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martes, agosto 13, 2019
viernes, marzo 08, 2019
Elicura Chihuailaf explora la esencia musical de la poesía con Natalia Contesse
Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio
El escritor y la cantautora entablan un diálogo entre la oralidad mapuche y las décimas del Chile profundo.
"Siempre bromeo con que soy un músico frustrado, porque me gusta tocar la guitarra y he compuesto un poco. Cuando niño tocaba el lolkiñ , que es una trutruca pequeña que se aspira en vez de soplar", revela Elicura Chihuailaf (1952).
También su poesía ha tenido reverberaciones en este sentido; además de conquistar premios y lectores, ha sido musicalizada por compositores doctos y conjuntos folclóricos.
Y ahora este escritor nacido en la comuna de Cunco le da una nueva resonancia a su obra trabajando con la cantautora Natalia Contesse (1978), quien transita por el folclor y la fusión latinoamericana.
Juntos presentarán hoy el concierto poético "Esencial: Contesse & Chihuailaf", en el Teatro Nescafé de las Artes (21 horas, Manuel Montt 032, desde $10 mil). Un formato que llevan un año explorando y que ya compartieron con 5 mil personas en la Feria del Libro del Zócalo, en Ciudad de México, y también en gira por las regiones del Biobío y de Ñuble.
"Ha sido una experiencia muy buena; hemos ido ganando en nuestras perspectivas sobre lo que hacemos y hemos encontrado coincidencias profundas en nuestra preocupación por el agua y el bosque. Ha sido todo ganancia de vida", comenta Chihuailaf.
"Lo que nos convoca y alienta es la palabra poética, que no es solamente verso, sino también aroma, textura, color, gestualidad, movimiento, sonido. Entonces hacemos notar que cada cosa que se hace es poesía también, en el sentido más profundo, no solamente los versos", agrega.
Oralidad fundacional
El poeta adelanta que, en el escenario, él interpretará algunos cantos, para mostrar la melodía tradicional mapuche, y que también recitará, tanto en mapudungún como en castellano, para evidenciar que el concepto de oralidad está en el origen de todo. "Muchas culturas nacionales han ido olvidando que provienen de pueblos nativos y que por eso, sea cual sea su color, toda persona viene de la oralidad", expresa.
"En esta conversación está la voz de los antepasados nativos de este territorio, particularmente de la cultura mapuche a través mío, y con las cuecas y otros ritmos hermosos como la 'Breve invocación a los poetas', de Natalia, está el Chile profundo de la creación en décimas. Estamos mostrando que el diálogo es posible, y estamos dando cuenta de los vasos comunicantes que existen entre los seres humanos que queremos lo mejor para lo que amamos y que nos identificamos con un territorio", cierra Elicura Chihuailaf.
Cultura
El Mercurio
El escritor y la cantautora entablan un diálogo entre la oralidad mapuche y las décimas del Chile profundo.
"Siempre bromeo con que soy un músico frustrado, porque me gusta tocar la guitarra y he compuesto un poco. Cuando niño tocaba el lolkiñ , que es una trutruca pequeña que se aspira en vez de soplar", revela Elicura Chihuailaf (1952).
También su poesía ha tenido reverberaciones en este sentido; además de conquistar premios y lectores, ha sido musicalizada por compositores doctos y conjuntos folclóricos.
Y ahora este escritor nacido en la comuna de Cunco le da una nueva resonancia a su obra trabajando con la cantautora Natalia Contesse (1978), quien transita por el folclor y la fusión latinoamericana.
Juntos presentarán hoy el concierto poético "Esencial: Contesse & Chihuailaf", en el Teatro Nescafé de las Artes (21 horas, Manuel Montt 032, desde $10 mil). Un formato que llevan un año explorando y que ya compartieron con 5 mil personas en la Feria del Libro del Zócalo, en Ciudad de México, y también en gira por las regiones del Biobío y de Ñuble.
"Ha sido una experiencia muy buena; hemos ido ganando en nuestras perspectivas sobre lo que hacemos y hemos encontrado coincidencias profundas en nuestra preocupación por el agua y el bosque. Ha sido todo ganancia de vida", comenta Chihuailaf.
"Lo que nos convoca y alienta es la palabra poética, que no es solamente verso, sino también aroma, textura, color, gestualidad, movimiento, sonido. Entonces hacemos notar que cada cosa que se hace es poesía también, en el sentido más profundo, no solamente los versos", agrega.
Oralidad fundacional
El poeta adelanta que, en el escenario, él interpretará algunos cantos, para mostrar la melodía tradicional mapuche, y que también recitará, tanto en mapudungún como en castellano, para evidenciar que el concepto de oralidad está en el origen de todo. "Muchas culturas nacionales han ido olvidando que provienen de pueblos nativos y que por eso, sea cual sea su color, toda persona viene de la oralidad", expresa.
"En esta conversación está la voz de los antepasados nativos de este territorio, particularmente de la cultura mapuche a través mío, y con las cuecas y otros ritmos hermosos como la 'Breve invocación a los poetas', de Natalia, está el Chile profundo de la creación en décimas. Estamos mostrando que el diálogo es posible, y estamos dando cuenta de los vasos comunicantes que existen entre los seres humanos que queremos lo mejor para lo que amamos y que nos identificamos con un territorio", cierra Elicura Chihuailaf.
viernes, abril 27, 2018
Cantautora chilena Natalia Contesse actúa en La Habana
Prensa Latina
Por Yelena Rodriguez Velazquez
La Habana, 27 abr (PL) La cantautora chilena Natalia Contesse, una de las más importantes voces de la trova en la actualidad, ofrecerá hoy a las 19:00 horas de esta noche un concierto en Casa de las Américas, en esta capital, informaron los organizadores.
Coordinada por la revista cultural El Caimán Barbudo, esta presentación será la primera de Contesse en Cuba y el inicio de una apretada agenda de 10 días que incluirá conciertos y presentaciones en programas de radio y televisión.
Entre los encuentros previstos está su intervención el día 28 en el programa Cantautores de Radio, de la emisora capitalina Radio Cadena Habana, y un concierto en la peña Trovando, de El Caimán Barbudo, el 2 de mayo en el Patio Bar de los Estudios Areito de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem), en el municipio Centro Habana.
Estudiosa y fiel exponente del folklore chileno y latinoamericano, la cantautora será invitada especial además del programa televisivo La Pupila Asombrada, el viernes 4 de mayo.
Contesse es catalogada como una auténtica heredera de su coterránea Violeta Parra, continuadora de su sueño y fiel exponente de las tradiciones culturales chilenas, las cuales se ha dedicado a investigar y difundir.
Marcada por una poética de sonoridades diversas que trae la riqueza de los grandes cantores de su tierra, la joven de 39 años es una de las colaboradoras del disco Los Amores del Diablo Ilustrado, aún en proceso de edición por la discográfica cubana Egrem.
Además de Contesse que interpreta la pieza 'Oración por tu piel' en homenaje a Parra, en el álbum se reúnen otros exponentes de la trova cubana como Luna Manzanares, Yaima Orozco, Leonardo García, Frank Delgado, Ray Fernández y Eliades Ochoa.
jueves, septiembre 14, 2017
Maquinaria de sonido: la guitarra traspuesta en nuevas manos
El Mercurio
Fabiola González, Andrea Andreu, Vasti Michel y Natalia Contesse protagonizan este viernes, en Matucana 100, una cumbre del instrumento madre del folclor y sus múltiples finares campesinos.
"La tradición dice que existen 40 afinaciones para la guitarra, y al que se las sabe todas se lo lleva el diablo. Pero aun así, el diablo sabe una más", cuenta Sergio Sauvalle Echavarría, guitarrista, guitarrero e investigador, uno de los primeros que se sumergió en el estudio de los finares campesinos, vale decir, en las distintas afinaciones que la guitarra adoptó de España y adaptó por cinco siglos en los campos chilenos.
Esas afinaciones no regulares definen lo que se ha conocido como "guitarra traspuesta", lo que Sauvalle Echavarría denominó en su momento "guitarra chilena", un concepto genérico que vino a sintetizar las observaciones realizadas, ya en los años 80, durante sus viajes a terreno y estudios de bibliografía histórica. En 1992 llevó ese material al libro "La guitarra chilena", que sorprendentemente aún no ha podido publicar.
"Estudié la guitarra desde Coquimbo a Chiloé, donde está la gran mayoría de los trasportes: 'por la orilla', 'por encima', 'por escala', 'segunda alta', 'temple del diablo'. Se trata de afinaciones no temperadas que se crearon en los ambientes criollos, para sostener ciertos repertorios, cuecas centrinas o tonadas del Biobío, además de la tesitura de las cantoras. El repertorio es el que define cada afinación", dice.
Una muestra de estos finares, recreados desde la tradición, pero también transformados por nuevos nombres, tendrá lugar este viernes en Matucana 100 (21:00 horas, $6.000), con el concierto presentado como la "Primera cumbre de guitarra traspuesta chilena". Allí se reunirán como expositoras las sureñas Fabiola González (en la foto) y Vasti Michel, y las capitalinas Andrea Andreu y Natalia Contesse, en un concierto a la rueda: se trata de cantos por turnos y muestras de canciones originales, que utilizan esa maquinaria de sonido que es la guitarra traspuesta.
Pajarera y palomita
"Hace unos diez años se produjo un quiebre en la historia de la guitarra campesina. Tiene que ver con la aparición de esta generación de cantautoras, que la llevamos hacia la guitarra urbana. Evidentemente existen muchos viejos maestros que tocan con finares campesinos, pero aquí estamos presentando una renovación del repertorio, la sonoridad y la poesía", dice Fabiola González. Habitualmente ella utiliza los finares "por trasporte" y "tercera alta", además de la "palomita", que creó junto a la cantora magallánica Naara Andariega.
"Algunas afinaciones son fuertes y vigentes, otras han ido desapareciendo. Nosotras tomamos las que existen y componemos nuevas canciones. Yo uso la 'tercera alta', 'por trasporte', 'variante de trasporte' o 'la cuyana'. Según el lugar geográfico van cambiando de nombre, pero una las reconoce", dice Andrea Andreu.
La semana pasada, ella defendió una tesis titulada "Visión comparativa de las afinaciones de la guitarra tradicional en Chile, Perú y Argentina". En su investigación encontró 85 afinaciones en Chile y nueve que se comparten entre los tres países. Pero Chile es el único lugar donde a esta guitarra se le llama "traspuesta".
Natalia Contesse suele tocar sus canciones con la afinación "pajarera", que se puede escuchar en sus tres discos, mientras que Vasti Michel es la cantautora que más finares propios ha creado. En su disco "Pensamiento i frecuencia" (2012), elaboró un cancionero donde se registra qué clase de guitarra traspuesta utilizó para cada canción.
lunes, junio 26, 2017
Guitarra en mano: alumnas de Margot Loyola sacan la voz
El Mercurio
Andrea Andreu, Natalia Contesse y Claudia Mena lanzan sus nuevos discos. Las tres recogieron enseñanzas de la maestra del folclor en su casa de La Reina.
IÑIGO DÍAZ
Fue el libro "La tonada: testimonios para el futuro" (2006) el que vino a remecer la vida musical de Claudia Mena (1991), entonces estudiante de Pedagogía, a la vez que cultora de la cueca en el grupo El Parcito. "Yo estaba muy metida en el ambiente cuequero, las ruedas. Cuando encontré el libro de Margot Loyola, en la biblioteca del Pedagógico, me di cuenta de que había mucho más que aprender. El ritmo era parecido al de la cueca, pero la tonada tenía otra cosa, unos matices muy bonitos", recuerda Mena.
Cronológicamente, ella es la última de las últimas discípulas de la maestra de folclor fallecida hace dos años, a la que hoy se la recuerda con el Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios, del Consejo de la Cultura, y el Concurso Margot Loyola a la Música de Raíz, que organiza la SCD. Claudia Mena llegó en 2011 a su casa de calle Alcalde Rutilio Rivas, en La Reina, para recoger lecciones.
"Nos enseñó desde el primer día: nos daba repertorios, nos decía cómo teníamos que cantar y rasguear. Ella nos mostró la refalosa, el vals, la polka, el cuplé", recuerda Mena de esas visitas. "Tenía mucha fuerza, aunque el oído no la acompañaba mucho entonces. Era muy pícara. De cada tonada sacaba una historia", agrega la cantora, quien hoy está presentando su primer disco.
"Quisiera ser palomita" fue grabado en Bogotá, como parte del proyecto de registros del Diario Sonoro Latinoamericano. Expone recopilaciones y canciones propias, pero también tonadas recogidas por la maestra. Se le escucha sola con guitarra y un canto al auténtico modo campesino, sin ornamentos. En ese sentido, se asemeja al que fuera el último disco de Loyola, "Otras voces en mi voz" (2010), registrado con una guitarra, una silla y un micrófono.
La tía y la profesora
En cambio, Natalia Contesse (1978) está multiplicando su música desde esa raíz hacia otros universos en su tercer disco, "Diluvio", que estrenará en agosto, en el Teatro Nescafé de las Artes, con una banda mayor, con cuerdas, piano, trompeta, bajo y batería.
"Margot Loyola está muy presente ahí. La visité semana a semana por cuatro años para aprender, porque en un momento sentí que era completamente ignorante en cuanto a la música chilena. Componía cuecas por intuición no más", recuerda Contesse. "Ella fue la primera que me habló de la presencia afro en Chile. Me mandó a ver la Fiesta de los Negros de Roma. De ahí salieron canciones del disco como 'Cueca afro'. Margot era súper libre, me alimentaba la creatividad. Muchos folcloristas son muy rígidos, pero ella no era así", dice.
"La clave se daba siempre en torno a la conversación. Margot sacaba el rollo de mis inquietudes y según eso me enseñaba algo. Buscaba repertorio según mi registro de voz y mis intereses. Me mostró la guitarra traspuesta y ahí me entraron las ganas de componer", apunta Andrea Andreu (1980).
Desde pequeña conoció a Loyola. "Para mí era la tía Margot, no sabía que era importante. Iba a su casa en Macul con mis papás o ella venía a nuestra casa", recuerda Andreu. Sus padres se habían conocido bailando en el grupo de proyección folclórica Rauquén y luego formaron el conjunto Raíces, ambos consecuencias de las históricas Escuelas de Temporada, con que Loyola inició a muchos jóvenes en los años 50 y 60.
"Me ayudaba con la estudiantina que formé en la Universidad de Chile. Me decía, 'mijita, le tengo unas canciones. Venga a verme a mi casa'". Andreu grabó su disco "Legado" (2012), con muchas canciones recopiladas por Loyola. En octubre lanzará "Raíz", donde presenta diversas afinaciones que se usan en América. "Un legado importante es que me mostró que las herramientas académicas que uno tiene se deben usar fuera de la academia. Todo eso lo pongo al servicio del folclor. Margot está presente en todo lo que hago", cierra.
domingo, noviembre 17, 2013
Presentan documental sobre " La Carpa de La Reina" de Violeta Parra
Cancioneros.com
La cantora chilena Natalia Contesse acaba de lanzar el documental "La Carpa, un sueño Violeta" que narra la experiencia de Violeta Parra con la carpa que instaló en La Reina donde pretendía levantar "La Universidad Nacional del folclor".
Con idea original, guion, producción y música original de la cantora chilena Natalia Contesse y dirección de Gastón Orellana se presentó en Chile La Carpa, un sueño Violeta, un documental de 12 minutos que narra la experiencia de Violeta Parra con la carpa que instaló en La Reina, una comuna del sector oriente del Gran Santiago (Chile).
La Carpa, un sueño Violeta retrata desde la voz de quienes compartieron con la gran Violeta Parra, el sueño que concretó gracias a la ayuda de Fernando Castillo Velasco en el sector del Parque La Quintrala, en la comuna de La Reina.
Margot Loyola, Ángel Parra y Patricio Manns, entre otros, relatan las vivencias de este espacio que entre sus rincones guardó un fragmento mágico de la historia y el gran sueño de levantar la Universidad de las Artes Populares Chilenas.
Se da la circunstancia que Natalia Contesse fundó la Escuela Chilena de Artes y Oficios Tradicionales en el lugar en donde se ubicó la carpa de Violeta Parra, con la intención de continuar su legado de rescate, difusión, y educación de las distintas manifestaciones artísticas tradicionales chilenas.
La cantora chilena Natalia Contesse acaba de lanzar el documental "La Carpa, un sueño Violeta" que narra la experiencia de Violeta Parra con la carpa que instaló en La Reina donde pretendía levantar "La Universidad Nacional del folclor".
Con idea original, guion, producción y música original de la cantora chilena Natalia Contesse y dirección de Gastón Orellana se presentó en Chile La Carpa, un sueño Violeta, un documental de 12 minutos que narra la experiencia de Violeta Parra con la carpa que instaló en La Reina, una comuna del sector oriente del Gran Santiago (Chile).
La Carpa, un sueño Violeta retrata desde la voz de quienes compartieron con la gran Violeta Parra, el sueño que concretó gracias a la ayuda de Fernando Castillo Velasco en el sector del Parque La Quintrala, en la comuna de La Reina.
Margot Loyola, Ángel Parra y Patricio Manns, entre otros, relatan las vivencias de este espacio que entre sus rincones guardó un fragmento mágico de la historia y el gran sueño de levantar la Universidad de las Artes Populares Chilenas.
Se da la circunstancia que Natalia Contesse fundó la Escuela Chilena de Artes y Oficios Tradicionales en el lugar en donde se ubicó la carpa de Violeta Parra, con la intención de continuar su legado de rescate, difusión, y educación de las distintas manifestaciones artísticas tradicionales chilenas.
domingo, agosto 18, 2013
Natalia Contesse: «Chile es único en algunas cosas terribles»
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| Natalia Contesse. © Xavier Pintanel |
La cantora chilena Natalia Contesse acaba de publicar su segundo disco, Corra la voz, un álbum que respeta el canto popular chileno pero hecho con frescura, elegancia y toda la fuerza de la juventud de una alumna aventajada de Margot Loyola.
por Xavier Pintanel
Natalia Contesse es la heredera de las cultoras del canto campesino popular chileno. Hay un antes y un después en su carrera después de conocer a Margot Loyola —la Señora Margot Loyola, siempre dice Natalia para referirse a ella— y, sin ningún tipo de ruptura con la tradición, ha traído bocanadas de aire fresco en la forma de componer e interpretar este tipo de música.
Natalia acaba de lanzar su segundo CD en solitario, Corra la voz, un disco bellísimo ya desde su concepción gráfica y en el que se respira el aire de Chile de principio a final y producido con elegancia, finura y juventud. Juventud en un disco respetuoso con las raíces tradicionales.
Por casualidades de la agenda Corra la voz ha sido ya presentado en Europa y Natalia Contesse hará lo propio en Chile el próximo 28 de agosto en Ladrón de bicicletas.
Natalia Contesse.: "Yo me definiría como una mujer curiosa, una mujer que se trata siempre de romper las rutinas. Las instituciones me son muy ajenas —nunca he podido permanecer mucho tiempo en institución formal, lo he intentado y no me ha dado buenos resultados— sí en el tomar conocimientos pero no en el cual finalizar un ciclo."
Tengo una espiritualidad muy grande, en mi familia hay muchas historias dentro de las espiritualidades. Tengo una mente indagadora, de muchas preguntas, de una sensibilidad probablemente que me hace estar haciéndome preguntas, cuestionamientos. Una necesidad de estar en la naturaleza también, y de ir y venir entre la ciudad y la naturaleza. Tengo también una búsqueda muy fuerte frente al pasado. En cuanto a la espiritualidad y al oficio del trabajo necesito estar entendiendo los procesos de qué es lo que venía antes, cómo celebraban antes, qué valoraban antes. Tengo esta necesidad de estar mirando atrás también como para poder entender, integrar en la vida rápida de ciudad.
Quiero entender también qué es lo femenino, qué es lo masculino en este tiempo que vivimos en la competencia. Siempre como queriendo saber un poco más.
Tú empezaste de hecho haciendo música folklórica del mundo.
Sí. Lo primero fue una cosa más bien latinoamericana cuando empecé a cantar por una cosa también muy de necesidad —de gusto por supuesto—, y también por necesidad de trabajar y se me dio en ese momento la oportunidad de estar rodeada de personas que estaban haciendo un repertorio latinoamericano, cubano, colombiano, peruano, argentino —chileno también un poco— y dentro de esa necesidad por diversas circunstancias entré a cantar. Ese fue mi primer acercamiento a la música profesionalmente.
Luego me fui a vivir a Santiago —en ese tiempo yo vivía en el norte de Chile— y fui invitada a trabajar en un grupo que se llamaba Yamana y trabajaba la investigación para interpretar ritmos afro-mandingas principalmente y con algunas fusiones andinas, lo cual me pareció muy atractivo porque yo nací en Nueva Orleáns rodeada de gente de color.
Cuando este grupo empezó a practicar el latin-jazz, ahí a mí me pareció que no era el camino. Paralelamente a eso me invitaron a trabajar en un grupo que se llamaba Detucuna a Tutumba que éramos un trío formado por Juan Gronemeyer, que hoy día forma parte de Chico Trujillo, y Rodrigo Aros, que forma parte de HopPo!. Y eso fue hermoso porque amplió lo africano a la música de la India, Mongolia, Norteamérica. Juan Gronemeyer decía que esto era una música regresiva, y esto me gustaba mucho porque era también muy espiritual.
La cosa es que cada uno de los tres empezó a tener otras inquietudes: Juanito se fue más de lleno a la cumbia, Rodrigo con todo el tema de las flautas y yo que estaba haciendo músicas del mundo pero no sabía qué pasaba en Chile.
Y entonces conoces a Margot Loyola
Paralelamente ya había empezado a componer alguna cosita con aires chilenos, sonaba a tonada y a cueca, pero de tonada y cueca no tenían nada; era intuición no más. Entonces, después de un viaje a Bolivia en que tuve que armar un repertorio chileno —canciones de Violeta por ejemplo— y entonces me di cuenta que estaba tocando canciones chilenas y en verdad no sabía nada. Como que me sentí un poco irrespetuosa con lo que yo soy. Y después de ese viaje yo llegué y me dije "ya no pasa un día más sin saber qué pasa realmente en este territorio". Y fui a la Sociedad de Derechos de Autor (SCD), pedí el contacto de la Sra. Margot Loyola, la llamé por teléfono, estuvimos conversando, un poco le conté quién era yo, lo que quería. "Muéstrame de Chile, quiero saber que es la tonada". Ella me recibió con su marido Osvaldo Cádiz y a partir de ahí nos vimos semanalmente para ver libros, escuchar grabaciones, ella me contaba historias, quién está detrás de la música tradicional, el ciclo de la cosmovisión en el cual se levantó esta música...
Todo me resonaba mucho porque a través del folklore se juntaban mis inquietudes. Por ejemplo, viajando por Latinoamérica, conocí a una mujer muy importante que es una chamana ecuatoriana que se llama Carmen Vicente y estuve trabajando con ella más o menos 13 años y yo he aprendido mucho de ella. Entonces entiendo que el folklore puede unificar un poco mis mundos.
Entonces te reinventas.
Más que reinventarme me armo.
Y ahí empiezas a componer
Sí. Como te decía había empezado a componer antes de una forma intuitiva. Pero a partir de ahí empecé, como tú dices, a reinventarme en el sentido de componer en el lugar donde yo sé que tengo que estar. Para mí la investigación siempre ha estado al servicio de la creación.
Y entonces lanzas a los 31 años Puñado de tierra, tu primer disco
Había grabado antes un disco llamado Vena Raíz con un grupo del mismo nombre en el 2009. Eran canciones como las que te contaba de cuando fui a Bolivia, canciones instintivamente chilenas; todas compuestas por mí, más una tradicional y otra de Violeta Parra.
Pero ya en el 2011 se lanza Puñado de tierra mi primer disco solista; el disco que yo quería hacer, el disco que me representa.
¿Cómo se compagina ser una mujer urbana —vives en Santiago— con ser una cantora campesina?
Se compagina de una forma muy orgánica, muy natural porque como te cuento yo siempre estoy yendo al campo, a la montaña, tanto para investigar como para las ceremonias en las que participo.
Puedo estar cuidando el fuego todos los días, cuidando el agua, ayunando durante cuatro días y luego bajo, me ducho, me visto y ya estoy acá. Para mí también es muy natural esa vida. Creo que una cosa lleva a la otra. Para mi estar en el campo o la montaña con la naturaleza, coger los mensajes de la cotidianidad de la vida natural; es muy importante para mis composiciones. Traer a la ciudad la noticia de allá.
¿Por qué no has incorporado canciones del folklore en tus discos?
Porque tengo pensado en algún momento hacer sólo un disco de eso. A mí lo que me gusta es componer, pero estoy juntando varias canciones elegidas con pinzas del repertorio que he podido conocer en este tiempo y tengo la idea en el futuro de hacer un proyecto de hacer solamente tonadas y cuecas tradicionales.
Tú respetas las formas tradicionales —la cueca, la tonada— pero le das un aire muy personal.
Es lo más natural. Si bien es una búsqueda, sucede de una forma muy natural por lo que uno es en la vida. Probablemente también está el propósito de hacer algo nuevo pero en lo práctico, surge no más.
Se está produciendo un "movimiento" en Chile en donde en un mismo espacio y un mismo tiempo está saliendo un buen número de talentos con estilos muy distintos con el nexo común de ser chilenos, jóvenes y creo que incluso bastante amigos entre vosotros. ¿A qué se debe que se produzca esta explosión de talentos?
Para mi no es fácil esta respuesta. No puede ser casualidad y si lo fuera, qué hermosa casualidad.
Me parece que puede haber un hecho histórico-político claramente: el hecho de que sea un pueblo tan reprimido. Sabemos que Chile venía de ser un pueblo muy fértil artísticamente: el trabajo de Violeta Parra, de Víctor Jara, la internacionalización de su música, del folklore, el referente de la Nueva Canción Chilena. Estábamos como muy en la vanguardia creativa, musical, teatral, yo creo. Y fue tan fuerte la represión, la muerte, la persecución, la prohibición de la música folclórica, de todo aquel que quería decir u opinar, de sus sueños, de la justicia, de la dignidad…
Atahualpa Yupanqui en un libro llamado La voz del viento dice que a los cantores la música les llega del viento y que efectivamente en el viento hay como unas alforjas que se van llenando de contenido del que lloró, del que sufrió o del que estuvo reprimido. Entonces me parece que esa voz tan fuertemente callada por tantos años de represión, llenó estas alforjas de mensajes, de palabras, de melodías. Y da la sensación de que esta alforja se hubiese reventado en Chile.
Hay también una curiosa coincidencia y es que algunos miembros de tu generación habéis nacido o vivido vuestra infancia fuera de Chile. ¿Es posible que esto os haya dado una mirada distinta?
Todo viaje expande de alguna manera la mente, el espíritu. Yo llegué muy pequeña de Estados Unidos, pero algo me habrá influido, digo yo.
Recomiéndanos, por favor, alguno de estos nuevos talentos chilenos
Primero inevitablemente voy a irme a recomendar bajo la línea de mi trabajo, de la cosa más tradicional. Hay un grupo que salió este año elegido por el Sello Azul que se llama Las Primas. Es un grupo de mujeres muy interesante, mucho más tradicional que mi propuesta, pero sí componen cuecas hermosas y yo las recomendaría mucho para ver como una radiografía de las cantoras chilenas urbanas.
En esa misma línea hay un grupo que se llama El Parcito, que yo conocí a través de la Sra. Margot Loyola porque han estado estudiando con ella el último año. Con ellas es como viajar al pasado, es algo muy teatral.
Dentro ya de lo que podríamos denominar cantautores a mi me gusta mucho Nano Stern. Me gusta mucho su trabajo, he compartido mucho con él. Para mí es un hombre talentosísimo instrumentalmente, en la composición me gusta mucho también.
A parte de las dificultades que podrías encontrar que en cualquier país, ¿qué dificultades específicas has encontrado en Chile para poder desarrollar tu carrera?
La principal dificultad, a mi forma de ver, es la privatización de todos los teatros. Para mí un teatro es el honor a la música y la privatización de estos espacios los convierte en muy caros. Estar en un teatro es muy complejo porque arrendarlo es muy caro.
Luego especialmente para mí el tema de la cultura tradicional siempre es una limitación. No es lo que tocan en la radio que siempre van a priorizar el pop, el rock, el cantautor que tenga línea más rockera. Pero yo lo elegí así y no tengo que reclamar a nadie.
¿Se puede vivir en Chile de la música?
Se puede vivir en Chile en la música. Obviamente es complicado, no es una cosa estable. Yo, aparte de vivir cantando, tengo un proyecto que para mí es muy importante que es una Escuela Chilena de Folclor y Oficios.
Háblanos un poco de esta Escuela Chilena de Folclor y Oficios
Es un proyecto muy lindo. Para mí tiene un significado muy profundo. Yo soy de la comuna de La Reina donde Violeta Parra tenía instalada su carpa y paseando por allí me encontré con un edificio municipal que estaba abandonado y quise tomar este edificio para hacer una escuela de folklore. Y quise tomar un poco este sueño y esa energía de Violeta y nos dieron este edificio por ocho años.
Ahora que estuve en París me entrevisté con Ángel Parra porque queremos hacer un documental sobre la Carpa de la Violeta con los testimonios de todos los que estuvieron allí, los anónimos y los conocidos.
Acabas de lanzar, Corra la voz, tu segundo disco en solitario ¿En qué se diferencia este del primero?
Este disco tiene evolución pero también mantiene fuerte una esencia: la búsqueda de la composición a partir de de la tradición. Hay tres cuecas, hay décimas, hay tonadas, esta vez incorporé una refalosa, unas coplas nortinas. Están las guitarras traspuestas nuevamente.
Entre lo nuevo están los refranes. Me metí muy fuerte en el refrán. Los refranes son parte de la cultura tradicional en Chile y en otros muchos lugares y el disco está lleno de refranes. Los refranes son muy bonitos, muchos de ellos están escritos en octosílabos o en seguidillas, es decir están escritos en verso y esto no es casual. Por eso el disco se llama Corra la voz, porque el refrán siempre ha corrido a través de los pueblos. Los abuelos enseñaban a los nietos a través de los refranes, en el fondo son la sabiduría del pueblo. Digamos entonces que el refrán es el protagonista del disco.
También se suman instrumentos nuevos, por ejemplo hay clarinetes, en dos canciones trompetas, oboe. Hay en algunas canciones cuartetos de cuerda. En general tiene una energía más fuerte. Puñado de tierra era un disco más lineal en la onda de la energía, este como que va más arriba y va más abajo.
Has incorporado también Miren como sonríen, una canción de Violeta Parra
Es una canción muy fuerte. Todo lo que dice es sumamente vigente con lo que está pasando en Chile.
¿Qué está pasando en Chile?
Es muy fuerte lo que está pasando en Chile. El mundo nos está viendo como pioneros del libre mercado y Chile es el país donde hay más injusticia social, la calidad de vida es de las peores del mundo. Chile es único en algunas cosas terribles. Nosotros todavía vivimos con las leyes de Pinochet, no ha cambiado nada. Por ejemplo el tema de los recursos naturales: nada nos pertenece. Todo es un negocio en Chile.
La Concertación fue una dormida y han sido los estudiantes los que en el fondo despiertan a la gente.
viernes, julio 29, 2011
La nueva fuerza musical femenina
Wiken
Son la generación de recambio en Chile. Todas van en su primer disco y se hacen un espacio en un mundo predominantemente masculino. No son debutantes, pero sí primerizas en las grandes ligas. Tienen canciones en las radios y se saben diferentes. Lo fundamental: su hambre de gloria. María Colores, Carolina Nissen, Natalia Contesse, Evelyn Cornejo, Elena Venechi y Soledad del Río son la nueva savia de la música chilena.
Emilio Contreras
Dicen que no hay nada más peligroso que un grupo de mujeres con rabia.
Seis compositoras chilenas están hablando de música en una mesa rodeada de retratos de hombres, excepto uno solitario de Gabriela Mistral que mira atenta desde la pared. Una de ellas dispara: "Estoy harta de que los hombres dominen todo".
María Colores (29), Carolina Nissen (35), Natalia Contesse (33), Evelyn Cornejo (30), Elena Venechi (25) y Soledad del Río (29), seis músicos, seis cantantes, seis mujeres, reflexionan sobre el año más vertiginoso de sus carreras. En marzo supieron que serían parte de la nueva camada de artistas del Sello Azul, y desde entonces el trabajo ha sido intenso. Entrevistas, reuniones, grabaciones de videos, conciertos, viajes, los primeros autógrafos, los primeros fans, los primeros psicópatas y una larga lista de primeras veces se ha sucedido en menos de 150 días y a una velocidad que todavía las sorprende: "El otro día vi que en Facebook un tipo tenía en su foto de perfil un primer plano de mis pechugas... Lo eliminé al tiro. Ni ahí con ese rollo", dice Soledad del Río, vocalista y frontwoman de La Guacha, la única de las seis que encabeza una banda.
Además de la femineidad, a todas las une el momento que viven hoy: ya lanzaron su primer disco, tienen un single sonando en la radio, un video rotando en la TV e internet, sus nombres se repiten en el circuito de tocatas capitalino, y ya reciben los primeros y tímidos regalos de camarín después de romper uno que otro corazón tras sus presentaciones.
Las une también el ser protagonistas del resurgir de las mujeres en la música chilena: la presencia definitiva de compositoras en un medio históricamente marcado por hombres. De 12 proyectos que el Sello Azul escogió para su promoción 2011, seis son liderados por mujeres y no precisamente por azar. Todas son autoras. Todas son instrumentistas. Ninguna debutante.
Cuando tratan de enumerar sus referentes femeninos en la música local, ninguna lo hace con fluidez y sin repetir nombres. Y todas, luego de un largo diálogo a seis voces y al mismo tiempo, llegan a una sola conclusión:
-Eso estamos haciendo ahora nosotras: creando los referentes femeninos en la música chilena -dicen.

OVEJAS NEGRAS.
Natalia Contesse y Evelyn Cornejo son madres. La primera emigró de Santiago a los 19 rumbo al norte, a la II Región, con un hijo en brazos y una guitarra regalada al hombro. Allí trabajó en el campo y en ferias, en oficios que aprendió para subsistir. Tocó canciones, pasó la mano y recibió monedas. Ahí hizo suyo el repertorio latinoamericano que más tarde la definiría como artista. Viajó por Sudamérica participando en ceremonias de luna llena y de tabaco, siempre con su hijo. Integró agrupaciones de folklore. Estudió la historia y significado de la guitarra campesina. Se atrevió a componer canciones. Un día decidió probarse en un sello.
Evelyn, en cambio, se crió en el sur, en el Maule, en pleno campo, bajo la mirada de un padre machista que quería lo obvio: una hija casada, con hijos, en la casa, con un esposo amable y una familia tradicional. Comenzó tocando canciones de Fiskales Ad Hok, Los Prisioneros y Violeta Parra. Participó en festivales sureños. Se afianzó en su guitarra y su discurso. Escribió canciones en contra de Celco al mismo tiempo que cambiaba los pañales de su hija. Cuando su padre supo que ella quería ser compositora, el apoyo fue imposible. Evelyn marchó a Santiago a buscar suerte. A intentar que un sello chileno la integrara a sus filas.

-Imagínate lo que pensó cuando le dije que quería cantar. No estaba ni ahí con lo que estaba haciendo. Me vine del Maule a Santiago y he ido como una vez a verlo. Él no cacha lo que me ha pasado acá. No sabe de mi disco, que doy entrevistas, que estoy empezando una carrera a nivel nacional -dice Evelyn.
Cada dos años, el Sello Azul (propiedad de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor) realiza una convocatoria para la promoción de la música independiente. Entre octubre y diciembre de 2010, 450 proyectos postularon al concurso. El requisito mínimo: mandar un demo de 7 canciones originales. Los preseleccionados fueron a una audición en vivo ante un jurado especializado. Al final doce bandas y solistas firmaron el contrato, el que incluye la edición de un disco, un videoclip, la promoción y marketing de su música en medios de comunicación, y el patrocinio de sus presentaciones.

De las 5 solistas que ganaron el concurso, la más aventajada en edad es Carolina Nissen: valdiviana y profesora de música de la Universidad Austral, que hasta hace pocos meses ejercía su profesión en un colegio de Santiago. "Me era imposible hacer las dos cosas a la vez, así que renuncié. Ser profesora es súper sacrificado. Hay que tener vocación y yo no la tenía", dice Nissen.
Algo de eso existe en algunas de sus canciones como "Siempre igual", incluida en su primer disco homónimo reeditado hoy por el Sello Azul, donde habla de la monotonía y el encierro.
Parecido sentía Elena Venechi, el nombre artístico de Isber Rendiles, la más joven de las seis compositoras. También estudió pedagogía en música, en la Universidad Católica, y también se decepcionó en el camino. Nacida en Venezuela, llegó a Chile a los 11 años a iniciar su propia búsqueda. Cantó en coros cristianos y fue parte del programa "Rojo". Estudió danza, se lesionó el tobillo. Nunca fue buena para estar quieta y a ese atributo le saca partido hoy.

-Aquí te ayudan con publicidad y marketing a full. Pero al final del día tú tienes que moverte. No te regalan nada. A pesar de que estamos en el sello, esto también se trata de autogestionar cosas todo el tiempo -dice Elena.
FIESTA Y COLORES.
La sala SCD Bellavista está casi repleta. Madres con hijas, parejas de pololos, hombres mayores en abrigos de otoño. Todos están sentados a la espera del inicio de la función: hoy María Colores (María Magdalena Ortiz) y La Guacha tocan en vivo en el ciclo descubrelos.cl, iniciativa de la SCD para promover a los músicos del catálogo 2011, en el mismo escenario donde meses atrás audicionaron para firmar en el Sello Azul. En el público están Elena Venechi y Natalia Contesse.

María Colores entra a escena. Agradece, invoca la buena energía, dice que inundará la sala de colores. Horas antes diría que en su vida no escucha demasiada música, que le bastó con aprender acordes para expresarse, que el arte es lo más importante de un país, que la amistad con Chinoy la marcó muchísimo, que se ve en un tiempo más viajando por el mundo con una fundación, ayudando a cambiar las cosas.
Aplausos. Con dos músicos a su espalda, canciones optimistas, letras de amor y una voz nítida rompe el hielo inicial y promete que todos nos iremos de aquí más contentos.
Termina su show haciendo un cover de Bob Marley y tocando "Llamadas perdidas": su primera canción en radios tras varios proyectos musicales. Se va del escenario riéndose, como fue la tónica de toda su presentación. Los colores se van con María.
Una orquesta de seis músicos irrumpe en el escenario. Y antes de que las luces bajen, comienzan a sonar los acordes de "Virgen", una diablada nortina con matices de rock que sirve de telón para la entrada de Soledad del Río, con un pito en la boca y pistolas de burbujas. Luego bailará con un aro en la cintura. Y después venderá discos entre el público cuando el show esté por acabar. Esa noche vende ocho discos. A $5000 cada uno.

-La gente cree que esto no es un trabajo, que es un hobby. Creen que uno vive de aire. Esta es una pega como cualquier otra -dice Soledad.
Un cover de la orquesta Huambaly, una lambada y canciones de su primer disco "Virgen" animan el concierto. Se van entre aplausos, silbidos y una fiesta que se niega a terminar. Entremedio hubo boleros y soliloquios de Soledad. También una petaca de alcohol que simuló beber antes de entonar "Rancherita pa la mamita", el single e himno más pegajoso de la banda y que se encamina a ser un nuevo clásico bailable.
La sesión finaliza. El público se retira. Y la promesa se cumple: todos se van más contentos de cómo llegaron.
COMPAÑERAS DE CURSO.
Dicen que no son amigas de fin de semana, pero que se quieren como compañeras de curso. Los viajes y proyectos en conjunto han servido para eso. Como el ciclo de música en vivo que en las estaciones del metro brindan a los transeúntes. En junio, Natalia Contesse inauguró "Música de Estación": 192 presentaciones en vivo desde el metro subterráneo que hoy, 28 de julio, se coronará con un concierto colectivo, de las seis en un vagón completo, decorado con las carátulas de sus álbumes y que recorrerá la línea 1 por completo.
-Somos parte de un fenómeno en la música chilena y lo sabemos. Hay una apertura. Estamos dentro de eso. Y también en el nuevo rumbo de la escena local, con reconocimientos extranjeros -dice Soledad.
- Deberíamos hacer un concierto juntas, ¿qué les parece? -propone Carolina Nissen.
- Sí, hay que hacerlo, pongamos altiro una fecha -responde María Colores.
Las seis comulgan con estilos musicales distintos que a veces se mimetizan con los rasgos de su personalidad. Mientras Carolina es recatada y sumisa, Soledad es apasionada y provocadora. Mientras Natalia es crítica y metódica, María es apacible y relajada. Y mientras Evelyn es rabiosa y evasiva, Elena es estática y ajena.
Pero los estilos no importan al final del día cuando deben tomar rumbos distintos. Soledad dice que está atrasada y debe irse. Todas se levantan de la mesa para seguir con sus convulsionadas vidas. Lo hacen al unísono, como cuando tocan la campana del colegio y hay que ir a casa.
Soledad sale corriendo.
Las cinco le desean suerte.
Los discos de estas seis cantantes están disponibles en musicachilena.cl, portaldisc.cl ($5.500) y en Feriamix ($8.490).
Próximos pasos
La banda de Soledad, La Guacha, será una de las protagonistas del "Carnaval de la Cumbia", una cumbre tropical que se llevará a cabo en el Movistar Arena el 20 de agosto, mientras Natalia Contesse teloneará a Santiago del Nuevo Extremo en el GAM el 6 de agosto. Carolina Nissen acaba de colaborar en una canción del nuevo disco de Denisse Malebrán, al mismo tiempo que Evelyn Cornejo y María Colores acaban de confirmar sus actuaciones en "Rock Carnaza", el tradicional ciclo de música acústica de las Escuelas de Rock.
Emilio Contreras.
Son la generación de recambio en Chile. Todas van en su primer disco y se hacen un espacio en un mundo predominantemente masculino. No son debutantes, pero sí primerizas en las grandes ligas. Tienen canciones en las radios y se saben diferentes. Lo fundamental: su hambre de gloria. María Colores, Carolina Nissen, Natalia Contesse, Evelyn Cornejo, Elena Venechi y Soledad del Río son la nueva savia de la música chilena.
Emilio Contreras
Dicen que no hay nada más peligroso que un grupo de mujeres con rabia.
Seis compositoras chilenas están hablando de música en una mesa rodeada de retratos de hombres, excepto uno solitario de Gabriela Mistral que mira atenta desde la pared. Una de ellas dispara: "Estoy harta de que los hombres dominen todo".
María Colores (29), Carolina Nissen (35), Natalia Contesse (33), Evelyn Cornejo (30), Elena Venechi (25) y Soledad del Río (29), seis músicos, seis cantantes, seis mujeres, reflexionan sobre el año más vertiginoso de sus carreras. En marzo supieron que serían parte de la nueva camada de artistas del Sello Azul, y desde entonces el trabajo ha sido intenso. Entrevistas, reuniones, grabaciones de videos, conciertos, viajes, los primeros autógrafos, los primeros fans, los primeros psicópatas y una larga lista de primeras veces se ha sucedido en menos de 150 días y a una velocidad que todavía las sorprende: "El otro día vi que en Facebook un tipo tenía en su foto de perfil un primer plano de mis pechugas... Lo eliminé al tiro. Ni ahí con ese rollo", dice Soledad del Río, vocalista y frontwoman de La Guacha, la única de las seis que encabeza una banda.
Además de la femineidad, a todas las une el momento que viven hoy: ya lanzaron su primer disco, tienen un single sonando en la radio, un video rotando en la TV e internet, sus nombres se repiten en el circuito de tocatas capitalino, y ya reciben los primeros y tímidos regalos de camarín después de romper uno que otro corazón tras sus presentaciones.
Las une también el ser protagonistas del resurgir de las mujeres en la música chilena: la presencia definitiva de compositoras en un medio históricamente marcado por hombres. De 12 proyectos que el Sello Azul escogió para su promoción 2011, seis son liderados por mujeres y no precisamente por azar. Todas son autoras. Todas son instrumentistas. Ninguna debutante.
Cuando tratan de enumerar sus referentes femeninos en la música local, ninguna lo hace con fluidez y sin repetir nombres. Y todas, luego de un largo diálogo a seis voces y al mismo tiempo, llegan a una sola conclusión:
-Eso estamos haciendo ahora nosotras: creando los referentes femeninos en la música chilena -dicen.
OVEJAS NEGRAS.
Natalia Contesse y Evelyn Cornejo son madres. La primera emigró de Santiago a los 19 rumbo al norte, a la II Región, con un hijo en brazos y una guitarra regalada al hombro. Allí trabajó en el campo y en ferias, en oficios que aprendió para subsistir. Tocó canciones, pasó la mano y recibió monedas. Ahí hizo suyo el repertorio latinoamericano que más tarde la definiría como artista. Viajó por Sudamérica participando en ceremonias de luna llena y de tabaco, siempre con su hijo. Integró agrupaciones de folklore. Estudió la historia y significado de la guitarra campesina. Se atrevió a componer canciones. Un día decidió probarse en un sello.
Evelyn, en cambio, se crió en el sur, en el Maule, en pleno campo, bajo la mirada de un padre machista que quería lo obvio: una hija casada, con hijos, en la casa, con un esposo amable y una familia tradicional. Comenzó tocando canciones de Fiskales Ad Hok, Los Prisioneros y Violeta Parra. Participó en festivales sureños. Se afianzó en su guitarra y su discurso. Escribió canciones en contra de Celco al mismo tiempo que cambiaba los pañales de su hija. Cuando su padre supo que ella quería ser compositora, el apoyo fue imposible. Evelyn marchó a Santiago a buscar suerte. A intentar que un sello chileno la integrara a sus filas.
-Imagínate lo que pensó cuando le dije que quería cantar. No estaba ni ahí con lo que estaba haciendo. Me vine del Maule a Santiago y he ido como una vez a verlo. Él no cacha lo que me ha pasado acá. No sabe de mi disco, que doy entrevistas, que estoy empezando una carrera a nivel nacional -dice Evelyn.
Cada dos años, el Sello Azul (propiedad de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor) realiza una convocatoria para la promoción de la música independiente. Entre octubre y diciembre de 2010, 450 proyectos postularon al concurso. El requisito mínimo: mandar un demo de 7 canciones originales. Los preseleccionados fueron a una audición en vivo ante un jurado especializado. Al final doce bandas y solistas firmaron el contrato, el que incluye la edición de un disco, un videoclip, la promoción y marketing de su música en medios de comunicación, y el patrocinio de sus presentaciones.
De las 5 solistas que ganaron el concurso, la más aventajada en edad es Carolina Nissen: valdiviana y profesora de música de la Universidad Austral, que hasta hace pocos meses ejercía su profesión en un colegio de Santiago. "Me era imposible hacer las dos cosas a la vez, así que renuncié. Ser profesora es súper sacrificado. Hay que tener vocación y yo no la tenía", dice Nissen.
Algo de eso existe en algunas de sus canciones como "Siempre igual", incluida en su primer disco homónimo reeditado hoy por el Sello Azul, donde habla de la monotonía y el encierro.
Parecido sentía Elena Venechi, el nombre artístico de Isber Rendiles, la más joven de las seis compositoras. También estudió pedagogía en música, en la Universidad Católica, y también se decepcionó en el camino. Nacida en Venezuela, llegó a Chile a los 11 años a iniciar su propia búsqueda. Cantó en coros cristianos y fue parte del programa "Rojo". Estudió danza, se lesionó el tobillo. Nunca fue buena para estar quieta y a ese atributo le saca partido hoy.
-Aquí te ayudan con publicidad y marketing a full. Pero al final del día tú tienes que moverte. No te regalan nada. A pesar de que estamos en el sello, esto también se trata de autogestionar cosas todo el tiempo -dice Elena.
FIESTA Y COLORES.
La sala SCD Bellavista está casi repleta. Madres con hijas, parejas de pololos, hombres mayores en abrigos de otoño. Todos están sentados a la espera del inicio de la función: hoy María Colores (María Magdalena Ortiz) y La Guacha tocan en vivo en el ciclo descubrelos.cl, iniciativa de la SCD para promover a los músicos del catálogo 2011, en el mismo escenario donde meses atrás audicionaron para firmar en el Sello Azul. En el público están Elena Venechi y Natalia Contesse.
María Colores entra a escena. Agradece, invoca la buena energía, dice que inundará la sala de colores. Horas antes diría que en su vida no escucha demasiada música, que le bastó con aprender acordes para expresarse, que el arte es lo más importante de un país, que la amistad con Chinoy la marcó muchísimo, que se ve en un tiempo más viajando por el mundo con una fundación, ayudando a cambiar las cosas.
Aplausos. Con dos músicos a su espalda, canciones optimistas, letras de amor y una voz nítida rompe el hielo inicial y promete que todos nos iremos de aquí más contentos.
Termina su show haciendo un cover de Bob Marley y tocando "Llamadas perdidas": su primera canción en radios tras varios proyectos musicales. Se va del escenario riéndose, como fue la tónica de toda su presentación. Los colores se van con María.
Una orquesta de seis músicos irrumpe en el escenario. Y antes de que las luces bajen, comienzan a sonar los acordes de "Virgen", una diablada nortina con matices de rock que sirve de telón para la entrada de Soledad del Río, con un pito en la boca y pistolas de burbujas. Luego bailará con un aro en la cintura. Y después venderá discos entre el público cuando el show esté por acabar. Esa noche vende ocho discos. A $5000 cada uno.
-La gente cree que esto no es un trabajo, que es un hobby. Creen que uno vive de aire. Esta es una pega como cualquier otra -dice Soledad.
Un cover de la orquesta Huambaly, una lambada y canciones de su primer disco "Virgen" animan el concierto. Se van entre aplausos, silbidos y una fiesta que se niega a terminar. Entremedio hubo boleros y soliloquios de Soledad. También una petaca de alcohol que simuló beber antes de entonar "Rancherita pa la mamita", el single e himno más pegajoso de la banda y que se encamina a ser un nuevo clásico bailable.
La sesión finaliza. El público se retira. Y la promesa se cumple: todos se van más contentos de cómo llegaron.
COMPAÑERAS DE CURSO.
Dicen que no son amigas de fin de semana, pero que se quieren como compañeras de curso. Los viajes y proyectos en conjunto han servido para eso. Como el ciclo de música en vivo que en las estaciones del metro brindan a los transeúntes. En junio, Natalia Contesse inauguró "Música de Estación": 192 presentaciones en vivo desde el metro subterráneo que hoy, 28 de julio, se coronará con un concierto colectivo, de las seis en un vagón completo, decorado con las carátulas de sus álbumes y que recorrerá la línea 1 por completo.
-Somos parte de un fenómeno en la música chilena y lo sabemos. Hay una apertura. Estamos dentro de eso. Y también en el nuevo rumbo de la escena local, con reconocimientos extranjeros -dice Soledad.
- Deberíamos hacer un concierto juntas, ¿qué les parece? -propone Carolina Nissen.
- Sí, hay que hacerlo, pongamos altiro una fecha -responde María Colores.
Las seis comulgan con estilos musicales distintos que a veces se mimetizan con los rasgos de su personalidad. Mientras Carolina es recatada y sumisa, Soledad es apasionada y provocadora. Mientras Natalia es crítica y metódica, María es apacible y relajada. Y mientras Evelyn es rabiosa y evasiva, Elena es estática y ajena.
Pero los estilos no importan al final del día cuando deben tomar rumbos distintos. Soledad dice que está atrasada y debe irse. Todas se levantan de la mesa para seguir con sus convulsionadas vidas. Lo hacen al unísono, como cuando tocan la campana del colegio y hay que ir a casa.
Soledad sale corriendo.
Las cinco le desean suerte.
Los discos de estas seis cantantes están disponibles en musicachilena.cl, portaldisc.cl ($5.500) y en Feriamix ($8.490).
Próximos pasos
La banda de Soledad, La Guacha, será una de las protagonistas del "Carnaval de la Cumbia", una cumbre tropical que se llevará a cabo en el Movistar Arena el 20 de agosto, mientras Natalia Contesse teloneará a Santiago del Nuevo Extremo en el GAM el 6 de agosto. Carolina Nissen acaba de colaborar en una canción del nuevo disco de Denisse Malebrán, al mismo tiempo que Evelyn Cornejo y María Colores acaban de confirmar sus actuaciones en "Rock Carnaza", el tradicional ciclo de música acústica de las Escuelas de Rock.
Emilio Contreras.
domingo, junio 12, 2011
Natalia Contesse: Viaje a la semilla
Emol
Después de años de tomar rumbos desde la raíz afro y la fusión latinoamericana, esta compositora chilena viene a debutar como solista con un disco de inspiración campesina chilena: tonadas y décimas. "Uno en la ciudad no cacha nada", dice Natalia Contesse.
A grandes rasgos la vida completa de Natalia Contesse, o al menos la música que ha tocado hasta ahora, bien pueden ser consideradas un viaje emprendido desde lo general a lo particular, encaminado por naturaleza hacia Chile. Su apellido es de origen francés; es una mujer con doble nacionalidad, desde que es chilena pero fue a nacer en 1978 a Nueva Orléans en Estados Unidos, y países vecinos de América Latina han marcado su aproximación a la música.
La más reciente de estas estaciones es en cambio un disco inspirado por las tradiciones del folclor chileno, entre la tonada campesina y en la poesía popular en décima. Y es un nuevo comienzo además: Puñado de tierra (2011) se llama el primer trabajo de Natalia Contesse como solista, al que ha llegado tras un itinerario por las estaciones sucesivas de la música de raíz africana y asiática, la fusión latinoamericana, la cueca, la poesía popular, la tonada y, como resultado, la composición de sus primeras canciones.
La tonada "Ay que sí, ay que no" ya circula en un videoclip como primera presentación del repertorio de esta cantante en su disco, que llega a solista además después de haber integrado una serie de agrupaciones como Los Obreros del Ritmo, Tribu Raíz, Orixangó, Yámana, Detucuna Atutumba y Vena Raíz, un grupo de fusión de músicas latinoamericanas y de otros orígenes con el que publicó el disco Vena Raíz (2008).
El tramo definitivo del viaje se inicia en 2007, cuando llegó con ese último grupo a La Paz y se conectó allá con la música chilena y con Violeta Parra en particular, por la invitación de Vena Raíz a la Feria Internacional del Libro de Bolivia, con Chile como país invitado. A su regreso Natalia Contesse estuvo lista para una seguidilla de encuentro determinantes en su futura vocación, entre Manuel Sánchez y Alfonso Rubio, ambos cantores a lo poeta; Margot Loyola y Patricia Chavarría, ambas folcloristas.
Encuentros con mujeres y hombres notables
Como parte de esa búsqueda ya en 2002 Natalia Contesse había asistido a un taller con Manuel Sánchez, guitarronero, cantor y payador, que motivó los primeros rasgueos de cueca que años después podría en el disco de Vena Raíz.
La cueca es una exploración que profundizó en 2009, al formar un grupo con compañeros como Dángelo Guerra, Juan Pablo Muñeco Villanueva y Carola Gutman. "Fue una experiencia súper buena, porque tenía que tener repertorio para la noche, me aprendí hartas tonadas de la tradición". Pero la cueca tampoco fue la última palabra.
-Era un mundo, pero había todo un personaje del roto o el bravo un poco estereotipado en el que los mismos músicos se ponían, y me daba cuenta de que no era el lugar tampoco donde quería expresarme. Y esto de gritar… porque también quiero escribir letras y que la gente pueda escuchar. Para mí es súper importante la palabra. Por eso también me ha gustado estudiar las formas métricas: la décima, la tonada, las distintas maneras de componer que tienen todas. Y busqué qué más hay.
En paralelo a la cueca la cantante se encaminó a la tradición del canto a lo poeta y la décima como expresión de esa poesía popular. Se enroló en un taller con el payador, cantor y guitarronero pircano Alfonso Rubio y emprendió visitas a la ciudad de Pirque, en la zona sur de la Región Metropolitana, en paralelo a la escucha de Violeta Parra. "Don Alfonso me enseñó varias entonaciones, melodías, y empecé a componer melodías para hacer décimas, escuchando a la Violeta (Parra)", explica. Y un paso siguiente, ya en 2009, fue conseguir el teléfono de Margot Loyola.
-Sin conocer prácticamente casi nada del trabajo de la señora Margot Loyola la llamé y le dije "¿puedo ir a verla? Necesito aprender" -recuerda Contesse que dijo a la maestra-. Fui y ese día mismo me quedé como tres o cuatro horas conversando con ella, de la vida, de la tonada, de que existe algo que se llama cantoras campesinas, que la guitarra se afina de otras maneras. Tuvimos feeling, tuvimos onda, se fueron dando las cosas, estaba la prosperidad de los encuentros para acceder a información de música chilena.
-¿Fue una sola vez?
-No, pues, de ahí nunca dejé de ir, hace dos semanas estuve allá. Ellos (Loyola y su compañero, el folclorista Osvaldo Cádiz) están en gestión súper activa de trabajo, formulando proyectos, están súper pila. Siempre que tengo preguntas sé que tienen mucha información de todo. Piensa que (Margot Loyola) tiene 94 años y desde los quince estuvo en los campos, aprendiendo, tiene historias de todo tipo.
-¿Qué importancia tuvo ese encuentro para ti?
-Ahí entré en la dimensión del rol de la mujer en el folclor. Y fue como una señal, la trilogía: mujer, canto, guitarra. Tonada, mujer, guitarra. La cueca, mujer, guitarra. La mujer está siempre con su guitarra en los hitos importantes, tiene que ver con el rol de una mujer en la comunidad, con cómo la cantora retrata los momentos, su conexión con el campo, los elementos, la cosecha, el agua, el amor, el desamor. Que era su forma de expresar todo su quehacer, su sentimento. Me resonaba profundamente.
Margot Loyola fue a su vez el nexo para conocer a Patricia Chavarría, también folclorista eminente y directora del Archivo de Cultura Tradicional de Artistas del Acero, en la región del Bío Bío. Con ella Natalia Contesse visitó a cantoras campesinas cerca de Penco, en la misma región, y también exploró por cuenta propia en el pueblo tradicional de Rari, de la provincia de Linares, región del Maule.
-La señora Patricia (Chavarría) tiene la escuela de las cantoras, y las cantoras te reciben así. Cuando fui a Rari después de un rato me invitaron a que la próxima vez me quedara todo el fin de semana, que invitara a mis hermanos para que llevaran el acordeón. La señora Patricia tiene también esa escuela, de cómo a ella la han recibido.
-¿Fue distinta la aproximación al folclor con ellas dos?
-Sí, porque la señora Margot me enseñaba más sobre las investigaciones suyas, con ella es otro contexto. No es que me pueda ir en micro al campo, como sí lo hice con la señora Patricia, y de ella me ha llegado más específicamente la guitarra, las afinaciones, los distintos rasgueos.
-¿Tampoco es llegar donde una cantora campesina y pedirle que cante? ¿Toma tiempo ese proceso?
-Sí, es súper de azar, he ido a lugares y no he encontrado a nadie. O cuando fui a Rari la gente del pueblo cercano me decía "A qué va a ir, ya no hay cantoras, hay puras brujas en Rari". Te metes en el mundo, en el misterio de la gente. Uno en la ciudad no cacha nada. O sea, cachai todo en otro aspecto, pero no te das cuenta de todo eso que también es parte. Escuchando a las cantoras me doy cuenta realmente de cómo Violeta Parra sacó de ahí tanto, en todos sus trabajos de creación, reconozco esa guitarra, esa forma de escribir, esas palabras que se refieren a tal celebración. A medida que voy estudiando escucho a la Violeta de nuevo y entiendo más, más.
El clic de la tierra en esta parte de Sudamérica
El movimiento viene desde antes en la vida de Natalia Contesse. "Yo viajo un montón por América, participo en una agrupación que tiene que ver con volver a mirar ciertas ceremonias muy antiguas y con realizar estas ceremonias que están en todo el continente", dice, con países como Ecuador, Perú, Colombia y México entre esos rumbos.
-Es bañarse de América Latina, pero no sólo de la música, sino de su gente, sus tradiciones, su cultura más de ritual, como se puede sentir en el disco. Es una dimensión que engloba todo con palabras, lenguajes, temáticas, con los elementos y con una cosa más chamánica. No es la la palabra, sino cómo la gente la dice, tiene que ver con la sabiduría ancestral, con este recorrido por las tradiciones espirituales de América.
-¿Todas estas dimensiones se fueron sucediendo o se dieron simultáneas: los viajes, la cueca, Pirque, la tonada, Margot Loyola, Patricia Chavarría…?
-Todo simultáneo. Escuchaba una tonada, la aprendía, la sacaba, la tocaba, veía la afinación y pensaba en componer algo. Siempre iba filtrando desde mi experiencia.
-¿La idea fue siempre componer canciones propias? ¿No pensaste en un disco de recopilación?
-Siempre tenía claro que esto es lo que tenía que hacer. Me estaba preparando, sabía que iba a ser en su momento. Tenía que estudiar, y no sólo de un cuaderno, sino ir a los lugares, ir a bailar, todo el abanico, y a partir de eso iba a tener el fundamento y la certeza de lo que estoy haciendo. Cuando volví de Bolivia (en 2007) me hizo un clic que la tierra en esta parte de Sudamérica habla con ese lenguaje. Eso sentí: iba a la montaña, al río, y el agua se está expresando en ritmo de tonada, por eso sale acá eso, por eso las cantoras acá cantan así y en otros países cantan otra cosa. En ese momento pensé que lo que estoy haciendo es lo correcto, que es donde debo estar y puedo defenderlo porque tengo conocimiento.
-¿Valoras más la intuición o el estudio?
-Pienso que hay que ser coherente, como ser humano y como artista. Sí la intuición hay que tenerla para decidir qué paso dar y para el arte también. Pero si digo que hago folclor, o si soy súper pachamámica, por ejemplo, la pregunta es cuál es el fundamento. He estado estudiando y aprendiendo, lo veo como parte de mi recorrido. La vida me puso en el momento.
-¿Pero también es un valor no seguir al pie de la letra la tradición?
-Creo que para poder romper las reglas es bueno saber cómo son. Es mi humilde opinión. Esto es así y ahora lo rompo y hago esto otro. Es importante la intuición y arriesgarse, pero tienes que ser claro en decirlo, porque también confundes a la gente. Yo también sé súper poco y me queda mucho por aprender. Y eso es lo bonito.
Si hasta ahora el rumbo de Natalia Contesse ha parecido un viaje a la semilla, el destino del viaje podría cambiar, esta vez en relación con el lugar natal de la cantante, en Nueva Orléans, donde nació en 1978 durante una estada de estudios de sus padres en ese país.
-Es súper loco, porque partí en la música con grupos bien afro, como Yamana, Detucuna Atutumba -conecta ahora-. Y cuando nací no estuve por una semana con mi madre, a mí me amamantaron las negras. Después de ene tiempo supe. Muy loco.
-¿Leche de mujer negra durante los primeros días?
-Sipo. Mi mamá no medio leche porque no pudo, quedó súper débil. La primera semana. Para mí es muy especial. Y por ejemplo la cueca viene de distintas vertientes pero el afro es el más fuerte. He hablado con la misma señora Margot y tiene mucha influencia afro. El rito, la danza, afro total. Entonces tengo muchas ganas de ir a Nueva Orléans. Porque sé que algo va a pasar. Hay algo que siento que tengo que ir a estudiar allá. Nunca he ido, quiero aprender el blues, hay una energía ahí que no es casualidad. Es lindo porque siempre vuelvo a los orígenes, a donde nace. Siempre ando en esa búsqueda.
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