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martes, septiembre 18, 2018

El silencioso adiós que tuvo la cantante Sonia la Única

Sonia en primer plano y su hermana Myriam, quién falleció en 2006


El Mercurio

La recordada intérprete de "Esta noche la paso contigo" falleció el viernes 14, a los 89 años. Solo sus familiares y unos pocos amigos cercanos despidieron a una de las voces más alabadas de la música local, quien se hizo conocida por el popular dúo Sonia y Myriam. 

Por Eduardo Miranda

La triste noticia recorrió tímidamente algunas redes sociales y solo la tarde del sábado 15 la Sociedad Chilena de Autores e Intérpretes Musicales, SCD, confirmó la información de manera oficial. "Lamentamos el sensible fallecimiento de la socia permanente Sonia Schrebler García, conocida artísticamente como Sonia la Única", decía el comunicado que se publicó el mismo día sábado, cuando sus funerales ya se habían realizado en el cinerario del Cementerio General.

"Yo me enteré por Facebook, y me extrañó que no se hiciera eco de esta triste partida", dice la cantante Ginette Acevedo. Y luego agrega: "Sonia la Única tenía una hermosa voz, era la que mejor interpretaba el bolero. En una época fue una de las mujeres más importantes de nuestra música, pero lamentablemente se tuvo que ir a otro país para lograr ser reconocida".

Según cercanos a la cantante de 89 años y que en 2009 fue internada en una casa de reposo por su avanzado alzhéimer, habría fallecido muy tranquila y en compañía de sus familiares más cercanos. Su despedida se realizó de manera privada en la iglesia de El Bosque.

Sonia Hilda Georgina Schrebler García nació el 9 de abril de 1929. Comenzó cantando a los 11 años en compañía de su hermana y así nació el legendario dúo Sonia y Myriam, que creció en una casa familiar en el cerro Playa Ancha, en Valparaíso. Su educación musical la recibió de su madre, Hilda García Ossandón, cuyo nombre de cantante fue Cora Santa Cruz. El dúo tuvo dos períodos de actividad: entre 1941 y 1950, y luego reaparecieron entre 1957 y 1964.

En total fueron 23 años donde interpretaron composiciones de Vicente Bianchi y Francisco Flores del Campo. También llegaron al cine, donde aparecieron cantando en la cinta de 1942 "El último día del invierno", de René Olivares, y en "Música en tu corazón", de Miguel Frank.

Pero solo fue el preámbulo de la carrera en solitario de Sonia la Única, nombre que fue sugerido por el propio Armando Manzanero y que marcó la trayectoria de la llamada "Aristócrata dama de la canción".

"La conocí y la vi cantar algunas veces y era algo alucinante. Tenía una fuerza impresionante, era una mujer que cantaba con las entrañas. Su postura, sus manos, su rostro... Todo estaba dirigido hacia la canción", recuerda la cantante Andrea Tessa, quien compartió con ella en algunas ocasiones.

En 1980, las hermanas volvieron a reunirse, pero esta vez en su rol de productoras y lanzaron el sello SyM, que editó discos de Eduardo Gatti, Hugo Moraga y Óscar Andrade, entre otros.

En 2001, las hermanas fueron premiadas por la SCD como Artistas Fundamentales de la Música Chilena, y en 2005 se presentaron en un concierto junto a Juan Azúa. "Nosotras sabemos que para mucha gente somos unas perfectas desconocidas, porque hace muchísimos años que no trabajamos juntas", dijo entonces la voz que inmortalizó canciones como "Esta noche la paso contigo", "Te doy dos horas" y "Te amaré toda la vida".

"Yo la había ido a ver al hogar donde estaba. La vi muy bien, muy linda, como siempre fue, pero claro que ya no conocía a nadie. Pero fue muy emotivo verla y comprobar que estaba bien cuidada", finaliza la cantante Mónica de Calixto, quien la visitó hace un par de años.

lunes, octubre 23, 2017

Los músicos chilenos que van en busca del sueño mexicano

El Mercurio

Una industria desarrollada, la posibilidad de llegar a más público y las ganas de comenzar de cero son las razones que llevan a varios cantantes locales a emigrar a tierras aztecas.  

Por Raimundo Flores 

Lucho Gatica, Sonia la Única, Mona Bell, Los Ángeles Negros, Jorge González, Pedropiedra y Mon Laferte. El punto que tienen en común estos músicos, además de ser chilenos, es que en algún momento de sus carreras decidieron irse a México. Ya fuera para probar suerte o para consolidar sus carreras, el país norteamericano fue el destino elegido, marcando una tendencia que se sigue repitiendo.

Hay algunos que han dejado un especial legado en ese país. Tal es el caso de Sonia la Única, cantante que, luego de dejar el dúo que formaba con su hermana Myriam, llegó en los 70 a México, donde se hizo conocida por su interpretación de boleros y donde forjó amistad con Armando Manzanero. Lucho Gatica es otro chileno que dejó huella. Se instaló en 1955 y logró un éxito poco antes visto para un extranjero. De hecho, Juan Gabriel ocupó parte de su primer show en el Festival de Viña para homenajearlo.

Los Ángeles Negros completan la lista de quienes lograron consolidarse en México el siglo pasado. Tras presentarse varias veces, decidieron radicarse en 1982, llegando al punto en que muchos allá los creen mexicanos. Su influencia no solo se ha limitado a sus contemporáneos, sino que ha llegado a la música popular actual. Artistas de hip hop como Jay-Z o los Beastie Boys han incluido fragmentos de sus melodías en sus temas.

Distinta suerte corrió José Alfredo Fuentes, a quien la RCA lo llevó a México en 1970 para internacionalizar su carrera. "Me fue muy bien, tenía una canción -'Que bien me olvidas'- que estuvo en los primeros lugares de los rankings . Estuve en los programas más importantes de la televisión, se formó un fan club , en los shows me sacaban con policías. La cosa estaba empezando a encender, pero aguanté seis meses", recuerda el "Pollo". Sobre las razones de su regreso, dice: "Era muy joven, no tomé la dimensión de lo que pasaba, ni nadie me ayudó a decirme que debía sacrificarme y quedarme un tiempo. Estoy casi seguro de que habría sido una figura a nivel internacional".

Casos recientes

Quienes también intentaron consolidar una carrera internacional fueron algunas ex figuras del programa "Rojo", como Daniela Castillo, Carolina Soto y Monserrat Bustamante. Esta última, conocida hoy como Mon Laferte, ha sido quien ha cosechado más éxitos. A pesar de un lento comienzo en Ciudad de México, donde además tuvo que enfrentarse a un cáncer, la cantante logró ganarse al público mexicano y aumentar su popularidad en todo el continente.

Otro caso reciente es el de Pedropiedra. El músico viajó a México en 2007, apoyado por Jorge González, y por Leonel García, ex líder de Sin Bandera, que lo ayudó a lanzar su disco debut como solista. Ese trabajo fue el que sacó al músico chileno del nicho en el cual habían estado sus proyectos anteriores y le dio reconocimiento en la región. "Hay que imaginarse que vive más gente en el Distrito Federal que en todo Chile. El hecho de irse de Santiago a México es como el movimiento lógico de moverse de la periferia a la gran ciudad", reflexiona el cantante.

Ese es el mismo camino que tomó Weichafe. Con más de 20 años de historia, la banda de rock decidió instalarse en México en junio pasado, luego de grabar su último disco ahí. "Queríamos generar más vínculos con otro tipo de público ya más a nivel latinoamericano y México es un lugar neurálgico para la música en español", explica el líder del grupo, Angelo Pierattini.

Hoy, ha realizado distintas presentaciones en vivo para darse a conocer, y Pierattini, que ya tuvo experiencias como solista, se muestra confiado. "El público mexicano está muy ávido de escuchar música nueva. Ser artista o músico es algo que socialmente es súper bien considerado, cosa que en Chile no pasa mucho".

Mauricio Durán, quien junto a su hermano Francisco, vive hace nueve años en México, al principio cuando integraban Los Bunkers y hoy al frente a su nuevo proyecto, Lanza Internacional. "Aquí la música es más importante para las personas que en Chile. Eso hace que haya un mayor respeto por el oficio de músico", dice Durán, quien alista el debut discográfico de su nuevo grupo para noviembre.
Tal como pasó con Weichafe, la llegada de los hermanos Durán y el resto de los integrantes de Los Bunkers se dio por una búsqueda de nuevos horizontes. "La banda había cumplido un ciclo importante. Teníamos miedo de achancharnos si nos quedábamos en Chile haciendo lo mismo", dice el mayor de los Durán.

Otra chilena que probó suerte en México fue Mariel Mariel, cuya carrera estaba partiendo cuando emigró. Cargaba con el peso de ser hija de Pedro Villagra, fundador de Santiago del Nuevo Extremo y ex integrante de Inti Illimani. "Fue súper aventurero. Me gustó ser anónima y darme a conocer por esta búsqueda de construir una identidad musical propia", recuerda.

En México compuso y grabó "Foto pa ti", con que ganó el Premio Pulsar 2016 a Mejor Artista Urbana. Pese al éxito que cosechó en tierras aztecas, Mariel siguió el camino inverso y volvió en 2016. "Mi intención más que irme a México o quedarme en Chile, es vivir en los dos países, en una especie de puente de intercambio artístico".

El público mexicano, también tiene algunas diferencias respecto del chileno: "Son un poco más efusivos, más alegres y les gusta gritar, y cuando van a ver un espectáculo, eso lo hacen sentir", plantea Mauricio Durán.

Hay consenso en que en México la industria musical está muy desarrollada. "El músico se dedica a tocar y a hacer canciones; hay quienes producen los shows y otros se dedican a promocionar los discos. Hay una expertise  en cada área. En Chile los músicos tenemos que ser gestores al mismo tiempo", dice Pierattini.

domingo, febrero 12, 2012

Noventa años de música romántica en Chile: voces y canciones inolvidables



El Mercurio
De la antigua canción melódica al vals; del bolero omnipotente a la balada pura, y de la canción "cebolla" al "revivalismo AM". Si en algo ha sido dinámica la música romántica, es en las formas de transmitir su mensaje. Y si en algo ha sido estática, es en su mensaje: siempre el mismo. En vísperas del 14 de febrero, recorremos la canción de amor local.

IÑIGO DÍAZ

"El bolero hay que decirlo... Para decirlo, tiene que ser más o menos lentito", afirmaba el astro Humberto Lozán, bolerista y voz de la Orquesta Huambaly. Él es uno de los exponentes de la refinada propuesta melódica que aparecieron en Chile a partir de los años 40: primero a través de la tríada formada por Mario Arancibia, Arturo Gatica y Raúl Videla, y luego con estrellas de alcance internacional, como Antonio Prieto, Lucho Gatica, y Sonia y Myriam.

El bolero, surgido en Cuba, pasó en la década de 1940 a ser una bandera de la canción romántica latinoamericana, abrazada en Chile por intérpretes, autores y consumidores, y considerada también como una suerte de contraoferta a la canción norteamericana con etiqueta tipo Bing Crosby. Gozó de un amplio dominio en las preferencias populares por tres décadas, hasta que la balada se empezó a instalar a fines de los años 50 y ganó su primacía con toda propiedad en los 70.

Tonada, tango, vals, bolero, balada. La canción de temática romántica tuvo en Chile distintos rostros y ritmos en el transcurso del siglo XX. Pero su mensaje ha sido siempre el mismo. "Mucho más desamor que amor", dice Marisol García, la periodista y coeditora de la enciclopedia en internet MusicaPopular.cl. Hoy, en vísperas del 14 de febrero, "Día de los Enamorados", la canción de amor vuelve a reclamar espacio.
La estrella de la canción

En la interpretación de la música romántica nacional, Juan Pablo González, director del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, detecta un hito fundamental, "que marca el inicio de la forma en que la entendemos hoy: se trata del uso del micrófono por parte del cantante en los años 20". Es la llave maestra de una industria y apunta al nacimiento de la estrella de la canción.

"Parte con Bing Crosby en Estados Unidos, Mario Réis en Brasil, José Bohr en Chile y Argentina. Gracias al micrófono, la voz del cantante romántico parecerá natural y muy cercana y creará una sensación de intimidad en el oyente", indica González, también coautor de los libros "Historia Social de la Música Popular en Chile". El profesor del Instituto de Música de la Universidad Católica y coautor del segundo de estos volúmenes, Oscar Ohlsen, difiere en su opinión con respecto al precursor: "Si alguien me presenta un par de discos cantados por José Bohr, donde su voz sea capaz de convencerme de que fue realmente un cantante romántico, cambiaré de parecer".

Ohlsen, en cambio, define al argentino Leo Marini y al mexicano Juan Arvizu como los primeros exponentes de la canción de amor en Chile. Marini, porque llegó desde Mendoza a Valparaíso en 1941 para grabar con el pianista cubano Isidro Benítez para RCA Victor. "Hizo 'Virgen de medianoche' (de Pedro Galindo), 'Puedes irte de mí' (de Agustín Lara) y dos canciones del chileno Luis Aguirre Pinto: 'Inútilmente' y 'Cerca de ti'. Arvizu también grabó con la RCA Victor, junto a la orquesta de Izidor Handler. Se le conocía como 'el tenor de la voz de seda'. Pero si hubiera que escoger a un cantante chileno, ése es Mario Arancibia", declara Ohlsen.

La historia reconoce en Arancibia un barítono de excepcionales condiciones expresivas. Aunque de carrera muy corta en Chile, dejó grabadas canciones sensibles, como "Despedida", de María Grever, con la orquesta de Vicente Bianchi. Tras su paso por escenarios de Río de Janeiro, Buenos Aires y Montevideo, actuó en nueve temporadas sucesivas en el Casino de Viña del Mar. "A principios de los años 50 se cambió al sello Odeon pero sin el éxito obtenido en su sello anterior, RCA Victor", cuenta Ohlsen. "Fue injustamente opacado por Lucho Gatica", agrega González.

"Lucho Gatica es nuestro Frank Sinatra", confirma Ohlsen. "El gran ícono de la canción romántica, con impacto internacional", agrega González. Grabó un cuantioso repertorio desde 1952: "Contigo en la distancia" (de César Portillo de la Luz), "Sinceridad" (de Gastón Pérez), "No te vayas amor" (de Vicente Bianchi), "Bésame mucho" (de Consuelo Velásquez). "Estamos frente al cantante-músico, como lo define Humberto Lozán, que logra frasear 'diciendo' el bolero a su gusto (...) Hay momentos en que una nota del cantante completa la armonía de la orquesta", escribe González.

 
Astros del bolero chileno. Lucho Gatica junto al pianista Pepe Carrera y las hermanas cantantes Myriam y Sonia von Schrebler, conocidas desde 1941 como Sonia y Myriam.


El estilo amyrianado
Antonio Prieto es la contraparte de Lucho Gatica, el otro astro chileno del bolero, aunque en los años 60 fue orientándose a la balada gracias al éxito de "La novia". "De voz más natural, aportó su encanto espontáneo y su capacidad histriónica, hasta transformarse en un chansonier al estilo Gilbert Becaud", dice Ohlsen.

La balada, que paulatinamente cambiará la orquesta por los instrumentos electrónicos y los sintetizadores, sustituye al bolero en la cronología, a través de nuevas voces: Cecilia, Buddy Richard y José Alfredo Fuentes en los 60, y Gloria Simonetti en los 70, hasta desembocar en los 80 en la máxima estrella de las últimas décadas.

"Myriam Hernández tiene todo lo que no tiene el cantautor romántico tipo Alberto Plaza o Pablo Herrera, que es más íntimo en su propuesta. Ella vive el personaje gestual, interpretativa y escénicamente. En eso es insuperable. Es la mujer enamorada, y lo demuestra en sus miradas, gemidos y hasta en sus declaraciones a la prensa", señala Marisol García.

En cuanto a interpretación vocal, se manifiesta en lo que la propia Myriam Hernández ha llamado "estilo amyrianado". "Se dio cuenta de eso una vez que vio a su hija imitándola cantar, con suspiros en cada final de verso. Myriam es la más 'amyrianada' de todas", agrega García.

El avance de los tiempos trajo además a una generación actual que se ha reconciliado con las raíces del dial AM. "Para mí, Javiera Mena es una cantante romántica excepcional. Está preocupada por los detalles. Cuando canta 'un audífono tú, un audífono yo', da una muestra de su madurez, y su canción pasa a ser como un himno generacional, aunque la temática se repita", opina García.

La temática, en efecto, se repite en la canción romántica más que en cualquier otra variante musical. En Chile, desde los años 20 y hasta reciente el hit "Miénteme una vez" de Los Vásquez. Marisol García analiza: "La educación sentimental de los latinoamericanos estaba filtrada por el bolero, y ahora por la balada, con todos sus estereotipos. Cuando un autor escribe 'no puedo vivir sin ti', está confundiendo al auditor. Porque, en el fondo, sí se puede vivir. Son esos estereotipos los que la canción romántica nunca podrá abandonar, porque si no se acabaría".

 
Rosita Serrano en Berlín, junto al pianista Kurt Wege y con la guitarra que lleva una dedicatoria del rey Gustavo de Suecia.

Su melodía y otra más: "Ay, ay, ay", "Vanidad", "Noche callada".
Mario Lanza, el famoso tenor y actor estadounidense de origen italiano, la cantó en 1957 en la película "Las siete colinas de Roma". No fue el único. Otros tenores europeos como Tito Schippa y Miguel Fleta, además las estrellas sudamericanas Carlos Gardel y José Razzano, y voces de internacionales como Pedro Vargas, Plácido Domingo y Julio Iglesias, cantaron esa pieza maestra de 1915 que se llama "Ay, ay, ay". "Las letras de Osmán Pérez Freire serían consideradas hoy melosas, por su candidez y dulzura. No hay duda de que esas composiciones estaban emparentadas con el período del romanticismo musical", señala Valentín Trujillo, quien aquí recorre entre el piano y su memoria el cancionero de clásicos chilenos.

Pérez Freire, muerto en Madrid en 1930 a los 49 años, es según Trujillo el primer autor de canciones románticas del siglo XX, precursor de todo un frente de compositores.

"Armando González Malbrán (1912-1950) es el capo di tutti capi . Como no se le conoce mucho, en el extranjero juran que su blue-beguine 'Vanidad' es mexicano. Claro, eso fue porque la grabó Pedro Vargas y la mostró por el mundo. Yo viví en Miami y me pasaba el tiempo diciendo que era chilena", cuenta Trujillo.
Francisco Flores del Campo escribió decenas de canciones en diversos ritmos. "Sufrir" es su bolero sanguíneo. Trujillo y Gloria Simonetti lo tocaron en su funeral en 1993 y lo grabaron en el reciente disco "Íntimo" (2011). Luis Aguirre Pinto (1907-1997) escribió otro bolero entrañable, "Un día llegarás", grabado por Arturo Gatica y el cubano Fernando Albuerne. Donato Román (1915-2004), el maestro del diminutivo bien calibrado, entregó su "Nidito de amor", que cantaron Sonia y Myriam; Luis Barragán escribió "Dudas de mí", que el portorriqueño Tito Rodríguez transformó en éxito; Vicente Bianchi (1920), que lo ha hecho todo en la música popular, compuso "Amanecer", bolero grabado por Pedro Vargas; y Jaime Atria (1919-1984), se inscribió con "Noche callada", con gran versión de los Quincheros.

"Ariel Arancibia (1925-1997) tuvo que esperar a que pasaran todos estos maestros antes de poner sus canciones en la mesa. Fue un compositor en una época de transición hacia la Nueva Ola, entonces podía escribir cosas juveniles como 'La ballena' y al mismo tiempo la mejor línea melódica para un poema de Óscar Castro, el bolero 'Para que no me olvides'", afirma Trujillo.

Entre los autores de una etapa intermedia están el músico y comediante Jorge Pedreros (1942), con la balada "Al pasar la edad"; Carlos Carrasco, uno de los Carr Twins, con el slow abolerado "Vida mía"; un injustamente opacado Orlando Salinas, con "Por que te quiero", que entregó a Los Ángeles Negros; y Nino García (1957-1998), con "Entre paréntesis". La línea autoral desemboca en Daniel Guerrero (1973), el hombre que en 2002 compuso la monumental "Mañana" para Luis Jara. Según Valentín Trujillo, "Guerrero sigue la línea de compositores como Buddy Richard y Marco Aurelio. Se centra en la melodía y no en el ritmo, como se hace ahora. Yo les digo a los autores: la melodía bonita los está esperando, no se peleen con ella. La melodía bonita es como la mamá, y con la mamá no se pelea".

 
Ha nacido un nuevo seductor. José Alfredo Fuentes puso la voz a la balada de fines de los 60.