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miércoles, octubre 09, 2019
domingo, julio 15, 2018
El mito de Takilleitor: La peor película del cine chileno
El Mercurio
En 1998, hace 20 años, se estrenó Takilleitor. Fue por televisión abierta, en TVN, y se convirtió en el fin de una historia que comenzó siete años antes, con un rodaje de locos. Desde entonces, la obra de Daniel de la Vega y protagonizada por Luis Dimas, se convirtió en una cinta de culto, adorada y repudiada a la vez. Este es un repaso de cómo se hizo, en la voz de los protagonistas de la película, que, a la distancia, resume bastante fielmente el mundo cultural de los años noventa en el país.
Por Arturo Galarce
Luis Dimas, protagonista.
"Yo pensé que yo era Takilleitor".
Daniel de la Vega, director.
"Luis estaba muy contento cuando le ofrecí participar, por ese entonces él ya no tenía la repercusión de años anteriores".
Luis Dimas, protagonista.
"Pero cuando vi el guion descubrí que yo no era el personaje principal. Yo quería ser Takilleitor".
Daniel de la Vega, director.
"Yo había estrenado País de octubre en 1990, y al año siguiente decidí que era momento de hacer Takilleitor. Siempre quise trabajar con Dimas y lo busqué. Le expliqué que quería hacer una película que tratara de un ídolo popular que pudiese narrar momentos actuales y del pasado de Chile. Momentos en los que nos reconociéramos y nos entendiéramos un poco. Sobre todo a través de un personaje que había quedado en un imaginario muy conflictivo, en una época donde todo era blanco o negro políticamente. Mi idea era esta: narrar el presente de unos policías, interpretados por Schlomit Baytelman y Sergio Hernández, que investigaban un secreto oculto en un papagayo".
Felipe Vilches, guionista.
"El nombre de la película lo traíamos de un tipo de artistas expresivos con convicciones sociales y del arte mismo. Los llamábamos los takilleros. Eran los que hacían una exposición y la gente iba, y había un cóctel, un vinito. Triunfadores de los años 80. Pero también nos asombraba Terminator. Esa cosa estruendosa de la ficción, y la condición nuestra, en un país del Cono Sur".
Luis Dimas, protagonista.
"Primero dije que no: pensé altiro que iban a salir los del mundo del cine, los de izquierda, a decir qué hace ese momio acá, siendo que yo no soy un momio per se. Pero acepté la propuesta. Mi carrera estaba muy baja en esos años. Esto me tiraba para arriba. Significaba mucho para mí. El problema era que el guion era muy malo. Era cursi. Los capos te hacen guiones perfectos, naturales. Los siúticos, no".
Felipe Vilches, guionista.
"En ese período Luis estaba humilde, tranquilo, mesurado. Tuvo que valorar el guion. Estaba contento y nosotros nunca fuimos tan izquierdistas cuando lo elegimos a él. Nunca fuimos más transgresores que izquierdistas, más adelantados que izquierdistas. Si te pones a pensar, desde el camarógrafo, el sonidista, todos eran de izquierda. Los más cómodos éramos nosotros. Esta era la actitud nuestra: tomemos a este compadre que ha sido siempre libre cantando. ¿Lo van a venir a hue...? ¿Cuántos favores le habrá hecho la derecha? Pocos. Es el único rey a mano".
Daniel de la Vega, director.
"No te imaginas la cantidad de prejuicios que tuve que vivir: 'Daniel, tu película nos encanta en términos generales, pero si el personaje fuera otro...'. Te estoy hablando de personas que podían cambiar el destino de la película, prestando o no apoyo. Mucha gente me dijo: 'Tu película País de octubre'tiene valor, pero yo creo que en Takilleitor te equivocaste al poner a Dimas". Trataban de que me replanteara, pero yo estaba decidido a hacer esa película. No por un par de millones iba a cambiar al protagonista y a los actores. Yo les decía: 'No estoy hablando de una persona, sino de una generación y un momento que estamos viviendo. Fuera de ser un ídolo popular, nos enfrenta a todos nuestros fantasmas'. Dentro del equipo no creo que haya habido ese tipo de comentarios. O quizá en silencio".
Berta Valenzuela, script.
"Alguna vez lo conversamos. Le preguntamos a Daniel qué hacía con este tipo. Dimas era un pelmazo, un pelotas. Tenía un ego que yo decía: 'Ya, está bien, tiene sus canciones, pero está bastante en decadencia'. Yo lo traté muy poco, pero era muy tonto. En la primera escena, en la toma del avión, cuando Takilleitor está jugando ajedrez en el capó del auto, y mientras se supone que Dimas le indica mover las piezas desde el aire, ¡el tipo se subió al avión! Yo le decía: 'No te vas a ver, no tienes para qué subirte'. 'Nooo', dijo, 'me tengo que subir'. En fin. Yo estaba ahí porque le había pedido trabajo a Daniel, pero un par de veces llegábamos a las citaciones de filmación y el rodaje estaba suspendido".
Daniel Ugarte, productor ejecutivo.
"Fue un proceso muy interrumpido, básicamente por recursos. Nos juntábamos a pensar cómo levantar la película. Daniel me llamaba diciendo que no teníamos ni un peso. Llamábamos a Cuba, a Max Marambio. Le mandábamos unos fax largos, pero nunca llegó la ayuda. Una vez fuimos a ver a Jorge Yarur con Daniel. Le dejamos el guion y no nos pescó mucho. Estaba en otra. Salíamos a la calle a buscar auspicio de restoranes, de marcas, de lo que fuera. Recuerdo que Lada nos pasó unos autos y que conseguimos auspicio de una bomba de bencina. Ericsson también nos pasó unos celulares gigantes, los primeros celulares".
Hugo Espinoza, asistente de dirección.
"Teníamos un capital muy chico. Filmamos una semana con lo que teníamos y en febrero del 92 fuimos a hablar con Ricardo Larraín (La Frontera, 1992), de Filmocentro, que nos ayudó mucho, con equipos, con una oficina para hacer los casting. Nos preguntó cómo íbamos. En un 30%. Y nos dijo que se iba a abrir un concurso que se llamaba Fondart. Fue el primero. Ya había habido uno en dictadura pero no se habían entregado los premios. Postulamos y lo ganamos. Pedimos 23 millones de pesos y nos dieron 10: al final se gastó alrededor de 60. Mientras esperábamos la plata abrimos una línea de crédito en el Banco Estado. Sabíamos que cuando recibiéramos lo del Fondart íbamos a salir con la película terminada.
En esa época, en esas interrupciones, Luis Dimas enloqueció: comenzó a hablar a la prensa que estaba grabando una película sobre su vida. Fue complicado. 'Lucho, Lucho', le decía yo, 'bota ese paquete. Bota ese paquete, tíralo al baño y después llámame. Anda a darte una ducha, duerme un rato'. Te llamaba a las tres de la mañana para hue...".
Luis Dimas, protagonista.
"Yo no tomé cocaína en ese tiempo, porque con la cocaína me iba pa' adentro. Eso es absolutamente mentira porque yo jamás a nadie le he conversado que estoy tomando coca. ¡Es totalmente mentira! Y qué raro que lo diga el Hugo, porque el Hugo le pegaba a la hue... Yo no po, yo trataba de disimularlo. Una vez jalé, pero nadie supo. Yo podría decir un montón de cosas, de inclinaciones sexuales, que te miraban y te hacían convites a salir con cabritos durante la grabación. Me invitaban. O me querían probar, no sé...
A la Paty Rivadeneira le tuve hartas ganas, pero jamás me acosté con ella. Éramos muy amigos. La Alejandra Fosalba se me insinuó. Era rica. '¿Y cuando vamos a pasarlo bien?', me preguntó. 'Cuando seamos más viejos', le dije yo. No me gusta meterme con compañeras porque pierdes. Pierdes como artista. Pierdes el misterio, ¿me entiendes, no? Ya no te respetan tanto. Fui lo suficientemente no tonto como para no caer".
Alejandra Fosalba, fan de Luis Dimas en la película.
"Ja, ja, ja. Supongo que es una broma. Mi respuesta es: ja, ja, ja".
Hugo Espinoza, asistente de dirección.
"Nos reunimos varias veces a analizar cómo Dimas se estaba tomando la película. Porque estaba diciendo que era de su vida. Y no era de su vida. Luis Dimas es un mitómano, siempre lo fue. Era una época en la que se estaba separando. Estaba bien descolgado, volviendo a funcionar en el circuito de la noche. Parrilladas de San Diego, en Buin, sin publicación de discos. El Night and Day a las dos de la mañana, los Braseros de Lucifer. Hacíamos unos shows que era una troupe de amigos que lo seguían. Yo me hice amigo de Luis Dimas. Lo ayudábamos para que hiciera sus shows y sabíamos que lo estaban acosando harto en los medios con esta cuestión de que la película era un mito, porque no se terminaba. Que la película de Luis Dimas no existía".
Daniel de la Vega, director.
"Y él no se equivocó en decir que era una película de su vida. Lo que yo quise hacer, viéndolo a distancia, porque no estaba de moda el género en ese entonces, era un falso documental. Yo decía que era un thriller, porque es como la veía, con esta situación con los detectives y el suspenso. Pero Taquilleitor tiene mucho del falso documental, por lo tanto tiene mucho de la vida de Luis Dimas. Toda esa confusión de la prensa le hizo bien y mal a la película. Había expectativa, pero también había morbosidad por ver a Dimas. A Lucho lo molestaron mucho, lo estresaron mucho, porque la película no se terminaba".
Gonzalo León, encargado de prensa.
"Dimas con Daniel terminaron siendo amigos. En un punto el Takilleitor de la película, que era el mánager, terminó siendo Daniel de la Vega en la vida real. Era su representante. Era algo alucinante. La película se había trasladado a la realidad. Para mí la genialidad de la película es todo lo que pasa desde el momento en que Daniel de la Vega encuentra a Dimas".
Daniel Ugarte, productor ejecutivo.
"Cuando llegó el dinero de Fondart fue lo que más ayudó. Ahí comenzamos la grabaciones. Daniel de todas formas me había pedido ayuda económica. Cachaba que yo podía conseguir más plata. Yo tenía unas acciones y las vendí todas. Quedé desbancado. Había que cumplir con la gente. Las vendí para ir saldando esas deudas, que eran de equipos arrendados, básicamente. Las actrices y actores recibieron todos sus sueldos. Me acuerdo de que iban a cobrarme a mí, al Banco Sudamericano, que es donde trabajaba como ingeniero comercial. Después me tuve que ir porque llegaban todos para allá. "Fugarte", me decían... Éramos una cooperativa. Todos colaborábamos. Cuando filmábamos en terreno me llevaba las nanas mías y de la casa de mi mamá, y partíamos con ollas y hacíamos comida para la gente. Todas estas locaciones eran como de dos, tres días. Carreteábamos. Olvídate. Llegaba mucha gente, copete, pitos, en ese tiempo todos se pegaban en la pera un poquito. En la misma hue... había un dealer, trabajando. Iba harta gente. Dimas no tanto".
Rodrigo Vidal, Takilleitor.
"Yo llegué a la película por casualidad. Pasé a saludar a la escuela de teatro y ahí estaban grabando. Todos me gritaron: 'Takilleitor, tú eres Takilleitor'. Y desecharon al otro actor. Me acuerdo cuando fuimos a grabar a Valparaíso, donde hicimos esa escena en el bote donde Lucho improvisa la historia de Darth Vader. Yo nunca entendí nada del guion, para que voy a mentir. Nunca me quedó nada claro. Entendía un poco la locura, porque conocía a Felipe Vilches y Daniel, y de repente entendía un poco dentro de las actitudes de sus personalidades, de sus formas de ser, que de una u otra manera borroneaban el guion una y otra vez, entonces lo que se iba armando era bastante sui géneris".
Daniel de la Vega, director.
"Yo quería hablar de la confusión de la transición a través de este personaje popular, y como la transición es tan poco clara, llena de aciertos y malos aciertos, con una llegada a la democracia negociada".
José Luis Arredondo, director de fotografía.
"Era una irreverencia, quizá. Pero que se entendiera esa irreverencia, es otro tema. Si lo haces bien puedes ser Monty Phyton. Es sumamente difícil que algo así resulte bien. Basta con ver las películas de Terry Gilliam. Es súper irreverente, pero son unos peliculones. Yo creo que al Dani se le escapó de las manos. Él puede decir lo que quiera, pero no tenía la profundidad suficiente como para llegar a ser irreverente, ¿cachái? Yo creo que la película terminó siendo un ícono, pero básicamente por lo mala que es".
Hugo Espinoza, asistente de dirección.
"Los textos eran escenas, algunas con pequeños diálogos, o sin diálogo. Yo trataba de cuidar siempre la mínima coherencia en las grabaciones. Me acercaba a Daniel y le decía: 'Me parece interesante, pero ¿dónde lo querís poner?, ¿para qué estamos haciendo esta escena?' Daniel ya tenía una película en el cuerpo y una de las pocas criticas de País de octubre fue de Alberto Fuguet: "Daniel de la Vega sabe filmar, pero no sabe contar historias".
Gonzalo León, encargado de prensa.
"Daniel siguió el modelo de Raúl Ruiz, pero no con el talento de Raúl Ruiz. Como lo vio desde chico, porque su papá, el Pepe de la Vega, había estado presente y había visto de chico esta cosa media improvisada, de que el cine era divertido, de que no había que tomárselo tan en serio. El punto es que no todos tienen el talento, ni la suerte, ni la disciplina de Ruiz".
Daniel de la Vega, director.
"La gente habla más desde el ego que de otra cosa. Yo tengo la sensación de que el cine es muy psicológico y esto es una realidad de esta industria: los actores y los técnicos se suman a la sensación psicológica del momento. A mí me ha pasado con películas en las que he colaborado, que a la entrada del estreno un técnico, un actor dice una cosa, y a la salida empieza escuchar, qué dice el publico, qué dice un crítico, y han cambiado el discurso. Lo dicen más bien para protegerse".
Carlos Cabezas, música.
"Todos los que estábamos ahí estábamos queriendo entendernos mejor, en un momento en que los ejes estaban todos perdidos. Era como andar gateando en una escena totalmente desprovista, precaria, sin experiencias, sin un foco. Por ahí me hace sentido todo ese experimento que fue Takilleitor".
Patricia Rivadeneira, fan de Luis Dimas en la película.
"Ayer la busqué en YouTube. De partida mi nombre sale mal escrito en los créditos. No hay conflictos bien desarrollados, no tiene una estructura aristotélica, pero sin embargo, eso es algo típico de Felipe Vilches. Si tú mirabas como por escenas, entendías que estaba hablando todo el rato de la dictadura, pero como hablábamos en una época en que no se podía hablar. Todo se hablaba en metáfora".
José Luis Arredondo, director de fotografía.
"Yo nunca caché qué mierda estábamos filmando".
Patricia Rivadeneira, fan de Luis Dimas en la película.
"Sí, todo pegoteado. No hay nada que hacer. Es lo que es".
Rodrigo Vidal, Takilleitor.
"Por mi parte no vi un desarrollo puntual de personajes. Salvo Lucho y este par de detectives que andaban detrás de él. Y cuando le tocaba hablar a Lucho venían cambios radicales. Era muy desordenado en el set. No respetaba los encuadres. Mucha improvisación, muchos diálogos espontáneos que se arrancaban de la línea de guion porque Lucho era bastante incontrolable para aprenderse los textos".
Luis Dimas, protagonista.
"Eso me molestaba mucho. A veces se me acercaban y me decían al oído: 'Luis, ahora viene...'. '¡Oye, si yo sé lo que viene!, ¡no hue... po!', les respondía. No se me olvidaba nada del guion y sin pedir ayuda, sin quererlo, venía la Schlomit una, dos, tres veces, a decirme: 'Luis, ahora te toca ti'. Y yo paraba: '¡Si sé que me toca a mí!, ¡¿me entiendes?! ¡Si sé que me toca a mí!'. Te voy a decir algo: 'Yo soy muy buen actor, pero nato. Puedo llorar, soy histriónico, soy showman'. Habían actores que decían: 'Te quiero, y te odio'. Yo iba y le enseñaba cómo se decía: 'Te quieeero.... y ¡TE ODIO HUE...!'. Sergio, le decía, estás diciendo te quiero y te odio con la misma intensidad. 'Ah, sí, me decía', como diciendo: 'esta hue... de película'. A la Schlomit yo le decía: 'No se lo toman en serio'. 'Ah, no', me decía ella, 'eres muy árabe para tus cosas'. '¿Por qué? ¿Porque tú eres judía? No, Schlomit. Este es un director joven, talentoso, y creo que no estamos haciendo justicia. No veo empeño'".
Schlomit Baytelman, detective.
"Te prometo que tengo amnesia total de la película, pero me acuerdo de que Luis Dimas fue muy simpático. ¿Sabes lo que pasa? Como era post-dictadura recién, no era raro convivir con estos personajes. Estaba lleno. Habíamos vivido una época espantosa, entonces estábamos todos con una diplomacia metida en el cuerpo".
Luis Dimas, protagonista.
"La película no estaba a mi altura, y ellos creían que yo no estaba a la altura. 'Qué mierda está haciendo este cantantucho', deben haber dicho. Porque para ellos yo era un cantantucho. Sentía que se reían de mí, ahora se cree actor... Vi ahí la tremenda pedantería que hay detrás de los actores".
Sergio Hernández, detective.
"No recuerdo haberlo mirado en menos como actor. Yo creo que hicimos lo que nos pidieron que hiciéramos. Tampoco el aspecto político fue tan importante. Nunca es muy fácil, nunca es tan rico como uno quisiera cuando uno tiene que trabajar con personas que no son actores, pero acá cada uno hizo lo que nos pidieron. En este juego estábamos todos al mismo nivel creativo. No era una gran búsqueda ni exigencia mayor. Para él tal vez era más exigente que para nosotros. Para él debe haber sido mucho más importante, sin ninguna duda. Sin embargo, había como una mirada, una especie de reírse de él. Recuerdo en esa filmación en La Batuta, la producción consiguió mucho whisky, muchas cajas, y fue mucho, fue demasiado. Luis tomó mucho".
Gonzalo León, encargado de prensa.
"Yo recuerdo, en general que Lucho fue muy responsable, salvo la última grabación donde le dijeron que era la última participación suya. Era la última escena. Nos juntamos al mediodía en La Batuta. Tenía que cantar, con público, que eran las actrices y todos los extras. Como era el cierre, Daniel de la Vega había llevado unas cajas de Whisky Grants. Era desproporcionado. Una botella para cada uno o un poco más".
Daniel Ugarte, productor ejecutivo.
"Ese día me acuerdo de que llevé unos amigos del Chase, para que pusieran plata. Andaba Juan Pablo Bolocco. Iban con la idea de invertir. Quedamos de ir a las 12 del día para ver el show de Dimas, pero no pudieron llegar a la hora. Llegaron a las tres de la tarde y a esa hora todos los del equipo estaban enajenados. De repente veo y sale Luis Dimas por una puerta. Yo voy entrando con Bolocco y dos más, y Dimas a lo campeón: cuatro personas sacándolo con las patas arrastrando. Venía como tabla. Ahí se acabó el financiamiento del Chase".
Luis Dimas, protagonista.
"No creo que eso haya sido así. Puedo haber tomado, pero borracho, no. A lo mejor me curé más de la cuenta, pero no, no me acuerdo. Me acordaría. O a lo mejor lo estaba, para qué te voy a mentir: el día anterior había muerto mi madre y tomé. Pero no me acuerdo haber estado tan mal como dicen".
Daniel de la Vega, director.
"Son parte de los mitos. Si hay algo que se construye en películas de bajo presupuesto con personajes fuertes son mitos. La verdad que no me acuerdo tal cual fue, puede haber pasado".
Hugo Espinoza, asistente de dirección.
"En 1995 yo estaba en Copiapó y recibo un llamado de Daniel de la Vega. La película llevaba parada un año. Yo me había olvidado. Pero Daniel me dice que la habían vendido en 15 mil dólares a TVN. Que me devolviera para terminarla. Eso hice. Grabamos algunas escenas más, para darle cierta continuidad a la historia y al año siguiente fue el primer estreno, el 25 de octubre de 1996, en el Centro de Extensión de la Universidad Católica, en una muestra de la Comunidad Europea: necesitaban una película chilena inédita. Llegó harta gente. Estaba esta expectativa de tantos años, pero cuando comenzó no vi nada especial. Risas en momentos inesperados, esa cosa de que tenías preparada la escena y nadie se ríe ahí, y se ríen en otro momento. La escena del ovni, por ejemplo, que la habíamos hecho para que se rieran, no provocaba risa. Era como decir, oye, pero cómo tan inocentes. Todo el mundo cacha que es un juguete. No provocaba risa".
Daniel de la Vega, director.
"Yo estaba contento. La había terminado de producir y me parecía interesante mostrarla en ese contexto. Tengo un buen recuerdo de los comentarios. La sala estaba llena. Había risas, lo que más llamaba la atención siempre y que la gente lo terminaba reconociendo, era que iban morbosamente a ver a Luis Dimas. No era la película de Ugarte, ni de Vilches, ni de Daniel de la Vega. Era de Luis Dimas".
José Luis Arredondo, director de fotografía.
"Tengo recuerdos de haber salido muy enojado, muy molesto, y me fui al Biógrafo. Un amigo me trataba de consolar y me decía que mi trabajo estaba bien hecho, 'pero no, no se puede terminar así', decía yo. Puta qué me dio rabia. No entendía el para qué... Para qué presentar algo así. La duda que siempre me quedó fue quién es Takilleitor".
Berta Valenzuela, script.
"Fue todo caótico. No estaba terminada. Fue una copia en tres cuartos, en video. No había corte negativo, no había copia, yo creo que nunca hubo copia. Cuando empezó no entendí nada. Y algo me molestó: no había una mezcla de sonido, no se escuchaba bien, puede que me haya molestado eso: que era un despelote por darla, que no era lo que tenía que ser. Le faltaba post-producción. No sé si hubiera cobrado sentido con eso, pero me molestaba que no se escuchara. Antes de que terminara me fui".
Gonzalo León, encargado de prensa.
"A mí me sorprendió que cierta crítica esperara más de la película. Yo decía, a ver: se trata de Luis Dimas. Lleva dos años hablando de que es su película. ¿Podrías esperar algo bueno, una obra de arte? No tienes que ser un genio".
José Luis Arredondo, director de fotografía.
"Yo a las críticas les encontraba toda la razón. Hace poco hice el comentario en clases y saltaron cinco alumnos. '¡Esa película es un ícono!', me decían. Nunca les había contado que había trabajado ahí. Me decían que la escena del ovni es una joya. ¡Pero si la hicimos hue...! ¡Se ve el hilito!
Berta Valenzuela, script.
"Yo pondría otras más malas. La de Lamadrid, La rubia de Kennedy. Son malas. Pero claro, se entienden. Es que esta no se entiende. No tiene ni pies ni cabeza. Es de culto, que parece que es lo peor".
Daniel de la Vega, director.
"Salfate fue el más duro y el más liviano en sus comentarios. Yo a él lo busqué, pero nunca me dio la oportunidad de platicar con él. Seguí mi propio proceso. Cuando la estrené en TVN, en 1998, di por cerrado un círculo".
Felipe Vilches, guionista.
"Yo le respondí a través del Clinic. Le dije que era un caca blanca, un tonto que no entendía, que seguramente no había visto la película. La crítica a mí no me afectó. Me llamó la atención desde el punto de vista psicopatológico".
Luis Dimas, protagonista.
"Yo considero que Takilleitor fue un bluf. No una mala película, fíjate, sino una película mal hecha, que es distinto. Pero yo soy karateca y a Salfate después de su crítica me lo tuvieron que quitar de las manos. '¡Eres un imbécil!', le dije".
De la crítica del periodista Juan Andrés Salfate, publicada el 26 de octubre de 1996, en El Mercurio:
"Ayer, en el auditorio del centro de Extensión de la Universidad Católica, hizo su debut (luego de cuatro años en la banca) el segundo largometraje del realizador chileno Daniel de la Vega, Takilleitor. La obra de poco más de una hora de duración fue proyectada en video y en forma privada, entre cineastas, parte del elenco y amigos del realizador. Al final, la gente se retiró en silencio, sin mucha certeza de haber captado las intenciones del director. Takilleitor se supone una película de corte casi dadaísta, incluso disléxico. Un puñado de historias que parecen no tener comienzo ni fin, se revuelven sin orden ni concierto en el que debe ser el filme más insólito jamás visto en nuestro país. De lo único que podemos estar seguro es que Takilleitor se sale de sus casillas. Es, lo que se dice, una película anti todo: anti comercial, anti lógica, anti cine. Con algunos toques surrealistas, sin duda el momento más memorable del filme es cuando Dimas observa la llegada de un platillo volador de juguete, al más puro estilo de Ed Wood".
Felipe Vilches, guionista.
"Yo no volví a escribir para cine. Lo último relacionado que hice fue una vez que me crucé en la botillería El Corcho Abstemio, en Recoleta, con el Jano, que me preguntó si yo había hecho el guion de Takilleitor. Le dije que sí y me preguntó si quería hacer un guion para Rachell, la actriz porno. Llamó a Leonardo Barrera (productor de películas eróticas), y esa noche, en una casa, fumando cigarros como locos, escribí Hanito, el genio del placer. Y acá tengo Takilleitor 2, que no es con Luis Dimas. Es sobre un tipo que está jugando pool, muy bien vestido, y de pronto los contrincantes se dan cuenta de que no se refleja en un espejo del local, porque es un vampiro".
Daniel de la Vega, director.
"Haberla hecho fue una valiente decisión. Creo que no me equivoqué en elegir a Dimas, y agradezco a todos los que me ayudaron a hacerla, entendiendo o no entendiendo lo que yo quería hacer, pero nunca diciendo que yo no soy el que la hice. Estoy muy orgulloso de las dos películas que hice. Takilleitor 2 no están mis planes".
Luis Dimas.
"Yo no fui al estreno. Cuando la vi por supuesto que me sentí frustrado. Me quedaron debiendo ocho millones, más o menos, pero eso no importa. Cuando la tuve, la analicé. La vi como seis veces y cada vez la encontré peor. Quizá si hubiera hecho de Takilleitor, la descosía".
viernes, junio 01, 2018
Luis Dimas: "Me cuesta ser honesto, porque soy un cuentero de corazón"
El Mercurio
El cantante habla de su autobiografía, que está terminando; del proyecto de realizar una obra de teatro y de la celebración hoy, de los 55 años de su éxito "Caprichito", en Espacio Belloni.
Por José Vásquez
No es que lo quiera sepultar, pero Luis Dimas dice que no quiere volver a ser presentado en un escenario solamente como "el rey del twist", la chapa con la que se hizo conocido popularmente a comienzos de los años 60 antes de que explotara la Nueva Ola.
El cantante, quien hoy celebra los 55 años de uno de sus mayores éxitos, "Caprichito", con un concierto en el Espacio Belloni, no quiere que su carrera quede reducida solo a esa etapa.
"Pido que no me anuncien de esa forma, porque en la hora y media que dura mi show, lo que menos hago es twist. Reconozco que me inicié en eso, es parte de mi adolescencia, pero desde entonces he recorrido un montón de facetas del arte, el bolero, la opereta...", cuenta como ejemplos antes de soltar, en medio de la conversación, su vendaval de voz como prueba de su capacidad. Luego afirma: "Hasta el día de hoy, que tengo 72 años, todavía interpreto los temas en el mismo tono, no he bajado un centímetro mi registro en todos estos años".
Esta noche, además del aniversario del tema compuesto por Jorge Pedreros, también dice que le dedicará el espectáculo al recordado integrante del "Japenning con Ja". "Fue un hermano para mí y no creo que estaría en este lugar si no hubiera sido por la mano de Jorge. Él, cuando me presentó la canción, me dijo que significaría un cambio en mi vida", cuenta al recordar esa etapa previa, cuando hasta entonces había grabado canciones como "Penas juveniles" y "Señorita desconocida", que habían alcanzado el éxito, aunque nada parecido al bombazo que significaría en su carrera "Caprichito".
Doctor Jekyll y Mr. Hyde
Luis Dimas cuenta que ahora, al fin, su dilatada autobiografía está en la etapa terminal de su escritura. El texto ya tiene título, "Siempre habrá un lunes" y además nutrirá una obra de teatro, con el mismo nombre, con los altos y bajos de su vida, aunque todavía no quiere revelar más detalles, salvo que el libro debería salir a la venta durante la próxima Navidad.
El cantante admite no ser "un gran escritor", pero dice tener "buenas ideas" para relatar su historia en un proyecto que comenzó hace tres años. "Todo esto estaba muy desordenado hasta que hace 10 meses me lo tomé muy en serio y ya puedo decir que la estoy terminando. He repasado mi vida entera de forma muy honesta. Hay cosas que me dan vergüenza un poco, pero una biografía no tiene que ser 'Alicia en el país de las maravillas', sino que debe tener mucho de 'Doctor Jekyll y Mr. Hyde", plantea.
-¿Qué fue lo más difícil de ser honesto en el libro?
"La verdad, me cuesta ser honesto, porque soy un cuentero de corazón, pero llega el momento en que maduras y quieres agradecer a tu gente. Hoy me arrepiento de haber sido medio mentiroso cuando cabro. Eso me costó caro, como cuando me transformé en el primer artista chileno en actuar en Las Vegas, en el Flamingo, cosa que está comprobada por Don Francisco, pero no me tomaron muy en serio".
-¿Y la obra ya tiene casting ?
"Todavía no, eso le pertenece al director, pero yo me interpretaré desde los 45 a los 72 años. Sobre la fecha de estreno, prefiero no dar más detalles ahora, para no caer en las tallas de que soy un mentiroso si es que se dilata su puesta en escena".
El cantante habla de su autobiografía, que está terminando; del proyecto de realizar una obra de teatro y de la celebración hoy, de los 55 años de su éxito "Caprichito", en Espacio Belloni.
Por José Vásquez
No es que lo quiera sepultar, pero Luis Dimas dice que no quiere volver a ser presentado en un escenario solamente como "el rey del twist", la chapa con la que se hizo conocido popularmente a comienzos de los años 60 antes de que explotara la Nueva Ola.
El cantante, quien hoy celebra los 55 años de uno de sus mayores éxitos, "Caprichito", con un concierto en el Espacio Belloni, no quiere que su carrera quede reducida solo a esa etapa.
"Pido que no me anuncien de esa forma, porque en la hora y media que dura mi show, lo que menos hago es twist. Reconozco que me inicié en eso, es parte de mi adolescencia, pero desde entonces he recorrido un montón de facetas del arte, el bolero, la opereta...", cuenta como ejemplos antes de soltar, en medio de la conversación, su vendaval de voz como prueba de su capacidad. Luego afirma: "Hasta el día de hoy, que tengo 72 años, todavía interpreto los temas en el mismo tono, no he bajado un centímetro mi registro en todos estos años".
Esta noche, además del aniversario del tema compuesto por Jorge Pedreros, también dice que le dedicará el espectáculo al recordado integrante del "Japenning con Ja". "Fue un hermano para mí y no creo que estaría en este lugar si no hubiera sido por la mano de Jorge. Él, cuando me presentó la canción, me dijo que significaría un cambio en mi vida", cuenta al recordar esa etapa previa, cuando hasta entonces había grabado canciones como "Penas juveniles" y "Señorita desconocida", que habían alcanzado el éxito, aunque nada parecido al bombazo que significaría en su carrera "Caprichito".
Doctor Jekyll y Mr. Hyde
Luis Dimas cuenta que ahora, al fin, su dilatada autobiografía está en la etapa terminal de su escritura. El texto ya tiene título, "Siempre habrá un lunes" y además nutrirá una obra de teatro, con el mismo nombre, con los altos y bajos de su vida, aunque todavía no quiere revelar más detalles, salvo que el libro debería salir a la venta durante la próxima Navidad.
El cantante admite no ser "un gran escritor", pero dice tener "buenas ideas" para relatar su historia en un proyecto que comenzó hace tres años. "Todo esto estaba muy desordenado hasta que hace 10 meses me lo tomé muy en serio y ya puedo decir que la estoy terminando. He repasado mi vida entera de forma muy honesta. Hay cosas que me dan vergüenza un poco, pero una biografía no tiene que ser 'Alicia en el país de las maravillas', sino que debe tener mucho de 'Doctor Jekyll y Mr. Hyde", plantea.
-¿Qué fue lo más difícil de ser honesto en el libro?
"La verdad, me cuesta ser honesto, porque soy un cuentero de corazón, pero llega el momento en que maduras y quieres agradecer a tu gente. Hoy me arrepiento de haber sido medio mentiroso cuando cabro. Eso me costó caro, como cuando me transformé en el primer artista chileno en actuar en Las Vegas, en el Flamingo, cosa que está comprobada por Don Francisco, pero no me tomaron muy en serio".
-¿Y la obra ya tiene casting ?
"Todavía no, eso le pertenece al director, pero yo me interpretaré desde los 45 a los 72 años. Sobre la fecha de estreno, prefiero no dar más detalles ahora, para no caer en las tallas de que soy un mentiroso si es que se dilata su puesta en escena".
jueves, mayo 17, 2018
Luis Dimas celebrará los 55 años de “Caprichito” con show en Espacio Belloni
Comunicado de prensa
Un gran espectáculo lleno de recuerdos de la Nueva Ola y Música Libre, es el que está preparando el cantante junto a La Banda del Rey.
Uno de los máximos exponentes de la música de los años ´60 y ‘70, Luis Dimas, realizará una presentación junto a La Banda del Rey el próximo 1 de junio en Espacio Belloni. Un concierto repleto de éxitos y sorpresas, en el cual la cantante Malena será la encargada de abrir el show con un tributo a Música Libre y la Nueva Ola.
“Caprichito” es uno de los temas más representativos de aquella época, que fue compuesta por uno de los precursores de la Nueva Ola y gran comediante, Jorge Pedreros. Éste, junto a “Me recordarás”, “Sueña”, “Penas juveniles” y “Señorita desconocida”, son algunos de los temas que Luis Dimas interpretará en esta presentación, ocasión en la que además realizará un tributo a sus referentes, cantando algunos temas de Elvis Presley y Frank Sinatra.
Luis Dimas y La Banda del Rey tuvieron un gran verano 2018, en el cual estuvieron recorriendo varias ciudades realizando presentaciones en eventos y festivales. Esta agrupación está compuesta por músicos de primera línea: Tito Pezoa, guitarrista que trabajó con Mon Laferte, Miriam Hernández, Alberto Plaza y La Sociedad; René Villablanca en el bajo; Leo Espina en la batería y en los teclados y dirección, Manolo Palma, quien además es un reconocido productor musical.
Una imperdible velada llena éxitos del recuerdo, y dedicada a la nostalgia de una época musical que ha trascendido generaciones, en uno de los mejores escenarios de Santiago, donde los asistentes además podrán disfrutar de una exquisita carta y ricos tragos.
El show de Luis Dimas y La Banda del Rey se realizará el viernes 1 de junio a partir de las 22:30 hrs. en Espacio Belloni, ubicado en Ernesto Pinto Lagarrigue 179, Barrio Bellavista. Entradas desde los $10.000, más cargos por servicio, a través de Atrápalo.cl.
lunes, julio 08, 2013
Luis Dimas: "Me carga que me digan el rey del twist"
El Mercurio
El cantante se retira de los escenarios a los 69 años, con un show el 18 de agosto. Espera editar su biografía, "Maldito twist", y hacer una gira de despedida por EE.UU., Australia, Suecia y Argentina.
Diego Rammsy S.
Luis Misle (69), el "rey del twist", está sentado en una mesa de la fuente de soda Prosit, revolviendo un espresso doble que combina con agua mineral mientras repasa episodios de su vida.
"Me carga que me digan el 'rey del twist'", dice Luis Dimas con risa y agobio. De hecho está escribiendo una autobiografía que lleva por título "Maldito twist". "El libro refleja dramáticamente, y con comedia, la protesta sin protesta de un hombre que quería ser escritor, actor, hacer grandes cosas pero que terminó siendo solo el 'rey del twist'", dice el cantante a las puertas de su retiro de los escenarios con un show en Teatro Caupolicán, el 18 de agosto.
-¿Cómo terminó convirtiéndose en el "rey del twist"?
"Porque a Camilo Fernández le daba con decirme así. Me pasó un disco de Chubby Checker, grabé 'Let's twist again' y fue un éxito instantáneo. Y de repente me encuentro grabando twist, cuando era un medio musical que aparte de encontrarlo muy básico, no era mi preferido. Me gustaba más la balada grande, Frankie Laine, Sinatra, Paul Anka".
Porque este descendiente de palestinos, nacido en Valparaíso pero criado en Puerto Montt, que se vino a Santiago tras la muerte de su padre cuando tenía 10 años, empezó a cantar por necesidad en medio de la pobreza. "Yo tenía esa vanidad, me gustaba salir en una fiesta y ser aplaudido", recuerda.
Al poco andar se topó con Peter Rock, junto a quien sería pionero del movimiento que más tarde llamarían "Nueva ola". "Yo tenía 16 y Peter 14. Yo lo admiraba porque él había grabado, fue el primero", señala Misle, quien alcanzó la cima de su popularidad en 1963, rentabilizando su primer éxito original, el que había lanzado un año antes ("Penas juveniles"), ya con el talento de Jorge Pedreros de su lado junto a Los Twisters. "Yo no estaba satisfecho con lo que había grabado hasta ese momento, así que empecé a escribir mis temas cuando nadie se atrevía a cantar en su idioma", agrega.
En 1965 se radica en Buenos Aires por una temporada en la que reconoce haber aprendido mucho de espectáculo, además de haber forjado una amistad con Sandro. Luego incursionaría en la televisión de Chile primero y en la de Perú después, antes de embarcarse en una aventura inesperada.
"Por tres noches seguidas, medio ebrio, vino un canadiense al Capri a convencerme de que me fuera a Norteamérica", recuerda Dimas, quién, aún no convencido, recibió 1.500 dólares en efectivo para que comprara un boleto de avión. "El 14 de febrero de 1971 llegué a Montreal tras 19 horas de vuelo con una casaca porque decían que hacía frío", dice.
Allá lo esperaba el canadiense que le había entregado los dólares, el ingeniero de minas Albert LeBlanc, quién le presentó gente del mundo del espectáculo, lo que luego lo llevaría a Las Vegas. "Estuve ocho veces allá, no en los locales grandes -jamás he dicho que me rocé con las estrellas-, pero iba a estos lounges a cantar", dice. En Canadá también formó familia con su esposa Patricia, con quién tuvo tres hijos, a quienes dejó allá tras separarse en 1984, cuando regresa a Chile definitivamente.
"Cuando volví nadie se acordaba de mi nombre. Pero retomé mi carrera, recuperé mi nombre y mi credibilidad, y extirpé ciertos malos hábitos".
-¿Por qué tuvo que recuperar su credibilidad?
"Porque me carrileé un tiempo, todo con base de verdad, pero exageré, y me pasaron una cuenta tremenda de mentiroso porque dije que estuve en Las Vegas y hablé con Sinatra, con Elvis. No eran mis amigos, pero los conocí, los saludé, y eso fue todo".
-¿Y los malos hábitos?
"Las mujeres, de vez en cuando bastante alcohol, pero yo no fui un tipo drogadicto, probé pero nunca fui perdido. Nunca hice nada grave, nada escandaloso, pero fui bien "lachito" y eso me pasó la cuenta. Fue una cuestión de madurez".
-¿Por qué retirarse ahora?
"Me estoy cansando y quiero hacer otras cosas, no estoy muy lejos de los 70, aunque no lo represente porque tengo buena piel, ya soy reviejo. Quiero escribir un libro, que ya empecé, quiero hacer una película con mi vida. Me tiene harto saltar por los escenarios toda la semana como el 'rey del twist', ya dejé de ser eso. Pero sigo ligado a la música y vienen viajes a Suecia, Australia, EE.UU. y Argentina como despedida".
El cantante se retira de los escenarios a los 69 años, con un show el 18 de agosto. Espera editar su biografía, "Maldito twist", y hacer una gira de despedida por EE.UU., Australia, Suecia y Argentina.
Diego Rammsy S.
Luis Misle (69), el "rey del twist", está sentado en una mesa de la fuente de soda Prosit, revolviendo un espresso doble que combina con agua mineral mientras repasa episodios de su vida.
"Me carga que me digan el 'rey del twist'", dice Luis Dimas con risa y agobio. De hecho está escribiendo una autobiografía que lleva por título "Maldito twist". "El libro refleja dramáticamente, y con comedia, la protesta sin protesta de un hombre que quería ser escritor, actor, hacer grandes cosas pero que terminó siendo solo el 'rey del twist'", dice el cantante a las puertas de su retiro de los escenarios con un show en Teatro Caupolicán, el 18 de agosto.
-¿Cómo terminó convirtiéndose en el "rey del twist"?
"Porque a Camilo Fernández le daba con decirme así. Me pasó un disco de Chubby Checker, grabé 'Let's twist again' y fue un éxito instantáneo. Y de repente me encuentro grabando twist, cuando era un medio musical que aparte de encontrarlo muy básico, no era mi preferido. Me gustaba más la balada grande, Frankie Laine, Sinatra, Paul Anka".
Porque este descendiente de palestinos, nacido en Valparaíso pero criado en Puerto Montt, que se vino a Santiago tras la muerte de su padre cuando tenía 10 años, empezó a cantar por necesidad en medio de la pobreza. "Yo tenía esa vanidad, me gustaba salir en una fiesta y ser aplaudido", recuerda.
Al poco andar se topó con Peter Rock, junto a quien sería pionero del movimiento que más tarde llamarían "Nueva ola". "Yo tenía 16 y Peter 14. Yo lo admiraba porque él había grabado, fue el primero", señala Misle, quien alcanzó la cima de su popularidad en 1963, rentabilizando su primer éxito original, el que había lanzado un año antes ("Penas juveniles"), ya con el talento de Jorge Pedreros de su lado junto a Los Twisters. "Yo no estaba satisfecho con lo que había grabado hasta ese momento, así que empecé a escribir mis temas cuando nadie se atrevía a cantar en su idioma", agrega.
En 1965 se radica en Buenos Aires por una temporada en la que reconoce haber aprendido mucho de espectáculo, además de haber forjado una amistad con Sandro. Luego incursionaría en la televisión de Chile primero y en la de Perú después, antes de embarcarse en una aventura inesperada.
"Por tres noches seguidas, medio ebrio, vino un canadiense al Capri a convencerme de que me fuera a Norteamérica", recuerda Dimas, quién, aún no convencido, recibió 1.500 dólares en efectivo para que comprara un boleto de avión. "El 14 de febrero de 1971 llegué a Montreal tras 19 horas de vuelo con una casaca porque decían que hacía frío", dice.
Allá lo esperaba el canadiense que le había entregado los dólares, el ingeniero de minas Albert LeBlanc, quién le presentó gente del mundo del espectáculo, lo que luego lo llevaría a Las Vegas. "Estuve ocho veces allá, no en los locales grandes -jamás he dicho que me rocé con las estrellas-, pero iba a estos lounges a cantar", dice. En Canadá también formó familia con su esposa Patricia, con quién tuvo tres hijos, a quienes dejó allá tras separarse en 1984, cuando regresa a Chile definitivamente.
"Cuando volví nadie se acordaba de mi nombre. Pero retomé mi carrera, recuperé mi nombre y mi credibilidad, y extirpé ciertos malos hábitos".
-¿Por qué tuvo que recuperar su credibilidad?
"Porque me carrileé un tiempo, todo con base de verdad, pero exageré, y me pasaron una cuenta tremenda de mentiroso porque dije que estuve en Las Vegas y hablé con Sinatra, con Elvis. No eran mis amigos, pero los conocí, los saludé, y eso fue todo".
-¿Y los malos hábitos?
"Las mujeres, de vez en cuando bastante alcohol, pero yo no fui un tipo drogadicto, probé pero nunca fui perdido. Nunca hice nada grave, nada escandaloso, pero fui bien "lachito" y eso me pasó la cuenta. Fue una cuestión de madurez".
-¿Por qué retirarse ahora?
"Me estoy cansando y quiero hacer otras cosas, no estoy muy lejos de los 70, aunque no lo represente porque tengo buena piel, ya soy reviejo. Quiero escribir un libro, que ya empecé, quiero hacer una película con mi vida. Me tiene harto saltar por los escenarios toda la semana como el 'rey del twist', ya dejé de ser eso. Pero sigo ligado a la música y vienen viajes a Suecia, Australia, EE.UU. y Argentina como despedida".
domingo, diciembre 16, 2012
El intenso intercambio musical entre Chile y Perú
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| Los Ángeles Negros |
Además de recibir la zamacueca, el vals, parte de la música andina y algo de la africanidad que perdimos, los chilenos les hemos enviado cueca y rock andino a nuestros vecinos del norte, junto con lo mejor del bolero, de la música juvenil y de la balada de distintos tipos.
Juan Pablo González
Universidad Alberto Hurtado
Desde la llegada de la zamacueca limeña a Valparaíso con el regreso del Ejército Libertador en 1824, hasta el recital de Los Jaivas en las alturas de Machu Picchu, grabado por la televisión peruana en 1981, una larga historia de intercambios musicales ha unido a chilenos y peruanos. La zamacueca regresó a Lima como cueca, donde primero se le llamó chilena y después de 1880, marinera. Los Jaivas, igual que Inti-Illimani, han quedado en el corazón de miles de peruanos, quienes reconocen la fina elaboración que estos grupos han hecho de una música que ahora es patrimonio común. Luego de que se consolidaran nuestras fronteras, el vals, la Nueva Ola, el rock, la Nueva Canción y la balada han unido a chilenos y peruanos bajo un mismo ritmo.
Vals del Pacífico
Las dos vertientes del vals peruano -la de Lima por el sur, y la de Chiclayo por el norte- han sido cultivadas por cantantes chilenos como Lucho Oliva, Lorenzo Valderrama y Palmenia Pizarro. La vertiente limeña intensificó los atributos musicales del vals con trazos melódicos del inmigrante andino y elementos rítmicos afroperuanos. El vals de Chiclayo, en cambio, recibió la influencia del pasillo y del estilo cantinero ecuatoriano. Este es un vals más popular que encontró en la música cebolla chilena una plataforma ideal para continuar su expansión por las costas del Pacífico. Después de Lucho Oliva, fue el cantante peruano Lucho Barrios quien difundió en Chile la práctica del vals cantinero desde 1960, con su estilo plañidero y sus floreos de la guitarra con el canto, logrando su plena consolidación en el país.
Cuando los valses de Lima y de Chiclayo salieron del Perú, lo hicieron en manos de marinos y músicos errantes, pero también en partituras, discos, programas de radio escuchados en el norte de Chile y del incipiente cine peruano de fines de los años treinta. En corto tiempo, ambos tipos de valses lograron arraigo en los puertos del Pacífico Sur, expandiendo su influencia desde Guayaquil hasta Valparaíso. Es por eso que podemos hablar de un vals del Pacífico, que une nuestras costas con su tres por cuatro sincopado.
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| Lucho Oliva |
Dos valses de compositores chilenos, grabados en Santiago a comienzos de los años cuarenta, adoptaron los rasgos del vals del Pacífico a partir de sus grabaciones posteriores: "Frivolidad", de Mario Ríos, y "La joya del Pacífico", de Víctor Acosta. La tendencia hacia una interpretación aperuanada del vals en Chile se iniciaba a mediados de los años cincuenta con las grabaciones de Lucho Oliva para RCA Victor. Oliva cantaba un repertorio peruano diverso que le permitía renovarse como bolerista en las postrimerías del género. Actuaba en radios y canales de televisión de Santiago y Lima desde 1959, donde lograba imponerse venciendo el recelo de sus propios colegas peruanos. A mediados de los años sesenta, Oliva hacía giras con una carpa itinerante por los barrios de Santiago cantando música peruana; animaba el programa radial "El Perú canta así", y grababa otros tres programas de música peruana para radios de Antofagasta, Talca y Punta Arenas.
Por su parte, Lorenzo Valderrama se destacaba desde 1960 con sus versiones para EMI Odeon de los valses peruanos "El rosario de mi madre", de Mario Cavagnaro, y "Cuando llora mi guitarra", de Augusto Polo Campos. "Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo de Marx" titulará Jorge Díaz una de sus últimas obras de teatro en 2002, manifestando la persistencia de ese lastimero vals peruano en la memoria del chileno. Valderrama fue el artista más solicitado por todo tipo de público en 1962, y habría sido uno de los causantes del auge de las canciones en español en el país, en una época en que las radios estaban saturadas de repertorio en inglés.
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| Chabuca Granda |
El impacto del vals peruano en Chile fue evidente en los primeros festivales de la canción de Viña del Mar, con la reiterada presencia de Lorenzo Valderrama entre 1961 y 1964, impacto coronado con la participación de Chabuca Granda en el VI Festival de 1965. Chabuca, quien ya había actuado en Santiago en 1959, fue la principal artista internacional en ese festival, produciendo grandes ovaciones después de cada vals, que cantaba levantando sus brazos con elegancia y donaire.
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| Palmenia Pizarro |
Pero la voz femenina característica de la música peruana en Chile ha sido la de Palmenia Pizarro. Su participación en 1962 en el concurso radial Así canta Perú llevó al sello Philips a integrarla a su elenco, recibiendo Disco de Oro en 1964 por su mayor éxito: "Cariño malo", de Augusto Polo Campos. Era tal su compenetración con el vals peruano que, a fines de los años sesenta, le ofrecieron participar en un festival de folclor latinoamericano en Montevideo representando a Perú. Palmenia aceptó gustosa, provocando una controversia internacional que por suerte no ha llegado hasta La Haya. Algo similar ocurrió en Colombia, donde fue proclamada como la cantante más importante del folclor peruano. San Felipe, su ciudad natal, debe estar muy orgullosa de su hija ilustre.
Músicos chilenos en Lima
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| Vicente Bianchi |
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| Los Jaranistas |
Vicente Bianchi había llevado la orquesta de radio a su máxima expresión en Chile cuando, en 1951, exportó su experiencia a Lima, creando la primera orquesta radial de importancia en Perú. Viajaba junto al Trío Llanquiray, que luego se transformaría en Los Jaranistas, primeros difusores de la música peruana en Chile. Bianchi regresó al país en 1955, dejando a su paso "una notable estela de progreso", como afirma la revista Ecran.
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| Lucho Gatica |
De este modo, cuando Lucho Gatica llegue a Lima en 1954, en los inicios de su brillante carrera internacional, encontrará a Vicente Bianchi en una inmejorable posición en la industria musical peruana. Junto con actuar en el Hotel Bolívar, el bolerista chileno se presentó en Radio El Sol, donde trabajaba Bianchi, estrenando el bolero "No te vayas amor", que el director y compositor chileno le había escrito. Sus versiones de "Sinceridad" y "Contigo en la distancia" eran muy difundidas por las radios limeñas y su presencia en Radio El Sol produjo grandes tumultos de admiradores. Uno de ellos, Mario Vargas Llosa, incluirá la figura de Lucho Gatica en su novela "La tía Julia y el escribidor", ambientada en el mundo de la radio y la sociedad limeña de los años cincuenta. Hoy día, Vargas Llosa es el candidato número uno para escribir la biografía de Lucho Gatica, si es que no la está escribiendo ya.
Durante la primera mitad de los años sesenta, la música juvenil en Perú no tenía el mismo desarrollo que experimentaba en Chile desde 1960 con el boom de la Nueva Ola. Con una juventud más tradicionalista que la chilena, costaba encontrar jóvenes peruanos que quisieran iniciar una carrera radial cantando en italiano o en inglés, como ocurría en Chile. Eso les abrió posibilidades a los artistas chilenos de la Nueva Ola, y en 1965 ya circulaban en Perú discos de Pat Henry, Cecilia y Los Blue Splendor de Valparaíso. Esta banda llegó a hacer giras por el sur del Perú y a presentarse en Canal 5 de Televisión de Lima, generando imitadores locales. Allí también llegaron Los Átomos desde Santiago, en 1966, para actuar en el mismo canal, ofrecer funciones matinales en teatros limeños y abrir el local de baile Caverna de Los Átomos, que tuvo que soportar los dardos de la prensa tradicionalista peruana.
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| Luis Dimas |
Luego le tocaría el turno a Luis Dimas, quien se radicó en Lima entre 1968 y 1970, y llegó a conducir tres programas de televisión, como el llamado Club 4-4, que era el de mayor sintonía en Perú y donde actuaban los mejores artistas peruanos. El impacto de los músicos chilenos en Perú fue coronado con el éxito de Los Ángeles Negros en 1970, y su monumental concierto en la Plaza de Toros de Acho de Lima ante 40 mil espectadores. Tuvieron a Los Iracundos como teloneros y fueron portada en todos los periódicos limeños. Una década más tarde, Los Prisioneros producirán un impacto similar.
Hoy día, Chile es portada en los diarios peruanos por otras razones, pero es gratificante saber que junto con recibir la zamacueca, el vals, parte de la música andina y algo de la africanidad que perdimos, los chilenos les hemos enviado cueca y rock andino a nuestros vecinos del norte, junto con lo mejor del bolero, de la música juvenil y de la balada de distintos tipos. Así, chilenos y peruanos hemos hecho del Pacífico un lugar donde compartimos lo mejor que producimos, viviendo, efectivamente, en paz.
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viernes, agosto 03, 2012
Diecinueve cantantes de los 60 y los 70 se reúnen para grabar un disco en vivo
El Mercurio
Voces emblemáticas de la música popular chilena se juntaron en la sala SCD para registrar en vivo sus mayores éxitos. Luis Dimas, José Alfredo Fuentes y Cecilia, entre otros, acudieron a la cita, demostrando su vigencia sobre el escenario a 50 años de su época de oro.
Diego Rammsy S.
Dicen que Zalo Reyes está enojado. A una hora del inicio de la grabación se encuentra de pie sobre el escenario de la sala SCD de Bellavista, ensayando. Apoyado en una muleta que funciona como eje de sus movimientos, se voltea hacia uno de los 10 músicos de la orquesta dirigida por René Calderón para hacer correcciones sobre el arreglo de "Mi prisionera". Al parecer, al 'Gorrión de Conchalí' no le gustó la versión que le prepararon y eso, sumado a que hace pocos días fue estafado por unos promotores en Chillán, lo tenía de mal genio. Pero todo terminó bien.
"Cuando llegué a ensayar, me encontré con que a todos les habían hecho tremendos arreglos, pero cuando llegaron a mí -fui el último, como siempre, por la Z-, me tocó un problema. Pero como tengo mentalidad de músico, alcancé a explicar bien las cosas; además, era una sola canción y al final fui muy aplaudido", diría más tarde, satisfecho.
Juntar a 19 glorias de la música popular chilena de los 60 y 70 para grabar un disco en vivo con sus mayores éxitos fue la apuesta que la SCD realizó con motivo de sus 25 años el lunes pasado, actividad planeada por la cantante y consejera de la entidad, Gloria Simonetti. "Fue algo único, todos estuvieron sensacionales. Si tuviéramos la cuarta parte de la mentalidad que tienen los ingleses en cuanto al respeto a sus generaciones, toda esta gente estaría en primera plana hoy en Chile", dice Gloria con firmeza.
El lunes 30 de julio por la tarde, el local de Santa Filomena estaba colmado de energía. Germaín De la Fuente, voz original de Los Ángeles Negros, se acercaba a Fernando Montes y le dedicaba unas palabras que éste, que sufre avanzados problemas de vista, registraba en una grabadora, configurando una escena enternecedora. Más tarde, De la Fuente cantaría "Puerto vacío", extrañamente, no uno de sus grandes éxitos. "Siempre sacan a la palestra las mismas canciones y no es que esté harto de ello, pero hay que brindarle al público algo diferente", decía.
Palmenia Pizarro, hundida en un sofá negro, conversaba con Ginette Acevedo. Ambas recordaban los días en que salían juntas de gira, cuando con tal de poder comprar un par de zapatos o una falda, ahorraban compartiendo la misma habitación de hotel. Luciendo un elegante vestido púrpura, su cabello rubio y su tez morena, al acomodarse para seguir la conversación sentía un pinchazo en el costado: "Se me enterró una costilla, por la artrosis", decía Palmenia mientras se quedaba quieta por unos minutos hasta que se le pasara. Clara muestra de que los años no pasan en vano. El mismo Peter Rock lo demostraba al echarse al suelo en la foto grupal, con evidentes dificultades para ponerse de pie tras la hazaña. Pero la energía era la misma de antes. Había excitación, nerviosismo y expectativas. Si de actitud se trata, más bien parecían veinteañeros.
Los pioneros del rock
Un delgado Larry Wilson se paseaba por el camarín muy maquillado, pálido. Cecilia fumaba un cigarrillo en una mesa acompañada de Marisa. Luis Dimas y Peter Rock, los pioneros de todo el movimiento, no podían estar ausentes en tan magna cita.
El "Rey del twist", vestido de negro, se preparaba en los pasillos para cantar "Caprichito". Así resumía a los citados: "Hasta el 62, era todo copia, pero nosotros empezamos a grabar nuestras canciones en español. Era nuestra música. Esto duró diez años, hasta que los mercados argentino y español comenzaron a potenciar figuras como Julio Iglesias. Luego ya no se pudo luchar contra ellos", dice el candidato a alcalde por Lo Espejo.
Peter Rock tocaba una flauta traversa preparando "Entre el arena y el mar". Con un look juvenil, calzando zapatillas de lona y con jeans , el Elvis criollo avalaba la música de su época: "La diferencia con la música actual es que las canciones nuestras se han mantenido vigentes 50 años. No es una crítica, pero dudo de que la música de hoy se mantenga por tanto tiempo".
Con Gloria Simonetti en la conducción, al partir se escucharon los primeros acordes de "Por fin el verano" y Carlos Alegría saltaba al escenario. Cecilia demostraba su popularidad mientras "Baño de mar a medianoche" era coreada por las 150 personas. Zalo Reyes -demorado- arribaba a la sala para interpretar "Mi prisionera". De José Alfredo Fuentes, ni rastros: ya terminada la sesión, cuando la gente empezaba a levantarse de sus asientos, apareció para cantar "Era sólo un chiquillo". "Yo mismo empujé al público para adentro y volvieron todos felices. Al final, terminé cantando dos canciones así que estuvo bien bonito", decía Fuentes tras la proeza. "Casi le pegué un puñete al 'Pollo', que se suponía iba a animar conmigo y llegó cuando la gente se estaba yendo. Andaba pituteando para variar, pero se le perdona, ya que puso el broche de oro", decía Gloria, entre risas, una vez acabada la jornada.
En septiembre estará listo este disco en el que participaron 19 leyendas de la música popular criolla, que al paso de los años le han hecho frente y, por lo apreciado ese día, de qué manera. "Era música moderna, ahora es música anticuada, pero la ventaja es que algo tiene que haber tenido para que después de 50 años siga escuchándose", coincide Dimas con sus compañeros. Esa música, sin duda, tenía "algo".
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