sábado, junio 22, 2024

Antonio Monasterio cierra en vivo el ciclo que lo llevó al premio Pulsar

 El Mercurio


El compositor y multiinstrumentista ganó con su disco “Las furias y el mar”, marcando un nuevo momento de altura en la fusión chilena.

IÑIGO DÍAZ

Nacido y criado en Panguipulli, a orillas del lago a donde acudía para reflexionar y tocar la guitarra siendo adolescente, Antonio Monasterio (1987) tuvo que pasar un año estudiando Historia en Temuco para darse cuenta de que su vida iba por otro camino. Hoy no solo es un nombre central en las escenas independientes surgidas desde Valparaíso, donde estudió Música y se hizo compositor y multiinstrumentista, sino que ha alcanzado un estatus mayor con el reciente premio Pulsar, distinción anual a la música chilena en distintas categorías.


Mañana, Monasterio volverá al Parque Cultural de Valparaíso (19:00 horas, de $3.000 a $12.000 en PortalTickets) para cerrar un ciclo que comenzó hace cinco años y que desembocó en su premiado disco “Las furias y el mar” (2023). En ese escenario presentará una música de tramas sonoras amplias y gran profundidad narrativa junto a su conjunto, un mecanismo de varios engranajes y que él denomina Antonio Monasterio Ensamble. “Todos los músicos tienen una importancia en el desarrollo de los temas. Yo no soy el líder del grupo, sino parte de él, por eso lo llamamos ensamble”, dice al teléfono en un viaje en micro desde Valparaíso a Quilpué, para hacer clases.


Alrededor del compositor hay músicos que provienen de la academia y del jazz, además de intérpretes de instrumentos del folclor chileno o de distintas culturas del mundo: ney turco, guitarra campesina traspuesta, guitarra eléctrica de jazz, saxo tenor, piano, contrabajo y batería. Pero en la obra, Monasterio también incorpora la electrónica al procesamiento de esos sonidos orgánicos, junto con registros del paisaje sonoro urbano.


Editado por el sello Mescalina, “Las furias y el mar” fue resultado de tiempos turbulentos tanto para él como para la sociedad chilena. El mismo 18 de octubre de 2019, tras su regreso por una gira de conciertos por las tres grandes capitales asiáticas —Beijing, Seúl y Tokio—, el ensamble se presentaba en Valparaíso, en el Edificio Cousiño, la sede porteña de Duoc UC. “Fue el momento inicial del proceso creativo, porque me conectó con una idea que luego se fue desarrollando en distintos niveles. Yo hice una pausa musical, me dediqué al activismo y en todo ese tiempo estuve en la dinámica de lo que estaba pasando en el país. Ahí generé una buena cantidad de material”, dice Monasterio.


La idea que rondó en la creación de “Las furias y el mar” fue la de “violencia”; o mejor dicho, “las distintas violencias” que rodean a los humanos. El proceso de creación de las siete obras, de largo y medio aliento, superó la sola composición musical: Monasterio también reflexionó sobre las violencias en lecturas de ensayos y novelas, como “Solaris” (Stanislaw Lem), además de películas. Incluso, en ese mismo proceso, sumó su mirada del paisaje humano de Valparaíso, a través de caminatas por los cerros, viajes en el metro porteño, observación de gente en el terminal de buses.


La obra cuenta con una estructura donde cada tema está sujeto a un guion. Comienza con el miedo y la ansiedad de enfrentarse a un espacio oscuro y denso, en “Confiar en el bosque”. “Luego, se habla de la violencia que vivimos durante la infancia y la sensación de vulnerabilidad; o una violencia que tiene que ver con Valparaíso, y por eso están las metáforas del mar o del cementerio de Playa Ancha”, refiere Monasterio. “También aparece una mirada a la violencia intrínseca de la especie humana y finalmente la más literal, en la composición ‘Las fieras'. Es la violencia social, la imagen que vivimos en las calles, de distintos lados, durante ese tiempo. La reflexión es sobre por qué estamos dispuestos a herir a otro: ‘Te puedo hacer daño, pero mejor no'”, cierra.

viernes, junio 21, 2024

Adiós a Silvia Infantas, la estrella chilena del folclor que vivió 101 años

 

Silvia Infantas en los inicios de la década de 1960, junto a Hernán Arenas, quien fuera su marido; Eugenio Moglia, y Alejandro González, integrantes de Los Cóndores, el segundo conjunto de la cantante. ZIG-ZAG


Un ícono en la era gloriosa de la industria discográfica, con su agraciada voz interpretó el cancionero tradicional, desde “Tonadas de Manuel Rodríguez” a la cueca “La consentida”.

IÑIGO DÍAZ


La semana pasada había cumplido los 101 años de edad. En 2023, cuando celebró su siglo de vida, fue visitada por jóvenes folcloristas como Pati Díaz Vilches o Claudio Constanzo, una generación de músicos que la ha visto como un referente en el canto de la tonada. Este miércoles falleció Silvia Elvira Infantas Soto, la última estrella chilena del folclor en la era de máximo esplendor de la industria.


La cantante se había retirado de la música paulatinamente desde los años 70, y debido a su avanzada edad se encontraba viviendo en una residencia para mayores en la comuna de Macul. En 2016, Infantas recibió el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, en La Moneda, de manos de la Presidenta Bachelet. Fue su última aparición pública.


Voz de radioteatros y actriz del Teatro de la U. Católica, en su época gloriosa como cantante Silvia Infantas fue portada de revistas, figura en auditorios radiales e incluso en los sets de televisión, ya más entrada la década de los 60. También fue distinguida con los antiguos premios Caupolicán y Laurel de Oro, en los años en que ella fue aplaudida por el gran publico en escenarios históricos como el Goyescas, El Escorial, El Pollo Dorado o el Nuria, junto con otras estrellas del folclor como Ester Soré, Carmencita Ruiz, Margarita Alarcón y Mirtha Carrasco.


Su canto se escucha en muchas de las grabaciones de tonadas de autores chilenos que están instaladas en la memoria colectiva y que poblaron discos sencillos y LP: “Matecito de plata”, “Mi banderita chilena”, “La rosa y el clavel”, “Cantarito de greda”, “Bajando pa' Puerto Aysén”, “Rosita de Cachapoal”, “Si vas para Chile” o “La consentida”, grabadas con el conjunto Los Cóndores, que integró desde 1960.


Pero Silvia Infantas había entrado a la historia con el conjunto Los Baqueanos, el antecedente directo de Los Cóndores. En 1959 grabó el LP “Música para la historia de Chile”, que reunía obras de Neruda musicalizadas por el joven arreglador y director de orquesta Vicente Bianchi. Infantas puso la voz a la serie de canciones, hoy históricas en el repertorio típico, encabezadas por las “Tonadas de Manuel Rodríguez”, junto con “Canto a Bernardo O'Higgins”, “Romance de los Carrera” y “La Independencia de Chile”.


Junto con el citado Premio Presidente de la República, la SCD le entregó la investidura de Figura Fundamental de la Música Chilena. El musicólogo Juan Pablo González la sitúa en un espacio central en el denominado “folclor de masas” en el libro “Historia social de la música popular en Chile” (Ediciones UC), mientras que el periodista e investigador David Ponce escribió la biografía “Silvia Infantas. Voz y melodía de Chile” (Hueders).

sábado, junio 08, 2024

Humo blanco para el valioso legado de Nicanor Parra


 

El Mercurio


Finalmente, sus herederos han llegado a un acuerdo. Personaje clave en este acercamiento fue el rector de la UDP, Carlos Peña, abogado, profesor de Derecho, conocedor y admirador de la obra de Parra.

María Teresa Cárdenas Maturana

“De lo que no cabe duda, a mí me consta, y es bien importante decirlo, es que él tenía la firme voluntad de que parte de su quehacer, tanto de su obra material (artefactos) como de su obra poética, se preservara para las futuras generaciones”, asegura Carlos Peña sobre un punto clave del acuerdo al que llegaron los herederos directos de Nicanor Parra, sus hijos Catalina, Alberto, Francisca, Ricardo, Colombina y Juan de Dios. En ese sentido, el abogado y rector de la UDP remarca que “el tema de la fundación fue para él siempre un propósito; desde mucho antes de su muerte, persistentemente dijo que eso lo obsesionaba. Yo creo que había algo, ¿cómo decirlo?, en la estatura que Parra con toda justicia se autoatribuía, y que era ponerse a la altura de Neruda y de Huidobro, eso era muy fuerte en él. Solía asomarse a su casa de Las Cruces y te mostraba: ‘allá está la tumba de Huidobro, allá está Neruda'. Esa voluntad de permanencia se manifestaba en este anhelo de la fundación, que afortunadamente se va a cumplir”.


Esto, después de seis años del inicio de la disputa legal entre los herederos, en junio de 2018, tras la muerte de Nicanor Parra, el 23 enero de ese mismo año. Radicados en el extranjero, Catalina y Alberto Parra Troncoso impugnaron entonces el testamento de su padre, en el que favorecía a Colombina Parra Tuca y la nombraba albacea de sus bienes. En la contraparte se ubicaron los otros cuatro hijos, de tres madres distintas. “Yo creo que es bueno decir que no fue impugnado desconfiando de nadie, no hay desconfianzas personales en esto”, enfatiza Carlos Peña. Y hace un breve recuento: “Hubo un litigio muy largo, muy sostenido, y finalmente, como consecuencia de varias conversaciones, todos convinieron en ejecutar la voluntad de Nicanor, en el entendido de que esta era que existiera una fundación. Más bien la discrepancia era en cómo hacerlo, porque la fundación, que ahora se va a modificar, nació en medio de esto, y eso impedía que todos se sintieran acogidos y representados en ella. Eso ya se resolvió”.


Peña destaca, en ese sentido, la generosidad de Alberto y Catalina, y de la hija de esta, Isabel. Ellos actuaron a través del abogado Jorge Meneses, mientras que la abogada Claudia Sarmiento procedió por la otra parte. Finalmente, el avenimiento se firmó en mayo en una notaría de Santiago, pero decidieron que no fuera público. Carlos Peña, figura clave en todo este proceso y quien además actuará como árbitro arbitrador —“lo hago totalmente ad honorem, en homenaje a Nicanor, sobra decirlo”—, entrega los términos más relevantes del acuerdo.


Se abrirán las casas


Respecto de la Fundación Nicanor Parra, cuyo directorio pasará de nueve a siete integrantes, detalla: “Lo que se convino fue que los herederos van a nombrar a los directores. Cuatro por una parte y dos por la otra; luego se nombra al presidente o presidenta. De los herederos que están en Chile, uno de ellos podrá ser director, y lo mismo con los herederos que están fuera. Por la parte de Catalina y de Alberto está Isabel, que ha sido extremadamente generosa y colaboradora. Lo mismo Colombina. El resto de los directores habrá que nombrarlos satisfaciendo ciertos criterios que se enuncian y que se van a convenir. El proceso que viene ahora es la reforma de los estatutos sobre la base de estos principios”.


—¿En qué plazo?


“Debiera ser dentro de 60 o 30 días; los abogados ya están trabajando en eso, y si no hay acuerdo entre ellos, me mandataron a mí, de común acuerdo, para que yo resuelva. Va a ser rápido. La idea de todos es no excluir a quienes hoy día son directores. Ya los herederos decidirán quiénes se mantienen y quiénes no, pero todos están muy agradecidos de la labor que hicieron”.


Sin ocultar su satisfacción, Carlos Peña precisa: “Los herederos convinieron transferir en propiedad la casa de Las Cruces a la fundación, con el encargo de que sea un lugar público, de acceso abierto, con los muebles que la guarnecen, destinado a preservar la memoria y la obra de Nicanor. También se conviene aportar a la fundación, y esto no es menor, la casa de La Reina más un sitio circundante de hasta 2 mil metros en comodato indefinido, con el encargo de que se desarrolle ahí un proyecto para preservar la obra de Nicanor”.


En lo que resta del patrimonio, explica, decidieron mantener una regla de igualdad. “Cada heredero lleva una porción equivalente. Esas asignaciones ya están hechas. Ahora lo que viene son dos fases, que pueden ser paralelas: la reforma de los estatutos, para que toda la familia concurra en el tema de la fundación, y segundo, la distribución de los bienes en particular, que será de común acuerdo y donde no haya acuerdo voy a decidir yo, por encargo de ambas partes”.


—¿Y qué pasó con el testamento impugnado?


“Todo eso quedó sin efecto. Todos convinieron en que son herederos equivalentes y se reconocieron recíprocamente esta calidad, todos reconocieron tener la misma voluntad de preservar la voluntad de Nicanor, y todos se agradecieron recíprocamente los esfuerzos que hasta ahora han hecho, a pesar de los malentendidos. Sería bueno ponerlo así”.


La fundación quedará a cargo de “la administración de los bienes, los derechos de autor, la manera en que se exhibirán sus cuadernos, que es la obra secreta de Parra, y que es muy interesante”, detalla Peña. Muchos de esos cuadernos se perdieron, e incluso se realizó una campaña, en vida de Nicanor, para recuperarlos. “Muchos se perdieron, pero muchos se salvaron —enfatiza—. Los herederos no renuncian a la propiedad que tienen sobre ellos, evidentemente, pero los entregan a la fundación para su custodia y para que se vea si se divulgan o no, y cuándo”.


—¿Qué pasará con las obras de Violeta Parra que tenía Nicanor?


“Hay cosas de Violeta Parra que están en la casa de La Reina, que eran de Nicanor, en consecuencia, forman parte de su patrimonio”.


El espacio físico destinado a la fundación será la casa de La Reina, que empezó a ser restaurada cuando Nicanor Parra aún estaba vivo. “Estamos hablando de una familia que no es rica, pero que así y todo cede parte de su patrimonio a la cultura nacional. A mí esto me parece extraordinario. Esto yo lo pondría de manifiesto”, afirma Peña.


—¿Tendrá alguna participación el Estado en la fundación?


“Hasta ahora, ninguna. La fundación, con el patrimonio que tiene, va a empezar a desarrollar proyectos; por supuesto va a haber que presentarse a fondos concursables y solicitar a algunas personas que contribuyan. Pero la familia ha dado un ejemplo notable, realmente, en un país donde la filantropía se hace por fines ideológicos. Lo que se discutió fue cómo hacemos para respetar la voluntad de Nicanor Parra con nuestra propia fuerza”.


—Eso habla también de respetar la independencia de Parra.


“Por supuesto. Yo creo que es una figura que puede enseñarle mucho a Chile. En un país donde hay tanta tentación tribal, un tipo como Parra, que fue de una independencia insobornable toda su vida, hasta viejo, es un ejemplo. Un tipo que nunca pidió ayuda a nadie, de origen popular, una clase media rural, brillante, capaz de sostenerse a sí mismo, con un sentido de la individualidad tan radical. Es un ejemplo para las nuevas generaciones, realmente”.


—¿Cuándo podrá el público beneficiarse de este acuerdo, visitando por ejemplo las casas?


“Bueno, yo confío que de aquí a comienzos del próximo año esté todo funcionando. Gracias a este acuerdo, el público en general, que es a quien le hablaba Parra y cuya voz Parra intentaba reproducir en la poesía, va a poder visitar las casas, ver cómo era Parra, cómo vivía, las cosas que tenía”.


E incluso visitar su tumba, en el terreno de Las Cruces, donde él quiso ser enterrado. “Yo creo que esa voluntad tan porfiada de Parra de estar ahí tiene que ver con su autoconciencia, con el lugar que él tenía, entre Huidobro y Neruda. A mí me parece extraordinaria esa situación física. Siendo Parra quien era, un renovador de la poesía en castellano”.


Como rector de la UDP, Carlos Peña tuvo una larga relación con Nicanor Parra que también se traspasó al plano personal. Aquí, en 2007. José Alvújar


domingo, junio 02, 2024

El auspicioso panorama del piano en Chile

 El Mercurio


Hoy existe una notable generación de pianistas chilenos jóvenes que, después de formarse en el extranjero, han decidido radicarse en nuestro país y desplegar su talento en elogiados recitales. A ello se suma que el Teatro Municipal de Santiago estrenará con una visita estelar su nuevo piano Steinway & Sons; han nacido nuevas instancias de difusión como el Teatro Zoco, el Centro de Extensión de la Universidad de Chile; hay fundaciones que se dedican a donar instrumentos, y los profesores valoran el creciente número y entusiasmo de sus alumnos. Artistas, docentes y gestores culturales analizan el medio con optimismo, sin esconder los desafíos pendientes: la falta de concursos y la escasez de buenos pianos en las principales salas de conciertos.

Maureen Lennon Zaninovic


“Pasmosa versatilidad”.


Con estas palabras, Juan Antonio Muñoz, crítico de “El Mercurio”, se refirió a Sebastián Arredondo (36 años), quien el pasado lunes 22 de abril fue el encargado de abrir el primer Ciclo de Piano del Centro para las Artes Zoco.


“El concierto fue algo muy especial. Valoro la posibilidad de contar con estos espacios”, señala en un contacto telefónico este prometedor intérprete, quien estudió con las profesoras Frida Conn y Liza Chung, en el Instituto de Música UC (IMUC). Tras titularse, realizó un magíster en la Universidad de Indiana y un doctorado en la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos).


Juan Antonio Muñoz también se deshizo en halagos a la hora de valorar el desempeño de Danor Quinteros (1983). “Un virtuoso que suma profusa imaginación”, escribió el crítico, a propósito de su actuación en el Municipal de Santiago con “Rhapsody in blue”, de George Gershwin, junto a la Orquesta Filarmónica y el director invitado Helmuth Reichel Silva, en mayo.


También en el histórico escenario de Agustinas, en abril, tuvo lugar el regreso de Gustavo Miranda (1991) con el Concierto para piano N° 1 de Johannes Brahms. El crítico de música Gonzalo Saavedra sentenció que este exbecado estrella de la Corporación Amigos del Municipal de Santiago se “lució desde el comienzo”.


Juan Antonio Muñoz señala a “Artes y Letras” que sin duda hoy “hay una camada de jóvenes que tienen mucho que decir. Pianistas como Danor Quinteros, Sebastián Arredondo y Gustavo Miranda están preparados para enfrentar un amplio repertorio con un respaldo técnico indudable y con ideas interpretativas interesantes. Sus últimas actuaciones así lo demuestran”.


Junto con ello, agrega que “espera que todos ellos puedan desarrollar una carrera internacional, y en ese sentido, es muy importante ayudarlos; no es cosa solo de los privados, sino del Estado, quien debiera invertir y redoblar esfuerzos en apoyar la creación”, concluye Muñoz.


La pianista María Iris Radrigán comenta “que para ella es un orgullo ver a sus exalumnos en los últimos conciertos y en teatros como el Municipal. Han avanzado mucho, pero hay que seguir abriendo más espacios para ellos”.


Danor Quinteros, por ejemplo, pasó por su cátedra en el IMUC. Hasta el 2021, el músico tuvo su domicilio en Austria (Salzburgo) e integró el equipo académico de la Universidad Mozarteum. El también exbecado estrella de la Corporación Amigos del Municipal de Santiago hoy cuenta con una agenda de conciertos impresionante. “En julio me tomaré vacaciones, porque no he parado de tocar desde agosto del año pasado. Es algo bien insólito para un intérprete. ¡Una bendición!”, dice. Danor Quinteros agrega que sus estudios con María Iris Radrigán dejaron huella en él. “Ella ha sido maestra de otros importantes pianistas, como Gustavo Miranda, Carla Sandoval, Christoph Scheffelt y Dafna Barenboim. Fue un sello de carrera y de generación, porque me tocó formar parte de una generación dorada que no sé si se vuelva a repetir y de donde salió, entre otros, el director Paolo Bortolameolli. Con Paolo tuvimos una competencia muy sana e increíble, y eso nos ayudó a crecer a ambos”. Quinteros reconoce que no fue un error regresar a Chile. “¡Todo lo contrario! Hay mucho que hacer aquí y hay muchos músicos que han vuelto después de la pandemia. Para mí, Marco Antonio Cuevas es el descubrimiento más grande. Lo ubicaba solo de nombre. Ya toqué con él y ahora volveremos a hacerlo a dos pianos, el próximo 10 de julio en el ciclo del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (ver nota relacionada). ¡Un talentazo que merece ser más reconocido!”.


Este último nació en Temuco, en 1988, y es exalumno de Ximena Cabello, en la Universidad Austral. A los 19 años, Marco Antonio Cuevas se fue a vivir fuera de Chile y estudió, entre otros maestros, con el prestigioso músico español Joaquín Achúcarro.


“A los 10 años me escuchó Roberto Bravo. Habló con mis papás y les dijo que si este chico quiere ser pianista, tiene que irse de Temuco. Por temas económicos y familiares, no podía radicarme en Valdivia, así que estuve viajando en bus, dos veces a la ciudad y durante ocho años”, recuerda este intérprete.


Otro ejemplo notable en este esperanzador panorama es el de Mahani Teave (1983), quien el año pasado realizó su primera gira por Estados Unidos y el próximo 16 y 17 de agosto se presentará junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile.


“Yo me formé con Ximena Cabello en Valdivia, durante nueve años. Ella estaba todas las semanas enseñándome, llevándome a escuchar música, a intérpretes y compositores, y sobre todo, me ayudó a tomar contacto con mi ser interior rapanuí, en el sur de Chile”, recuerda la artista en un contacto desde Isla de Pascua.


Andrés Rodríguez Pérez, exdirector del Teatro Municipal de Santiago, aplaude los recientes conciertos en Teatro Zoco de los artistas chilenos Marco Antonio Cuevas y Sebastián Arredondo, quienes han dado, a su juicio, una “muestra de dominio absoluto. Es muy estimulante para el público ver a nuevos talentos con tanto nivel de virtuosismo”, dice. Junto con ello, expresa, en los últimos recitales ha visto “una muy buena convocatoria. Lo más impresionante ha sido el silencio y el respeto de los asistentes. ¡Mágico! Es una muestra de que en Chile el piano tiene muchos seguidores. Es tanta la literatura pianística que existe y, por otro lado, después de la pandemia la gente está volviendo a las salas”, cierra.


Cristóbal Giesen, presidente de la Sociedad Federico Chopin de Chile, hijo de la legendaria pianista Flora Guerra y productor de exitosos encuentros en torno a este instrumento —como el icónico Ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago y el reciente en el Teatro Zoco—, confirma una irrupción de notables instrumentistas nacionales, quienes hoy están cursando posgrados o forjándose un nombre en el exterior. “Estamos viviendo un momento auspicioso. El mismo ciclo de La Dehesa nos ha permitido presentar nuevos nombres y que la gente no había podido escuchar. Hay varios más que están fuera de Chile y que ojalá podamos oírlos en vivo”, apunta. Giesen destaca, entre una larga lista, a José Contreras, quien se formó con Elisa Alisa en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile; Martín Cruzat, exalumno del Instituto de Música de la UC y del maestro Mario Alarcón (ambos están en Austria). Pedro Robert, quien actualmente se está perfeccionando en Londres y que también pasó por el IMUC y por el profesor Alarcón; Álvaro Madariaga (hoy está en Alemania y en Chile estudió con Armands Abols); Montserrat Bravo (también exalumna UC), Felipe Verdugo (reside en Canadá) y Sten Ulloa, este último ganador del Certamen Flora Guerra, en 2018.


El productor profundiza en el buen momento de este instrumento en nuestro país. A su juicio, “una de las razones del éxito es que la música de piano es tremendamente versátil. No está circunscrita solo al Barroco o la música clásica. También está el repertorio popular, el jazz y el poder tocar para dos pianos. Eso la hace una experiencia muy entretenida para los auditores”, expresa Cristóbal Giesen, quien eso sí lamenta la desaparición de señeros concursos para este instrumento, entre otros, el Claudio Arrau de Quilpué y el “Toca el cielo” de la Radio Beethoven. “Yo mismo dejé de organizar el Flora Guerra. Una pena, porque, para que existan concursos, tiene que haber una infraestructura y un apoyo institucional importante. Hoy eso no existe”.


Hablan profesores de piano


La pianista coreana Liza Chung, además de una destacada carrera como solista, es académica del IMUC. En conversación con “Artes y Letras”, destaca la labor de Luis Alberto Latorre, miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional e impulsor de un relevante ciclo de piano en el Teatro de la U. de Chile. “Él ha incluido en sus programas a la mayoría de los pianistas que hoy tocan en este país. Eso es un gran, gran mérito”.


Chung afirma que “en los últimos años he notado mayor interés por el instrumento y calidad en los alumnos de piano. Con mis colegas estamos recibiendo más interesados. Al final, los alumnos les terminan dando un prestigio a los profesores”.


Svetlana Kotova ejerce la docencia en la Facultad de Artes de la U. de Chile. La intérprete rusa dice que “estamos ante una nueva generación de pianistas que se está tomando las salas de conciertos con justa razón, porque son todos excelentes”. También destaca que la pandemia fue un aliciente. “El covid nos obligó a estar en casa, y eso llevó a muchas personas a comprar pianos para ocupar su tiempo de manera creativa. En mi universidad el único instrumento que no ha bajado su matrícula es el piano y tengo como alumna un talento que promete mucho: Bárbara Sanhueza (18)”.


María Teresa Sepúlveda es directora del Conservatorio de Música de la U. Mayor y concuerda con que el interés por el piano se ha mantenido. “Es un instrumento accesible, porque en muchas casas de nuestras abuelas hay un ejemplar. Nosotros también impartimos clases abiertas donde participan muchos profesionales mayores y es un aliciente para generar nuevas audiencias”, acota.


¿Falta de pianos?


“Siento que estamos en un muy buen momento. Es una gran noticia la donación de un nuevo Steinway & Sons de Hamburgo para el Teatro Municipal de Santiago, pero el gran problema en Chile es que siguen faltando pianos buenos, sobre todo en regiones”, denuncia Danor Quinteros. Una realidad que bien conoce el abogado Felipe Lecaros, quien motivado por uno de sus hijos que quería tocar comenzó a buscar los mejores ejemplares disponibles. Así nació la Fundación Notes for Growth, con sedes en Nueva York y en Chile, y de la cuál él es su presidente y fundador. “El objetivo es llevar pianos a todas las entidades, corporaciones o grupos que lo necesiten y que no cuentan con tantos medios. No es una donación, sino un comodato, y el único requisito que pedimos es que los cuiden bien”, expresa Lecaros. El presidente de Notes for Growth añade que también están organizando ciclos en la Galería Patricia Ready y que ya han entregado 35 pianos. “Los tenemos desde Antofagasta a Puerto Montt. En general, los instalamos en sitios donde sabemos que se les va a sacar mucho partido, como la Fundación Nocedal de La Pintana, la Fundación Papageno, Teatro del Lago, la Corporación Amigos de Panguipulli y la Fundación Misericordia en La Pincoya, por citar algunos ejemplos. Nuestro sueño es que así, como Gustavo Miranda se encontró con un piano por casualidad en una casa, pueda pasar lo mismo con otros talentos del país”, cierra Felipe Lecaros.


El pianista Alexandros Jusakos y su esposa, la violinista Yvanka Milosevic, lideran el exitoso proyecto “Pianos para Chile”. Jusakos comenta que, en 2024, están cumpliendo 10 años como fundación. “Todo ha sido a pulso y ya llevamos 260 pianos entregados a lo largo de todo el país. Formamos parte del Programa Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, lo que nos permite realizar conciertos en las ciudades donde donamos instrumentos”.


El también académico del Conservatorio de la Universidad Mayor concluye que “la pandemia nos permitió parar en medio de la vorágine de la vida y descubrir la importancia de la música. Dentro de lo malo que fue, tenemos que agradecer que hoy existe un boom de grandes pianistas que volvieron a Chile, jóvenes y no tanto, y que están tocando en las principales salas”.

domingo, mayo 26, 2024

Violeta de mayo

 



El Mercurio


Antes de darse a conocer como cantante de su obra propia y difusora del folklore chileno, Violeta Parra tuvo un momento artístico español. Recién llegada a Santiago fue testigo en los años 40 de la moda de la música española, que copaba teatros y boites donde cantaban y bailaban los más populares exponentes del flamenco, la copla y el pasodoble. Ella quiso formar parte, como artista, de esta corriente y se presentó en los escenarios con un nombre que evocaba a España.

Juan Pablo González Universidad Alberto Hurtado


Terminada la guerra civil española, América Latina recibía una oleada de cantaores y bailaores de España, unos alejándose del régimen de Franco y otros promoviéndolo, aunque compartiendo los mismos géneros músicales. Varios de ellos se radicaron en Argentina y México, donde junto con participar en abundantes producciones cinematográficas difundidas por el continente, visitaron regularmente las naciones americanas ante un público ávido de españolismos. Es así como la actividad del exilio se fue superponiendo a las embajadas artísticas enviadas por el franquismo temprano como una forma de vencer su aislamiento luego de la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El primer destino fue Argentina, en 1948, y al año siguiente se repitió la experiencia con Chile y Perú, y con Colombia y Panamá, buscando países vecinos de distintas zonas de América. De este modo, las dos Españas confluían en el nuevo continente unidas por la misma música.


De todo esto fue testigo Violeta Parra en los inicios de su carrera en Santiago, encontrando en la música española una posibilidad de desarrollo artístico y de apertura al mundo. Su hermano Nicanor le había transmitido la fascinación por la generación española del 27, aquella integrada por Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y varios más, que habría sido un factor importante para despertar en ella el interés por la cultura y la música española, según sus biógrafos. Esta música no solo estaba en boga en América, sino que también se relacionaba con el exilio republicano luego de la llegada a Valparaíso en 1939 de más de dos mil refugiados a bordo del “Winnipeg”, gracias a las gestiones realizadas por Pablo Neruda en el extranjero.


Violeta siempre tomó partido ante el acontecer político y social de su tiempo, aunque demostrando gran apertura en materias artísticas. Es interesante constatar que ni para ella ni para el mundo progresista del que formaba parte constituía una afrenta el hecho de que el flamenquismo y la copla, los dos géneros españoles que imperaban dentro y fuera de España desde los años treinta, fueran también promovidos por la diplomacia musical franquista. Dicho público los apreciaba igual que las canciones recogidas por García Lorca o entonadas por el bando republicano. Además, para la migración y el exilio, todo ese repertorio era una forma de reencontrarse con trozos de la España lejana.


Es en este contexto que Violeta Parra comenzó a integrar música española a su repertorio de cantante de bares a fines de los años treinta. Luego de llegar a Santiago a los diecinueve años de edad, había encontrado su primer trabajo estable en el restaurante El Popular, de la esquina de Matucana con Mapocho. Violeta combinaba canciones españolas con boleros, rancheras y corridos que ya aparecían en el cine mexicano exhibido en el país. Todo esto lo absorbió con prontitud, a lo que agregó algunos tangos y las infaltables cuecas como fin de fiesta. Al frente de El Popular estaba el Tordo Azul, que pronto se transformaría en su principal escenario y lugar de encuentro con su primer marido, padre de Isabel y Ángel.


El desembarco español


Por ese entonces, dos cantaores flamencos refugiados en Buenos Aires visitaban Chile en forma recurrente: Juan Mendoza –El Niño de Utrera– y Ángel Sampedro –Angelillo–. Fue el Teatro Baquedano el que albergó el debut de Angelillo en Santiago a mediados de 1944, quien cinco años más tarde regresaría para presentarse en la recién inaugurada boite Goyescas de la esquina de Estado con Huérfanos, escenario principal para la música española en la capital. Angelillo era el músico español con el mayor catálogo discográfico en el país, destacándose sus discos RCA Victor grabados en Santiago de bulerías, farrucas, zambras y pasodobles, géneros con los que Violeta Parra aprendería a cantar español.


El Niño de Utrera también vino varias veces a Chile desde los años cuarenta, al comienzo como parte del elenco del espectáculo de variedades selectas Cabalgata, del Teatro Lara de Madrid, que incluía canciones, poesía y baile a cargo de cancionistas, estilistas, bailarines gitanos y guitarristas flamencos. Algunas de sus canciones fueron publicadas en partituras para canto y piano por Casa Amarilla en Santiago, reflejando el interés que despertaba esta música en el público ilustrado. Estos espectáculos fueron coronados con la llegada en noviembre de 1945 de la diva mimada del franquismo: Concha Piquer, junto a su espectáculo Canciones y Bailes de España. La presencia en Valparaíso y Santiago de la Piquer con un elenco de veinte integrantes –más sus memorables baúles–, resultaba todo un acontecimiento artístico y social para el país. Luego de haber sido una cupletista de renombre, Concha Piquer hacía carrera con la copla, una canción narrativa de amor basada en géneros flamencos y folclóricos de gran despliegue escénico. La copla era popular desde antes de la guerra civil, les sirvió a los vencidos para sobrellevar la derrota, y también fue instrumentalizada por el franquismo como reflejo de la España profunda. Esta faceta artística o selecta de la música y el baile español es la que más le atraería a Violeta Parra y dentro de la cual desarrolló su propia carrera como Violeta de Mayo.


No cabe duda de que el fomento de la hispanidad propiciado por el franquismo en América, sumado al exilio republicano, contribuyó a estrechar lazos intelectuales, políticos y artísticos entre el mundo hispano con la música y sus industrias asociadas jugando un papel central. La continua presencia de artistas del cante flamenco y copla en México, Santiago o Buenos Aires puede haber contribuido tanto o más a revertir la “desunión espiritual de los pueblos hispánicos” como se quejaban en España, que la labor de embajadores, ministros e intelectuales afines y opositores al régimen. Las continuas visitas de artistas españoles a Chile y la permanente oferta de discos y de españoladas cinematográficas contribuyeron a formar un público especializado posible de alimentar localmente. De esto se encargarían varios artistas chilenos que construyeron personajes artísticos españoles. Junto a nuestra Violeta de Mayo, se destacaba Pepe Lucena, apodo con el que Francisco Gómez Ortiz se presentaba en Radio Minería y en El Goyescas como cantaor flamenco; el destacado bailarín y coreógrafo Paco Mairena, en su faceta de bailarín gitano; Manolita Reina, presentada como estilista andaluza, y el guitarrista Claudio Moral, entre muchos otros. Asimismo, las orquestas chilenas incluían habitualmente repertorio español en sus actuaciones, especialmente la dirigida por Don Roy, quien en los años cincuenta publicaría varios discos con arreglos de jotas y pasodobles.


La radio se sumaba con fuerza al auge de la música española en Chile no solo incluyendo repertorio español en su programación diaria, sino que también ofreciendo programas especializados en música española. Este era el caso del Colmao Llodrá, programa dominical transmitido por Radio Minería desde comienzos de los años cuarenta, que “se ha convertido en clásico dentro del ambiente”, señala la revista Ecran. Programas como estos le permitieron a Violeta Parra familiarizarse con el repertorio español mientras criaba a sus pequeños hijos en casa. Al poco tiempo, comenzaría a ser noticia por sus interpretaciones de canciones españolas por Radio del Pacífico. Su voz es “sumamente bien afiatada y firme, con algo de la de Imperio Argentina” señala Ecran. En efecto, luego de haber conocido cupletistas de circo cuando adolescente, Violeta encontró inspiración en la cupletista y actriz de cine Imperio Argentina, nacida en el país trasandino pero radicada en España, donde llegó a ser otra de las artistas favorecidas por Franco. Algo que Violeta Parra no tenía por qué saber.


El paso decisivo


En medio de la eclosión de giras de artistas españoles por América y de la aparición de artistas locales personificados como españoles, Violeta Parra daba el paso definitivo para entrar en gloria y majestad al mundo de la música española. Esto lo logró ganando un concurso de canto y baile organizado por exiliados españoles en el Teatro Baquedano en 1944, el mismo lugar y año en que debutaba Angelillo en Chile. Es allí donde se presentó como Violeta de Mayo, mes en que se conmemora en España el levantamiento contra la invasión napoleónica y la fiesta de San Isidro, patrono de Madrid. Al mismo tiempo, en Chile se celebra la Cruz de Mayo, de la cual Violeta era devota, celebración que provenía de España y, como en muchos lugares del mundo, se conmemora el Día del Trabajo. Gran parte de lo que era y de lo que quería ser Violeta se encarnaba en el mes de mayo.


Como siempre, Violeta Parra se preparaba muy bien para lo que hacía, y con la asesoría de Jesús López, profesor español de bailes regionales, había aprendido a cantar y bailar zambras, farrucas, pasodobles y sevillanas. Hasta habría aprendido a tocar castañuelas, adminículos indispensables para el baile y el cante flamenco. Premunida de todo este bagaje, ingresó a la compañía del actor melodramático valenciano Doroteo Martí, con quien realizó giras por el país, actuando, cantando, tocando y bailando música española junto a sus dos pequeños hijos. Además, madre e hija fueron contratadas en 1946 como número español en la recién inaugurada boite Casanova, de la calle Huérfanos de Santiago. Allí Violeta era presentada como una auténtica intérprete del folklore español, que ya cantaba con un logrado acento castizo.


Sin embargo, en sus primeros seis discos para RCA Victor, grabados con su hermana Hilda entre 1949 y 1952, Violeta Parra no incluyó el repertorio español al que la había conducido su hermano Nicanor, que por ese entonces estudiaba en Oxford. Al parecer, luego de haber visto a la espléndida bailaora, cantante y actriz española Carmen Amaya en el Teatro Municipal de Santiago en febrero de 1950, habría asumido que ella no era una española auténtica, como recuerda su hijo Ángel, poniendo fin a Violeta de Mayo. De todos modos, en sus años dedicada al repertorio español, Violeta Parra incrementó su experiencia escénica, se inició en la radio, se enfrentó al micrófono, realizó sus primeras giras nacionales y pudo integrar a su familia a su actividad artística. Todo esto marcará su carrera a partir de los años cincuenta, enfocada en la difusión del folklore chileno y de su propia obra por el mundo.

domingo, mayo 12, 2024

Quilapayún: “Siempre hemos estado angustiados con la repetición”


 

El Mercurio


Próximos a cumplir 60 años de historia, el conjunto prepara un concierto inédito en su carrera, con el atractivo de un sonido inmersivo y una selección especial de su repertorio.

José Vásquez

Lo de romper esquemas no es nuevo para Quilapayún, figuras capitales dentro del movimiento de la Nueva Canción Chilena, asociados primero al folclor, por sus reconocibles ponchos negros, pero por contrapartida, siempre atentos a la vanguardia. Es por esto que Eduardo Carrasco, director de la banda, llama a no sorprenderse con que ellos vayan a realizar, este 18 de mayo en el Centro Cultural Ceina, un inédito concierto con sonido inmersivo, porque lo del conjunto y la tecnología es una historia ya de larga data.


“Siempre nos ha interesado hacer ese tipo de experimentos”, señala Carrasco, quien recuerda que en 2003 realizaron un show en vivo y en directo, con músicos en Chile y en Europa, gracias a una incipiente versión de una videoconferencia. “Fue un concierto donde algunos miembros de Quilapayún estaban en Francia y otros acá en Santiago, en el auditorio de la Torre Telefónica y, al final, lo que escuchaba la gente era la suma de los dos lugares. Fue muy bonito; de hecho, eso salió en las páginas de Tecnología de ‘El Mercurio'”, recuerda el músico, quien hace 21 años ya visualizaba las posibilidades que iba a ofrecer el futuro.


“Las proyecciones son asombrosas, muy pronto asistiremos a conciertos donde la orquesta estará tocando en Chile, el solista en Japón y otra parte en Nueva York”, declaraba el director del grupo entonces, en agosto de 2003 a este diario y hoy también postula algo similar, antes de su show con este sonido en 360 grados: “Desde el punto de vista puramente musical, es un recurso artístico importante y es probable que después se vuelva más común hacer este tipo de cosas”, señala Carrasco.


La idea surgió luego de que Sergio Stecher le presentara al grupo las posibilidades que ofrecía el sonido inmersivo. “Él, que hace sonido a casi todos los grandes espectáculos que se realizan en Chile, nos mostró su sala donde lo tenía instalado y quedamos en utilizarlo en un concierto cuando tuviéramos un teatro adecuado, porque no se puede hacer en cualquier parte”, destaca el músico sobre la particularidad de esta propuesta, que se caracteriza porque se podrá oír el concierto desde todos los sectores del recinto, es por eso que al show lo titularon: “P´aquí, p´acá, p´allá, payún”.


“Los parlantes no están solo al frente dirigidos al público, como habitualmente se hace en los conciertos. Aquí estarán alrededor de la sala, donde se podrá oír una voz que llega de atrás, otra de adelante, de al lado, todo en un sonido envolvente”, describe Carrasco, que dice que utilizarán esta tecnología, “sin que se transforme en una cosa artificiosa” y “aprovechándola como una especie de instrumento más”, señala. “Será como escuchar nuestra música habitual, pero de otra manera”, explica.


Para Quilapayún, este concierto nació con la idea de hacer un espectáculo “con las canciones más logradas en nuestra historia y no necesariamente las más populares”, plantea el músico que cuenta que hicieron un listado que se cerró en 20 temas, que serán los que interpretarán.


“Una característica nuestra es siempre estar haciendo cosas nuevas, entonces con un repertorio enorme, de unas 400 o 500 canciones, donde se encuentra una gran variedad de estilos, damos cuenta que siempre entendimos al grupo como una especie de taller de creatividad porque siempre hemos estado angustiados con la repetición”, explica Carrasco.


“Nos gusta experimentar, estar atentos a cosas nuevas, por eso el grupo es una cosa difícil de definir en lo musical, porque hemos hecho cuecas, cantatas, música clásica, hasta trap con Pablo Chill-E”, sostiene el director de la banda y reafirma su compromiso de “romper con la monotonía, salir de la repetición y buscar la renovación”, como objetivo invariable del conjunto a lo largo de estos casi 60 años de trayectoria.

martes, abril 09, 2024

Consolidan el gran archivo de Juan Amenábar en la Biblioteca Nacional

El archivo resguarda 50 partituras del catálogo de Juan Amenábar, compositor e ingeniero hidráulico.


 El Mercurio


En 1957 compuso “Los peces”, una obra pionera en el campo de la electroacústica, y décadas después formó el Gabinete Electroacústico para la Música de Arte. Donado por su familia, un cuerpo de sus partituras, cintas magnetofónicas, manuscritos y documentos académicos llegará al Archivo de Música.

IÑIGO DÍAZ

El trajín doméstico en la casa de calle Domingo Bondi incluía todo lo que le puede ocurrir a una familia con niños, salvo que ahí los niños eran parte de una creación. En su estudio, el compositor Juan Amenábar tenía libros, documentos archivados, un piano y el chelo que le perteneció a su padre, y además altavoces, micrófonos y grabadoras. Con todo ello elaboraba su música.


“A veces nos pedía a nosotros que participáramos de sus experimentos con sonido. Hay obras que tienen la voz de mi mamá o de mi hermano Claudio. A mí una vez me pidió que tocara ese chelo. Nosotros ayudábamos a generar el sonido. Desde esa casa surgió absolutamente todo”, cuenta Juan Cristián Amenábar, uno de los cinco hijos del músico e ingeniero hidráulico fallecido en 1999, a los 76 años.


Junto con su hermana, la cantante lírica Magdalena Amenábar, son los impulsores de la donación que esta semana recibirá la Biblioteca Nacional: el archivo definitivo de Juan Amenábar. Consiste en una serie de documentos relacionados con su quehacer creativo, desde el ámbito académico y docente, hasta cartas, programas y recortes de prensa. Pero lo más significativo es un nuevo cuerpo de partituras, que se unirán a las 50 que fueron entregadas por su familia en 2013 como primera etapa de la consolidación del archivo. A ello se añaden los objetos que mejor representan a un músico electroacústico: las cintas magnetofónicas.


“Son unas 20 cintas en sus cajas, debidamente etiquetadas. Como ingeniero, mi papá era muy meticuloso. Hay cintas rotuladas como ‘material base' para tal obra y otras que dicen ‘original' de tal otra. Es material de los años 50, 60 y 70”, dice Juan Cristián Amenábar. “Existe un mundo en este archivo, lleno de apuntes y borradores. Nos ha tomado 25 años investigar ese contenido. La donación no termina aquí. Ya estamos pensando en una tercera etapa de entrega, que incluiría sus tres grabadoras”, agrega.


“Un archivo comprende toda la documentación generada por alguien en el transcurso de sus funciones y tiene un sentido privado. En el caso de Amenábar, este se construyó naturalmente y cuando murió pasó a ser un archivo histórico con acceso público”, señala Cecilia Astudillo, jefa del Archivo de Música, que custodia la documentación de compositores como Alfonso Letelier, Gustavo Becerra y Miguel Letelier, pero también de figuras como Valentín Trujillo, Eduardo Peralta y de los sellos discográficos Alerce y Raíces.


“Amenábar fue el primero que se percató de lo importante que eran estos archivos de los músicos. En 1970, él gestionó que en la biblioteca se creara el Archivo del Compositor, que hoy es nuestro Archivo de Música. A este conjunto de apuntes, cartas, manuscritos, fotografías los llamamos ‘expediente de obra', porque son el registro del proceso creativo de una obra y tienen el valor de la autentificación”, cierra.




Varias partituras, como “Divertimento cordovés” o “Los peces”, requerían papel de hojas desplegables. IÑIGO DÍAZ



El material en custodia incluye valiosos vinilos de época. BIBLIOTECA NACIONAL


viernes, marzo 01, 2024

Marcela Parra y una música hacia el silencio y la palabra



29-02-2024

El Mercurio


“Poetas de Chile” es una serie de seis documentales que cuenta con música de la compositora, cantautora, profesora y también poeta.

IÑIGO DÍAZ

La Marcela Parra (1981) de hace una década es distinta a la actual. En su primer disco, “Astronautas en la playa” (2015), abundaba la palabra poética escrita y cantada a la manera de un trovador. Hoy, esa palabra reaparece en diversas formas, incluso la palabra en completo silencio, algo que ella ya había esbozado en su segundo trabajo, “El sonido no coincide con la imagen” (2019).


“Las metodologías y las herramientas musicales cambiaron para mí porque pasé del canto y la guitarra al trabajo con medios digitales. Es una experimentación que ahora se profundiza en esta obra de cinco partes, una música para imagen, la banda sonora de documentales”, dice Marcela Parra, compositora, autora, profesora universitaria de arte y también poeta: el año pasado publicó el poemario visual “La pescadora de estrellas” (Pez Espiral).


Acaba de lanzar su tercer disco, “Poetas de Chile”, esa obra de varias secciones a la que se refiere y que opera no solo como música incidental, sino como un relato simultáneo y con vida propia. Con composiciones en la estética de la electrónica ambient, acompaña los documentales del mismo nombre producidos por Archipiélago Films y dirigidos por Gerardo Quezada, próximos a estrenarse en canales culturales de TV y plataformas digitales. Son capítulos de 25 minutos, que recorren el imaginario y pensamiento poético de autores como Lionel Lienlaf, Carlos Cociña, Carmen Berenguer o Rosabetty Muñoz, situados en sus propios espacios de vida: la costa lafkenche, la ciudad de Los Ángeles, el corazón de Plaza Italia o un bosque chilote de cielos cubiertos.


“Quise representar esos territorios con collages sonoros, creados por distintos elementos de mi banco de sonido y su modulación a partir de sintetizadores digitales que emulan antiguos aparatos análogos: el Pigment, el Jup-8 o el Buchla. Me he inspirado en compositoras que han utilizado estos sintetizadores de los años 80, como la estadounidense Suzanne Ciani o la italiana Caterina Barbieri”, dice Marcela. “Es interesante representar el silencio, la poesía y la naturaleza a través de las herramientas digitales, porque a la nota y su duración añade la posibilidad de transformación”, agrega.


Marcela Parra integra la Orquesta de Poetas, y su voz aparece en el reciente álbum “Todas voces”, del sello Discos PM, que también edita “Poetas de Chile”. Además de componer, dar clases y ser mediadora en el Palacio Pereira, aparece en otra saga de documentales transmitidos por 13C, “Ellas en la palabra”, donde comparte espacio con mujeres poetas: Verónica Zondek, Margarita Bustos y Roxana Miranda, entre otras.

sábado, noviembre 25, 2023

El testigo de Joan Jara

 


El Mercurio


Héctor Herrera es el hombre que evitó que Víctor Jara fuera un detenido desaparecido más: junto a su mujer, Joan Jara, lograron sacarlo de la morgue y enterrarlo en el Cementerio General. Hace unos días él volvió a ir a ese lugar, esta vez a dejar a la esposa del cantautor. “Fue el cierre de un ciclo”, dice hoy a los 73 años, mientras recuerda su historia con ella y también sus últimos dolores, esos que lo llevaron a decir que se quedará viviendo hasta su muerte en Francia.

Por Estela Cabezas


El miércoles 15 de noviembre Héctor Herrera se paró en frente de la tumba de Víctor Jara, en el Cementerio General, y le habló en silencio. Acababan de dejar ahí, a su lado, a Joan Jara, su esposa, repitiendo el mismo ritual que Herrera y ella habían hecho 50 años antes, cuando pudieron sacar de manera clandestina el cuerpo de Víctor Jara de la morgue y lograron darle sepultura, evitando así que se transformara en un detenido desaparecido más.


—Le dije que por fin iban a estar juntos y que así como lo había dejado a él ahí, ahora venía a dejarla a ella.


Héctor Herrera, quien hoy tiene 73 años, está jubilado y vino de visita a Chile a cerrar varios temas personales, no pensó que esta vez también cerraría esta historia que lo ha acompañado toda su vida y a la que se enfrentó por casualidad días después del Golpe, cuando solo tenía 23 años y era un trabajador más del Registro Civil. Cuenta que el sábado 15 de septiembre de 1973 fue a trabajar porque así se lo habían pedido y que ese día fue elegido por un uniformado, junto a otros compañeros, para una tarea especial y terrible: identificar a los cientos de muertos que había en la morgue. Entre la pila de cadáveres, un compañero, al que le decían Kiko, encontró el cuerpo de Víctor Jara lleno de heridas de bala y con el cuerpo y cara completamente golpeados. Ahí, el joven Herrera inició una carrera contra el tiempo para chequear su identidad y darle así aviso a su viuda, la bailarina británica Joan Turner. Juntos lo enterraron de manera clandestina, saltando todas las barreras de seguridad que tenían en ese lugar los militares, el 18 de septiembre de 1973. En el Cementerio General solo estuvieron ella, él, Héctor Ibaceta —un amigo de la pareja que financió el cajón y la tumba—, y los dos funcionarios del cementerio, como testigos.


La travesía que ambos vivieron está contada en detalle en 5 minutos. La vida eterna de Víctor Jara, una biografía novelada que fue escrita por el periodista Freddy Stock.


—No he leído aún el libro, pero sé que está escrito con el corazón y desde la emoción de lo que vivimos Joan y yo. Quiero leerlo tranquilo y terminar de cerrar así esta historia —dice.


De alguna manera, el que él haya hecho su vida en Francia se debe a ese evento: tras dejar a Víctor en el cementerio y volver a su trabajo en el Registro Civil, lo tomaron detenido cuatro veces, sin decirle bien por qué. Él y su familia siempre tuvieron miedo de que se enteraran de su rol en el entierro del cantante, por lo que tres años después emigró a Francia, junto a una familia francesa con la que había trabajado en Chile. Tras dejarlos, hizo un curso de cocina y se empleó en un restaurante, donde trabajó varios años. Ahí juntó dinero y en 1985 instaló su propio restaurante en Milhaud.


—Hice mi vida y fui muy feliz —dice.


Tras salir del cementerio, Joan Jara dejó a Héctor Herrera en la puerta de su casa, en el sector de Vivaceta, en la comuna de Independencia. Al despedirse prometieron no verse nunca más y no contarle a nadie lo que había sucedido. Él cumplió a rajatabla: solo su familia sabía.


Pero en 1979, cuando viajó a Berlín, supo que un primo suyo había contado más de la cuenta sobre él.


—Yo no quería contarle a nadie por temor, mis papás aún vivían en Chile y tenía la ilusión de poder volver. Pero mi primo había contado. Eso lo supe cuando fuimos a una comida donde estaban los principales exjerarcas de la Unidad Popular, exministros y exsubsecretarios. Llegué a ese salón, con esta gente que había perdido todo y a la que el dolor se les sentía y que estaban esperando que yo les contara todo lo que había pasado con Víctor. Y ahí me llevé a mi primo a un lado y le pegué un retón: “¿No sabes que yo tengo un secreto con su esposa, la Joan Jara? Porque ella piensa volver un día a Chile”.


Cuenta que varios de los que estaban allí le dijeron que las hijas de Víctor Jara tenían el derecho de saber y que su mamá (Joan Jara) habría insistido en que él dejara una relación de los hechos para un posible juicio. Así es que llegaron a un acuerdo: él iba a grabar un audio y ellos lo iban a transcribir.


—Les hice firmar un papel de honor que dijera que eso nunca se iba a publicar y que sería entregado a su esposa.


Un año después, en 1980, él vivía en París junto a su señora y recibían turistas, entre ellos varios chilenos. Un día salió con algunos a mostrarles la ciudad. Al volver, uno de los que se habían quedado le dijo: “no te puedes imaginar con quién estuve todo el día tomando tecito aquí en tu casa”.


— “¿Quién?”, le digo yo. “¡La señora de Víctor Jara!”. Y los otros “¡¿qué?!”. Ahí les dije que ella era una exprofesora mía de la universidad. Ella me había dejado la transcripción en un sobre, con el teléfono de Rayén, una bailarina que estaba casada con Willy Oddó, de Quilapayún, para que la llamara.


Ahí se juntaron a hablar por primera vez después de siete años.


—Nos fuimos a un café. La gente que nos vio ahí debe haber pensado que estábamos rompiendo, porque lloraba ella, lloraba yo. Ahí le dije que todo eso que estaba escrito ahí lo podía usar para un posible juicio. Y también le dije “esta va a ser la última vez que nos vamos a ver, porque yo para usted soy el peor recuerdo”, todo esto llorando los dos. Le dije: “no voy a olvidar lo que pasó en Chile, pero yo quiero vivir”.


Héctor se queda en silencio un momento y luego dice:


—Y ella lo entendió.


Ese día Joan le contó un poco de su vida. Estaba en Londres y se había enterado por esa reunión en Alemania sobre quién era él: cuando pasó lo de la morgue y el entierro, nunca supo su apellido ni nada que le permitiera identificarlo.


—Me contó que ella cuidaba mucho a sus hijas, Manuela y Amanda, porque se preocupaba de no exponerlas. También le interesaba que no perdieran clases, sus rutinas, por eso no las llevaba a sus viajes. “Seguramente habrás leído que soy invitada aquí, allá, en todas partes y trato de cuidarlas mucho porque antes de salir de Chile, yo les tuve que anunciar la muerte de su padre, y el grito que dieron lo tengo aquí, y no quiero que a ellas las conozcan como las hijas de. Quiero que formen su propia personalidad”, me dijo. Yo le encontré razón, querer cuidar a esas niñas de un peso tan grande. Me contó que ya había pasado a ser “la mujer de Víctor” y que estaba bien que yo no quisiera transformarme en el tipo que enterró a Víctor.


En ese momento, dice, le preguntó si es que ella no había encontrado un compañero en todo ese tiempo.


—Me dijo que no, que después del peso de Víctor, no había forma. Me explicó que se había puesto la misión de hacer justicia, que por eso se había contactado conmigo y que era importante para ella que yo le diera la autorización para que un abogado usara mi testimonio en un juicio.


—¿Ella a esas alturas había investigado algo?

—Yo creo que sí, pero ahí me dijo, “tú eres el que más sabe”. Yo lo vi con tierra; bueno, ella también; tenía tierra apelmazada con la sangre seca, sobre todo en los pómulos, claro con los golpes de nudillos que le dieron. Y los orificios de las balas (…) Entonces ahí le dije que le entregaba todo, pero que yo no quería vivir triste, porque había visto a muchos chilenos que se juntaban entre ellos y eran el dolor mismo.


En 1987 pidió permiso para venir a Chile. Como no estaba en ninguna lista, un año después se lo dieron.


—Visité todo Santiago y fui a la tumba de Víctor un día, escondido.


Vino varias veces después, una de ellas para el funeral de su madre. Pero en 1992 fue distinto. En ese viaje, una noticia en un diario sobre la creación de la Fundación Víctor Jara le llamó la atención. Anotó el teléfono y llamó.


—La secretaria me dijo que le dejara un recado, y yo pensé: “¿qué le puedo decir para que me reconozca?”.


El recado fue: “Nos conocimos un 18 de septiembre”.


—La secretaria al teléfono me dijo, ¿entenderá la señora Joan un mensaje así? Le respondí: “mire, si no entiende la frase, no me va a llamar. Pero esté segura de que si la entiende, me va a llamar”.


Y lo hizo. Y se juntaron. Y lloraron otra vez.


Ese día Héctor Herrera y su pareja decidieron que cuando volvieran a Francia iban a desarrollar distintos eventos para juntar dinero para dársela a la naciente fundación. Así sucedió durante 33 años, hasta que él se jubiló.


Esa vez , Joan le contó que se estaba armando el juicio contra los asesinos de Víctor Jara y le preguntó si estaba dispuesto a romper su secreto para ser interrogado por la PDI como testigo y así conseguir una cita con el juez del caso.


—Le dije que sí y vinieron casi inmediatamente tres jóvenes de la PDI. Ahí me di cuenta de que yo tenía una memoria increíble, que había dejado guardado eso y que estaba abriendo un cajoncito y ahí estaba todo. Luego hablé con el juez, y me dijo que yo era el único testigo que tenía que había visto todos los balazos que tenía el cuerpo de Víctor Jara, así como los golpes. Con su testimonio se echaron abajo varios otros que se habían dado, entre ellos una autopsia falsa que estaba fechada el 22 de septiembre.


En agosto pasado, la Segunda Sala de la Corte Suprema confirmó la sentencia definitiva por los crímenes de Jara y del exdirector de prisiones Littré Quiroga, quien también fue asesinado en el Estadio Chile. Seis de los condenados fueron sentenciados como autores de secuestro y homicidio calificado en ambos casos. El 28 de noviembre, Pedro Pablo Barrientos, también acusado del crimen de Víctor Jara, será extraditado desde Estados Unidos a Chile para enfrentar a la justicia.


Desde ese año 1992, Joan Jara y Héctor Herrera se mantuvieron permanentemente en contacto. Él venía una vez al año junto a su esposa a Chile y siempre pasaban a dejar el dinero para la Fundación. Ahí tenían conversaciones.


—Un día Joan Jara me dijo “mira, estar casada con un hombre como Víctor, tan completo, es casi imposible… yo aquí en Chile me he transformado… yo sin quererlo aquí he perdido hasta mi apellido. A mí me llaman Joan o me dicen Joan Jara. Yo me llamo Joan Turner, pero eso ya lo perdí.


—¿Usted cree que eso le pesaba?

—No, al contrario. Era como una misión, me dijo que ella donde podía hablaba de los detenidos desaparecidos, no solamente de Víctor. Bueno, y entonces ese día me dice “mira”, mostrándome una foto del Víctor, “él con esta historia salió ganando”. Y yo le dije “¿pero cómo salió ganando si lo mataron?”. Y Joan me dijo “sí, claro, eso es lo horroroso, pero mira: “nosotros estamos aquí con el pelo blanco, con arrugas y él quedó joven, jovencito”.


En 1995, cuando Herrera vino a Chile, no pudo ver a Joan, recuerda. Ella estaba escribiendo su libro Un canto truncado. Se juntó entonces con Manuela y Amanda, para entregarles el dinero para la fundación.


—Ahí pasó que la Manuela y la Amanda me dijeron: “Héctor, mira, ya que estamos aquí tú podrías contarnos lo que pasó ese día con mi papá. Es doloroso, tenemos recuerdos de muy chicas, cuando mi mamá nos avisó, pero después ella no nos dijo más. Ella nos cuidaba mucho, no nos dejaba ir a las manifestaciones, no quería que pasáramos a ser las hijas de Víctor Jara, y escuchar horrores y los discursos y solidaridad. Nos protegió. Y cuando estábamos un poco más grandes, las dos nos pusimos de acuerdo y le pedimos que nos contara cómo encontró al papá. Y ella nos dijo ‘ustedes son muy jovencitas, yo tengo el deber de cuidarlas, un día les voy a contar cuando estén más grandes'. Pero nunca pasó, siempre tuvo una excusa”.


Él sintió que no podía hacer otra cosa, por lo que solo les pidió que fueran fuertes.


—A los cinco minutos, lloraban como magdalenas, porque era su padre. Fue con mucho detalle, muy fuerte. Fue la primera vez que supieron todo. La Manuela se acordaba un poco de este joven que apareció y que después las mandamos con la Quena al segundo piso, pero no sabía lo que habíamos conversado, la relación con su madre, todo eso. Estaba muy impresionada; en mis manos lloró no sé cuánto tiempo.


—¿Cuándo fue la última vez que vio a Joan Jara?

—Así de estar solos, el 2014. Le anunciamos que el 2015 yo me jubilaba, vendía el local y no íbamos a tener nunca más la plata para dar a la fundación. Entendió perfecto, estaba contenta, me dijo “cómo se pasaron los años”. El 2016 vinimos porque la Presidenta Bachelet le iba a entregar un premio y nos dijo que quería que estuviéramos. Éramos los únicos fuera de la familia y de la Fundación; bueno, también estaba Ángel Parra. Después nos llamó para invitarnos a un concierto en el Teatro de la Universidad de Chile. Ahí ya estaba quedando ciega. Pidió que nos sacaran una foto a Héctor Ibaceta, a ella y a mí. Así es que ahí posamos los mismos que enterramos a Víctor. Habían pasado ya cuarenta y tantos años.


Héctor Herrera viajó a Chile con Beatrice Dumond, su mujer, en diciembre de 2019. Venían a vivir por seis meses. Se habían comprado un departamento y ahí estaban cuando comenzó el covid. Ambos se encerraron, pero enfermaron igual y en junio de 2020 su mujer falleció.


Finalmente él pudo volver a Francia, con las cenizas de su mujer a fines de agosto.


—Perdí como 12 kilos con el coronavirus y con la muerte de mi mujer, llegué allá muy mal y anímicamente peor. Me encerré un mes más. Y un día me estaba muriendo, eso sentía, y pasó que ese día decidí vivir. Fui al peluquero y al médico y me mandaron a caminar para recuperar masa muscular.


Y comenzó a caminar en un bosque que está cerca de su pueblo, que se llama Garrige y que queda frente a Milhaud, en el departamento de Gard, en la región de Occitania.


—Y caminé y caminé y descubrí que en la naturaleza podía dejar todo mi dolor.


Ahí, cuenta, comenzó a ver que había mucho plástico, cosas de comida chatarra que dejaban tiradas los jóvenes y empezó a recogerlas, siempre a modo de ejercicio. Se ponía un palo en la espalda, armaba dos bolsas y colgaba una a cada lado. Llegó a recoger 1.070 botellas en un radio de cinco kilómetros.


Lo que estaba haciendo trascendió a los medios: un día llegó una periodista al lugar y contó su historia en los medios locales, luego salió en la prensa nacional. Al poco tiempo se le unieron muchas personas que solían caminar, grupos de mujeres en su mayoría.


—Las autoridades se enteraron, me contactaron, me animaron para crear una asociación y me ofrecieron una subvención para seguir trabajando en eso.


La fundación se llama “La felicidad” y actualmente tiene 70 socios. Ellos se dan cita los sábados a las nueve de la mañana para salir a limpiar. Este año, además, le entregaron la medalla de la ciudad en reconocimiento a su trabajo.


—¿Por qué cree que le han sucedido todas estas cosas?

—Yo vi demasiada gente a la que le quitaron su vida y siento que en nombre de ellos tengo que hacer cosas, y lo más importante, disfrutar. Y vivir.




jueves, noviembre 09, 2023

Una madre y una hija: valiosos cancioneros de Violeta e Isabel Parra

 

Violeta con Isabel Parra en 1957.

El Mercurio


La reconstitución de un cuerpo de creaciones de ambas autoras se encuentra en los volúmenes de Ediciones UC, “Violeta Parra. Virtud de los elementos” e “Isabel Parra. Libro de mis canciones”.

IÑIGO DÍAZ

“Me encontré con tesoros desconocidos al reescuchar una a una las canciones, cosas que aparecían en las versiones de Violeta Parra y que se han ido perdiendo con el tiempo. Ella tenía una intencionalidad especial: deliberadamente creaba compases irregulares que le daban valor a una canción. Nada de eso fue al azar”, dice Greco Acuña, un percusionista con larga historia en la música latinoamericana.


Él participó en la transcripción a partituras de 63 canciones de Violeta Parra, del total de 116 que se consideran en su catálogo y que incluyen material desde 1948 hasta esa serie de canciones reencontradas en París. Es un auténtico traspaso de la oralidad a la tradición escrita, en un libro que en realidad es un cancionero: “Violeta Parra. Virtud de los elementos” (Ediciones UC, $16.000).


Pero en rigor este material es una actualización del libro homónimo de 1993, que contó con transcripciones y correcciones de Osiel Vega, editado entonces por la Fundación Violeta Parra.


“Muchos conjuntos que han tocado la música de Violeta Parra tienden a eliminar esos elementos ‘irregulares' que creaba para sus canciones. Entonces, a partir las versiones originales las repusimos y las reprodujimos ahora por escrito, en la partitura”, señala Greco Acuña.


Las transcripciones corregidas llevan al pentagrama la línea melódica de la voz de cada canción, acompañada por la letra y la armonía en clave americana, junto con una serie de notaciones: el tempo, el tipo de rasgueo, las introducciones de guitarra o bombo o la afinación campesina si se trata de guitarra traspuesta.


Desde lo musical, el proyecto fue encabezado por Tita Parra, pero no solo para este libro, sino también para “Isabel Parra. Libro de mis canciones” (Ediciones UC, $16.000), que incluye 74 piezas. “Por primera vez se publica un trabajo de este tipo con la obra de Isabel Parra. Era un paso muy importante en su historia personal, pero también para nuestro medio, porque reconocemos su cancionero como parte de un patrimonio chileno”, señala María Angélica Zegers, directora de Ediciones UC.


“Isabel Parra. Libro de mis canciones” cuenta con un prólogo de Silvio Rodríguez, una biografía escrita por Tita Parra y cuantiosas fotografías nunca vistas o poco difundidas, además de una discografía razonada. En el caso de “Violeta Parra. Virtud de los elementos”, el cancionero se acompaña por otra presentación de Silvio Rodríguez, fotos, afiches recuperados y una serie de cartas y manuscritos obtenidos de sus cuadernos.


Allí aparecen, por ejemplo, el puño y letra para canciones como “Arauco tiene una pena”, titulada entonces como “Levántate Huenchullán” y otras piezas medulares como “Arriba quemando el sol” o “Gracias a la vida”, ni más ni menos. “El próximo año vamos a publicar esos cuadernos de Violeta Parra en una edición facsimilar. Son una maravilla porque además de canciones, tienen reflexiones, notas al margen y apuntes domésticos”, concluye Zegers.

martes, octubre 24, 2023

“Es como llegar a la primavera nuevamente”: Hermanos Ilabaca adelantan su nuevo álbum con “Alma Mía”

 



La Cuarta


Felipe y Pablo no componían juntos desde el último trabajo de estudio de Chancho en Piedra, ahora los hermanos han regresado a sus raíces musicales para ofrecer un “disco terrible vacilón”, que según comentaron a La Cuarta, viene cargado de su característico sonido con melodías funkys como solo ellos saben.

Bastián Escalona Ampuero


Pocos hermanos han logrado influir tanto en la música nacional como Felipe y Pablo Ilabaca, ya que los artistas llevan casi 30 años dejando su huella con cada uno de sus proyectos, ya sea con Chancho en Piedra, 31 Minutos o Pillanes. Ahora este dúo está explorando en sus inicios artísticos para entregar un disco cargado de melodías alegres y pegajosas bajo el nombre Hermanos Ilabaca (HI).

A pesar de que los músicos llevaban un tiempo alejados de crear en conjunto, el trabajar en este próximo álbum los ha llevado a reconectarse con su infancia y componer en equipo al igual que lo hacían cuando niños. Hace un mes HI mostró al mundo su primer single, titulado “Sólo de ti”, y esta semana lanzaron “Alma Mía”, una canción con el sello característico de este parcito.

En conversación con La Cuarta, los artistas adelantaron parte de lo que se viene en este próximo álbum de 11 canciones que preparan los hermanos y cómo han sentido la recepción del público en esta primera aventura que emprenden en “solitario”.

“Estamos súper contentos. Ha sido un trabajo que lo estamos haciendo muy profesionalmente, con la conciencia, el alma y el corazón metido entero en el proyecto Hermanos Ilabaca. Para mí, que no tocaba con Felipe ni grababa con él hace unos cinco años más o menos, ha sido como llegar a la primavera nuevamente. Salir a tocar en distintos escenarios, la recepción de la gente en los conciertos que hemos hecho ha sido espectacular, entonces no te puedo decir otra cosa, solo que me siento muy bien”, partió señalando Pablo.

Según comentó Felipe, le ha sorprendido gratamente que en cada una de sus presentaciones, haya gente que ya se sabe las letras de algunas canciones que ni siquiera han sido estrenadas, por lo que se nota el compromiso de sus fans con la música que crean.

“La recepción ha sido súper sorpresiva para nosotros, el alcance y la buena acogida que ha tenido, y siendo consciente de la carrera larga que tenemos y el reconocimiento que hemos tenido en nuestra carrera, uno nunca da por hecho que tu música tiene que gustar, por eso Pablo y yo estábamos bien expectantes de saber si les iba a gustar a la gente nuestra música. Cada vez que hemos tocado, que ya van dos o tres presentaciones, ha sido espectacular, hay gente que se sabía “Alma Mía”, cuando ni siquiera había salido y eso habla de que le han prestado mucha atención a la letra en vivo. Esos son los más fanáticos y fanáticas de nuestra carrera, pero también está aquella gente que está recién descubriendo esta música como si nosotros fuéramos un dúo emergente y ha sido súper bien recibida, así que estamos muy contentos”, agregó el cantante.

Si bien Felipe y Pablo son los principales creadores e intérpretes de este disco, ya que estuvieron a cargo de las guitarras, bajos y voces, en el proceso de grabación pudieron compartir con grandes artistas nacionales que colaboraron en el estudio. Danilo Donoso estuvo a cargo de las baterías, los teclados y pianos recayeron en Valentín Trujillo Godoy, nieto del “Maestro” Valentín, además participó el cuarteto de cuerdas Las 4 Estaciones.

A la fecha solo han visto la luz dos temas de este disco, siendo la más reciente “Alma Mía”, la que fue estrenada junto a un videoclip que se grabó en un hotel capitalino. “Quisimos hacer todo una intervención del hotel, desde el acceso hasta la azotea, nos tomamos los pisos, los ascensores, algunas habitaciones y estuvimos ahí prácticamente todo el día grabando muchas tomas para registrar el espíritu de lo que somos nosotros, yo creo que eso es lo más entretenido que tiene el videoclip. Tiene un aire muy primaveral por así decirlo y desde el acceso y dentro del hotel se pueden apreciar los colores de estos cielos que ya se asoman en la ciudad y que reflejan el espíritu de la canción, así que está hecho con mucho cariño y con mucha onda”, comenta Felipe.

PROCESO DE CREACIÓN

Ustedes además de tener una gran conexión por ser hermanos, llevan muchos años trabajando juntos, ¿cómo fluyó la creación de este álbum?

—Pablo: Muy fluido, súper entretenido y natural. Con Felipe hacemos música desde que tenemos como cinco años, pero siempre sigue siendo algo nuevo. Siempre seguimos aprendiendo cosas nuevas, en el disco hay temas que son instrumentales, hay uno que se llama “Que no pare el webeo” que salió como tres cucharadas, la papa. Hay otro tema que hizo Feli que se llama “Escorpión”, que es super difícil de tocar, es bien complejo, tienes que tener una destreza importante para poder realizarlo, entonces van pasando esas cositas nuevas en el camino, uno sigue aprendiendo a tocar. En mi caso, me está gustando demasiado tocar la guitarra ahora, porque me volví a encontrar con la guitarra nuevamente y eso me inspira y me motiva para tocar cada vez mejor. En el último tiempo me he dedicado más a cantar que a tocar guitarra y esa energía se siente heavy y la van a sentir cuando escuchan el disco.

—Felipe: Ha sido súper natural y bonito, hace siete años que no componíamos juntos, lo último que hicimos fue el último disco de los Chancho en Piedra Funkybarítico, hedónico, fantástico, después tuvimos alguna aventura en el estudio, pero era música de Pablo.


Al haber compartido en tantos proyectos musicales distintos, ¿cuál creen que es la fórmula para que cada uno de estos grupos tenga una identidad propia?

—Pablo: Yo creo que puede ser el respeto que hay que tenerle a la música, como entidad, como algo de la naturaleza, algo que hay que respetar y eso significa conectarse con ella, grabarla de la mejor forma. Pero sin duda es porque somos hermanos y tenemos una interactividad musical férrea con Felipe, lo otro que me gusta mucho es como suenan nuestras dos voces y se produce un chorus Ilabaca que queda en los corazones de las personas.


La infancia

¿Siempre fueron unidos? ¿o cuando más chicos tenían la típica rivalidad de hermanos?

—Felipe: Siempre fuimos yuntas, pero naturalmente cuando éramos más chicos pasó lo típico, que primero son los dos de la primera infancia, pero después uno se queda en la primera infancia y el otro (yo, que soy el mayor) crecía un poco más y jugaba la pelota con los más grandes, naturalmente eso se va acortando con los años, pero siempre jugamos juntos, muy hermanables. La diferencia se puede haber producido en la adolescencia, porque yo tenía amigos más grandes que mi hermano, pero se hizo nada después cuando los dos nos hicimos jóvenes y sobre todo cuando me metí a los Chancho en Piedra, porque yo fui el último en entrar a la formación original, el grupo originalmente lo habían armado Pablo y Lalo, siendo ellos compañero de curso, después entró Toño (Leonardo Corvalán) que es contemporáneo a mí, íbamos cuatro o cinco cursos más arriba que los chiquillos, imagínate toda la diferencia que puede haber en eso, o sea, cuando yo estaba en cuarto medio, Pablo estaba en octavo. Pero cuando formamos la banda volvimos a jugar a la música como niños, y ese fue el momento en que empezamos a hacernos profesionales en esto y confirmamos esa hermandad y esa fraternidad que teníamos desde muy chiquititos.


¿Nunca pasaron por un momento como el de los hermanos Gallagher, de no querer verse ni en pintura?

—Pablo: ¡No!, nos agarramos harto de las mechas por situaciones musicales, como: ‘oye toca este acorde, o toca esto’, cosas así, pero para nada, somos súper hermanables, nos queremos harto. Y esta etapa está increíble, volver a tocar y ver la respuesta de la gente nos tiene súper contentos y muy motivados.


Según comentaron los Hermanos Ilabaca, una característica de este álbum es la mezcla de sonidos retro que incorporaron, lo que se traduce como un verdadero viaje al pasado que hicieron los artistas en el proceso de creación. Recordaron la música que se escuchaba en su casa durante su niñez, y las melodías que los motivaron a convertirse en lo que son actualmente, recogiendo matices de varios géneros para entregar un resultado fresco y disfrutable.


En su familia ¿quién fue la persona que los introdujo en la música?

—Felipe: Principalmente nuestro padre, primero que todo. Yo creo que él hubiese querido ser músico, en la casa había una guitarra y había mucha música envasada. Él tiene una buena colección de vinilos, de cassette y discos de 45, un variopinto catálogo de música, desde la música clásica, hasta música popular, folklore latinoamericano y chileno, la Nueva Canción Chilena: Quilapayún, Inti-Illimani, Violeta Parra, Los Jaivas y por otro lado, música orquestada de Fausto Papetti, Los Indios Tabajaras, rock británico de Pink Floyd, The Who y The Beatles sobre todo, era un beatlemaníaco que nos influyó mucho. Y la otra gran influencia en nosotros fueron nuestros tíos, cuando había reuniones en su casa siempre se cantaba, sobre todo samba Argentina, era muy popular la canción española también, Joan Manuel Serrat.

“Después vinieron nuestros hermanos mayores, que ellos siendo adolescentes cuando nosotros éramos niños, todas sus influencias llegaron a nosotros, desde la Nueva Trova Cubana de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, hasta la música pop, new wave, incluso heavy metal que nuestra hermana escuchaba, por ejemplo Iron Maiden, Ozzy Osbourne, todo lo que estaba muy de moda en los 80s, que era una mezcla entre eso y al otro lado tenías a Donna Summer o música disco. Entonces había mucha influencia en nosotros desde chico y yo creo que ahí nació el bichito de hacer nuestra propia música, era tanto lo que escuchamos, que se nos ocurrían melodías todo el día”.

—Pablo: Hay una fauna super variada de la música que nosotros escuchamos de niños, había de todo como decía Felipe, pero lo principal eran los Beatles. Los dos discos que escuchamos harto fueron: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (The Beatles) y La Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis, los escuchábamos caleta, y el Jesucristo Superstar de Camilos Sesto.


¿Cuáles son los planes en el corto plazo de los Hermanos Ilabaca?

—Pablo: El disco va a salir el primero de diciembre, estamos súper contentos porque ya viene, se pasó rápido el tiempo y tocar, tocar y tocar, en todos lados. Queremos que el grupo Hermanos Ilabaca te llegue a tu oído por comentarios, por el boca a boca, y para eso tienes que tocar en todos lados, a corto plazo esos son nuestros planes, lanzar nuestra música, tocarla, promocionarla y el próximo año, en marzo o abril meterse al grabar otro al toque. Como que fuera una inyección intravenosa pero rítmica.


A pesar de que en los últimos años la escena musical rockera ha ido perdiendo terreno, mientras que otros movimientos ganan cada vez más espacios de representatividad, Felipe y Pablo Ilabaca miran con optimismo el futuro de la música “orgánica” chilena. El regreso de Los Tres con su formación original y el rotundo éxito que han conseguido Los Bunkers en la venta de tickets marcan un precedente alentador para los amantes del género, quienes ven en estos acontecimientos un último grito de guerra de un estilo que no quiere morir en silencio.


—Felipe: Nosotros que somos bien longevos en esto y que llevamos 30 años de carrera profesional hemos visto como esto siempre sube y baja, cada cierto tiempo aparece una tendencia que desplaza al rock, y ya partamos de la base de que el rock haya sido popular en alguna oportunidad, ya fue un gran logro. Porque en teoría debiese ser algo subversivo y más alternativo dentro del panorama musical, quizás nos mal acostumbramos a que en los 90′ se transformó en el mainstream. Pero lo más natural es que otras corrientes más comerciales y populares sean la música principal.

“Hace unos cinco años se veía bastante oscuro el panorama, estadísticas mundiales decían que el rock iba en retroceso. Ahora quizás viene una nueva ola, un nuevo un nuevo resurgir de la mano del retorno de Los Tres,y por supuesto el éxito de Los Búnkers, que marcan un hito y llenan de optimismo a todos los que trabajamos de la misma forma, con amplificadores, baterías, guitarras, teclado, música que se cocina en vivo. Es algo que nos motiva, creemos que nosotros al no haber bajado los brazos nunca en cualquiera de nuestros proyectos, hemos contribuido a eso”.

“Es muy inspirador para la nueva generación, supongo que a todos los colegas les deben decir lo mismo, pero a nosotros constantemente nos llegan videos de chicos muy jóvenes que sacan nuestra música, que están tocando guitarra y bajo. Tan inspirador como ver a Congreso, que saca y saca discos siendo casi una leyenda viva y creemos, estamos seguros que nuestro disco es un aporte a eso también”.

—Pablo: Absolutamente, lo de Congreso es heavy el ejemplo que nos dan, como podemos llegar a los 70-80 años tocando, y ni hablar de Los Jaivas. Creo que nuestro disco está fresquito, está nutrido por toda esa inspiración, aunque no es un disco de rock, es un disco de funk-soul, tiene bien poco rock, nuestra actitud es la rockera, nuestras letras, pero es un disco terrible vacilón.



Beatriz Bustos: “El nuevo espacio de Chile en Venecia es muy secundario”

 El Mercurio


La exdirectora del Centro Cultural La Moneda cree que la controversia que ha rodeado al envío chileno a la Bienal de Arte de Venecia inhibirá a “artistas profesionales” a postular al evento.

Roberto Careaga C.

Cuando en 2013 Alfredo Jaar representó a Chile en la Bienal de Arte de Venecia, Beatriz Bustos estuvo en un papel clave de las bambalinas: fue la gestora del pabellón local, coordinando el diálogo entre el artista, instituciones culturales locales y la misma bienal. La exdirectora del Centro Cultural La Moneda trabajó por más de un año en la gestión. Por entonces, Jaar fue escogido por el Ministerio de las Culturas para representar a nuestro país en Italia, sin la necesidad de entrar a un concurso, como hoy se elige a un proyecto para ir al evento. Para Bustos, el proceso en torno al certamen debería ser revisado, especialmente a la luz de la controversia que se ha generado este año.


Las alertas sobre la participación en Venecia venían de antes, pero estallaron el 10 de octubre pasado, cuando el artista Patrick Hamilton y su equipo desistieron de seguir adelante en el concurso para representar a Chile en la bienal acusando una “serie de escollos” en el proceso. Según plantearon, fue decisiva la demora en informar que el espacio de exposición no estaría dentro del Artiglieri dell'Arsenale, como ya era tradicional, sino en otro más grande y lejano del centro del evento ubicado en el edificio de la Marina Militar. Luego, la dupla integrada por Joaquín Cociña y Cristóbal León también se bajó del certamen del ministerio, del que era finalista junto a otros seis proyectos.


Una semana después renunció a su cargo la secretaria de las Artes de la Visualidad del ministerio, Alessandra Burotto, mientras la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, instruía una investigación para “clarificar las eventualidades irregularidades y las consecuentes responsabilidades” en el proceso. Beatriz Bustos ha estado atenta a todos los pasos de la controversia.


“Patrick Hamilton y su equipo, y la dupla de León y Cociña, son artistas que han estado en Venecia, conocen bien las dinámicas de la bienal, y por eso saben perfectamente en qué lugar se instalaba el pabellón (y eventualmente su obra) y la carga simbólica de la trayectoria del pabellón nacional. La decisión que tomaron me parece tremendamente seria. Difícil, pero refleja su profesionalismo. Para mí, la credibilidad del concurso está en las personas que se retiraron”, dice Bustos.


La participación de nuestro país en Venecia tuvo un punto de inflexión el año 2009, cuando se empezó a arrendar un espacio para su pabellón en la zona de Artiglieri dell'Arsenale. “Conseguir estar de manera permanente ahí fue un logro para las artes visuales de Chile”, dice Bustos, que no está del todo conforme con la explicación del Ministerio de las Culturas sobre el cambio de lugar: que el espacio del Arsenale será sometido en 2024 a trabajos de restauración.


—¿Para usted esa no es una explicación suficiente?


“Desconozco la verdadera razón que llevó a que el ministerio cambiara la sede, pero no me convence el argumento dado. No operan así las cosas en Venecia. No me parece suficiente, porque una institución como la bienal avisa con mucha antelación el espacio de sus pabellones. Venecia arrienda sus espacios con mucha antelación y se podrían haber hecho gestiones mucho antes”.


—¿Qué tan importante es estar en el Arsenalle?


“El Arsenalle es un espacio importantísimo. Hay otros espacios que son secundarios y otros que son invisibles. El lugar que en que se ha informado que finalmente estará Chile es simbólicamente muy secundario. Puede circular menos gente, pero sobre todo levanta una pregunta: ¿por qué Chile no está en Arsenalle? Después de haber estado tantos años en ese espacio, dejarlo significa que nuestro país baja de lugar”.


—¿Cuánto daño puede hacerle esta controversia a la estructura que se había desarrollado para la participación de los artistas chilenos en Venencia?


“Impacta mucho al sector. Había cierto prestigio y validación en el medio de los procesos para la convocatoria a Venecia y toda esa figura hoy queda muy débil. Es muy difícil que artistas profesionales quieran dedicarle tiempo y energía a postular a un pabellón nacional si es que ha habido todos estos problemas. No tienen la certeza de cuál es el espacio, o si la gestión del ministerio y todas las otras instituciones va a ser fiable. Ahora que estamos en una crisis quizás hay que revisar si realmente es buena política hacer un concurso para elegir un representante; revisar también el presupuesto y los tiempos que se manejan. Pero no es el momento. Hoy me pregunto si se han hecho todas las gestiones necesarias que ya deberían haberse hecho, desde el arriendo de hoteles, contratación de imprentas para catálogos, personal para construir el pabellón. Si no se ha hecho ya, el gasto va a subir mucho.


—¿Le parece que los problemas que se han visto en el envío chileno a Venecia es un efecto de un problema mayor en el Ministerio de las Culturas?


“Para realmente ponerle proa en eventos internacionales hay que creer en Venecia, hay que creer en (la Feria Internacional del Libro) Frankfurt; hay que creer en el rol de la presencia de Chile en estos espacios. Hay que creer que es importante para la cultura chilena estar en espacios de validación internacional. Me pregunto si existió la voluntad, si se puso como un objetivo prioritario, como ha sido desde 2009.


Trabajadores del ministerio llaman a paro indefinido


Las Asociaciones Nacionales de Trabajadores y Trabajadoras del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural hizo ayer un llamado a sus asociados a una “paralización indefinida” a partir del jueves 26 de octubre. La movilización surge después de varias reuniones con autoridades del Ministerio de las Culturas en que se les habría negado la posibilidad de reasignar y aumentar el presupuesto destinado a sus condiciones laborales, hoy determinado en el proyecto de ley del Presupuesto 2024. La convocatoria se enmarca en la ocupación de la oficina de la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, que mantiene desde el jueves pasado la asociación.