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jueves, junio 28, 2018

Un mundo aparte

Por Patricio Jara

En su edición de noviembre pasado, la revista norteamericana Decibel publicó una nota con George Fisher, vocalista de Cannibal Corpse. El tema central era el nuevo disco, que los traerá a Chile en septiembre, sin embargo lo de veras interesante fue cuando Fisher explicó que para él lo más difícil de enfrentar como músico ha sido alejarse de su mujer y de sus hijas debido a las giras. Incluso habló del momento en que iban a dejarlo al bus y las chicas le pedían que no se fuera. Una vez estuvo a punto de decir a sus compañeros que hasta ahí llegaba.

Cannibal Corpse es una banda destacada a nivel mundial. Comenzaron hace treinta años y llevan una decena de álbumes. Su sonido extremo va acompañado de letras explícitas y carátulas que han generado bastante conflicto. Partieron tocando a los veinte, por lo tanto es cosa de tomar la calculadora y sumar. Hoy contamos tres generaciones a partir de ellos como referentes.

Conozco a Cannibal desde los tiempos en que publicaban demos en casetes y respondían entrevistas por carta. Pero eso es lo menos relevante comparado con la reflexión de Fisher sobre crecer y hacerte viejo fiel a la misma música. No es fácil explicarlo. También tengo dos hijas chicas. Ellas saben perfectamente qué es Slayer pero no las obligaría a escucharlo. No es necesario. “Papá, ese señor está cantando palabrotas”, dicen.

Tampoco creo que el metal sea un estilo de vida, porque la vida tiene muchas otras cosas, dentro de las cuales la música, como el fútbol, está entre las más importantes de las menos importantes. Prefiero que sea una manera de ver el mundo y, por lo tanto, vaya hacia adentro antes que hacia afuera. Te gusta la banda y después te pones la polera. Si sólo usas la polera entonces eres un póser. Aunque también eres un póser si compras un libro y no lo lees.

En los años formativos, conocer el mundo implica acercarte a sus formas de representación. La música es una y, en lo específico, el metal (junto con el punk) son las que tienen, en paralelo al sonido, un imaginario poderoso, lleno de códigos, algunos bastante idiotas y cavernarios, es cierto, pero siempre vigentes. El arte que se mantiene es el que habla de lo que existe. Y el metal (como una variante del buen rock) representa el sonido de la tribu, el de los tambores que retumban. Si alguna vez se acaba, será porque sus músicos lo decidan. No vendrán órdenes desde arriba (desde abajo es más probable).

Nunca ha sido una música optimista. No es bella en términos convencionales. Ni siquiera en la excelencia y virtuosismo de sus músicos. Pero el mundo tampoco lo es. La literatura, la pintura, el cine y la prensa se encargan de corroborarlo a diario. Es su deber.

Hoy muchos dicen que el metal pasó de ser peligroso a ser rentable. Es cierto: su estética fue absorbida por el gran pulpo. En las multitiendas ahora encuentras poleras de AC/DC para la dama y de Ozzy para el varón. Pero eso ocurre en la superficie. El metal construyó su propio ecosistema desde el underground y su reserva moral y su ética están en la autosustentación. Así es desde siempre: un caminito al costado del mundo que seguirá en pie aun si se derrumbara aquello que conocemos como industria cultural. No la necesitó ni la necesita. Si de verdad te gusta la música, siempre podrás arreglártelas para encontrarla y, de paso, encontrar a otros iguales a ti

lunes, mayo 28, 2012

Patricio Jara: Crónicas del heavy metal chileno.


El Mercurio


Como metalero de larga data , el periodista y escritor revisa en "Pájaros negros" esta zigzagueante historia local. "Es un error hablar de fenómeno. Esto es una cultura", dice.  

IÑIGO DÍAZ

Cuando el vocalista Andrés Marchant le enumeró a Mario Kreutzberger los grupos de esta escena naciente hacia 1988 -Pentagram, Warpath, Massacre- y de pasó le indicó que su banda, Necrosis, tocaría a continuación el tema "Reino del odio" en el estudio de "Sábados gigantes", el animador le contestó "ah, puras cosas positivas".

"Puras cosas positivas", repite 25 años después el periodista, escritor y académico Patricio Jara, recordando el episodio que hoy es considerado como "una emboscada" por los músicos del grupo. "Fue la más grande burla hecha a un invitado en un programa de televisión", dice Jara. "Necrosis fue la primera banda chilena en su género en grabar un álbum y la primera en tocar fuera del país. Todavía existe y graba discos. Que levante la mano quien sepa a qué hora transmiten 'Sábados gigantes'", dice.

Este y decenas de otros capítulos de la historia del heavy metal local están narrados en "Pájaros negros" (Ediciones B, $12.000). El recuento tiene la mirada de quien observó los hechos desde fuera, pero también desde dentro, esquivando escupitajos en los conciertos del gimnasio Manuel Plaza, epicentro capitalino del heavy metal.

"Tuve el pelo largo hasta mi práctica profesional de periodista, use una polera de Slayer a la que se le llegó a disolver la tela y fui uno de los que se quedó esperando a que le levantaran a Iron Maiden la prohibición de ingresar a Chile en 1992 (acusados de satanismo). Pero he seguido mi vida adelante normalmente. Ser metalero no te impide tener isapre o llevar a tus hijos al colegio", dice Jara, para desmentir la creencia de que el fanático del metal "es un tipo perdido por la vida". "El heavy metal es una cultura que sobrepasa el fenómeno: ningún fenómeno dura 40 años", agrega.

"Pájaros negros" está dividido en secciones, en las que Jara presenta diversos puntos de acercamiento a una historia que, él dice, comenzó con un concierto de Massacre y Pentagram realizado en la sede de un sindicato de taxistas de calle El aguilucho, el 28 de diciembre de 1985. Se presentan un ensayo exploratorio, el relato del seguimiento a una banda (Nuclear), la historia del fundamental fanzine "Insanity", una entrevista de 1988 de Alberto Fuguet al chileno Tom Araya, líder de Slayer, y las conversaciones de Jara con los ingenieros de sonido Juan Pablo Donoso y José Luis Corral, quien grabó los primeros demos de Criminal en la época análoga.

"La imagen del metalero es muy oscura. Las bandas del metal nórdico han ayudado a instalar esa estética tenebrosa, pero también se puede disfrutar con alegría, con shorts y al sol, como en la onda del metal californiano: como Metallica. Sé que me voy a ganar miles de enemigos, pero yo me río mucho con esto".