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sábado, abril 13, 2013

Robert Smith: "La música que hacemos viene del corazón"

El Mercurio


El líder de The Cure habla sobre sus planes de grabar un nuevo disco y de su primera visita al país. "Tocaremos en Chile como si fuera la última vez", asegura.

Diego Rammsy desde Río de Janeiro

Como si se tratase de una batalla campal de la que acaba de salir consumido, agotado, arrastrando los pies, pero victorioso al fin, Robert Smith ingresa al inmaculado edificio del Hotel Copacabana Palace vestido de negro de pies a cabeza, algo cabizbajo y apesadumbrado. No es para menos; aún no hace una hora que bajó del escenario del HSBC Arena, tras ofrecer un show de más de tres horas ante ocho mil asistentes en Río de Janeiro. Fue el primero de los ocho conciertos que ofrecerá en la gira latinoamericana que lo hará debutar en el Estadio Nacional de Santiago mañana domingo 14 de abril. Un día que se espera pase a la historia de los conciertos locales con casi 50 mil personas en el público, muchos de ellos, esperando desde hace tres décadas por The Cure.

Pero Smith, incluso con el cansancio evidenciado en su cuerpo cuando aparece por la puerta de la habitación a las 02:20 de la madrugada, dice que podría haber seguido tocando por otra media hora más. "Aún sigo con la emoción de estar sobre el escenario, pero creo que estaré cansado mañana. Es muy difícil. Ensayamos y ensayamos, pero nada te prepara para subir al escenario, siempre quieres hacer más estando allá arriba".

Cuarenta canciones acaban de interpretar, encerrando temas de todas sus épocas. Y como si no fuera suficiente, contaban con siete canciones más en la lista que quedó en el piso del escenario. Anoche, Smith quería hacer un último encore con tres temas de su disco "Pornography" (1982) que incluía "Cold", "A strange day" y "The hanging garden", pero la banda decidió que ya era suficiente. "Pienso que esta noche mi voz alcanzó su límite, porque no he cantado desde septiembre, y esa fue una de las razones por la que la banda decidió parar, para que yo no destrozara mi voz. Yo habría sumado otras tres canciones, pero ya cuando lleguemos a Santiago estaremos realizando un show de tres horas y media", asegura Smith mientras bebe de una botella de cerveza individual sentado en el sillón en la habitación 402 del lujoso hotel carioca.

-¿Por qué escogen hacer un show tan largo?
"Es, primariamente, por disfrutar; no solo por mí sino para toda la banda. Como grupo, mejoramos si sabemos que tenemos que tocar unas cuantas horas; si algo no sale tan bien, no importa en verdad, porque en el camino iremos mejorando. Es una extraña forma de verlo que viene desde mí, que principalmente no quiero dejar ninguna canción sin cantar. La pregunta sería, ¿por qué no tocamos más?".

Río fue el comienzo, la primera parada de la gira por siete países que los trae de regreso a Latinoamérica. Antes habían pasado por el Cono Sur en dos ocasiones (1987 y 1996), pero en Chile nunca habían puesto un pie. Y sus seguidores, esa fanaticada férrea identificada con sus letras depresivas, románticas, que vivió parte de su juventud al ritmo de sus canciones, con la sentida voz de Smith, ve al fin cumplir un sueño con el show del Estadio Nacional, que más que cualquier debut en el país, cumple con todos los requisitos para saldar esa deuda que los fanáticos desean cobrar. "Nunca hemos estado en Chile, pero cuando vayamos, tocaremos como si fuera la última vez. Si no, no habría razón para hacerlo", dice Smith con rastros de pintura roja en los labios, los ojos sombreados y el cabello enmarañado a sus 53 años.

-¿Cómo se aproximan a esta gira latinoamericana?
"Nos reunimos en enero para beber un trago en Londres y hablamos sobre nuestros planes para este año y, en resumen, la discusión fue qué deberíamos tocar en vivo cuando vayamos a Sudamérica. De hecho, pensamos la idea de hacer material raro, pero ha pasado tanto tiempo, que la pregunta es qué dejamos fuera, y no queremos dejar afuera canciones que la gente quiere oír. En Río, de "Desintegration" solo hicimos tres canciones, como encore , y ese pequeño espacio de 15 minutos fue muy intenso, fue como un mini show , y pienso que eso es suficiente. Hacemos todos los discos que podemos; se trata de alcanzar un balance, por eso el show es tan largo. Por fortuna, hay fans que se irán pensando que vieron un gran show de The Cure. No hemos cambiado nuestra actitud sobre el escenario y aún me quedan ganas de cantar como nunca muchas de las canciones que hice".

-Esta será su primera vez en Chile, donde hay toda una generación que se identifica con su música. ¿Qué piensa de eso?
"Pienso que el hecho de que seguimos haciendo lo que hacemos es tan importante como la música hoy. Es raro... La manera como afectamos a otros artistas es algo que he notado; mucha gente se ha puesto en contacto con nosotros, muy inspirados en cómo hacemos lo que hacemos. Para mí, como artista, es algo muy bueno que otros se inspiren no solo en nuestras canciones sino en cómo hacemos lo que hacemos. Creo que nuestra música viene del corazón; no podría cantar algo que realmente no siento, tan simple como eso, y creo que la gente es a eso a lo que responde. La gente que admiro canta desde el corazón y esa es también mi forma favorita de cantar, siempre ha sido así".

-¿Qué sintieron en sus pasos anteriores por Sudamérica?
"Cuando fuimos por primera vez, en 1987, no teníamos idea de si nos conocían. Y cuando llegamos fue insano... en todos los lugares que visitamos fue escalofriante, dondequiera que íbamos nos asustábamos por la cálida reacción de la gente. En esa gira me di cuenta de que éramos una banda famosa, lo que es atemorizante. Cuando volvimos en los 90, solo tocamos en Brasil porque yo estaba en un estado mental extraño. La respuesta al porqué no hemos estado más en Sudamérica está más allá de mí persona. Fuimos a Rusia por primera vez el año pasado... Y no sé cómo explicar eso pues nos aman en Rusia y nunca hemos tocado allá. No tengo idea de por qué no habíamos tocado antes en Chile. Soy un maldito idiota, es la manera fácil de decirlo".

-¿Tienen planes de grabar nuevo material?
"Mientras avanzamos en esta gira, hemos hablado en camarines que deseamos sacar cosas en limpio. Me encantaría hacer música nueva, con Reeves como el guitarrista de The Cure. Sería asombroso. Lo que nos detiene todo el tiempo, soy yo. Mis letras y sobre lo que quiero cantar. No he escrito mucho en los últimos tres años. Encuentro difícil encontrar algo sobre lo que cantar al envejecer; comienzo y luego me detengo. No quiero solo hacerlo porque es lo que hago y por lo que me gano la vida, sería injusto con lo que hemos hecho hasta ahora. Soy mi peor crítico cuando se trata de letras, no pienso que hay nada bueno en lo que he escrito, así de simple, y no se trata de hacer un disco instrumental. Puedo escribir palabras, pero no son tan buenas. Espero que este tour latinoamericano me inspire... Para mí es muy bueno estar sobre el escenario, espero que salga algo nuevo, toda la banda quiere hacerlo, pero no pueden hacerlo sin mí cantando".

-En esta gira apoyan a Amnistía Internacional...
"Siempre ha habido una tensión con lo que hacemos cuando se trata de apoyar alguna causa públicamente. Como individuo, apoyo la causa de la mejor manera que puedo. De hecho, hay algunas cosas políticas en las que no coincidimos en la banda, pero no quiero jerarquizar el grupo y crear un mundo entero a partir de lo que yo pienso. Escribí muy pocas canciones sobre lo que le pasa a la gente, porque es muy difícil de hacer. Es muy difícil ponerse en medio de un mensaje político sin sonar cliché y es muy fácil ridiculizar un grupo pop diciéndole a la gente cómo cambiar el mundo. Así que hemos creado otro mundo sobre el escenario, completamente divorciado de las visiones políticas. Además, no estoy seguro de ser yo la persona ideal para hacer esa labor; ni siquiera amo a la raza humana lo suficiente como para hacerlo. En el fondo, pienso que todos son unos malditos... Lo diré de manera bonita: miro a mi alrededor y veo todo lo que hemos hecho y pienso que no estamos tan lejos de los monos, la mayor parte del tiempo. También, mientras el grupo envejece, nos damos cuenta de lo correcto, de que la campaña de Amnistía está correcta. A mi edad pienso que es tan obvio que no debería decir nada. Nos gusta la idea de estar afiliados y pienso que cualquiera que asiste a un show de The Cure ha pensado las mismas cosas", dice Smith para luego lucir un tatuaje en su antebrazo izquierdo con un corazón con el lema "My body my rights" .

Antes de abandonar la habitación para acompañar al resto de la banda que se encontraba en el bar del hotel, dice sin ir más lejos: "De los países que visitaré, uno de los que más me interesa conocer es Chile, culturalmente...".

viernes, abril 12, 2013

Cómo The Cure tocó a Chile en los 80

El Mercurio


Este domingo la banda liderada por Robert Smith tocará por primera vez en Chile. Esta es la crónica de cómo The Cure remeció hace treinta años la movida underground en nuestro país. Un viaje al pasado por las fiestas en Matucana, en El Trolley y las estadías eternas en disquerías como Fusión, mientras crecía y sonaba más fuerte la música de estos ingleses con sus extraños peinados nuevos: una banda sonora gótica, melancólica y oscura que combinaba perfecto con el Chile de los 80.  

Ernesto Garratt e Ignacio Espinoza

Robert Smith aparece de buen humor en el video de redes sociales donde invita a Chile a su recital de este domingo. Bromea y concluye: "Solo vengan al concierto". Lo dice con su pelo disparado hacia todos lados y, básicamente, con la misma apariencia que cultiva hace más de 30 años. ¿La diferencia? Además de que ahora se trata de un cincuentón maquillado, la inmediatez de las redes sociales e internet acercan a figuras como Smith de una manera jamás imaginada por un habitante de los años 80.

"Lo primero que me atrajo de The Cure fue el misterio que había en ellos, con esas ropas, esos extraños cortes de pelo", dice el productor y mánager Carlos Fonseca en el presente de 2013, en Santiago de Chile. Cuando Fonseca, dueño de la influyente disquería ochentera Fusión, escuchó a The Cure por primera vez fue amor a primera vista y, además, fue el nacimiento de una inmensa curiosidad. Claro, en el apartado Chile de los años 80 no había la conexión actual con el mundo ni menos existía la esperanza de ver a The Cure en vivo.

Solo unos pocos privilegiados en 1987 cruzaron la cordillera para verlos en un legendario show en Buenos Aires. Lo que hubo en Chile, a nivel underground, fue una nutritiva ausencia de The Cure que provocó, de alguna manera, una intensa devoción por Smith y su banda a nivel subterráneo. Esta es la historia de una generación marcada por la música de estos ingleses con sus extraños peinados nuevos; porque la música de The Cure fue una banda sonora gótica, melancólica y oscura que para ellos combinaba perfecto con el Chile de los 80.

FUSIÓN: LA TIENDA HOGAR.

De los 24 millones de discos vendidos en el mundo por The Cure, muchos de ellos fueron comercializados en formato vinilo. Y ese era el único modo en que se podían adquirir los discos de la banda inglesa liderada por Robert Smith a inicios de los años ochenta en Chile. En una era análoga y sin internet, sin descargas, sin siquiera CD y con los casetes recién ingresando en el mercado. En ese tiempo, el activo y multifuncional productor y mánager musical Carlos Fonseca recuerda cómo él mismo fundó en pleno corazón de Providencia una de las arterias que daban directo al corazón del fanatismo de The Cure en Chile: la disquería Fusión.

Había otras inolvidables como Center y Circus, pero esta imprescindible tienda de discos, que funcionó entre 1981 y 2001 en el Drugstore, fue parte de los escenarios frecuentes de la movida underground del Chile ochentero; una parada necesaria para nutrirse de música y, claro, de las novedades de esta banda inglesa que lo más cerca que había estado de Chile fue en 1987, cuando tocaron en Buenos Aires. "No los fui a ver esa vez y no iré a verlos el domingo", dice con seguridad Carlos Fonseca, en los 80 un fanático declarado de The Cure. "Me gusta ver las cosas nuevas que están pasando, acabo de estar en Lollapalooza viendo toda la nueva música y no creo que sea necesario ver a The Cure".

Como dueño y motor de la disquería Fusión, Fosenca, también mánager de Los Prisioneros, se preocupó de llenar el stock con una oferta, adelantada para la época, de discos que no fueran solo reflejo de la onda y moda disco, por ejemplo. "En los 80 había una movida under fuerte, yo escuchaba The Cure con la banda Emociones Clandestinas el 84 en Concepción, o escuchaba The Cure con mis amigos, nos juntábamos noches enteras".

"Al igual que muchos, yo los escuchaba antes de que fueran populares", dice Fonseca. Melómanos chilenos como él ya conocían y tenía idea de la obra y gracia de The Cure. Dice el crítico de música, David Ponce: "The Cure se hizo conocido a gran escala en Chile a partir de la segunda mitad de los años 80. Pero en esos momentos nos enteramos de que el grupo venía grabando en realidad desde fines de los 70 y que habían lanzado al menos cinco discos antes. De hecho 'Boys don't cry' (que sonó mucho en radios en los 80) era una canción del 79, y en Chile hubo una minoría bien informada de las nuevas tendencias de la época". En cambio, la mayoría se enteró sobre todo con el éxito del disco "The head on the door", que es de 1985 y lanzado en Chile en casete bajo el título "Con la cabeza en la puerta". "Ahí viene 'In between days', que fue el primer hit del grupo acá", recuerda Ponce. "Y después de eso apareció el disco doble 'Kiss me, kiss me, kiss me', de 1987, que volvió a impactar con 'Why can't I be you', 'Catch' o 'Just like heaven', todos éxitos radiales".

Fonseca ayudó a que The Cure y otras bandas alternativas encontraran eco en los medios masivos en Chile. "Yo, en ese tiempo, en Fusión traía los discos y las radios me compraban, y a la vez escribía sobre grupos (con seudónimo en la revista Mundo). Y también tenía un programa en la radio Beethoven que era como la Horizonte en ese momento, y ahí estrené a The Cure, Depeche Mode, a U2. Y a The Cure lo empezó a tocar 'Magnetoscopio musical' y se hizo masivo. Y yo también tiré los videos en 'Más música"'.

Carlos Foncesa respiraba música como la de The Cure en esos días de under chileno. "Yo incluso me quedaba a dormir muchas veces en Fusión", recuerda. "Fusión servía para meter todas estas cosas y yo creo fui un puente entre los dos mundos: el under y la oficialidad. Fue el mismo método que usé con Los Prisioneros: lo escuchas, te gusta, lo compartes, lo difundes".

LA FIESTA INOLVIDABLE

Antes de que se inventara el término "tribus urbanas", antes de etiquetar a un gótico como gótico o a un punk como punk, en las legendarias fiestas del Trolley o del galpón Matucana en el Santiago ochentero había un cruce de estilos y jóvenes que adoraban desde la música de Robert Smith hasta la de Morrisey en The Smiths. "A mediados de los 80, los lugares eran el galpón Matucana (hoy Matucana 100), El Trolley, que era un local del sindicato de conductores de Trolley buses que quedaba en avenida San Martín", recuerda el periodista y escritor Esteban Cabezas, habitué juvenil de esos sitios.

Eran espacios para nada glamorosos y con una música heterogénea. "El impacto de The Cure en Chile no fue aislado, sino, por el contrario, fue parte de una serie de tendencias en el pop y el rock internacionales que llegaron con sus buenos años de desfase a este país desinformado bajo dictadura en los 80", dice el crítico de música David Ponce, y en estas fiestas under, donde la escena artística y la contracorriente cultural se manifestaban, la mezcla era tan inaudita como nutrida. "En ese entonces aparecieron juntas cosas como el punk rock de The Clash, la nostalgia cincuentera de los B-52's, la new wave más light de Duran Duran o más dura de U2, el tecnopop de Depeche Mode o New Order".

Carlos Fonseca, cuando iba a estas fiestas, planificaba su look como todo chico promedio que fuera parte del under chileno. "Me arreglaba el pelo como Robert Smith. No me acuerdo de cómo se hacía, creo que era gel o mousse, eso era lo que estaba de moda, era parte del look internacional", recuerda risueño hoy en día. "Había hartos tipos disfrazados, como los punks también. En la fiesta del Trolley había harto de eso, dark, punk... comparado con las tribus urbanas de ahora eran pocos, pero había".

Los asistentes a las fiestas de culto under y con ídolos como Robert Smith, quienes sorteaban toques de queda, convenciones y límites sociales represivos de los 80, se vestían en los mismos lugares: "Ahí todo el mundo se vestía con ropa usada muy en el estilo de pelo escarmenado, pelo teñido, suspensores, shorts y corbatas angostas. Era una mezcla entre lo que uno encontraba en la ropa usada y los primeros diseñadores del ambiente. Eran los mismos lugares de ahora: Bandera y el persa del barrio Franklin", dice Esteban Cabezas. Pablo Ugarte, vocalista de la banda chilena Upa!, también asistía y era parte de esta movida con centros de gravedad como The Cure. "Claro, nos vestíamos en la ropa usada, era una forma de verse elegante sin gastar mucho dinero. Ellos (The Cure) también tenían esa onda medio oscura, y el hecho de pintarse los ojos era una manera de hacer contracultura en un país donde la cosa iba para otro lado. Nosotros nos sentíamos totalmente excluidos del sistema que se estaba construyendo".

Y continúa: "En esos lugares se tocaba música de los 80, pero sí era más contracultural, más tirado para ese lado que para el lado de Bon Jovi, por ejemplo. Yo era parte de un grupo de artistas, músicos, pintores, actores, bailarinas que éramos un universo de gente creativa que funcionaba en esos lugares. Y ahí, la música que se tocaba era The Smiths, The Cure y no tanto rock-set como Bon Jovi".

LA CARTA DE ROBERT SMITH. 

Es el 17 de marzo de 1987 y el líder de la banda chilena Upa!, Pablo Ugarte, está en la conferencia de prensa de The Cure por su recital argentino en el Estadio Ferrocarril Oeste, en Buenos Aires. Ugarte, en una esquina, hace lo que un hombre tiene que hacer y le pasa a Robert Smith un casete de Upa!. "Fue el primer disco que sacamos donde la carátula es de color amarillo. Se lo pasé a Robert Smith porque iba pasando, él lo tomó, me agradeció, lo puso en la testera de la conferencia de prensa y estaba a la vista de todo el mundo el disco de Upa", recuerda.

"Después se dio la sorpresa, unos meses más tarde, que Robert Smith nos escribió una carta al sello EMI, donde señalaba que le había gustado mucho el disco, en especial 'Las masas son gente', un tema que no sé por qué le gustó. El sello publicó la carta en la revista Rock& Pop".

¿Y fue The Cure una influencia para Upa!, por ejemplo? "No tanto", responde Ugarte. "Ellos son bien contemporáneos. Nosotros coincidimos con los Cure en una forma estilística que era de componer melodías tristes con ritmos alegres, pero Upa! nunca le sacó el molde a ninguna banda. De hecho, nuestra discografía es bien ecléctica, pero sí nos identificábamos con este ambiente sonoro, esa idea de que la música podía ser la cura de un estado que no era el más favorable. Para ellos era The Cure: la cura. Para nosotros Upa!: levantarse ante la adversidad. Pero le pusimos así antes de que conociéramos The Cure, coincidíamos con este sentimiento de qué significaba ser joven en los 80".

A partir de ese encuentro fortuito, Pablo Ugarte, como muchos seguidores anónimos de The Cure en Chile, se ha sentido tocado por las letras y la forma de composición creativa de Robert Smith: "Su imagen tiene algo, un magnetismo muy potente que lo ha logrado pasar varias décadas".

Este domingo, después de más de dos décadas, quizás Pablo Ugarte pueda tener otro contacto con Robert Smith: la gran deuda pendiente de los recitales en Chile. Y saldar esta deuda incluso no pasa inadvertido para Carlos Fonseca, quien afloja un poco en su intención de no ir a verlos. "Manuel García, con quien trabajo, quiere ir... así es que sí, tal vez vaya a verlos. Quizás".

The Cure puede hacernos cambiar de opinión con su cura.

El legado de The Cure: sus años oscuros

El Mercurio


A principios de los ochenta, la banda editó una trilogía tan oscura, que puso en peligro la estabilidad del grupo. Pero solamente gracias a ese "hundimiento" su música salió a flote y se convirtió en el fenómeno pop que conocemos ahora.

J. C. Ramírez Figueroa

Existe una cierta percepción popular de The Cure como banda con pasado oscuro pero de hits saltarines o, al menos, tarareables. Esto, básicamente, debido a su líder Robert Smith, quien a sus 53 años aún parece como fugado de una ilustración de Edward Gorey.

Una imagen -que incluye delineador, maquillaje pálido y pelos parados- tan icónica como chocante (al menos al principio), pero que es capaz de entonar piezas tan dulces y pop como "Just like heaven" o "Friday I'm in love".

Una contradicción que se hace patente en cada show, tapa de revista o videoclip, que venía a reforzar los hits con que debutarán en el Estadio Nacional el 14 de abril. Y si nos guiamos por su show de tres horas en Brasil, promete convertirse en un gran festín de grandes canciones que varias generaciones han entonado.
Porque The Cure es una banda tan masiva y reconocida como U2, pero que a la vez ha generado un culto tan intenso como The Smiths, por nombrar a dos bandas contemporáneas de los ochenta. Sus seguidores sienten que cada letra está escrita exclusivamente para ellos, celebran el momento que vive la formación actual (que incluye al bajista histórico Simon Gallup y al tecladista Roger O'Donnel).

Y todo este culto lo origina la trilogía de discos que siguen al debut "Three imaginary boys" (1979), "Seventeen Seconds" (1980), "Faith" (1981) y "Pornography" (1982).

De hecho, podemos decir que la obra posterior de The Cure, progresivamente masiva, puede interpretarse como enérgica salida a flote -con sus lógicas inestabilidades- tras el hundimiento emocional retratado en esas canciones. Pedazos rotos de un espejo que reflejan tanto el mundo de Smith como el de la Inglaterra de Thatcher, tan odiada por la generación a la que pertenecían los responsables de grabar estas canciones.

Una banda "siniestra"

En España se utilizó el adjetivo "siniestro" para etiquetar a conjuntos como los fundacionales Joy Division, Bauhaus o los mismos The Cure. Es decir, lo que acá se llamaba "gótico". Música heredera del minimalismo punk , pero con la actitud experimental -y desolada- del postpunk, el movimiento inmediatamente posterior: cámara de eco, sutiles fraseos de guitarra, bajo repetitivo y percusión marchosa. Sonido que evocaba a la perfección el daño, vicio o la "inclinación a lo malo" con que la RAE define esta palabra.

Pero The Cure, que curiosamente nunca aceptó lo "gótico", busca evocar la tragedia de tender hacia el mal, lo oscuro, la autodestrucción.

Volver a escuchar "Secrets", "A forest" o "The funeral party", "All cats are grey" o "One hundred years", puede ser una experiencia emocionalmente fuerte. El mismo Smith reconocería que de no haber grabado discos como "Pornography", sencillamente se habría suicidado. Después de esto, escuchar sus canciones más luminosas cobra un sentido más heroico.

"Yo estaba preso en un círculo vicioso. La inspiración era continua. Éramos veinteañeros. Lo dábamos todo: durante las giras nos preguntábamos quién moriría primero", recordaba Smith en una conversación con Brian Molko para la revista Les Inrockuptibles el 2001. "Estaba extrañamente feliz de vivir en el exceso, era algo obsesivo. Pero al final no lo soportábamos más. Se convirtió en algo muy violento... No nos vimos durante un año y medio".

Para profundizar en el período oscuro de The Cure, quizá sería bueno rescatar a uno de los referentes de la crítica de rock moderna: Nietzsche. Un filósofo que en sus textos musicales eleva la experiencia y el goce del sonido por sobre cualquier análisis formal. Algo que se condice con su visión de sociedad como un choque entre cultura y normativa estatal. Para él, la experiencia vital no debería ser regida por el Estado, sino que este debería facilitarles a los ciudadanos la posibilidad de vivir "una vida bella".

Y bajo este marco, podemos apreciar el sonido desarrollado por The Cure y cuyas esquirlas pueden encontrarse hasta en hits tardíos y de etapas más alegres como "High" o "Mint Car". Si las pautas de lo que debería ser la música popular vienen normadas por la industria -símil a lo establecido-, las canciones de la banda venían a elevar la voluntad y el sentimiento por encima de estas normas. Y si bien ese camino lo fueron marcando los referentes de la banda (Hendrix, Bowie, Joy Division), lo excepcional de The Cure es que pudieron volverlo pop totalmente transversal y masivo. Y bello, por supuesto.

No es fácil dar con esa fórmula si tienes como ingredientes letras extremadamente angustiosas, sintetizadores con eco, acordes menores, extensos pasajes de bajo y batería, guitarra sin virtuosismo y muy abajo en la mezcla; o la voz quejumbrosa de Smith.

Pero aunque llegó la luz, esto no significa que la banda haya mudado su identidad. De hecho, cuando lanzaron "Disintegration" (1989), los ejecutivos del sello Fiction le enviaron una carta diciendo que era un "suicidio comercial" y que estaba "siendo oscuro a propósito". Vendieron millones de ejemplares gracias a singles tan sentidos como "Pictures of you" o "Love song". Y todo por enfrentar la depresión y el vacío existencial con una banda de rock.