber hecho un equipo de trabajo muy grueso en el estudio”, complementa Gálvez.

Así llegó el momento de poner manos a la obra. El plantel de músicos para The art of chordmelody estuvo compuesto por los ya mencionados Ron Carter y John Patitucci, a quienes se sumaron Eddie Gómez, Dave Young, Pat O’Leary, Pablo Menares y Jorge Roeder.

Las grabaciones se llevaron a cabo en Studio Mozart, ubicado en Nueva York y propiedad de Kostadin Kamcev. “Necesitábamos tener sede en Nueva York para hacer este disco, porque con todos los músicos que grabamos viven ahí”, asegura Gálvez. En el apartado técnico, en tanto, Gálvez detalla que en Studio Mozart tienen “una consola Rupert Neve increíble, todos los preamplificadores a tubo y máquinas análogas que te puedas imaginar. La microfonía que usamos para el disco fue todo Neumann u87, puro filete, micrófonos alemanes de primera categoría”.

La mezcla del disco fue realizada por Fernando Bosch y Daniel Ruiz en Estudios del Sur; mientras la masterización corrió por cuenta de su hermano Rodrigo Gálvez. “Yo la verdad trabajo con Fernando Bosch porque él es especialista en jazz y él ha grabado y mezclado si no el 100%, el 90% de los discos de jazz que han salido estos últimos 20 años; y mi hermano me ha masterizado todos mis discos, del primer disco hasta ahora. Entonces está todo en manos de gente en que confío”, cuenta el bajista.

The art of chordmelody fue lanzado a fines de abril y, de acuerdo a Gálvez, estará en un mes más disponible en los distintos servicios de streaming.

El balance de Christian Gálvez

-¿Cómo fue para ti grabar con Ron Carter?

-Él es uno de los fundamentales del jazz mundial porque grabó y tocó con todo el mundo. La experiencia artística es maravillosa, no pensando en lo histórico que es o en el peso del currículum que tiene. Es maravilloso poder tocar con un tipo que toca increíble el contrabajo. Escuchar toda esa maravilla que sale de sus dedos, ufff, además que lo pasamos muy bien en la sesión de grabación.

-¿Qué puedes decir de los otros músicos que te acompañaron en The art of chordmelody?

-John Patitucci se va a convertir en un histórico muy pronto. Eddie Gómez fue músico de Bill Evans y también tocó con Chet Baker; grabamos con Dave Young, que es un contrabajista canadiense que fue bajista de la Ella Fitzgerald, imagínate, la súper cantante de jazz histórica; Pat O’Leary tocó con Lionel Hampton en su orquesta en los años 70. Todos tienen un currículum muy potente, muy grande. Entonces imagínate, pudimos conseguir puros históricos. A ellos súmales Pablo Menares y Jorge Roeder. Ellos dos son los contrabajistas jóvenes promesas de la escena mundial del jazz.

-¿Qué te decían en las sesiones de grabación?

-Estaban todos muy sorprendidos porque me parece que es un trabajo inédito. Primero grabar en dúo y luego grabar en dúo con otro bajista, era raro, y que además sonara tan completo con los acordes, con la melodía, con la armonía. Estaban todos súper cómodos y lo pasamos súper bien.

-¿Con qué sensación personal quedaste y qué análisis te dejó el disco?

Llegué a un punto de madurez donde pude expresar y plasmar todo lo que he trabajado durante estos años. Grabé mi álbum más importante en el mejor momento de mi carrera. Así como los deportistas, los músicos también tenemos una curva que va descendiendo en algún momento, y yo sé que durante esta década, de aquí hasta que cumpla los 50, voy a estar en un tope técnico muy bueno. Estoy pleno, me siento feliz, en el mejor momento de mi carrera y estoy disfrutándolo.

De premios y trap

El pasado 3 de mayo, Christian Gálvez recibió, de mano del Presidente Sebastián Piñera y la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, en su categoría de música popular. Junto a él, Pedro Messone (música de raíz folclórica) y Hanns Stein (música clásica) fueron condecorados.

Particularmente en la línea que ganó Gálvez, anteriormente fueron condecorados, salvo Valentín Trujillo y Vicente Bianchi, músicos más radiales, si es por situarlos dentro de un espectro. Manuel García, Jorge González y la Sonora Palacios son algunos de los que ganaron, siendo Christián el primero del jazz chileno en adjudicárselo.

-¿Cómo recibes simbólicamente el premio?

-Es raro, porque un reconocimiento generalmente se le entrega a la gente o cuando está muerta o cuando está por morirse (ríe). Primero, estoy muy contento porque además es un premio en plata también y no es menor, es una buena cantidad de dinero que a mí me sirve para poder seguir invirtiendo y haciendo más producciones. Y que por primera vez se le entregara a un jazzista me parece que es importante también, porque hasta ahora solo lo habían recibido músicos populares, ya que se abre el camino para allá.

-Hablando de concursos y el gobierno, el Ministerio de la Cultura anunció la versión 2019 del concurso Luis Advis, el cual estará enfocado en el trap. ¿Qué te parece esta decisión?

-Bueno, hay muchos desaciertos en la gestión cultural. Poniéndome en los zapatos del difunto Luis Advis, yo creo que él está revolcándose en su tumba en este momento. Creo que él nunca se imaginó que se haya abierto una categoría de un estilo que seguramente él nunca compartió. Es todo una estrategia. Y es una estrategia barata igual. Cuando tú haces las cuestiones por estrategia comercial, deja de ser arte.

-¿Eres de los que tiene reticencias al trap?

-Sabes qué, el problema no lo tiene el trap, ni el reggaeton, ni en sí los géneros musicales. El problema que yo podría tener es con el contenido de los géneros, en este caso la letra, y el contenido artístico. Pero ojo, no nos engañemos, porque las cuecas y el blues tienen el mismo ciclo armónico. Aunque, ¿sabes dónde está la diferencia entre la cueca, el blues y el reggaeton? Es que la cueca y el blues es folclor, música que nace desde la base del pueblo; el reggaeton con el trap son música que nace desde arriba, desde alguien que dijo “esta cuestión va a vender” y lo toman, lo comercializan y hacen videoclips con culos grandes. Por lo que yo veo en la tele, el trap y el reggaeton solamente representa a narcotraficantes y a tipos hampones que se sacan fotos con pistolas.

Christian Gálvez y ensamble de cámara contemporáneo.
Viernes 17 de mayo, 21:30 horas.

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Tata Barahona y Sankara llevan su concierto "Somos una huella", a 10 centros culturales de la Región Metropolitana, con entrada liberada

Comunicado de prensa

Tata Barahona y Sankara llevan su concierto "Somos una huella", a 10 centros culturales de la Región Metropolitana, con entrada liberada.


El destacado cantautor y luthier Tata Barahona compartirá escenario con el dúo Sankara (Fernanda Mosqueda y Felipe Valdés) en una gira que incluye diez conciertos en 10 comunas de la Región Metropolitana y que prometen remover las hebras más finas de la emoción.

“Somos una huella” es el nombre de este encuentro de sonidos que se viene fraguando a fuego lento desde hace más de 5 años y que ebullirá en Casona Dubois de Quinta Normal - en el primero de los 10 conciertos - cuando las músicas de ambos se entrelacen y se fundan con Los Sudacas Domineros – LSD, Guillermo Riaño en batería y Sebastián Montero en bajo: la banda de Tata Barahona.

“En mis canciones fácilmente se puede hallar una fotografía de lo que habita en las calles, en nuestros barrios, en Chile y cómo eso se replica en todo el planeta” comenta Barahona.

En muchos puntos estos músicos se van encontrando, y los innumerables conciertos que juntos han realizado ya, han dejado un repertorio exquisito en contenido, colores y una gama de energías que ciertamente dejarán una huella en esta gira que incluye Quinta Normal, San Joaquín, Talagante, La Granja, Cerro Navia, Lo Prado, Paine, Melipilla, Cerrillos y Peñalolén. Además, han realizado interesantes colaboraciones en sus nuevas producciones discográficas. Así es como Sankara grabó una versión de la canción “Dueña de casa” en su último disco “Parcerias” y recientemente aportó charango y guitarra a algunas canciones del próximo trabajo discográfico del Tata, titulado “Retratos”.

Y es debido a esta gran y auténtica alianza que, además del concierto que ofrecerán en cada comuna, los músicos invitan a un conversatorio llamado “Trabajo musical colaborativo” donde entregarán las principales herramientas con las que han ido construyendo su forma de trabajo. Es una instancia abierta y gratuita pensada en músicos locales, pero de igual manera están todos invitados a participar.

Juntos logran juegos de voces maravillosas y poco usuales, además del uso de instrumentos poco explorados que solo un luthier, músico y trovador como el Tata podría interpretar. Es así como el charango se teje entre las cuerdas de su Fídula y las voces conversan con las Kalimbas. Un show de texturas íntimas y de una profundidad musical extensa.

Las primeras fechas son:

1er “Somos una huella”
31 de mayo:
Conversatorio 15:00 hrs
Concierto: 18:45 hrs
Casona Dubois / Teatro Municipal de Quinta Normal
Radal esquina Mapocho.
ENTRADA LIBERADA

2º “Somos una huella”
01 de Junio:
Conversatorio: 16:30 hrs
Concierto: 20:00 hrs
Teatro Municipal de San Joaquín
Coñimo 286
ENTRADA LIBERADA

3er “Somos una huella”
08 de Junio:
Conversatorio: 16:30 hrs
Concierto: 20:00 hrs
Casa de la Cultura de Talagante
Río Mapocho 3201, costado Parque Tegualda.
ENTRADA LIBERADA

4º “Somos una huella”
28 de Junio:
Conversatorio: 16:30 hrs
Concierto: 20:00 hrs
Centro Cultural Espacio Matta
Av. Santa Rosa 9014 / Estación metro Santa Rosa L4A.
ENTRADA LIBERADA

martes, mayo 14, 2019

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Camilo Sesto cancela concierto en Chile


Mika Carrizo realiza concierto íntimo en Chilepianos

Comunicado de prensa

Este próximo jueves 16 de mayo a partir de las 20.30 hrs., se realizará el concierto íntimo y alegre, denominado Letters from David (Cartas de David), donde la cantante nacional de jazz, Mika Carrizo, acompañada por el pianista  Moncho Romero, presenta la historia de dos amigos que por años se escribieron, pero que nunca se conocieron.

Emulado del libro 84 Charing Cross Road, escrito por la autora neoyorkina Helene Hanff, a través de este concierto seremos parte de distintos momentos, los que podremos identificar con historias propias de amistades y afectos, explorando escenas musicales de grandes compositores del Bossa Nova y del cancionero de jazz standards.

El evento es parte del ciclo Voces y estilos, una serie de conciertos organizados y producidos por el cantante nacional de jazz Rodrigo González, quien reunió a un variado conjunto de artistas con énfasis en el canto para presentarse en el espacio de conciertos de Chilepianos, ubicado en la comuna de Ñuñoa.

Las entradas tienen un valor de $5.000 y se obtienen en la puerta del recinto. La dirección del lugar es General Gorostiaga 61, metro Villa Frei.

lunes, mayo 13, 2019

El son popular de Roberto Parra en la voz de "Radio Huachaca"

Diario De Sevilla - España

 Marcos Padilla (O Sister!) y Sebastián Orellana (La Big Rabia) presentan el sábado 18 en La Sala junto a Daniel Abad su nuevo proyecto, Radio Huachaca, un homenaje a la música del singular folclorista chileno

Por Francisco Camero


La existencia de un proyecto como Radio Huachaca constituye, para empezar, una elocuente demostración de que si uno quiere a aprender a tocar un instrumento, pese a los millones de vídeos de tutoriales en Youtube, buscarse un profesor cómplice sigue siendo insuperable.

Pensando en esto andaba Marcos Padilla, cantante de O Sister! y ocasionalmente en el coro de música contemporánea ProyectoEle, cuando dio con Sebastián Orellana, voz y guitarra del dúo chileno afincado en Sevilla La Big Rabia. Y lo que en principio iban a ser unas clases pera mejorar la técnica guitarrística del primero acabó convirtiéndose en algo incluso más interesante. Cara a cara, entre botellines y conversaciones, pasan más y mejores cosas que por el cable de fibra.

"Yo conocía La Big Rabia porque habíamos coincidido con ellos en un concierto de O Sister! en Ronda, y para entonces yo ya venía de todos modos siguiendo a la banda porque me gustaba su música. Supe más tarde que Sebas daba clases de guitarra, y me pareció idóneo porque me interesaba especialmente su forma de tocar, con mucho fingerpicking", recuerda Padilla.

"Cuando empezamos con las clases –cuenta Orellana–, Marcos me preguntaba mucho de dónde venía mi sonido, y llegamos a Roberto Parra, que para mí fue fundamental porque suyas eran las canciones que yo empecé a tocar con un amigo cuando era chico, con 12 o 13 años". "Y así empezó Radio Huachaca –retoma Padilla–. Nos poníamos a tocar, él me decía venga, acompáñame, y yo le seguía... Hasta que un día, mientras estábamos tocando, pensé: joder, esto es realmente superbonito. Otro día dijo Sebas: joder, es que a esto le metes un contrabajo y...".

De este modo acabaron unidos el cantante de un grupo de swing vocal de los años 20 y 30, el guitarrista de un power-dúo de bolero-rock y un contrabajista, Daniel Abad, curtido en la escena sevillana como miembro de Los Espías, la banda del simpar Fernando Mansilla, y como protagonista de innumerables combos y bolos de jazz. Los tres cautivados por Roberto Parra, una figura fascinante y poco conocida –incluso en Chile, apunta Orellana–, en parte porque su vida transcurrió a la enorme sombra de dos de sus hermanos, la cantautora Violeta Parra y el (anti)poeta Nicanor Parra, pero también por la propia naturaleza de su trabajo, ajeno a toda pompa y a una concepción metódica de la creación artística.

"Roberto Parra se inició como guitarrista tocando en lo que llamaban cabarets, que no dejaban de ser prostíbulos –explica Padilla–. Y en bares, claro. Estaba todo el día con la botella, enamorado cada día de una prostituta; su hermana Violeta tuvo que cogerlo alguna vez de las solapas para que se metiera en el estudio, por eso existe una grabación que se llama Sesiones sobrias. Era un auténtico personaje, bohemio y muy cultivado, interesado radicalmente en lo popular".

"Y además transmite realmente una visión de la vida –tercia Orellana–. Yo qué sé, en vez de irte a un sitio de comida rápida, vete al mercado a comer marisco, o a tomarte un vinito, o vete a la cantina con los viejos a tocar la guitarra. Eso está en su música, donde se aprecia la brutal escuela de vida que es la calle. Para la gente de mi generación, descubrir a Roberto Parra fue importante porque nos hizo sentir conectados de nuevo con lo popular, después de muchos años en los que no estaba bien visto hacer folclore porque sobre él pesaba la sospecha del discurso fascista o nacionalista. Y tiene otra cosa muy hermosa: hasta sus equivocaciones son emocionantes, porque tocando era un poco como Thelonious Monk, surfeaba su ola sin miedo al error. Era tremendo. Siempre dijo que sus mejores amigos habían sido las putas y los gatos".

Acompañado habitualmente en los escenarios por su hermano Lalo, y a veces por su hermana Violeta, Roberto Parra, también poeta, escribió y cantó sobre un mundo de gente desarraigada, nocturna y bebedora, todo muy lejos de la cultura oficial, y musicalmente lo expresó sirviéndose de la cueca, una música de baile tradicional chilena ligada al campo, sus labores y gentes, que él se llevó a un terreno más urbano y bohemio, y las apellidó choras.

"Y por otro lado", explica Padilla, está la huachaca, que tiene que ver el jazz, que él descubrió a través de Louis Armstrong y Django Reinhardt. Él intentó hacer todo eso casi de oído, a su manera, como lo hizo siempre todo, porque no tenía ninguna formación musical". De semejante cruce de pasiones e intuicioneses surgió una música de espíritu callejero, que cobra pleno sentido en el roce del directo y que suena por momentos a swing, a ratos a tierra y a folclore latinoamericano, luego a jazz manouche, y a veces a todo eso a la vez. "De ahí –se ríe Orellana– lo de huachaca. Se lo dijo su hermano Nicanor y a él le gustó: Roberto, tú no haces jazz, tú haces jazz huachaca, que es un término coloquial chileno que significa popular, pero en el sentido de bajos fondos o baja estofa".

Radio Huachaca, que acaba de empezar a rodar, dará su primer concierto en serio, su puesta de largo, el próximo sábado 18 en La Sala, en el Pumarejo (21:30, entradas a 10 euros en taquilla, 7 anticipadas), con el músico y productor chileno Martín Benavides (al acordeón) como invitado especial.

Sebastián Orellana presenta su debut en solitario en Fun Club

No para quieto Sebastián Orellana. Además de su actividad con La Big Rabia y de este otro proyecto de que lo conecta con su infancia chilena, ahora además ha terminado de grabar –el pasado 7 de mayo– el que será su primer disco en solitario, Dios Perro. Lo ha grabado con su compatriota Martín Benavides, muy solicitado en la escena chilena, y con un amigo que se fue a estudiar producción musical a la prestigiosísima Berklee College of Music, en Boston, y decidió convertir el sonido del álbum de su compadre en su proyecto de fin de carrera.

"Me quería abrir a otro tipo de sonoridad, por eso hay en el disco desde influencias de Tom Waits a otras más en la onda del festival de la OTI, cantantes como Adamo, ese tipo de cosas. Hay de todo un poquito, boleros, arreglos de cuerdas... Estoy muy contento, ha quedado bonito", dice Sebastián Orellana, que presentará un buen ramillete de sus nuevas canciones el próximo viernes 17 en la sala Fun Club, un día antes del estreno de Radio Huachaca. Que no se diga, en fin, que a los músicos no les gusta trabajar.

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domingo, mayo 12, 2019

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Simon Rattle, director de la Orquesta Sinfónica de Londres: “No están los tiempos para ser sumos sacerdotes, sino evangelizadores de la música”

La Tercera

El conductor inglés, titular de la Filarmónica de Berlín durante 16 años y actual maestro de la más importante orquesta británica, dirigirá dos conciertos con ella en CorpArtes, el 22 y el 23 de mayo.

Por Rodrigo González

Cada ciudad tiene su orgullo. Si alguien pensó que en Gran Bretaña las batallas entre Londres y Liverpool se agotan con el Arsenal y el Liverpool F.C., o con los Rolling Stones y los Beatles, puede contar hasta diez y encontrar al menos dos representantes más en la música clásica: Leopold Stokowski (1882-1977), probablemente el más recordado de los conductores británicos, y Simon Rattle (1955), el director de ese país que ha llegado más lejos en el mundo. Partió en su Liverpool natal, le dio categoría mundial a la provinciana Orquesta Sinfónica de Birmingham, y estuvo 16 años al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín, el Mercedes Benz de la música selecta.

Ahora lleva dos años como director musical de la Orquesta Sinfónica de Londres (London Symphony Orchestra o, simplemente, LSO), considerada la agrupación docta más importante de su país. Es un regreso con gloria, después de haber manejado el conjunto alemán que Herbert von Karajan dirigió 30 años y, antes de él, Wilhelm Furtwängler durante 25. Ha expandido el repertorio de la Sinfónica a los períodos barroco y clásico, y le ha dado más alas para desplazarse por todo el mundo.

En su nueva gira transcontinental, Simon Rattle y la Sinfónica incluyeron Sudamérica por primera vez, con paradas en Chile, el miércoles 22 y el jueves 23 de mayo en el Teatro CorpArtes. “Somos unos tipos muy afortunados por estar en Santiago. Definitivamente, es ridículo que no hayamos ido nunca a Sudamérica”, comenta Rattle, al teléfono desde Londres, donde dispone de algunos minutos antes de dirigir en una hora más la Quinta sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911) y la Sinfonia de réquiem, de Benjamin Britten (1913-1976), en el Barbican Centre.

Es exactamente el mismo programa que presentará en el segundo de sus conciertos en Chile. En el primero de ellos dirigirá la Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz (1803-1869), y Cinco danzas eslavas, de Antonin Dvorák (1841-1904).

Pero no todo será conciertos para Sir Simon Rattle. Educador por vocación, difusor por naturaleza y de personalidad expansiva por genética, es el de los maestros del primer mundo que de manera más evidente entienden la música como un arma artística y social. Antes de establecerse en Berlín (donde sigue conservando su residencia), Rattle rompió el récord del concierto con la mayor orquesta del mundo: reunió en 1998 a 4 mil niños músicos en una presentación en el Birmingham’s National Indoor Arena.

–¿Por qué es tan importante para usted la difusión musical?

-Es muy simple. Siempre he creído que todo el mundo nace con el derecho a escuchar esta música y, por lo tanto, la difundimos a la mayor cantidad de gente posible en el país. De hecho, la Orquesta Sinfónica de Londres fue pionera en esto: empezó hace casi 40 años tocando en los diez barrios más pobres de Londres, yendo a las escuelas, ayudando a músicos empobrecidos, apoyando a los chicos en el complicado paso de la pubertad a la adolescencia. Cuando llegué a Berlín, los persuadí de hacer algo similar y lo que lograron fue magnífico. Sin embargo, en Londres esto siempre ha sido parte de sus vidas. No están los tiempos para ser sumos sacerdotes de la música, sino para ser evangelistas. Si no somos nosotros los que introducimos al público a la música, probablemente ellos nunca la encuentren.

–¿Cómo eligió las obras que presentarán en Chile?

-Se trata de composiciones que, de cierta manera, son el alma de la orquesta. Es difícil, pero creo que lo logramos en este programa. La Sinfonía fantástica es, como ninguna otra, la más afín a la Sinfónica. De cierta manera, la Fantástica es la orquesta. Hay que recordar que Sir Colin Davis, que fue director de la agrupación por muchos años, fue tal vez el mejor conductor de Berlioz. Este compositor francés está en el ADN de la Sinfónica. Por otro lado, la Sinfónica hizo la primera grabación comercial en Gran Bretaña de la Quinta sinfonía de Mahler, bajo la conducción de Rudolf Schwarz. Fue en la posguerra. A su vez, la Sinfonia de réquiem, de Benjamin Britten, es una obra maestra absoluta del siglo XX, y el propio compositor la grabó con la orquesta. De las obras que tocaremos en Chile, probablemente las menos interpretadas por la LSO sean las Danzas eslavas, de Antonín Dvořák, que están entre mis composiciones favoritas.

–¿Cómo decribiría el sonido de la Sinfónica de Londres?

-El sonido de la Orquesta Sinfónica de Londres es muy especial, y tiene que ver con la personalidad de los propios músicos. Siempre ha sido muy vivo, alerta y rítmicamente intenso. Es la sensación que al menos yo tengo cuando los dirijo. Tienen esa música en sus cuerpos y siempre ha estado ahí. Es una intensidad única. Si alguien desea preservar una postal del típico carácter inglés, me temo que no tendrá que escuchar muchos compases de la Sinfónica de Londres para darse cuenta de que acá no se aplica aquello. Es una agrupación más bien joven, con muchos intérpretes bajo los 50 años, y muy internacional, como ha sido siempre su tradición. Hay músicos de más de 20 países en su interior. Me he encontrado con un instrumento muy vivo, muy flexible y listo para emprender cualquier aventura. No les gusta hacer lo de siempre y eso, para un conductor, es un gran regalo. Donde quiera que indique el mapa, siempre vamos juntos.

–Usted es conocido por su estilo democrático y abierto en la dirección, opuesto al de los antiguos conductores, como Arturo Toscanini o Herbert von Karajan…

-La relación de los directores con las orquestas está cambiando mucho, aunque no siempre fue así. Vivimos en tiempos más democráticos en el mundo musical, aunque por otro lado hay un ascenso del autoritarismo en el planeta. Sin embargo, aún hay estilos autocráticos, muy de la vieja escuela. Algunos ejemplos son Riccardo Muti y Christian Thielemann. Son diferentes y maravillosos en su particular manera. Pero de mí, ¿qué puedo decir? Me parece que siempre he estado más cerca de Wilhelm Furtwängler que de Arturo Toscanini en términos de carácter. O de Rafael Kubelik que de Herbert von Karajan. De todos los grandes directores que he nombrado, lo que me interesa es escuchar la humanidad [Rattle usa el término alemán mensch] en la música. Ahora bien, con una orquesta como la Sinfónica de Londres, tan viva y al mismo tiempo tan disciplinada, no hay necesidad alguna de ser autocrático. No ayuda en nada. Lo que siempre deberíamos hacer es estar, por el contrario, en una búsqueda conjunta. Es lo que prefiero, y me odiaría a mí mismo si me alejara de los músicos. Sería llevar una vida demasiado solitaria. Hay muchos que piensan como yo en la orquesta y están contentos si algún día salimos y nos tomamos un trago juntos. Esta actitud es una cuestión de nuestros tiempos, y con seguridad la generación de directores que viene será aún más abierta. Me refiero a conductores como Andris Nelsons (titular de la Sinfónica de Boston y la Gewandhaus de Leipzig) y Yannick Nézet-Séguin (director del Metropolitan Opera House y la Orquesta de Filadelfia). Con ellos compartimos el mismo barco.

–Hace unos días, Daniel Barenboim fue acusado por músicos de la Orquesta Staatskapelle de Berlín de ser demasiado rudo en el trato. ¿Qué opina?

-Tenemos diferentes estilos. Pero Daniel Barenboim siempre me dice, “oh, querido, como lo haces para ser tan buen chico” (risas). Somos amigos, pero, claro, Barenboim es una persona de carácter fuerte, realmente exigente. Todo el mundo lo sabe. Es lo que es. Cada quien tiene su propio temperamento, aunque yo siempre he ido en una dirección diferente.

-Usted menciona al gran director Wilhelm Furtwängler, que tocó varias veces ante Hitler con la Filarmónica de Berlín y de quien el sello discográfico de la misma orquesta acaba de publicar un boxset de grabaciones del período de la Segunda Guerra.

-Es un asunto realmente importante para discutir. Hace un momento hablaba sobre el director de orquesta austríaco Rudolf Schwarz, quien hizo la primera grabación de la Quinta sinfonía de Mahler con la Sinfónica de Londres. Pues bien, Schwarz estuvo en los campos de concentración de Auschwitz y Bergen-Belsen, y desde el primero de ellos fue rescatado gracias a los esfuerzos de Wilhelm Furtwängler. Estoy seguro de que Rudy defendería a Furtwängler si estuviera vivo. Y lo mismo harían muchos otros músicos de origen judío. Quizás Furtwängler cometió errores en su vida o en ciertas declaraciones, pero estoy seguro de que hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudar a varios músicos. Ahora no vivimos en el régimen de terror en el que habitó Furtwängler, y es difícil saber cómo habríamos reaccionado en una situación así. Lo que sí tengo claro es que él tenía el sentimiento de que la grandeza de su arte ayudaría a disolver lo que estaba pasando en ese momento en Europa, y que el espíritu humano brillaría sobre los acontecimientos de su época. Puede sonar naif ahora, pero, como el mismo Rudolf Schwarz lo recordaría años después, muchos músicos judíos se quedaron en Viena porque pensaron que Adolf Hitler nunca marcharía sobre la ciudad. Schwarz nos decía que para nosotros, los más jóvenes, era complicado entender cuán ingenuos y poco preparados estaban ellos ante lo que se venía. Nos decía que no se dieron cuenta de los pocos pasos que les tomó al fascismo y a la tiranía para crecer en Europa. Es una lección de la que nunca me olvido. Ahora bien, quizás músicos y directores judíos de la época, como Kurt Sanderling, Berthold Goldschmidt o el mismo Rudolf Schwarz, tendrían más clara la relación de Furtwängler o Karajan con los nazis. Sería interesante determinar quién era el que realmente hacía el saludo nazi de los tres dedos y quién no, aunque, por otro lado, nunca realmente sabremos cómo era todo en ese momento. Me refiero a los compromisos o concesiones que se hacían en la época.

Los conciertos

22 y 23 de mayo

Rattle y Sinfónica de Londres

Simon Rattle conducirá obras de Dvořák y Berlioz, el 22 de mayo, y composiciones de Mahler y Britten, el día 23. Ambos conciertos son a las 20 hrs. Más información y venta de entradas, en corpartes.cl

Charly García vuelve a Chile

La Tercera

Luego de seis años, el cantante retorna al país el jueves 13 de junio en el Movistar Arena, con entradas que salen a la venta este miércoles. Culto vio su show de esta semana en Argentina: un rito que cruza fanatismo, melodías eternas y un hombre que desafía las turbulencias del tiempo.

Por Claudio Vergara

“Charly García agotado”. Un par de letras negras impresas sobre una hoja blanca alertan en las boleterías que, para el show del pasado martes en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, las entradas ya no existen, se esfumaron en dos horas, consecuencia lógica de un concierto “sorpresa” anunciado sólo cinco días antes.

Entre los afortunados que consiguieron un ticket está Valentina, una veinteañera que descubrió al músico a través de su padre y que reconoce que, aunque no vivió sus días de gloria, esto es lo que queda, no hay modo de echar el reloj hacia atrás, hay que resignarse y disfrutarlo “esté en el estado que esté”. Lo mismo le sucede a Delfina, otra sub 25 que apenas caminaba cuando Charly ya se arrojaba desde la pieza de un hotel, y que llegó hasta el lugar vistiendo la polera y el brazalete con el símbolo de la crepuscular era Say no more, aquella S, N y M pintarrajeadas en el centro de un círculo blanco.

Quizás el diario bonaerense La Nación pensó en todos ellos cuando en febrero de 2018 -el momento en que el cantante inauguró esta seguidilla de presentaciones relámpago bautizadas como La torre de Tesla- tituló: “Charly García sedujo con su magia a centenares de millennials”. Días después, en entrevista con la Rolling Stone Argentina, el mismo aludido celebró la frase: “¡Qué loco! ¡Los Millennium!”.

Por las muchas canas que acechan su cabeza, Hugo claramente no entra en la generación “Millennium”, pero sí en aquella que aplaudió en tiempo real al hombre de “Los dinosaurios” en los 70, los 80 y parte de los 90, su era de gracia: “Siempre me llamó la atención su figura, que era medio loco”, define minutos antes de ingresar al teatro. Luciana tiene el signo de Say no more tatuado en la muñeca derecha y prefiere conjugar su devoción en presente: “Él ahora en sus shows está disfrutando de su edad, de lo que puede hacer, del público que lo viene a ver, de todo lo que nos dio”.

Todos ellos agotaron el recital de Charly. Pero Charly García no los agotó a ellos.

El aguante es así

En Argentina, la incondicional veneración al ex Serú Girán se ha perpetuado sin mayores fisuras y, aún más, se ha desbordado hacia las nuevas generaciones, pese a que en su última década acumula seis hospitalizaciones, cuatro cuadros de hipertensión, tres álbumes irregulares, una operación a la cadera, muchísimos fármacos, el deterioro vocal y una agenda en vivo cada vez más esporádica. Da igual: desde principios del año pasado realiza una presentación cada tres meses en algún teatro porteño, todas informadas por los medios apenas un puñado de días antes, lo que hace que las localidades se acaben en un chasquido de dedos.

Cada vez que llega a sus espectáculos, el auto que lo traslada es acorralado por cientos de jóvenes que intentan mirar algo a través de los vidrios polarizados. El aguante, tal como bautizó a ese olvidado álbum con el que cerró los 90, en su mayor expresión: “Este es el aguante/ hasta yo lo vi/ Este es el aguante/ decímelo a mí”.

¿Y hoy está realmente agotado el propio Charly García? Ahora no se trata de entradas en boletería, sino que de la capacidad del artista de 67 años para mantener un espectáculo que parte cerca de las 20.50 horas con la delicadeza de “De mí”, canción de 1990 escrita tras el quiebre con una de las mujeres de su vida, la brasileña Zoca, aunque ahora su letra suena como una vuelta de mano a todos esos fans que han hecho vigilia en las afueras del Gran Rex y que se bancan hasta sus etapas más sombrías: “Cuando estés mal/ cuando estés solo/ Cuando ya estés cansado de llorar/ no te olvides de mí/ porque sé que te puedo estimular”.

Después asoma “La máquina de ser feliz”, parte de su último álbum, Random (2017), otro tema melancólico y cuyo título también funciona como el retrato de un hombre buscando días más dichosos (o un símbolo de paz). Aunque si se trata de definiciones más certeras, los primeros minutos de recital permiten un diagnóstico temprano en dos direcciones.

Primero, y como ya se ha vuelto hábito, Charly aparece sentado en un sillón grueso y rodeado por su set de teclados, como si quisiera camuflarse detrás de tanta electricidad, aunque esta vez luce menos estático, con una movilidad mucho más ágil de sus manos, lo que se realza cuando toma la guitarra -la que hasta hace poco había dejado de tocar por sus complicaciones físicas- y suelta acordes desde esa posición encorsetada, no del todo cómoda para un músico que por décadas se arrojaba al suelo, saltaba, se contorneaba, lanzaba patadas al aire y regalaba pasitos de baile.

Segundo, su voz está destrozada y no hay mucha vuelta que darle. Simplemente ya no tiene remedio. Esa interpretación áspera, rasguñada hasta casi el dolor, que a momentos parece que de un segundo a otro se consumirá para siempre, ahora batalla por mantener los tonos de antaño, en el esfuerzo mayúsculo que hoy enfrenta el bonaerense: el de un artista luchando en vivo y en directo contra su estado de salud y contra el a veces cruel paso del tiempo. A momentos estremece, a momentos irrita, a momentos da igual.

En compensación, su grupo suena impecable, voluminoso, lo que encubre las grietas vocales del gran jefe, como si todo se tratara de una gran masa que avanza sincronizada. Es el trabajo en conjunto de una banda afiatada y aceitada desde hace años, que conoce de sobra las fragilidades y las fortalezas del argentino; la misma que tiene como eje a un trío de chilenos -el bajista Carlos González, el guitarrista Kiuge Hayashida y el baterista Antonio Silva- y a otros históricos, el tecladista Fabián “Zorrito” Quintiero y la corista Rosario Ortega, hija de “Palito” Ortega, ese ángel guardián que hace una década le salvó la vida a García cuando todo parecía caer al despeñadero.

“No es fácil estar allá arriba”, dice Silva en camarines, casi una hora después del concierto, sugiriendo que no es simple estar en el mismo escenario no sólo con un ídolo de toda la vida, sino que también con un creador tan impredecible como exigente. “Estuvimos toda una semana, de lunes a sábado, ensayando cuatro a cinco horas diarias, como reloj, muy riguroso todo, por eso los shows salen de esta manera. Él escoge lo que vamos a tocar”, concluye el baterista chileno.

Y en esa elección de canciones, la velada continua con “Rivalidad”, otro track reciente, inspirado en ese día de 2014 en que murió Gustavo Cerati, cuando Charly, para purgar su dolor, se encerró en su casa y puso a altísimo volumen el disco Foxtrot de Genesis, lo que detonó las quejas furiosas e insensibles de una vecina. “Dios bendiga la rivalidad”, dijo antes de cantarla.

Y si rivalidad rima con actualidad, ambos conceptos pueden ir de la mano cuando el ex Sui Generis está sobre una tarima. En la mitad de su performance, el público, exaltado desde la partida, eleva el cántico de “¡Mauricio Macri y la pu… que te parió!”, en sincronía con un vendedor ambulante que en las afueras del teatro fue un hit instantáneo al ofrecer “¡cerveza-cerveza, más frías que el pecho de Macri, cerveza-cerveza!”. Está claro que, al menos en Argentina, Dios bendijo la rivalidad desde su origen.

El silencio tiene acción

Pero lo que más sorprende de su repertorio no son las preferencias por temas que acarician sus últimos años o que abordan alguna coyuntura, sino que el viaje como tobogán por sus más diversas épocas, las brillantes, las recónditas, las despreciadas, con piezas que no incluye con tanta frecuencia, como “Cuchillos”, concebida en 1996 en tributo a Mercedes Sosa; “El día que apagaron la luz”, el éxito del retorno de Sui Generis en 2000; la ochentera “Canción de 2×3”, melodía inscrita en los albores de su período solista; y por lejos la más inesperada estuvo al cierre, “Total interferencia”, el también epílogo de una de sus obras cumbre, Piano bar (1984), escrita junto a Luis Alberto Spinetta y que no tocaba en vivo desde los 90.

Una inclusión tan fuera de cálculo que en camarines algunos de sus músicos confesaban que ni siquiera recordaban ese tema cuando en los ensayos se enteraron que debían revivirlo: tuvieron que abrir Spotify para oírlo de nuevo.

En el listado del día martes también hubo espacio para exorcizar maldiciones al tocar varias de Kill Gil (2010), esa producción que terminó estrenando cinco años después de su grabación, debido a retrasos derivados de sus problemas de salud, sus enfrentamientos con los sellos y una filtración del material en la web que terminó estropeando todo. En la cita en vivo pasaron “In the city that never sleeps”, “Break it up” y “Happy and real”, cantada a solas en el escenario con el ex Sumo y hoy figura de la TV trasandina, el saxofonista Roberto Pettinato: frente a esa imagen desnuda y a la intemperie, sin músicos ni pantallas encendidas, la garganta de García exhibe aún más sus heridas. Como último eje del concierto están los éxitos de siempre: “Yendo de la cama al living”, “Parte de la religión”, “Rezo por vos”, “Demoliendo hoteles” y “Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)”.

En el centro del montaje, una torre de alta tensión se levanta en tributo al ingeniero eléctrico Nikola Tesla (de ahí el nombre de la saga de shows y a quien el músico siempre ha mirado como un utópico), la que es cruzada por efectos de rayos, como una especie de metáfora de la energía que aún fluye y estalla cuando el cantautor salta a escena.

Las pantallas traseras acompañan las 23 canciones de la presentación disparando de modo alternado imágenes de The Beatles, David Bowie, Lou Reed, Psicosis, El resplandor, Toro salvaje y King Kong. Todos íconos del siglo XX. Todos gigantes de sus generaciones. Todos parte de una casta artística que desaparece y a la que Charly también quiere pertenecer. Si no se atreve a reconocerlo, quizás necesita de un truco, de una ayudita de sus fanáticos. Cuando en un momento alguien desde la platea le grita “¡sos el mejor del mundo!”, él responde sin dudarlo ni un segundo: “Ya sé”.

Entradas

Su show en Santiago será el jueves 13 de junio en el Movistar Arena, en su primera venida en seis años, tras tocar en 2013 en los casinos Enjoy de Santiago y Viña. Las entradas están disponibles desde este miércoles 15, en preventa para clientes Banco de Chile. La venta general comienza el viernes 17 (ambas en Puntoticket). Precios van de $21.900 (tribuna) a $138.000 (primeras filas).

sábado, mayo 11, 2019

El verdadero norte de Yo-Yo Ma





Los secretos del estudio creado por George Harrison que salvó al cine británico


Varios cantantes dan el gran salto a la pantalla


Premiado dúo abre temporada de Fundación Beethoven


Los Tres presentando "Fome": Te di te doy todo

La Tercera
Por Marcelo Contreras

Siglos desde que Los Tres presentaron oficialmente Fome en sociedad en un desaparecido teatro en Valparaíso hace 22 años. Viajaron cámaras cuando aún la música chilena era noticia en la televisión para un show memorable. En el intertanto Los Tres alcanzaron máximo fulgor, se desmembraron y rearmaron con la pérdida de piezas originales hasta hoy irremplazables. Como decía Joe Strummer, tu banda es tan buena como lo es tu baterista, y los de Concepción nunca fueron mejores que con Pancho Molina en las baquetas. Esa muñeca rúbrica en su música jamás fue recuperada.

Álvaro Henríquez es un sobreviviente y muchos de los aplausos que se lleva esta noche de viernes cuando aparece en el escenario del teatro Coliseo para rendir Fome íntegramente, álbum que fanaticada y la mayoría de la crítica considera su mejor momento, obedecen a esa categoría. La gente ovaciona no solo el lindo escenario ataviado de rojo con el título del álbum en la memorable tipografía al fondo, sino porque sabemos que el músico de Concepción perfectamente podría ser un recuerdo. Sin embargo está aquí plantado, recuperado y hasta rejuvenecido junto al bajista y compinche Roberto “Titae” Lindl, alineación que completan Sebastián Cabib en guitarra y Boris Ramírez en batería, más otro histórico como Cuti Aste, refuerzo tradicional en directo.

El sonido no es de los mejores cuando el set enfila hacia “Bolsa de mareo” antecedida por el instrumental “Claus”. La batería muy arriba, reseca y azotada, poca guitarra para Cabib y la voz de Henríquez sepultada bajo el coro masivo del teatro. Del bajo, ni hablar. Desde la mesa hicieron lo que se pudo con el micrófono del líder porque prácticamente durante todo el concierto el público cantó con ganas la mayoría de los versos, voces de generaciones mezcladas de una audiencia que ha cambiado con las décadas. Flashback. En los 90 Los Tres gozaban de una gran fanaticada femenina hoy diluida. A la vez asoma renovación entre los seguidores, mucha gente que jamás vio a la alineación original, entonando a todo pulmón un himno de guitarras ensoñadoras como “Olor a gas”. Son los efectos de la buena música en el tiempo, la trascendencia de las canciones memorables por el talento, la inspiración y la belleza de su artesanía.

En “Antes”, lo más cerca que Los Tres ha estado de The Who, la banda se explayó recargada. Cambio de pista emocional ante la intimidad solitaria de Henríquez en “Me arrendé”, con el teatro emocionado ante la dualidad de un artista que construyó fama de espeso y acabronado, expuesto frágil y sincero en una pieza conmovedora.

Cerrado el álbum, Los Tres hicieron un bis de media docena de canciones dejando para el final “Moizefala”, “Déjate caer” y “La espada & la pared”, del álbum del mismo nombre de 1995 que algunos consideramos como su peak creativo, el momento más genuino, un disco donde no sobran canciones como sucede en algunos pasajes del último tercio de Fome. Puede transcurrir medio siglo y “Restorán” seguirá pareciendo relleno. Detalles por cierto. Qué importa que la fecha no calce en un número redondo, los artistas, sus managers y la prensa de facción revisionista dejaron atrás esa regla. Es el hito lo que vale y Fome lo es. Los Tres era lo más grande que había musicalmente en Chile en el remate del siglo XX, en las antípodas de la modernidad de La Ley o Lucybell, y la taquilla de Tiro de Gracia. Era una institución superior que rendía culto a la tradición, orgullosa y respetada.


Natisú se presenta este sábado 11 en LeRock Fest en Matucana 100

Comunicado de prensa

Invitada a esta segunda versión de LeRock Fest, Natisú compartirá cartel con los estadounidenses A place to bury strangers y Daughters, y variados proyectos nacionales como Akinetón Retard e Inverness.

El festival que se desarrolla este sábado 11 de mayo en Matucana 100 será perfecto escenario para mostrar tres nuevos temas de la compositora y música chilena.

El proceso ha sido lento pero seguro para la nueva producción de Natisú. Hay un fuego comienza a tomar forma alejándose cada vez más del formato banda rock para acercarse más al pop y la electrónica. Ya es posible escuchar como adelanto los singles Paisaje y La distancia en Spotify.

La presentación será a las 16 :00 en el M100 Stage (Espacio Bunster) y la formación se completa con Edita Rojas (batería electrónica), Seba Quinteros (guitarra y sintetizadores) y Maggie Rust (cello).
Además, como parte de LeRock Fest, Natisú participará del conversatorio “Mujeres a la vanguardia”, el viernes 10 de mayo a las 19:00 en el mismo Matucana 100. La entrada es liberada.

Natisú en LeRock Fest
M100 Stage
16:00
Entradas por TicketPlus

Si bien Lerock Fest será una de las pocas opciones de ver a Natisú en vivo durante este 2019, ya que la cantautora estará una temporada fuera de Chile, hay anunciado un concierto especial el próximo 6 de junio en Espacio Elefante, de larga duración y con varios invitados. Más detalles sobre este evento se darán a conocer en los próximos días.

Inician devolución de entradas


Maluma volvió a Chile convertido en el latino del momento


viernes, mayo 10, 2019

Fernando Milagros estrena adelanto de su nuevo álbum


Estos buenos hábitos permiten vivir más y mejor


Paolo Bortolameolli y la filarmónica


Fome, de Los Tres: el arrojo que hace falta

La Tercera

 Por David Ponce

Carácter y ambición. Son señas de un disco enlazado con su época y al mismo tiempo lanzado en más direcciones al presente y al futuro. Cuando presentaron Fome en 1997, Los Tres supieron sacar provecho de las máximas posibilidades disponibles en ese momento para dar a conocer la música de un grupo de rock en Chile, y ahí está su ambición. Pero lo hicieron con una música que es cualquier cosa menos predecible ni efectista, sino por el contrario única y de larga vida, y ahí está su carácter. Con ese disco, como en toda su trayectoria, Los Tres fueron más allá de los patrones y supuestos del momento, de los estándares musicales ajenos e incluso de los propios.

El reportero abajo firmante vio en 1995 al grupo dar un precursor concierto Unplugged chileno en esa capital continental del rock latinoamericano de los ’90 que fue el canal MTV Latino en Miami, tal como vio al mismo grupo tocar en 1997 en el festival Tordesilhas de Porto Alegre, Brasil, con otros nombres globales de ese rock continental como Café Tacvba e Illya Kuryaki and the Valderramas, y en un país donde el título del disco que estrenaban en esos días, Fome, significa “hambre”. Y no está mal como significado. Hambre como convicción de hacer escuchar en el continente una música que nadie más estaba haciendo. Lo firma el productor del disco, el neoyorquino Joe Blaney, en su entrevista para el libro de aniversario del álbum publicado en estos días:

“El grupo estaba realmente unificado en ese tiempo, y eso se escucha en Fome, en el modo en que Los Tres están tocando juntos”.

Como un signo de los tiempos, Fome habla de sí mismo y además de su entorno. Primero por las consideraciones extramusicales. Es sabido que los años 90 son la última época en que el negocio multinacional de vender discos fue una industria poderosa, antes de su declive o su transformación a causa del inminente escenario digital que venía en camino. Los Tres, como muy pocas figuras de la música popular chilena de ese tiempo, ganaron un lugar prioritario en esa industria. Tras un primer disco producido por la única casa grabadora que tuvo la lucidez y la visión de prestar oídos al grupo a comienzos de los 90, es decir el sello independiente Alerce, en 1993 Los Tres se unieron a Sony Music, con el respaldo que implicaba un sello transnacional como ese, desde en la actividad en vivo hasta en la saga de estupendos videoclips filmados por Germán Bobe y la creciente presencia del grupo en las radios, con un reguero de éxitos grabados en los álbumes Se remata el siglo (1993), La espada y la pared (1995) y el citado Los Tres unplugged (1996).

Sobre esa misma marcha en 1997 Los Tres echaron mano a su status prioritario y volvieron a EE.UU. para grabar este siguiente disco, y hubo nuevos singles radiales desde “Bolsa de mareo” hasta “Olor a gas” y “La torre de Babel”. En una época de recursos disponibles a gran escala en la industria disquera del Chile de los 90, el grupo se valió de esas plataformas para cimentar su impacto. No sólo tenían canciones memorables; además eran relevantes para las audiencias, que es la mejor definición de música popular.

Y luego habla la música por sí sola. Más allá de todo lo personales que sean las letras de Fome, en una canción como “De hacerse se va a hacer” se encuentra el reflejo de una contingencia del país y de la época, con una alusión subyacente a esos años de post-dictadura, justamente expresado en esos términos: subyacentes. “Saludo de baratas/ informe en planta baja” se oye entre esos versos, cambiados en alguna época por la línea “informe en Punta Peuco” cantada por Álvaro Henríquez en vivo si había que ser más explícito. Por debajo de la belleza, el terror; detrás de la melancolía, la maldad. Esa maldad que luego se vuelve balada de crimen en la canción “Pancho”, y esa belleza que se multiplica por todo el disco, en melodías y armonías como las de “Olor a gas”, “Toco fondo”, “Jarabe para la tos”, “De hacerse se va a hacer”, “Me arrendé” y más para la antología.

Los Tres venían de fijar un estándar, tal vez el más significativo de su carrera, cuando en 1995 fueron a Miami a grabar ese show para MTV Latino y sobre todo cuando en 1996, gracias a la aparición del correspondiente disco Los Tres unplugged, habían puesto a medio país o más a escuchar cueca chora de Roberto Parra y a cantar y bailar jazz guachaca con “Quién es la que viene allí”. Fome es el disco siguiente a ese paso y es, entre otras cosas, lo opuesto: un disco a menudo eléctrico, que en sus pasajes más electrizantes, como en “Bolsa de mareo”, llega a ser incandescente. No hay nada malo en los músicos que encuentran un estilo y se mantienen fieles a él. Al revés, es una prerrogativa. Pero en esa perspectiva salta a la vista y a la oída con más claridad el arrojo que hace falta para elegir lo contrario. Para no quedarse quieto en un sonido ni en un estilo, y para no sólo buscar, sino encontrar, que es lo mejor, nuevas formas de hacer una canción. Los Tres nunca hicieron un disco similar al anterior, y hace 22 años, en Fome llevaron esa actitud más lejos que nunca hasta entonces, con un disco arrojado también hacia el futuro y que conforme pasa el tiempo no deja de crecer.

Gastón Soublette sueña con Jennifer Lopez



La Tercera

A sus 92 años, el filósofo y musicólogo se prepara para escribir sus memorias. Espera hacerlo este verano. Tiene conciencia de que va contra el tiempo, pero tiene a su favor que recuerda perfecto los episodios que quiere contar. En esta entrevista aborda varios. Incluido uno tan pop como su sueño con la cantante Jennifer Lopez, que él interpreta como la lucha interna de dos mundos que habitan profundo en él: lo mapuche y lo católico.

Por Gabriela García

Fue en sueños, pero sus recuerdos son tan nítidos que Gastón Soublette puede narrarlos como si recién despertara de esa siesta. Parado en el Estadio Nacional junto a Jennifer López -actriz y cantante norteamericana, de ascendencia boricua-, ambos están a punto de competir por quién da la vuelta al coliseo en menos tiempo.

El experto el filósofía oriental, cultura popular, musicólogo y esteta la mira antes de comenzar la carrera.

-Es una mujer tan hermosa -piensa en voz baja, mientras su cuerpo se pone en posición.

-Jennifer, tú tienes un reloj con cronómetro, así que toma tú el tiempo -le dice a J.Lo.

Pero entonces la escena, y todo el sueño, se van a negro.

***

Gastón Soublette, sentado ahora en el sillón de su casa de Limache, al calor de una pequeña estufa eléctrica, recuerda ese sueño.

-Era una cosa muy seria -dice.

Para él, este sueño simboliza un conflicto que no ha podido resolver en sus 92 años de vida. Un dilema que a veces lo atormenta.

-Para mí, ella es una mujer muy bella. Pero su belleza radica en que sus rasgos son indígenas, por lo que mi interpretación del sueño es que mi inconsciente la escogió a ella para simbolizar mi atracción por un mundo que muchos creen incompatible con mi fe en Jesucristo. Eso no he podido resolverlo. En el sueño estamos compitiendo. ¿Quién gana? ¿Mi fe cristiana o la mística telúrica y pagana del mundo mapuche? -dice quien ha sido formado por el discípulo de Gandhi, Lanza del Vasto, y también por guillatunes mapuches donde ha tocado el cultrún para que una machi entre en trance.

Gastón Soublette tradujo el Tao te King y es experto en refranes, pero nada ha podido contestar esta pregunta que arrastra hace tanto tiempo.

-Es un problema que ya no sé si valga la pena descifrar. Hago lo uno y lo otro. Los mapuches también hablan de un creador del cielo y de la tierra. ¿Qué diferencia tiene con el de la Biblia? -dice, mientras el sueño con J.Lo sigue en su retina.

***

Gastón Soublette sabe que está contra el tiempo para descifrar éste y otros asuntos. Un médico chino que le clavó agujas por todo el cuerpo le dijo que viviría más de 100 años si se portaba bien, y él -que medita y ora cada día, que en lugar de aprender a manejar eligió caminar y se alimenta sano, que vive hace tres décadas conectado con la naturaleza en una quinta de los años 30, rodeado de paltos centenarios y un pastor alemán capaz de matar a quien se acerque a él y a su mujer si el bastón en el que apoya su 1,87 de altura no lo espanta- está en la recta final.

-Me preocupan los problemas que se puedan suscitar con la muerte. Si parto yo, ella se quedará sola. Y si ella se va primero, quedaré solo yo. Uno tiene que pensar en ello, son problemas reales. ¿Qué se va a hacer con esta propiedad? ¿Los hijos la van a vender? ¿Me van a invitar a vivir con ellos? Tengo muchos proyectos de escribir y publicar, todo eso se piensa entre medio de que puedes ser interrumpido por la muerte -cuenta.

Soublette confiesa que habla con Dios de estas cosas. Lo importante, dice, “es mantenerse vivo por dentro mientras no te entierren”, y para eso sigue dando clases de sabiduría popular oral chilena en el Instituto de Estética de la UC y escribiendo cartas a El Mercurio cuando algo lo indigna.

Este verano, además, se prometió escribir sus memorias. Quiere hacerlo en una vieja Olivetti que descansa sobre su escritorio. El libro, advierte, no correrá cronológicamente. Serán episodios que narrarán su vida. Incluidas sus experiencias con los mapuches y su amor por Cristo.

-Creo que puedo escribir un buen volumen de fragmentos hasta marzo. Tengo memoria de elefante -dice quien atribuye su buena salud a su madre, quien lo amamantó durante un año.

Soublette tiene los huesos intactos, pero usa audífonos. Y su biografía es la de un alquimista que combina saberes. Nació en Antofagasta, pero creció en Viña del Mar. Estudió Derecho en la U. de Chile, pero sólo por complacer a su padre. Su verdadera vocación estaba en la música: terminó titulándose de compositor en el Conservatorio de París, en Francia, país donde en los 60 sería agregado cultural de Chile.

Elegido por Violeta Parra para traducir a partituras sus composiciones, Soublette también aprendió a amar la cultura popular y, de alguna forma, sus clases en la Católica son una forma de concretar el sueño inconcluso de ella de hacer una universidad del folclore.

Gastón Soublette quisiera darle la espalda al tiempo. Se lo dice a los alumnos que lo escuchan en el Instituto de Estética de la UC -que dirigió hasta los 80-, citando una de sus películas favoritas: El náufrago, de Robert Zemeckis.

-Vivimos y morimos por el reloj. Pobres esclavos del tiempo -dice, mientras su cabellera larga y canosa lo hacen parecer un chamán, pero con poncho.

Gastón Soublette pertenece a la elite. Fue cuñado de Gabriel Valdés Subercaseaux y conoció a su esposa francesa en un castillo europeo. Pero su alma es sureña y salvaje. Prefiere el caos de la naturaleza que las ciudades amuralladas.

Su único deporte fue subir cerros. Hace 10 años, cuando tenía 82, fue la última vez que puso su cuerpo a prueba: escaló el monte La Silla, que tiene 1.800 metros de altura.

-Quería probarme, saber si aún me la podía. Fui con un ex alumno mío de 50 y caminé más o menos 7 horas. Estar solo en el silencio de la naturaleza es para mí una experiencia sagrada.

***

La carrera entre Gastón Soublette y Jennifer Lopez no se ve en el sueño. Pero segundos después de que la escena de la competencia en el Estadio Nacional se va a negro, ambos reaparecen en una casa muy aristocrática.

Ella, vestida con un traje muy elegante, es agasajada por hombres de cuello y corbata con los que comparte un cóctel de verano en los jardines, mientras Soublette, sentado en el living, la mira de lejos.

“Yo la observaba entre la gente en esta casa pirula. Es una mujer muy bonita, pero tiene las piernas un poco cortas, pensaba yo. Entonces, inquieto por saber quién había ganado la competencia, abría la puerta y salía a encontrarme con ella, a interrumpirla en su coquetería con estos señores”, recuerda hoy Soublette.

-Bueno, Jennifer, ¿quién lo hizo en menos tiempo? -le pregunta curioso.

J.Lo voltea y le sonríe:

-¡Y eso qué te importa! Lo importante es que lo hicimos.

El sueño termina ahí, porque Soublette despierta.

***

-¿Qué significa que yo piense en el sueño que ella tiene las piernas cortas? -se cuestiona Soublette, mientras continúa descifrando esas imágenes.

Entonces explica que, según Carl Jung, las extremidades inferiores simbolizan el alma.

-Hay una analogía funcional ahí. El hecho de que yo diga que ella tiene las piernas cortas se debe a que estoy diciéndome a mí mismo: la espiritualidad indígena, con todo lo que me atrae, es inferior al Evangelio de Jesucristo. Pero, como igual me queda siempre la duda frente a esto, le pregunto mejor a ella: ¿quién lo hizo en menos tiempo?, ¿quién ganó? Su respuesta es clara: “¡Qué importa!”, dice ella, como queriendo decirme: “no pregunte huevadas, si el problema no se va a revolver nunca”. Pero eso no es todo…- advierte dejándolo en suspenso.

La risa de Gastón Soublette retumba en la casona de Limache. Dice que aunque Cristo es el valor supremo para él, que no lo puede cambiar por nada, una de las razones para escribir sus memorias será justamente explicar por qué quedó tan enganchado con los mapuches.

Sus experiencias están llenas de sincronías que conectan los capítulos de su larga vida. Soublette tenía cuatro años cuando comenzó a venir a Limache para pasar los veranos en la quinta de su tío. De adolescente jugó entre los jardines que hoy habita.

Pero eso no es todo: junto a un primo se propusieron inventar una historia mapuche y crearon la de don Juan de Manríquez Sandoval: un conquistador español que, cansado de la crueldad y la codicia de los españoles, se pasó al bando de los indígenas.

-Era un desertor, pero por ser un hombre que tenía poderes síquicos, en recompensa por eso, los chamanes mapuches lo ordenaron machi, convirtiéndose en el primer machi de raza blanca que existió en América -dice sobre el cuento que terminaría siendo una historia real.

***
Hace unos años, recuerda Soublette, el profesor Antonio Antileo, que enseñaba mapuzungún en la escuela de Letras de la UC, le dijo:

-¿Usted sabe que esa historia que inventó ocurrió en la realidad?

Soublette llegó a tiritar tras escuchar que efectivamente un conquistador español, pero de apellido Calvo, se había casado en secreto con una inca del Perú, lo que provocó que Pizarro lo persiguiera a muerte. Los indígenas lo protegieron hasta que llegó a Quillota, en Chile, donde se puso a las órdenes de Michimalonco.

-Él vistió de toqui mapuche a este español que efectivamente tenía dotes síquicas muy poderosas. Pero fíjese en esto además: Limache viene del mapuzungún; significa machi blanco.

Soublette sigue deslumbrado por ese misterio. Cuenta que Antileo lo instó a averiguar la razón de esa concordancia y que cuando le dijo “a lo mejor, el pueblo mapuche lo está buscando”, a él le dieron escalofríos.

Lo primero que hizo al respecto fue una gigantesca exposición de arte mapuche en el Campus Oriente de la UC.

-Ahí sentí lo que ellos llaman el newen, el poder de las cosas sacras mapuche que me empezó a dominar -dice.

Su encuentro con un profesor del Pedagógico, Domingo Curaqueo, lo terminó de introducir en ese mundo: invitó a Soublette a un nguillatún al sur. El musicólogo se alojó una semana en una ruca y durante la ceremonia de cambio de rehue, el viejo machi Gerardo lo llamó y le dijo que debía tocar el cultrún sobre la cabeza de una mujer que iba a entrar en trance. Soublette, que ya sabía tocar el instrumento así como la trutruca, obedeció y sintió que su vida cambiaba por completo.

-¿Por qué han hecho esto conmigo? -preguntó después.

-Porque tú eres un peñi, un hermano, tú eres de los nuestros -le dijeron.

A Soublette, entonces de 50 años, se le erizó la piel. Una machi, dice él, llegó a ofrecerle a su hija en matrimonio. Pero el musicólogo miró a la niña de 15 años, y dijo que no podía aceptarla. Que ya estaba casado.

La machi lo miró a los ojos:

-El newen se le metió en el cuerpo y no se le va a ir más -sentenció.

Soublette volvió a Santiago y al entrar en su departamento tuvo una crisis tan fuerte que debió recurrir a un siquiatra.

-Miré mi cama, mi escritorio, mi teléfono, la cocina y desconocí todo eso. Sentí una distancia tremenda. Me vino una depresión muy grande -confiesa. Y agrega que llegó a pensar que tendría que irse a vivir con los mapuches.

Pero Soublette se quedó de académico en la UC. Comenzó a escalar los cerros de la zona metropolitana donde antiguamente habían vivido los mapuches, y siguió yendo a verlos al sur, pero de visita. Entre medio recurrió a la filosofía oriental, conoció a Lola Hoffmann y de su mano el confucionismo, el I-ching, a Lao Tsé, a Jung y las sincronías. Luego, llegaría a la conclusión de que esa misma sabiduría está en los refranes populares.

-¿Se da cuenta que estuvo a punto de encarnar su propio cuento?

-Estuve a punto de quedarme ahí para siempre…

-¿No se arrepiente ahora que conoce de los abusos que ha cometido la Iglesia?

-Sigo siendo católico porque pienso que esas son personas que usan mal su investidura, pero no son la Iglesia misma. Es cierto, la organización jerárquica del clero está haciendo agua y mostrando sus grandes falencias, pero es porque se ha insistido poco en que la Iglesia es ante todo el pueblo de Dios. Creo que es hora de los laicos. Pero no nos vamos a tomar la Iglesia a la fuerza, tenemos que dialogar con la jerarquía para ver dónde podemos llegar, porque hasta ahora ésta lo está haciendo muy mal. Los escándalos que ha habido revelan que la clase sacerdotal no tiene herramientas para tener el dominio de sí misma. Gandhi decía que sus enseñanzas se basaban en tres pilares: el conocimiento de sí mismo, el dominio de sí mismo, el don de darse a sí mismo a los demás. Pero si uno se da a la comunidad sin conocerse y sin tener el control de sí mismo, puede dejar la grande, y eso es lo que está pasando. Por suerte tenemos a este Papa, que es muy valiente…

***

-Usted viene anunciando un apocalipsis desde 2012. Además va a publicar un libro que reunirá las cartas que ha enviado a El Mercurio en los últimos 40 años y que tienen de fondo su preocupación ecologista. ¿Qué es lo que más lo alarma?

-Yo ya no puedo viajar como antes. Estoy muy viejo, me canso. Pero prendo la televisión sólo para ver las noticias y me informo todos los días a través de los diarios y de mis amistades ecologistas. Juan Pablo Orrego y Sara Larraín me cuentan lo que está pasando y lo que se conversa en los congresos. Y lo que yo más temo es que se llegue a un punto de no retorno en la recuperación del ecosistema mundial. El mar va a subir 6 metros; y esto lo escuché por primera vez fácilmente hace 40 años en la Cepal. Londres, Nueva York, Miami, Valparaíso, ¿dónde irán a parar? Hay que tener un plan de evacuación y replegarse más adentro porque ese fenómeno ya no se puede detener. Lo otro que me preocupa mucho es la sequía. Aquí no cae una gota. Ya se acabó el agua en la parte alta de Olmué. Y va a llegar un momento en que el agua se va a acabar en Santiago también. Sabiendo esto, y que los glaciares son la gran fuente de agua dulce para las ciudades, ¡cómo podemos permitir que intervengan los glaciares frente a Santiago porque debajo hay oro! Creo que esas decisiones son inspiradas en un deseo de morir.

-¿Somos autodestructivos?

-En el ser humano existe una parte inconsciente que tiende a la muerte y que se llama tánatos. Así lo llamaban los griegos. Y es un impulso contrario a eros, que va hacia la vida. Si viene el señor Bolsonaro y lo primero que declara es que la selva amazónica va a ser abierta a la explotación comercial, cuando la selva de Brasil no le pertenece sólo a él, sino al mundo entero porque es un gran pulmón que purifica la atmósfera, eso es tanatos, un deseo de morir. Por otro lado tenemos a Trump que dice que el cambio climático es un cuento chino. Esos hombres no se conocen a sí mismos.

Soublette camina por el jardín cubierto por las hojas del otoño. Cuenta que tiene un pozo de agua al que espera que sus nietos y bisnietos recurran en caso de emergencias, si es que él ya no está aquí para protegerlos. Le aterra el planeta que les espera. Dice que va a morir mucha gente. Y que hace un mes, Juan Gabriel Valdés, su sobrino que terminó hace un año su rol de embajador en Washington, se lo confirmó: “Aquí va a quedar la grande, tío”.

-Yo detesto este modelo de civilización, creo que es incompatible con el Evangelio de Jesucristo y con la vida. El poder económico hace lo que quiere con nosotros -dice.

-¿Qué le provoca eso a usted?

-Una indignación tremenda. Yo pertenezco al club de los indignados.

-¿Y cómo lo hace para no perder la fe en la humanidad?

-Yo no pierdo la fe porque medito con el cuerpo inmóvil en la postura del loto, con la espalda recta y la respiración rítmica, y así restablezco el equilibrio síquico y el dominio de mí mismo, si no estaría muerto. Pero a la vez creo que el poder que trajo la vida a este planeta es más fuerte que la imbecilidad de los hombres. Que aunque nos van a llevar al extremo, casi al punto de no retorno, eso no va a ocurrir. La vida es más fuerte que la depredación que hace la industria en el mundo, y si Jesucristo, el hijo de Dios, vino al mundo no es para que esto termine mal, ¿cierto? Estamos pasando por el cuello de la botella y se va a poner mucho peor, eso sí.

-¿Le asusta la muerte?

-Fíjate que no sé. Por el momento estoy tranquilo, pero no sé cómo reaccionaría si el doctor dijera claramente que me voy a morir. A pesar de que emprendí la aventura del autoconocimiento, y que con él tomé conciencia de las bases de mi personalidad y logré tener el control de mis reacciones, conocerse entero es imposible, un abismo sin fondo. ¿Será verdad que iré a vivir más de 100 años? Yo por el momento pido unos cinco más para terminar lo que tengo pendiente.

***

Puede que Soublette nunca resuelva el dilema que le reveló el sueño con Jennifer Lopez, pero la última vez que la vio no fue dormido. Tenía los ojos bien abiertos y estaba en su departamento de Providencia, el mismo donde lo lleva un amigo cada domingo para hacer los martes sus clases en la UC.

-Le dije que el sueño había tenido cola, ¿no? Bueno, a la semana que soñé que competía con ella en el Estadio Nacional, ¡Jennifer Lopez se vino a alojar al lado de mi casa! ¡Ella, en persona! Se alojó en el hotel W. Y yo la veía por la ventana de mi cocina cuando se subía a la limusina que la venía a buscar -cuenta.

Soublette quedó de una pieza. Tanto que pensó en escribirle una carta para contarle que habían corrido juntos, pero se arrepintió.

-Al final no lo hice. Para qué, si lo que se ve claramente en el sueño es que yo no solucionaré nunca ese problema. Para mí, Jesucristo está encima de todo, con eso basta -dice mientras cae la noche en Limache y él se frota las manos en la estufa antes de irse a dormir.

jueves, mayo 09, 2019

Scorpions vuelve junto a Whitesnake


" La Fuente del Gesto" en el Instituto de Música UC


Newen Afrobeat, la banda que cruza culturas


Mon Laferte agota localidades en Santiago, solo cancha disponible

Comunicado de prensa

Santiago, 9 de mayo de 2019.- A cuatro años de su estallido continental, la viñamarina se ha consolidado como una de las figuras más importantes de la música de habla hispana, anotando una serie de hitos que la posicionan en la cima de la música popular no sólo en Chile, sino que también en mercados claves.

Su regreso al país con "La Gira de Norma", así lo confirma. Para su concierto programado en Movistar Arena el 13 de septiembre, solo quedan disponibles tickets en cancha.

Sus canciones, una embriagadora combinación de rock, blues, electrónica y músicas de raíz tradicional, junto a su voz desgarradora y presentaciones cargadas de energía y potencia, estarán presentes en La Gira de Norma, que aterrizará en Santiago, sin antes recorrer su tierra de sur a norte llevando  todos sus éxitos tales como "El Beso", "Por qué me fui a enamorar de ti", "El Mambo", "Caderas Blancas", “Antes e Ti”, “Amárrame” y su infaltable “Tu falta de querer” y muchos otros que ya tienen lugar , fecha y hora. Las citas regionales serán el 5 de septiembre en el Gimnasio Municipal de Concepción, el 7 en el Gimnasio Olímpico UFRO de Temuco, el 8 de septiembre en Casa del Deportista en Iquique y el 10 en Estadio Sokol de Antofagasta.

En su carrera anota una serie de hitos que la posicionan en la cima de la música popular no sólo en Chile, sino que también en mercados claves como México, Estados Unidos y Argentina, realizando giras que se han extendido al continente euopeo; es una de las artistas chilenas más escuchada en Spotify con más de 3 millones streams en el mundo. Y sus triunfos no paran, este año sumó su primera nominación a los Billboard Latin Music Awards en la categoría "Top Latin Album: Artista femenina del año. Antes con su disco “La Trenza” (2017) y el single “Amárrame” obtuvo un Latin Grammy, un MTV Europa y tres Pulsar. Entre “Vol. 1”, “La Trenza” y “Norma”, acumula ya 27 Discos de Platino.

Venta de Entradas en Punto Ticket y puntos de venta físicos en Tiendas Hites y Cinemark habilitados de todo Chile.

Ankatu Alquinta se siente como en casa

Diario El Día

Por Rodrigo Solís

El músico, que está desarrollando varios proyectos en la Región de Coquimbo, cuenta detalles de sus recientes presentaciones y como busca incursionar en nuevos estilos. Además, comenta la enorme responsabilidad que significa llevar por delante el legado de su padre Una nueva vida. Es lo que está pasando con Ankatu Alquinta, quien está desde hace varios meses realizando una residencia artística en la Región de Coquimbo, participando en diversas actividades culturales, musicales y educativas.

Esto incluye diversos homenajes y también una intensa labor docente, que lo ha ido acercando a las raíces de la Región de Coquimbo y también a una variedad de estilos musicales donde se ha atrevido a incursionar.

“Estoy con bastante actividad. Estoy viniendo a la Región de Coquimbo regularmente desde el año pasado y en 2019 ya me he ido estableciendo con estos proyectos. Hay algunos que son de gestión cultural en el barrio Guayacán en Coquimbo, además de participar en el montaje de teatro de muñecos y objetos de la compañía Marionetas Gigantes de Papel de La Serena”, subrayó.

El músico también tuvo parte en un homenaje a Gabriela Mistral. “Realizamos una actividad en la localidad de Montegrande, con un espectáculo que creó Rodrigo Cuturrufo, donde conformamos un colectivo musical muy destacado, donde también participó Cristian Cuturrufo, Marcelo Cuturrufo que es baterista, Jimmy Frazier y también Daniel Lencina hijo, entre otros. Así fue como armamos este espectáculo que fue un gran éxito”, señaló Alquinta, que espera que esta experiencia se repita durante los próximos meses, en la conurbación La Serena-Coquimbo.

Otra instancia que lleva adelante es el desarrollo de labores formativas en la Escuela EMPO de La Serena, “Estoy participando en un taller de música latinoamericana, porque hay grandes talentos en esas escuelas, y esperamos poder mostrarlo al público. Es así como me he ido vinculando cada vez más con esta zona”, indicó 

Ankatu realizó también un homenaje a su padre, el recordado Eduardo “Gato” Alquinta, quien por esas cosas del destino dejó de existir en Coquimbo, el 15 de enero de 2003. Este reconocimiento se realizó en la plaza de La Herradura, con apoyo de la Municipalidad de Coquimbo y su Corporación de Turismo. “También repetimos ese evento en la plaza del Barrio Inglés de Coquimbo y resultó de una entera satisfacción”.

Recordando a un inolvidable 

Inevitable fue consultarle por la muerte de otro referente de la música regional y que dejó de existir el pasado martes: nos referimos a Héctor “Parquímetro” Briceño, para quien Alquinta tuvo positivas palabras. “La verdad es que lo conocí de paso, no tuve el privilegio de trabajar con él, pero si debo destacar que se trataba de una tremenda persona, muy generosa, y un referente para toda nuestra generación, porque siempre fue generoso, y eso es lo que debe, a mi juicio, imperar entre los músicos”, acotó. Al respecto, considera que “muchas veces los reconocimientos a los músicos son lentos, sobre todo cuando no aparecen demasiado en los medios tradicionales de comunicación. Es lo que sucedió, por ejemplo, con Violeta Parra. Creo que nunca se le hizo justicia a la importancia que tiene para nuestra música”.

 Sus planes

Para Ankatu, siguen surgiendo más proyectos. Y es más, pretende echar raíces. “Tengo en vista poder establecerme en la zona, y toda esta aventura comenzó promocionando mi álbum ‘Dicen que’, que es primero como solista, que tendrá nueve canciones. También estoy trabajando junto con una productora local, Roda Films, en la realización de un video clip del single ‘Dicen que’ y que estará pronto listo. Así es como me voy vinculando con esta zona”.

El hijo del “Gato” sostuvo que también ha aprovechado de involucrarse en la historia regional de bandas como “Cumaná”, “Los Viking’s 5” o “Albacora”, para así involucrarse en la música tropical, lo que parece bastante curioso. “En el Perú, se está fusionando mucho con la música andina, que es lo que precisamente estoy buscando, porque tiene que ver mucho con la identidad de lo que somos y hay un clasismo al respecto. Se trata de un género muy respetable y quiero reactualizarlo”, acotó quien también se ha sumado a las tendencias, porque tiene su fan page oficial en Facebook e Instagram.

Lo inmediato

Ankatu Alquinta está realizando diversas colaboraciones musicales, una de ellas con el destacado bajista y compositor regional, Gerardo Toro, profesor de la Universidad de La Serena y que es un destacado instrumentista, lo que se traduce en una presentación que llevan a cabo este viernes desde las 23:30 horas en el club Rock & Sicodelia de La Serena, ubicado en Eduardo de la Barra 583.  “La puesta en escena será en formato live set, para mostrar una fusión de música en vivo con loops y samplers en un repertorio de composiciones propias y algunos clásicos de la música chilena”, concluyó el músico y compositor.

El legado 

En ese contexto, resulta inevitable consultarle por si siente la responsabilidad de llevar adelante el legado de quien fuera la voz de Los Jaivas por más de cuatro décadas, Eduardo “Gato” Alquinta, su padre. “Es un privilegio ser un portador de este legado, que es una riqueza tremenda para mi trabajo musical y además una fuente de inspiración. Mi padre, como músico, compositor y guitarrista, es uno de los grandes legados que tengo”.

Ankatu asume que es “un continuador” de la obra del “Gato”, pese a la responsabilidad que eso supone. “Eso no significa hacer covers de los discos de Los Jaivas, lo importante es cultivar la evolución de esta música, porque ellos siempre estuvieron en una permanente búsqueda, nutriéndose de nuestras raíces. Frente al público es más complicado, porque se siente el peso de una figura gigantesca”.