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martes, febrero 08, 2022

Biblioteca Nacional Digital presenta inédita colección radiofónica

El material radiofónico se encontraba en cintas reel y en casete, y dadas sus variadas condiciones de conservación, tuvo que pasar por un proceso de estabilización antes de ser digitalizado. Biblioteca Nacional Digital


El Mercurio 

El conjunto reúne seis registros que dan cuenta de diversos momentos históricos de las radioemisoras en Chile, entre los años 1964 y 1987.

CATALINA IDE GUZMÁN

“Este es un conjunto pequeño, pero nosotros le hemos dado un lugar destacado porque en Chile no tenemos fonoteca. Por ello estamos haciendo un esfuerzo por recuperar parte del patrimonio fonográfico que no está resguardado en ninguna institución pública y este es el puntapié inicial para un trabajo de largo plazo”, explica Soledad Abarca, jefa del Archivo Audiovisual y Fotográfico, refiriéndose al nuevo contenido permanente de la Biblioteca Nacional Digital.


La colección Radio —que presenta diversos hitos de la producción radiofónica de nuestro país entre 1964 y 1987— cuenta con seis registros digitales que agrupan múltiples grabaciones de las radioemisoras Llanquihue, Reloncaví, Minería y Corporación. Una parte de ella fue traspasada del Archivo de Música y la otra corresponde a registros adquiridos por un particular en un anticuario cerca de Puerto Varas, que posteriormente fueron donados al archivo público.


Según Abarca, la importancia de rescatar y digitalizar este material se debe a que “la radio tradicionalmente ha sido un medio importante dentro del patrimonio documental. Por lo tanto, es una fuente fundamental para conocer la identidad y la historia de nuestro país”.


La mayor parte del contenido estaba en cintas abiertas o reel y otro en casete. Soledad Abarca recalca la fragilidad de los registros y la complejidad del trabajo de rescate. Para digitalizarlo se necesita hacer una reproducción íntegra de la grabación, pero “primero hay que revisar el estado de las cintas, pues si se reproduce una en malas condiciones o con hongos, es probable que se destruya y que no se pueda escuchar su contenido. En nuestra unidad tenemos un grupo de personas encargado de la preservación de audio y mantenemos un laboratorio que cuenta con los equipos necesarios para trabajar con estos materiales tecnológicamente obsoletos”, explica.


La colección


Las grabaciones más antiguas del conjunto datan de 1964. De Radio Reloncaví se integró el programa “Fiesta Chilena: La última yagana”, grabado en homenaje a Rosa Milicic —considerada como la última representante del pueblo yagán—, donde se relata su vida y sus costumbres; mientras que de Radio Llanquihue se incorporó el discurso de Salvador Allende realizado en el teatro de Puerto Montt el 25 de agosto de ese año.


Por otra parte, se cuenta con la transmisión de Radio Minería del documental sonoro “Kennedy ha muerto” de 1985, reportaje especial en el que se narran los detalles del atentado que terminó con la vida del expresidente norteamericano, a 22 años del acontecimiento. De la misma radioemisora, pero perteneciente al archivo de 1987, se presentan dos registros del radioteatro “Residencial la Pichanga”, escrito y dirigido por César Enrique Rossel, donde se relatan —a través de un tono humorístico— los resultados de campeonatos de fútbol de nuestro país.


Se incorporó también “Resumen: año 1987”, de Radio Corporación, noticiero en el que destacan los análisis periodísticos de Hermógenes Carril, sobre la Iglesia Católica; de Osvaldo Navas, respecto al caso policial de Alice Meyer; de Sonia Pérez, acerca de la Universidad de Chile; de Esteban Lob sobre Colonia Dignidad, y las opiniones de espectáculos de Sonia Montecinos.


De esta emisora también se incluyeron 13 archivos sonoros del programa radial Tribunal de la Vida, donde la mentalista Shara aconsejaba a personas sobre sus problemas personales y se teatralizaban cartas enviadas por los auditores.


Se puede acceder a estos contenidos en la sección de Archivo Audiovisual en el sitio Bibliotecanacionaldigital.gob.cl, donde además se encuentra el “Archivo de la Palabra” —que cuenta con voces de destacados personajes del mundo intelectual chileno y latinoamericano desde la década de los 60— y la colección Gabriela Mistral, conformada por cien registros de audio correspondientes a lecturas poéticas, discursos y conversaciones de la Premio Nobel de Literatura.

lunes, junio 26, 2017

Archivo de Literatura Oral busca más difusión en sus 25 años

El Mercurio

El departamento, que depende de la Biblioteca Nacional, atesora registros de manifestaciones de la cultura campesina y urbana.  

Daniela Silva Astorga 

Si un documentalista quisiera escudriñar el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares, en la Biblioteca Nacional, no la tendría fácil. Aunque hubiese ido en busca de su tesoro más divulgado -la Lira Popular-, se vería obligado a filmar bastante más. Porque este depósito, que la historiadora Micaela Navarrete fundó en 1992, conserva una multiplicidad de registros de nuestra cultura tradicional campesina y, también, de acciones populares urbanas. Es un muestrario amplio de nuestro patrimonio inmaterial: poesías, payas, cuecas, tonadas, leyendas, procesiones religiosas y tradiciones tan arraigadas, como el canto a lo divino y a lo humano. Todo eso está registrado en cientos de videos, audios, fotografías, cuadernos y textos.

El archivo cumplió 25 años, pero recibe pocas visitas: cada mes los revisan apenas unas 25 personas. Y los que lo ubican prácticamente solo lo vinculan a sus documentos más difundidos: la Literatura de Cordel del siglo XIX, que el bar Liguria usa como emblema. Así es que la historiadora del Arte Carolina Tapia, actual directora, busca ampliar su difusión: "Lo que conservamos genera un vínculo emocional entre la gente y nuestra identidad, y, en estos tiempos, es clave no perder eso".

Además, Tapia recuerda la extensión del archivo. Si bien comenzó con cuatro colecciones de audio, se sumaron otras fotográficas, audiovisuales, sonoras y de escritos -como cuadernos de campo-, que donaron los mismos cultores de las tradiciones o investigadores. Son documentos de primera fuente, que permiten ver fragmentos del Chile del siglo XIX hasta el de hoy, vía 19 grandes colecciones.

"En nuestra historia -ejemplifica Tapia- ha sido fundamental el aporte de Patricia Chavarría, con su trabajo en el Biobío y El Maule, en el que, además de registrar la manifestación -tonada, cueca, poesía oral-, obtuvo testimonios de sus artífices. También es importante el trabajo de Carlos Martínez, de Cauquenes, y tenemos, además, el Encuentro de Campesinas de Portezuelo, del padre Ricardo Sammon, que aún se hace. Luego viene el legado de Rodolfo Lenz, vinculado a la Lira Popular, con 327 pliegos microfilmados y sus cosas de trabajo. Pero la colección que vino de la U. de Chile reúne 800 pliegos, y tenemos también la Alamiro de Ávila, comprada en Argentina".

-¿Habrá que ampliar más el radio e incrementar la atención a lo actual? Por ejemplo, el hip-hop urbano algunos lo consideran una nueva forma de payar.
"Eso es algo que pensar", responde Tapia. "Hay que ver cómo hacernos cargo de las nuevas manifestaciones, porque lo urbano ha estado, pero en menor cantidad. Quiero retomar ese trabajo con la comunidad".

-¿A qué le pondría más ojo?
"A expandirnos. Me gustaría tener más sobre festividades religiosas en la ciudad, y cómo estas dialogan con las costumbres de los migrantes. Tenemos bastante registro de la Fiesta del Nazareno de Caguach, en Chiloé. Sería interesante hacer un contrapunto con cómo se celebra hoy en las urbes".

Este archivo no tiene como única misión preservar y catalogar sus objetos. También debe investigarlos y difundirlos, vía textos y actividades. De hecho, han editado 20 publicaciones y han realizado encuentros, como por ejemplo, algunos duelos entre poetas en décimas y hiphoperos urbanos, en la Biblioteca Nacional.

jueves, enero 26, 2017

Centenario de Violeta Parra marcará la programación de la Biblioteca Nacional

El Mercurio

El público disfrutará de exposiciones, charlas y lanzamientos de libros. Algunos eventos serán trasladados a regiones.

Vanessa Leal Soto

Ayer por la mañana, la jefa del Departamento de Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional, Patricia Díaz, dio a conocer el contenido programático de la institución para este año, que estará enmarcado en los 100 años de Violeta Parra y en las mujeres creadoras.

"La diferencia es que vamos a incorporar otro espacio para hacer exposiciones de mayor formato, que es el Salón Bicentenario. Lo segundo es que vamos a replicarlas en provincia", dice Díaz. Al menos en siete regiones, entre ellas, Arica y Parinacota, Antofagasta, Biobío y La Araucanía, habrá eventos.
De las 300 actividades que se realizarán, se destaca la muestra "Yo canto la diferencia. Violeta Parra. Poesía y voz", a inaugurarse el 9 de marzo. Se trata de una exploración, a través de música y charlas, de la Violeta Parra trovadora y, también, de la que hizo canciones contingentes en lo político y social.
Otro hito será la inauguración de la exposición "Las hazañas del Quijote" en abril, en conmemoración del día del libro. Allí se podrán encontrar 35 ediciones de la obra de Miguel de Cervantes, ilustradas por artistas como Salvador Dalí.

La biblioteca también celebrará, entre agosto y septiembre, los 20 años de su archivo fotográfico, con una exhibición de Inés Paulino, en la que habrá imágenes tomadas por la fotógrafa entre 1982 y 1992, y un coloquio sobre mujeres periodistas.

En noviembre se inaugurará la muestra "Dibujos inéditos de Juan Emar"; una oportunidad para ver 75 piezas del escritor y asistir a paneles sobre una de sus facetas más desconocidas.

Nuevas unidades

El poeta Thomas Harris, en representación de la editorial de la biblioteca, también anunció la creación de dos nuevas unidades. Una es la de Afiches, Ilustraciones y Estampas, que se encargará de recopilar, clasificar, preservar y dar a conocer material gráfico de autores chilenos.

La otra se refiere a Ediciones Biblioteca Nacional, que continuará rescatando libros de carácter patrimonial que honren los valores republicanos, libros descontinuados y compilados de autores desconocidos, ahora como unidad particular. Además, comenzará a publicar obras dramatúrgicas.

domingo, marzo 16, 2014

Los nuevos desafíos de la Biblioteca Nacional frente a la digitalización

El Mercurio

El máximo archivo nacional estrenó un Laboratorio Digital de última tecnología a fines de 2013. Está compuesto por el Kabis I, una máquina robotizada que funciona delicadamente, y un Suprascan que digitaliza grandes formatos. No solo permiten contar con imágenes de excelente calidad en menos tiempo, también marcan nuevas metas para el equipo. Aquí hablan los entendidos.

Daniela Silva Astorga

Un trabajo editorial todavía más cuidadoso

El robot Kabis I y el Suprascan A0 permitirán que el equipo de Memoria Chilena tenga más tiempo para trabajar en la edición del sitio, en la investigación y en la confección de contenidos propios. Una situación óptima, dicen. "Estamos haciendo un trabajo más fino en ese sentido. Contamos con condiciones para buscar obras inéditas, quizás olvidadas, por ejemplo, de autores de crónicas de inicios del siglo XX", dice la editora Macarena Dölz. Y así, actualmente, el énfasis está puesto -más que en digitalizar incunables, porque ya se hizo- en poner a disposición del usuario materiales sobre la historia y el patrimonio local. "Nos dimos cuenta de que hay un auge en la investigación de temas que no son parte de la historiografía oficial, se han abierto otras líneas, como la historia del deporte", agrega la editora.

En efecto, por estos días Memoria Chilena presenta joyas como un micrositio dedicado a la historia del boxeo local -con fotos recuperadas de sus máximos exponentes- y otro sobre las revistas temáticas de la primera mitad del siglo XX. Están Sucesos, Zig-Zag y algunas revistas femeninas, como Margarita. Y por estos días, el equipo que comanda Zegers se dedica, asimismo, a digitalizar más revistas.

Prensa periódica del siglo xix a solo un clic

Fue un anhelo pospuesto durante la primera década del sitio MemoriaChilena.cl. Pero, ahora, gracias al arribo del Digibook Suprascan A0 -un escáner francés de última tecnología-, comenzará la titánica tarea de digitalizar prensa periódica de fines del siglo XIX e inicios del XX. "Antes no podíamos, porque no contábamos con la tecnología adecuada", dice María Paz Zegers, coordinadora del área.

Con eso se refiere a que antes buena parte de la digitalización se desarrollaba tomando varias fotos con una cámara semiprofesional, y uniéndolas luego con Photoshop. Así, era casi imposible trabajar con periódicos decimonónicos que miden, en promedio, más de 80 centímetros de alto. "Si con los mapas podíamos tardar un día en uno solo, hay que imaginar lo que hubiese pasado al intentar trabajar con la colección completa de 'El Ferrocarril', que mide casi un metro", enfatiza Daniela Schütte, coordinadora general del sitio web.

No obstante, gracias al nuevo equipo, actualmente se desarrolla un plan para abordar esa publicación y seguir -en los próximos años- con El Mercurio de Valparaíso y el de Santiago, además de El Diario Ilustrado. "Diría que a fines de 2014, quizás, podría estar lista una pequeña parte de estas colecciones de diarios, porque son kilómetros y kilómetros", enfatiza Zegers.

100% de imágenes con calidad insuperable

Las dos nuevas máquinas logran archivos de excelente resolución: la Suprascan, por ejemplo, incluso plasma con gran claridad los bordes agrietados de volúmenes antiguos. Y junto con eso, son aparatos "capaces de captar de mejor forma los colores, la tonalidad, la trama... Tienen mejor respuesta, así que resulta una imagen sumamente fiel a la original. Antes, como ocupábamos una cámara semiprofesional, las fotos tenían todo el ruido de la luz exterior. Estas máquinas logran aislar todo eso y hacer una captura perfecta", comenta María Paz Zegers. Y con eso, su equipo -compuesto por tres fotógrafos- se ahorra pasos de edición posterior, y tiene una cadena de trabajo fluida.

Como los sistemas han evolucionado sobremanera desde que la Biblioteca Nacional empezó a digitalizar, en el año 2000, hoy en el sitio hay archivos que no tienen tan buena calidad. "Los usuarios nos reclaman a veces. Nos dicen: 'Esto está feo' o 'está en blanco y negro, quizás podrían digitalizarlo de nuevo'", revela Zegers. Así que ahora, según dice Dölz, "eventualmente volverán a digitalizar algunas cosas. Antes de tener estas máquinas, jamás se habría podido: nuestro presupuesto y tiempo estaban demasiado justos".

La mapoteca perfectamente conservada

El Suprascan puede digitalizar documentos de hasta 1,2 metros por 85 centímetros, y con una resolución perfecta. Por eso, una de las nuevas misiones del laboratorio es "digitalizar, entre 2014 y 2015, toda la colección de mapas. Es bien ambiciosa la meta, porque también incluye atlas. Empezamos y vamos bien encaminados, así que imagino que el objetivo será alcanzable", dice Zegers. La colección de mapas supera las 6.800 piezas: piensan digitalizar 400 al mes. Una tarea prioritaria, pues se trata de documentos sumamente consultados, pero también por la necesidad urgente de conservarlos: el más viejo es del siglo XVIII.

Una vez listo, cada archivo se envía al departamento de catalogación, lo que puede demorar un mes más, y recién en aquel momento se sube el archivo al sitio. "Algo paradójico es que la digitalización es lo que menos tiempo nos toma ahora. Entonces, la gente se pregunta: '¿Por qué no están los archivos en línea al otro día?'. Es que no se sabe que también debemos catalogar, crear fichas electrónicas y documentar todos los datos de cada documento. No podemos tener archivos sin información, esa es una garantía para los usuarios. Al final, es un proceso más largo de lo que parece", especifica Macarena Dölz.

martes, enero 21, 2014

La Biblioteca Nacional estrena moderno robot de digitalización

El Mercurio

Se llama Kabis I, y permitirá pasar de 150 mil piezas procesadas al año a 500 mil. Combina velocidad con la mayor delicadeza, para no dañar los documentos patrimoniales. Es la estrella del nuevo Laboratorio de Digitalización, que además sumó un escáner.

Romina de la Sotta Donoso

La Biblioteca Nacional empezó a digitalizar sus colecciones en el año 2000. Hasta noviembre pasado, un equipo interno escaneaba las piezas más delicadas en forma manual, y paralelamente se hacía una licitación masiva para contratar un servicio externo automatizado. En el modelo había dos inconvenientes: un tope de tamaño que dejaba miles de documentos en lista de espera, y en la práctica sólo se digitalizaba durante cuatro meses, por los tiempos que demoran las licitaciones. "Necesitábamos nuevos equipos para mejorar nuestra cantidad de producción", confiesa Roberto Aguirre, jefe de Colecciones Digitales de la Biblioteca Nacional.

El Ministerio de Educación accedió al requerimiento, como regalo por los 200 años que cumplió la Biblioteca Nacional en agosto, y comprometió una inversión de $300 millones, cuya primera mitad ya fue ejecutada.

Con esos recursos se habilitó el Laboratorio Digital, que ya está en pleno funcionamiento y que cuenta con dos máquinas de tecnología de punta.

Tecnología veloz

Se trata del Kirtas Kabis I (fabricado por Kirtas Technologies INC, Estados Unidos) y del Digibook Suprascan A0 (I2S, Francia). Juntos costaron $110 millones. Algunas instituciones, como la Corte Suprema de Chile y la UNAM de México, cuentan con el Kabis I, y el Suprascan es el primero en América Latina; en Europa lo tienen los Archivos Nacionales de Francia y el Museo Memorial de la Aviación de Moscú.
"El Kabis I es un robot de escaneo automático, y fue diseñado para digitalizar libros empastados y delicados. Tiene un brazo robótico que cambia las páginas una a una", dice María Paz Zegers, coordinadora de digitalización de Memoria Chilena. Ello se produce mediante un imperceptible sistema de succión que prácticamente no roza las páginas, y que se articula, además, con un "separador" de hojas que sopla aire por el costado del libro.

"Esta máquina permite programar tanto la intensidad del aspirado según el gramaje de las hojas, como la velocidad del brazo, desde 350 páginas por hora hasta 1.600 por hora. Esto asegura la integridad del libro", explica Zegers.

Mediante un sistema de espejos, una cámara captura la imagen de cada página. Cada libro se apoya en una "cuna en V", de 110º: "Eso evita la curvatura de las páginas y favorece la preservación de documentos frágiles, porque no tienes que forzarlo. Claro que la máquina no trabaja sola; siempre un funcionario la supervisa", agrega la profesional.

"El otro equipo, el escáner Suprascan, es único en Latinoamérica", comenta Zegers. "Antes teníamos que escanear los documentos grandes en ocho partes y luego unirlas. Eso nos tomaba medio día o más. En cambio, con el Suprascan ahora podemos hacer un mapa de un metro por 80 centímetros en 30 segundos".
El formato máximo ahora permitido es de 84x118 centímetros. Además, este escáner posee dos mesas intercambiables: una para mapas, con un sistema de succión que estira suavemente toda ondulación; y otra para libros empastados que funciona como una balanza, permitiendo que las páginas queden a nivel sin forzar el libro.
"Ya emprendimos el plan de digitalización de todos los mapas de la Biblioteca Nacional. Empezamos la semana pasada, y ¡nos demoramos una hora en 40 mapas!", anuncia Zegers. La colección supera las 1.400 piezas, las más antiguas del 1700. "En seis meses más, estos mapas ya serán visibles al público a través de la Biblioteca Nacional Digital o Memoria Chilena", confirma Roberto Aguirre.

Se suma Daniela Schütte, coordinadora general de Memoria Chilena: "El Laboratorio de Digitalización nos permite triplicar la cantidad de documentos digitalizados al año, desde 150 mil hasta 500 mil. Y finalmente podremos digitalizar colecciones completas de mapas, de afiches y de prensa, porque ahora podemos escanear periódicos que eran impensables por su formato, como El Ferrocarril o El Mercurio de Valparaíso".

El siguiente paso es gestionar la segunda parte del regalo del Ministerio de Educación (los otros $150 millones). "Queremos complementar los equipos de digitalización que tenemos y además agregar equipos de digitalización de audio y video, que es un tema pendiente", dice Aguirre.

sábado, diciembre 14, 2013

Hacia el nuevo centenario: la Biblioteca Nacional se proyecta con un Plan Maestro

5 de septiembre de 1914. Los cimientos de la Biblioteca Nacional a los pies del cerro Santa Lucía y con una Alameda "de un piso"
El Mercurio

Un equipo al mando del arquitecto e investigador Fernando Pérez redibujó los planos del edificio y definió las posibilidades para su desarrollo físico en el nuevo siglo.

Iñigo Díaz

Allí, en los terrenos del extremo oriente de la Alameda de las Delicias, a los pies del cerro Santa Lucía, donde en el siglo XIX funcionó el convento de las Claras, en 1913 se puso la primera piedra del gran edificio que albergaría a la nueva Biblioteca Nacional. Fue un proyecto impulsado por el gobierno para celebrar el Centenario de la República. Tras un llamado a concurso, el arquitecto chileno Gustavo García Postigo -formado en la Universidad Católica y según se piensa muy cercano al eminente arquitecto Emilio Jecquier- creó los planos de uno de los más modernos edificios de la ciudad, completamente construido en hormigón.

"La Biblioteca Nacional celebró su centenario en 1913 con la construcción de su nuevo edificio. ¿Qué nos corresponde a nosotros hacer cien años después? Proyectarla al nuevo siglo como espacio físico y espacio público privilegiado en medio de Santiago", dice Ana Tironi, directora de la Biblioteca Nacional.
Hace dos años, un equipo de cinco especialistas de la Dirección de Extensión y Servicios Externos de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica, a cargo del arquitecto Fernando Pérez, inició el levantamiento de la planimetría del edificio. Fue el primer paso para la creación del Plan Maestro de la biblioteca, presentado ayer en la Sala Ercilla, que definirá un marco para futuras modificaciones físicas, espaciales y funcionales. Este documento no solo incluye un nuevo dibujo de los planos del edificio, sino también un estudio analítico de cómo las personas que lo ocupan -trabajadores y usuarios- se relacionan con el espacio.

"El Plan Maestro implica proporcionar a la dirección de la biblioteca horizontes y posibilidades para su desarrollo físico. Nosotros le mostramos cómo se pueden resolver los problemas de crecimiento y cambios a futuro. Es como decir: 'La biblioteca podría ser así'. Pero es imposible plantear alternativas para el futuro si no conocemos su pasado", dice Fernando Pérez.

Por ello el equipo de investigación recuperó los planos originales de García Postigo y basó su propio levantamiento en esta y otras mediciones posteriores, estudiando cada rincón del edificio. "Un plano es un dibujo de cómo es su situación actual. Obviamente no coincide exactamente con el de 1913. Pero un plan, en cambio, es la proyección de lo que puede mostrarnos ese plano", explica Pérez.

"En cien años, la biblioteca ha ido cambiando sus espacios, por una serie de necesidades prácticas y concretas. El Plan Maestro nos permitirá, entonces, tener un norte para todo futuro proyecto de inversión. Desde detalles como ese mobiliario que no corresponde al perfil del edificio, hasta lo más importante, que es el uso correcto de los espacios de que disponemos", apunta Tironi.

El equipo de expertos de Fernando Pérez ya ha visualizado los primeros aspectos: "Hay distintos niveles. Por ejemplo, la modernización de sus salas de trabajo, la recuperación de la organización original y la buena convivencia entre la biblioteca de investigación y la biblioteca pública. Este es un edificio cuya construcción tardó 50 años en completarse. Si bien no ha tenido daños significativos con los terremotos, ha sufrido con el paso del tiempo. Creemos que puede alcanzar su máximo esplendor arquitectónico. Lo fundamental es recuperar la dignidad de sus espacios y definir el rol que debe tener la biblioteca en la ciudad del siglo XXI", concluye Pérez.

sábado, septiembre 21, 2013

Seis funcionarios expulsados por hurto de libros en Biblioteca Nacional

El Mercurio

Se habría detectado que mantenían vínculos con locatarios del Persa Biobío y San Diego. Aún pueden apelar a fallo de fiscal administrativo.

ÓSCAR SAAVEDRA

Mil ochenta libros desaparecieron desde la Biblioteca Nacional. De a poco los textos que pasaban por las manos de los funcionarios a cargo de la sección "Adquisiciones" -que recepciona los al menos quince ejemplares que autores o editoriales deben entregar a la entidad por la norma de Depósito Legal-, se comenzaron a extraviar. Hasta hoy, aún no aparecen las obras y la PDI investiga a un grupo de empleados, y la propia institución lleva adelante un sumario.

La indagatoria interna ya arrojó los primeros resultados: al término de la etapa investigativa, el fiscal propuso que seis empleados fueran exonerados de la biblioteca. Fuentes cercanas a la pesquisa administrativa revelaron que se detectó que los expulsados habrían hurtado los ejemplares para venderlos a algunos comerciantes del Persa Biobío y de calle San Diego.

Actualmente, de acuerdo a los plazos del sumario, los sancionados todavía podrían apelar al fallo del sumariante. Sin embargo, la gravedad de la falta, que podría ser perseguida penalmente tras el cierre de la indagatoria de la PDI, haría irrevocable la decisión, según se señaló en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

Ayer, luego que se diera a conocer el extravío de los documentos, la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Tironi, confirmó la gravosa sanción dispuesta para los funcionarios, aunque declinó ahondar en detalles de la indagatoria.

Contó que apenas se detectó la fuga de los libros, el hecho fue denunciado a la Fiscalía Centro Norte y la PDI, y que se inició la pesquisa interna: "Se actuó diligentemente. Los hurtos de libros son frecuentes en las bibliotecas grandes, es un tema bastante complejo".

Explicó que, luego de la pérdida, se aumentaron las medidas de seguridad en el edificio de la Alameda. Afirmó: "Se dispuso de un mayor control en los espacios de la sección 'Adquisiciones', y lo primero que hicimos fue cambiar las cerraduras del depósito para que no hubiera nuevas fugas y el acceso a dicho lugar se restringió solo al personal de esa unidad. Además, se ha desarrollado la implementación de un software que permite el seguimiento de un libro".

Más medidas de seguridad

A las cámaras de seguridad dentro de las salas de lectura, se sumaron otras en los depósitos de libros. Asimismo, antes del hurto de los textos, los funcionarios podían entrar a las bóvedas con bolsos, pero hoy se cuenta con casilleros en las distintas entradas, donde deben dejar sus pertenencias e ingresar sin nada en las manos y salir solamente con los ejemplares solicitados por los usuarios.

En tanto, una vez puesto en marcha el programa computacional, se erradicará la forma en que se registra el paradero de los diversos libros. Históricamente, esto ha funcionado con bitácoras en que se anota con lápiz el ingreso de un texto a la Biblioteca Nacional, un método que es altamente inseguro.

Ana Tironi aseveró que "nos hemos dado cuenta que esto es sumamente vulnerable. Con el nuevo módulo, con el programa de automatización, ya no se va a poder adulterar la información de un libro. Se conocerá desde el minuto en que ingresó hasta la estantería en que quedó o donde se distribuyó".

Mil ochenta
libros se extraviaron desde la Biblioteca Nacional. Hasta ahora, las dos investigaciones -la penal y la administrativa- apuntan a los funcionarios de una sección.

Detectives
iniciaron una investigación en marzo pasado, luego que la propia entidad detectara la fuga después de un inventario. Surgió tras la pérdida de ejemplares éxito en ventas, como "Cincuenta sombras de Gray".

A menos
del 50% del precio real del libro se habrían comercializado los ejemplares hurtados en locales del Persa Biobío y la calle San Diego, según fuentes del caso.