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domingo, junio 16, 2019

Verdades de Bob, mentiras de Dylan


domingo, junio 09, 2019

El día que Dylan volvió a la carretera



domingo, julio 22, 2018

Casa de subastas RR: Subastan carta manuscrita de Bob Dylan por casi 30.000 dólares en Boston

El Mercurio

La misiva de una página , escrita en 1975 por el nobel de Literatura a su amiga Debbie Green, se trata de una rareza, ya que el cantautor estadounidense no acostumbra a redactar cartas. "Normalmente escribo canciones y lo pongo todo ahí, así que no escribo demasiadas cartas", se lee en el puño y letra de Dylan. El autor de "Blowin' in the Wind" además le pidió a Green que participara en una grabación que precedería a su mítica gira Rolling Thunder Revue (1975-1976), luego de que lo hubiese cautivado en un pequeño concierto. Sin embargo, Green rechazó la oferta porque tenía que ocuparse de su hija. "Es increíblemente raro ver cartas manuscritas de Bob Dylan, esta es una de las pocas que hemos visto en casi 40 años en este negocio", dijo Bobby Livingston, vicepresidente de la casa de subastas RR.

lunes, junio 19, 2017

Discurso de Dylan al Nobel, en la mira de la crítica

El Mercurio

El trovador Bob Dylan , premio Nobel de Literatura, habría copiado ideas casi textuales de la guía de resúmenes para estudiantes SparkNotes, cuyo acceso a internet es gratuito. Eso, según indagaciones realizadas por la periodista Andrea Pitzer, quien examinó el discurso de aceptación del premio de la Academia Sueca. Allí, dice, aparecería una veintena de citas de la novela "Moby Dick" que asegura son inexistentes y, sin embargo, están en SparkNotes, en calidad de virtuales calcos.


viernes, junio 09, 2017

Dylan lee su discurso de aceptación del Premio Nobel

El Mercurio

A siete meses de haber obtenido el galardón, por fin el músico se pronuncia oficialmente: el lunes pasado se hizo público su discurso de aceptación, con lo que recibirá los 819 mil euros con que está dotado.  

Por Roberto Careaga C. 

A siete meses de que la Academia Sueca anunciara que el ganador del Premio Nobel de Literatura había recaído en Bob Dylan, ayer se dio a conocer que el cantautor estadounidense cumplió con la mínima exigencia para recibir los 819 mil euros del galardón: envió su discurso de aceptación. Se trata del capítulo final de una teleserie en que Dylan, jugando su esquivo papel, apenas ha dicho palabras sobre el reconocimiento y, en vez de asistir a la ceremonia de entrega, mandó de emisaria a Patti Smith.

"El discurso es extraordinario y, tal y como cabía esperar, elocuente. Ahora que ha sido enviado, la aventura Dylan está llegando a su conclusión", escribió Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, en el sitio web del Nobel, donde se puede leer el discurso y también oír al mismo músico leerlo. El creador de "Like a rolling stone" demora 27 minutos en su lectura: es un largo rodeo que empieza en el rock and roll de los 50 para llegar hasta las tres novelas que lo marcaron: "Moby Dick", de Herman Melville; "La odisea", de Homero, y "Sin novedad en el frente", de Erich Maria Remarque.

Esas tres novelas

"Cuando supe que había ganado el Nobel de Literatura, me empecé a preguntar exactamente cómo mis canciones se relacionan con la literatura", arranca sus palabras Dylan, resumiendo la duda de tantos. Comienza recordando el mundo que se le abrió escuchar por primera vez a los 18 años Buddy Holly, uno de los pioneros del rock and roll, y luego, no mucho después, escuchar el disco "Cottonfields", de Leadbelly, legenda del folk y blues: "De repente, la oscuridad se iluminó", dice Dylan.

Lo que vino, sigue el músico, fue conectarse con la "cultura vernácula" de su país: recorrer pueblos de Estados Unidos aprendiendo viejas tonadas folk, canciones de vaqueros, las baladas de los Apalaches, blues de los campos de algodón. "Cuando empecé a escribir mis propias canciones, la jerga folk era el único vocabulario que tenía, y lo usé", cuenta Dylan. Pero agrega que tenía algo más: "Tenía principios, sensibilidades y una informada visión del mundo. Lo aprendí en el colegio: 'Don Quijote', 'Ivanhoe', 'Robinson Crusoe', 'Los viajes de Guliver', 'Historia de dos ciudades'", dice el músico, listando clásicos literarios unidos por los viajes y las aventuras.

Luego Dylan dedica largos pasajes a relatar su experiencia como lector de tres novelas que, dice, aparecen de múltiples formas en sus canciones: de "Moby Dick" a "Sin novedad en el frente" y luego "La odisea". El músico cuenta sus tramas plagadas de aventuras sin tratar de entregar explicaciones sobre sus temas y, más aún, desiste de conectarlas con sus canciones. "Yo y muchos compositores han sido influidos por estos temas. Y pueden significar muchas cosas. Si una canción te emociona, eso es todo lo importante. No tengo que saber qué significa", dice.

Las pocas conexiones explícitas que hace, tampoco son tan claras: Dylan recuerda que Aquiles, en "La odisea", se arrepintió de haber cambiado una larga vida pacífica por una corta llena de honor y gloria. "No había honor. Nada de inmortalidad. Fue un rey en la tierra de los muertos", dice Dylan. Y añade: "Nuestras canciones están vivas en el mundo de los vivos. Pero las canciones no son como la literatura. Las palabras de Shakespeare en sus obras fueron pensadas para los escenarios. Tal como las letras de las canciones fueron pensadas para ser cantadas, no leídas. Espero que algunos de ustedes tengan la opción de escuchar estas letras de la manera que fueron ideadas para ser escuchadas: en conciertos o en discos. Yo vuelvo una y otra vez a Homero, que dice: 'Canta en mí, oh musa, y a través de mí cuenta la historia".

Este es el Discurso Integro:

"Cuando supe que había obtenido el Premio Nobel, me surgió la pregunta de cómo se relacionaban exactamente mis canciones con la literatura. Quise reflexionar sobre ello y ver dónde se hallaba la conexión. Voy a tratar de articularlo. Y lo más probable es que lo haga dando rodeos, pero espero que lo que diga valga la pena y tenga sentido.

Si tuviera que volver al amanecer de todo, creo que tendría que empezar con Buddy Holly. Buddy murió cuando yo tenía dieciocho años y él veintidós. Desde el momento en que lo escuché por primera vez, me sentí identificado. Sentí casi que era como un hermano mayor. Hasta pensé que me parecía a él. Buddy tocaba la música que me apasionaba -la música con la que crecí: country western, rock 'n' roll y rhythm&blues-. Tres hebras separadas de la música que entrelazó y fundió en un género. Una marca. Y Buddy escribía canciones - canciones que tenían bellas melodías y versos imaginativos. Y cantaba muy bien - cantaba con distintas voces. Él era el arquetipo. Todo lo que yo no era y quería ser. Lo vi sólo una vez, unos días antes de su muerte. Tuve que viajar 100 millas para verlo actuar y no me decepcionó.

Era poderoso y electrizante y tenía una presencia imponente. Yo estaba a solo seis pies de distancia. Estaba hipnotizado. Le miré la cara, las manos, la forma en que marcaba el ritmo con el pie, sus grandes gafas negras, los ojos detrás de las gafas, la forma en que sostenía su guitarra, su postura, su traje elegante. Todo él. Aparentaba más de veintidós años. Algo en él parecía permanente, y me llenó de convicción. Entonces, de repente, sucedió lo más extraño. Me miró directamente a los ojos y me transmitió algo. Algo que no sé lo que era. Y sentí escalofríos.

Creo que fue un día o dos después de que su avión se estrellara. Y alguien -alguien a quien nunca había visto- me dio un disco de Leadbelly que incluía la canción 'Cottonfields'. Y este disco cambió mi vida en ese momento y en ese lugar. Me transportó a un mundo desconocido. Fue como una explosión. Como si hubiera estado caminando en la oscuridad y, de repente, la oscuridad se iluminara. Era como si alguien hubiera puesto sus manos en mí. Debo de haber tocado esa canción cientos de veces.

Estaba en un sello discográfico del que nunca había oído hablar con un libreto dentro lleno de anuncios de otros artistas del sello: Sonny Terry y Brownie McGhee, The New Lost City Ramblers, Jean Ritchie, 'string bands'. Nunca había oído hablar de ninguno de ellos. Pero consideré que si estaban en esta etiqueta con Leadbelly, tenían que ser buenos, así que necesitaba escucharlos. Quería saberlo todo y tocar ese tipo de música. Todavía me atraía la música con la que había crecido pero, de pronto, se me olvidó. Ni siquiera lo pensé. En ese momento, hacía tiempo que esa música había desaparecido.

Todavía no me había ido de casa, pero estaba ansioso: quería conocer esa música y a la gente que la tocaba. Al final me marché del hogar y aprendí a tocar esas canciones. Eran diferentes de las canciones que ponían en la radio y que había estado escuchando hasta entonces. Eran más vibrantes y más sinceras. Con las canciones que suenan en la radio, un intérprete podría conseguir el éxito como con una tirada de dados o una buena mano de cartas, pero eso no importaba en el mundo del folk. Todo era un éxito. Todo lo que tenías que hacer era escribir buenos versos y ser capaz de tocar una melodía. Algunas de estas canciones eran fáciles, otras no. Tenía una predisposición natural para las viejas baladas y el 'country blues', pero todo lo demás lo tuve que aprender desde cero. Tocaba para un público pequeño, a veces de no más de cuatro o cinco personas, en una habitación o en una esquina en la calle. Había que tener un amplio repertorio, y tenías que saber qué tocar y cuándo tocarlo. Algunas canciones eran intimistas, en algunas había que gritar para que te escucharan.

Puedes aprender la jerga escuchando a los artistas folk de los primeros años y cantando sus canciones. La interiorizas. La cantas en los blues a tiempo rasgado, en las canciones de trabajo, en las canciones que cantaban los marinos mercantes de Georgia, en las baladas de los Apalaches y en las canciones de los 'cowboys'. Escuchas los matices y aprendes los detalles.

Ya sabéis de qué va esto. De sacar la pistola y volver a meterla en la pistolera. De abrirte camino a través del tráfico, de hablar en la oscuridad. Ya sabéis que Stagger Lee era un mal tipo y que Frankie era una buena chica. Ya sabéis que Washington es una ciudad burguesa y ya habéis oído la voz profunda de John the Revelator y ya habéis visto al Titanic hundirse en un arroyo cenagoso. Y sois colegas del vagabundo irlandés y del chico de las colonias. Escuchasteis la batería amortiguada y los flauitines que tocaban bajito. Habéis visto al lujurioso Lord Donald clavarle un cuchillo a su mujer y a muchos de vuestros camaradas envueltos en lino blanco.

Ya había interiorizado la jerga totalmente. Conocía la retórica. Nada de eso se me escapó: los artefactos, las técnicas, los secretos, los misterios, y también conocí todos las carreteras desiertas por las que circulaban. Podía hacer que todo estuviese conectado y que se moviera con la corriente del día. Cuando empecé a escribir mis propias canciones, la jerga folk era el único vocabulario que conocía, y lo usé.

Pero yo también tenía algo más. Tenía principios y sensibilidades y una visión informada del mundo. Y la había tenido desde hace tiempo. Lo aprendí todo en la escuela primaria. Don Quijote, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, Historia de dos ciudades, todo lo demás - lectura típica de la escuela secundaria que te da una manera de ver la vida, una comprensión de la naturaleza humana y un estándar para medir las cosas. Tomé todo eso conmigo cuando empecé a componer letras. Y los temas de esos libros funcionaron en muchas de mis canciones, ya sea a sabiendas o sin intención. Quería escribir canciones que fuesen diferentes a cualquier cosa que alguien hubiera escuchado, y estos temas eran fundamentales.

Algunos de los libros específicos que han permanecido conmigo desde entonces, los había leído en la escuela secundaria. Quiero hablarles de tres de ellos: 'Moby Dick', 'Sin novedad en el frente' y 'La Odisea'.

'Moby Dick' es un libro fascinante, un libro que está lleno de escenas y diálogos dramáticos. El libro te exige. La trama es sencilla. El misterioso Ahab -capitán de un barco llamado el Pequod- un egomaníaco con una pierna de perno que persigue su némesis, la gran ballena blanca Moby Dick que se la arrancó. Y la persigue desde el Atlántico, bordeando la punta de África y adentándose en el Océano Índico. Persigue a la ballena de una punta a otra de la Tierra. Es un objetivo abstracto, nada concreto o definido. Él la llama Moby el emperador, y la ve como la encarnación del mal. Ahab tiene una esposa y un hijo en Nantucket que recuerda de vez en cuando. Ya podéis imaginaros lo que acaba sucediendo.

La tripulación del buque está formada por hombres de diferentes razas, y cualquiera que vea a la ballena recibirá la recompensa de una moneda de oro. Una gran cantidad de símbolos del zodíaco, alegorías religiosas, estereotipos. Cuando Ahab se encuentra con otros barcos balleneros, presiona a los capitanes para obtener detalles sobre Moby. ¿Lo han visto? Hay un profeta loco, Gabriel, que predice la condena de Ahab. Moby encarna al dios Shaker y cualquier trato con él llevará al desastre. Se lo dice al capitán Ahab. Otro capitán del buque, el Capitán Boomer, pierde un brazo contra Moby. Pero él se aguanta y está feliz de haber sobrevivido. No puede aceptar la sed de venganza de Ahab.

Este libro cuenta cómo los diferentes hombres reaccionan de distintas maneras a la misma experiencia. Hay mucho del Antiguo Testamento, mucha alegoría bíblica: Gabriel, Raquel, Jeroboam, Bildah, Elijah. Nombres paganos también: Tashtego, Frasco, Daggoo, Fleece, Starbuck, Stubb, Martha's Vineyard. Los paganos son adoradores de ídolos. Algunos adoran pequeñas figuras de cera, algunas figuras de madera. Algunos adoran el fuego. El Pequod es el nombre de una tribu india.

'Moby Dick' es un cuento marinero. Uno de los hombres, el narrador, dice: "Llámame Ismael". Alguien le pregunta de dónde viene, y él dice: "No está en ningún mapa. Los verdaderos lugares nunca lo están". Stubb no da significado a nada, dice que todo está predestinado. Ismael ha estado en un velero toda su vida. Llama a los veleros su Harvard y su Yale. Y mantiene su distancia de la gente.
Un tifón golpea al Pequod. El capitán Ahab cree que es un buen presagio. Starbuck, que piensa que es un mal presagio, considera matar a Ahab. Tan pronto como la tormenta termina, un miembro de la tripulación cae del mástil del barco y se ahoga, anticipando lo que está por venir. Un sacerdote pacifista cuáquero, que en realidad es un hombre de negocios sanguinario, le dice a Flask: "Algunos hombres heridos siguen el camino de Dios, otros el camino de la amargura."

Todo está mezclado. Todos los mitos: la Biblia judeo-cristiana, los mitos hindúes, las leyendas británicas, San Jorge, Perseo, Hércules, todos ellos son balleneros. La mitología griega, el negocio sanguinario de cortar una ballena. Muchos hechos en este libro, como conocimientos geográficos, el aceite de ballena -bueno para la coronación de la realeza- familias nobles en la industria ballenera... El aceite de ballena se usa para ungir a los reyes. La historia de la ballena, frenología, filosofía clásica, teorías pseudocientíficas, justificación de la discriminación, todo incluido y nada racional. Ilustres, persiguiendo la ilusión, persiguiendo la muerte, la gran ballena blanca, blanca como el oso polar, blanca como un hombre blanco, el emperador, la némesis, la encarnación del mal. El capitán demente que en realidad perdió su pierna hace años tratando de atacar a Moby con un cuchillo.

Solo vemos la superficie de las cosas. Podemos interpretar lo que está debajo de cualquier forma que creamos conveniente. Los tripulantes caminan en la cubierta escuchando las sirenas, y los tiburones y los buitres persiguen la nave. Leer los cráneos y las caras como usted lee un libro. Aquí hay una cara. Lo pondré delante de usted. Léalo si puede.

Tashtego dice que murió y renació. Sus días extra son un regalo. No fue salvado por Cristo, sin embargo, dice que fue salvo por un compañero: un no cristiano. Una parodia de la resurrección.
Cuando Starbuck le dice a Ahab que debe pasar página, el capitán enojado le responde: "No me hables de blasfemia, hombre, porque sería capaz de golpear al sol si me insultara". Ahab, también, es un poeta de la elocuencia. Él dice: "El camino hacia mi propósito fijo está puesto con rieles de hierro sobre los cuales mi alma está diseñada para rodar". O estas líneas: "Todos los objetos visibles son máscaras de cartón". Frases poéticas que no pueden mejorarse.

Finalmente, Ahab ve a Moby y aparecen los arpones. Los barcos se vacían. El arpón de Ahab ha sido bautizado en sangre. Moby ataca el barco de Ahab y lo destruye. Al día siguiente, vuelve a avistar a Moby. Los barcos se vacían de nuevo. Moby ataca de nuevo el barco de Ahab. Al tercer día, otro barco entra. Más alegoría religiosa. Se ha elevado. Moby ataca una vez más, golpeando al Pequod y hundiéndolo. Ahab se enreda en las cuerdas del arpón y cae de su barco a una tumba acuosa.
Ismael sobrevive. Está en el mar flotando en un ataúd. Y eso es todo. Esa es toda la historia. Ese tema y todo lo que implica funcionaría en más de una de mis canciones.

'Sin novedad en el frente' era otro libro que también encajaría en mis canciones. 'Sin novedad en el frente' es una historia de terror. Este es un libro donde pierdes tu infancia, tu fe en un mundo con sentido, y tu interés por los individuos. Estás atrapado en una pesadilla. Sumergido en un misterioso remolino de muerte y dolor. Te estás defendiendo de la eliminación. Te van a borrar de la faz del mapa. Había una vez un joven inocente con grandes sueños de ser concertista. Hace un momento amabas la vida y el mundo, y ahora estás disparando.

Día tras día, las avispas te muerden y los gusanos recorren tu sangre. Eres un animal acorralado. No encajas en ninguna parte. La lluvia que cae es monótona. Hay interminables asaltos, gas venenoso, gas nervioso, morfina, corrientes ardientes de gasolina, barrido y escabechado de alimentos, gripe, tifus, disentería. La vida se derrumba a tu alrededor, y las conchas están silbando. Esta es la región inferior del infierno. Barro, alambre de púas, trincheras llenas de ratas, ratas comiendo intestinos de hombres muertos, trincheras llenas de suciedad y excrementos. Alguien grita: "Eh, tú ahí. Párate y pelea."

¿Quién sabe cuánto tiempo durará este lío? La guerra no tiene límites. Te están aniquilando, y esa pierna está sangrando demasiado. Ayer mataste a un hombre y hablabas con su cadáver. Le dijiste que después de que esto haya terminado, pasarás el resto de tu vida cuidando a su familia. ¿Quién se beneficia aquí? Los líderes y los generales ganan fama, y muchos otros se benefician financieramente. Pero tú estás haciendo el trabajo sucio. Uno de tus camaradas dice: "Espera un momento, ¿a dónde vas?" Y tú dices: "Déjame en paz, volveré en un minuto". Entonces entras en el bosque de la muerte buscando un pedazo de salchicha. No puedes entender que los civiles puedan tener algún tipo de propósito en la vida. Todas sus preocupaciones, todos sus deseos - no puedes comprenderlo.

Más ametralladoras atronadoras, más partes de cuerpos que cuelgan de los alambres, más piezas de brazos y piernas y cráneos donde las mariposas se posan en los dientes, heridas más espantosas, pus saliendo de cada poro, heridas de pulmón, heridas demasiado grandes para el cuerpo, cadáveres que sueltan gas y cuerpos muertos haciendo ruidos vomitivos. La muerte está en todas partes. Nada más es posible. Alguien te matará y usará tu cadáver para practicar tiro. Botas, también. Son tu posesión más preciada. Pero pronto estarán en los pies de otra persona.

Hay soldados que atraviesan los árboles. Cabrones despiadados. Te estás quedando sin balas. "No es justo que nos ataquen otra vez tan pronto", dices. Uno de tus compañeros está tendido en la tierra, y quieres llevarlo al hospital de campaña. Alguien más dice: "Podrías ahorrarte un viaje." "¿Qué quieres decir?" "Gíralo, verás lo que quiero decir."

Esperas a oír las noticias. No entiendes por qué la guerra no ha terminado. El ejército está tan corto de tropas de reemplazo que están reclutando a muchachos sin formación militar porque se están quedando sin hombres. La enfermedad y la humillación han roto tu corazón. Tus padres te han traicionado, tus maestros de escuela, tus ministros, e incluso tu propio gobierno.

El general que fuma un cigarro lentamente te traicionó también -te convirtió en un matón y un asesino. Si pudieras, le meterías un balazo en la cara. El comandante también. Fantaseas con que si tuvieses el dinero, ofrecerías una recompensa para cualquier hombre que le quitase la vida por un módico precio. Y si a él lo matasen, aun así tendría dinero para dejarles a sus herederos. El coronel también, con su caviar y su café, otro más. Pasa todo su tiempo en el burdel de los oficiales. También te gustaría verlo muerto. Matarás a veinte de ellos y otros veinte saldrán en su lugar. Simplemente apesta en las fosas nasales.

Has venido a despreciar a esa generación mayor que te envió a esta locura, a esta cámara de tortura. A tu alrededor, tus compañeros están muriendo. Muriendo de heridas abdominales, amputaciones dobles, caderas destrozadas, y piensas: "Sólo tengo veinte años, pero soy capaz de matar a cualquiera. Incluso a mi padre si se me acerca".

Ayer, trataste de salvar a un perro mensajero herido, y alguien gritó: "No seas tonto". Un soldado está gorgoteando a tus pies. Le apuñalaste con una daga en el estómago, pero el hombre todavía vive. Sabes que deberías terminar el trabajo, pero no puedes. Te han clavado en la cruz y un soldado romano está poniendo una esponja de vinagre en tus labios.

Los meses pasan. Te vas a casa con un permiso. No puedes comunicarte con tu padre. Él dijo: "Serás un cobarde si no te enrolas". Tu madre también, al salir de la puerta, dice: "Ten cuidado con las chicas francesas". Más locura. Luchas durante una semana o un mes y avanzas diez yardas. Y al mes siguiente las vuelves a perder.

Toda esa cultura de hace mil años, esa filosofía, esa sabiduría -Platón, Aristóteles, Sócrates- ¿qué le sucedió? Debería haber evitado todo esto. Tus pensamientos te devuelven a casa. Y una vez más eres un colegial que camina entre los altos álamos. Es un recuerdo agradable. Más bombas cayendo sobre ti desde dirigibles. Tienes que hacerlo ahora. Ni siquiera puedes mirar a nadie por miedo a algo impredecible que podría suceder. La tumba común. No hay otras posibilidades.

Entonces notas las flores de la cereza, y ves que a la naturaleza no le afecta todo esto. Los álamos, las mariposas rojas, la belleza frágil de las flores, el sol - se ve cómo la naturaleza es indiferente a todo. Toda la violencia y el sufrimiento de toda la humanidad. La naturaleza ni siquiera lo nota.
Estás tan solo. Entonces un pedazo de metralla golpea el lado de su cabeza y estás muerto. Has sido descartado, tachado. Has sido exterminado. Dejé este libro y lo cerré. Nunca quise volver a leer otra novela de guerra, y nunca lo hice.

Charlie Poole de Carolina del Norte tenía una canción que conectó con todo esto. Se llama "No me estás hablando", y las letras son así:
Vi un cartel en una ventana caminando por la ciudad un día. Únete al ejército, 'ven a ver el mundo' es lo que tenía que decir. Verás lugares emocionantes con una tripulación jovial, conocerás gente interesante y aprenderás a matarlos también. Oh no me estás hablando a mí, no me estás hablando a mí. Puedo estar loco y todo eso, pero soy sensato. No me estás hablando a mí, no me estás hablando a mí. Matar con una pistola no suena divertido. No me estás hablando a mí.

'La Odisea' es un gran libro cuyos temas han influido en las baladas de muchos compositores: 'Homeward Bound', 'Green on Grass Range', 'Home on the Range' y mis canciones también.

'La Odisea' es una historia extraña y aventurera de un hombre adulto que trata de llegar a casa después de luchar en una guerra. Un largo viaje a casa lleno de trampas y trampas. Su maldición es vagar para siempre. Siempre tiene que volver al mar por algún motivo. Grandes trozos de rocas hacen oscilar su bote. Hace enfadar a gente a la que no debería. Hay gente problemática en su tripulación. Traición. Sus hombres se convierten en cerdos y luego se convierten en hombres más jóvenes y más guapos. Siempre está tratando de rescatar a alguien. Es un hombre viajero, pero está haciendo demasiadas paradas.

Atrapado en una isla desierta. Encuentra cuevas desiertas y se esconde en ellas. Se encuentra con gigantes que dicen: "Te comeré esta vez". Y se escapa de los gigantes. Trata de regresar a casa, los vientos le llevan de un lado a otro. Vientos intranquilos, vientos fríos, vientos hostiles. Viaja lejos y los vientos lo alejan más.

Siempre le advierten de las cosas por venir. Tocando cosas que le dijeron que no lo hiciera. Hay dos caminos por recorrer, y ambos son malos. Ambos peligrosos. En uno se podría ahogar y por el otro se podría morir de hambre. Entra en los estrechos estrechos con espumosos remolinos que lo tragan. Se reúne con monstruos de seis cabezas con colmillos afilados. Los rayos le atacan. Dioses y dioses lo protegen, pero otros quieren matarlo. Cambia identidades. Está agotado. Se duerme y se despierta por el sonido de la risa. Él cuenta su historia a extraños. Han pasado veinte años. Lo llevaron a algún lugar y se fue de allí. Las drogas cayeron en su vino. Ha sido un camino demasiado duro
.
De muchas maneras, algunas de estas mismas cosas te han pasado. Tú también has compartido cama con la mujer equivocada. También has sido hechizado por voces mágicas, voces dulces con extrañas melodías. También has llegado demasiado lejos. Y también has tenido llamadas cercanas. Has enojado a la gente que no deberías. Y has sentido que el viento enfermo, el que te sopla en la cara, no es bueno. Y eso no es todo.

Cuando vuelve a casa, las cosas no son mejores. Los sinvergüenzas se han mudado y están aprovechando la hospitalidad de su esposa. Y hay demasiados. Y aunque es más grande que todos y el mejor en todo - mejor carpintero, mejor cazador, mejor experto en animales, mejor marinero - su valor no lo salvará, pero su truco lo hará.

Todos estos rezagados tendrán que pagar por profanar su palacio. Se disfrazará como un mendigo sucio, y un humilde criado le dará patadas por los escalones con arrogancia y estupidez. La arrogancia del siervo le revuelve, pero él controla su ira. Él es uno contra cien, pero todos caerán, incluso los más fuertes. No era nadie. Y cuando todo está dicho y hecho, cuando él finalmente está en casa, él se sienta con su esposa. Y le cuenta historias.

Entonces, ¿qué significa todo ésto? Yo y muchos otros compositores han sido influidos por estos mismos temas. Y pueden significar muchas cosas diferentes. Si una canción te mueve, eso es todo lo que importa. No tengo que saber lo que significa una canción. He escrito todo tipo de cosas en mis canciones. Y no voy a preocuparme por eso, lo que significa todo. Cuando Melville puso el Antiguo Testamento, referencias bíblicas, teorías científicas, doctrinas protestantes y todo ese conocimiento del mar y de los veleros y las ballenas en una sola historia, no creo que tampoco se preocupara por lo que significa .

John Donne, el poeta-sacerdote que vivió en la época de Shakespeare, escribió estas palabras, "El Sestos y Abydos de sus pechos. No de dos amantes, sino de dos amores, de los nidos". Yo tampoco sé lo que significa. Pero suena bien. Y quieres que tus canciones suenen bien.

Cuando Ulises en 'La Odisea' visita al famoso guerrero Aquiles en el inframundo - Aquiles, que cambió una larga vida llena de paz y alegría por una corta cargada de honor y gloria - le dice a Odiseo que todo fue un error. "Acabo de morir, eso es todo." No había honor. Ninguna inmortalidad. Y si pudiera, elegiría regresar y ser un esclavo humilde de un arrendatario en la tierra en lugar de ser lo que es -un rey en la tierra de los muertos- que cualesquiera que fueran sus luchas de vida, eran preferibles A estar aquí en este lugar muerto.

Eso es lo que son las canciones también. Nuestras canciones están vivas en la tierra de los vivos. Pero las canciones son diferentes a la literatura. Están destinadas a ser cantadas, no leídas. Las palabras en las obras de Shakespeare estaban destinadas a actuar en el escenario. Así como las letras de las canciones están destinadas a ser cantadas, no a leerse en una página. Y espero que algunos de ustedes tengan la oportunidad de escuchar estas letras de la forma en que fueron destinados a ser escuchadas: en vivo o en un disco, y sin embargo la gente está escuchando canciones estos días. Regreso una vez más a Homero, quien dice: "Canta en mí, oh Musa, y a través de mí cuenta la historia"."


martes, enero 31, 2017

Bob Dylan anuncia un disco triple con treinta grabaciones de clásicos de la música americana


20minutoses

El primer disco de estudio triple de su carrera será lanzado el próximo 31 de marzo. Cada disco lleva un título individual y presenta una secuencia de diez canciones.  El tema 'I could have told you' ya está disponible en streaming en Youtube.

El próximo 31 de marzo Bob Dylan lanza Triplicate, el primer disco de estudio triple de su ilustre carrera, que incluye treinta nuevas grabaciones de clásicos de la música americana. 

Triplicate vuelve a mostrar el talento de Dylan como vocalista, arreglista y director musical en estas treinta composiciones creadas por algunos de los compositores más importantes y aclamados de la música americana. 

Cada disco lleva un título individual y presenta una secuencia de diez canciones que comparten la misma temática. Este nuevo lanzamiento, producido por Jack Frost, es el álbum de estudio número 38 de Bob Dylan y se trata del primero con nuevo material desde que el artista publicara Fallen Angels a principios de 2016. 

Estará disponible simultáneamente en varios formatos, incluyendo un digipak de 3CD, una edición de 3LP y una edición numerada de lujo en vinilo. También está disponible en Itunes para pre-venta y ya está disponible el primer tema en streaming en Youtube, I could have told you. 

Para este nuevo lanzamiento, Dylan y la banda que lo acompaña en las giras se reunieron en los estudios Capitol de Hollywood para grabar canciones especialmente seleccionadas de varios compositores americanos, como Charles Strouse y Lee Adams, Harold Arlen y Ted Koehler, Harold Hupfield y Cy Coleman y Carolyn Leigh. 

En diciembre de 2016 Bob Dylan recibió el Premio Nobel de Literatura que otorga la Academia Sueca "por haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de canciones americanas." En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, el honor civil más importante de EEUU. 

Fue galardonado con un Premio Pulitzer especial en 2008. Además, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2011 y el reconocimiento como Officier de la Legion d'honneur en 2013, el Premio Polar Music de Suecia en 2000 y Doctorados de la Universidad de St. Andrews y Princeton. 

Los títulos de cada uno de los discos son  Til The Sun Goes Down, Devil Dolls y Comin' Home Late.


domingo, noviembre 20, 2016

Quizás Dylan vaya a Estocolmo en 2017

El Mercurio

Después de que Bob Dylan anunciara que no asistirá a la ceremonia en diciembre para recoger su Premio Nobel de Literatura, porque "tiene otros compromisos", ayer la Academia Sueca del Nobel informó que el cantante podría actuar en Estocolmo el próximo año. "En tal caso, va a tener la oportunidad perfecta para ofrecer su discurso", indicó la entidad. El presidente de la Fundación Nobel comentó: "Quizás le hemos complicado la vida un poquito a Bob Dylan ofreciéndole el galardón".


domingo, octubre 16, 2016

El poeta Bob Dylan en la carretera

El Mercurio

Leyenda viva de la música popular, desde el jueves el músico estadounidense también es oficialmente un literato. Así lo acreditó la Academia Sueca al cambiar las reglas y otorgarle el Nobel de Literatura. Pero la poesía ya estaba: desde los 60 hasta hoy, Dylan ha escrito buscando respuestas que no están.  

Roberto Careaga C. 

"Practico una fe abandonada hace tiempo/ No hay altares en esta larga y solitaria carretera", cantaba Bob Dylan (1941) hace 10 años, en la sombría Ain't talkin'. Tenía 65 años y volvía a dar vueltas por el mundo, esta vez por uno "agotado por la congoja". Era un peregrino solitario desgastado por el llanto, que avanzaba por ciudades asoladas por la plaga, cargando "la armadura de un hombre muerto". Había salido del "jardín místico". "Sin hablar, solo caminando/ El corazón ardiendo, todavía anhelante", cantaba una y otra vez, citando dos líneas de un gospel de los 50. "¿Quién dice que no puedo recibir ayuda divina?", se preguntaba, pero terminaba sin respuestas en el último lugar del mundo, desde donde el jardinero había desaparecido.

La canción cerraba "Modern times" (2006), quizás su último gran disco. Su típica voz rota se oía aun más oxidada. Era el tiempo que, a esas alturas, Dylan ya sabía manejar a su favor: las elegantes 10 canciones del álbum están hechas sobre una serie de citas a viejas tonadas del blues, el country e incluso del jazz. Llegaron a caerle acusaciones de plagio, pero él solo echaba mano del patrimonio de los ancestros. Eran los ritmos de siempre y acaso también era el Dylan de siempre: alguien que ha estado en todos lados ("No puedo volver al paraíso; maté a un hombre ahí"), y aunque sabe exactamente lo que pasa en el mundo, sigue buscando una respuesta que no llega nunca.

Cuando lanzó aquel disco, Dylan se sentó con el escritor Jonathan Lethem y le respondió varias preguntas para la revista The Rolling Stone. Se explayó con detalles en los asuntos propiamente musicales, pero cuando llegó el momento de hablar de las letras pisó el freno: "No escribí estas canciones en un estado de meditación, sino en una especie de trance, en un estado hipnótico. ¿Es así como me siento? ¿Por qué me siento así? ¿Y quién es ese yo que se siente así? No puedo decirlo. Pero sé que esas canciones están en mis genes y no pude detener que salieran", dijo. Y luego agregó: "Simplemente dejo que las letras aparezcan, y cuando las estoy cantando, parecen tener presencia ancestral".

Le pasó siempre. A inicios de 1962, recién instalado en Nueva York, con 21 años, Dylan sufría de "ráfagas de creatividad": podía ir en el metro, estar hablando con alguien, en cualquier parte, cuando de pronto se le ocurría una canción. Le pasó la tarde del 12 de abril de ese año, en una cafetería de Greenwich Village. Después de juguetear por casi una hora con las palabras y la guitarra, tenía lista "Blowin' in the wind". Su primer himno. Décadas después, un periodista le preguntó de dónde había venido la canción: "Simplemente vino".

Escurridizo y distante, Dylan lleva medio siglo reiventando una y otra vez el sonido tradicional estadounidense y, a la vez, construyendo un estilo personal. También, renunciando a todos los papeles que se le piden: a ser el portavoz de la contracultura de los 60, a ser una estrella de rock, e incluso, a ser un poeta. Pero sobre lo último ya está el veredicto: el jueves pasado, la Academia Sueca le entregó el Premio Nobel de Literatura, argumentando que "había creado una expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana". La secretaria del organismo, Sara Danius, fue más lejos y lo comparó con Homero y Safo, quienes escribieron textos poéticos para ser dramatizados o interpretados musicalmente: "Y aún hoy los leemos y los disfrutamos. Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído y debe ser leído", dijo.

La explosión

Convocado por el Presidente Bill Clinton, en 1997, Bruce Springsteen subió al escenario del Kennedy Center para homenajear a Dylan. "Esta canción -dijo- fue escrita en un momento de la historia de mi país cuando la ansiedad del pueblo por una sociedad más justa y abierta explotó. Bob Dylan tuvo el valor de levantarse durante ese fuego y atrapó el sonido de esa explosión. Esta canción permanece como un bello llamado a las armas". Luego empezó a cantar "The times they are a-changin'".

La canción, que abre y titula el tercer disco de Dylan, de 1964, sintetiza el momento que atravesaba. Tenía 23 años, una canción que se oía en todos los rincones de Estados Unidos -"Blowin' in the wind"- y estaba dispuesto levantarse durante el fuego: "Vamos, senadores y congresistas, por favor presten atención a la llamada. No se queden en la puerta, no bloqueen la entrada. Hay una batalla ahí fuera, y es atroz. Pronto sacudirá vuestras ventanas, y hará vibrar vuestras paredes, porque los tiempos están cambiando", decía dramático y frontalmente político. Según anotaron Philippe Margotin y Jean-Michel Guesdon, en el libro "Bob Dylan. Todas sus canciones", por esos días el músico escribía poemas "bajo el influjo épico de los textos bíblicos, la estética de los simbolistas franceses y la contracultura de la generación beat" que luego transformaba en canciones de protesta.
Dylan había llegado desde Duluth, Minnessota, hasta Nueva York, en 1961, siguiendo los pasos de su ídolo, Woody Guthrie, un legendario trovador político y social folk que por esos días estaba internado en un siquiátrico. Estaba tan obsesionado con él que le llevó una canción para que la aprobara: "Song for Woody", una de las dos composiciones originales de su primer disco -"Bob Dylan", 1962-, el resto eran versiones de temas tradicionales. Por entonces, privilegia una escritura sencilla y directa, como luego será "Blowin' in the wind", que aparentemente cita el Libro XII de Ezequiel de la Biblia. El alma de profeta lo siguió hasta "The times they are a-changin'", acaso la canción que lo saturó del papel.

El caos

Al día siguiente del asesinato de J. F. Kennedy, Dylan estuvo en un recital en Nueva York que tenía obvias resonancias a la tragedia. Abrió su show con "The times they are a-changin'", y aunque fue un éxito instantáneo, para él no todo calzó: "No entendía por qué me aplaudían, ni siquiera por qué había compuesto aquella canción. Ya no entendía nada", dijo años después. Dylan escapó de ese rol político empuñando una guitarra eléctrica y escoltado por un nuevo amigo, Allen Ginsberg, y compuso su trilogía más brillante: los álbumes "Bringing all back home" (1965), "Highway 61 Revisited" (1965) y "Blonde on Blonde" (1966). Ese nuevo Dylan, con 25 años, no anda buscando respuestas: se hundía en el caos.

El influjo de los beat aparece en "Subterranen Homesick Blues" o "Maggie's Farm", canciones de protesta urbanas y explosivas, que no solo protestan contra el sistema político: "Tengo la cabeza llena de ideas/ Que me están volviendo loco", cantaba en la segunda, y algo de eso estalló en "Tombstone Blues". La canción por la que lo admira Nicanor Parra es el relato del turbulento movimiento de la historia narrado al estilo surrealista: aparece Beethoven, el cineasta Cecil B. DeMille, Jack el Destripador y una serie de revolucionarios y forajidos estadounidenses. El tono sigue en las líricas del disco "Blonde on Blonde": "Dentro de los museos, el infinito se va a juicio./ Las voces repiten que debería llegar la salvación./ Pero Mona Lisa debe haber tenido nostalgia de la carretera./ Se ve por el modo en que sonríe", dice en la fantástica "Vision of Johanna".

No es fácil atrapar a Dylan: mientras hace esos discos salvajes, graba decenas de temas que van a ser descartados, no todos en el mismo tono. Entre ellos, "Farewell, Angelina", nada más que con guitarra y armónica. Es el relato de una despedida: "Adiós, Angelina, los cascabeles de la corona fueron robados por los bandidos, debo seguir el sonido de los triángulos y la lenta melodía. Adiós, Angelina, el cielo está en llamas y debo irme", canta en el inicio, anunciando el inicio de otra cosa. Y va a pasar: Dylan va a ser otro.

Contando historias

El 29 de julio de 1966, Dylan avanza por una carretera sobre su motocicleta Triumph 500 cuando algo sale mal. Rodeado de rumores que el artista jamás ha aclarado, el accidente marcó un quiebre en su vida. En la cima de su carrera, Dylan pasó los 15 meses de su recuperación en su casa en Woodstock, alejado de la vida pública. Pero no de la música. Llegó a grabar 138 canciones con The Band, un grupo de amigos con quienes iban de subterráneo en subterráneo, armando temas nuevos, cubriendo clásicos del folk y el country. Una de esas canciones es "This wheel's on fire", quizás el relato del accidente, pero que Dylan transforma en algo mayor: "Nos íbamos a reunir de nuevo y esperar/ así que me desharé de todas mis cosas/ me sentaré antes de que sea demasiado tarde./ Ningún hombre vivo vendrá con nosotros", dice como si hablara con la muerte.

El tumultuoso letrista que fue Dylan va a evaporarse. Se va a convertir en un relator de historias, a veces las suyas: el aclamado álbum "Blood on the tracks" (1975) está hecho de las historias de un hombre herido que cuenta su derrota, como si contara cuentos en la barra de un bar. Tenía 33 años. Según él, su modelo fue Chéjov. "Creyeron que era autobiográfico", dijo, y quizás lo era. "La única cosa que supe hacer/ fue huir hacia delante, como un ave que vuela/ envuelto en la tristeza", canta abatido en "Tangle up in blue". Su esposa, Sara, lo ha dejado.

En adelante la ruta lírica de Dylan va a tener varias vetas, pero seguirá contando historias hasta el final. El disco "Desire", 1976, está lleno de relatos de vidas reales, como la canción "Hurricane", sobre el boxeador Rubin Carter, acusado injustamente de un triple homicidio. O "Joey", sobre Joey Gallo, un mafioso que escribía poesía y a Dylan, más que un delincuente, le parecía un héroe callejero. El tópico lo volvió a tomar en "Tempest", su último disco: "Early roman king" es una idealización de una pandilla que hizo estragos en el estado de Nueva York en los 60: "Aún no he muerto, mi campana todavía suena", canta Dylan entonando un blues clásico. "He tenido mi diversión, he tenido mis aventuras amorosas./Voy a sacudirlo todo como los primeros reyes romanos", sigue.

Dylan sigue ahí, dispuesto a sacudirlo todo, pero la oscuridad lo acecha. Con el poema "Oda a un ruiseñor", de John Keats, como eco de fondo, en 1997 escribió la canción "Not dark yet". Tenía 56 años y ya veía el horizonte. No sabía cómo había llegado adonde estaba: "Nací aquí y voy a morir en contra de mi voluntad./ Ya sé que parece que me marcho/ pero estoy quieto./ Cada nervio de mi cuerpo está ausente e insensible./ Ni siquiera recuerdo/ de qué vengo huyendo./ Ni siquiera oigo el murmullo de una oración./ Aún no ha oscurecido/ pero no va a tardar".

Bob Dylan: El cancionero personal más grande de Norteamérica

El Mercurio

Articulador de tradiciones musicales como el blues, el folk y el country, su obra trasciende el poder de las letras para ser el gran puente narrativo de los últimos cincuenta años.  

John Pareles, crítico musical de The New York Times 

¿Por qué se demoraron tanto?
Esa es la única pregunta que hay que hacerle al comité que finalmente escogió a Bob Dylan como Premio Nobel de Literatura 2016.

No es que un nuevo trabajo finalmente logró lo que parecía imposible. Dylan ha sido reconocido por todo quien ame las letras -sin mencionar a la música- desde los sesenta, cuando al poco tiempo de haber aparecido recibió un adjetivo para denominar su propia escuela literaria y musical: Dylanesco. Su último disco con canciones originales fue "Tempest" de 2012, y luego de eso ha estado rindiéndole tributo al Gran Cancionero Norteamericano anterior al pop y al rock, como ha sido su disco de covers de Sinatra.

Sin embargo, no hay cuestionamientos de que él mismo ha creado, por su propia cuenta, un cancionero americano grandioso: un e pluribus unum ("de muchos, uno") lleno de momentos de alto vuelo y a la vez hogareño, narrativo e imaginativo, erudito y terrenal, romántico y cortante, devoto e iconoclasta, acusador y oracular, personal y universal, compasivo e implacable. Su ejemplo ha enseñado a escritores de todo tipo -no solo a poetas o novelistas- sobre estrategias de escritura con gran claridad y libre asociación, poniendo énfasis en la brevedad telegráfica o estados de ánimo ambiguos.

Un obstáculo para el reconocimiento de la calidad literaria de Dylan -aunque finalmente le dieron el Pulitzer en 2008 y el premio de la Academia Americana de las Artes y las Letras en 2013, y ahora el Nobel-, ha sido que él es un compositor, por lo que sus palabras se escuchan mejor con su música. Otro problema es que su voluminosa obra incluye algunas escorias desechables. Ambos postulados son absolutamente ciertos, ¿y qué?

El material bueno de Dylan, en toda su abundancia, es igual de envidiado que el de muchos escritores que solo trabajan sobre el papel. Tal como cualquier figura literaria que haya emergido en el siglo XX, él ha escrito palabras que han resonado en todas partes: citado por revolucionarios y presidentes, vociferado por manifestantes, estudiado por eruditos y llevado al corazón en un sinnúmero de momentos privados.

Al igual que tantos poetas amados por la academia como Ezra Pound o T.S. Elliot, Dylan se ha colocado a sí mismo en un continuo literario donde se concentran las alusiones y los significados se amplían. Pero hace medio siglo, donde los guardias de la cultura diligentemente ponían límites entre lo que era el alto y bajo conocimiento, Bob Dylan no solo sacó sus alusiones de la literatura occidental, pero también del blues y las noticias, alegremente golpeando sus cabezas juntas. En "Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again" puso a Shakespeare en un callejón. Él apuntó directo hacia algunas de sus fuentes: Woody Guthrie, Robert Johnson, Arthur Rimbaud, la Biblia, los Beats, y sobre todos, los escritores anónimos y los narradores del folclore que contaban las historias que ellos habían escuchado. Él juntó y citó a muchos otros, transformándose en un pionero posmoderno y, eventualmente, en algo como una suerte de internet conformada por un solo hombre. Dylan se transformaría casi de forma instantánea en una fuente de aforismos y alusiones, un escritor que otros escritores usarían para escribir, hasta que, generaciones después, sus innovaciones llegaría a ser parte de la herencia estadounidense.

Es un lugar común -pero uno verdadero-que existe una línea de Dylan para cada ocasión, y otro lugar común es que una frase de alguna de sus canciones puede describir una situación décadas después de que fue escrita: A través de los años, sus enigmas se han transformado en profecías. En el intertanto, el hecho de que sus palabras estén escritas para ser cantadas, que son emanaciones físicas de aire, tono y articulación, usualmente le agrega una disciplina adicional: la edición rigurosa que está impuesta en la tradición oral. Aquí no hay espacio para los paréntesis, pies de página o explicaciones, pero sí hay rimas. Líneas como esta, sacada de "Isis", combinan el tono de las cintas de film noir con el rigor de las pruebas matemáticas:

"She said, 'Where ya been?'. I said, 'No place special'. She said, 'You look different'. I said, 'Well, not quite'. She said, 'You been gone'. I said, 'That's only natural'. She said, 'You gonna stay?'. I said, 'Yeah, I jes' might'".
("Me dijo, '¿Dónde has estado?' Yo le dije, 'En ningún lugar especial'. Me dijo, 'Te ves diferente'. Yo le dije 'Bueno, no tanto'. Me dijo, 'Tú te has ido'. Yo le dije, 'Eso es solo natural'. Me dijo, '¿Vas a quedarte?' Yo le dije: 'Sí, quizás lo haga').

Las canciones de Dylan adquieren mayor kilometraje y más significados con cada inflexión que les da sobre el escenario de su tour que nunca acaba. Él puede afilarles sus púas, desentrañar sus emociones mixtas e infundirles pasión e ironía, constantemente rescatándolas de su propia familiaridad, constantemente recargando su reputación, como si ya no hubiese ganado todo. Pero con todo lo que ha escrito, toda canción debe ser fuerte, casi monumental, para merecerse un lugar en uno de sus shows.

El sitial de Dylan en la literatura -la forma como dibujó a partir de la música folclórica y su conservacionismo colectivo su propio cambio de paradigma personal- estaba claro antes de que el establishment literario se dignara a reconocerlo. El Nobel no tiene por qué certificar a Dylan; medio siglo de literatura ya ha hecho eso. De todas formas, mejor tarde que nunca.

 Dylan desde Chile
Eduardo Gatti
Cantautor y miembro fundador de Blops
"A Dylan lo escuché por primera vez a los 16 años. Y, para mí, fue como una revelación. Él me hizo darme cuenta que se podían hacer buenas letras, que no solamente tuvieran sentido para uno, sino que también para la gente. A los 20 años, cuando yo compuse 'Los momentos', obviamente, había algo de eso: la influencia de letras que reflejaran algo real".
Canción favorita:
"A hard rain's a-gonna fall".
Disco favorito: "'The freewheelin' Bob Dylan' (1963). Creo que es el álbum más redondito".

Gonzalo Planet
Bajista de Matorral
"Dylan generó una escuela de cantautoría rica y diversa tremendamente influyente para varias generaciones, y quizá el rumbo que tomaron los Beatles a mediados de los años 60 no habría sido el mismo sin el impacto que les causó su obra".
Canción favorita: "'The times they are a-changin'' logra sintetizar una era de cambios clave del siglo XX".
Disco favorito:  "'Highway 61 revisited' (1965). Un disco memorable por el arrojo de ampliar la tradición folk hacia la electricidad".

Juan Mateo O'Brien
Cantante y fundador de Los Vidrios Quebrados
"Yo estaba en París, en 1964, cuando leo que Jean-Paul Sartre y Simone De Beauvoir estaban postulando a un tal Bob Dylan al Premio Nobel de Literatura por sus letras. Yo nunca había lo escuchado y, como venía de vuelta a Chile por Nueva York, paré en ese lugar y me compré 'The freewheelin' Bob Dylan'. Lo que siempre me ha influenciado es su idea de que la persona que canta a un público tiene una responsabilidad respecto a ese público y a lo que dice. Eso viene de Dylan: escribir cosas que tengan contenido y sentido, aunque sean cosas de amor, pero hacerlas con cariño y seriedad".
Canción favorita: "Mr.Tambourine man".
Disco favorito: "Blonde on blonde" (1966).

Patricio Manns
Músico, novelista, ensayista y poeta
"Con 'Blowin' in the wind' cambia radicalmente la estructura de las canciones populares. Dylan muestra un acendrado compromiso con el hombre, contrariamente a las canciones estadounidenses, con excepción de algunas canciones de jazz como 'Strange fruit'".
Canción favorita: "'Blowin' in the wind".
Disco favorito: "Nunca recuerdo los discos por su nombre, solo canciones".


Nobel para Bob Dylan: "Cuántas veces debe un hombre levantar la vista..."

El Mercurio

"Los tiempos están cambiando, quizás", dijo Sara Danius, la secretaria de la Academia Sueca, al anunciar al cantautor estadounidense como ganador del galardón. Figura central de la cultura de EE.UU. de los últimos 50 años, Dylan es el primer músico en ganar el Nobel de Literatura.  

ROBERTO CAREAGA C. 

Venía llegando a Nueva York. Tenía 20 años; corría junio de 1961. Convenció al dueño del Cafe Wha? -un bar del Greenwich Village-, y se subió al escenario con una guitarra y una armónica. Tras una canción, Bob Dylan contó en lo que andaba: "He estado viajando por el país, siguiendo las huellas de Woody Guthrie". Era cierto. No solo había llegado literalmente hasta el psiquiátrico donde residía el influyente compositor folk estadounidense para presentarle sus respetos, pues también estaba haciendo canciones que seguían el estilo político y social de Guthrie, como si él también fuera un trovador errante que en un par de líneas pudiera atrapar el sentir de su tiempo. Después vinieron los himnos, la protesta, el rock. Después, Bob Dylan se convirtió en un ícono.

Figura omnipresente de la música popular de los últimos 50 años y la más escurridiza encarnación de la contracultura norteamericana, ayer Dylan volvió a romper los moldes: por "haber creado una expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana", la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura 2016. Si el año pasado el galardón ya había esquivado la literatura tradicional al premiar el periodismo de la bielorrusa Svetlana Aleksiévich, ahora prácticamente redefinió los límites de lo literario: el papel y la tinta no son para lo que escribe el poeta Dylan, sino para acompañar una melodía que cantar. "Los tiempos están cambiando, quizás", dijo Sara Danius, la secretaria de la Academia, citando una famosa canción del premiado.

O quizás no han cambiado tanto: "Si miramos para atrás, bien atrás, uno descubre a Homero y Safo, que escribieron textos poéticos o piezas que estaban hechas para ser escuchadas, representadas, a veces acompañadas con música. Y aún hoy los leemos y los disfrutamos. Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído, y debe ser leído", agregó Danius mientras el mundo literario se sobreponía a la sorpresa: a 23 años de premiar al último autor estadounidense, la novelista Toni Morrison, la Academia ignoraba a narradores como Philip Roth o Don DeLillo, y en vez de optar por algún poeta como John Ashbery o Charles Simic, optaba por un rockero.

Pero su peso literario ya parece fuera de discusión, pues desde 2013 es miembro de la American Academy of Arts and Letters. Es el único músico de rock entre ese grupo de autores. Antes, claro, estuvo junto al poeta Allen Ginsberg, un cómplice de los 60 y que en 1996 declaró su admiración por el músico en la primera postulación oficial al Nobel: "Dylan es uno de los más grandes bardos y juglares norteamericanos del siglo XX, y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo", dijo.

Volviendo a casa

Nacido 1941 en Duluth, Minnessota, fue bautizado en las tradiciones judías como Robert Allen Zimmerman. Primero se cambiaría el nombre; años después cruzaría al catolicismo. Formado mientras estallaba el rock and roll, Dylan encontró en el folk el soporte para su estilo. Sus primeros shows en Nueva York estaban hechos de un repertorio de clásicos rurales, como también su primer disco ("Bob Dylan", 1962), que solo tiene dos canciones propias. "Cuántas veces debe un hombre levantar la vista / antes de poder ver el cielo", cantaba en su clásico "Blowin in the Wind", que escribió en abril de 1962, aún bajo el influjo de Woody Guthrie.

Según el mismo Dylan, sus raíces son más profundas: "Mis canciones son como cuentos de misterio, de esos que vio Shakespeare al crecer -creo que así de lejos se podría rastrear lo que hago-. Estaban en los márgenes entonces, y creo que están en los márgenes ahora. Y suenan como si hubieran estado en tierra dura".

La lírica de Dylan tiene también ecos literarios: desde el evidente Dylan Thomas, de donde sacó su nombre y una dramática oscuridad, hasta Arthur Rimbaud, pasando por innumerables citas bíblicas. Parte del tono de sus primeros discos proviene de ahí, y le dieron una sustancia al folk político de discos como "The Freewheelin' Bob Dylan" (1963) y "The Times They are a-Changin'" (1964). Pero luego, y mientras cambiaba la guitarra acústica por una eléctrica, su lírica se volvió literariamente más densa, caótica, claramente influida por los poetas beat . En esos días empezó a escribir "Tarántula" -publicada finalmente en 1971-, una novela inconclusa hecha de largas improvisaciones que citaba a William Burroughs y Jack Kerouac.

De ese periodo proviene la canción que hizo que Nicanor Parra lo reverenciara, "Tombstone blues" (1965), que dice: "My father is in the factory and he has no shoes (mi padre está en la fábrica y no tiene zapatos/ my mother is in the alley looking for food (mi madre está en el callejón buscando comida)/ and I'm in the kitchen with the tombstone blues (y yo estoy en la cocina con los blues de la lápida)". Según dijo Parra el año 2000, "con esos tres versos Dylan se hace acreedor a todo. (...) Es realismo real, con la fábrica, el callejón y la cocina, donde está el niño solo con los thumbs blues".

"Llegué a basar un disco entero en las novelas de Chéjov. La prensa pensó que era autobiográfico", dijo alguna vez Dylan sobre "Blood on the Tracks" (1975), un disco de un hombre sentimentalmente herido que con 34 años ya había hecho y desecho un estilo, adentro y fuera del folk y el rock. Y, también, le había dado la banda sonora a los convulsionados 60. Le quedaba aún la mitad de su carrera. Es cierto que pasó décadas haciendo discos menospreciados por la crítica, pero desde mediados de los 90 ha tenido un renacer musical; y de parar, ni hablar: desde fines de los 80 está embarcado en el Never Ending Tour, una gira literalmente sin fin que ya lleva 3 mil conciertos en todo el mundo. De hecho, esta noche vuelve a tocar en el festival Desert Trip.

Heredero consciente de una tradición musical americana, este año Dylan publicó "Fallen Angels", un disco de versiones de canciones interpretadas por Frank Sinatra. Suspendió su larga exploración en torno al rock, un viaje que cristalizó en "Crónicas. Volumen 1" (2005), una memoria que reveló que era un narrador fino y de una sencillez luminosa. El libro tenía algo más: rastreando sus orígenes musicales en los 60 y sus inicios como compositor, Dylan aparecía buscando una identidad en la tradición. Aún parece seguir en ese tránsito: "No tenía realmente ninguna ambición. Nací muy lejos de donde se supone que soy, y entonces estoy en camino a casa", le dijo a Martin Scorsese en 2005 para el documental "No Direction Home".

Para la Academia Sueca, en ese movimiento creó un lenguaje nuevo; para Raúl Zurita, nos llevó de vuelta al origen de la poesía. "Este es el Nobel más crucial que se ha dado en los últimos 20 años. Su obra desborda la parcelación de los campos de la literatura, para volver a lo antiguo. La poesía nació con el canto, y eso es lo que retoma en toda su magnitud la obra y la poesía de Bob Dylan. Ha reflejado como nadie nuestro tiempo", dice el escritor.

 Paula Miranda Académica de la UC
"Se le ha considerado como alguien que tiene una trayectoria parecida o paralela a Violeta Parra. Ambos son catalizadores de muchos géneros, de las tradiciones más populares y folclóricas, y también de tradiciones de la cultura del espectáculo. Para ellos no hay límites entre lo culto y lo popular, lo oral y lo escrito; el arte es uno solo, y es de la palabra, finalmente".

Sergio Parra Dueño de la librería Metales Pesados
"Creo que es lo mejor que puede pasar. La gente no tiene que salir corriendo a las librerías a buscar un libro de alguien que no conozca, va a prender la radio y ahí va a estar. Es algo que todos conocen, es parte del imaginario cultural de una sociedad... Escucho a Bob Dylan todos los días".

Óscar Hahn Poeta y Premio Nacional de Literatura 2012
"El mérito de la Academia es validar la idea de que hay letras de canciones que son verdaderos poemas y que merecen ser reconocidas como parte de las artes literarias. Me alegra particularmente que la Academia Sueca haya tenido el coraje de premiar a Bob Dylan".

Camilo Marks Crítico literario
"La Academia Sueca está cambiando. El año pasado se lo dieron a una periodista, a una cronista, y ahora a un cantante; entonces, está reconociendo que la cultura popular es también cultura".

Manuel Silva Acevedo Poeta y Premio Nacional de Literatura 2016
"'Blowin in the Wind'... es lo que hacemos los poetas contra viento y marea".

Fernando Ubiergo Cantautor
"Es una señal potente, porque implica una mirada diferente respecto de un arte. Creo que el texto de una canción no es poesía, tiene elementos de esta, pero es palabra oída, no leída, y es un género que no ha sido lo suficientemente reivindicado. Por lo tanto, que le den un premio a Dylan por la lírica de sus canciones es un hecho notable. Hay un mirada a un músico que hace un oficio que jamás fue considerado para ganarse un premio".

Rafael Gumucio Escritor
"A través de él premian a la generación beatnik , que fue su inspiradora y que nunca recibió el premio. Ginsberg, Kerouac, Burroughs, ninguno recibió ningún premio o muy pocos. A través de Bob Dylan, se premia a toda una generación, a toda una forma de hacer poesía".

Hernán Rojas Productor musical
"Muchas de sus canciones son verdaderos himnos. Finalmente, este premio tiene que ver mucho con la misión del Nobel de crear un mundo mejor. Hay valores que son claves acá, como el respeto, la paz, el bienestar, y la paz espiritual y mental de las personas".

Claudio Bertoni Poeta
"Me impresiona que le den el Premio Nobel de Literatura. Lo hallo saludable por un lado, pero puedo pensar en 10 nombres de poetas norteamericanos que realmente se lo merecen más que él. En Chile, la poesía de Parra es simplemente superior. Pensé: si se lo dan a Dylan, cómo no se lo dieron a Ginsberg. Dylan es inexplicable sin Ginsberg".

Juan Pablo González Musicólogo
"Si bien hubiera preferido que nuestro Nicanor Parra finalmente lo hubiera recibido, se trata sin duda de un gran acontecimiento, y no solo para nuestra concepción de la literatura, sino que del propio arte... Fue justamente Dylan, a mediados de los años sesenta, junto a Los Beatles y a los rockeros británicos en general -en quienes influyó-, que empezaron a desarrollar una práctica literario-musical de aspiración artística".

El espejismo del pasado en su viaje al desierto

Era el timbre que le faltaba a la cita de leyendas del rock. El Desert Trip inesperadamente iniciará hoy, en Indio, California, su capítulo final abriendo con la presencia de un Nobel de Literatura. La mística que buscaba un espectáculo que congregó a los íconos vivos más trascendentes de la música popular llegó finalmente de la mano de las letras y no de un sonoro riff de guitarra.
Bob Dylan comenzó esta cumbre justo una semana atrás, mirando hacia su pasado más aplaudido, su rico catálogo de la década del 60, donde sus letras se enriquecieron cuando su camino lo llevó a tropezarse de frente con los poetas beat . El repaso de una prosa determinante dentro de la designación que anunció la Academia Sueca ayer.
El repertorio de la voz de "Like a Rolling Stone" sorprendió en el festival. El arisco cantautor, que en sus últimos discos hizo su propia interpretación de sus canciones favoritas de Frank Sinatra, apareció regalando un set dedicado a su período más clásico. Temas como "Rainy Day Women # 12 & 35", "Don't Think Twice, It's All Right", "Highway 61 Revisited" y "It's All Over Now, Baby Blue", fue la serie con la que sorprendió en el comienzo, no solo por representar una concesión a lo que venía haciendo en vivo en sus últimos años, cuando este cancionero estaba prácticamente borrado, sino que por acercarse a la fidelidad en que fueron concebidas a mediados de los 60. Esto también había sido olvidado, sometiendo sus canciones a un duro filtro, donde estructuras y acordes terminaban entregando una canción completamente diferente.
También su voz apareció más clara en este espejismo del desierto, que devolvió al escenario a un Dylan menos rasposo, aunque igual escondido en la penumbra: sin aceptar fotos durante su show y con apenas algunos instantes en las monumentales pantallas gigantes del festival. Su presencia fue, para la gran mayoría de los 75 mil asistentes que lo vieron -o escucharon-, la noche del viernes pasado, un espectro sonoro de una época irrepetible; un wurlitzer que se activó para tocar lo mejor de su obra y cumplir una tarea que se apagó sin saludo de entrada ni anuncios de despedida -solo abrió su boca para cantar-, cuando recién cumplía con una hora y media de actuación.
Transversal
Bob Dylan también ha sido premiado con más de diez Grammy, el Oscar (2000), el Globo de Oro (2000), el Príncipe de Asturias (2007) y el Pulitzer (2008).

jueves, octubre 13, 2016

Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016


El Pais

La Academia Sueca otorga el galardón al músico "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción"

El ganador del premio Nobel de Literatura de este 2016 es Bob Dylan "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción". La secretaria permanente de la Academia Sueca, Sara Daniues ha sido la encargada de anunciar a las 13.00 el nombre del mito estadounidense de la canción, de 75 años. Dylan ha sido precisamente uno de los protagonistas del festival Desert Trip, celebrado el pasado fin de semana en California, junto a otras viejas glorias del rock como Neil Young, Paul McCartney, The Rolling Stones.

En la historia del premio, la mayoría de los galardones han recaído sobre autores de habla inglesa (27), seguidos de literatos franceses (14) y alemanes (13). Otros 11 de los Nobel de Literatura se han concedido a autores que escribían en castellano.

Sólo los que alguna vez se han sumergido en el revelador universo de este cantante nacido en un pueblo de Minnesota reconocerán que Dylan es un poeta en toda regla. Por eso, no es de extrañar que este reconocimiento a su música, entendida como un organismo vivo donde las letras son el cuerpo sobre lo que se apoya el resto, es algo histórico.

Pero la literatura apoyada de la música, o viceversa, era el camino para ese tal Zimmerman, que cambió su nombre por el de Bob Dylan, inspirándose en el poeta Dylan Thomas y tras devorar todo libro que caía por sus manos. El salto a Nueva York, impulsado por conocer al irrepetible cantante-activista Woody Guthrie, sería la introducción definitiva del músico en el género literario.

Desde el mismo corazón urbano de la Gran Manzana, vehiculó su revolucionario estilo empapándose de los sermones del blues y el folk y la corriente desinhibida y subterránea de la generación beat, con Jack Kerouac, Neal Cassady o Allen Gingsberg. También tuvo buena parte de culpa su novia de los sesenta, Suze Rotolo, que le introdujo en el poeta francés Arthur Rimbaud, un haz de luz para la futura obra dylaniana.

sábado, octubre 08, 2016

Bob Dylan abrió el Desert Trip recordando su repertorio más clásico



El Mercurio

El cantautor, poco dado a las concesiones, inició el festival ante 75 mil personas interpretando temas de hace más de 50 años. El cierre estaba reservado para los Rolling Stones.  

José Vásquez 

California . Bob Dylan sacudió sus discos y sintonizó con la vibra de la nostalgia que tiñe la mayor reunión de íconos del rock. El Desert Trip, o el "festival del siglo" como se le ha sindicado, abrió de la mejor forma posible: la voz de "Hurricane", poco dado a las concesiones, regalando un repertorio que rememoró su período más clásico.

Apenas unos minutos más tarde de lo programado, casi a las 19:00 horas en Indio, California (23:00 horas de Chile), Dylan, sentado al piano inició transmisiones con "Rainy day women #12 & 35", del álbum "Blonde on blonde", lanzado en 1966. Sorpresa total, con el huraño cantautor incluso acercándose a la fidelidad de las grabaciones originales que en los últimos años ha preferido olvidar, desestructurando en vivo sus propios éxitos.

Generoso, el músico siguió sorprendiendo en la misma tecla con "Don't think twice, It's alright", de 1963, y "Highway 61 revisited", de otra obra fundamental como el disco del mismo nombre del 65. Dylan estaba dispuesto a regalar una noche única como es la promesa que entrega esta cita que se anuncia como irrepetible y que dejaba para el final a los Rolling Stones.

Otoño y verano

Las estaciones funcionan solo como un nombre en Indio, donde el otoño asoma como un espejismo en este literal oasis del desierto. A las dos de la tarde, cuando se abrieron las puertas al público en el Empire Polo Club, 35 grados ya quemaban fuerte. El viaje árido entonces se hizo real. La bienvenida al denominado "Festival del siglo" fue en extremo calurosa, con un ingreso, aunque opacado por los atochamientos que hicieron todo más lento. Calles cerradas en los alrededores del recinto y demoras en la carretera que duplicaron los tiempos de viaje, provocaron que al inicio del show las butacas todavía no estuvieran del todo completas.

Porque en este festival hay asientos y son confortables. A diferencia de las explanadas que dominan estos espectáculos, en el Desert Trip se cubrió el campo con butacas y se levantaron solo para esta ocasión dos tribunas a los costados. La comodidad es la regla a toda prueba, considerando que el público mayoritariamente es adulto y promedia los 50 años.

Las largas caminatas desde el ingreso del recinto eran cambiadas por viajes en "pedicab", unos triciclos-taxi que acercaban a la gente por US$ 10. A unos 200 kilómetros al este de Los Angeles, las miradas del mundo musical se concentraron en el recinto que reúne en un mismo fin de semana también a leyendas del rock como Paul McCartney, Roger Waters, The Who y Neil Young.

Postales rock

Muchas familias se fotografiaban en distintos puntos del club, que funcionaban como imanes de cámaras. Largas filas acaparaban un cuadro gigante con la portada del "Some girls" de los Rolling Stones, el más popular en la entrada. Seguido por uno con The Who.

Los puestos de venta de poleras estaban abarrotados. Había diseños de todas las bandas a un promedio de $33 mil pesos chilenos, y una tienda con las discografías completas de estos artistas saciaba la sed consumista de un público amante de la nostalgia.

Los organizadores también apostaron por transformar el evento en una experiencia sensorial más allá de los seis conciertos. Al interior del recinto se levantó una enorme tienda que funciona como sala de exhibiciones y se instalaron espacios culinarios encabezados por prestigiosos chefs. Ayer comenzó igualmente la instalación de carpas en los recintos delimitados por la organización y donde los fanáticos más fieles pretendían pasar estas tres primeras jornadas del festival, que se repetirá el próximo fin de semana.

Esta noche
Neil Young 18:15 horas (22:15 Chile).
Paul McCartney 21:15 horas (01:15 Chile).
Mañana
The Who 18:15 horas (22:15 Chile).
Roger Waters 21:15 horas (01:15 Chile).

 El rock en su máximo esplendor

Desert Trip es el festival del siglo. No cabe duda. Tendrían que pasar otros cien años para volver a ver juntos a músicos del nivel de Bob Dylan, Paul McCartney y The Rolling Stones. Si bien algunos han colaborado en el pasado, esta es la primera vez que coincidirán todos en un mismo escenario. Y la única, porque por sus edades -todos tienen más de 70 años- y agendas es imposible que se reúnan nuevamente. A quienes les gusta criticar dicen: "Se juntaron por plata", pero eso no es cierto, porque ninguno necesita hacer conciertos por dinero. Se juntaron simplemente por el placer de tocar juntos y solo puedo imaginarme cómo será ese reencuentro donde recuerden viejos momentos.

Festivales históricos ha habido muchos: Woodstock (1969), el Concierto para Bangladesh (1971), organizado por George Harrison, y Live 8 (2005), entre otros. Pero creo que este será uno de los más recordados. Es como si Beethoven, Wagner, Bach y Mozart se presentaran en un mismo recital. Esa es la primera comparación que se me viene a la mente.

Aunque se extrañan nombres como Eric Clapton -cuya enfermedad nerviosa le impide tocar la guitarra- o Elton John, un verdadero genio musical, los artistas que estarán en el Desert Trip escribieron la historia del rock y el público que tenga la suerte de verlos vivirá una experiencia inédita.


Bob Dylan set list
"Rainy Day Women #12 & 35"
"Don't Think Twice, It's All Right"
"Highway 61 Revisited"
"It's All Over Now, Baby Blue"
"High Water (for Charley Patton)"
"Simple Twist of Fate"
"Early Roman Kings"
"Love Sick"
"Tangled Up in Blue"
"Lonesome Day Blues"
"Make You Feel My Love"
"Pay in Blood"
"Desolation Row"
"Soon After Midnight"
"Ballad of a Thin Man"
"Masters of War"

Rolling Stones set list
"Start Me Up"
"You Got Me Rocking"
"Out of Control
"Ride 'Em on Down" (Jimmy Reed cover)

"Mixed Emotions"
"Wild Horses"
"It's Only Rock 'n' Roll (but I Like It)"
"Come Together" (Beatles cover)
"Tumbling Dice"
"Honky Tonk Women"
"Slipping Away"
"Little T&A"
"Midnight Rambler"
"Miss You"
"Gimme Shelter"
"Sympathy for the Devil"
"Brown Sugar"
"Jumpin' Jack Flash"

Encore:

"You Can't Always Get What You Want"
"(I Can't Get No) Satisfaction"

lunes, abril 30, 2012

La chilena que lanzó a Bob Dylan

Revista El Sábado

El artista canta el miércoles en Chile y trae con él una carrera de casi 40 discos y la marca de ser uno de los mejores letristas de la historia. su camino empezó hace 41 años en un pequeño café de Nueva York regentado por la chilena Juanita Rieloff, quien le dio sus primeras oportunidades de tocar en público. Acá, por primera vez, su historia. 

Rodrigo Fluxá

Y Dean Schambach, en medio de un bosque en Woodstock, con casi 80 años, toma aire y recuerda:
-Una tarde un tal Bobby Dylan apareció en el Gaslight. Y Juanita le dijo: Veamos si puedes tocar algo. Y él se puso a afinar su guitarra. Yo lo veía todo desde la cocina: estaba arreglando algo. No encontré que cantara lindo, ni que tocara bien, pero le venía del corazón. Era imposible no notarlo.

¿Quién era Schambach?
Un carpintero, gásfiter, aspirante a actor al principios de los 60 en Nueva York.

¿Quién era Juanita?
Él responde:
-Era el amor de mi vida.

Juan Alberto Rieloff fue un reconocido constructor de casas, pionero en Chile de las viviendas prefabricadas, que, por sus dotes, conoció personalmente a tres Presidentes. Era también hijo de inmigrante alemán, esposo de Elizabeth Nielsen y padre de siete hijos.  Vivían  en lo que hoy es el límite entre La Florida y Macul, pero que en los años 40 eran enormes parcelas, casas de campo. La mayor de las hijas, Juanita, nació en 1933 en Valdivia. Ya en Santiago estudió internada con las Monjas Pasionistas. Cuando cumplió 14 dejó el colegio, después de varios choques con las religiosas. A su papá no le importó mucho: la educación femenina no estaba tan arraigada en la sociedad.

Los Rieloff vivían con soltura: pasaban los veranos en una gran estancia en Quintero, que le habían comprado a la familia Cousiño.

-Había que llegar en bote desde Concón -recuerda Paulina, una de las hermanas menores de Juanita. Después había que esperar la hora del día en que la arena estuviera dura para pasar en auto y entrar a Quintero. Era un pueblo hermoso en esos años.

Un verano, con 15 años, Juanita fue elegida reina de belleza de Quintero.

En Santiago comenzó a trabajar como corredora de propiedades de las casas de su padre. Le gustaba la música clásica y la poesía. Pablo Neruda era un asiduo a la parcela de Macul.

Con 22 años, tras escuchar los relatos de un amigo, decidió embarcarse a Estados Unidos.

- No iba a nada en particular -dice su hermana Georgina. Pero fue la primera en darse cuenta de que ser una mujer independiente en Chile no iba a ser posible. Tenía ideas muy progresivas en relación al ritmo del país.

Con un pasaporte diplomático, conseguido gracias a los contactos familiares, Juanita Rieloff abordó el Queen Mary. Hizo escalas en Panamá, donde compró un par de zapatos con parte de sus ahorros, y en Cuba, dónde los vendió, ya casi sin dinero.

Según sus hermanas, en Miami tenía arreglado un alojamiento desde Chile con una familia.

Ella, en un diario de San Francisco, tiempo después, contó otra versión sobre su llegada:
- Me quedaban 15 céntimos en los bolsillos. La primera noche no tuve dónde dormir. En inglés sólo sabía decir taxi. Fui a un hotel y les pregunté por trabajo. Me presentaron a dos caballeros que tenían trabajo en una fábrica (...) Al día siguiente me subieron en un bus con otra gente. Al avanzar noté que había una multitud en la calle: era una huelga. Y yo era parte del equipo de rompehuelgas. Cuando me di cuenta dije:
-No, no, no
-¿Tienes qué comer?, dijo el hombre que nos llevaba.
-Pero no así.

Juanita se unió a la huelga. Ellos mismos, después, le consiguieron un trabajo.

Juanita estuvo casi dos años en Florida: trabajó en una bencinera y cuidando a un niño enfermo de parálisis. Regresó a Chile a ver a su familia y en 1957 volvió a Estados Unidos con su amiga Carmen Cruz y con su hermana Georgina. Su otra hermana, Paulina, se embarcaría poco después.

Se instaló primero en la Quinta Avenida, en Manhattan, cerca del zoológico.

- Nos escribía que los edificios eran tan grandes, que la gente se sentía como hormigas. Y ella era muy baja. Se fue al Village arrancando de los rascacielos.

A finales de los 50, el Greenwich Village hervía. Eran el puñado de cuadras con la gente más liberal en la ciudad más liberal de Estados Unidos. La generación beatnick en pleno se crió en esas calles: Jack Kerouac y Allen Ginsberg formaban parte del panorama.

- Estaba todo el mundo ahí -recuerda Georgina-. Mucha gente joven y todos con pretensiones artística y ganas de ser famosos.

En 1958 Juanita conoció a Robert Milos, un beatnik, ex combatiente de Corea, pintor, conocido por su trabajo experimental. Él, divorciado, la cortejó por mucho tiempo antes de formalizar una relación.

-Ella no creía en el matrimonio, salvo para tener hijos -dice su hija Elizabeth-. Y le habían dicho que no podía tener, así que no le veía sentido. Peleaban y volvían, pero se querían.

Milos estaba envuelto en la escena de los cafés, devenidos en centros culturales, donde los beats pasaban las noches. Había ayudado a Jon Mitchell, un conocido empresario nocturno, a rebajar el piso de un local ubicado en 116 de MacDougal Street: no le habían dado los permisos para levantar el techo y, en el estado en que lo recibieron, no entraba un persona de pie.

Mitchell inauguró el Gaslight en 1958. Pese a las limitaciones de espacio y a la prohibición de vender alcohol, se ganó un lugar rápido, sobre todo gracias a las lecturas de poesía.
Juanita, en esos años, trabajaba justo al frente, en el Café Wha?, el otro gran local del barrio. Manny Roth era el dueño:

- Le di trabajo a ella y a su hermana, como meseras. Juanita era muy sociable, muy motivada. Te diría que fue de las primeras activistas del barrio, estuvo en eso desde el principio. Era una especie de Jane Fonda del Village.

A los meses Juanita cruzó la calle:
-Le pidió permiso a Mitchell para instalar una carpa dentro del Gaslight para leer la suerte -dice Paulina-. Y le empezó a ir muy bien, porque todo el mundo estaba un poco en esa onda de la quiromancia. Era muy cómico.

Durante esos años, Juanita aprendió cómo funcionaba el Gaslight. Los artistas nuevos no cobraban tarifa, sino que al final pasaban un sombrero. Ahogados por los reclamos de los vecinos de los pisos superiores y por el calor del diminuto sótano, al abrir las ventanas el público tenía prohibido aplaudir; en su lugar chocaban los dedos, unos con otros.

A mediados del 60, Mitchell decidió deshacerse del Gaslight, acorralado por el pago de sobornos a la policía y a la mafia. Como estaban ya instalados ahí, le cedió el derecho de llaves a Juanita y su esposo, quienes, para solventar los gastos, se asociaron con unos conocidos de Florida.

Lo primero que hizo ella fue darle un giro, desde la lectura de poesía a la música folk.

-Juanita ya conocía a todos los músicos que estaban dando vueltas. Me acuerdo que Mary Travis vivía justo al frente del Gaslight y hablaba mucho con Juanita. Un día la tomó y le dijo: tú tienes una voz tan linda, deberías tocar con Peter y Paul. Y así nació Peter, Paul and Mary. Siempre estaba buscando actos nuevos. Bill Cosby, el humorista, también comenzó a tener más apariciones en el Gaslight gracias a Juanita. Me acuerdo que, tras sus presentaciones, él cruzaba siempre la calle y le traía un café caliente a Carmen Cruz, a quien Juanita había puesto en la caja -dice Georgina.

-Era un anfitriona muy buena. Se paraba en la entrada y hacía sentir a todos únicos e importantes -dice Schambach-. Era muy cálida. Así pasó lo de Bobby.

Está establecido que Dylan llegó a Nueva York, desde Minnesota, en enero de 1961, con dos ideas en mente: conocer a su ídolo Woody Guthrie y hacerse un lugar en el sobrepoblado mundo de la música folk. Lo primero lo logró temprano: se encontró con el cantante, muy maltrecho de salud, el último domingo del mes. Lo segundo fue mucho más trabajoso.

La primera vez que subió a un escenario fue en el Wha? Fue parte de la noche de aficionados del local. Roth, el dueño, recuerda:

-No era Bob Dylan en ese entonces, era Bob Zimmerman, un joven más. Llegó al Village a los 20, quería ganarse unos pesos con su guitarra. Pasó primero a mi café, pero puedo dar fe que Juanita lo ayudó muchas veces más en el Gaslight. Tenía muy poco dinero.

En efecto, los primeros meses de Dylan en Manhattan fueron duros: a su primer concierto como tal, pagado, en el club Gerde, llegaron apenas 54 personas. Estuvo viviendo de la solidaridad de extraños, durmiendo en sofá de gente, según iba conociendo, aceptando plata regalada. Así llegó al Gaslight, a Juanita, a Schambach, mirando desde la cocina.

- Ella se portó muy bien con él. Recuerdo que después de los conciertos le daba de una gran sopa de pollo. Muchas veces era lo único que los músicos comían en el día.

El dato lo refuerza Howard Sounes, autor de la biografía de Bob Dylan.

-Dylan efectivamente pasó buena parte de 1961 y 1962 tocando en el Gaslight. Las grabaciones de esos shows se convirtieron en un disco en vivo de culto editado hace poco. Dylan recordó al Gaslight, pero no a Juanita, en sus memorias:

Estaba obsesionado con actuar ahí. No podía ser de otro modo. Comparado con ése, el res­to de locales eran garitos desconocidos y deprimentes, tugurios de tercera (...). Yo tocaba en tandas de veinte minutos. Interpretaba las can­ciones folk de que me había apropiado, siempre atento a lo que pasaba alrededor. No era un sitio de postín; en él no había ni mesas de primera ni nada por el estilo, pero estaba siempre atestado. Al­gunos clientes se sentaban a las mesas, otros se quedaban de pie, apiñados junto a la pared de obra vista en aquel recinto de ilu­minación tenue y tuberías vistas. Había tanta gente que costaba respirar. No sé cuánta cabía en el lugar, pero siempre parecía que hubie­ra unas diez mil personas.

Paulina Rieloff, antes que naciera su primera hija, fue a buena parte de esos shows, acompañada de su esposo.

 -No se podía tomar, pero estaba todo el mundo volado. Iba mucho Lou Reed, Alan Ginsberg también, él hablaba mucho con Juanita. Cuando tocaba Dylan, ella se pasaba la noche haciendo callar a todo el mundo, porque decía que él era un poeta. A mi esposo, que era más de bares, le cargaba: no era lo que un afuerino esperaba de un show de Nueva York: era Dylan, flacuchento, chascón, con una armónica y una guitarra, sin que se le entendiera lo que cantaba.

Aunque no fueron amigos, Juanita y Bob también se veían fuera del café. Georgina Rieloff era parte del grupo.

-Una vez estaban los dos en las escaleras de un edificio en Macdougal Steet, tocando guitarra, riéndose, con un grupo de gente, cuando el dueño salió para afuera gritando, indignado por el ruido. Bob se molestó y le dijo que algún día él iba a ser dueño de todo eso.

En los 70, Dylan compró el departamento.



Juanita se casó en el City Hall finalmente en 1961, ya embarazada pese a los pronósticos. Pero tras el nacimiento, la relación fue empeorando. Una de las razones por las continuas peleas era el poco cuidado que ella le ponía a la contabilidad del café. Según Milos, los socios de Florida llevaban una doble contabilidad y por eso el negocio arrojaba pérdidas.

-Ella era muy confiada -dice Paulina-. Su esposo le decía que les hiciera contrato a los artistas, para sacar algo de dinero, pero ella le decía que eran espíritus libres, que no había que amarrarlos. Se negaba a creer lo de la doble contabilidad, hasta que un día llegó Impuestos Internos y ellos se mandaron a cambiar. Milos tampoco estaba, porque se habían peleado. Tuvo que pedirle 800 dólares prestados a mi marido y llevar sola el negocio varios meses. Peleó para que no cerrara y fue para peor, porque después volvieron los de Florida, con otros inversores, y le quitaron todo. Ella no tenía abogados, y tampoco hablaba inglés muy bien. Fue un golpe muy duro. Trató de pelear en tribunales, pero nunca lo recuperó.

Para finales del 62 Juanita estaba fuera del negocio. Richard Alderson, encargado del sonido, recuerda:

-Los Hood, padre e hijo, se hicieron cargo. Por lo que sé, bien pudieron habérselo despojado a Juanita. De a poco el público se fue alejando del Gaslight. A Dylan y toda su gente, después de ser famosos, el Gaslight ciertamente les importó una mierda.

Georgina cuenta que tiempo después escuchó a uno de los mismos músicos a los que Juanita ayudó a empezar, diciendo:

-¿Tu hermana? Juanita sí que está loca.
Ella no se aguantó:
-Loca, pero loca por haber ayudado a un desagradecido como tú.

Juanita Rieloff siguió, pese a todo, siendo una figura en el activismo de Nueva York. En 1966 abrió un centro comunitario en el Lower East Side para cuidar a los hijos de padres drogadictos. En 1967 organizó una comitiva del Village para ir a marchar al Pentágono contra la guerra de Vietnam.

Su vida amorosa fue ajetreada. Se separó definitivamente de Bob Milos y, en un doloroso pasaje, le contó a su única hija que su padre biológico realmente había sido un trabajador griego, con quien había estado antes de casarse. Tuvo más parejas significativas, una de ellas el propio Schambach, con quien pasaba cada verano en Woodstock.

-Vivíamos en una especie de comunidad. Muchos artistas iban ahí, Juanita los encantaba a todos. Era una mujer y media. Fueron grandes momentos: hacíamos el amor escuchando a Tchaikosky. Estaba muy enamorado. Una tarde, Tim Hardin, el compositor, nos escuchó conversando. Ella me decía, jugando: si yo fuera una dama, no me hablarías así. Y yo le respondía, y si yo fuera carpintero... porque, en efecto, yo era carpintero. Y Tim sacó de ahí la idea para escribir "If i were a carpinter".


En 1971, Juanita vivía con un pintor chileno radicado en Nueva York. Ese año consiguió, a través de un sobrino de un jefe mafioso local, el arriendo por 10 años de un galpón en el Soho para poner un nuevo centro de niños. Le pasó, para el trámite, cinco mil dólares.

- Pero el sujeto deshizo el trato -cuenta su hija-. Y no le devolvió el dinero. Mi mamá lo llevó a juicio, pese a las amenazas que el mafioso les hizo a ella y a su pareja. Duró mucho tiempo, pero le devolvieron el dinero. De todas formas, por seguridad, tuvo que dejar Nueva York, rumbo a Cambridge.

El golpe de Estado en Chile la pilló en ese proceso. Lo condenó activamente, junto con otros compatriotas. Recibió a la mujer de Salvador Allende en Estados Unidos, organizó marchas y acusó, desde allá, las violaciones a los Derechos Humanos. No volvería al país por los 17 años que duró la dictadura.

En Cambridge, Juanita organizó grupos de apoyo a los latinos: los asesoraba judicialmente, sobre todo a puertorriqueños.Se sumó también a la causa nicaragüense y salvadoreña.
Cruzó todo el país a dedo con su hija.

El 80, las dos se instalaron en San Francisco. Juanita terminó la universidad, ya siendo una mujer mayor. Abrió otra casa de acogida de niños. Cooperó en un centro contra la discriminación de los gays latinos. Apoyó las protestas por el bloqueo a Cuba. Viajó a la isla ocho años consecutivos, en la Caravanas por la Paz, llevando materiales de estudio a jóvenes cubanos. En el último, conoció a Fidel Castro.

Volvió a Chile poco antes del plebiscito. Celebró el triunfo del No, pero se fue a los meses.

- Entendió que el país que ella había dejado ya no existía y que se necesitaría mucho tiempo antes de que cambiara. Pese a conocer mucha gente del exilio, no le interesaban los cargos. Le interesaba ayudar, protestar. Ahora estaría encantada con los estudiantes -dice su hija.
De vuelta en San Francisco arrendó una gran casa en las esquinas de Mission Street y la Calle 16, una de las más peligrosas de la ciudad, apodada el Triángulo de las Bermudas por la cantidad de delitos. Quería hacer un  centro comunitario ahí. Nunca le salieron los permisos.

Juanita sufrió de artrosis. No creía en los doctores. Comía sano, no tomaba ni fumaba tabaco. Sólo marihuana, eventualmente.

Pasó varias temporadas peleada con su hija. No aprobó que se separara. Se reconciliaron.
Recordaba con cariño la época del Village: contaba historias de Dylan, de Peter Paul and Mary y de Bill Cosby. Nunca les guardó rencor por no verlos después.

En septiembre de 1999 le encontraron un tumor en el estómago. No quiso morir en el hospital. Se quedó en el Triángulo de las Bermudas.

Estuvo enferma siete meses antes de fallecer, en abril de 2000. En ese lapso la fueron a ver los cubanos, nicaragüenses, salvadoreños, gays, chilenos y los niños que habían crecido en sus guarderías.

Para su funeral, una caravana de 150 personas se tomó varias calles en San Francisco y, con guitarras, marcharon.

Juanita fue cremada.

Un año después, en enero de 2001, su hija aterrizó en Chile. Se fue a Quintero, arrendó un bote y justo frente al pueblo donde su madre fue reina, arrojó sus cenizas al mar.

Juanita Rieloff nunca quiso hacerse ciudadana de Estados Unidos.  Junto a Fidel Castro en una visita de la Caravana de la Paz. Condenaba firmemente el bloqueo a la isla.