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viernes, septiembre 09, 2011

Ángel Parra Orrego homenajea a Violeta en vivo junto a Francisca Gavilán

El Mercurio

Fue tanta la sincronía que tuvieron cuando grabaron juntos para la película de Andrés Wood, que el paso lógico fue unirse para un show.

José Vásquez T.

A la salida del cine, el comentario fue unánime. "Violeta se fue a los cielos", la cinta de Andrés Wood, emocionó a grandes y a chicos, y la interpretación de Francisca Gavilán perfilando a la trascendental cantautora picó tan alto actoral y musicalmente que la imaginación voló rápido visualizándola muy pronto sobre un escenario.

Y si la sincronía que Ángel Parra tuvo con la actriz fue casi instantánea cuando grabaron las canciones de la película, el salto al show en vivo era sólo cuestión de días.
"Yo no conocía a la Fran, pero desde el primer momento en que nos juntamos a tocar me emocionó mucho cómo interpretaba canciones tan complejas como, por ejemplo, 'El gavilán' ", recuerda el guitarrista de Los Tres.

El músico destaca la voz privilegiada de la actriz, quien aunque logra dar con un timbre muy parecido al de Violeta Parra, consigue de todas formas instaurar su propio sello.
Es por eso que la invitó a participar como invitada en su nuevo proyecto de jazz, "Ángel Parra y los Fugitivos", que completan Lautaro Quevedo en piano, Sebastián Jordán en trompeta, Agustín Moya en saxo, Andy Baeza en batería y Eduardo Crespo en contrabajo. Con esta formación debutarán el próximo miércoles 14 de septiembre, a las 21:30 horas, en el restaurante Le Fournil del Patio Bellavista.

Las canciones en las que Francisca Gavilán estará al frente del micrófono serán cinco; entre ellas, "Los jardines humanos", "Qué he sacado con quererte" y "Volver a los 17". El resto del repertorio estará compuesto principalmente con lo que aprendió Ángel en Francia, donde estudió guitarra jazz, arreglos y orquestación en la Escuela del Centro de Informaciones Musicales. De su profesor, Pierre Cullaz, dice que tomó los arreglos que mostrará en vivo en un repertorio tomado de dos de las figuras fundamentales del bebop, Bud Powell y Thelonious Monk.

"Estoy el día completo metido en la música de Violeta Parra. Le doy vueltas, busco nuevos arreglos, una manera distinta de tocarla. Para mí es súper inspirador", dice Ángel, quien no descarta seguir tocando junto a Francisca Gavilán.

miércoles, agosto 03, 2011

Banda de Sonido de Violeta se fue a los Cielos en "la nube"

Fue dejada disponible en la "nube" la banda de sonido del film "Violeta se fue a los Cielos", esta banda sonora se caracteriza por tener varios temas de Violeta Parra interpretados por la actriz Francisca Gavilán, mas algunos fragmentos de la película, y para cerrar un tema original de Angel Parra con el mismo nombre de la película, interpretado por el autor.

Si quiere acceder haga click acá

martes, agosto 02, 2011

La Violeta que está en la tierra


The Clinic

Debe ser que supo que era el papel de la vida que tuvo que aguantarse llorar -sin demasiado éxito- cuando Andrés Wood le dijo que Violeta sería ella, que ella sería Violeta. Por un lado, el papel que siempre había querido. Por otro, saber que siempre cargaría con él.

-Vas a ser Violeta toda la vida-, le dijo su marido.

Francisca Gavilán era tan perfecta para ser Violeta que parecía mentira. De chica, con su única hermana, daba vuelta todo el día el casette Últimas Composiciones. De grande, descubrió que se parecía a ella. En la película, que su apellido era el preciso. Gavilán como la canción “El Gavilán” que suena justo cuando toda la vida de Violeta termina por desencajarse.

Y donde no era perfecta terminó siéndolo. Leyó mil veces el libro de Ángel Parra en el que se basa la película, aprendió a tocar guitarra, a tener ese timbre para cantar -canta todas las canciones que aparecen en la película-, a afearse y a subir los ocho kilos que Andrés Wood le pidió.

-Tener que engordar para mi fue duro-, dice.

Como Violeta cuando se fue a Polonia, Francisca dejó un tiempo a su familia los tres meses que rodaron por el norte, por Santiago, por París, por Buenos Aires. Los tres meses que recorrieron la infancia de Violeta con un papá alcohólico, la adolescencia sin padre, la adultez de la mujer orgullosa de saberse buena en su trabajo, triste de saberse fea, el amor difícil con el suizo Gilbert Favre y la soledad en esa carpa de la Reina en la que Violeta terminó matándose.

Cuando terminaba de rodar en cada ciudad -dice- algo se cerraba, algo se perdía y algo más entendía de Violeta. Pero una cosa le costó a Francisca, que fue mamá joven, que tiene tres hijos. Pensar por qué Violeta Parra no volvió de Europa cuando supo que su hija Rosita Clara -una guagua de meses- se había muerto.

-Fue duro. Fue duro para mí entender ese episodio. Entender esa pena. Pero hay que estar en los zapatos de alguien a quien se le muere un hijo. Ella decía en sus cartas que se quedaba porque iba a ser más duro todavía. Porque estando allá se iba a morir más rápido. Porque allá era todo más solitario y más terrible. Porque allá hacía más frío.

-¿Lo conversaste con Ángel alguna vez?

-Sí. “Qué hicieron”, le pregunte. “Nada”, me dijo. “Nos quedamos con el Luis. El que quería iba al colegio, el que no, se quedaba en la casa”.

Francisca está vestida de negro. Usa un pañuelo amarillo en el cuello. Se lo baja. Pone un dedo sobre la piel. Indica una cicatriz.

Es la marca de un cáncer.



En la última escena filmada de la película -Violeta caminando por un pasillo de televisión de un canal de Buenos Aires- la cámara seguía a Francisca de espaldas. Si alguien la hubiera mirado a la cara, habría sabido que estaba llorando.

-Cuando terminó el rodaje quedé en un limbo. Me quedé como vacía. Llegue a mi casa. Dormí mucho, mucho, mucho. Me puse a dormir, a dormir, a dormir y de repente no podía despertar. Ahí me asusté. Sólo prendía el despertador para ir a dejar a mi hijo al colegio. Ésa era toda mi vida. Mal.

Terminó el rodaje en enero. En marzo supo que tenía cáncer a la tiroides. En dos semanas la estaban operando. Como si lo que pasara es que tantos días intensos, tanto ser Violeta para dejar de serlo, no pudiera ser otra cosa que una pequeña muerte.