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jueves, diciembre 31, 2015

El backstage del DVD que grabó Lemmy Kilmister en Chile

El Mercurio

En 2011, el fallecido músico registró en el Teatro Caupolicán un concierto que fue editado en todo el planeta y cuya trastienda lo mostró en su ley: mujeres, alcohol y exceso de rock.

José Vásquez

Sin rodeos. Así comenzaban los conciertos de Lemmy Kilmister (70), el icónico bajista de Motörhead fallecido el lunes luego de habérsele descubierto un cáncer que lo consumió demasiado rápido: "Nosotros somos Motörhead y tocamos rock and roll", escupía con esa voz ronca y aguardentosa, macerada por décadas en bourbon, antes de desatar el enjambre sonoro de un trío que hasta el final sonó como un ejército, siempre a un volumen que sobrepasaba lo aconsejable.

Lo de la noche del 9 de abril de 2011 en el Teatro Caupolicán, por supuesto siguió ese patrón. La banda, una de las influencias directas de todo lo que posteriormente se denominó "metal", llegaba por tercera vez a Chile como parte de la gira de su álbum "The wörld is yours" para registrar en la capital -una experiencia prácticamente inédita hasta entonces- su concierto, el que sería editado en formato de DVD en todo el planeta bajo el título "The wörld is ours vol 1".

"Se habían barajado otras opciones, pero la banda decidió grabar su material aquí; conocían la efusividad del público rockero chileno. Motörhead era una licencia de EMI, y ese material se transformó en un trabajo prioritario para el sello entonces", recuerda Gonzalo Ramírez, director de EMI en ese momento.

Durante esa gira, la voz de "Ace of spades" ya llegaba como un sobreviviente, aunque no experimentaba los graves problemas de salud (padecía diabetes, y en 2013 se debió poner un marcapasos) que en los últimos años lo obligaron a suspender presentaciones a minutos de subir al escenario. Pese a todo, Lemmy no abandonaba sus vicios. "Entre sus requerimientos pedía una botella de Jack Daniels en su transporte desde el aeropuerto hasta el hotel. O sea, bajándose del avión debíamos tenerle la botella lista", señala Guillermo Italiani, productor de Trucko, encargados de ese show.

Afuera del Caupolicán, un importante contingente de carabineros seguía a los miles de rockeros envueltos en poleras negras que caminaban por calle San Diego. Dentro del recinto, todo era una hoguera: seis mil personas -se habilitaron hasta las vistas parciales, por la alta demanda- rugían frente a los amplificadores con que atacaba Motörhead.

"Lemmy estaba muy alegre por la respuesta de la gente; incluso me pidió que hiciera pasar al camarín a unas chiquillas que él vio en el público. Las tuvimos que ir a buscar, y estuvieron compartiendo con él, todo muy tranquilo y relajado dentro de todo. Ahí me di cuenta de que ya se le notaba que era una persona de la tercera edad; se veía cansado. Sentí que estaba un poco sobreexplotado", recuerda Italiani.

Su última visita

En mayo pasado, Motörhead vino por última vez a Chile para presentarse en el Movistar Arena junto a Rob Halford. Otra vez el recinto fue una caldera. "Había algo de incertidumbre, porque había cancelado un show cercano a la fecha de Santiago. En el ambiente había una sensación de que ese concierto podría representar la última oportunidad de verlo en Chile. Y a pesar de eso, se apoyó de un bastón, y el tipo se subió al escenario, dio un tremendo show y se bajó como si recién estuviera empezando. Todo un rockstar", recuerda Francisco Goñi, director de The FanLab, la productora a cargo de ese show, que aún repara en un detalle: "Esa noche no quiso compartir con sus seguidores, pero cuando se le contó que Matías Torres, el niño símbolo de la Teletón, fanático de su música, lo quería conocer, no tuvo problemas en abrirle sus puertas. Eso también habla de la dimensión a la que pertenecía esta persona".


domingo, marzo 24, 2013

Tesoro helado


El Mercurio

Hace 66 años Chile envió su primera expedición a la Antártica, un desafío colosal para un pequeño país que -en plena posguerra- buscaba marcar presencia en un continente de creciente interés global. Este extraordinario viaje, y los dos que lo sucedieron, en 1948 y 1949, fueron documentados en películas de 8 y 16 milímetros que permanecieron almacenadas durante décadas. Una verdadera cápsula del tiempo que sale a la luz pública gracias a un documental disponible en YouTube.

Iván Martinic

Fue casualidad. O el destino. Tal vez ambos. En sus primeros 40 años de existencia (1963-2003), el Instituto Antártico Chileno (Inach) funcionó en Santiago, lejos de su gélido y austral objeto de estudio. Solo entonces vino el anhelado traslado a Punta Arenas y su instalación en la céntrica casa Blanchard. Desde allí, un siglo antes, una de las más prósperas familias magallánicas había dirigido un negocio de pesca ballenera... en la Antártica.

En 2005, el periodista Elías Bartícevic asumió como jefe de Comunicaciones y Educación del Inach. Interesado en acercar al instituto a la comunidad, bajó al subterráneo del centenario edificio para revisar la biblioteca en busca de material. Y en vez de libros, encontró algo que superó sus mejores expectativas.
Apilados en medio de una colección de cinco mil volúmenes, aparecieron tres rollos de películas de 8 y 16 milímetros. Una rareza en una era digital en la que incluso los VHS ya enfilan hacia los museos. Bartícevic no tenía cómo ver los rollos, porque en Punta Arenas no había equipos para reproducirlos. Pero como estaban rotulados, el misterio no duró demasiado: "Primeras expediciones chilenas a la Antártica, 1947-1949".
"¡Esto es maravilloso, es un tesoro!", pensó el periodista. En sus manos tenía una verdadera cápsula del tiempo que atesoraba las tres primeras campañas nacionales en la región más inhóspita del planeta. Se impresionó aún más al comprobar que las imágenes de 8 mm fueron grabadas por el abogado, embajador, escritor e historiador Óscar Pinochet de la Barra, ex director del Inach y uno de los chilenos que más ha contribuido al conocimiento antártico.

Pero aún faltaba ver qué había exactamente en los tres rollos. A 58 años de haber sido grabados, y tras décadas de almacenamiento convencional en Santiago y Punta Arenas, bien podrían estar alterados. Bartícevic informó del hallazgo al director del Inach, José Retamales, y llamó al director de la Cineteca Nacional, Ignacio Aliaga, un antiguo conocido. A él le pidió que rescatara las cintas y, en lo posible, las digitalizara para su difusión.

Aliaga recuerda que debieron montar un equipo especial para digitalizar los rollos de 8 mm. Es que no había nada parecido en Chile. Otro laboratorio procesó el material de 16 mm, grabado por el destacado fotógrafo Roberto Gerstmann. Todos querían que la cápsula del tiempo revelara sus secretos.

Aliaga recuerda que la primera novedad con la que se encontraron fue la abundancia de escenas en color.
-Nos sorprendió la calidad de las imágenes y el buen ojo de Pinochet de la Barra al ir registrando tanto personajes como acontecimientos. Uno puede percibir a través de sus imágenes a una persona sorprendida con un territorio nuevo que se abre al conocimiento humano.

¿Qué grabó el diplomático? La llegada de la expedición a bordo de la fragata "Iquique" y el transporte "Angamos" de la Armada, la construcción de Soberanía, la primera base chilena, que sería rebautizada después como Arturo Prat, y de O'Higgins, la segunda. Ambas obras fueron dirigidas por el arquitecto Julio Ripamonti, a quien Pinochet de la Barra define en su libro "Base Soberanía y otros recuerdos antárticos" como "un iluminado por la fe antártica".

Por el lente de su cámara también pasaron las primeras exploraciones terrestres en suelo antártico, el primer vuelo de un avión chileno en la zona y visitas a las bases de otros países.

El material de Gerstmann es aún más amplio. Muestra el zarpe de la segunda expedición desde Valparaíso y la navegación por los canales. A bordo no solo iban diplomáticos y militares. También, escritores y cronistas que perpetuarían el viaje con sus relatos: el propio Pinochet de la Barra y autores como Francisco Coloane y Miguel Serrano.

Pero el tesoro helado aún tenía cosas que mostrar. En una escala en Puerto Edén, los expedicionarios se encuentran con nativos kawesqar. La mayoría ya viste a la usanza urbana, pero aún viven en chozas cubiertas con pieles de lobo y navegan en ligeras canoas. Ya en la Antártica, Gerstmann registra la inauguración de la Base O'Higgins por el Presidente Gabriel González Videla y hasta el partido entre las dotaciones de Chile e Inglaterra con que el continente blanco fue anexado al "planeta fútbol".

Aunque el material fue descubierto hace casi ocho años, recién ahora sale a la luz pública. En YouTube se puede ver el documental "El continente de la luz", que resume las tres expediciones en 50 minutos. Su realizador es el periodista Rafael Cheuquelaf, quien junto a Héctor Aguilar integra el dúo magallánico de música electrónica "Lluvia ácida". Ambos llevan años creando obras musicales y audiovisuales con la Antártica como principal inspiración. Hasta se han presentado en la Base Eduardo Frei.

"El continente de la luz" ha sido exhibido en talleres del Inach, en el canal de cable de la U. de Magallanes y en festivales de cine en Punta Arenas. Y con apoyo del sello Pueblo Nuevo Netlabel, fue presentado en el Museo de Arte Contemporáneo y en la Feria Internacional del Libro 2012, en Santiago.

-Para nosotros, esta película retrata lo más parecido a un viaje a la luna que hayan realizado los chilenos.
Cheuquelaf resume así el carácter épico que tienen las imágenes perpetuadas en esos tres rollos. Dice que cuando vio las imágenes por primera vez sintió que "nuestra música se conectaba a nivel rítmico y atmosférico". "Lluvia ácida" volverá el lunes a la Antártica. Grabarán sonidos para su proyecto "Insula in albis" ("Isla en blanco", en latín), que retratará la vida humana y natural en la isla Rey Jorge.

Una vida que ya en 1947 seducía a visitantes como el teniente Boris Kopaitic, primer comandante de la Base Soberanía y jefe de los seis pioneros chilenos que vivieron en la Antártica. Quien, cuando la expedición se aprestaba a dejarlos, a las puertas de un invierno frío y desconocido, se despidió de sus superiores con un "si no vienen a buscarme en el verano de 1948, me quedaré encantado dos años".

Esa misma vida que Pinochet de la Barra describió en un poema: "Antártica no es un continente como los demás. Es agua blanca, sólida y suave. Instalada en un trozo de roca. Es un continente de lujo, una joya que brilla. Como fanal de nuestro planeta en la noche del universo".