El Mercurio
A los 80 años, el pianista, compositor e improvisador inglés radicado en Chile sigue siendo un puntal en la escena del jazz. Este viernes volverá a liderar a su septeto al que llama Pacific Ensemble, en el club Thelonious (Bombero Núñez 336, 23:00 horas, $5.000). El conjunto tiene a jóvenes solistas de los saxofones alto y tenor, trompeta, trombón y sección rítmica. El pianista estrenará la obra "What's coming next".
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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miércoles, diciembre 12, 2018
miércoles, enero 31, 2018
El pianista Martin Joseph estrena disco en Sala Master
El Mercurio
"The day of the rainbow" es su tercer trabajo realizado en Chile, ahora con el contrabajista Milton Russell y el baterista Nicolás Ríos.
Por IÑIGO DÍAZ
Hoy, en un concierto en la Sala Master de la radio Universidad de Chile (Miguel Claro 509), el pianista Martin Joseph, que vive en Chile desde hace casi 20 años, presenta su nuevo disco, "The day of the rainbow" (Animales en la Vía). Después de un intenso trabajo con su septeto Pacific Ensemble, Joseph regresó al estudio para grabar con un trío. "Con Milton Russell (contrabajo) y Nicolás Ríos (batería) llevo siete años. Formé esta agrupación cuando se desmanteló mi primer trío, con el que toqué en la década pasada y grabé el disco 'Evidence'. Cada músico ahí tenía una personalidad definida y fuerte, y eso ayudó a conseguir una música sólida", cuenta Joseph.
"Creo que ahora trabajamos más en función de la música misma, como en un ensamble. Hay un planteamiento de interacción claro, un foco en la improvisación colectiva, que requiere escucharse unos a otros. La ideología no ha cambiado mucho en diez años: soy quien soy, con mi historia y mis amores musicales ahí", agrega.
El álbum alterna composiciones de Joseph, donde suele abrir el campo para la improvisación libre ("Acordeón", "Round the block") y composiciones de los jazzistas chilenos Sebastián Jordán ("Africa") y Federico Dannemann ("Cyber blues"), además de una elección exhaustiva de piezas que podrían considerarse standards , pero que el pianista se niega a entenderlas así. "Para mí, un standard en un tema que muchos tocan. Yo toco cosas que están casi olvidadas o que nunca se grabaron. ¿Quién toca hoy día música de Kenny Wheeler?", se pregunta. "Casi nadie", responde.
"The day of the rainbow" es su tercer trabajo realizado en Chile, ahora con el contrabajista Milton Russell y el baterista Nicolás Ríos.
Por IÑIGO DÍAZ
Hoy, en un concierto en la Sala Master de la radio Universidad de Chile (Miguel Claro 509), el pianista Martin Joseph, que vive en Chile desde hace casi 20 años, presenta su nuevo disco, "The day of the rainbow" (Animales en la Vía). Después de un intenso trabajo con su septeto Pacific Ensemble, Joseph regresó al estudio para grabar con un trío. "Con Milton Russell (contrabajo) y Nicolás Ríos (batería) llevo siete años. Formé esta agrupación cuando se desmanteló mi primer trío, con el que toqué en la década pasada y grabé el disco 'Evidence'. Cada músico ahí tenía una personalidad definida y fuerte, y eso ayudó a conseguir una música sólida", cuenta Joseph.
"Creo que ahora trabajamos más en función de la música misma, como en un ensamble. Hay un planteamiento de interacción claro, un foco en la improvisación colectiva, que requiere escucharse unos a otros. La ideología no ha cambiado mucho en diez años: soy quien soy, con mi historia y mis amores musicales ahí", agrega.
El álbum alterna composiciones de Joseph, donde suele abrir el campo para la improvisación libre ("Acordeón", "Round the block") y composiciones de los jazzistas chilenos Sebastián Jordán ("Africa") y Federico Dannemann ("Cyber blues"), además de una elección exhaustiva de piezas que podrían considerarse standards , pero que el pianista se niega a entenderlas así. "Para mí, un standard en un tema que muchos tocan. Yo toco cosas que están casi olvidadas o que nunca se grabaron. ¿Quién toca hoy día música de Kenny Wheeler?", se pregunta. "Casi nadie", responde.
viernes, octubre 07, 2016
Martin Joseph: Ese pianista inglés perdido en Chile
A los 78 años, y con dos décadas de vida en nuestro país, ha sido el impulsor de una escuela de improvisación abierta. Su septeto estará en el Festival Chile Jazz, que desde hoy tiene conciertos en Concepción, Santiago y La Serena.
IÑIGO DÍAZ
"He vivido en muchos países y a menudo me encuentro con músicos cuya única meta es tocar bien. Eso es magnífico, pero yo busco otra cosa: una idea y un discurso", dice el inglés Martin Joseph, maestro, pianista, compositor y sobre todo improvisador, que este fin de semana vuelve a los escenarios.
El Pacific Ensemble, conjunto de jazz contemporáneo y avant-garde bajo su dirección, bajará el telón de las tres noches del Festival Chile Jazz, organizado por segundo año por la corporación Construye Cultura. Arranca hoy en el Teatro Sala Dos de Concepción y sigue el fin de semana en el Teatro Oriente de Santiago y el Teatro Centenario de La Serena.
El programa presenta al pianista español Chano Domínguez con un enfoque de flamenco jazz, al bajista de fusión Ernesto Holman, el Ensamble Quintessence, reciente ganador del premio Pulsar y el sexteto de la cantante Francesca Acarola, que abre el espectro musical.
"El Pacific Ensemble es el resultado de lo que he estado buscando siempre. Doy mucha importancia a que dentro de un grupo los músicos escuchen todo lo que está pasando en la música que tocan", dice Joseph. "Las composiciones tienen el sello del autor, pero también dependen muchísimo de las improvisaciones de los solistas. La música es mía, pero también es nuestra", sentencia como principio fiel.
Joseph tiene hoy 78 años. Se formó a fines de los 50 tocando en pubs en Londres y en las afueras de la ciudad. Llegó a conocer a músicos que luego fueron figuras en el rock británico: "Por ejemplo, el baterista Ginger Baker, que tocó en Cream. En esa época él estaba en la línea de Elvin Jones. Recuerdo haber estado tocando 'Round midnight' con John McLaughlin en una jam session . Pero he trabajado también con muchos músicos de jazz europeo importantes, como John Surman", rememora.
Carrusel de música
Después de vivir en Italia, Perú, República Dominicana y Bolivia, Joseph llegó a Chile en 1998. "El amor tiene mucha fuerza, por eso me vine", dice el músico en referencia a María Inés, su esposa chilena. Pero su vida personal también le dio campo abierto para reanudar aquí proyectos como los que había emprendido en Roma, cuando se convirtió en maestro y comenzó a impartir sus primeros talleres de improvisación y sus clases de Historia del Jazz, que aún dicta en Chile como académico.
De esas experiencias provienen la mayoría de los músicos que hace una década lo acompañan. Podrían ser, incluso, sus nietos. "En ellos encontré mentes más abiertas al tipo de música que quería proponer", dice. Joseph volverá sobre el repertorio del disco "Roundabout" (2015) y alineará a Alejandro Pino (trompeta), Marcelo Maldonado (trombón), Edén Carrasco (alto), Agustín Moya (tenor), Roberto Carlos Lecaros (contrabajo) y Daniel Rodríguez (batería). Toda la información en FestivalChileJazz.cl.
domingo, septiembre 30, 2012
Las notas libres de Martin Joseph
El Mercurio
El músico británico llegó a Santiago hace 14 años. Además de encabezar un septeto y un trío, ha formado a cientos de chilenos en improvisación e historia del jazz.
DANIELA SILVA ASTORGA
Cree que quiso ser músico, en parte, por rebelarse en contra de su padre. "Era un hombre de negocios exitoso y quería que yo entrara en su compañía. Por suerte entendió que si eso hubiese pasado, él habría quedado en la bancarrota", cuenta el compositor y pianista británico de jazz Martin Joseph (74), quien llegó a Chile en 1998 por su mujer, y jamás se fue. Primero, se le conocía por su pelo canoso, sus ojos transparentes y su hablar pausado de marcado acento inglés -que todavía tiene-, además de sus colaboraciones con grandes músicos de muchos países, como los norteamericanos Dexter Gordon y Buddy Tate, y los europeos Peter Kowald y Giancarlo Schiaffini.
Lo primero que Joseph cuenta de sus orígenes es eso. Pero hay otra parte de la historia. Su papá tocaba jazz en el piano cuando volvía del trabajo. Y su madre, que amaba la música clásica, le compraba discos desde que él tenía cuatro años: "Bueno, sí, era difícil que la música no fuera tan importante para mí. Mi papá hizo lo que debía: desalentarme. Si uno quiere hacer algo de verdad, al final, lo hará igual".
-Y usted se mantuvo siempre firme...
"Claro, la música está al centro de mi vida. Y acá, en Chile, he vivido muy buenas experiencias. Veo un crecimiento de la escena del jazz: cuando llegué había muchos buenos músicos, pero con una actitud muy pendiente de los Estados Unidos y Europa. Ahora no. La generación más joven escribe su música y no tiene complejos. Hacen jazz sin pedir disculpas".
Y Joseph es protagonista de esa buena racha. Aquí, se lo ve como un músico metódico e inquieto, que marcó pauta en la escena chilena reuniendo a quienes trabajaban de forma dispersa con el jazz experimental y la improvisación libre. O como quien armó los miércoles del jazz en el Goethe Institut y el Festival de Jazz Europeo -que este año comienza el 17 de octubre-, y fundó el reconocido septeto Pacific Ensemble. Se lo ve, también, como una figura fundamental y un tallerista infatigable: desde que se instaló aquí ha dado cientos de clases. Sobre la historia del jazz, la improvisación y todo lo que pueda compartir, tal como lo hacía en su colegio.
"La primera vez que di clases fue ahí. No sé si sabía mucho de jazz. ¡Sólo me di cuenta de que mis amigos no conocían nada! Detrás de los talleres estaba mi intención de compartir, como ahora", dice el músico, quien nunca ha sido alumno de conservatorio. "Creo que soy uno de los pocos que ha enseñado en varios y ha fundado algunos (como la Escuela de Música de Testaccio de Roma), sin haber ido a clases. He hecho mi propia escuela". Una en que las fronteras se debilitan. A Joseph no le gustan los guetos ni los límites entre estilos musicales. Lo explica: "Antes, en los conservatorios no entraba nada más allá de la música clásica, y con límites: entre Bach y Debussy, con suerte. Entonces, en Italia creamos un lugar abierto a las mú-si-cas".
-¿Qué momento de su formación recuerda como importante?
"Cuando trabajé en un bar de Londres. Partían los años 60 y estaba en la sección rítmica regular que acompañaba a los mejores músicos. Eran de estilos muy diferentes. Unos tocaban swing ; otros algo de free jazz . Había poca plata, casi no se ensayaba. Te ponían los acordes al frente y debías hacer lo mejor con piezas difíciles. Una lucha".
La revolución melódica
Afuera de la sala 501-B de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile se escucha algo parecido a "Blue train", pero en instantes la famosa melodía de John Coltrane se transforma en otra cosa. Es como la música de la escena más misteriosa de una película. O una melodía que definitivamente nació, en ese piano, para inquietar: se suman otros instrumentos y voces que de pronto, y sucesivas veces, cambian y todo se oye más ligero, más intenso, más pegajoso.
Como todos los miércoles, entre las cuatro y las seis y media de la tarde, Martin Joseph conduce a los alumnos de su "Taller de improvisación y jazz". En el pasillo, todo lo que se escucha parece salido de un disco, aunque no podría estar más lejos de eso. No hay arreglos ni cálculos de una grabación en estudio. Pero todo calza cuando la clase ya ha terminado y el profesor habla: "Si se logra estar en el mundo y con los demás, llegamos a un momento mágico. Independiente del nivel y el resultado, la conexión que uno escucha es bella. Me interesa la capacidad que tienen los músicos para concentrarses en lo que hacen, expresándose individualmente, y también como un todo. Es difícil: uno puede estar en grupo, pero totalmente ensimismado. O que le interese tanto lo que está pasando, que llegue a perderse en lo suyo". Y así, bajo ese llamado al equilibrio, las improvisaciones de su sala no suenan como lo que son.
El músico británico llegó a Santiago hace 14 años. Además de encabezar un septeto y un trío, ha formado a cientos de chilenos en improvisación e historia del jazz.
DANIELA SILVA ASTORGA
Cree que quiso ser músico, en parte, por rebelarse en contra de su padre. "Era un hombre de negocios exitoso y quería que yo entrara en su compañía. Por suerte entendió que si eso hubiese pasado, él habría quedado en la bancarrota", cuenta el compositor y pianista británico de jazz Martin Joseph (74), quien llegó a Chile en 1998 por su mujer, y jamás se fue. Primero, se le conocía por su pelo canoso, sus ojos transparentes y su hablar pausado de marcado acento inglés -que todavía tiene-, además de sus colaboraciones con grandes músicos de muchos países, como los norteamericanos Dexter Gordon y Buddy Tate, y los europeos Peter Kowald y Giancarlo Schiaffini.
Lo primero que Joseph cuenta de sus orígenes es eso. Pero hay otra parte de la historia. Su papá tocaba jazz en el piano cuando volvía del trabajo. Y su madre, que amaba la música clásica, le compraba discos desde que él tenía cuatro años: "Bueno, sí, era difícil que la música no fuera tan importante para mí. Mi papá hizo lo que debía: desalentarme. Si uno quiere hacer algo de verdad, al final, lo hará igual".
-Y usted se mantuvo siempre firme...
"Claro, la música está al centro de mi vida. Y acá, en Chile, he vivido muy buenas experiencias. Veo un crecimiento de la escena del jazz: cuando llegué había muchos buenos músicos, pero con una actitud muy pendiente de los Estados Unidos y Europa. Ahora no. La generación más joven escribe su música y no tiene complejos. Hacen jazz sin pedir disculpas".
Y Joseph es protagonista de esa buena racha. Aquí, se lo ve como un músico metódico e inquieto, que marcó pauta en la escena chilena reuniendo a quienes trabajaban de forma dispersa con el jazz experimental y la improvisación libre. O como quien armó los miércoles del jazz en el Goethe Institut y el Festival de Jazz Europeo -que este año comienza el 17 de octubre-, y fundó el reconocido septeto Pacific Ensemble. Se lo ve, también, como una figura fundamental y un tallerista infatigable: desde que se instaló aquí ha dado cientos de clases. Sobre la historia del jazz, la improvisación y todo lo que pueda compartir, tal como lo hacía en su colegio.
"La primera vez que di clases fue ahí. No sé si sabía mucho de jazz. ¡Sólo me di cuenta de que mis amigos no conocían nada! Detrás de los talleres estaba mi intención de compartir, como ahora", dice el músico, quien nunca ha sido alumno de conservatorio. "Creo que soy uno de los pocos que ha enseñado en varios y ha fundado algunos (como la Escuela de Música de Testaccio de Roma), sin haber ido a clases. He hecho mi propia escuela". Una en que las fronteras se debilitan. A Joseph no le gustan los guetos ni los límites entre estilos musicales. Lo explica: "Antes, en los conservatorios no entraba nada más allá de la música clásica, y con límites: entre Bach y Debussy, con suerte. Entonces, en Italia creamos un lugar abierto a las mú-si-cas".
-¿Qué momento de su formación recuerda como importante?
"Cuando trabajé en un bar de Londres. Partían los años 60 y estaba en la sección rítmica regular que acompañaba a los mejores músicos. Eran de estilos muy diferentes. Unos tocaban swing ; otros algo de free jazz . Había poca plata, casi no se ensayaba. Te ponían los acordes al frente y debías hacer lo mejor con piezas difíciles. Una lucha".
La revolución melódica
Afuera de la sala 501-B de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile se escucha algo parecido a "Blue train", pero en instantes la famosa melodía de John Coltrane se transforma en otra cosa. Es como la música de la escena más misteriosa de una película. O una melodía que definitivamente nació, en ese piano, para inquietar: se suman otros instrumentos y voces que de pronto, y sucesivas veces, cambian y todo se oye más ligero, más intenso, más pegajoso.
Como todos los miércoles, entre las cuatro y las seis y media de la tarde, Martin Joseph conduce a los alumnos de su "Taller de improvisación y jazz". En el pasillo, todo lo que se escucha parece salido de un disco, aunque no podría estar más lejos de eso. No hay arreglos ni cálculos de una grabación en estudio. Pero todo calza cuando la clase ya ha terminado y el profesor habla: "Si se logra estar en el mundo y con los demás, llegamos a un momento mágico. Independiente del nivel y el resultado, la conexión que uno escucha es bella. Me interesa la capacidad que tienen los músicos para concentrarses en lo que hacen, expresándose individualmente, y también como un todo. Es difícil: uno puede estar en grupo, pero totalmente ensimismado. O que le interese tanto lo que está pasando, que llegue a perderse en lo suyo". Y así, bajo ese llamado al equilibrio, las improvisaciones de su sala no suenan como lo que son.
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