Mostrando las entradas con la etiqueta cumbia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cumbia. Mostrar todas las entradas

domingo, abril 06, 2025

Hagamos un trencito: Chile, país de cumbias



 El Mercurio

La partida de Tommy Rey desató múltiples expresiones de pesar en el medio artístico nacional y masivas muestras de cariño popular. Su propia trayectoria de casi 60 años en el ámbito de la cumbia sintetiza toda la evolución musical y social de este baile desde que se tornó dominante en los gustos del público. Gracias a Tommy Rey y otros grupos, la cumbia desarrolló numerosas variantes propias de Chile, un baile popular que se ha hecho totalmente transversal.


Juan Pablo González 

Universidad Alberto Hurtado


La partida de Tommy Rey, nombre artístico de Patricio Zúñiga (1944-2025), ha dejado en Chile una sensación de orfandad. Es como si la cumbia perdiera a un padre muy querido que nos acompañó por muchos años en momentos cruciales de nuestras vidas. Las múltiples manifestaciones de pesar del medio artístico nacional y las masivas muestras de cariño del público dejan a Tommy Rey en un lugar muy alto en la historia de la música popular en el país. Incluso se ha llegado a pedir que el 26 de marzo, día de su partida, sea declarado el Día Nacional de la Cumbia. ¿Porqué tanto fervor y durante tanto tiempo por Tommy Rey y por la cumbia en nuestro medio?

Siendo justos, al hablar de cumbia estamos hablando de una variedad de ritmos de la costa atlántica colombiana como el porro, el fandango, la puya, o el paseo, que junto con la propia cumbia y sus derivaciones fueron denominados simplemente “cumbia” por la industria discográfica internacional. Es así como estas músicas colombianas se han proyectado hacia Centroamérica, México, Venezuela, Ecuador, Perú, Uruguay, Argentina y Chile, demostrando su adaptación a distintas sensibilidades locales. De hecho, el primer grupo de “cumbia” de impacto internacional, Los Wawancó (1956), fue formado en Argentina por un costarricense, un peruano, un chileno, un argentino y dos colombianos, expresando muy bien la capacidad de la música costeña de adquirir distintos acentos y ropajes.

Parece un misterio la capacidad de lo que llamamos cumbia de constituirse en música de tantas naciones y de desarrollar sus propias variantes locales a la vez. ¿A qué se puede deber eso? ¿Tal vez a la simplicidad de su baile? ¿A la estrategia de la industria de ofrecer distintos ritmos bajo una misma etiqueta? ¿A su vínculo con el imaginario de García Márquez, que la promovió ante la élite política e intelectual bogotana que tanto la despreciaba?


Explosión de cumbias

Lo que tenemos claro es que la explosión de la cumbia en América Latina fue un fenómeno que se produjo en la década del sesenta, justamente cuando Cuba dejaba de exportar nuevos bailes tropicales a la región como lo venía haciendo desde los años treinta con la ayuda de la industria musical y cinematográfica mexicana y estadounidense. Primero fue la rumba, luego vino la conga, y después llegaron el mambo y el chachachá. Entonces, el triunfo de la revolución interrumpió el vínculo cubano con la industria internacional y nos quedamos sin un nuevo baile tropical de moda para los movidos años sesenta. Ese es el vacío que fue ocupado por la cumbia hasta el día de hoy, pues ha sabido compartir espacios con la salsa desde los años setenta, con el merengue desde los ochenta y con el reguetón desde los noventa.

Los bailes costeños colombianos ya eran conocidos fuera de Colombia a mediados de los años cuarenta, en pleno reinado de la conga, especialmente por las giras de Lucho Bermúdez y su Orquesta del Caribe, quien los vistió de frac y logró imponerlos ante la sociedad blanca de Bogotá. La necesidad de grabar en Buenos Aires expuso a la orquesta de Bermúdez al desarrollo instrumental del tango, mejorando el sonido de su agrupación. Esto de algún modo marca el destino de la cumbia, que es su capacidad de adaptación, lo que en gran medida explicaría su dispersión y longevidad. Entonces, a lo largo del tiempo y de la geografía, la cumbia se ha adaptado a distintos estilos y formatos instrumentales, casi todos practicados, sorprendentemente, en Chile.

En efecto, no resulta fácil encontrar un país donde se practiquen hasta nueve variedades de cumbia, como ocurre en el nuestro. En esta larga y angosta faja de tierra podemos encontrar la cumbia orquestal de la colombiana Amparito Jiménez y del venezolano Luisín Landáez; la adaptada al formato de la sonora cubana (con trompetas y percusión latina) de La Sonora Palacios y de La Sonora de Tommy Rey; el chucu-chucu con guitarras eléctricas de Los Viking 5; la cumbia norteña mexicana de Los Luceros del Valle; la cumbia tecno de Amerikan Sound; la cumbia romántica de Américo, y la nueva cumbia de Chico Trujillo, a las que se suman la cumbia villera argentina y la chicha peruana, derivaciones de la cumbia también bailadas en el país.

Sin embargo, estimado lector, es muy probable que usted no haya bailado ninguna de estas cumbias en sus fiestas o bailoteos de adolescente en el siglo pasado, pero que se haya encontrado con alguna de ellas durante la celebración de un Año Nuevo o de un matrimonio en el presente siglo. Como nadie ha tomado clases para bailar cumbia, quizás se haya animado a ingresar a la pista y hasta se haya sumado a un trencito. ¿Qué sucedió, entonces, para que la cumbia se hiciera tan transversal en Chile?


Hagamos un trencito

La respuesta nos remonta a los años noventa, que fue una década revisionista en el campo de la música popular. Bandas que se habían separado en los setenta se volvían a juntar, canciones olvidadas se grababan nuevamente, estilos del pasado volvían a estar en boga, el sonido analógico se ponía de moda en plena era digital, y géneros asociados a otras épocas o sectores sociales ampliaban su alcance. Todo esto promovido por una industria discográfica que no paraba de crecer.

Es así como la cumbia empezó a ser valorada por sectores que en el pasado la ignoraban o simplemente la despreciaban. Entonces, estrellas juveniles de entonces como Joe Vasconcellos encontraron en La Sonora de Tommy Rey una nueva fuente de inspiración, produciendo un cruce de estilos que la industria no tardaría en apoyar. Esto permitió legitimar la cumbia ante sectores más expuestos a músicas de autor, pero también señaló el camino de una cumbia de fusión que se cristalizaría en los años dos mil con la nueva cumbia chilena, apelando a públicos que en el pasado la rechazaban. Tal como había ocurrido con la música costeña para la élite bogotana en los cuarenta, pero también con el tango en Buenos Aires en los años diez y con la samba en Río de Janeiro y el son en La Habana en los años veinte.

Es que en forma recurrente se han blanqueado en América Latina manifestaciones culturales que permanecían al margen de los imaginarios hegemónicos de nación por haber surgido de clases y razas subalternas. Sin embargo, en el caso de la cumbia, también se trata de la tendencia posmoderna del “gusto por el mal gusto”, expresada en el cine de Almodóvar, por ejemplo, o en el auge de la llamada música cebolla en Chile, donde la cumbia comparte espacios con el bolero de Los Panchos o el vals peruano de Lucho Barrios. Es así como el siglo XX terminaba con toda la música de baile a nuestra entera disposición, y con una industria musical que solo acumulaba ganancias.


El papá de la cumbia

La longeva carrera de Tommy Rey, primero como vocalista de la orquesta de música tropical Los Peniques (1953), luego de La Sonora Palacios (1962), y finalmente independizándose con su propia agrupación, La Sonora de Tommy Rey (1982), lo mantuvo vigente en los escenarios chilenos por más de seis décadas. Si bien el comienzo de los años ochenta no era el mejor momento para que un cantante iniciara una carrera independiente debido a las restricciones a la industria y la vida nocturna imperantes en el país, hubo dos factores que ayudaron al despegue de Tommy Rey: el auge del casete, que reducía los costos de producción, favoreciendo la masificación de la música grabada, y el auge de la televisión abierta y en color. En efecto, fueron dos los programas de televisión que contribuyeron a popularizar a Tommy Rey y su sonora: “Sábados Gigantes” de Canal 13 y, en especial, “El Festival de la Una” de TVN, que le permitió a la nueva agrupación aparecer a diario en las pantallas de las familias chilenas tocando cumbia a mediodía, en una época de enorme consumo de televisión abierta.

El modo de cantar pausado de Tommy Rey, con una voz redonda y suave, similar a la de un baladista, dignificaba la cumbia y la hacía propicia para el ambiente familiar de celebración. Entonces, más que el padre de la cumbia en Chile, como se le ha llamado, Tommy Rey sería el papá de la cumbia chilena: el que nos canta en familia en momentos cruciales de nuestras vidas, que lo hace sin estridencias ni gestos extraños, bien vestido, con respeto, discreto, todo un caballero. Curiosamente, en su canto se percibe algo de nostalgia, quizás porque el “año más” que celebramos sea también un año menos; porque está pensando “dejar a Daniela” mientras bailamos con aparente felicidad; porque canta “Cumbia para adormecerte” cuando debemos mantenernos despiertos, o sencillamente, porque en sus cumbias impera la tonalidad menor asociada a la tristeza.

En este país de gustos tan diversos, la cumbia ha contribuido a amalgamarnos como sociedad, desempeñado un papel central en nuestros modos de celebración y permitiéndonos experimentar nuestros cuerpos. La liberación que sentimos al bailar cumbia nos puede llevar a usar la corbata de cintillo o hacer girar a nuestra pareja como si fuera la reina de la pista. Además, la cumbia nos entrega la única coreografía grupal que podemos practicar, sumándonos al famoso trencito en el clímax de la celebración. Todos nos sentimos bien bailando cumbia, así que la próxima vez que la toquen en una fiesta, estimado lector, anímese y báilela con fervor. Esa sea tal vez la única forma de mantener a raya el reguetón.


El grupo de nueva cumbia chilena Chico Trujillo.

La Banda Viking 5, en el Festival de Viña del Mar. TOMAS FERNANDEZ

La Sonora de Tommy Rey , formada en 1982, luego de independizarse su titular de la Sonora Palacios Sonora Tommy Rey

Funerales de Tommy Rey el 26 de marzo pasado, a la salida de la Catedral. Metropolitana. Aton


martes, diciembre 15, 2020

“Un año maldito que se va”: Las cumbias serán virtuales en las fiestas de fin de año

 El Mercurio

Hasta la fecha, Tommy Rey no tiene actuaciones y Américo y Noche de Brujas trasladarán sus espectáculos al streaming . Para el verano, la situación no ofrece mejores perspectivas.

José Vásquez


Tommy Rey cuenta que todavía siente demasiada nostalgia cuando pasa por su clóset y ve sus impecables trajes colgados, con los que ha hecho bailar a miles de personas junto a su sonora. “Cada vez que voy a sacar algo de ahí y veo la ropa me da pena, porque antes la usaba todos los fines de semana. Siempre había trabajo”, dice el cantante, prácticamente un sinónimo de fiesta con su conjunto y que ahora por primera vez, en cuatro décadas, no tiene un escenario donde actuar.


El 31 de diciembre era uno de los días más rentables, junto con el 18 de septiembre, para los músicos tropicales. Una fecha que la pandemia obligó a modificar también en todos los habituales planes artísticos, como ha sido la tónica de este año. El retroceso a la fase 2 en el plan “Paso a paso” en la Región Metropolitana, a solo semanas del Año Nuevo, echó por tierra cualquier intención de espectáculo presencial, como lo habían alcanzado a negociar algunas bandas como Noche de Brujas y que los obligó a buscar alternativas dentro del streaming.


Para Tommy Rey ––parafraseando la canción “Un año más”, el himno de Año Nuevo––, este “más que ser ‘un año menos', será ‘un año maldito que se va'”, señala. Su conjunto no toca frente al público desde comienzos de marzo en Calama, cuando lo hicieron para un show que realizaron para conmemorar el Día de la Mujer y todavía no tienen ninguna certeza de cuándo volverán a actuar con gente.


“Hasta el momento no hemos tenido ninguna oferta de trabajo. Con esto de la pandemia nadie puede contratar nada, como no se pueden hacer eventos, así que aquí estamos aguantando”, expresa Tommy Rey, quien ha tenido ingresos a través de la publicidad con un comercial que grabó para un supermercado y reinventándose, vendiendo saludos virtuales. “Hemos hecho videos para empresas y a mí me han pedido saludos para cumpleaños por los que me han pagado”, cuenta.


Así, la fiesta de Año Nuevo, animada por los habituales conjuntos de cumbia, se deberá trasladar al streaming. Noche de Brujas tendrá su Festream 2021, junto a Garras de Amor y otros conjuntos, y Américo se unirá a Luis Lambis en el espectáculo “Te queremos ver 2021”, ambos planificados para comenzar antes de la medianoche del 31 de diciembre y que se extenderán por varias horas hasta la madrugada del 1 de enero. Otra alternativa la presenta Cristián “Chico” Pérez en su faceta de DJ con una fiesta basada en los éxitos de los 80 y los 90.


El padre y manager de Kanela, Manuel Muñoz, cuenta que el propósito de Noche de Brujas era apoyar con este evento a otros conjuntos que han sido más afectados económicamente durante esta pandemia y que todavía están en negociaciones para realizar presentaciones virtuales para celebrar el Año Nuevo en algunas comunas del sur del país. Incluso, habían tenido conversaciones para tocar ayer en Villarrica en un espectáculo con motivo del eclipse, que finalmente se descartó por las restricciones del covid-19.


Para el verano, la situación sigue siendo de incertidumbre, señala Muñoz, quien admite conversaciones con algunos municipios, aunque todavía no firma ningún contrato.


Las entradas para el Festream se consiguen en Eventrid; para “Te queremos ver 2021” en Puntoticket y para “¡Chao 2020!” en Passline.

viernes, enero 18, 2019

La nueva cumbia enciende el Festival de Olmué

El Mercurio

El público se rindió desde el primer momento y el Patagual se convirtió en una fiesta. Luego de una breve introducción instrumental, Aldo "Macha" Asenjo entró al escenario como maestro de ceremonia de la esperada presentación de Chico Trujillo. Una de las bandas más exitosas del país, pero reacia a los medios, que hace 10 años no estaba en pantalla abierta, precisamente cuando estuvieron la primera vez en Olmué y luego de varias negativas a Viña. El grupo rompió ese silencio y anoche fue el encargado de abrir la quincuagésima versión del Festival del Huaso de Olmué, con un combo de tres canciones infalibles: "Así es que vivo yo", "Medallita" y una reversión de "Pobre caminante".

Los instantes previos al show fueron con una obertura dedicada a las tradiciones costumbristas y a algunas de las principales danzas del país. El ambiente se dejó sentir desde el comienzo, con una barra que esperaba ansiosa a Guachupé, a cargo del cierre de la noche, y en una jornada dedicada a la llamada "nueva cumbia chilena". Con algunas deficiencias de audio en el show de Chico Trujillo, "Tus besos son" hizo que el Patagual se convirtiera en un estadio, con coros y gritos. A mitad del show , "Loca" marcó el peak de la presentación, mientras en el palco la animadora de Viña, María Luisa Godoy, bailaba, al igual que la nueva pareja de conductores de "24 Horas Central", Carolina Escobar y Gonzalo Ramírez, que TVN oficializó anoche en el anfiteatro.

Entre las 22:00 y 23:53, TVN marcó 13.8 puntos de rating , empatando con Mega. Le siguieron CHV, con 12, y Canal 13, con 8.6. La señal pública alcanzó un peak de 19 puntos durante el show de Chico Trujillo.

José Edwards, productor ejecutivo del evento, cuenta que trabajaron desde abril pasado en esta versión. "Como es un festival de música de raíz, veníamos desarrollando un concepto visual y de puesta en escena, con respecto al tipo de artistas que tenemos y lo que queremos hacer a nivel nacional", explica y agrega que este año quisieron darle mayor presencia a la cumbia. En tanto, la pareja de animadores Karen Doggenweiler y Cristián Sánchez contaban ayer por la tarde que hicieron un pacto: tratar de romper la formalidad sobre el escenario. "Acordamos que no queríamos tarjetas, para improvisar un poco y sentir lo que dice el público", dijo Doggenweiler.

Esta nueva versión de Olmué llega en uno de los momentos más difíciles para TVN, la señal que lo organiza. La estación marca 4,3 puntos en lo que va del año y está cuarta en sintonía, lejos de Canal 13 (5,3), CHV (6,1) y Mega (8,6). Su gran apuesta para las noches de este verano era la turca "Esposa joven", pero la ficción promedia 6,2 unidades y queda cuarta en el horario estelar. "Nos ha costado el prime ", admite Alicia Zaldívar, directora ejecutiva interina de TVN, y señala que el matinal, los noticieros y las tardes se están volviendo más competitivas. La ejecutiva dice que Olmué y Viña del Mar son festivales importantes para la señal. "No solo tiene que ver con el en vivo, sino porque también se genera esa conexión con la audiencia y diversifica la pantalla programática del verano".

martes, septiembre 12, 2017

La cumbia con sello chileno se impone en Fiestas Patrias

El Mercurio

Esta época reabre el debate sobre el origen de la música que suena en las fondas. Los hechos confirman que los ritmos centroamericanos se han adaptado localmente para ser los más populares.  

Por Raimundo Flores 

Un largo camino ha recorrido la cumbia para convertirse en un indispensable de las fiestas dieciocheras. Fue en los 60 cuando un hasta entonces desconocido ritmo tropical comenzó a filtrarse en la sociedad chilena. Los primeros artistas que la introdujeron venían desde afuera. La cantante colombiana Amparito Jiménez y el venezolano Luisín Landáez llegaron separadamente a Chile dando a conocer los ritmos que predominaban en sus tierras.

Paralelamente, en Argentina comenzaban a brillar Los Cinco del Ritmo y Los Wawancó, banda con integrantes de Costa Rica, Perú, Colombia y Chile. En 1965 un grupo chileno, La Sonora Palacios, que en ese entonces tocaba boleros, realizó una gira por el país trasandino, donde conocieron a estas agrupaciones y decidieron tocar en Chile lo que habían oído en su gira. "En ese tiempo las sonoras tocaban chachachá o guarachas, pero no cumbia. Cuando la Palacios pegó, empezaron a salir un montón de sonoras, fuimos los primeros en empezar a meter ese ritmo en Chile", recuerda Tommy Rey, en ese tiempo vocalista de la banda.

El éxito y la popularidad de los ritmos tropicales siguió sin grandes cambios hasta fines de la década de los 90, cuando un grupo de artistas llevaron la cumbia a un nuevo sitio. Joe Vasconcellos incluyó en su disco "Toque" (1995) la canción "Las seis", un homenaje a las antiguas orquestas tropicales y que llevó la cumbia a un público más rockero. Una transformación que, según el mismo Vasconcellos, se completó con la aparición otro popular grupo en 2001: "Yo le adjudico a Chico Trujillo la cumbia con pinta de rockero. Ese fenómeno abarcó a un público gigantesco que estaba huérfano de algo".

De ahí en más, la música tropical chilena comenzó a revestirse de nuevos seguidores y sonidos que han generado una identidad propia. Este fenómeno se refleja más que nunca en la actualidad del género en Chile, donde una nueva generación de artistas ha cosechado éxitos sin temor a la fusión de estilos. "Cómo se toca la cumbia acá, las cosas que se hablan, cómo se metió la guitarra eléctrica e incluso cómo hacemos reggaetón dista mucho de lo que se hace en Centroamérica", dice Camilo Zicavo, uno de los vocalistas de La Moral Distraída, que mezcla ritmos tropicales con sonidos urbanos.

En el caso de Villa Cariño, su último disco "Despertar" experimenta con otros géneros latinoamericanos como el dembow y el huayno, aunque sin dejar su esencia chilena. "El hecho de que se haga aquí en Chile ya la hace distinta; sin embargo, en nuestro caso nosotros tratamos de captar los colores de toda la América latina" explica Max Vivar, vocalista del grupo.

En las fondas

Más allá del eterno debate sobre la predominancia de los ritmos tropicales durante las festividades dieciocheras sobre la cueca, los hechos indican que su popularidad está lejos de reducirse. "La cumbia es más popular y vende más en la discotheque , entonces tiene mucha más cabida. Esto amplía nuestro espectro musical como chilenos y enriquece nuestra identidad", afirma Sebastián Rojas, conocido como Don Cupón, vocalista del grupo Sondelvalle.

Además de la razón económica, el triunfo está dado por un hecho más simple: lo fácil que es bailarla. "Es difícil bailar cueca y, cuando toca un grupo folclórico, la gente a la media hora tiene ganas de bailar música más conocida. La cumbia nunca va a reemplazar a la cueca, pero llega a todos lados", dice Tommy Rey. Camilo Zicavo agrega: "El chileno busca ritmos que sean propositivos para el cuerpo y para el baile, y en la música del trópico se encuentra un lugar muy abordable y muy fácil de bailar".

El musicólogo y director del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado Juan Pablo González considera también que en el gusto por la cumbia se esconde una aspiración del chileno: "Hay una cierta sobreactuación, de sentir que tenemos sabor y que formamos parte de un mundo tropical que nos fue ajeno, que tratamos de integrar como podamos porque sabemos que de ahí viene todo lo bueno en el ámbito de la festividad".

sábado, agosto 12, 2017

La vida de Mario Galeano Toro es la cumbia

El Mercurio

Denominado como el responsable de llevar la cumbia al mundo entero, el músico colombiano del Frente Cumbiero repasa el auge alternativo del género, mientras se prepara para presentarse en Santiago, el próximo jueves 17 de agosto.  

Felipe Ramos 

M ario Galeano Toro viene de pasar unos días fuera de Bogotá, por lo que lleva "un tiempito" trabajando en su casa antes de partir en una minigira que lo tendrá tocando en Chile y Argentina, en lo que es su primera visita a nuestro país desde que estuviera en el festival Sonar, en diciembre de 2015. Tal como en aquella ocasión, el músico colombiano estará presentando un Dj Set en el Bar Loreto, basado en su trabajo con el Frente Cumbiero, uno de sus tres proyectos que lo mantienen -junto a Los Pirañas y Ondatrópica- como uno de los artistas más activos de su país y que le han valido ser llamado "El comandante de la Cumbia" y que "El País" de España lo situara como el responsable del reposicionamiento de la cumbia en el mundo.

Si bien ha dedicado gran parte de su vida adulta a posicionar los ritmos colombianos y caribeños, trabajando con artistas de la talla de Mad Professor y Jorge Drexler, él rehúsa todos estos apelativos que los medios le han dado. "Yo no sé de donde vienen estos términos. Quizás sea porque el Frente Cumbiero surgió antes de que apareciera esta nueva moda alrededor de la cumbia. Ahora son afirmaciones muy grandilocuentes que no tienen pies ni cabeza, ya que el resurgimiento de la cumbia ha tenido muchos protagonistas", dice.

Aunque se piense que Colombia y la cumbia van de la mano los 365 días del año, la verdad es que la gran mayoría ve a este género como algo anticuado que solo se escucha y baila para Navidad. De acuerdo con Galeano Toro, "la cumbia hasta los años 80 estaba presente en todos los ámbitos, pero luego fue relegada por el vallenato, transformándose en algo muy tradicional y campesino. Hoy la radio colombiana pasa vallenato, reggaeton , un poco de salsa y pop gringo, pero no cumbia".

-La cumbia por estos lados está en boga desde hace años, pero adquiriendo un ribete más alternativo. Pasa con ustedes y Bomba Estéreo en Colombia, con la chicha peruana, con Gepe, Villa Cariño y Chico Trujillo en Chile. ¿A qué atribuyes este movimiento latinoamericano?
"Yo estimo que este resurgimiento tiene que ver exclusivamente con internet a partir de finales de los 90 y principios de los 2000. Esto hizo saltarnos esas 'biblias' de la música que nos decían qué era adecuado escuchar o no, lo que permitió a proyectos como el Frente Cumbiero estar en contacto con gente en Argentina, México, España u Holanda. Al entrar en esta comunicación más directa, se va construyendo una comunidad que adquiere una visibilidad hacia afuera".

Aunque se ha hecho un nombre a través de los ritmos caribeños, Mario Galeano Toro comenzó tocando rock y jazz a principios de los 90. De ahí creó el Ensamble Polifónico Vallenato, grupo que él mismo define como muy experimental y ruidista, que básicamente tocaban un tipo de vallenato y cumbia politonal muy denso. Esos fueron los primeros pasos a finales de los 90, pero poco a poco comenzó a investigar sobre la cumbia en el continente, viajando a México, Perú y Argentina, y creándose un mapa mental para aportar con un proyecto de corte latinoamericanista.

-Además del Frente Cumbiero realizas tus DJ Sets y estás metido en estos otros grupos. ¿Cómo separas tu trabajo creativo en cada proyecto?
"Los tres proyectos tienen un corte tropical, pero con ángulos muy diferentes. Ondatrópica es muy de raíz, en el cual tocamos con músicos mayores y que tiene una visión más clásica, con una orquesta, vientos, timbales y cantantes, teniendo un repertorio más tradicional. A su vez, Los Pirañas tienen un sonido más brutal, en la psicodélica y el ruido; mientras que el Frente Cumbiero está más centrado hacia la pista de baile, con elementos del dub y electrónicos".

-Para un artista colombiano que comenzó en el rock y jazz, debe ser interesante perfilarse desde un sonido tan propio como la cumbia, género que ha sido apropiado por artistas de la talla de David Byrne.
"Lo que nosotros hacemos en Bogotá no está muy presente en los medios colombianos; sin embargo, tiene una presencia underground muy interesante. Entonces es muy importante tener una escena haciendo un ejercicio de colonización en contraposición de lo que viene desde Europa y Estados Unidos. Nosotros hacemos una resistencia sonora no desde una perspectiva colombiana, sino más latinoamericanista que habla de las vivencias que pasan en nuestros países. Esta resistencia está fundamentada en investigación, creación y difusión, y al fin de cuentas esto enriquece el lenguaje universal de la música. Si todos nos hacemos expertos en rock vamos a terminar con una mirada anglocentrista y creo que es importante que existan diferentes epicentros de búsqueda de otras estéticas".

Ritmo pirata

"Baile Bucanero" se llama el segundo disco de Ondatrópica, uno influenciado por los mitos e historias de los piratas ingleses que llegaron al Caribe. Consultado si existe un sonido en común que vaya desde la costa colombiana hasta las Bahamas, esa mezcla entre cumbia, reggae, dub y calipso, Galeano Toro dice que básicamente es la misma factura musical con los mismos ingredientes mezclados de diferentes formas. "Quien esté al otro lado del Caribe y escuche la cumbia o el porro colombiano va a encontrar elementos absolutamente comunes. Eso mismo pasa en Nicaragua o Nueva Orleans, y eso es lo que tratamos de buscar en este disco de Ondatrópica. Ahora hay mucho interés por la música haitiana, donde no se habla ni inglés ni francés", señala.

-En Chile hemos recibido una gran cantidad de inmigrantes colombianos y haitianos. ¿Cómo crees que eso influenciará los sonidos que escuchamos acá?
"Por la posición geográfica de Chile, esas cosas más negras no han tenido tanta difusión, y la cumbia que llegó al sur de Latinoamérica ya pasó por un proceso de mediación de la industria musical, donde se ablandó para no ser tan agresiva. Definitivamente existen otras vertientes más afro que tienen un golpe mucho más contundente".

-Yendo a tu DJ Set, ¿qué es lo que buscas en tus fiestas?
"Básicamente, llevo la música del Frente Cumbiero con sintetizadores, máquinas de ritmo y lo mezclo con vinilos de cumbia, dub y música africana, presentando una línea particular de los ritmos cumbieros que espero que sea del gusto de los hermanos chilenos que irán a bailar".

 Desentrañando el fenómeno "Despacito"

Mario Galeano Toro, además de participar en tres grupos, es músico de formación y estudió composición centrado en Música Popular en la Universidad de Rotterdam. Desde su posición como conocedor de los ritmos centroamericanos, desmenuza el fenómeno de "Despacito", el gran éxito planetario de Luis Fonzi y Daddy Yankee. Según él, todo "tiene que ver con la preparación de los meses y años interiores en los cuales el reggaeton estaba haciendo una fuerza en el ámbito global. Así pasó con los temas de Enrique Iglesias, y luego con el hecho de que Justin Bieber haya metido elementos del reggaeton en su sonido. Todo eso pavimentó la llegada de este megahit cuya clave está en el propio 'Despacito', que puede cantar cualquier persona sin importar el idioma que hable".

Mario Galeano Toro estará en Bar Loreto (Loreto 435, Recoleta) el próximo jueves 17 de agosto, a las 22:00 horas. El precio de las entradas es de 8.000 pesos en preventa, a través de la página Music Jungle, y de 10.000 pesos en la puerta del bar el día del evento.

domingo, julio 24, 2016

La nueva cumbia es el nuevo rock

La Tercera

La música tropical que explotó este siglo con Chico Trujillo o Guachupé luce hoy la convocatoria, la actitud y la fanaticada que antes tuvo el rock.

Claudio Vergara y Andrés del Real

Escena de un show de Chancho en Piedra en los 90: cientos  de militantes marchan como pingüinos en la Antártida, acarreando toda clase de artefactos dedicados al grupo y levantando una hermandad inimitable. Escena de un show de Guachupé en los 2000: cientos  de militantes marchan como pingüinos en la Antártida, acarreando toda clase de artefactos dedicados al grupo y levantando una hermandad inimitable.

La vida es circular y la música aún más. El fenómeno bautizado como la nueva cumbia chilena -nacido a principios de siglo como un estilo que exhibe fusión con otros ritmos, pólvora política y actitud indie- se ha transformado por lejos en el más convocante de la escena local y ha llenado el lugar que el rock ocupaba hasta hace un par de años. “Hoy el rock es la cumbia. El ser rockero es ser cumbiero, porque el rock no convoca como lo hacemos nosotros. Es cosa de ver como los bares de rock dieron paso a los lugares de cumbia”, se suma Rodrigo Medel, de Tomo Como Rey.

Ante bandas rockeras que se desintegraron (Los Bunkers), algunas cuya pausa hizo menos permanente su arrastre (Weichafe), y otras cuyo público se ha hecho más adulto (Sinergia, Chancho en Piedra), los conjuntos tropicales son prácticamente los únicos capaces de repletar recintos como el Caupolicán y el Movistar Arena, de articular en sus letras el pulso de la calle y de generar un vínculo con el público parecido a la fraternidad. Aún más: lucen victorias tanto o más voluminosas que sus coetáneos del nuevo pop chileno, esa camada integrada por Gepe o Dënver que ha ganado la representatividad de la música local en la nueva era.

Nelson Alveal, de Guachupé, otro de los emblemas, profundiza: “Los medios y la industria siempre llegan con retraso. Uno podría relativizar los conceptos de under y masividad: ¿quién es más under, Javiera Mena que hace un Caupolicán, o Santa Feria que va a llenar un Movistar Arena? Hay grupos con mucha repercusión en los medios, pero no tienen una representación real en la cantidad de público”.

La nueva cumbia empezó a advertir su potencial a principios de este siglo, cuando los pioneros -Chico Trujillo, Juana Fe, Banda Conmoción, La Mano Ajena, Villa Cariño- encontraron en recintos más bohemios y menos acicalados, como el Galpón Víctor Jara o el bar Las Tejas, a una audiencia juvenil que quería bailar, pero sin olvidar su gusto por el punk o el ska, y que demandaba un contenido mayor a un sonido siempre escapista.

“Esa fue la clave: la cumbia de siempre era puro amor y fiesta, y faltaba una propuesta que fuera una descarga social. Pasarlo bien con contenido. Y esa fue la mezcla perfecta: hacer música bailable cruzada con rock o reggae, más amplia, pero que mantuviera ese sentido humilde de la cumbia, que finalmente te deja hacer lo que quieras”, dice Alonso González, líder de Santa Feria, grupo que el 5 de agosto estará en el arena del Parque O’Higgins -llevan 8 mil entradas vendidas- y que tiene temas alusivos a la legalización de la marihuana y a los gobiernos de Piñera y Bachelet. “A diferencia del rock, la cumbia es mucho más democrática, no discrimina ni crea estereotipos”, refuerza Medel.

Otros músicos creen que la fortaleza de este cancionero se explica precisamente en su cuna en espacios normales y sin mayor pompa, con músicos sin ninguna formación académica y adscritos a la autogestión. “Aquí no hubo una marca, ni productores imponiendo una tendencia”, subraya Alveal. De hecho, Guachupé cuenta con una comunidad de fans que los sigue a todos lados, portando poleras, paraguas, lienzos y banderas con los símbolos del grupo, a la usanza de las barras futboleras. La marca deportiva Lotto se fijó en ellos y a la fecha ha vendido cerca de 2.500 camisetas, bajo un logro rotundo: las poleras de Guachupé se compran más que las de muchos clubes de fútbol. Otros, los Combo Tortuga -que cuentan con fanáticos bautizados como Tortucabros o Tortuebrios- ganaron el reciente premio Pulsar a Artista del año y sus temas están entre lo más escuchado de Spotify Chile. Ha salido un nuevo estilo de baile y ya todos lo saben.


miércoles, enero 01, 2014

Así se gestó la cumbia chilena con guitarra eléctrica

El Mercurio

Gonzalo Cordero Riquelme exploró los inicios de esta popular música, y elaboró un método de estudio basado en el aporte de Eduardo Macuada.

IÑIGO DÍAZ

Mañana en la noche, en cada radio del país volverá a sonar uno de los mayores "standards" de la música popular chilena. "Un año más", de 1977, fue originalmente una canción con pulso de bolero escrita en vísperas del Año Nuevo por el coquimbano Hernán Gallardo, quien falleció en julio pasado, a los 85 años. Pero la transformación mayor de esta melodía es responsabilidad de Los Vikings 5, conjunto del mismo puerto, que la llevó hasta la altura máxima de la cumbia local.

"Los Vikings 5 dicen que Gallardo, un músico que en los años 70 tocaba el piano en bares y boites de Coquimbo, llegó con esa canción para que la incluyeran en su repertorio. No tengo claro que haya sido así, pero sí sé que esta versión de 'Un año más' es uno de los más grandes ejemplos de lo que se llama 'avikinzar' una canción", dice Gonzalo Cordero Riquelme, autor de una reciente investigación acerca de la cumbia chilena.

"Avikinzar" es un verbo propio, una acción que viene a explicar los efectos de la "articulación vikinga"; es decir, la manera en que se crea una nueva pronunciación musical cuando Los Vikings 5 están en un escenario. Cordero Riquelme, además integrante de la Sonora Barón de Valparaíso, centró su estudio en este universo nuevo de la cumbia chilena tocada con guitarra eléctrica, toda una novedad para 1969, que nació con este grupo y en este puerto. El autor la llama "cumbia porteña".

Sus conclusiones están en el libro "La guitarra tropical chilena" (Ediciones Universitarias de Valparaíso PUCV), que el 14 de enero se lanzará en la Feria del Libro de Viña del Mar. Escarba en la gestación de esta variante de cumbia con guitarra en contraste a las de las grandes sonoras capitalinas o los grupos del Norte Grande.

"En Coquimbo no había dinero como para que los grupos que allí tocaban pudieran comprar instrumentos de viento, como trompetas. Tampoco había músicos que las tocaran. Por eso echaron mano a la guitarra eléctrica, que era el boom en los 60", cuenta.

La cumbia con guitarra sería el resultado de una serie de variantes que confluyeron en Coquimbo: la llegada del grupo Los Fénix desde Chuquicamata, con el astro de la guitarra Ricardo Pérez, y luego la aparición de René "Guatón" Varela, integrante del grupo coquimbano Los Vampiros. "Si Pérez definió el sonido con la cámara de eco, Varela representó el espíritu bohemio. En ese cruce nacen Los Vikings 5 en 1969", dice Cordero Riquelme.

Además de las 21 transcripciones en partitura de sus cumbias más famosas, el libro funciona como método de estudio de guitarra. Fue realizado junto al gran guitarrista de Los Vikings 5, Eduardo "Lalo" Macuada, quien depuró la propuesta de su antecesor en la banda, Guillermo Montero. "Macuada llegó al grupo a los quince años. Hoy tiene 51 y sigue siendo un músico fundamental y reconocido. Tú preguntas por él allá y lo ven como un referente del sonido que tiene la cumbia chilena con guitarra eléctrica, porque Lalo no era un cultor de música tropical, sino un músico al que le gustaba el rock and roll ", cierra el autor.

sábado, septiembre 21, 2013

Cuatro argumentos a favor de la cumbia chilena

El Mercurio

Fuimos el último país al que ingresó este género colombiano, ya en los años 60. Lo chilenizamos y se convirtió en la banda sonora del trasnoche. Hoy está más transversal. Aquí, las razones para creer que sí existe una cumbia nacional.

Romina de la Sotta Donoso

Estuvo mucho tiempo relegada al trasnoche, pero ahora está de moda. "La cumbia es transversal, porque ocupa diferentes espacios y la bailan distintas clases sociales y de todas las edades. Un conjunto cualquiera puede estar hoy actuando en La Tuna de Mapocho y mañana en el Amanda de Vitacura; estará igual de lleno y la gente baila igual de feliz. Pero esos públicos no se van a encontrar nunca", dice la socióloga Eileen Karmy, magíster en musicología, que junto a su colega Lorena Ardito, la historiadora Alejandra Vargas y la antropóloga Antonia Mardones fundaron el Colectivo Tiesos pero Cumbiancheros (www.tiesosperocumbiancheros.cl) en 2010.

"En la universidad fuimos testigos de la revalorización de las sonoras, con Tommy Rey actuando en las fiestas mechonas y La Noche sonando en las radios", cuenta. Además, se produjo la arremetida de grupos como Chico Trujillo, Juana Fe, Banda Conmoción y Villa Cariño. Todos reconocían el trabajo de las sonoras que les habían antecedido. "Chico Trujillo, por ejemplo, rinde homenaje a la cumbia antigua. Partieron tocando covers de cumbias de los años 60, de Mike Laure y Tulio Enrique León, que era lo que escuchaba Marty Palacios en esa época", agrega.

Karmy y sus colegas del colectivo tenían una sola inquietud: ¿Por qué pasa esto ahora, si las sonoras llevan 50 años? "Quisimos estudiar el tema, pero no encontramos nada escrito", confiesa Karmy. Por eso empezaron su propia investigación de campo. Entrevistaron a decenas de músicos y en julio publicaron, en la revista "Resonancias" del Instituto de Música UC, el ensayo "También yo tengo mi cumbia, pero mi cumbia es chilena". Aquí, sus argumentos.

1.- Ya en los años 50 tiene gran éxito comercial en el continente la cumbia de exportación en formato big ba nd , cuya máxima figura es la Orquesta de Lucho Bermúdez. Pero a Chile llega recién a comienzos de los años 60. Tanto se demora, que desembarca junto con dos variantes en formato rock: la cumbia mexicana de Mike Laure y la argentina de los Wawancó. "Ellos usan teclado, guitarra eléctrica y timbales. Al mismo tiempo, se instalan en Chile músicos colombianos que vienen con la cumbia en el cuerpo: Amparito Jiménez y Luisín Landáez. Y acá fue el único lugar donde todo eso se mezcló", explica Karmy.

2.- "La Sonora Palacios creó el primer formato de cumbia chilena: la sonora. Escuchando las big bands colombianas e inspirándose en orquestas cubanas, como la Sonora Matancera, toman estas grandes orquestas de muchos bronces y clarinetes, y las traducen a tres trompetas, piano, bajo eléctrico, tumbadora, timbales y platillo. Ahí está la genialidad de Marty Palacios, en sus arreglos para trompetas", dice la investigadora. Esas introducciones son la clave de la cumbia chilena: "Cuando parte una introducción no hace falta esperar que entren a cantar; uno sabe de inmediato qué canción es".

3.- Todos los músicos que el Colectivo Tiesos pero Cumbiancheros entrevistó reconocen que en Chile se simplificó el ritmo de la cumbia, se cambió la acentuación del compás: "Se adaptó el ritmo marcando bien fuerte el tiempo uno, mucho más que el tiempo débil, que es lo que da la cadencia a la cumbia colombiana. Los músicos dicen que es para ayudar a bailar al chileno, que le cuesta tanto la cosa asincopada". Este tiempo fuerte lo marcan el bajo, el cencerro o el platillo.

4.- Somos los únicos del continente que aplicamos tanta libertad coreográfica en la cumbia. "No tenemos secuencia de pasos: en la cumbia uno se mueve nomás. Incluso hay gente que se mueve sin seguir el ritmo. Disfrutan la fiesta, lo pasan bien". Es una modalidad "jocosa, espontánea y poco agraciada del uso del cuerpo", llena de gestos nada galantes. "El baile en pareja siempre es echando la talla y emulando picar cebolla o secarse con la toalla, que son cosas súper cotidianas. Todos tenemos en la cabeza la imagen de una señora haciendo aseo y escuchando cumbia".

martes, noviembre 20, 2012

Villa Cariño proyecta la internacionalización con su tercer disco

El Mercurio


La banda que comenzó como telonera de Chico Trujillo se prepara para lanzar "La fiesta es de nosotros", que presentarán en México y Argentina.

José Vásquez

Será el tercer disco en cuatro años. Una producción acelerada en una banda que comenzó su carrera animando las fiestas que tenían como plato de fondo a Chico Trujillo en las maratones cumbiancheras del Galpón Víctor Jara en la Plaza Brasil y que hoy, a punto de lanzar "La fiesta es de nosotros", fija en el extranjero sus próximos pasos con presentaciones en México y Argentina.

"Nunca hemos tocado fuera del país y estas son nuestras primeras fechas confirmadas. El plan es editar nuestra música en los lugares en que toquemos", dice Max Vivar, vocalista de Villa Cariño sobre los shows que darán entre el 15 y el 17 de febrero en la capital mexicana y entre el 14 y el 16 de marzo en Buenos Aires y Córdoba.

Su última producción de 17 canciones incluye covers a La Pozze Latina con "Chica eléctrica" y el éxito de José Luis Rodríguez "Tengo derecho a ser feliz" que se decidieron a hacer una tarde en que toda la banda estaba desanimada, cuenta Max. "Había una onda depresiva en el grupo en invierno. Un día antes de llegar a un ensayo escuché esa canción en la radio y la propuse para que nos animáramos y funcionó perfecto en merengue. Este año el Puma estuvo harto tiempo en Chile, pero no tuvimos la oportunidad de juntarnos con él. Ojalá le guste si es que alguna vez la escucha".

-¿Crees que el boom de la nueva cumbia tocó techo?
"Ojalá que ya haya llegado a su punto máximo y ahora llegue una nueva música chilena. Hay aires de querer renovar esto. Quizás en nuestro próximo disco no hagamos cumbia, sino que ritmos latinos en otras claves".

"La fiesta es de nosotros" tendrá un doble lanzamiento en vivo el próximo 30 de noviembre en el Teatro La Cúpula del Parque O'Higgins. La primera función será a las 20:30 horas en la que los menores de 8 años entrarán gratis y la segunda a las 22:30 con fiesta post show. La entrada dará a derecho a una de las 3 mil copias de la edición especial del disco.

sábado, mayo 19, 2012

Tommy Rey: "Nunca me ha gustado ser el centro de la fiesta"



La Tercera


A 30 años del debut de su sonora, Patricio Zúñiga (67) habla de su perfil tímido y de su alergia a las grandes reuniones sociales.

por Claudio Vergara


El 18 de septiembre de 1999 la escena era la misma de cada año: La Sonora de Tommy Rey aparecía sobre la tarima principal de la Yein Fonda para animar a una masa dispuesta a hacer el trencito, brindar varias veces por la bandera tricolor y extender el borroso orgullo patrio hasta el filo de la madrugada. La escena era la misma de cualquier 18 de Septiembre de los últimos 50 años, salvo un detalle: esa jornada, el cantante no debía estar ahí. Tenía que estar en un funeral: 24 horas antes, el día 17, su madre había fallecido a los 93 años.

“Pero nosotros teníamos que tocar: no nos quedaba otra”, recuerda el intérprete. Luego justifica: “El 17 fuimos al velorio un ratito y después tocamos. Al otro día, fuimos al funeral otro ratito y de ahí de nuevo a actuar. Estábamos comprometidos y jamás pensé en cancelar el show. Pero lo soporté bien, todo el mundo estaba vuelto loco y no tenía idea de mi problema. En la última presentación, cuando canté el bolero Angustia, me liberé y lloré. Pero así es nuestro sistema: en el grupo somos 10 y, si a uno le pasa algo, no puede parar al resto. Me sentía muy triste, pero lo demostraba en el camarín, cuando me iba a un rincón a descansar solo y en silencio”.

La escena no sólo refleja los costos de una vida que en 2012 festeja 50 años en escena -desde que en 1962 fichó como voz de Los Peniques- y 30 al frente del combo tropical más popular del país -desde que en 1982 dejó la Sonora Palacios-; su mutismo dieciochero es el reflejo exacto de un hombre retraído, formal y parco. Si Don Francisco tiene a Mario Kreutzberger, Tommy Rey es el reverso de Patricio Zúñiga. Como simbolismo, el artista, de 67 años, está ahora en la confitería Torres, de esmoquin impecable y refugiado en un rincón, mientras, para recalcar aún más el carácter solemne, un compilado de Sinatra suena de fondo. “Soy tímido y la gente cree que soy pesado. ‘¿Por qué tan serio?’, es lo que me dicen siempre”, comenta el músico, que precisamente celebrará el cumpleaños de su banda el 16 de junio en la Estación Mapocho, con 17 invitados, como Chancho en Piedra y Joe Vasconcellos.

¿Y siempre mantuvo ese perfil?

Sí, no me gusta ser el centro de la fiesta y no soy de ésos que son como florerito. En el colegio, el profesor me decía que era demasiado apático, porque no jugaba en el recreo con los demás y prefería dibujar en un rincón. Solo y apartado. No era bueno ni para el deporte ni para compartir. Qué le voy a hacer: nací así.

Y cuando usted es el invitado, ¿le gustan las fiestas?

No voy a fiestas, porque siempre son los fines de semana y me toca trabajar. Y si existe la opción de ir a alguna, prefiero quedarme tranquilo en mi casa, viendo una película o bajando música orquestal antigua. Pero las fiestas no, porque eso es mi trabajo. Y además soy tranquilo y de bajo perfil, a veces, no sé cómo hacerlo para caerle bien a todo el mundo. Y, sinceramente, creo que uno no le puede caer bien a todos. A mí tampoco me gusta que me digan “El rey de la cumbia” o esos calificativos. A otros les encanta, pero a mí no.

El Festival de Viña que no fue

Con su sonora empezó en 1982, cuando la vida nocturna era mínima. ¿Fue complejo?

Demasiado, empezábamos a las 20 horas, teníamos que terminar a la medianoche y después corríamos para tomar el taxi por el toque de queda. Además, muchas veces los militares nos contrataban para sus fiestas y no había forma de negarse. Ellos mismos me iban a buscar, no me dejaban llegar solo. Y, en esos shows nos obligaban a decirles: “¡Muchas gracias por estar salvando al país!”. Fue muy desagradable. El 87 estábamos listos para el Festival de Viña, pero supieron que habíamos ido a tocar para exiliados en Suecia y nos sacaron.

Además de no estar en el funeral de su madre, ¿tuvo otros costos trabajar 50 años sólo en la noche?

Sí. Por ejemplo, durante todos los años que llevo, casi nunca he pasado un Año Nuevo en familia. Lo más duro ha sido dejar sola a mi esposa (Gloria Sáez) durante muchas noches de Año Nuevo. La llamo y lo celebramos al otro día, pero tiene claro que no podemos pasar esa fecha juntos, por la tranquilidad económica.

¿Nunca se ha aburrido de la rutina de tocar las mismas canciones?

Sí, un par de veces. Es natural, pero es nuestra pega y debemos aguantarlo. Muchas veces me ha pasado que quiero decir ‘ya, no voy a seguir más con lo mismo’, porque son cinco décadas en esto. Por lo mismo: esto es mi vida. Muchos jubilan, pero yo no, prefiero seguir hasta donde me dé el cuero. No se gana tanta plata, pero se tiene un buen pasar.

Ustedes han hecho hasta seis shows en un día. Con ese ritmo, cualquiera diría que el asunto es muy rentable...

Trabajamos mucho, pero no para hacernos millonarios. Somos 10 más un ayudante y la plata la repartimos de manera equilibrada. Han existido cerca de 30 miembros en 30 años de carrera, lo que refleja que aquí los músicos están felices. Y yo, el único gusto que me doy es comprar CD piratas para grabar películas antiguas. Tengo como 500. También me compré hace un tiempo una parcela en Curacaví.

Con su estilo de trabajo, ¿invierte en su salud?

Sí, tengo cerca de 20 años de hipertensión y tengo que tomarme un remedio de por vida. Me la detectaron en los 90 y desde ahí que no puedo comer cosas con sal. Tampoco puedo tomar mucho. De hecho, hace dos meses que tengo prohibido los tragos, aunque nunca me gustaron.

¿Ha sido difícil acatar ese estilo?

Es que tengo que cuidarme, porque me puede venir un alza de presión. Además, me pongo muy tenso y estresado antes de cada show. Me preocupo de que todo esté bien y que resulte perfecto. Puede que a veces hasta sea medio tonto con este trabajo (se ríe).