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sábado, octubre 24, 2020

Carmen Romero: “Los artistas necesitan más que nunca apoyo”

El Mercurio 


Sobre el duro impacto que tuvo la pandemia en la escena cultural, la precariedad a la que se han visto enfrentados los actores y los nuevos formatos que el teatro ha buscado para sobrevivir, habla Carmen Romero, directora general de la Fundación Teatro a Mil. Dice también que la crisis y el encierro develaron la importancia de la cultura en la salud mental y explica sus motivaciones ante el posible próximo proceso constituyente: “Queremos poner las artes y la cultura como un derecho en la Constitución”.

Por Antonia Domeyko


En marzo de este año, cuando la pandemia comenzó a propagarse por el país y se decretó la emergencia sanitaria, y con ello la suspensión de todas las funciones teatrales y eventos culturales, Carmen Romero, directora general de la Fundación Teatro a Mil, pensaba en cuántas semanas duraría la situación. Reconoce que nunca imaginó que llegaría a ser más de medio año.


Con el cierre de todos los escenarios culturales, cuenta, lo primero que hicieronfue actualizar la plataforma online, en la que ya tenían contenido complementario, que incluía algunas obras grabadas, mientras la fundación se ajustaba a la crisis. Internamente, explica, tuvieron que reducir personal: a fines de marzo despidió a cinco personas del equipo. Además, se tomó la decisión de bajar los sueldos a todos y comenzar de a poco a reestructurarse en la modalidad de teletrabajo.


—Pero, además, fue decir: ¿y ahora qué hacemos con los artistas? Porque inmediatamente supimos que íbamos a tener una crisis muy grande. Dijeron que las necesidades básicas fundamentales para vivir iban a estar resueltas, que las panaderías tenían que seguir funcionando, pero el teatro, que también lo necesitamos para vivir, podía parar —dice Carmen Romero.


A las pocas semanas, diferentes compañías comenzaron a organizarse y aparecieron las obras por Zoom. La fundación también decidió seguir con su programación y en mayo lanzó el ciclo Teatro Hoy, que incluyó lecturas dramatizadas protagonizadas por los actores desde sus casas y transmisión de obras completas.


—Había mucho resquemor entre nosotros mismos frente a este nuevo formato. Hay quienes amamos el teatro y sabemos que es presencial, que esa es la esencia; entonces, era complejo tratar de decir grabemos tu obra. Fueron discusiones bonitas también, creativas, del amor por esto. No duró mucho, porque rápidamente los artistas se dieron cuenta de que era posible contar de otra manera. Si bien siempre ha sido un complemento todo esto, hoy son una nueva forma de llegar a más público y hay que pensarlo así. Igual algunos decían que iban a esperar dos, tres meses o lo que haya que esperar, para volver a estar en vivo, arriba del escenario.


—Hay una discusión de si el teatro por Zoom es teatro o no, ¿qué piensa?


—Yo creo que el teatro se puede dar hoy en todas partes y de todas las formas. Y ahora es maravilloso que haya teatro por Zoom y que se haya descubierto que a través de esta plataforma se provoca también esa magia cuando hay obras alucinantes que te llegan y te transportan. Creo que hoy hay que repensarlo todo, incluso los centros culturales, cómo son esos edificios, cuáles son los formatos que tenemos que pensar para estar presencial y virtual. Y la creatividad va a estar siempre ahí. Hay un jurado que elige las obras del año, y creo que la discusión va a ser muy fuerte, porque habrá obras por Zoom que se van a elegir. Y son muchísimas, como 70, que son obras de arte y que van a competir con obras presenciales.


—¿Qué rol cree que han cumplido el teatro y el arte durante esta pandemia?


—Siento que dentro de toda la desgracia que vivimos, se comprende más. Podemos explicar y decir: ¿Qué habría pasado contigo sin la música? ¿Si no hubieses visto esta serie? ¿Sin los libros? ¿Cómo hubieses vivido todo este tiempo sin que el teatro se reinventara por Zoom? Era algo inimaginable, impensable. Se crearon nuevos lenguajes en todo este tiempo, por una manera de sobrevivencia. El incremento de las plataformas de cine, de teatro, ha sido extraordinario. Nosotros, en estos seis meses, tuvimos más de un millón doscientos mil personas siguiendo nuestros contenidos (…). Ahora uno puede hablar de la salud mental, que es también parte de lo físico, de lo que te constituye como humano. Ahora podemos descubrir que psicológicamente nos ha afectado este encierro, y que son las artes las que nos ayudan, nos dan una posibilidad de salir, de imaginar, de escapar de la depresión que ha significado estar encerrados durante todo este tiempo.


Carmen Romero está en su casa, en la habitación de su hija, que hoy vive en Alemania. En el escritorio de la pieza se instaló con su computador para teletrabajar. Dice que ha pasado la mayor parte del tiempo viendo teatro por Zoom, investigando sobre cómo la cultura en otros países ha enfrentado esta crisis y asistiendo a foros internacionales online sobre el tema. Entre una videoconferencia y otra, cuenta que cuando levanta la mirada del computador, ha visto, durante todos estos meses, siempre el mismo árbol de su jardín.


—Ha sido un período muy intenso, pero también introspectivo —reflexiona.


Sentada en esa habitación, con la luz del mediodía entrando por la ventana, recuerda sus inicios como gestora cultural a mediados de los años 80, cuando tenía alrededor de 25 años. Están esos años trabajando junto al director teatral Andrés Pérez, montando obras callejeras en medio del apagón cultural que trajo la dictadura, dice. Presentaron luego La Negra Ester, que estrenaron en una plaza en Puente Alto, donde los mismos vecinos ayudaban a armar el escenario.


—Era muy difícil esa época, pero se resistía. No había libertad de expresión, porque era peligroso todo, pero aun así el teatro resistió y las artes resistieron, y se crearon grandes proyectos (…). Raúl Ruiz decía algo de eso, que las artes en Chile no resisten, insisten. Y ahora, con esta pandemia que nos obligó a estar separados, el teatro buscó la manera de estar juntos a través de las nuevas plataformas.


—Sin embargo, la pandemia ha dejado en evidencia también la precariedad del sector…


—El mismo ministerio hizo un catastro y los resultados son que la cesantía en este rubro es del 85 por ciento. Y más del 70 por ciento no están en ninguna ficha social, porque son profesionales, y por otro lado, su sueldo es de menos de 300 mil pesos. Ni siquiera es el sueldo mínimo.


—Se había hablado de un aumento de presupuesto para el próximo año, pero el Ministerio de Hacienda anunció finalmente un recorte. ¿Cuál es su visión?


—Este es el tercer año en que estamos con una reducción. Es ideológico. Me extraña que sea el ministro de Hacienda, porque tiene una formación humanista. Me extraña que él no vea que las instituciones colaboradoras culturales cumplimos un rol importante en esta misión. Duele también, debo decirte, que no reconozcan, que solo sea un sector político el que reconozca de verdad y que pelee por esta necesidad que tenemos de seguir haciendo arte y cultura en un país complejo, en un momento de crisis. Me preocupa pensar cómo los vamos a convencer, cómo les decimos a todos los senadores y diputados que esto es un bien común. Lo dijo la Canciller de Alemania, que no es de izquierda. Ella declaró la cultura como un bien esencial; entonces, el sector cultural completo, en esos países, tiene un resguardo y está cuidado con cosas concretas, porque se valora.


—¿Por qué cree que no se priorizó la cultura en esta crisis?


—Bueno, siempre en momentos de crisis se corta por lo menos esencial, por eso la discusión es si esto es o no esencial. Lo dice Alemania, lo dice Francia, lo dice el Reino Unido, lo dicen los países desarrollados, lo dice Nueva Zelandia, ¿con qué nos estamos comparando? Lo dice Uruguay, sin ir más lejos. ¿Por qué nosotros no lo podemos ver? Porque es ceguera. Hay dos mil instituciones colaboradoras culturales en Chile, imagínate todo el tejido que hay para dialogar. Lo hemos dicho en todas las reuniones, estamos todos de acuerdo en que el 1 por ciento del presupuesto sea para cultura, no menos. Lo que tenemos es menos del 0,4 por ciento, estamos hablando de migajas. Este sector va a ser el último en abrir. Hoy los artistas necesitan más que nunca apoyo y la ciudadanía necesita las artes.


La Fundación Teatro a Mil, explica Carmen, el próximo año tendrá una reducción de un 8 por ciento de los recursos que recibía del Estado.


A principios de 2020, cuando la mayoría de los eventos culturales, conciertos y obras teatrales se habían cancelado tras el estallido social, se inauguró el Festival Teatro a Mil, que duraría todo el mes.


—Fue súper importante hacerlo. Es algo que nos supera, que le pertenece a la ciudadanía. Siento que organizamos algo que tiene vida propia y se expande como una gran cadena de cariño, de insistencia, de decir que queremos más arte y más cultura.


—A esa edición del festival asistió un tercio menos de público que los años anteriores, ¿por qué cree que pasó eso?


—Porque hicimos espectáculos más pequeñitos, porque vendimos entradas solo en el último mes, por eso las salas no estuvieron completamente llenas, pero nos equivocamos nosotros, no la gente. Tendríamos que haber insistido, nomás, en hacer toda la programación grande. Igual la cumplimos, pero tuvimos que cambiar los horarios y hacer todo de día.


—Durante el festival realizaron cabildos para hablar sobre el rol cultural ante un eventual proceso constituyente. ¿Qué participación cree que debería tener la cultura?


—Se abre una nueva manera de ver Chile y ahí tenemos la esperanza de que estas discusiones no las volvamos a dar, porque queremos poner las artes y la cultura como un derecho en la Constitución. Un país que invierta en lo que creemos que debe invertir, y no en lo que se hizo en una época oscura.


—¿Cómo le gustaría participar?


—Hay que trabajar para que haya personas vinculadas a las artes y la cultura en la Convención Constituyente, que sean parte. Tiene que estar redactada también con esas cabezas. Nosotros hemos participado en dos instancias importantísimas: en el grupo Paz de la Chile, que es un pacto por un acuerdo social, donde estuve en la mesa de arte y cultura, y en Tenemos que hablar de Chile. En ambos hemos estado impulsando la cultura como un derecho.


—¿Ha pensado ir como constituyente?


—No, yo soy más activista, creo que pelearía mucho, pero hay que seguir peleando para ganar esos espacios. Creo que es un momento demasiado hermoso el que se viene.

jueves, enero 03, 2019

Carmen Romero, directora ejecutiva Fundación Teatro a Mil: “Los Tres siguen siendo la banda sonora de toda una generación”

La Tercera

Desde este jueves 3 hasta el 20 de enero, el país vivirá una nueva versión del Festival Internacional Teatro a Mil (Fitam), considerada como la mayor fiesta cultural del verano y que congrega artistas locales y extranjeros. Carmen Romero, una de sus creadoras e impulsoras, habló con Culto de la inédita sinergia con el festival de Buenos Aires. Y como parte de la conversación, dialogó —por primera vez con un medio de comunicación— sobre el vínculo profesional que la ligó al grupo musical nacido en Concepción. Además, se refirió a una eventual colaboración futura con el vocalista y líder de la banda, Álvaro Henríquez.

Por Óscar Pérez Tapia

Este domingo 6 de enero, La Bailarina, una figura de madera y hierro de cinco metros de altura, recorrerá las calles de Antofagasta, y luego se trasladará a otras regiones, entre ellas la Metropolitana, donde se presentará en varias comunas. Esta performance, que recuerda a la Pequeña gigante de los años 2007 y 2010, será uno de los espectáculos masivos y gratuitos de una nueva versión del Festival Internacional Teatro a Mil (Fitam).

Y es que desde 1994 Fitam se ha convertido en la mayor fiesta del verano en Chile, con una creciente cantidad de espectadores, que año a año disfrutan de las presentaciones de artistas locales y extranjeros. Tanto así, que se ha extendido a casi todo el país, de norte a sur. Además de Antofagasta, estará en otras comunas, como Arica, Iquique, Valparaíso, Rancagua, Talca, Concepción, Arauco y Frutillar.

Una de sus creadoras e impulsoras, Carmen Romero, directora ejecutiva de la Fundación Teatro a Mil, se da un tiempo para hablar con Culto, en medio de su apretada agenda, en donde se refiere a Fitam 2019 como “el teatro de la gente”, que este año incluye el espectáculo musical De la Pérgola a la Negra, en el Teatro Municipal de Santiago.

El montaje, que revivirá temas como “Yo vengo de San Rosendo”, de La Pérgola de las flores, y “Japonesita”, de La Negra Ester, será también el broche de oro para el cierre de Fitam 2019, que se realizará el 20 de enero. Luego, la fiesta del teatro en el conosur se va a trasladar, por primera vez en fechas coordinadas, desde Santiago a Buenos Aires, según confirmó Carmen Romero “para hacer sinergia en la programación y en los artistas”.

En relación a lo que será De la Pérgola a la Negra, la musicalización estará a cargo del pianista Valentín Trujillo y de La Regia Orquesta Sexteto, que rescata el jazz huachaca, las letras y melodías populares y picarescas del reconocido músico y autor chileno, Roberto Parra en La Negra Ester, mezclados con el folclore, bolero y tango de Cuti Aste y Roberto “Titae” Lindl.

Los Tres y Álvaro Henríquez
Al conversar con Carmen Romero de Cuti Aste y “Titae” Lindl, que también son parte de la historia del grupo Los Tres, liderado por su vocalista Álvaro Henríquez, resultó inevitable preguntarle sobre sus recuerdos con esa banda, a la que representó, y de cuyo trabajo conjunto surgieron producciones como La espada & la pared, MTV Unplugged y Fome, que Carmen no duda en calificar de “discos maravillosos” en una “época gloriosa de la música chilena”.

No obstante, tras unos minutos, se mostró sorprendida, porque jamás se había referido a este tema en un medio de comunicación. “Nunca había hablado de Los Tres. Es una parte importante. Terminamos y bien, pero es como volver para atrás, me vino un flashback heavy. Fue mucha historia. Una bonita historia”, enfatiza Carmen Romero, quien accedió a responder las preguntas de Culto sobre la banda, que tuvo sus inicios a fines de los ochenta, con un gran éxito a partir de la década siguiente.

-¿Qué recuerdos tiene de su relación de trabajo con Los Tres?

-Mi relación con ellos data de La Negra Ester. Conocí a los músicos, después de una de las funciones, en que Álvaro Henríquez mostró a la banda, con Francisco Molina, Roberto Lindl y Ángel Parra, en esos momentos. Ahí, me pidieron ayuda en la producción de sus conciertos. Ellos tenían contrato con Alerce en esa época y mi primera misión fue buscar un sello que les permitiera internacionalizarse. Busqué, obviamente con acuerdo de ellos, a Sony Music y después Warner.

“Generamos discos maravillosos, como el Unplugged, Se remata el siglo, La espada & la pared y Fome. Hicimos varios hitos muy clave de su carrera. Y también los primeros proyectos como solista de Álvaro con su grupo Petinellis y las primeras Jane Fonda. Los Tres fueron una parte importantísima. Incluso ellos estuvieron en una de las primeras ediciones del festival (Teatro a Mil), porque son parte de nuestra historia y nuestra vida profesional”.

-¿Cómo ve el resurgir de Álvaro Henríquez, luego del trasplante de hígado?

-Yo estoy muy feliz de que Álvaro pueda seguir creando, porque es un tremendo compositor, un artista que tiene una poesía y una música, que se juntan de una manera asombrosa, por decirlo de alguna manera. Es súper difícil encontrar esos artistas con tanta simpleza y claridad. Fueron momentos gloriosos de la música chilena. Y Los Tres siguen siendo la banda sonora de toda una generación. Yo creo que hay temas que uno nunca va a olvidar de Los Tres, porque es la banda sonora de mucha gente.

-¿Se podría hablar de alguna futura colaboración con Álvaro?

-Yo he estado preocupada, como todo el mundo, de la salud de él y he mandado mensajitos para que esté bien, pero hace mucho rato que no conversamos. Nos hemos visto un par de veces y ha sido como volver a retomar hilos, porque uno tiene mucho cariño por ese trabajo, por esa época. Hay respeto y cariño. Si nos encontramos de nuevo en la vida, evidentemente que yo no digo no, pero estamos en otra cosa. Yo estoy trabajando en la fundación y él está retomando su carrera. Pero sí puede contar siempre con nosotros.