domingo, agosto 02, 2026

SCD demanda a Walmart y Cencosud y pide anular contrato para emitir música en locales: “No son legales”

 


El Mercurio

La SCD cuenta con 65 personas para monitorear restaurantes, tiendas, pizzerías y otros espacios que deben pagar una licencia por la música. Ha iniciado acciones legales contra una decena, incluidos retailers, a quienes acusa de tener un contrato de reproducción con un tercero no legitimado. 

Por María José Tapia

 Tío Tomate, la Destilería, Santino, Casa Lastarria, Mulato, La CAV, sucursales de Johnny Rockets y McDonalds, solo por nombrar algunos. La Sociedad Chilena del Derecho de Autor ha impulsado cientos de demandas en los últimos años, y una veintena solo en este ejercicio. Todas por no pago de licencia para reproducir música en locales comerciales, restaurantes o retailers. En algunos casos, las deudas superan varios millones.

La ley autoriza a la SCD a realizar la gestión colectiva de los derechos de autor y conexos, y cobrar por esos derechos a quienes los utilicen. Cada local —desde restaurantes hasta clínicas— debe tener una licencia entregada por la asociación. Es un pago mensual determinado por metros cuadrados, cantidad de mesas o ingresos, dependiendo del giro, que puede partir en unos $20.000 al mes hasta varios miles en los casos de grandes superficies.

“El usuario tiene que pedir la licencia. Eso en la práctica casi no ocurre, por lo que tenemos un grupo de ejecutivos de Arica a Punta Arenas que, mediante un sistema informático, busca usos”, señala el director general de SCD, Juan Antonio Durán, sobre las 65 personas que ubican restaurantes y piden firmar el contrato.

Los restaurantes demandados se han defendido aduciendo fuerza mayor por el período de pandemia, y prescripciones. Por ejemplo, a la pizzería Tío Tomate del Mañío le reclaman $4,9 millones y 50 UTM por indemnización. La causa sigue en curso.

“No se cobró en pandemia”, dicen en la SCD. Dieron de baja más de 6.500 usuarios, entre los que cerraron, quebraron o no podían operar. “Antes de la pandemia teníamos 15.500 usuarios y este año esperamos llegar a 13.000, recién. No hemos podido recuperar el nivel que teníamos antes de la pandemia”. Y agregan: “Si un usuario dejó de pagar en la pandemia y no dijo nada, sí estamos demandando, porque eso quedó atrás hace rato”. Al cierre de 2025, la SCD reportaba ingresos por $14.612 millones. De ellos, la mitad proviene de los derechos que pagan las grandes plataformas, como Spotify, YouTube, Netflix. Luego vienen los conciertos y grandes espectáculos. Y entre un 15% a 20% de los retornos tienen que ver con estos locales, denominados Usuarios Generales Permanentes.

A comienzos de junio, la Corte Suprema falló en favor de la SCD. Rechazó los recursos interpuestos por El Mesón de la Patagonia en Lo Barnechea. Le ordenó —se lee— pagar una multa de 5 UTM por infringir la Ley Nº17.336 de propiedad intelectual y una indemnización equivalente a 2,40 UTM mensuales, más un 50% por derechos conexos. Existen otros varios casos en los que la SCD triunfó, estrategia que ha dado un paso más.

La arremetida sobre los retailers

El 27 de mayo, la organización demandó a Walmart y todas sus filiales, antes lo había hecho también con Cencosud.

En 2017, ambos retailers habían firmado un contrato de reproducción de música con la empresa D&A, que según la SCD contraviene los artículos 67 y 91 de la LPI, que plantean que el cobro de derechos deberá efectuarse a través de la entidad de gestión colectiva que los representa.

D&A Licencing fue fundada en 2016. A diferencia de la SCD que gestiona colectivamente derechos de autor, D&A —señala— gestiona de manera individual, no se basa en un repertorio, sino en un catálogo determinado de unas 900 canciones —la SCD procesa 50 millones semestralmente—, autorizadas por sus titulares, directamente o a través de la firma de gestión de derechos europea, Soundreef, según subrayan en las acciones judiciales. Todos, planteamientos que SCD rechaza. “Ellos recurren a un eufemismo, al decir ‘no hacemos gestión colectiva, sino gestión individual múltiple', pero hacen exactamente lo mismo que SCD”, dice Durán.

Por eso, la acción judicial recae sobre el contrato que firmaron los retailers y D&A. Apuntan a que la justicia los anule. “Sostenemos que no son legales, y por tanto es una operación ilícita”.

En años anteriores, la asociación ya había intentado ir sobre D&A con una querella penal. La Corte de Apelaciones la desestimó. Y los socios de la empresa, tras dos años de investigación, fueron sobreseídos. “D&A sí cuenta con autorizaciones”, señaló el tribunal.

“Solo dijo que esto podrá exigirse por otra vía, no por la vía penal, y por eso estamos demandando civilmente”, señala el dirigente.

“La verdadera razón por la cual la SCD ha interpuesto la demanda es porque pretende arrogarse una representación que no tiene”, dice D&A en una acción judicial. “Pretende —subrayaron— prohibir que mi representada licencie o sublicencie, las canciones respecto a las cuales tiene derecho, erigiéndose con ello como la única alternativa para que empresas que atienden público tengan música ambiental”.

Hace dos semanas, Walmart contestó la demanda. Reiteró que no es primera vez que la SCD intenta ir sobre el rol de D&A. Y que el tribunal ya desestimó esas acusaciones. “La SCD confiesa que su cuestionamiento no recae sobre el contrato en su individualidad, sino sobre la actividad comerciales de D&A en general. Ese juzgamiento es ajeno a una acción de nulidad”.

Según antecedentes aportados a la causa, en 2023, un Ekono pagaba $32.400 al mes; un Acuenta, unos $62.000; un Express, promediaba $50.000, y un HiperLider podía llegar hasta $82.000 mensuales, por derechos musicales. Todos de la cadena Walmart.

Las tarifas de D&A serían hasta la mitad de lo cobrado por la SCD.

En el caso de Cencosud, la disputa venía desde bastante antes. En 2023 fue la primera vez que SCD demandó a su negocio de mejoramiento del hogar, Easy. Pidió también la nulidad del contrato con D&A. “Las relaciones comerciales entre D&A, Cencosud y Easy no adolecen de objeto ni causa ilícita”, se defendió el retailer. “En definitiva, lo que la SCD pretende es apropiarse ilegítimamente de la gestión de derechos de autor y conexos, sobre los cuales ni la demandante —ni nadie— puede tener derechos exclusivos”, añade la defensa. La causa sigue tramitándose.

Contactados D&A y los retailers, no estuvieron disponibles para este reportaje.  

“Violeta y Gilbert”, la historia de un amor tormentosamente intenso

 



El Mercurio

El libro de Patricia Díaz-Inostroza se adentra en la relación entre la folclorista y el aventurero suizo. Una bitácora de sus últimos años, que también derriba mitos, y plantea que “Gracias a la vida” está inspirada en él.

José Vásquez

La historia, completa, tiene rasgos novelescos. “Violeta y Gilbert” (Pehuén), el libro que acaba de lanzar Patricia Díaz-Inostroza, está cruzado por el viaje y el amor tormentoso, donde el destino, o quizás el azar, fueron construyendo una narrativa que si no estuviera tan bien documentada, podría pasar perfectamente por un guion de ficción.

Sobre la vida y obra de Violeta Parra existe abundante bibliografía. La folclorista más universal de Chile está ampliamente cubierta, pero este episodio de su vida, el capítulo de su relación más importante, no se había explorado en profundidad, como ahora, donde también se perfila quién fue Gilbert Favre. Un suizo que trabajaba de tramoya en Ginebra, que era un músico aficionado amante del jazz, que entonces soñaba con ir a buscarse la vida a Grecia, pero que de pronto, por una conversación casual con un amigo, llegó a ofrecerse frente al arqueólogo Jean-Christian Spahni, que buscaba un colaborador para viajar al otro lado del Atlántico.

El relato, que va a ser cronológico, se inicia en 1960. Favre tiene una historia increíble en la primera parada en África, o el hundimiento posterior del barco que lo llevó hasta Argentina. La autora destaca al suizo con un término que se repetirá a lo largo del libro: “Su buena estrella”, que lo acompaña.

Y bueno, llegado a Santiago, apenas hablando algunas palabras de español, va a una disquería en el centro para investigar sobre el folclor del país. Desde ahí le señalan que sus preguntas serían mejor respondidas en la Universidad de Chile, donde llega hasta una sala en la que estaba Gastón Soublette, y escucha los nombres de Margot Loyola y Violeta Parra. “¿Cuál es más interesante?”, pregunta. Le dicen que Parra. Adela Gallo, fotógrafa y amiga de la cantautora, justo andaba por ahí. Era 3 de octubre, y le ofrece llevarlo a conocerla al otro día, que era su cumpleaños.

Todo parece demasiado conectado. Ya en la casa de La Reina, ella rompe el malhumor de Violeta diciéndole que le traía “un gringo de regalo”. Su cara se ilumina al instante. Él tenía casi 20 años menos. Lo que sigue luego es una historia interminable de idas y venidas, pasión y violencia. Distanciamiento por los viajes a Buenos Aires, y Europa, su exposición en el Louvre, y una comunicación tan tórrida como cariñosa y sentimental a través de las cartas.

Una violetóloga

“El libro lo escribí como una novela de no ficción porque sentí que no había otra forma de hacerlo, además, ella (Violeta) me fue indicando el camino”, cuenta Díaz-Inostroza, que desde prácticamente hace cuatro décadas ha estudiado a la artista. La autora de “Violeta y Gilbert”, con la bajada de “una historia de amor, locura y música”, es periodista y musicóloga, ha publicado obras como “El Canto Nuevo chileno: Un legado musical” (2007), y sobre la cantante lírica, “Clara Oyuela y el arte de cantar” (2017), entre otros, y fue la directora del grupo folclórico Abril.

El 2015, en LASA (Latin American Studies Association), un congreso realizado en Puerto Rico, fue presentada como “violetóloga”, donde fue invitada a hablar de la cantautora. Ese, cuenta, fue el impulso para comenzar este libro, que tuvo una primera edición autogestionada en 2023 de solo 200 ejemplares, que se vendieron casi de inmediato, hasta ahora que tiene esta primera edición de Pehuén, con una mayor distribución, lanzada el pasado miércoles.

“El libro parte en 1960 y cubre la etapa, quizás, más creativa de Violeta, pero también porque me interesaba tener una pista del por qué ella se había quitado la vida. Por eso me metí en profundidad en esos años y cuando aparece Gilbert, esta investigación se me agrandó”, dice la autora. ¿Es responsable el suizo de la decisión de la artista? Para Díaz-Inostroza, esa conclusión es apresurada, y responde con que fue una sumatoria de cosas.

“Hablar del amor de Violeta y Gilbert como tóxico es verlo con palabras contemporáneas. Fue un amor muy apasionado, ellos vivieron juntos, se decían ‘marido y mujer'. No eran gente común y corriente, porque Gilbert quería conocer el mundo, era un enamorado de la vida y hacen cortocircuito cuando se mandaban a la punta del cerro. Más lo hacía la Violeta con él, que al revés”, dice la autora.

De ahí nacieron canciones como “Run run se fue pa'l norte”, inspirada en lo que él le describe cuando la deja, yéndose a Bolivia, o “Gracias a la vida”, que la escritora defiende como un tema de amor, también inspirado en Favre.

Antes de su muerte, ocurrida el 5 de febrero de 1967, había aparecido un personaje que la autora sí sindica como “tóxico”, el uruguayo Alberto Zapicán. “Ella pasaba un momento de depresión importante y sentía que todo el mundo le daba la espalda, sus hijos, sus compañeros de canto, y Gilbert, que la había dejado”.

En este epílogo oscuro hay espacio para desmitificar el fracaso del que se habló, que fue su carpa en La Reina. El lugar sufrió con el temporal en 1966, “un año muy lluvioso, donde se rompe la carpa”, explica la autora. “También se decía que ese fracaso tuvo implicancias en su suicidio, porque era su gran obra, pero no fue así. Fue un proyecto más de ella, que cuando cae, no es que la haya abandonado el público. Era invierno. En verano o primavera, había mucha gente. Era un lugar más grande que la Peña de los Parra, que estaba en el centro. La investigación profunda rompe mitos”, plantea Díaz-Inostroza.

Gilbert Favre se casó en Bolivia, y desde ahí forjó una destacada carrera con el conjunto Los Jairas, trascendentes dentro de la canción andina. Falleció en 1998, ya de regreso en Europa.


miércoles, julio 29, 2026

Cambios en los Fondos de Cultura reducen montos para 2027

 



El Mercurio

Con la apertura de la convocatoria a la línea de Becas Chile Crea 2027, el Ministerio de las Culturas da cuenta de las reducciones en su presupuesto. Esta política estaría perdiendo unos 40 mil millones de pesos del presupuesto de este año.

Maureen Lennon / Soledad Ramírez

“Como parte de nuestro plan de acción y ejes de gestión 2026-2030, hemos propuesto un rediseño profundo de los Fondos Cultura 2027, para asegurar que cada recurso tenga el mayor impacto posible”. A través de un comunicado de prensa, el ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, se refirió a los cambios en los fondos que asigna su cartera y detalló el inicio de las postulaciones.

Pero en la información no se incluían los montos totales ni parciales de estos fondos. En una entrevista a radio Duna ayer, el subsecretario de las Culturas y las Artes, Carlos Lobos, reconoció que “si bien sufren un ajuste, estamos hablando de una cifra de 41.405 millones de pesos que se van a repartir entre todos estos fondos concursables”. El ministerio no contestó sobre esta pregunta.

La merma es más de la mitad del presupuesto de 2026. Los montos para los Fondos de Cultura, en todas sus divisiones (Libro y la Lectura, Música, Audiovisual, Artes Escénicas, Fondart Nacional y Regional), llegaron este año a $85.430 millones. En 2025, dicho monto fue de $78 mil millones.

En el anuncio del lunes se daba cuenta de que el calendario parte con la convocatoria de la línea Becas Chile Crea en todos los fondos, con cierre el 31 de agosto. Revisando las bases de este proceso, publicado en la página web del ministerio, se observan reducciones drásticas: en el Fondo Audiovisual hubo $540 millones para asignar este año, pero en 2027 habrá solo $192 millones; en el del Libro y la Lectura, la rebaja va de $293 millones a $128 millones; en el Fondart Regional, de $835 millones a $335 millones, solo por dar algunos ejemplos.

El foco en la familia

La apertura de las otras líneas en cada uno de estos fondos se dará a conocer cronológicamente, en un avance escalonado de convocatorias y definiciones. También se confirmó que se van a incorporar nuevas líneas y modalidades, entre ellas: Barrios Creativos, en el Fondart Nacional; Culturas Tradicionales, en el Fondart Regional; Jóvenes Talentos, en el Fondo de Artes Escénicas y en el Fondo de la Música, y Fomento del Desarrollo Integral, también en el Fondo de la Música.

Uno de los cambios que podría generar polémica es adelantar la alternancia en la selección. Esto quiere decir que habrá restricciones de postulación para los responsables de proyectos que hayan sido seleccionados en ciertas líneas del concurso 2026 (se exceptúan acá los festivales de trayectoria).

Otros de los cambios que busca implementar el Ministerio de las Culturas en los fondos es establecer cuotas para fomentar la selección de proyectos que promuevan la creación de contenidos dirigidos a niños y adolescentes, con el fin de poner el foco en las familias como público objetivo, y también fomentar la creación de productos culturales de fácil acceso a los nuevos públicos, por ejemplo, publicaciones digitales, contenidos multiplataforma y comunidades creativas, a través de apoyos a nuevas tecnologías y narrativas en la creación y producción de contenidos. En otro aspecto, se crea la modalidad de Talento Joven en el Fondo de Artes Escénicas para financiar óperas prima.

En otra arista de este proceso concursable, se eligieron nuevos evaluadores de los proyectos que postulan, buscando ampliar el registro de quienes participan de este proceso.

Dudas en algunos puntos

Bárbara Negrón, directora general del Observatorio de Políticas Culturales, comenta que “los anuncios pueden estar bien, pero lo importante es que, cuando se publiquen, revisar bien las bases y ver cómo estos se concretan”.

De manera preliminar, le llamó la atención el anuncio “del freno a la concentración de recursos. Acá es bien interesante poner el marco y el espíritu de la ley de los Fondos Cultura: dotar de obras de calidad a la población, más allá del mercado y otros factores”. Negrón señala que si el objetivo es la calidad, “al Estado no le debería importar estar frente a una concentración de quiénes se lo adjudican, porque el foco de lo que uno está financiando es la obra. Si tú quieres que el fondo se reparta entre más personas, podrías hacer una lotería y daría lo mismo. Pero la calidad siempre es un requisito importante”.

A juicio de la directora del Observatorio de Políticas Culturales hay un estigma de que los fondos siempre se los ganan los mismos, pero no existen pruebas de esto. “Las políticas públicas se hacen en base a evidencias y las que nosotros manejamos es que no necesariamente es así. Me hace ruido que no se pueda volver a postular a una misma línea”, afirma Negrón.

La ejecutiva sí aplaude el apoyo a talentos jóvenes y el foco en infancia y familia, porque considera que eso faltaba. Una opinión que es refrendada por Andrea Pérez de Castro, presidenta de la Red de Salas de Teatro. “Ese anuncio me parece muy positivo. Es algo por lo que venimos peleando hace años”, acota. Pero lamenta que no ve una política para hacer crecer los fondos, “sino más bien una redistribución con nuevas bases. Me parece muy bien que se apoye a las óperas prima, pero eso se hace aumentando los recursos, no disminuyéndolos”, señala Andrea Pérez de Castro.


domingo, julio 19, 2026

Inti Illimani sigue el camino: “Si estuviéramos viviendo de glorias pasadas, ahí sí deberíamos colgar los botines”

 


La Tercera

El célebre conjunto publica Caminos, un disco que reafirma su vocación de crear y mantiene su interés en explorar sonidos latinoamericanos, incluso con la presencia de Pablo Chill-E y la voz del fallecido Patricio Manns. Jorge y Marcelo Coulon también proyectan el futuro de la agrupación cuando sus integrantes históricos se acercan a los 80 años. “Hay Inti Illimani para mucho rato”.

Por Felipe Retamal. Imágenes de Andrés Pérez.

“Caminos cierra el disco, pero en realidad lo abrió”, comenta Jorge Coulon cuando se refiere a la canción que le da título al nuevo disco de Inti Illimani. En efecto, es la última canción del repertorio, pero fue la primera que el grupo trabajó en su sala de ensayo en La Reina. En realidad, tomaron una idea que venia circulando y la desarrollaron. “En el disco anterior, había una canción que se llama Chile es un camino, un poco de ahí partió -rememora Coulon-. Chile es un camino, pero pucha, todos son caminos, trayectorias”.

La idea de celebrar ese camino, con música, cruzó al nuevo trabajo del célebre conjunto, grabado durante tres semanas en el estudio Santuario Sónico y disponible desde esta semana en las plataformas digitales. “Caminar, caminar, sin volver la vista atrás”, cantan en aquella canción que les sirvió de farol creativo. Un camino que revisita lugares de memoria, ofrece momentos de reflexión y encamina hacia la celebración de los 60 años de vida del grupo que completan César Jara, David Azán, Daniel Cantillana, Christian “Búho” González, Efrén Viera, Juan Flores Luza y Camilo Lema. “Es el camino a los 60 años, es un camino en el sentido de que el conjunto tiene una vía muy larga por delante, aunque tengamos este aniversario que suena como muy rimbombante”, acota Marcelo Coulon.

A pesar de la impronta de los hermanos Coulon, como los nombres históricos del grupo, en realidad, se articulan como un colectivo a la hora de trabajar. “Este es un disco muy colectivo, como la mayoría de los discos de Inti Illimani -explica Jorge Coulon-. Ha habido mucha intervención, mucha colaboración en los arreglos, incluso en los textos, siempre buscar palabras o de repente frases que hacían más sentido de otra manera”.

Esa colaboración es la que les permitió trazar el universo sonoro del disco, en que la exploración por la música latinoamericana, los llevó hacia los rincones del vals peruano, la cumbia, entre otros. De alguna forma, resumiendo los intereses del conjunto. “Una vez que teníamos los 10 temas nos dimos cuenta que no nos faltaba ninguna temática que tocar, cuando uno dibuja un disco va viendo qué puede faltar -detalla Marcelo Coulon-. Nos dimos cuenta de que estábamos pisando en un terreno bien nuestro, haciendo algunas cosas que no son las más típicas del Inti Illimani, buscando cierta sonoridad o ciertos ritmos que van de a poquitito haciéndose parte de nuestro repertorio”.

Ante todo, el Inti no abandona su interés en plasmar una reflexión. Una mirada profundamente humanista, es la que abre el disco con El Fuego de la Memoria, escrita por Daniel Cantillana y con música de David Azán, en una referencia a la esperanza en clave de poesía. “Como un fuego subterráneo que incendia en su rebrotar/desde las mismas raíces hasta lo alto del Tepual/El fuego de la memoria que no dejara de arder/Vieja luz que anunciará el amanecer”, canta el grupo con sus característicos arreglos vocales. A Jorge Coulon la letra le gatilló de inmediato una conexión. “Tengo un amigo que es un filósofo sufí turco con el que tengo una amistad desde hace ya varios años, y el texto me evocó inmediatamente, más que el sufismo, el sufismo es un fuego de la memoria, al Zoroastrismo, la cuna de las religiones monoteístas, donde claro, el símbolo o la ritualidad estaba en conservar un fuego. Y eso hace mucho sentido con la época actual. La gran mística no tiene edad”.

El Inti también se expande hacia la música de vocación bailable, en la animada cumbia Todo en ti, cuyo videoclip fue protagonizado por los actores Katty Kowaleczko y Daniel Alcaíno. Un trabajo delicado, que a su vez, remite a una idea que hay en el conjunto respecto al género ineludible en fiestas universitarias y fondas. Una mirada que ya han plasmado en temas como Sobre tu playa. “Nosotros tenemos una posición al respecto -subrraya Jorge Coulon-. La cumbia chilena dieciochera es un género nacional, pero de alguna manera mira la cumbia desde el punto de vista de la diversión, de la festividad. Pero la impresión que nosotros siempre hemos tenido conociendo de la música colombiana como la hemos conocido durante tantos años, es que hay una elegancia en la cumbia colombiana que de alguna manera se pierde en esta cumbia austral. Como que se nos sueltan las trenzas de la diversión y se pierde una finura y una elegancia que la cumbia tiene. La danza de la cumbia, es súper elegante”.

A tono con la historia del Inti, el disco contiene una reflexión contingente. Escrita en letra y música por David Azán, La Verdad no Obedece, plantea una mirada que podría remitir a Chile como a otros puntos del orbe. “Dicen patria escondiendo la espada, dicen paz invocando la ley/Pero el trigo no crece en la sombra y mi pueblo pueblo se postra en tu rey”, dice la letra, construida con imágenes de clara vocación poética. “Es una canción que tenía que estar presente de esa manera u de otra, pero en ese carril de expresión”, dice Marcelo Coulon. Por su lado, a Jorge Coulon, lo convenció de inmediato. “Yo la recibí con mucha alegría, como que hacía falta algo así -comenta-. Hemos ido derivando a una especie de tibieza general, de no pisar huevos, de no pisar callos, pero en esa deriva se han ido corriendo mucho los cercos también. Yo lo veo mucho como navegar en velero; de repente tienes que cargarte mucho para un lado, porque si no el velero se te da vuelta para el otro”.

También hay espacio para tributar a un viejo amigo del grupo, el fallecido Patricio Manns. En su memoria, Daniel Cantillana escribió La Copa Alzada, un tema de guitarra arpegiada que parece perfilar al cantautor y celebrarlo con un brindis a la eternidad. “No soy yo quien para escribirte un homenaje/Y la verdad es que te debo tanto y más/Siempre tus páginas te vi de los paisajes, de un mundo justo que hoy nos toca imaginar”, dice la letra. Y para remarcar la sorpresa, se oye al mismo Manns recitando un extracto de Sonata Solidaria, pieza compuesta para el film cubano, Cantata de Chile, de Humberto Solás. “Teníamos esa grabación que la hemos usado en más de una ocasión en los conciertos”, apunta Jorge Coulon. “La idea es que no se pierda nada de Patricio Manns”.

Manns también flota en otro momento del álbum. Originalmente, La Tramontana, era un texto del cantautor que nunca se grabó. Empeñados en recuperarla, David Azán, quien fue guitarrista de Manns durante 10 años, intentó reconstruirla a partir de sus recuerdos. Y allí ocurrió una coincidencia. El cantautor italiano Giulio Wilson, quien grabo el disco Agua junto a los Inti en 2023, se llevó a Europa un ejemplar de Cantología, el libro que reúne todo el trabajo en verso del hombre de Arriba en la Cordillera. “Y yo creo que intervino el Pato desde alguna parte, porque Giulio nos comentó ‘esta canción me tiene loco’ -recuerda Jorge Coulon-. Y nos mandó una idea de música. Y resulta que esa música que nos mandó tenía mucho que ver con la que recordaba David”. Ahí terminó de encajar.

Entre los surcos de Caminos, se escucha la voz de otro invitado; el precursor del trap chileno, Pablo Chill-E suena en Abya Yala. Una canción que hace referencia al antiguo nombre con el que algunos pueblos originarios llamaban al continente americano. Se trata de una composición con vocación de himno, que con sus trabajadas armonías vocales podría emparentarse con otros temas del Inti, como Simón Bolívar o América novia mía. El encuentro entre dos universos musicales, a primera vista muy diferentes, se gestó a partir de un encuentro. “El año pasado con Marcelo hicimos un trabajo en el centro cultural Shishigang, que se llamaba Paya y batalla, juntando la improvisación en décima con las batallas de rap. Fue una experiencia extraordinaria, aprendimos muchísimo. Entonces por ese lado teníamos el contacto”, explica Jorge Coulon. Al trapero le acercaron la idea, fue al estudio, escuchó la canción y luego envió su parte. “Hemos tratado de mantener un contacto que no siempre ha sido fácil, porque los prejuicios funcionan para un lado y para otro, digamos. Pero la buena disposición que él mostró inmediatamente, habla muy bien de la posibilidad de no crear mundos incomunicados”, agrega el músico.


-¿Cómo han visto ustedes la irrupción de gente joven que cultiva el interés por la música latinoamericana? De alguna forma, siguiendo lo que han hecho ustedes, o gente como Victor Jara…

Jorge Coulon: Mira, en general nosotros tenemos bastante contacto con juventud, por una parte a través de nuestra actividad con el colegio [NdR: Sol del Illimani] ahí en La Florida, pero también porque se nos acercan muchos cabros a conversar. Bueno, ya hemos vivido suficiente para saber que esta historia se repite cíclicamente, hay cosas que vuelven, cosas de las cuales uno se satura, y después la siguiente generación retoma. Nosotros mismos lo vivimos así, digamos. Entonces yo creo que viene una necesidad de identidad, sobre todo de saber desde dónde conversamos con el mundo. Porque si no, y voy a citar a Albert Camus, el sentido de no pertenencia, el sentido de lo que él llamaba el “de paysament”, el de no ser de ninguna parte, es tremendamente doloroso, especialmente para los jóvenes, que siempre andan buscando de dónde vienen. Entonces yo creo que se viene una generación interesante en ese sentido, nunca se ha interrumpido. Y ahora, por ejemplo, está el caso de este muchacho argentino, el Milo J, que tiene un perfil, una búsqueda …¿si escuché su disco? Sí, me encantó.

Marcelo Coulon: Nosotros crecimos con gente como el Víctor, gente que nos ayudaba a pararnos en el escenario. Entonces es como un deber nuestro que esos eslabones nunca se corten entre los artistas y tenemos que estar muy ligados porque de esa manera crecemos todos.


-Al principio hablaban de esta idea del camino, para el disco. Y uno ve a los Rolling Stones que acaban de sacar disco, a McCartney, es decir, gente alrededor de los 80 años ¿ustedes, que ya se acercan a esa edad, se han preguntado si ese camino continuará o le pondrán un final?

JC: Yo voy a cumplir 80 años el próximo año, entonces no me resulta tan lejano, digamos (rie). Yo creo que uno no se proyecta así, o sea, si me preguntabas hace 20 años atrás yo te habría dicho no, no me imagino a los 80 años. Pero hemos seguido, el grupo ha seguido con una vitalidad extraordinaria. Y si, con Marcelo hemos conversado más de una vez, en algún momento esto se va a terminar, o por propia voluntad o por voluntad divina. Pero es una pregunta que hay que hacerse nomás en el momento. Personalmente, hay cosas que me cuesta más hacer ahora, pero comparado con lo que yo me imaginaba que era llegar a los 80 años, me siento súper bien.

MC: ¡Yo tengo bastante menos que él! Ajaja (ríe) Lo bonito es que esto lo hemos conversado en el grupo muy seriamente, también con su tallita, porque es un tema que es bueno conversarlo. Si por una razón querida o involuntaria ocurre, la pregunta queda más bien al lado de los muchachos ¿quieren seguir? Porque ya no va a haber ninguno de los de antes. Y la respuesta es un sí absoluto porque hay muchas ganas de hacer cosas, muchas ganas. Lo difícil sería si estuviéramos ya viviendo de glorias pasadas, haciendo el mismo repertorio siempre sin creación nueva, ahí es cuando deberíamos todos colgar los botines. Pero este es un disco hecho aquí, en esta sala que tú ves salió todo, desde la primera nota hasta el último de los textos. Con esa fuerza, con esas ganas de hacer, hay Inti Illimani para mucho rato, estemos o no estemos. Eso se decide en el camino.

Mientras, Caminos estará disponible en formato de CD, vinilo y en plataformas digitales. El conjunto además se apresta a lanzarlo de manera oficial con una presentación en el Teatro Caupolicán, el próximo viernes 7 de agosto. Aquel será el punto de partida de una gira nacional, en la que grupo se presentará en Coquimbo, Calama, Arica, Iquique, Rancagua, Buin, Osorno, Puerto Varas, Temuco, Los Ángeles, Valdivia, Punta Arenas, Valparaíso, Chillán y Concepción, para cerrar en diciembre con sendos shows en el Nescafé de las Artes. “Queremos mostrarles todo el disco y que ojalá les guste, como nos gustó a nosotros -dice Marcelo Coulon-. Las puertas están más que abiertas para que esta buena idea que es Inti Illimani, tenga para rato”.





sábado, junio 06, 2026

Victoria Oakley, CEO mundial del gremio: La inglesa que vino a defender la industria discográfica del impacto de la IA

Victoria Oakley estudió diplomacia en Inglaterra, trabajó en Google y ahora dirige Ifpi. Cristián Carvallo


 El Mercurio

Cuenta que detrás del streaming , el vinilo es el formato más importante para los jóvenes, ya que les permite una conexión con sus artistas favoritos.

Por Sottovia Jara

Victoria Oakley, presidenta global del gremio que reúne a varios de los sellos discográficos más importantes del mundo, la International Federation of the Phonographic Industry (Ifpi), vino a Chile justo en medio de un debate surgido al alero del proyecto de Reconstrucción Nacional. Se trataba del polémico artículo 8, mediante el cual el Gobierno proponía liberar del pago de derechos de autor, por obras utilizadas para entrenamiento de inteligencia artificial (IA), a los dueños de plataformas. En la Cámara de Diputados no hubo respaldo.

“Estamos en contacto con muchos gobiernos alrededor del mundo y nos hemos dado cuenta de que varios gobiernos han retrocedido en tratar de establecer estas excepciones. Más recientemente en el Reino Unido, y en Australia. Y también aquí en Chile, lo que es una buena noticia”, comenta.

El argumento: “Si queremos tener buena música producida por humanos, producida por IA o producida por una combinación de los dos, necesitas comenzar teniendo buen contenido. Y si no pagamos por eso y no le damos el valor que tiene o que merece, entonces, si eso se devalúa, no va a haber interés en que la gente haga música o que sea artista o que produzca estos contenidos”.

Si bien el mercado local de consumidores de contenidos musicales es pequeño en el país, crece a tasas superiores a la media mundial. El streaming en Chile es preponderante, con casi US$ 85 millones, un 70% del total de ventas. El segundo lugar es el vinilo (crece a tasas cercanas al 40%), afirma Oakley. El fenómeno del vinilo ocurre pese a que sus principales compradores, los millennials, sean de una generación que con suerte nació con el CD, cuando era el formato estrella. La clave de ese comportamiento, indica la diplomática británica de carrera (49, casada en segundas nupcias, con cinco hijos “between us”, señala), es que los vinilos son más un objeto de atesoramiento físico de colección para estos jóvenes, que siguen escuchando preponderantemente sus canciones favoritas a través del streaming.

Sabe muy bien cómo opera la industria, como también Google, donde trabajó durante unos cuatro años, en lo que podría considerarse el “lado oscuro de la fuerza”, asiente, riendo, al ser consultada por este tema.

Su banda preferida son las Spice Girls, dice, porque, a su juicio, es el primer conjunto que no “habla en sus canciones acerca de conseguir un marido”.

sábado, abril 11, 2026

Marta Carrasco: Retratos de Familia

Marta Carrasco abrió un camino con sus ilustraciones con sello autoral. Archivo de Gráfica Chilena Biblioteca Nacional

 


El Mercurio


La pintura fue la primera vocación de Marta Carrasco, la acompañó toda su vida, pero la mantuvo oculta mientras sus ilustraciones se divulgaban en libros infantiles y juveniles. A casi 20 años de su muerte, se dan a conocer estas obras que guardó por décadas, y en las que retrató a su hija, nietos, hermanas… plasmando temas como la maternidad, la vida cotidiana y la familia. Ahora se pueden apreciar en la Sala Pinacoteca del Centro de Extensión UC.

Texto, María Cecilia de Frutos D. Fotografías, José Luis Rissetti Z.

La artista Marta Carrasco Bertrand (1939- 2007) fue de esos talentos que nunca quieren sobresalir más de la cuenta. Sus ilustraciones acompañaron la infancia de muchas generaciones que no supieron quién estaba detrás de los dibujos que aparecían en sus libros escolares, en sus cuentos favoritos, en el inolvidable Papelucho, Los Pecosos o Perico trepa por Chile. Y aunque desde hace una década se ha empezado a dar a conocer el aporte que hizo a la ilustración entre los 60 y 90, era su vocación como pintora la faceta que faltaba descubrir. Y es que la Martita, como todos le decían, siempre pintó, desde que entró a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile en 1959, pero recién ahora estas obras salen a la luz.

Lo hacen por medio de la exposición “La otra orilla de Marta Carrasco. Antología Pictórica”, que se exhibe en la Sala Pinacoteca del Centro de Extensión UC, curada por Rosa María Droguett, Claudio Aguilera y Hugo Palmarola. Una muestra que reúne cerca de 40 cuadros, un par de figuras de arcilla y la serie de dibujos inéditos “Mujeres libres” (perteneciente al Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile). Fue su hija, Camila Couve, quien puso a disposición este material, que corresponde solo a una selección de lo que encontró guardado en los clósets de su casa, apilados contra la muralla, y que ella nunca quiso ni pensó en mostrar. “Creo que cuando compartes una obra, esta deja de ser tuya, eso que trabajaste de manera tan personal e íntima, sin que nadie supiera... Mi mamá era cero pública, y en contraposición, le tocó divulgar sus ilustraciones porque era su trabajo, tenía que vivir; esto era distinto”, cuenta Camila.

Es entrar en la sala y darse cuenta de que se trata de un verdadero “álbum familiar”. En las telas de pequeño y mediano formato se reconocen niños, mujeres, hombres, todos retratados en situaciones cotidianas, en sus rutinas hogareñas, en momentos tiernos, alegres, tranquilos… como quien toma una foto de un instante sin mayor importancia, pero que logra así reflejar un modo de ver la vida sencillo y a la vez libre. Camila en todas las edades –la única hija que tuvo con Adolfo Couve, quien fue su marido entre 1961 y 1974–, sus nietas y nieto, sus hermanas, su papá, amigos, todos ellos forman parte de estos óleos que evidencian la gran pintora que fue la Martita, su genial manejo del color, la luz y el movimiento. “Ella miraba su entorno, a su familia en el presente, pero también en el pasado, muy desde lo personal”, dice Claudio Aguilera, jefe del Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile, que custodia 10 mil documentos de la artista, entre dibujos originales, bocetos y manuscritos.

Para Pedro Maino, curador de la Sala Pinacoteca UC –que busca consolidar la colección de la universidad con obras realizadas entre 1830 y 1950– esta exposición reconoce el lugar que merece la Martita dentro del ámbito artístico, habitando una sala por la que han pasado autores como Juan Francisco González y Ana Cortés. En estos cuadros ella plasmó los temas que le importaban: la infancia, la maternidad, la pareja, la adolescencia... en escenas que expresan toda la libertad que ella misma no tuvo por completo, al depender de dos muletas para caminar desde que a los 10 años le dio polio.

Al mismo tiempo, nada la frenó; mientras pintaba y dibujaba, también escribía y llegó a publicar cuatro libros ilustrados: con el primero, El club de los diferentes, ganó en 1984 el premio Apeles Mestres y fue invitada a la Feria del Libro de Bolonia; el último, La otra orilla, salió de manera póstuma. Trabajó con Marcela Paz y Alicia Morel, con distintas editoriales e incluso realizó los personajes de Tata Colores para TVN en 1992. “Ahora quiero que se sepa que mi mamá también era pintora. Pienso que no se puede tener algo tan bonito guardado. Y a lo mejor, no con su permiso, pero como dice Claudio, sí con su venia, que la gente lo disfrute”, agrega Camila.


“El espejo”, óleo sobre tela de 2000. Han registrado más de 100 obras, la exposición solo muestra una parte.

En sus pinturas hablaba sobre la maternidad y la infancia; siempre las guardó y no las quiso mostrar.

Fue una de las ilustradoras de Papelucho , hacia los años 80 y 90. Archivo de Gráfica Chilena Biblioteca Nacional

En este óleo de 2004 se pintó con su papá, Eduardo Carrasco.

A su hija Camila la pintó en todas sus edades. “La ilustración era su registro público; la pintura, su registro privado”.

Aquí retrató a su nieta Isidora, en Canarias, hacia 1987.




martes, enero 13, 2026

Melissa Aldana “La música es un motor que me ayuda a salir de las situaciones complicadas”

 
El Mercurio

Desde Nueva York, la saxofonista chilena habla de un proceso de cambio personal, del estudio como eje de su vida y de un nuevo disco de baladas en español que marca un giro en su carrera, justo antes de su regreso a Chile en febrero. Sobre el éxito que ha alcanzado en el jazz , asegura: “Para mí, siempre lo más importante ha sido tener el tiempo para estudiar y mejorar como músico”.

Por Juan Toro. Fotos: Travis Bailey, cortesía Blue Note Records.

El fin de año en Nueva York es frío. Para la saxofonista chilena Melissa Aldana, eso ya es parte de su vida. Desde 2010 que la ciudad se convirtió en su hogar y desde 2007 que vive en Estados Unidos. Aun así, extraña el calor veraniego de Chile.

—Llevo mucho tiempo aquí. Ya son 18 años —dice en una llamada el último martes del 2025, pocos días después de llegar de Europa, donde tuvo dos conciertos y desde ya se alista para la publicación de su próximo disco “Filin” el 13 de febrero, que viene acompañado de su regreso a Chile para dos conciertos en Viña del Mar el 17 y Santiago el 18 del mismo mes.

En estos años en Estados Unidos, con cinco discos publicados, Aldana se convirtió en una de las figuras más relevantes del jazz contemporáneo. En 2013 fue la primera mujer en ganar el Thelonious Monk International Jazz Saxophone Competition, en 2022 debutó en el prestigioso sello Blue Note Records y al año siguiente fue nombrada por la revista Downbeat como una de las mejores saxofonistas tenor del mundo.

Pero el paso de los años y los logros no han sido en vano:

—He cambiado mucho en estos últimos meses y como que me estoy viendo. Todos los pensamientos o recuerdos de cuando me mudé acá, de dónde estoy ahora, de lo que he logrado, de lo que estoy haciendo con mi vida… todo se pasa súper rápido. Es como verse a una misma y la separación del ego.


—¿Cómo se separa del ego en este momento de su carrera?

—Para mí, siempre lo más importante ha sido tener el tiempo para estudiar y mejorar como músico. Ese es el motor de todo, por eso necesito una carrera: para crear oportunidades y poder tocar y seguir desarrollándome.

***

A pesar de los hitos de su carrera, la música, para Aldana, no aparece como un resultado ni como una meta alcanzable, sino como un proceso continuo:

—Hay una parte del proceso en que imitas a alguien para entender lo que tú eres como individuo, y a través de eso entiendes quién eres y te transformas en ti mismo. Tuve que aprender a desprenderme de algunas cosas, también de la idea de lo que significa ser un buen y un mal saxofonista.

Lo importante, asegura, es la presencialidad:

—Aprender a estar en el momento cuando estoy tocando… cómo puedo estar lo más presente posible para poder contar la historia que estamos creando como músicos.

Cuando eso ocurre, dice, aparece una experiencia difícil de explicar sin que suene exagerada:

—Es como un tipo de telepatía entre los músicos, con gente con la que tocas mucho tiempo y que son muy buenos músicos, esa comunicación es mucho más profunda. Pero para lograr esa profundización como músico, tuve que hacerlo como persona y aprender a dejar ir cosas, tuve que parar de identificarme con mi historia y verlo como algo separado.


—¿Cómo puede separarse de su historia?

—Hay muchas cosas que pasaron cuando era niña que me marcan ahora como persona y que también me estancan como persona. Tuve que aprender a ver esas cosas dolorosas, verme a mí misma y soltar para ver quién soy realmente sin todo ese bagaje.

Ese proceso se reflejó en la música de manera natural. Es algo que había estado viviendo sobre todo al momento de incorporar nuevas influencias en sus composiciones y su interpretación:

—Yo tengo mucho de Coltrane, de Wayne Shorter, mucho de Sony Rollins, pero al final, todas esas personas son quien soy yo. Antes, cuando terminaba de transcribir a alguien, trataba de huir del proceso, de no escuchar a esa persona nunca más, porque era parte del pasado.


—¿Ya no?

—Me di cuenta de que la suma de todas esas personas es quien soy yo. Igual que en lo personal, creo que había corrido toda mi vida de quien soy, había estado en modo sobrevivencia. Estoy muy agradecida de que tuve la música, la pasión. La música es un motor que me ayuda a salir de las situaciones complicadas en que crecí para llegar donde estoy ahora.


—¿Es una búsqueda de la originalidad?

—Claro, pero al final lo que haces es único porque eres tú. Eso lo hace único.


—¿Y encontró lo suyo?

—No. Pero es parte normal del proceso estar cuestionándose el cómo puedes mejorar, incluso qué es mejorar. Es una parte un poco mística del proceso que tiene que ver con encontrar algo que no sabes qué es realmente. Pero ese es el proceso.

***

El día a día de Melissa Aldana está marcado por el estudio. No como preparación puntual para un concierto o una grabación, sino como una forma de habitar el tiempo. Tres o cuatro horas al día. A veces menos, cuando la logística lo impide. Pero siempre algo:

—Estoy constantemente estudiando de una u otra manera. Cuando estoy de gira siempre mantengo una horita o dos, a menos que sea realmente imposible.

Viajar —dice— es una locura: aeropuertos, vuelos largos, traslados que consumen el día entero. En medio de eso, estudiar se vuelve una forma de orden y de conexión con lo esencial.

—Estudiar y mantenerme cercana a lo que importa, que es la conexión con mi instrumento, me ayuda a conectar todo lo que estoy haciendo y a disfrutarlo.


—¿No cuesta hacer esas pausas a medida que el ritmo de vida se acelera por su carrera?

—Trato de pausar o tomar descansos y tener un balance. Estudiar es importante.


—Hace unos años decía estar más enfocada en practicar que componer. ¿Y hoy?

—Sigo en lo mismo. Pero también estoy escribiendo más y tratando de tener el balance, pero lo que en realidad me encanta hacer es tocar. Y escribir es algo que necesito para poder tocar más.

***

Hoy la atención de Melissa Aldana va a su próximo trabajo, algo que se sale del sonido que ha experimentado hasta ahora. Un disco de baladas en español que grabó en abril y que saldrá el 13 de febrero. Aldana lo describe como un momento de claridad, pero también como el resultado de un período exigente.

—Se me ocurrió grabar un disco de palabras, porque sentí que estaba lista para decir algo y quería profundizar en mi sonido.

La idea apareció en un momento complejo, marcado por relaciones profesionales desgastantes y una necesidad urgente de romper con ciertas dinámicas:

—Tuve malas relaciones con mánagers… y pensé “quiero hacer algo completamente diferente”.

Convocó a músicos con los que probablemente no volverá a tocar pronto, entre ellos el presidente de Blue Note, Don Was, que produjo el disco; el pianista Gonzalo Rubalcaba, el bajista Peter Washington y la vocalista Cécile McLorin Salvant. Grabaron todos juntos, en una misma sala:

—Grabé con amigos. Estábamos todos juntos, con audífonos, tocando despacito. Grabamos el disco y quedó muy lindo. Es un disco balada, pero realmente balada.

Para la composición, entró de lleno en el sonido cubano de las décadas del 40 y 50, en la mezcla del jazz y el bolero. El trabajo fue meticuloso. Transcribir, imitar, internalizar. Aprender las melodías como si fueran voz, incluso sin palabras.

—Cuando empiezas a poner el sonido más lento, empiezas a encontrar todos los detalles, los melismas, las pequeñas cositas que hacen que la voz de esa persona sea esa persona.


—¿Qué tanto difiere de lo que ha hecho antes?

—Es interesante aprenderse y tocar temas en tu mismo idioma, es diferente a los temas norteamericanos que suelo tocar. Hay una conexión más profunda, entiendo lo que dicen y lo siento. Así que cuando grabé, toqué las melodías, de lo primero que sentí y lo primero que se me vino a la cabeza.

***

Nueva York para Melissa Aldana no es solo el lugar donde reside. Es también la escena donde aprendió a hacer una vida. Se define como introvertida, pero capaz de construir relaciones profundas cuando hay una conexión genuina.

—No tengo muchos amigos, pero la gente que es mi amiga es como familia para mí. Y tengo la suerte de que muchos de esos amigos son también músicos o ingenieros con los que puedo trabajar. No soy parte de una comunidad específica, siento que soy parte de muchas comunidades.


—¿Y Nueva York ya se siente como el hogar?

—Absolutamente. Es un lugar difícil para vivir como músico de jazz, sobre todo lo que está pasando en estos tiempos. Pero yo tengo mi departamento, mi comunidad de amigos, hay muchos conciertos. Estoy además en una parte de mi carrera en que voy subiendo y es importante estar acá.


—¿No se vuelve muy competitivo?

—Sí y no. Aunque más sí, depende de la persona. En mi caso, mi mayor competencia la tengo conmigo misma, pienso en cómo puedo ser una mejor versión de mí misma. Si entras en la volada de pensar quién es el mejor e intentar competir con ellos, es diferente. Para mí no se trata de eso.

Aunque extraña Chile, admite que estar en Estados Unidos es lo que mejor funciona hoy profesionalmente:

—No podría vivir en Chile por una cuestión de carrera; si quiero seguir creciendo y mejorando, siento que tengo que quedarme acá.


—¿Y después de tantos años, qué queda de Chile en usted?

—Yo soy chilena y me siento chilena. Echo de menos Chile, el mote con huesillo, el calorcito, mi mamá y mis amigos. Pero hoy mi identidad es mitad chilena y mitad neoyorquina.

Al comparar Chile y Nueva York, para un músico de jazz, dice, las diferencias son gigantes. Pero no es solo por la industria chilena:

—El nivel de Nueva York es incomparable. Uno sabe cuando los músicos son de Nueva York, hay una energía, una fuerza en cómo tocan. Incluso dentro de Estados Unidos, comparando con otros estados, lo que sucede aquí es otro nivel. Eso no quita que en Chile hay muy buenos músicos.

***

A pesar de que Melissa Aldana está hoy entre las mejores del jazz, medir el éxito no es lo suyo. Al hablar sobre números, ventas, audiencias o premios, Aldana los ubica en un segundo plano:

—No es mi volada. Obviamente yo sé que todo eso es importante, si quiero tener una carrera y sobrevivir en esta ciudad necesito la plata y que me vaya bien, pero ese no es mi motor. Necesito números para que me vaya bien, para crear oportunidades y tocar… pero eso no es lo que está en mi cabeza.

El éxito, insiste, no llegó como una idea abstracta ni como un objetivo grandilocuente. Llegó como algo mínimo y concreto: estabilidad, calma, tiempo.

—Para mí, el éxito era poder tener un departamento en Nueva York y estar tranquila.

Esa forma de medir las cosas sigue operando hoy. Por eso, cuando piensa en el futuro, no habla de metas cerradas ni de conquistas definitivas. Habla de procesos que no se acaban.

—Tengo metas infinitas… termino algo y estoy pensando en lo próximo. Pero son metas como nuevas cosas que quiero estudiar, siempre me estoy preparando para algo y siempre siento que me falta. Eso siempre ha sido parte de mi felicidad.


—¿Pero no es síndrome del impostor?

—Es algo que tengo, pero creo que es parte de la vida de todos los artistas. Es diferente y tiene que ver con la historia de cada uno.


—¿Aun hoy con lo que ha logrado?

—Con los años va pasando y cambia, con el tiempo tu relación con esa parte tuya es diferente. Pero no desaparece, es solo una relación diferente. Cuando entiendes de dónde viene, entiendes lo que es, es un pensamiento que existe, pero no es lo que soy.


—Y después del síndrome del impostor y de los cambios de estos años, ¿quién es Melissa Aldana?

—Estoy explorando aún. Es una persona que está explorando y que constantemente está tratando de ver una situación desde diferentes puntos para poder crecer y aprender de los errores. Es una persona que está aprendiendo a sentirse segura de sí misma. Pero con tranquilidad, con amor y paciencia, es un proceso eterno.


Travis Bailey, cortesía de Blue Note

martes, enero 06, 2026

Denisse Malebrán “He aprendido que como artista no conviene opinar”

 




El Mercurio

El año pasado Saiko realizó una gira por todos los teatros de Arica hasta Punta Arenas y fue galardonado con uno de los premios Presidente de la República a la Música Nacional. Denisse Malebrán, su vocalista, repasa sus polémicas, analiza las políticas en torno a la cultura y dice sobre su carrera musical: “Antes tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo”.

Por Juan Luis Salinas T. Fotografías: Sergio Alfonso López.

Un sol vertical caía sobre el Patio de los Naranjos en el Palacio de La Moneda. Mediodía del jueves 18 de diciembre. Entre los muros blancos y con el sonido del agua de la fuente, más de un centenar de invitados se ubicaba frente al escenario donde se entregarían los Premios Presidente de la República a la Música Nacional y las Artes Escénicas 2025. Denisse Malebrán esperaba el inicio de la ceremonia. A su lado estaban sus tres hijas, su padre, sus compañeros de Saiko.

Cuando empezó el acto, el Presidente Gabriel Boric nombró a cada uno de los galardonados. Partió por el director de la Orquesta de Cámara de Valdivia, Rodolfo Fischer, que es reconocido en la categoría Música Docta; luego nombró al sonidista José Oplustil por Edición Musical, siguió con Héctor “Titín” Molina por su aporte al folclor y la tradición oral; y finalmente, en la categoría Música Popular, habló de Saiko. Boric los felicitó por la gira que el grupo realizó durante el año por los teatros municipales de Chile. Pero se tomó un momento para referirse a la vocalista de la banda.

“En Denisse uno reconoce ese artista comprometido, que no tiene miedo a decir su opinión, que a veces puede ser filosa, que a veces puede molestarles a algunos, pero al final de eso se tratan las opiniones, y acá no somos nada monedita de oro. Acá no estamos para caerle bien a todo el mundo, estamos para construir, para construir y muchas veces hay que romper huevos”, dijo Boric antes de entregarle el premio a la banda.

Tres horas después de la premiación, cansada, pero alegre, Denisse Malebrán comenta ese momento. La cantante confiesa que le sorprendió cuando hace tres semanas la llamaron del Ministerio de las Culturas para anunciarle que premiarían a Saiko, pero le asombró que Boric se refiriera a ella y a sus opiniones en la ceremonia.

—Me gustó que lo hiciera. En el fondo es como decir; hay una crítica y una persona que te hace cuestionarte. Eso no quiere decir que yo tenga razón, pero creo cuando alguien te dice las cosas desde otro lado, capaz que otras personas, no digo específicamente en caso del Presidente, piensen: “Sí, en realidad podríamos hacerlo de otra forma” o decir: “Aquí hay una visión distinta de lo que nosotros creemos que está bien hecho”.

En diferentes ocasiones y contextos, las opiniones de Malebrán han causado polémica en las RR.SS. Entre las más conocidas ocurrió en septiembre de 2020, cuando habían pasado once meses del 18 de octubre, la cantante criticó la violencia en la Zona Cero. Entonces se dijo que era “semaforista”, por llamar a no destrozarlos. A comienzos de enero de 2023 defendió el legado musical de Benjamín Mackenna, el vocalista de Los Huasos Quincheros que había muerto. Le cuestionaron que se definiera como mujer de izquierda y la acusaron de “avalar a un grupo pinochetista”. Otros reconocieron que separara la obra de la persona. El año pasado, en un pódcast, Malebrán comentó que en la gestión del actual Gobierno “a su parecer” existía una gran desorganización interna y que se había perdido el foco.


—¿Se considera una mujer de opiniones “filosas” como señaló Boric?

—Es cierto, pero juro que nunca me lo propuse. A veces se me olvida que lo que uno dice puede tener alguna repercusión. Aunque no me considero tan importante, sin embargo, sí me lo han hecho notar: he perdido amigos, la aprobación de algunos artistas que consideraba cercanos, porque a nadie ni a los músicos les gusta mucho que alguien opine tan distinto a ellos. Siempre que causaba algún impacto o me funaban o pasaba algo con alguna opinión mía, yo me sentía como súper torpe y que había un castigo por no decir lo que el resto está diciendo. Hoy le puedo dar otro significado. Estoy más vieja, ya dejé de ocupar Twitter (Hoy X) por lo mismo. He sido poco hábil al opinar demasiadas cosas que obviamente no me benefician a mí como artista. Me reconozco como alguien que está muy pendiente de lo social, de lo que ocurre y de lo que leo, pero he aprendido que como artista no conviene opinar. La mayoría no lo hace porque perderían auspicios, pero yo me fui al otro lado.


—¿De los ataques por sus opiniones, cuáles fueron las que más le afectaron?

—Sin duda reconocer a Benjamín Mackenna como un par y que merecía tener honores en su fallecimiento, fue lo que más caló en mi gremio. No se entendió que espero que ellos, independiente de sus opiniones políticas, reciban el mismo respeto. Yo no soy como los que operaban en dictadura que te censuraban y que no te permitían dedicarte a lo que tú hacías por lo que pensabas. Así como yo espero que se valore mi opinión y la de gente de muy izquierda o de centroizquierda, de cualquier tipo de izquierda, también pienso que lo merece alguien de derecha.

Denisse Malebrán luego agregará:

—Asumí que hay muchas personas a las que les molesto. Hasta hice una canción que se llama así. Son personas a las que no les gusta que otras les digan cosas. Creo que la posición de un artista es incomodar, pero no solo al poder, también a quienes son cercanos a lo que uno piensa y que siento que se están equivocando.


—Ha dicho que la sorprendió que Saiko recibiera este premio.

—No lo esperaba. Creo que me sorprendió que quienes eligen este premio se hayan centrado 100% en la música. Uno no está acostumbrado a que no se dejaran llevar por otros factores. Soy una persona de pocos amigos y a veces en esta industria sirve tenerlos en todos los ámbitos: es gente que te va a poner ahí, que sugerirá tu nombre para ciertas cosas. Todos sabemos esto. Además, no me imaginé ser merecedora de reconocimiento y porque después de muchos años de carrera dejé de esperar nomás. Siempre veo cosas buenas en lo que hacen los demás, pero me cuesta mucho ver lo propio. Sin embargo, este año con Saiko que habíamos hecho tantas cosas: la gira por todos los teatros de Chile que se llenaron… Este premio es como al valor de la perseverancia.

A finales de los 90, Chile era un escenario tosco para cualquier mujer con ambiciones en la escena musical alejada de las baladas, pero para las cercanas al rock o al pop los referentes eran pocos, comenta Denisse Malebrán.

—Fue un camino mucho más áspero, más tosco, sobre todo para mí como mujer, porque prácticamente no había bandas con mujeres. A principios de esa década estaba Colombina Parra, con los Ex. También Javiera Parra que lideraba Los Imposibles y estaba la Nicole, pero éramos como una del pop por allá y otra por acá, versus 55 artistas y bandas de puros hombres. Era un entorno donde tenías que validar constantemente que tenías opinión y que no eras solo una cara puesta ahí por un sello.

Denisse Alejandra Malebrán Soto desde niña se interesó en la música. La primera canción que se aprendió fue “la de la mochila azul”, una ranchera que le gustaba a su padre. Mientras cursaba su enseñanza media en el colegio “Sagrado Corazón de San Bernardo” con algunos de sus compañeros formó Turbomente, una banda que alcanzó a publicar un único álbum antes de su disolución.

—Mis compañeros de esa banda me fueron a ver a La Moneda —dice Denisse Malebrán y recuerda que para reunir la plata para grabar ese primer disco ella participó en “¿Cuánto vale el Show?” que entonces animaba Leo Caprile, tenía de jurado a Enrique Lafourcade, Eric Polhamer y a Marcela Osorio.

—Me fue bien. Partí ganando el día, después la semana, el mes, pero no gané la temporada —dice y reflexiona—. Uno de alguna manera se abre camino, pero en esa época era difícil. Hoy ya los cabros que hacen música pueden subirla a una plataforma digital y ponerla en el Spotify. Hay más espacios.

Cuando Malebrán salió de cuarto medio entró a Sociología, y en paralelo a la escuela de canto Projazz. A los veinte años tuvo a su primera hija, pero no abandonó sus intenciones de dedicarse a la música. A comienzos de 1999, trabajaba como vendedora en una tienda de discos en el Jumbo de Bilbao, seguía sus estudios universitarios y se hacía cargo de su hija, la cantante escuchó en un programa de televisión que dos exintegrantes de La Ley, Luciano Rojas y Rodrigo Aboitiz buscaban una vocalista para su nuevo proyecto musical.

Dice que ella asistió a las audiciones solo para conocer cómo trabajaban los profesionales. Improvisó una melodía sobre una pista musical. La selección tomó su tiempo. Se reunieron varias veces, le dijeron que estaba preseleccionada entre otras tres cantantes.

—Cuando me llamaron para decirme que era seleccionada fue como ganar el Loto. Dejé la disquería, la universidad, armé un circo para ser madre y estar en el grupo.

Tenía que grabar un disco, tenía que hacer fotos, videos, entrevistas, empezar a trabajar con ellos. Iba todos los días a más de 12 o 15 horas a grabar un disco que se concluyó entre mayo y septiembre. El disco salió en diciembre de 1999. Me cambió la vida de un día para otro. Me empecé a dedicar a esto, a ser músico profesional.


—¿Cómo recuerda su relación con sus pares de la época?

—Cuando partimos, en esta generación, no había nada. Ni los premios. Existían los Apes, que entregaban los periodistas. Entonces uno se acostumbró a ser un obrero, a estar trabajando, trabajando, y que nadie le diga que es bonito, porque lo que más recibe uno cuando te va bien es chaqueteo, no es un aplauso, digamos. Y cuando no te va bien, indiferencia. Entonces, en el fondo siento que cuando haces un camino largo como ha sido el de Saiko, te acostumbras a habitar ambos espacios. Los que vienen después de nosotros, al revés, están acostumbrados a todo. Al reconocimiento, hay 200 premios nuevos, los que dan aquí, por allá, los de los medios, los de la radio… de alguna manera la generación después de la nuestra llega a un terreno un poquito más simpático.

Denisse Malebrán recuerda que hace unas semanas se juntó con la cantante Nicole, a quien considera su compañera de ruta, y su hija que tiene 13.

—Ella me preguntaba cosas. Mira, le dije, si nosotras no hubiésemos sido buenas en lo que hacemos, jamás nos hubiesen pescado. Hace 30 años, si no eras bueno no podías hacer una carrera. No había nada en tecnología. Tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo. Y da lo mismo. A la gente no le importa. Por eso, que hoy nos reconozcamos entre nosotras tiene un valor doble.

—¿Siente que se hace justicia a lo que ustedes pavimentaron?

—Me queda la sensación de que los jóvenes, incluso los periodistas, hablan de la nueva generación del pop chileno como si hubiera partido con los artistas que vinieron después del 2000. El problema es que hacia atrás pareciera que no hubiera existido ni Saiko, ni Los Bunkers. Pero partió mucho antes, partió con Aparato Raro, partió con La Ley, partió con Los Prisioneros. Es como que un pedazo de la historia dejó de contarlo.

La cantante medita y luego agrega:

—Las mujeres hoy han tomado el control de la música chilena, pero a nosotras nos tocó abrir ese búnker a patadas. Creo que dejando de lado el fenómeno urbano, hoy las mujeres han sido las más atractivas en la última década musical chilena. No hay una figura que se compare con Mon Laferte. Siento que los hombres, en ese sentido, se quedaron en un sector un poco más parecido a lo que se hacía antes. Pero ellas son las que dan la novedad, las mujeres. La Fran Valenzuela, la Denisse Rosenthal, la Javiera Mena, que tienen un público impresionante.


—¿Qué le exige el público joven que no pedía el fan de los noventa?

—Hoy existe una cosa medio obsesiva de las nuevas generaciones de querer que sus estrellas estén, al menos, opinando igual con ellos. Dicen, por ejemplo: “Rosalía no dijo lo que yo quería, no se atrevió”. Yo me pregunto: “¿Por qué Rosalía va a tener que pensar como tú? ¿Qué es esa obsesión que tienen de que sus artistas tienen que ser como ustedes para poder admirarlos? Antes no existía esa presión. Es cierto que los Bunkers, los Saiko, hicieron la gira de Bachelet, pero nadie nos andaba persiguiendo para que lo hiciéramos.


—Tampoco existían las redes sociales que dan esa sensación de inmediatez.

—Siento que todos los cabros que han salido en los últimos años han conseguido un éxito demasiado rápido. Son cabros que están llenando un Movistar, o sea, nunca tocaron en un pub para hacerse conocer. A mí me parece impresionante. Y admirable en el tiempo. Los Jaivas se demoraron como 50 años en una situación como esta.


—¿Qué opina de la música urbana?

—Aunque al inicio la gente creía que era una moda, ya cautivó una audiencia completa a tal punto que es reconocida por la prensa especializada… Hubo un tiempo en que me preguntaba por qué era tan popular, ahora lo entiendo. Nosotros nos movemos en un espacio tan reducido, pero si cruzas más allá, te das cuenta de que estos cabros quieren tener un referente muy parecido a sí mismos, a sus aspiraciones… Veo el fenómeno parecido a lo que ocurre con los futbolistas. Tiene que ver con lo que representa el éxito de una persona que venía de la misma población y que lo logró con muy pocos recursos.

La premiación de Saiko en La Moneda no aplaca el espíritu crítico de su vocalista. Hace una semana José Antonio Kast fue elegido como nuevo Presidente de Chile, y la actriz está convencida de que esta transición será difícil para el mundo de las artes y la cultura.


—Son muchos los que han cuestionado al Ministerio de Cultura.

—Creo que había muchas esperanzas con que se hubiera hecho más cosas, pero siendo realista creo que era muy difícil que eso ocurriera. Era muy poco tiempo, porque los períodos presidenciales son cortos, para haber hecho todos los cambios que el mundo de la cultura quería. Por eso hubo tanta desazón, gente que se sentía triste, desilusionada. Creo que hay cosas que efectivamente no aportan. Pero no solamente están alojados en los presupuestos del Ministerio de Cultura. Hay cosas que a mi parecer se hicieron como una mala costumbre.


—¿Como qué?

—Hay como fiebre de ferias a la que van muchos artistas, pero mi pegunta es: ¿qué pasa, con qué fueron?, ¿los trabajaron después?, ¿le empezó a ir bien a ese artista que fue a esa feria en España, México, Colombia, donde sea? No veo un trabajo de seguimiento y tiene que haberlo para poder después ver el fruto del Estado que invirtió.


—Saiko ganó este año un fondo para financiar una gira por los teatros de Chile.

—Por primera vez en 30 años de carrera postulé a un fondo que gané para montar la gira de Arica a Punta Arenas, pero antes nunca me lo gané y no me lo tomé como personal. Ahora cuando gané un fondo para ir a regiones, lo agradezco porque el propósito es que la gente de Punta Arenas o Arica pueda ver el mismo show que en Santiago. Montarlo acá sale uno, pero llevarlo allá sale 200 por los pasajes y el equipo. El Estado debe ayudar a que la cultura llegue a todas las comunas y regiones, no solo a los mismos de siempre.


—Muchas figuras del arte nacional que son reconocidas, ahora critican la falta de apoyo en la vejez.

—Es súper triste envejecer en un país como Chile para cualquier persona. Mi padre era policía y trabaja de conserje, de guardia, porque no le alcanza la plata. Todos conocemos a alguien que es viejo y no le da la pensión. Entonces debe ser difícil para ciertos artistas, no haber cachado hasta que estuvieron esta edad que les ocurriría esto. Quizás pensaron que el país les daría un trato distinto, pero a todos los adultos mayores les pasa lo mismo. Yo creo que es indigno. No deberían estar trabajando.


—Pero hay casos de artistas que terminan en la miseria.

—Por ejemplo, a Zalo Reyes, que para mí fue y sigue siendo una las figuras más importantes de la música popular, nunca le dieron este premio a pesar de haber contado con el cariño del pueblo, pero no necesariamente con la aprobación de quienes son los que dicen este es bueno y este no. Me acuerdo que costó un mundo que a la Cecilia le dieran el premio. Y para qué decir con Valentín Trujillo, imagínate la cantidad de años que lo postulábamos para que se ganara el Premio Nacional de Arte, de música. Evidentemente la gente de la academia no se lo quería dar a él porque era popular.

Denisse Malebrán retoma la reflexión sobre la vejez de los artistas:

—Les pasa a los actores, les pasa a los músicos. Somos muy pocos los que podemos vivir de esto, muy pocos los que no necesitamos hacer otro trabajo, muy pocos los que llegamos con ahorro. Uno tiene que tener claro que va a llegar un momento en que no se puede producir como a los 50 años. Yo digo, a los 70 no voy a tener ganas de tocar como ahora. Yo me siento afortunada de poder dedicarme a la música porque tengo un público que me lo permite. Ese es el verdadero sustento que nos permitirá jubilarnos, porque ellos nos seguirán apañando los próximos 20 años. Hoy en La Moneda fue importante, pero mi realidad sigue siendo la de una trabajadora. Siento que no me deben nada.



martes, diciembre 30, 2025

Marco Antonio de la Parra “Siento que la muerte me visitó, que se sentó a mi lado”

 




El Mercurio

Los días más difíciles en sus 73 años vive el icónico dramaturgo y psiquiatra. En febrero de 2022, mientras Rusia invadía Ucrania, supo que sufría mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea por el que ya perdió vértebras y siete centímetros de estatura. Frágil, pero entero, aquí cuenta su calvario y por qué hoy el escenario y la escritura son sus armas secretas para desafiar a la muerte.

Por María Cristina Jurado. Fotografías: Sergio Alfonso López

Ligeramente encorvado, sus anteojos en la punta de la nariz, con siete centímetros menos de estatura y varias vértebras pulverizadas por su mieloma múltiple, —diagnosticado en 2022 a sus 70 años— Marco Antonio de la Parra, médico psiquiatra y dramaturgo, autor de más de un centenar de obras teatrales y con sillón en la Academia Chilena de Bellas Artes, vive días de homenajes. Al premio a las Artes Escénicas Nacionales Presidente de la República 2025, se unirá el tributo del Festival Teatro a Mil en enero, que abrirá con su obra “Mister Shakespeare”, un monólogo que él protagoniza, dirigido por Pablo Schwarz. Pero esta mañana radiante, De la Parra está lejos de honores. Arrellanado en un sofá, afable y entero, hace un balance de su vida. Lo resume en un solo concepto, después de cinco décadas de una carrera multifacética y atrevida:

—Siento que, si yo alcanzo a leer los muchos libros que tengo, ya soy bastante feliz. Pero debo decir que para mí la relación con Ana Josefa, la relación con mis hijos y mis hijastros... ¡sería muy ingrato exigirle algo más a la vida! Con eso ya, podría no escribir una línea más ni atender a un paciente más, ni nada. Aunque creo que atendería pacientes por algo que para mí es muy importante, que es la energía del cariño. Me gusta sentir que tengo un poder, un superpoder, esto lo conversamos con la María José Navia, que es muy amiga: ella dice que mi superpoder es transformar una idea en verde y darle una vuelta para que se convierta en obra de arte.

Se queda en silencio y su mente vuela a 2022.

A fines de febrero de ese año, volvía con su mujer, la periodista Ana Josefa Silva, de su habitual veraneo en Elqui. Él manejaba y, poco antes de llegar a Santiago, comenzó a sentir que le faltaba el oxígeno. Casi no podía respirar. En su casa se chequeó con su oxímetro y la oxigenación era muy baja. Dos años antes, había vivido lo mismo cuando fue hospitalizado por un violento covid-19.

De la Parra partió con su mujer a Urgencia de la Clínica Las Condes y, después de varios exámenes, le diagnosticaron un trombo en sus pulmones. “Un colega médico me dijo que no era covid, esto era una cosa de los huesos, tenía un mieloma que me lo detectaron en el esternón”. Aterrizó directo en la Fundación Arturo López Pérez, especializada en cáncer, donde tiene un seguro oncológico: una bendición, dice.

El dolor que sentía se volvió intolerable en pocas horas.

—Entonces no sabía que no podría volver a mi casa. Me dolían todos los huesos y todo el cuerpo. Hice cinco hospitalizaciones distintas ese año, por las más diversas causas. La más importante y saludable fue la transfusión. (…) El mieloma múltiple es pariente del cáncer, lo que hace es destrozar los huesos. No tiene cura, pero tiene tratamiento. Y el tratamiento es una transfusión de células madre. A mí se me encerró en una pieza como en una burbuja, estuve un mes encerrado ahí, me hicieron una sesión de quimioterapia. Salí a flote, después de haber estado psíquicamente muy tomado con esto de estar encerrado. Sin saber si viviría.

No entraban ni las enfermeras a su burbuja: el mundo estaba en pandemia y la inmunidad del dramaturgo había caído a cero. Los médicos le explicaron que la protección de todas las vacunas que había recibido en su vida, desde su primera infancia, se había esfumado. “Tuve que hacer todo el recorrido de nuevo. Me llaman por teléfono todavía por la de la varicela”.

Aún recuerda qué sintió cuando su encierro en la burbuja protectora terminó, después de treinta días.

—Es como si hubiera nacido recién. Hubo una sensación, después de esta experiencia de muerte, de nacer de nuevo. Fue muy fuerte sentir que quedaba atrás una experiencia absolutamente de muerte.

—¿Pensó en algún momento que se moría?

—Lo sentí, pero mi mujer me prohibió morirme. Pero yo sabía que tenía una sobrevida que dependía mucho de esa transfusión.

—¿Y qué pasaba si no resultaba?

—Bueno, me iba para el otro lado.

Habla de los registros de sobrevida de otros enfermos de mieloma múltiple en el mundo, que él ha estudiado en papers científicos en su calidad de médico. Dice que ella puede ir de cinco a 35 años. “Mi cuadro está estacionario. Gracias a la transfusión de células madre”.

Su enfermedad ha sido la experiencia más límite en sus 73 años de vida.

—Sentí mucho miedo. Mucho miedo. Mucho miedo cuando me hicieron el primer diagnóstico, antes de irme a la Fundación. (…) Después, acostado en ese hospital, yo veía que estaban bombardeando Ucrania y yo sentía que, al mismo tiempo, la enfermedad me bombardeaba a mí. En “Mister Shakespeare” hablo de eso, de la experiencia de muerte, que de alguna manera te hace más fuerte.

En 2024, cuando Marco Antonio de la Parra volvió a subir al escenario del Teatro de la Universidad Finis Terrae con “La Secreta Obscenidad de Cada Día” —una de sus obras más emblemáticas, que él coprotagoniza—, sintió que recuperaba su existencia.

—Noté, al salir recién de tener la afección, que me cansaba mucho, pero he ido recuperando la energía. Y se ha ido dando un fenómeno bien particular. ¡El teatro! Cuando subí de nuevo al escenario sintiendo que no volvía nunca más y que me despedía para siempre con “La Secreta Obscenidad de Cada Día”, ¡me vino una energía arriba del escenario que ni la kinesiología! Y es que yo era uno de los dos actores de la obra.

—Ya llevaba dos años enfermo…

—Sí, claro, y aún tengo dificultades óseas. Se me rompieron algunas vértebras y perdí siete centímetros de estatura. Y de pronto en el escenario… y esto lo saben todos los que han subido a él y han trabajado en esto, el teatro te da una energía, ¡te transformas! Yo estaba ya saliendo de la etapa aguda del cuadro, pero creía que no iba a poder actuar. ¡Y sí pude! Y después, cuando hice el “Mister Shakespeare”, que la vamos a estrenar el 3 de enero porque va a abrir Fitam como parte de un homenaje, ahí también soy actor. Ahí yo uso los defectos, la dificultad se usa.

Y es que De la Parra no para. Funciona de la mañana a la noche, en la Universidad Finis Terrae como curador de su cartelera teatral, como director artístico y profesor de Dramaturgia en su Escuela de Teatro: los alumnos se pelean por aprender a escribir bajo su ojo de lince. “Lo principal es que escriban y que aprendan a inspirarse, a trabajar. Para mí el desarrollo de la enseñanza de la dramaturgia ha sido de años y empezó en España, cuando era agregado cultural del gobierno de Aylwin. Me contrataron del Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas de España, para hacer clases. Y como he dicho muchas veces, todos los alumnos sabían más que yo”. Fue allí donde inauguró su célebre técnica del Maestro Invisible que aplica hasta hoy. “Descubrí una manera de trabajar muy tremenda. Yo trataba de estimular a los alumnos lo más posible y yo, desaparecer. Desaparecer, ser un ausente, alguien que estimula más que dice lo que tienes que hacer. Y ha funcionado”.

No es todo, a tres años de su diagnóstico de cáncer. Una vez al año dirige el Taller Internacional de Dramaturgia, que convoca a más de 200 alumnos de toda Hispanoamérica.

—La convocatoria es por internet y seleccionamos a los de mejor preparación. Los argentinos tienen una escuela tremenda, también los colombianos, los de México. Pero he tenido gente de todas partes y algunos chilenos, pero tienen que ser de calidad. En 2026 lo vamos a hacer en mayo, junio y julio. Pasan cosas muy interesantes y yo me la paso muy bien.

Cómo la energía le alcanza, es una pregunta que se intensifica cuando este psiquiatra cuenta que, cada tarde, atiende pacientes porque su consulta sigue activa.

—¿Todavía?

—Sí, por supuesto. Muy pocas veces he parado.

Su enfermedad lo ha obligado a explorar. No contento con sus clases, su consulta médica y sus talleres —además de actuar y escribir dramaturgia— De la Parra mira hoy con otros ojos a los niños víctimas de cáncer. Decidió escribir un libro.

—Espero escribirlo este año. Y es que los niños con cáncer viven experiencias mayores. Que una persona de edad tenga una enfermedad como esta me parece esperable, pero en los niños, me asombra. Es como un escándalo que un niño se enferme. Es de esas cosas que uno dice ‘esto no debería suceder'. (…) Yo he trabajado con niños y para mí han sido siempre un misterio.

Marco Antonio de la Parra dice que su afección reordenó sus prioridades. Lo que antes le parecía nimio, hoy cobra relieve y vigor. Las pequeñas tribulaciones se desdibujaron. Ha sido un terremoto interior.

—Le dio importancia a hacer lo que yo realmente quería hacer de una manera intensa. Creo que uno nace de nuevo. Nací de nuevo y con un vigor que yo no esperaba tener porque primero vino el cansancio, la dificultad de usar bastón y un arnés para poder enderezarme. He ido dejando el bastón con la kinesiología. Paso al kinesiólogo todos los días, dos veces a la semana por lo menos. Los ejercicios me han ido devolviendo masa muscular y movilidad. Debería ser más mateo todavía.

Dice que siempre odió la gimnasia. “Jugué tenis, mal; jugué fútbol, mal, pero apasionadamente. Me gustaba mucho, pero era pésimo, un desastre. Así y todo, era fanático y entonces era divertido”.

—¿Cuáles son sus prioridades hoy?

—Número uno, el arte, que volvió como una experiencia de estar en el mundo. Y, de alguna forma, el psicoanálisis también cobró otra dimensión al atender a mis pacientes. Cada paciente se transforma en una experiencia de vida en que intento transmitirle la misma experiencia de vida que yo tuve.

—¿Los atiende con más profundidad?

—Sí, definitivamente. Es como que yo viniera de morir, entonces los reinvito a la vida. A veces lo consigo.

Esa nueva mirada para atender enfermos lo ha acercado al psicoanálisis. Por la actual intensidad y profundidad de sus sesiones, decidió acotar el número de pacientes que atiende por día: de diez diarios que veía antes, ahora son máximo cinco o seis. También se cambió de barrio: cerró su antigua consulta de Marchant Pereira porque, dice, el entorno se volvió inseguro debido a las secuelas del estallido. Se trasladó a El Golf.

Vuelve a lo que es importante para él hoy.

—Como prioridad uno, yo colocaría el arte. El arte me dice todo, mi escritura. Y el arte como... eso que se habla de la salud mental. De que de alguna forma el arte también cura, el arte viene para estar entre nosotros y ofrecer cura. Ahora lo veo con mucha más claridad. Como algo que estoy haciendo, estoy aquí por ello, para ello.

Marco Antonio de la Parra eleva la mirada y muestra su living abarrotado de libros.

—¿Qué piensa respecto a la muerte?

—Hoy siento que no está. Siento que la muerte me visitó, que se sentó a mi lado, que estuvo conmigo. Fue en ese mes en que me metieron en la burbuja. Fue espantoso, no pude leer nada. Era octubre de 2022. Y… ¿cómo decirlo? ¡De pronto me deshice de la muerte! La muerte me estaba esperando a la vuelta de la esquina, pero de pronto se deshizo. Y eso fue después de hacer “La Secreta Obscenidad de Cada Día”. En ese escenario renací.