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| Marta Carrasco abrió un camino con sus ilustraciones con sello autoral. Archivo de Gráfica Chilena Biblioteca Nacional |
El Mercurio
La pintura fue la primera vocación de Marta Carrasco, la acompañó toda su vida, pero la mantuvo oculta mientras sus ilustraciones se divulgaban en libros infantiles y juveniles. A casi 20 años de su muerte, se dan a conocer estas obras que guardó por décadas, y en las que retrató a su hija, nietos, hermanas… plasmando temas como la maternidad, la vida cotidiana y la familia. Ahora se pueden apreciar en la Sala Pinacoteca del Centro de Extensión UC.
Texto, María Cecilia de Frutos D. Fotografías, José Luis Rissetti Z.
La artista Marta Carrasco Bertrand (1939- 2007) fue de esos talentos que nunca quieren sobresalir más de la cuenta. Sus ilustraciones acompañaron la infancia de muchas generaciones que no supieron quién estaba detrás de los dibujos que aparecían en sus libros escolares, en sus cuentos favoritos, en el inolvidable Papelucho, Los Pecosos o Perico trepa por Chile. Y aunque desde hace una década se ha empezado a dar a conocer el aporte que hizo a la ilustración entre los 60 y 90, era su vocación como pintora la faceta que faltaba descubrir. Y es que la Martita, como todos le decían, siempre pintó, desde que entró a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile en 1959, pero recién ahora estas obras salen a la luz.
Lo hacen por medio de la exposición “La otra orilla de Marta Carrasco. Antología Pictórica”, que se exhibe en la Sala Pinacoteca del Centro de Extensión UC, curada por Rosa María Droguett, Claudio Aguilera y Hugo Palmarola. Una muestra que reúne cerca de 40 cuadros, un par de figuras de arcilla y la serie de dibujos inéditos “Mujeres libres” (perteneciente al Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile). Fue su hija, Camila Couve, quien puso a disposición este material, que corresponde solo a una selección de lo que encontró guardado en los clósets de su casa, apilados contra la muralla, y que ella nunca quiso ni pensó en mostrar. “Creo que cuando compartes una obra, esta deja de ser tuya, eso que trabajaste de manera tan personal e íntima, sin que nadie supiera... Mi mamá era cero pública, y en contraposición, le tocó divulgar sus ilustraciones porque era su trabajo, tenía que vivir; esto era distinto”, cuenta Camila.
Es entrar en la sala y darse cuenta de que se trata de un verdadero “álbum familiar”. En las telas de pequeño y mediano formato se reconocen niños, mujeres, hombres, todos retratados en situaciones cotidianas, en sus rutinas hogareñas, en momentos tiernos, alegres, tranquilos… como quien toma una foto de un instante sin mayor importancia, pero que logra así reflejar un modo de ver la vida sencillo y a la vez libre. Camila en todas las edades –la única hija que tuvo con Adolfo Couve, quien fue su marido entre 1961 y 1974–, sus nietas y nieto, sus hermanas, su papá, amigos, todos ellos forman parte de estos óleos que evidencian la gran pintora que fue la Martita, su genial manejo del color, la luz y el movimiento. “Ella miraba su entorno, a su familia en el presente, pero también en el pasado, muy desde lo personal”, dice Claudio Aguilera, jefe del Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile, que custodia 10 mil documentos de la artista, entre dibujos originales, bocetos y manuscritos.
Para Pedro Maino, curador de la Sala Pinacoteca UC –que busca consolidar la colección de la universidad con obras realizadas entre 1830 y 1950– esta exposición reconoce el lugar que merece la Martita dentro del ámbito artístico, habitando una sala por la que han pasado autores como Juan Francisco González y Ana Cortés. En estos cuadros ella plasmó los temas que le importaban: la infancia, la maternidad, la pareja, la adolescencia... en escenas que expresan toda la libertad que ella misma no tuvo por completo, al depender de dos muletas para caminar desde que a los 10 años le dio polio.
Al mismo tiempo, nada la frenó; mientras pintaba y dibujaba, también escribía y llegó a publicar cuatro libros ilustrados: con el primero, El club de los diferentes, ganó en 1984 el premio Apeles Mestres y fue invitada a la Feria del Libro de Bolonia; el último, La otra orilla, salió de manera póstuma. Trabajó con Marcela Paz y Alicia Morel, con distintas editoriales e incluso realizó los personajes de Tata Colores para TVN en 1992. “Ahora quiero que se sepa que mi mamá también era pintora. Pienso que no se puede tener algo tan bonito guardado. Y a lo mejor, no con su permiso, pero como dice Claudio, sí con su venia, que la gente lo disfrute”, agrega Camila.
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| “El espejo”, óleo sobre tela de 2000. Han registrado más de 100 obras, la exposición solo muestra una parte. |
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| En sus pinturas hablaba sobre la maternidad y la infancia; siempre las guardó y no las quiso mostrar. |
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| Fue una de las ilustradoras de Papelucho , hacia los años 80 y 90. Archivo de Gráfica Chilena Biblioteca Nacional |
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| En este óleo de 2004 se pintó con su papá, Eduardo Carrasco. |
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| A su hija Camila la pintó en todas sus edades. “La ilustración era su registro público; la pintura, su registro privado”. |
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| Aquí retrató a su nieta Isidora, en Canarias, hacia 1987. |







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