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viernes, julio 06, 2012

Memorias del Rock Chileno se estrena este domingo en Canal 13

La Tercera

La serie se produjo con el financiamiento del CNTV, y cuenta con la conducción de Alvaro Escobar y Tito Escárate.


Este domingo a las 16.00 horas, se estrena por las pantallas de Canal 13 la serie Memorias del Rock Chileno, que da cuenta de los pioneros del género en el país, la nueva ola y la nueva canción chilena.

La producción contó con los fondos del Consejo Nacional de la Televisión, y está basada en la idea original del actor Alvaro Escobar, quien además conduce el programa junto a Tito Escárate.

El CNTV aportó a la realización del proyecto una suma de $40.904.791.

lunes, junio 18, 2012

Café Tacuba grabará parte de su nuevo disco en Chile

El Universal


La banda mexicana Café Tacvba grabará su nuevo disco en Los Ángeles y en tres ciudades de Latinoamérica, e invitará a sus fieles seguidores a ser parte de esta experiencia, "los temas muestran inquietudes sociales, pero tienen su lenguaje poético".

Buenos Aires (Argentina), Santiago (Chile), Los Ángeles (Estados Unidos) y el Distrito Federal (México), son las cuatro ciudades que enmarcarán las grabaciones que contarán con público.

En entrevista, Rubén Albarrán, vocalista de la agrupación, confirmó que el próximo lunes saldrán a Buenos Aires, para comenzar los trabajos de este nuevo material de temas inéditos.

"Son cuatro ciudades donde se grabará el disco con temas inéditos que estará listo para septiembre", dijo Albarrán, quien agregó que en agosto oficialmente iniciarán su gira, ya que por el momento "estamos involucrados de lleno en el álbum".

Señaló que este material discográfico será muy especial, ya que grabarán los temas con público, a fin de retribuirle un poco a esos seguidores que han estado a su lado por más de dos décadas, "es esa nuestra idea".

Comentó que aún no tienen la dinámica con la cual seleccionarán a los seguidores que los acompañarán en las grabaciones del disco.

"Es la experiencia de la grabación lo que será también inolvidable para ambas partes", explicó el músico, quien reconoció que debido a los compromisos con causas sociales, los tiempos para la realización del proyecto musical están apretados.

"Están muy buenos los temas y en ellos hacemos alusión a las preocupaciones sociales, teniendo un carácter reflexivo y un lenguaje poético", comentó Albarrán, quien no quiso adelantar el nombre de este proyecto y gira.

Actualmente, el músico forma parte del colectivo Aho, que apoya la defensa de la zona sagrada de Wirikuta, en San Luis Potosí.

domingo, diciembre 11, 2011

Luz, cámara y rock and roll : ¿en espera de la obra maestra?

 

El Mercurio

Esta semana se inauguró una nueva versión del INEDIT, festival de cine y rock ya consolidado en el país. Al mismo tiempo que aterriza una colección de ensayos sobre la relación entre ambos géneros, con un prólogo de Julien Temple, director de "La gran estafa del rock and roll". Una buena ocasión para preguntarse si el séptimo arte y las guitarras eléctricas aún nos deben una obra maestra.

J.C. Ramírez Figueroa

En una escena de "Semilla de maldad" (1955, Richard Brooks), un grupo de adolescentes destruye con inusitada violencia los discos de jazz de 78 rpm de sus mayores. Y aunque al final de la cinta triunfan estos últimos, cuando empezaba a sonar "Rock around the clock" en los créditos, los espectadores -totalmente identificados con los pandilleros de la pantalla- destrozaban las butacas para bailar al ritmo de Bill Halley y sus Cometas. Como si la rabia y el aburrimiento tras la carnicería de la II Guerra Mundial y posterior polarización de occidente al fin encontrara su válvula de escape. Aunque el proceso ya había comenzado con la irrupción de dos héroes con que identificarse: el Marlon Brando de "¡Salvaje!" y el James Dean de "Rebelde sin causa". Personajes icónicos que se sumarían a un par de documentales dirigidos por Joseph Kohn: "Rock and roll revue" y "Rhythm and blues revue". Ambos presentaban una música salvaje e irresistible, tradicionalmente vedada en los medios oficiales blancos. Pero no hay dudas, la película que inauguró la fructífera relación de cine y música rock fue "Semilla de maldad". Frank Zappa confesó que cuando la vio por primera vez pensó: "Han hecho una película sobre nosotros, por lo tanto existimos". No estaba equivocado: la obra se convirtió en un fenómeno sociológico al presentar el concepto "teenager" , cuestionar el Estado de bienestar estadounidense y popularizar una banda de rock . El mismo Halley -que podría ser uno de los padres castigadores del filme- reflotó su carrera, salió de gira y en cada lugar, para su sorpresa, era vitoreado por los jóvenes. Zappa, por otro lado participaría como músico en "El pecador más grande del mundo" (1962) cinta de culto de Timothy Carey donde él mismo interpretaba a un rockero que funda una secta y en la escena final se enfrenta con el mismísimo Dios. Había nacido el cine rock .

Los años cincuenta


Pero antes de convertirse en un género con ramificaciones que van desde el documental paródico hasta la biografía experimental, el rock en el cine fue la música de fondo en las películas adolescentes. Cintas que para el escritor Paul Yonnet tienen dos orientaciones: una masiva (abogar por la liberación sexual) y otra más profunda: denunciar la segregación racial. El punto en común era la celebración del tiempo libre y la liberación de los "períodos de obligación y compromiso" (colegio, trabajo, familia). En esa línea -caracterizada por los amoríos adolescentes, una rebeldía algo domesticada y muchas estrellas de rock - destaca la comedia "The girl can't help it" (1956) dirigida por Frank Tashlin el mismo de la mayoría de los hits de Jerry Lewis. Allí participa Gene Vincent, Little Richard, el héroe de la guitarra Eddie Cochran y hasta Los Platters. O "Shake, rattle and rock" (1956) una cinta de bajo presupuesto sobre unos jóvenes que quieren abrir un club de rock y aparecen Fats Domino y Joe Turner para apoyarlos. Y aunque Elvis Presley fuera sin duda la primera estrella global de rock and roll , hay un consenso en torno a la mala calidad de sus cintas. Esto no impediría el revuelo provocado por "Love me tender", su debut de 1956, o "El rock de la cárcel" un año después. Fueron Los Beatles con "A hard day's night" (1964, Richard Lester) quienes convertirían una cinta de rock en una pieza visual realmente interesante. De hecho algunos la llaman "El ciudadano Kane del cine rock" y que rompería la moda de las películas de surfistas protagonizadas por Frankie Avalon. En blanco y negro e inspirado tanto en la nueva ola francesa como en el novísimo cine realista inglés, la película se adelantaba a MTV, los rockumentales y hasta las parodias al presentarnos a Los Beatles en diálogos delirantes, escapando de las fans y, por supuesto, tocando sus hits.

Beatles y Bob Dylan, las "excusas" para que la aventura creativa comience
"La idea de montar un grupo tiene algo que ver con la de hacer una película. Me gusta pensar que tiene algo de rebeldía, y todo el buen rock and roll es rebelde", escribe Julian Temple en la presentación de "¡Rock acción!", una colección de ensayos que analizan la relación entre séptimo arte y guitarras eléctricas (ver recuadro). Temple dirigió "La gran estafa del rock and roll" (1980) protagonizada por los Sex Pistols. Al no poder romper la resistencia del mánager Malcolm McLaren, instaló la cámara -que tomaba "prestada" de la universidad- en el baño y de vez en cuando iba a buscarla y grabar fragmentos del recital. Al final terminó grabando firmas de contratos y fiestas de la banda. Aunque algunos llaman a esa mezcla de rock y documental, rockumental, Temple se desmarca. "Odio que me llamen rockumentalista. Cuando lo oigo me dan ganas de ahorcarme. Soy cineasta". Es que desde mediados de los sesenta, el cine rock se perfila como género con sus propias características, mitos y estándares creativos. D.A. Pennebaker eleva la apuesta, al grabar la gira inglesa de 1965 de Bob Dylan y, con una efectiva ilusión de no haber editado nada, estrenó dos años después "Don't look back": un documental donde el cantante ignora a su amante Joan Baez, discute con los periodistas y su mánager negocia (y miente). Además de grabar el versionado clip de "Subterranean homesick blues" donde el cantante va dejando caer papeles con la letra de la canción. Godard se entusiasma y acepta el llamado de los Rolling Stones a filmarlos. Aunque al final en "One plus one", la banda es más bien un personaje secundario. Antonioni captura a Jeff Beck rompiendo la guitarra en el "swinging London" de "Blow Up". A su vez, Los Beatles experimentan con el non-sense en "Magical Mystery Tour". Y "Busco mi destino" actualiza la idea de viaje iniciático en motocicleta y acompañado de The Byrds y el clásico rock de carreteras "Born to be wild" de Steppenwolf.

El cine rock se convierte en género
En los setentas se establecen las bases de todo el cine rock que vendrá hasta hoy. ¿Recitales? "Woodstock" de Michael Wadleigh, estrenada un año después del megafestival de 1969. Con recursos como subdividir la pantalla o centrarse en detalles, como las manos temblorosas de Joe Cocker o Jimi Hendrix tocando mientras el público empaca sus cosas. ¿Nostalgia? "American Graffiti" , "The last picture show", "Grease" y "Rock and roll high school" protagonizada por The Ramones. ¿Humor? "Sgt Pepper's lonely hearts club band" (Michael Schultz, 1978), un musical inspirado en el disco de Los Beatles con Bee Gees y Peter Frampton. ¿Documental independiente y punkie? "Blank Generation" de Amos Poe e Ivan Kral. ¿Parodia? "All you need is cash" (Eric Idle, 1977). En esta salvaje parodia de Los Beatles que curiosamente se parece demasiado a los documentales sobre la banda que se harían después, aparece incluso George Harrison haciéndose pasar por periodista.

La revolución inconclusa
Sin embargo, para Xavier Cervantes en el ensayo "De Richard Lester a Jean-Luc Godard", incluido en el libro, la relación entre séptimo arte y el rock es desproporcionada. Música y cine forman una pareja disfuncional donde la "y" apenas es copulativa. "Sucede así desde que el cine es sonoro, pero sobre todo, desde los años cincuenta, cuando el rock puso los pies sobre la mesa para reclamar su estatus de cultura de masas. El cine, como gran devorador cultural, no dejó escapar una presa tan apetecible...". Y agrega, con amargura: "En ese proceso devorador, el cine llegó a plantearse viajar al corazón de la música, pero en general falló en los metros finales. Y es una pena, porque en las contradicciones y los conflictos que experimentaban los músicos anidaban algunas de las claves para explicar las transformaciones de la sociedad occidental, muchas de ellas vinculadas a la cultura del éxito y su correspondiente lado oscuro". Al parecer la gran obra maestra del cine rock aún estaría por escribirse.

 


¡Rock acción!
¡Rock acción! es una colección de ensayos que analizan la relación del cine y la música rock. Además del prólogo de Julien Temple, destaca el análisis de las obras de los años cincuenta ("Los adolescentes, los explotadores y el rey"); los lineamientos básicos del documental musical ("Teoría y práctica del rockumental"); el soul en el cine ("What`s going on") o un texto que intenta explicar lo que sucede cuando los rockeros se creen actores ("Zapatero a tus zapatos"). También hay reflexiones sobre las películas biográficas, la electrónica en la ciencia ficción o el rock independiente. ¡Rock, acción! Ensayos sobre cine y música popular . Varios Autores. Avant Press, España, 211 páginas.

domingo, septiembre 11, 2011

Pearl Jam 20 años después... quizás más jóvenes

 

El Mercurio

Han pasado dos décadas. Eddie Vedder ya no tiene pinta de surfista. Tampoco trepa por los escenarios como lo hacía antes. Pero Pearl Jam sigue vivo, está de cumpleaños y quiere celebrar. Después de veinte años de carrera, la banda estrena hoy un documental en Toronto mientras se apresta a visitar por segunda vez Chile.

Andrea Muñoz H. enviada especial en Nueva York

Pearl Jam lleva suficiente tiempo tocando para que el uniforme que usara Eddie Vedder a comienzos de los noventa -camisa de franela, short rayando las rodillas y zapatillas Converse de caña alta- haya pasado, vuelto y esté a punto de volver a pasar de moda.

Han transcurrido dos décadas desde el lanzamiento de Ten, el primer disco de la banda. Los púberes que cambiaron la voz cantando "Jeremy" hoy día tienen entradas en la frente. Las chicas que bailaron su primer lento con "Black" ya cumplieron treinta años. Eddie Vedder está gordo, Stone Gossard se ve igual de flaco y todos tienen más arrugas. Pero Pearl Jam sigue vivo y listo para celebrar. Esta noche se estrena en Toronto un ambicioso documental sobre este quinteto, que transformó la melancolía grunge en un sonido tan popular como el más pegajoso pop.

Dirigido por Cameron Crowe, "Twenty" comprime 1.200 horas de grabación, muchas de ellas caseras, en casi 120 minutos. Incluye, también, más de 24 horas de entrevistas a los miembros de la banda, quienes, a pesar de su conocida aversión a las cámaras, se portan dóciles como corderos ante el lente de Crowe. Vedder aparece mostrando fotos familiares mientras habla de su padre ausente. Gossard se da vueltas por su casa intentando encontrar algún testimonio del pasado del grupo. Termina dándose cuenta de que conserva muy pocos: un tazón mal lavado en una de las repisas de su cocina, un premio perdido en su sótano... Sólo Cameron Crowe podría haberse salido con la suya, pues conoce a los miembros de Pearl Jam desde hace años, cuando era un joven periodista de Rolling Stone, mucho antes de que se pusiera a hacer películas. Los perfiles que arma, sobre todo los de Vedder y Gossard, son impecables.

El documental arranca por el comienzo. En Seattle. En esta ciudad -en el noreste de Estados Unidos, pegada a Canadá- se toma café compulsivamente y se padecen inviernos infernales. Pero cuando los días son cortos, la noche se alarga. Y la gente -sobre todo a mediados de los ochenta- se pasaba el invierno oyendo música. "Y escuchaban de todo", relata la voz de Crowe.

Un video, del año 87, muestra a Stone Gossard (guitarra) y a Jeff Ament (bajo) vestidos de cuero y alegres, intentando colarse a una fiesta. Faltaban un par de años todavía para que se formara Pearl Jam. Tras la escena, aparecen los Gossard y Ament actuales. Como amigos íntimos recordando viejos tiempos, dicen que la primera vez que se vieron se cayeron muy mal.

El comentario era predecible, pero justo ahí está la gracia. La mirada de Crowe, como en el resto de sus películas, no tiene una gota de cinismo. El tono es a ratos divertido, a ratos melancólico, también entusiasta. Pero nunca escéptico ni relamido. Es una película hecha por una persona que parece disfrutar de la música de Pearl Jam.

La narración se organiza temáticamente, en capítulos que se van superponiendo. Una buena parte del comienzo se concentra en Mother Love Bone, el grupo que Gossard y Ament formaron un par de años antes. En el circuito de Seattle, a Mother Love Bone se la recuerda como uno de los padrinos del grunge . También, porque su vocalista, el mítico Andrew Wood, murió de una sobredosis de heroína justo cuando la banda parecía estar a punto de romperla.

Aparece entonces Eddie Vedder. Corría el año 90, Vedder trabajaba en una bomba de bencina, surfeaba y vivía en el sur de California. A sus manos llegó un demo con la música que Gossard, Ament y Mike McCready (guitarra) habían compuesto. Al demo le faltaba la voz. Vedder cantó, grabó y escribió con plumón su número de teléfono antes de mandar el casete de vuelta.

Veinte años después, Crowe se lo muestra. Vedder, quien enciende cigarrillos con más frecuencia de lo que habla, se emociona.

Y así, en capas, se va contando la historia. Aparece Kurt Cobain basureándolos; aparece Kurt Cobain haciendo las paces; la banda negándose a vender sus entradas a través de Ticketmaster; imágenes de un concierto en Dinamarca donde murieron nueve fans sofocados; Eddie Vedder cantando con una máscara de George Bush. Aparece, también, el rostro de David Lynch, sólo por un instante.

La última escena muestra un concierto reciente. Vedder ya no trepa por los andamios del escenario ni se tira piqueros sobre el público, pero todavía puede cantar Alive. Veinte años no es nada.

Cine y rock: otros documentales


Martin Scorsese y su pasión por la música
Desde su juvenil trabajo en "Woodstock" (1969) y pasando por "The last waltz", sobre el concierto de despedida de The Band en 1976, el ítaloamericano es el mejor exponente de los directores de cine que hacen documentales musicales. En la última década ha retomado esa veta con aplaudidos trabajos sobre el blues norteamericano ("Feel like going home", 2003) y Bob Dylan ("No direction home", 2005), una crónica sobre la gira más millonaria de The Rolling Stones ("Shine a light", 2008) y "George Harrison: Living in the material world", trabajo sobre el ex Beatle que estrenará en la BBC el próximo 5 de octubre.

U2: En la cima del mundo
Phil Joanau, de cuya carrera cinematográfica destaca "Tiro de gracia" (1990, con Sean Penn, Ed Harris y Gary Oldman), fue el encargado de filmar los shows con que la banda irlandesa de Bono promocionó su aplaudido disco "The Joshua Tree" en EE.UU. a fines de 1987. Los transformó en "Rattle & Hum" (1988), película donde los músicos se empeñan en prestar tributo a sus referencias musicales norteamericanas, y que también daría origen a un disco número 1 con ese mismo nombre.

Neil Young: Del
thriller a la música
El ganador de un Oscar por "El silencio de los inocentes" es responsable de una trilogía de documentales sobre el músico canadiense que partió en 2006 con "Neil Young: Heart of gold", que cubre la presentación de su disco "Prairie Wind" en el auditorio Ryman, además de entrevistas con el autor de "Rocking in the free world". La segunda parte de la trilogía se estrenó en 2009, y la tercera aún no la hace. En 1984 el director ya había estrenado "Stop making sense", documental sobre un concierto de la banda ochentera Talking Heads.

miércoles, agosto 31, 2011

Publicación "Años de circo", de Pilar Ducci: Sudor, lágrimas y carcajadas en la historia del circo chileno


 


El Mercurio

Después de tres años de investigación se publica el primer registro escrito y visual que sistematiza los hitos, desarrollos y vestigios del mundo circense en nuestro país. Para septiembre, la Biblioteca Nacional prepara una serie de actividades relacionadas.

Patricio Contreras Vásquez

Por mucho que se le desee olvidar, el terremoto del 27/F dejó heridas abiertas, desnudó realidades y nos familiarizó con localidades pequeñas como Dichato, Duao o Boyeruca. Ese día en Iloca -casi 400 habitantes, cuna del ahora famoso Víctor "Zafrada" Díaz- estaba el circo de Las Montini, destruido por la ola maldita.
El maremoto derribó la carpa y arrastró jaulas y trailers con violencia. También trastocó un punto de encuentro, un eje cultural y artístico, especialmente en aquellas zonas del país ajenas a circuitos tradicionales del espectáculo. Un año después, Las Montini volvieron gracias al apoyo de las autoridades, la comunidad y, por cierto, la tenacidad de sus dueños.

Esa esencia y persistencia del circo, su historia, anécdotas, tradiciones y mitos -lo que vive y se perpetúa en la carpa- es lo que la investigadora Pilar Ducci recogió y sistematizó en "Años de circo", libro que será lanzado el próximo jueves 8 de septiembre en la Biblioteca Nacional, junto a una serie de actividades (ver recuadros).

 

Destilado de tradición oral

En 1827 recaló en Valparaíso el Circo Ecuestre Bogardus, el primero en llegar al país y "piedra angular" en el desarrollo de nuestros circos, como escribe Ducci. Una década después, en 1840, el Bogardus volvería a Chile con el primer elefante, acompañado de monos y camellos. Así se inauguró la exhibición de animales exóticos en el país y se estimuló la creación de compañías criollas.

Para investigarlas, Ducci trabajó a la par con el fotógrafo Francisco Bermejo, quien la motivó a postular a un Fondart. Hace dos años, en las páginas de "Artes y Letras" entregaron un prematuro y desalentador diagnóstico, que luego se confirmó en la práctica: en Chile hay escasa investigación sobre el circo.
Raro, dicen Bermejo y Ducci, pues en los prolegómenos del cine nacional se constató su importancia. "La primera película chilena es sobre un circo: Pedro Sienna, 'Los payasos se van', de 1921", cuenta Bermejo. "Está basada en una obra de teatro de Hugo Donoso y habla de un tipo de alta alcurnia que se va con un circo". Pero la atención de las artes siempre se canalizó por la parte estética antes que la operativa e histórica.
Dada la carencia de registros, Ducci se sumergió en los archivos de prensa y obtuvo información a partir de extensas conversaciones con miembros de más de 60 circos (acumuló seis gigabytes en grabaciones de audio). Su mérito consistió en destilar los diálogos para dar cuenta de una cultura familiar, hereditaria y llamativa, el "anecdotario colectivo de la gran familia circense", como escribe en las primeras páginas de "Años de Circo".

"La gente que no es de circo mira con mucha curiosidad y con mucha sospecha", plantea Ducci. "Pero igual nos atrae mucho, nos gusta". Esa seducción por los atractivos circenses, el humor, la magia, las acrobacias, la doma de animales y la alegría tiene una historia que se arrastra desde la Colonia, que a mediados del siglo XIX toma forma en su expresión moderna y que hoy se mantiene con desconocida vitalidad.

 
Todo chileno es un payaso

El atractivo del circo es mundialmente transversal -el Cirque du Soleil es un paradigma mediático-, pero en Chile se ha caracterizado por algunas variaciones.

Por ejemplo, la llamada "segunda parte". La primera parte del espectáculo constaba de trapecio, malabares; el intermedio podía ser musical o de descanso; y luego, la "segunda parte" era usualmente un número folclórico.

Para Pilar Ducci, la actividad musical es inseparable de los circos. El punto cúlmine de este matrimonio llegó con la irrupción del "Circo Águilas Humanas", que debutó en 1940. Su dueño, Enrique Venturino, tuvo habilidad para explotar la marca, empleó a 300 personas, dispuso amplias carpas (en la temporada de 1957 tendrán casi 150 mil espectadores) y trajo grandes atracciones internacionales.

"Cuando los artistas no tenían salas de teatros, sobre todo a principios de siglo, no existían managers o gente que te moviera como artista", cuenta Ducci. "El circo era el escenario natural, viajaban por todo Chile. Y los ejemplos son emblemáticos. Violeta Parra partió en circo. Óscar Parra Sandoval, su hermano, todavía está vivo, es payaso -está viejito, no anda en circo-, pero es el Tony Canarito. Los Huasos de Pichidegua, los Hermanos Campos, Guadalupe del Carmen. Y todos los cantores populares: Marcelo, Cecilia, el "Pollo" Fuentes. Todos los de La Nueva Ola". Esta dimensión se desvaneció con el tiempo, marcando una ruptura entre circo y folclor.

Un segundo ejemplo es la singularidad de nuestros payasos, "el alma del circo" y "el único acto esencial", como se escribe en el libro. "El payaso encarna al chileno cien por ciento", asegura Ducci. "Nosotros conocimos a un viejo payaso, Chamaco, que murió dos semanas después que hablamos con él, y decía: 'En todo chileno hay un payaso'".

La investigadora instala comparaciones con otros exponentes internacionales: el ruso es un payaso silencioso, solitario; el español actúa en duplas o tríos y no son hablantes; el chileno, en tanto, es improvisador, muy hablante, monologuista y, por sobre todo, físico y acróbata.

La exclusividad de este perfil se expresó en un recorte de prensa de 1961, hoy en posesión de Héctor Aguilera, el Tony Colihue: "Chile: país exportador de salitre, cobre poetas y payasos".
 
El cosmopolitismo circense

Una ley de 2007 reconoció "la actividad circense nacional en cuanto manifestación de la cultura chilena". Al mismo tiempo que efusivos patriotas, sin embargo, los circenses están dotados de un perfil cosmopolita, de viajeros del mundo. Y, en ese sentido, no han desteñido en carpas internacionales.

Pilar Ducci sugiere un ejercicio: ¿cuántos actores o deportistas chilenos destacan afuera? La cifra puede oscilar entre 10 y 20, respectivamente. "¿Cuántos circenses brillan? Por lo menos 300 posicionados en grandes circos de afuera". Esa cifra se refirma con otra: durante septiembre de 2010, sólo en Santiago se instalaron más de 60 circos.

Difícil es precisar su número exacto -los circos nacen espontáneamente, se escinden, se absorben-, como también trazar una genealogía del árbol familiar que ha sustentado la actividad. La carpa es su única georreferencia, nómade y trashumante como sus dueños.

"Ahí, en la carpa -dice Francisco Bermejo-, está reflejado lo que siempre nos dicen o usamos para presentarnos fuera. Esa cosa del chileno pillo, busquilla, está representado en el circo, en el espectáculo y está representado mejor incluso en la vida cotidiana dentro del circo".
 
Música, cine y circo en la Biblioteca Nacional

A las seis de la tarde del 1 de diciembre de 2010, los habitantes de Rapa Nui asistieron a la primera función de circo realizada en la isla. El fotógrafo Francisco Bermejo aprovechó la instancia para grabar un documental - "El circo en Rapa Nui"- cuyo adelanto será estrenado el 8 de septiembre en la Biblioteca Nacional, recinto que hospedará la exposición "Circo Chileno" , realizada con el apoyo de la Unesco, el CNCA y el auspicio de Corporación Cultural La Araucana. Al día siguiente el conjunto de música Los Trukeros presentará "Maromero" , un trabajo que reúne cuecas de circo. En la Biblioteca se exhibirán fotografías patrimoniales, afiches, vestuarios y objetos. Habrá charlas con gente de circo -Tony Copucha y Tony Cuchara-, talleres, mesas redondas y exhibición de filmes como "Le Grand Cirque Calder" (1927), de Jean Painlevé, y "El Circo Chamorro" (1955), de José Bohr. El portal Memoria Chilena estrenará un nuevo sitio temático con documentos digitalizados, contribuyendo al acervo documental del circo en internet. Para información sobre la venta del libro de Pilar Ducci escribir a hoycirco@gmail.com.

viernes, abril 29, 2011

¿Cómo (sobre)vive un músico independiente chileno?

Wiken

Discos alabados, shows en grandes festivales. Están destinados a cambiar la música chilena, pero para hacerlo necesitan adquirir deudas y pedir favores. Los músicos indie llegan a fin de mes apenas. Se ayudan gracias a nuevos métodos de autogestión e incluso manejando un furgón.

Emilio Contreras

"Yo creo que te reirías con la plata que gano realmente".

El que habla es Cristóbal Briceño: músico, fundador y compositor de los ex Fother Muckers (ahora se hacen llamar Ases Falsos), agrupación con 4 álbumes y 3 EP's editados que hace 2 años se mudó a San Carlos, VII Región, cuando las cuentas en Santiago eran demasiado caras. La misma que acumula deudas para cubrir costos de grabación, que pide préstamos monetarios a personas con nombre y apellido, y que tiene a la mitad de sus integrantes trabajando en distintos oficios, aparte de la música. Son ellos, los ex Fother Muckers: una de las bandas de rock más elogiadas de los últimos años de la escena local.
 
Martín del Real, Héctor Muñoz, Simón Sánchez y Cristóbal Briceño, son ex Fother Muckers.
Cristóbal tiene un furgón. Un Kia Besta del 98, en el que a veces, y para juntar más dinero, mueve a otros grupos en sus tocatas. Lo maneja él.

Hoy ya no reside en San Carlos. Vive con 6 personas en una casa arrendada y no se considera hippie ("Somos más como una cooperativa", dice). Con 200 mil pesos llega bien a fin de mes, y con 150 mil también, "pero tengo que comer tierra, o pegarle mucho en la pera a los amigos". Ríe.

-¿Y se logra llegar a la meta?

"Obvio que se logra. Esto es lo que elegí, entonces cómo no voy a trabajar para llegar a esa base. Por suerte tengo una polola que es profesional y mucho más organizada que yo, y si hay un mes en que ando cojo, ella me ayuda; y también al revés".

Cristóbal vive feliz. Cuando las cosas se complican, va a la SCD a cobrar su cheque, el que le corresponde por derechos de autor y por la programación en la radio de sus canciones. Trata de no ir tan seguido, para que se acumule. Es un "fondo de emergencias".

Toca con la misma guitarra hace 3 años. Dice que le gustaría tener una Fender, pero con una Squier está bien: "Para qué vamos a sonar como Emilio Stefan, no nos corresponde. Nos interesa que la música se relacione con uno mismo para poder interpretarla mejor".

Su familia paterna es de Lo Pequén, VIII Región, y de repente, le mandan frutas y verduras para apalear algunos gastos domésticos. A veces es tanta que se pudre y tiene que botarla.

El Jueves Santo lanzaron como Fother Muckers un nuevo EP: "Entrega tu espíritu: Muerte a los Fother Muckers", que contiene 5 canciones religiosas (el EP marca el fin, pero sólo del nombre de la banda). Para grabarlo, acudieron a un préstamo, y por consiguiente, a una nueva deuda. El mecenas fue Carlos Salinas, un hombre relacionado con la industria arrocera que conocieron en San Carlos, y que en sus ratos libres los registra, es su productor, hace las veces de ingeniero, asistente, y de repente, incluso, mezcla grabaciones con Cristóbal. "Es nuestro colaborador musical", dice.

Su anterior disco, "El Paisaje salvaje" (2010), uno de los más destacados del año pasado, tuvo el aporte de otro mecenas, esa vez un tanto más famoso: Nicolás Copano los ayudó con un préstamo. El dinero fue para la edición física del álbum. La deuda, la pagan hasta hoy. En cómodas cuotas.

Podemos decir entonces que los ex Fother Muckers son una banda al día en sus cuentas. También que todas las copias de sus anteriores discos están agotadas, y que en plena crisis discográfica, a ellos les va bastante bien.

Pero la historia de deudas, favores y esfuerzo de los ex Fother Muckers no es la primera ni la última en la música chilena. Las buenas críticas, el interés internacional y la trascendencia cultural de las actuales bandas independientes, en la mayoría de los casos, no se condice con sus ganancias económicas de fin de mes. De fondo, la industria del disco se desmorona, y junto a ella, los viejos paradigmas del músico que espera al productor-caza-talentos, con el contrato millonario en la mano.

La utopía acabó, y hoy, el viejo Do it Yourself cobra más sentido que nunca

***
 
El 2010 fue un buen año para Álvaro Solar. Su proyecto musical, Protistas, que formó junto a Francisco Marín (guitarra), Andrés Acevedo (batería) y Benjamín Varas (bajo), debutó entre elogios y buenos augurios del público y la prensa especializada. Fue el segundo estreno exitoso en la vida de Andrés Solar: 3 años atrás, estuvo a cargo -junto a Rodrigo Susarte- de la dirección de "Gen Mishima", la serie de TVN que con 8 capítulos brillantes -y un final críptico- se transformó en una de las apuestas más interesantes de la TV chilena.

"Nortinas War" (2010) fue el primer golpe discográfico de Protistas y se editó por el Sello Cazador (Dënver, La Reina Morsa, Los Mil Jinetes, etc). El trabajo de producción no trajo grandes costos para la banda, pero sí un reconocimiento importante. Sus canciones empezaron a sonar en radios online extranjeras, y en el medio local, rápidamente sumaron prestigio.

Tanto así, que este año fueron invitados al festival norteamericano SXSW 2011, reconocido internacionalmente como la vitrina donde sellos discográficos y productoras fichan a bandas nuevas de todo el orbe. Se desarrolla en Austin (Texas, EE.UU) y en la versión de este año participaron también Chico Trujillo, Fernando Milagros, Francisca Valenzuela, Inverness, Gepe, Pedropiedra e Intimate Stranger, por Chile. Y Klaxons, Michachu and The Shapes, Toro y Moi, entre otros, por el resto del mundo.

La noticia fue la avanzada chilena que llegó a Texas a representar el sonido local. Pero Protistas no pudo ir. Se quedaron aquí.

- ¿Por qué?

"Por plata. El festival te aloja en casas de músicos de allá, pero el pasaje era lo complicado. Los solistas pueden hacerlo, pero en las bandas es más difícil moverse sin el apoyo de un sello. Nos habíamos conseguido unas tocatas bacanes en Nueva York para aprovechar el viaje, pero no se pudo".

Álvaro dice que nunca en su vida ha tenido un contrato laboral y que hoy se mantiene ocupado en proyectos audiovisuales. Todos los Protistas tienen un trabajo paralelo a la música debido a la escasez de dinero. "Estamos a un nivel en el que no ganamos plata en nada. Cuando tocamos es donde generamos más dinero, pero eso es relativo. A veces podemos ganar 150 lucas, otro día 200, y otro día 20 o 30. En promedio lo hacemos 2 veces al mes", cuenta.

Por lo mismo, el juntar fondos para la realización del disco sucesor de "Nortinas War" ha sido difícil. Pero vieron la solución en una página de internet que recauda dinero gracias a aportes de particulares que se interesan en un proyecto.

"La idea la trajo mi polola. Al principio no pescamos mucho, pero después nos dimos cuenta de que podía funcionar. La página se llama Kickstarter.com y da la posibilidad de generar recursos. Es súper recomendable", dice Álvaro. Funciona así: Se crea una cuenta en Kickstarter. Se llena un formulario (en inglés) donde se presenta el proyecto. Los administradores del sitio lo leen y lo aprueban o desaprueban según sus características. Ahí los autores fijan el monto que necesitan (en el caso de Protistas, fue de 3.000 dólares) y se establece un plazo para cumplir la meta. Los aporten se hacen a través de internet. Si se logra reunir la cifra, OK: las transferencias económicas se hacen, la banda se queda con un 95% de lo recaudado y la página con el 5%. Si no llegan a la meta, los aportes no se concretan.

"En Chile no conozco el caso de una banda que haya hecho algo similar en esta página", dice Álvaro.

Protistas finalmente cumplió. A 11 horas de terminado el plazo final, ya registraban 3.122 dólares entre 25 personas que ofrecieron dinero a través del sitio web.

Lo obtenido por Kickstarter se invertirá de la siguiente forma: 1) pagar los costos del segundo LP de la banda, 2) remunerar el trabajo de la gente externa que ha colaborado con ellos en este proceso, y 3) reembolsar la deuda que adquirió Protistas con la pareja de Álvaro Solar, quien les hizo un préstamo para la grabación del álbum que viene.

Hoy Álvaro trabaja en la productora Retina, que está a cargo de la edición y post-producción de la nueva serie de ficción de TVN, "Los archivos del Cardenal", que se estrenará durante el año en la señal pública. "Si yo no hubiese agarrado papa con esto de la música, estaría ganando muchas más lucas en otra cosa después de 'Gen Mishima'... pero no quise. Se que esto no me va a dar plata, tienes que vivir de una forma más austera, con amigos. Eso no significa que sea una mala calidad de vida. Uno tiene que sacrificar algo para ganar lo otro".

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El Fondart causa reacciones disímiles entre los músicos. Andrés Nusser, guitarrista y vocalista de Astro, presentó un proyecto junto a su banda, pero no lo ganó. Sí lo hizo Dënver, que con parte de los fondos grabó "Música, gramática y gimnasia", el disco que los tuvo de gira por España hace pocos días.

Astro postuló al Fondart para financiar su segundo álbum, el mismo que hoy está en etapa de mezcla y que continuará la senda de "Le disc du Astrou" (2009), la producción que ya lleva 2000 copias vendidas en México desde septiembre del año pasado. El nivel de exigencia de la banda es alto y Andrés lo sabe. Por eso no duda en llamar a Astro una empresa, y tiene claro cuál es y ha sido siempre su "misión": poder vivir completamente de la música.

"Hoy ningún integrante está dedicado a tiempo completo al grupo. Cada uno tiene un trabajo paralelo. Y si uno tiene como prioridad y le das todo tu tiempo a esto, tiene que ser recompensado de alguna manera", dice.

El dinero que perciben, hasta el momento, se guarda. Las ganancias van a un fondo destinado a costos de producción y requerimientos técnicos. Como no ganaron el Fondart, tuvieron que reunir uno a uno, y por su cuenta, los pesos para financiar el segundo disco. El proceso Andrés lo agradece, sobre todo por el tiempo y dedicación que recibió el nuevo trabajo: "Una agrupación como ésta no se puede gastar la poca plata que genera, porque necesitamos que crezca, como cualquier otra empresa".

Para Astro producir un disco y llegar al máster, cuesta entre 2 y 3 millones y medio de pesos. Eso considerando que Andrés es el productor del álbum y que su trabajo no está siendo remunerado. Si la banda tuviese un productor externo, el costo se elevaría en promedio 2 millones más.
 
El caso de Pamela Sepúlveda (voz tras Fakuta, su proyecto solista de indie pop) es similar. De lunes a viernes trabaja como arquitecta en una empresa inmobiliaria, y los fines de semana y en las tardes se dedica a la música. Toca, en promedio, una vez al mes, y reconoce que recién ahora las cuentas le cuadran y puede recuperar el dinero invertido en la música:

"Yo pago sueldo a los coristas, ellos hacen un trabajo, me prestan un servicio, y de alguna forma hay que remunerarlo. Vivo bien. No paso penurias. Hago lo que me gusta y no me complica trabajar en las dos cosas. De repente es cansador eso sí", dice Fakuta.

A veces las marcas de ropa, cerveza, jeans, fichan a bandas independientes para ser sus sponsors. El trato suele ser un canje: "Si una marca de cerveza hace una fiesta en la que tocas, te pasará cerveza, no plata. O te darán difusión. Desconozco cómo es el trato con todos los músicos", dice Andrés Nusser.

La vida del músico es difícil, pero el sentir general es -paradójicamente- de bienestar.

"La música es una forma de vida. No en término de sexo, drogas y rock and roll. ¿Por qué hay tantas bandas emergentes hoy en Santiago si es inviable en términos económicos? Porque lo que gana es la pasión, lo que enriquece espiritualmente es la música. No hay otra respuesta", dice Álvaro Solar, ya con el dinero recaudado para grabar el segundo LP de Protistas

"Digamos que la música da para vivir austeramente. Hoy me da para vivir, y creo que con eso es suficiente. El músico tiene que ser una persona hábil, con su instrumento, su voz, su manera de interpretar y su forma de vivir. Somos un hueso difícil de roer. Por eso hemos sobrevivido miles de años. Porque somos 'vivos'. Supongo que sí", dice Cristóbal Briceño, de ex Fother Muckers.

Él quiere ser padre algún día. "Hoy me cuadra un poco la caja a fin de mes. Pero si ahora quisiera tener un hijo y mandarlo al colegio, no podría".

Cuando eso pase, lo más seguro es que Cristóbal siga recibiendo las frutas y verduras que le manda su abuela desde Lo Pequén.
Chile: el nuevo paraíso del PopEn febrero pasado el diario El País de España dedicó un extenso artículo a la escena musical chilena. En él decían que Chile emergía como una de las grandes potencias de pop independiente cantado en español. Que si en los 90 los países que lideraban eran Argentina y Brasil, ahora los que llevaban la batuta eran los chilenos. Lo extraño es que con las dificultades que aquí se dan para trabajar, la valoración en el extranjero sea tanta.

Aquí dos citas para explicar la mirada que tienen en España de la música local:

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"Exceptuando a Víctor Jara, sus artistas no han tenido la internacionalidad de Argentina o Brasil ¿Quién ha oído en España hablar de Los Prisioneros? ¿Cuánta gente aseveraría que Violeta Parra era chilena? Pero, por debajo, algo pasa: pequeños hitos como '1977', el segundo disco de la rapera Ana Tijoux, nominada para los Grammy en la categoría de mejor álbum latino de rock, música alternativa o urbana. Es la primera candidatura chilena en esos premios desde 2000. O que 'Mena', de Javiera Mena, y 'Audiovisión', de Gepe, las indiscutibles figuras del indie de aquel país, hayan resultado ser dos de los discos de pop en español más destacados de 2010. Y es un flujo continuo: en diciembre aparecía en YouTube 'Los adolescentes', un video con 80.000 visitas que descubrimos que era un tema del disco 'Música, gramática, gimnasia', de unos tal Dënver".

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"Nadie parece ponerse de acuerdo sobre cuál será el siguiente grupo o artista chileno en salir a la luz. Uno de los nombres más citados es el de Fakuta, el alias de Pamela Sepúlveda, una arquitecta de 28 años que ahora apuesta por un pop electrónico y delicado. Pero la avalancha de referencias muestra lo vital de la escena chilena. Aquí van unos cuantos: Perroski, Odisea, Astro, Nano Stern, Chinoy...".

jueves, octubre 28, 2010

¿Cómo ha logrado sobrevivir a internet la industria musical?

El Mercurio

Aunque no se lo diga en público, la industria musical está mejor que nunca. Gracias a los conciertos en vivo, sólo en Estados Unidos quintuplicó sus ganancias comparadas con 1990. Al parecer la enfermedad -internet- terminó siendo el remedio. Aunque, claro, ahora las bandas y artistas deban trabajar realmente.

J.C. Ramírez Figueroa
Cuando Radiohead lanzó In Rainbows el 10 de octubre de 2007, diversos medios y analistas vaticinaron el fin de la industria musical. Aquel mastodonte corporativo que agrupaba estudios de grabación, managers, presupuestos para hoteles cinco estrellas y extensas campañas de promoción.
La idea de que el usuario pagara lo que quisiera para descargar el disco en mp3 fue calificada de "revolucionaria". Sumado a la posibilidad de encargar, por un precio fijo, vinilo, postales y CDs. Supuestamente, pasaríamos a un nuevo estadio de independencia, intercambio digital y sin la malvada industria cultural vendiéndonos looks, rebeldía y disidencia para vender más ejemplares.
Pero dos meses después el álbum apareció en formato CD por los canales de distribución normales, y se organizó una gira mundial en la que, naturalmente, no se podía elegir el precio. Algunos hablaron de la mejor campaña de marketing de los últimos tiempos. Sobre todo porque jamás se transparentaron totalmente las ganancias por las descargas en internet. Sí quedó claro que la industria musical supo reaccionar, aunque aparente lo contrario. Un informe de The Economist demuestra que (al contrario del "autoflagelante" discurso antipiratería) la industria del rock/pop aumentó sus ganancias. ¿La clave? Usar internet como antes se hacía con la radio o MTV, y que los músicos trabajen más. Porque ahora la base del negocio retornó a los shows en vivo. Según la agencia Pollstar, citada por el semanario, entre 1990 y 2008 las ganancias por tickets en Estados Unidos se quintuplicaron. Si hace veinte años los recitales facturaban mil millones de dólares, el año pasado se acercaron a los cinco mil millones. A continuación, cuatro claves que han ayudado a levantar la industria, potenciando el interés por los shows en vivo.
La primacía del espectáculo mediático reforzado con hits.
En un contexto en que no se venden discos (en Inglaterra, país melómano por donde se mire, las ventas han bajado un 40% desde 2001, según la British Records Music Industry) no es de extrañar el éxito de Lady Gaga. Tampoco los subproductos Disney como Jonas Brothers, Miley Cirus o Demi Lovato. Menos, la serie Glee (cuyo núcleo son las versiones "corales" de clásicos de Journey, Cindy Lauper y Queen) o el -inteligente- uso de las polémicas mediáticas de Katy Perry. Todos ellos han llevado al límite esa vieja sentencia situacionista de Guy Debord: "La imagen se ha convertido en la forma final de la reificación (cosificación) de la mercancía".
O, parafraseando, "la imagen es todo, los estribillos nada". La intoxicación digital de videos en Youtube, posteos de Twitter, links, spots multiplataforma son el caldo de cultivo para desarrollar una imagen marca. El talento corre por asumirse como show las 24 horas y saber utilizar desde un peinado nuevo hasta un paparazzeo. Si antes los hits se reforzaban con la imagen (ahí tienen a Kiss), ahora la imagen necesita ser refrescada por alguna canción pegajosa.

Música ilimitada: la gran jugada promocional.
Quienes han probado Spotify coinciden en que es muy difícil volver a escuchar música como antes. En efecto, con estas aplicaciones, la fantasía de tener todos los discos a la mano se aproxima -al fin- a la realidad. Spotify funciona sobre la base de acuerdos con discográficas que no sólo autorizan a distribuir los discos enteros, sino que también los estrenan en esa plataforma. Pero no por mp3, sino vía streaming: la canción se reproduce automáticamente sin necesidad de bajarla (pagando algunos euros se puede usar en el celular).
Es sencillo: una interfaz principal anuncia las novedades (las reediciones de Bob Dylan o el nuevo disco de Belle and Sebastian). A la izquierda, un menú de búsquedas que busca canciones o artistas. A la derecha, una lista de usuarios con los que compartir canciones o listas de reproducción. Basta hacer click en el nombre del artista para acceder a la discografía, singles, reediciones o compilaciones donde figura. También se muestran bandas relacionadas. ¿Problemas? Sólo funciona en Escandinavia, Inglaterra y España. Sin embargo, ya hay versiones alternativas; una de las más populares es Grooveshark, aunque también Myspace o sitios como Terra tienen discos completos gratis.

Los festivales recorren el mundo.
En los próximos meses, Chile tendrá al menos 4 festivales: El Abrazo (cumbre chileno argentina), Live music tour (reggaeton), Sue (pop y electrónica) y Pop Festival (con Katy Perry y Shakira). Hace dos semanas se realizó el Maquinaria 2010, un festival con 3 escenarios que llevó mas de 40 mil personas. Esta fiebre es un fenómeno mundial: las bandas deben trabajar y aprovechar todas las posibilidades, dependiendo de la demanda. Pixies, por ejemplo, se presentó en Maquinaria, y días después ofreció un show exclusivo. En Argentina, Italia, Portugal, Japón y Grecia la experiencia festivalera es similar. Sin olvidar que las bandas ahora viajan más, tal como una empresa, a la conquista de nuevos mercados.

El mercado de la nostalgia.
Da lo mismo que haya sólo dos integrantes originales (Creedence Clearwater Revisited), que la banda se odie (The Police), que no haya un disco nuevo (Sex Pistols), que sean un tributo (Bootleg Beatles) o que el artista esté muerto (Elvis on Tour); la posibilidad de sentir a la banda viva ha sostenido gran parte de los shows de las últimas temporadas. El fetichismo es apoyado con DVDs, temas descartados, versiones mono/stereo, grabaciones de conciertos, diseños de cajas o libros. Así, un fan adulto de rock clásico perfectamente ha comprado más de siete veces la misma grabación: vinilo, cassette, laser disc, CD, remasterización, versión aniversario, caja con extras. Y podemos sumar las compilaciones que se venden en supermercados o Starbucks -¿quien necesita disquerías?