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miércoles, agosto 30, 2023

Gustavo Miranda y su regreso con la Orquesta de Cámara de Chile

 

Gustavo Miranda en pleno ensayo en el Teatro California, con esta agrupación que depende del Ministerio de las Culturas. Macarena Pérez


El Mercurio


A partir de hoy y hasta el viernes , el destacado pianista abordará el Concierto de Clara Schumann. El programa del conjunto también incluye un estreno absoluto de David Gompper.

Maureen Lennon Zaninovic

En agosto de 2022 y después de cinco años de ausencia y un periodo de introspección, Gustavo Miranda se presentó con la Orquesta de Cámara de Chile, interpretando el Concierto N° 1 de Felix Mendelssohn. Fue un recital muy elogiado por el público y la crítica, y que marcó su retorno formal a los escenarios locales.


Un año después, el pianista chileno se volverá a reencontrar con este conjunto que depende del Ministerio de las Culturas. Son tres fechas gratuitas que parten hoy, a las 19:30 horas, en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario (Av. Presidente Riesco 6430, Las Condes); mañana, a las 19:00 horas, en la Parroquia San Ramón (Mardoqueo Fernández 100, Providencia); y el viernes, a las 19:30 horas, en el Teatro California (Av. Irarrázaval 1562, Ñuñoa).


Miranda, becado estrella de la Corporación Amigos del Municipal, abordará el Concierto de Clara Wieck, esposa de Robert Schumann. En medio de un ensayo en el Teatro California, comenta a “El Mercurio” que se trata de una “obra que conozco desde hace años. Sin duda es una pieza muy original dentro del repertorio de los conciertos románticos. Clara lo escribió a los 14 años y es su única composición para orquesta”. Añade que lo que más le atrae de este concierto es que, a pesar de estar muy influenciado por el lenguaje de Chopin, “nunca cae en la imitación. No busca copiar a otro compositor. Tiene giros armónicos muy únicos que, a veces, me recuerdan a Brahms”.


El artista se explaya y dice que el segundo movimiento es una Romanza que parte como si fuera un Nocturno insertado al interior de este concierto para piano y orquesta y “mágicamente, dentro de este Nocturno, aparece un cello”. Junto con ello, comenta que el tercer movimiento tiene muchas influencias de las Polonesas de Chopin y que otra de las particularidades de esta pieza es que parte en La Menor, “una tonalidad un poco trágica y termina así. No hay vuelta que darle. No tiene piedad. Es una composición muy tormentosa. No es común, porque los conciertos que parten en La Menor, generalmente terminan en La Mayor, con algo más optimista”, cierra.


El programa también contempla la Primera Sinfonía de Charles Gounod y un estreno absoluto: “Meditación (obra sobre los Derechos Humanos)”, del compositor norteamericano David Gompper, compuesta especialmente para este conjunto. Emmanuel Siffert, director titular de la Orquesta de Cámara de Chile, explica que con este músico estadounidense, profesor de la Universidad de Iowa, viene trabajando desde hace siete años y “grabé todas sus piezas orquestales. Él hizo esta obra que es una meditación. Tiene algunos motivos del dolor, con sonidos que vienen y pasan”, concluye Emmanuel Siffert.

viernes, abril 28, 2023

Gustavo Miranda desplegó su virtuosismo en la Viña Santa Rita


 


El Mercurio


El pianista, becado estrella de la Corporación Amigos del Municipal de Santiago, se presentó gracias a la Fundación Claro Vial, en la capilla de la viña. Compartió con estudiantes de la zona y con melómanos.

Maureen Lennon Zaninovic

Construida en 1885, en Alto Jahuel, la hermosa capilla de la Viña Santa Rita acoge todos los años el ciclo de Conciertos de Estaciones, desarrollado por la Fundación Claro Vial en conjunto con la viña, en un proyecto acogido a la Ley de Donaciones Culturales. La iniciativa contempla dos presentaciones, una para público general y un concierto de extensión en formato educativo al que asisten alumnos de las escuelas de comunas cercanas al lugar.


Ayer fue el pianista chileno Gustavo Miranda (1991) quien abrió el ciclo 2023. A las 11:00 horas, el becado estrella de la Corporación Amigos del Municipal ofreció un emotivo concierto para estudiantes de la zona que incluyó, entre otras, “Barcarola Op. 60”, de Frédéric Chopin, y el N°1 en Do de Mayor de los “Seis momentos musicales”, de Schubert.


La capilla estaba atiborrada de entusiastas alumnos y un grupo de ellos, al finalizar la presentación, le hizo preguntas al pianista de Puente Alto. Incluso uno de ellos, Michael Pirela (12), estudiante del Liceo Poetisa Gabriela Mistral, se animó a tocar “Para Elisa”, de Beethoven, consiguiendo la aprobación del propio Miranda y cálidos aplausos de los asistentes.


Patrimonio y música


Otro de los que estuvo en el concierto educativo fue Umberto Bonomo, director del Centro de Patrimonio UC, quien dijo que le “pareció una atmósfera maravillosa que se crea en esta iglesia, la música, el patrimonio y la juventud”.


A las 19:00 horas, Gustavo Miranda ofreció otro recital para invitados, con algunas modificaciones al programa de la mañana, con piezas como el “Intermezzo Op. 119” y el “Scherzo Op. 4”, de Brahms.


“Para mí es muy valioso que gente que nunca ha escuchado en vivo el sonido del piano, lo pueda hacer y ojalá sirva de inspiración”, comenta Miranda a “El Mercurio”. Agrega que se siente muy cómodo con el programa que ofreció y destaca la obra de Franz Schubert, quien “tuvo una vida muy corta, pero alcanzó a dejar creaciones muy interesantes. La Sonata D537 la compuso a los 20 años y es una pieza donde el piano parece un instrumento vocal. Es una obra de atmósferas”, concluye Gustavo Miranda.

viernes, enero 13, 2023

Gustavo Miranda vuelve a Las Majadas

 El Mercurio


El músico, quien a los 10 años se presentó por primera vez en este escenario de Pirque, tocará mañana, gratis, obras de Beethoven, Chopin y Gershwin.

Maureen Lennon Zaninovic

“La jornada inaugural contará con un invitado de apenas 10 años: Gustavo Miranda, ganador de la última versión del Concurso “Claudio Arrau” de Quilpué en el primer nivel. En sus dos años de estudio en la U. Católica, el joven intérprete experimentó notables progresos, que le permitieron cursar cuatro años en dos”.


Así se publicaba en estas páginas, en 2002, el debut de este artista chileno en el Festival Rosita Renard de Pirque. Más adelante la nota consignó que en aquella época este intérprete “no tenía un piano en el cual practicar. La Municipalidad de Puente Alto ya se comprometió a entregarle uno”.


A veinte años de ese estreno, el músico becado por la Corporación Amigos del Municipal regresará este sábado al parque Las Majadas de Pirque, con un concierto, a las 20:00 horas (entrada gratuita).


“Para nosotros es muy emocionante volver a tenerlo. A él lo descubrió nuestra recordada Rosa Puga, quien nos habló de este talento increíble. Lo trajimos con apenas 10 años y hoy tiene una carrera impresionante que lo llevó a estudiar en la Juilliard School en Nueva York”, cuenta Lilyan Jara, organizadora del Festival Rosita Renard de Pirque.


Gustavo Miranda (1991) rememora que su estreno fue muy conmovedor. “Había mucha gente, como mil personas y fue al aire libre. Tenía 10 años, pero me sentía como de 60. ¡Me creía muy maduro!”, dice. Agrega que su profesor en Estados Unidos, Julian Martin, estudió en Alabama donde por esos años se encontraba la hermana de Rosita Renard, también pianista, “y quien le hizo clases a la maestra de mi profesor. Siempre Julian Martin me decía que su pianista chileno favorito, más allá de Claudio Arrau, era Rosita Renard”, explica.


El programa de mañana sábado contempla —entre otras piezas— la Balada N°1 de Chopin, la Sonata Op. 31 N° 2, “La Tempestad”, de Beethoven y una selección de obras y transcripciones para piano de George Gershwin.


Miranda comenta que incluyó una sonata del músico de Bonn porque “quiero seguir el ciclo. Partí el 2022 y mi sueño es poder abordar la integral de Beethoven”, advierte. También define a “La Tempestad” como muy dramática y personal. “Cada nota es una emoción. Su estructura se sale del esquema formal: tiene unos recitativos que son muy especiales y que hablan de un estado emocional del compositor”. Sobre Chopin, aclara que escogió composiciones que fueran familiares para el público y de George Gershwin destaca su cercanía con el negro spiritual, el jazz y la música afroamericana. “También voy a tocar dos transcripciones que realizó Earl Wild de ‘Embraceable you' y ‘Fascinating Rhythm'. Son dos canciones muy famosas de Gershwin que me gustan mucho y, en particular, la versión de Ella Fitzgerald. Son dos estudios muy virtuosos y sofisticados”, concluye el músico Gustavo Miranda.

miércoles, julio 12, 2017

El gran desafío de Gustavo Miranda-Bernales

El Mercurio

El pianista chileno radicado en Estados Unidos dará el 21 de julio un recital en el Ciclo de Grandes Pianistas del Municipal de Santiago. Gustavo Miranda-Bernales apuesta en grande con una pieza capital de la literatura para piano: la Sonata N° 29 en Si Bemol Mayor, "Hammerklavier", Op. 106, de Beethoven. Es la más difícil de las 32 sonatas del genio alemán y una pieza que han grabado todas las grandes estrellas del piano en el siglo XX. Sin embargo, muy pocos han quedado conformes con el resultado. El programa se completa con la Sonata en La Bemol Mayor, Hob. XVI:43, de Haydn; selecciones de los "Preludios para piano", de Debussy, y la Sonata N° 2 en Sol Sostenido Menor, Op. 19, de Scriabin. A las 19 horas, desde $2 mil.

miércoles, julio 06, 2016

Gustavo Miranda-Bernales revela sus progresos en el Teatro Municipal

El Mercurio

El talentoso pianista chileno, radicado en Nueva York, será solista en el Concierto N°17 de Mozart.  

Maureen Lennon Zaninovic 

Es uno de los talentos pianísticos más prometedores de nuestro país. Gustavo Miranda-Bernales (25) -quien hace dos años finalizó un posgrado en la Juilliard School en Nueva York- es, además, uno de los becados estrella de la Corporación Amigos del Teatro Municipal de Santiago. A los diez años ganó el Concurso Nacional Claudio Arrau y, desde ese momento, su carrera ha ido en ascenso. Hace una semana, por ejemplo, debutó en Sao Paulo con la Orquesta Sinfónica Municipal, bajo la dirección de John Neschling.

"Fue una experiencia muy enriquecedora. Toqué el Concierto Nº 5, 'Egipcio', de Camille Saint-Saëns. En septiembre volveré a realizar conciertos y master classes en Taiwán. También este año tengo recitales en China y en Nueva York", comenta el propio Gustavo Miranda-Bernales, quien hoy y mañana, a las 19:00 horas, se presentará en el Teatro Municipal como solista, junto con la Orquesta Filarmónica de Santiago, dirigida por David Syrus. La primera vez que actuó en el coliseo de Agustinas fue en 2011, en el marco de los Conciertos de Mediodía. En 2012 se presentó por primera vez con la Orquesta Filarmónica de Santiago, y en 2013 debutó en el Ciclo Grandes Pianistas. Hoy y mañana, interpretará el Concierto N°17 de Mozart.

"Siempre disfruto tocar en casa. Cada día uno va madurando y creciendo más con la música. En este momento de mi carrera, estoy abordando mucho a Mozart, pero también a otros compositores que quizás no están en una primera línea, como Gabriel Fauré y el padre Antonio Soler. En mi gira a Asia, tocaré música chilena, lo que me encanta", añade.

Sobre la pieza del compositor de Salzburgo que ejecutará en el Municipal, precisa que el Concierto N°17 "fue escrito en 1784, en un año muy productivo para Mozart. Él compuso más de seis conciertos, como una manera de juntar dinero para beneficio propio. El concierto que yo voy a tocar es una excepción, ya que no fue compuesto para que él lo ejecutara, sino para su alumna Anna Barbara Ployer. Hay una leyenda que dice que Mozart tuvo como mascota un canario y, por eso, hay sonidos en el tercer movimiento que nos remiten a ese trinar".

El programa también incluye la Sinfonía "Júpiter", de Mozart y "La voz de las calles", de Pedro Humberto Allende.
 

martes, junio 25, 2013

Gustavo Miranda debuta en el Ciclo Grandes Pianistas

El Mercurio

El músico chileno, que estudia en la Juilliard School, actuará el miércoles en el Municipal de Santiago. Y el 2 de julio regresará al Ciclo de Mediodía, junto a la violinista Sheng-Ching Hsu.

Maureen Lennon Zaninovic

Se ha escrito profusamente que es uno de los talentos pianísticos más prometedores de nuestro país. Alumno aventajado de la Juilliard School en Nueva York, Gustavo Miranda -quien a los diez años ganó el Concurso Nacional Claudio Arrau- está pronto a dar otro paso profesional muy importante en su carrera: este miércoles, a las 19:00 horas, debutará en el Ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago, un encuentro que en sus casi 20 años de existencia ha convocado a intérpretes tan destacados como la española Alicia de Larrocha y el brasileño Nelson Freire.

Su debut en el Municipal fue en 2011 (Conciertos de Mediodía) y al año siguiente regresó como parte de la temporada internacional de conciertos, junto a la Orquesta Filarmónica de Santiago. Ahora, y en solitario, Miranda abordará 4 Impromptus de Schubert, la Sonata N° 3 de Scriabin y la Fantasía en Do Mayor Op. 17 de Schumann.

"Estoy muy contento con este regreso a mi país y por la posibilidad de tocar en este ciclo tan importante. Cuando fui alumno del Instituto de Música de la UC asistí a algunos conciertos de este programa y me pareció una experiencia muy alentadora", dice Miranda (22), quien desde hace cinco años reside en Nueva York. Gracias al apoyo de la Corporación Amigos del Teatro Municipal, en septiembre iniciará su segundo año de un máster en piano en la Juilliard School -una de las escuelas musicales más importantes del mundo- bajo la tutela del profesor Robert McDonald.

"Me parece una instancia muy valiosa el poder mostrar mis avances profesionales. En el último año he vivido cambios bien grandes: he ganado mucha experiencia sobre todo por los múltiples conciertos que he dado en distintas ciudades de Estados Unidos y en otros países. Todo eso me ha hecho crecer", agrega el músico que se quedará hasta agosto en Chile, en plan de vacaciones. "Vengo de un año tremendamente intenso y siento que era el momento de parar", dice Miranda.

Sobre el repertorio que ofrecerá en el Municipal agrega que será "romántico y jovial. Todos los compositores crearon estas piezas en su juventud y en ellas se aprecia una vitalidad, a veces desbordante. La Fantasía de Schumann, por ejemplo, es uno de los grandes monumentos que existen de la literatura romántica para piano. Fue creada para juntar dinero para levantar un monumento en honor a Beethoven y por eso, en el final del primer movimiento, aparece una cita a una de las canciones de Beethoven. Esta obra, por lo demás, fue escrita cuando su esposa Clara Schumann se encontraba lejos, de gira, y da cuenta de esa distancia".

También al mediodía

Pero hay más. El martes 2 de julio, a las 13:00 horas, Gustavo Miranda se presentará en el Ciclo de Mediodía junto a la violinista y Sheng-Ching Hsu (24), su compañera de estudios en la Juilliard School
"Hemos tocado juntos en distintos grupos de cámara. Gustavo, además, es un artista muy inspirador", dice Sheng-Ching Hsu.

Para esta última cita, ambos abordarán obras de Mozart, Szymanowski y Franck. Miranda destaca en especial "Tres mitos" de Szymanowski, "una obra en la que puedes encontrar muchos sabores y sonoridades, con efectos de violín que simulan ocarinas".

PROGRAMARSE:
Miércoles 26 a las 19:00 horas y martes 2 de julio a las 13:00 horas. Teatro Municipal de Santiago.

sábado, diciembre 01, 2012

Retrato de un pianista post adolescente

Revista el Sábado- El Mercurio


Gustavo Miranda es muy joven, es pianista y es uno de los grandes. A los 21 años, estudia en Julliard en NY y lo acaban de escoger para participar del Ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago. Esta es su historia, de Puente Alto a Nueva York.  

Por Andrea Muñoz

En Manhattan, en la calle sesenta y cinco, está Juilliard, la escuela de música, danza y drama. Por fuera es una mole de ángulos rectos, vidrio y mármol. Por dentro es un laberinto de pasillos y puertas -oscuras, pesadas, gruesas-, todas cerradas. Son ochenta y cuatro puertas y todas suenan. Hay una puerta-suena un violín-otra puerta-un contrabajo-puerta-cello. Son ochenta y cuatro sonidos: uno por cada sala de ensayo. Al final del pasillo se escucha un piano.

Gustavo Miranda está sentado frente a un Steinway negro, largo, de esquinas gastadas. Mueve la cabeza, a veces mira hacia el techo, los ojos oscuros, abiertos. Levanta las cejas; escucha. Mueve los dedos; suenan. Respira hondo; suena. Suena como si estuviera soplando. Suena como si no hubiera partitura, como si las notas estuvieran siendo improvisadas, ahora, detrás de esa puerta, al final de este pasillo sin ventanas.
Miranda es muy joven, es pianista y es uno de los grandes. Es joven porque tiene veintiún años. Es grande porque lo acaban de escoger para participar del Ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago. Tocará en junio del próximo año. Tocará tres eses: Schubert, Schumann y Scriabin.

Ahora está estudiando a Schubert, uno de sus impromptus, y si el sonido parece natural es porque en su ejecución hay control, se nota un plan, se oyen (porque se oyen) las horas de ensayo. Ha pasado los últimos cuatro años estudiando en Juilliard. En mayo terminó el pregrado, donde lo guió Julian Martin, y en septiembre comenzó su máster, donde estudia con Robert McDonald.

Su carrera comenzó a los diez años, cuando ganó el Concurso Nacional de Piano Claudio Arrau, en Quilpué. Desde entonces, Gustavo Miranda se transformó en una especie de profecía. En los diarios era un "talento promisorio". A algunos les recordaba a Claudio Arrau. A otros, a Alfredo Perl. Lo que aparecía, en el noventa por ciento de los artículos que se escribieron sobre él, es que venía de Puente Alto. Que la historia era sobre un niño, de Puente Alto, que algún día sería grande. Que era una historia de esfuerzo.

-Lo único que me interesa es que cuando vayan a mis conciertos la gente escuche, que de verdad escuche -dirá hacia el final de la tarde.

La historia es así. Sus abuelos cuidaban una parcela en el Cajón del Maipo. En la casa del dueño de la parcela había un piano. Gustavo Miranda se acercaba a tocarlo. Tenía tres años.

"Parece que no se podía. Me decían: 'No toques'. Pero yo iba y tocaba", cuenta.

-¿Escuchabas a alguien tocar?
-No, iba por curioso. Tocaba otros instrumentos también. Jugaba con música, esa era mi forma de jugar.
En alguna de esas historias publicadas en el diario, Miranda describió el piano -el piano como lo veía él cuando tenía tres años-como una especie de mueble que sonaba.

-Pero no sé si partió por ahí. Yo cantaba mucho. Recuerdo que cantaba y sigo cantando. No sé si canto bien, pero es algo que siento internamente. Fue más que el piano: era la música.

Después se aburre: "Es que esta historia sí que la vengo diciendo de siempre".

No quiere hablar del principio. Dice que se lo han preguntado demasiadas veces. Dice también, que la gente cambia.

"No necesitas escribir eso porque ya está", dice.

A los ocho años comenzó a estudiar piano en el Instituto de Música de la Universidad Católica. La prueba de admisión la recuerda vagamente: "Me llevó mi mamá, no sé qué habré hecho". Había, sí, un grupo de profesores y en ese grupo estaba Miguel Ángel Jiménez, quien después sería su primer maestro.

Ese día, Miranda tocó con autoridad, usando las dos manos, pero sabía muy poco, tal vez nada.

 "Comenzó a tocar cosas incoherentes, pero con una especie de interés y dominio; como simulando que tocaba una gran obra", recuerda Jiménez. "Entonces en ese minuto yo dije: 'Este niño tiene algo, ¿qué es?'"
Ese niño era bajo y flaco, de manos delgadas, dedos finos. Su puntaje, tras las pruebas auditivas y rítmicas, era uno más en la lista de postulantes: ni tan bueno ni tan malo. Pero lo aceptaron. Y cuando comenzaron las clases, el profesor se dio cuenta de que su alumno -además de gustarle tanto la música, además de ser flaco- también aprendía muy rápido. Terminó el primer año a los tres meses. Al final del primer semestre, sabía lo mismo que un alumno de segundo año.

Luego vino el Concurso Claudio Arrau. Miranda tocaba el piano y sus movimientos eran expresivos. Eran tan expresivos que perdió el equilibrio: cuando terminó de tocar, se le cayó la cabeza sobre el piano. La última nota y luego un pequeño golpe, un cabezazo.

Jiménez piensa que su talento era más grande que su cuerpo de niño.

"Fue bonito eso", recuerda.

Miranda no se acuerda de nada.

Después vino la edad incómoda. Tenía doce años, tenía otro cuerpo y el piano se sentía extraño. Tenía, además, sus propias ideas sobre cómo debían sonar las cosas.

-Cuando llegó a mi clase ya había desarrollado un sentido extraordinario en la interpretación -explica María Iris Radrigán, su segunda profesora. Y además, con mucha propiedad; es decir, muy decidido, muy sabiendo lo que hacía. Yo quiero decir tal cosa y eso era lo que salía para afuera, lo que él comunicaba.
Los músicos dicen que interpretar música es como actuar. Por un lado, hay un guión; por el otro, hay imaginación. El actor lee la historia y se memoriza los diálogos. Cómo decirlos, cuándo hablar así o asá, cuándo llorar o no, si llorar con o sin ruido; para eso no hay guión.

A veces los guiones son específicos. A veces son más vagos. Una vez, Radrigán le pasó a Miranda un guión vago: un preludio de Bach. Las partituras del compositor alemán apenas tienen indicaciones. No dicen ni "tóquese con alegría" ni "con sentimiento". Así que Miranda tocó lo que él se imaginó.

"Y era realmente increíble la postura", recuerda Radrigán.

Después ella le propuso otra, opuesta a la que él había preparado.

"Y lo dio vuelta. Lo que era blanco lo puso negro. Fue increíble. Eso, a veces, ni un adulto lo puede hacer".
Según Radrigán, desde muy niño Miranda fue capaz de transmitir todo tipo de emociones a través del sonido.

En persona era distinto.

-Era más bien tímido y retraído -dijo Jiménez, su primer profesor.

-Yo no soy tímido. ¿Tú crees que soy tímido? -pregunta Gustavo Miranda desde el piano.

-Sí, aparentemente tímido -dice María Iris Radrigán.

Dice: "Aparentemente".

-Porque uno ve a Gustavo en el escenario y se pregunta: ¿quién dijo que era tímido o introvertido? Nadie. Nadie podría decirlo. Se sienta al piano y Gustavo es otro.

El Gustavo Miranda que llegó a Juilliard tenía diecisiete años.

"El primer año fue más de señas y cosas", dice aludiendo al idioma. "Pero ya sobrevivía. Sabía un poco porque antes vine a los festivales en Canadá".

En las entrevistas que le hicieron durante esos años, Miranda describió su rutina así:

"Me despierto a las seis y media, tomo desayuno a eso de las siete, luego practico entre ocho y nueve, y a esa hora comienzan las clases hasta las cinco de la tarde, con almuerzo entremedio, para luego continuar estudiando hasta bien tarde. No hay tiempo para mucha vida social".

Julian Martin, su profesor de esa época en Juilliard, recuerda que Miranda hablaba muy poco con sus compañeros. Que comía poco, que adelgazaba más. Que un día se le ocurrió preguntarle qué había comido ayer. Que después le enseñó a cocinar huevos. Que no le iba  a contestar ninguna pregunta sobre el piano hasta que lo viera freír un huevo. Que Miranda siempre tenía hambre de piano.

Al piano, Miranda tenía "una voz fuerte y segura", dice Martin. Tenía un gran oído, un sentido de autoridad, ideas claras sobre la música. Tenía, también, una manera curiosa de sentarse en el piano. Se sentaba lejos, y miraba el techo, no las teclas ni sus manos.

-Para el oyente era como si o estuviera leyendo las notas del techo o pidiéndole inspiración a los cielos -explica Martin.

Al profesor, los gestos le parecían innecesarios; dañinos, incluso, pues amenazaban con reducir su repertorio. Algunas partituras no se pueden tocar así, desde lejos. Y tampoco podía transformarse en un gran pianista lejos del resto, opina Martin.

-No importa cuán duro trabajes ni cuántas horas te pases practicando -y él pasa muchísimas horas en la sala de práctica-pero creo que no te puedes convertir en un gran pianista en solitario.

Miranda, en Chile, no tocaba dúos, ni tríos, ni cuartetos. Si tocaba en grupo, era en patota: con una orquesta. Pero la mayor parte del tiempo, tocaba solo. La música de cámara era algo nuevo: era trabajar en grupo, pero sin un director que zanjara el asunto. Era ponerse de acuerdo con uno, dos y hasta siete músicos. Era escuchar a otros músicos y escucharse a sí mismo, de otra manera.

Comenzó a hacerlo a partir del tercer año. A fines del cuarto, lo hizo intensamente. Miranda fue seleccionado para participar en el festival de verano de The Taos Music School, una institución que se especializa en música de cámara. Ahí, junto al ensamble, estuvo dando conciertos cada dos semanas.

Julian Martin dice:
-El festival lo hizo cambiar tremendamente, volvió muy distinto del verano, sobre todo en como se comunica conmigo y con sus pares. En Taos se trabaja muy duro, es muy alto el nivel, pero él hizo buenos amigos allí y eso ha tenido un gran impacto. Como persona y como músico.

Como persona y como música, dice también Miranda.

-Durante esos primeros años estaba trabajando solo, básicamente. Entendiéndome a mí, como pianista y como persona. Ahora no. Ahora estoy tratando de entender cómo soy yo interactuando con gente. Y en la música también.

Su progreso también se manifiesta en su manera de sentarse al piano. Esos "gestos extravagantes" de los que hablaba Martin han ido desapareciendo.

Hoy, Gustavo Miranda sigue sentado a cierta distancia del piano, de este Steinway, en esa sala de ensayo, al final del pasillo sin ventanas. A veces, también, fija los ojos en el techo, ojos oscuros, ojos abiertos. No pierde el equilibrio. Su cuerpo está estable.

Está tocando el primer impromptu de Schubert. Ahora, en este pasaje, la mano derecha se mantiene fija-fija y constante en un rango de dieciséis notas -mientras que la izquierda salta de las graves a las agudas, como si graves y agudas estuvieran conversando. Para alcanzar las altas, Miranda debe cruzar una mano por sobre la otra. No se nota el esfuerzo.

Termina.

-Mucho gusto, Gustavo.

Sonríe.

Después hablamos del siglo de oro de los pianistas. De la tradición de los súper genios que comenzó en Liszt, el inventor de los recitales de piano. Hablamos del pasado, de cómo ha cambiado la manera de oír música. De las grabaciones. De los años donde no existían ingenieros en sonido asegurándose de que los pianistas tocaran exactamente las notas que aparecían en la partitura.

-En esos tiempos era mucho más espontánea la forma de tocar, era más lo que salía en el momento. Se agregaban notas, se quitaban notas, era otra forma.

-Y eso, ¿lo admiras?
-Claro y trato de tocar así también. Son otros tiempos, pero el espíritu es correcto y me gusta.

-¿Tocarías una nota equivocada?
-Siempre lo hago.

-¿Intencionalmente?
-Pasa. Es espontáneo, por eso me gusta tocar en vivo. Es más importante el contenido artístico que alcanzar una perfección. Uno puede llegar a obsesionarse con la perfección y entonces se pierde la belleza de la música. Yo prefiero concentrarme en eso. Y de alguna forma, cuando uno se concentra en eso, termina tocando las notas que están en la partitura. Uno necesita esas notas para lograr ese significado de la música.

-¿Si uno quiere ser perfecto termina sin decir nada?
-Sí, es así. Es que la música no se trata de tocar las notas, se trata de proyectar emociones. Eso es la música. Así funciona.

-¿Te molesta algún ruido?
-El ruido no es grato, pero la música no es ruido.

-¿No es ruido sino sonido? ¿Cuál es la diferencia?
-En el sonido hay intención. El ruido ocurre sin control. En la música cada sonido que uno produce tiene un significado. Y es probable que cuando no estamos conectados con la música estemos metiendo ruido.
Entremedio sigue tocando. Toca a Fauré, Ravel, Debussy. Toca a Liszt, a Brahms. Toca también a Mompou. Cuando va en Mompou su cara está lisa, la boca relajada, no levanta las cejas, los ojos en el piano.

-Yo, como intérprete, quiero desaparecer: meterme tanto en la música que termine no siendo yo. Eso es lo ideal para mí. Es lo que busco: casi desaparecer. Desaparecer -dice.

En Chile, le parece a él, a veces es difícil desaparecer.

-No sé. Será porque me conocen, porque soy chileno, que se enfocan en otras cosas a veces. Yo ya llevo cinco años en Nueva York, y está bien, Puente Alto es por donde partí, pero no es quién soy definitivamente. Yo soy un pianista joven, estoy encontrando mi forma, pero tengo algo que compartir.

-¿Qué cosas de Puente Alto te acompañan hasta acá?
-Siempre voy. Cuando voy a ver a mi familia ahí es donde vivo. En la misma casa. Pero no sé si sea puentealtino. Yo simplemente me quedo ahí por una semana.

-¿Te tiene aburrido seguir siendo una promesa?
-¿Promesa? Es como: 'algún día llegará a ser'. Soy joven, no es mentira que soy joven, pero tengo algo que mostrar. Detrás de mis programas hay un concepto. Trato de poner obras que signifiquen algo para mí. No es como: 'Soy talentoso y vengo a tocar'. No. Hay algo que quiero mostrar.

El próximo año, en el Ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal, tocará la Fantasía de Schumann.

-¿Qué quieres mostrar con eso?
-Es una obra muy apasionada, con mucha vida. Y hay mucha juventud ahí y es justo como me siento ahora: en un momento intenso.

 Una semana atrás era un sábado de octubre y Gustavo Miranda caminaba por la orilla del Hudson. Vestía camisa, chaqueta Armani, zapatillas. Su pelo, cortado con cuidado. Los vidrios de sus anteojos estaban impecables. Miranda sigue siendo flaco.

Al frente suyo estaba la costa de New Jersey. Atrás, Manhattan y sus rascacielos, luces, sirenas, bocinas, martillazos. En este paseo, a la orilla del Hudson, hay dos cosas que en Nueva York son escasas: silencio y vista al agua. Por eso le gusta caminar por aquí.

"Es como salir de la ciudad", dijo.

Frente al río, volvemos al principio.

-Ha habido casos donde ni siquiera me han preguntado cómo empezaste e igual lo ponen. Es como para recordarle a la gente, creo yo, no sé.

-¿Y te molesta que te lo pregunten?
-No, pero hay otras cosas que uno también quisiera compartir también. Hay una evolución, uno crece, cambia, todos los días, y eso es bueno que se sepa. La verdad es difícil. No importa. Lo importante es la música.

Lo demás, ruido.

lunes, octubre 08, 2012

El Teatro Municipal apunta a grandes pianistas para 2013

El Mercurio


Este miércoles se conocerán los espectáculos más importantes del próximo año en cuanto a ópera, ballet y conciertos, además del nombre del nuevo director de la Orquesta Filarmónica. A eso se suman los siete solistas que ya están confirmados para su ciclo pianístico.

Iñigo Díaz

Este miércoles se revelará el nombre del nuevo director de la Orquesta Filarmónica de Santiago, quien sucederá a Rani Calderon, titular de la agrupación desde 2010. Ese mismo día el Teatro Municipal dará a conocer públicamente su temporada artística, con el detalle de sus variados espectáculos de ópera, ballet y conciertos.

De este modo, también se abrirá la venta de abonos para 2013, y se adelantarán las novedades de la plataforma virtual del teatro, que incluye una serie de beneficios para el público. Pero entre todos estos anuncios, al parecer el Teatro Municipal ha querido realzar el Ciclo Grandes Pianistas, próximo a cumplir 20 años de antigüedad.

Para 2013 estarían confirmados siete solistas, seis de ellos extranjeros. El único chileno sería Gustavo Miranda, de 21 años, quien a los diez ganó el Concurso Nacional Claudio Arrau, y hoy está cursando un posgrado en la Juilliard School de Nueva York. En 2011 ganó un importante premio en Estados Unidos, al interpretar el Concierto para piano N° 2 de Brahms. Miranda debutó en el Teatro Municipal en los conciertos de mediodía en 2011, y este año lo hizo con la Filarmónica. Su escalada musical lo llevará a actuar en este ciclo de piano en junio próximo como uno de los pocos solistas chilenos que han estado en el

Grandes Pianistas.

Entre los extranjeros, la francesa Hélène Grimaud actuaría en mayo. Grimaud es considerada hoy como uno de los grandes nombres del piano en Europa, al punto de que ha sido comparada con Glenn Gould desde ciertos perfiles de su interpretación. Desde 2002 graba exclusivamente para Deutsche Grammophon y su agenda de este año incluye conciertos en el Concertgebouw y una gira con la Orquesta Filarmónica de Viena.

El venezolano Sergio Tiempo iba a tocar en el Grandes Pianistas en mayo pasado, pero debió cancelar su presentación a causa de un accidente. En esa ocasión fue reemplazado por el suizo-canadiense Teo Gheorghiu, aunque para 2013 estaría comprometida su visita en la apertura de la serie en abril próximo. Tiempo fue descrito por la revista Gramophone como "un enamorado de la infinita variedad de colores que puede dar el piano".

En julio vendría el ruso Alexei Volodin, quien en 2008 grabó las sonatas 106 y 109 de Beethoven, y en 2010, un disco dedicado a Chopin editado por el sello Challenge Classics. El ucraniano de 28 años Alexander Romanowski, que ha grabado piezas de Brahms, Schumann y Rachmaninov, tendrá su turno en agosto, mientras que en septiembre se presentará el austríaco Ingolf Wunder, segundo lugar en el Concurso Internacional de Piano Frédéric Chopin en Varsovia de 2010 y artista exclusivo de Deutsche Grammophon. El ciclo se cerraría en octubre con el inglés Peter Donohoe, de 59 años y el más experimentado de la serie caracterizada por la juventud de estos grandes pianistas.



viernes, agosto 17, 2012

Pianista Gustavo Miranda enfrenta una prueba de fuego

El Mercurio

Joven pianista de Puente Alto regresa al Teatro Municipal. Hoy y mañana debutará con la Orquesta Filarmónica de Santiago, con obras de Beethoven.  

Maureen Lennon Zaninovic

Es uno de los talentos pianísticos más prometedores de nuestro país. Alumno aventajado de la Juilliard School en Nueva York, Gustavo Miranda -quien a los diez años ganó el Concurso Nacional Claudio Arrau- está pronto a dar un paso profesional muy importante: hoy y mañana, a las 19:00 horas, debutará con la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Rani Calderon, como parte de la temporada internacional de conciertos. La primera vez que actuó en el Teatro Municipal de Santiago fue en 2011, en los Conciertos de Mediodía.

"Estoy muy contento con este regreso a mi país y por la posibilidad de tocar en un escenario tan importante como el Municipal. Me gusta mucho su sala, su piano y su público", dice Miranda (21), quien desde hace cuatro años reside en Nueva York. Gracias al apoyo de la Corporación Amigos del Teatro Municipal, acaba de terminar su bachelor, y tras su presentación en nuestro país, iniciará en la Juilliard School un master , bajo la tutela del profesor Robert McDonald.

"En el bachelor me guió Julian Martin, y fue una experiencia extraordinaria que espero continuar en esta nueva etapa de estudios", agrega el joven pianista, quien en los últimos meses se ha presentado en Cartagena de Indias (Colombia), Taos (New Mexico) y en un encuentro de música de cámara, también en Estados Unidos.

Beethoven por dos

El repertorio que ejecutará en el Municipal incluye la Fantasía Coral y el Concierto para piano Nº 2 de Beethoven.

"Son dos obras inusuales, si se toma en cuenta toda la creación beethoveniana. El Concierto N° 2 fue el primero que escribió el compositor alemán. Se demoró en publicarlo por miedo a que le copiaran su estilo, pese a que este Concierto lo interpretó bastante en sus primeros años en Viena", dice Miranda, y agrega que estamos ante una "obra llena de juventud y sueños, inserta en un clasicismo muy vienés, con influencias de los Conciertos de Mozart".

Sobre la Fantasía Coral, puntualiza que es una creación más tardía de Beethoven y "una anticipación de su célebre Novena Sinfonía. Presenta un texto lleno de heroísmo, una lección de superación frente a las adversidades. Es el triunfo del arte y de la fuerza".

COORDENADAS
Esta tarde y mañana, a las 19:00 horas, en el Teatro Municipal de Santiago. Entradas desde $2.500 a $24.000.

jueves, junio 02, 2011

Gustavo Miranda: "Admiro a quienes son capaces de entregar un mensaje a través de la música"


El Mercurio

Es uno de los talentos pianísticos más prometedores de nuestro país. Alumno aventajado de la Juilliard School en Nueva York, esta semana actuó con gran éxito en el Teatro Municipal de Santiago, y el 14 y 15 de julio debutará junto a la Orquesta Sinfónica de Chile. Un músico de 20 años para no perder de vista.

Maureen Lennon Zaninovic

"Mi historia es bien particular. No provengo de una familia musical. Mi primer encuentro con este mundo ocurrió en una casa que mis abuelos cuidaban en el Cajón del Maipo. Ahí había un piano y alrededor de los tres años me empezó a deslumbrar este 'mueble' que sonaba. Mis papás se dieron cuenta de que había un interés real y contrataron a una profesora que vivía a dos cuadras de mi casa, en Puente Alto. A los seis aprendí a leer música y a los nueve me matricularon en el Instituto de Música de la UC (con beca completa), donde me formé con dos profesores fantásticos: Miguel Ángel Jiménez y María Iris Radrigán".

Así recuerda Gustavo Miranda (1991) sus emocionantes inicios en este instrumento. Desde que ganó el Concurso Nacional Claudio Arrau, en Quilpué, con sólo diez años de edad, su carrera ha sido intensa y ya cuenta con importantes triunfos nacionales e internacionales. En mayo de 2012 terminará su formación para optar al grado de Bachelor en la prestigiosa Juilliard School, de Nueva York. Su profesor Julian Martin -tal como lo adelantó hace unos meses a "El Mercurio"- está muy orgulloso de sus avances: "Su interpretación está marcada por una inusual madurez, profundidad de comprensión, buen dominio del teclado y una destreza comunicativa natural que es, sin duda, excepcional". Martin confesó en dicha oportunidad que Miranda era su mejor alumno.
Afortunadamente cuenta con beca completa de estudios y la Corporación Amigos del Teatro Municipal financia su residencia en esa ciudad. En su promoción (12 estudiantes) es el único latinoamericano que estudia piano.

Una hazaña no menor. Tal como lo confirma el director chileno Juan Pablo Izquierdo -gran conocedor del medio académico estadounidense- "entrar a la Juilliard es como formar parte de las grandes ligas. Es un privilegio y a la vez es muy difícil lograr que te acepten. Además de contar con excelentes docentes, durante el período de estudios los alumnos tienen la posibilidad de tocar con orquestas de prestigio y en teatros de primerísima línea".

Una experiencia que es refrendada por el propio pianista:
"Han sido tres años realmente geniales. He podido ofrecer conciertos en Nueva York (Lincoln Center) y en otras ciudades. También he recibido master class muy enriquecedoras con grandes músicos como Alfred Brendel, Richard Goode y Anton Kuerti", señala Miranda, quien se encuentra en nuestro país aprovechando un período de vacaciones de la Juilliard.

De estreno

Pero en Chile no está descansando, precisamente. El martes debutó en el Teatro Municipal de Santiago, en la apertura del Ciclo de Mediodía. Allí abordó la Partita N°5 en Sol Mayor de Bach; la Sonata para piano N°12 Op. 26 de Beethoven, además de una selección de populares piezas de Chopin. (Ver comentario).

"Fue un sueño cumplido el poder actuar en esa sala donde se han presentado legendarios pianistas. Ahí escuché a Anatol Ugorski en una Fantasía de Schubert; un repertorio que después me animé a abordar. Para mi debut escogí una obra de Beethoven, porque en estos últimos años he profundizado muchísimo en sus Sonatas, en las Opus 22, 26, 27 y 28. Siempre he sido muy cercano a este compositor alemán y espero -ojalá muy pronto- ejecutar su ciclo completo de Sonatas. Beethoven está muy ligado al alma del intérprete. En su obra no todo está explícito y eso resulta estimulante para cualquier artista".

Y hay más. El 14 y 15 de julio debutará con la Orquesta Sinfónica y con la dirección del músico ruso Victor Yampolsky. En el Teatro de la Universidad de Chile abordará el exigente Concierto N°2 de Brahms.

Muy extenso

"Ha sido un 2011 espectacular, con dos debuts muy importantes para mi carrera. Me parece genial poder mostrar mis avances en la Juilliard. En estos últimos tres años he tocado más en Nueva York que en Santiago. Y me encanta el público chileno".

Sobre el Concierto N°2 de Brahms agrega que le mandó un DVD a Micha {lstrok} Nesterowicz (director titular de la Sinfónica). "Tras escucharme, me invitó a tocar y como estaba estudiando esta obra de Brahms -uno de mis Conciertos preferidos-, se lo propuse como parte del programa. Aceptó mi sugerencia, lo que me tiene demasiado ilusionado".

"Es una pieza monumental. El tercer movimiento tiene un solo de cello que es una maravilla. También es muy especial que contenga cuatro movimientos, lo que lo acerca más a una sinfonía".
-¿Qué desafíos implica interpretar este Concierto N° 2?

"Muchísimos. Es una pieza muy larga -cerca de 50 minutos- y requiere alta concentración. Ya he tocado obras que se asemejan en extensión, por ejemplo la Sonata en Si menor de Liszt y el año pasado abordé la Sonata N° 3 de Brahms (45 minutos). ¡Pero el Concierto N° 2 es inmenso! Requiere una resistencia física y mental que hay que saber canalizar muy bien. Su escritura es bien especial, por la forma como el músico alemán concibió el piano, de manera muy distinta a la de Chopin. En esta pieza hay impactantes masas de sonidos. Hay que saber frasear a través de esas masas de acordes y lograr que cante el piano".

-¿Cuáles son sus proyecciones profesionales?

"Ofrecer más conciertos y ampliar mi repertorio. Sobre todo quiero rescatar piezas que alguna vez toqué; obras de Beethoven y de Schumann, fundamentalmente. En la biblioteca de la Juilliard, por ejemplo, descubrí una fantasía de Schubert, prácticamente inédita, y que me encantaría abordar".

-¿Qué pianistas admira?

"A Murray Perahia, y he tenido la suerte de escucharlo un par de veces en Nueva York, y a Krystian Zimerman. Los admiro porque hay muy pocos intérpretes -como ellos- capaces de entregar un mensaje a través de la música".



Comentario del recital

En el Teatro Municipal se presentó el joven pianista Gustavo Miranda, quien estudia en la afamada Juilliard School of Music de Nueva York, pero conocido en Santiago por sus presentaciones en salas menores durante sus vacaciones.

Su debut en la sala grande del Municipal comenzó con la Partita No. 5 de Bach. Si en el Preámbulo y las primeras danzas el ejecutante pareció algo tenso y nervioso, ya en la Sarabande logró transmitir una calma que hipnotizó a la audiencia por la extrema delicadeza con que fue ejecutada. En el tiempo de minueto posterior reveló una capacidad de jugar y divertir al público que no suele asociarse al nombre de Bach. Pero sus marcados acentos y la vitalidad rítmica que impone no llegan a contrariar las convenciones actuales sobre la interpretación de dicho compositor en el piano.

El clímax del recital fue la interpretación de la Sonata No.12 (de la marcha fúnebre) de Beethoven. Compuesta cuando el compositor comienza a experimentar saliéndose del estilo clásico, su movimiento inicial no es de una sonata, sino un tema con variaciones. A cada una de ellas, Miranda supo encontrarle un aspecto original que subrayó con toda claridad. La marcha fúnebre nunca sonó más fúnebre, más marcial ni más solemne. El joven intérprete destaca el juego dinámico de Beethoven, con un dominio y control total de la ejecución. Es notoria y excepcional la atención con que el público sigue su interpretación y hasta los sectores más juveniles e inquietos de la audiencia parecieron absortos en la música. El artista es capaz de abarcar desde un suave lirismo hasta arranques electrizantes, sin perder la pureza del tono ni aún en los extremos dinámicos. Sus rubatos crean un suspenso que parecen dejar a toda la audiencia suspendida sobre el borde del abismo, para rescatarla justo antes de la caída con un pianissimo o un ataque fogoso.

La Balada No. 3 de Chopin, las mazurcas y la Barcarola con que concluyó, sólo confirmaron a un virtuoso del piano, capaz de comunicarse en forma elocuente mediante el teclado. Además, es evidente que disfruta tocando.

Hace algunos años un respetado crítico londinense lamentaba la comparación con Claudio Arrau, un gigante del piano, que debían sufrir los jóvenes pianistas chilenos. Gustavo Miranda no ha podido escapar a ese destino en Nueva York y hasta aquí -recién cumplió 20 años- resiste en pie tan severo examen.