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sábado, noviembre 14, 2020

Eduardo Gatti “Nunca me he cansado de tocar ‘Los momentos'”

 


El Mercurio


Recién fue nombrado Figura Fundamental de la Música Chilena y ayer se inauguró una exposición que conmemora los 50 años de su canción, una de las más relevantes del repertorio musical del país. En esta entrevista, el cantautor repasa la accidentada historia del tema, habla de su adicción a la cocaína y de la inusual manera en que se recuperó, y confiesa sus “sentimientos encontrados” cada vez que hoy escucha “El derecho de vivir en paz”, de Víctor Jara. Además, descarta que Los Blops se vuelvan a reunir, revela la antipatía que les tenía Neruda y critica a la ministra de Cultura por sus últimas declaraciones.

Por Gazi Jalil F.


El año 2020 ha tenido dos caras para Eduardo Gatti. Una es la de la pandemia. Hace meses que no pisa un escenario y las entradas de dinero “han sido mínimas”, dice.


—Los músicos hemos tenido muy poco trabajo. Incluso hay quienes están viviendo momentos dramáticos, sobre todo los de estudio, las bandas. Pero menos mal a mí me pilló un poco preparado.


—¿Por qué?


—Porque hace como 10 años tuve la intuición de que se iba a mover el piso y comencé a ahorrar. Eso me ha salvado hasta el momento. Pero igual empieza a ser preocupante. Ya vamos a estar un año en esto y el barco empieza a crujir.


Gatti ha tenido algunas actuaciones vía remota, aunque reconoce que ha sido insuficiente.


—Han andado bien, pero rentan mucho menos. No soy de grandes salas, toco en lugares de máximo 300 personas, pero esas 300 personas hoy no están. Al menos algo llega por concepto de derechos de autor y, aparte, mi mujer sigue trabajando.


La otra cara del año es más amable para Gatti. A fines de octubre fue nombrado por la SCD como Figura Fundamental de la Música Chilena y ayer la Corporación Cultural de Las Condes inauguró una exposición de 50 pintores que homenajean los 50 años de “Los momentos”, una de las composiciones más relevantes del cancionero nacional. La muestra se presentará hasta el 24 de enero y contempla un concierto al aire libre del cantante.


—Este fue un proyecto que se le ocurrió a Juan Claudio Edwards. Somos vecinos y amigos. Y cuando me dijo, me pareció fantástico, pero no sabía qué iban a decir los pintores, y todos acudieron.


Gatti, 71 años, considerado uno de los precursores del rock en Chile, habla en la terraza de su parcela de Chicureo. Es un refugio de 5 mil metros cuadrados donde crecen palmeras y secuoyas plantadas por él mismo. Al fondo mantiene un pequeño huerto de lechugas, cebollines, acelgas y ajíes.


—Compramos este lugar el año 89 a un precio irrisorio, cuando aquí no había nada —explica—. Ese tiempo yo no tenía lucas. Arrendábamos una casa en Santiago y estaba endeudado hasta el cuello. Y un amigo nos dijo, oye, sabes qué, hay una oportunidad en un lugar que se llama Chicureo. Vinimos a verlo. Nos picaron mil zancudos, pero era bonito el entorno.


Gatti mira a su alrededor.


—Esto era una sabana africana: no había ni un árbol. Tampoco camino. Era puro yuyo, que me gustaba, pero terminé odiándolo. Para comprar alimentos o remedios teníamos que ir a Colina y como no había autopista, para Santiago te demorabas una hora y media.


Hace 23 años que el músico vive aquí junto a su mujer, la orientadora familiar Paulina Krebs, y sus cuatro hijos.


La historia de “Los momentos” comienza en París. Eduardo Gatti tenía 20 años y había llegado a Francia como tripulante de un buque carguero para asistir a los conciertos de Pink Floyd, Procol Harum y Fleetwood Mac. Pero no contaba con la crudeza del invierno europeo y pronto cayó enfermo de neumonía.


—Llegué a tener 40 grados de fiebre. Un día, aún convaleciente, me senté en la cama, agarré la guitarra y comencé a componer algo. Encontré bonita la secuencia, me inspiré, armé una melodía encima y dije, ya, la voy a guardar.


No fue hasta seis meses después, ya en Chile, que le puso la letra.


—Me salió en 15 minutos. Tiene una parte muy individual, sobre un amor platónico que nunca resultó, una desilusión amorosa que tuve. Y también está mi visión sobre las trabas y los dogmas de mi generación. ¿Sabes?, yo no hice un tremendo ejercicio intelectual para hacer la canción, fue algo que me surgió desde adentro, brotó. Y tal vez por el hecho de brotar en forma tan natural, separada del ego, tuvo ese enganche con el inconsciente colectivo, porque yo no tenía ninguna intención con “Los momentos”.


—¿No sospechaste en lo que se iba a transformar?


—Para nada. Además, yo era una persona muy introvertida, me planteaba como músico de rock, me sorprendió a mí mismo. Pensaba, de dónde saqué esto. Hurgando, en Europa tuve mi primer contacto con la música celta y con la música de Leonard Cohen. Además, tenía una semilla plantada desde los 16 años, cuando por primera y última vez fui a ver a la Violeta Parra. Eso me llegó mucho. Mis padres me llevaron a la peña donde ella actuaba. En mi ignorancia, a esa edad pensaba que el folclor era la tonada y la cueca, no conocía más. Claro, no era un panorama muy atractivo para mí ir a la peña, pero no tenía nada más que hacer, y la verdad es que me llevé una sorpresa mayúscula.


“Los momentos” apareció en 1970 en el primer disco de Los Blops, el grupo al cual pertenecía Gatti. No fue algo planeado, sino que accidental. Como el ingeniero en sonido les dijo que había que rellenar tres minutos del disco, el músico ofreció su tema.


—Yo era bien tímido y pensaba guardar la canción para otro disco. Ahí fue la primera vez que la mostré, porque antes no me atrevía. La ensayamos unos 15 minutos y la voz femenina la hizo una amiga que nos estaba sacando fotos. Todo muy improvisado. Y fue la primera vez que escuché mi voz cantando. También fue un shock. Me daba vergüenza cantar, ser solista. Fue raro, aunque me gustó mi voz. Me encontré relativamente agradable —ríe.


Esa versión hoy puede escucharse por YouTube con el detalle que siempre llamó la atención: termina de forma abrupta, casi como si fuera un error.


—Lo que sucedió es que yo me equivoqué al final y no había tiempo para regrabarla. Ese tiempo tenías que hacer todo de nuevo, así que el ingeniero sugirió hacer un fade (que la música se vaya de a poco). Yo le dije, no, todas las canciones del mundo terminan igual, mejor córtala así nomás, yo te voy a decir cuándo. Y la cortó justo en un acorde que deja la canción suspendida. Ni siquiera es un acorde resolutivo. Y eso produjo algo muy curioso: cuando la tocaban en la radio, ni el radioperador ni el locutor alcanzaban a reaccionar, porque los pillaba de sorpresa, y se producía un silencio dramático que llegó a ser parte de la canción.


Sin embargo, “Los momentos”, lejos de ser un éxito, pasó inadvertido.


—No nos dieron pelota. No sonó nada —dice Gatti.


—¿Te decepcionó?


—No. Lo que pasa es que estaba todo tan revuelto ese tiempo, que nosotros seguíamos trabajando y ya estábamos pensando en el segundo LP. No había mucho tiempo para llorar.


Los Blops grabaron dos discos más y se separaron en 1973, poco antes del golpe militar, “por falta de trabajo y dinero”, cuenta Gatti. Todos los originales de esas tres producciones se perdieron o fueron destruidos durante la dictadura, agrega.


En 1978, el grupo volvió a reunirse y editaron una nueva versión de “Los momentos”. Solo entonces el tema tuvo éxito.


—Pasó que cuando tocábamos esa canción, mucha gente se la sabía y eso era porque había tenido un camino casi medieval, de boca en boca. De hecho, no se sabía bien de quién era, pensaban que era una canción argentina o uruguaya, hasta que la grabamos de nuevo con RCA y explotó. Tampoco esperaba que fuera a explotar tanto, pero obviamente que salté en una pata —ríe.


—Tenías 20 años cuando compusiste “Los momentos”. ¿No fue una presión haberla hecho tan joven?


—Yo encuentro que fue todo lo contrario, fue una ventaja, porque cuando hice “Los momentos” me planteaba seguir componiendo, y así fue. Entonces, hoy la canción es parte de un repertorio. No es que me llamen para cantar solo “Los momentos”. No es un one hit. Hay otras canciones como “Navegante”, “Quiero paz”, “Naomi”, “La Francisca”, “Huacas del sol y de la luna”, en fin. No dependo solo de “Los momentos”.


—Pero no puedes dejar de cantarla en tus presentaciones.


—Es de cajón que tiene que estar —sonríe—. Salvo una vez que andaba atravesado y dije, no voy a cantar ‘Los momentos”. Y el dueño del local me dijo, si no la canta, no le pago. Y tuve que cantarla, nomás.


—¿Has sacado la cuenta de cuántas veces la has cantado en vivo?


—La otra vez estaba pensando: creo que ya voy en 4 mil ejecuciones. Pero nunca me he cansado de tocarla, porque en cada actuación el público es distinto y, además, participa mucho y siempre es un momento especial. Me sigue gustando, no es que esté hostigado.


—¿Qué te queda de tu época hippie con Los Blops?


Eduardo Gatti saca un cigarrillo.


—Lo que te queda de esa época es la mirada hacia adentro, de que la solución de los problemas no está afuera, sino dentro de uno. Diría que ese fue el gran legado de los 70, que aún no se valora lo suficiente.


Por su parcela pasean varios perros que el mismo Gatti ha recogido de la calle.


—Haber sido hippie es como un estereotipo, pero para nosotros no fue eso. Es cierto que nos dejamos el pelo largo y todo eso, pero siempre hicimos un trabajo muy enfocado. Cuando integré The Apparition (su primera banda de rock) ensayábamos mucho, trabajábamos, conseguíamos datos. Con Los Blops igual. Vivimos todo eso como una gran familia, estaban Los Jaivas, Congreso, pero era un hippismo muy a la chilena. No era del tipo Woodstock. Para mí fue una época muy interesante. Empezamos a conectar con la literatura oriental, que aquí no se conocía: leí el Bhagavad-gîtâ (texto sagrado hinduista), a Khalil Gibran, Lao Tse, Confucio. Todavía tengo los primeros libros. Además, fuimos una juventud bastante sana. Hubo excesos, pero eran individuales. De partida, era muy raro ver alcohol en el grupo nuestro. Hasta dejamos de tomar cerveza.


—¿Cómo fue tu relación con las drogas?


—Las probamos todas.


—¿Duras y blandas?


—Blandas. Para el proceso creativo, la marihuana era muy entretenida. Probamos el ácido lisérgico, pero ahí fuimos tremendamente cautos. Primero nos asegurábamos de dónde provenía, si realmente era de buena calidad. Y segundo, fueron dosis muy bajas. Yo nunca me tomé más de un cuarto de una dosis. Pero fue, no sé, tres veces en mi vida. Después, más adelante, caí en drogas más duras.


—¿Cuál?


—En la cocaína, fue un momento muy complejo. No tenía un peso, no había trabajo. Te estoy hablando del año 78, 79, más o menos. Fue un calvario que viví prácticamente solo, porque no quería que mi familia supiera. Finalmente un día agarré un libro de mi madre, que era psicóloga, vi cuál era el tratamiento para drogas duras, me fui a la farmacia, compré dos frascos de unos calmantes bien fuertes que recomendaba el libro, cerré las persianas y a tiritar. En esa época conocí a mi actual mujer, que me ayudó mucho en esto. Y nunca más la cocaína. Mi familia jamás se enteró. Deben haber sospechado, porque andaba medio raro, pero nunca supieron por qué.


Gatti venía llegando desde Alemania, donde había estado un año trabajando como músico de estudio. Allá colaboró con Scorpions e incluso hizo una gira con un grupo pop integrado por el cantante chileno Mario Argandoña.


En Chile, tras el éxito de “Los momentos”, se presentó en programas de televisión, festivales y peñas, como el Café del Cerro, y tocó en México, Ecuador y Canadá.


—Tus canciones no eran de protesta. ¿Eso te facilitó poder actuar sin problemas durante la dictadura?


—Yo creo que sí. Tampoco era partidario, pero sentía que el camino iba por otra parte. Uno pisaba huevos todo el día. A veces te censuraban. Si ibas a tocar a una parroquia o a una olla común en una población, te castigaban y no te invitaban a la tele o te bajaban de un festival, por ejemplo. Pero nunca sufrí agresiones físicas. En la canción “La loba” hay unos guiños políticos, pero están hechos de forma muy metafórica. De hecho, nadie entendió, pero los que tenían que entender, lo hicieron.


—¿Es cierta la historia de que en una presentación tuya en el Café del Cerro Jorge González te gritó: “Hippie, nunca quedas mal con nadie”?


—Me acuerdo de esa noche, pero nunca escuché eso e incluso Jorge lo ha negado. He estado con él y ha sido una persona muy amable conmigo. No sé si lo inventaron o a lo mejor lo gritó otra persona.


—Bueno, los 70 también fueron políticamente complicados para Los Blops. La derecha los consideraba comunistas y para el PC eran burgueses.


—Es cierto. De hecho, nuestro primer LP, donde incorporamos a última hora “Los momentos”, lo grabamos en el sello Dicap, de las Juventudes Comunistas, pero estuvo a punto de no salir. Me acuerdo que los ejecutivos consideraban nuestra música extranjerizante y nuestras letras poco comprometidas con la revolución. Si no fuera por Víctor Jara, que nos defendió, jamás lo habríamos grabado.


De esa época es la amistad entre Los Blops y Jara. A él le llamaba la atención el cruce entre el rock y la música latinoamericana del grupo y pronto los invitó a grabar con él varias de sus nuevas composiciones, entre ellas “El derecho de vivir en paz”.


—¿Qué te parece el renacimiento que ha tenido esa canción tras el estallido social?


—Tengo sentimientos encontrados con eso. Víctor era una persona muy abierta, se destacaba del resto porque no era tan dogmático y siento que esa parte de él no se ha mostrado, sino que solo se muestra su lado militante. Parece que tampoco les interesa mucho destacar eso.


—¿A quiénes te refieres?


—A la izquierda más radical y al entorno de Víctor. Tengo la impresión de que sienten que el hecho de que haya tocado con un grupo de rock como Los Blops fue un pecado de él, un desliz. No es mi percepción solamente, sino que de todo el grupo. De hecho, se sabe muy poco que trabajamos juntos y ha sido muy mal informado el tema de los derechos de intérprete que eso generaba. Nosotros no figuramos como intérpretes. Está inscrita una lista enorme de músicos que no sé quiénes son y nunca tocaron con él. Esos son los que han recibido durante 40 años los derechos. Nosotros, absolutamente nada.


—¿Nunca reclamaste?


—Hice algunas tentativas, pero no van a fructificar. Y como esos derechos no son retroactivos, es imposible recuperarlos, así que no tengo ganas de meterme en las patas de los caballos, en especial por respeto a Víctor, porque tengo una imagen de él de una persona muy querida.


—A propósito del PC, entiendo que Neruda tampoco los quería.


Gatti le da una larga bocanada a su cigarro y se echa a reír.


—Neruda nos sacaba del frente de su casa en Isla Negra. “¡Salgan de aquí, hippies de mierda!”, nos gritaba. Les molestaba que estuviéramos en su playa. Le cargaban los hippies. Yo creo que para él los hippies eran un producto de la cultura norteamericana.


—Ah, pero no se conocían.


—No. Una vez íbamos a tocar en el Municipal con Los Blops y después hablaba Neruda. Pero justo antes de nuestra actuación se quemaron todos los fusibles de los amplificadores y no pudimos cantar. Entonces salió Neruda y no me acuerdo qué dijo, pero fueron unas cosas muy pencas contra nosotros. “Ah, qué bueno que no pudieron tocar”, algo así… Era muy pesado. Pero de chico admiro su poesía y lo sigo leyendo.


—¿Los Blops se podrían juntar hoy?


—No, ninguna posibilidad, porque hay algunos con problemas de salud y hemos tomado caminos muy diferentes en la vida.


—¿Pero crees que funcionarían?


—Tengo mis dudas, porque Los Blops no fue solamente la música, sino que fue todo este trabajo espiritual que hicimos, la comunidad en que estábamos insertos, nos conteníamos unos a otros. Sería difícil hoy, ya todo cambió demasiado.


—¿Quiénes te gustan de la nueva generación de cantautores chilenos, entonces?


—Admiro mucho el trabajo de Manuel García y encuentro muy innovador lo que hace Gepe, Camila Moreno y Nano Stern, tremendo músico. Chinoy también. Es una generación muy potente y no es una cosa sofisticada, llena de teclados, sino que algo que va al callo con una sola guitarra.


—¿Qué esperas de la nueva Constitución desde el punto de vista de la cultura y las artes?


—En ese sentido me declaro ignorante, porque me cuesta distinguir qué es constitucional y qué es materia de ley. La cultura debiera tener un respaldo, pero tal vez eso se puede lograr con un buen ministro de Cultura. Y no hablemos de la actual.


Gatti apaga el cigarro, se echa para atrás en la silla y comienza a hablar como si tuviera enfrente a la misma ministra Valdés:


—Si usted dice que un peso que se le da a la cultura es un peso que se les quita a los chilenos, entonces qué hace en ese cargo. ¡Váyase de ahí!

viernes, noviembre 06, 2020

“Los Momentos”: 50 artistas visuales conmemoran el emblema de Eduardo Gatti

 El Mercurio


Un libro y una muestra, con obras que aluden a hitos históricos o personales de cada autor, celebran el medio siglo de esta canción.

Daniela Silva Astorga


Recién meses después de componer la melodía de “Los momentos”, mientras estaba de paso por París, Eduardo Gatti (1949) se aventuró con la letra. Solo requirió quince minutos para escribirla. Y si durante la grabación del primer álbum de Los Blops no hubiesen necesitado de emergencia más material, la canción no habría salido de lo íntimo para ser himno de una generación.


“Cuando el ingeniero nos dijo que sobraba tiempo en el disco, tuve que mostrarla —recuerda Gatti—. Antes no había querido, no sabía qué hacer con ella. Es una canción que hice de forma muy intuitiva. Tenía conocimientos musicales, ¡pero solo tenía 20 años! Nunca había hecho algo así: mi tema era la guitarra, no cantar ni escribir. Sin embargo, apareció esta canción y es curioso lo que pasó con ella. Aún me sorprende”.


El tema más popular de su repertorio, que ha sido versionado desde Gepe a Nito Mestre, cumple 50 años, y Gatti recibirá un homenaje con “50 momentos. Una canción”. Comienza el 13 de noviembre en la Corporación Cultural de Las Condes, que hoy reabre con una muestra de Tomás Munita.


“50 momentos. Una canción”, organizada por el gestor cultural Juan Claudio Edwards, reúne obras de distintas técnicas confeccionadas por 50 artistas. Guillermo Núñez, Nury González, Gonzalo Cienfuegos, Paz Lira, Mauricio Garrido y Bruna Truffa están entre los participantes. La invitación fue a crear una obra y escribir un texto sobre sus momentos clave.


Pero antes de armar esta exposición, Edwards pensó en editar un libro con las obras. También está listo —gracias al financiamiento de Las Condes y Colina— y es la base de la muestra. “Pensé en esta publicación sobre ‘Los momentos' al inicio de la pandemia. Una día desperté y le dije a mi mujer: ‘Está la embarrada. Veo a un país polarizado y una pandemia espantosa, que nos dice que volvamos a lo básico. Este es un momento especial de la historia'. Y ahí recordé el aniversario de la canción. Hablé de inmediato con Eduardo y se enamoró del proyecto”, relata.


La artista Paz Lira cuenta que la obra que creó especialmente para esta muestra presenta a una pareja: “Son dos personas muy unidas en los años 70, una época que fue tan difícil. Pensé en esta pieza textil recordando que a veces uno no tenía qué ponerse y se las arreglaba cómo podía. Es lindo recordar eso. Cuando Gatti grabó la canción, yo tenía unos 15 o 18 años, y ahí es cuando la vida deja marcas impresionantes”. Su trabajo está conformado por bolsones que fueron usados para recoger fruta hace muchos años. Bororo, en tanto, buscó una obra antigua que calzara con la convocatoria: “Es una pintura extraña. Al centro va Pablo Neruda con su boina y con una expresión de incertidumbre”.


Arturo Duclos, que también participa en la muestra, comenta: “‘Los momentos' es una canción tan emblemática. Se cantaba en todos los sitios. Tenía una especie de nostalgia por el pasado mezclada con una cuota de sabiduría, que, pienso, a muchos los ayudó a sobrellevar la dictadura”. El artista presentará una pieza que contiene frases de la canción en medio de un collage con gráficas antiguas, además de elementos emocionales.


También participa Nury González. Exhibirá una obra melancólica, una imagen serigráfica intervenida con bordado, que habla del “alma triste y dormida”. La creó durante el confinamiento: “Como sociedad, estamos viviendo tiempos cruciales. En un mundo tensionado, en un momento de cambios. Se materializan o nos vamos al tacho de la basura, porque el sistema ya no da”.

jueves, octubre 29, 2020

Eduardo Gatti es nombrado “Figura fundamental de la música chilena”

 El Mercurio


La SCD le entregará ese reconocimiento al autor de “Los momentos”, uno de los clásicos del repertorio popular local, que este mes cumplió 50 años desde su grabación.

José Vásquez


“El camino del arte no es fácil, uno pasa por todo tipo de tormentas, pero hay que seguir navegando nomás”, afirma Eduardo Gatti, mirando por el espejo retrovisor su propia carrera y resumiendo así su transitar musical, que en un momento complejo para el mundo cultural, como es este presente continuo en modo pandemia, dice que no piensa bajar los brazos, como tampoco señala lo hizo en el convulsionado Chile de la dictadura.


El autor de “Los momentos”, canción que este mes cumplió 50 años desde su grabación, fue nombrado este 2020 “Figura fundamental de la música chilena” por la SCD, distinción que, entre otros, han recibido antes autores como Patricio Manns, Margot Loyola y Jorge González, y que el cantautor la toma como “un honor”, plantea, “porque son mis pares los que me dan esta nominación”.


Horacio Salinas, presidente de la SCD, dice que es “un orgullo reconocer el enorme trabajo de un cantautor que ha estado en la génesis de movimientos tan relevantes como el rock y el Canto Nuevo, que le ha dado a nuestra música canciones inmortales, que ha influido a generaciones de músicos con su obra, y que ha interpretado al Chile de los últimos 50 años con sus creaciones”, señala Salinas, quien anticipa que, pese a las dificultades de este año por el covid-19, la institución ya prepara un homenaje para celebrar al artista.


En altamar


Más allá de su propia analogía marítima, Gatti fue un navegante verdadero. Viajó a comienzos de 1970 a Europa iniciando en barco un abordaje de un mes a la aventura arriba de un carguero de salitre con el que llegó a España. Un buque cuyos radares dejaban de funcionar cuando había neblina.


“Fue una experiencia maravillosa que me la pagué pintando el óxido del barco. Fui marino por un rato y pude quedarme con ellos cuando me ofrecieron hacer un curso en Inglaterra para convertirme en miembro oficial de la tripulación”, cuenta el músico, quien tras seis meses de recorrido decidió volver a Chile para comenzar otra historia de la mano de “Los momentos”.


“Esa canción entró casi de contrabando al disco”, dice el autor, recordando el destino azaroso del tema que le daría trascendencia a su carrera. Una solución de último minuto en el estudio para completar el minutaje del álbum debut de Los Blops. “Faltaba una canción y la improvisamos en el estudio. Recién la había terminado y era un tema que me había sorprendido a mí mismo, porque todo lo que había hecho antes era instrumental o con un componente de rock, y de repente apareció esto, influido por la música celta y Leonard Cohen, que se me habían impregnado en Europa. Fue un shock escuchar mi voz por primera vez”, rememora.


Claro que el reconocimiento no fue instantáneo y llegó recién después de 1978 cuando la volvió a grabar ahora como solista. “La canción tuvo un recorrido submarino, porque los discos de Los Blops desaparecieron con la dictadura. La gente la cantaba en las fogatas, pensaban que era un tema uruguayo o argentino. Después que sonara en la radio, gracias el apoyo del sello RCA, es que siento se pudo dar a conocer”, expresa el autor.


“Los momentos”, desde entonces, ha tenido diversas versiones y recientemente, aprovechando su aniversario, la Corporación Cultural de Las Condes recordará esta grabación con un atractivo proyecto visual, “50 momentos, una canción”, donde un colectivo de artistas, entre ellos el pintor Mario Toral, realizaron una versión libre de la canción y expondrán sus trabajos desde el 13 de noviembre en ese recinto. “Ha sido muy emocionante la participación de los pintores y estoy muy agradecido de lo que hicieron”, sostiene Gatti, quien ha seguido activo en la música pese a la pandemia.


El cantautor probó el formato virtual con dos exitosos conciertos realizados en julio pasado, una experiencia que resultó mejor de lo que esperaba, asegura, aunque por ahora no planea repetirla próximamente. Hoy ya mira a 2021, cuando espera poder realizar una gira por el país que iba a hacer en agosto pasado y que debió reprogramar por el coronavirus, cuenta el músico que trabaja en nuevos temas junto a su hijo Manuel.

domingo, mayo 21, 2017

Herencia musical en vivo: Cuando el escenario se transforma en una tradición familiar

El Mercurio

Cecilia Echenique y Eduardo Gatti realizan shows junto a sus hijos; Claudio Narea y Álvaro Scaramelli han incorporado a los suyos en su banda, pero todos ya administran una promisoria carrera independiente de las de sus padres. "El Mercurio" reunió a los orgullosos padres con los compositores de la nueva generación Benjamín Walker, Manuel Gatti, Juan Pablo y Daniel Narea y Adriano y Gianluca Scaramelli.

José Vásquez

La vigorizada última actuación de Sting en Santiago, a comienzos de mes, coincidió con su gira en plan familiar. Además de salir a recorrer el mundo con un macizo disco, la voz de "Shape of my heart" emprendió el viaje con su hijo Joe Sumner, a quien patrocinó en el escenario como su número de apertura y luego, invitándolo a ser parte desde los coros en su propio show.

La idea no es nueva, aunque solo tiene buenos resultados en el tiempo si la acción no se transforma en un espectáculo de beneficencia. "Es importante poner en el papel que el ser hijo de un artista conocido no significa un éxito instantáneo", dice Álvaro Scaramelli, quien incorporó en sus shows en vivo a sus hijos Adriano y Gianluca, quienes además trabajan en un proyecto como dupla.

Cecilia Echenique, Eduardo Gatti y Claudio Narea son también algunos de los músicos que se presentan regularmente en el país con sus herederos musicales, transformando el escenario en una tradición familiar que defienden no como un capricho. "Escogí cantar con Benjamín (Walker) no porque fuera mi hijo, sino porque sentí que por su forma de interpretar era el artista adecuado para hacerlo", cuenta Echenique, sobre el presente que la tiene realizando actuaciones junto a su hijo Benjamín Walker, Artista Revelación de los Premios Pulsar en 2015 y quien ya está próximo a estrenar su segundo álbum, "Brotes".

La crítica es importante para que la relación fructifique y en eso, Narea es riguroso con los suyos. "Mi papá es muy estricto", dice Juan Pablo, y su hermano Diego cuenta que cuando le muestran música al ex guitarrista de Los Prisioneros, este no tiene problemas en decirles: "'Esos acordes no, porque son feos'. Él es duro, pero muchas veces también es muy útil en sus consejos".

El ambiente en el hogar puede estimular la creación y en el caso de Eduardo Gatti, fue lo que empujó a Manuel a pensar en ser músico desde la niñez. "Las guitarras andaban tiradas por toda la casa, solo faltaba que hubiera guitarras en el baño", dice la voz de "Los momentos", que se dio cuenta de forma temprana que el camino de su hijo estaba en la música: "Él a los 10 años me dijo: 'Mira, papá, lo que saqué', y era 'Castles mades of sand', de Jimi Hendrix, tocada muy bien, no era que lo hacía más o menos, era muy sólida, entonces ahí dije profético, 'parece que vamos a ser colegas'".

Los Narea: Música, leyes y política

Hay un momento que Daniel recuerda como decisivo en su motivación para ser músico: viendo a su padre en el escenario junto a Los Prisioneros tocando en el Estadio Nacional. "Ahí dije: 'Qué bien se pasa tocando'", recuerda el hijo cientista político de Claudio Narea. Juan Pablo, su otro hijo músico se acaba de titular de abogado y, como padre orgulloso, Claudio destaca que fue el mejor de su generación. Ambos jóvenes, en un mundo ideal, quieren compatibilizar sus carreras universitarias con la música. "Ojalá podamos divertirnos y pasarlo bien en lo que hagamos, que no sea un trabajo donde nos sintamos obligados a estar", dice Daniel. Juan Pablo toca con su padre en Profetas y Frenéticos (se presentan el 9 de junio en La Batuta) y además prepara el lanzamiento del primer EP junto a su hermano con la banda Psiconauta, un trabajo que esperan lanzar este año. "Ellos pueden haber sentido que a veces se me pasaba la mano con las críticas, pero hoy los resultados son mucho mejores a que si no les hubiese dicho nada", dice Claudio, entusiasmado con el nuevo proyecto.

Los Scaramelli: Evitando la influencia

Álvaro Scaramelli es claro en señalar que él evitó influenciar a sus hijos, los mellizos Adriano y Gianluca, para que siguieran el camino de la música. "Nunca hubo instrumentos musicales en mi casa", dice el ex Cinema y explica sus razones: "Soy un convencido de que esta es una carrera muy difícil, una lotería. Para vivir de la música y que te vaya bien tiene que ver también mucho el destino. Que ellos decidieran ser músicos fue una motivación propia que luego yo apoyé". Después de verlos en el colegio presentándose en una actividad junto a Joe Vasconcellos, el actual presidente de la SCD se dio cuenta de que los jóvenes ya podían tocar con él en su banda. Se perfeccionaron y desde hace cuatro años giran juntos, ganando un dinero que reinvierten en su propia carrera. "Con mi hermano pasamos por hartas etapas, punk, rock alternativo y hoy trabajamos en Adriano & Gianluca, un dúo enfocado al funk con el que acabamos de estrenar el single 'Todo se acabó' (disponible en plataformas como YouTube)", cuenta Gianluca, quien adelanta que su primer EP, saldría dentro de las próximas semanas, entre junio y julio.

Los Echenique-Walker:Fiato embrionario  

Benjamín Walker debutó en los estudios de grabación cantando villancicos cuando tenía 10 años. "Desde la cuna se notaba que era un niño con talento musical, ya que se movía con ritmo cuando le cantaba", cuenta Cecilia Echenique, recordando que para su hijo, el escenario siempre fue una extensión muy natural de lo que veía en su casa. Hoy, Walker está próximo a lanzar su segundo disco en junio y, además, grabó para el nuevo álbum de su madre que saldrá en los próximos meses. Un título en el que condensa en nuevas versiones y con invitados sus 30 años de carrera. Benjamín participa en "Porque siempre hay tiempo", un tema que, cuentan, salió en la primera toma. "Es que la he cantado toda mi vida, la vengo escuchando desde tu útero", bromea el cantautor con su madre. El 22 de agosto será la presentación de este álbum en el Teatro Nescafé de las Artes, donde Echenique estará acompañada de todos sus invitados.

Los Gatti: Unidos por los 70

Caminan juntos, pero corren por separado. Gatti está tocando desde hace algunos años con su hijo Manuel, pero no quiere que esta unión tome una denominación en vivo como "Los Gatti". "Mi idea es que mantengamos cada uno nuestros proyectos por separado, aunque nos acompañemos en el escenario. Es importante para los dos, para mantener la libertad de cada uno", dice. Manuel tomó la guitarra de forma inevitable (ver nota) a los 7 años, pero recién a los 18 se atrevió a cantar. Luego de algunos proyectos y un viaje a Holanda, regresó a Chile para trabajar en su nuevo conjunto, Gran Hermano, un trío integrado por Christian Guzmán y el actor César Sepúlveda, con el que planean lanzar un disco este año. Mientras tanto, comparte escenario con su padre. "Manuel me acompaña en algunas canciones. Hacemos una dupla muy rica. Nuestras guitarras se entrelazan en un tejido bastante complejo y bonito. Tenemos mucha empatía, porque manejamos códigos parecidos. Él está muy interiorizado en la música de los 70, por lo que usamos un lenguaje bien especial con el que nos matamos de la risa cuando viajamos".

viernes, abril 29, 2011

Música en San Joaquín: Sonido de barrio para la ciudad


Emol
Fulano, Eduardo Gatti, Chinoy, Pascuala Ilabaca y otros músicos protagonizarán desde este sábado 30 de abril un ciclo de conciertos en el recién inagurado Teatro Municipal de esta comuna capitalina. "Queremos ser un polo para la cultura en Santiago, pero con el plus de estar en un barrio", invita Jonny Labra, anfitrión por partida doble: dueño de casa en el teatro y bajista de Sol y Lluvia.

David Ponce
No se llamaba San Joaquín en ese tiempo. La población santiaguina Vicente Navarrete era parte de la extensa comuna de San Miguel cuando un grupo del barrio llamado Sol y Lluvia empezó ahí a tocar a mediados de los años '70, bajo el techo de un galpón de la parroquia Cristo Rey de esa población situada hacia el borde norte de la comuna.

Más de treinta años después, San Joaquín existe como tal desde 1981 y al otro extremo de su superficie está el flamante Teatro Municipal de la comuna, un espacio inaugurado en noviembre último. Y quien hace el paralelo es Jonny Labra, uno de los fundadores del citado grupo Sol y Lluvia que además hoy es secretario ejecutivo de la Corporación Municipal de Cultura de San Joaquín y el principal gestor de un ciclo de música en vivo que se va a iniciar este sábado 30 de abril en el nuevo teatro.

-Llevamos años actuando en lugares de San Joaquín y hemos tocado miles de veces en gimnasios que no están equipados o en los que te mueres de frío -dice Labra, con conocimiento de causa por su oficio de músico del grupo-. Hoy tenemos un espacio bien equipado, en el barrio y en un teatro con un alto estándar en términos de equipo y de espacio. Queremos convertirlo en un centro para la música chilena y a través de este ciclo invitar a artistas que han tenido diversas trayectorias.

Cinco fechas tendrá el ciclo, que se suma de este modo a la serie de músicos que ya han pasado por ese escenario, con nombres tan variados como los de Congreso, Cecilia o el Bafona. La temporada se inicia este fin de semana con el grupo de fusión Fulano (sábado 30 de abril) y continúa con los propios Sol y Lluvia (sábado 7 de mayo), con el cantante y autor Eduardo Gatti (sábado 14 de mayo), con la dupla de jóvenes cantantes porteños Chinoy y Pascuala Ilabaca (sábado 28 de mayo) y con el trío Santiago del Nuevo Extremo (sábado 4 de mayo).

-Todos ellos han estado cerca del proyecto desde la inauguración, han sido invitados a conocer el lugar y por eso quisimos partir con ellos, como un primer paso para convocar a muchos más músicos chilenos al teatro -dice Labra-. E invitamos a Chinoy y Pascuala (Ilabaca) porque representan para nosotros la mirada joven de este canto nacional con sentido. Todos estos músicos tienen una propuesta musical y social, y en ese sentidos estos artistas jóvenes son parte de esa mirada también.

Una capacidad de cuatrocientas butacas, un escenario de diecisiete metros de ancho y doce de profundidad ("Es grandote, estuvo el Bafona con todos sus bailarines", ejemplifica Labra) y un estacionamiento cerrado son parte de las instalaciones del Teatro Municipal de San Joaquín, que también ha sido abierto de forma constante para músicos de la comuna. "Hemos tenido muchas presentaciones de artistas comunales, que son los que mueven a todos sus amigos y a sus barrios", destaca el bajista de Sol y Lluvia.

-Estamos en la intersección de las avenidas Las Industrias y Departamental, en un punto de encuentro entre las comunas de San Joaquín, La Granja, San Miguel y Macul -destaca Labra-. Nos queremos convertir en un polo, en un hito central de la cultura en la zona sur de Santiago, como primera pata, y luego ojalá para de toda la región metropolitana, pero con el plus de estar en un barrio. Es es lo que les ha gustado a estos músicos: venir a un barrio a cantar pero con un buen estándar y buena tecnología.

-Vas a tocar como parte de Sol y Lluvia en la segunda fecha del ciclo. ¿Tiene un sentido especial para ustedes actuar en la comuna también?
-Somos hijos ilustres de la comuna y para nosotros estar esta primera parte de artistas chilenos en el teatro es como volver a estar en casa. Partimos tocando en galpones del barrio y en muchos lugares de la comuna, y ahora estamos respondiendo a las necesidad de los artistas con este teatro.

Con una alineación reforzada desde comienzos de 2010, Sol y Lluvia forma en la actualidad con los hermanos Amaro Labra (voz y guitarra) y Jonny Labra (bajo), Francisco Martínez (guitarra eléctrica), Patricio Quilodrán (charango y vientos andinos), Marcelo Concha y Joseph Barahona (vientos andinos), un reciente bloque de vientos a trío con Juan Saavedra (trombón), Carlos Soto (trompeta) y Esteban Núñez (saxo), y Harley Labra (batería).

-Hemos hecho crecer bastante al Sol y Lluvia. Ahora somos diez arriba del escenario, hay una sección nueva de bronces con saxo, trompeta y trombón, además de guitarra eléctrica. La sonoridad del grupo ha cambiado. Hemos hecho un replanteamiento de temas antiguos y los hemos actualizado y además estamos tocando temas nuevos.

Con un catálogo de éxitos de masas como "En un largo tour", "Para que nunca más", "Adiós, general", "Armas, vuélvanse a casa", "Voy a hacer el amor", "Que diga ná" entre otros, los más recientes discos del grupo son La conspiración de la esperanza (2004) y su DVD En vivo (2005), pero ya piensan en una próxima grabación, explica el bajista, con canciones inéditas que también forman parte del actual repertorio en vivo como "Mi ciudad".

-Esa canción es una mirada desde el aire limpio hacia el aire duro de la ciudad hoy día, con un punto de vista bastante ecológico -describe Jonny Labra-. Lo que hemos hecho por mucho tiempo es que no nos urgimos por grabar discos, los hacemos cuando sentimos que los temas están maduros, y a muchos temas les damos vueltas en los conciertos antes de grabarlos. Ya hay por lo menos cinco o seis temas maduros para constituir un disco.

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La temporada

Fulano.- Sábado 30 de abril, 20.30 horas. $4.000
Sol y Lluvia.- Sábado 7 de mayo, 20.30 horas. Platea baja $4.000, platea alta $3.000.
Eduardo Gatti.- Sábado 14 de mayo, 20.30 horas. $4.000.
Chinoy y Pascuala Ilabaca.- Sábado 28 de mayo, 20.30 horas. $3.500.
Santiago del Nuevo Extremo.- Sábado 4 de junio, 20.30 horas. $3.000.

Todos los conciertos en Teatro Municipal de San Joaquín, Coñimo 286, sector de avenida Las Industrias con Departamental, Metro Pedreros, San Joaquín, Santiago (283 9958). Boletos en venta en el sistema Ticketmaster, que aplica un recargo sobre estos precios, y sin recargo en el Teatro y en las tiendas Discomanía (calle 21 de Mayo 583, local 894, Metro Plaza de Armas, Santiago, 639 8091) y Kind of Blue (Merced 323, Metro Bellas Artes, Santiago, 664 4322).

jueves, septiembre 09, 2010

Momentos que suman años

Eduardo Gatti no sólo va a conmemorar los doscientos años de la república cuando llegue a cantar este 18 de septiembre al acto bicentenario celebrado en el Estadio Nacional. También será una efeméride personal: los cuarenta años de su canción "Los momentos". Aquí el autor revisa esa historia y qué tienen que ver en ella Confucio y los jardines de Versalles.









Viajó en el equipaje imaginario de un aventurero en verano a bordo de un barco a Francia, se transformó en música con vista a los jardines de Versalles en invierno y los versos aparecieron de vuelta en Santiago a las puertas de la primavera. Esos son los momentos iniciales de una de las melodías infaltables en el cancionero chileno, y de ellos hace exactamente cuarenta años ahora: desde que el músico Eduardo Gatti compuso "Los momentos", su canción más trascendente.


Fue a lo largo de 1970, desde la aparición de los cuatro acordes hasta los versos que se inician con "Tu silueta va caminando con el alma triste y dormida". El año coincide con un viaje que Gatti hizo a Europa y con su arribo a los Blops al regreso, uno de los grupos más importantes del rock local de la época junto a otros como Congreso y Los Jaivas. El cantante grabó por primera vez "Los momentos" en el LP inicial de los Blops, en el mismo año.


Desde entonces Gatti ha vuelto sobre esa canción en cuatro grabaciones y nunca ha dejado de tocarla en vivo. Así lo hará en el espectaculo con motivo del Bicentenario que será celebrado este 18 de septiembre en el Estadio Nacional, en una versión con Inti-Illimani, así como en la actuación más íntima que el cantante dará este sábado 11 en El Mesón Nerudiano, en el barrio Bellavista de la capital.


-Es una cuestión de que el público la ha hecho suya, y es maravilloso eso; me preguntan muchas veces si me canso de cantarla, porque la he cantado cuatro mil veces o más, pero en realidad siempre es distinta, porque el público también es distinto. Cada vez es otra música, son otras voces -dice Gatti, también autor de otros éxitos posteriores a "Los momentos" como "Naomi", "Quiero paz", "Navegante" o "La loba".


-¿Es tu primera canción como autor?
-Es la primera, porque antes con los Apparition (el grupo de rock que el guitarrista había formado en 1968, con el cantante John Bauerle y músicos como Philip Milmine y Antonio Gubbins) hice un par de músicas y John y Philip les pusieron la letra. Pero en ese tiempo tratábamos de imitar lo que se hacía afuera y vivíamos un poco un estrellato temprano, a los dieciocho años. Yo diría que el viaje me hizo madurar mucho.


Ése es el viaje en barco que Gatti emprendió a Francia e Inglaterra entre enero y agosto de 1970, de vuelta del cual se incorporó a los Blops. "Fue un viaje con la venia del capitán del barco, que era un inglés", recuerda. "Se supone que iba a pagar un pasaje muy barato, pero a los tres días me transformé en tripulante y me pagué el viaje trabajando".


-Así como sabes que escribiste la canción en 1970, ¿recuerdas más exactamente cuándo?
-El día no me acuerdo, pero fue en agosto del '70, en París. Debo haber llegado el 1 ó 2 de febrero, después de pasar todo enero en el barco, en el mar. Después fui a Londres y volví a París, en agosto. La música fue hecha allá y la la letra acá a la vuelta, llegando, en agosto. Y ya en septiembre estaba ensayando (en Chile) con los Blops.


-¿Qué paisaje te recuerda la canción?
-Para mí el lugar de inspiración no fue en París, sino los jardines del Palacio de Versalles, que estaban todos nevados y me quedó esa imagen muy linda. De hecho cada vez que he vuelto he ido otra vez a esos jardines. Me tocó casi puro invierno y me acuerdo de que ése fue uno de los inviernos más fríos que hubo en Europa.


Un si menor, un sol, un re y un la son a grandes rasgos los acordes de "Los momentos" que aparecieron ahí. "No había escuchado nunca esa secuencia de acordes, y después curiosamente ha aparecido en otras canciones, en un tema de Madonna, uno de Dead Can Dance", recuerda Gatti. Y la letra fue inspirada en la actriz Josefina Pepita Ladrón de Guevara, protagonista de "New love" (1968), de Álvaro Covacevich, un retrato fílmico de la era de la revolución de las flores en Chile.


-Cuando uno tiene veintiún años siempre va a haber una mujer que inspira las canciones -comenta el autor-. Ésa fue como alma de la canción, pero la letra misma, el contenido, va mucho más allá de eso. Se trata de qué modelos hemos seguido, qué modelos tan rígidos, dogmáticos y duros hemos adoptado.


-La letra no es explícita. ¿Te has encontrado con interpretación distintas de la canción?
-No creas, en general hay una interpretación bastante común en la gente. Tuve la suerte de hacer un trabajo como profesor residente en la Facultad de Literatura de la Universidad Católica en el primer semestre de este año, y quería saber cómo veían los alumnos esa canción. Les pedí hacer una reflexión sobre ella y en realidad todos estaban bastante en la misma línea. Es bastante clara.


-En la segunda estrofa, cuando habla de "que el futuro, que cuando grandes / ahí murieron ya los momentos", ¿también es un llamado a vivir el tiempo presente?
-Tiene que ver con la rigidez y con los dogmas, en el sentido de que yo siempre percibí la creación como algo que no se puede personalizar. Como Confucio. Confucio no habla de la divinidad, por respeto; habla de las leyes del cielo, pero no personaliza, salvo quizás en lo más íntimo. Y cuando lo personalizas y lo quieres imponer a todos comienza el gran sueño y el momento presente huye de nosotros. Esos dogmas son un velo, una trampa autocreada que nos ha cegado y no nos ha dejado ver la realidad, su misterio, su belleza. La incertidumbre y el misterio son mucho más creativos y amables que la certeza.


Las cinco versiones del cantante para "Los momentos" están el Blops (1970), el primer LP del grupo; en un disco sencillo junto a la canción "La Francisca" (1978); en su debut como solista, Eduardo Gatti (1982), en su disco en vivo Esencialmente así no más (1986) y en su DVD Acústico (2006). Las dos iniciales han sido las más difundidas, siempre con la base de voz y guitarra de Gatti: la primera se caracteriza por su corte final abrupto, por los coros de la cantante colombiana Susana Sarué casi improvisados en el estudio y por el sonido de un xilófono de juguete tocado por Juan Pablo Orrego, bajista de los Blops; y la segunda, por la melodía de sintetizador que el mismo Gatti toca al final.


-La primera fue hecha por necesidad técnica. No la iba a grabar todavía, pensaba que no estaba lista, pero había un espacio que completar en el disco y entonces me obligaron a cantar. Yo no iba a cantar en el álbum: yo iba a ser el guitarrista del grupo, pero cambiaron las cosas. La grabamos muy rápido, en quince minutos. La segunda me gusta más, quedó mejor preparada -recuerda el autor. Para la más reciente, en el DVD Acústico, Gatti incluso hace más fácil la tarea a los fans y enseña cómo tocarla en guitarra. Y de hecho no son pocas las versiones que ha hecho con otros músicos: sólo en los últimos años ha tocado "Los momentos" con las cuequeras de Las Torcazas en la Fiesta Bicentenario de 2009 y con Los Bunkers en el Festival de Olmué de 2010. La siguiente está a la vuelta de la esquina, junto a Inti-Illimani, para la gala del mismo


http://www.emol.com/noticias/todas/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=434785
Bicentenario.