Mostrando las entradas con la etiqueta Miguel Letelier Valdés. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Miguel Letelier Valdés. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 06, 2020

Los Letelier: Tres Premios Nacionales en una familia

El Mercurio

El caso de la familia Letelier Valdés resplandece en la historia de los Premios Nacionales en Chile: Alfonso Letelier fue el primero en recibirlo, en 1968, y luego lo hicieron sus hijos Miguel (2008) y Carmen Luisa (2010).
Juan Antonio Muñoz H.

Considerado un pilar de la producción nacional de música de arte, el compositor Alfonso Letelier Llona (1912-1994) fue una suerte de niño prodigio: comenzó a estudiar música a la edad de seis años y sus primeros ensayos musicales datan de 1922, cuando contaba solo con diez años. Seis años después compuso una Misa para voz solista, coros, órgano y orquesta de cuerdas, y el preludio para una ópera sacra, “La Magdalena”, que dejó inconclusa.

Durante su vida, desarrolló una larga carrera como docente en la Escuela Moderna y en el Conservatorio Nacional. Fue miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes, profesor y decano en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, vicerrector de esa casa de estudios, además de decano de la Facultad de Artes de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

En 1968 se le otorgó el Premio Nacional de Arte por su labor creativa, y luego vinieron muchos otros galardones, nacionales e internacionales; entre ellos, fue distinguido por la Organización de Estados Americanos (OEA) y por el Consejo Interamericano de Música, entidades que le rindieron un homenaje en 1985.

Entre sus obras más importantes se cuentan la música incidental para “La Anunciación a María”, de Paul Claudel (1949); “Tobías y Sara” (ópera-oratorio); Suite Grotesca (1946); “Balada y canción de cuna”, para contralto y orquesta (1935-36); “Decires” (1940); Cuatro canciones de cuna para voz de mujer y orquesta de cámara (1938-39); “Sonetos de la Muerte”, sobre poemas de Gabriela Mistral (1942-48); “Vitrales de la Anunciación”, para soprano, coro femenino y orquesta de cámara (1950); Sinfonía “El hombre ante la ciencia”, estrenada en 1987, y “Nocturno”, su última obra, escrita para el conjunto Ensemble Bartók, con textos de su autoría.

Siempre preocupado por el progreso de la educación musical en Chile y del desarrollo de nuevas generaciones de docentes y creadores, Alfonso Letelier pensaba que es una tarea prioritaria de las autoridades reestudiar los planes y los programas de la asignatura de Educación Musical en los colegios. “Deben dedicarse más horas a la música”, dijo. “A mi juicio, la mayor parte de ese tiempo debe ser empleado en la audición explicada de obras maestras, más que en aspectos técnicos o teóricos. Es importante que se den facilidades a los colegios para que obtengan el material adecuado, y que los niños asistan a los conciertos”.

Junto a su esposa, la cantante Margarita Valdés Subercaseaux, tuvo cuatro hijos, dos de los cuales también recibieron el Premio Nacional: Miguel (organista y compositor) y Carmen Luisa (contralto).

Trayectorias

Miguel, quien murió en 2016, a los 77 años, era respetado por sus pares como un músico integral: destacado organista, ingenioso compositor y profesor aplicado, obtuvo el Premio Nacional en 2008. Además de ser miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes, fue profesor de órgano y composición en la Universidad de Chile.

Antes de estudiar música, ingresó a Ingeniería Forestal en la U. Austral. Solo cuando oyó tocar al famoso organista y compositor argentino Julio Perceval se decidió por ese instrumento. Él fue su maestro y, según contaba, le enseñó que un compositor debía ser capaz de escribir en todos los estilos. Y por eso él era tan ecléctico. “Como medio expresivo uso todos los elementos de la música contemporánea. Si necesito una serie de doce tonos, la uso; si requiero algo aleatorio, también. Si necesito un acorde de Do Mayor, lo empleo. No tengo ninguna atadura”, declaró a “El Mercurio” en 1999.

Dos años después que su hermano, Carmen Luisa también fue premiada. “Mi padre era compositor, mi madre cantaba, en mi casa siempre se hizo música. Los músicos chilenos de mi edad comenzamos a ir al Conservatorio a los seis años, seguimos la carrera superior de música y luego pasamos a ser profesores en la Universidad de Chile. Nos conocemos desde chicos, el Conservatorio es nuestra casa (...) El repertorio que yo canto es el que le oí a mi madre desde que tengo memoria. Entré a estudiar canto lírico con Lila Cerda, porque tenía problemas vocales. Hablaba pésimo y con un registro ronco. Paralelamente, me formé con Violeta Parra, quien siempre me retaba: ‘No vayas a impostar la voz, porque así nunca más podrás cantar mis canciones'. Se generó una verdadera pelea entre la señora Lila y la Violeta por mi formación”, dijo a “El Mercurio” en 2010.

Dedicada a un amplio repertorio, pero preferentemente a la música de cámara, dueña de una voz muy personal y de una alta capacidad expresiva, ella fue la voz del Ensemble Bartók, conjunto con el cual interpretó la música chilena por todo el mundo.

martes, mayo 30, 2017

Rinden homenaje musical a Miguel Letelier

El Mercurio

Este miércoles en la Sala Zegers, con entrada gratuita.
Solistas y conjuntos ofrecerán un concierto monográfico con la obra del fallecido Premio Nacional de Música 2008.  

Romina de la Sotta Donoso 
El 3 de diciembre pasado, el mismo día que murió Miguel Letelier Valdés, la Filarmónica de Santiago justo tocó su mayor obra orquestal, "Instantes" (1966). Y diez días antes se presentó en el Festival de Música Contemporánea UC "Cantata Inmobiliaria" (2013).

"Él alcanzó a saberlo y lo tuvo muy contento", apunta Carmen Luisa Letelier, su hermana.
A cinco meses del deceso de uno de sus más queridos profesores, el departamento de Música de la Universidad de Chile recuerda al Premio Nacional de Música 2008 con un concierto gratuito, este miércoles en la Sala Isidora Zegers (Compañía 1264, 19:30 horas).

"Escogí cosas que fueran bien representativas de distintas épocas. Va a ser muy bonito porque va a estar la primera obra que escribió, a los siete años, y también la última, 'Chajnantor', que se la estrenó el Ensemble Bartok en 2016 en China, y que él alcanzó a escuchar un par de veces", apunta la contralto. Y cuenta que con "Mañana de Navidad en Las Condes", Miguel Letelier ganó un concurso de composición: "Cuando subió al escenario, nadie podía creerlo, era un niñito de siete años. Y le dieron lo que entonces era un montón de plata, cinco mil pesos, y él fue y se compró un tren eléctrico precioso en la Casa Doggenweiler. Era un niñito prodigio, componía y tocaba piano".

Tras un breve paso por Ingeniería Forestal en Valdivia, truncado por el terremoto de 1960, Miguel Letelier estudió órgano con Julio Perceval y composición en la Universidad de Chile, donde después dictó, hasta su muerte, ambas cátedras.

El musicólogo Luis Merino destaca que Miguel Letelier tuvo una brillante carrera como intérprete de órgano, y que "como compositor nos ha legado una variada obra musical, finamente cincelada en equilibrados planos sonoros y tímbricos".

El propio compositor reconoció a "El Mercurio" en 1999: "Nunca quise adscribirme a ninguna corriente. Como medio expresivo uso todos los elementos de la música contemporánea (...). No tengo ninguna atadura".

Lo confirma su hermana: "Miguel era un hombre muy ecléctico, abordaba todos los estilos con una capacidad fantástica. Era capaz de escribir una fuga en estilo Barroco perfecta, una canción de blues y música atonal".

Libertad que podrá apreciarse en el monográfico de este miércoles. El Coro Arsis XXI presentará "Mañana de Navidad en Las Condes" y Dos canciones corales (1966); Luis Orlandini interpretará 7 Preludios breves para guitarra (1962) y la mezzosoprano Ana Navarro y la pianista Patricia Castro, Dos canciones (1969). Castro también tocará 3 Piezas para piano (1998); la Banda Sinfónica Estudiantil DMUS presentará "Passacaglia" (2009); y Ensemble Bartok, "Chajnantor" (2015), que cuenta con textos del propio compositor.

"Un concierto es el mejor homenaje que puede haber para un músico. Una, como hermana, naturalmente que lo seguirá recordando más íntimamente, pero su música es lo que queda. Pasa el tiempo y tú escuchas una obra suya y lo tienes al lado de nuevo, porque ahí está su espíritu, vivo", agrega la contralto.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Comunicado de prensa

Universidad de Chile rinde homenaje al maestro Miguel Letelier

A seis meses de la lamentable partida del académico, la comunidad del Departamento de Música se unirá para realizar un sentido homenaje al compositor: un concierto que permitirá hacer un recorrido por sus diferentes momentos creativos, cerrando con una premiada pieza escrita a los 8 años y que sólo se ha presentado en contextos familiares.

Pasó parte importante de su vida en las aulas de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Primero como virtuoso estudiante y luego como un destacado académico de composición y órgano. Es por ese estrechísimo vínculo con  la institución, que el fallecimiento del profesor Miguel Letelier, ocurrido en diciembre de 2016, caló hondo en la comunidad del Departamento de Música de la Universidad de Chile.

A las muestras de pesar y cariño, se sumó de inmediato la idea de rendirle homenaje. “La idea  nació de toda la comunidad académica. Miguel falleció en diciembre, una época muy complicada para una institución de educación porque está todo el mundo cerrando el año académico. Por eso fue imposible hacerlo en ese momento y se decidió que fuera este año”, cuenta la profesora Carmen Luisa Letelier, hermana del homenajeado, sobre el concierto que se realizará el miércoles 31 de mayo a las 19:30 horas en la sala Isidora Zegers (Entrada liberada).

“Este concierto es un homenaje a una persona que se dedicó toda su vida a la música, que fue profesor aquí muchos años, que fue un maestro y que además resucitó en Chile toda la cultura organística”, agrega la académica.

Orígenes

Fueron los mismos colegas del profesor Letelier los responsables del programa que se ejecutará el próximo 31 de mayo en la Sala Isidora Zegers. La académica Carmen Luisa Letelier les extendió una invitación amplia y fueron ellos quienes propusieron las piezas de un programa que será un verdadero recorrido por la historia composicional de Miguel Letelier. “A mí me gustó mucho que fueran obras de distintas épocas y formatos, aunque son solamente obras de cámara. Pero me gustó mucho la buena voluntad y el entusiasmo de los colegas a los que les pedí participar. Va ser un concierto muy bonito”, adelanta la cantante.

En el programa destaca el coro Mañana de Navidad en Las Condes, escrito en 1945, con textos de Blanca Subercaseux, abuela del fallecido académico. Con esa obra el profesor Letelier, de ocho años de edad, participó en el concurso Premio por obra del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile, quedándose con el primer lugar. “Cuando llegó este niñito a recoger el premio, los organizadores no lo podían creer”, recuerda la profesora Carmen Luisa.

El premio obtenido era monetario y joven compositor lo invirtió en “un tren eléctrico alemán enorme con el que jugamos durante años”, rememora la académica.

Es por ese origen infantil e íntimo que Mañana de Navidad en Las Condes es una pieza que se sólo se ha mostrado en contextos familiares y privados, así que el concierto de homenaje será la primera ocasión para escucharlo públicamente. “Ese coro lo recuerdo especialmente porque lo cantamos muchas veces en la familia, pero quedó únicamente en ese contexto. Miguel compuso muchas cosas en esa época y por suerte tenía todo guardado, así que fui a su casa y vi que tenía  la partitura escrita a mano en un cuadrito colgado. De ahí lo copié”, cuenta la profesora Letelier.

La obra será interpretada por Coro Arsis XXI que dirige la profesora Silvia Sandoval.

Chajnantor, una mirada al Universo

Pese a provenir de una familia vinculada a la música y a cultivarla desde temprana edad, el profesor Miguel Letelier también sentía fascinación por las ciencias exactas. “Tenía mucha curiosidad científica”, dice su hermana Carmen Luisa, añadiendo que “le interesaba la botánica y los climas. Incluso fue miembro del Instituto Meteorológico”.

Fue por ello que en 1960 ingresó estudiar Ingeniería Forestal en la recientemente inaugurada Universidad Austral de Valdivia.

“Miguel fue un prodigio de la música desde pequeño y por ello siempre le pedían que tocara. Cuando era adolescente se aburrió y decidió irse a Valdivia a estudiar ingeniería”, cuenta la profesora Letelier. Estando en su primer año, sucedió el terremoto de 1960 que destruyó parte importante de la ciudad, incluida la Universidad Austral.

“Nosotros lo habíamos ido a ver y pasamos el terremoto allá. Evacuaron la ciudad, así que volvimos a Santiago con Miguel. Como se quedó sin estudiar, mi papá lo puso a ayudar en el campo”, explica la profesora.

En ese mismo tiempo llego a vivir con ellos el compositor y organista belga Julio Perceval. Fue el contacto con Perceval lo que motivó a Miguel Letelier a retomar su carrera musical e ingresó al año siguiente al entonces Conservatorio Nacional de Música (actual Facultad de Artes). “Estudió órgano y composición con don Julio y ya nunca más se desvió de la música. Creo que de no ser  por el terremoto, Miguel no habría seguido en la música. Fue una cosa bien providencial”, recuerda la profesora Letelier.

En Chajnantor, una mirada al Universo (2016), el profesor Letelier unió sus dos grandes pasiones: música y astronomía. Chajnantor, que en kunza significa lugar de partida, es una pregunta por el origen. Fue estrena por el Ensemble Bartok, mismo conjunto que la interpretará en el homenaje.

“Recuerdo que Valene Georges iba a ver a Miguel para pedirle que escribiera una  obra para el Ensemble Bartok y él le decía que no podía porque estaba pensando en otra cosa, en una obra enorme, para orquesta y coro inspirada en el origen del Universo, que era su fascinación. Valene le propuso que hiciera  una especie de boceto de la obra para Bartok”, dice Carmen Luisa Letelier, quien será la recitante de la pieza.

Se entusiasmó y luego de que la pieza se mostrara en Chile y el extranjero, su idea era presentarla en formato sinfónico y con coro. “Lamentablemente se enfermó y no alcanzó. Hasta el último momento él tenía la intención de hacerlo”, expresa la académica.

Intentando concretar ese deseo es que la profesora Letelier y la viuda del compositor han iniciado gestiones para que otro autor orquesta la obra. “Incluso hemos hablado con algunos, como por ejemplo con Andrés Maupoint, a quien Miguel apreciaba mucho y lo consideraba un gran músico y orquestador. Lo está pensando. Yo creo que él es muy capaz y lo haría muy bien porque él conocía muy bien el estilo de Miguel”, dice.

En el homenaje participarán también el guitarrista Luis Orlandini presentando Siete preludios breves para guitarra, la pianista Patricia Castro con Tres piezas para piano (del Pequeño libro del piano), la cantante Ana Navarro que ejecutará Dos canciones, el Coro Arsis XXI y jóvenes cantantes que interpretarán Dos canciones corales, la Banda Sinfónica del Departamento de Música con la obra Passacaglia (2009).

El concierto se realizará el miércoles 31 de mayo a las 19:30 horas en la Sala Isidora Zegers (Compañía 1264, Santiago). La entrada es liberada.

lunes, diciembre 05, 2016

Adiós a Miguel Letelier Valdés: compositor, organista y profesor

El Mercurio

El premio nacional de música 2008 murió el sábado en la madrugada. Apreciado por sus pares, deja un importante legado.  

Romina de la Sotta Donoso 

Tenía 77 años de edad y era reconocido y respetado por sus pares como un músico integral. Destacado organista, ingenioso compositor y profesor aplicado, Miguel Letelier Valdés era hijo de Alfonso Letelier Llona y hermano de Carmen Luisa Letelier, los tres reconocidos con el Premio Nacional de Música.

Miguel Letelier murió el sábado, a las 00:30 horas, como consecuencia de un cáncer de pulmón que le diagnosticaron en febrero. Su funeral se realizó el domingo, después de una misa a las 15:00 horas en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (El Bosque 822).

"Como ser humano era de una generosidad increíble, ayudaba a mucha gente sin decir nada. También era muy sencillo, nunca trató de imponerse o destacar", comenta Carmen Luisa Letelier. "Era un gran compositor, y muy original. Estos últimos días se han tocado varias obras suyas. Eso lo supo y lo puso muy contento", agrega.

El 7 de noviembre el Ensamble Bartók interpretó "Chajnator. Una ventana al infinito" (2015); el día 21 se programó su sarcástica "Cantata Inmobiliaria" (2013) en el Festival de Música Contemporánea UC; y tanto ayer como el viernes la Filarmónica de Santiago tocó "Instantes" (1966), probablemente su pieza orquestal más importante.

"Estaba planeando hacer una orquestación más grande de 'Chajnator', porque su primo Max Valdés le dijo que le gustaría escuchar cómo se oiría, y eso lo entusiasmó mucho...", revela su hermana Carmen Luisa.

"Fue un gran organista, de los más grandes que ha tenido Chile, y formó a muchos de los organistas que hoy están activos. Le preocupaba la situación de la música religiosa en Chile, especialmente el fortalecimiento del canto gregoriano en la liturgia católica. Y también fue un gran compositor, con una notable sensibilidad para manejar el color y versatilidad para usar diferentes lenguajes musicales", apunta el musicólogo Luis Merino, académico de la Universidad de Chile. "Su música es muy buena, de altísima calidad y hecha con mucho oficio, sensibilidad y gusto", añade.

Además de ser miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes, Miguel Letelier fue profesor de órgano y composición en la U. de Chile. Uno de sus discípulos es Ítalo Olivares. "Era excelente como organista y como profesor; abarcaba toda la literatura musical y era un compositor muy bueno", dice, y anuncia que dará un recital de homenaje a Letelier el 16 de diciembre, en los Padres Franceses de Valparaíso, es decir, en el Cavaillé-Coll que su maestro consideraba uno de los dos mejores de Chile. Abordará "La natividad del Señor" de Messiaen, porque "él la apreciaba y era fanático de Messiaen".

Letelier incluso estudió con el genio francés cuando estaba becado en el Instituto Torcuato di Tella, en Buenos Aires, al igual que con Ginastera.

Después tendría una brillante carrera como organista en Argentina, que se vio truncada cuando se accidentó un tobillo (los pedales del órgano son tan importantes como el teclado).

Las mejores grabaciones históricas de su quehacer como organista las recopiló en un CD que publicó en 2014 la Academia de Bellas Artes, y entre otros, el guitarrista Luis Orlandini y el pianista Jorge Hevia han grabado obras suyas.

Antes de estudiar música, Letelier ingresó a Ingeniería Forestal en la U. Austral. Sólo cuando oyó tocar al famoso organista y compositor argentino Julio Perceval se decidió por ese instrumento. Él fue su maestro y, según contaba, le enseñó que un compositor debía ser capaz de escribir en todos los estilos. Y por eso él era tan ecléctico. "Como medio expresivo uso todos los elementos de la música contemporánea. Si necesito una serie de doce tonos, la uso; si requiero algo aleatorio, también. Si necesito un acorde de Do Mayor, lo empleo. No tengo ninguna atadura", declaró a "El Mercurio" en 1999.

Otra característica singular de este músico fue su enorme afición científica. Le encantaban la ecología y la botánica, y en su casa de Aculeo tenía incluso una pequeña estación pluviométrica. Su amor por la naturaleza, decía, se lo había enseñado su padre.

Letelier también abogó por el rescate de los valiosos órganos que existen en Chile, y tuvo un rol capital en que hoy conozcamos una de las obras más relevantes de Violeta Parra. Él transcribió "El gavilán".

"Miguel iba a la casa de ella, ella se la cantaba y él la iba escribiendo. Y después se la inscribió para que no se la robaran. Con Violeta Parra tuvieron una gran amistad. Ella lo quería mucho", recuerda Carmen Luisa, su hermana.

"Él ya había entregado todas sus partituras a la Biblioteca Nacional, e hizo varios discos de su música. Todavía quedan cosas por hacer, yo trataré de grabar lo que no está grabado", cierra.

domingo, septiembre 30, 2012

Lanzan CD monográfico de Miguel Letelier

El Mercurio

La Academia Chilena de Bellas Artes  invita al lanzamiento del segundo volumen de la colección "Música Sinfónica Chilena", dedicado a Miguel Letelier, Premio Nacional de Música 2008. Incluye la "Suite Scapin" y "Tramas", ambas interpretadas por la Orquesta Usach y David del Pino; "Variaciones sobre un tema de película", por el Dúo Orellana & Orlandini, y "Divertimento", por músicos del Instituto Di Tella de Buenos Aires y Gerardo Gandini. Martes 2, 19:30 horas, en Almirante Montt 453.

domingo, mayo 13, 2012

Reencuentro con Violeta Parra




El Mercurio

Rescatamos esta nota publicada por El Mercurio el día 26 de diciembre de 1999, en donde el compositor Miguel Letelier Valdés recuerda las circunstancias del registro de "Composiciones para guitarra", disco de Violeta Parra que había sido editado durante el año 1999 por el sello Warner.

En el Parque Forestal de Santiago, en lo que era una especie de feria de arte popular, donde mayoritariamente predominaba el mal gusto, observo un pequeño tumulto. Me acerco y veo en su centro a alguien, con un pelo oscuro, la cabeza gacha, lo que impedía ver su cara, tocando y cantando algo tan extraordinario que, sin salirse del marco folclórico, constituía una música distinta a todo lo que yo conocía hasta entonces. Violeta - era ella- terminó de tocar, levantó su cabeza y cuando el grupo de oyentes ocasionales se dispersó me acerqué y le pregunté estupefacto: "¿Qué es lo que tocabas?". - "Es mi última composición", me responde. "Se llama El Gavilán. Alguien me destrozó el corazón". - ¿Lo tienes grabado, escrito? - "No, lo toco de memoria". Esta respuesta me espantó y le dije que eso no podía seguir así. De ahí su invitación de su casa a grabar. (Nunca hubo grabación en mi casa, como erróneamente se indica en el último CD de sus obras.) Esta grabación de obras de Violeta Parra me impulsó a rememorar esa época maravillosa en que yo me adentraba cada vez con más asombro en la personalidad de un verdadero artista. Modestia, simplicidad, espontaneidad y, por qué no decirlo, un toque de ingenuidad, rodeaban esta figura sentada con su cabello sobre la cara, inclinada en su silla con la guitarra. Nuestra amistad se remonta a los viajes y estadas que ella hizo a Rungue, en la Laguna de Aculeo, donde existía un importante acervo de material folclórico celosamente guardado por mujeres y hombres campesinos, descendientes de familias provenientes de Los Andes y Alhué.

Rodeados de un ambiente absolutamente rural, en una casita de madera en La Reina - estamos hablando del año 1964- , con el sol despuntando de las cumbres andinas, una brisa matinal vivificante, un gallo impertinente cacareando sobre una mesa donde había media sandía, una damajuana de vino y un vaso a medio llenar, nostálgico de trasnoche, nos instalamos a trabajar sin límites de tiempo y de espacio. Ella con su guitarra, y yo con mi grabadora, papel de partitura, lápiz y goma de borrar. Lo primero, antes que nada, El Gavilán.

Este poema dramático - no es otra cosa- constituye a mi juicio la sublimación del folclore chileno. Yo diría más aún que las "Anticuecas", pues en aquél se involucra un texto. El relato va presentando a modo de friso el drama pasional de quien se siente destruida por un amor mentiroso. "Veleidoso", "ingrato mal avenido", "pretencioso", son algunos de los términos con que la autora anatematizada a tan cruel y despiadado amante. (Ella ya no lo quiere. Dice al comienzo: Yo te quise. Tu me hiciste un juramento y yo te creí). Luego relata su huida al monte (nótese: Ella no huye por una calle o a campo traviesa; ella huye hacia el cerro, un cerro poblado de arbustos espinosos, de litres y quillayes), sintiéndose perseguida. Desoyendo imprudentemente las advertencias de la gente que le señalaba que el gavilán "tiene garras", decide correr "monte arriba", para refugiarse en la cima y desde allí tal vez combatirlo desde una posición más estratégica, en el sentido real y figurado. Sin embargo, estallan los truenos y la "confunden los siete elementos". Ya está perdida ("de mi llanto se espantan las aves/ mis gemidos confunden al viento"), finalmente cae víctima del gavilán, quien le destroza las entrañas. Pide ayuda: "ay de mí", pero nadie la escucha. Está sola, víctima del amor que creyó sublime y que terminó en algo brutal.

Al interpretar ella la obra, la transforma formalmente en un caos, ya que su escaso conocimiento de formas musicales le impide organizar el material en forma lógica. Sin embargo, analizándolo ordenadamente, se llega a una sucesión de secciones comparables a la técnica de Stravinsky en "La Consagración de la Primavera". Estas son totalmente independientes entre sí, desde el punto de vista de la génesis formal. La graduación dramática de estas secciones va desde una cueca a dos voces, al principio, hasta una sucesión de acordes disonantes, al final, en ritmo binario.

Composición intuitiva

Violeta no sabía escribir música. No conocía ni a Debussy ni a Stravinsky. No podía anotar en un pentagrama sus composiciones. La simple audición de estas obras - no ya el análisis- llama poderosamente la atención a un músico. La base rítmica, armónica y formal del folclore chileno de la zona central del país en su manifestación más generalizada, esto es, la dupla cueca- tonada, es llevada por Violeta a un nivel de estilización y desarrollo desconocido y no sobrepasado hasta hoy.

El Gavilán comienza con una sucesión de terceras, algunas mayores y otras menores, que producen desde la primera nota una sensación ácida e inconfortable que refleja - en forma genialmente descriptiva y artísticamente impecable- su dolorosa desazón al desenmascarar y culpar al causante de su drama. Los ejes tonales se desplazan en forma ambigua de tónica a dominante recurriendo a continuos cromatismos para su movimiento. Este hecho - el cromatismo- , reiterado deliberadamente, es totalmente ajeno a todo lo conocido en folclore hasta este momento.

"¿En qué quedó tu palabra / ingrato mal avenido? ¿Tal vez te habrás olvidado / que hiciste un juramento? / juramento sí / si, si, si, si...". Las cuartas de esta sección dan un cariz perentorio a la acusación. Estos intervalos son más duros auditivamente que las terceras o las quintas. Sólo un talento innato fuera de lo común intuye esta abstracta relación intervalo-intencionalidad, sin haber pasado por un curso más que elemental de análisis musical o conocer muchísima música de todas las épocas. Sin embargo, un apoyo tonal permanente en el bajo (pedal, en música) dulcifica el pasaje. Mal que mal, el amor aun en estas circunstancia tiene un dejo de dulzura.

Una nueva sorpresa se manifiesta ante el oyente en la sección siguiente. El ya citado texto "tanto que me decía la gente" se involucra en una armonía de escala por tonos, combinada con cromatismos que se producen al alternar terceras mayores y menores. La autoacusación de la autora por no haber considerado las advertencias de la "gente" adquiere en la música un carácter contrito, extraño y bellamente sombrío. La mezcla de lo vernáculo y de lo hispano (¿un lejano Albéniz?) adquiere caracteres de síntesis perfecta, de una rara sutileza y refinamiento artístico poco común. Los gemidos y las lamentaciones se arremolinan en un espiral armónico, logrado con la máxima economía de medios.

En este momento aparece - "viene"- quien terminará por destrozarla, esta vez físicamente, Violeta usa el acorde de 9 con todo desparpajo. Las sílabas ga - vi - lán están al servicio de cada nota; ya no importa deformar el término ni ponerlo al revés, ni acentuarlo donde no corresponde. En esta lucha final todo se destroza, incluso el vocablo gavilán. Las 9 huecas como puntos de apoyo seguidas por cuartas figuradas endurecen el total armónico simulando una desesperada defensa ante el atacante. La llegada definitiva del gavilán junto con los truenos se representa por un motivo rítmico binario - ya no más cuecas y tonadas- que da aún más dureza a la escena y las disonancias se suceden a distintas alturas, lo que yo llamaría una "sublimación" de los elementos folclóricos.

Finalmente, ella muere a manos de El Gavilán. Una sucesión de acordes disonantes de 6 notas, repetidos en forma de ostinato, siempre en tiempo binario, constituye el clímax de la obra.

Junto a esta extraordinaria creación, están las "Anticuecas", numeradas del 1 al 5, cuya versión original fue grabada en esta misma oportunidad.

Son piezas, yo diría, aún más intelectuales y abstractas que El Gavilán. Algunas de ellas adquieren características de ejercicios para guitarra. Otras, sublimizan - otra vez el término- el folclore, esta vez exclusivamente la cueca.

La búsqueda que Violeta Parra emprende en las "Anticuecas", sobre todo en algunas de ellas, lleva a la convicción de que la compositora intenta salirse del marco estilístico preestablecido, incursionando en terrenos que, si bien le son desconocidos a su mundo sonoro, le resultan llanos y fáciles en su intuición de ir siempre "más allá" en el esquema musical vernáculo. Nuevamente en esta obra se funde lo hispánico y lo ancestral - lo "telúrico", como diría Ariel Ramírez- de una manera a tal punto homogénea, que pareciera que ello existió desde siempre.

Entre las otras obras que aparecen en este CD destaca una deliciosa canción llamada "La noche de San Juan". En estilo tradicional, no exento de cierta ingenuidad, pero con marcado sello personal (el permanente uso de la tónica con una 7 agregada), se va repitiendo una armonía bajo una tierna historia de una familia de palomos, que de cuatro en cuatro van siendo muertos por un cazador y su "maldita carabina". Los 12 comensales, mientras devoran a los palomitos, advierten el arma asesina entre unos cardenales. Las pobres aves están ahora en una "nube del cielo", tal vez junto a San Juan.

Nada más bello, triste y delicado creo que pueda haber producido nuestro folclore. Felicitamos vivamente a quienes han hecho posible la reconstitución de estas obras a partir de su original.

*Miguel Letelier Valdés es profesor titular de la Facultad de Artes de la Universidad de Chíle y Miembro de Número del Instituto de Chile.