Equipo de Espectáculos
Espectáculos
El Mercurio
En su regreso a la Quinta Vergara, 21 años después de su debut en este escenario, el quinteto estadounidense hizo un recorrido por sus pegajosos éxitos y deleitó a sus fanáticas, que los esperaban en el recinto desde muy temprano.
Alguna vez, los Backstreet Boys fueron una banda para adolescentes. Cuando tuvieron su momento de mayor fama, a finales de los 90, era este el público que llenaba las calles de Viña del Mar para verlos en su debut en Chile, en la Quinta Vergara, y entonaban con gritos y llantos sus canciones. Hoy, que los "boys" están de lleno en la adultez -el más joven, Nick Carter, tiene 39, y el mayor, Kevin Richardson, 47-, su audiencia se ha expandido.
"Hemos tenido hasta cuatro generaciones en nuestros conciertos", comentaba ayer Howard "Howie D" Dorough (45). "Al igual que nosotros cuando éramos niños, crecimos escuchando la música que escuchaban nuestros papás, (llegar a tantos públicos) es muy importante".
Aunque la transversalidad se notaba ayer, incluso entre los que esperaban ansiosos afuera del hotel Sheraton Miramar poder ver a uno de sus ídolos, el grueso de los seguidores de Backstreet Boys que repletaron hasta el último rincón de la Quinta, y que empezaron a llegar desde muy temprano, claramente los han acompañado desde sus primeros años en la fama. Y ellos parecen tenerlo claro. Aunque A.J. McLean había prometido "un viaje por los 26 años" del grupo, lo cierto es que el show de 17 canciones y cerca de 80 minutos de duración se centró principalmente en sus cuatro primeros álbumes, publicados entre 1997 y 2001.
Vistiendo de blanco, el primero de cuatro cambios de vestuario, comenzaron su show con "Larger than life", tema de su disco "Millennium" (2000), que activó desde el primer momento el furor de un público que cantaba palabra por palabra, mientras sus ídolos intercalaban coreografías y canto, con el apoyo de pistas grabadas y un cuerpo de bailarines, algo común en las estrellas pop, aunque en las baladas demostraron su fortaleza vocal en vivo. El paso de los años no ha mermado la energía del quinteto, que lanzó éxito tras éxito -incluso partes de las dos canciones en castellano de su primer álbum, "Nunca te haré llorar" y "Donde quieras yo iré"- a un público entusiasta a incansable que quedó con gusto a poco.
A tono con los nuevos tiempos, Nick Carter se aseguró de ir por su celular para poder filmar en vivo para las redes sociales parte del show . Mostrando siempre cercanía con los presentes, todos dedicaron palabras de agradecimiento a las fans, quienes, hayan entendido o no el inglés, respondieron fielmente cada una de las invitaciones del grupo. El público les regaló gaviotas de oro y plata -premio que no recibieron en su primera visita al evento- antes de que finalizaran el show con "Everybody (Backstreet's Back)", que también fue la canción elegida para cerrar su presentación hace 21 años en la Quinta.
Considerando las expectativas y la efervescencia del público, esta noche -y también mañana- se reforzó la seguridad en la Quinta, con 220 guardias de seguridad y 200 carabineros.
Volverán a Chile el 2020
Antes de su llegada a la Quinta, los Backstreet Boys dieron una distendida conferencia de prensa en un salón tan copado, que gran parte de los periodistas no pudieron entrar. Mientras, afuera del hotel, decenas de fanáticos esperaban vislumbrar a alguno de sus ídolos gritando sus nombres y entonando canciones. Kevin Richardson -que a diferencia de su compañero Nick Carter recordaba perfectamente su primera vez en el Festival- lo notó y recordó su anterior visita a Viña, cuando explicó por qué el grupo decidió hacerse parte del evento, pese a no estar en gira, como suele ocurrir con los números anglo que han estado aquí. "Venir ahora resultó, nos vino bien. Viña es un lugar muy especial. Recuerdo la primera vez que vinimos, haber estado en la terraza del hotel y ver a los fans cantar nuestras canciones en la playa todo el día y toda la noche. Hoy, mientras venía hasta acá cruzando las montañas, volvieron todos esos recuerdos", comentó.
La banda recibió una certificación de oro por el éxito del single "Don't go Breaking my Heart", de su último álbum "DNA", bromeó con los asistentes e incluso entonó parte de una de sus canciones en español, "Nunca te haré llorar". Hablaron sobre sus planes futuros con entusiasmo. "Llevamos dos años en Las Vegas y en abril terminamos nuestra residencia. En mayo parte la gira en Europa, y a principios del próximo año vendremos a Sudamérica. Las mejores fans de los Backstreet Boys están en Latinoamérica, las más apasionadas y leales", dijo Carter, confirmando que ese segmento de su tour los traerá nuevamente a Chile, aunque aún no están definidas las fechas. Explicó que estaban preparados para dedicarles dos años a las presentaciones en vivo, aunque esperan poder publicar un álbum de Navidad, un sueño que tienen hace tiempo, pero que no han podido concretar.
Sobre su sostenido éxito en un género decididamente efímero, que se expresó no solo en su convocatoria en este certamen sino en los buenos resultados de su disco más reciente, Howard Dorough lo atribuyó a que para el quinteto, la música siempre ha sido una prioridad.
"Siempre hemos dicho que queremos hacer buena música. No sacamos álbumes todos los años, porque nos gusta tomarnos nuestro tiempo. 'DNA' nos llevó tres años para estar plenamente satisfechos y que fuera algo que quisiéramos publicar", explicó. Agregó que grabaron más de 40 canciones, incluyendo una en español que finalmente no quedó en la selección final. "No cumplió nuestras expectativas", argumentó Richardson, quien sí dijo que estaba interesado en experimentar con sonidos locales. "Me gusta ese ritmo y creo que hace tiempo deberíamos haberlo hecho. Necesitamos un poco de ritmo latino".
Díficil comienzo
La presentación de Backstreet Boys siguió con el debut en el escenario del comediante chileno y psicólogo de profesión Mauricio Palma, quien entró visiblemente nervioso al escenario mientras las fanáticas seguían exigiendo el regreso de la banda. Los animadores incluso tuvieron que apoyarlo, aclarando que el quinteto ya había abandonado el recinto y no volvería.
De a poco fue ganándose al público, invitándolo a interactuar y apelando a su condición de chileno común y una rutina que mezcló nostalgia, situaciones cotidianas y aspectos políticos y coyunturales. La mayoría de la audiencia escuchó con respeto, y las risas se mezclaron con una que otra pifia. Tras 45 minutos sobre el escenario recibió la gaviota de plata. Ya más confiado, continuó su show con guitarra en mano, transformado en su personaje "Violento Parra". Su éxito se hizo definitivo con la gaviota de oro.
En su conferencia del miércoles, Palma se había mostrado tranquilo. "Creemos que nos tocó una noche maravillosa, queremos que la fiesta que va a iniciar Backstreet Boys continúe hasta la última canción de Camila Gallardo", comentó, en referencia a la artista que cerraría la noche, la única chilena de la parrilla musical. Palma dijo que, evidentemente, había algo de nervios, "no es un escenario al que uno esté acostumbrado", pero que "si no estás seguro, mejor no vengas".
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
Mostrando las entradas con la etiqueta Backstreet Boys. Mostrar todas las entradas
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viernes, marzo 01, 2019
Fantasía pop
José Vásquez
Espectáculos
El Mercurio
El anuncio de su regreso despertó la memoria emotiva inmediata en sus fans. La venida de los Backstreet Boys en 1998 fue un hito generacional, la llegada de una boyband en un apogeo popular que explotó más tarde en Estados Unidos.Para una generación fue su primer encuentro con sus ídolos, en una época donde además el Festival se transmitía solo por una señal, pero que lograba resultados de audiencia que ahora resultan irrepetibles, casi como si hubiera sido una cadena nacional.
A finales de los 90 no hubo como escapar de ellos. El grupo volvió luego otras tres veces a Chile, pero lo vivido en esa ocasión fue lo que despertó esta vez el fervor de repetir ese momento. En el público había fans que lucían con orgullo el ticket de esa primera vez y carteles como el de una joven veinteañera que, picarona, quería llamar la atención con un mensaje en inglés que se leía como "AJ, soy tu hija".
El ambiente anoche era una fiesta abrumadoramente femenina y el grupo, sobre una tarima, iniciaba una función concentrados en entregarse a cumplir con eso. Los pasos coreográficos son algo más robóticos que antes, y algunos miembros del grupo, como Kevin Richardson, el mayor del conjunto, parecía por momentos un espectador de su propio espectáculo. Pero cumplía con un show que sigue un guion aprendido de memoria tras tantas presentaciones afincadas en Las Vegas.
Pasan temas como "Larger than Life", una "Get down" en una versión remixada más funky, obra de las pistas que sonaban desde una banda ausente. La economía de recursos penó en un espectáculo que descansó en la idolatría del quinteto y que alcanzó sus momentos de mayor euforia en el repaso de los éxitos de sus primeros discos.
Aunque los Backstreet Boys acaban de lanzar "DNA", un álbum con un sencillo como "Don't go Breaking my Heart", que ayer los mostró en un competente presente, fueron las canciones de su etapa noventera las que desataron la mayor euforia. Temas como "Quit playing games", "As long as you love me" o "Everybody (Backstreet back)", parecieron teletransportar a una gradería completa a un retrofantasía pop de final feliz.
Espectáculos
El Mercurio
El anuncio de su regreso despertó la memoria emotiva inmediata en sus fans. La venida de los Backstreet Boys en 1998 fue un hito generacional, la llegada de una boyband en un apogeo popular que explotó más tarde en Estados Unidos.Para una generación fue su primer encuentro con sus ídolos, en una época donde además el Festival se transmitía solo por una señal, pero que lograba resultados de audiencia que ahora resultan irrepetibles, casi como si hubiera sido una cadena nacional.
A finales de los 90 no hubo como escapar de ellos. El grupo volvió luego otras tres veces a Chile, pero lo vivido en esa ocasión fue lo que despertó esta vez el fervor de repetir ese momento. En el público había fans que lucían con orgullo el ticket de esa primera vez y carteles como el de una joven veinteañera que, picarona, quería llamar la atención con un mensaje en inglés que se leía como "AJ, soy tu hija".
El ambiente anoche era una fiesta abrumadoramente femenina y el grupo, sobre una tarima, iniciaba una función concentrados en entregarse a cumplir con eso. Los pasos coreográficos son algo más robóticos que antes, y algunos miembros del grupo, como Kevin Richardson, el mayor del conjunto, parecía por momentos un espectador de su propio espectáculo. Pero cumplía con un show que sigue un guion aprendido de memoria tras tantas presentaciones afincadas en Las Vegas.
Pasan temas como "Larger than Life", una "Get down" en una versión remixada más funky, obra de las pistas que sonaban desde una banda ausente. La economía de recursos penó en un espectáculo que descansó en la idolatría del quinteto y que alcanzó sus momentos de mayor euforia en el repaso de los éxitos de sus primeros discos.
Aunque los Backstreet Boys acaban de lanzar "DNA", un álbum con un sencillo como "Don't go Breaking my Heart", que ayer los mostró en un competente presente, fueron las canciones de su etapa noventera las que desataron la mayor euforia. Temas como "Quit playing games", "As long as you love me" o "Everybody (Backstreet back)", parecieron teletransportar a una gradería completa a un retrofantasía pop de final feliz.
Fanáticas se reencuentran con Backstreet Boys en la Quinta después de 21 años
Bárbara Castro
Espectáculos
El Mercurio
Amigas desde el colegio, el trío de seguidoras regresó ayer al Festival de Viña para ver a sus ídolos en el mismo escenario que los vio debutar en el país en 1998.
Fue un amor análogo a primera vista. A los 13 años, Paula Orellana recibió un casete de regalo con pegajosos sencillos pop, que reprodujo en bucle hasta rayarlo en un viaje en auto entre Santiago y La Serena.
Tras ella, su compañera de curso Paulina Valencia descubrió entre las páginas de una revista TVGrama un póster de una atractiva boyband norteamericana.
La última en contagiarse fue Rocío Arcos, quien estallaba en gritos cada vez que pasaba frente a una tienda que ofrecía memorabilia de la banda de moda, Backstreet Boys.
El flechazo del trío de amigas comenzó el verano de 1997, en sintonía con el mejor momento del quinteto estadounidense, que en ese entonces confirmaba su éxito global con millones de copias vendidas y giras agotadas alrededor del mundo.
En ese momento lo creían imposible, pero en menos de un año estarían cumpliendo el sueño de ver a sus ídolos en directo, en lo que sería el debut de la banda en suelo nacional, en la edición número 39 del Festival de Viña del Mar.
Anoche, 21 años después de esa jornada, el trío revivió el paso del quinteto por la Quinta Vergara, una primera visita que quedó grabada en la historia del certamen, por la euforia de sus jóvenes seguidoras.
"Era histeria colectiva; si no fuera por los videos del concierto, no recordaríamos todo a la perfección, hubo mucho que se quedó ahí, entre las lágrimas", recuerda Arcos, quien además confiesa la existencia de un pacto secreto entre las amigas: ninguna podía desmayarse durante el concierto.
"No podíamos permitirnos perdernos el show, la que caía, debíamos despertarla a cachetadas", afirma Orellana entre risas, la única del grupo que consiguió tener un vistazo privilegiado de la banda aquel día. Apostada en la entrada del hotel, vio a los norteamericanos a través del cristal del bus que los trasladaba a la Quinta Vergara.
La emoción y los coros al unísono fueron precedidos por un momento de terror. Ubicadas en la fila para ingresar a la concha acústica desde las 20:00 horas, las jóvenes fueron testigos del colapso de las barreras, que fueron incapaces de contener a la multitud agolpada desde altas horas de la madrugada. Ignorando las instrucciones de carabineros, las amigas - y los padres que las acompañaban- se unieron a la estampida para conseguir una buena ubicación en el sector de la galería.
Ayer todas contaban con entradas numeradas y dos de ellas participaron del Meet & Greet exclusivo con la banda, que incluye un saludo y una foto. "Fue un sueño cumplido, algo que nunca creímos que pasaría, tenerlos tan cerca y compartir con ellos", afirma con visible emoción Arcos, a la salida del breve encuentro con sus ídolos, que duró alrededor de un minuto y que tuvo un costo de $230 mil para cada una de las 50 asistentes.
Unidas por una devoción
De adolescentes se juntaban a la salida de su colegio en La Cisterna para reunir el dinero para la colación y gastarlo en fotos, discos y poleras estampadas. Poco más de dos décadas más tarde, con 35 años, el vínculo se mantiene intacto.
"Los amamos porque nos unen. Una se toma libre del trabajo para hacer fila fuera del Movistar, otra presta la tarjeta de crédito para comprar las entradas. Esta es una amistad a ciegas", destaca Arcos, quien asistió a los cuatro conciertos del quinteto en territorio nacional y dos de su show de residencia en Las Vegas. El próximo año espera poder pagar el crucero oficial de la banda.
La mayoría de edad y la independencia no evitan que sean blanco de estereotipos. "La fan de más edad es mal mirada, nos tratan de locas e inmaduras, sin entender que en el día a día somos igual de adultas que todo el mundo", explica Orellana, aunque al ver sus hojas de vida, resulta innegable ver huellas del impacto de la boyband.
Inspirada por las letras de sus canciones, Arcos es profesora de inglés, mientras que Orellana enseña danza, vocación que se originó después de años bailando las coreografías del grupo.
Valencia, psicóloga de profesión, explica que su legado de aquella época está en otra parte. Su hija de 17 años es fanática del pop coreano, una afición que su madre impulsa y acompaña. En enero pasado, le compró un pase VIP al festival de k-pop SMTown.
"A veces se siente mal por el gasto que implica, pero yo le digo que son momentos como Viña 98, que nosotras nunca hemos olvidado. Y esa felicidad, de poder decir que estuvimos ahí, y que sigue igual después de 21 años, es inexplicable", afirma.
Espectáculos
El Mercurio
Amigas desde el colegio, el trío de seguidoras regresó ayer al Festival de Viña para ver a sus ídolos en el mismo escenario que los vio debutar en el país en 1998.
Fue un amor análogo a primera vista. A los 13 años, Paula Orellana recibió un casete de regalo con pegajosos sencillos pop, que reprodujo en bucle hasta rayarlo en un viaje en auto entre Santiago y La Serena.
Tras ella, su compañera de curso Paulina Valencia descubrió entre las páginas de una revista TVGrama un póster de una atractiva boyband norteamericana.
La última en contagiarse fue Rocío Arcos, quien estallaba en gritos cada vez que pasaba frente a una tienda que ofrecía memorabilia de la banda de moda, Backstreet Boys.
El flechazo del trío de amigas comenzó el verano de 1997, en sintonía con el mejor momento del quinteto estadounidense, que en ese entonces confirmaba su éxito global con millones de copias vendidas y giras agotadas alrededor del mundo.
En ese momento lo creían imposible, pero en menos de un año estarían cumpliendo el sueño de ver a sus ídolos en directo, en lo que sería el debut de la banda en suelo nacional, en la edición número 39 del Festival de Viña del Mar.
Anoche, 21 años después de esa jornada, el trío revivió el paso del quinteto por la Quinta Vergara, una primera visita que quedó grabada en la historia del certamen, por la euforia de sus jóvenes seguidoras.
"Era histeria colectiva; si no fuera por los videos del concierto, no recordaríamos todo a la perfección, hubo mucho que se quedó ahí, entre las lágrimas", recuerda Arcos, quien además confiesa la existencia de un pacto secreto entre las amigas: ninguna podía desmayarse durante el concierto.
"No podíamos permitirnos perdernos el show, la que caía, debíamos despertarla a cachetadas", afirma Orellana entre risas, la única del grupo que consiguió tener un vistazo privilegiado de la banda aquel día. Apostada en la entrada del hotel, vio a los norteamericanos a través del cristal del bus que los trasladaba a la Quinta Vergara.
La emoción y los coros al unísono fueron precedidos por un momento de terror. Ubicadas en la fila para ingresar a la concha acústica desde las 20:00 horas, las jóvenes fueron testigos del colapso de las barreras, que fueron incapaces de contener a la multitud agolpada desde altas horas de la madrugada. Ignorando las instrucciones de carabineros, las amigas - y los padres que las acompañaban- se unieron a la estampida para conseguir una buena ubicación en el sector de la galería.
Ayer todas contaban con entradas numeradas y dos de ellas participaron del Meet & Greet exclusivo con la banda, que incluye un saludo y una foto. "Fue un sueño cumplido, algo que nunca creímos que pasaría, tenerlos tan cerca y compartir con ellos", afirma con visible emoción Arcos, a la salida del breve encuentro con sus ídolos, que duró alrededor de un minuto y que tuvo un costo de $230 mil para cada una de las 50 asistentes.
Unidas por una devoción
De adolescentes se juntaban a la salida de su colegio en La Cisterna para reunir el dinero para la colación y gastarlo en fotos, discos y poleras estampadas. Poco más de dos décadas más tarde, con 35 años, el vínculo se mantiene intacto.
"Los amamos porque nos unen. Una se toma libre del trabajo para hacer fila fuera del Movistar, otra presta la tarjeta de crédito para comprar las entradas. Esta es una amistad a ciegas", destaca Arcos, quien asistió a los cuatro conciertos del quinteto en territorio nacional y dos de su show de residencia en Las Vegas. El próximo año espera poder pagar el crucero oficial de la banda.
La mayoría de edad y la independencia no evitan que sean blanco de estereotipos. "La fan de más edad es mal mirada, nos tratan de locas e inmaduras, sin entender que en el día a día somos igual de adultas que todo el mundo", explica Orellana, aunque al ver sus hojas de vida, resulta innegable ver huellas del impacto de la boyband.
Inspirada por las letras de sus canciones, Arcos es profesora de inglés, mientras que Orellana enseña danza, vocación que se originó después de años bailando las coreografías del grupo.
Valencia, psicóloga de profesión, explica que su legado de aquella época está en otra parte. Su hija de 17 años es fanática del pop coreano, una afición que su madre impulsa y acompaña. En enero pasado, le compró un pase VIP al festival de k-pop SMTown.
"A veces se siente mal por el gasto que implica, pero yo le digo que son momentos como Viña 98, que nosotras nunca hemos olvidado. Y esa felicidad, de poder decir que estuvimos ahí, y que sigue igual después de 21 años, es inexplicable", afirma.
jueves, febrero 28, 2019
Los Backstreet Boys llegaron a desatar el fanatismo y el pop nostálgico
Romina Raglianti
Espectáculos
El Mercurio
La boy band estadounidense, que se presenta esta noche por segunda vez en este evento, fue recibida por fans en el aeropuerto de Santiago y también afuera del hotel en Viña.
Nick Carter, uno de los integrantes de Backstreet Boys, no recordaba que ya estuvo en el escenario de la Quinta Vergara. "Estoy muy emocionado de estar aquí nuevamente, amo Chile. Estoy ansioso por hacer nuestro show , creo que es nuestra primera vez en Viña", comentó al arribar al aeropuerto de Santiago, donde los esperaban varias de sus fanáticas. El cantante fue rápidamente corregido por su compañero de banda, Howard Dorough, quien le aclaró que era la segunda. "Fue hace tanto tiempo que lo olvidé", se disculpó Nick.
Efectivamente, han pasado 21 años desde la primera presentación de la boy band en el Festival, aunque han venido tres veces más a dar conciertos en el Movistar Arena en la última década. Aunque con menos fervor que en aquella visita de 1998, cuando fanáticas histéricas se agolparon en las calles de la Ciudad Jardín en los días en que estuvieron aquí, el grupo pop confirmó que es el más esperado de esta edición del certamen al atraer a más gente que otros días a las afueras del Hotel Sheraton Miramar. Decenas de fans , hombres y mujeres y de edades transversales, estuvieron instalados afuera de la entrada, esperando avistar a alguno de los miembros del quinteto, coreando canciones e incluso haciendo una performance de baile con disfraces.
Backstreet Boys abre hoy la quinta noche del Festival, en una jornada que agotó en solo dos horas sus entradas. Los intérpretes, que hoy rondan entre los 39 y 47 años, llegaron a Chile por separado. En un primer avión aterrizaron Carter, Dorough y AJ McLean, y un par de horas después lo hizo Brian Littrell, quien también se mostró amable al saludar a las fans que lo esperaban por los pasillos de Nuevo Pudahuel. El último integrante, Kevin Richardson, llegaba esta mañana. Antes de subirse a la Quinta Vergara tenían planificado un meet & greet con algunas de sus seguidoras.
La banda se presentará en un momento de alza en su extensa carrera, ya que su disco más reciente, "DNA", debutó en el número uno del ranking Billboard y están prontos a embarcarse en una gira -luego de una lucrativa residencia en Las Vegas- que se espera los traiga a Chile y al resto de Sudamérica.
Espectáculos
El Mercurio
La boy band estadounidense, que se presenta esta noche por segunda vez en este evento, fue recibida por fans en el aeropuerto de Santiago y también afuera del hotel en Viña.
Nick Carter, uno de los integrantes de Backstreet Boys, no recordaba que ya estuvo en el escenario de la Quinta Vergara. "Estoy muy emocionado de estar aquí nuevamente, amo Chile. Estoy ansioso por hacer nuestro show , creo que es nuestra primera vez en Viña", comentó al arribar al aeropuerto de Santiago, donde los esperaban varias de sus fanáticas. El cantante fue rápidamente corregido por su compañero de banda, Howard Dorough, quien le aclaró que era la segunda. "Fue hace tanto tiempo que lo olvidé", se disculpó Nick.
Efectivamente, han pasado 21 años desde la primera presentación de la boy band en el Festival, aunque han venido tres veces más a dar conciertos en el Movistar Arena en la última década. Aunque con menos fervor que en aquella visita de 1998, cuando fanáticas histéricas se agolparon en las calles de la Ciudad Jardín en los días en que estuvieron aquí, el grupo pop confirmó que es el más esperado de esta edición del certamen al atraer a más gente que otros días a las afueras del Hotel Sheraton Miramar. Decenas de fans , hombres y mujeres y de edades transversales, estuvieron instalados afuera de la entrada, esperando avistar a alguno de los miembros del quinteto, coreando canciones e incluso haciendo una performance de baile con disfraces.
Backstreet Boys abre hoy la quinta noche del Festival, en una jornada que agotó en solo dos horas sus entradas. Los intérpretes, que hoy rondan entre los 39 y 47 años, llegaron a Chile por separado. En un primer avión aterrizaron Carter, Dorough y AJ McLean, y un par de horas después lo hizo Brian Littrell, quien también se mostró amable al saludar a las fans que lo esperaban por los pasillos de Nuevo Pudahuel. El último integrante, Kevin Richardson, llegaba esta mañana. Antes de subirse a la Quinta Vergara tenían planificado un meet & greet con algunas de sus seguidoras.
La banda se presentará en un momento de alza en su extensa carrera, ya que su disco más reciente, "DNA", debutó en el número uno del ranking Billboard y están prontos a embarcarse en una gira -luego de una lucrativa residencia en Las Vegas- que se espera los traiga a Chile y al resto de Sudamérica.
jueves, febrero 14, 2019
jueves, enero 24, 2019
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