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martes, marzo 01, 2011

Margot Loyola: “Los hombres se convertirán en robots”


Musica.cl
Escudriñando entre sus recuerdos, Margot Loyola y Osvaldo Cádiz realizaron una geografía de la cueca nacional en su nuevo libro. Sobre el texto, las tradiciones y los modernismos, conversamos con sus autores.

Ya se sabe que cualquier acto literario en torno a la cueca o zamacueca en Chile es una buena manera de meterse en camisa de once varas. Bien lo sabía Margot Loyola y hasta ahora, a sus 92 años, había mantenido su pluma al margen. Sin embargo, el acervo de experiencias y memorias amenazaban con rebosar el dique.

Para el extenso trabajo llevado a cabo en La Cueca: Danza de la Vida y de la Muerte (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2010), un acabado estudio sobre este baile tradicional a lo largo y ancho del país, la acompañó como coautor por primera vez su compañero de baile y vida Osvaldo Cádiz Valenzuela. A poco de su estreno y prestos a relanzar el disco Otras Voces En Mi Voz (“el último de la Margot y no creo que grabe otro”, dice él) accedieron a desmigajar sus intenciones.

¿Por qué decidieron escribir este libro?

Osvaldo Cádiz: Lo que pasa es que por este largo caminar a lo largo y ancho del país, había muchísimo material en nuestro archivo.
Margot Loyola: Pero mucho más adentro de la cabeza, que no ha salido y es lo que estamos viendo ahora. En este libro viene solamente lo que estaba dentro de nosotros. Lo que está en los cuadernos, en la fotografía, eso lo estamos viendo ahora. Han sido muchos años. Consideramos que era un trabajo demasiado grande para nosotros, que somos primero que nada intérpretes. Fue madurando lentamente. Hasta que un día me dijo mi marido: ‘hoy empezamos a trabajar’. Tenemos todo un equipo detrás. Hemos tenido una música, Cristina Álvarez, profesora de la Universidad de Chile, tenemos gente que trabaja en la guarifaifa (computador), que le llamo yo, porque hay que chilenizar las cosas.
OC: Margot tiene un libro sobre la tonada (La Tonada: Testimonios Para el Futuro), que es el género musical más representativo de Chile. Después vimos que era necesario también hablar sobre esta maravillosa danza que es la cueca. Sabemos que el mundo de la cueca es un macro mundo que puede ser enfocado desde muchos ángulos y que nunca se va a terminar de estudiar. Así que aquí están nuestros testimonios.
ML: En fuente viva, se llama esta manera de trabajar. Ahí en la tierra, con los personajes. Abarcamos los tres estratos, y el señorito nos ha aportado mucho pero el campesino también. Toda la gente de Chile. Por donde íbamos mirábamos, bailábamos, cantábamos, preguntábamos y escribíamos. Así fue saliendo lentamente.
OC: Este libro va con 4 CD’s más un DVD. Hay 147 ejemplos de cuecas, una geografía musical del país. Nos dimos cuenta de la gran diversidad expresiva que tiene la cueca. No hay nadie que baile la cueca igual al otro. Hay rasgos comunes, pero en cada región tiene un acento distinto. Por eso en el DVD mostramos ejemplos de cuecas grabadas en terreno y otras de nuestros alumnos del grupo Palomar, que muestran muchos estilos y variantes. No pretendemos que esto sea lo máximo, sino sólo un aporte. Van a venir muchos más que tendrán que ir aportando sobre la cueca. Lo intersante es que hemos tenido la suerte de estudiar la marinera de niña, en Perú, y la cueca cuyana, en Argentina.
ML: Son iguales. Es impresionante.

Hay un tema que es bastante polémico siempre, que son los orígenes de la cueca. ¿Cómo lo tratan en el libro?

ML: Nos preocupamos, pero no entregamos el origen que nosotros creemos que tiene, porque trabajamos con los elementos principales que tiene cada danza, en su música, en su coreografía. Las coreografías circulares, que son lo primero que tuvo el mundo, aquí están, en la cueca. Se baila dentro de una circunferencia imaginaria, mitad para la mujer y mitad para el hombre. En el siglo XVI ya aparece en el mundo el estudio de la danza de parejas. Nosotros a través de la coreografía y los bajos vamos a culturas agrarias milenarias. (Arrastra los pies), la molienda, por ejemplo. Ahora, cuándo se forma la cueca. Nosotros aquí entregamos una versión, que es la más permanente, y entregamos una imagen que hemos llamado cueca esencial junto a 12 variantes. Las hay de 48, 52 y de 56 compases, que creemos que son las más antiguas.
OC: Es muy interesante estudiar la danza desde el punto de vista antropológico para ver los profundos significados que tiene, la simbología que encierra cada danza. Está muy relacionado con el espacio donde se gesta. La cueca es una danza concéntrica, es decir, bailas en un espacio y tienes que concluir la danza en ese espacio. No puedes moverte como en el tango. Y es una danza en la cual no se habla. Si bailas bolero, por ejemplo, puedes hablarle al oído a tu pareja. En la cueca no, es un lenguaje que se expresa a través del cuerpo, del movimiento del pañuelo, con la mirada, es un todo de comunicación entre el hombre y la mujer. Y ojo que hemos encontrado en algunas partes de Chile, que cuando no hay mujeres se baila entre hombres. Hay algo que nosotros llevamos como chilenos, en nuestro disco duro, que nos identifica con este baile.
ML: Según los antecedentes históricos, según los estudios de Carlos Vega, la cueca llega a Chile desde Perú en 1823.
OC: Y ha permanecido hasta el día de hoy. El pueblo se identifica con esta danza. Va a permanecer. Ahora, cómo se va a bailar en 50 años más, no lo sabemos. La cultura tradicional, las danzas y cantos tradicionales, es un sistema de trasplante, va de un lugar a otro, lo importante es que las comunidades las adopten y las adapten. En toda Latinoamérica se habla castellano, pero tú colocas a hablar a un argentino, a un colombiano, a un peruano, y los puedes identificar porque cada uno tiene un acento distinto. Eso es la tradición. Por ejemplo, nosotros ahora estamos trabajando con la Legua York, que trabajan con lo tradicional de las poblaciones. ¿Y qué son los raperos? Son los juglares actuales, son los cronistas de la época. Esos son los fenómenos que hay que observar.
ML: Nosotros estudiamos lo que cada comunidad reconoce como propio. Son las comunidades las que nos van dando el camino a seguir.

¿Qué opinan sobre ese dinamismo de lo tradicional, sobre los cambios que se ven en la actualidad?

ML: Yo siempre digo que la cultura tradicional es como un gran río formado por tres grandes afluentes: expresiones indígenas dadas por los pueblos originarios, todo lo que llegó de Europa y todo lo que tomamos de los afro descendientes.
OC: Pero esta cultura tradicional también tiene pequeños riachuelos que salen y se pierden y llegan otros que se mezclan. Recordemos lo que pasó con las batucadas, tuvimos un boom de eso, pero yo he estado observando algunas que todavía quedan y están tomando muchos ritmos de cuecas, como Banda Conmoción o Chinchintirapie. Incluso hemos visto artistas callejeros bailando cueca en zancos, y los llevamos al Teatro Municipal. Es interesante porque la gente joven está buscando expresarse con elementos que le son propios.
ML: Cuando yo llegué a la Universidad Católica, me llamaron y me dijeron ‘aquí no queremos nada popular, todo folclórico’. Yo les dije ‘¿y cómo separo?’. ¡No se puede separar! De a poco se han ido convenciendo de que primero hay que mirarse dentro, porque podemos estudiar de nosotros mismos muchas cosas que están con nosotros y que no las conocemos. Tenemos que estudiarnos a nosotros y luego mirar al entorno. Hablan tanto de fusión actualmente los compositores jóvenes. Bueno pero y qué fusión hacen. Hacen cualquier mazamorra en que nada es nada y se pierde Chile.

¿Les parece bien el tratamiento que se le da a lo tradicional en el Festival de Viña?

OC: Es que hay que separar, lo folclórico y lo tradicional no es comercial pero es permanente. Un disco de la Margot Loyola se va a vender en 100 años más. Un disco de la Violeta Parra se va a vender en 100 años más. El folclor siempre va a permanecer. En cambio, la industria comercial pasa.
ML: Es una moda. Viene y se va. No se profundiza en la tierra.
OC: Pero hay artistas que permanecen. Por ejemplo, Juan Luis Guerra es etnomusicólogo y conoce muy bien las raíces para hacer sus creaciones, cosa que no sentí con el grupo que continúa las aguas de él, el grupo Aventura.
ML: Hay muchos compositores nuevos que no se han interesado en aprender.

¿Y a qué atribuyen esa falta de interés?

OC: Yo creo que se está recuperando mucho el tiempo perdido en cierta etapa de nuestra historia en que había excelentes programas radiales y de televisión con música tradicional. Porque a veces se nos dice que el folclor o la música tradicional no le gusta a la juventud. Y yo me pregunto: ¿y cómo saben que no les gusta?
ML: Si no lo conocen. Cuando nacimos las Loyolas teníamos a la prensa, porque en El Mercurio me hacían críticas. Ahora la prensa no se preocupa del folclor. Para nada. Faltan periodistas especializados. Falta gente especializada en la Universidad.
OC: Yo he escuchado todas las canciones de raíz folclórica que se presentaron hasta el momento en el Festival de Viña. Algunas excelentes en contenido y letras. Pero curiosamente la que tiene más raíz, que es la peruana, fue la que obtuvo la peor nota.
ML: Las que tienen más raíz las dejan afuera inmediatamente. Porque no saben, no conocen. Es ignorancia.

¿Este libro viene de algún modo a cambiar eso?

OC: Nosotros no tenemos ninguna cruzada. Margot tiene un dicho: ‘el que quiera beber agua de nuestro molino que se acerque’. Ha habido grandes personas que han hecho grandes trabajos sobre la defensa de lo que somos, como Gabriela Pizarro, que nos dejó con un legado extraordinario. Ahora la gente joven la está recién redescubriendo. Fíjate en todo este boom que ha habido con Violeta, ella no lo tuvo en vida. Años atrás no se hablaba de la cultura mapuche. Ha sido de una labor de hablar en cada lugar al que vamos. Ahí la gente se va entusiasmando.
ML: ¡Si para muchos no había indios aquí en Chile! Pero cómo quisiéramos nosotros pensar como piensan ellos, conocer la naturaleza y tenerle el respeto que se merece, hincarse frente a un árbol que se va a cortar y pedirle perdón. Pero indiscriminadamente cortamos y cortamos preocupados del dinero y nada más. Ese es el pensamiento actual. Es impresionante. Los hombres se convertirán en robots y las máquinas no tendrán almas. Para allá vamos. Pero la tierra se está vengando.

Descarga gratis y legal aquí:
http://margotloyola.ucv.cl/lacueca/

sábado, enero 01, 2011

Margot Loyola y Osvaldo Cádiz envían saludo de Año Nuevo a Chile y al mundo


Academia Margot Loyola
En este cambio de folio, donde nuestro país llamado Chile sufrió diversas alegrías, pero también calamidades tremendas, todos los integrantes de esta prestigiosa Academia desean obsequiarles los mejores augurios para este 2011 que ya aparece y un fraterno abrazo de comprensiones y cariños. Y por supuesto, también nuestros distinguidos directores, Margot Loyola y Osvaldo Cádiz, quienes en la tranquilidad siempre inquieta de su hogar, no han querido estar ausentes en un momento tan especial:

Margot: “Necesito este espacio para poder enviarles un gran saludo a toda la gente de mi país; un mensaje especial para los mineros, quienes me tuvieron en vela por tanto tiempo, pensando y sufriendo por ellos y sus familias; una hazaña eso, de fortaleza y de aguante, para Chile y para el mundo”.

Osvaldo: “También a nuestras etnias, a la cultura rapanui, a los mapuches, a los patagones, a los afrodescendientes fundamentales para nuestro país y que están tan abandonados”.

Margot: “¡Bien dicho Osvaldito! Necesito saludar también a los feriantes, a los pescadores, a los artesanos, a los ovejeros, a los taxistas, a tantos y tantas; a toda esa gente hermosa y trabajadora de mi país que le pone el hombro de sol a sol para llevar sus chauchitas a sus casas, para alimentar a sus coltritos; también a la gente estudiosa de mi país, porque todos somos chilenos y los quiero a todos, de Arica a Magallanes…con sus islas preciosas.

No se me olvidan todos aquellos que nos quieren y respetan en el extranjero, un gran abrazo para ellos también, tanto mío como de Osvaldo…sabemos de sus sufrires y alegrías; de esto de estar lejos de su patria y de sus seres queridos, de sus tradiciones.

Quiero dar infinitas gracias también a la Academia y a todos quienes las integran, a sus familias, precioso el trabajo que están realizando en beneficio de nuestra cultura; están haciendo cosas increibles para mi pueblo, inpensadas en otros tiempos; felíz estoy por la ruta que han tomado, un gran abrazo para todos ustedes…mi corazón está contento mijito, emocionado pero felíz.

Felíz año nuevo a todos!”.



Foto: Emol

Nota: Julio Fernando San Martín

miércoles, noviembre 10, 2010

Obra acerca de la Cueca de Margot y Osvaldo, dieron vida a la Feria Internacional del Libro, a pesar de velorios culturales.

Margot Loyola

Este reciente domingo 7 de noviembre de 2010, la trigésima versión de la Feria Internacional del Libro realizada año tras año en la “Estación Mapocho”, Santiago de Chile; se vistió completamente de chilenidad; de su majestad la cueca, a través del lanzamiento de la obra más completa que haya salido a circulación durante todo el siglo XX y parte del XXI relacionado con el tema; macizo libro que tuvo por autores a los destacados maestros e investigadores del folclor Margot Loyola Palacios, y su esposo Osvaldo Cádiz Valenzuela.

Dicho parto cultural denominado “La Cueca. Danza de la vida y la muerte”, se realizó en el imponente espacio denominado “Sala del Arte”, a las 18:00 hrs., con un recinto repleto de amantes de la cultura y de la vida y obra de nuestra Premio Nacional de Arte 1994; siendo presentada por el destacado etnomusicólogo y Magíster en Artes, Sr. Agustín Ruiz Zamora; y el actual Presidente de la Academia Chilena de la Lengua, Sr. Alfredo Matus.

Esta interesante obra, consta de un poco más de 300 páginas, apareciendo 147 cuecas almacenadas en 3 Cd y un DVD, escogidas entre 400 temas investigados en terreno desde la década del cuarenta; siendo editado por Ediciones Universitarias de Valparaíso, perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, gracias a la siempre irrestricta fidelidad y apoyo para con Margot, “Profesora Demerita” de esa casa de estudios superiores por sus casi 30 años de docencia al interior de sus aulas.

En dicha ocasión, el musicólogo, miembro de número de la Academia Nacional de Cultura Tradicional Margot Loyola, Agustin Ruiz, destacó dicha obra diciendo:

“Este libro es carente de todo fundamentalismo, donde la cueca no aparece como perteneciente a alguien en particular; y donde Margot interpreta lo que es posible interpretar fielmente lo del otro con la beatitud necesaria de los rescatadores esenciales; acompañada siempre de su otro yo, Osvaldo Cádiz, con ese medio siglo de bailar y sentir con pasión la cueca juntos.

Los investigadores, por su parte, encontrarán en él una fuente inagotable de material; también quienes deseen conocer más de esta expresión popular”.

Por su parte, el destacado académico, Sr. Alfredo Matus, Presidente de la Academia Chilena de la Lengua, declaró a los atentos presentes:

“Hablo en nombre de la Academia de la Lengua. La cueca es poesía, es belleza, es lenguaje también; en ella, están todas las formas y todos los estilos de la literatura”. En cuanto a los autores allí presentes, espetó: “Son unos salvadores de la lengua viva, de los modos de decir tradiciones, de los testimonios del pasado, porque presentan la lengua intervenida, natural, anterior a toda academia…una faena de rescate y puesta en vigencia de especies culturales que de otra manera, se habrían perdido”. Finalizando con una esencial frase al decir: “Este libro es una obra de cultura, ciencia, y belleza”.

Claro que la fiesta recién comenzaba, fue así que el maestro Osvaldo Cádiz, se dirigió al micrófono para presentar diversas cuecas rescatadas por nuestro Chile fecundo en cultura tradicional (y donde el maestro tambien hizo gala de su talento como eximio bailarin), a cargo del Conjunto “Palomar” en música y danza, quienes estuvieron excepcionales al momento de las interpretaciones. Allí estaban sobre un mismo escenario, la cueca carnavelera de la zona de Tarapacá, como también la cueca maulina perteneciente a la zona central; una emotiva cueca de difuntos recordando a su angelito ido hacia los cielos; una cueca de Santa Cruz, perteneciente a la zona de Colchagua; otra infaltable, una chilota; y al finalizar, una cueca que mantuvo entusiasmado de principio a fin al público presente, denominada “Cueca de destreza”; huasos bailando sobre un simple tablón afirmado de dos caballetes soportes, con la maestría de siempre; para luego entrar a escena parejas, donde resaltaban las damas bailando una hermosa cueca con una botella sobre sus cabezas. Todo al servicio del arte y la cultura, en un emotivo y experto homenaje, tanto a sus maestros y fundadores, como también, a su majestad la cueca…y el público acompañándoles en todo momento en palmas y bailes.

Una magistral tarde cultural, la que en casi dos horas de muestra, logró lo que sólo estos autores y maestros ejemplares han sido capaces de estremecer y difundir a lo largo de sus fructíferos años de investigación; que muchos se encariñen más aún con nuestra propia cultura tradicional; y esta vez, en el marco de una feria tan importante para los autores escritores, como ésta de los libros.

¿Quién dijo que este tipo de lanzamientos tenían que ser aburridos? Quizás por ello, el destacado escritor nacional Pedro Lemebel, quiso agradecerles en persona tan magnifica entrega a la biblioteca nacional de todos los tiempos. Afuera, los cielos lloraban de emoción, al igual que los ojos de algunos presentes, sobretodo cuando la maestra asida al brazo de su esposo, les saludaba con un blanco pañuelo al viento, para luego lanzarlo en ofrenda hacia ellos…una tarde para no olvidar; una jornada épica vivida en esa sala que dejó “la vara muy alta”, en manera de presentaciones literarias…copihues para los maestros a nombre de la Academia.

NOTA: Julio Fernando San Martín.

FOTOS: Edgardo Villablanca.

El libro se puede descargar legalmente desde acá.

domingo, septiembre 05, 2010

Margot Loyola y Osvaldo Cádiz registran la cueca: danza de la vida y de la muerte

Selección Música tradicional identitaria


Los autores escucharon más de 400 piezas para llegar a una fina selección de 147, repartidas en cuatro discos y un DVD. En el año del Bicentenario, una completa investigación devela los secretos de su majestad, la cueca. Nicolás Rojas Inostroza
"Esta casa parece museo", dice Osvaldo Cádiz después de ofrecer té, café y pastelillos de Pica. En las paredes cuelgan diplomas, medallas, óleos y fotografías que dan cuenta de los más de 50 años que los dueños de casa han dedicado a "conocer el sujeto, ir descubriendo Chile a través de cada persona, y luego cantar lo que esa persona entrega".
Poco después del mediodía, la folclorista Margot Loyola Palacios, Premio Nacional de Arte 1994, aparece en escena provista de un pañuelo blanco. La cueca los convoca una vez más. Margot y Osvaldo se conocieron en 1958: ella oficiaba como profesora de cueca de un aplicado alumno con un pasado colérico-rockandrollero. El amor se gestó a fuego lento con una nutrida banda sonora de diversos parajes del país. Hoy, marido y mujer presentan un acabado estudio denominado "La cueca, danza de la vida y la muerte". Que comience el paseo.
Primer pie: de chilena a marinera
¿Qué tienen en común los funerales del actor Andrés Pérez, del dirigente comunista Luis Corvalán y del coreógrafo Patricio Bunster? A los tres se les bailó cueca en su último adiós. Osvaldo y Margot aseveran que "la cueca está presente en todos los actos de la vida del hombre, no solamente en la chingana; también está en el dolor".
En la introducción de "Danza de la vida y de la muerte" se promete abordar el cuerpo de la danza tangible y relatar las experiencias vividas en terreno. Las páginas iniciales contienen una severa advertencia: se hará el intento de decir lo intangible con palabras, partiendo de la premisa de que "serán siempre pobres".
El musicólogo argentino Carlos Vega consigna que la zamacueca logró rápida notoriedad en la Lima de 1824. Un año más tarde llegó a Chile y fue cálidamente recibida en los salones aristocráticos, para luego extenderse por todo el país. En la segunda mitad del siglo XIX se inició la creación de ingeniosas melodías originales. Con el paso de los años, el género fue víctima de la poderosa brevedad lingüística nacional, que la transformó en "cueca" a secas. Hasta 1879 fue conocida en Perú como chilena, pero el bélico contexto influyó en el cambio de nombre: desde entonces se bailaría marinera.
Son mineros de Chile, Perú y también algunos de Argentina quienes la llevan hasta California, durante la "fiebre del oro" de mediados del siglo XIX, donde se bailó esporádicamente. Nadie sospecharía que la cueca se arraigaría con tanta fuerza en los estados de Guerrero y Oaxaca, en México.
"La cueca no sólo ha sido andariega; ha sido navegante cruzando mares. La encontramos como cuyana en Argentina, como boliviana en Bolivia, marinera limeña en Perú, chilena en Ecuador, chiliena en Guatemala y chilena en Guajaca, México. Cada región le introdujo sus elementos", cuenta Cádiz, profesor del Ballet Folclórico Nacional.
Los autores del libro, que será publicado por Ediciones Universitarias de Valparaíso a principios de octubre, escucharon más de 400 cuecas para llegar a una fina selección de 147 repartidas en cuatro discos. ¿Cuál fue el criterio de elección? "Que fueran representativas de cada región. Luego analizamos la temática, encontramos de amores, desamores, florales, históricas, patrióticas, alusivas a las aves, picarescas, de denuncia. Después buscamos cuecas que tuvieran acompañamiento relevante, nos fijamos en la forma de cantar de la mujer campesina, entre otros aspectos, para fijar el amplio espectro interpretativo que tiene la cueca", responde Osvaldo Cádiz.
"Los hombres son los que más cantan cueca, sobre todo la del centro. En este momento, de lo que conozco, son mejores los cantores. Daniel Muñoz y 'Los paleteados del puerto' son estupendos", dice Margot junto a una taza de té. Su marido agrega que también "están Las Consentidas, Las Morenitas, Las Regalonas, Mirta Iturra, dúos mixtos y mucho canto coral en los grupos de proyección folclórica. En el sur predominan los hombres y en el norte desaparecen los textos".
Segundo pie: músicas chilenas
Margot recuerda sus viajes por América y las variantes de la cueca, pero se apasiona al recordar que "los bravos chilenos murieron todos. Ellos sabían de casas de niñas bonitas, de cuchillos, de una forma de hablar y de cárcel. No tocaban con banda, se juntaban a cantar, improvisaban. De esos tiempos sólo queda Luis Araneda, conocido como 'el Baucha'", apunta la profesora emérita de la Universidad Católica de Valparaíso.
Loyola inició un extenso sendero de investigación y recopilación en 1939 con sus primeros viajes a Alhué, Pomaire y Colliguay. La autocrítica ha cruzado su carrera: "Nunca encuentro bien lo que hago, siempre quedo un poco frustrada, porque no alcanzo el nivel que yo quiero". Para la comadre de Violeta Parra, los mejores parámetros para medir sus interpretaciones están dados por el juicio de los cultores originales.
Margot, de 91 años, ha recibido más de mil premios y distinciones que no caben en las paredes de su casa. Incluso quedó inmortalizada a todo color en un monumento de la plaza El Cachimbo, de Pica, en el que figura con su esposo en pleno baile de cachimbo.
¿Existe algún rasgo en común que nos permita hablar de música chilena? Tras reír un momento, Osvaldo Cádiz responde: "En instrumentos vamos a encontrar la guitarra desde el norte hasta la Patagonia, pasando por la Isla de Pascua, al igual que el acordeón. El compás de seis octavos, el tono mayor en la zona central del país y la menor en el norte. No existe una música chilena, es una sumatoria".
Tras una hora de conversación es tiempo de un yafutún. Es el equivalente, en mapudungún, al break tan de moda por estos días.
Tercer pie: el rap y el Bicentenario
Daniel Muñoz, Natalia Contesse y Gustavo Arias, líder del grupo de hip hop Legua York, son algunos de los peregrinos que visitan frecuentemente la casa de los folcloristas. "Lulo es mi ídolo, está haciendo clases y está muy bien valorado. Le enseñamos que había rap en la cueca y en la música de Isla de Pascua, y quedó sorprendido". Luego de la explicación, la investigadora cambia la voz y comienza a cantar con fuerza: "Huifa, rendija, la guagua, la mama, la hija, Rancagua, Pisagua, la chicha con agua, llora la guagua, debajo e' la enagua, debajo el refajo, ¡de arriba hasta abajo!".
Sobre el Bicentenario, la autora de "La Tonada, testimonios para el futuro" (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2006) asegura que lo estamos viviendo con pasión. "Me preguntaron qué querría para el Chile de 2110. Yo respondí: que la bandera esté flameando altiva, que la cueca tenga la misma nobleza que tiene ahora, que la bailemos siempre, que las cantoras sigan junto a sus guitarras por los campos de la zona centro-sur, que los pueblos originarios mantengan su cultura, que respetemos sus tierras, sus costumbres y su lengua".
Osvaldo es más crítico: "Yo esperaba que con motivo del Bicentenario hubiese un gran espectáculo. Que en lugar de ir a celebrar nuestro aniversario patrio a una ópera en el Teatro Municipal, se hubiera hecho un espectáculo con cantores de todo el país. Cada vez que hay un espectáculo así, se llena", dice el investigador con un dejo de resignación.
La del estribo: "Esta mujer trabaja mucho"
Margot y Osvaldo trabajan a todo vapor, provistos de una memoria contenedora de recuerdos y anécdotas clasificables por región. Viajan constantemente a Valparaíso y ya tienen dos proyectos en mente. El más próximo es la puesta al aire de 25 episodios de "Conversando Chile con Margot Loyola", que será emitido por diversas radioemisoras del país.
El segundo es la actualización del libro "Bailes de tierra en Chile". Margot cuenta con orgullo que "ya van 13 ediciones, se han vendido mucho. Ahora queremos hacer una publicación más diversa, en eso estamos, viendo lo mejor que tenemos en el repertorio". La tarea no es simple: hay más de medio siglo de archivos donde buscar.
"Parece que toda la gente se da cuenta de que estamos en el momento preciso de un cambio rotundo para defender lo que tenemos hasta ahora. Es como una desesperación", señala la folclorista. Mientras tanto, Osvaldo abre un disco de música tradicional chilena y sube el volumen. La voz potente del canto huilliche de Neddiel Muñoz invade la casa que parece museo. "Qué bien hecho está eso, qué fantástico", exclama Margot.
Por las ramas: las partes del libro
La publicación incluye un libro de más de 300 páginas que contiene transcripciones y un álbum fotográfico. En "Danza de la vida y de la muerte" aparecen canciones tomadas de diversos lugares del país (Pica, San Pedro de Atacama, Roma, Chiloé). Margot es cauta: "Yo creo que todo lo que canta el pueblo es muy difícil transcribirlo".
Como material adjunto, se editará un DVD con las variantes temporales de la danza y cuatro discos compactos. Los registros sonoros se dividen en dos placas con audios de archivo realizados en terreno agrupados en "La voz de la tierra", otro con interpretaciones del conjunto Palomar y el cuarto titulado "¿Qué les dirá mi voz?, cuecas por Margot Loyola".
El texto estará a la venta a comienzos de octubre.
La composición predilecta de Margot
El volantín?
Letra: Cristina Miranda
Música: Margot Loyola
Navegando va el Latorre
sí, sí, sí,
mi vida, desmantelada cubierta
sí, señora.
Navegando va el Latorre
sí, sí, sí,
mi vida, desmantelada cubierta
sí, señora.
Quilla herida ya sin vuelta
sí, sí, sí,
mi vida, a morir lejos de Pancho;
sí, señora
mi vida, navegando va el Latorre
sí, señora
Desde un cerro porteño
se fue cortado sí, sí, sí
un volantín azul y otro morado
sí, señora
desde un cerro porteño se fue cortado
sí, señora
Y otro morado, ay sí,
vuela muy alto, sí, sí, sí
remolcando al Latorre su acorazado
sí, señora.
Lo seguirá hasta el fin
el volantín, sí, sí, sí.


http://diario.elmercurio.cl/2010/09/05/artes_y_letras/musica/noticias/d6a70dde-a453-4e92-8392-7cd909f8aad1.htm