Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio
Tras diez años de estudios, dos especialistas descifran la fuerza cultural y devocional de la fe a la Virgen y al Niño Dios que reúne danza, música y poesía, que ha sobrevivido 400 años y es Patrimonio de la Humanidad.
A cinco años de que la Unesco eligiera a los bailes chinos como los únicos representantes chilenos en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el colectivo de investigadores Etnomedia lanza una nueva publicación de referencia sobre esta práctica cultural y devocional con cuatro siglos de vigencia en el Norte Chico y Chile Central.
Un complejo ritual que incorpora música, danza y poesía, y que tiene una profunda raigambre en la memoria de cientos de localidades, pero que también tiene una cara multitudinaria en la Fiesta de Andacollo, que convoca a 200 mil fieles.
Los antropólogos Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández llevan una década estudiando el tema, en terreno, y ya publicaron "Será hasta la vuelta del año. Bailes chinos, festividades y religiosidad del Norte Chico" (870 páginas), un retrato detallado de los 88 bailes vigentes en el país, con cientos de testimonios.
Y ahora, con apoyo de un Fondo del Libro, publican "Si tú nos prestas la vida. La devoción popular de los bailes chinos y sus fiestas" (700 páginas).
Imprimieron mil ejemplares, y ya los están distribuyendo, en forma gratuita, a las cofradías. El público general también podrá adquirirlo en librerías como Metales Pesados, en los Facebook de Etnomedia y Mucam (Museo Campesino en Movimiento), y en los tres lanzamientos que harán: el jueves 11 en el Museo Chileno de Arte Precolombino (19 horas), y los días 14 en Andacollo y 18 en Ovalle.
En este nuevo libro, Contreras y González desarrollan una interpretación histórica y antropológica del desarrollo de los bailes chinos, con una rica variedad de testimonios. Luego, exhiben copias facsimilares de documentos de las cofradías, una inédita compilación de 150 años de cantos y más de 200 fotografías. Estas últimas son en su mayoría de Manuel Morales Requena y Marcos González Valdés, y reconstruyen la fiesta, desde Andacollo a Valparaíso, sus líderes, sus rituales y el baile.
El cierre lo hacen con una cita de Gabriela Mistral: "Otra forma de patriotismo que nos falta cultivar es esa de ir pintando con filial ternura, sierra a sierra, río a río, la tierra de milagro sobre la cual caminamos".
Contreras explica por qué la eligieron: "Creemos que Mistral está hablando de la geografía cultural, de la gente, de las tradiciones y las prácticas. Y relevar esa geografía cultural es nuestra misión como investigadores".
Por eso mismo es que dedican varios capítulos del libro a darle sentido a una disonancia que identificaron. Suele decirse que los bailes a la Virgen toman su nombre del quechua chino , que significa servidor. "Etimológicamente es correcto, pero la descripción de una cultura no se hace solo desde el diccionario, sino también de las contradicciones que impone la realidad. Encontramos una disonancia significativa entre lo que dicen los textos, por una parte, y los relatos de los propios chinos sobre cómo ellos siempre se han rebelado frente a la opresión de los curas, patrones, autoridades y el Estado. Esa historia de libertad no puede quedar subsumida en la idea de servidor", explica Contreras.
En el libro también le hacen justicia a la profunda riqueza poética del Canto a lo alférez, variante del Canto a lo poeta consustancial a los bailes chinos que se ejecuta en momentos claves del ritual. Uno de los mayores aportes es la inédita compilación que ofrecen de 150 años de cantos, desde 1870 a 2014, provenientes desde La Tirana hasta la zona central.
Asimismo, perfilan al encargado que cada cofradía tiene para las décimas y cuartetas. "El alférez es el sabio popular, el que conoce la historia, el que ha leído, o si no ha leído ha escuchado, el que tiene la memoria. Es quien mantiene los contenidos donde se sostiene la identidad, los relatos, los nombres de los antiguos", revela Contreras.
Y para darle la dimensión humana, incorporan una copia facsimilar de un Cuaderno de Cantos de Ovalle. "Ese cuaderno tiene 50 cantos, ¡y algunos de esos cantos tienen 50 décimas! Es de don Francisco Lizardi, el alférez más trascendental del norte en los últimos 150 años. Era minero, carnicero y comerciante. Era autodidacta y tenía un gran talento de improvisación. Era un hombre brillante", cierra Contreras.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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lunes, abril 08, 2019
viernes, diciembre 23, 2016
Todo el amor de los bailes chinos por la Virgen en un nuevo disco
El Mercurio
Expresión devocional con raíces en las postrimerías del siglo XVI.
El CD es un proyecto de Etnomedia e incluye valiosas grabaciones que María Ester Grebe hizo en el Norte Chico en los años 70. Será lanzado mañana en la Fiesta de Andacollo.
Romina de la Sotta Donoso
La devoción hacia la Virgen del Rosario, por parte de los bailes chinos, ha sido fiel y constante. Ellos han sido, durante siglos, la columna vertebral de la Fiesta de Andacollo, que se inicia mañana y a la que asistirán 200 mil personas.
De los 120 bailes religiosos que participan, solo 22 son bailes chinos. Reconocidos por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, son una expresión cultural y devocional. Son músicos y bailarines que tocan flautas y percusiones mientras saltan, giran y se agachan en una compleja coreografía, produciendo un sonido de gran riqueza tímbrica.
En Andacollo, los chinos saludarán a la imagen el día 26, como es tradición. "Es lo más importante en las fiestas de santuario, decirle a la Virgen 'Vine, cumplí mi promesa de estar acá'", comenta el antropólogo Rafael Contreras Mühlenbrock. Ese saludo lo conduce el abanderado, quien tiene un gran conocimiento ritual y performático, y domina el canto a lo poeta, en décimas, y la improvisación.
"La palabra le da competencias en el ámbito simbólico y le permite contar la historia de la fiesta y su forma de funcionar. Eso sostiene la memoria a través de las generaciones", apunta Contreras, quien lideró un nuevo proyecto del colectivo de investigadores Etnomedia, cuyo resultado es el disco "Bailes Chinos del Norte de Chile (1972-1977)".
Contreras, su colega Daniel González y el chino Carlos Carvajal catalogaron los registros del Fondo María Ester Grebe del departamento de Antropología de la U. de Chile. La producción del CD la hizo Mauricio Pineda; Alejandro Miranda, el sonido y Diablo Rojo, la gráfica. El disco incluye grabaciones en tres fiestas: de la Virgen del Carmen, en La Tirana, en 1972; de la Virgen del Rosario, en Andacollo, en 1974, y de la Virgen de La Candelaria, en Copiapó, en 1977.
Aparecen toques, cantos y entonaciones del Baile Chino Barrera N° 1 -el más antiguo-, el N° 10 de Coquimbo, el Mixto N° 6 de Copiapó, el N° 8 Andacollino, el Colla Sur de María Elena y el del Santuario de la Candelaria, entre otros.
Igualmente hay entrevistas a Rogelio Ramos, jefe del Baile Barrera N° 1 y pichinga o cacique de Andacollo. "Tengo 60 años sirviendo a la Virgen. Y tengo 70 años de edad", dice. Y confiesa que el cacique "en primer lugar, tiene que ser católico, de fe, de corazón, de lo más íntimo. No vaya a ser un católico de los dientes para afuera. Y tiene que hacer cumplir la fe y la religión".
Su último sucesor fue Hugo Pastén, también jefe del Barrera N° 1, pero murió en marzo. Este domingo se definirá el nuevo cacique de Andacollo.
El CD también incluye al Baile Turbante N° 1 de La Serena, que fundó el obispo en 1752 como contrapeso a los chinos . Los turbantes fueron muy numerosos hasta mediados del siglo XX, pero hoy solo hay dos cofradías.
El disco tuvo apoyo del Fondo de la Música y será presentado a las 18:30 horas de mañana en la Casa Cacical de Andacollo (www.baileschinos.cl).
domingo, julio 24, 2016
Bailando con la "Virgen patiperra" de Quilimarí
El Mercurio
FIESTA RELIGIOSA Devoción popular en la Cuarta Región.
La devoción a la Virgen del Carmen de Palo Colorado se festeja cada año en el valle de Quilimarí, a 212 kilómetros de Santiago. La celebración concentra un valioso patrimonio inmaterial, con manifestaciones centenarias de canto a lo divino, Bailes Chinos y de "la lancha", expresión coreográfica única en el país.
Rosario Mena
Lejos de toda la distancia y solemnidad con que puede rodearse a una imagen sagrada, la Virgen del Carmen de Palo Colorado, al igual que otras advocaciones de María y santos patronos de las festividades populares a lo largo de Chile, es, para su pueblo devoto, un cuerpo con alma y personalidad y un miembro vivo de la comunidad, que cumple un rol de cohesión y consolidación de la identidad compartida. Una verdadera madre que mantiene unidos a sus hijos y que, pese a su materialidad, contiene en sí todos los atributos humanos y maternales, junto a sus facultades milagrosas y sobrenaturales.
Una figura que infunde respeto y veneración, con la cual se comparte la vida cotidiana, las penas y alegrías, el trabajo y la creatividad. Familiaridad y horizontalidad que se expresan intensamente en el caso de esta señora milagrosa del Carmelo, cuya imagen original, una pequeña escultura de madera del matorral llamado Palo Colorado, fue encontrada, según la leyenda, por un lugareño, en el siglo XVIII, al interior de un árbol de esta especie, en el valle de Quilimarí, comuna de Los Vilos, IV Región.
Desde entonces esta Virgen es objeto de una devoción que abarca este valle y el de Aconcagua y que destaca por su acceso democrático a todos los creyentes.
La leyenda
"Con profunda admiración vio que, en el hueco del tronco que acababa de herir, aparecía embutida una figura que tenía la clara apariencia de una Virgen tallada por la naturaleza. En el rostro se destacaban distintas las facciones y el cuerpo se veía cubierto como por una túnica formada de la misma madera. El leñador llevó el misterioso hallazgo al dueño de la hacienda que creyendo adivinar en este hecho algún designio sobrenatural, le construyó un oratorio para venerarla. Se le llamó la "Virgen de Palo Colorado...". Es la historia relatada por el cuentista y dramaturgo, Nathanael Yañez Silva. Toda la gente de la comarca se inclinaba ante el pequeño altar, recordando la leyenda, rodeándola de una pompa inocente y haciéndole mandas que iban acompañadas de flores y regalos. El cura párroco supo esto y encontró conveniente llevarla a la iglesia de la aldea de Quilimarí, un pueblecillo a las orillas del mar.
Es así como, tras haberse instalado en un pequeño oratorio en la hacienda de Palo Colorado, la Virgen fue trasladada en romería a la parroquia de Quilimarí, desde donde, de acuerdo al relato de los lugareños, huyó tres veces de regreso al oratorio, ante la consternación de los campesinos. Tales hechos alimentaron su creciente fama milagrosa que se mantiene plenamente vigente en la actualidad, por lo que los fieles están constantemente pagando sus mandas a la Virgen en la oficina parroquial, las cuales pueden ser canceladas en dinero, velas o caminatas, según explica Luisa Méndez, secretaria parroquial. "La gente viene a pagar sus mandas porque la Virgen les cumple".
Esta pequeña escultura, de autor desconocido, es "una talla polícroma, no vestida, de 38 centímetros de altura, incluyendo su pedestal y corona de oro, al igual que sus aretes y una esclava, que hace las veces de collar, junto a otro, de vidriantes. Con la mano izquierda simula sostener al Niño, que se encuentra de pie, adosado a ella. Con la derecha sujeta un desmesurado escapulario".
Bailando con la Virgen
En torno a esta figura se ha desarrollado un conjunto de expresiones culturales con caracteres locales puros y particulares, profundamente arraigado en la zona, que se actualiza cada 16 de julio en la celebración de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile.
De especial interés son las expresiones coreográficas locales, singulares y de gran vigencia: "las lanchas " y "las danzas" que, con música interpretada por una pequeña banda de guitarra, acordeón y bombo, son ejecutadas de manera personal y dedicadas directamente a la Virgen. Constituyen un modo de oración que se realiza al interior de los hogares y dentro del templo, tal como ocurrió durante la víspera de la última celebración. Su característica más notable es su individualidad y su proyección directa hacia la figura de la Virgen, en un acto personal de piedad que prescinde del público, dando la espalda a los demás participantes de la reunión, quienes, al mismo tiempo, actúan como testigos de la devoción.
Estos bailes devocionales de origen colonial son una manifestación única en Chile y particular de esta zona, cultivada ampliamente por sus habitantes, cuyo origen puede hallarse fácilmente en la cueca o su antecesora, la marinera. Esta expresión fue investigada en 1962 por los folcloristas del Instituto de Música de la Universidad de Chile, Manuel Danemann y Raquel Barros, comprobando su enorme vitalidad, la cual se mantiene hasta hoy tanto en el valle de Quilimarí como en el del Aconcagua, "particularmente en La Ligua, Vallermoso, Longotoma, Chincolco", indica el etnomusicólogo
La virgen posee también un santuario con una réplica suya en la localidad de Palo Colorado, en plena carretera Norte-Sur, donde los fieles le prenden velas y colocan placas de agradecimiento "por favor concedido". A ella acuden diariamente, todas las noches, el párroco de Quilimarí junto a sus tres asistentes -mujeres mayores del pueblo- a encender los cirios correspondientes. Pero, además, cuenta con tres réplicas; dos de las cuales realizan, durante el año, un itinerario definido por distintas localidades del valle de Quilimarí y de Aconcagua, mientras que una tercera se encuentra a disposición de quien la solicite para llevarla a su casa por unos pocos días, sin que a nadie se le niegue este derecho. "Cualquiera puede pedirla y se le dan sus días", informa la secretaria de la parroquia.
Son las llamadas "alojadas", durante las cuales la Virgen visita cada casa, llevada generalmente a pie y en andas por el demandero, acompañado de algunos fieles que van en romería. El traslado desde Quilimarí a otras localidades de la zona, se realiza, sin embargo, en auto o camioneta. "Antes era muy bonito, se traía en romería a pie y a caballo", cuenta don Eloy Solís, cantor a lo divino y demandero de la cercana localidad de Los Maquis, quien cumple su rol sin ningún pago a cambio. Los versos que entona don Eloy los saca, principalmente, de la biblia del pueblo, recopilación de décimas del padre Miguel Jordá, pero también "de otros que me dieron unos amigos y de los cuadernos que me dejó mi madre, que también era cantora". A ello se suman composiciones propias: "hice un verso que lo canto siempre, lo hice por saludo, para saludar a la virgen cuando llega"
Fiesta en el templo y procesión
Una vez finalizada la misa de víspera de la fiesta, la comunidad inicia la velada con unos pies de cueca, que este año contaron con la protagónica participación del cura párroco, quien, ataviado de manta y chupalla de huaso, ejecutó el baile nacional en pleno templo, vitoreado por los quilimarinos, en medio de bromas y risas. A ello siguen los bailes de lanchas y danzas . Posteriormente, es el turno de los cantores a lo divino, quienes se encargan de extender la vigilia hasta el amanecer, con sus versos acompañados solo de guitarra.
El ambiente de distensión y confianza da cuenta de la apropiación que el pueblo hace de su iglesia. Un lugar donde todos están como en su casa, un espacio de encuentro social y festivo que, a la vez, posee un indiscutible carácter espiritual que contiene toda la celebración, la cual se mantiene dentro de límites de respeto y sobriedad, con prohibición del alcohol. Así, la festividad, que este año convocó a poco más de mil participantes, conserva su carácter ritual y comunitario, ajena al turismo y los excesos habitualmente asociados a estas celebraciones colectivas.
Entretanto, la feria tradicional ya se ha instalado con su variada oferta. A las 3 de la tarde, se inicia la procesión hacia el cercano paraje de El Tejar, esta vez acompañada de los Bailes Chinos de la Virgen del Carmen y de San Pedro, de Los Vilos, que al ritmo de su monótona secuencia de sonidos y movimientos inducen en una suerte de trance a las cerca de cuatrocientas personas que siguen la imagen de la Virgen, la cual es llevada en andas dentro de su urna de cristal, de ida y vuelta a la parroquia.
Los Bailes Chinos forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Estos destacan por su tradición, pureza y actitud piadosa, con sus flautas y tambores, sus modestas vestimentas y su alférez entonando versos a lo divino. La denominación de Baile Chino, muchas veces erróneamente utilizada para referirse a todo tipo de bailes grupales en festividades religiosas folclóricas, designa específicamente a este tipo de manifestación surgida en la Cuarta Región, en torno a la extracción del oro durante el período colonial, especialmente en el mineral de Andacollo.
sábado, junio 29, 2013
Los bailes chinos postulan a Patrimonio de la Humanidad
El Mercurio
Esta práctica religiosa, exclusiva de nuestro país, hunde sus raíces en la riqueza tímbrica de la música precolombina. La Unesco decidirá la declaratoria el próximo año.
Romina de la Sotta Donoso
"Es la primera vez que el Estado chileno presenta una manifestación cultural ante la Unesco para que sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad", anuncia Jorge Rojas, jefe del departamento de Ciudadanía y Cultura del Consejo Nacional de las Artes.
Se refiere a los bailes chinos, cuya postulación acaba de ser declarada admisible por la Unesco. "Está dentro de los 57 expedientes que van a analizarse en noviembre de 2014", detalla.
La convención que rige estos bienes entró en vigencia en Chile en 2009. Dos años después, explica Rojas, "el Consejo habilitó en Portalpatrimonio.cl un registro donde la comunidad puede inscribir los bienes inmateriales que para ellos son importantes. Ya hay 570 manifestaciones registradas".
Luego, un comité de expertos estableció una lista priorizada de catorce prácticas distintas, y se definió que los primeros que buscarán convertirse en Patrimonio de la Humanidad serán los bailes chinos.
"Fuimos a hablar con los alféreces, que son la cabeza de estas cofradías que están al servicio de la veneración de imágenes religiosas, y hubo muy buena recepción", cuenta.
Así establecieron contacto con decenas de cofradías que participaron en la confección del expediente. Éste incluye, además, lineamientos de salvaguardia a los cuales el Estado se compromete: desde elaborar un registro nacional y diseñar instrumentos para la transmisión de la práctica, hasta la protección de sitios ceremoniales y apoyo para la movilización de las agrupaciones hacia las distintas fiestas.
"La declaración es extensiva a la manifestación en su totalidad. El baile chino cumple una función de cohesión y autoafirmación de la identidad social. Y eso tiene valor universal", agrega Rojas.
Herencia mestiza
Nadie sabe exactamente cuándo nacieron los bailes chinos, pero podrían remontarse al imperio inca. "Esta manifestación ritual ya existía cuando llegaron los españoles, y éstos les impusieron la obligación de someterse a la Iglesia Católica, los santos y el idioma castellano. Este proceso se fue haciendo de a poco; hasta el siglo antepasado se cantaba en idioma indígena", comenta el investigador José Pérez de Arce, del Museo Chileno de Arte Precolombino. Él y Claudio Mercado fueron pioneros en el estudio de los bailes chinos, hace 20 años.
"Su valor patrimonial más significativo es que son una manifestación mestiza, con una raíz prehispánica que se ha conservado, excepcionalmente, con mucha pureza", agrega.
Explica que la práctica es propia y exclusiva de Chile Central y el Norte Chico, dos áreas con manifestaciones muy distintas, pues en la primera pervive la cultura Aconcagua y en la otra, la cultura Diaguita. "Y donde persisten hoy los bailes chinos, siempre han existido. No se mueven. Nadie sabe con certeza cuántos existen, pero la verdad es que si te comienzas a meter en pueblitos, siempre descubres uno que no conocías", aclara Pérez de Arce.
"La gente siempre los confunde con La Tirana, pero esos son bailes que vienen del Norte Grande y se instalaron en Chile Central en los años 60", advierte.
Reconocer a un baile chino es bien sencillo. Siempre los músicos son también bailarines, y la mayoría toca flautas. Otros, percusión.
"Todas las flautas en América se tocan bailando, a diferencia de Europa", aclara Pérez de Arce.
"Sus flautas son las mismas que se siguen usando en los rituales mapuches. Son pifilcas que emiten un solo tono, pero bien complejo. Hace 20 años se hablaba de esta música como ruido, porque no tiene ninguno de los elementos que Occidente le otorga a la música. No hay melodía", detalla.
Esta música, en cambio, exhibe un alto grado de desarrollo tímbrico. Dos líneas de flautas de distintos largos -y tonalidad- van respondiéndose una a la otra, produciendo dos masas sonoras que parecen fusionarse y no tener fin. Y a ello se suma un tambor que actúa como guía para que los músicos ejecuten una compleja coreografía, que es distinta en cada cofradía. Todo ello los conduce a otro estado de conciencia.
Cada agrupación cuenta con un luthier que elabora sus flautas, y sus integrantes confeccionan sus trajes característicos.
Esta práctica religiosa, exclusiva de nuestro país, hunde sus raíces en la riqueza tímbrica de la música precolombina. La Unesco decidirá la declaratoria el próximo año.
Romina de la Sotta Donoso
"Es la primera vez que el Estado chileno presenta una manifestación cultural ante la Unesco para que sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad", anuncia Jorge Rojas, jefe del departamento de Ciudadanía y Cultura del Consejo Nacional de las Artes.
Se refiere a los bailes chinos, cuya postulación acaba de ser declarada admisible por la Unesco. "Está dentro de los 57 expedientes que van a analizarse en noviembre de 2014", detalla.
La convención que rige estos bienes entró en vigencia en Chile en 2009. Dos años después, explica Rojas, "el Consejo habilitó en Portalpatrimonio.cl un registro donde la comunidad puede inscribir los bienes inmateriales que para ellos son importantes. Ya hay 570 manifestaciones registradas".
Luego, un comité de expertos estableció una lista priorizada de catorce prácticas distintas, y se definió que los primeros que buscarán convertirse en Patrimonio de la Humanidad serán los bailes chinos.
"Fuimos a hablar con los alféreces, que son la cabeza de estas cofradías que están al servicio de la veneración de imágenes religiosas, y hubo muy buena recepción", cuenta.
Así establecieron contacto con decenas de cofradías que participaron en la confección del expediente. Éste incluye, además, lineamientos de salvaguardia a los cuales el Estado se compromete: desde elaborar un registro nacional y diseñar instrumentos para la transmisión de la práctica, hasta la protección de sitios ceremoniales y apoyo para la movilización de las agrupaciones hacia las distintas fiestas.
"La declaración es extensiva a la manifestación en su totalidad. El baile chino cumple una función de cohesión y autoafirmación de la identidad social. Y eso tiene valor universal", agrega Rojas.
Herencia mestiza
Nadie sabe exactamente cuándo nacieron los bailes chinos, pero podrían remontarse al imperio inca. "Esta manifestación ritual ya existía cuando llegaron los españoles, y éstos les impusieron la obligación de someterse a la Iglesia Católica, los santos y el idioma castellano. Este proceso se fue haciendo de a poco; hasta el siglo antepasado se cantaba en idioma indígena", comenta el investigador José Pérez de Arce, del Museo Chileno de Arte Precolombino. Él y Claudio Mercado fueron pioneros en el estudio de los bailes chinos, hace 20 años.
"Su valor patrimonial más significativo es que son una manifestación mestiza, con una raíz prehispánica que se ha conservado, excepcionalmente, con mucha pureza", agrega.
Explica que la práctica es propia y exclusiva de Chile Central y el Norte Chico, dos áreas con manifestaciones muy distintas, pues en la primera pervive la cultura Aconcagua y en la otra, la cultura Diaguita. "Y donde persisten hoy los bailes chinos, siempre han existido. No se mueven. Nadie sabe con certeza cuántos existen, pero la verdad es que si te comienzas a meter en pueblitos, siempre descubres uno que no conocías", aclara Pérez de Arce.
"La gente siempre los confunde con La Tirana, pero esos son bailes que vienen del Norte Grande y se instalaron en Chile Central en los años 60", advierte.
Reconocer a un baile chino es bien sencillo. Siempre los músicos son también bailarines, y la mayoría toca flautas. Otros, percusión.
"Todas las flautas en América se tocan bailando, a diferencia de Europa", aclara Pérez de Arce.
"Sus flautas son las mismas que se siguen usando en los rituales mapuches. Son pifilcas que emiten un solo tono, pero bien complejo. Hace 20 años se hablaba de esta música como ruido, porque no tiene ninguno de los elementos que Occidente le otorga a la música. No hay melodía", detalla.
Esta música, en cambio, exhibe un alto grado de desarrollo tímbrico. Dos líneas de flautas de distintos largos -y tonalidad- van respondiéndose una a la otra, produciendo dos masas sonoras que parecen fusionarse y no tener fin. Y a ello se suma un tambor que actúa como guía para que los músicos ejecuten una compleja coreografía, que es distinta en cada cofradía. Todo ello los conduce a otro estado de conciencia.
Cada agrupación cuenta con un luthier que elabora sus flautas, y sus integrantes confeccionan sus trajes característicos.
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